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21/11/23

Es la época de la grieta, como la han apodado gráficamente los argentinos... Las divisiones ideológicas crean el trasfondo adecuado para que los partidos políticos pongan el foco en la identidad, en el nosotros frente a ellos. Hoy la sociedad española está mucho más preparada para el conflicto de identidades, entre las izquierdas y las derechas, por ejemplo, que hace una década... La política partidista se está erigiendo en este contexto en una parte central de nuestras identidades, y esto magnifica muchas tendencias psicológicas y sociales. Por ejemplo, numerosos estudios han mostrado que la polarización disminuye el deseo de llegar a compromisos... Nos enfrentamos a una nueva etapa de la historia en la que la clave es la división política y social

 "Una buena parte de la sociedad española está harta de la política. Uno podría decir que esta afirmación representaba el estado de ánimo del país también hace diez, veinte y ochenta años, y, efectivamente, hay motivos para que ese hartazgo perdure en el tiempo. Pero otros no, y surgen nuevos elementos que hacen que la sensación de crisis política actual sea distinta.

De eso va este libro, de qué hay de especial en esta vuelta a la política como problema. La tesis central del libro es que la sociedad española se encuentra cada vez más dividida, no sólo en el plano ideológico, sino también en otros que no ocupan tanto espacio en los telediarios, como el de las creencias, los valores, las emociones o los deseos acerca de lo que queremos que sea la política. La ciudadanía española está dividida en bloques ideológicos cada vez más compactos, y esto crea el caldo de cultivo para la confrontación, primero entre las élites políticas y, después, si nada lo remedia, entre la ciudadanía. Son demasiados los ejemplos de países que aún consideramos democráticos y que se hallan al borde del conflicto civil para que ignoremos las peores consecuencias del creciente enfrentamiento político en España.[…]

He querido empezar mi relato sobre la creciente división política en España por la parte que menos se ve de la polarización: el alineamiento de las divisiones ideológicas y políticas de los españoles con otras divisiones sociales, como la religión o las preferencias por determinadas políticas públicas. Otros comienzan por la parte más visible del conflicto político contemporáneo: el aumento de los malos modos en la política, los insultos, la deslegitimización o deshumanización del adversario político, la falta de acuerdo o la crispación. De todo me ocuparé más adelante, pero antes quiero dejar claro por qué empiezo por las diferencias ideológicas y sociales. Los malos modos en política son especialmente dañinos en situaciones donde la población está dividida en identidades políticas enfrentadas.

El problema no es la competición partidista, incluso cuando esta adopta un tono bronco y desagradable, sino que, si la sociedad está dividida en bloques homogéneos en términos ideológicos y sociales, la bronca se magnifica y alcanza cuestiones personales, lo que llamaré en el tercer capítulo la identidad personal. Las divisiones ideológicas crean el trasfondo adecuado para que los partidos políticos pongan el foco en la identidad, en el nosotros frente a ellos. Hoy la sociedad española está mucho más preparada para el conflicto de identidades, entre las izquierdas y las derechas, por ejemplo, que hace una década.

La política partidista se está erigiendo en este contexto en una parte central de nuestras identidades, y esto magnifica muchas tendencias psicológicas y sociales. Por ejemplo, numerosos estudios han mostrado que la polarización disminuye el deseo de llegar a compromisos, reduce de igual modo el efecto de la información objetiva sobre la formación de nuestras opiniones, aumenta todo tipo de desigualdades sociales e incluso puede contribuir a empeorar la situación económica. En última instancia, el problema es que, en un país profundamente dividido, la política ya no va de alcanzar los mejores resultados colectivos, sino que va de ganar. El objetivo es que los nuestros ganen, aunque eso tenga un coste para toda la sociedad. Las victorias no son sobre nuevas conquistas individuales o sociales, sino fundamentalmente sobre quién gana la partida.

Una vez que la política va de identidades es muy difícil revertir esta tendencia, porque los humanos estamos diseñados para el conflicto. En realidad, desde un punto de vista psicológico, los humanos somos víctimas de dos pulsiones que podrían parecer contradictorias: la pulsión de la inclusividad y la de la exclusividad. La formación de identidades políticas excluyentes nos permite satisfacer al mismo tiempo estas dos pulsiones. Nos sentimos parte de un grupo político homogéneo y, al mismo tiempo, excluimos a esos adversarios políticos que ahora se convierten en nuestros enemigos. En última instancia, se alcanza una situación en la que preferimos un mal generalizado si nuestros enemigos están aún peor. Todo va de quién gana y quién pierde.

La evidencia que tenemos acerca de un incremento de la confrontación política en el campo de los afectos y las emociones en España es limitada, pero cuando existe apunta en la misma dirección de las diferencias ideológicas mostradas más arriba. Una de las pocas comparaciones que podemos hacer es sobre los sentimientos que despiertan los líderes de los distintos partidos entre los ciudadanos. Desde el año 2011, ha aumentado la diferencia entre los sentimientos positivos que tenemos hacia los líderes de los partidos con los que nos identificamos y los sentimientos que nos despiertan los líderes de otros partidos con los que no nos identificamos.

En concreto, esta diferencia aumentó un 30 por ciento entre 2011 y 2015, y, aunque en 2019 había bajado algo este indicador de polarización, seguía siendo más de un 20 por ciento mayor que en 2011. De hecho, la mayor diferencia de los últimos veinticinco años entre los sentimientos que nos despiertan líderes propios y ajenos se da en las elecciones de 2015 y abril de 2019. En una década donde las diferencias ideológicas y sociales han aumentado tanto, también lo ha hecho la confrontación en el plano de los sentimientos. No sólo se están configurando dos bloques político-ideológicos con los que los ciudadanos se encuentran cada vez más identificados de forma exclusiva, sino que está incrementándose la animadversión sentimental entre los dos bloques.

No somos una isla

La creciente división ideológica y emocional en la política española no es una excepción en el contexto internacional. Valgan cinco ejemplos recientes. El jueves 23 de junio de 2016, un 52 por ciento de los participantes en el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea vota a favor de abandonar la Unión y un 48 por ciento vota a favor de la permanencia. Desde ese momento, la política británica quedaba profundamente dividida, los cambios de gobierno no han dejado de sucederse, la economía británica se llena de nubarrones en 2023 y las encuestas pronostican que el Partido Conservador, defensor del Brexit, se hundirá electoralmente como nunca antes.

El miércoles 6 de enero de 2021, seguidores del todavía presidente saliente, Donald Trump, asaltan y ocupan durante varias horas la sede del Congreso de Estados Unidos. Este asalto le puso cara a algo de lo que cada vez se habla más abiertamente en el país norteamericano: la posibilidad de un conflicto civil que enfrente a los dos bandos ideológicamente opuestos.

El jueves 1 de septiembre de 2022, un atacante intenta disparar en plena calle contra la vicepresidenta de Argentina, Cristina Kirchner. Todos los comentaristas culpan a la extrema polarización que se ha instalado durante décadas en el país y que se conoce popularmente como la grieta.

El domingo 4 de septiembre de 2022, un 62 por ciento de los participantes rechazan el texto de la nueva constitución propuesta por la convención nacional en Chile. La principal conclusión de este rechazo, también entre los partidarios del presidente progresista Gabriel Boric, es que la nueva propuesta de constitución era demasiado de izquierdas para la mayoría del electorado chileno.

Finalmente, el domingo 30 de octubre de 2022, el candidato Jair Bolsonaro alcanza, contra pronóstico, más del 49 por ciento del voto en las elecciones presidenciales en Brasil. A pesar de la victoria de Lula da Silva y el cambio democrático de gobierno, el país más poblado de Sudamérica queda dividido en dos ideologías políticas enfrentadas que amenazan con cuestionar los resultados electorales y la propia legitimidad del sistema democrático.

Estos cinco hechos responden a países y situaciones históricas muy distintas, y, sin embargo, todos han sido señalados como ejemplos de lo que hoy llamamos polarización política. Desde luego, España no es una isla y lo que voy a contar en este libro tiene su reflejo en muchos otros países y territorios del mundo. Nos enfrentamos a una nueva etapa de la historia en la que la clave es la división política y social. Es la época de la grieta, como la han apodado gráficamente los argentinos."              

(Luis Miller, ethic, 15/11/23; Extracto del libro ‘Polarizados, la política que nos divide’ (Deusto, 2023) de Luis Miller)

8/2/23

Radicalización violenta: ¿qué está pasando en Estados Unidos? Que es la cuna de más de 1.700 grupos que justifican el odio, e incluso la violencia, contra otros colectivos. Están inspirados en ideologías muy diversas que van desde el nacionalismo cristiano, el supremacismo blanco y la defensa armada antigubernamental (más conocidos simplemente como Militia), hasta el supremacismo negro y el islamismo violento

 "(...) La radicalización violenta se puede estudiar empíricamente desde diferentes ángulos. Dos de estas perspectivas empíricas, en ocasiones contrapuestas, son: por un lado, el análisis de la trayectoria que siguen los individuos que terminan actuando violentamente con fines políticos bajo el paraguas de una organización terrorista que puede operar desde el exterior; y, por el otro, el examen de los factores macrosociales que conducen a la radicalización violenta de organizaciones con fines políticos.

Teniendo en cuenta la segunda perspectiva, la vulnerabilidad de Estados Unidos ante el terrorismo está relacionada con cuatro grandes factores que no se dan, en su totalidad, en otros contextos nacionales:

- La existencia de más de 1 700 grupos legales en el país que el prestigioso Southern Poverty Law Center califica como “extremistas” o “de odio”.

- La polarización rampante de la política norteamericana.

 - Los agravios subjetivos aducidos por múltiples colectivos ante el comportamiento geoestratégico del país en la escena internacional, en general, y en su lucha contra el terror, en particular.

- La grandísima densidad poblacional y desigualdades de ciudades como Nueva York.

Grupos extremistas y de odio

Estados Unidos es la cuna de más de 1 700 grupos que justifican el odio, e incluso la violencia, contra ciertos colectivos. Estos están inspirados en ideologías muy diversas que van desde el nacionalismo cristiano, el supremacismo blanco y la defensa armada antigubernamental (más conocidos simplemente como Militia), hasta el supremacismo negro y el islamismo violento. Muchos de estos grupos estarían prohibidos en Europa. De hecho, Canadá tiene en la lista de organizaciones terroristas a algunos, como los Proud Boys o los Three Percenters.

 Sin embargo, la primera y segunda enmienda de su constitución blindan, en primer lugar, el derecho a la libertad de expresión y, en segundo, el derecho a portar armas y a autodefenderse. Ambos derechos generarían las condiciones para que no se vete ningún tipo de ideología, incluso las violentas o de odio, puesto que caerían en la esfera del pensamiento y la expresión; y para que las armas estén a disposición de grupos que pueden considerar al Estado como una amenaza de la que defenderse.

La polarización estadounidense

En Europa se considera que las democracias pueden amortiguar cierto grado de polarización. Además, se plantea que la polarización real de la población puede diferir de la creciente polarización política. Por ello, la polarización y la radicalización violenta se estudian por separado y rara vez se ve a la primera la causa de la segunda.

En Estados Unidos, donde la representación política de la ciudadanía se canaliza históricamente a través de dos únicos partidos que han buscado diferenciarse apelando a las emociones y a la identidad, y donde existe gran número de grupos violentos con quienes los partidos también quieren conectar (a fin de ampliar la base de su electorado), la polarización se relaciona de manera mucho más directa con la radicalización violenta que en Europa.

La movilización violenta de los agraviados

Desentrañar las causas de la radicalización violenta no es tarea fácil. Se concitan sincrónicamente y de manera incoherente múltiples causas estructurales, diversas motivaciones y dinámicas relacionales complejas.

En un estudio comparativo monumental del yihadismo, la extrema derecha y la extrema izquierda mundiales, el exasesor del Gobierno holandés en materia de prevención de la radicalización violenta, Kees Van Den Bos, abunda sobre el papel que la sensación de agravio e injusticia desempeña como detonante de la violencia política, en ausencia de mecanismos de control emocional efectivos.

Si el supuesto que plantea Van Den Bos es cierto, la intervención de Estados Unidos en conflictos internacionales sangrantes recientes (tales como los 20 años de Afganistán, los más de 15 en Irak, las intervenciones desestabilizadoras de Libia y Siria y el enquistado conflicto de Yemen); las ejecuciones extrajudiciales en su guerra contra el terror, ya sea a través de operaciones especiales violando soberanía y coordinadas desde el extranjero (Bin Laden en Pakistán, 2011) o mediante drones (Al Zahahiri en Kabul, 2022); sus tensiones con países como Rusia o Irán; y la búsqueda, en ocasiones, de su interés nacional por encima del bien común, han suscitado la sensación de agravio en muchos países y colectivos dentro y fuera de Estados Unidos, lo que le convierte en blanco prioritario de objetivos terroristas.

La gran densidad de las ciudades

La densidad poblacional dentro de un territorio, la coexistencia de culturas diversas en un espacio reducido, las desigualdades y la degradación medioambiental de los barrios son factores clave de radicalización. Muchas ciudades de Estados Unidos reúnen estas condiciones.

Por ello, estos entornos, a pesar de estar en condiciones de cuasi militarización, son altamente vulnerables. Por un lado, tener bajo control a la población de una ciudad de más de diez millones de habitantes es imposible. Por el otro, ciudades con grandes desigualdades sociales y económicas y contrastes, con segregación poblacional de facto, favorecen la radicalización, más allá de su tamaño.

Nueva York es solo símbolo de un poder aparente que disimula la vulnerabilidad. Además, desafortunadamente, cuando en lugares como las calles de Manhattan todo es espectáculo y consumo, algarabía y desenfreno, distraerse con el break dance callejero, los encantadores de serpientes espontáneos y la constatación de la prostitución y opresión de la mujer (a través, por ejemplo, de la publicidad en vivo de bares de barra americana) es más probable que atender a las dinámicas sobrias de seguridad."                       (Sergio García Magariño, Contrainformación, 19/08/22)

5/1/23

En la ceremonia de los Óscar, un actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está dejando de existir... Incluso los actores tienen problemas para distinguir la realidad de la ficción

 "EL FIN DEL HUMANISMO.

 En la ceremonia de los Óscar, un actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está dejando de existir. No se entiende. Incluso los actores tienen problemas para distinguir la realidad de la ficción. 

De manera que, en ausencia de esa distinción, todo es no-ficción. Todo (...) tiende a ser, por tanto, cierto, por lo que desaparece lo no cierto, el arte… la ironía. El siglo XXI puede ser, si nadie se ríe, una suerte de siglo IV, en el que desapareció el 90% de la cultura anterior.  Por lo mismo, empieza a ser una buena época para las culturas reaccionarias. (...)"           (Guillem martínez, CTXT, 31/12/22)

11/10/22

La Masacre de Elaine, ocurrida en 1919 en Arkansas

 "Hace poco más de un siglo, el 30 de septiembre de 1919, un grupo de aparceros afroestadounidenses se congregó en la localidad de Elaine, estado de Arkansas, en el fértil delta del río Misisipi, con motivo de asistir a una reunión sindical…

Solo una o dos generaciones después del final de la esclavitud, estos aparceros se estaban organizando para reclamar un reparto justo de los ingresos provenientes de las cosechas que cultivaban. Enfurecidos por la lucha de estos agricultores negros contra la miseria a la que se los sometía, una patrulla de hombres blancos armados atacó a los aparceros que se habían congregado en la reunión. 

Hubo disparos y uno de los hombres blancos resultó muerto. Lo que siguió después es conocido como la “Masacre de Elaine”. Cientos de afroestadounidenses de Elaine fueron masacrados por una turba violenta de hombres blancos, que probablemente contó con la ayuda de las fuerzas de seguridad y las tropas federales. Los historiadores estiman que murieron no menos de 200 residentes negros en esos trágicos hechos: hombres, mujeres y niños. Ninguna persona blanca rindió cuentas ante la justicia por lo sucedido.

Esa no era la primera vez que los racistas aterrorizaban a la población negra de Elaine. En 1916, Silas Hoskins fue linchado en esa localidad. Hoskins era un próspero propietario de un bar frecuentado por afroestadounidenses. Personas blancas que codiciaban el negocio de Hoskins lo amenazaron varias veces de muerte. Una noche, Silas no retornó del trabajo. Lo habían linchado. En ese entonces vivía con Hoskins un sobrino suyo de 9 años de edad, Richard Wright, que luego se convirtió en uno de los escritores estadounidenses más influyentes del siglo XX. Wright plasmó en sus obras las experiencias de la comunidad negra, especialmente en la novela ”Hijo de esta tierra” y en el libro autobiográfico “El chico negro” (Black Boy).

En “El chico negro”, Richard Wright describe los momentos posteriores al asesinato de su tío Silas Hoskins:

“No hubo funeral. No hubo música. No hubo período de luto. No hubo flores. Solo hubo silencio, llantos silenciosos, susurros y miedo. No supe cuándo ni dónde habían enterrado al tío Hoskins. A la tía Maggie ni siquiera se le permitió ver el cuerpo ni pudo reclamar ninguno de sus bienes. Simplemente habían arrancado al tío Hoskins de nuestras vidas, y nosotros cometimos el error de mirar para otro lado, para evitar mirar de frente a ese terrorífico y candente rostro blanco que sabíamos que se cernía sobre nosotros. Esa fue la vez que sentí más de cerca el terror blanco y mi mente quedó en shock. ‘¿Por qué no nos defendimos?’, le pregunté a mi madre. El miedo que había en ella hizo que me silenciara con una bofetada”. Wright se vio obligado a huir de la ciudad junto con su familia.

Luego vino la Masacre de Elaine. En conversación con Democracy Now!, Paul Ortiz, profesor de historia de la Universidad de Florida, contextualizó la masacre de 1919:

“El precio del algodón estaba en aumento. Pero lo más importante es que la población afroestadounidense estaba logrando grandes avances y mejoras económicas como propietarios de tierras en lugares como Elaine, en [la franja denominada] Cinturón Negro de Alabama, en el norte del [estado de] Florida, en todo el sur [de Estados Unidos]. Y debido a estos avances y al papel que los afroestadounidenses desempeñaron en la Primera Guerra Mundial, las expectativas [de la población negra] iban en aumento. La estructura de poder blanca se movilizó contra las crecientes aspiraciones [de la población negra]”.

Doce hombres afroestadounidenses fueron juzgados tras la masacre. Un jurado compuesto exclusivamente por personas blancas los sentenció a muerte después de solo unos minutos de deliberación. La legendaria activista y periodista afroestadounidense Ida B. Wells viajó a Elaine para solidarizarse con ellos e informar sobre su lucha. Los hombres condenados apelaron la sentencia, argumentando que se habían violado sus derechos al debido proceso consagrados en la Decimocuarta Enmienda de la Constitución. En 1923, en el caso “Moore contra Dempsey”, la Corte Suprema de Estados Unidos falló a favor de los condenados y aseguró una mayor protección para las personas negras del sur del país que estaban siendo sometidas a juicios y jurados dominados por supremacistas blancos. El caso sentó un precedente crucial, que condujo a algunas de las victorias legales más importantes de la época del movimiento por los derechos civiles en las décadas siguientes.

La hija de Richard Wright, la poetisa Julia Wright, quien describe el asesinato de su tío abuelo Silas en 1916 como “el canario negro en la mina de carbón” —es decir, como una advertencia anticipada de lo que se avecinaba—, dijo a Democracy Now!: “Silas Hoskins tuvo un peso enorme en la vida de mi padre. Su linchamiento puede verse como un hilo, un hilo rojo ardiente, que hilvana prácticamente todas sus obras”.

A principios de este año, se recogió tierra del lugar donde se cree que Silas Hoskins fue linchado. Dos frascos con la tierra recolectada fueron trasladados de Elaine a la ciudad de Montgomery, Alabama, para exhibirlos en el Proyecto de Memoria Comunitaria de la organización Equal Justice Initiative. En dicho proyecto, más de 800 frascos de vidrio con tierra extraída de sitios de linchamiento conmemoran esas terribles prácticas que asolaron a Estados Unidos durante tanto tiempo. 

Los frascos se encuentran en el Museo del Legado en Montgomery, un museo que muestra de una manera impactante la transición de la época de la esclavitud a la situación actual del encarcelamiento masivo de personas como herramientas clave utilizadas para oprimir a la población afroestadounidense. Fundada por el activista contra la pena de muerte y abogado defensor Bryan Stevenson, la organización Equal Justice Initiative está también a cargo del Monumento Nacional por la Paz y la Justicia, una amplia instalación al aire libre que conmemora, de una manera profundamente conmovedora, a las miles de víctimas de los linchamientos ocurridos en Estados Unidos.

Actualmente se están construyendo en Elaine, Arkansas, el Museo Elaine y el Centro por los Derechos Civiles Richard Wright para preservar la memoria de la terrible matanza ocurrida en esa localidad y continuar con el legado de las luchas por la equidad y la justicia racial que siguieron a la masacre. El debate sobre el racismo y las medidas de reparación debe continuar y profundizarse en todo el país."                 ( Amy Goodman - Denis Moynihan , Rebelión, 08/10/2022)

29/11/21

J.K. Rowling o la coherencia feminista frente a la amenaza... recibe amenazas por decir que el sexo biológico existe

 "Tres transactivistas publican una foto en la puerta de la casa de J.K. Rowling a raíz de lo cual recibe amenazas de muerte”; “El servicio público de salud trata como transgénero a las niñas a las que no les gustan las muñecas” y “Los premios Brit Awards eliminan las categorías femenina y masculina para ser lo más inclusivos posibles”. Los tres titulares de estas noticias se publicaron en la misma doble página del diario 'Telegraph', el pasado 23 de noviembre.  

¿Cuál es el nexo de unión para que se publiquen juntas? El borrado de las mujeres.

Centrémonos en la primera.

El día antes, en el Twitter de J.K. Rowling, podíamos leer: “He recibido tantas amenazas de muerte que podría empapelar la casa con ellas y no he dejado de hablar”.

¿J.K. Rowling, amenazada de muerte? ¿Quieren que se calle la escritora británica con más de 500 millones de libros vendidos? ¿La autora de la conocida saga Harry Potter? ¿Qué habría hecho o dicho para ser amenazada de muerte?

Días antes se había sabido que no la habían invitado a la celebración del 20 aniversario del estreno de la primera de Harry Potter. ¿El motivo para eliminarla? El transactivismo la tiene en el punto de mira, por unas declaraciones que hizo en 2019.

En aquel entonces, J.K. Rowling, feminista radical, tras conocer el despido de Maya Forstater por decir que un hombre era un hombre, no dudó en tuitear: “Vístete como quieras. Llámate como quieras. Duerme con el adulto que tengas al lado. Vive la vida lo mejor que puedas en paz y seguridad. Pero, ¿despedir a una mujer de su trabajo por afirmar que el sexo es real?”. 

Tras la avalancha de insultos recibidos, J.K. Rowling sintió que debía explicarse y publicó un artículo ⎯'Reasons for speaking out on Sex and Gender Issues'⎯ en el que exponía, de forma argumentada, que el sexo importa, existe y las mujeres necesitamos espacios segregados para sentirnos a gusto. Algo que, dicho sea de paso, ni siquiera es una opinión, es una evidencia empírica que, sin ir más lejos, se constata desgraciadamente cada 25 de noviembre, día contra la violencia machista.

Sin embargo no está de moda entre la nueva progresía 'woke' ni defender a las mujeres ⎯hembras de sexo femenino⎯, ni, mucho menos, decirlo en público, así pues los colectivos, y las individualidades transgeneristas, aprovechando la situación y haciendo alarde de un ataque bastante masculino, dicho sea de paso, se dedicaron, y se dedican, a amenazar de muerte a la autora por defender la existencia del sexo biológico.

 ¿Crisis de la libertad de expresión? ¿Dominio del fundamentalismo ideológico? ¿Poder del neoliberalismo individualista? “Quizás la mejor manera de demostrar que su movimiento no es una amenaza para las mujeres es dejar de acosarnos y amenazarnos”, aconseja J.K. Rowling.

Está claro. Si una escritora consagrada y de éxito recibe amenazas por decir que el sexo biológico existe, si decimos que las niñas a las que no le gustan las muñecas ya no son mujeres y si en los premios musicales no se diferencian a los cantantes masculinos de las cantantes femeninas, parece claro que hay interés en borrar a las mujeres. "                  (Carmen Domingo, El Periódico, 25/11/21)

19/11/21

Hay que pensar en la pérdida de empatía, de dolor frente a cuerpos “desechables”, como los llaman los colombianos... “vidas que no importan”. Son vidas que no se reclaman. Lo mismo sucede con los desaparecidos y con los feminicidios... “se fue con el novio” o “andará de fiesta”. Luego, si las chavas aparecen —no se sabe nunca cómo, no hay documentación—, y aparece estando aparentemente bien, la respuesta de la sociedad en redes sociales es “se fue de puta y aquí nos tenían a todos preocupados”... el éxito del crimen organizado —el narcotráfico, pero también a las maquilas, estas fábricas de muerte de las fronteras, no están en el opuesto de la legalidad, sino que ellas mismas abrían un orden distinto. Un orden paralelo, una paralegalidad que genera códigos, normas o sentido de pertenencia

"Dice Rossana Reguillo (Guadalajara, México, 1955) que el lenguaje naufraga cuando trata de encontrar una explicación a las violencias que configuran hoy el relato político de diferentes estados de su país. No sirven las palabras porque el lenguaje que se ha instaurado es el de la Necromáquina, la maquinaria de producir muerte. Así, Necromáquina. 

Cuando morir no es suficiente, se llama su último libro, que ha sido publicado en 2021 por Ned ediciones. Reguillo, hija de un jefe de tanques de la II República española exiliado en México, quiere darle un sentido universal a un trabajo que fija la mirada en México pero atiende a lo que sucede en Centroamérica, en África y en el mar Mediterráneo.

 Cuando la necromáquina no significa “el fin de la vida, sino de la condición humana” —parafraseando a Primo Levi— no basta con el recuento de los muertos o con la búsqueda de un sentido a cada una de esas violencias, sino que cabe la impugnación al discurso de la seguridad y a las artificiales separaciones entre una violencia legitimada y otra reprobable.

Aunque habla de México, Necromáquina no es un libro sobre México, el sentido que propones es universal. 

En mi esfuerzo como investigadora, como analista de la cultura, como antropóloga pero especialmente como comunicadora y cronista, que son todas las identidades que me habitan, me ha sido muy importante hacer la investigación en distintos lugares del globo (Argentina, Colombia, Puerto Rico,o en Barcelona donde pude hacer una estancia en 2004). Mi intención es tener un habla situada: hablo desde un país herido, que se desangra, pero lo que trato de hacer es hablar del mundo a través de pensar México.

En la última parte del libro hablas de las políticas de extracción, algo que se extiende por toda América Latina, pero también a territorios como África.

La política extractivista va avanzando, engullendo territorios. Las “zonas de sacrificio” son cada vez más crecientes a nivel planetario. Me importa mucho la reflexión sobre los cuerpos rotos de los migrantes. Utilizo analíticamente la figura de Aylan, esta criatura que se ahogó en el Mediterráneo. Pero también me interesa el cuerpo de los migrantes centroamericanos cruzando el río Bravo. Me interesa pensar la época. En esta atmósfera de pérdida de sentido, me interesa pensar en esta normalización de las violencias, incluso en zonas donde esto no es tan visible. Me parece que la insensibilidad para lo que está sucediendo desborda las fronteras físicas y nos debería ocupar como humanidad.

¿Qué tipo de reflexión crees que estamos perdiendo?

Lo que más me interesa es pensar, si no universalmente, digamos “mundialmente” esta crisis por la que cada vez hay más cuerpos que no importan. Hay que pensar en la pérdida de empatía, de dolor frente a cuerpos “desechables”, como los llaman los colombianos, en una expresión que me parece brutal, pero que tienen incorporada para hablar de la gente sin hogar, o de la gente de las comunas, abandonada a su suerte en zonas de mucha pobreza. Pienso en el caso de las favelas de Brasil, en la cantidad de jóvenes que son masacrados por la policía. Y no hay una voz de la autoridad, de la sociedad, que dé cuenta de eso. En ese sentido, me interesa mucho también lo que llamo “la demanda infinita”, para explicar el compromiso político de los periodistas de investigación que están documentando todos estos procesos. Ellos y ellas son los que se están haciendo responsables de esta narración, a costos muy altos.

En el caso de México, el nivel de violencia contra los periodistas es elevadísimo.
Se ha convertido en uno de los países más letales para el ejercicio del periodismo. Periodistas que son amenazados por autoridades locales, o por el narco, o por políticos, o por empresas. Esto se va normalizando. Es terrible. Esto se tiene que hablar a nivel planetario. No podemos seguir permaneciendo anestesiados o, como hacen muchos de los grandes medios, pasteurizar estas realidades utilizando eufemismos para hablar de la violencia.

En Necromáquina criticas la vieja noción de los Estados como monopolio de las violencias legítimas y das un paso más, proponiendo acabar con los binomios de violencias “buenas o malas” o “legítimas e ilegítimas” como paso previo para salir de la espiral en la que se ha entrado en tu país como consecuencia de esa guerra contra el Narco, fundamentada en ese tipo de binomios. ¿Ves visos de que cambie esa concepción en el México actual?

No, está muy incorporado en el imaginario social, por un lado, pero también en el discurso político de la autoridad y de los gobernantes, porque es una distinción que les permite eludir responsabilidades. Si nos remontamos a la época de la dictadura en Argentina, pensemos en que la gente para omitir lo que estaba sucediendo decían “en algo anduvo”, como para justificar esta violencia brutal que venía de arriba de hacia abajo, del Gobierno hacia la ciudadanía. En el caso de Colombia en la época más mala de su violencia contemporánea, cuando llegabas y preguntabas por alguien, la frase con la que te respondían era “se tuvo que ir”. En ese “se tuvo que ir” tú entendías que no tenías que preguntar absolutamente nada. En este momento, en el caso de México, lo más dramático es que se explica que se matan “entre ellos” —lo cual es falso— como si eso justificara el exceso de muerte que tenemos, que resulta intolerable en términos incluso estadísticos.

Son esos “cuerpos desechables” de los que has hablado antes, vidas que valen menos.

En el libro narro las últimas masacres que ha habido en México y señalo que, aunque el ejército sea responsable de masacres, termina por ser justificado porque, o bien se prepara la escena para ponerle a los ejecutados rifles, etc, o porque a nivel discursivo son, otra vez volvemos al tema, “vidas que no importan”. Son vidas que no se reclaman. Lo mismo sucede con los desaparecidos y con los feminicidios. Con las mujeres desaparecidas la respuesta constante por parte de la autoridad es “se fue con el novio” o “andará de fiesta”. Luego, si las chavas aparecen —no se sabe nunca cómo, no hay documentación—, y aparece estando aparentemente bien, la respuesta de la sociedad en redes sociales es “se fue de puta y aquí nos tenían a todos preocupados”. Es muy lamentable que no puedan pensarse las violencias contemporáneas de una manera más compleja, de una manera multidimensional y, sobre todo, desde una lógica de los derechos humanos.

¿Ha corregido el Gobierno actual el problema generado a partir de la Guerra contra el Narco?

El problema es que ninguno de los dos presidentes que siguieron a Calderón corrigió ese fracaso de la Guerra contra el Narco. [Enrique] Peña Nieto se hizo el tonto y el presidente actual [Andrés Manuel López Obrador] lo que ha hecho es avanzar la militarización de la sociedad. Y se le están acumulando más muertos que en los periodos anteriores. Hablamos de una incapacidad de ver el problema de fondo.

No podemos usar los odres viejos de la legalidad/ilegalidad y por eso propones la idea de la paralegalidad. ¿En qué consiste?

Este ha sido uno de los conceptos que he trabajado a nivel de categoría, metodológicamente. Fui acuñando este concepto después de una larga observación etnográfica situada en distintos lugares, especialmente en México, y lo que pude ver para llegar a proponer el concepto de paralegalidad es que el éxito del crimen organizado —el narcotráfico pero podemos incluir también a las maquilas, estas fábricas de muerte que se instalan en las fronteras— es que estas fuerzas no estaban en el opuesto de la legalidad, sino que ellas mismas abrían un orden distinto. Un orden paralelo.

¿Qué tipo de orden?

Uno en el que generan códigos, generan normas o generan sentido de pertenencia. Se debe hablar en presente, porque esto sigue muy vigente. Si tú tienes un orden paralelo es muy difícil combatirlo con policías o con políticas de mano dura. Igual que actuaron muchas de las guerrillas en América Latina, el orden paralegal construye base social. Pensemos en el caso de la Familia Michoacana y de los Caballeros Templarios: tienen un dominio territorial brutal, que no se construye solo por miedo o en la clandestinidad, a veces operan a campo abierto. Lo mismo sucede en Sinaloa, en Culiacán, en Badiraguato… Se construye porque dirimen conflictos agrarios, conflictos entre familias. Castigan. Hacen regalos, como refrigeradores para todas las señoras, etc. Entonces van horadando el orden de lo legítimo, pero no desde la ilegitimidad, sino que van construyendo algo que no dialoga con la ley. No les importa dialogar con la ley.

En el libro explicas cómo pasan a formar parte de la cultura de esos territorios.

Mira, no lo he incluido porque pasó en este Halloween: la autoridad detuvo a 28 personas que, para salir esa noche, pintaron sus camionetas con sangre, llenaron bolsas negras con cosas para asemejar los cuerpos que nos van entregando diariamente. Y esto a mi juicio no es otra cosa que la colonización de la Necromáquina en el imaginario. Se convierte en una especie de performance. Es muy complejo. Por eso este concepto de paralegalidad me es tan importante, porque me permite eludir esta visión normativa de que todo lo ilegal es visible a primera vista. Lo que la paralegalidad hace es construir legalidad dentro de un orden paralelo.

El subtítulo del libro dice que morir ya no alcanza. La violencia manda otro mensaje además del balance de pérdidas y ganancias del narco, sino uno que ni siquiera es económico y tiene un poder simbólico.

Tengo la suerte de que la portada del libro esté acompañada de una fotografía de Christopher Vanegas, un periodista de Saltillo que capta una escena terrible de entrega de cuerpos embalsamados. Efectivamente, el mensaje de la necromáquina es muy profundo. No pensemos solo en estas imágenes terribles y siniestras, sino en el asesinato de Berta Cáceres en Honduras, para ver distintas piezas en esa maquinaria de muerte. Matar a Cáceres no era suficiente, lo importante para ellos era colocar el mensaje de “si ustedes defensores de territorio, le siguen, les va a pasar lo mismo”. Hay otras escenas, que por brutales no narro en el libro, que me han permitido avanzar en el análisis.

Hay algunos pasajes muy impactantes.

Una de esas escenas tuvo lugar en Tamaulipas, otro Estado azotado por eso que llamo la “violencia expresiva”. Es una violencia que no busca un fin último sino que quiere mostrar su poder total. En Tamaulipas había una periodista que usaba Twitter para hacer la crítica del avance de los grupos del crimen organizado, a la que asesinan. Pero no solamente basta que la asesinen sino que lo que hacen es cortarle la cabeza y ponerla en una banqueta, con sus audífonos y un teclado. Por eso, para mí el subtítulo del libro es fundamental, porque es lo que me permite dar cuenta del agravamiento de esta normalización de la violencia. También del exceso de poder que han adquirido las empresas extractivistas, que pagan protección a grupos delincuenciales. También relatar el estatuto de muerte que han adquirido las fronteras —no solamente en Latinoamérica, pensamos en la propia frontera marítima en España— que son trampas mortales para la gente.

En el libro retomas el concepto de necropolítica de Achille Mbembe. ¿Cómo dialoga la necropolítica de Mbembe con tu obra?

Mbembe es un pensador clave justamente porque piensa desde esta larga noche de la colonia africana. Habla desde una herida profunda y me parece que su trabajo ha sido clave para repensar muchas cosas. Creo que el trabajo de Mbembe nos ha permitido a muchas investigadoras, analistas, intelectuales, entender justamente el cambio de época que él plantea. Cuando Mbembe arranca este trabajo de la necropolítica, él dice “yo no me estoy peleando con Foucault y su concepto de la biopolítica”, lo que él quiso hacer es llevar ese concepto al momento que estamos experimentando y repensarlo en una clave larga de tiempo histórico. 

En su Crítica de la razón negra del mundo, este pensador camerunés nos permite ver y pensar en cómo esta formación de la modernidad occidental condenó —y lo voy a decir suavemente— a la exclusión y a la negación de pueblos enteros. Recuperar toda esa historia no es fácil. Pero al mismo tiempo, es tan poderoso su dispositivo de pensamiento que no solamente nos permite recoger en una clave de historicidad lo que nos ha traído hasta esta orilla, sino que nos permite tener herramientas para analizar el presente. Creo que esto es muy importante en el trabajo de Mbembe. Yo pienso de él como eso que Walter Benjamin llamaba el “tiempo ahora”: esa noción para referirse a cómo no podíamos hablar de un historicismo lineal, de una idea de progreso, sino que tenemos que entender el presente desde todas las astillas del pasado.

Una de las cuestiones de relieve es que se trata de la juventud. Es la juventud la que es desaparecida, trabaja en las maquilas o naufraga en el Mediterráneo. En ese sentido, ¿qué va más allá de lo económico en esa lectura de lo que llamas los juvenicidios?

Una de las líneas principales de investigación desde que empecé mi carrera han sido las y los jóvenes. Mi primer libro, publicado en 1991, se llama En la calle otra vez: las bandas. Identidad urbana y usos de la comunicación. Es un estudio a fondo de los grupos de esquina —para evitar el nombre de “pandillas” que se ha convertido en una categoría estigmatizadora— y desde entonces hasta la fecha he venido manteniendo una mirada a cómo los y las jóvenes van experimentando su relación con el mundo. Y me interesan no todos los jóvenes sino especialmente la juventud en situación de precariedad. Como lo planteo en el libro, me interesa volver visible cómo este proyecto capitalista, brutal, feroz, depredador, ha ido precarizando a los jóvenes pero no solamente en términos económicos. Yo hablo de una precarización subjetiva, que tiene que ver con cómo este proyecto les ha arrebatado la posibilidad de pronunciarse con certeza sobre sí mismos.

El libro tiene esa vocación antropológica, te pones en contacto con los protagonistas de esas biografías tan fragmentadas. Muy especialmente, resaltas el caso de las mujeres.

He hecho entrevistas a jóvenes de Argentina, en España, en Estados Unidos, y narran esta dificultad de la juventud precarizada de trazar un horizonte de futuro, cuando no saben si van a poder comer en la noche. Eso les hace presas fáciles, caldo de cultivo para alimentar la necromáquina. El caso de las mujeres me tiene muy desvelada porque parece que a medida que avanza el tiempo histórico, en vez de mejorar, en vez de que se produzca una atmósfera societal en la que las mujeres y los cuerpos femeninos puedan transitar libremente por lo público, se ve que está pasando lo contrario. El feminicidio avanza, la desaparición de las mujeres para la trata, avanza. Yo tiendo a ser optimista, no soy una pesimista irredenta. Mis amigos dicen que soy una optimista de clóset porque creo que todavía es posible intervenir, creo que todavía hay condiciones para desandar. Pero es urgente. Por eso digo que la necromáquina es la vida en un estado de urgencia: ya no hay manera de mirar para otro lado.

Has hablado del papel del periodismo de investigación pero también hay una protesta en Necromáquina hacia los medios que no cuestionan la lógica de los medios y que confunden constantemente el lenguaje, reforzando esa visión dualista buenos/malos sobre algo mucho más complejo. ¿Cuál es el periodismo predominante hoy?

Yo tengo una profunda simpatía por el periodismo, de hecho, lo ejercí al principio de mi carrera. Creo que habría que hacer una distinción entre medios dominantes, hegemónicos, y lo que podríamos llamar un periodismo de investigación emergente, aunque casos como el de Rodolfo Walsh en Argentina no tienen nada de emergente. Poniendo el énfasis en México, el papel de esto que llamo las “retóricas de la seguridad” tiene que ver en cómo se va construyendo una falsa noción de seguridad. Estos medios dominantes van contribuyendo a la normalización del lenguaje.

¿En qué sentido?

Por ejemplo, en el hecho de que esta guerra nos ha dejado un montón de neologismos: el encobijado, que es ese cuerpo que se entrega envuelto en una cobija [manta], el encajuelado, que es el que se entrega en la cajuela [maletero] de un auto, el pozoleado, que es una expresión brutal porque el pozol es una comida típica mexicana, donde se va pelando el maíz y alude al cuerpo que es disuelto en ácido. No abundo en esto porque es fuerte para la gente escuchar esto, pero los medios van normalizando esta especie de “narcoñol”. También ha contribuido la industria del espectáculo.

Series como Narcos, ¿no?

Sí, habría que hacer un trabajo fino de articulación entre lo que ha sido el relato de la autoridad, la narrativa política, la narrativa mediática y la industria del espectáculo que es afín a esta forma de entender la violencia. Estoy pensando en la apología que hacen los narcocorridos, en las series de narcotráfico —ya ves que Netflix ahorita trae varias—. No digo que no se haga, no tengo una visión puritanista sobre el tema, pero sí me preocupa que eso no está ingresando, por ejemplo, a las aulas. Los maestros están aterrados, entonces avientan para afuera toda esta dimensión y no sabemos qué hacer con esto. 

Creo que es importante un trabajo educativo, un trabajo analítico más fino y, sobre todo, una sociedad civil más demandante. Me parece que sí, que los medios tienen mucha responsabilidad pero no van solos. Lo que sostengo es que los medios no inventan, no fabrican una realidad, sino que le hablan al imaginario profundo de las sociedades. Esos imaginarios de “se matan entre ellos” y las mujeres que salen de noche “son malas y merecen desaparecer” está muy metido, muy corporeizado en la sociedad. Los medios lo saben y trabajan con eso.

Hablas de la Contramáquina, que son una serie de propuestas desde la militancia, la performance, la fotografía o las artes escénicas para tratar de modificar el lenguaje de la violencia. ¿En qué consiste ese concepto?

 La contramáquina es una noción que creo que es muy importante porque con ella se refleja el esfuerzo que están haciendo grupos de la sociedad civil, fundamentalmente con recursos muy pobres, para colocar en otro registro este problema de la violencia. Pienso en el trabajo de gente de la performance y del arte, como Teresa Margolles, como Luperca, que es este joven que en Ciudad Juárez coleccionó miles de ejemplares de un periódico amarillista y se dedicó a borrar con un lapicero el cuerpo herido, y de la viruta de la goma que se desprende iba armando bolsitas, para tratar de restituir cierta dignidad a ese cuerpo masacrado. También pienso que una contramáquina que nos sostiene en pie en este país es el caso de las madres buscadoras, el de los colectivos de familiares que hacen un trabajo verdaderamente brutal para encontrar a sus desaparecidos. 

En el caso de las madres buscadoras de Sonora, salen a los campos, y una práctica que me deja sin habla es que meten palitos en la tierra y los huelen después y dicen “aquí hay un cuerpo”. Imagínate a una madre recogiendo los restos de su hijo de esa manera... Creo que el trabajo que ellos han hecho, la exigencia continua que han hecho a la autoridad, el mostrar al rey desnudo, ha sido muy importante. Les falta más difusión, más presencia. 

Yo espero que en algún momento, Netflix promueva una serie sobre las buscadoras, en lugar de una como Narcos. En este optimismo de clóset creo que es posible desandar un poco y hay en la sociedad un repertorio importante de tácticas robustas que pueden, si no combatir a la necromáquina, sí atenuar sus efectos y volver visible para la sociedad la urgencia de una acción colectiva."              

(Entrevista a Rossana Reguillo, Pablo Elorduy, El Salto, 18/11/21)

9/7/21

El algoritmo de YouTube amplifica los vídeos violentos y la desinformación

 "Según un informe de la Fundación Mozilla publicado el 7 de julio, el algoritmo de YouTube amplifica los vídeos violentos y la desinformación, a pesar de las normas de la empresa destinadas a limitar su difusión.

La fundación -una organización sin ánimo de lucro que aboga por cuestiones de privacidad- descubrió que el 71% de todos los vídeos que los voluntarios denunciaron como perturbadores fueron recomendados por el algoritmo de la plataforma de intercambio de vídeos. Entre ellos figuraban conspiraciones sobre el 11-S y la pandemia de coronavirus, así como la promoción de la supremacía blanca.

Los investigadores también descubrieron que los habitantes de países de habla no inglesa tenían más probabilidades de encontrar vídeos que consideraban perturbadores, lo que indica que los esfuerzos de YouTube por vigilar mejor sus plataformas han sido desiguales.

"El algoritmo de YouTube está trabajando en la amplificación de algunos contenidos realmente dañinos y está poniendo a la gente en caminos perturbadores", dijo Brandi Geurkink, gerente senior de defensa de la fundación. "Realmente muestra que su algoritmo de recomendación ni siquiera está funcionando para apoyar las políticas de su propia plataforma, en realidad se está descarrilando".

Un portavoz de YouTube dijo: "El objetivo de nuestro sistema de recomendación es conectar a los espectadores con el contenido que les gusta y, en un día cualquiera, se recomiendan más de 200 millones de vídeos sólo en la página de inicio".

El portavoz dijo que YouTube trabaja "constantemente" para mejorar la experiencia de los usuarios y que en el último año ha puesto en marcha 30 cambios diferentes para reducir las recomendaciones de contenidos perjudiciales.

YouTube, propiedad de Google, y otras plataformas similares se han resistido durante mucho tiempo a compartir información sobre sus algoritmos, alegando que viola los secretos comerciales y la privacidad de los usuarios.

Pero cada vez hay más pruebas que implican a los algoritmos de recomendación de las redes sociales en la difusión de información errónea y contenidos violentos. Los investigadores han acuñado el concepto de "radicalización algorítmica" para describir cómo los algoritmos de recomendación conducen a los usuarios hacia contenidos más extremos. Los estudios han convencido a los legisladores para que elaboren nuevas normas que abran los opacos algoritmos de las plataformas tecnológicas, conocidos como "cajas negras". Los gobiernos también están impulsando nuevas leyes para obligar a las redes sociales a vigilar mejor sus plataformas, y no limitarse a confiar en sus propias políticas de contenidos.

YouTube es el sitio web más visitado del mundo después de Google, con usuarios que ven alrededor de mil millones de horas de vídeos en su plataforma cada día.

La investigación de Mozilla se basa en una extensión del navegador, que permitió a más de 37.000 usuarios de 91 países denunciar "recomendaciones lamentables", y les permitió donar datos sobre cómo pasaron su tiempo en YouTube durante 10 meses. Mozilla la describió como la mayor investigación de crowdsourced sobre el algoritmo de YouTube."          
         (Clothilde Goujard , POLITICO, 07/07/21)

25/2/21

Lucia Etxebarria: Cuando empecé a oponerme a la ley trans pensaba que la gente caería en la cuenta de la burrada que es esa ley. Todas vosotras habéis sido testigos de la campaña de acoso y derribo que he sufrido. No puedo salir sola. Mi hija ya ha sido identificada y tiene que ir y volver del instituto en una zona complicada. Como sabeís, soy epiléptica. Tras varias crisis fui al médico y salí con diagnóstico de depresión y ansiedad generalizada reactiva. Y con la recomendación expresa de que dejara las redes. Por esta razón me parece que voy a tener que dejar Twitter definitivamente. Las que podéis aguantar, hacedlo por mí, por favor...

Lucia Etxebarria @LaEtxebarria
23 feb.

 Queridas compañeras Ultimamente me veis muy poco por Twitter, y me parece que voy a tener que dejar Twitter definitivamente, así que antes de hacerlo os voy a explicar el porqué. Entra hilo

1. Cuando empecé a oponerme a la ley trans pensaba, en mi ingenuidad, que la gente se tomaría el trabajo de leer el borrador de la ley y que inmediatamente caería en la cuenta de la burrada que semejante ley sin pies ni cabeza significa.

2. No caí en la cuenta de tres cosas

- Que España es el país con el indíce lector más bajo de Europa

- Que hay intereses económicos detrás de esta ley

- Que gran parte de los 451 millones del Ministerio de Igualdad están destinados a campañas de propaganda política

3. Todas vosotras habéis sido testigos de la campaña de acoso y derribo que he sufrido. Todo por ejercer un DERECHO DEMOCRÁTICO, como es el de criticar un borrador de ley DE FORMA RACIONAL, desde los datos y a estadística

4. A todas nosotras nos han amenazado. Vosotras leeis cada día los mensajes que recibo. Insultos y amenazas. Pero hay una diferencia entre vosotras y yo. En mi caso se sabe donde vivo, y se me reconoce por la calle. No tengo coche ni escolta, uso transporte público

5. Tengo llamaditas al telefonillo practicamente a diario. No puedo salir sola. Mi hija ya ha sido identificada y tiene que ir y volver del instituto en una zona complicada, y va y vuelve andando.

6. Como sabeís, soy epiléptica, y el estrés es nefasto para la epilepsia. Tras varias crisis fui al médico para ajustar la medicación. Y sucedió lo siguiente:

7. Salí con un diagnóstico de depresión y ansiedad generalizada reactiva. Y la recomendación expresa de mi médico de que dejara las redes. En mi estado no puedo estar leyendo insultos y amenazas cada día. Pero ahí no acaba la cosa

8. No me apetece contar la vida de mi hija, pero todos sabéis que padece una enfermedad. Esta enfermedad es comórbida con otras. Y esas enfermendades empeoran con el estrés.Mucho. No quiero daros el cuadro clínico de mi hija, porque es menor y tiene derecho a su intimidad

9. Pero su madre debe seguir trabajando porque alguien tiene que pagar la comida, la luz, el agua, y algunos gastos médicos que la Seguridad Social no paga.

10. El perfeccionismo y el mandato de género que recibí de mi educación católica ( "seguro que hay gente que lo pasa peor", " quejarse es de débiles", " ofrécele tu sufrimiento a Cristo" etc...) hicieron que no me diera cuenta de lo mal que estaba, o que no quisiera reconocerlo

11. El caso es que sí, estoy enferma. Me cuesta muchísimo levantarme de la cama, sufro ataques de ansiedad, lloro a la mínima, tengo unos dolores de cabeza que me están matando, apenas duermo. No puedo decir " todo esto me la sopla y soy muy fuerte". No lo soy.

12. Añadidle a esto que mi madre de 93 años padece deterioro cognitivo y que está internada. No en una residencia, en una clínica. Esa clínica es cara. Esto afecta mucho a mi familia. Y a mí.

13. Por esta razón me retiro una temporada. Pero os ruego, POR FAVOR, no paréis con la lucha. Podéis contar conmigo para cualquier cosa. Sea aparecer en medios de comunicación, sea diseñar acciones, sea unirme a ellas.

15. Recordad que a día de hoy Podemos es el partido con menor intención de voto (10,7%, según Electocracia) e Irene Montero la ministra peor valorada. Esto no va a durar toda la vida y lo que hacemos va calando, aunque en principio no se vea

16. Las que podéis aguantar, hacedlo por mí, por favor, no paréis. Este 8 de marzo debe quedar claro que no estamos de acuerdo con esta deriva peligrosa y totalitaria de " estás conmigo o estás contra mí, y si estás contra mí acabaré contigo".

Y muy especialmente a mis compañeras de @espaciofemrad y @espaciofemrad2: Vosotras tenéis mi contacto directo. Por favor, llamadme y hablemos.

Enormes besos a todas

Ps. El caso de Ana, En Albacete, acosada en su instituto y en toda la ciudad sin que nadie haya movido un dedo, solo porque criticó a la Ley Trans en twitter, es particularmente aterrador. Empezó cuando ella tenía 18 años

 10:25 a. m. · 23 feb. 2021
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19/1/21

La insurrección de los partidarios de Trump pone contra las cuerdas la democracia estadounidense... está claro que los últimos cuatro años han convertido a Estados Unidos en un estado más frágil... Aún existen condiciones para la violencia... Ciertos elementos emergieron constantemente como líneas rojas que indicaban posible violencia electoral

 "En el período previo a las elecciones presidenciales estadounidenses, el riesgo de violencia postelectoral era alto. Las predicciones se hicieron realidad este miércoles cuando miles de manifestantes pro-Trump irrumpieron en el Capitolio de los Estados Unidos, en un acto sin precedentes, cuando el Congreso estaba a punto de ratificar la victoria del presidente electo Joe Biden.

La violencia en Washington se produce después de uno de los años más tumultuosos de la historia de Estados Unidos. En 2020, el Insurance Information Institute estimó pérdidas sostenidas de más de mil millones de dólares, quizás el desorden civil más costoso en los Estados Unidos.

Desde que Trump perdió las elecciones del 3 de noviembre, mientras fomentaba falsas teorías de que la votación estaba amañada, muchos se preguntaban cómo terminaría su mandato.

Con un presidente impredecible, que permanecerá en la Casa Blanca hasta el 20 de enero, se auguraron peligros potenciales para la democracia dado que los partidarios de Trump creen en sus afirmaciones falsas sobre las elecciones.

 Precedentes

Las predicciones de violencia en los Estados Unidos no eran infundadas porque no es la primera vez que se producen disturbios electorales.

Durante las elecciones de 1920 se utilizó la violencia en Florida para intimidar e impedir que los negros votaran, y decenas de afroamericanos fueron asesinados en el Ocoee Riot de 1920, una masacre relacionada con las elecciones.

Este ataque de hace 100 años es considerado el peor caso de violencia durante unas elecciones en la historia de Estados Unidos.

Una advertencia aleccionadora sobre la violencia potencial provino, en el caso actual, del International Crisis Group, una organización no gubernamental sin fines de lucro con sede en Bélgica.

En el período previo a las recientes elecciones, por primera vez en sus 25 años de historia, el grupo centró su atención en analizar los riesgos de violencia política en los Estados Unidos. La organización generalmente realiza advertencias sobre regiones propensas a conflictos, donde la democracia es frágil.

Líneas rojas

Ciertos elementos emergieron constantemente como líneas rojas que indicaban posible violencia electoral. Estos factores de riesgo incluyen un electorado polarizado, fuentes de información altamente partidistas y la existencia de ciudadanos armados y milicias con fácil acceso a las armas.

 Además, antes de las elecciones, las tensiones raciales irresueltas siguieron presentes en los Estados Unidos derivadas del asesinato de George Floyd en mayo y los posteriores disturbios civiles.

En junio, durante los disturbios, el presidente amenazó con usar la Ley de Insurrección para sofocar las protestas y usó su retórica habitual para animar la violencia en lugar de sofocarla.

Quizás el indicador más peligroso de la violencia electoral fue la tendencia de Trump a usar el poder ejecutivo como un púlpito intimidatorio para alimentar divisiones y sembrar el caos. De hecho, la víspera de las elecciones Trump tuiteó que una decisión judicial que no le favoreciera permitiría hacer trampa y también generaría violencia en las calles.

Nunca antes los presidentes de Estados Unidos han vinculado sus perspectivas electorales y la violencia, inmediatamente antes del día de las elecciones.

Transición pacífica

La norma histórica del relevo pacífico en el poder en los Estados Unidos se remonta a 1801, cuando John Adams cedió el poder político a su oponente Thomas Jefferson después de una elección impugnada.

En el período de transición actual, la nueva prueba para la democracia estadounidense es si un presidente como Trump puede despreciar 200 años de normas postelectorales para debilitar la democracia estadounidense.

Hay cuatro características de los Estados frágiles: la pérdida del monopolio del uso legítimo de la fuerza, la erosión de la autoridad legítima para tomar decisiones colectivas, la incapacidad de proporcionar servicios públicos razonables y la incapacidad de interactuar con otros Estados-nación como miembro pleno de la comunidad internacional.

 Incluso deslizarse en la dirección de un estado frágil antes del 20 de enero puede crear un entorno más permisivo para las expresiones inapropiadas de agravios a través de la violencia.

Aún existen condiciones para la violencia

En sus estudios sobre la democratización de las sociedades de posguerra, la investigadora Kristine Höglund ha estudiado los factores que fomentaron violencia electoral.

 Höglund encontró que las condiciones que facilitaron el uso de violencia electoral incluyen situaciones en las que la violencia es percibida como una herramienta política legítima y los agitadores tienen acceso a armas. Otros factores que desencadenan violencia electoral son las falsas interpretaciones de los resultados electorales cuando son muy ajustados, el mal uso de los derechos políticos y la movilización de la militancia.

Esas condiciones existen actualmente en Estados Unidos, y así se ha percibido claramente durante el ataque al Capitolio de los Estados Unidos."                      

( , Associate Professor of Disaster and Emergency Management, York University, Canada, The Conversation, 07/01/21)

24/8/20

Algunos movimientos proteccionistas de Buenos Aires quieren prohibir el uso de caballos por parte de los recolectores de productos reciclables a los que se conoce como «cartoneros». Si de la personalidad de los caballos se habla a partir de una suma de atributos positivos, la personalidad de los cartoneros se hace en términos negativos... los carreros son –para ciertos defensores del caballo– una subespecie sin sentimientos, que extenderá naturalmente el uso de la violencia sobre su mujer e hijos

 "La retórica dominante de los movimientos contra la tracción a sangre pendula entre la exaltación del caballo, el desvelo por su salud y libertad, y la condena de sus supuestos victimarios: los cartoneros que los utilizan para su actividad laboral. 
 
Contrastar estas disímiles imputaciones de dignidad permite explicar no solo cómo operan los sistemas de clasificación hegemónicos, sino también los modos en que se delimitan las fronteras y las moralidades de lo humano y lo animal en distintos conflictos de nuestras sociedades.
 
En este artículo abordo los modos de identificación y de relación que urden en Argentina algunos movimientos proteccionistas del Área Metropolitana de Buenos Aires, enfocando la atención en aquellos grupos que procuran prohibir el uso de caballos por parte de los recolectores de productos reciclables a los que se conoce como «cartoneros»1. 
 
 ¿A qué colectivos dotados con qué atributos se incluye en una comunidad moral y a cuáles se deja afuera? ¿Cuáles son los procesos de producción, circulación y recepción de las representaciones dominantes sobre un humano «cercano a lo bestial» –cuyo accionar busca ser corregido– y un animal cercano a lo humano, cuyo ser en sí ameritaría la reparación y el cuidado?
 
La retórica dominante de los movimientos proequinos pendula entre la exaltación del caballo, el desvelo por su salud y libertad, y la condena de sus supuestos victimarios. Mientras la agencia del caballo es crecientemente reivindicada, aquella del carrero2 solo es resaltada en términos de agresión o explotación. Si la personalidad de los caballos se recorta a partir de una suma de atributos positivos, la personalidad de los cartoneros se hace igualmente acreedora de una enfática adjetivación negativa, lo que conforma un juego de opuestos.
 
Mi interés en contrastar estas disímiles imputaciones de dignidad apunta a explicar no solo cómo operan y se transforman los sistemas de clasificación hegemónicos, sino también de qué modos se delimitan las fronteras y las moralidades de lo humano y lo animal en distintos conflictos de nuestras sociedades. 
 
Los defensores de los equinos establecen un sistema de jerarquías respecto de los animales y humanos merecedores o no de atención moral. Si ellos instauran un vínculo de cuidado y sanación hacia los caballos, el modo de relación con el resto de la comunidad humana se divide básicamente en dos actitudes: de proselitismo –hacia quienes es posible convertir– o bien de condena hacia quienes son reconocidos como explotadores y, en virtud de esa clasificación, irredimibles.
 
Devolver la dignidad al caballo
 
En forma creciente y en distintas latitudes del mundo occidental, las organizaciones proteccionistas buscan devolver una vida más plena a aquellas especies animales maltratadas por los humanos. Desde su punto de vista, el animal será restaurado en su subjetividad no solo en la medida en que se reconozca su singularidad, agencia o dignidad, sino también cuando se garanticen sus derechos. 
 
Los defensores de la persona animal3 echan mano a consignas antiespecistas que impugnan la superioridad de la especie Homo sapiens y exigen que todos los animales reciban igual tratamiento que los humanos. Los promotores de esta ética sin especies –o bien ética interespecie– resaltan que las diferencias físicas entre humanos y animales no deben ser el fundamento para una discriminación en el trato dispensado a los animales no humanos, dado que tenemos importantes semejanzas en cuanto a las capacidades de sentir dolor, placer y otro tipo de emociones. Inspirado en la doctrina utilitarista de Jeremy Bentham, Peter Singer ha sido uno de los principales portavoces de esta postura desde la edición de su influyente libro Liberación animal en la década de 1970. Una de las máximas antiespecistas gira en torno de extender el principio básico de igualdad entre los humanos a los animales sintientes. Esta igualdad, sostiene Singer, no depende de la inteligencia, fuerza física u otros factores, sino que es una idea moral4.
 
Las acciones llevadas a cabo por movimientos proteccionistas en las ciudades argentinas se vinculan a campañas de denuncia o marchas de protesta por las especies en cautiverio, el maltrato, el abandono o la matanza de animales domésticos y la experimentación científica con todo tipo de animales. Movimientos veganos, por ejemplo, han pintado con grafitis los muros del Zoológico porteño cuando este aún estaba en funcionamiento, exhortando a la liberación de los animales allí cautivos y promoviendo una alimentación libre de carne como estilo de vida. Otros activistas se movilizan en torno del sufrimiento de un animal emblemático, como el oso polar del Zoológico de Mendoza o la orangutana Sandra de lo que era el Zoológico de Buenos Aires, declarada sujeto de derecho no humano en un fallo judicial de 20145
 
En ese contexto, la afinidad con el caballo no cesa de aumentar y encuentra renovadas formas de expresión tanto entre las asociaciones protectoras de animales como entre personas sin filiación específica. Los activistas no solo se manifiestan contra el maltrato equino en festividades tradicionales del interior del país –festivales de doma, jineteadas, desfiles gauchos–, sino también contra su explotación laboral en contextos urbanos. Los movimientos en contra de la tracción a sangre que proliferan en el Área Metropolitana de Buenos Aires y otras regiones del país batallan para que los cartoneros abandonen el uso del caballo en su actividad laboral. 
 
Estas agrupaciones buscan transformar una relación de supuesta apropiación indebida –la explotación del caballo por parte del carrero– en una relación de protección: si consiguen recuperar a ese animal, ellos podrán sanarlo, devolverle una vida. Junto con veterinarios, abogados y otros especialistas, estos movimientos instruyen a rescatistas independientes respecto de cómo identificar a un caballo maltratado por un carrero. A través de diversos medios –charlas, folletos o redes sociales–, se divulgan los pasos para lograr incautar un caballo herido: realizar la denuncia, perseguir al carrero y pasar las coordenadas a la policía; convocar a un veterinario para que certifique el daño; tomar fotos para que la denuncia penal prospere; contactar a una ong no solo para dar contención al equino maltratado sino para impulsar la causa y aportar pruebas. 
 
Se pone el acento en que el rescatista no debe hacerse el héroe e intentar quitarles el caballo a los carreros, porque estos últimos por lo general son violentos. En sintonía con esta apreciación, los rescatistas suelen expresar su miedo de ser hostilizados por los carreros: «Yo me pongo a la par del caballo para ver si no está bien –me comenta una de ellas–. Algún día me voy a ligar un latigazo o me van a tirar el carro encima».
 
En una charla de concientización, un abogado retrató a los cartoneros como personas que «intentan llevar un pequeño mendrugo a sus casas y no están adaptadas para llevar un caballo». En un lenguaje de la adopción idéntico al que se utiliza para casos humanos, los oradores de estas charlas o las páginas web de las asociaciones comentan el feliz derrotero de Zamba, Marito o Luján, caballos rescatados gracias a estas denuncias que ahora obtuvieron una custodia, viven en familia o lograron una tenencia definitiva.
 
Según los cálculos de la ong Basta de Tracción a Sangre, unos 70.000 caballos y 1.500.000 personas están vinculados, de forma directa o indirecta, a la recolección de residuos en zonas urbanas argentinas6. La campaña «Basta de tas», liderada por la ong homónima, propone devolver la dignidad tanto a los animales como a los cartoneros, reemplazando a los primeros por motocarros o bicicletas eléctricas e instaurando un santuario de caballos para ser dados en adopción. El caso pionero de reemplazo de caballos por motocarros ocurrió en la ciudad cordobesa de Río Cuarto, donde esta ong trabajó en conjunto con el municipio.
 
En contraste con el aparente abuso por parte de los carreros, la propuesta del santuario para caballos es presentada como una práctica altruista y desinteresada: no se obliga a los caballos a entregar nada a cambio de su libertad. En la naturaleza edénica de un santuario, el caballo ha de recobrar su espíritu salvaje; he aquí el imaginario moral de varias asociaciones animalistas. 
 
El caballo salvaje configura además uno de los arquetipos de la libertad en nuestras sociedades7. Acaso el caballo del santuario no logre ser nunca enteramente salvaje, pero al menos se ha de librar de la esclavitud del carro. El video institucional de la agrupación Proyecto Caballos Libres exhibe precisamente ese pasaje de la explotación a la liberación. La crudeza del término elegido para retratar el uso laboral del caballo parece remitir menos a una estrategia de supervivencia individual o familiar que a una práctica capitalista a gran escala. Desde la mirada proteccionista, el caballo no está en el mundo para ser abusado pues tiene una autonomía que debe ser respetada. El ideal es que el animal encuentre en los santuarios o bien en los refugios un espacio para florecer, para desplegar su auténtico ser8.
 
La hora del abolicionismo
 
Los movimientos contra la tracción a sangre no solo embanderan transversalmente a distintos sectores sociales en la defensa de los caballos, sino que identifican un adversario común proveniente de las clases populares. Los carreros son vistos como un cuerpo obsceno en el espacio público: un sobrepeso para el caballo y un estorbo visual que ofende a los ojos. Los activistas entrevistados y los blogs de los movimientos de defensa equina coinciden en describir la tracción a sangre como una práctica incivilizada, inhumana y salvaje que remite a etapas superadas de la historia de la humanidad, como la oscura Edad Media. Si estos pobres animales han sido tratados como esclavos, pues ha llegado la hora del abolicionismo.
 
Entre risas, un funcionario ambiental de un municipio del sur del conurbano bonaerense me comenta su percepción sobre los activistas contra la tracción a sangre: «Algunos son medio talibanes. Si lo pudieran fusilar [al carrero] en la plaza pública, lo harían… O lo estrangularían. O lo pondrían en la silla eléctrica». La retórica emocional que caracteriza a los portavoces autorizados y anónimos de los equinos no duda en calificar a los carreros en los más duros términos. Quienes conducen los caballos para su actividad laboral son vistos como victimarios que provocan un sufrimiento a la persona que ellos defienden: el caballo. 
 
Los carreros encarnan la peor combinación imaginable: vivir de los desechos y usar un animal noble para un propósito ruin. «Ellos [los carreros] son los insensibles, para ellos [el caballo] es descartable: es solo algo que les mueve sus productos de un lado a otro»9. La interioridad de estas personas no es jamás tematizada, como si esta fuese estructuralmente deficitaria o solo se expresara en prácticas de sacrificio y sumisión de otros seres vivientes. Cito otro fragmento de esa misma entrevista para ilustrar esta cuestión: «Ahora vos ves que se ha formado una subespecie: gente sin cultura, sin sensibilidad».
 
Nótese la paradoja entre la proclamación de una ética común a las especies característica del animalismo y la alusión a los pobres como una subespecie, como si hubiera un carácter antojadizo en su condición10 de humanidad: a veces se es humano, a veces se es bestia. El estatus ontológico de esa población se vería así, al decir de Judith Butler, comprometido y suspendido11. Esa reducción de la humanidad de los «indeseables» no hace sino acentuar su carácter en apariencia impredecible y peligroso.
 
Siento una bronca, una desolación… me siento defraudada por el Estado. Ningún maltratador cumple con prisión efectiva… es un delito excarcelable. (…) Llamamos a la policía [para incautar los caballos de los carreros] pero no nos asisten. (…) A veces me gustaría matar a todos. Yo vengo para que haya penas más duras, y prisión efectiva para los maltratadores. El caballo es dignidad, como símbolo. Y eso es lo que hay que restituir en la sociedad, esa dignidad.12
Actúan subrepticiamente, como cucarachas. (...) Pero el ser pobre no te da derecho a ser cruel. Ellos fueron castigados y van a ser crueles no solo con el pobre angelito [el caballo] sino con la mujer, los hijos… No se detienen. (…) Buenos Aires está contaminada.13
Está demostrado –hay una investigación del fbi– que cuando hay violencia con los animales hay violencia con las mujeres y los niños.14
Cronista de la televisión: (…) Con el maltratador animal hay un cerebro que ya no funciona. Está mal…a: Sí, algunos [carreros] están irrecuperables.
C: El nivel cognitivo ya no diferencia entre el bien y el mal. ¡Es como un endemoniado!
A
: (abriendo los brazos) Ese tema nos excede a nosotros.
C: (…) ¡El teléfono del canal estalla! Hay mucha gente que llama indignada e insulta a los carreros, con calificativos que no puedo reproducir aquí. (…) Quien es violento con los animales hace lo mismo con cualquier ser humano. Lo dicen todos los guías espirituales. ¡Y los caballos son nuestros hermanos! ¡Como los árboles o las plantas! (…) Pasa algo con el contacto (con el caballo recuperado) que es como la luz: ¡tenés que experimentarlo! Es como el amor. Nosotros no estamos locos; es algo que nos pasó. Eso es lo que te hace ser mejor persona, mejor vecino…
A: Sí, adoptar [un caballo] te cambia la vida, te hace mejor persona. (…) Por eso instamos a llamar al 911, a que el ciudadano aprenda a proceder con el rescate…15
 
Los defensores de los equinos no sienten proximidad con el universo de experiencias de los carreros, e incluso hay quienes estiman que su maltrato al animal es solo un primer paso hacia otras violencias. En muchas páginas de divulgación de asociaciones proteccionistas se afirma este supuesto vínculo entre crueldad hacia los animales y hacia las personas bajo el manto de autoridad provisto por citas de psiquiatras o criminólogos. La empatía hacia los animales de los activistas contra la tracción a sangre no suele traducirse en una simétrica dotación de humanidad para aquellos congéneres desfavorecidos en el reparto de bienes de la sociedad capitalista; sean carreros, sin techo u otro tipo de desafiliados. Una consigna antiespecista clásica, que traza una intercambiabilidad de posiciones entre humanos y animales (al igual que nosotros, el animal sufre) puede ir acompañada en estos contextos de esta otra: A mí no me importa si se matan trabajando [los cartoneros]; a mí me importa el caballo. En palabras de Marilyn Strathern, solo aquello que es vivido como similitud produce solidaridad16.
 
Las singularidades de estos grupos proequinos no agotan, desde ya, el vasto espectro de posiciones filosóficas y políticas del animalismo. Veamos un ejemplo: las mismas consignas antiespecistas son recuperadas por otras agrupaciones de mayor potencial emancipador. Diversos colectivos ecofeministas latinoamericanos trazan una correspondencia entre explotación animal y humana –en sus términos, una interseccionalidad de patrones de opresión–, tal como es sintetizada en esta pancarta: Todas las hembras de distintas especies somos explotadas. Contra el capitalismo, el patriarcado, el especismo y toda autoridad. Liberación animal, humana y de la Tierra.
 
No hemos de trabajar aquí las continuidades y discontinuidades de los diversos animalismos, cuya exploración exhaustiva amerita la redacción de otro trabajo. Basta con señalar que los movimientos animalistas pueden incorporar una crítica social al capitalismo como modo de producción hegemónico o permanecer, como en el caso de la tracción a sangre que nos ocupa aquí, perfectamente inmunes a esta. En cualquier caso, la construcción de la intercambiabilidad entre animales y humanos –ya sea en su versión light o abiertamente impugnadora del statu quo neoliberal– configura uno de los nuevos signos del continuo borramiento de las fronteras animalidad/humanidad en nuestras sociedades occidentales.
 
«Mi única cosa de herramienta es el caballo»
 
A contrapelo de los lejanos santuarios o bien de los refugios en los cuales los movimientos de defensa equina buscan salvar a los caballos, los cartoneros edifican espacios ad hoc para sus caballos en las proximidades de su hábitat. Durante 2012, una biblioteca popular-establo fue inaugurada en la Villa La Cárcova del Gran Buenos Aires. En ese pequeño espacio construido con materiales del cartoneo se juntaban niños para leer y recibir asistencia escolar, mientras al lado descansaba un petiso ya jubilado del carro.
 
En algunos conjuntos habitacionales populares inaugurados en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, los habitantes de villas ribereñas ahora relocalizados mudaron sus caballos al espacio lindante a sus viviendas: un pequeño jardín cercano a los juegos infantiles. Tanto los funcionarios del Instituto de Vivienda de la Ciudad como los propios vecinos que no cartoneaban evaluaron esa práctica como un uso indebido de los espacios comunes del complejo habitacional. Un vecino albañil, por ejemplo, apreció la práctica del cartoneo como especialmente ilegítima en este nuevo espacio residencial: al haber salido de la villa, los cartoneros deberían cambiar sus hábitos y progresar. Otros vecinos rechazaban a los caballos por los posibles problemas de salud causados por la bosta y las moscas en las cercanías del espacio verde. Los carreros, en efecto, se sintieron impugnados moralmente por sus vecinos:
 
Desde que nos mudamos acá todos se pusieron nariz parada porque a todos les molesta todo. Esto es una villa en alto… ¡somos todos villeros igual! De repente nadie te habla, se tiran en contra de los cirujas. ¿Cuántos años vivimos en la villa?17
 
No obstante, y tras una seguidilla de reuniones promovidas por un equipo de trabajadoras sociales del Instituto de Vivienda, los vecinos apoyaron el proyecto de construir un establo en un obrador cercano para que los carreros no perdieran su fuente de sustento. En el marco de estas tensiones, Bernardo definía al caballo como un instrumento indispensable para su trabajo:
 
Hace dos años que lo tengo [a Coco, su caballo]. (…) No lo uso mucho, solo dos veces por semana. (…) Mi única cosa de herramienta es el caballo. Yo no tengo estudios. Yo dependo de esto… Yo tengo que vivir, tengo que comer. Nosotros vivimos del cartón… Tengo que depender de la ciruja para mantener a los hijos.
 
Alfonso también reivindica su oficio y toma distancia de quienes no lo ejercen responsablemente.
 
El caballo es un ser humano que te trae la plata y lo tenés que tener bien. Nosotros le damos todo: los parásitos cada tres meses, alfalfa, pasto bueno. (…) En los vasos les pongo aceite quemado. Y la gente lo mira: «¡Mirá cómo tiene los caballos!». (…) En Puente La Noria los caballos tienen unos agujeros así… Cuando veo que sin motivo les dan con el látigo, les digo: «¡Pará, verdugo, no le pegues al caballo!». «¿Y vos viejo qué te metés?», me contestan. (…) Ahora en el verano prácticamente se tienen que usar con gorro. Yo le hago un gorro a mi caballo (…). Tengo 63 [años]: casi toda la vida con carro y caballos.
 
Resulta usual que los carreros se desmarquen, cada uno a su modo, de aquello que la gente objeta en ellos: el supuesto maltrato al animal. Algunos carreros utilizan las casacas provistas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para que, en sus términos, no los discriminen cuando cirujean. 
 
Como otros carreros, Alfonso es analfabeto y ha trabajado toda la vida recolectando materiales reciclables en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Él define las dificultades de la tracción a sangre humana a partir de su propia experiencia y la de su entorno: «El ser humano no tiene otra cosa que el carrito a mano porque si no… ¿de qué vive? El ser humano necesita comer. Un carrito a mano es tracción a sangre, porque lo va tirando un cuerpo».Cuando Alfonso fue consultado hace unos años por profesionales del Instituto de Vivienda sobre la posibilidad de reemplazar al caballo por un carro eléctrico, rechazó la idea enfáticamente. Al igual que otros carreros, Alfonso describe al caballo como parte de su familia. En palabras de una veterinaria:
 
Tenés al cartonero que ama a su caballo por encima de todas las cosas. Le ha faltado el pañal para el hijo, pero no el alimento al caballo. Fabián te dice: «No tengo plata para el pañal, pero acá está la bolsa de avena y maíz». (…) Lo reto porque le da [a su yegua] demasiada comida y la tiene gorda (…). No la usa cuando hace calor, al mediodía, y en invierno tampoco para que no le agarre el rocío. (…) Tenés al fanático que lo cuida [al caballo] como a un ser más de la familia. (…) La yegua de Marcelo parió el mismo día que su mujer: fue al parto de su yegua y no al de su hijo.18
 
Dos veterinarios que han elaborado más de 1.000 historias clínicas sobre caballos de carro en la Región Metropolitana de Buenos Aires coinciden en que la mitad de los cartoneros cuida al caballo, mientras que la otra mitad hace un uso intensivo de su fuerza de trabajo a costa de la salud del animal. Los caballos en peor estado, coinciden los especialistas, son aquellos que son alquilados a los vecinos. Para los grupos proteccionistas, por el contrario, la mayoría de los carreros maltratan a los caballos: si los veterinarios curan al caballo, pues entonces apañan al cartonero y le extienden la agonía al animal. Bajo esta perspectiva, la tracción a sangre es siempre sinónimo de explotación. El siguiente diálogo en las calles de La Plata ilustra las diversas posiciones:
 
Proteccionista: (dirigiéndose a una veterinaria que está curando al caballo de un carrero) ¡Sos una asesina de caballos! (…) ¡Lo único que te importa es el cartonero!
Veterinaria:
¿Pero qué te pensás que tienen ellos [los cartoneros] en las venas y las arterias?
Proteccionista: (dirigiéndose al cartonero) No pueden tirar [los caballos] del carro. ¡Tienen que tirar ustedes!
Cartonero:
Señora, disculpe, nosotros también tenemos sangre.
 
Philippe Descola sintetiza este tipo de problemas con la necesaria delicadeza: «Muchos de los malentendidos llamados ‘culturales’, a veces cómicos, a veces trágicos, son producto de que los diversos colectivos que pueblan la Tierra no comprenden verdaderamente las cuestiones fundamentales que impulsan a moverse a los otros colectivos»19. Vimos recién que, mientras los proteccionistas buscan reemplazar al caballo de carro por juzgarlo un animal noble, el carrero redobla la apuesta argumentando que este es parte de su familia. Una identificación en apariencia similar de animalistas y carreros con el caballo –que se sintetiza en considerar a este último un pariente– se articula con diferentes modos de relación: los primeros rescatan a los equinos, los segundos los utilizan para trabajar. Y es que un modo de identificación no define a priori un modo de relación, como advierte Descola:
 
cada una de las fórmulas ontológicas, cosmológicas y sociológicas que la identificación hace posible es, en sí misma, capaz de ofrecer un soporte a varios tipos de relación, que no derivan automáticamente, por consiguiente, de la mera posición que ocupa el objeto identificado ni de las propiedades que se le otorgan. Por ejemplo, considerar a un animal como una persona, y no como una cosa, no autoriza de modo alguno a prejuzgar acerca de la relación que se entablará con él, que puede vincularse tanto con la depredación como con la competencia o la protección.20
 
Conclusiones
 
En este artículo exploré una porción de la experiencia ambiental de un grupo social metropolitano: ciudadanos que batallan contra la tracción a sangre urbana. En menor medida, abordé de qué modo ciertos carreros impugnan estas acusaciones y reivindican no solo su práctica laboral sino el vínculo con el animal. En algunos casos, la definición del caballo como herramienta se completa con la visión del animal pensado como un amigo o un hermano mayor: animales con quienes nos unen lazos de amistad21.
 
Por otra parte, los movimientos de defensa animal retoman el sufrimiento de los caballos para constituirse como grupo y dar pie a prácticas de protección que se materializan en denuncias policiales, incautación de los animales maltratados y creación de santuarios o refugios. El sufrimiento que aqueja a estos seres los vuelve, además, iguales entre sí. La comunidad moral abarca entonces, en la creencia proteccionista, a ciertos animales sintientes y a los humanos que realmente los comprenden.
 
En el conflicto por la tracción a sangre, la práctica apreciada como ilegal o disruptiva del espacio urbano se deduce de una supuesta ausencia de cultura, o bien de una lisa y llana bestialidad que nos remite a una concepción evolucionista22 de los sectores más desfavorecidos. La capacidad de simbolizar y de producir cultura de estos sectores subalternos, ubicados en los últimos eslabones de una escala de dignidad, es permanentemente puesta en duda. Una concepción evolucionista inspira, en efecto, las prácticas de incautación de los caballos de los carreros por parte de los animalistas. Si los carreros son –para ciertos defensores del caballo– una subespecie sin sentimientos, las acciones orientadas a su disciplinamiento responderán a esa concepción de su naturaleza problemática.
 
Y es que una cultura concebida como degradada estaría condenada a la repetición de sus comportamientos. Basta recordar la creencia de que el carrero, así como ejerce un maltrato sobre el caballo, extenderá naturalmente el uso de la violencia sobre su mujer e hijos.
 
Desde una concepción evolucionista, el cuerpo parece la única continuidad evidente que enlaza a los humanos «civilizados» con aquellas personas cuya humanidad es considerada inacabada. La acusación contra los «humanos incompletos» no solo se centra en su interioridad aparentemente deficitaria, sino en sus cuerpos: el carrero será percibido como un obstáculo del buen funcionamiento de la vida urbana.
 
El juego de espejos también involucra el destino de esos disímiles sujetos: si el caballo de uso urbano ha de ser rescatado y trasladado a un refugio o santuario, simétricamente el cartonero –si las penas fueran más duras y las leyes más justas, en términos de los activistas– debería ser confinado a la cárcel. A cada quien, pues, su refugio, sobre la base de la dignidad que le es imputada. Bajo esta interpretación, caballo y carrero no conforman sino las dos caras de una moneda: víctima y victimario, inocente y culpable; refugio para el ser noble y cárcel para el delincuente. Tal como vengo sosteniendo en diversas etnografías sobre la vida urbana contemporánea23, la cosmovisión evolucionista permanece a la orden del día para evaluar y prescribir moralmente los usos y ocupaciones populares considerados indebidos, insolentes u obscenos.
 
¿Cómo podemos reinventar los derechos animales en clave latinoamericana, en el marco de una ética del cuidado y de los seres más amplia? En primer lugar, es necesario repolitizar la cuestión animal e imaginar un ensamble de derechos humanos, derechos animales y derechos de la naturaleza en una dirección cosmopolítica y emancipatoria que vaya, como diría Boaventura de Sousa Santos, más allá en el reconocimiento de los otros24.
 
Por otra parte, las investigaciones y las prácticas ecofeministas tienen mucho para enseñarnos respecto de cómo generar nuevas relaciones de cuidado, no solo en el sentido de mantener y reparar un mundo donde humanos y no humanos puedan vivir tan bien como sea posible como parte de un mismo entramado vital, sino también en cuanto a contar con aquellos participantes y asuntos que no han tenido hasta hoy éxito en que sus inquietudes sean articuladas25."     
           
(María Carman, 'Tensiones entre vidas animales y humanas. Los movimientos contra la tracción a sangre', Nueva sociedad, nº 288, julio-agosto, 2020)