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8/3/24

Aleksandra Kollontái: ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer... Hay una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer... así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres... Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses. Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades... las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase

 "¿Qué es el día de la mujer? ¿Es realmente necesario? ¿No es una concesión a las mujeres de clase burguesa, a las feministas y sufraguistas? ¿No es dañino para la unidad del movimiento obrero? Esas cuestiones todavía se oyen en Rusia, aunque ya no en el extranjero. La vida misma le ha dado una respuesta clara y elocuente a estas preguntas.

El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero. El ejército organizado de mujeres trabajadoras crece cada día. Hace veinte años las organizaciones obreras sólo tenían grupos dispersos de mujeres en las bases de los partidos obreros… Ahora los sindicatos ingleses tienen más de 292.000 mujeres sindicadas; en Alemania son alrededor de 200.000 sindicadas y 150.000 en el partido obrero, en Austria hay 47.000 en los sindicatos y 20.000 en el partido. En todas partes, en Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza, las mujeres de la clase obrera se están organizando a sí mismas. El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras.

Hubo un tiempo en el que los hombres trabajadores pensaron que deberían cargar ellos solos sobre sus hombros el peso de la lucha contra el capital, pensaron que ellos solos debían enfrentarse al «viejo mundo» sin el apoyo de sus compañeras. Sin embargo, como las mujeres de clase trabajadora entraron en las filas de aquellos que vendían su trabajo a cambio de un salario, forzadas a entrar en el mercado laboral por necesidad, porque su marido o padre estaba en el paro, los trabajadores empezaron a darse cuenta de que dejar atrás a las mujeres entre las filas de «no-conscientes» era dañar su causa y evitar que avanzara. ¿Qué nivel de conciencia posee una mujer que se sienta en el fogón, que no tiene derechos en la sociedad, en el estado o en la familia? ¡Ella no tiene ideas propias! Todo se hace según ordena su padre o marido…

El retraso y falta de derechos sufridos por las mujeres, su dependencia e indiferencia no son beneficiosos para la clase trabajadora, y de hecho son un daño directo hacia la lucha obrera. ¿Pero cómo entrará la mujer en esa lucha, como se la despertará?

La socialdemocracia extranjera no encontró la solución correcta inmediatamente. Las organizaciones obreras estaban abiertas a las mujeres, pero sólo unas pocas entraban. ¿Por qué? Porque la clase trabajadora al principio no se percató de que la mujer trabajadora es el miembro más degradado, tanto legal como socialmente, de la clase obrera, de que ella ha sido golpeada, intimidada, acosada a lo largo de los siglos, y de que para estimular su mente y su corazón se necesita una aproximación especial, palabras que ella, como mujer, entienda. Los trabajadores no se dieron cuenta inmediatamente de que en este mundo de falta de derechos y de explotación, la mujer está oprimida no sólo como trabajadora, si no también como madre, mujer. Sin embargo, cuando los miembros del partido socialista obrero entendieron esto, hicieron suya la lucha por la defensa de las trabajadoras como asalariadas, como madres, como mujeres.

Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses.

Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades. Las mujeres trabajadoras, organizadas y conscientes, han hecho muchísimo para elucidar este objetivo. Ahora el peso del trabajo para atraer a las trabajadoras al movimiento socialista reside en las mismas trabajadoras. Los partidos en cada país tienen sus comités de mujeres, con sus secretariados y burós para la mujer. Estos comités de mujeres trabajan en la todavía gran población de mujeres no conscientes, levantando la conciencia de las trabajadoras a su alrededor. También examinan las demandas y cuestiones que afectan más directamente a la mujer: protección y provisión para las madres embarazadas o con hijos, legislación del trabajo femenino, campaña contra la prostitución y el trabajo infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la campaña contra la subida del coste de la vida…

Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.

En el día de la mujer las mujeres organizadas se manifiestan contra su falta de derechos. Pero algunos dicen ¿por qué está separación de las luchas de las mujeres? ¿Por qué hay un día de la Mujer, panfletos especiales para trabajadoras, conferencias y mítines? ¿No es, en fin, una concesión a las feministas y sufraguistas burguesas? Sólo aquellos que no comprendan la diferencia radical entre el movimiento de mujeres socialistas y las sufraguistas burguesas pueden pensar de esa manera.

¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.

Las feministas burguesas demandan la igualdad de derechos siempre y en cualquier lugar. Las mujeres trabajadoras responden: demandamos derechos para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, pero nosotras no sólo somos mujeres y trabajadoras, también somos madres. Y como madres, como mujeres que tendremos hijos en el futuro, demandamos un cuidado especial del gobierno, protección especial del estado y de la sociedad.

Las feministas burguesas están luchando para conseguir derechos políticos: también aquí nuestros caminos se separan: para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio para conseguir sus objetivos más cómodamente y más seguramente en este mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo.

Los caminos seguidos por las mujeres trabajadoras y las sufraguistas burguesas se han separado hace tiempo. Hay una gran diferencia entre sus objetivos. Hay también una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres.

Cada distinción especial hacia las mujeres en el trabajo de una organización obrera es una forma de elevar la conciencia de las trabajadoras y acercarlas a las filas de aquellos que están luchando por un futuro mejor. El Día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unión de la clase trabajadora.

Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer."                ( Aleksandra Kollontái , El Viejo Topo, 08/03/24)

19/4/23

Las mujeres sostienen el 76,2% del cielo

 "(...) No es necesario profundizar demasiado en los datos estadísticos cuando las conclusiones son evidentes. Por ejemplo, cuando mujeres y hombres trabajan en el mismo puesto, a las mujeres se les paga —en promedio— un 20 por ciento menos que a los hombres. Para crear conciencia sobre esta persistente disparidad, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ONU Mujeres celebran cada año, el 18 de septiembre, el Día Internacional de la Igualdad Salarial y, a través de su Coalición Internacional para la Igualdad Salarial, hacen lobby ante empresas y gobiernos para acabar con la enorme brecha salarial entre mujeres y hombres. La idea de “a igual trabajo, igual salario” se estableció en el Convenio sobre igualdad de remuneración de la OIT (1951), en reconocimiento del hecho de que las mujeres siempre habían trabajado en fábricas industriales, y cada vez más durante la Segunda Guerra Mundial. El Convenio adoptó el “principio de igualdad de remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor”, pero los gobiernos y el sector privado se han negado a seguirlo.

Durante la pandemia de COVID-19, se intensificó la atención pública hacia el sector de salud, incluyendo a las y los trabajadores sanitarios, que fueron aplaudidos universalmente como “trabajadores esenciales”. En marzo de 2021, el Instituto Tricontinental de Investigación Social publicó un dossier, Destapar la crisis. Trabajos de cuidados en tiempos de coronavirus, que recogía las opiniones de las trabajadoras del sector de la salud. Janet Mendieta, de la Central de Trabajadores Argentinos, reflexionó sobre esta idea de “trabajo esencial”:

Primero tendrían que reconocer que somos trabajadoras esenciales y después que se nos reconozca con un salario también, porque trabajamos mucho más de lo que tendríamos que trabajar, hacemos muchísimo trabajo. Como promotoras de género, salud, cocineras de comedores, trabajamos en merenderos y todo eso no está reconocido ni visibilizado. Si no se visibiliza, muchos menos nos reconocen ni nos dan un salario

“Nada de esto se reconoce”, dijo, ni durante el momento álgido de la pandemia ni cuando empezamos a salir de ella. En 2018, la OIT publicó un importante informe, El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente, que estimaba que el valor del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado asciende al 9% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial, es decir, 11 billones de dólares. En algunos países, el valor es muy superior, como en Australia, donde el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa el 41,3% del PIB. Basándose en datos de encuestas sobre el uso del tiempo recogidos en 64 países, el informe concluye que cada día se dedican 16.400 millones de horas al trabajo de cuidados no remunerado, y que el 76,2% del total de horas de trabajo de cuidados no remunerado lo realizan las mujeres. En otras palabras, el trabajo diario de cuidados no remunerado de las mujeres de todo el mundo equivale a tener a más de 1.500 millones de mujeres trabajando ocho horas al día sin remuneración.

En julio de 2022, la OIT y la Organización Mundial de la Salud publicaron otro informe sobre la brecha salarial, esta vez centrado en el sector de la salud. El documento, La brecha salarial de género en el sector de la salud y asistencial. Un análisis mundial en tiempos de COVID-19, estableció que en el sector sanitario y asistencial las mujeres ganan de media hasta un 24% menos que los hombres. A pesar de que las mujeres representan el 67% de los puestos de trabajo en este sector, solo un pequeño número de ellas trabaja en la alta gerencia, y la brecha entre los salarios de los administradores de hospitales y las enfermeras, por ejemplo, no deja de aumentar cada año.

El informe ofrece una serie de explicaciones para esta diferencia salarial. Entre ellas, sostiene que las mujeres cobran menos debido a la “menor retribución asociada a sectores y ocupaciones altamente feminizados”. Las profesiones relacionadas con la salud, como la enfermería, están peor pagadas que otras, no porque su nivel de cualificación sea objetivamente inferior, sino porque se asocian al “trabajo de las mujeres”, menos valorado en todo el mundo. Además, el informe señala que existe una “brecha de la maternidad” en los salarios, de la que no se habla a menudo pero que es visible en los datos estadísticos y en las reivindicaciones de los sindicatos de trabajadoras y trabajadores sanitarios. El trabajo a tiempo parcial es escaso en el sector de la salud, salvo entre las mujeres de veintitantos y treinta y tantos años, cuando “las mujeres tienen que abandonar el mercado laboral o reducir sus horas de trabajo a fin de compaginar el trabajo con el cuidado no remunerado de los hijos”. Cuando las mujeres se retiran del sector y regresan más tarde u optan por un trabajo a tiempo parcial, no obtienen los ascensos y aumentos salariales que reciben sus homólogos masculinos y, por tanto, pasan el resto de su vida laboral con salarios inferiores a los de los hombres que realizan el mismo trabajo.

 Las mujeres han luchado contra estas condiciones sociales durante cientos de años, y fueron las luchas lideradas por ellas las que establecieron muchos de los convenios internacionales sobre trabajo y derechos humanos. En el Instituto Tricontinental de Investigación Social hemos recogido algunas historias de esas luchas y de las mujeres que las protagonizaron. Una de nuestras últimas publicaciones, realizada en colaboración con ALBA Movimientos, se titula Crisálidas: Memorias feministas de América Latina y el Caribe. En ella destacamos a la nicaragüense Arlen Siu (1955-1975), la brasileña Dona Nina (1949) y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia “Bartolina Sisa” (cuyas integrantes son conocidas como Las Bartolinas), fundada en 1980. Cada una de estas mujeres y sus organizaciones han formado parte de la lucha mundial contra las miserables condiciones sociales de desigualdad.

Son mujeres como Arlen, Dona Nina y Las Bartolinas quienes redactaron las reivindicaciones de autonomía económica de la Marcha Mundial de las Mujeres. El boletín de esta semana termina con sus palabras, que exigen:

  • Derecho de todas las trabajadoras y trabajadores —incluyendo a aquellas y aquellos vulnerables, como domésticas y migrantes— al empleo con condiciones de salud y seguridad laboral, sin acoso y en el cual su dignidad sea respetada, en todo el mundo y sin discriminaciones de ningún tipo (nacionalidad, sexo, discapacidad, etc.).
  • Derecho a la Seguridad Social, incluyendo el pago de ingresos en caso de enfermedad, incapacidad, licencia por maternidad y paternidad, y programas de renta mínima que permitan que las mujeres y hombres tengan una calidad de vida decente.
  • Salarios iguales por el mismo trabajo de mujeres y hombres, incluidas las remuneraciones por el trabajo en zonas rurales.
  • Salario mínimo justo (que disminuya la diferencia entre salarios más altos y más bajos y que asegure a todas y todos vivir con dignidad con las personas que son sus dependientes) instituido por ley, que sirva como referencia para todo el trabajo remunerado (público y privado) y para las prestaciones sociales públicas. Creación o fortalecimiento de una política de valorización permanente del salario mínimo, con valores comunes para subregiones o regiones.
  • Fortalecimiento de la economía solidaria, con crédito subsidiado, apoyo para la distribución y comercialización de su producción, intercambio de conocimiento y prácticas locales.
  • Acceso de las mujeres a la tierra, semillas, agua, materia prima y a todo el apoyo necesario para la producción y comercialización en la agricultura, pesca y creación, así como en la artesanía.
  • La reorganización del trabajo doméstico y de cuidados para que la responsabilidad por este trabajo sea compartida entre hombres y mujeres dentro de la familia o de la comunidad. Para que esto se torne realidad, demandamos la adopción de políticas públicas que apoyen la reproducción social, como guarderías, lavaderos colectivos y restaurantes, cuidados para las personas ancianas, etc., así como la reducción de la jornada de trabajo sin reducción en los salarios."       (Tricontinental, 06/04/23)

10/3/23

La tercera transición: la economía de los cuidados y la igualdad de género

 "La incorporación masiva de las mujeres españolas al empleo —más de cinco millones en los últimos 30 años— ha redefinido las estructuras familiares y laborales, pero los cambios no han llegado a los cuidados. Hemos pasado de un modelo familiar de varón sostenedor/mujer cuidadora a otro de dos sostenedores, pero no siempre dos cuidadores. Al mismo tiempo, el 10% de las familias (casi dos millones) son monoparentales y ocho de cada 10 están encabezadas por una mujer. Para las mujeres españolas, cuya identidad está indiscutiblemente asociada al empleo, el sistema tradicional de cuidados resulta insostenible. También lo es para una sociedad que envejece.

Las políticas de igualdad de género no se han acompañado del aumento de la oferta de servicios públicos para atender los cuidados, tanto los de la infancia como los de larga duración; es decir, mayores y dependientes. La conciliación entre lo laboral y lo familiar se ha abordado ofreciendo a las mujeres excedencias y reducciones de jornada para atender a hijos menores, lo que perjudica sus expectativas laborales y su autonomía personal. Según el Banco de España, la penalización por maternidad reduce un 11,4% los ingresos laborales de las mujeres en el primer año respecto a los hombres y llega hasta el 28% a largo plazo.

España es, asimismo, uno de los países europeos con mayores perspectivas de envejecimiento. El 20% de la población ya tiene más de 65 años y la esperanza de vida al nacer supera los 85 para las mujeres y 83 para los hombres. A partir de los 80 años, la proporción de mujeres más que duplica la masculina. Para atender a esta demanda creciente y desarrollar el sistema de cuidados de larga duración, es imprescindible considerar la perspectiva de género.

Sobre este complicado escenario, las restricciones de movilidad por la pandemia de la covid-19, el cierre de los centros escolares y las dificultades de acceso a los servicios de atención a mayores, han tenido un efecto de refamilización y vuelta al hogar de los cuidados, que recae mayoritariamente sobre las mujeres. Aunque las estadísticas subestiman el tiempo dedicado a cuidados por parte de las mujeres ―a nivel europeo, ellas aportan en media 37,7 horas semanales, por solo 22,7 horas de los hombres― y en España los datos son similares. El último Índice Europeo de Igualdad de Género muestra por primera vez un retroceso desde que comenzó a elaborarse en 2013.

Respecto a los cuidados remunerados, a pesar de su carácter imprescindible para la continuidad de la vida y el funcionamiento de la economía, al ser sectores feminizados no gozan del reconocimiento social y económico que merecen, con salarios bajos y precarias condiciones de trabajo. Así lo ejemplifican las ocupaciones sanitarias y los servicios sociales. También la atención en residencias de mayores, el sector de limpieza y el servicio doméstico, con un considerable contingente de mujeres inmigrantes en condiciones de informalidad laboral y con enormes dificultades para atender a sus propios dependientes en España y en sus países de origen.

El desigual reparto por sexos del cuidado consolida las brechas laborales horizontales (ramas feminizadas y masculinizadas) y verticales (dificultades de ascenso femenino en la jerarquía ocupacional). La conciliación mal repartida se refleja en complementos salariales más bajos, peores contratos y jornadas más cortas, un perverso mecanismo de techo de cristal y suelo pegajoso, que alimenta las brechas salariales de género. Los cuidados, tanto pagados como no pagados, constituyen el principal reto del empleo femenino, de la igualdad de género y del bienestar de nuestra sociedad.

El Informe La Pobreza de las Mujeres en Europa, del Parlamento Europeo, plantea la necesidad de aplicar transversalmente la perspectiva de género tanto a la transición digital como a la transición verde para conseguir que ambas no solo se traduzcan en mayor igualdad de género, sino también en menor pobreza para las mujeres en los años venideros.

Creemos que es necesario añadir a estas dos transiciones gemelas una tercera transición, la de los cuidados y la igualdad de género, que permita avanzar en la justicia social, incluyendo los cuidados como un eje central de las políticas transformadoras. Sus objetivos serían, en primer lugar, resolver la falta de tiempo de las mujeres con servicios públicos de cuidado que liberen tiempo para ellas; en segundo lugar, revalorizar los empleos de cuidados, mejorar su cualificación con habilidades digitales y adecuar sus niveles salariales al conocimiento y responsabilidades que conllevan; por último, los servicios públicos no serán suficientes sin medidas legislativas y acciones que faciliten un reparto equitativo por sexos del cuidado no remunerado que se presta en el hogar, lo que requiere la colaboración de las empresas y empleadores en general.

Respecto a los dos primeros objetivos, el punto de partida ha de ser la aplicación a nuestro país de la Estrategia Europea de Cuidados, formulada en 2022. Entre sus propuestas están ampliar los objetivos de educación y cuidado de la infancia establecidos en Barcelona 2002 hasta el 50% para menores de tres años y al 96% hasta la educación obligatoria; elaborar planes nacionales de cuidados de larga duración, incrementando la oferta, profesionalización y calidad de los servicios, ampliando su cobertura geográfica e incluyendo también el apoyo a las cuidadoras informales, y un gran esfuerzo de formación, cualificación y mejora de las condiciones de trabajo del personal de cuidados, atajando los estereotipos de género respecto a los cuidados.

El tercer objetivo avanzaría considerablemente con la aplicación completa de la Directiva Europea sobre Equilibrio Familia Trabajo de 2019. Más allá de los permisos de paternidad obligatorios, iguales e intransferibles —que ya tenemos en España— hay que establecer incentivos para que los hombres se acojan también a otros permisos, excedencias y fórmulas laborales flexibles para cuidar. Esto contribuirá a redefinir culturalmente la masculinidad poniendo en el centro los cuidados, al reconocer que los hombres también necesitan conciliar familia y trabajo en diferentes momentos de su vida laboral, no solo cuando tienen hijos pequeños, sino para atender a mayores, enfermos o dependientes.

La transición de los cuidados y su reparto equitativo en pos de la igualdad de género ha de incorporar a otros actores y dimensiones, destacando el papel de empresas, sindicatos, medios de comunicación, sector educativo, ciudades, asociaciones, cooperación internacional, etcétera, en una transformación estructural tan indispensable como compleja.

Una financiación pública generosa, al igual que ocurre con las transiciones gemelas digital y verde, es imprescindible para garantizar esta tercera transición, trilliza de las dos anteriores. Se impone la consideración del gasto público en cuidados como una inversión que estimula la educación, el empleo y la productividad; contribuye a eliminar la pobreza, mejora la protección social y la propia calidad de los cuidados, y es clave para erradicar la discriminación de las mujeres. La Estrategia europea de cuidados propone orientar a tal fin un volumen considerable de los recursos del Fondo Social Europeo.

España debería abanderar con fuerza y decisión esta transición de los cuidados y para la igualdad de género e impulsar de forma efectiva su implementación durante el semestre de la presidencia española de la UE, un período lleno de oportunidades para visibilizar, potenciar y acelerar esta agenda en Europa y en España."

13/1/23

Žižek: Meloni, Isabel II, la película La Mujer Rey, y las protestas generalizadas en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini, son cuatro acontecimientos con mujeres como protagonistas que reflejan rasgos esenciales del panorama político actual... El papel central de las mujeres en el moviminento de derechas en Europa todavía no ha recibido la atención que se merece... Las lideresas de derechas como Meloni y Marine Le Pen se presentan como alternativas más sólidas a los tecnócratas masculinos tradicionales... encarnan un fascismo con rostro humano... La monarquía irradia compasión, amabilidad y patriotismo... los monarcas representan no la trascendencia de la ideología, sino más bien la ideología en su forma más pura... La Mujer Rey es una película de épica histórica sobre las agojie, una unidad de guerreras que protegió el reino africano occidental de Dahomey, también trata de la lógica política de la monarquía, la forma de feminismo preferida por la clase media liberal occidental... condenarán sin tapujos todas las formas de lógica binaria, patriarcado y trazas de racismo en el lenguaje cotidiano, pero se cuidarán mucho de perturbar las formas de explotación más profundas... en cambio Las masivas protestas en Irán tienen una significancia histórica mundial, ya que combinan distintas luchas (contra la opresión a las mujeres, la opresión religiosa y el terrorismo de estado) en una unidad orgánica. Si bien ha movilizado a millones de mujeres de a pie, habla de una lucha mucho más amplia, y rehúsa la tendencia antimasculina que suele haber en el feminismo occidental... lo que está ocurriendo en Irán es algo que todavía está por acontecer en el mundo occidental desarrollado, en que se están acelerando las tendencias hacia la violencia política, el fundamentalismo religioso y la opresión de las mujeres... somos nosotros quienes tenemos que aprender de los iraníes si hemos de tener alguna posibilidad de confrontar la violencia y la opresión de derechas en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Rusia y tantos otros países... Todo el parloteo relativista sobre especificidades y sensibilidades culturales ha dejado de tener significancia. Podemos y debemos ver la lucha de los iraníes como sinónimo de la nuestra. No necesitamos lideresas femeninas ni Mujeres Reyes, sino mujeres que nos movilicen a todos en torno a consignas como “mujer, vida, libertad” y contra el odio, la violencia y el fundamentalismo

  "Mujer, vida, libertad y la izquierda.

 Cuatro acontecimientos con mujeres como protagonistas han llegado a los titulares noticiosos durante el último mes: la electoral de Giorgia Meloni en Italia, de la Reina Isabel II, el estreno de la película La Mujer Rey y las en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini por parte de la policía de la moral de ese país. Si se las toma en conjunto, esas cuatro historias reflejan rasgos esenciales del panorama político actual.

En momentos en que la izquierda no ha podido ofrecer una respuesta adecuada a la crisis de la democracia liberal, no cabe sorprenderse por el ascenso de nuevos gobiernos de derechas en Europa. Pero el papel central de las mujeres en este movimiento todavía no ha recibido la atención que se merece. 

Las lideresas de derechas como Meloni y Marine Le Pen en Francia se presentan como alternativas más sólidas a los tecnócratas masculinos tradicionales. Encarnan tanto la dureza derechista como características que, por lo general, se asocian con la femineidad, como el énfasis en los cuidados y la familia: un fascismo con rostro humano.

 Ahora pensemos en el espectáculo televisado del funeral de Isabel II, que subrayó una interesante paradoja: a medida que el estado británico se ha ido alejando de su pasado estatus de superpotencia, la capacidad de su familia real de inspirar ensueños imperiales no ha hecho más que aumentar. No deberíamos descartar esto como una ideología que enmascara relaciones de poder reales. Más bien, las fantasías monárquicas son ellas mismas parte del proceso por el cual se reproducen las relaciones de poder. La muerte de Isabel II nos recordó la distinción moderna entre reinar y gobernar, con la primera hoy confinada únicamente a deberes ceremoniales. 

Se espera que el monarca irradie compasión, amabilidad y patriotismo, y que se mantenga alejado de los conflictos políticos. Como tales, los monarcas representan no la trascendencia de la ideología, sino más bien la ideología en su forma más pura. Durante siete décadas, la función de Isabel II fue ser el rostro del poder estatal. Puede que la coincidencia de su fallecimiento con el ascenso al poder de la Primera Ministra Liz Truss haya dependido mucho de la contingencia, pero también ha sido profundamente simbólica del paso de Reina al de Mujer Rey. 

(...) La Mujer Rey de Gina Prince-Bythewood también trata de la lógica política de la monarquía: una película de épica histórica sobre las agojie, una unidad de guerreras que protegió el reino africano occidental de Dahomey entre los siglos diecisiete y diecinueve. La actriz Viola Davis representa el papel de Nanisca, una general de ficción, subordinada solo al Rey Gezo, figura histórica que gobernó Dahomey de 1818 a 1859, y que participó en el comercio de esclavos africanos hasta el final de su reinado.

En la película, entre los enemigos de las agojie se encuentran comerciantes de esclavos liderados por Santo Ferreira, personaje ficticio basado vagamente en Francisco Félix de Sousa. Pero, de hecho, de Sousa fue un comerciante de esclavos brasileño que ayudó a Gezo a llegar el poder, y Dahomey fue un reino que conquistó otros estados africanos y vendió como esclavos a sus pueblos. Aunque Nanisca aparece protestando frente al rey contra el comercio de esclavos, las agojie históricas en realidad lo apoyaron.

Así, La Mujer Rey promueve una forma de feminismo preferida por la clase media liberal occidental. Al igual que las actuales feministas del #MeToo, las guerreras amazonas de Dahomey condenarán sin tapujos todas las formas de lógica binaria, patriarcado y trazas de racismo en el lenguaje cotidiano, pero se cuidarán mucho de perturbar las formas de explotación más profundas que sustentan el capitalismo global moderno y la persistencia del racismo.

 Esta postura implica atenuar la importancia de dos hechos básicos acerca del esclavismo. Primero, los tratantes blancos de esclavos apenas tuvieron que pisar suelo africano, ya que los africanos privilegiados (como el reino de Dahomey) les proveían de un amplio suministro de esclavos frescos. Y, en segundo lugar, el comercio de esclavos estaba generalizado no solo en África occidental, sino también en sus áreas del este, donde los árabes esclavizaron a millones de personas y donde la institución duró más que en Occidente (Arabia Saudí no lo abolió formalmente sino hasta 1962). 

 En efecto, Muhammad Qutb, hermano del intelectual musulmán egipcio Sayyid, defendió intensamente el esclavismo islámico de las críticas occidentales. Argumentando que “el islam dio dignidad espiritual a los esclavos”, contrastó el adulterio, la prostitución y el sexo ocasional (“esa forma tan odiosa de animalismo”) que había en Occidente con “el vínculo puro y espiritual que une a una doncella [una chica esclava] con su amo en el islam”. 

 Todavía se pueden escuchar esos planteamientos en algunos eruditos salafistas conservadores, como el Jeque Saleh Al-Fawzan, miembro de la más alta entidad religiosa de Arabia Saudí. Pero uno no los conocería si solo escuchara a los liberales occidentales de clase media. Por fortuna, los vínculos históricos del islam no tienen por qué obstaculizar el potencial emancipatorio de las sociedades musulmanas.

 Las masivas protestas en Irán tienen una significancia histórica mundial, ya que combinan distintas luchas (contra la opresión a las mujeres, la opresión religiosa y el terrorismo de estado) en una unidad orgánica. Irán no es parte del Occidente desarrollado, y el eslogan de los y las manifestantes “Zan, Zendegi, Azadi” (“mujer, vida, libertad”) no es una mera imitación del feminismo occidental o el #MeToo. 

Si bien ha movilizado a millones de mujeres de a pie, habla de una lucha mucho más amplia, y rehúsa la tendencia antimasculina que suele haber en el feminismo occidental. Los hombres iraníes que cantan “Zan, Zendegi, Azadi” saben que la lucha por los derechos de las mujeres lo es también por su propia libertad, y que la opresión de las mujeres no es más que la manifestación más visible de un sistema de terrorismo de estado más amplio.

 Más aún, lo que está ocurriendo en Irán es algo que todavía está por acontecer en el mundo occidental desarrollado, en que se están acelerando las tendencias hacia la violencia política, el fundamentalismo religioso y la opresión de las mujeres. En Occidente no tenemos derecho a tratar a Irán como un país que intenta desesperadamente ponerse al día con nosotros. Más bien somos nosotros quienes tenemos que aprender de los iraníes si hemos de tener alguna posibilidad de confrontar la violencia y la opresión de derechas en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Rusia y tantos otros países. 

Cualquiera sea el resultado inmediato de las protestas, lo crucial es mantener vivo el movimiento mediante la organización de redes sociales que sigan operando de forma subterránea en caso de que las fuerzas de la opresión estatal logren una victoria temporal. No basta con expresar simpatía o solidaridad con los y las manifestantes iraníes, como si pertenecieran a una cultura exótica y distante. Todo el parloteo relativista sobre especificidades y sensibilidades culturales ha dejado de tener significancia.

 Podemos y debemos ver la lucha de los iraníes como sinónimo de la nuestra. No necesitamos lideresas femeninas ni Mujeres Reyes, sino mujeres que nos movilicen a todos en torno a consignas como “mujer, vida, libertad” y contra el odio, la violencia y el fundamentalismo."               (

31/5/22

"Os homes, por como somos socializados, temos privilexios desde os que exercemos violencia cara a outras persoas"

 "Conversar sobre como nos sentimos e como observamos a nosa maneira de estar no mundo desde unha perspectiva feminista que procure cuestionar os nosos privilexios, explorar outros xeitos de sermos homes e reducir ou xestionar as agresións machistas que exercemos día a día". Estes son os obxectivos do 'II Encontro de homes da Galiza sobre masculinidades e feminismos' que acolle Cecebre esta mesma fin de semana. Buscan tecer redes e "aglutinar o que se está movendo a nivel galego", e é que se ben coa pandemia moitos destes grupos de homes pola igualdade quedaron no camiño, hai intención de volver coller impulso. 

De feito, un dos propósitos destas xuntanzas, que teñen previsto organizar cada seis ou oito meses, pasa por abordar os retos e dificultades na creación e mantemento no tempo destes grupos de homes, ademais de reflexionar sobre a paternidade e os vínculos coa masculinidade hexemónica, traballar as emocións e a vulnerabilidade ou explorar como responsabilizarse das condutas e agresións machistas exercidas. Velaquí a conversa co grupo promotor do encontro.

Que procurades con estes encontros?

Dende hai uns anos existen homes e colectivos de homes, sobre todo procedentes do activismo e interpelados polo feminismo, que queren traballar en prol da igualdade. Démonos conta de que un piar clave é o traballo persoal e colectivo entre iguais, para reflexionar sobre como nos afecta aos homes o patriarcado e sobre as violencias que exercemos. A nosa intención é provocar un cambio en nós mesmos e noutros homes, para conseguir unha sociedade máis xusta e sen violencias.

Que é un grupo de homes?

Son colectivos conformados por homes que temos o obxectivo de aprender a relacionármonos desde o bo trato, de cuestionar os nosos privilexios e de intentar, deste xeito, axudar a cambiar o mundo. Os homes, segundo somos socializados no sistema patriarcal, temos unha serie de condutas e sustentamos uns privilexios que xeran violencia cara a outras persoas, principalmente mulleres, e é unha situación inxusta, de desigualdade. Contra isto, os grupos de homes, cos feminismos como base, parecen ser ferramentas interesantes porque nos motivan para traballar nas masculinidades e nas emocións, dun xeito interno e persoal, pero tamén colectivo. Outro dos piares destes grupos pasa por pensar en como saír á sociedade a propoñer. Quizais estes encontros ou outras actividades que teñen desenvolvido grupos como Micromachinhos en Santiago, son unha maneira. 

E como funciona? Como traballades?

Neles traballamos as nosas violencias. Se, por exemplo, algún de nós tivo unha actitude que non lle gustou, podemos falalo e tratar de entender de onde nace para non repetilo. Analizamos textos, vídeos, facemos debates... Este é un movemento a nivel mundial, entón hai un intercambio interesante. Moitos talleres son vivenciais ou trabállase máis o corporal, porque sobre todo os homes somos moi mentais. Trátase de traballar en falar desde o eu, non lanzar un discurso tan racional, senón ver que me está pasando e coidarnos entre nós. En definitiva, levar un tipo de relacionamento que non está moi visto nos colectivos máis políticos, por exemplo. Encollernos un pouco cara adentro e non tanto cara a fóra, que é o que estamos acostumados a ver, tamén na prensa. 

Se a algún home lle está resoando todo isto que comentas, como pode achegarse a algún destes grupos?

Poucos grupos de homes chegan ao punto da difusión pública porque nacen ao redor dun activismo ou movemento social. Con todo, hai bastantes ONGs que procuran que os homes se organicen e traten estes temas. Eu animaríao a buscar no seu lugar, na súa cidade ou vila, se hai algo que se move. O encontro que organizamos, de feito, busca xerar redes a nivel máis amplo.

Para un home que comeza, sempre hai dúas ramas: unha que está guai e outra que é máis incómoda. A primeira ten que ver cos custos, con como nos afecta o patriarcado. Somos persoas que non temos corresponsabilidade na casa, cos fillos e fillas, que non somos capaces de expresar emocións, que respondemos moito coa agresividade... Neste sentido, exercer esas masculinidades diversas que non están axustadas na masculinidade hexemónica mellora incluso a nosa calidade de vida. 

A outra é máis incómoda: traballar os privilexios e as violencias. Como somos sustentadores de privilexios, non nos damos conta de que ocupamos un espazo no mundo que agrede aos demais, porque nolo ensinan así de pequeniños. Os homes temos que traballar para agredir menos e ser conscientes do poder que temos en cada momento, en cada relación, en cada colectivo... 

Por onde comeza un a sacar privilexios?

Os privilexios... Por onde comezar... O primeiro é ter unha vontade de cambio. E escoitar moito ás mulleres do noso redor. Porque a xente que sustenta privilexios normalmente non se dá conta, igual que as persoas brancas non somos conscientes moitas veces de que temos actitudes racistas. Aos homes, ou polo menos no meu caso particular, quen me alertaron dos privilexios foron as mulleres do meu redor, que nun momento dado me dan un toque.

E moitas veces sentímonos atacados, buscamos excusas, pero cómpre quedar aí, ver que nos está pasando, e intentar non defenderse contra quen nos está expresando algo que pode ser interesante e certo. En realidade, se te pos a afinar un pouco, normalmente resulta que estás xerando unha situación de inxustiza que non estás sendo capaz de ver. Isto trabállase tamén nos grupos de homes. Como facelo? Pois moi pouquiño a pouco. Cómpre poñer atención a aquilo que che din as mulleres e colectivos marxinalizados do teu redor e acollelas aínda que che parezan incómodas. Traballalo a nivel de terapia persoal tamén é moi recomendable.

Entendo que se trata dun proceso, como dis, incómodo, e que é constante no tempo. Con que dificultades batedes ao longo deste traballo de revisión?

Aos homes cústanos moito asumir que metemos a pata. Neste sentido, é difícil traballar unha actitude humilde, non quedar na culpa, nas excusas ou na negación e responsabilizarnos desa metedura de pata. Tamén é difícil a constancia. Todo o mundo temos a nosa vida e isto require moita implicación. Por agora somos moi pouquiños... Ás veces os grupos morren e é complicado que se manteñan no tempo. Aínda que medra pouco a pouco, é un movemento moi minoritario e que está moi marxinalizado aínda. A medida que vaia crecendo poderá estenderse e normalizarse máis.

Ademais, fronte aos avances do feminismo xorden tamén unhas masculinidades moi reaccionarias. O contexto é favorable?

Os discursos terribles como reacción do avance do movemento feminista estanse metendo na axenda de todos os lugares. Hai unha reacción terrible comandada por homes, a maioría das veces, que defenden o machismo. Non axuda este discurso reaccionario. Aquí en Galicia, os grupos de homes pola igualdade están nunha fase incipiente, temos aínda moito que gañar, e cremos que non hai unha reacción concreta contra eles. Pero si, todo o discurso reaccionario que está nacendo nos últimos anos, sobre todo a partir de certos partidos e movementos de dereita e prensa, fano máis difícil, xera que isto se vexa con menos empatía.

Poñedes o foco no traballo das emocións. Hai quen di que a masculinidade hexemónica é coma unha cárcere. Védelo así?

Pode selo, si. É coma unha idea. Todos aspiramos a ela, por construción ou por anhelo, pero ningún somos capaces de chegar a iso. Hai xente que se aproxima un pouco máis, outra que menos, dependendo dos corpos, das orientacións sexuais... E outros están moi alonxados. Si que é unha cárcere ata que non te vas desprendendo de querer chegar a ela. Unha vez dis 'eu son como son, e teño cousas boas e malas', podes comezar a traballar outro tipo de masculinidades, e valorizar aquilo que o modelo hexemónico tradicional non valoriza, como ter unha orientación sexual que non sexa hetero. Darlle valor é romper o modelo dalgunha maneira. 

Para que serve o feminismo aos homes?

É unha especie de guía. O feminismo non deixa de ser a procura dunha sociedade igualitaria. É produto dun traballo das mulleres de centos de anos de elaboración teórica e práctica sobre como chegar a unha sociedade igualitaria, e os homes temos que abrazar os feminismos ou telos como guía para ir avanzando neste proceso. 

Xa para rematar, cando se fala de novas masculinidades adoita ligarse o discurso á paternidade, o fogar e os coidados. É un reto que está por diante amplialo máis alá destes ámbitos?

Os coidados en sentido amplo na casa, na familia, son unha maneira de aprender a coidarnos nós, de respecto por nós e polo noso corpo, porque normalmente non sabemos facelo. Cóidannos outras persoas, as mulleres do noso entorno. Entón iso lévanos a coller autonomía e aprender a facer as tarefas de coidado, supervivencia e perpetuación da vida que fan as mulleres. A corresponsabilidade de ter crianzas tamén é importante. Isto está no piar básico do cambio primeiro no teu entorno, pero eu diría que é fundamental o tema de aprender a relacionarnos desde o bo trato, revisar privilexios, relacionarnos desde a vulnerabilidade que temos e non ser sempre os machos duros, fortes. E traballar as violencias. É unha das loitas máis importantes do feminismo: acabar coa violencia por parte dos homes e do machismo cara ás mulleres, identidades diversas e colectivos marxinalizados. Para nós é fundamental traballar este punto."                  (Uxía Iglesias, Galicia Confidencial , 28/05/22)

3/2/22

Por qué los movimientos feministas son más exitosos en unos países que en otros... El movimiento feminista mayoritario en EEUU, de sensibilidad liberal, moviliza más a las mujeres profesionales con educación superior de clase media alta que a la mujer de clase trabajadora... Las feministas pertenecientes a lo que popularmente se conoce como las clases medias ilustradas, nunca pidieron el derecho universal (que incluye a todas las personas) a los servicios de ayuda a las familias, cómo escuelas de infancia y servicios de dependencia... El hecho de que un derecho tan importante como es el derecho a abortar esté en peligro hoy en Estados Unidos era predecible... en cambio, Suecia es dónde la mujer tiene más poder hoy en el mundo... su ideología socialista creyó que la liberación de la mujer pasa por su integración en el mercado de trabajo

 "El hecho de que un derecho tan importante como es el derecho a abortar esté en peligro hoy en Estados Unidos era predecible (y así lo escribimos hace años algunos analistas de aquella realidad). 

Una causa muy importante de este hecho, que se veía venir, es la debilidad del movimiento que canaliza la demanda de tal derecho, es decir, del movimiento feminista, y su limitada influencia sobre el Estado Federal y sus aparatos, desde el legislativo (Congreso y Senado) al jurídico. Soy consciente que esta afirmación podrá sorprender a muchas lectoras y lectores, pues los mayores medios de información en España suelen presentar aquel país como el mayor representante del modelo liberal de sociedad que, en teoría, debiera priorizar a los derechos individuales y por tanto apoyar el derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo. 

Es más, los mismos medios de comunicación presentan movilizaciones organizadas por tal movimiento, que reúne a cientos de miles de personas (la enorme mayoría, mujeres) en apoyo a sus demandas. Y sus dirigentes (la mayoría mujeres de clase media-alta con estudios superiores), tienen acceso a los grandes medios que por otra parte excluyen aquellas voces como la de Angela Davis, críticas del sistema liberal vigente en el país. Pero esta visibilidad mediática contrasta con su escaso impacto en las instituciones políticas. Y de ahí deriva su escaso poder.

LAS GRANDES LIMITACIONES DEL MODELO LIBERAL ESTADOUNIDENSE Y SUS CONSECUENCIAS PARA EL MOVIMIENTO FEMINISTA

Esta debilidad del movimiento feminista estadounidense se debe a muchos factores. Uno especialmente relevante, es la escasa representatividad de las instituciones democráticas de EEUU, como ya he documentado en varias ocasiones. Su sistema electoral es escasamente proporcional y está claramente sesgado para favorecer a las fuerzas conservadoras. En muchas ocasiones, el presidente de Estados Unidos ha sido del Partido Republicano, aún cuando el voto mayoritario ha sido a favor del Partido Demócrata. Y el Senado, que es el que aprueba el presupuesto federal y los nombramientos al Tribunal Supremo, es de escasísima representatividad, abusivamente sesgado a favor de los Estados pequeños y conservadores. Por ejemplo, el Estado de Wyoming, predominantemente republicano, tiene poco mas de medio millón de ciudadanos, y sin embargo, tiene el mismo numero de Senadores (2) que California, un Estado predominantemente demócrata, que tiene cerca de cuarenta millones (¡68 veces mayor!). Tal sesgo aparece también en el Colegio Electoral que es quien elige al presidente de EEUU. Es más, la compra de políticos, que en España se llamaría corrupción, es no solo legal en EEUU, sino que es la norma en el sistema electoral, de manera tal que los grandes grupos económicos y financieros dan enormes cantidades de dinero a los candidatos al Congreso y al Senado pertenecientes a los dos partidos con representación parlamentaria, el Republicano, un partido de ultraderecha, y el Demócrata, hasta recientemente un partido de centro derecha, observador en la Internacional Liberal. Es imposible para otros partidos poder establecerse debido a la escasísima proporcionalidad del sistema electoral. Los partidos de izquierda no tienen ninguna posibilidad de tener representación parlamentaria. Estas y muchas otras deficiencias (como es la falta de regulación del acceso y de los tiempos mediáticos durante las elecciones), explica que la limitadísima calidad del sistema democrático y la gran distancia (que explica también la enorme abstención electoral) entre lo que la ciudadanía desea y lo que el Gobierno federal aprueba sea enorme. Y uno de los ejemplos de esta distancia es precisamente, el apoyo al derecho al aborto. Según Gallup Poll, la mayoría de la ciudadanía apoya el derecho al aborto, pero la Corte Suprema no lo apoya. Y esta institución, y los intereses que representa, tiene mucho más poder que la mayoría de la ciudadanía.

 De ahí deriva el número tan limitado de derechos de carácter universal (es decir, derechos de todas las personas ciudadanas y residentes del país, limitación incluso más acentuada entre las mujeres) en EEUU. La mujer tiene muy pocos derechos en aquel país y las consecuencias negativas para toda la sociedad son enormes. Una de las instituciones más afectadas por esta situación es la familia, que incluye todo tipo de enlaces familiares mucho más extensos y mayoritarios que la familia patriarcal tradicional claramente en declive. La debilidad de la mujer aparece pues, no solo en el número muy limitado de congresistas y senadoras, de los más bajos entre las democracias liberales, sino también en el escaso desarrollo de los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia y los servicios de atención a las personas dependientes y ancianas. Las tareas familiares continúan recayendo en las mujeres, y de ahí que la mujer se encuentre con muchísimas dificultades para poder compaginar su trabajo laboral con su trabajo familiar. El fin de la educación presencial durante la pandemia con el cierre de establecimientos escolares, ha significado una retirada masiva de la mujer del mercado de trabajo, una de las mayores causas de la actual falta de personas en el mercado de trabajo que está enlenteciendo de una manera muy marcada la recuperación económica del país.

LAS CARACTERÍSTICAS DEL MOVIMIENTO FEMINISTA MAYORITARIO  EN EL SISTEMA LIBERAL

El movimiento feminista mayoritario en EEUU, de sensibilidad liberal, moviliza más a las mujeres profesionales con educación superior de clase media alta que a la mujer de clase trabajadora. Su objetivo en Estados Unidos es la integración de la mujer en las estructuras de poder de la sociedad eliminando la discriminación. Así una de sus máximas movilizaciones fue el haber intentado elegir a la señora Hillary Clinton como Presidenta de Estados Unidos. Ahora bien, la experiencia ha mostrado que tal demanda era necesaria, pero profundamente insuficiente. Se olvidaban de que la señora Clinton fue la mayor promotora de la globalización mundial económica cuando fue Ministra de Asuntos Exteriores bajo la administración del Presidente Obama, globalización que (al estimular el movimiento de industrias y servicios basados en EEUU a otros países de salarios bajos y pésimas condiciones laborales), dañó enormemente a la clase trabajadora estadounidense de la cual las mujeres son la mayoría. Y la mayoría de las dirigentes de tal movimiento (NOW) que la apoyaron, se opusieron con gran hostilidad al candidato socialista Bernie Sanders, cuyas propuestas legislativas hubieran beneficiado mucho más a la mayoría de las mujeres trabajadores estadounidenses que no las proveídas por la señora Clinton. Angela Davis fue, por cierto, una de las pocas figuras conocidas del feminismo que apoyó a Bernie Sanders como el único candidato que según las encuestas mostraban que podría haber vencido a Trump en el 2016.

 

LA CAUSA MÁS IMPORTANTE DE LA DEBILIDAD DEL MOVIMIENTO FEMINISTA DE LOS ESTADOS UNIDOS

Pero el punto más flaco del movimiento feminista liberal estadounidense, que se da también en la mayoría de los movimientos sociales, es que compiten con todos los otros movimientos sociales (los movimientos de las minorías, negros, latinos y asiáticos, así como el movimiento de ancianos, el movimiento ecológico, y un largo etcétera de movimientos) para recibir apoyos y recursos de las instituciones políticas y muy en especial del Estado Federal. Estados Unidos es el país de los movimientos sociales, y hay todo tipo de movimientos que compiten entre ellos, sin tener un espacio político común que pueda aunar y coordinar una estrategia conjunta de liberación. La única excepción fue el movimiento Arco Iris (Rainbow Coalition) fundado por el candidato a la Presidencia de EEUU, Jesse Jackson (alumno predilecto de Martin Luther King) al cual tuve el honor de asesorar, que intentó reunir al movimiento de las minorías, al movimiento feminista, al movimiento sindical, al ecologista, al de pensionistas y muchos otros, en un espacio político común. Casi ganó las primarias del Partido Demócrata en 1988, pero fue objeto de una enorme hostilidad por parte del aparato del Partido Demócrata. Por lo demás, no hay un espacio común de todos los movimientos sociales de liberación que vehiculen sus demandas al estado a través de uno o varios partidos políticos. Hay pues, muchos movimientos sociales pero ningún partido de izquierdas con representación parlamentaria ni en el Gobierno que pueda responder a como proponer y ejecutar sus propuestas.

Y ahí está la causa de la debilidad de este y muchos otros movimientos sociales, y como consecuencia la mujer, las minorías, el movimiento ambiental, los ancianos, entre otros, están huérfanos, carentes de instrumentos políticos que defiendan sus intereses, incluyendo sus intereses de clase, intereses que son fundamentales para la mayoría de las mujeres que pertenecen a las clases populares. La realidad muestra que hay tantos movimientos feministas como clases sociales existen en el país. Decir esto no es, cómo maliciosamente se desea interpretar, reduccionismo de clase, sino un reconocimiento de que la mujer trabajadora tiene intereses comunes con mujeres de otras clases sociales, pero también distintas o incluso antagónicas. Y esas diferencias afectan también sus intereses como mujeres. La evidencia de ello es enorme. Las feministas pertenecientes a lo que popularmente se conoce como las clases medias ilustradas, nunca pidieron el derecho universal (que incluye a todas las personas) a los servicios de ayuda a las familias, cómo escuelas de infancia y servicios de dependencia.

Esta situación está cambiando de una manera muy notable pues el trumpismo movilizó a amplios sectores en su contra consiguiendo el mayor número de votos que el Partido Demócrata haya jamás conseguido. Los éxitos de sus corrientes progresistas les ha empoderado y un nuevo movimiento feminista se está creando con personas que están mostrando cómo la liberación de la mujer es una condición necesaria para el bienestar de toda la sociedad, así como para la liberación de muchas otras causas  que deberían realizarse en un espacio común, de clara orientación trasformadora y colectiva. Otros países han ya mostrado que la liberación de la mujer ha mejorado la calidad de vida y bienestar de toda la población y es esta percepción la que se está hoy extendiendo en EEUU como resultado de un cambio sustancial del movimiento feminista y de otros movimientos conscientes de la existencia de adversarios comunes, requiriendo instrumentos políticos  que multipliquen sus esfuerzos, enfatizando propuestas que claramente relacionan la causa particular del movimiento con la causa general: el bien común de la gran mayoría de la población. Las nuevas feministas han estado liderando las demandas de los servicios de ayuda a las familias de manera tal que constituyen algunos de los elementos más importantes del programa social de la administración Biden. Y los datos muestran la certeza de los argumentos presentados en defensa de la clara relación entre la liberación de la mujer y el bienestar de la mayoría de la ciudadanía. Y Suecia es una de las fuentes de tales datos.

SUECIA ES DONDE LA MUJER TIENE MÁS PODER HOY EL MUNDO. ¿POR QUÉ?

Una decisión clave que el gobierno de coalición de fuerzas progresistas sueco tomó en los años 50 (a fin de resolver el problema demográfico de falta de gente para el gran tamaño del país) fue el de facilitar la integración de la mujer en el mercado de trabajo, en lugar de depender del aumento de la inmigración, como hicieron muchos países del centro y sur de la Europa Occidental. Esta medida también respondía a la sensibilidad feminista que tenía la coalición de partidos progresistas gobernantes. La ideología socialista que los sostenía creyó que la liberación de la mujer pasa por su integración en el mercado de trabajo. A fin de conseguir tal objetivo se estableció lo que se ha llamado el Cuarto Pilar del Estado de Bienestar, que era, repito, la universalización del acceso a las escuelas de infancia de 0 a 6 años, y a los servicios de dependencia tanto domiciliario como institucional. Estos servicios de ayuda a las familias fueron esenciales para facilitar la integración de la mujer en el mercado de trabajo, alcanzando el 78% de la población adulta femenina, un récord en Europa. Este derecho complementaba el derecho al acceso a la sanidad (Primer Pilar de Bienestar), el derecho a la educación (Segundo Pilar) y el derecho de jubilación (Tercer Pilar). Complementando estos servicios se hizo una reforma cultural profunda, incluyendo la educación de los hombres desde su infancia, con una redefinición de sus roles y promoviendo su corresponsabilidad en las tareas familiares.

Estas medidas también tuvieron gran impacto para mejorar el bienestar y la calidad de todos los miembros de las familias, además de ser esenciales para facilitar la liberación de la mujer y el mejoramiento de la sociedad. Y la fertilidad creció enormemente, casi dos infantes por mujer (1.8), mucho más elevada que en España (1.3), donde la baja fertilidad es un ejemplo más del enorme estrés de la mujer en este país. Pero lo que es más valioso de esta dimensión de la mujer sueca, es que su gran presencia en la sociedad empoderó a la mujer, siendo su mayor influencia consecuencia de haber sensibilizado a la sociedad de la necesidad del cambio eliminando su opresión como parte de una estrategia de liberación que termine también con otras formas de opresión. No es por casualidad que Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia, países donde coaliciones de izquierdas han gobernado por mas tiempo desde la II Guerra Mundial, tengan las desigualdades por clase social y por género más bajas del capitalismo desarrollado, y son las que tienen mayor conciencia ecológica y ambiental, con los Estados de Bienestar más desarrollados. Ni que decir tiene que mucho hay que hacer en aquellos países también, pero lo que han hecho merece ser reconocido y estudiado por otros, como los del sur de Europa que están por detrás. En España existen ya las bases para que se establezcan tales cambios, pero se requiere una mayor presión social, tal como el movimiento a favor del establecimiento del Cuarto Pilar del Estado de Bienestar como derecho individual que facilite la liberación de la mujer y aumente el bienestar familiar, mejorando la calidad de vida de la población y muy en particular de las clases populares, cuyos enormes déficits actuales deterioran especialmente la salud de la mujer, que como promedio tiene tres veces más enfermedades producidas por el estrés que el hombre. Esta iniciativa ha sido iniciada por más de mil representantes de movimientos feministas, movimientos sindicales, movimientos de pensionistas y otros pidiendo su establecimiento en este país dentro de la ruta de cambio que permita una sociedad mejor. (Ver: https://cuartopilar.es/)."             (Vicenç Navarro , Público, 03/02/22) 

27/1/22

La tesis de que el sexo es una construcción social, resultado de una negociación política en la que se ha apostado por la palabra “género” como vía para democratizar la inclusión de las mujeres en las instituciones... conlleva una tesis negacionista de la ciencia, equivalente a la de que la tierra es plana o que no hay cambio climático. En el caso de la construcción social del sexo lo que se niega es la base biológica de los humanos, que se considera determinismo biológico, para acabar aceptando el determinismo social... El sexo no lo elegimos, lo que sí podemos cambiar son las expresiones sociales de este factor biológico e intentar que el sexo no revierta en inequidades sociales

"La perspectiva de género se presenta como la forma políticamente correcta para referirse a la reivindicación de la igualdad entre mujeres y hombres; sin embargo, la construcción social del sexo comporta la negación del factor biológico de la naturaleza humana.

No cabe duda que desde hace ya algún tiempo la palabra “género” se ha implantado como la forma políticamente correcta para referirse a la reivindicación de la igualdad entre mujeres y hombres a través del movimiento feminista. Esta idea se concreta en expresiones como perspectiva de género, violencia de género, identidad de género, etc. En algunas de las propuestas defendidas por determinados colectivos feministas se defiende y confirma que cada persona puede elegir el género, independientemente del sexo, llegando incluso a plasmarse en proyectos de ley, o sea, a institucionalizar la idea de que el sexo es una construcción social genérica, fruto de una negociación sin ninguna base biológica.

El objetivo de este artículo consiste en analizar las bases epistemológicas en las que se fundamenta la tesis de que el sexo es una construcción social, resultado de una negociación política en la que se ha apostado por la palabra “género” como vía para democratizar la inclusión de las mujeres en las instituciones, tanto públicas como privadas. Ello conlleva una tesis negacionista de la ciencia, equivalente a la de que la tierra es plana o que no hay cambio climático. En el caso de la construcción social del sexo lo que se niega es la base biológica de los humanos, que consideran determinismo biológico, para acabar aceptando el determinismo social.

En primer lugar se expone la idea de la construcción social de la ciencia. Se analizan los principales criterios epistémicos en los que se sustenta y los escollos para un análisis racional no solo de la ciencia sino de la explicación del mundo, tanto natural como social, así como del saber teórico y práctico. A continuación se interpreta la llamada “perspectiva de género” en el marco de la construcción social del conocimiento y las consecuencias desde el punto de vista filosófico, para consolidar un marco no racional y relativista en el análisis de una reivindicación histórica y urgente en nuestras sociedades, como es la igualdad de mujeres y hombres. Finalmente, se exponen nuevas formas de abordar la democratización de las instituciones respecto a la integración de las mujeres desde una perspectiva feminista y racionalista a fin de que las diferencias biológicas no se conviertan en inequidades sociales.

Base teórica de la perspectiva de género


Para examinar la base teórica de la perspectiva de género hay que retrotraerse al denominado “Programa Fuerte en Sociología del Conocimiento Científico” que David Bloor expone y defiende en su libro Knowledge and social imagery (1976). Según Bloor, hay que buscar las causas que producen las creencias y las explicaciones tanto de la verdad, la racionalidad y el éxito como de la falsedad, la irracionalidad y el fracaso, es decir, el mismo tipo de causas pueden explicar las creencias verdaderas y las falsas. El programa sociologista de Bloor es seguido, entre otros, por B. Barnes, S. Shapin, H. Collins y B. Latour, todos ellos relacionados en mayor o menor grado con la Escuela de Edimburgo, que desarrolla su pensamiento, primordialmente, durante las décadas de los ochenta y noventa.

La idea central del programa es que las ciencias, incluso las llamadas “ciencias duras” como la física y la matemática dependen tanto de factores sociales, económicos, tradiciones y prestigio como de la observación, la lógica y sus pragmáticas. Desde el punto de vista cognoscitivo se sitúa en el más puro relativismo y la epistemología pierde toda autonomía, al quedar reducida a la sociología del conocimiento.

Se trata de desmitificar la ciencia afirmando que ésta no es más que un tipo de “construcción” social, que no tiene ningún rango privilegiado respecto a cualquier otra fuente de conocimiento. Sus autores sostienen que la ciencia no es más que el resultado de la negociación alcanzada por un colectivo o comunidad, de modo que sus resultados no son fruto de una comprensión más profunda de la realidad natural y social, sino de simples construcciones mentales intersubjetivas, sin base objetiva.

A partir de esta propuesta se abrió un debate en la filosofía de la ciencia a través de lo que se ha denominado “controversias científicas”, siguiendo la senda del pensamiento posmoderno. No cabe duda de que tuvo un impacto importante en el mundo académico, institucionalizándose en programas como “Women’s and gender Studies”, “Science Studies” o “Cultural Studies”. Va más allá del objetivo de este artículo dar un panorama exhaustivo de los debates surgidos en el marco de la filosofía de la ciencia en torno al constructivismo social y al pensamiento posmoderno, sin embargo, es importante señalar algunas publicaciones que marcaron un hito alrededor de este debate epistémico.

La izquierda académica frente a la superstición de altos vuelos

En 1994 dos científicos, Paul Gross (biólogo) y Norman Levitt (matemático), publicaron Higher Superstition: The Academic Left and Its Quarrels with Sciencedonde cuestionaban el constructivismo social de los estudios de la ciencia y el relativismo de la teoría posmoderna como pensamiento sin base epistemológica. Gross y Levitt consideraban a la izquierda académica de Estados Unidos intransigente y anticientífica, hostil al conocimiento científico, a la Ilustración y al progreso.

El “Caso Sokal”

Alan Sokal, un físico teórico de la Universidad de Nueva York, se propone desenmascarar las ideas anticientíficas de los intelectuales posmodernos, enviando a la revista Social Texts, tenida como el portavoz más importante de la intelectualidad de la izquierda en Estados Unidos, un artículo con el título Towards a transformative hermeneutics of quantum gravity (1996). El texto versa sobre un asunto científico, con afirmaciones delirantes, mezcladas con una profusión de citas de pensadores posmodernos, frases relacionadas con posturas de izquierda, feministas, ecologistas, etc. A las pocas semanas, Sokal
desvela el carácter de la “broma” en la revista Lingua Franca, explicando las barbaridades que su artículo contiene.

Una casa en arenas movedizas

Noretta Koertge, filósofa de la ciencia del Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia en Indiana University, es la autora del libro A House Built on Sand: Exposing Postmodernist Myths about Science (1999), con la participación de varios autores, en el que se analizan los mitos posmodernos sobre la ciencia, como reza el título del libro.

En una entrevista realizada por Friedrich Stadler y I.A. Kieseppä en Minneapolis (1998) Koertge da las claves de sus argumentos y críticas al pensamiento posmoderno.

Uno de los puntos que va desgranando es su postura sobre la Ilustración, vinculada principalmente al modernismo. La cuestión, según Koertge, es si podemos subsumir el programa fuerte de la sociología del conocimiento bajo la etiqueta del posmodernismo, y su respuesta es que el conocimiento científico es el mejor tipo de conocimiento que tenemos, algo que ha sido cuestionado por el posmodernismo y el relativismo.

El feminismo en el marco de la posmodernidad

La introducción del pensamiento posmoderno en el movimiento feminista puede situarse en el surgimiento del Programa Fuerte en Sociología del Conocimiento Científico, adaptando los principios de dicho programa a las reivindicaciones de la igualdad de sexos. En la actualidad se incorpora el movimiento LGBTI, configurándose un marco ideológico en torno a la llamada “teoría queer”, defendida por Judit Butler, como una de las referencias indiscutibles en este campo y que desarrolla en libros como Deshacer el género (2006) y Cuerpos aliados y lucha política (2015). Butler sostiene que el sexo es un constructo social y que los géneros, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales no están marcados por la biología.

Considera que la identidad depende de nuestro deseo, o sea que cada persona
puede elegir ser mujer, hombre o las dos cosas a voluntad.

A partir de estos supuestos, el género se ve como un dispositivo de empoderamiento y un mecanismo crucial para la socialización, por el cual el cuerpo va construyendo su identidad en constante tensión y negociación con las normas que una sociedad impone. El resultado comporta que muchas personas “trans” se perciben con un cuerpo equivocado, tal como lo expresa el sociólogo Miquel Missé en su libro A la conquista del cuerpo equivocado (2018). 
 
En una entrevista de Mª Antonia Frau en Catalunya Plural (2019), Missé señala: “El principal imaginario alrededor de la transexualidad está muy centrado en que el malestar que las personas trans tenemos se resuelve modificando nuestro cuerpo, sin embargo, la necesidad de modificar el cuerpo se debe fundamentalmente a que nuestra sociedad es muy rígida con lo que es aceptable de ser hombre o mujer. [....] Tengo la sensación de que plantear el tema del cuerpo equivocado es una forma muy fácil para nuestra sociedad de desentenderse de que parte de nuestro malestar también se resolvería si se transformara el imaginario colectivo, lo que pasa es que es más fácil que nosotros modifiquemos nuestro cuerpo”. La cuestión es si hay otros imaginarios, como reclama Missé, para que las personas puedan aceptar su sexo biológico sin renunciar a cualquier manifestación social que deseen. No cabe duda que puede haber otros imaginarios pero éstos no se encuentran en el negacionismo, sino en una apuesta racional, aceptando los límites de la naturaleza humana, el conocimiento proporcionado por la ciencia y descartando cualquier tipo de determinismo.

Una apuesta racionalista, democrática e ilustrada

El diagnóstico del Programa Fuerte en Sociología del Conocimiento en el sentido de que los factores contextuales intervienen en la actividad científica es razonable; el problema son las consecuencias que se hacen derivar de este hecho y la falta de clarificación conceptual. El conocimiento del mundo natural y social que la humanidad ha adquirido a lo largo de siglos se ha configurado a través de la ciencia, en conjunción con las tecnologías actuales. Una primera puntualización al respecto es la importancia de distinguir entre ciencia y tecnología desde el punto de vista conceptual, aunque luego converjan en la práctica, lo cual permite no confundir, por ejemplo, el uranio con una central nuclear o los virus con las farmacéuticas.

En el abordaje de la relación entre sexo y factores sociales hay algunas distinciones conceptuales que pueden clarificar un fenómeno tan complejo y con tantos matices como es el sexo y sus manifestaciones socioculturales. En este punto la idea de “expresiones biológicas de las desigualdades sociales”, procedente de la epidemiología social, es una vía para analizar dicho fenómeno. La epidemiología social estudia los determinantes sociales de la salud, entre los que figuran desde la pobreza y la clase social hasta la raza, el género, la sexualidad, la discapacidad y la edad. Sin embargo, hay diferencias importantes entre estos ejemplos; así, la pobreza y la clase social son factores sociales, en cambio, la edad, el color de la piel o el sexo son factores biológicos.

Por tanto, hay una distinción clara entre “expresiones biológicas de las desigualdades/inequidades sociales”, es decir, consecuencias para la salud a causa de la pobreza y “desigualdades/inequidades sociales de las diferencias biológicas”, a saber: discriminación en cualquier ámbito, desde el profesional al sanitario por razón de la edad, del color de la piel o del sexo.

La cuestión consiste en cómo abordamos la perspectiva de género desde estas distinciones conceptuales. Desde la epidemiología social, que no difiere en lo esencial de lo que hemos considerado sobre el pensamiento posmoderno, el género se interpreta como un concepto social relativo a las convenciones, roles y comportamientos ligados a la cultura que se asignan a hombres y mujeres, niños y niñas, diferenciándolo del sexo como categoría biológica. La epidemióloga social Nancy Krieger señala que “en ciertos casos, las características biológicas ligadas al sexo pueden contribuir a determinar diferencias de salud por razón de género” (Krieger, 2002: 9). Las diferencias de salud no son por razón del género sino del sexo, ya que una persona del sexo femenino puede tener cáncer de vagina pero no de testículos y viceversa. Por tanto, cuando se trata de la salud hay que hablar de mujeres y hombres, no de géneros.

En este punto me remito al libro de Carme Valls-Llovet (2018) Medio ambiente y salud. Mujeres y hombres en un mundo de nuevos riesgos, en el que se analizan los riesgos de mujeres y hombres a causa del medio ambiente. La tercera parte trata de las consecuencias para la salud de mujeres y hombres, desde las alteraciones del ciclo menstrual hasta las alteraciones en la salud reproductiva masculina.

Los riesgos para la salud tienen que ver con el sexo, no con el género
de las personas a las que afecta el medio ambiente.

Hablemos de feminismo

La introducción del concepto de género en el debate feminista no ha hecho más que confundir el discurso político sobre la discriminación de las mujeres. El sexo no lo elegimos, lo que sí podemos cambiar son las expresiones sociales de este factor biológico e intentar que el sexo no revierta en inequidades sociales. Es decir, el pertenecer al sexo masculino o femenino no tiene porqué determinar la forma en que las personas se manifiestan socialmente, desde la forma de vestir a la orientación sexual y la identidad personal.

Este cambio de marco teórico comporta, por un lado, abandonar las posiciones negacionistas respecto al conocimiento científico y, por otro, abogar por la equidad de todas las personas, independientemente del sexo. Pero también supone algo mucho más importante para todas las personas que piensan que han nacido con el sexo equivocado y se ven quizás impelidas a castigarlo a fin de poder alcanzar sus deseos.

Es pues posible un nuevo imaginario en el que cada persona pueda construir su propia identidad personal sin necesidad de riesgos para su salud.

Nos encontramos en un mundo en el que aún falta mucho por hacer para que las mujeres no estén en inferioridad de condiciones respecto a los hombres. Tenemos un gran reto para que la equidad entre sexos se expanda a todos los ámbitos y a todos los países y el camino no puede ser otro que el feminismo, siguiendo una larga tradición desde el movimiento sufragista hasta la lucha contra la violencia machista.

Bibliografía:

Butler, J., 2006, Deshacer el género, Barcelona, Paidós.
 
–– , 2015, Cuerpos aliados y lucha política, Barcelona, Planeta.

Bloor, 1976, Knowledge and social imagery, Chicago: The University of Chicago Press.

Lewitt, P. y P. Gross, 1994, Higher superstition: the academic left and its quarrels with science, Baltimore: Johns Hopkins University Press.

Missé, M., 2018, A la conquista del cuerpo equivocado, Barcelona, Madrid, Editorial Egales.

Noretta Koertge, N., 1999, A House Built on Sand: Exposing Postmodernist Myths about Science, Oxford University Press.

Sokal, A., 1996, “Transgressing the boundaries: Toward a transformative hermeneutics ofQuantum Gravity”, Social Text, 46/47: 217-252.

Sokal, A. y J. Bricmont, 1999, Imposturas intelectuales, Barcelona, Paidós.

Valls-Llobet, C., 2018, Medio ambiente y salud. Mujeres y hombres en un mundo de nuevos riesgos, Madrid, Ediciones Cátedra.

(Anna Estany es catedrática emérita de Filosofía de la Ciencia en el departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ensayo: 'La construcción social del sexo')

13/7/21

Los orígenes del feminismo marxista... Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y Aleksandra Kollontai

 "Fueron Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y Aleksandra Kollontaj quienes inauguraron un pensamiento capaz de analizar la explotación de las mujeres, incluso en el trabajo de cuidados. El feminismo actual puede seguir inspirándose en ellas. 

 En su texto The Rise of Neoliberal Feminism (El auge del feminismo neoliberal), Catherine Rottenberg define el fenómeno que a partir de la segunda década del siglo XXI ha supuesto la reinserción popular de los temas feministas en el imaginario dominante. Movimientos como MeToo y Time’sUp han permitido la máxima difusión de un mensaje emancipador que ha llegado a un público tan amplio como heterogéneo. Al mismo tiempo, sin embargo, la popularidad alcanzada por el feminismo contemporáneo exige a menudo la simplificación de las diversas y complejas cuestiones que atraviesan la teorización feminista, corriendo el riesgo de reducir este movimiento político a meros eslóganes. 

La corriente neoliberal del feminismo contemporáneo defiende la posibilidad de lograr la emancipación permaneciendo dentro del sistema capitalista mediante el ascenso al éxito de un número creciente de mujeres en el mercado laboral. Este planteamiento de la cuestión de la emancipación ha provocado, en el lado opuesto, un resurgimiento de la crítica feminista al capitalismo, históricamente vinculada a la necesaria erradicación de lo que se considera un sistema de producción económico, social y cultural que, para su propia supervivencia, necesita perpetrar mecanismos violentamente excluyentes y discriminatorios. Esta posición teórica ha sido seguida por una serie de prácticas para la resignificación política del 8 de marzo por parte de movimientos como No Una di Meno.

En momentos en que la cuestión de los derechos de las mujeres es utilizada cada vez más por la extrema derecha y el sistema capitalista en su forma neoliberal, proporcionando una nueva justificación a las perspectivas políticas nacionalistas y racistas, resulta útil recorrer la vida de tres «damas de la revolución» que, entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, vincularon la cuestión feminista a la lucha de clases.

Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo. Las mujeres y el Partido Socialdemócrata Alemán

Las divisiones internas del feminismo no deben considerarse una novedad. El movimiento siempre ha estado atravesado por profundas divergencias, pero cuando en el siglo XIX el «feminismo burgués» reivindicó la inclusión de las mujeres en la economía productiva sin considerar las injusticias perpetradas por el sistema capitalista contra las mujeres trabajadoras, se produjo una importante escisión en su seno. Por un lado están las feministas «liberales» y por otro las feministas «marxistas», para las que el trabajo asalariado constituye una situación más de explotación que nivela la condición de hombres y mujeres frente al mismo enemigo: el capital. 

Lo que distingue a la corriente feminista marxista desde sus inicios es precisamente el intento de analizar la relación entre la opresión de género y el capitalismo. En las últimas décadas del siglo XIX, Clara Zetkin propuso el desarrollo de prácticas político-organizativas específicas capaces de responder a las necesidades de las mujeres trabajadoras en el seno del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) que, hasta entonces, había ignorado los problemas específicos de las mujeres pertenecientes a la clase obrera. Zetkin señala, en cambio, que aunque todas las mujeres están oprimidas como «mujeres», la forma de esta opresión se manifiesta de manera diferente según la clase a la que pertenecen. 

Una posición apoyada por otra protagonista de la entonces socialdemocracia alemana, la pensadora polaca Rosa Luxemburgo, que se unió al partido a su llegada a Alemania en 1898. Luxemburgo expresó inmediatamente su apoyo a una visión internacional de la revolución proletaria, y cuando en 1914 el Partido votó a favor de la guerra se puso del lado de la capitulación del movimiento socialista ante el imperialismo. En 1916 Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, Clara Zetkin y otros formaron la Liga Espartaco, desde la que se inició una campaña ilegal contra la guerra que preparó el terreno para la huelga general por la paz de enero de 1918, de la que participaron millones de trabajadoras y fue un «ensayo general» de la revolución alemana de noviembre de 1918. De la Liga Espartaco nacerá el Partido Comunista Alemán en diciembre de ese mismo año. 

Luxemburgo sería asesinada junto a su camarada Liebknecht el 15 de enero por tropas pronazis armadas por el gobierno. Su vida y su muerte hablan de su dedicación a la causa de la revolución, así como de su coraje para intentar ponerla en práctica y, gracias a sus escritos, sigue siendo hasta hoy la teórica femenina más conocida del marxismo.

Crítica del capitalismo entre el patriarcado y el imperialismo 

Durante muchos años, los estudiosos han descrito a Rosa Luxemburgo como poco implicada en los asuntos de las mujeres. Sus textos atacaban a menudo el feminismo burgués contemporáneo a ella, y nada más llegar a Alemania se negó a dedicarse (como su amiga Clara) a la sección femenina del SPD para evitar la marginación dentro del partido que habría dejado el debate sobre las cuestiones centrales a los dirigentes masculinos. 

Sin embargo, investigaciones más recientes de la filósofa Raya Dunayevskayan han puesto de relieve la dimensión feminista que atraviesa tanto la vida como el pensamiento de la revolucionaria polaca. Además de apoyar el trabajo de su compañera Clara Zetkin en su intento de proyectar la emancipación de la mujer como una dimensión integral de la transformación socialista, Rosa Luxemburgo apoyó abiertamente el derecho al voto de las mujeres en un documento de 1902, explicando cómo la emancipación de la mujer debía considerarse un elemento indispensable para reformar la socialdemocracia y derrocar el capitalismo. 

En 1912 defendió la necesidad de separar el movimiento feminista de las mujeres de la clase obrera de las reivindicaciones de los movimientos femeninos burgueses y fue la propia Luxemburgo quien, en 1918, instó a Clara Zetkin a crear una sección femenina de la Liga Espartaco. 

En su texto principal La acumulación del capital, Rosa Luxemburgo retoma y amplía las categorías conceptuales marxianas y desarrolla su «teoría del imperialismo» basada en el análisis del proceso de producción y acumulación social del capital realizado a través de diversas formas excluidas del sector reconocido de la producción de mercancías, entre ellas el «trabajo de cuidados» y la colonización de «países no europeos».

La pensadora polaca pone de manifiesto en la teoría lo que para la mayoría de las mujeres proletarias de su época representaba —y sigue representando— un riguroso problema real: la falsa creencia en torno a la improductividad del «trabajo de cuidados» de las mujeres en el hogar y en el espacio público. 

La obra de Luxemburgo pone de manifiesto la necesidad de entender la cuestión de la opresión de las mujeres como un producto histórico del antagonismo entre el capital y el trabajo, lo que nos permite vincular la liberación de las mujeres y la crítica a ese sistema de producción que, para sobrevivir, requiere mecanismos de subordinación, explotación y discriminación que actúan tanto sobre la categoría identitaria de género como sobre las de clase y «raza». 

Describiendo el imperialismo como la estructura central del funcionamiento del sistema de producción capitalista en todas sus fases, subraya que la opresión de los sujetos «colonizados» no debe considerarse como una simple consecuencia del capitalismo, sino que constituye su fundamento. De ello se desprende que mientras exista el capitalismo no puede haber lugar para ninguna forma de emancipación, ni para la clase obrera ni mucho menos para la feminidad oprimida. La única solución esbozada por Luxemburgo al problema de la opresión de los sujetos subalternos es la revolución proletaria, participada por todos y extendida internacionalmente.

Aleksandra Kollontaj y la revolución rusa

Atenta estudiosa de las obras de Luxemburgo, otra revolucionaria de orientación marxista, Alekandra Kollontaj, estuvo entre los obreros que marcharon al Palacio de Invierno en 1905. Al igual que Zetkin y Luxemburgo, la vida de Alekandra Kollontaj es un testimonio de su lucha política. Nacida en el seno de una familia de la nobleza rusa —su padre fue general del Zar—, Kollontaj optó por alejarse de ese entorno casándose con un ingeniero. 

Tras una visita a la fábrica textil en la que su marido trabajaba en el sistema de ventilación e impresionada por las inhumanas condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores, decidió dedicarse al estudio de la economía política en Zúrich. La educación de Kollontaj la llevó a considerar la liberación de la mujer como parte integrante de la lucha por la construcción de una comunidad socialista, por lo que dedicó su vida a la lucha por una mejor comprensión de los problemas de la mujer. 

Obligada a abandonar Rusia por haberse opuesto a la Duma zarista, Kollontaj migró a Alemania y fue allí donde entró en contacto directo con la socialdemocracia e inauguró una colaboración con Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, profundizando en la cuestión de las mujeres y participando en la primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Stuttgart. Cuando Alemania declaró la guerra a Rusia en 1914, Kollontaj tuvo que abandonar el país; en 1915 se afilió al Partido Bolchevique.

Tras los acontecimientos revolucionarios del 23 de febrero de 1917 (8 de marzo, según el calendario occidental), regresó finalmente a Rusia, donde fue recibida como una heroína y se convirtió en miembro del ejecutivo soviético. Inmediatamente después de la Revolución de Octubre, Kollontaj fue elegida Comisaria del Pueblo para la Asistencia Social. Fortalecida por su posición, pudo participar en la redacción de normas que reconocían a las mujeres como ciudadanas con igualdad de derechos en el nuevo Estado obrero. 

Se introdujo el matrimonio civil, se facilitó el divorcio y se declaró la igualdad de los hijos legítimos e ilegítimos ante la ley. Se concedieron a las mujeres plenos derechos civiles, se protegió su trabajo y se estableció también el principio de igual salario por igual trabajo. En 1918, tras concluir una gira de conferencias entre las trabajadoras de la zona de hilanderías del este de Moscú, Kollontaj se convenció de la necesidad de un Congreso Panruso de Mujeres. El 16 de noviembre de 1918 se inauguró el primer Congreso de Mujeres Obreras y Campesinas de Rusia, del que participaron 1147 delegadas.

El floreciente periodo de innovación social finaliza en 1921 con la aprobación de la NEP (Nueva Política Económica), que prevé la reintroducción de la propiedad y la iniciativa privadas en la economía. La vuelta a las relaciones de mercado hizo que se redujera el número de personas que dependían directamente del presupuesto público y en las ciudades las condiciones de vida se hicieron más difíciles. Esto tuvo dos consecuencias: que la construcción de guarderías, escuelas y residencias de ancianos deba posponerse y que la presión para reconstruir la familia como unidad central del bienestar conduzca a abandonar cualquier debate sobre la cuestión de las mujeres. Este es el contexto en el que madura el texto más conocido de Kollontaj, ¡Abran paso al Eros alado! (una carta a la juventud obrera).

Aleksandra Kollontaj fue la única revolucionaria rusa que se replanteó no solo la economía y la política, sino también la moral y, con ella, las costumbres. La autora subraya cómo en una sociedad comunista es necesario abandonar la idea de propiedad incluso en el ámbito del amor, contrastando con el individualismo de la sociedad burguesa que prefería la competencia al valor fundacional de la amistad. Para Kollontaj, la nueva sociedad comunista debe basarse en el principio de solidaridad, ya que está compuesta por sujetos capaces de sentir auténtica simpatía. El respeto y la comprensión recíproca y la conciencia del vínculo que une a todos en una dimensión colectiva son los rasgos que distinguen la capacidad de amar en el sentido más amplio que atribuye al término.

Esta idea del amor estaba en la base del nuevo concepto de familia promovido por Kollontaj, que la llevó a obtener importantes victorias en el ámbito legislativo (como la legalización del aborto en 1920 y la despenalización de la sodomía en 1922). Sin embargo, dada la profunda crisis económica que tuvo que atravesar Rusia en estos años, en el ámbito más cercano al corazón de Kollontaj, la construcción práctica de alternativas a la familia a través de la subvención de organismos estatales que compartieran las responsabilidades del cuidado con los ciudadanos, así como una concepción de esta responsabilidad que implicara a ambos géneros y no solo a las mujeres, nunca encontraría una formalización efectiva. 

El aislamiento de Kollontaj dentro del Partido será cada vez más significativo. Aunque nunca se opuso directamente a Stalin, practicó una especie de resistencia pasiva al régimen y en 1940 consiguió mediar en la paz entre Finlandia y la Unión Soviética. En 1945 dimitió como embajadora en Estocolmo y regresó a Moscú, donde murió en 1952.

Feminismo y marxismo, entre la lucha de clases y la emancipación 

Esto es solo un extracto de la vida y el pensamiento de las que fueron, sin duda, tres mujeres extraordinarias. A pesar de que se resistieron a presentarse como heroínas aisladas de una revolución que, en realidad, contó con la participación activa de miles de trabajadores y, sobre todo, de mujeres trabajadoras, tanto en el caso alemán como en el ruso, quizás hoy más que nunca es importante recordar sus luchas y reflexiones. 

Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y Aleksandra Kollontaj inauguraron una nueva corriente de pensamiento en el ámbito filosófico-feminista. No solo hay que considerar el trabajo asalariado como un posible campo de explotación del trabajo de las mujeres, sino también y sobre todo el trabajo relacionado con el ámbito de la reproducción social y los «cuidados». En un mundo en el que las mujeres todavía no tenían ni siquiera derecho a voto, Clara, Rosa y Aleksandra ocuparon cargos oficiales, fueron embajadoras de su partido en el extranjero, inauguraron lugares de resistencia activa al poder dominante y vivieron con la convicción de contrastar siempre las posiciones contemporáneas del partido con sus propias convicciones. 

Una reflexión compleja que se refleja en una vida dedicada a la revolución une a estas mujeres en su militancia contra un sistema de explotación: el capitalismo, que combina la discriminación de género, «raza», clase y orientación sexual. Una lucha que el feminismo contemporáneo no debe olvidar y de la que estas «damas de la revolución» siguen siendo hoy un símbolo en el que inspirarse."           ( , JACOBIN Ámerica Latina, 11/07/21)