"El economista de la Universidad Autónoma de Madrid José Moisés Martín Carretero publica ‘España 2030: Gobernar el Futuro’ (Ediciones Deusto) (...)
Hagamos también el ejercicio de mirar al pasado, a 15 años atrás. ¿Cómo está España en 2016 respecto a la España 2000?
Mirando hacia atrás, los últimos 15 años están muy mediatizados,
porque la mitad de ese tiempo la hemos vivido en un periodo de crisis
terrible. Eso marca mucho.
Pero si miramos a la España del 2000, que era
una España optimista, que miraba al futuro con ganas e ilusión, incluso
se hablaba de que podríamos entrar en el G-8, lo que vemos en realidad
era un cierto espejismo; vivíamos en un espejismo basado en que el
crecimiento económico que estábamos teniendo era un crecimiento
económico de muy baja calidad. Lo que pasa es que, como el agua estaba
muy alta, no se nos veían las vergüenzas. (...)
Mucha gente puede pensar que, bueno, quizá es mejor la
situación actual, porque por lo menos ahora vivimos en la realidad y
antes vivíamos en un espejismo.
Vivimos en la realidad, sí. Pero me da la sensación de que se
desaprovecharon aquellos años para hacer las reformas que se tenían que
haber planteado. Las reformas funcionan mejor en un contexto de
crecimiento; es muy difícil hacerlas en un contexto de recesión, que es
lo que ha ocurrido, y así nos ha salido, nos ha salido muy mal.
Estos
años de crecimiento, de 2001 hasta 2007, deberían haber sido
aprovechados para modificar el patrón de crecimiento de la economía
española. Y no se hizo fundamentalmente porque nadie quería matar a la
gallina de los huevos de oro, que era la construcción. (...)
Escribes en tu libro que ahora uno de los principales problemas es que no sabemos lo que queremos ser.
Yo creo que el principal problema que tenemos es que hay una parte
muy importante de nosotros mismos que lo que está deseando es volver a
lo que teníamos, y, de hecho, si dejamos nuestra economía libre, a los
actores sin intervenir y sin orientar adecuadamente la estrategia,
volveremos a crecer como crecimos en el pasado.
Porque son los factores
que tenemos: una población que está muy poco cualificada, sol y terreno
para edificar, y ahora de nuevo financiación barata; y, por lo tanto, es
muy probable que volvamos a crecer a través de la construcción y los
servicios no cualificados.
El esfuerzo que hay que hacer es
fundamentalmente intentar modificar ese patrón de crecimiento buscando
la cualificación de los trabajadores, la innovación, potenciar
industrias y servicios de mayor valor añadido que permitan cambiar el
patrón de crecimiento de nuestra economía hacia algo que quizá no sea
tan espectacular como fue nuestro crecimiento entre 2000 y 2007, pero
que nos va a permitir sostener en el medio y largo plazo una mejor senda
de prosperidad. (...)
Hablas sobre todo de tres patas para ese crecimiento
sostenible: la educación, la innovación; otro modelo energético menos
condicionado por el carbono, y frenar la desigualdad social.
Si uno mira los retos que tenemos a medio y largo plazo, nos
encontramos principalmente con estos tres. El primero es el de la
calidad de nuestros factores de producción: hacer una transición hacia
una sociedad del conocimiento que incluye básicamente mejorar el sistema
español de innovación, mejorando su componente privado y público, y
mejorando el capital humano, porque ahí tenemos un problema terrible, el
40% de la población activa en España tiene educación básica o menos, es
un problema muy grave.
Estos serían los elementos impulsores. Y luego
hay dos elementos que creo que forman parte de los condicionantes
básicos de un modelo de futuro: Por un lado, la sostenibilidad
ambiental, enfrentándonos realmente al cambio climático, donde además
creo que España tiene oportunidades importantes de convertirlas en un
factor de prosperidad, y el elemento de la cohesión social.
O sea, creo
que uno de los elementos claves de la crisis ha sido la fractura social
que hemos vivido y que amenaza con perpetuarse por lo menos para un
25-30% de la población en los próximos años. Si no somos capaces de
fomentar esta cohesión social y de reducir la desigualdad, va a ser
difícil que nuestro modelo de crecimiento sea sostenible a medio y largo
plazo.
(...) los grandes factores que tienen que apuntalar el crecimiento a largo
plazo se han supeditado al objetivo a corto plazo, que era: reducir el
déficit y ajustarnos a los criterios que marca Bruselas. Y yo creo que
ése ha sido el gran error del Partido Popular, que para conseguir unos
resultados mediocres ha comprometido las bases del crecimiento a largo
plazo de la economía española.
Sin embargo, tú eres muy europeísta.
Soy europeísta y creo que España tiene que jugar un papel importante
en la UE, pero soy un europeísta crítico; nada favorable a lo hecho en
los últimos años. Creo que la política de austeridad planteada en la UE
forma parte del problema de la Union Europea, no forma parte de la
solución.
Vamos a vernos abocados a un crecimiento muy débil en los
próximos años, sujeto a muchas vulnerabilidades, precisamente por la
falta de impulso económico que nos ha trasladado la política de
austeridad. (...)
Pero todos estos cambios con el corsé de la UE, ¿cómo
plantearlos?… Quizá el título de tu libro debería ser ‘España 2030 (y lo
que la UE nos deje hacer)’.
Yo creo que tenemos necesidad de renegociar en el marco de la Unión
Europea las políticas a largo plazo, y creo que hay una ventana de
oportunidades abierta, creo que el equilibrio de fuerzas en la UE está
cambiando.
Y también creo que el reparto de culpa sobre la situación de
España está mal distribuido en la opinión pública. Las decisiones que
han hecho que España esté como está no se tomaron en Berlín, se tomaron
en Madrid. Y, por lo tanto, cambiar las decisiones aquí es importante.
¿España es diferente? ¿Actuamos de modo distinto a los países de nuestro entorno ante retos similares?
España no es diferente, y lo dejo claro en el libro. España es un
país que está muy internacionalizado, con los mismos problemas de muchos
países y también con las mismas potencialidades, parecidas. No creo que
sea pertinente el hispano-pesimismo. Creo que tenemos oportunidades y
posibilidades de que este país sea mejor sin estar sujeto por ningún
tipo de maldición histórica.
¿Algún país de nuestro entorno nos sirve mejor de
referencia, alguno que con mimbres parecidos a los nuestros lo haya
hecho de una manera más acorde con lo que tú propugnas?
No hay un modelo ideal, pero en el libro sí recojo prácticas positivas
que se han puesto en marcha en otros países. España no puede ser ni la
Dinamarca del Sur, ni la Venezuela del Norte.
España tiene su propio
camino. Pero hay buenas prácticas que se pueden poner en marcha; a mí
por ejemplo me dan mucha envidia los sistemas de innovación del Norte de
Europa. No quiere decir que debamos coger todo el equipo, pero sí
buenas prácticas que se están poniendo en marcha, orientaciones, y que
de alguna manera empiezan a estar en la agenda de todos los países.
Yo
creo que no se trata solamente de fijarnos en un modelo, sino de ir
cogiendo experiencias de distintos países y ver qué puede encajar en
nuestro propio contexto social, político e institucional. No hay un
único modelo. Hablo mucho en el libro de Corea del Sur; yo tuve la
ocasión de trabajar para ellos y hay cosas que se pueden aprovechar de
la experiencia coreana. (...)
Y frente a tanta oleada neoliberal privatizadora, eres gran defensor de lo público.
Juega un papel fundamental. De hecho, el libro es una defensa de la
acción de lo público. El cambio que requerimos solamente se puede lograr
a través de la acción de políticas públicas. El mercado por sí mismo no
va a producir este cambio, porque el mercado solo busca rentabilidad a
corto plazo, el mercado no piensa a largo plazo.
Y, por lo tanto,
alguien tiene que hacerlo. Esto no significa que no haya que
actualizarlo y modernizarlo. La defensa del sector público no puede ser
una defensa de trincheras, que no haya nada que cambiar. Tenemos un
sector público muy mejorable en muchos de sus métodos y procedimientos;
creo que debemos ponerlo al día, vencer muchas resistencias para que
funcione y juegue el papel que debe jugar en la dinamización de España. (...)
Y mientras, nosotros, y tú lo dices en el libro, sumidos en una especie de letargo…
Claro, el libro lo que intenta trasladar es esto: es una llamada de
atención. El mundo esta cambiando, se están materializando muchos de los
cambios que se intuían, pero España está como encerrada en sí misma,
perdida en un debate de muy corto alcance, sin plantearse realmente qué
papel quiere jugar, y yo creo que ésa es la alerta que me gustaría
trasladar. Mientras todo está cambiando, nosotros seguimos pensando en
el vestido que llevaban los Reyes Magos en Madrid. ¡Es que me parece
demencial…!
Insistes mucho en el papel que ha de desempeñar la
llamada generación X en el recambio en el poder. ¿Cómo ves este
recambio, fijándonos ya en personajes concretos?
Bueno, yo creo que el recambio está ya hecho. Si uno mira los
protagonistas reales de los últimas meses, todos tienen entre 35 y 45
años: Pedro Sánchez, 44 años; Pablo Iglesias, 37; Albert Rivera, 36;
Garzón, 30; incluso el que está mediando en todo esto, el Rey, que tiene
48. (...)
Pero si volvemos a crecer de esa manera falsa de la que
me hablabas al principio de la entrevista, ¿la siguiente crisis puede
ser la hecatombe?
Claro. Sí, sí. Si no somos ahora capaces de corregir las
vulnerabilidad que tenemos, una próxima crisis nos puede dejar en muy
mala situación. Tenemos que ser conscientes de una cosa: la historia
económica nos demuestra que países que han estado muy cerca de ser los
mas desarrollados del mundo han terminado mal; es el caso histórico de
Argentina; Argentina en los años 30 era uno de los países más ricos del
mundo y terminó, 30 años más tarde, en un desastre de país.
No digo que
nos vaya a pasar lo que les pasó a los argentinos entre los años 30 y
60, pero esa posibilidad existe, existe la posibilidad de que España
empiece a crecer poco y mal, que no se articule la cohesión social, que
la bolsa de exclusión social no se vaya reduciendo, que la productividad
se mantenga a niveles bajos y que tengamos un país que se despega del
resto de Europa. Esa posibilidad existe, y si no ponemos remedio de
manera decidida, puede ocurrir." (Rafa Ruiz, Público, 06/03/16)
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