"los toreros no tienen cuerpo. Juan Belmonte decía que hay que torear librándose del cuerpo, que es el sustento del espíritu, pero el que manda es el espíritu; tiempo después, sería Curro Romero quien cerraría el círculo filosófico: "Cuanto más asentadas están las plantas de los pies, más se siente la sensación de que te vuela el cuerpo" (
Antonio Lorca: Los misterios de José Tomás. El País Semanal, 31/05/2009, p. 62/7)
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