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21/10/22

La hambruna silenciada de la posguerra española... solo en el periodo 1939-1944 murieron 200.00 personas directa o indirectamente a causa del hambre

 "En su novela autobiográfica El niño pan, publicada originariamente en francés en 1983, el novelista y dramaturgo Agustín Gómez Arcos describía el pan de la posguerra española como el más preciado de los sacramentos. Para quienes pasaban hambre, como el niño que protagoniza la novela del escritor almeriense, sólo existía el pan. No podían dejar de soñarlo, de pensar en él ni de mirarlo cuando aparecía ante sus ojos. Su presencia ahuyentaba el hambre, mientras que su ausencia la evocaba.

La polarizada sociedad de los años 40 en España quedó dividida entre quienes podían comer el apetitoso pan blanco, hecho a base de harina de trigo, y aquellos que sólo podían consumir pan negro, hecho con harinas de centeno o cebada popularmente consideradas de segunda categoría y que le conferían un mal aspecto y una textura desagradable. Además, solía contener numerosas impurezas como raspas de la cebada e incluso hilos de los sacos en los que se almacenaba.

Todavía hoy nuestros abuelos comen pan como acompañamiento de una larga lista de alimentos, sienten que no están saciados si no lo consumen o lo besan si se cae al suelo antes de volver a colocarlo en la panera. También insisten en que nos acabemos el plato de comida para no desperdiciar nada, aprovechan las sobras al día siguiente, llenan la nevera “por si acaso” y comen en exceso como buscando compensar las carencias del pasado.

En sus cocinas aún huele a recetas de posguerra como las gachas, las migas o las papas a lo pobre. En sus elecciones y prácticas alimenticias cotidianas pervive aún el hambre que pasaron cuando eran niños, aunque muchos no se atrevan a reconocerlo y prefieran hablar de “necesidad” o “falta”.

No fue “necesidad”, fue hambruna

Pese a los pretextos esgrimidos durante décadas por la dictadura franquista, hoy sabemos que el hambre de los años cuarenta en España tuvo su origen en la política autárquica impulsada por el régimen con fines nacionalistas al término de la guerra civil. La autarquía, que supuso la intervención de la economía durante más de una década, acarreó el alza de los precios y la escasez de productos de primera necesidad y allanó el camino a la corrupción, fracasó rotundamente.

Sabemos también que los peores años del hambre (1939-1942 y 1946) constituyeron una auténtica hambruna durante la que cayó drásticamente el poder adquisitivo de la población y se registraron numerosas muertes por inanición. Se ha calculado que solo en el periodo 1939-1944 murieron 200 000 personas directa o indirectamente a causa del hambre.

 La situación fue especialmente grave en el sur del país y afectó sobre todo a los grupos más humildes. Las calles de los pueblos y de las ciudades se llenaron de niños desnutridos, hombres famélicos y ancianos enfermos de avitaminosis, tifus o tuberculosis. La pobreza extrema condujo a numerosas familias a malvivir hacinadas en cuevas y chabolas en pésimas condiciones de salubridad e higiene. Las del barrio almeriense de La Chanca fueron descritas como “bocas oscuras, profundas y desdentadas” por Juan Goytisolo, quien visitó esta deprimida zona del país en los años cincuenta.

¿Qué se comía?

Ni el pan negro del racionamiento ni los aguados caldos de Auxilio Social que se conseguían tras aguardar durante horas en largas colas garantizaban la supervivencia. Las mujeres comenzaron a elaborar sucedáneos para sustituir los productos que no podían ni encontrar ni pagar, como el chocolate, que fue reemplazado por el de algarroba, o el café, en cuyo lugar se utilizó la cebada tostada.

También idearon originales preparaciones culinarias con los escasos ingredientes disponibles, como la tortilla sin huevo. O cocinaron hierbas arrancadas directamente del campo o animales domésticos como los gatos, cuyo consumo no estaba culturalmente aceptado.

Pero tampoco estas estrategias cotidianas bastaron para salir adelante. Muchos hombres y mujeres se vieron obligados a hurtar animales y frutos del campo, a estraperlear harina o aceite en el mercado negro y a contrabandear con pastillas de sacarina, vitaminas o aceite de hígado de bacalao. En su desesperada lucha cotidiana por alcanzar el sustento muchos fueron encarcelados, multados o desposeídos de sus escasos bienes por infringir las normativas autárquicas del régimen.

La hambruna sale a la luz

Aunque la dictadura trató de silenciar la hambruna y de ocultar sus efectos, ya antes de la muerte de Franco y, sobre todo, a partir de 1975, el fenómeno del hambre fue representado en obras literarias y cinematográficas. Así ocurre en novelas como Nada (Laforet, 1945), La Colmena (Cela, 1950), Tiempo de silencio (Martín Santos, 1962) o La plaza del diamante (Rodoreda, 1962). O en cintas como Surcos (Nieves Conde, 1951).

Además, en los últimos años distintas investigaciones del ámbito de la antropología, la antropometría o la historia han puesto de manifiesto la dimensión cultural del hambre, los perniciosos efectos que tuvo la malnutrición en la estatura de los más jóvenes, la prolongación de la miseria en la década de los cincuenta, las peculiaridades en torno a la memoria del hambre o el protagonismo que jugaron las mujeres de posguerra en el diseño de originales estrategias con las que hacer frente a la carestía.

Los resultados de todas estas investigaciones son recogidos en la exposición itinerante “La hambruna silenciada. El hambre durante la posguerra franquista (1939-1952)”. La muestra cuestiona muchos de los mitos que la dictadura construyó en torno a los años del hambre y que han llegado hasta la actualidad, como el que atribuía la escasez al legado republicano, las destrucciones de la guerra, el aislamiento internacional y la “pertinaz sequía”. También recupera las historias de las víctimas, de los supervivientes y de los resistentes de aquellos años sin pan."                  

(Profesora de Historia Contemporánea, Universidad de Granada , Profesor de Historia, Universidad de Granada, The Conversation, 20/10/22)

1/10/15

El franquismo "fue un régimen absolutamente extorsionador". Franco se quedó con todo el café donado por Brasil... y lo vendió por lo que hoy serían 85,6 millones de euros. Angelito...

"Cuando se cumplen cuarenta años de la muerte de SEJE (Su Excelencia el jefe del Estado), tal y como Franco se hizo llamar, quedan todavía grandes lagunas en la vida y el régimen del dictador. Y no sólo las que ya existían, sino también aquellas creadas a conciencia por su aparato de propaganda o por las lecturas históricas intencionadas que de su figura se han hecho.

 Es por ese motivo que el historiador Ángel Viñas ha abordado los aspectos menos documentados en La otra cara del caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco (Crítica), un libro que arroja datos y pruebas sobre algunos aspectos si no desconocidos, al menos poco estudiados, entre ellos el uso que hizo el franquismo como régimen de los recursos del Estado para el enriquecimiento personal de su máxima figura.

Franco emuló a Hitler incluso hasta en su forma de hacerse con el dinero de otros. Esa es una de las conclusiones más claras que se extraen de la lectura del ensaño de Ángel Viñas, quien defiende a través de distintos ejemplos hasta qué punto el nazismo fue un modelo inspirador para el diseño de una estructura de poder. 

El franquismo es una apelación al Tercer Reich, es decir, un Führerprinzip a la española. Se trata del principio de caudillaje, del líder supremo omnipotente y omnímodo, que Franco adaptó en función de sus necesidades -y sus capacidades, valga decir-.

Según Viñas, del Tercer Reich Franco copió muchas cosas, entre ellas los métodos de Hitler para administrar los fondos. Y aunque Franco no llegó a lucrarse de los derechos de su imagen en los sellos postales, como lo hizo Hitler, sí incurrió en mecanismos parecidos para levantar una verdadera fortuna basada en el expolio e incluso un cierto raterismo. 

De acuerdo con La otra cara del caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco, los años de más asombroso enriquecimiento de Franco no fueron los reposados días del segundo franquismo, en la etapa del crecimiento económico al calor de la urbanización, el desarrollo turístico, el paso de una agricultura de subsistencia a otra crecientemente mecanizada –que también, todo sea dicho-, sino justamente en plena cruzada, es decir los años de la guerra y la posguerra.

Para 1940, Francisco Franco tenía un capital propio acumulado de 34 millones de pesetas, unos 388 millones de euros a día de hoy, una cantidad desorbitada si se toma en cuenta que el ingreso medio de un militar de su rango era de 2.000 pesetas

Parte de la explicación al tamaño de aquel patrimonio está en la información contable que Viñas ofrece y que demuestra de qué manera muchos de los donativos aportados en metálico para las cuentas de Suscripción Nacional -donde se depositaban cantidades a favor de la causa- pasaban directamente a disposición del general Franco en otras cuentas a su nombre.

Pero no sólo eso, el enriquecimiento ocurrió también a través de transacciones concretas, como la llamada Operación Café, con la que Franco consiguió beneficiarse de la venta de unos 600.000 kilos de granos donados por el Departamento Nacional del Café de Brasil, en 1939. Fue un envío directo del dictador Getulio Vargas. En años de escasez como aquellos, se podía sacar mucho provecho de aquello. Y así fue. 

A través de un entramado de intermediarios –incluidos diplomáticos-, Franco colocó el café en distintos lugares. De la venta obtuvo por 7.536.140,88 pesetas, al cambio de 2010, según Viñas, unos 85,6 millones de euros.

Viñas demuestra también de qué forma Franco recibió un sueldo pagado por Telefónica durante la guerra civil y los años que siguieron."(...) Plantear esta posibilidad estaría más que justificado dado en la nota de relación de cuentas de agosto de 1940 se indica un donativo singularizado de carácter mensual que le pasaba la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE): 10.000 pesetas mensuales, que equivaldrían a unos 114.200 euros de 2010”.

Las finanzas de Franco muestran no sólo una historia contable sino la práctica moral que subyace en ésta. "Es imprescindible demostrar a una nueva generación que lo que nos contaron, y lo que algunos quieres seguir contándonos, no es lo que fue y que aún queda mucha labor por abordar hasta alumbrar lo que realmente hubo detrás de otros presuntos éxitos", asegura Viñas. La represión fue una de las fases oscuras del franquismo, pero quedan muchas más, entre ellas claro, el escandaloso manejo de las arcas.

Un cortijo llamado España…

No sólo las cuentas bancarias aportan un testimonio de aquellos años, también la estructura social. La mejor prueba es que los trabajadores siempre fueron productores, una creación extraída de la doctrina fascista pues supone una organización social sin lugar a las disensiones, ni siquiera la que permite la estructura de clases. Hasta el ascenso social pasaba por el peaje del Estado concentrado en una persona: el Caudillo. Era su dedo índice el que inclinaba la balanza a favor de unos y otros.

Analiza Viñas de qué forma durante el primer franquismo la base social estuvo compuesta por los beneficiarios de la cruzada, aquellos que “amenazados por la República” dieron a Franco su apoyo y que entonces, una vez conseguido el objetivo, podían hacer negocios a sus anchas.

 En esa categoría además entran también aquellos que pudieron lucrarse de las masivas expoliaciones patrimoniales aplicadas a los vencidos u ocupar los puestos de trabajo vacantes en una economía en la que se el sector público era el empleador más importante y supieron lucrarse además la gestión y la utilización de los escasos bienes de producción y consumo en una economía hiperintervenida.

En el segundo franquismo, en la etapa del crecimiento económico, se produjo una cierta movilidad vertical y una remodelación en la composición del patrimonio de los vencedores. A la iglesia, los militares y las familias ya instaladas en el poder, se sumaba una incipiente clase de tecnócratas-

El franquismo, un régimen extorsionador 

Ángel Viñas elabora un durísimo retrato del franquismo, al que definió recientemente en una entrevista como uno de los regímenes “ más corruptos de la historia de España". Aprovecha así en este libro para desmentir los datos aportados por la biografía elaborada por el historiador estadounidense Stanley G. Payne y el periodista español Jesús Palacios, quienes inciden en que entre los muchos defectos del dictador no figuraba nada vinculado a la corrupción. Nada más falso, a juzgar por esta lectura.

En las cuentas de Franco, como en las de Hitler, no metía la nariz absolutamente nadie que no estuviese autorizado, lo cual salta a la vista en la documentación de El franquismo, afirma Viñas, fue una corte de los milagros en la que se robaba lo que se podía, “sobre todo hasta el año 1960", cuando con los Planes de Desarrollo y la llegada al gobierno de los ministros "tecnócratas", la economía deja paulatinamente de estar intervenida y se abandona el sistema de autarquía.

Para Viñas la dictadura de Franco "fue un régimen absolutamente extorsionador", que se aprovechaba de la intervención de la economía, del racionamiento y de la escasez, sobre todo en los años más duros de la posguerra, los que van de 1940 a finales de la década de los 50. (...)"                  (Karina Sainz Borgo, vox Populi, 29/09/2015)

26/11/13

Los sucesivos gobiernos de centro-izquierda y de centro-derecha fueron cayendo en una dependencia creciente de los mercados financieros y del poder de los grandes grupos inmobiliarios

"Las condiciones de la incorporación de España, de Portugal y de Grecia al proyecto europeo no son comparables con las de los países fundadores. 

A diferencia de Italia, el cuarto país del sur cuyas estructuras sociales y culturales pueden resultar comparables con las del resto de los países mediterráneos, el proceso de modernización o liquidación de sus respectivos sectores tradicionales fue mucho más rápido y estuvo comparativamente poco acompañado por medidas reguladoras.

 Esto les dio menos tiempo de adaptación a lo que en la década de los años 1980 ya era un espacio económico altamente desarrollado y firmemente insertado en el bloque militar y político nordatlántico. Esta realidad explica muchas similitudes que hoy se dan entre estos tres países en el plano económico y social. (...)

En el caso de España, este proceso fue particularmente rápido y “radical” debido a la evolución ideológica de las élites franquistas y postfranquistas,  así como como a la temprana conversión del PSOE al socialliberalismo, aunque también influyeron otros aspectos particulares como la lucha armada de ETA. 

Todo ello facilitó el pacto para forzar una transición no rupturista y la creación de una gran coalicion de facto en temas económicos y productivos. Este ambiente explica la continuidad del régimen en dos temas clave altamente relevantes para comprender su sistema productivo: el derecho societario y la regulación de la propiedad del suelo.

A pesar de que la consitución de 1978 incluye el derecho a la participación de los trabajadores en la empresa y el derecho a una vivienda, y  antepone el interés general a la especulación con el suelo[1],  esto no se tradujo en un cambio en el modelo productivo ni en una reducción de los derechos de la propiedad privada sobre el suelo heredados del franquismo. 

Mientras la sociedad se democratizaba y se ponía en marcha un sistema fiscal progresivo para financiar un Estado del Bienestar políticamente impostergable, los gobiernos democráticos se abstuvieron de prácticar políticas industriales activas, de forzar un nuevo derecho societario,  implementar nuevas culturas empresariales y de desarrollar políticas de vivienda y de ordenación urbana más basadas en el interés general.    

Todo ello habría generado un modelo productivo más  sostenible, menos destructivo con el mediambiente, con mercados de trabajo internos más desarrollados y con más capacidad de crear y estabilizar el empleo, de adaptarse a los cambios tecnológicos de las décadas siguientes.
En este contexto, y con el fin de financiar un Estado del Bienestar, los sucesivos gobiernos de centro-izquierda y de centro-derecha fueron cayendo en una dependencia creciente de los mercados financieros y del poder de los grandes grupos inmobiliarios. 
Los  primeros permitían finanzarlo  con gasto público una vez asegurada la permanencia del país en el bloque atlántico. Los segundos creaban empleo aunque a costa de una destrucción ambiental sin precedentes y de alimentar una burbuja especulativa con una gran capacidad de generar prácticas corruptas en las administraciones locales. 
La creciente dependencia de los intereses financieros, fuertemente unidos a los inmobiliarios, permitieron reflotar así el poder político de las oligarquías rentistas, de los “inversionistas  sin función” (J. M. Keynes). No es posible entender la particular virulencia de la crisis de 2008 -alto desempleo, crisis inmobiliaria, erosión de la legitimidad política, problema nacional etc- sin tener en cuenta estos factores. (...)"           (Armando Fernández Steinko, 02/10/2013)