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28/3/23

«Sin la ayuda soviética la República hubiera rápidamente perdido la guerra»... Es obvio que no podía ganar contra Franco, el Eje y la no intervención. Aun así, resistió lo que pudo. Fue su desastre y su gloria. Nadie, salvo los abisinios y los chinos, había resistido la embestida fascista... el primer año de la guerra de 1936, la Unión Soviética exportó a España 19.800 toneladas de trigo; 10.671 de centeno; 83.903 toneladas de aceite combustible y 70.113 de gasolina; 17.716 de hierro fundido, además de camiones, tractores y medicinas... el oro del Banco de España “se utilizó en Francia y la URSS para convertirlo en divisas (francos, libras, dólares esencialmente) para hacer frente a los gastos de la guerra ligados a las importaciones (bélicas y no bélicas) absolutamente necesarias”

 "Durante el primer año de la guerra de 1936, según los datos del Comisario del Pueblo para el Comercio Exterior (NKVT), la Unión Soviética exportó a España 19.800 toneladas de trigo; 10.671 de centeno; 83.903 toneladas de aceite combustible y 70.113 de gasolina; 17.716 de hierro fundido, además de camiones, tractores y medicinas, entre otros apartados. En el periodo 1936-1938, respecto a las exportaciones republicanas a la URSS, destacaban el plomo, las frutas, el aceite de oliva o los tejidos de algodón.

Más allá de los cuadros estadísticos, un análisis profundo de las relaciones entre la Unión Soviética y la II República española puede hallarse en el volumen Oro, guerra, diplomacia. La República española en tiempos de Stalin, de Ángel Viñas. El libro de 510 páginas ha sido editado por Crítica en enero. Historiador, economista y diplomático, Viñas ha sido catedrático en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Es coautor de El desplome de la República (2022) y Castigar a los rojos. Acedo Colunga, el gran arquitecto de la represión franquista (2022); en 2021 publicó El gran error de la República. Ángel Viñas afirma en su último libro que el oro del Banco de España “se utilizó en Francia y la URSS para convertirlo en divisas (francos, libras, dólares esencialmente) para hacer frente a los gastos de la guerra ligados a las importaciones (bélicas y no bélicas) absolutamente necesarias”. La siguiente entrevista se realiza por correo electrónico.

-¿Qué evaluación general realizas de la ayuda soviética (incluidas las relaciones comerciales, diplomáticas y el respaldo militar) a los gobiernos de la II República?

Para suministrar la base necesaria, desde el punto de vista documental y crítico, he escrito el libro. Hay cosas sabidas, generales, y otras no sabidas. Como siempre el diablo está en estas últimas, porque solo se contestan con documentos primarios cuya búsqueda lleva tiempo y cuyo análisis y contextualización incluso requiere más esfuerzo aún.

 En dos palabras: sin la ayuda soviética, la República hubiese rápidamente perdido la guerra. Aguantó, como pudo, en medio de tremendas tempestades políticas, militares e internacionales. Es obvio que no podía ganar contra Franco, el Eje y la no intervención. Aun así, resistió lo que pudo. Fue su desastre y su gloria. Nadie, salvo los abisinios y los chinos, había resistido la embestida fascista. En Europa las democracias (salvo el Reino Unido) tampoco lo hicieron después. A mí siempre me ha sorprendido que no se reconozca abiertamente tal dato.

-¿Fue más importante la cooperación de la URSS que la llevada a término por la Alemania nazi y la Italia fascista a los golpistas españoles?

No. Pero sí lo fue durante un par de meses al principio, digamos octubre/noviembre de 1936. En cuanto Hitler subió el ritmo de suministros (Legión Cóndor) y Mussolini disparó el envío de tropas (aunque no todas fueron de primera línea) y los británicos apretaron las tuercas y Blum se echó atrás, la República había perdido tanto territorio y tantos recursos que la derrota era inevitable. La URSS mantuvo su apuesta más o menos durante diez meses más. Después dejó a la República a palo seco otros tantos. Tales discontinuidades fueron dramáticas. Sin contar con que la creación de un Ejército Popular de nuevo cuño, capaz de enfrentarse a tres o cuatro (incluidos los marroquíes) de carácter profesional no fue una tarea sencilla. Por lo demás, no hay que olvidar que Mussolini ya había aprobado una ayuda militar a los golpistas ANTES del 18 de julio.

-¿Qué posición adoptaron Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos?

Este tema es el más conocido. Brevemente, los anglosajones se inhibieron. Francia vaciló, aunque no al principio. Ayudó indirectamente: permitió la actuación de agentes republicanos en su territorio; fue base de salida de las Brigadas Internacionales; compró un 25 por ciento de las reservas de oro. Los otros dos fueron mucho más duros y empresas norteamericanas apoyaron eficazmente a Franco. Hoy un historiador español desprecia olímpicamente el marco internacional de la guerra civil. A eso se ha llegado.

-¿Qué  grandes mitos propaló la dictadura franquista a partir de la cooperación entre la URSS y la II República/Frente Popular? (“El oro de Moscú es un tema absolutamente básico para diseccionar la mitografía conservadora (amén de la ultraderechista) en su componente básico de ‘proyección’, es decir, en su atribución al enemigo de comportamientos propios, personales y colectivos”, escribes).

El primero y principal es que, como tú dices, montó una contrahistoria basada en ese principio de proyección. Ya en la preparación de la conspiración se observa su eficacia (hay que impedir un golpe comunista, hay que cortar radicalmente la violencia que practicaban los “rojos”). Luego lo aplicaron al marco internacional y a las disputas entre los republicanos. Asumieron la noción de “cruzada” y al final se habían obsesionado tanto con los comunistas que ya nunca más dejaron de presentarlos como el enemigo más sustancial y permanente de la PATRIA. Cabe afirmar que los elementos esenciales de esa interpretación fueron asumidos, sin solución de continuidad, durante toda la dictadura.

Ciertamente, no en el extranjero, pero los autores extranjeros escribieron sus obras sin apoyo de la documentación española (reservada a los proclives al régimen, si bien solo selectivamente). La historia de lo que pasó y por qué pasó ha empezado a escribirse en el período democrático.

-La República española reconoció de iure a la URSS en 1933, aunque sin establecer relaciones políticas ni diplomáticas. ¿Cuál fue la realidad –años después- sobre el oro del Banco de España depositado en Moscú y para qué se utilizó?

Se pasaron más de dos años, con alguna interrupción, negociando bajo cuerda para lograr una definición de las relaciones diplomáticas y comerciales lo más parecida posible a las que tenían Francia y Gran Bretaña. A pesar de las reservas de los partidos de derecha, la negociación continuó bajo los gobiernos radicales. Incluso he encontrado atisbos en 1935, si bien ya muy apagados. El proceso estaba en marcha de todas maneras antes de las elecciones de febrero de 1936.

El oro se utilizó en Francia y la URSS para convertirlo en divisas (francos, libras, dólares esencialmente) para hacer frente a los gastos de la guerra ligados a las importaciones (bélicas y no bélicas) absolutamente necesarias. Hoy no guarda ningún misterio. Prácticamente todos los aspectos relevantes han sido identificados. Quedan, desde luego, algunas cuestiones. Debo reconocer mi fracaso total y absoluto a la hora de convencer a las autoridades españolas de que no hubiera sido una mala idea patrocinar una convención de historiadores de ambos países para abordar los puntos oscuros.  

¿Qué función ejerció –respecto a este metal- el ministro de Hacienda (1936-1938) y presidente del Gobierno (1937-1939) Juan Negrín, del PSOE?

Negrín, por encargo del gobierno, asumió las modalidades de envío y de gestión de la conversión de las reservas metálicas en divisas. Lo hizo en estrecho contacto con Largo Caballero y solo a partir de mayo de 1937 hasta abril de 1938, cuando la cartera de Hacienda la asumió Méndez Aspe. La operación de envío y conversión se llevó a cabo en el más estricto secreto, aunque una parte se filtró a los sublevados desde el comienzo mismo de la guerra.

-Dedicas un apartado de la investigación a “la cuestión de los precios” (y los tipos de cambio múltiples) en las exportaciones soviéticas a España. ¿A qué te refieres?

Desde 1974-1976 he estado pensando que habría que escribir algo sobre el comercio bilateral. Hasta ahora no he tenido tiempo de hacerlo. Hay que darse cuenta de que el soviético era un sistema económico antitético al capitalista. También bastante desastroso. Las implicaciones para el comercio exterior se han estudiado en muchos países, pero no para España. Básicamente lo que he encontrado es que los soviéticos aplicaron a la República dos regímenes: uno parecido al que utilizaban con otros países sobre materias primas, semitransformados y bienes de capital, y otro, referido al material bélico, basado en tipos de cambios múltiples. Franco, por cierto, aplicó un sistema parecido y lo hizo a todas las exportaciones españolas a finales de los años cuarenta.

El porqué de la decisión no lo he visto documentado, pero así fue. Por lo demás, la URSS no era exportadora de armamento. Había enviado algunas armas a China en los años veinte. Luego, a mitad de los años treinta, remitió grandes cantidades. Así que he tenido que establecer ciertas hipótesis. A pesar de todos mis esfuerzos no he encontrado ninguna obra que explicara las razones. Este era un tema adecuado para tratar en una conferencia de historiadores.

-Por último, tras años de investigación en los archivos, ¿qué consideración tuvo –a grandes rasgos- Stalin de la República española? ¿Has constatado algún tipo de evolución?

Stalin, salvo que aparezcan nuevos papeles, creo que jugó bastante limpio con la República española. No podía ponerse en primera fila y recomendó a los republicanos que se apañaran con sus aliados naturales, que eran los franceses e ingleses. Tal no fue el caso y del otoño de 1937 al otoño de 1938 se dedicó a incrementar el nivel de autoprotección soviético frente al Japón y al Tercer Reich. En su opinión, contraria a la de sus funcionarios, había que reducir el nivel de apoyo a la República. Esto es conocido. Donde yo he avanzado un poco más es a la hora de reconstruir a partir de noviembre de 1938 las circunstancias que llevaron a una nueva oleada de suministros bélicos que ya prácticamente no llegaron a España.

Las relaciones hispano-soviéticas están en la base de, con este, cinco libros que he escrito (El desplome de la República escrito con Fernando Hernández Sánchez). No conozco a ningún otro historiador, español o extranjero, que puede exhibir tal palmarés. Ciertamente no hay muchos y yo he tratado de ir un poco más lejos que Daniel Kowalsky o Frank Schauff. Discrepo fundamentalmente de otros autores anglosajones, influidos todavía por el síndrome de la guerra fría.  Aun así, reconozco que quedan paneles de sombra.

Una observación final. El estudio de la guerra civil vista del lado republicano es penoso a causa de las discrepancias esenciales que se desprenden de los escritos de los protagonistas. Todo el mundo echa la culpa a los otros. Los políticos de la guerra tienen su cohorte de historiadores. Por eso empecé mi libro El gran error de la República con una referencia al documental de Jaime Camino La vieja memoria. Al comienzo de la Transición es como si no hubiera transcurrido el tiempo.

La única forma de poner un poco de orden es, en mi modesta opinión, acudiendo a los documentos políticos, económicos, militares y diplomáticos de la época. Y ensamblarlos con los archivos relevantes extranjeros.  Pocos lo han hecho y menos aún han dedicado tanto espacio a los preparativos del golpe de 1936 en sus dimensiones fundamentales.

En realidad, fue un asalto al régimen republicano de carácter monárquico, militar y fascista que el Gobierno de la época no pudo o no supo (descarto el que no quisiera) cortocircuitar.  Todavía está por ver que alguien haya desmontado la evidencia que he ido acumulando en La conspiración del general Franco, 2012; El primer asesinato de Franco, 2017, ¿Quién quiso la guerra civil?, 2019, y El gran error de la República, 2021. Pero como yo trabajo inductivamente desde documentación primaria siempre puede escapárseme alguna y verme confrontado con otras interpretaciones.

Yo mismo lo haré sobre mí en mi próximo libro. No hay historia definitiva. Mal que pese a la derecha… y a la izquierda."                   (Enric Llopis  , Rebelión, 25/03/2023)

22/3/23

Hay algo que convendría no dejar pasar del discurso de Tamames, esa pretensión perversa de equiparar en el pasado a víctimas y verdugos, rematando su discurso con una cita de Machado, quien murió en Colliure, precisamente por el golpe fascista y criminal del que tuvo que huir... No se trata de hacer balanza de atrocidades, sino de afirmar que aquello consistió en cercenar una república para defender los privilegios bastardos de banqueros, terratenientes y clero. La sangre de los españoles convertida en botín

Daniel Bernabé @diasasaigonados

Hay algo que convendría no dejar pasar del discurso de Tamames, esa pretensión perversa de equiparar en el pasado a víctimas y verdugos, rematando su discurso con una cita de Machado, quien murió en Colliure, precisamente por el golpe fascista y criminal del que tuvo que huir.

No se trata de hacer balanza de atrocidades, táctica militar del terror en los sublevados, sino de afirmar que aquello consistió en cercenar una república para defender los privilegios bastardos de banqueros, terratenientes y clero. La sangre de los españoles convertida en botín.

Y eso Tamames lo sabe. Tanto como que fingiendo ser de una tercera España, pasando a arrepentido por no decir traidor, lo que le esperaba era el confort de los micrófonos y una cuenta bancaria saneada. De economía, de la suya, siempre supo, de dignidad y poesía mucho menos.

12:46 p. m. · 21 mar. 2023
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13/3/23

Ángel Viñas: «Me he cargado los fundamentos de las leyendas franquistas que decían que la guerra era inevitable»... A Stalin no le interesaba que en España se estableciera una república soviética porque eso le hubiera enemistado con los países con los que quería combatir al fascismo

 "Nada cambia más constantemente que el pasado; porque el pasado que influye en nuestras vidas no consiste en lo que realmente sucedió, sino en lo que los hombres creen que sucedió”. Ángel Viñas ha seleccionado brillantemente esta cita de Gerald W. Johnson para introducir su último libro Oro, guerra, diplomacia. La República española en tiempos de Stalin, que acaba de publicar con la editorial Crítica. Este libro es continuación de los dos anteriores: ¿Quién quiso la guerra civil? y El gran error de la República. Con él concluye la trilogía con la que desmonta los mitos que el franquismo inventó para justificar su golpe de Estado, unos relatos que alimentaron durante décadas quienes detentaron el poder y se beneficiaron de él: querían hacer ver que España estaba al borde del precipicio.

Decía Walter Benjamín que la historia la escriben los vencedores y se la imponen a los vencidos. Y así fue durante décadas, pero el trabajo que hacen historiadores como Ángel Viñas rastreando pacientemente archivos durante años, trabajando con fuentes primarias, erosiona los pilares de cartón piedra sobre los que se levantó la gran mentira de quienes atentaron contra la República e impusieron una dictadura de 40 años en este país. “Sin buscarlo me he encontrado que me he cargado los fundamentos básicos de las leyendas franquistas que decían que la guerra era inevitable para prevenir una revolución comunista, luego largo-caballerista, y que era una guerra santa para evitar la sovietización del país. Todo esto es mentira. Mucho de lo que analizo en los libros ya se había dicho pero nadie lo había demostrado con documentación primaria. Y cuando no puedes demostrar algo queda en interpretación, en una teoría. Yo lo demuestro con papeles”.

Ángel Viñas, economista de formación, fue el número uno de su promoción al  Cuerpo de Economistas y Técnicos Comerciales del Estado, trabajó en la Comisión Europea, y fue su embajador en la ONU, entre otras cosas. Era profesor en la Escuela Diplomática cuando le llamó Fernando Morán,  ministro entonces de Asuntos Exteriores, para ficharle como asesor en temas de seguridad. Cambió la economía por la historia, y al final de su vida laboral dejó la Administración e impartió clases en las Facultades de Historia y de Economía. Ahora desde Bruselas, donde reside, concentra  su tiempo en reconstruir, con la documentación de los archivos, lo que el llama “evidencia primaria relevante de época” (EPRE), la historia no contada de nuestro país. Viñas es uno de los referentes imprescindibles de la historia de la II República y la Guerra Civil. Su libros son el armazón con el que levantar los cimientos de la Memoria Democrática de este país.

GEMA DELGADO: ¿Cuáles son las principales aportaciones de este último libro de la trilogía, o de la tetralogía si incluye el libro con Fernando Hernández Sánchez?

ÁNGEL VIÑAS: En primer lugar, el proceso que llevó al establecimiento de embajadas mutuas en España y la URSS, que apenas se conocía. Salvador de Madariaga escribió pero no contó la historia como fue. El último capítulo sobre el comercio hispano-soviético es totalmente nuevo.

La parte del oro, que está en dos capítulos, recoge los documentos soviéticos que me permitieron ver o que han publicado. Y ahí nos dan cuenta de la visión de la URSS que no es como se nos había contado en occidente.

Me he detenido en los primeros envíos de armas y ayuda humanitaria soviética a España. Sobre las armas ya se conocía algo. He profundizado en el  último envío. También he tratado de mostrar una tesis que Gerald Howson emitió pero que no le dio tiempo a fortalecer. Entregó todos sus papeles a Paul Preston, quien me pasó muchos de esos documentos. Howson ya decía, y ya lo había tratado con menos profundidad que luego hice en la trilogía, lo que Stalin no pudo o no quiso hacer a pesar de la insistencia de militares y diplomáticos soviéticos y líderes de la Comintern.

G.D.: Las relaciones bilaterales con la URSS estaban suspendidas desde la revolución de 1917 y la República comenzó las relaciones comerciales con ellos, como ya venían haciendo otros países. La URSS tenía  petróleo suficiente y a precios muy favorables. Hasta Mussolini importaba petróleo soviético.

A.V.: No había motivos ideológicos para que no se restablecieran relaciones con la URSS. Había intereses económicos, como en el caso de Estados Unidos: se trataba de acceder al petróleo y a las materias primas soviéticas y de abrir nuevos mercados para las exportaciones españolas. Esa relación se vio distorsionada con el comienzo de la guerra civil. Las democracias occidentales, bajo la bandera de la no intervención, cerraron las puertas a la República; la URSS no lo hizo. Franco utilizó esa relación para alimentar su propaganda contra la República.

G.D.: Uno de los mitos franquistas para justificar su golpe, y que desmontas en este libro, es el peligro de la sovietización de España

A.V.: A Stalin no le pasó jamás por la mente sovietizar España; no digo que no se le pasara a otros por la cabeza pero a Stalin no. A Stalin no le interesaba que en España se estableciera una república soviética o parasoviética porque eso le hubiera enemistado claramente con los países con los que quería llegar a un acuerdo para combatir al fascismo, que eran los países aliados, aunque éstos no le hicieron caso y lo despreciaron, sobre todo los ingleses.

G.D.: ¿Por qué el gobierno de la República fue a buscar apoyo a la Unión Soviética?

A.V.: Negrín hizo todo lo posible y lo imposible para demostrar a franceses e ingleses que no había peligro comunista en España, pero no consiguió que le vendieran armas. Todo el mundo les cerró las puertas.

Sin el oro y sin el apoyo de la Unión Soviética, la República se hubiera hundido enseguida porque las democracias occidentales no quisieron apoyarla, unas por motivos ideológicos y otras por económicos. La única que facilitó aviones, tanques y artillería moderna fue la URSS. Sólo les quedó eso y el mercado negro. Los franceses permitieron que funcionarios republicanos actuaran en territorio francés para agenciar armas. Pasaron fusiles, ametralladoras, granadas, cañones. Pero en el mercado negro la República se vio estafada por todo tipo de gente sin escrúpulos.

G.D.: ¿Cuál fue el motivo por el que Stalin dejó de abastecer a los republicanos desde noviembre de 37 hasta finales del 38?

A.V.: Stalin no abandonó a la República a su suerte, simplemente no quiso enviar más material de lo que hizo. La explicación está en que Stalin no podía atender a tres frentes: el primero, el asiático, con los japoneses avanzando hacia Siberia; el segundo, frente a Hitler; y al mismo tiempo ayudar a España. Sabía que no podía. Si los ingleses y los franceses hubieran intervenido a favor de Checoslovaquia, en lugar de plegarse, Stalin hubiera hecho causa común con ellos.

G.D.: ¿Por qué volvió Stalin a ayudar en el 38, cuando ya acababa la guerra?

A.V.: Pues la única manera de explicarlo es que para entonces los rusos habían batido, con un coste enorme en hombres, a los japoneses en lo que fue la primera confrontación fuerte. Y eso apaciguó por un tiempo el peligro sobre las fronteras soviéticas en Asia.

Algunos han dicho que Stalin no tenía una estrategia de sustitución, por eso continuó apoyando a la República de una manera muy importante y muy rápida. Aunque el sistema soviético era lento,  Stalin dio en diciembre de 1938 un salto de tigre y a una velocidad de vértigo manda un primer envío con un montón de armas. Las primeras órdenes de Stalin son de diciembre del 38 y los primeros desembarcos de material en las costas catalanas tienen lugar a finales de mes. Y enviaron mucho más que se quedó en Francia. Sólo pudo pasar la frontera una serie de cargamentos en enero. Pero con los flancos catalanes desplomándose frente a la acometida franquista apoyada por la aviación nazi y la infantería y aviación italiana, Barcelona cae el 27 de enero. Ya no queda nada. ¿Dónde enviar el material soviético que estaba en Francia? Se queda en Francia. Cuando termina la guerra, Francia reconoce al gobierno de Franco y este, a finales de febrero de 1939, solicita el envío de ese material soviético, pero Francia no hace caso y lo devuelve a la Unión Soviética. Tiene que haber documentación al respecto pero nadie la ha encontrado que yo sepa.

G.D.: Este es el tercer libro que escribe sobre el famoso oro de Moscú. El primero fue en 1976, el segundo en 1979 y ahora este con fuentes nuevas. ¿Qué pasó con el oro de Moscú?

A.V.: El oro fue la pieza fundamental de la resistencia republicana. Sin el oro, la República hubiera acabado en el mes de septiembre u octubre de 1936. Se vendió en su totalidad: un 75% a la Unión Soviética y un 25% a Francia, aunque de este último no se ha hablado mucho. Se gastó todo. El contravalor en divisas se empleó en armamento, pero sobre todo para pagar las importaciones; y también en comprar alimentos. Se pasaba mucha hambre.

G.D.: Los soviéticos dijeron en su momento que el gobierno republicano había dejado una deuda de 50 millones de dólares

A.V.: Los rusos citan un solo documento, una carta firmada por Negrín en el mes de agosto de 1938, que no se ha publicado. He de confesar que cuando el ministro de Asuntos Exteriores Lavrov me autorizó a entrar en los archivos del Ministerio de la época soviética, puso como condición que no se me dejara ver los papeles relativos al oro. Tuve las mismas dificultades que teníamos los españoles en el Ministerio de Asuntos Exteriores de los años 70, después de la muerte de Franco. Y no vi ese papel, no lo han publicado. Entonces, yo me temo que la carta no existió o que fue un invento, o que dijo otra cosa.

G.D.: Franco también tuvo que financiar su guerra y comprar armamento, ¿de dónde sacó el dinero?

A.V.: Los sublevados tuvieron crédito casi ilimitado de los nazis, fascistas y algunas multinacionales, mientras el gobierno republicano pagaba al contado. Franco no acaba de pagar esas deudas hasta finales de los sesenta.

G.D.: Con este libro cierras la trilogía sobre la República en guerra

A.V.: Me interesé por la conspiración de Franco y lo he hecho con especial atención al contexto internacional. Me he dedicado a ella mucho tiempo, afortunadamente. Ahora tengo una visión, y creo que acertada, de la conspiración contra la República. Los conspiradores se querían cargar la República desde el año 32 con la ayuda fascista. Para desmontar los mitos necesitas pruebas. Y a mí lo que me despertó todas las alarmas fueron los contratos fascistas que los monárquicos firmaron con una empresa italiana el 1 de julio de 1936 y que están en la calle de Alcalá; yo los descubrí en el año 2012.

Por otra parte, una tesis doctoral de Carlos Píriz mencionó una infiltración de la policía gubernativa en la UME. A mí me sonaron todas las alarmas. Y a partir de ahí han salido los tres últimos libros. En ellos se demuestra que no hubo riesgo de sovietización de España.

De no haberse quebrado la normalidad a consecuencia del golpe monárquico-militar-fascista, la República hubiera seguido orientándose por coordinadas similares a las de las restantes democracias occidentales.

Franco no era una pieza central. Se “coló” porque era el único que podía colarse, era el que quedaba. Todo esto se ha distorsionado mucho. Yo he sido probablemente el único que ha reencauzado las distorsiones.

Yo no me baso en libros, voy a las fuentes. Sobre la guerra civil y la República se han escrito miles de libros y artículos. Decir algo nuevo es difícil; aunque no imposible, como he demostrado. La única forma de hacerlo es dejar los libros y los artículos de lado e ir a los archivos. Yo lo explico siempre todo en los prólogos.

Se había escrito mucho pero sin papeles o con los papeles alemanes y en algunos casos con los británicos, que ya se empezaban a desclasificar. Yo además de esos papeles quería ver los papeles soviéticos. Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo habían escrito un libro titulado Queridos camaradas sobre las relaciones de la Cominterm y España desde 1920 hasta 1940. Pero no era lo que yo buscaba. Yo quería ver los papeles del gobierno soviético.

En Naciones Unidas conocí a Lavrov. Le escribí. No contestó pero a los 6 meses recibí una llamada del Consejero Cultural ruso en Bruselas para decirme que ya podía solicitar el visado y que se me había autorizado la consulta. Estuve en Moscú tres o cuatro veces.

G.D.: ¿Cuál es la clave para comprender la guerra civil?

A.V.: La clave está en quién quiso, quien preparó la guerra. No fue la izquierda. Fueron ciertos sectores monárquicos, carlistas y alfonsinos, un sector del ejército y la ayuda fascista de Mussolini, aparte de toda la órbita de la derecha desde los periódicos (ABC, El Debate, La Nación) a quien puso el dinero. Fue una guerra civil internacionalizada desde antes de que estallara.

El gran error de la República fue no cortar el golpe, que lo podría haber hecho. Algunos pensaron que sería como una sanjurjada, pero se les olvidó el vector italiano…

La historia española no es como nos la han contado. Ni como escriben algunos, como Stanley Payne y un par de militares y periodistas que han bebido en las ubres del franquismo y se creen y repiten las mentiras.

Les invito a que estudien las fuentes. Las claves de la guerra están siempre en ellas. Por eso durante la dictadura no se abrieron los archivos: ni los franquistas ni los que incautaron a la República.

G.D.: ¿Cuándo empezaron a sembrar el miedo a los rojos?

A.V.: Empieza en el año 1932/33 (aunque ya había florecido antes de las elecciones de 1931). Primero es lo que sentían, y luego es lo que necesitaban para adoctrinar a los cuadros del ejército proclives a la sublevación. Lo hicieron las derechas. El manifiesto del Frente Popular se publica en enero del 36 y las octavillas que circulan entre los militares lo distorsionan de manera radical. Lo hacen para crear una atmósfera de excitación a la que contribuye en paralelo la prensa de derechas. No lo digo yo, ya lo dijo hace años Tuñón de Lara.

Al final, la batalla está en los medios. Y si la derecha lo aprendió de alguien tuvo que ser de los fascistas italianos y de los nazis. Goebbels es el maestro de la propaganda política de todos. Si vas a los periódicos de la primavera del 36 lo ves, en los comentarios de primera página y en los artículos de fondo.

G.D.: La derecha sigue haciendo campaña con el miedo al comunismo. ¿La historia se repite?

A.V.: Claro. Yo hago un paralelismo. No cito mucho al PP pero a Vox sí. La propaganda es útil cuando identifica unos mensajes simples y los repite y repite doscientas mil veces, que fue lo que todos los propagandistas del mundo aprendieron de Goebbels. Ellos lo hicieron con una idea muy simple repetida hasta la saciedad: los judíos son culpables. Aquí se convierte en “los rojos son culpables”. Si es que la derecha española no necesita copiar a Trump ni a Bolsonaro; tiene en sus genes lo que pasó en la primavera del 36. Han crecido en ello.

G.D.: Imagino tu trabajo como el de un minero o un arqueólogo, que cuanto más profundiza más material encuentra. ¿Cuál será tu próximo libro?

A.V.: Tengo un libro casi terminado: la forja de un historiador, que es de alguna forma un recorrido por mis aventuras en los archivos. Y otro, del que ya tengo unas 200 páginas, sobre el petróleo y la TEXACO. Lo escribo con un amigo, economista e ingeniero.

G.D.: Has recibido muchos premios a lo largo de toda tu carrera, incluida la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.  ¿Cuáles conservas con más cariño?

A.V.: Los de la sociedad civil. Los de los últimos años: el de Albert Camus, el de la Asociación Cultural Arte y Memoria; el del Foro Milicia y Democracia; el de Guernika; y que me hicieran hijo adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria. Tengo también algunas condecoraciones, pero son las que recibes como funcionario."               (Entrevista a Ángel Viñas, Gema Delgado  , El Mundo Obrero, 09/03/2023)

9/3/23

Un cómic para rescatar del olvido la figura de Juan Negrín, el hombre de la resistencia republicana

 “Lucharemos hasta el triunfo incondicional de la causa del pueblo español y del Gobierno legítimo de España”. Es una de las frases recogidas en las viñetas del cómic Juan Negrín, dedicado a contar la vida de esta figura clave de la II República y que para los autores representa la capacidad de “resistencia” que mostró en un período tan convulso de la historia, como fue el golpe de Estado franquista y la Guerra Civil. El periodista Francisco de Zárate y el dibujante Fer Clavi narran en forma de historieta la biografía de este personaje nacido en Las Palmas de Gran Canaria, con amplia formación médica y científica y que dominaba cinco idiomas. Un hombre altamente preparado cuya condición de “médico ilustre” le llevó primero a incorporarse al laboratorio de Fisiología General en Madrid y después a ser diputado socialista, para finalmente ser el último presidente del Gobierno de la II República antes del fin de la Guerra Civil y el exilio.

Para ambos autores, Negrín fue un total “descubrimiento”. Francisco de Zárate, nacido en Las Palmas de Gran Canaria, pero criado en Tenerife, explica que durante su etapa escolar apenas le nombraron a este personaje, pese a ser canario y ocupar un lugar relevante en la historia. “Nací en 1974 y en EGB nunca llegábamos a la II República; me imagino que porque las cosas estaban muy frescas”, añade. Fer Calvi (Buenos Aires) también conocía muy poco y este trabajo de documentación le ha permitido destacar de él que “su esfuerzo permanente por lograr sus objetivos sin traicionarse, como humanista y como hombre de ciencia, ni traicionar a su pueblo”. De Zárate considera que ese desconocimiento que sigue existiendo sobre el personaje se debe principalmente a esas leyendas negras que construyeron sus adversarios sobre él y que se desmontan con su biografía. “Negrín fue una persona excepcional que fue vencido en una Guerra Civil y eso explica todo; que el bando contrario lo demonizara durante los 40 años que duró su Gobierno, pero también explica las divisiones dentro de su propio bando cuando se producen las derrotas o en casi todas, dentro del bando socialista y de exiliados fuera de España”, resume.

El escritor de la historieta lo compara con Churchill por su capacidad de resistencia. La diferencia, recuerda, es que el primer ministro inglés tuvo finalmente el apoyo de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Negrín, que siempre esperó la ayuda de Francia e Inglaterra vio desvanecer las esperanzas de la República mientras la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler apoyaban a Franco, una ayuda con la que pudo ganar la Guerra. Ejemplo del tesón de Negrín fue su discurso en la Sociedad de Naciones en 1937. “Hemos sido las primeras víctimas. Tened cuidado. No seremos las últimas”, dijo. 

Desmontar los mitos sobre Negrín

Francisco de Zárate señala que en el cómic no quisieron responder a las leyendas negras para no darle más peso, ya que consideran que con la propia biografía del personaje se desmontan. Una de ellas es la del oro. “En los documentos que las autoridades franquistas recibieron por insistencia de Negrín quedó demostrado que las reservas del Banco de España se emplearon íntegramente en el esfuerzo de la guerra”, recoge el cómic. Un dato que se puede comprobar además en los documentos que atesora la Fundación Juan Negrín, que realiza un trabajo de divulgación y de estudio de los documentos de la II República y de la biblioteca del expresidente. Además, Moscú se quedó sin cobrar los 50 millones en créditos concedidos a la República, lo que desmonta una supuesta conspiración con los soviéticos para robar el oro español. 

Otro de los mitos que se han difundido con los años tiene que ver con la pérdida de vidas por su resistencia. De Zárate insiste en que Negrín esperaba esa ayuda de Francia o Inglaterra, pero además Franco siempre se negó a negociar una rendición en la que se acordara el respeto a las personas que habían sido leales al Gobierno de la República, por lo que no podía producirse una rendición en esos términos. En el cómic se recogen los “13 puntos de Negrín” y que sirvieron como testimonio de sus principios democráticos.    

El reto de traducir al lenguaje del cómic

Los autores se han enfrentado al reto de traducir al lenguaje del cómic cientos de páginas de la historia más dura de España. Para apoyarse y documentarse han utilizado la biografía de Enrique Moradiellos, de la Real Academia de la Historia y el tratado de la Guerra Civil de Helen Graham. “El cómic permite aportar información no solo descriptiva, por ejemplo, del avión con el que Negrín viajó cuando salió de España, sino información emocional de cómo se vivía cada momento”, resume de Zárate, que se define como traductor de la historia al lenguaje del cómic. Considera que este tipo de narración permite acercar la figura de Negrín a un perfil de público que quizás no se habrían leído una biografía de 300 páginas. Por ello, celebra la oportunidad que puede suponer el cómic para que su historia sea conocida o se pueda trabajar en un aula. 

“Ojalá el libro ayude a que personas que no conocen en profundidad la vida y obra de Negrín se interesen y la descubran. Es lo que me pasó a mí, entonces confío que a algunos lectores les pasará”, señala Fer Calvi, quien explica que la elaboración de las viñetas tiene su parte trabajosa, “todos los cómics la tienen, pero particularmente los históricos”, pero en especial una gran parte del trabajo es el proceso de documentación: “buscar referencias gráficas para todo, máquinas, paisajes, personas, vestidos, etc ya que nada se podía dibujar sin una referencia histórica fiable”. Se trata de una cuestión a la que se enfrentan “quienes hacen cómics históricos siempre y se termina disfrutando”, apunta. A Francisco de Zárate, encargado de la parte de narración, se le debe la parte de síntesis, algo a lo que está acostumbrado por su profesión periodística y porque lleva diez años trabajando en periodismo de historietas. 

Un cómic que aborda todas las etapas de Negrín

Pese a que la etapa de la Guerra Civil centraliza gran parte del cómic, en sus páginas se repasa toda su biografía, desde la descripción de sus padres; su madre (María Dolores López Marrero) venía de una familia propietaria de terrenos agrícolas y su padre aunque no venía de una familia acomodada hizo dinero antes de casarse gracias al comercio de frutas, fincas y solares. También ahondan en la juventud de Negrín, su importante etapa de formación en Alemania. “Era un investigador muy importante, pero también destacó como formador de investigadores”, destaca de Zárate. De hecho, nada más regresar de Alemania puso en marcha, por encargo del propio Ramón y Cajal, el laboratorio de Fisiología General en Madrid y tuvo un papel central en la constitución de la ciudad universitaria antes de la guerra. 

“Me pareció mientras iba leyendo sobre él, que tenía una resistencia sobrehumana, con la responsabilidad tan gigantesca que tenía encima, nunca huyó de su responsabilidad y siempre tomó las decisiones que él creía que favorecía al interés general”, apunta el escritor de la historieta. Confiesa que, como le ocurrió cuando leyó el Quijote, la muerte del personaje le llama mucho la atención ya que se encuentra “triste” en el final de su etapa. “Estaba triste y es una muestra más de que era un ser humano, maravilloso, pero un ser humano con su fragilidad y que resistió muchísimo”, concluye de Zárate. 

Las Casas Consistoriales de Las Palmas de Gran Canaria acogen durante el mes de marzo una exposición sobre esta historieta, publicada por la Fundación Canaria Cine+Cómic. Cuarenta paneles que erigen en este lugar céntrico de la ciudad donde nació Negrín cuentan la historia de este personaje."                    (Jennifer Jiménez  , eldiario.es, 4 de marzo de 2023)

6/3/23

Ángel Viñas: "Justificar la Guerra Civil por la sovietización de España es un camelo que ha calado"

 "Ángel Viñas, (Madrid, 1941) alza la voz cuando quiere precisar algo que le parece de cajón, y para señalar que no se callará cuando reciba críticas. Su posición es muy clara. Funcionario, economista, diplomático e historiador, Viñas lo sigue todo, desde Bruselas, donde vive, con sumo interés. Acaba de publicar Oro, Guerra, Diplomacia, la República española en tiempos de Stalin (Crítica), una obra que es continuación de dos anteriores, ¿Quién quiso la guerra civil?, y El gran error de la República, en la que refuerza sus tesis sobre la manipulación de la derecha, que durante años y años proclamó lo del “Oro de Moscú”, que Joan Manuel Serrat reflejó en su Temps era Temps. Viñas se explaya en esta entrevista con Letra Global para señalar que los “reletos son importantes”, pero que las investigaciones son concluyentes: “Justificar la Guerra Civil por la sovietización de España es un camelo que ha calado". Él, en todo caso, se ata a los archivos, a los "papeles". Y constata: "Más no puedo hacer".

--Pregunta: Los datos son importantes, pero, ¿qué pasa con la ideología? ¿Cómo se combate una idea instalada, que ahora Vox, periódicamente, vuelve a señalar sobre el Oro de Moscú?

--Respuesta: No sé cómo se combate la ideología, cómo se combate a Bolsonaro, a Trump, a Orbán y a tantos otros. He servido al Estado y sé cómo funcionan por dentro los estados y no me gusta comentar una polémica de rabiosa actualidad. Me jubilé hace doce años y no me interesa entrar en eso. Pero lo que digo es que un historiador debe tener en cuenta las ideologías de la época, debe saber interpretarlas, y reconstruir lo que se pueda reconstruir. Me he acostumbrado a interpretar papeles, y en ver cómo actúan los seres humanos ante circunstancias concretas. Lo que me interesa es ver cómo interactúan en ciertas estructuras. Y lo que se debe decir es que hay datos, se conoce el pasado y me interesa lo que hay detrás de los datos y las decisiones de los decisores. Necesito documentación, pero no la del ABC o de La Nación o El Debate. Me interesé por la Historia tras un encargo de Fuentes Quintana sobre Hitler y el estallido de la Guerra Civil. No me basé en diarios, sino en decisiones gubernamentales, que es una parte del todo, pero que es fundamental.

--Usted parte de los escritos de Azaña, que ya percibe que la cuestión del oro y la ayuda de la Unión Soviética será utilizada por los que protagonizan el golpe de estado.

--Sí, pero desde mayo de 1936 a febrero de 1937, Azaña no escribe diarios, o no se han encontrado. Toma notas apresuradas, apuntes sobre la marcha. Sus diarios son interesantes, porque muestran los recovecos de la acción gubernamental. Pero en el caso de la Guerra Civil da pocas pistas. Las que ofrece las publicó Santos Juliá, en las obras completas de Azaña. Yo utilizo unas cartas que Juliá añadió como anexo a las memorias.

 --Y lo que se constata en su libro es que España caminaba hacia las democracias parlamentarias europeas

--Totalmente, no me cabe ninguna duda. Este libro viene a ser el tercero de una obra amplia, --¿Quién quiso la guerra civil?, y El gran error de la República-- que parte de una primera cuestión: Quién quiso la guerra. Porque hubo condiciones necesarias, pero no suficientes. Entre las primeras, las ya conocidas como el atraso económico, las oligarquías, el atraso social o la situación del campesinado. Todo el mundo está de acuerdo en eso, pero, ¿era todo ello condición suficiente? No, alguien quiso la guerra. Hay que analizar la situación. ¿Y si el presidente de la República no hubiera retirado su confianza en Azaña, y se hubiera evitado la convocatoria de elecciones? ¿Y si las izquierdas no hubieran ido por separado, que era un suicidio si se pensaba en la ley electoral que ellas mismas había impulsado? Hubieran ganado las elecciones, pero no ganaron. Ganaron las derechas de la CEDA, que se acababa de constituir. Después, no quisieron gobernar y lo hicieron los radicales. No sabemos cómo hubiera evolucionado la República, sin la revuelta obrera de Asturias. Algunos siguen señalando que el estallido de la Guerra Civil se debe a la revuelta de Asturias, pero no se quiere entender que esa revuelta fue impulsada por el Gobierno para darle un palo a la izquierda. La revuelta que pretendía Largo Caballero solo tuvo efecto en Asturias. En Barcelona se liquida en nada, con dinero a raudales hacia la CNT, que se calla. En Asturias sucede porque los mineros disponen de una cosa, la dinamita. Pero todo dura quince días y muestra que contra el Gobierno y el ejército no hay revolución posible, no se puede hacer nada y con ello no hace falta que comente nada sobre la situación actual en España.

--¿Entonces?

--Sobre las condiciones necesarias, hay que recordar el escándalo del estraperlo, con Lerroux, que debe dimitir. Gil Robles se postula, pero Alcalá Zamora no confía en él y se convocan nuevas elecciones, que las gana el Frente Popular. Esas elecciones las podría haber ganado la derecha y no hubiera habido Guerra Civil. La izquierda no se hubiera sublevado. O Alcalá Zamora podría haber avalado un alzamiento a la austriaca, al estilo Dollfuss. Eran condiciones, en todo caso, que no se tenían por qué cumplir. La constante, en cambio, es que desde 1932 las derechas monárquicas y carlistas apoyan una sublevación contra la República para sustituirla por el modelo austriaco. En los diarios de la época no hay información, no ven venir la conspiración, que se desarrolla con la ayuda fascista.

 --En todo caso, y eso queda claro en el libro, con los hechos en la mano, es que España recibe el apoyo de la Unión Soviética dos meses después de que Italia y Alemania apoyen a los sublevados, no antes.

--Sí, y es Italia la madre del cordero, con la idea de una restauración monárquica, de tipo fascista. Lo que se desea es Gibraltrar, para cerrar el penón. Lo viril, lo fascista, después de Abisinia, como un pulso a las democracias, lo exhibe Italia y para ese proyecto España es fundamental. Se juntan el hambre con las ganas de comer. El apoyo a los alfonsinos, a los monárquicos, no es por amor al arte. Mussolini apuesta por eso, se deja caer a Austria, y se alinea con Alemania.

--Podía haber sido distinto, ¿con otras reacciones del Gobierno?

--En el segundo libro, previo a este, sobre esa idea que le decía en torno a la Guerra Civil y a las condiciones necesarias pero no suficientes, lo que señalo es que hubo un aparato de información sobre la subversión. Encontré la documentación en Ávila, y elaboré una serie de hipótesis. El Gobierno republicano, aunque estuvo al tanto de la subversión, no hizo nada, porque se fio demasiado de la experiencia de la Sanjurjada. A Azaña se le engañó como a un bebé, como se explica en las cartas de Gonzalo Rodríguez Lafora, que publicó Santos Juliá. La República, que conocía la ayuda fascista, la ligazón fascista de Calvo Sotelo, se olvida en 1936. Lo que es cierto que no podía saber es que en octubre de 1935 Antonio Goicoechea va a ver a Mussolini y le explica que si las izquierdas ganan, intentarán una sublevación. Con eso se explica todo lo que viene después, con algaradas fascistas y carlistas en la primavera de 1936, para crear la sensación de un estado fallido, creando un clima muy mal interpretado por la derecha, que criticó a la izquierda de esa atmósfera, que se asimila a la de 1934.

--La influencia soviética, por tanto, es, como mínimo, ¿escasa?

--La Comintern manipulaba lo que podía, al Partido Comunista, como han señalado Rafael Cruz o Fernando Hernández Sánchez, que han precisado que el PCE no estaba a favor de protagonizar ninguna sublevación. Lo que se quiere desde la Comintern es un frente antifascista, con todos los partidos, incluso con los anarquistas.

 --¿Stalin defiende para España una democracia liberal?

--Se ha mal interpretado a Stalin, porque la derecha que se subleva debía justificar el golpe de estado y qué mejor que hacerlo responsabilizando a las izquierdas vencidas. Se ve muy claro en el dictamen de Serrano Súñer en 1938, con figuras preeminentes de la propia conspiración. Lo que se defiende, repito, es un frente contra el fascismo.

--La cuestión es que se mantiene el mito del oro de Moscú, a partir de una constatación, y es que la República debe pagar lo que pide al contado, mientras que los sublevados pagarán a crédito.

--Es eso, pero todavía Vox sigue con el mito y el PP, ¡qué quieres que te diga!

--¿Pesa, por tanto, la ideología?

--Pesa la ideología y los intereses, confesables en unos casos e incofesables en otros.

--En todo caso, ¿cómo explicar la historia a nuevas generaciones, con mitos que se mantienen, y que tienen acceso, por primera vez, a las investigaciones que se han publicado, como las suyas?

--El relato importa, y mucho, y mucho más ahora que los medios están al alcance de todos. Eso tiene ventajas e inconvenientes, con cuestiones que se manipulan. Sucede en todas partes. Hay un relato político adaptado y otra cosa es el pasado y su interpretación a partir de datos fiables. Lo que yo ofrezco es un relato documentado, y mi deber es aprovechar la documentación disponible. Yo soy de la generación del 41, y traté de evadirme del franquismo. Ya leía, antes de la universidad, los libros de Historia de Espasa Calpe, que eran para los primeros cursos universitarios. Y mi investigación ha sido siempre a partir de archivos.

--Los tecnócratas del franquismo mantienen la versión franquista del oro de Moscú.

--¡Es que los tecnócratas del franquismo eran franquistas! Navarro Rubio, Castiella, Martín-Artajo…

--¿Se ha idealizado su contribución a la economía de España con la idea de que salvaron el país?

--Se han idealizado sí, salvaron al país y al franquismo. Fueron muy conscientes de ello.

--Pero significaron una ruptura con lo anterior, abriendo la economía, con reformas.

--Hasta cierto punto. El cambio fue lento. Ya se empezó a otear en 1951, con Manuel Arburúa al frente de Comercio, que era franquista, pero no idiota. Vio que las políticas comerciales existentes no iban a ninguna parte. Y con la irrupción del Opus Dei se juntaron los altos funcionaros y los economistas. Tenían claro que con la autarquía no se podía seguir.

--¿La prioridad era salvar la economía o salvar el franquismo?

--Salvar la economía, aunque eso comportara también salvar el régimen. Hay una importancia decisiva de hombres como Manuel Varela, el secretario general técnico de Comercio, un puesto clave, con el Instituto Español de Moneda Extranjera, el IEME. Me contó que nunca se refirió a Franco como Generalísimo. Sólo como “ese señor”. Pero a partir de 1962, como si le hubiera llegado el espíritu santo, ya decía “he ido a ver al Generalísimo”. ¡Había visto la luz! Es un síntoma de que se comenzaba a cambiar algo. Ahora bien, yo que he repasado los discursos de Franco, los que daba en Navidad, recuerdo el de 1959, y no hay grandes elogios a los Planes de Estabilización. Funcionaron por encima de sus expectativas, porque Franco no creía mucho en ellos. La potencialidad era evidente en la economía española, pero no podía manifestarse sin esas reformas. Y hubo muchos catalanes interesados en esos planes, que los impulsaron, con Sardà Dexeus, López Rodó, Fabià Estapé…Estaba claro que la industria catalana estaba yugulada, y los naranjeros valencianos también, con una tasa de cambio dólar-peseta que los arruinaba.

--¿Cómo se utilizó, en todo caso, ese oro de la República?

--No se conocían las reflexiones soviéticas sobre el oro de la República, y teníamos las cartas de Negrín, que se entregan a Franco en 1956. Creí relevante hablar de ello en el libro. Pero mi interpretación no ha variado mucho desde mis primeras investigaciones. El oro se envía a Francia, para ponerlo a salvo y para convertirlo en divisas, porque había oro en lingotes y, principalmente, en monedas. Con eso no puedes pagar nada, ni armas ni otras necesidades. Las transacciones se pagaban en libras esterlinas o en francos. Cuando Negrín llega a Hacienda ve que hay una operación, pero pequeña y fuerza las ventas, para poner el oro a buen recaudo, antes de que llegue Franco. La banca internacional pone muchas dificultades para las transferencias, para adquirir armas y productos y el oro se considera que puede estar seguro en Moscú. Tenía todo el control del mundo. Los rusos cumplían las órdenes de venta que dictaba Negrín, con comisiones, claro. No eran relaciones de amigos. Eso es lo que pasa.

--¿Y qué ocurre con Inglaterra?

--De Inglaterra se pueden decir cosas malas y muy malas, pero defiende sus intereses. Siempre lo ha hecho, y una guerra es una guerra. Lo que veía era el peligro nazi, como algo inminente. Y a Moscú no se le podía pedir que ayudara gratis a la República. Enviaba divisas, que se necesitaban imperiosamente. La España de Franco, posteriormente, nunca dio su posición en divisas, y solo lo hizo a partir de 1959 exigida por la OCDE y por el FMI. Hasta entonces la posición de divisas de España era un secreto de estado.

--¿No quedaba otra, por tanto, que esa relación con Moscú, dada era relación compleja con Inglaterra?

--Las relaciones con Inglaterra en los primeros cuatro años de la República no son malas. Y en gran medida se debe a las buenas dotes del embajador británico, que trabajaba en España desde 1927. Era conservador, pero entendía a España. En el verano de 1935 se jubila, y su sustituto es un auténtico desastre, es la oveja negra que, de vez en cuando, surge dentro de una diplomacia británica que siempre ha sido de alta calidad. Lo que se difunde es que España se acerca a Rusia, y hay una gran preocupación por ello. ¡La revolución roja se acerca! Pero el director general del Foreign Office tenía claro que lo que les decían sus equipos del sur de Europa no estaba bien encaminado. Y es que Stalin no estaba interesado en transformar España en un soviet. Stalin concentra sus esfuerzos en el este, frente a Japón. Las armas que envía son ridículas. Tiene claro que solo entrará en la batalla frente a los nazis si lo hacen Francia e Inglaterra y esos dos estados no dan el paso. Él tampoco lo dará. Los investigadores hemos visto los archivos, y es verdad que no podemos dar un certificado de buena conducta a Stalin, pero justificar la Guerra Civil por la sovietización de España es un camelo, un camelo que ha calado en la sociedad. La idea de que se hace la guerra para prevenir ese peligro es un camelo, es una proyección que consiste en atribuir al adversario comportamientos propios porque no son favorables a la causa franquista. Eso es lo cierto. Y también lo es la importancia de los relatos, como se apuntaba antes."                  (Manel Manchón 

9/9/22

Ucrania no es Guernica... la Segunda República española no recibió ni un céntimo de las democracias occidentales... tenían miedo de que sus propias clases populares fueran contaminadas por la movilización popular que había en este país. Solo la Unión Soviética y Méjico apoyaron al gobierno popular español. ... mientras que la Alemania Nazi y la Italia Fascista ofrecieron toda la ayuda militar que permitió la victoria del fascismo en España... el gobierno ucraniano tiene una orientación política también muy diferente al gobierno de unidad popular existente en la República española. La guerra de Ucrania es una guerra de nacionalismos dentro del sistema económico profundamente injusto y neoliberal, en el que las élites gobernantes que han dominado el pasado de este país continúan dominándolo ahora y continuarán haciéndolo en el futuro. De ahí que estén recibiendo tanto apoyo de los establishments políticos, económicos, mediáticos y empresariales occidentales... Precisamente lo opuesto a lo que ocurrió en España

 "(...) UNA ÚLTIMA OBSERVACIÓN. LA UTILIZACIÓN OPORTUNISTA POR PARTE DEL PRESIDENTE ZELENSKY DE UCRANIA DE LO QUE OCURRIÓ DURANTE LA ESPAÑA REPUBLICANA EN GUERNICA PARA PROMOVER LA CAUSA DE SU GOBIERNO

El presidente del gobierno ucraniano, Zelensky, en su petición de ayuda militar al parlamento español, utilizó la imagen de Guernica para establecer una semejanza entre lo que ocurrió en España durante la Guerra Civil y lo que está ocurriendo en su país. Ucrania estaba siendo bombardeada por el enemigo Rusia, tal como la ciudad de Guernica había estado bombardeada por aviones nazis alemanes durante la guerra civil española.

 De la misma manera que el gobierno republicano español había estado pidiendo ayuda internacional entonces, el ucraniano lo estaba haciendo ahora pidiendo ayuda al Parlamento Español. Era lógico y loable que la mayoría de los parlamentarios aplaudiera la referencia. El contexto, sin embargo, era muy diferente, casi opuesto, lo que explica las enormes diferencias en la respuesta internacional a la petición de ayuda militar entonces (a la España Republicana) y ahora (a la Ucrania actual).

Lo que ocurrió en España era una guerra entre la mayoría de la población, las clases populares de los distintos pueblos y naciones en España, frente a una minoría que deseaba mantener el orden económico y político existente (con la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista) para poder preservar sus beneficios basados en las grandes injusticias existentes en aquel momento. Las clases populares estaban pidiendo cambios profundos en el injusto sistema económico y social vigente en España. 

Ello explica, por cierto, que el gobierno español democráticamente elegido no recibiera ninguna ayuda de las democracias europeas, debido a que los establecimientos políticos, económicos y mediáticos que gobernaban tales países tenían miedo de que sus propias clases populares fueran contaminadas por la movilización popular que había en este país. Solo la Unión Soviética y Méjico apoyaron al gobierno popular español. Las llamadas democracias occidentales no dieron ni un céntimo mientras que la Alemania Nazi y la Italia Fascista ofrecieron toda la ayuda militar que permitió la victoria del fascismo en España

La imagen de Guernica, bien reflejada en la pintura de Picasso, muestra el bombardeo de la población por parte de la aviación Nazi alemana en apoyo de los golpistas fascistas dirigidos por el General Franco. El contexto en el que el bombardeo ocurrió no podía ser más distinto del que ocurre en Ucrania hoy.

La guerra en tal país tiene una dinámica muy distinta y el gobierno ucraniano tiene una orientación política también muy diferente al gobierno de unidad popular existente en la República española. Ucrania es un país con gran concentración del poder económico en un sistema oligárquico en el que los cambios de gobierno (en un sistema democrático muy limitado e insuficiente) refleja más una alternancia de partidos de sensibilidad primordialmente nacionalista y escasamente social, lo cual explica la orientación conservadora neoliberal de los dos partidos históricamente mayoritarios, cuyo elemento diferencial es el nacionalismo y no la clase social de su electorado

De ahí, que la guerra de Ucrania ocurra en temas de carácter nacionalista que oculta políticas que debilitan al mundo del trabajo a costa del beneficio de grupos económicos y financieros internacionales. La reciente aprobación del parlamento ucraniano debilitando la protección laboral de la mayoría de los trabajadores ucranianos a fin de favorecer las inversiones extranjeras es prueba de ello (y de lo cual no se habla en ninguna parte en los medios internacionales). 

Es, en teoría, una guerra de nacionalismos dentro del sistema económico profundamente injusto y neoliberal, en el que las élites gobernantes que han dominado el pasado de este país continúan dominándolo ahora y continuarán haciéndolo en el futuro. De ahí que estén recibiendo tanto apoyo de los establishments políticos, económicos, mediáticos y empresariales occidentales. Precisamente lo opuesto a lo que ocurrió en España.  

¿Qué habría ocurrido en Ucrania si el gobierno hubiera tenido una composición semejante a la unidad popular de España, luchando para cambiar democráticamente el sistema político económico y enfrentándose con la sabiduría convencional de la globalización neoliberal? ¿Hubiera conseguido la ayuda que ahora está recibiendo? De ahí que la "lucha por la democracia" no puede ni debe limitarse a defender el statu quo, sino que debe incluir cambios substanciales de manera de que los que sufren más dentro de cada país puedan vivir mejor después. Es urgente y necesario que se pare la guerra que está causando tanta miseria, dolor, y mortalidad, y se antepongan los intereses de las clases populares de ambos lados del conflicto sobre los intereses de las minorías de siempre (industrias armamentistas, energías no renovables, oligarcas corruptos- no solo rusos sino también ucranianos y de países miembros de la OTAN, y políticos afines) que están utilizando la guerra para optimizar sus ganancias y beneficios. La lucha por la democracia debe ser mucho más que la lucha para mantener el estatus quo. Y esto es lo que está ocurriendo, a un gran coste para las clases populares de los dos bandos."            (Vicenç Navarro, Público, 08/09/22)

1/6/22

¿Que diablos ocurre con la historia en España? ¿Qué ha fallado en la enseñanza de la historia desde, digamos, 1976 en adelante para que se haya llegado a esta situación de banalización de un pasado nada glorioso, con las imprescindibles muestras de inculpación a otros por los desastres del pasado? Que en España las variopintas derechas tienen miedo, mucho miedo, a la historia

 "Este título simplemente refleja mi creciente perplejidad. Por los círculos universitarios madrileños -y quizá incluso fuera de ellos- circula en busca de adhesiones un texto de queja al Defensor del Universitario de la UCM.

Me llegó la semana pasada. Precisamente cuando, después de dos años y tres meses de encierro riguroso en Bruselas a causa de la pandemia, me disponía a tomar unas cortas vacaciones para ver a mi hija en su nuevo domicilio en Reino Unido. Cuando este post se publique estaré allí y alejado de mis papeles y libros. Por vez primera en tal lapso de tiempo.

No sorprenderá que apenas si tardase treinta segundos en adherirme después de leer el texto en cuestión. No sabía nada al respecto y no tengo conocimiento directo o indirecto si los hechos narrados sucedieron como en él se describen o no. Tampoco me parece que se trate de una broma pesada. En cualquier caso, si lo fuera no se tardaría en descubrir la superchería.

Para mí llueve sobre mojado. Hace algunos meses denuncié la orientación del contenido de la petición de VOX, elevada a la mesa del Congreso de los Diputados el pasado mes de septiembre por la portavoz adjunta de este partido, la Excma. Señora Doña Macarena Olona. Solicitaba la retirada del proyecto de ley de Memoria Democrática. Que yo sepa, nadie se hizo eco del caso. El “sabroso” texto de la petición tampoco se hizo público. No lo ha exhibido, que yo sepa, VOX ni tampoco ningún órgano de prensa de los que suelen aparecer digitalmente en mi bien baqueteado ordenador. Sí leí  la noticia de que tal petición había sido desestimada. Escribí un par de artículos sobre el caso en InfoLibre, para darles mayor publicidad que la modesta de que goza mi blog, y me he permitido hacer una referencia en un próximo libro, CASTIGAR A LOS ROJOS, en el que colaboro. Se publica el 15 de junio y haré alusión a él en varias ocasiones en el futuro.

Se trata de una puesta a punto de las bases conceptuales, filosóficas, históricas y jurídicas que sirvieron de pauta a los sublevados del 18 de julio para realizar un sinfín de actos de puro terrorismo que duró a lo largo de la guerra e incluso después. Y, como es lógico, nos basamos en evidencias primarias relevantes de época. Las que, por cierto, jamás ha utilizado el profesor Stanley G. Payne a quien un medio digital ha sacado recientemente de la oscuridad.

Innecesario es decir que personalmente me relamo de gusto anticipando las reacciones, si las hubiera, de VOX y del PP y de los historiadores detrás de ellos. Ya han dado muestras de lo que valen, en mi opinión, en el curso del debate sobre si el ingeniero e inventor Juan de la Cierva estaba o no compinchado con la sublevación.

Pues bien, si las concepciones de la historia de España que tienen puerta abierta en los medios de la derecha sobre la República, la guerra civil y el franquismo me son familiares, no había prestado suficiente atención al debate sobre los orígenes de España. Lo que había leído al respecto había sido obra de, con todo respeto, aficionados o periodistas. Unos los sitúan en tiempos de los romanos, otros lo hacen en la época de los visigodos y no faltan quienes los ponen en los comienzos de la “cruzada” contra los moros invasores. La fecha mítica es el año 711.

No soy tan lerdo como para ignorar que fuera de España (aunque menos aquí en Bélgica) existen debates similares. Quizá porque en este país en que vivo la fecha de fundación del Estado belga está fuera de toda duda. Pero en el caso español la fecha 711 suscita connotaciones muy parecidas a las que vienen arbolando en Francia Mme Le Pen y el distinguido “historietógrafo” (tomo la expresión prestada al profesor Albert Reig) Mr Zemmour. ¿Será que, como en el pasado, todo lo bueno -para unos- y lo malo -para otros- sigue viniendo de Francia? Había leído que el trumpismo tiene grandes adherentes en la España democrática, pero quizá la patología norteamericana en temas de historia esté demasiado alejada de nuestras latitudes.

En cualquier caso, el escrito que he firmado denuncia el intento de ocupación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM el 1º de abril (sin duda la fecha no es una casualidad:  es cuando el invicto general Francisco Franco firmó su famoso parte final de guerra en 1939). Según dicho escrito para tan solemne fecha se había solicitado una reserva de sala para que una -para mi desconocida- “Plataforma 711 para la Reconquista Cultural” pudiera celebrar un acto. A la vez, en las redes sociales se anunciaba, al parecer, la “toma” de la Facultad.

Obvio es señalar que la fecha de 711 tiene unas connotaciones zemmourianas y lepenistas. El término “Reconquista” no solo se refiere a una división, más o menos arbitraria, en la historia española sino también a movimientos perfectamente definibles y definidos en el país vecino. Incluso copia el nombre del partido de Mr Zemmour. Una casualidad.

El escrito al Defensor del Universitario cita un programa de una hora de duración (https://www.youtube.com/watch?v=iku5eDrV8no) en el que un chaval actúa como locutor que explica el acto no autorizado y sus vicisitudes en una mezcla de estupideces y de ejemplos de proyección. Esta es una de las características más acusadas de la “teología” e “historietografía” franquistas: acusar al adversario del tipo de comportamientos propios y que no se reconocen como tales.

Leyendo algo de lo que se publica hoy en España sobre la República, la guerra civil y la dictadura no veo una gran solución de continuidad. Y me pregunto: ¿qué ha fallado en la enseñanza de la historia desde, digamos, 1976 en adelante para que se haya llegado a esta situación de banalización de un pasado nada glorioso, con las imprescindibles muestras de inculpación a otros por los desastres del pasado?

Para mí está resultando obvio que la labor callada, silenciosa, de los historiadores que vamos a archivos, que buscamos evidencias que permitan sustentar -o rechazar- unas u otras interpretaciones, es una condición necesaria para acercarnos a un pasado tumultuoso. Pero no es una condición suficiente.

Personalmente no tengo tiempo de seguir la política actual y dos años largos de ausencia total de España no me permiten tomar el pulso de la calle ni de los colegas. Volcado en la dura tarea de interpretar el pasado, no tengo tiempo de pensar demasiado en el presente. Por eso, quizá me sea permitido diseñar un futuro que, para mí, no es deseable en absoluto.

Si las controversias que más o menos he seguido de cerca continúan sin dar frutos, dicho futuro no me parece nada halagüeño. En tanto que historiador lo que me ha preocupado y me preocupa son los siguientes temas:

*¿Cómo dotar de recursos materiales a los archivos de titularidad pública? Su situación es con frecuencia lamentable. Para terminar el libro que he enviado a la editorial hace un mes tuve que esperar más de ocho meses a que pudieran reunirse los materiales necesarios al efecto, Todavía no pueden hacerse fotografías de los documentos. Hay que atravesar por un largo y lento proceso de petición a los funcionarios -pocos y sobrecargados de trabajo- para que se pongan en pdf. El proceso de pago dilata aun más el tiempo que transcurre hasta recibirlos.  Menos mal que por ordenador. Me pregunto: ¿por qué en una multitud de archivos extranjeros hace años que pueden fotografiarse sin limitación alguna los documentos consultables? La última vez que estuve en los Archivos Nacionales británicos pude hacer una media de 800 fotografías diarias.

*La apertura, silenciosa y en general silenciada, de ciertos archivos no se ha visto acompañada de un incremento en las dotaciones de personal. ¿Acaso el Estado sigue en situación de amenaza de quiebra financiera? Porque el tema dura ya muchos años. En 1983 mi añorado amigo y compañero Julio Aróstegui y servidor fuimos a ver a un elevado personaje para rogarle que dotara de medios al Archivo de la Guerra Civil en Salamanca, ya abierto a la curiosidad de cualquier investigador (no como en la época de la dictadura). No olvidaré su respuesta: “pedidme que se construya otro edificio. No que se aumenten los gastos de personal”. En mi próximo libro en un largo prólogo alabo la profesionalidad y el espíritu de servicio de los funcionarios y empleados públicos que sirven en los archivos. ¿Hasta cuándo el orgulloso Estado español continuará dejando de lado el abordaje de los problemas estructurales de sus archivos?

*¿Y qué pasará en el Congreso de los Diputados con la Ley de Memoria Democrática, si no se aprueba y se blinda en esta legislatura? Porque si, como avisan observadores del acontecer político español, un futuro Gobierno que fuese de signo contrario, es de suponer que PP, Vox y tal vez de los residuos que quedan de Ciudadanos, no se apresurará a hacerla avanzar. La experiencia muestra que, por desgracia, en España las variopintas derechas tienen miedo, mucho miedo, a la historia.

No es de extrañar que haya dado comienzo a mis vacaciones lleno, muy a mi pesar, de preocupaciones."             

(Ángel Viñas . Historiador, economista, diplomático. Es catedrático emérito de la UCM. Rebelión, 31/05/22)

22/11/21

La guerra civil no fue irremediable. Fue producto de circunstancias concretas y preparada por actores concretos: monárquicos alfonsinos, carlistas, un sector de las fuerzas armadas debidamente manipulado y siempre contando con el apoyo, que llegó, de la Italia fascista... No la quisieron los republicanos liberales, ni los socialistas, ni los anarquistas, ni los comunistas ni, en general, la "Anti-Patria", que aspiraban a una España modernizada... ¿Y el terror? En lo que se refiere al que se desató en la zona leal al Gobierno, no se hubiera producido si el golpe no hubiera ocurrido. En el que se desató en la zona sublevada fue consustancial con el golpe. Estaba previsto. Estaba articulado. Irrumpió con una violencia feroz, porque de lo que se trataba era precisamente de aniquilar a la "Anti-España"

"(...) Después de casi tres años de guerra y cuarenta de posguerra, de los cuales la mitad se pasaron en el autoaislamiento económico (autarquía se decía entonces) y en una represión inmisericorde y con suma frecuencia cruenta para republicanos, liberales, socialistas, anarquistas, comunistas, masones, librepensadores, ateos -todos globalmente incluidos en el concepto de la "Anti-España-, una modesta prosperidad alentada por la emigración, el turismo y la inversión extranjera en medio de una continuada violencia estructural (algo más sofisticada), el 20 de noviembre de 1975 entreabrió las puertas a la esperanza. No sin temores. La Transición también tuvo sus víctimas, de muy diverso tipo. De violencia etarra y de violencia policial, pero alumbró un rayito de luz.

Hoy, como en ocasiones anteriores, representantes escasamente reciclados de los pilares ideológicos de la dictadura, volverán a invadir las redes -e incluso quizá algunas plazuelas- para reclamar una vuelta a aquellos tiempos en los que, sin rastro de vergüenza aparente, afirman que "con Franco vivíamos mejor". Sin duda hay gente que se lo cree. Algunos porque se lo han dicho en casa. Otros porque lo oyen y leen en las redes. No faltarán los ignorantes.

¡Ay!, el sistema educativo español, en buena parte en manos privadas, no ha hecho su deber y, en general, tampoco se le ha obligado a ello. (...)

Lo que los historiadores sí podemos es contribuir a modificar las representaciones de ese pasado. Esto es lo que fastidia a mucha gente que, en general, se encuentra del lado de aquéllos que todavía tienen una visión positiva de Franco, hoy fallecido hace 46 años, e incluso de su dictadura.Naturalmente a nadie le gusta que le digan que está equivocado. Sin embargo, desde 1975 a esta fecha los historiadores españoles hemos cumplido con nuestro deber. Hemos explorado archivos, hemos leído libremente a los colegas extranjeros ya no censurados, nos hemos puesto al día con los progresos de la disciplina y otras afines, hemos contribuido a interpretar las fosas del olvido, hemos sido un fermento social incansable. 

Y hemos mostrado algunas cosas que deberían haber sido evidentes sin necesidad de realizar los grandes esfuerzos que hemos realizado individual y colectivamente.Thank you for watching

- La guerra civil no fue irremediable. Fue producto de circunstancias concretas y preparada por actores concretos: monárquicos alfonsinos, carlistas, un sector de las fuerzas armadas debidamente manipulado y siempre contando con el apoyo, que llegó, de la Italia fascista.

- Se preparó y se hizo con argumentaciones espurias. En modo alguno se trató de evitar que la PATRIA cayera en las garras de masones, judíos, comunistas y demás ralea (en este sentido recomiendo la lectura del último libro de sir Paul Preston, Arquitectos del terror, que acaba de publicarse).

- No la quisieron los republicanos liberales, ni los socialistas, ni los anarquistas, ni los comunistas ni, en general, la "Anti-Patria", que aspiraban a una España modernizada en lo político, en lo económico y en lo social.

¿Y Franco?

Franco se "coló" porque la sublevación del 17/18 de julio quedó descabezada tras el asesinato de José Calvo Sotelo (cabecilla civil del golpe) y la muerte en accidente del teniente general José Sanjurjo, rencoroso. No tuvo rivales. Se aprovechó de la prevista ayuda mussoliniana y se encontró con el "chollo" de una ayuda nazi que consiguió en circunstancias que servidor desveló, más o menos, un año antes de su óbito. Como hacemos los historiadores: con evidencias documentales, debidamente analizadas y contextualizadas.

 Franco traicionó no solo al juramento de lealtad que había hecho a la República, también incluso a la Corona después de haber camelado durante tantos años a Alfonso XIII. Por eso hubo monárquicos que jamás se lo perdonaron, aunque como buenos monárquicos se acomodaron de una dictadura que jamás tomó medidas contra ellos. Las que se tomaron lo fueron contra la "Anti-España".

¿Y el terror?

En lo que se refiere al que se desató en la zona leal al Gobierno no se hubiera producido si el golpe hubiese tenido éxito o, mejor aún, si no hubiera ocurrido. En el que se desató en la zona sublevada fue consustancial con el golpe. Estaba previsto. Estaba articulado. Irrumpió con una violencia feroz, porque de lo que se trataba era precisamente de aniquilar a la "Anti-España", es decir, a quienes representaban un desafío para el orden económico, político y social de la parte feliz de la España, no menos "feliz", que apoyaba a la monarquía: la Iglesia, las Fuerzas Armadas, la Judicatura, más todos los que vivían contentos en aquellos tiempos de modernización controlada.

Es penoso que todavía hoy una parte de la sociedad española siga creyendo las mentiras, camelos y mitos que propagó la dictadura para justificar su nacimiento y su existencia. Pero es comprensible, porque las representaciones del pasado afectan al presente y quienes controlan ambos pueden pensar que también controlarán el futuro. Manipular la historia no es nunca una ocupación inocente."  
        (Ángel Viñas , Público, 19/11/21)

27/1/21

Largo Mayo, el maquis que traicionó a la guerrilla disfrazado de guardia civil...

 "Ramón Pérez Montero podría haber escogido como único protagonista de su novela al Comandante Abril, un guardia civil que luchó en el bando republicano, se echó al monte y, cuando su hermano le aconsejó que huyera, rechazó subirse a un barco rumbo a la libertad. Sin embargo, el escritor y poeta también eligió a Largo Mayo, el delator de la Agrupación Fermín Galán, quien le tendió una emboscada a los suyos disfrazado precisamente de guardia civil.

No es la única paradoja o contradicción que brota en la serranía de Ronda y Grazalema, ni en Eras la noche (Libros de la Herida), donde el autor no pretende mostrar a Largomayo —como lo escribe él— como un traidor. "Esa no es la imagen que reflejo en el libro, porque creo que no debe emitirse un juicio moral sobre el personaje. Todos tenemos luces y sombras, por lo que a veces me pregunto qué haría yo en sus circunstancias".

Las luces, en todo caso, se proyectaron sobre Bernabé López Calle (1899-1949), quien combatió en varios frentes hasta que, llegada la derrota, se presentó ante las autoridades. Lo pagó con la cárcel y, una vez libre, regresó con su familia a su pueblo, Montejaque (Málaga), donde sufrió el acoso de los falangistas. Antes de que fuesen a por él, se echó al monte con su hijo mayor. Curioso: un maquis guardia civil y con carné de la CNT.

 De hecho, su ideología libertaria —Pedro López, su hermano, había sido alcalde cenetista— chocó con la del comunista Pablo Pérez Hidalgo, de modo que el primero se instaló con sus guerrilleros en Cádiz y el segundo, en Málaga. Ambos compartirían el liderazgo de la guerrilla del sur andaluz. Pérez Hidalgo, como jefe del Estado Mayor. Bernabé, conocido como el Comandante Abril, como jefe de la Agrupación Fermín Galán.

El campamento fijo estaba en Medina Sidonia, donde precisamente había nacido Francisco Fernández Cornejo, Largo Mayo, antihéroe de la novela y del maquis. Un hombre sin oficio ni ideas políticas definidas que combatió en el bando republicano, fue condenado a doce años y estuvo preso la mitad. Después de la guerra, su hermano Juan fue detenido tras un atraco y su hermano José, alias Chiquito, murió en un enfrentamiento con la Guardia Civil.

Con él se echó al monte Largo Mayo, pero las caídas y fugas de sus compañeros lo llevaron a integrarse en la partida del Comandante Abril. "Antes del golpe, se dedicaba a caza furtiva, a la recolección de frutos silvestres y a hacer picón para los braseros. Era uno de los antiguos supervivientes de los cazadores-recolectores propios de otra era", explica Pérez Montero, quien matiza que el anarquismo que Chiquito llevaba en sus venas rojinegras pudo influir en que se afiliase a la CNT, aunque no estaba politizado como su hermano.

"Largo Mayo trajo a los guerrilleros a las sierras de Medina Sidonia, porque conocía muy bien la zona. Sabía quiénes eran los propietarios y los encargados, así como sus costumbres, por lo que les indicaba cómo cometer los asaltos y secuestros, sembrando inquietud por todo el territorio", recuerda el autor de Eras la noche, que a su juicio evita ser una novela maniquea, pues intenta comprenderlos a ambos.

Las sombras, en cambio, se ciernen sobre Francisco Fernández Cornejo, quien comienza a ser presionado por la Guardia Civil, que contacta con su mujer para que delate a su jefe a cambio de inmunidad. "Utilizo a Largo Mayo como contrapunto del héroe trágico que es el Comandante Abril. Mantienen una relación Quijote-Sancho: Abril lucha por sus ideales y Largo Mayo encarna el sentido práctico de la vida, que pasa por comer y sobrevivir".

También establece un paralelismo entre Jesucristo y Judas para intentar entenderlos. Jesús-Abril sabe que Judas-Largomayo lo puede traicionar, porque se lo advierte Juan Ruiz Huercano, el Capitán, pero no toma medidas. "Entramos en el terreno literario, no histórico, pero exploto esa relación inquietante porque me interesa la contraposición entre ambos en un sentido evangélico, que no religioso: ¿cómo permite Jesús que Judas lo delate?".

La Guardia Civil también coacciona a la mujer del Comandante Abril, quien vive sola en el pueblo. "La detienen, la interrogan y le meten mucho miedo en el cuerpo para que se entregue su marido, pero él no lo hace, sino que aprovecha las noches de agua —cuando hay menos vigilancia— para verla". Como los uniformados no logran darle caza, promete a Largo Mayo que si se entrega en el cuartel y delata a sus compañeros salvará el pellejo.

Entonces les indica dónde se encuentran, pero la Guardia Civil le obliga a guiarlos. "Disfrazado de guardia civil, los lleva hasta el Cerro de la Atalaya, donde matan al Capitán y a Bernabé. El hijo del Comandante Abril logra zafarse, si bien moriría más tarde en otra redada. Potaje consigue huir a Portugal y se le pierde el rastro, mientras que el resto va cayendo en sucesivas emboscadas", comenta Pérez Montero.

Aguerrido e idealista, Bernabé fue un héroe popular en Montejaque, su localidad natal. "En cambio, pese a que la gente del pueblo no veía con simpatía a los maquis porque les causaban problemas, no perdonó la traición de Fernández Cornejo y fue señalado por ello. De hecho, cuando yo era niño, recuerdo el dicho popular Eres más malo que el Largo Mayo". No obstante, el autor de Eras la noche trata de explicar por qué se echó al monte y luego delató a sus compañeros, refugiados en el Cerro de la Atalaya.

 Cumplidos seis años de cárcel, no tenía nada que temer, pero él comprende que su vida no va a ser fácil en la Medina Sidonia de los años cuarenta. "Sin recursos para subsistir, cazando furtivamente o robando por los campos, era consciente de que pronto tendría un encontronazo con la guardia civil y a la mínima recibiría una paliza en el cuartel", especula Pérez Montero. Por ello se deja convencer por su hermano para echarse al monte.

"No sabe buscarse la vida de otra manera y, de algún modo, se ve obligado a hacerlo, pero no lo hace ideologizado. Una vez en el maquis, cree que la Guardia Civil lo terminará ejecutando, como le sucedió a su hermano. Sabe que está expuesto a la muerte y, aunque no está seguro de que las fuerzas de seguridad cumplirán con su palabra, traiciona a los suyos porque es la única baza que le queda", añade el escritor.

Ramón Pérez Montero señala que Largo Mayo terminó trabajando en Astilleros Españoles en Puerto Real. "Le fue bastante bien, se compró su propia casa y tuvo una vida normal en Medina Sidonia. Sin embargo, el precio de la supervivencia fue cargar para siempre con el estigma de traidor. No tuvo muchos amigos, aunque nadie me ha dado detalles de su vida en el pueblo".

El autor deja claro que no reparte carnés de héroes ni de villanos. "El Comandante Abril es un personaje trágico porque, sabiendo que la batalla está perdida, acepta su propia muerte y la de su hijo", concluye Pérez Montero. Largo Mayo comparte protagonismo en la novela con él y, de hecho, ejerce de hilo conductor de la historia de un maquis legendario en la que el escritor trata de comprender por qué una persona escoge un camino y otra, uno distinto."                   (Henrique Mariño, Público, 22/12/20)