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18/12/24

En las últimas tres décadas, los patrones de acumulación de capital en el mundo han cambiado drásticamente... son las elites quienes configuran las transformaciones en la creación, distribución y concentración del capital... Nancy Fraser acuñó el término «neoliberalismo progresista» para describir un modelo que combina políticas económicas neoliberales tradicionales —como desregulación, privatización y austeridad fiscal— con valores culturales progresistas como la diversidad, la inclusión y los derechos civiles. Aunque el neoliberalismo progresista se diferencia del conservador en su discurso cultural, ambos comparten los mismos resultados económicos: un aumento en la concentración de riqueza y una profundización de la desigualdad. Las acciones de uno permiten el arribo al poder del otro... Así, tanto el progresismo como el conservadurismo neoliberal resultan ser dos caras de la misma moneda... la concentración de poder económico ha alcanzado niveles históricos. Según datos recientes, solo 100 corporaciones controlan más del 70% del comercio global... En Argentina la población eligió a un gobierno que permitió que las corporaciones manejaran el Estado para su propio beneficio, acelerando la destrucción económica del país... En el actual gobierno, empresas como la Corporación América y Techint colocaron a funcionarios clave en áreas estratégicas como energía, transporte y justicia. Por ejemplo, Techint aseguró el control de YPF a través de la presidencia y la vicepresidencia en exploración y producción, mientras que la Corporación América logró posicionar a sus representantes en el Ministerio del Interior y Justicia. El análisis global y local revela un patrón claro: la alternancia entre versiones de neoliberalismo no busca resolver las crisis estructurales, sino adaptarlas a las necesidades del capital (Alejandro Marcó del Pont)

 "En las últimas tres décadas, los patrones de acumulación de capital en el mundo han cambiado drásticamente. La globalización económica, la financiarización y la reconfiguración del poder económico, tanto a nivel local, regional como global, han sido los motores de esta transformación. Las esperanzas de equilibrio económico que se vislumbraban en los años setenta, representadas por el modelo «fifty-fifty», se desvanecieron sin dejar rastro. Incluso el lenguaje económico ha cambiado, adoptando términos y narrativas que en aquella época habrían sido incomprensibles.

Sin importar en qué lugar del mundo nos encontremos, son las elites quienes configuran las transformaciones en la creación, distribución y concentración del capital. Entre ellas se libra una disputa constante por definir las reglas del juego. En países como Argentina, por ejemplo, esta controversia se ha resuelto. Hace un año, la población eligió a un gobierno que permitió que las corporaciones manejaran el Estado para su propio beneficio, acelerando la destrucción económica del país. Aunque se han generado numerosos análisis y diagnósticos sobre este primer aniversario, las soluciones concretas o modelos alternativos para superar esta situación siguen siendo prácticamente inexistentes.

En el ámbito global, la financiarización —la preeminencia del capital financiero sobre el productivo— ha sido un fenómeno central de las últimas décadas. Aunque muchos la consideran algo reciente, Giovanni Arrighi, en su libro El largo siglo XXI, explica que la financiarización es una fase recurrente que emerge en momentos de crisis y transición hegemónica. En cada ciclo histórico, una potencia dominante combina poder militar, político y económico para liderar la acumulación de capital. Es el caso de Venecia en el siglo XVI, los Países Bajos en el XVII, Gran Bretaña en el XIX y Estados Unidos en los siglos XX y XXI, claros ejemplos de este modelo.

Sin embargo, cuando el sistema productivo de una hegemonía entra en crisis, las elites económicas tienden a volcarse hacia los mercados financieros, buscando maximizar beneficios a través de actividades especulativas. Este cambio no solo genera inestabilidad y desigualdad, sino que también marca el declive de una potencia y el ascenso de otra. Así, la financiarización no es un fenómeno nuevo, sino una respuesta histórica a los límites del sistema económico.

En paralelo, esta transformación global redefine el papel de las elites en el establecimiento de las reglas del sistema. Podemos distinguir entre quienes están obligados a aceptar las reglas, quienes tienen el poder de decidir si las aceptan, quienes las establecen y, finalmente, quienes determinan si las reglas siquiera existen. Desde la década de 1980, estas decisiones están influenciadas por el financiamiento político de las mismas elites económicas, lo que restringe la capacidad de los gobiernos para actuar con independencia.

Un ejemplo representativo ocurrió en 2021, cuando a la senadora estadounidense Nancy Pelosi se le preguntó si el Congreso debería prohibir que sus miembros negociaran en los mercados financieros debido a posibles conflictos de interés. Con un salario anual de 223,500 dólares, Pelosi acumuló un patrimonio declarado de 271 millones de dólares tras casi cuatro décadas en el Congreso. Su respuesta fue: “No… esto es un mercado libre”. Este tipo de situaciones pone en evidencia cómo las reglas del sistema son diseñadas para beneficiar a quienes lo controlan, mientras las consecuencias recaen sobre la población común.

Nancy Fraser, destacada filósofa y teórica crítica, acuñó el término «neoliberalismo progresista» para describir un modelo que combina políticas económicas neoliberales tradicionales —como desregulación, privatización y austeridad fiscal— con valores culturales progresistas como la diversidad, la inclusión y los derechos civiles. Aunque el neoliberalismo progresista se diferencia del conservador en su discurso cultural, ambos comparten los mismos resultados económicos: un aumento en la concentración de riqueza y una profundización de la desigualdad. Las acciones de uno permiten el arribo al poder del otro.

Por ejemplo, durante el mandato de Bill Clinton, se derogó en 1999 la Ley Glass-Steagall, permitiendo que los bancos combinaran actividades comerciales y de inversión. Esto benefició a grandes instituciones como Goldman Sachs y JP Morgan Chase. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 expuso las consecuencias de estas políticas: mientras millones de personas perdieron sus hogares y empleos, los rescates multimillonarios salvaron a los bancos globales. Al día de hoy, en 2024, cinco grandes empresas tecnológicas controlan más del 23% del mercado bursátil de Estados Unidos, mientras que la desigualdad salarial continúa en aumento.

El neoliberalismo progresista, aunque intenta suavizar sus políticas económicas con medidas simbólicas de inclusión y diversidad, rara vez transforma las estructuras económicas que perpetúan la desigualdad. Así, tanto el progresismo como el conservadurismo neoliberal resultan ser dos caras de la misma moneda.

Actualmente, la concentración de poder económico ha alcanzado niveles históricos. Según datos recientes, solo 100 corporaciones controlan más del 70% del comercio global, mientras que el 1% más rico del mundo acumula el 63% de toda la riqueza generada desde 2020. Fondos de inversión como BlackRock y Vanguard han experimentado un crecimiento impresionante: BlackRock administra más de 10 billones de dólares en 2024, mientras que Vanguard supera los 8 billones.

Además, este fenómeno se extiende al ámbito militar. El gasto militar global pasó de 1.8 billones de dólares en 2014 a más de 2.4 billones en 2024, impulsado por conflictos en Medio Oriente, la guerra en Ucrania y tensiones en el Indo-Pacífico. Empresas como Lockheed Martin y Raytheon han visto crecer sus ingresos de manera exponencial, y sus principales accionistas, como BlackRock y Vanguard, continúan consolidando su influencia tanto en la política como en la economía mundial.

Argentina, como caso particular, refleja cómo estas dinámicas globales operan en el nivel local. Desde la dictadura militar (1976-1983), el país ha oscilado entre versiones de neoliberalismo conservador y progresista, que comparten un mismo patrón: priorizar la acumulación financiera y la fuga de capitales. Durante el período 1976-2001, las elites económicas lideraron un modelo basado en endeudamiento, fuga de capitales que llevo a la privatización, y a la dolarización. Este sistema culminó con la crisis de 2001, que dejó al país al borde del colapso.

Entre 2015 y 2019, bajo el gobierno de Cambiemos, el capital financiero internacional retomó el control. En este período, la fuga de capitales alcanzó niveles récord, superando los 86 mil millones de dólares, según el Banco Central de la República Argentina. Los principales responsables de esta fuga fueron grandes grupos empresariales como Clarín, Techint y Pampa Energía, que utilizaron el sistema financiero para transferir riqueza hacia paraísos fiscales.

Con el regreso del neoliberalismo progresista tras el colapso de Cambiemos, las dinámicas no cambiaron sustancialmente. Entre 2016 y 2023, los ingresos laborales de los trabajadores se redujeron en más de 101 mil millones de dólares, mientras que los principales beneficiarios seguían siendo los mismos conglomerados económicos. IRSA, Clarín y Techint, entre otros, continuaron utilizando al Estado como herramienta para garantizar su acumulación de capital, mientras la población enfrentaba ajustes y recortes.

Como señaló Antonio Gramsci, las clases dominantes generan sus propios «intelectuales orgánicos» para perpetuar su control. En Argentina, esto se traduce en la captura de las instituciones públicas por parte de los intereses privados. En el actual gobierno, empresas como la Corporación América y Techint colocaron a funcionarios clave en áreas estratégicas como energía, transporte y justicia. Por ejemplo, Techint aseguró el control de YPF a través de la presidencia y la vicepresidencia en exploración y producción, mientras que la Corporación América logró posicionar a sus representantes en el Ministerio del Interior y Justicia.

El análisis global y local revela un patrón claro: la alternancia entre versiones de neoliberalismo no busca resolver las crisis estructurales, sino adaptarlas a las necesidades del capital. En el caso argentino, este ciclo perpetúa la concentración de riqueza, la fuga de capitales y la subordinación de las políticas públicas a los intereses de las élites.

Romper con este modelo exige no sólo un cambio en las políticas económicas, sino también una transformación de las relaciones de poder que permiten su perpetuación. Mientras esto no ocurra, tanto en Argentina como en el resto del mundo, la mayoría de las mayorías seguirán atrapadas en un sistema diseñado para beneficiar a unos pocos."

(Alejandro Marcó del Pont , blog, 15/12/24)

28/9/24

En el momento de negociar programas de precios en la Argentina, los gobiernos tienen que sentar en la mesa a productores industriales y supermercadistas... Las tierras están en manos de 20 terratenientes. Entre los que más concentran hay empresarios y grupos que tienen entre 100 mil y más de un millón de hectáreas de todo tipo, como Benetton, Eduardo Elsztain o Eurnekian... Ninguno de los complejos exportadores, donde el 42.1% de las ventas al extranjero son el sojero, maicero, triguero, girasolero y de la carne, son argentinos... el petroquímico o el automotriz están dominados por grandes transnacionales... Sólo extracción, liquidación y fuga de divisas y dependencia de materias primas y minerales... De esta manera, es imposible que un Estados-nación que no funcionan como tal, la democracia sea una vía alternativa de elección para mejorar. Si los Estados juegan a acatar lo que dicen las empresas, ¿quién controla a las empresas más poderosas del mundo? Vanguard y BlackRock, los dueños del mundo... Son dos empresas, dos gigantes del mundo financiero, que se esconden detrás de todas las Big Tech y de todas las grandes compañías del mundo. Dos fondos de inversión que gestionan un total de 17 billones de dólares. cifra similar al PIB de toda la Unión Europea... Estos dos gestores de fondos son el poder en la sombra de las principales empresas del mundo (Alejandro Marcó del Pont)

  "(...) Los golpes de Estado, las crisis económicas, el endeudamiento externo, la fuga de capitales, entre otras cosas, abrieron la posibilidad de la concentración y la hegemonía corporativa, que año tras año tuvo más incidencia en los lineamentos de políticas económicas locales, eliminando gradualmente a sus representantes políticos como mediadores. El caso extremo, sería la Argentina actual, donde la sociedad votó por que las empresas sean quienes determinen los destinos del país en base a los negocios particulares, con una absurda participación de resistencia en redes sociales. La democracia corporativa virtual.

¿Por qué se pierde la autonomía? Juan Carlos Puig (abogado y diplomático argentino que se destacó como teórico de la relación entre la dependencia y la autonomía de los países periféricos) estableció las categorías de dependencia y autonomía, la paracolonial: las élites que conducen ese Estado periférico se consideran un apéndice político, económico e ideológico de la metrópoli. Por lo que no hay proyecto de país, ni integración regional para obtener poder. No sirve como estrategia la unión o potencializar los BRICS o el Mercosur si no son sujetos de beneficio.

Así, internamente se pueden estudiar múltiples relatos de la generación de la inflación, pero al momento de negociar programas de precios en la Argentina, los gobiernos tienen que sentar en la mesa a productores industriales y supermercadistas. Allí, sólo necesita tener representantes de 20 empresas, entre fabricantes y comerciantes, para armar el tablero de los alimentos que deberían llegar a las mesas argentinas. El 74% de la facturación de las góndolas de los supermercados está en manos de apenas esa cantidad de compañías.

Las tierras están en manos de 20 terratenientes. Entre los que más concentran hay empresarios y grupos que tienen entre 100 mil y más de un millón de hectáreas de todo tipo, como Benetton, Eduardo Elsztain o Eurnekian. Elsztain tiene 538.822 hectáreas y ahora administra la Agencia de Bienes del Estado, el inventor del presidente Eduardo Eurnekian tiene 105.397 hectáreas. La mayoría de los dueños de las tierras son también de las mineras, por ejemplo, Integra Lithium, conglomerado presidido por José Luis Manzano, tiene 573.000 hectáreas, además de su participación en empresas energéticas y medios de comunicación.

 Ninguno de los complejos exportadores, donde el 42.1% de las ventas al extranjero son el sojero, maicero, triguero, girasolero y de la carne, son argentinos; el petroquímico o el automotriz están dominados por grandes grupos económicos o transnacionales, ninguno con ellos siquiera tiene una Dependencia racionalizada: donde las elites tienen un proyecto nacional pero dependiente del centro. Sólo extracción, liquidación y fuga de divisas y dependencia de materias primas y minerales.

De esta manera, es imposible que un Estados-nación que no funcionan como tal, la democracia sea una vía alternativa de elección para mejorar. Si los Estados juegan a acatar lo que dicen las empresas, ¿quién controla a las empresas más poderosas del mundo? No hay una respuesta absoluta a estas preguntas, pero sí hay una explicación muy cercana. Son dos empresas, dos gigantes del mundo financiero, que se esconden detrás de todas las Big Tech y de todas las grandes compañías del mundo. Dos fondos de inversión que gestionan un total de 17 billones de dólares. cifra similar al PIB de toda la Unión Europea.

Vanguard y BlackRock, los dueños del mundo. Estos dos gestores de fondos son el poder en la sombra de las principales empresas del mundo. Tal es así, que son los primeros accionista de Apple, Google, Amazon y el resto de Big Tech, también de Coca Cola, Disney y las principales empresas de nuestro país. BlackRock compró Global Infrastructure Partners por $12.5 mil millones, lo que la convertirá en la segunda mayor firma de infraestructura del mundo, y junto con Vanguard son el primer y la tercer inversor en empresas armamentísticas a nivel mundial (Las bombas evaporan la austeridad), o sea, pueden destruir Ucrania y reconstruirlo, todo en el mismo negocio entre Demócratas o Republicanos.

¿Por qué esta división del mundo no hizo realidad antes? La Doctrina Primakov, estratégica para la política exterior rusa, formulada por Yevgeny Primakov, un destacado diplomático y político ruso, se centra en la Multipolaridad: reemplazar el orden unipolar liderado por Estados Unidos con un sistema multipolar donde múltiples potencias, incluidas Rusia, China, la India, la Unión Europea y otros actores importantes, tengan una influencia equilibrada. Y se propone realizar alianzas estratégicas con el objetivo de fortalecer las relaciones con países clave como China y la India, así como con otras naciones que compartieran intereses similares para contrarrestar la influencia occidental. Y rechazo a la expansión de la OTAN.

Esta idea no germinó antes porque el poder de los EE.UU. y sus trasnacionales era demasiado grande y el de sus alternativas dema­siado débil. Pero, notoriamente, las cosas están cambiando. En todo caso, el plan es el mismo. Lo nuevo, que no lo es tanto, es que ahora comienzan a destacar organizaciones internacionales que, hasta la guerra de Ucrania, han tenido una existencia letár­gica, como la Organización para la Cooperación de Shanghai (OCS), creada en 2001, con la mirada puesta en evitar cualquier tendencia unipolar estadounidense. Ahí estaban, desde el principio, China y Rusia, así como India, y la mayoría de las exrepúblicas soviéticas de Asia Central, con Kazajistán a la cabeza. Pero se han ido sumando otros Estados, como Irán o Pakistán. Aunque también se debería pensar en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuyo acrónimo se ha quedado muy corto, ante el aluvión de nuevas peticiones de ingreso, incluyendo Argelia, Túnez, o… ¡Turquía!

De hecho, la coincidencia de Rusia, China e India en las dos insti­tuciones debería hacer reflexionar a EEUU acerca de la pér­dida de su centralidad geopolítica, así como retirarse por un tiempo de ser el gendarme mundial. La Casa Blanca han tomado nota de la existencia de al menos dos potencias revisionistas: Rusia y China, pero insertar ahí a la India, descompone la ecuación. Uno de los cambios provocados por la guerra de Ucrania se refiere a la creciente distancia que separa a la India, parte de la OCS y de los BRICS desde hace años, de los EE.UU. Pero la geo­metría variable a la que aspiraban en la Casa Blanca se ha hecho trizas en favor del realineamiento de India con las potencias dís­colas del sistema político mundial. (...)"                            (Alejandro Marcó del Pont, El tábano economista, 25/08/24)

24/7/24

Varoufakis: “Los señores tecnofeudales son la nueva clase dominante”... En este nuevo modo de extracción de valor, donde los dos pilares del capitalismo han sido marginados (el mercado es reemplazado por plataformas digitales y las ganancias por las rentas de la nube), la IA simplemente acelera el poder de los propietarios del capital de la nube

 "(...) —Yanis, ¿podrías resumir tu idea de economía tecnofeudal?

— El tecnofeudalismo fue introducido por el desarrollo de una nueva forma de capital que yo llamo “capital en la nube”. A diferencia del capital convencional (por ejemplo, redes eléctricas, tractores o robots industriales), que es un medio de producción producido, el capital en la nube es un medio producido para modificar nuestro comportamiento; por ejemplo, hacernos desear productos básicos que luego nos vende directamente (a través de Amazon o similares), evitando los mercados y, por lo tanto, permitiendo a los propietarios de este capital de la nube (por ejemplo, personas como Jess Bezos) extraer rentas gigantescas de la nube de vendedores y compradores.

— ¿Y qué papel juega en esa transformación del capitalismo específicamente la inteligencia artificial?

— En este nuevo modo de extracción de valor, donde los dos pilares del capitalismo han sido marginados (el mercado es reemplazado por plataformas digitales y las ganancias por las rentas de la nube), la IA simplemente acelera el poder de los propietarios del capital de la nube. Ellos son los señores tecnofeudales de nuestra era o, como yo los llamo, nuestra nueva clase dominante nubalista."               (Varoufakis, Other News, 08/07/24)

21/8/23

Occidente y China comparten el mismo destino: un tecnoestado total... En lo que se refiere a las cuestiones políticas más fundamentales, China y Estados Unidos no divergen, sino que se parecen cada vez más, y ambas superpotencias convergen en el mismo sistema de gobernanza tecnocrático-administrativa, aún no plenamente desarrollado... La joya de la corona de este enfoque pretende ser el floreciente sistema chino de crédito social... El sistema pretende asignar a cada persona, empresa u organización una única puntuación agregada de "crédito social". Es muy parecida a la puntuación de un crédito financiero: basándose en el comportamiento observado y otros "factores de riesgo", la puntuación puede ajustarse al alza o a la baja para designar a una persona o empresa como más o menos "digna de confianza" o "no digna de confianza". Los que obtienen puntuaciones más altas son recompensados con ventajas crecientes... Los que obtienen puntuaciones más bajas se enfrentan a castigos crecientes... y aparecen públicamente en Internet o en vallas publicitarias... nadie cruza la calle imprudentemente (al menos en la ciudad), porque si lo haces, tu identidad es captada por una cámara de reconocimiento facial, tu cara, tu nombre y tu número de DNI se pegan en una valla publicitaria de la vergüenza junto a la intersección, y se envía una multa a tu banco... No está muy lejos de lo que ocurre en las llamadas democracias liberales occidentales. En junio, el banco británico Coutts cerró la cuenta de Nigel Farage sin dar explicaciones. Posteriormente, otros diez bancos le negaron el servicio... se había descubierto que ya no era compatible con Coutts, dadas sus opiniones públicamente declaradas que estaban en desacuerdo con la posición del banco como organización inclusiva... JP Morgan Chase cerró las cuentas del Dr. Joseph Mercola, defensor de los antivacunas, así como las del director general y el director financiero de su empresa, sus cónyuges y todos sus hijos

 "A menudo se ofrece una narrativa simple y sencilla para explicar nuestro momento actual: una nueva Guerra Fría, se nos dice, está amaneciendo entre Estados Unidos y China, completada con una "batalla entre democracia y autocracia" ideológica global. El futuro de la gobernanza mundial vendrá determinado por el ganador, es decir, a menos que una guerra caliente zanje la cuestión antes de tiempo con una lucha a muerte cataclísmica, al igual que la democracia liberal luchó en su día contra el fascismo.

En cierto modo, esta imagen es exacta: una competición geopolítica está realmente en proceso de ebullición hacia una confrontación abierta. Pero también es fundamentalmente superficial y engañosa. En lo que se refiere a las cuestiones políticas más fundamentales, China y Estados Unidos no divergen, sino que se parecen cada vez más, y ambas superpotencias convergen en el mismo sistema de gobernanza tecnocrático-administrativa, aún no plenamente desarrollado.

 Este sistema, descrito por James Burnham y George Orwell como "gerencialismo", es el producto de una nueva clase de gerentes profesionales unidos por un interés común en la expansión de las organizaciones técnicas y de masas, la mayor proliferación de los gerentes y la atracción de la sociedad hacia el entrometido abrazo de la pericia gerencial. Su núcleo es la convicción de que todas las cosas -incluso la complejidad de la sociedad y del propio hombre- pueden comprenderse, gestionarse y controlarse como una máquina con la suficiente técnica científica.

 Fue el gerencialismo el verdadero vencedor de las batallas ideológicas del siglo XX. Como Orwell profetizó en 1945: "El capitalismo está desapareciendo, pero el socialismo no lo está sustituyendo. Lo que está surgiendo ahora es un nuevo tipo de sociedad planificada y centralizada que no será ni capitalista ni, en ningún sentido aceptado de la palabra, democrática". China está un poco más adelante en el camino hacia este mismo futuro totalitario. Occidente le sigue.

Para hacernos una idea de uno de los aspectos de esta convergencia en curso, debemos viajar a Fengqiao ("Puente de Arce"), antaño un pintoresco pueblecito de la provincia china de Zhejiang. Al líder chino Xi Jinping y a sus funcionarios les gusta evocar con nostalgia los placeres de la "experiencia Fengqiao" (枫桥经验), pero me temo que no se trata de un paquete turístico. Más bien, en los años sesenta, Fengqiao se distinguió como ciudad modelo a los ojos de Mao Zedong. Mientras que normalmente los matones del Partido Comunista tenían que ir por ahí identificando y acorralando a los "elementos reaccionarios", en Fengqiao la gente se las apañaba sola: "Ni una sola persona tuvo que ser detenida, y aun así la gran mayoría de los enemigos fueron eliminados", según un informe de la ciudad a Mao.

 Por fin había aquí un verdadero ejemplo de la "dictadura de las masas" que Mao esperaba establecer. Mao animó al partido a aprender de la experiencia de Fengqiao, y al hacerlo plantó una semilla que echaría raíces en el duro suelo de la imaginación del PCCh: el sueño de una población tan completamente condicionada por el socialismo chino que algún día prácticamente se autogestionaría.

 Hoy, Xi ha revitalizado y modernizado esta idea casándola con las nuevas herramientas disponibles: las de la revolución digital. Los métodos tradicionales de seguimiento y control social de masas al estilo Fengqiao, también conocidos como "gobernanza social", se han combinado con la movilización a través de Internet y un vasto aparato de vigilancia digital.

 La joya de la corona de este enfoque pretende ser el floreciente sistema chino de crédito social. El sistema pretende asignar a cada persona, empresa u organización una única puntuación agregada de "crédito social". Es muy parecida a la puntuación de un crédito financiero: basándose en el comportamiento observado y otros "factores de riesgo", la puntuación puede ajustarse al alza o a la baja para designar a una persona o empresa como más o menos "digna de confianza" o "no digna de confianza". Los que obtienen puntuaciones más altas son recompensados con ventajas crecientes, como acceso prioritario a viajes, préstamos, vivienda, educación superior o incluso asistencia sanitaria. Los que obtienen puntuaciones más bajas se enfrentan a castigos crecientes, como la pérdida de acceso al sistema financiero, la prohibición de comprar bienes de lujo o inmuebles, o la denegación de la admisión de sus hijos en determinadas escuelas y universidades.

 Y lo que es más importante, el sistema es deliberadamente social por naturaleza. Las personas con puntuaciones bajas aparecen públicamente en Internet o en vallas publicitarias; incluso algunas aplicaciones de citas han probado a incorporar puntuaciones de crédito social. Y lo que es más importante, dado que tener demasiadas relaciones con personas con puntuaciones bajas conlleva el riesgo de rebajar la propia clasificación, la gente evita en absoluto relacionarse con los "desacreditados", lo que acelera su progresiva despersonalización por parte de la sociedad. El objetivo de esta gamificación de la mente es crear un "Hombre Nuevo" que encaje en su máquina gerencial; éste es siempre y en todas partes el objeto inexorable de la obsesión de control del gerencialismo.

  Este tipo de ingeniería social ya ha sido eficaz. Recuerdo vívidamente, por ejemplo, cómo, cuando visité China a finales de la década de 2000 o mediados de la de 2010, todo el mundo solía cruzar la calle para cruzar. Era simplemente un hecho de la vida, una constante cultural aparentemente arraigada por quién sabe cuántos siglos de pragmatismo maravillosamente incorregible del campesinado chino. Hoy en día, nadie cruza la calle imprudentemente (al menos en la ciudad), porque si lo haces, tu identidad es captada por una cámara de reconocimiento facial, tu cara, tu nombre y tu número de DNI se pegan en una valla publicitaria de la vergüenza junto a la intersección, y se envía una multa a tu banco. Todos esos siglos de actitudes culturales evolucionadas han sido sobrescritos con éxito por sólo unos pocos años de condicionamiento por la máquina.

 No está muy lejos de lo que ocurre en las llamadas democracias liberales occidentales. En junio, el banco británico Coutts cerró la cuenta de Nigel Farage sin dar explicaciones. Posteriormente, otros diez bancos le negaron el servicio. Los documentos internos sobre "riesgos para la reputación" obtenidos por Farage poco después mostraban el razonamiento de Coutts para "sacarle" de su cuenta: se había descubierto que ya no era "compatible con Coutts, dadas sus opiniones públicamente declaradas que estaban en desacuerdo con nuestra posición como organización inclusiva". Entre los terribles pecados de Farage figuran: ser amigo de Donald Trump y del campeón de tenis no vacunado Novak Djokovic; hacer campaña a favor del Brexit; ser "anti-Net Zero"; ser "considerado xenófobo y racista"; y haber sido "fascista" cuando era escolar, según algunos rumores de segunda mano.

 En este caso, pillado in fraganti "desbancando" a un destacado y avispado político por motivos políticos, el banco se vio obligado a pedir disculpas y algunos de sus altos cargos a dimitir. Sin embargo, estas consecuencias son una excepción a la regla. En Estados Unidos, pocos días después del escándalo de Farage, JP Morgan Chase cerró las cuentas del Dr. Joseph Mercola, defensor de los antivacunas, así como las del director general y el director financiero de su empresa, sus cónyuges y todos sus hijos. Farage dice que ha empezado a reunir una "base de datos muy grande" de miles de casos similares sólo en el Reino Unido. (...)

PayPal también intentó introducir un texto en su acuerdo de usuario que le permitía confiscar 2.500 dólares a los usuarios cada vez que difundieran "desinformación" o dijeran o hicieran algo "perjudicial" u "objetable" (todo ello definido a la "entera discreción" de PayPal).

 ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué los bancos privados y otras empresas expulsan así a sus clientes? Porque les interesa hacerlo si quieren sobrevivir y prosperar, y de hecho tienen pocas opciones. Estos bancos no son realmente "actores privados", sino que forman parte de la economía de gestión de un partido-estado de gestión en ciernes muy parecido al de China, en el que una élite oligárquica trata de preservar su dominio. Desde un punto de vista crítico, no puede haber instituciones neutrales en un partido-Estado. Los enemigos del partido-estado son los enemigos de la institución, o la institución es enemiga del partido-estado (una posición nada rentable). Esto es lo que realmente significa el "riesgo reputacional": el riesgo de parecer estar en el lado equivocado de la línea del partido.

 En una sociedad tan digitalizada como la nuestra, el control de las transacciones digitales significa vigilancia y control de casi todo. Cuando a una persona se le retira un banco -y luego, inevitablemente, se le incluye en la lista negra de todos los demás bancos- se le impide participar en casi todos los aspectos de la vida moderna. No tendrán forma fácil de recibir el salario de un trabajo; no podrán comprar una propiedad y puede que ni siquiera puedan alquilarla. No podrán adquirir casi ningún servicio digital y, cada vez más, tampoco podrán comprar productos cotidianos fuera de Internet. Una vez ganada la guerra contra el dinero en efectivo, estarán jodidos. Por lo tanto, la desbancarización es un medio muy eficaz para aislar y silenciar a una persona o grupo, acabando rápidamente con cualquier presencia o influencia que pudiera haber tenido en la sociedad. De eso se trata.

Esta parece ser una lección extraída directamente del método chino de tratar a los disidentes. De hecho, la élite empresarial de Occidente parece haber llegado a la conclusión de que ahora dispone de las herramientas y el margen para empezar a implantar aquí un sistema de crédito social al estilo chino. Aunque todavía no es ni mucho menos tan completo, este sistema incipiente comparte las mismas características fundamentales: el uso de la coordinación público-privada y la "gobernanza social" para colapsar cualquier distinción entre la vida pública y privada, aumentando así enormemente los riesgos de inconformismo público y disidencia de la narrativa. Sin duda, la utopía está a la vuelta de la esquina. (...)

¿Hasta dónde puede llegar todo esto? Si bien hoy nos centramos en el poderoso ámbito de los flujos financieros, no hay razón para pensar que, en la trayectoria actual, la misma dinámica no acabará aplicándose a todos los demás sectores de nuestra economía y sociedad. No debería sorprendernos que algún día los contratos de alquiler de viviendas incluyan cláusulas de moralidad ideológica, que las aerolíneas se unan para prohibir viajar a los clientes con creencias erróneas o que la gente se vea expulsada de sus pólizas de seguros por hablar mal en Internet. Será simplemente el comportamiento de un gerencialismo endurecido que busca la estabilidad mediante el control mecanicista de todos los detalles de la vida.

Las Nuevas tecnologías como la IA y, sobre todo, las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) seguirán facilitando este tipo de control granular. Hace unos meses, un hombre estadounidense se vio completamente excluido de su "casa inteligente" controlada digitalmente por Amazon después de que un repartidor le acusara de decir algo racista por su telefonillo. ¿Por qué se molestaría Amazon en hacer esto? Porque puede; y así, bajo un régimen de gestión, debe hacerlo. A medida que nuestros directivos descubran que cada día resulta más fácil "solucionar" a las personas problemáticas con sólo pulsar un botón, no podrán resistirse a darle a ese botón, fuerte y a menudo.

Tal es la Weltanschauung -la forma de ver y creer- de la mente directiva. A medida que la tecnología, cada vez más poderosa, se pone al alcance de la máquina de gestión, su control no hará más que estrecharse. Porque, como comprendió C.S. Lewis, "cada nuevo poder ganado por el hombre es también un poder sobre el hombre".

 Hoy, como predijo Orwell, los grandes superestados luchan por la posesión de la Tierra. Pero a pesar de todas las especulaciones pasadas de que el siglo XXI se definiría por un "choque de civilizaciones", ahora sólo hay una forma asfixiante de civilización moderna que se ha extendido por la faz del globo, con sus múltiples personalidades compitiendo por la supremacía imperial.  (...)

Esta es la verdad que explica por qué China y Occidente, a pesar de todas sus proclamadas diferencias, comparten la misma arrogancia empresarial, se ven tentados por los mismos poderes tecnológicos crecientes y albergan las mismas inseguridades y delirios de las élites. Incluso mientras se agitan y chocan, convergen en el mismo destino: la misma sumisión socialmente diseñada de todo lo humano, real y libre al nihilismo tecnocrático y a la falsa realidad de un gobierno-máquina que todo lo abarca, a un tecnoestado total."           ( , UnHerd, 09/08/23; traducción DEEPL) 

20/7/23

Branko Milanović: Sobre la desigualdad mundial, el ascenso de China y la guerra en Ucrania

 "¿Qué opina de los disturbios que se están produciendo en Francia?  

Para ser sincero, no conozco bien la situación. Sin embargo, examinando superficialmente los datos franceses disponibles, no parece que la desigualdad de ingresos esté aumentando en Francia. (...)

También hubo otras protestas recientes provocadas por acontecimientos como la reforma de las pensiones. Por consiguiente, es plausible que existan problemas subyacentes y profundamente arraigados que van más allá del alcance de las simples mediciones de la desigualdad.

¿No plantea esto la cuestión del sentimiento de desigualdad en una sociedad, y especialmente cuando se mezcla con cuestiones de identidad y ansiedades? 

Sí, creo que sí. Tengo un amigo francés que, durante un tiempo, hizo carrera política en un suburbio cercano a París. Me describió un mundo muy distinto del entorno urbano de París que solemos vivir los turistas como yo y otras personas. Por lo tanto, es plausible, como usted ha mencionado, que la percepción de la exclusión desempeñe un papel importante. Me he encontrado con discusiones en Twitter que sugieren una cierta "americanización" de los problemas, lo cual, hasta cierto punto, creo que es cierto. Ambas situaciones (la estadounidense en 2020 y la francesa actual) implican problemas relacionados con la identidad y la exclusión. Sin embargo, debo subrayar que estas apreciaciones son puramente observacionales, de un forastero. Para ser sincero, me sorprendió realmente la brusquedad y el considerable nivel de violencia exhibidos durante los disturbios. (...)

Recientemente, me topé con un debate en Twitter sobre la convergencia de las repúblicas soviéticas, que despertó mi interés. Decidí examinar los datos del PIB y compararlos con las cifras que tenía de las encuestas de hogares. Me sorprendió descubrir diferencias significativas dentro de la Unión Soviética, aproximadamente de 2 a 1 entre las repúblicas más altas y las más bajas. 

¿Puede decirnos algo sobre las trayectorias pasadas de los países o sobre el futuro?

Más sobre el pasado que sobre el futuro: un reflejo de los retos que supone mantener países con grandes diferencias de renta que se derivan de las diferencias geográficas de renta: regiones específicas que son más ricas y que también presentan una movilidad geográfica limitada. Además, factores históricos, culturales y religiosos también contribuyen a estas disparidades. En cambio, al examinar España, descubrí que las diferencias entre las provincias más ricas y las más pobres eran de aproximadamente 1,5 a 1. Evidentemente, mantener como país unificado aquel con diferencias de 5 a 1 como en Yugoslavia en la década de 1980 es mucho más difícil que si la diferencia máxima es de 1,5 a 1 como en España. (...)

¿Cree que, en cierta medida, la guerra en Ucrania y Rusia tiene algo que ver con las desigualdades y su evolución? 

No del todo. De hecho, tenía un blog en el que exploraba cuatro teorías diferentes sobre el conflicto. La teoría que personalmente encuentro más plausible, aunque no ofrece una explicación directa del momento en que se produjo la guerra, está relacionada con los efectos a largo plazo del sistema socialista y su estructura de partido único. Cada república tenía su propia rama dentro del partido único que gobernaba la república. Con el tiempo, para asegurarse la legitimidad, los líderes de estas ramas republicanas abrazaron y apoyaron agendas nacionalistas. Esto habría sido más difícil en un sistema multipartidista, ya que los diferentes partidos representarían diversas ideologías políticas. Sin embargo, en este caso, los líderes del partido único adoptaron cada vez más posturas nacionalistas. En consecuencia, incluso durante la desintegración de la Unión Soviética, había partidos nacionalistas gobernando de hecho cada una de las diferentes repúblicas, Ucrania incluida, e incluso Rusia que, bajo Yeltsin, presionó activamente para la desintegración de la Unión. Por lo tanto, creo que el nacionalismo estaba inherentemente arraigado en el sistema, en contra de las expectativas de sus creadores. Posteriormente, Putin ha exacerbado esta tendencia nacionalista o quizás imperialista. Aunque la teoría ofrece una visión de la dinámica a largo plazo, no explica directamente el estallido concreto de la guerra el 24 de febrero de 2022.

¿Existe alguna relación entre un nacionalismo emergente o un sentimiento de ira y el nivel de desigualdad de un país?

Debo admitir que es una pregunta difícil de responder. Los datos disponibles por sí solos no pueden proporcionar una comprensión clara, y aunque los investigadores han explorado la percepción de la desigualdad, me sigue resultando difícil hacer una afirmación definitiva. Sin embargo, si consideramos ejemplos concretos, podemos observar tendencias diversas. Por ejemplo, Rusia ha experimentado un descenso de la desigualdad en la última década. Por otro lado, Ucrania presenta un caso intrigante. A pesar de la percepción de una gran desigualdad, los datos de las encuestas de hogares, aunque posiblemente imperfectos, indican unos niveles relativamente bajos de desigualdad en el país. Este resultado no sería del todo sorprendente si la concentración de la desigualdad se encontrara principalmente en la parte superior, más allá del umbral del 1%, digamos dentro del 0,1% o el 0,01%. Es posible que tales disparidades no queden adecuadamente reflejadas en las medidas sintéticas. Aunque esta respuesta no responda directamente a su pregunta, pone de relieve la complejidad de la cuestión. En esencia, sigue siendo una pregunta difícil de responder definitivamente, y no tengo una respuesta concluyente.

Su trabajo muestra que las desigualdades mundiales tienden a disminuir y que, incluso dentro de los países, la tendencia no es necesariamente al alza. Sin embargo, el tema de la desigualdad se ha vuelto especialmente central en los países desarrollados, casi obsesivo. ¿Cómo explicar esta paradoja? ¿Hasta qué punto se ha instrumentalizado este tema?

Creo que hay que darse cuenta de que existe un desfase temporal significativo entre, primero, los cambios en la desigualdad; segundo, el conocimiento de estos cambios entre los investigadores; y tercero, la difusión de esa información entre el público en general. Por ejemplo, en la mayoría de los países occidentales las desigualdades aumentaron desde los años ochenta o noventa hasta la primera década del siglo XXI, pero la plena toma de conciencia de ello sólo se produjo con la crisis financiera y las dificultades de ingresos de las clases medias. Ahora creo que podemos estar experimentando una evolución inversa. En Estados Unidos, Alemania, Japón y Francia, el nivel de desigualdad de ingresos se ha mantenido estable (con pequeñas fluctuaciones anuales) durante al menos una década. En el Reino Unido, la desigualdad ha disminuido desde sus máximos de principios de la década de 2000. Pero una vez que la atención de la gente se ha centrado en la desigualdad, creo que es difícil olvidarse de ella, incluso cuando es estable. De hecho, podría ser estable, pero a muchos les sigue pareciendo demasiado alta. O puede ser, como he mencionado antes, que tenga que pasar mucho tiempo hasta que cambie la percepción de la gente.        

¿Hasta qué punto se ha convertido también en un problema entre diferentes países o bloques geopolíticos? ¿Es la desigualdad una cuestión de poder?

 No estoy seguro de que se trate de una cuestión de poder, porque no veo que haya grandes diferencias de desigualdad entre los modelos que actualmente compiten políticamente. De hecho, China es más desigual (en términos de distribución de la renta) que Estados Unidos. No es creíble afirmar que el capitalismo político tiende a producir resultados más igualitarios. O si tomamos a Rusia, que ahora, al menos oficialmente, afirma defender valores diferentes a los de Occidente, la menor desigualdad no está ciertamente entre ellos, ya que el país es extremadamente desigual en términos de poder, ingresos y distribución de la riqueza. La guerra, tal y como se refleja en el origen y la procedencia de las personas que han sido reclutadas para luchar en ella, no ha hecho sino ahondar las desigualdades de renta y existenciales.

Recientemente ha publicado un artículo en Foreign Affairs sobre la gran convergencia. ¿Qué quiere decir con esta gran convergencia?  

Bueno, es una pregunta más directa, ya que se basa en datos empíricos. En las últimas décadas, debido sobre todo al crecimiento económico de China, pero también al progreso de otros países, los niveles de renta mundiales han aumentado considerablemente. China, por ejemplo, alcanzó una tasa de crecimiento anual per cápita de alrededor del 8,5% en un lapso de 40 años. Este crecimiento, unido al progreso económico de Asia y otros países de gran población, tuvo dos efectos notables. 

 En primer lugar, se tradujo en un descenso sustancial de la desigualdad mundial, lo que supuso un cambio significativo con respecto a las tendencias de los dos últimos siglos. Este resultado es bastante evidente si consideramos un ejemplo hipotético, utilizando un país como Francia. En tal escenario, si los individuos relativamente más pobres experimentaran un crecimiento de los ingresos del 10%, mientras que los individuos relativamente más ricos experimentaran un crecimiento del 2%, se produciría naturalmente una reducción de la desigualdad. Lo mismo ocurre a escala mundial. Sin embargo, cabe señalar que, a pesar de esta reducción, la propia China fue testigo de un aumento de la desigualdad interna, que también se observó en países como Estados Unidos, India, Rusia y el Reino Unido. Por lo tanto, los aumentos nacionales sirvieron de contrapeso, aunque no lo suficientemente fuerte como para contrarrestar el descenso general de la desigualdad mundial debido a las altas tasas de crecimiento en Asia.

 El segundo efecto de esta disminución de la desigualdad mundial fue la reorganización de las posiciones entre los individuos. En otras palabras, personas de países como China o India pasaron de repente a formar parte del 10% más rico del mundo, mientras que las clases medias o medias-bajas de los países ricos se vieron relegadas a puestos más bajos en la jerarquía mundial. Este cambio en las posiciones relativas puede tener diversas implicaciones políticas y socioeconómicas, sobre todo para la clase media de los países más ricos. Algunos individuos de las naciones occidentales ricas pueden experimentar un declive en su posición global relativa, incluso si sus ingresos reales siguen aumentando un 1% o 2% anual. Se trata de dos aspectos distintos pero interconectados que se derivan de las mismas razones subyacentes.

Para concluir, es importante reconocer que cuando la gente oye hablar de un descenso de la desigualdad mundial, suele expresar su apoyo a esa tendencia. Sin embargo, se vuelve más difícil cuando se dan cuenta de que también implica un descenso en la clasificación global de la clase media en Estados Unidos, Francia o el Reino Unido. Aunque sus ingresos reales sigan aumentando, este aspecto puede resultar políticamente delicado. No obstante, es crucial comprender que estas dos facetas no pueden separarse la una de la otra.

¿Cómo hacer frente políticamente a esta paradoja? 

 Creo que, desde el punto de vista político, se trata de una cuestión compleja. Es fundamental ser prudentes con el lenguaje y subrayar que cuando hablamos de declive, se trata de un declive relativo. En otras palabras, significa que la posición de uno disminuye en comparación con los demás, aunque su poder adquisitivo real siga mejorando, pero por supuesto a un ritmo más lento que el de los demás. Y con el tiempo se verán superados. Sin embargo, algunos argumentan que no importa porque la gente se mide a sí misma con respecto a su entorno inmediato, sus amigos y conocidos. Aunque esto puede ser cierto, hay ciertos bienes de precio global que los individuos de clase media de los países occidentales pueden encontrar cada vez más difícil permitirse y adquirir. Por ejemplo, asistir a acontecimientos como la Copa del Mundo en Qatar o las vacaciones en Asia, que pueden resultar increíblemente caras. Estos cambios pueden afectar a la clase media y a su capacidad para acceder a determinadas experiencias.

Entiendo su pregunta política y, en efecto, no es fácil explicar o ignorar las preocupaciones de las clases medias occidentales. Lograr un equilibrio entre, por un lado, abogar por la reducción de la desigualdad global de ingresos y una menor desigualdad global de oportunidades y, por otro, la reorganización de las posiciones de ingresos globales que acabo de explicar es, en efecto, políticamente muy difícil.

 Reflexionando sobre su pregunta, la perspectiva de Adam Smith en "La riqueza de las naciones" arroja algo de luz sobre el asunto. Compara Inglaterra y Francia, señalando que Francia tiene una población mayor que Inglaterra o Escocia. Desde un punto de vista puramente humanista, se podría argumentar que mejorar los ingresos en Francia es más importante porque afecta a más gente. Sin embargo, Smith observó que un inglés o un escocés que diera prioridad al bienestar de otra nación antes que al suyo propio sería considerado un mal patriota.  Esto plantea un dilema fundamental, y no tenemos una respuesta definitiva. Nos encontramos atrapados entre una visión cosmopolita que desea la prosperidad para todos y una preocupación por nuestras propias posiciones de ingresos. Resolver este dilema no es nada fácil.

Sin embargo, una mayor igualdad global no es inevitable. ¿Significa eso que algunos quizá no deseen esa mayor igualdad global?

Es una perspectiva válida: una posición nacional que priorice el bienestar y la posición del propio país y de las personas en la distribución global de la renta. Es importante que los individuos expresen y defiendan claramente sus creencias, en lugar de pretender ser globalistas o cosmopolitas mientras mantienen una postura nacionalista. Es una postura políticamente legítima, independientemente de que estemos o no de acuerdo con ella. 

En cuanto al futuro, podemos observar que, dado que China ha logrado un crecimiento y un desarrollo económicos significativos, ya no es el principal motor de la reducción de la desigualdad mundial. De hecho, el crecimiento de China puede contribuir a la desigualdad mundial, ya que supera a países como India, Nigeria y Sudán. Sin embargo, esto no aborda el segundo problema que identificamos, que es que China seguirá acercándose a niveles de renta históricamente asociados a las poblaciones europeas y estadounidenses.

En cuanto a la disminución de la desigualdad mundial, la situación dependerá en el futuro de la trayectoria de otras regiones, en particular África. Se espera que África experimente un aumento de población a lo largo de este siglo, lo que la convierte en el único continente con una población en crecimiento. Si África no logra altas tasas de crecimiento, la disminución de la desigualdad mundial puede verse obstaculizada. En mi extenso artículo, que es similar al de Foreign Affairs, subrayo la necesidad de tasas de crecimiento muy elevadas en África. Se necesitaría un crecimiento per cápita del 5% anual, junto con un 2-3% adicional debido al crecimiento de la población, para lograr un progreso sustancial. Conseguir un crecimiento real del 8% durante varias décadas no es fácil, por no decir otra cosa, y si nos fijamos en los últimos 50 años de crecimiento africano, no podemos ser optimistas.

¿Cree que el hecho de que China creciera tanto en tan pocos años explica en cierto modo su comportamiento actual y su agresividad?

 Se trata, sin duda, de cuestiones complejas y desafiantes. Personalmente, no veo a China como una potencia agresiva. Sin embargo, reconozco que su creciente poderío económico y militar le ha dado una sensación de mayor confianza e influencia. Tecnológicamente, China ha realizado avances significativos y tiene una presencia global más destacada. No es realista esperar que China retroceda a su posición anterior del siglo XIX, cuando se vio sometida a la colonización de varias potencias europeas y de Japón. El crecimiento económico tiende a aumentar la seguridad en sí mismo de un país y puede dar lugar a comportamientos que otros perciben como agresivos o arrogantes. Este patrón no es exclusivo de China; muchos países a lo largo de la historia, como el Reino Unido, Francia, España, Estados Unidos y la Unión Soviética, han demostrado comportamientos diferentes cuando se han sentido fuertes e influyentes. Sin embargo, debo subrayar que mis conocimientos en este campo son limitados, y el tema es de naturaleza principalmente política.

¿Por qué es tan prudente sobre la evolución de las desigualdades mundiales?  

En efecto, la cautela y la prudencia están justificadas a la hora de evaluar la situación mundial actual. Varios factores contribuyen a la incertidumbre a la que nos enfrentamos. En primer lugar, el impacto de la pandemia de COVID-19 ha dejado una huella duradera que tardará tiempo en comprenderse plenamente. Aunque es posible que acabe remitiendo, sus consecuencias perdurarán durante algún tiempo.

  Además, dos grandes crisis complican aún más el panorama. La primera es la compleja e impredecible relación entre Estados Unidos, el mundo occidental y China. En el peor de los casos, esto podría desembocar en una guerra, mientras que en un escenario menos grave, podría desembocar en una guerra comercial con profundas implicaciones para el desarrollo tecnológico de ambas partes, las relaciones globales de China y su crecimiento económico. Además, las inversiones de China en África podrían verse afectadas, influyendo también en la trayectoria económica de esa región.

La segunda crisis se refiere a la situación entre Rusia y Ucrania, que añade otra capa de incertidumbre. Aunque es posible que las poblaciones de Rusia y Ucrania por sí solas no tengan un impacto significativo en la desigualdad mundial si se consideran a escala global, si el conflicto se extendiera a Europa y se convirtiera potencialmente en una guerra nuclear, las consecuencias serían catastróficas. En tal escenario, los debates sobre la desigualdad global se vuelven irrelevantes.

También se está intensificando el cambio climático, cuyos efectos también son complejos y difíciles de predecir.


Dadas estas intrincadas e impredecibles circunstancias, es un reto para cualquiera predecir con exactitud el estado del mundo en los próximos cinco años. Quienes afirman poseer tal capacidad de previsión probablemente se engañan a sí mismos. La multitud de factores en juego y su posible evolución hacen imposible predecir definitivamente el futuro. 

¿Cómo navegar económicamente?

Los retos a los que se enfrenta cada país son específicos de sus políticas y circunstancias económicas. Cada país debe adaptarse y ajustarse a diversos choques y perturbaciones. Por ejemplo, la guerra en Ucrania y el impacto de la reducción de las importaciones de gas y petróleo rusos tuvieron importantes repercusiones para Europa. Sin embargo, Europa consiguió sortear estos retos y realizar los ajustes necesarios, como demuestra el invierno relativamente tranquilo del año pasado.

No obstante, mi preocupación radica en el creciente número de perturbaciones a las que se enfrentan ahora los países. Volviendo a nuestro debate anterior, Europa Occidental, y Europa en su conjunto, está experimentando múltiples choques simultáneamente. Entre ellos, las consecuencias de la guerra, los problemas relacionados con la energía, el impacto del cambio climático y la creciente imprevisibilidad de los patrones meteorológicos. Además, el malestar social y las protestas son cada vez más frecuentes. El efecto acumulativo de estos choques puede ejercer una enorme presión sobre la capacidad de un sistema para gestionarlos y abordarlos eficazmente.

¿Qué le ha parecido la iniciativa de un pacto mundial de financiación?
 

Si eso favorece el aumento de los flujos financieros, lo consideraré algo positivo. Pero me preocupa el creciente papel de los particulares, los fondos y las fundaciones en la configuración de las agendas y los procesos de toma de decisiones. En efecto, es notable que las acciones que tradicionalmente llevaban a cabo los Estados y las organizaciones internacionales se vean ahora influidas por individuos adinerados y sus fundaciones.  Esta situación refleja la naturaleza plutocrática de nuestro mundo, donde la concentración de riqueza puede dar lugar a una influencia y un poder de decisión significativos.

Por ejemplo, como alguien que ha trabajado en el Banco Mundial, fui testigo directo de cómo la Fundación Gates, debido a su importante financiación, tenía un peso considerable a la hora de determinar las prioridades y actividades de investigación de la institución. Si bien esto puede verse como un medio para aumentar el flujo de recursos, también plantea interrogantes sobre la concentración de poder y el impacto potencial sobre la imparcialidad y los intereses más amplios de la sociedad.

En resumen, aunque es deseable aumentar el flujo de recursos para iniciativas de impacto, debemos ser cautos con la influencia de los ricos en las agendas de investigación y la toma de decisiones, y esforzarnos por lograr una distribución más equilibrada y equitativa del poder y la influencia en nuestras sociedades.

 Para mí tendría más sentido que los países cobraran impuestos a los ricos, cogieran ese dinero y decidieran cómo dárselo a África, en lugar de dejar que los ricos digan a los Estados cómo hay que hacerlo. No discuto sus buenas intenciones, pero desde luego no son ellos quienes deben tener el poder de decidir si hay que, construir estadios, vacunar o llevar agua potable. Sencillamente, no creo que sean ellos quienes deban tomar esas decisiones."                   

(Entrevista a Branko Milanović, Brave New Europe, 17/07/23; traducción DEEPL)

16/2/23

Tendencias a largo plazo en la era del declive del capitalismo neoliberal... la reestructuración económica neoliberal restableció el dominio del capital estadounidense sobre el trabajo y los movimientos populares en el interior, al tiempo que restauró firmemente la hegemonía del capital estadounidense sobre sus competidores capitalistas en el exterior... La tendencia crónica de menor crecimiento después de 2008, los episodios de inestabilidad de los mercados financieros y las múltiples recesiones -moderadas y profundas- han debilitado la hegemonía del imperialismo estadounidense... A medida que el sistema capitalista mundial se ha vuelto más inestable económicamente, la inestabilidad política ha seguido a su vez, tanto dentro de los Estados nación capitalistas como entre ellos... Las relaciones políticas democráticas se están deteriorando. Las formas de democracia capitalista, incluso limitada, son cada vez menos toleradas por las élites y están siendo neutralizadas o eliminadas. A medida que se desmorona el orden económico neoliberal, también lo hacen las relaciones sociales y políticas basadas en él

 "La economía capitalista mundial se encuentra en una coyuntura histórica.  La reestructuración económica mundial que comenzó hace aproximadamente cuatro décadas -a menudo asociada con el término neoliberalismo- ha seguido su curso. Tres crisis sucesivas en aproximadamente la última década la han perturbado hasta la médula: la Gran Recesión y el colapso financiero, la crisis de Covid, y la guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania y sus sanciones mundiales asociadas y la bifurcación emergente de la economía capitalista mundial.

La reestructuración neoliberal de la economía capitalista, que se originó en las economías anglo-estadounidenses a finales de la década de 1970 y posteriormente se extendió en menor medida a otras economías capitalistas avanzadas, comenzó a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980 como respuesta a la anterior crisis económica mundial de la década de 1970. La reestructuración neoliberal pretendía, y en gran medida consiguió, reordenar las relaciones económicas interclasistas internas entre el capital y el trabajo dentro de las economías capitalistas avanzadas -Estados Unidos y el Reino Unido en particular-, así como las relaciones intraclasistas entre las clases capitalistas a escala mundial.  De este modo, la reestructuración económica neoliberal restableció el dominio del capital estadounidense sobre el trabajo y los movimientos populares en el interior, al tiempo que restauró firmemente la hegemonía del capital estadounidense sobre sus competidores capitalistas en el exterior.

 Estos cambios relativos en las relaciones interclasistas e intraclasistas se ampliaron y profundizaron durante las tres décadas siguientes, de 1980 a 2007-08 aproximadamente, en gran medida en beneficio de los capitalistas estadounidenses. Por lo tanto, la reestructuración neoliberal se entiende mejor como una consecuencia clasista del proyecto imperial estadounidense y no como una forma de "globalización", término este último que oculta la naturaleza imperialista clasista esencial del régimen neoliberal con su combinación histórica única de políticas fiscales, monetarias, industriales y externas (comercio/divisas).

Sin embargo, durante su fase de expansión, de 1980 a 2008 aproximadamente, también se agudizaron las contradicciones asociadas a la combinación específica de políticas y relaciones de clase del neoliberalismo.  Estas contradicciones se intensificaron después del año 2000, estallando visiblemente en la crisis financiera y económica mundial (también conocida como la Gran Recesión) en 2008-10 en los EE.UU., en 2008-15 en Europa y Japón, y en otras economías capitalistas casi avanzadas en diferentes momentos entre 2008-15.

La década 2010-2019 que siguió a la Gran Recesión y al colapso financiero se caracterizó por tasas crónicamente bajas de crecimiento real en comparación con las décadas anteriores; crecientes niveles de deuda (soberana, corporativa y de los hogares) y problemas de servicio de la deuda; un cambio cada vez mayor hacia la inversión en activos financieros en relación con la inversión en activos reales; guerras comerciales mundiales y competencia intercapitalista; creciente desigualdad de ingresos y riqueza entre las clases; intensificación de la explotación de las clases trabajadoras y debilitamiento de los sindicatos y partidos de la clase trabajadora; y una disminución de la eficiencia y eficacia de las "herramientas" tradicionales de política monetaria, fiscal y otras políticas económicas para estabilizar y hacer crecer la economía.

La débil y desigual recuperación mundial de 2010-19 chocó posteriormente contra otro segundo muro con la crisis sanitaria mundial de Covid y la profunda recesión de 2020-21. El neoliberalismo se volvió aún más inestable y sus contradicciones -arraigadas en las tendencias anteriores- se intensificaron aún más. Una tercera sacudida a la economía capitalista mundial siguió rápidamente a la caída de los Covid. Justo cuando la recuperación de la economía mundial comenzó tímidamente a mediados de 2021, la guerra de Ucrania y las sanciones económicas de EE.UU. y el G7 contra Rusia y sus socios económicos estallaron en 2022 desestabilizando aún más las cadenas mundiales de suministro, el comercio de mercancías y los flujos de capital monetario.

La economía capitalista mundial aún no se ha dado cuenta de todas las consecuencias de su triple crisis de la última década larga, es decir, la lenta recuperación económica parcial posterior a 2010, el inmediatamente posterior colapso económico de Covid de 2020-21 superpuesto a esa débil recuperación de 2010-19, seguido por la tercera sacudida al comercio capitalista mundial y las relaciones financieras que se produjo en 2022 en forma de guerra y sanciones que continúan.

 Algunas tendencias económicas clave a largo plazo

Para situar en su contexto la coyuntura actual de la economía capitalista mundial, es necesario comprender algunas de las tendencias y condiciones capitalistas más importantes de las últimas cuatro décadas. Estas ocho tendencias incluyen:

    + El capitalismo mundial nunca se recuperó del todo de la Gran Recesión que estalló en 2008. En las economías capitalistas avanzadas en particular, el crecimiento anual real del PIB fue aproximadamente la mitad del crecimiento medio del cuarto de siglo anterior, 1982-2007. El crecimiento posterior a 2008 se caracterizó por repetidas recesiones breves y poco profundas seguidas de recuperaciones económicas débiles y parciales.

    + A la década 2010-19 le siguió rápidamente la más profunda Covid precipitó el cierre económico mundial, que se produjo entre marzo de 2020 y abril de 2022 en las economías del G7 y hasta diciembre de 2022 en China. A su vez, la crisis económica Covid provocó importantes cambios estructurales en los mercados de productos y de trabajo a escala mundial, lo que frenó aún más la recuperación económica a largo plazo y generó simultáneamente presiones inflacionistas que no se veían desde la fase final de la crisis de los años setenta.

    + Durante el periodo posterior a 2008-10 y la superposición de la crisis de Covid, se ha hecho cada vez más evidente que las herramientas económicas tradicionales del Capitalismo (políticas fiscales, monetarias y de comercio/tipo de cambio de divisas) para estabilizar los ciclos económicos y garantizar la estabilidad financiera se han vuelto progresivamente menos eficientes en la consecución de sus objetivos oficiales. La ineficiencia en este sentido se refiere a la condición de que se requiere una mayor cantidad de estímulo fiscal-monetario para generar una menor respuesta positiva en el crecimiento económico a lo largo del tiempo; y, a la inversa, se requiere una mayor cantidad de contracción fiscal-monetaria para generar una menor tasa de inflación. En resumen, la crisis de Covid y la recesión de 2020-21 exacerbaron aún más la creciente ineficacia de las respuestas de política fiscal-monetaria.  También lo ha hecho el posterior choque de la guerra y las sanciones que comenzaron en 2022 y el aparente objetivo de EE.UU./G7 de bifurcar la economía mundial de bienes y flujos de dinero.

    + El capitalismo se ha financiarizado cada vez más durante la era neoliberal (1979-2022), desplazándose en términos relativos hacia la inversión en activos financieros -es decir, la creación de beneficios del capital monetario- a expensas de la inversión en activos reales que crea bienes y servicios que producen puestos de trabajo, ingresos reales y beneficios de la actividad no financiera. La financiarización del capital mundial ha generado una serie acelerada de nuevas formas de instrumentos financieros, nuevas instituciones financieras para comprar y vender esos instrumentos, y una nueva élite del capital financiero mundial, económica y políticamente poderosa, como agentes subyacentes. La financiarización provoca el desplazamiento de la inversión real en bienes y servicios al desviar el capital monetario hacia los mercados de activos financieros (acciones, bonos, divisas, derivados, etc.).

    + El cambio tecnológico se está convirtiendo en la principal "fuerza de producción" del capitalismo de finales del siglo XX y principios del XXI. Ha permitido la financiarización global, ha lanzado nuevas líneas de productos, ha comenzado a sustituir el dinero fiduciario por el digital y ha cambiado radicalmente las relaciones económicas en el trabajo en detrimento de las clases trabajadoras al permitir la generalización del empleo precario, el trabajo gig y, más recientemente, lo que será el desplazamiento de decenas de millones de trabajadores más que se han dedicado a ocupaciones de simple toma de decisiones. Las máquinas de software capaces de automantenerse, autoeducarse, comunicarse en lenguaje natural y reproducirse a sí mismas desplazarán la toma de decisiones por parte del trabajo humano. En 2030, no menos del 30% de todas las ocupaciones del mundo se verán afectadas negativamente.

    + La explotación capitalista de la clase trabajadora se ha intensificado, ampliando tanto las formas tradicionales como las nuevas de explotación laboral. Las formas tradicionales de explotación se han intensificado. También lo han hecho las formas de explotación secundaria, a medida que los capitalistas desarrollan nuevas formas de reclamar y recuperar los salarios pagados anteriormente. Los salarios reales se comprimen con el tiempo y el nivel de vida medio se reduce. La magnitud de los ingresos transferidos del trabajo al capital sólo en los EE.UU. se refleja en las corporaciones Fortune 500 que devuelven a sus accionistas desde 2010 hasta 2019 una cantidad de no menos de 15 billones de dólares en recompras de acciones y pagos de dividendos.

    + La tendencia crónica de menor crecimiento después de 2008, los episodios de inestabilidad de los mercados financieros y las múltiples recesiones -moderadas y profundas- han debilitado la hegemonía del imperialismo estadounidense. A medida que más economías nacionales buscan la independencia económica o se atreven a desafiar esa hegemonía, las élites estadounidenses han respondido de forma cada vez más agresiva y violenta, participando en la desestabilización política interna de los regímenes, empleando confiscaciones directas de activos, sanciones económicas y de otro tipo, e iniciando guerras directamente o por delegación. Estas respuestas de los imperialistas estadounidenses están provocando un mayor lastre para el crecimiento económico mundial y están desestabilizando el comercio mundial y los flujos de divisas.

 + A medida que el sistema capitalista mundial se ha vuelto más inestable económicamente, la inestabilidad política ha seguido a su vez, tanto dentro de los Estados nación capitalistas como entre ellos. El giro a la derecha de los partidos políticos, los movimientos, los medios de comunicación y los gobiernos de los Estados capitalistas se está produciendo en más países de todo el mundo. Las relaciones políticas democráticas se están deteriorando. Las formas de democracia capitalista, incluso limitada, son cada vez menos toleradas por las élites y están siendo neutralizadas o eliminadas. A medida que se desmorona el orden económico neoliberal, también lo hacen las relaciones sociales y políticas basadas en él."                 

(Jack Rasmus es autor de "El azote del neoliberalismo: La política económica estadounidense de Reagan a Trump", Brave New europe, 24/01/23)

8/2/23

El mayor responsable de la "desigualdad" contra los seres humanos es la empresa corporativa, ausente del debate público... los jueces y los legisladores corporativistas han dotado a las empresas de un arsenal de derechos injustos... Los contratos unilaterales de las empresas que te obligan a firmar o a hacer clic te convierten en peones contractuales. La libertad contractual desaparece. Tu estatus se reduce a obedecer las duras imposiciones de bancos, concesionarios de automóviles, compañías de seguros, empresas de tarjetas de crédito, servicios públicos, etc. Intentad escapar e iros a un competidor. Ni hablar. Todos tienen las mismas restricciones, con pequeñas variaciones... Otro poder político derivado permite a las corporaciones planificar y controlar estratégicamente las vidas de los humanos con algoritmos y patentes monopolísticas... El mayor premio de todos para los usos de la desigualdad corporativa dominante sobre las personas reales es el control del Congreso, de las legislaturas estatales, instituciones de los países, ayuntamientos y elecciones, junto con la selección de los jueces... Todos estos impulsos en pos del máximo poder y control están madurando el Estado corporativo, a medida que Wall Street y Washington se fusionan

 "La palabra "desigualdad" está por todas partes en los medios de comunicación. Suele referirse a la raza, el género, los ricos frente a los pobres u otras diferencias entre los seres humanos. El mayor responsable de la "desigualdad" contra los seres humanos es la propia empresa, ausente del debate público.

Desde 1886, cuando un periodista del Tribunal Supremo de EE.UU., en una nota para la opinión del Tribunal, escribió que las empresas poseían los mismos derechos en virtud de la Constitución, los jueces y los legisladores corporativistas han dotado a las empresas de un arsenal de derechos injustos. (La Constitución no menciona en absoluto "corporación" o "empresa").

¿Cómo es eso posible con la 14ª Enmienda que ordena la igualdad de protección ante la ley? Porque esta disposición central de nuestro supuesto estado de derecho no tuvo en cuenta los artificios de los abogados corporativos, los jueces corporativos y los legisladores obligados por las corporaciones.

Las corporaciones creadas por estatutos estatales se consideran "personas artificiales". Estados como Delaware y Nevada han convertido en un negocio lucrativo la creación de empresas en virtud de leyes permisivas que concentran el poder en la cúspide de jerarquías comerciales autocráticas, dejando a sus accionistas-propietarios muy pocas opciones aparte de vender. Desde principios del siglo XIX, los Estados han constituido sociedades anónimas que otorgan a sus accionistas una responsabilidad limitada. Lo máximo que pueden perder es la cantidad de dólares invertidos en las acciones o bonos de su empresa. La historia moderna del derecho de sociedades se dirige ahora a maximizar la responsabilidad limitada de la propia sociedad.

Los siguientes doce ejemplos de desigualdad son escandalosos:

 1.-   La entidad corporativa protege a los propietarios y accionistas de las deudas y otras responsabilidades de la empresa. Sin embargo, los propietarios de empresas individuales no están protegidos personalmente de las deudas o responsabilidades relacionadas con la empresa.

 2.-   Las leyes de quiebra favorecen enormemente a las empresas frente a los particulares. Las corporaciones en quiebra pueden cancelar sus contratos sindicales, están libres de responsabilidades judiciales contra ellas e incluso pueden conseguir que los jueces concedan primas de retención a los ejecutivos culpables para que puedan proporcionar a las partes su supuesta memoria histórica. Luego, en virtud del Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, la empresa, tras haberse desprendido de sus pasivos, puede reorganizarse y volver a funcionar. Si se trata de una gigantesca empresa en quiebra como lo fue General Motors en 2009, su recreación puede obtener muchos miles de millones de dólares de los contribuyentes porque se considera "demasiado grande para quebrar". Comparemos todos estos privilegios con la quiebra de un individuo por muy rico que haya sido. No hay discusión.

3.-    Bajo las leyes penales, las corporaciones tienen enormes ventajas. A diferencia de la mayoría de los individuos que cometen delitos graves, las empresas tienen abogados que las protegen con acuerdos de "no enjuiciamiento" o "enjuiciamiento diferido" en lugar de sanciones penales. A diferencia de los delincuentes individuales, las empresas no pueden ser encarceladas y casi nunca son ejecutadas (es decir, se les retiran los estatutos y se las deja fuera del negocio, a menos que sean pequeños delincuentes empresariales). El ex fiscal general de EE.UU. Eric Holder dijo que los grandes bancos pueden incluso ser demasiado grandes para ser procesados. Mientras tanto, las grandes empresas, que han costado la vida a muchas personas y han enfermado a muchas más, continúan con su alegre afán de lucro. En esta categoría se encuentran las grandes cadenas farmacéuticas, químicas, automovilísticas, petroleras, carboneras y hospitalarias.

 4.-   Las personas lesionadas injustamente que demandan a las empresas en virtud del derecho de responsabilidad civil se encuentran con que las empresas pueden retrasar infinitamente, con sus gastos legales asegurados o deducibles. Las víctimas que están desesperadas por conseguir dinero para pagar las facturas médicas y de otro tipo, no pueden deducir sus gastos legales y pueden no tener seguro. Las corporaciones pueden forzar acuerdos bajos debido a su desigualdad de estatus y poder.

5.-    La desigualdad fiscal es el Niágara de la desigualdad. El tipo impositivo federal máximo para los particulares es del 37% y sólo del 21% para las empresas, antes de una plétora de vacíos legales. ¿Por qué un empresario individual o cualquier individuo tiene que pagar el 37% y enfrentarse a una desventaja económica frente a un competidor que sólo paga el 21%? La respuesta infundada es que existe una clasificación racional para esta injusticia-tontería.

6.-  A diferencia de las personas físicas, las empresas pueden crear sus propias empresas matrices (holdings) con fines evasivos. También pueden crear cientos de hijos (filiales) para eludir todo tipo de cumplimiento de la ley. El paraíso fiscal y no reglamentario de las Islas Gran Caimán tiene miles de sociedades "domiciliadas" allí. Un gran edificio -Ugland House- "alberga" 12.000 sociedades. Los seres humanos de carne y hueso estarían insufriblemente apretados si intentaran acuartelarse con semejantes eficiencias inorgánicas. Hasta la decisión del mes pasado del Tercer Circuito de Apelaciones, que dijo no a los rentables abogados corporativos de Johnson & Johnson, las corporaciones podían crear una filial y poner en ella todas las demandas pendientes de los consumidores perjudicados, declarar la quiebra de la filial y luego dejar a los demandantes perjudicados con pocos recursos. Es lo que se conoce como "Texas two-step", una creación de los abogados corporativos.

 7.-    Los contratos unilaterales de las empresas que te obligan a firmar o a hacer clic te convierten en peones contractuales. La libertad contractual desaparece. Tu estatus se reduce a obedecer las duras imposiciones de bancos, concesionarios de automóviles, compañías de seguros, empresas de tarjetas de crédito, servicios públicos, etc. Intentad escapar e iros a un competidor. Ni hablar. Todos tienen las mismas restricciones, con pequeñas variaciones. Estas largas e inescrutables esposas de letra pequeña exigen que renuncies a tu derecho a acudir a los tribunales para ser juzgado por un jurado de tus iguales.

8.-   Las leyes antimonopolio, poco aplicadas a lo largo de los años, han dado lugar a monopolios o monopolios compartidos, repletos de poderes manipuladores que convierten en una burla un supuesto mercado libre. ¿Qué tal eso de la desigualdad que destruye el derecho y los beneficios de un mercado competitivo?

 9.-   La FCC concede a las empresas licencias de monopolio para controlar 24 horas al día, 7 días a la semana, lo que nos pertenece: las ondas públicas. Las corporaciones de radio y televisión obtienen esta bonanza gratuitamente junto con el poder de decidir quién entra y quién no. Ningún individuo podría tener ese estatus ni impugnar de ninguna manera estas renovaciones de licencias que la corporativizada Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. hace prácticamente automáticas.

 10.-   De estas desigualdades, incrustadas en las leyes desiguales de los prejuicios corporativos, surgen las realidades del poder económico, político y cultural en bruto que intimidan y coaccionan a los simples mortales humanos. Las corporaciones son capaces de sobrevivir y prosperar después de horrendos sobreprecios, crímenes y víctimas: las compañías de opioides y otros medicamentos, la vasta contaminación tóxica del aire, el agua y los alimentos, los crímenes de Wall Street y la explotación de la salud y el bienestar económico de los trabajadores. Como no son humanas, las corporaciones continúan sin sentir las sanciones de la vergüenza social, la culpa o el ostracismo. Los simples humanos no tienen esas escapatorias inherentes.

11.-    Otro poder político derivado permite a las corporaciones planificar y controlar estratégicamente las vidas de los humanos con algoritmos y patentes monopolísticas. Se salen con la suya con un marketing directo que explota a los niños y elude la autoridad de sus padres, rompiendo barreras culturales largamente arraigadas para el juego masivo en línea, y continuando con la discriminación de las mujeres y las minorías, como trabajadoras y consumidoras.

12.-    El mayor premio de todos para los usos de la desigualdad dominante corporativa sobre las personas reales es el control del Congreso, las legislaturas estatales, las juntas de los países, los ayuntamientos y las elecciones, junto con la selección de los jueces. Su ensamblaje de desigualdades legales e ilegales cada vez más arraigadas produce un efecto multiplicador, logrando desigualdades más profundas a medida que el control corporativo sobre el capital, el trabajo, la tecnología y la elección de jurisdicciones aquí y en el extranjero intensifica sus privilegios e inmunidades.

Todos estos impulsos en pos del máximo poder y control están madurando el Estado corporativo, a medida que Wall Street y Washington se fusionan. El presidente Franklin Delano Roosevelt, en un mensaje formal al Congreso en 1938, llamó "fascismo" al control del gobierno por el poder privado. En 1933, el juez del Tribunal Supremo Louis Brandeis escribió una opinión en la que advertía de que las grandes corporaciones se estaban convirtiendo en un "monstruo de Frankenstein" entre nosotros.

Así que, todos los luchadores contra la desigualdad entre las personas saltad a las Grandes Ligas y enfrentaos a los mayores progenitores de las desigualdades de todos: las grandes corporaciones. Agarraos a las raíces si queréis evitar los frutos amargos. Acabad con la cruel explotación que proporcionan estos dobles raseros."  
                      

(Ralph Nader, Brave New Europe, 05/02/23; traducción DEEPL)

12/1/23

¿Quiénes son esos esclavos unidos a los que hace alusión? Los esclavos unidos son la clase trabajadora estadounidense, una enorme masa social que lucha a diario por sobrevivir al neoliberalismo salvaje... sus expectativas se han reducido a intentar cubrir sus necesidades básicas sin tener margen para un traspiés... «Estados Unidos es una corporatocracia, es decir, el poder del estado ha sido transferido a las corporaciones.»... el sadismo define casi todas las experiencias culturales, sociales y políticas de los Estados Unidos... «a medida que las cosas se desmoronan, se abraza el sadismo como una forma de afrontar la hostilidad de un universo indiferente. Una vez roto el vínculo con un objetivo común, una sociedad fracturada se refugia en el culto al yo». Estados Unidos funciona (y a la vez se condena) en pro de un individualismo atroz, en el que no existe un bien común y social, donde prima el lucro y el mantenimiento de un sistema que sólo se sostiene a base de competencia cruel e imperialismo

 "Licenciada en Periodismo por la UAB, master en Televisión por la Universidad Rey Juan Carlos I, Helena Villar trabajó inicialmente en El País y en la Agencia EFE de Barcelona.

Tras cursar el Master, entró a formar parte de Televisión Española –Canal 24 horas, informativos, TVE Catalunya, España directo– hasta noviembre de 2014. Fue entonces cuando pasó a formar parte de la plantilla de RT en español como corresponsal de la cadena en España, hasta que en en junio de 2017 fue nombrada corresponsal en Washington DC, con movilidad por todo Estados Unidos.

Em 2021 publicó en Akal: Esclavos Unidos. La otra cara del American Dream, prologado por Chris Hedges. En él centramos nuestra conversación.

 ¿Quiénes son esos esclavos unidos a los que hace alusión el libro que publicó en Akal en 2021? ¿Por qué habla de la otra cara del American Dream?

Los esclavos unidos son la clase trabajadora estadounidense, una enorme masa social que lucha a diario por sobrevivir al neoliberalismo salvaje. Cautivos de un sistema que lleva apretándoles las tuercas desde el reaganismo, sus expectativas se han reducido a intentar cubrir sus necesidades básicas sin tener margen para un traspiés, debido a que el colchón social en Estados Unidos es prácticamente inexistente. Esto en un contexto en el que afrontan un futuro incierto de un imperio en decadencia. Conscientes de ello, la élite dominante se empeña una y otra vez en reinventar un sistema que lleva numerosas crisis presentando claras muestras de agotamiento, a costa del aumento de las desigualdades y el autoritarismo que lo sustenta.

Una de las preguntas que Pascual Serrano, director de la colección, me hizo en pleno proceso de edición es por qué había escrito «la otra cara» y no «la cara oculta». Mi respuesta fue clara: lo que yo presento en la obra no es un fenómeno que esté escondido, sino una realidad que cualquiera puede comprobar por sí mismo y que además está sustentada por datos, análisis y estudios. Otra cuestión es que la imagen edulcorada que Estados Unidos proyecta al mundo y que consumimos en España a través de los medios de comunicación y de su poderosa maquinaria de ficción sea completamente diferente a la realidad de la gran mayoría de los ciudadanos de este país.

 Chris Hedges abre el prólogo que ha escrito para su libro con estas palabras: «Como deja claro Helena Villar en este libro, el sadismo define casi todas las experiencias culturales, sociales y políticas de los Estados Unidos» (Tampoco usted se queda atrás en el epílogo: «Estados Unidos es la nación de la libertad que solo da el tener dinero, de la prosperidad de unos pocos y, más bien, de la pesadilla para la minorías y clase trabajadora en general»). ¿Sadismo no es palabra exagerada? Si fuera ajustada, ¿cómo consiguen tanto apoyo ciudadano las instituciones de una sociedad con esa característica?

 Como Chris Hedges ha tenido completa libertad a la hora de escribir el prólogo y es él quien utiliza esa palabra, supongo que esta sería más bien una pregunta para él. Sin embargo, creo que es un ángulo de apreciación muy acertado. Tal y como él explica parafraseando a Johan Huizinga, «a medida que las cosas se desmoronan, se abraza el sadismo como una forma de afrontar la hostilidad de un universo indiferente. Una vez roto el vínculo con un objetivo común, una sociedad fracturada se refugia en el culto al yo». Estados Unidos funciona (y a la vez se condena) en pro de un individualismo atroz, en el que no existe un bien común y social, donde prima el lucro y el mantenimiento de un sistema que sólo se sostiene a base de competencia cruel e imperialismo. En este sentido, ser capo o colaboracionista de la corporatocracia dominante se convierte en la mayor aspiración de dicha masa social para salir de cualquier sector de la población condenado por el sistema.

Respecto al apoyo institucional, la realidad es que la democracia estadounidense y las instituciones que la sustentan se enfrentan a una crisis de credibilidad. Desgranar las condiciones de cada una de ellas me tomaría bastante tiempo y líneas, pero sirvan algunos datos como ejemplo: 7 de cada 10 estadounidenses abogan por el fin del bipartidismo, la confianza en la Corte Suprema está en mínimos históricos, son más los ciudadanos que desconfían de los medios de comunicación tradicionales que los que no, y los índices de apoyo presidenciales raramente superan el 50%.

Muy, pero que muy significativos, y no muy conocidos.

A la vez, es cierto que la idea abstracta de Estados Unidos como el mejor país posible es una afirmación compartida a nivel interno incluso por los más pobres y castigados. Existen numerosos factores que lo explican y desgrano en el libro, como los altos índices de religiosidad en lo que consideran «la nación de Dios», el mantra de que es «la tierra de la abundancia» y la creencia de la libertad salvaguardada por el ejército. Todos estos mitos, que sustentan a esta nación y han sido impuestos a fuego, sangre e ignorancia, pueden ser fácilmente desenmascarados. Creo que uno de los mecanismos que mejor explican su mantenimiento es, volviendo al inicio de esta respuesta, el ultra individualismo. Frente a la venta continua de una nación perfecta, donde todo se reduce al yo y ese yo, siendo cualquiera, puede triunfar; cuando el sujeto fracasa jamás culpa al estado o al sistema. Esto se traduce, por ejemplo, en unos índices de suicidio, drogadicción y alcoholismo masivos. De nuevo, datos y realidad frente a percepciones y propaganda.

En la misma línea: ¿cómo es posible que un régimen político y social de estas características tenga tanta aceptación internacional? Para muchos ciudadanos del mundo USA sigue siendo algo así como el Paraíso terrenal (o metáfora afín)

 La mayoría de los ciudadanos desconocen los mecanismos necesarios que mantienen el sistema capitalista en el que viven, muchos ni siquiera han oído hablar de imperialismo en su vida y todos están expuestos permanentemente a la propaganda que valida dicho sistema. Dicha propaganda se centra en reforzar mitos y folclore y destacar logros, minimizando los problemas sistémicos y generales. Fuera de este país, todos conocemos a pies juntillas cómo son las cafeterías y moteles de carretera, los espectaculares fuegos artificiales del 4 de julio, los apartamentos compartidos por veinteañeros en Nueva York o las juergas de Las Vegas; pero estoy segura de que, si hiciéramos una encuesta, muchos desconocen que en Estados Unidos no hay bajas por enfermedad o maternales garantizadas por ley o que un elevado porcentaje de estadounidenses no saben ni lo que son las vacaciones.

Coincido con su apreciación, yo mismo desconocía algunas de esas situaciones. (...)

 Esclavos Unidos no es un libro antiamericano, como tampoco lo son mis directos, reportajes o especiales de la corresponsalía. De hecho, Esclavos Unidos es un canto y un reconocimiento a la clase trabajadora estadounidense. A sus derrotas, pero también a su resistencia. También es una obra de aviso al resto de trabajadores que viven en países cuyas principales fuerzas políticas básicamente se centran en replicar el modelo estadounidense. Es una advertencia sobre lo que está por llegar o ya están adoptando, que dista bastante de lo que consumen en Netflix.

Desde su punto de vista, ¿Estados Unidos es un país plenamente democrático? ¿Qué tipo de democracia es la democracia usamericana?

Estados Unidos es una democracia con grandes fallas sistémicas que no sólo no trata de enmendarlas, sino que trabaja por reforzarlas y eliminar cualquier atisbo de progreso en ese sentido. Estados Unidos es una democracia que durante el pasado medio siglo ha trabajado para restringir el derecho al voto, con la aprobación de leyes de supresión de votantes, manipulación y redistribución de distritos electorales o ampliación de dificultades para ejercer dicho derecho. Esto, en un contexto cuyo principal enemigo de dicha democracia es el propio sistema electoral, de carácter indirecto. En el libro explico largo y tendido en qué consiste pero, básicamente y a modo de resumen, se trata de una democracia en la que puede llegar a la presidencia quien ni siquiera ha obtenido el mayor número de votos por parte de la ciudadanía.

Efectivamente, lo hemos visto en varias elecciones presidenciales.

Por si fuera poco, la representación en el Senado, cámara legislativa por excelencia, es extremadamente injusta y dispone de mecanismos tan viciados, antidemocráticos y reaccionarios como el llamado filibusterismo. Todo esto, en un contexto en el que el bipartidismo está completamente blindado y el acceso a la carrera política, salvo contadas excepciones, es imposible sin una enorme estructura financiera detrás, que sólo se obtiene o bien mediante la fortuna individual (élites jugando a la política) o con las corporaciones/lobbies apostando por ti como caballo ganador (y posteriormente cobrándose la apuesta en forma de políticas afines a sus intereses).

El título de su prefacio: «La tormenta perfecta. Cómo la COVID-19 desnudó la crueldad del sistema». ¿Sigue desnudo el sistema a día de hoy?

Inicié la escritura del libro antes del estallido de la pandemia. Cuando llegó, entendí que debía tratarla mínimamente, pero intentando explicar que la COVID simplemente supuso acelerar o poner de manifiesto los problemas sistémicos que este país ya padecía y que sigue padeciendo. De este modo, escogí una de las semanas fatídicas en cuanto a los efectos de la misma en Estados Unidos para elaborar una especie de introducción y dar algunas pinceladas de los temas que posteriormente iba a tratar en el libro. En esa introducción se habla del catastrófico sistema de salud de este país, del uso de los fondos públicos como instrumento de apoyo a las corporaciones y la élite en lugar de redistribución de la riqueza para combatir la desigualdad, de la masa de esclavos abocada a trabajar en condiciones precarias que pueden llevarles a la muerte, de las crueles condiciones de la enorme masa social encarcelada o de la superficialidad y fragilidad de cualquier mínima esperanza de cambio progresista (ni siquiera de izquierdas), entre otros temas.

Usted que ha vivido en tierras americanas en ambas presidencias, ¿observa diferencias sustantivas entre el EEUU trumpista y el EEUU bidenista?

Empecé a escribir el libro con la idea de que se publicara de cara a las elecciones presidenciales pero, debido a la pandemia y la maternidad, me fue imposible. Sin embargo, en seguida me alegré de que no hubiera sido así porque uno de los mitos que pretendo derribar es el de achacar todos los males de este país a Donald Trump. Siguiendo con el símil médico, la realidad es que Trump tan sólo supuso un síntoma llamativo de la verdadera enfermedad: el neoliberalismo capitalista. Fue utilizado como muñeco de feria para expiar males que son sistémicos y producto del sistema, tal y como desgrano en el libro. A su vez, también sirvió para canalizar una respuesta populista, en este caso de derechas, a la frustración y descontento crecientes en amplias masas de la sociedad estadounidense.

Demócratas y republicanos son dos caras de la misma moneda. Los primeros son más de guardar formas, apostar por discursos elocuentes que luego no llegan a nada o cooptar pulsiones progresistas para posteriormente neutralizarlas en el aparato del partido. Es imposible un cambio de izquierdas en un sistema político alimentado y sostenido por corporaciones y blindado en pro y para la élite. Para hacernos una idea, ante la debacle social y económica derivada de la pandemia, y con un legislativo y un ejecutivo demócratas, Joe Biden no ha sido siquiera capaz de aprobar su gran promesa de campaña (es decir, mecanismo de contención de explosión social) y principal punto en su agenda: la ley social Build Back Better. Un proyecto de ley fallido que ya llegó a votación con grandes recortes a la par que concesiones. La segunda mayor partida del mismo era una bajada de impuestos a clases pudientes y ni aún así, es decir, ni sobornando a los ricos, ha sido capaz de avanzar una mínima agenda social.

Tomo una idea de Erich Fried: ¿quién manda realmente en Estados Unidos en su opinión? ¿El Gran Hermano Amazon, Elon Musk, Google, Apple, Bill Gates,..? ¿El complejo militar-industrial? ¿El Pentágono? ¿Todos ellos?

Estados Unidos es una corporatocracia, es decir, el poder del estado ha sido transferido a las corporaciones. A esto se le añade que, en las últimas décadas y con el de aumento de la desigualdad, el país se ha convertido básicamente en una suerte de plutocracia. Es decir, una forma de oligarquía en la que el gobierno está en manos de la clase acaudalada y dominante, aquellos que controlan dichas corporaciones. La barrera entre el estado y lo privado prácticamente se ha esfumado.

 Sirva como ejemplo el Pentágono. Defensa es la mayor partida presupuestaria del país, representando más de la mitad del total del desembolso. Básicamente, se trata de transferir la mayor parte de los impuestos recaudados a la ciudadanía al engorde de un enorme sistema de empresas contratistas militares y, a su vez, la que quizá sea una de las mayores burocracias del planeta: el Pentágono, que a su vez actúa como intermediario para estas empresas. Uno de los puntos que mejor ilustra el hecho de que la corporatocracia apuntala y trasciende al bipartidismo de este país, es que tanto el actual secretario de defensa de la Administración Biden como el anterior, de la Administración Trump, salen del mismo sitio: de una de estas empresas, concretamente de Raytheon.

Otro de los grandes mitos de defensa de la democracia estadounidense es la separación de poderes y su mecanismo de ‘checks and balances’, que podríamos traducir como frenos y contrapesos. Sin embargo, más allá de las disputas que puedan surgir entre ejecutivo, legislativo y judicial, la realidad es que todo el sistema se asienta sobre el capital, por lo que a la larga y en caso de conflicto, siempre se resolverá en favor de éste, aunque normalmente sea contrario al interés general. Incluso cuando un individuo o grupo social logra ganar en tribunales a corporaciones o industrias, en la mayoría de los casos el litigio siempre se resuelve con el pago de multas que suelen ser inferiores a los beneficios recogidos durante la perpetuación del daño. En el libro pongo como ejemplo a los fabricantes de opiáceos.

El movimiento social que está detrás de Bernie Sanders, ¿representa en su opinión una alternativa de izquierdas y con futuro?

El movimiento social detrás de Bernie Sanders tuvo una importancia enorme en las dos anteriores elecciones presidenciales a la hora de demostrar la dimensión del descontento entre las masas populares estadounidenses y dar forma a ciertas reivindicaciones que estaban diluidas en diferentes organizaciones civiles. Sin embargo, tras lo sucedido, creo que lo más importante del fenómeno Sanders fue poner en claro las limitaciones del sistema político estadounidense. Sirvió para revelar que está diseñado para garantizar que ninguna salida populista triunfe por la izquierda, tal y como explico en el libro. Para ello, ni siquiera hay que desplegar una gran ofensiva desde la derecha; la reacción más peligrosa y efectiva surge desde el propio aparato político y mediático del establishment demócrata. Me gustaría decir que la clase dirigente sintió la presión, tomó nota y se consiguieron concesiones. Desgraciadamente no ha sido así. No obstante, sí me gustaría reconocer que el fenómeno sirvió para generar conciencia en determinados asuntos, como la importancia de la sindicación y, en respuesta a la parálisis política, se están dando una serie de intentos por impulsarla entre los trabajadores en determinadas industrias y empleos tradicionalmente muy precarios.

En cuanto a Sanders…

Creo oportuno aclarar que Bernie Sanders puede ser considerado de izquierdas desde una perspectiva estadounidense pero, fuera de los marcos de este país, Sanders no deja de ser un socialdemócrata progresista que a nivel discursivo en política exterior nunca ha supuesto una verdadera ruptura con el imperialismo y compra el concepto del enemigo exterior ruso/chino.

Le cito de nuevo: «La macabra paradoja es la siguiente: no hay nación en el planeta que gaste más dinero en atención médica. El gasto en salud por persona en Estados Unidos fue de 10.224 $ en 2017, un 28% más alto que Suiza, el siguiente de la lista, una diferencia que se ha agrandado a lo largo de las últimas cuatro décadas». ¿A qué vienen entonces las críticas que suelen hacerse, y que usted también hace, al sistema médico usamericano? A mayo gasto médico, mayor calidad y más protección ciudadana. ¿No es eso?

Esa última frase es falaz. Sería lógica si no fuera porque, tal y como explico en el libro, el sistema de salud estadounidense, donde no existe el acceso gratuito ni universal, es un enorme fraude en el que las burbujas de precios, los abusos a los clientes y los sobrecostes con la connivencia estatal son el pan de cada día. El resultado no es sólo la imposibilidad de contabilizar el número de muertes por falta de atención médica, sino la ausencia de voluntad política para hacerlo. Sin embargo, sí sabemos, por ejemplo, que Estados Unidos registra el número más alto de muertes evitables por servicios médicos entre países homologables por PIB, o que medio millón de familias se declaran en bancarrota anualmente por no poder hacer frente a las facturas médicas. En Estados Unidos, 4 de cada 5 diabéticos han contraído una deuda media de nueve mil dólares poder hacer frente al pago de la insulina que necesitan para vivir. ¿Cómo se explica? Básicamente porque el lobby farmacéutico tiene comprado el Congreso, siendo la mayor puerta giratoria entre los representantes públicos estadounidenses.

 Habla usted del caballo de Troya de las escuelas chárteres. ¿Qué escuelas son esas? ¿Por qué son un caballo de Troya?

Las escuelas chárteres son similares a las escuelas concertadas en España, pero con importantes diferencias. Reciben fondos gubernamentales pese a operar de manera independiente respecto al sistema escolar del estado de turno y, en el caso de Estados Unidos, están exentas de muchas regulaciones a las que se somete a la pública, desde los planes de estudio hasta las condiciones laborales de los profesores (aquí hay que recordar el muy desregulado marco laboral estadounidense).

Tal y como relato en Esclavos Unidos, en la práctica supone alertar un sistema educativo con disparidad de contenido y método (es decir, establecer diferencias educativas entre alumnos del mismo nivel en función de la escuela a la que acuden) o que las directivas marquen las condiciones del trabajo ante la práctica ausencia de un control efectivo sobre el uso de dichos fondos públicos. Esto se da, a la vez, en un contexto de recortes brutales y falta de atención a las escuelas públicas que dura ya décadas. Por lo tanto, cada vez que una de estas escuelas abre al lado de una pública, ésta pierde alumnos y como consecuencia directa, dinero. Diversos análisis muestran que el drenaje de dichos fondos deja a la pública en la estacada, porque tiene que seguir manteniendo diversos costes fijos mientras pierde en pro de las chárteres, que al final no son más que financiación pública de un instrumento para desregular y reventar poco a poco el maltrecho sistema público. (...)"              (Entrevista a Helena Villar, Salvador López Arnal, Espai Marx, 18/12/22)