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22/8/22

¿Estamos ante un episodio pasajero provocado por la guerra de Ucrania o ante una gran mutación del modo de regulación en la gobernanza del sistema capitalista mundial? Bienvenidos al capitalismo de escasez... El fin del ciclo financiarizado con centro en Estados Unidos lleva en declive más de una década, pero ninguna otra zona de la geografía del sistema-mundo capitalista muestra de momento el suficiente dinamismo como para poder arrastrar al sistema mundial en su conjunto a un nuevo ciclo de acumulación basado en la producción real de valor y ganancia... una posible transición hacia un modelo de regulación capitalista donde la escasez y el racionamiento sean la norma social no afectará por igual a los países del llamado centro del sistema que a los de la periferia... la llamada periferia de tardía industrialización se verá especialmente golpeada por las interrupciones en las cadenas de suministros de alimentos, pudiendo producirse hambrunas a gran escala... más de 260 millones de personas adicionales podrían verse sumidas en la pobreza extrema este año 2022... En los países del centro del sistema-mundo capitalista, como en Europa, se instaurará un nuevo régimen regulatorio en el que los precios altos de la energía y su racionalización de uso se instaurarán como realidades permanentes... Este escenario de capitalismo de escasez va a tener repercusión en las legislaciones nacionales, que preparan un escenario de mayor castigo para controlar a una población más pauperizada

 "Que el sistema-mundo capitalista está en una fase crítica de cambio y cronificación de la crisis económica es asumido por todas las grandes corporaciones del capital y sus instituciones gobernantes, el Foro Económico Mundial lleva hablando desde el inicio de la pandemia de covid19 de un plan de “Gran Reset” para reconstruir la economía mundial y dirigirla a un nuevo ciclo de acumulación. Este cambio de paradigma se enmarca como la finalización y profundización lógica a lo que podemos denominar, siguiendo las palabras del sociólogo Andrés Piqueras, como la Segunda Gran Crisis de Larga Duración del capitalismo que comenzó hacia 1973 y que encontró su salida temporal en el marco de regulación en el modelo financiarizado-neoliberal. El fin de este modelo puede estar llevándonos en la actualidad hacia otra Gran Mutación del modelo de acumulación-regulación capitalista.

Sin embargo, pese a los cantos de sirena que se lanzaron a comienzos de la pandemia augurando un nuevo modelo de “keynesianismo pandémico”, sobre todo desde ámbitos políticos progresistas, que se basaría en una suerte de vuelta al paradigma del Estado redistribuidor, la actual crisis inflacionaria y bélica demuestran que los derroteros de la gobernanza capitalista apuntan hacia un modelo de escasez marcado por la pobreza y proletarización crecientes. Todo esto junto al intento de control de la exclusión y sus problemas sociales vía políticas estatales de subsistencia mínima.

Tal y como plantea Giovanni Arrighi, uno de los autores más destacados del paradigma del sistema-mundo capitalista, cada vez que sucede una crisis por los excesos del capital financiero sobre el productivo, esta marca la señal de la decadencia de cierto modelo de crecimiento y de la potencia que se ha hecho hegemónica con el mismo. En esa fase nos encontramos, a una década del estallido del sistema financiero y con tensiones geopolíticas crecientes por el dominio mundial. Pese a no poder vislumbrar todas las características de esta nueva fase, es evidente que vivimos un periodo de transición hacia algo nuevo, y que a todos ojos no se parece en nada a los “felices años” posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Los cambios de fase capitalista

Como hemos mencionado, el capitalismo occidental lleva décadas en crisis, destacados economistas marxistas y heterodoxos hablan de una larga depresión al menos desde la década de 1970 hasta la actualidad. Y los datos estadísticos oficiales demuestran esta tesis; las tasas de reinversión y productividad no han hecho más que caer en las últimas décadas, pese a que se ha tratado de mantener viva la demanda agregada vía crédito fácil, burbuja que estalló con la crisis del 2008. Pero esta vez nos encontramos ante una nueva dimensión de la crisis, ya que el capitalismo se acerca a lo que podemos llamar sus límites biofísicos; por lo tanto, además de sus límites internos debe enfrentarse a los externos, a que los recursos del planeta que han asegurado su reproducción en el tiempo son finitos.

Arabía Saudí ha advertido de que ya ha llegado a su techo de producción de petróleo y que, pese a seguir siendo el principal productor de petróleo del mundo, no tendrá capacidad adicional para aumentar la producción por encima de los 13 millones de barriles por día que se comprometió a tener para 2027. El petróleo sigue siendo una pieza clave en todos los procesos productivos e imprescindible para todo el sistema de transportes. La crisis no es solo un bache puntual, sino que va a traer cambios que serán instaurados como temporales, pero vendrán para quedarse, como el del racionamiento de energía a todos los niveles.

Pero, además, el sistema capitalista arrastra la habitual contradicción entre el valor ficticio generado por el entramado financiero mundial y la plusvalía y valor real producido, lo que responde a un estancamiento de la tasa de ganancia que vuelve a caer en nuestros días. Muestra de ello es que la producción industrial global cayó un 2,7% en abril, tras haber caído un 1% en marzo. Concretamente, en Alemania, la principal potencia industrial europea, el componente de compras prospectivas e inventarios manufactureros medido por el índice PMI (Índice de Gestores de Compras, por sus siglas en inglés) ha caído en picado hasta los niveles de 2008, por lo que es probable que la fabricación alemana y la demanda industrial mundial ya estén en recesión.

El fin del ciclo financiarizado con centro en Estados Unidos lleva en declive más de una década, pero ninguna otra zona de la geografía del sistema-mundo capitalista muestra de momento el suficiente dinamismo como para poder arrastrar al sistema mundial en su conjunto a un nuevo ciclo de acumulación basado en la producción real de valor y ganancia. Además de que este nuevo ciclo se enfrentaría a los mencionados límites biofísicos. Ante este agotamiento de reservas energéticas y primarias vitales puede surgir un modo de regulación y gobernanza capitalista nuevo, con la guerra por los recursos como elemento de regulación a nivel externo y la imposición de medidas de racionamiento a la población a nivel interno. De todas maneras, el impacto y alcance de este nuevo modo de regulación capitalista tendría distintos efectos y formas en la periferia o en el centro del sistema.

Capitalismo de escasez en la periferia

Está claro que esta posible transición hacia un modelo de regulación capitalista donde la escasez y el racionamiento sean la norma social no afectará por igual a los países del llamado centro del sistema que a los de la periferia. Ya que en estos segundos la escasez material real ha sido la norma más que la excepción durante los siglos de modernización capitalista. Sin embargo, podemos decir que, en esta fase bélica de reconfiguración de las relaciones capitalistas globales, la llamada periferia de tardía industrialización se verá especialmente golpeada por las interrupciones en las cadenas de suministros de alimentos, pudiendo producirse hambrunas a gran escala como la que ya se vislumbra por el bloqueo del trigo ucraniano y la solución que han tenido que buscar las potencias globales para su desbloqueo provisional.

El trigo de Ucrania y Rusia se exporta principalmente a Oriente Medio y al norte de África. Por su parte, Rusia es el mayor exportador mundial de fertilizantes, con un 15% del suministro mundial. En la actualidad, de los 195 países del mundo, al menos 34 son incapaces de producir su propia comida debido a limitaciones de agua o de tierra, de estos 34 la mayoría se sitúan en la lista de los principales importadores alimenticios de Rusia y Ucrania, situados en la región del Norte de África y Oriente Medio. Entre estos países también hay claras diferencias, los países productores de petróleo del Golfo pueden acceder a otras vías de suministro de alimento gracias a sus divisas procedentes de los hidrocarburos, pero existen otros países africanos que no, ya que dependen de que el trigo ruso y ucraniano es más barato por su calidad proteica inferior respecto a otros exportadores de esta materia prima.

Por ejemplo, Egipto, que obtenía hasta ahora más del 85% de sus importaciones de trigo de la región del Mar Negro y necesitará encontrar proveedores alternativos, que serán más caros. Otros países de la región, como Yemen y Siria, están en una posición aún más grave a causa de su dependencia de las ayudas alimentarias, ya que el Programa Mundial de Alimentos (World Food Program) tiene también dificultades para aprovisionarse. En una época donde el índice de precios alimenticios ha llegado a récords históricos, la predicción del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas es que 2022 será “un año de hambre catastrófica”.

Precisamente, los datos de la misma FAO ya alertan de que la inflación alimentaria mundial ha hecho subir de manera considerable y en el rango temporal de un solo año el porcentaje de personas en situación de inseguridad alimentaria, sobre todo en África, América Latina y el Caribe. En este contexto, los países más desfavorecidos ya han optado por una estrategia de proteccionismo alimentario. Uganda y Ghana han prohibido la exportación de granos y otros productos agrícolas. Este último país ha vivido una subida repentina del 27% de la inflación y numerosas protestas recorrieron las calles del país el mes de mayo por la situación de hambre que empezaba a expandirse.

Al problema del hambre se le une en la periferia global el de la deuda y la subida de tipos de interés generalizada, que dificultará la refinanciación de los Estados más débiles y mermará su capacidad importadora de alimentos y de otros bienes básicos. La quiebra de Sri Lanka puso de relieve que el problema de financiación de los países capitalistas es de máxima actualidad. Según una información publicada por el portal de noticias económicas Bloomberg, hay al menos 15 países con riesgo de incurrir en impago en los próximos meses, con una prima de riesgo por encima del 10% (>1000 bps), entre los que destacan países como Líbano, Bielorrusia, Ucrania o Túnez.

Las consecuencias de las turbulencias económicas globales son claras, más de 260 millones de personas adicionales podrían verse sumidas en la pobreza extrema este año 2022, según un reciente informe de la ONG Oxfam Intermón. Tal es la situación, que la clase capitalista ha comenzado a alertarse por las posibles consecuencias sociales de esta desigualdad creciente. Larry Flink, CEO de BlackRock, se ha pronunciado advirtiendo de que le preocupa mucho más la subida de los precios alimentarios que la de los de la gasolina u otros carburantes.

Capitalismo de escasez en el sistema central

En los países del centro del sistema-mundo capitalista, como en Europa, la situación no llegará hasta el extremo de una escasez tan generalizada, pero sí que se instaurará un nuevo régimen regulatorio en el que los precios altos de la energía y su racionalización de uso se instaurarán como realidades permanentes. Pese a la intervención que distintos gobiernos puedan realizar sobre la factura de la luz, la verdad es que el tiempo de la energía barata parece haber llegado a su fin. Por ejemplo, y pese a la relativa prontitud para un juicio absoluto, el tope al precio de la energía impuesto por el Gobierno de España ha rebajado la factura de la luz, pero según datos de Facua, la factura de junio de este año fue la tercera factura más cara de la historia: el usuario medio abonó 133,85 euros, un 65% más que hace un año.   (...)

En consecuencia, independientemente del alcance que finalmente tenga el racionamiento energético, lo que ya se puede vislumbrar es que de este invierno la clase obrera europea saldrá notablemente más empobrecida, ya que la mayoría de la población europea ha estado enfrentando durante todo el año 2022 unas cifras de inflación cercanas al 10%. Al contrario, como ejemplo paradigmático, según datos del ministerio de Trabajo español, los salarios subieron en el primer trimestre una media del 2,36%, lejos de las cifras que marcaba el IPC, siempre superior al 6%.

Por tanto, el relato del ahorro energético también tiene consecuencias psicosociales en el sentido de que gran parte de la población percibe que sus ahorros se han reducido, pero ahora existe un relato en pro del ahorro y de una vida más austera justificado por el escenario bélico. En este contexto, la tasa de ahorro de los hogares españoles ha entrado en negativo en el primer trimestre por primera vez en tres años, lo que presupone que los ahorros acumulados durante la pandemia no eran tan grandes como el relato oficial presuponía. El índice de confianza de los consumidores de la eurozona se ha hundido también hasta niveles mínimos desde el año 2012, en plena crisis del euro.

Este escenario de capitalismo de escasez va a tener repercusión en las legislaciones nacionales, que preparan un escenario de mayor castigo para controlar a una población más pauperizada. El Congreso de los Diputados español dio luz verde en junio a una reforma del Código Penal que prevé castigar con prisión pequeños hurtos en caso de reincidencia. Todo ello con el objetivo de estigmatizar a quienes más va a afectar este encarecimiento de la vida, como menciona el juez Ramiro García de Dios Ferreiro, por regla general, de 23 juicios señalados en el conjunto de los juzgados, 20 son exclusivamente de tentativa de hurto de productos de menos de 400 euros en comercios.

Otros Estados europeos preparan también un endurecimiento de su normativa legal en el ámbito laboral. Noruega, uno de los principales sustitutos exportadores de gas y petróleo en detrimento de Rusia, intervino el derecho a huelga de los trabajadores de la empresa estatal energética a finales de junio por el miedo de que las reclamaciones huelguísticas de los trabajadores por un alza salarial pudieran disminuir en un 13% el suministro de gas del país.

Conclusiones políticas

No es la primera vez en la historia del sistema capitalista mundial en la que coinciden una crisis energética y una crisis inflacionaria, ya que el mismo escenario se vivió en los años posteriores a la conocida crisis del petróleo de 1973. Sin embargo, en aquel entonces la economía capitalista mundial solamente comenzaba a vivir el largo declive que sufriría en las siguientes cinco décadas, con la concatenación incesable de crisis de mayor o menor medida solamente paliadas vía crédito y crecimiento artificial, al menos en el polo europeo-estadounidense. Ojo, que el escenario sea de escasez no quiere decir que las grandes empresas oligopólicas que gestionen esta escasez vayan a dejar de tener beneficios extra, ya que el precio al alza les favorece, como demuestran las cuentas de récord de las principales empresas energéticas.

Además, al contrario que en la década de 1970, hoy no existe un movimiento obrero fuertemente organizado en la mayoría de países occidentales. Coincidiendo con la crisis inflacionaria de los años 70, la mayoría las patronales doblaron el brazo de la clase obrera organizada imponiendo pactos de rentas muy por debajo de la inflación, al estilo de los Pactos de la Moncloa. Sin embargo, lo que en el contexto actual destaca es la existencia de una amplia capa de población excluida temporal o permanentemente de los circuitos del trabajo asalariado, lo que la hace todavía más dependiente de las ayudas estatales de subsistencia mínima que se le puedan ofrecer. Tras el shock pandémico, que ya introdujo nuevas modalidades en la regulación social, bajo el escenario bélico podemos avanzar a lo que todas luces se puede caracterizar como un capitalismo donde el consumo de energía y ciertos recursos será el primer objetivo social a regular. Bienvenidos al capitalismo de escasez."                 

( Jose Castillo  ,   investigador doctoral en el departamento de Geografía Política de la Universidad Complutense de Madrid. CTXT, 17/08/22)

3/6/20

Convergencias mediterráneas... Soberanía popular, soberanía nacional y cambio social (Grecia, Italia y España)

"(...) “Un proyecto de liberación. República, soberanía, socialismo ”, un libro de Manolo Monereo y Héctor Illueca. (...)

Los escritos contenidos en este volumen nos ayudan a comprender hasta qué punto los desafíos que enfrentan los españoles hoy en día se parecen a aquellos con los que los italianos también tenemos que lidiar. Pero, sobre todo, nos ayudan a entender que, para enfrentarlos, tendremos que deshacernos de lo que Monereo e Illueca llaman "ideas zombis", refiriéndose a conceptos como la globalización, el europeísmo, un mundo sin barreras y fronteras, ideas "imposibles de matar porque la imaginación social continúa permanecer anclados al pasado ".

 (...) la economía del siglo XXI se ve increíblemente similar a la del siglo XIX. Concentración aterradora de riqueza, progresión geométrica de desigualdades entre clases, grupos étnicos, pueblos y géneros; sobreproducción y bajo consumo, economía de deuda privada (financiarización de la vida cotidiana); reducción drástica del gasto público, desmantelamiento del bienestar y desregulación del mercado laboral (la capacidad contractual del proletariado occidental se disuelve cuando cualquier intento de limitar los beneficios a las empresas y defender los niveles de protección social hace que la producción se mueva hacia lugares más acogedores para la capital); Una crisis ecológica cada vez más dramática que amenaza las mismas condiciones de convivencia entre la especie humana y el planeta. Antes de analizar las reacciones de la sociedad civil ante la catástrofe, de lo que podríamos definir como un nuevo "momento de Polanyi", debemos recordar la forma en que Monereo e Illueca aplican su modelo interpretativo al caso europeo.

 II La UE como paradigma de la relación centro-periferia

Para comprender qué forma específica ha tomado la globalización neoliberal en Europa, deben aclararse dos cosas. El primero: en los años setenta, el proceso de descolonización de los países del Tercer Mundo parecía completo, pero, como explica Samir Amin [iii], el colonialismo no está terminado, simplemente abandonó la forma clásica de ocupación territorial para asumir la de expropiación sistemática de recursos de los países del norte del mundo a los del sur; un dispositivo basado en la economía de la deuda pública gobernada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y en la esclavitud de las burguesías nacionales que, desde la guía de las luchas de liberación, gradualmente se convierten en agentes al servicio del imperialismo occidental. Un destino del que solo dos grandes potencias emergentes como China e India pueden escapar. 

El segundo: la relación centro-periferia descrita por los teóricos de la dependencia[iv] no solo se aplica a las relaciones entre los países occidentales y el Tercer Mundo, sino que también se aplica dentro del territorio europeo. 

Ya el nazismo, como lo aclaró Domenico Losurdo [v] y, como lo recuerdan Monereo e Illueca, había intentado colonizar los otros países europeos, a partir de los del Este, para aprovechar sus recursos y esclavizar sus fuerzas. trabajo, proponiendo, de hecho, la continuación de la política colonial occidental en territorio europeo. Otros dos ejemplos de colonización dentro del área europea son los de la unificación italiana de 1861 [vi] y la alemana de 1990, dos procesos que tomaron el carácter de anexiones reales de las regiones débiles de los dos países por las regiones dominantes. económica y políticamente
Por eso, escriben Monereo e Illueca, "El aparato conceptual de la teoría de la dependencia es esencial para comprender la naturaleza auténtica del proyecto europeo", en la medida en que el proceso de construcción de la UE presenta características muy similares a las del subordinación de los antiguos países coloniales a las nuevas potencias imperiales. 

Como ha demostrado dramáticamente el caso de Grecia, la "ayuda" a los países endeudados garantizados por dispositivos como el MEDE, desempeñan exactamente el mismo papel que los procedimientos del FMI que sirven para imponer la ley de la economía de la deuda, mientras que las burguesías de los países periféricos Europa oriental y meridional desempeñan exactamente el mismo papel para la nación hegemónica, Alemania, que las burguesías compradoras de los antiguos países coloniales.

 En la terminología de Gramscia, escriben Monereo e Illueca, se podría decir que las clases dominantes de los países periféricos, incluida la derecha, la izquierda y los propios sindicatos, son una "oligarquía lumpen" que se comporta "como el partido del extranjero que garantiza la subordinación económica y subyugación al poder hegemónico en el área europea ".  (...)

Pero la hegemonía alemana no es el resultado de una imposición, sino de la renuncia espontánea de los países periféricos a su soberanía, en la medida en que "Alemania hace el trabajo sucio que ninguna burguesía del sur de Europa podría hacer sola, a cambio El dominio económico y la supremacía política están garantizados ”.

 Independientemente de la peculiaridad europea del proceso de globalización neoliberal, sus efectos son idénticos a los que todos los ciudadanos occidentales experimentan en su piel: la frontera entre trabajadores precarios, desempleados y permanentes se atenúa; Los trabajadores permanentes, los pensionistas y los funcionarios públicos se perciben a sí mismos como privilegiados, poseedores de un "privilegio" que parece, sin embargo, amenazado por futuras reformas laborales, por la inseguridad social generalizada, por el miedo ambiental, por la desconfianza. El futuro ya no es predecible, mucho menos controlable. Por lo tanto, todas las condiciones de un nuevo momento de Polanyi están ampliamente presentes.

III. Del populismo a la construcción de un nuevo sujeto político de transformación.

Hoy en todo el mundo estamos presenciando una "insurrección plebeya y nacional-popular" contra la globalización que toma diferentes formas, progresivas o reaccionarias, según las circunstancias: por un lado tenemos las revoluciones bolivarianas en América Latina, grandes levantamientos espontáneos como las primaveras árabes, Occupy Wall Street, el 15M, los chalecos amarillos, el voto británico sobre Brexit, el voto italiano en contra de las reformas constitucionales propuestas por Renzi y el nacimiento de proyectos políticos inéditos como Podemos, France Insoumise, el movimiento 5Stelle que toman distancias de las izquierdas tradicionales, cada vez más comprometidas en la gestión de las políticas neoliberales y antipopulares.

 Por otro lado, las reacciones nacionalistas y xenófobas al globalismo están creciendo, encarnadas por líderes políticos como Salvini y Marine Le Pen. Esta ola "populista", contra la cual las élites políticas, económicas y mediáticas buscan construir frentes comunes de los partidos tradicionales de derecha, centro e izquierda contra una supuesta amenaza totalitaria [vii] a ese sistema democrático que ellos mismos han contribuido a destruir, surge de una demanda generalizada de protección de los perdedores en el juego de la globalización (precarios, desempleados, trabajadores pobres, clases medias proletarizadas, artesanos, pequeños y medianos empresarios, funcionarios públicos amenazados por privatizaciones y recortes en el gasto social, etc.) que solicitan seguridad social y niveles de ingresos que pueden garantizar una vida digna. 

El hecho de que hoy las formaciones derechistas sobre todo representen políticamente esta cuestión, argumentan Monereo e Illueca, se debe a la mutación de los socialdemócratas y radicales de izquierda que, después de convertirse al liberalismo y trasladar su atención y su compromiso de las clases subordinadas a las clases medias altas y a las minorías de todo tipo, parecen desprovistas de cualquier proyecto alternativo y portadores de una cultura elitista y cosmopolita que desprecia a la gente. 

Si el populismo representa la forma que adopta la lucha de clases en una era en la que las clases subordinadas, después de años de guerra de clases desde arriba [viii], aparecen divididas, individualizadas, desorganizadas tanto en el plano sindical como político, desprovistos de identidad cultural y apenas conscientes de sus intereses comunes [ix], entonces sus versiones "izquierdas" tienen el papel de ocupar un vacío cada vez mayor de representación y de construir alternativas en una fase en la que esto no parecería factible, negando la decisión de Margareth Tatcher ("No hay alternativa"). Sin embargo, el riesgo es interpretar esta tarea en términos de una alternativa electoral banal. (...)

 Monereo e Illueca ofrecen horizontes más ambiciosos: la alianza entre Podemos e Izquierda Unida ha dado lugar a una coalición electoral que ha logrado resultados importantes, pero su influencia se ha limitado en gran medida al campo de opinión. Carece de la capacidad y la voluntad de arraigarse en el territorio, de crear comités unitarios básicos capaces de estimular a los ciudadanos a participar en la lucha social y electoral más allá de los partidos organizados en la coalición. (...)

De esta última reflexión crítica queda claro a dónde apuntan los dos autores: el objetivo real no es construir una coalición electoral sino una nueva entidad política. Por esta razón, es necesario "pensar en grande", proyectar más allá de la coalición electoral y seguir la lección de Gramsci, quien nos invita a razonar en términos de construir un bloque social. 

Para esto se necesita mucho más que lanzar campañas de opinión efectivas: es necesario construir una fuerza política con voluntad de hegemonía, capaz de producir su propio discurso y un vocabulario que lo haga explícito, que arraiga en la mente de la mayoría hasta que tenga sentido común. Solo de esta manera será posible construir una esperanza consciente y realista [x], porque "pasar de la resignación a la esperanza requiere la capacidad de soñar y entusiasmarse con propuestas capaces de construir nuevos imaginarios para grandes mayorías". Finalmente, es necesario construir una imagen muy clara del enemigo, porque la política no puede existir sin un enemigo [xi].

 Aunque la lógica populista parece cruda y simplificadora, es difícil no reconocer el mérito [xii] de ser particularmente eficaz para llevar a cabo esta tarea, en la medida en que, en todos los contextos en los que ha estructurado la ira popular contra la globalización, ha permitido identificar al enemigo en la oligarquía, concebido como el mecanismo que unifica, centraliza y organiza los tres grandes poderes económicos, políticos y mediáticos.

 En Italia, el término casta se utilizó para identificar a este enemigo. Al principio esto también sucedió en España, pero luego preferimos usar el tejido (una metáfora "textil" que se refiere al denso entrelazamiento de intereses entre las tres grandes potencias que acabamos de mencionar). El concepto de casta, argumentan los dos autores, a menudo se asocia con la corrupción de los líderes políticos tradicionales, pero esto conlleva el riesgo de que terminemos eliminando el hecho de que no solo están los corruptos, sino también los corruptores, y que a dominar se dedican especialmente los  últimos, que controlan las palancas de los grandes poderes económicos. 

 Si la atención se centra exclusivamente en los primeros, esto puede alimentar la ilusión de que para cambiar las cosas, simplemente se envíen políticos honestos al gobierno, una visión moralista que elimina la necesidad de un cambio radical del sistema. Lo que está en juego en el choque consiste en la construcción de una patria que, escriben los nuestros, "no es una comunidad o nacionalismo imaginado, sino res publica, un futuro que se construirá colectivamente, una sociedad de hombres y mujeres libres que luchan por el autogobierno del ciudadanía, soberanía popular e independencia nacional ". Así llegamos al nodo crucial de la relación entre soberanía popular, soberanía nacional y revolución social.

 IV. Soberanía popular, soberanía nacional y cambio social. Convergencias mediterráneas (Grecia, Italia y España)

 Si la globalización ha despolitizado la economía, mercantilizado los bienes comunes y las relaciones sociales, desmocratizado el estado y las instituciones, la tarea de cualquier fuerza política que proponga construir una alternativa real al sistema liberal debe ser repolitizar, desmercantilizar , para volver a democratizar. Sin embargo, para lograr estos objetivos, ir al gobierno es una condición necesaria pero no suficiente: es necesario reconstruir el estado sobre nuevas bases, dándole un poder capaz de regular la economía, de garantizar el pleno empleo, de redistribuir los ingresos y los derechos sociales.

 Para restablecer la democracia mediante la restauración del poder constituyente del pueblo, es necesario iniciar un proceso constituyente que dará vida a un nuevo proyecto de un país justo, solidario y democrático. (...)

Para apoyar el empleo, defender los salarios y el estado del bienestar, de hecho es necesario desconectarse de una Europa liderada por Alemania que no permite a España (pero lo mismo ocurre con todos los demás países mediterráneos) desarrollar una industria fuerte, diversificada y técnicamente avanzado, ni garantizar a sus ciudadanos el pleno disfrute de los derechos sociales y sindicales y un estatus social digno.

 La posición de los europeístas "críticos", que sueñan con lograr estos objetivos mediante la democratización de la UE, es puramente ilusoria. Si es cierto que los conflictos sociales continúan teniendo a los estados nacionales en el centro, que la democracia continúa basándose en una igualdad legal basada en la ciudadanía y la pertenencia a una comunidad de iguales, se deduce que la soberanía popular no puede desconectarse por el estado y por la democracia entendida como el autogobierno de las poblaciones y quien piensa que es simplemente una cuestión de transferir la tarea de realizar estas condiciones de los estados miembros individuales de la UE a los Estados Unidos imaginarios de Europa no ha entendido que no existe un estado nación europeo ni existe ni hay posibilidad de que se pueda crear en el futuro, porque la Unión Europea no nació para esto, sino solo para construir ese sistema monetario y esa red de tratados y acuerdos intergubernamentales que garantizan la hegemonía de Alemania y el estricto respeto de los principios ordinoliberales.  (...)

Ciertamente Syriza no lo entendió. Analizando el resultado catastrófico de la crisis de la deuda griega, que culminó en los dictados de la troika que impusieron al pueblo griego un régimen de austeridad feroz que los ciudadanos de ese país han pagado, y aún continúan pagando, a un precio muy alto, señalan los autores Las raíces de esa mezcla de reformismo socialdemócrata y europeísmo que inspiraron las elecciones políticas de Tsipras, quien, en ningún momento de la crisis que lo arrasó, nunca ha contemplado ni remotamente la posibilidad de que Grecia realmente pudiera salir del euro.  (...)

No menos interesantes son las consideraciones sobre Italia contenidas en los artículos recopilados en el quinto y último capítulo.  

(...)  sostienen que ese gobierno "populista y soberano" había dado voz al sentimiento antiglobalista de dos bloques sociales diferentes y contradictorios: por un lado, la Liga, una expresión de pequeñas y medianas empresas en el Norte (apoyada por las capas media y alta de la fuerza laboral) amenazado por la invasión de capitales y bienes extranjeros, por otro lado el M5S, expresión de las clases subordinadas y las clases medias empobrecidas del Centro-Sur. 

Esa composición social, escriben los autores, significa que, aunque no representa un proyecto progresivo, esa coalición se vio obligada a aceptar, aunque de forma limitada, algunas afirmaciones de los estratos sociales más bajos, pero sobre todo demostró la existencia de uno espacio político ocupado por un tercer polo, alternativa a la bipolaridad entre derecha e izquierda y su alternancia ritual en la gestión de los intereses de las élites neoliberales.

 (...) el juicio de Monereo sobre el gobierno amarillo verdoso había causado escándalo, ya que se refería al trabajo de una coalición entre el M5S y el "fascista" Salvini. Pero esta asimilación de todos los partidos de derecha al fascismo, que se basa sobre todo en su ideología xenófoba y sexista, elimina cuáles fueron las características históricas específicas del fenómeno nazi-fascista (a partir del nacionalismo belicoso y expansionista), es un peligro ". trivialización "del fascismo (" cuando todo es fascismo, nada es fascismo ") lo que nos impide entender cómo en Europa no hay un choque entre el fascismo y el europeísmo liberal y cosmopolita, sino entre dos nacionalismos: el económico alemán y el reactivo de otros países .

 Un malentendido que conduce a peligrosos errores tácticos y estratégicos, confunde las ideas sobre quién es el enemigo y, sobre todo, impide comprender que "la soberanía ha llegado para quedarse, y la verdadera pregunta es quién organizará las fuerzas sociales que piden protección, seguridad e identidad ". Mientras la actitud de los izquierdistas siga siendo la descrita, la respuesta es muy clara: la hegemonía seguirá estando en la derecha.

Para aquellos que invitan a las personas a luchar por la soberanía nacional como condición previa necesaria para la restauración de la soberanía popular y la democracia, y el derecho a promover políticas sociales en favor de las clases subordinadas, los pro-europeos "críticos" responden rápidamente que la globalización es un proceso "objetivo". e irreversible, a lo que es imposible oponerse. 

Pero este tema parece vaciarse de la tendencia evidente en curso de renacionalizar la política, la reaparición de prácticas proteccionistas y la intensificación del choque entre las potencias locales, regionales y globales en un contexto geopolítico cada vez más conflictivo y caótico. 

La globalización pierde cada vez más su aura "neutral" del proceso económico y se revela por lo que es: es decir, el esfuerzo de los Estados Unidos por mantener una hegemonía que ha perdido gradualmente la legitimidad para transformarse en un dominio basado exclusivamente en el poder militar. . Un esfuerzo peligroso por la paz mundial, ya que Estados Unidos no está dispuesto a renunciar pacíficamente a su posición dominante al aceptar la gigantesca transferencia de poder que tiene lugar de oeste a este.

 En este contexto, los países del sur de Europa tendrán que elegir si permanecer en el campo de un Occidente en crisis, alimentar las ambiciones europeas de establecerse en el tercer polo imperialista o mirar ese paradigma político basado en el papel del Estado como el centro de una estrategia de Desarrollo nacional que aspira a integrar las clases populares que emerge, aunque no sin contradicciones, de la experiencia de los Brics. La opción que los autores de este libro nos invitan a elegir es clara."                       (Carlo Formenti, Sinistra in Rete, 31/05/20)

18/10/19

Renta básica agraria, una revolución rural... ¿Qué pasaría si las administraciones apoyaran al campesinado como apoyan a la banca, a la cultura de masas o a la agricultura industrial?

"Muchas de nosotras hemos escuchado de primera mano que con un trozo de tierra o unos cuantos animales se mantuvo a la familia e incluso se consiguió pagar los estudios a la descendencia. Sin entrar en el debate de lo dura y sacrificada que, desde nuestros referentes actuales, pudo o no ser esa vida, hoy en día cuesta mucho encontrar quien pueda vivir de su propio proyecto agrario o ganadero. 

Muchas conocemos a quienes lo intentan, a costa de incertidumbre, precariedad y autoexplotación, con el impulso que proporciona estar desarrollando mucho más que un trabajo. Con el impulso de la transformación social, de la vocación o de los vínculos afectivos.

¿Tiene un trabajo que contener todo esto? Dejamos también este debate aparte para ir a lo sencillo: un trabajo debe estar remunerado de forma digna. El sector agroalimentario, como tantos otros, está controlado cada vez por menos empresas que precarizan las condiciones laborales y de vida y generan enormes impactos ambientales, sociales y económicos para poder competir en el mercado. Alimentos baratos para rentas menguantes.

¿Cómo se rompe este círculo? Desde abajo, la población movilizada va apostando por la creación de alianzas urbano-rurales como los grupos de consumo o los mercados agroecológicos, por todo tipo de acciones de sensibilización y denuncia o por encomiables prácticas individuales de consumo responsable. Todo un movimiento que valora la alimentación de calidad, el territorio, el trabajo campesino y sus múltiples derivadas. 

El camino recorrido empieza a ser largo y en él se han generado innumerables redes y aprendizajes, pero existe un importante obstáculo: no toda la población concienciada puede permitirse participar en este consumo. Puede, entonces, que este lento y seguro avance necesite un pequeño terremoto a su favor que venga de arriba.

¿Qué pasaría si, desde las administraciones, se apoyara a este campesinado igual que ahora se apoya la cultura de masas, la banca o la agricultura industrial con las cuantiosas subvenciones de la Política Agraria Comunitaria? Con una renta básica agraria podríamos hablar de creación de puestos de trabajo en el medio rural, con efectos positivos indirectos en otros sectores económicos. 

Con la estabilidad que aportaría esta medida a los proyectos, cada persona podría ajustar el precio final de su producto y, a medio plazo, se podría conseguir el acceso universal a alimentos de calidad y proximidad. Habría una parte más simbólica de enorme importancia porque con jóvenes en el campo se transformarían los pueblos y el imaginario sobre ellos. Si se cuida, con la participación imprescindible de la sociedad concienciada, que esta onda expansiva vaya por los cauces de la economía social y solidaria se podrían incluso empezar a vislumbrar cambios más profundos. En nuestras prioridades, en la forma de relacionarnos, en la manera de mirar el mundo.

Son muchos los aspectos que habría que tener en cuenta, pero en cualquier caso es necesario y urgente abrir este debate. Una sociedad que elevara la importancia de esta forma de producir alimentos introduciría en el sistema un elemento revolucionario que no sería inofensivo. No se trata de una subvención, sino de una renta. Se pasaría de premiar y financiar la producción a valorar y financiar a las personas. 

La vida por encima del mercado. No se trata de privilegios, sino de derechos, de un salario mínimo digno para hacer de la alimentación y el cuidado de la tierra una prioridad al nivel de la educación o la sanidad en esta época de emergencia climática. Se trata de una decisión demandada por la ciudadanía para empezar a darle la vuelta a todo."                   (Patricia Dopazo, El Salto, 16/10/19)

2/4/12

Un país que no es suficientemente competitivo en el mercado global terminará cubriendo su persistente déficit comercial con endeudamiento externo, terminará como un deudor internacional

"El libre comercio no contribuye al desarrollo de por sí. Se necesitan políticas económicas diseñadas para promover la industria nacional a un nivel en el que sea globalmente competitiva. De lo contrario, el país terminará cubriendo su déficit con deuda.

Vivimos en un mundo caracterizado por enormes riquezas y elevados niveles de pobreza. Ese escenario se repite en la mayoría de los países. El neoliberalismo domina el mundo. Se trata de una práctica aparentemente justificada por un conjunto de supuestos que tienen su raíz en la teoría económica convencional.

 Los mercados están representados por estructuras sociales óptimas y autorregulables que, si se las dejara funcionar sin restricciones, permitirían atender en forma óptima las necesidades económicas, utilizar eficientemente los recursos y generar automáticamente el pleno empleo para todas las personas que deseen trabajar.

 Por extensión, la globalización de los mercados sería el mejor mecanismo para extender los beneficios a todo el mundo. (...)

La base del neoliberalismo reside en la teoría ortodoxa del libre comercio, cuyo argumento central es que el libre comercio competitivo beneficiará a todas las naciones.
Algunos críticos señalan que hoy en día el mundo está muy lejos de exhibir las condiciones de competitividad asumidas en la teoría económica estándar del libre comercio.

Señalan que, si bien las naciones ricas predican el libre comercio, cuando ellas estaban subiendo por la escalera del desarrollo utilizaron ampliamente el proteccionismo y la intervención estatal. Incluso remarcan que ahora los países ricos ni siquiera siguen al pie de la letra sus prédicas.

 Los defensores del neoliberalismo ya respondieron a esas acusaciones: en el pasado no existían las condiciones de mercado competitivas que son necesarias para el libre comercio, por lo tanto el pasado no sirve como comparación.
Sin embargo, argumentan que, con la ayuda de los organismos internacionales, se pueden alcanzar esas condiciones en todo el mundo.

 Cuando esto suceda, el libre comercio funcionará como prometieron y la pobreza mundial, el desempleo y las crisis económicas desaparecerán.

El libre comercio entre naciones funciona prácticamente de la misma manera que la competencia al interior de un país: favorece al (competitivamente) fuerte sobre el débil.

Es esperable que la globalización genere daños colaterales. Esto también nos dice que los países desarrollados tenían razón al advertir, cuando estaban subiendo por la escalera, que el comercio internacional irrestricto era una amenaza a sus propios planes de desarrollo.

Aquello que hoy el mundo desarrollado niega tan enérgicamente, era verdad entonces: el gran poder del mercado se utiliza mejor cuando está asociado a una agenda social más amplia. (...)


En un mundo capitalista, el comercio internacional está guiado por empresas. Los exportadores locales les venden a los importadores extranjeros que luego venden esos productos a sus residentes, mientras que los importadores locales compran bienes a los exportadores y después nos los venden a nosotros.
La rentabilidad es lo que motiva las decisiones empresarias en cada punto de la cadena.

La teoría del libre comercio tradicional descansa en el supuesto de que en un libre mercado financiero los flujos de dinero que surgen de un déficit comercial reducirán el precio real de la moneda del país (devaluarán el valor de la moneda).

Así se achicará el déficit, ya que las exportaciones serán más baratas para el resto del mundo y las importaciones más caras, hasta que en un momento el balance comercial y la balanza de pagos encuentran el equilibrio. Un superávit comercial generaría el recorrido contrario hacia el mismo resultado.

Tanto Karl Marx como Roy Harrod ofrecen un contraargumento convincente: en un mercado financiero libre, las salidas de dinero disminuyen la liquidez y elevan las tasas de interés, mientras que el ingreso de capitales baja las tasas de interés. Ninguno de estos efectos altera el balance comercial.

 En cambio, inducen flujos de capitales de corto plazo que conducirán al balance de pagos a un equilibrio cubriendo un déficit comercial existente con endeudamiento externo y un superávit comercial impulsando una posición de acreedor externo.

 Bajo un esquema de libre comercio, un país que no es suficientemente competitivo en el mercado global terminará cubriendo su persistente déficit comercial con endeudamiento externo, terminará como un deudor internacional. A la inversa, un país muy competitivo poseerá un superávit comercial y se transformará en un acreedor internacional.

Este es el verdadero secreto del libre comercio: se necesitan políticas económicas especialmente diseñadas para desarrollar la industria de un país a un nivel donde sea globalmente competitiva.

 Esto explica por qué los países occidentales y luego Japón, Corea del Sur y los tigres asiáticos resistieron con tanta fuerza la teoría y las políticas del libre comercio cuando estaban subiendo por la escalera.

 Pero también nos permite darles sentido a las verdaderas políticas que utilizaron en su proceso de desarrollo: utilizando el acceso a los mercados internacionales, el conocimiento y los recursos como parte de una agenda social más amplia.

 El objetivo no debe ser equilibrar la cancha, sino más bien elevar el nivel de los jugadores desventajados. En este sentido, practicar el neoliberalismo en los lugares más pobres del mundo es un deporte cruel."             (Jaque al neoliberalismo, 26/03/2012,'Contra la promesa neoliberal de un mundo sin pobreza ni desempleo. El verdadero secreto del libre comercio', de Anwar Shaikh)