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16/11/21

“No hay posibilidad de volver a una hegemonía imperial estadounidense como la del pasado”

 "Por qué Estados Unidos debe liderar otra vez. Rescatar la política exterior de Estados Unidos después de Trump”. Es el títular del artículo publicado en la revista Foreign Affairs (marzo/abril 2020) por el entonces candidato a la presidencia norteamericana, Joseph Biden.

Entre otros aspectos, plantea liderar el mundo, ganar la competencia contra China (“un desafío especial”) y otras potencias. Utiliza para ello la imagen de una mesa, en la que Estados Unidos se situaría a la cabeza. Respecto a Rusia, escribía Biden: “El Kremlin teme una OTAN fuerte, la alianza político-militar más efectiva de la historia moderna”.

El sociólogo Atilio Borón discute las tesis del actual presidente de Estados Unidos: “Esa mesa ya no existe, ahora es triangular e igualitaria con tres partes: Estados Unidos, China y Rusia”. El politólogo y analista argentino es autor, entre otros libros, de América Latina en la Geopolítica del imperialismo (2012) y El hechicero de la tribu. Mario Vargas Llosa y el liberalismo en América Latina (2019). Además en septiembre la red CLACSO publicó la antología Atilio Borón. Bitácora de un navegante. Teoría política y dialéctica de la historia latinoamericana.

El informe de perspectivas económicas de la OCDE estima un incremento del PIB en China del 8,5% en 2021 y del 5,8% en 2022; las previsiones de crecimiento económico en Estados Unidos se situarían por debajo de las del gigante asiático: el 6,9% en 2021 y el 3,6% en 2022. Asimismo, en septiembre Eurostat informó de que China había superado a Estados Unidos -en los siete primeros meses de 2020- como primer socio comercial de la Unión Europea (UE). La agencia estatal Xinhua cita al especialista en Relaciones Internacionales y la cooperación China-África, Adhere Cavince: “China ha sido durante 11 años el mayor socio comercial de África”.

¿Puede calificarse a la potencia asiática como país capitalista, equiparable a Estados Unidos y otros de la UE? Atilio Borón niega este extremo: “China tiene una unas inversiones privadas y una economía de mercado muy reguladas, además de grandes empresas estatales; las principales decisiones sobre la producción, inversión y distribución están en manos del Estado, a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, donde las decisiones están en manos de las empresas y el Estado simplemente las acompaña o implementa”.

Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard, Atilio  Borón ha impartido una conferencia titulada China, Rusia, ¿Nuevo polo económico y político? en el curso internacional sobre El Mundo después de la pandemia, organizado por la Academia de Pensamiento Crítico y la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM). El curso concluye el 19 de junio, cuenta con más de 360 personas matriculadas y está abierto a la participación de los alumnos por videoconferencia.

Borón subraya, como una de las razones del “gran salto” de la economía china, el “esfuerzo enorme” de Pekín en inversión y desarrollo en el campo de la Inteligencia Artificial (IA). Así ha ocurrido durante las últimas décadas. Según la publicación Nikkei Asian Review, China presentó en 2018 más de 30.000 patentes públicas de inteligencia artificial, diez veces más patentes que hace cinco años y 2,5 veces más que Estados Unidos, país al que superó en 2015. En noviembre China lanzó al espacio, desde Taiyuan, un satélite de prueba con tecnología 6G. 

“China se ha convertido en un gigante inasible, Estados Unidos tiene razón en asustarse”, concluye el escritor y periodista argentino. Se apoya, como ejemplo de la expansión económica, en las cifras del consumo de cemento: China hizo mayor uso de este material de construcción entre 2011 y 2013 (un total de 6.6 gigatones) que Estados Unidos durante todo el siglo XX (4.1 gigatones), según las cifras del Centro Nacional de Información sobre Minerales de Estados Unidos.

Otra razón del potencial chino la explicitó el expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, en abril de 2019, en una iglesia bautista de Georgia. De los detalles dio cuenta la revista Newsweek. Según Carter, quien antes conversó sobre este particular con Donald Trump, China no se embarcó en ninguna guerra desde 1979; por el contrario Estados Unidos había permanecido en paz sólo durante 16 años en cerca de dos siglos y medio de historia. El exmandatario demócrata resaltó que la potencia oriental será la primera economía del mundo en 2030 y que Estados Unidos ha “desperdiciado” tres billones de dólares en gastos militares (En 2008 el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y la profesora Linda J. Bilmes publicaron el libro titulado La guerra de los tres billones de dólares, referido únicamente a la guerra de Irak).

Los dos éxitos militares “rotundos” de Estados Unidos en las últimas décadas, afirma Atilio Borón, fueron la invasión de la isla caribeña de Granada (operación Furia urgente), en 1983, durante la presidencia de Reagan (el país insular tiene una superficie inferior a la de la ciudad de Madrid); y la ocupación de Panamá (operación Causa justa), entre diciembre de 1989 y enero de 1990, con George H. W. Bush al frente de la Casa Blanca.

En cuanto a Rusia, es el país más grande del mundo, con una superficie similar a la de América del Sur; uno de los países con mayores reservas de agua dulce del planeta, entre las que destaca el lago Baikal; se trata, asimismo, según el informe 2020 del grupo BP, del país con mayores reservas de gas natural probadas del mundo (el 19% de todo el planeta), seguido por Irán, Qatar, Turkmenistán y Estados Unidos. Rusia es también uno de los principales productores mundiales de petróleo, junto a Estados Unidos y Arabia Saudí. Por otra parte el Ártico tiene carácter “estratégico” para Rusia, según el Ministerio de Asuntos Exteriores, ya que en esta zona se genera más del 10% del PIB y el 20% de las exportaciones rusas (Agencia Sputnik, junio 2021).

“Rusia cuenta con un potencial económico formidable”, valora Atilio Borón. “Estados Unidos está realizando denodados esfuerzos para impedir la construcción del gasoducto submarino Nord Stream 2, que permitiría transportar directamente el gas natural ruso a Alemania a través del mar Báltico”, añade el politólogo. Según los últimos datos de Eurostat, Rusia ha sido durante la década 2008-2018 el principal proveedor de petróleo crudo, gas natural, antracita y hulla de la Unión Europea (representaba el 29,8% de las importaciones de petróleo crudo y el 40,4% de gas natural de la UE en 2018).

Según fuentes oficiales, Rusia cuenta con 517 misiles balísticos intercontinentales, de lanzamiento submarino y bombarderos pesados desplegados (canal RT, junio 2021). A finales de 2021 está previsto que concluya la fase de pruebas del misil de crucero hipersónico Tsirkon, que podrá instalarse en submarinos y buques de superficie (canal RT, mayo 2021).

En septiembre los titulares de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, y China, Wang Yi, se reunieron en Moscú y emitieron una declaración conjunta a favor de la cooperación internacional, la paz y la seguridad mundiales (en julio de 2001 Pekín y Moscú rubricaron el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa). Uno de los últimos acuerdos entre las dos potencias, suscrito en marzo, tiene como objeto la construcción de una estación de investigación científica en la luna. El 19 de abril el fondo soberano de inversión de Rusia (RDIF, siglas en inglés) y la empresa china Hualan Biological Interin acordaron la producción en China de más de 100 millones de dosis anuales de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus.

“El sello de una alianza entre Rusia y China es la peor pesadilla que podía imaginar Zbigniew Brzezinski, el más importante estudioso de la geoestrategia norteamericana a partir de los años 70 del siglo XX”, reflexiona Atilio Borón. Brzezinski fue consejero de Seguridad Nacional durante la presidencia de James Carter (1977-1981). En una de sus obras más destacadas, El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos, de 1997, el politólogo subrayaba la importancia de controlar la región de Eurasia. “El escenario más peligroso sería el de una gran coalición entre China, Rusia y quizás Irán, una coalición ‘antihegemónica’ unida no por una ideología sino por agravios complementarios”, escribía Brzezinski.

Así pues, ¿es posible un retorno al pasado, a una mesa única ocupada exclusivamente por Estados Unidos, tal como la imaginaba el candidato Biden? Atilio Borón lo niega: “No se trata de una coyuntura transitoria, que permita una vuelta atrás y regresar a una hegemonía imperial norteamericana que ya se encuentra muerta y sepultada; esto no significa que Estados Unidos no sea un país con una relevancia enorme, pero ya no puede hacer y deshacer como en otro tiempo, sin clase alguna de obstáculos, en el mundo y lo que considera su patio trasero latinoamericano”, concluye el sociólogo argentino."              

(Entrevista a Atilio Borón que participa en el curso El mundo después de la pandemia, de la Academia de Pensamiento Crítico y la FIM, Enric Llopis  , Rebelión, 17/06/2021)

3/2/15

El decadente, pero aún poderoso, EE. UU. establece acuerdos (TTIP) con la débil Europa, para frenar su declive

"Lo que está en juego con  el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (conocido por el acrónimo en inglés TTIP) es fácil de entender. 

Cuando dos bloques económicos están en declive, el más poderoso (EEUU) procura establecer acuerdos con el menos poderoso (UE) para frenar su propio declive. Los costes para el menos poderoso son enormes ya que los términos del acuerdo tienden a privilegiar los intereses del más poderoso. 

Si hay dudas sobre quién ganará con el acuerdo en proceso de negociación, basta observar la avalancha de lobbies de las grandes empresas multinacionales norteamericanas y su ferviente e intrusiva actividad en Washington, Bruselas y Estrasburgo.

El declive del poder económico-financiero de Estados Unidos es cada vez más evidente. Después del 11 de septiembre de 2001, la CIA financió un proyecto llamado “Proyecto profecía” diseñado para prever posibles nuevos ataques a Estados Unidos a partir de movimientos financieros extraños y de gran envergadura. 

Bajo diferentes formas, este proyecto ha continuado, y uno de sus participantes prevé el próximo crash del sistema financiero basándose en las siguientes señales: Rusia y China, los mayores acreedores de Estados Unidos, han vendido bonos del Tesoro y a cambio han adquirido enormes cantidades de oro; ambos países están utilizando cada vez más sus monedas y no los petrodólares en las transacciones de petróleo (todos recordamos que Sadam y Gadafi procuraron utilizar el euro y el precio que pagaron por la osadía); por último, el FMI (el caballo de Troya) se prepara para que en los próximos años el dólar deje de ser la moneda de reserva y sea reemplazada por una moneda global, los Derechos Especiales de Giro (en inglés Special Drawing Rights: SDR).

 Según los autores del Proyecto profecía, todo esto indica que un ataque contra Estados Unidos está cerca y que para defenderse el país debe mantener los petrodólares a toda costa, asegurando el acceso privilegiado al petróleo y al gas, tiene que contener a China y debilitar a Rusia, idealmente provocando su desintegración, tipo Yugoslavia. 

Curiosamente, los “especialistas” que ven en la venta de deuda de Estados Unidos una actitud hostil por parte de potencias agresoras son los mismos que aconsejan a los inversores estadounidenses proceder de la misma manera, es decir, deshacerse de los bonos, comprar monedas de oro e invertir en bienes sin los cuales los humanos no pueden vivir: tierra, agua, alimentos, recursos naturales, energía.

Transformar las señales evidentes de declive en previsiones de agresión tiene como objetivo justificar la guerra como medio de defensa. Ahora la guerra es altamente rentable para Estados Unidos, debido a la superioridad que tiene en su conducción.

 Además, a diferencia de Europa, la guerra nunca se librará en suelo estadounidense, salvo en caso de una guerra nuclear. Una potencia hegemónica en declive tiende a volverse caótica y errática en su política internacional. Wallerstein afirma que Estados Unidos se ha convertido en un “cañón suelto” (a loose canon), un poder cuyas acciones son imprevisibles, incontrolables y peligrosas para sí mismo y para sus propios aliados. 

En este caso, esta política consiste en vincular Europa a las prioridades de TTIP, volverla más dependiente de Estados Unidos en materia de energía (Energías de Portugal acaba de cerrar contratos de importación de gas natural de Estados Unidos) e implicarla en la nueva guerra fría mediante el fortalecimiento de la OTAN, donde la superioridad militar de Estados Unidos es inequívoca, tanto como la superioridad económica en el caso del TTIP.


Al dejarse implicar en la nueva guerra fría, Europa actúa en contra de sus intereses económicos y pierde la relativa autonomía que había construido en el plano internacional después de 1945. Pone la economía europea al servicio de la política geoestratégica de Estados Unidos, se vuelve energéticamente más dependiente de Estados Unidos y sus Estados satélites y pierde la oportunidad de crecer con la entrada de Turquía en la Unión Europea.

 Y lo más grave es que esta irracionalidad no es resultado de un error de evaluación de los intereses de los europeos. Es muy probablemente  un acto de sabotaje por parte de las élites neoconservadoras europeas en el sentido de volver a Europa más dependiente de Estados Unidos, tanto en el plano energético y económico como en el militar. Por eso, la profundización de la participación en la OTAN y el TTIP son dos caras de la misma moneda."               (Boaventura de Sousa Santos, Público, 10/01/2015)

9/6/14

El juego geopolítico ruso-chino... norteamericano

"Los gobiernos, los políticos y los medios en el mundo occidental parecen incapaces de entender los juegos geopolíticos que juegue alguien situado en cualquier otra parte. Sus análisis en torno al nuevo acuerdo proclamado por Rusia y China son un pasmoso ejemplo de esto.

El 16 de mayo, Rusia y China anunciaron que habían firmado un tratado de amistad que durará por siempre, pero que no es una alianza militar. Simultáneamente anunciaron uno sobre gas, en el que ambos países construirán un gasoducto para exportar gas ruso a China. China prestará a Rusia el dinero para que pueda construir su parte del gasoducto. 

Parece que Gazprom (principal productor de gas y petróleo en Rusia) hizo algunas concesiones en el precio a China, punto que había estado deteniendo el acuerdo por algún tiempo.

Si uno lee los medios del 15 de mayo, están llenos de artículos que explican por qué un acuerdo así sería poco probable. Al día siguiente, cuando sin embargo se concretó el acuerdo, los gobiernos de Occidente, los políticos y los medios se dividieron entre quienes pensaron que era una victoria geopolítica del presidente ruso Vladimir Putin (y lo deploraron) y aquellos que argumentaron que esto no haría mucha diferencia geopolítica. (...)

A mí me parece que ambos países están realmente interesados en una restructuración diferente de las alianzas entre los Estados. Lo que Rusia busca en realidad es un acuerdo con Alemania. Y lo que China realmente busca es un acuerdo con Estados Unidos. Y su táctica es anunciar esta alianza para siempre entre ellos.

Alemania claramente está dividida acerca de la perspectiva de incluir a Rusia en una esfera europea. La ventaja de Alemania en un arreglo así sería consolidar su base de consumidores en Rusia para su producción, garantizar sus necesidades energéticas e incorporar la fuerza militar rusa a su planeación global de largo plazo. 

Dado que esto haría inevitable la creación de una Europa post-OTAN, existe oposición a la idea no sólo en Alemania, sino por supuesto en Polonia y en los Estados bálticos. Desde el punto de vista de Rusia, el objetivo del tratado de amistad Rusia-China es fortalecer la posición de aquellos en Alemania favorables a trabajar con Rusia.

China, por otra parte, está fundamentalmente interesada en domar a Estados Unidos y reducir su papel en Asia oriental, pero dicho esto quiere reforzar, no debilitar, sus vínculos con Estados Unidos. China busca invertir en Estados Unidos a tasas de ganga y piensa que ahora es la oportunidad. 

Quiere que Estados Unidos acepte su emergencia como potencia regional dominante en Asia oriental y sudoriental. Y quiere que Estados Unidos utilice su influencia para evitar que Japón y Corea del Sur se conviertan en potencias nucleares.

Por supuesto que lo que China quiere no está en consonancia con el lenguaje ideológico que prevalece en Estados Unidos. Sin embargo, parece haber dentro de Estados Unidos un respaldo callado para una evolución de las alianzas, especialmente al interior de las principales estructuras corporativas.

 Justo como Rusia quiere utilizar el tratado de amistad para dar aliento a que ciertos grupos en Alemania se muevan en la dirección que les parece más útil, así China busca hacer lo mismo en Estados Unidos.

¿Funcionarán estos juegos geopolíticos? Posiblemente, pero no hay la certeza, para nada. No obstante, desde la perspectiva de Rusia y China, tienen todo qué ganar y muy poco qué perder con esta táctica. La cuestión real es cómo evolucionará en el futuro cercano el debate interno en Alemania y en Estados Unidos.

Y en cuanto al argumento de que el mundo está regresando a la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, piensen que este argumento es sólo la contratáctica de aquellos que entienden el juego que están jugando Rusia y China e intentan contrarrestarlo."               (Immanuel Wallerstein,La Jornada, en Rebelión, 08/06/2014)