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8/3/24

Aleksandra Kollontái: ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer... Hay una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer... así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres... Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses. Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades... las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase

 "¿Qué es el día de la mujer? ¿Es realmente necesario? ¿No es una concesión a las mujeres de clase burguesa, a las feministas y sufraguistas? ¿No es dañino para la unidad del movimiento obrero? Esas cuestiones todavía se oyen en Rusia, aunque ya no en el extranjero. La vida misma le ha dado una respuesta clara y elocuente a estas preguntas.

El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero. El ejército organizado de mujeres trabajadoras crece cada día. Hace veinte años las organizaciones obreras sólo tenían grupos dispersos de mujeres en las bases de los partidos obreros… Ahora los sindicatos ingleses tienen más de 292.000 mujeres sindicadas; en Alemania son alrededor de 200.000 sindicadas y 150.000 en el partido obrero, en Austria hay 47.000 en los sindicatos y 20.000 en el partido. En todas partes, en Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza, las mujeres de la clase obrera se están organizando a sí mismas. El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras.

Hubo un tiempo en el que los hombres trabajadores pensaron que deberían cargar ellos solos sobre sus hombros el peso de la lucha contra el capital, pensaron que ellos solos debían enfrentarse al «viejo mundo» sin el apoyo de sus compañeras. Sin embargo, como las mujeres de clase trabajadora entraron en las filas de aquellos que vendían su trabajo a cambio de un salario, forzadas a entrar en el mercado laboral por necesidad, porque su marido o padre estaba en el paro, los trabajadores empezaron a darse cuenta de que dejar atrás a las mujeres entre las filas de «no-conscientes» era dañar su causa y evitar que avanzara. ¿Qué nivel de conciencia posee una mujer que se sienta en el fogón, que no tiene derechos en la sociedad, en el estado o en la familia? ¡Ella no tiene ideas propias! Todo se hace según ordena su padre o marido…

El retraso y falta de derechos sufridos por las mujeres, su dependencia e indiferencia no son beneficiosos para la clase trabajadora, y de hecho son un daño directo hacia la lucha obrera. ¿Pero cómo entrará la mujer en esa lucha, como se la despertará?

La socialdemocracia extranjera no encontró la solución correcta inmediatamente. Las organizaciones obreras estaban abiertas a las mujeres, pero sólo unas pocas entraban. ¿Por qué? Porque la clase trabajadora al principio no se percató de que la mujer trabajadora es el miembro más degradado, tanto legal como socialmente, de la clase obrera, de que ella ha sido golpeada, intimidada, acosada a lo largo de los siglos, y de que para estimular su mente y su corazón se necesita una aproximación especial, palabras que ella, como mujer, entienda. Los trabajadores no se dieron cuenta inmediatamente de que en este mundo de falta de derechos y de explotación, la mujer está oprimida no sólo como trabajadora, si no también como madre, mujer. Sin embargo, cuando los miembros del partido socialista obrero entendieron esto, hicieron suya la lucha por la defensa de las trabajadoras como asalariadas, como madres, como mujeres.

Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses.

Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades. Las mujeres trabajadoras, organizadas y conscientes, han hecho muchísimo para elucidar este objetivo. Ahora el peso del trabajo para atraer a las trabajadoras al movimiento socialista reside en las mismas trabajadoras. Los partidos en cada país tienen sus comités de mujeres, con sus secretariados y burós para la mujer. Estos comités de mujeres trabajan en la todavía gran población de mujeres no conscientes, levantando la conciencia de las trabajadoras a su alrededor. También examinan las demandas y cuestiones que afectan más directamente a la mujer: protección y provisión para las madres embarazadas o con hijos, legislación del trabajo femenino, campaña contra la prostitución y el trabajo infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la campaña contra la subida del coste de la vida…

Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.

En el día de la mujer las mujeres organizadas se manifiestan contra su falta de derechos. Pero algunos dicen ¿por qué está separación de las luchas de las mujeres? ¿Por qué hay un día de la Mujer, panfletos especiales para trabajadoras, conferencias y mítines? ¿No es, en fin, una concesión a las feministas y sufraguistas burguesas? Sólo aquellos que no comprendan la diferencia radical entre el movimiento de mujeres socialistas y las sufraguistas burguesas pueden pensar de esa manera.

¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.

Las feministas burguesas demandan la igualdad de derechos siempre y en cualquier lugar. Las mujeres trabajadoras responden: demandamos derechos para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, pero nosotras no sólo somos mujeres y trabajadoras, también somos madres. Y como madres, como mujeres que tendremos hijos en el futuro, demandamos un cuidado especial del gobierno, protección especial del estado y de la sociedad.

Las feministas burguesas están luchando para conseguir derechos políticos: también aquí nuestros caminos se separan: para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio para conseguir sus objetivos más cómodamente y más seguramente en este mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo.

Los caminos seguidos por las mujeres trabajadoras y las sufraguistas burguesas se han separado hace tiempo. Hay una gran diferencia entre sus objetivos. Hay también una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres.

Cada distinción especial hacia las mujeres en el trabajo de una organización obrera es una forma de elevar la conciencia de las trabajadoras y acercarlas a las filas de aquellos que están luchando por un futuro mejor. El Día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unión de la clase trabajadora.

Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer."                ( Aleksandra Kollontái , El Viejo Topo, 08/03/24)

10/8/23

Las mujeres también cazaban

 "Con frecuencia se da por sentado: los hombres cazaban y las mujeres recolectaban. Según el razonamiento antropológico, los hombres eran más agresivos por naturaleza, mientras que el ritmo más lento de la recolección era ideal para las mujeres, que sobre todo se dedicaban a cuidar de los demás.

El Times  Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos.

“No es algo que yo cuestionara”, afirmó Sophia Chilczuk, una investigadora recién graduada en la Seattle Pacific University, donde estudió biología humana aplicada. “Y creo que la mayor parte del público tiene esa suposición”.

En ocasiones, esa idea ha resultado ser más sólida que las pruebas disponibles. En 1963, unos arqueólogos de Colorado desenterraron los restos de una mujer de casi 10.000 años de antigüedad a la que habían enterrado con una punta de proyectil. Los arqueólogos llegaron a la conclusión de que la herramienta no se había utilizado para matar animales, sino que le habían dado un uso poco convencional, como cuchillo para raspar.

No obstante, la historia centrada en el hombre ha ido cambiando poco a poco. El primer día de una clase universitaria de antropología, Chilczuk y sus compañeros escucharon un pódcast sobre el histórico descubrimiento de una mujer cazadora durante una excavación en Perú en 2018. Entre fragmentos de cráneo, dientes y huesos de las piernas, los arqueólogos encontraron un equipo de caza con más herramientas (puntas de proyectil, lascas, raspadores, picadores y piedras para pulir) de las que nunca habían visto. Este descubrimiento hizo que el equipo revisara los hallazgos de otras sepulturas de las primeras civilizaciones del Continente Americano; en 2020 llegaron a la conclusión de que la caza mayor no tenía género hace entre 8000 y 14.000 años.

Abigail Anderson, una estudiante de fisiología que también estaba en la clase, quedó impresionada. “Espera, ¿esto es verdad?”, pensó al respecto. Al leer el estudio, le llamó la atención las referencias del autor a la reticencia de los expertos a asociar a las mujeres con materiales de caza. “De inmediato, me pregunté si esto tenía algún sesgo o era preciso”, dijo.

Chilczuk y Anderson se unieron a Cara Wall-Scheffler, antropóloga biológica que daba clases a su curso, y a otras dos investigadoras para averiguarlo. Ahora, el equipo ha publicado una revisión bibliográfica en la revista científica PLoS One en la que concluye que, en la mayoría de las sociedades modernas dedicadas a la búsqueda de comida, las mujeres han desempeñado un papel dominante a la hora de regresar con el producto de la caza. Wall-Scheffler señaló que había historias de mujeres cazadoras, “pero lo que pretendíamos con este artículo era recopilar y demostrar que no se trata de una anécdota, sino de un patrón”.

Para investigar, el equipo analizó la Base de Datos de Lugares, Lenguas, Cultura y Medio Ambiente, un catálogo de etnografías sobre sociedades humanas de los siglos XIX y XX, y encontró 63 sociedades de búsqueda de alimento con informes de primera mano sobre cuándo, cómo y qué se cazaba. A continuación, el equipo buscó patrones: si las mujeres cazaban, si la actividad era premeditada u oportunista y el tamaño de la presa cazada.

Wall-Scheffler y sus estudiantes encontraron pruebas de que las mujeres cazaban en 50 de las 63 sociedades estudiadas; además, el 87 por ciento de ese comportamiento fue deliberado. En las culturas en las que la caza era el medio más importante para encontrar alimento, las mujeres desempeñaban un papel activo el cien por ciento de las veces.

Las investigadoras también descubrieron que las mujeres eran más flexibles en sus estrategias de caza a medida que envejecían. Las armas que elegían, las presas que cazaban y quién las acompañaba durante las cacerías cambiaban con la edad y la cantidad de hijos o nietos que tenían las cazadoras. “Tenían estrategias diferentes, pero seguían saliendo siempre”, aseveró Wall-Scheffler. A menudo, las mujeres de más edad eran las que más participaban (por ejemplo, en una cultura del arco y la flecha, se valoraba a una abuela por tener la mejor puntería).

Chilczuk explicó que los detalles sobre los patrones de caza femeninos no fueron fáciles de descubrir porque los informes solían darles prioridad a los debates sobre los cazadores masculinos. Pero los hallazgos, cuando aparecieron, tenían cierta lógica: si la caza era el principal medio de supervivencia, ¿por qué solo participaban los hombres? Las investigadoras se preguntaron qué otras historias habían pasado por alto los etnógrafos. “Puede ser que nos estemos perdiendo muchas cosas”, señaló Chilczuk. “Tener suposiciones es algo natural, pero es nuestra responsabilidad cuestionarlas, para entender mejor nuestro mundo”.

Tammy Buonasera, arqueóloga biomolecular de la Universidad de Alaska Fairbanks quien identificó el sexo de la mujer cazadora encontrada en 2018, celebró la conclusión del artículo publicado en la revista PLoS. “Siempre supuse que era probable que las mujeres cazaran con más frecuencia de lo que se reconocía”, dijo. Y añadió que, en general, las mujeres son vistas “solo como actores pasivos en la historia”. Señaló que el estudio de la recolección de plantas y las maneras innovadoras en que la gente las procesa (una fuente vital de alimentos) se ha descuidado porque estas actividades están tradicionalmente vinculadas a las mujeres.

Randy Haas, arqueólogo de la Universidad Estatal de Wayne, en Detroit, quien dirigió la excavación peruana, también celebró el nuevo estudio. “A la luz de lo que muestra mi estudio, sus hallazgos coinciden con la misma premisa: hemos tenido interpretaciones sesgadas”, comentó. “Y la idea de que la división sexual del trabajo es una parte inherente de la biología humana es un tema que ha influido en las inequidades estructurales de la actualidad”.

La naciente apreciación de las mujeres como cazadoras llega a medida que la antropología, como muchos otros ámbitos científicos, ha comenzado a diversificar sus rangos, lo que ha llevado a los expertos a reexaminar cómo se interpreta la evidencia. “Tu identidad determina las preguntas que te formulas”, aseveró Wall-Sheffler. “Determina las perspectivas de lo que ves”.

Wall-Sheffler agregó que, al igual que todos, los antropólogos pueden sentirse tentados por una premisa sencilla. “La complejidad se relega a una anécdota”, dijo. “Solo hay que tener la disposición de ahondar un poco más”.

En opinión de Anderson, fue como quitarse la venda de los ojos. “No sé en qué momento me infundieron esta idea en la niñez”, dijo sobre el mito del hombre cazador. “Y luego creció como una bola de nieve: ¿Qué otra cosa creo que es un hecho, pero es mentira?”.

(Katrina Miller es periodista científica en el Times. Hace poco se doctoró en física de partículas por la Universidad de Chicago. The New York Times, 08/08/23)

19/4/23

Las mujeres sostienen el 76,2% del cielo

 "(...) No es necesario profundizar demasiado en los datos estadísticos cuando las conclusiones son evidentes. Por ejemplo, cuando mujeres y hombres trabajan en el mismo puesto, a las mujeres se les paga —en promedio— un 20 por ciento menos que a los hombres. Para crear conciencia sobre esta persistente disparidad, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ONU Mujeres celebran cada año, el 18 de septiembre, el Día Internacional de la Igualdad Salarial y, a través de su Coalición Internacional para la Igualdad Salarial, hacen lobby ante empresas y gobiernos para acabar con la enorme brecha salarial entre mujeres y hombres. La idea de “a igual trabajo, igual salario” se estableció en el Convenio sobre igualdad de remuneración de la OIT (1951), en reconocimiento del hecho de que las mujeres siempre habían trabajado en fábricas industriales, y cada vez más durante la Segunda Guerra Mundial. El Convenio adoptó el “principio de igualdad de remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor”, pero los gobiernos y el sector privado se han negado a seguirlo.

Durante la pandemia de COVID-19, se intensificó la atención pública hacia el sector de salud, incluyendo a las y los trabajadores sanitarios, que fueron aplaudidos universalmente como “trabajadores esenciales”. En marzo de 2021, el Instituto Tricontinental de Investigación Social publicó un dossier, Destapar la crisis. Trabajos de cuidados en tiempos de coronavirus, que recogía las opiniones de las trabajadoras del sector de la salud. Janet Mendieta, de la Central de Trabajadores Argentinos, reflexionó sobre esta idea de “trabajo esencial”:

Primero tendrían que reconocer que somos trabajadoras esenciales y después que se nos reconozca con un salario también, porque trabajamos mucho más de lo que tendríamos que trabajar, hacemos muchísimo trabajo. Como promotoras de género, salud, cocineras de comedores, trabajamos en merenderos y todo eso no está reconocido ni visibilizado. Si no se visibiliza, muchos menos nos reconocen ni nos dan un salario

“Nada de esto se reconoce”, dijo, ni durante el momento álgido de la pandemia ni cuando empezamos a salir de ella. En 2018, la OIT publicó un importante informe, El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente, que estimaba que el valor del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado asciende al 9% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial, es decir, 11 billones de dólares. En algunos países, el valor es muy superior, como en Australia, donde el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa el 41,3% del PIB. Basándose en datos de encuestas sobre el uso del tiempo recogidos en 64 países, el informe concluye que cada día se dedican 16.400 millones de horas al trabajo de cuidados no remunerado, y que el 76,2% del total de horas de trabajo de cuidados no remunerado lo realizan las mujeres. En otras palabras, el trabajo diario de cuidados no remunerado de las mujeres de todo el mundo equivale a tener a más de 1.500 millones de mujeres trabajando ocho horas al día sin remuneración.

En julio de 2022, la OIT y la Organización Mundial de la Salud publicaron otro informe sobre la brecha salarial, esta vez centrado en el sector de la salud. El documento, La brecha salarial de género en el sector de la salud y asistencial. Un análisis mundial en tiempos de COVID-19, estableció que en el sector sanitario y asistencial las mujeres ganan de media hasta un 24% menos que los hombres. A pesar de que las mujeres representan el 67% de los puestos de trabajo en este sector, solo un pequeño número de ellas trabaja en la alta gerencia, y la brecha entre los salarios de los administradores de hospitales y las enfermeras, por ejemplo, no deja de aumentar cada año.

El informe ofrece una serie de explicaciones para esta diferencia salarial. Entre ellas, sostiene que las mujeres cobran menos debido a la “menor retribución asociada a sectores y ocupaciones altamente feminizados”. Las profesiones relacionadas con la salud, como la enfermería, están peor pagadas que otras, no porque su nivel de cualificación sea objetivamente inferior, sino porque se asocian al “trabajo de las mujeres”, menos valorado en todo el mundo. Además, el informe señala que existe una “brecha de la maternidad” en los salarios, de la que no se habla a menudo pero que es visible en los datos estadísticos y en las reivindicaciones de los sindicatos de trabajadoras y trabajadores sanitarios. El trabajo a tiempo parcial es escaso en el sector de la salud, salvo entre las mujeres de veintitantos y treinta y tantos años, cuando “las mujeres tienen que abandonar el mercado laboral o reducir sus horas de trabajo a fin de compaginar el trabajo con el cuidado no remunerado de los hijos”. Cuando las mujeres se retiran del sector y regresan más tarde u optan por un trabajo a tiempo parcial, no obtienen los ascensos y aumentos salariales que reciben sus homólogos masculinos y, por tanto, pasan el resto de su vida laboral con salarios inferiores a los de los hombres que realizan el mismo trabajo.

 Las mujeres han luchado contra estas condiciones sociales durante cientos de años, y fueron las luchas lideradas por ellas las que establecieron muchos de los convenios internacionales sobre trabajo y derechos humanos. En el Instituto Tricontinental de Investigación Social hemos recogido algunas historias de esas luchas y de las mujeres que las protagonizaron. Una de nuestras últimas publicaciones, realizada en colaboración con ALBA Movimientos, se titula Crisálidas: Memorias feministas de América Latina y el Caribe. En ella destacamos a la nicaragüense Arlen Siu (1955-1975), la brasileña Dona Nina (1949) y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia “Bartolina Sisa” (cuyas integrantes son conocidas como Las Bartolinas), fundada en 1980. Cada una de estas mujeres y sus organizaciones han formado parte de la lucha mundial contra las miserables condiciones sociales de desigualdad.

Son mujeres como Arlen, Dona Nina y Las Bartolinas quienes redactaron las reivindicaciones de autonomía económica de la Marcha Mundial de las Mujeres. El boletín de esta semana termina con sus palabras, que exigen:

  • Derecho de todas las trabajadoras y trabajadores —incluyendo a aquellas y aquellos vulnerables, como domésticas y migrantes— al empleo con condiciones de salud y seguridad laboral, sin acoso y en el cual su dignidad sea respetada, en todo el mundo y sin discriminaciones de ningún tipo (nacionalidad, sexo, discapacidad, etc.).
  • Derecho a la Seguridad Social, incluyendo el pago de ingresos en caso de enfermedad, incapacidad, licencia por maternidad y paternidad, y programas de renta mínima que permitan que las mujeres y hombres tengan una calidad de vida decente.
  • Salarios iguales por el mismo trabajo de mujeres y hombres, incluidas las remuneraciones por el trabajo en zonas rurales.
  • Salario mínimo justo (que disminuya la diferencia entre salarios más altos y más bajos y que asegure a todas y todos vivir con dignidad con las personas que son sus dependientes) instituido por ley, que sirva como referencia para todo el trabajo remunerado (público y privado) y para las prestaciones sociales públicas. Creación o fortalecimiento de una política de valorización permanente del salario mínimo, con valores comunes para subregiones o regiones.
  • Fortalecimiento de la economía solidaria, con crédito subsidiado, apoyo para la distribución y comercialización de su producción, intercambio de conocimiento y prácticas locales.
  • Acceso de las mujeres a la tierra, semillas, agua, materia prima y a todo el apoyo necesario para la producción y comercialización en la agricultura, pesca y creación, así como en la artesanía.
  • La reorganización del trabajo doméstico y de cuidados para que la responsabilidad por este trabajo sea compartida entre hombres y mujeres dentro de la familia o de la comunidad. Para que esto se torne realidad, demandamos la adopción de políticas públicas que apoyen la reproducción social, como guarderías, lavaderos colectivos y restaurantes, cuidados para las personas ancianas, etc., así como la reducción de la jornada de trabajo sin reducción en los salarios."       (Tricontinental, 06/04/23)

28/3/23

A propósito de "Crítica de la razón puta. Cartografías del estigma de la prostitución" : Yo tenía una postura abolicionista cuando comencé a investigar la prostitución... tomé la decisión de realizar trabajo de campo porque concedí que quizás la realidad social de la prostitución tenía algo que enseñarme; y así fue, lo cambió todo... el discurso abolicionista pasa por encima de la mujer de carne y hueso en aras de la defensa de la mujer simbólica. Porque si la prioridad fuesen las mujeres reales que ejercen la prostitución no se aprobaría ninguna medida que aumentase su vulnerabilidad... Las trabajadoras sexuales en España tienen restringido el acceso a la vivienda, porque carecen de nómina para alquilar y eso beneficia a los empresarios, que solo les piden el pasaporte para alojarlas en los clubes. La ilegalización del alquiler de habitaciones que pretendía Podemos y que ahora está demandando el PSOE con su reforma del Código Penal, con toda la derecha a favor, complica todavía más este derecho. Gracias a la investigación de campo en países como Argentina o el informe de Amnistía Internacional en Noruega sabemos qué ocurre cuando se aplican estas políticas: incrementan los pisos clandestinos y los desahucios. Una voluntad política a la que de verdad le importe la seguridad y el bienestar de las mujeres que ejercen la prostitución estaría favoreciendo sus derechos sociales... Mientras tanto, las trabajadoras sexuales organizadas siguen tejiendo alianzas con los movimientos sociales y con otras mujeres precarias, dando ejemplo de lo que es el activismo: de base y colectivo

 "Crítica de la razón puta. Cartografías del estigma de la prostitución. Es el título del libro recientemente editado por la editorial La oveja roja. Su autora es Paula Sánchez Perera, titulada en filosofía, que ha recorrido un largo camino de investigación sobre el genérico tema del comercio sexual. Activista feminista, su tesis doctoral es precisamente la base de este interesantísimo libro, en el que ha recurrido de forma importante a conocer y reconocer a las propias trabajadores sexuales, en diversos ámbitos geográficos del Estado y de Argentina.

Begoña Zabala- Para escribir el libro y realizar la tesis, además del evidente trabajo de investigación bibliográfica y teórica, que aparece muy potente, ¿cómo te has enfrentado al tema del trabajo sexual desde la práctica y el conocimiento de las condiciones concretas de las trabajadoras. Me gustaría que comentases lo que ha sido tu actividad de inmersión real en el tema, contactos, entrevistas, acompañamientos, conocimientos. Y claro, la importancia que tiene para ti esta metodología.

Paula Sánchez. Yo tenía una postura abolicionista cuando comencé a investigar la prostitución, entonces para un TFM (Trabajo Fin de Máster), en el que como buena titulada en filosofía me limité a la teoría. Ya para la tesis doctoral tomé la decisión de realizar trabajo de campo porque concedí que quizás la realidad social de la prostitución tenía algo que enseñarme; y así fue, lo cambió todo. Estuve casi 5 años como voluntaria de intervención social en zonas de prostitución callejera de Madrid. Por eso, en el libro las vulneraciones de derechos (tanto las derivadas de la criminalización callejera como las que son fruto de la clandestinidad forzosa) se exponen a partir de casos de estudio del trabajo de campo. Además, al cambiar de postura entré en contacto con trabajadoras del sexo activistas y me decidí a entrevistarlas porque me interesaba especialmente su historia de resistencia frente al estigma, que se produce en el contexto de la militancia. Tanto para mi proceso de conversión personal como a la hora de privilegiar el análisis de las condiciones materiales esta metodología fue crucial, pero también el comprometerme con una epistemología feminista. Solo esta entiende que las trabajadoras del sexo no son sujetos de estudio, sino agentes de conocimiento sobre su realidad.

BZ. El estigma es el concepto estrella y central, si se puede hablar solo de uno, que atraviesa el libro y así aparece. Además de entrar en el concepto mismo para entendernos y ver de qué estamos hablando, ¿nos puedes contar cómo opera el estigma en lo concreto? ¿Deriva de la criminalización, de la marginación, de la estrechez moral y la doble vara de medir? Sí sería interesante ver cómo se pueden aminorar los efectos del estigma, mientras no desaparezca, si es que ello es posible.

Paula Sánchez. Un estigma no es un atributo concreto, sino un proceso social que surge cuando se interrelacionan varios componentes, como la marginación, el etiquetaje o la ausencia de poder social. Tampoco es un asunto individual, porque para que se genere un estigma se precisa de una estructura que lo estabilice, que en nuestro caso convierta una actividad en una identidad prefijada. Todos los juicios esencialistas sobre la prostitución beben de su estigma y tienen su origen en códigos normativos que separaron a unas mujeres de otras tejiendo una jerarquía de género. El código de Hammurabi de la antigua Mesopotamia y los modelos jurídicos decimonónicos estabilizaron una red de significados (pecadora, infecciosa, delincuente y víctima) que hoy perviven y se yuxtaponen, que incluso podemos rastrear en la prensa.

Ahora bien, en todas las sociedades patriarcales aparece como constante lo que las antropólogas han llamado el intercambio económico-sexual, que se produce en modalidades mistificadas como el matrimonio y otras que no, que son estigmatizadas. En otras palabras, lo que define y distingue a la prostitución del resto de instituciones del patriarcado es el estigma, por eso lo utilizo como hilo conductor a lo largo del libro para proponer una agenda alternativa para el debate, identificando las cuatro dimensiones de ese estigma. Una de ellas es la semántica, el significado de ese estigma y por qué tiene tanto que decirnos a todas las mujeres. En el patriarcado, mientras los hombres deben demostrar que son hombres, lo que a las mujeres cis se nos exige probar es que somos buenas. Esto lo vemos cada vez que salta a la palestra pública un caso de violencia sexual: para que la víctima resulte creíble se le exige probar que su reputación moral está intacta. Por eso digo que el estigma forma parte de la bipolaridad del género femenino, para el que dibuja un modelo de desviación social que desde la adolescencia aprendemos a rechazar porque sabemos que de lo contrario todo lo que nos ocurra será justificado como “culpa nuestra”. El estigma se constituye desde la antigua Mesopotamia hasta nuestros días como un dispositivo de control patriarcal de la reputación femenina, dividiéndonos en buenas y en malas para favorecer el control del trabajo reproductivo a través de la violencia simbólica y sexual. En síntesis, diría que ese estigma deriva de la moral patriarcal y su consiguiente institucionalización normativa a lo largo de los siglos.

¿Cómo reducir este estigma? Primero se debe de erradicar su dimensión estructural, es decir, su institucionalización normativa. Al igual que con el colectivo LGTBI, para poder trabajar en la reducción del estigma social antes debemos de eliminar la criminalización y el tratamiento legal discriminatorio. Entonces ya se puede trabajar en la dimensión social del estigma desde la educación en diferentes niveles y desde un enfoque multifactorial. Sin embargo, la dimensión semántica del estigma está instalada en el patriarcado mismo y requiere de un trabajo coordinado de los feminismos para derrocarla. Mientras haya guerra interna, habrá estigma, porque el estigma es una división de mujeres y requiere para su disolución que abracemos una sororidad radical en el movimiento. Es decir, que conquistemos la igualdad política entre las mujeres, reconociendo a la otra con capacidad de tomar decisiones responsables para su vida, aunque no fuesen las que tomaría una para sí misma.

BZ. Y hablando del estigma podemos ahora entrar también a ver si los clientes están también estigmatizados, o cómo están, y por qué los hombres que ejercen la prostitución tienen más disminuido los efectos negativos del estigma.

Paula Sánchez. Los clientes no tienen ni pueden llegar a tener ese estigma. Lo que ocurre es que, al relacionarse con trabajadoras sexuales, uno se contamina momentáneamente de su estigma, pero con dejar de consumir o confesarlo ese supuesto estigma se disuelve. Los clientes no pueden ser estigmatizados porque son hombres y la doble moral patriarcal dicta que los hombres, mientras se mantengan en la heterosexualidad, lo que hagan con su sexualidad no les marca ni les devalúa. Por esa misma razón el estigma que sufren los trabajadores sexuales es de otra clase, porque lo que a ellos les estigmatiza es principalmente la homosexualidad, más que la prostitución, que a menudo se intersecciona con otros ejes de opresión como la clase y la raza. De ahí que cuando el trabajador sexual sea un gigoló o un actor porno que solo realice prácticas heterosexuales es visto incluso como un arquetipo envidiable. En nuestra cultura los insultos característicos para cada género (puta para las mujeres, maricón para los hombres) ilustran perfectamente las raíces de los estigmas vinculados al género, pero no son intercambiables.

BZ. Un tema que me parece interesante para analizar en la actualidad es el de la legislación sobre la prostitución, en todos los campos y para todas las personas que resultan afectadas por ellas. Es decir, no solo las mujeres que ejercen la prostitución, sino las personas que tienen clubs y los regentan, o las personas que pueden alquilar pisos. Si se organizan en cooperativas las trabajadoras sexuales, ¿se verían afectadas de alguna forma las participantes? ¿Qué supone en términos legales y prácticos que no puedas montar un sindicato?

Paula Sánchez. Es importante tener en cuenta que la legislación ha sido siempre bien diferente para la patronal, que ha estado reconocida por el Tribunal Supremo desde 2004, a partir del caso Mesalina, y que suele tener a las asalariadas trabajando en sus clubes como falsas autónomas. Esto lo explico en el libro a través de un caso de estudio, el de los procesos judiciales que emprendió Evelin Rochel contra su club de alterne y que nos permite entender toda la gama de derechos vulnerados a consecuencia de la clandestinidad forzosa en la que se ejerce.

Con respecto a las cooperativas de trabajo asociado, si bien son una solución para una minoría que reúne las condiciones, siempre que se han intentado conformar la administración, que tiene la última palabra, las ha obstaculizado. De todas formas, aunque es una vía interesante, desresponsabiliza al Estado de las protecciones laborales que quienes ejercen precisan.

Por otro lado, el sindicato OTRAS es perfectamente legal y así lo ratificó el Tribunal Supremo en 2020. El problema es que la relación laboral en prostitución continúa siendo ilegal, aunque sí esté reconocida en otras modalidades como el alterne o el porno. Llegamos así a una situación paradójica porque la actividad sindical está legitimada en la prostitución por cuenta propia, mientras que quienes estén por cuenta ajena carecen de herramientas para limitar el poder del empresario, hacer valer sus intereses, garantizar condiciones de trabajo, salud y seguridad mínimas e incluso denunciar la explotación laboral.

BZ. Con esta reciente ley de la libertad sexual, hubo unos momentos terribles y muy negativos para los derechos de las trabajadoras sexuales cuando, en fase de debate, se metió la tercería locativa como delictiva. Ya todas las discusiones que siguieron se fijaron ahí, exigiendo la eliminación de tal propuesta puesto que ninguneaba totalmente la voluntad y la capacidad de agencia de las trabajadoras, pues se introducía la coletilla de considerarlo delito "aunque se produzca con el consentimiento de las mujeres". ¿Qué opinas de esta penalización? Precisamente una ley que llaman del sí es sí, resultaría que sí se afirma la asertividad, pero no si es trabajadora sexual.

Paula Sánchez. Puede resultar paradójico que una ley que pretende afirmar y garantizar el consentimiento de las mujeres acabe anulando el de otras, pero no es ninguna paradoja: es una contradicción. Una contradicción perenne en el discurso abolicionista que pasa por encima de la mujer de carne y hueso en aras de la defensa de la mujer simbólica. Porque si la prioridad fuesen las mujeres reales que ejercen la prostitución no se aprobaría ninguna medida que aumentase su vulnerabilidad como esta, que las estaba desahuciando. Las trabajadoras sexuales en España tienen restringido de base el acceso a la vivienda, porque carecen de nómina para alquilar y eso beneficia a los empresarios, que solo les piden el pasaporte para alojarlas en los clubes. La ilegalización del alquiler de habitaciones que pretendía Podemos y que ahora está demandando el PSOE con su reforma del Código Penal, con toda la derecha a favor, complica todavía más este derecho. Gracias a la investigación de campo en países como Argentina o el informe de Amnistía Internacional en Noruega sabemos qué ocurre cuando se aplican estas políticas: incrementan los pisos clandestinos y los desahucios.

Una voluntad política a la que de verdad le importe la seguridad y el bienestar de las mujeres que ejercen la prostitución estaría favoreciendo sus derechos sociales, en lugar de dinamitarlos y, desde luego, derogaría la Ley mordaza que lleva siete años sancionándolas por desobediencia a la autoridad y exhibición obscena. En cambio, para esta falsa izquierda la prostitución es una cuestión recurrente con la que arañar votos, por las ansiedades sociales que vehicula, y librar la batalla por el liderazgo del movimiento feminista; es un símbolo. Mientras tanto, las trabajadoras sexuales organizadas siguen tejiendo alianzas con los movimientos sociales y con otras mujeres precarias, dando ejemplo de lo que es el activismo: de base y colectivo."                          

(Entrevista a Paula Sánchez Perera,  , Viento Sur, 24/Mar/2023)

13/1/23

Žižek: Meloni, Isabel II, la película La Mujer Rey, y las protestas generalizadas en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini, son cuatro acontecimientos con mujeres como protagonistas que reflejan rasgos esenciales del panorama político actual... El papel central de las mujeres en el moviminento de derechas en Europa todavía no ha recibido la atención que se merece... Las lideresas de derechas como Meloni y Marine Le Pen se presentan como alternativas más sólidas a los tecnócratas masculinos tradicionales... encarnan un fascismo con rostro humano... La monarquía irradia compasión, amabilidad y patriotismo... los monarcas representan no la trascendencia de la ideología, sino más bien la ideología en su forma más pura... La Mujer Rey es una película de épica histórica sobre las agojie, una unidad de guerreras que protegió el reino africano occidental de Dahomey, también trata de la lógica política de la monarquía, la forma de feminismo preferida por la clase media liberal occidental... condenarán sin tapujos todas las formas de lógica binaria, patriarcado y trazas de racismo en el lenguaje cotidiano, pero se cuidarán mucho de perturbar las formas de explotación más profundas... en cambio Las masivas protestas en Irán tienen una significancia histórica mundial, ya que combinan distintas luchas (contra la opresión a las mujeres, la opresión religiosa y el terrorismo de estado) en una unidad orgánica. Si bien ha movilizado a millones de mujeres de a pie, habla de una lucha mucho más amplia, y rehúsa la tendencia antimasculina que suele haber en el feminismo occidental... lo que está ocurriendo en Irán es algo que todavía está por acontecer en el mundo occidental desarrollado, en que se están acelerando las tendencias hacia la violencia política, el fundamentalismo religioso y la opresión de las mujeres... somos nosotros quienes tenemos que aprender de los iraníes si hemos de tener alguna posibilidad de confrontar la violencia y la opresión de derechas en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Rusia y tantos otros países... Todo el parloteo relativista sobre especificidades y sensibilidades culturales ha dejado de tener significancia. Podemos y debemos ver la lucha de los iraníes como sinónimo de la nuestra. No necesitamos lideresas femeninas ni Mujeres Reyes, sino mujeres que nos movilicen a todos en torno a consignas como “mujer, vida, libertad” y contra el odio, la violencia y el fundamentalismo

  "Mujer, vida, libertad y la izquierda.

 Cuatro acontecimientos con mujeres como protagonistas han llegado a los titulares noticiosos durante el último mes: la electoral de Giorgia Meloni en Italia, de la Reina Isabel II, el estreno de la película La Mujer Rey y las en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini por parte de la policía de la moral de ese país. Si se las toma en conjunto, esas cuatro historias reflejan rasgos esenciales del panorama político actual.

En momentos en que la izquierda no ha podido ofrecer una respuesta adecuada a la crisis de la democracia liberal, no cabe sorprenderse por el ascenso de nuevos gobiernos de derechas en Europa. Pero el papel central de las mujeres en este movimiento todavía no ha recibido la atención que se merece. 

Las lideresas de derechas como Meloni y Marine Le Pen en Francia se presentan como alternativas más sólidas a los tecnócratas masculinos tradicionales. Encarnan tanto la dureza derechista como características que, por lo general, se asocian con la femineidad, como el énfasis en los cuidados y la familia: un fascismo con rostro humano.

 Ahora pensemos en el espectáculo televisado del funeral de Isabel II, que subrayó una interesante paradoja: a medida que el estado británico se ha ido alejando de su pasado estatus de superpotencia, la capacidad de su familia real de inspirar ensueños imperiales no ha hecho más que aumentar. No deberíamos descartar esto como una ideología que enmascara relaciones de poder reales. Más bien, las fantasías monárquicas son ellas mismas parte del proceso por el cual se reproducen las relaciones de poder. La muerte de Isabel II nos recordó la distinción moderna entre reinar y gobernar, con la primera hoy confinada únicamente a deberes ceremoniales. 

Se espera que el monarca irradie compasión, amabilidad y patriotismo, y que se mantenga alejado de los conflictos políticos. Como tales, los monarcas representan no la trascendencia de la ideología, sino más bien la ideología en su forma más pura. Durante siete décadas, la función de Isabel II fue ser el rostro del poder estatal. Puede que la coincidencia de su fallecimiento con el ascenso al poder de la Primera Ministra Liz Truss haya dependido mucho de la contingencia, pero también ha sido profundamente simbólica del paso de Reina al de Mujer Rey. 

(...) La Mujer Rey de Gina Prince-Bythewood también trata de la lógica política de la monarquía: una película de épica histórica sobre las agojie, una unidad de guerreras que protegió el reino africano occidental de Dahomey entre los siglos diecisiete y diecinueve. La actriz Viola Davis representa el papel de Nanisca, una general de ficción, subordinada solo al Rey Gezo, figura histórica que gobernó Dahomey de 1818 a 1859, y que participó en el comercio de esclavos africanos hasta el final de su reinado.

En la película, entre los enemigos de las agojie se encuentran comerciantes de esclavos liderados por Santo Ferreira, personaje ficticio basado vagamente en Francisco Félix de Sousa. Pero, de hecho, de Sousa fue un comerciante de esclavos brasileño que ayudó a Gezo a llegar el poder, y Dahomey fue un reino que conquistó otros estados africanos y vendió como esclavos a sus pueblos. Aunque Nanisca aparece protestando frente al rey contra el comercio de esclavos, las agojie históricas en realidad lo apoyaron.

Así, La Mujer Rey promueve una forma de feminismo preferida por la clase media liberal occidental. Al igual que las actuales feministas del #MeToo, las guerreras amazonas de Dahomey condenarán sin tapujos todas las formas de lógica binaria, patriarcado y trazas de racismo en el lenguaje cotidiano, pero se cuidarán mucho de perturbar las formas de explotación más profundas que sustentan el capitalismo global moderno y la persistencia del racismo.

 Esta postura implica atenuar la importancia de dos hechos básicos acerca del esclavismo. Primero, los tratantes blancos de esclavos apenas tuvieron que pisar suelo africano, ya que los africanos privilegiados (como el reino de Dahomey) les proveían de un amplio suministro de esclavos frescos. Y, en segundo lugar, el comercio de esclavos estaba generalizado no solo en África occidental, sino también en sus áreas del este, donde los árabes esclavizaron a millones de personas y donde la institución duró más que en Occidente (Arabia Saudí no lo abolió formalmente sino hasta 1962). 

 En efecto, Muhammad Qutb, hermano del intelectual musulmán egipcio Sayyid, defendió intensamente el esclavismo islámico de las críticas occidentales. Argumentando que “el islam dio dignidad espiritual a los esclavos”, contrastó el adulterio, la prostitución y el sexo ocasional (“esa forma tan odiosa de animalismo”) que había en Occidente con “el vínculo puro y espiritual que une a una doncella [una chica esclava] con su amo en el islam”. 

 Todavía se pueden escuchar esos planteamientos en algunos eruditos salafistas conservadores, como el Jeque Saleh Al-Fawzan, miembro de la más alta entidad religiosa de Arabia Saudí. Pero uno no los conocería si solo escuchara a los liberales occidentales de clase media. Por fortuna, los vínculos históricos del islam no tienen por qué obstaculizar el potencial emancipatorio de las sociedades musulmanas.

 Las masivas protestas en Irán tienen una significancia histórica mundial, ya que combinan distintas luchas (contra la opresión a las mujeres, la opresión religiosa y el terrorismo de estado) en una unidad orgánica. Irán no es parte del Occidente desarrollado, y el eslogan de los y las manifestantes “Zan, Zendegi, Azadi” (“mujer, vida, libertad”) no es una mera imitación del feminismo occidental o el #MeToo. 

Si bien ha movilizado a millones de mujeres de a pie, habla de una lucha mucho más amplia, y rehúsa la tendencia antimasculina que suele haber en el feminismo occidental. Los hombres iraníes que cantan “Zan, Zendegi, Azadi” saben que la lucha por los derechos de las mujeres lo es también por su propia libertad, y que la opresión de las mujeres no es más que la manifestación más visible de un sistema de terrorismo de estado más amplio.

 Más aún, lo que está ocurriendo en Irán es algo que todavía está por acontecer en el mundo occidental desarrollado, en que se están acelerando las tendencias hacia la violencia política, el fundamentalismo religioso y la opresión de las mujeres. En Occidente no tenemos derecho a tratar a Irán como un país que intenta desesperadamente ponerse al día con nosotros. Más bien somos nosotros quienes tenemos que aprender de los iraníes si hemos de tener alguna posibilidad de confrontar la violencia y la opresión de derechas en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Rusia y tantos otros países. 

Cualquiera sea el resultado inmediato de las protestas, lo crucial es mantener vivo el movimiento mediante la organización de redes sociales que sigan operando de forma subterránea en caso de que las fuerzas de la opresión estatal logren una victoria temporal. No basta con expresar simpatía o solidaridad con los y las manifestantes iraníes, como si pertenecieran a una cultura exótica y distante. Todo el parloteo relativista sobre especificidades y sensibilidades culturales ha dejado de tener significancia.

 Podemos y debemos ver la lucha de los iraníes como sinónimo de la nuestra. No necesitamos lideresas femeninas ni Mujeres Reyes, sino mujeres que nos movilicen a todos en torno a consignas como “mujer, vida, libertad” y contra el odio, la violencia y el fundamentalismo."               (

14/10/22

Annie Ernaux dignificó la vida de la clase trabajadora... ganó el Premio Nobel de Literatura por su valentía al interrogar la memoria colectiva de Francia. Su obra se ha ocupado de la vida de las mujeres de la clase trabajadora, que sus libros han tratado con una dignidad y un respeto poco comunes.

 "Annie Ernaux, galardonada con el Premio Nobel de Literatura el pasado jueves, no estaba al otro lado del teléfono cuando el comité llamó para dar la noticia. El año pasado recibió un mensaje de broma en el que se le comunicaba que había ganado el ilustre galardón, lo que podría ser una de las razones por las que su primera respuesta cuando el comité se puso en contacto con ella fue de incredulidad: «¿Están seguros?».

A diferencia de Philip Roth, que se mantuvo en vilo esperando una llamada que nunca llegó, Ernaux, a sus ochenta y dos años, nunca se preocupó demasiado por los premios. Desde luego, no los esperaba con ansia. Cuando no ganó el Man Booker International en 2019, fue a ver la exposición de Dorothea Tanning en la Tate Modern en su lugar, almorzó con vistas a la Catedral de San Pablo y bebió en un pub frecuentado por Amy Winehouse. Prefería su propia compañía al pesado y poco encantador mundo de la cultura de los premios. Al recibir el Nobel, Ernaux, sin embargo, reconoció la responsabilidad que conlleva: seguir luchando «contra todo lo que es una forma de injusticia contra las mujeres».

 Jean-Luc Mélenchon felicitó a Ernaux en un tuit: «Annie Ernaux, novelista literaria. Se nos saltan las lágrimas de felicidad. Las letras francófonas hablan al mundo en un lenguaje delicado que no es el del dinero». En otros rincones de Internet, los aficionados respondieron celebrando la victoria de las «nenas» y las «chicas guapas», como si el tema de la prosa de Ernaux —la vida de las mujeres— no fuera el más serio y universal de todos. La suya es una victoria inequívoca de la clase trabajadora, para la que la cultura de los premios nunca ha sido especialmente favorable.

Ernaux, que ha escrito veintitrés libros a lo largo de cincuenta años, creció siendo católica y de clase trabajadora en la pequeña ciudad de Yvetot, en Normandía. Sus padres eran obreros. Hijos de agricultores, cuando Ernaux era joven habían ahorrado y comprado un pequeño almacén, encima del cual la familia vivía y dirigía una tienda de comestibles y un café. Al principio, esta empresa fue auspiciosa, pero pronto la necesidad de vender a crédito y, más tarde, la invasión de los supermercados, hicieron del pequeño negocio familiar poco más favorable que el trabajo en la fábrica. Su padre, que a menudo tenía que aceptar otro trabajo y no formaba parte de un sindicato, «era a la vez obrero y tendero», escribe Ernaux, «y, como tal, estaba condenado a una vida de soledad y desconfianza».

Ascenso social

Al escribir sobre su padre en su cuarto libro, El lugar (1983), Ernaux abandonó el andamiaje convencional de la ficción, que consideraba que traicionaba la realidad de su vida, e ideó el estilo de escritura por el que ahora es conocida. «Para contar la historia de una vida regida por la necesidad», advierte ella misma en retrospectiva, «no tengo derecho a adoptar un enfoque artístico». Evitando las «reminiscencias líricas» y las «muestras triunfantes de ironía», Ernaux evita los ejes de la narrativa de la clase media, ofreciendo en su lugar una representación crudamente honesta de la violenta resistencia de una vida ordinaria y trabajadora, que es también una de las exploraciones más devastadoras del dolor. Al escribir sobre las bendiciones mixtas de su ascenso de clase, observó que la «gran satisfacción de su padre, posiblemente incluso la razón de ser de su existencia, era el hecho de que [ella] perteneciera al mundo que le había despreciado».

 Mientras sus padres pasaban de ser trabajadores manuales a propietarios de pequeños negocios, Ernaux pudo seguir asistiendo a la escuela y más tarde a la universidad en Rouen y convertirse en profesora. La época de la posguerra fue de bienestar y progreso social. En el mundo subvencionado de la socialdemocracia francesa, Ernaux se hizo un hueco que salvaguardaba a la joven escritora del miedo a caer de sus padres. Fue en este espacio donde conoció a su antiguo marido Philippe, que pertenecía, inequívocamente, al mundo de la clase media. Él la introdujo en las irónicas ocurrencias de esa clase, que perduran en el apretado aire de las cenas familiares, y en la idea de Europa como sede de una cultura sofisticada a la que la educación le otorgaba pertenencia. La pareja se instaló en Cergy-Pontoise, un suburbio a cuarenta kilómetros al norte de París, y formó allí una familia a finales de los años 60, un lugar, como escribe en Diario del afuera / La vida exterior (1993), que, al igual que muchas ciudades suburbanas dibujadas a partir de un mapa en blanco, «surgió de la nada» para atender a una clase media emergente, desplazada y cosmopolita.

Al principio, sin embargo, Ernaux abandonó su título de profesora y se fue a vivir a Londres, en pleno apogeo de los años 60, «simplemente», escribe, «porque quería ser libre». Como joven de clase trabajadora, vivir de forma independiente y escribir literatura era moverse en un terreno inexplorado y arriesgado. Las novelas —La respuesta, de Rosamund Lehmand, Buenos días, Tristeza, de Françoise Sagan— proporcionaban modelos, pero esos libros estaban escritos por mujeres de clase media. En la primera carta, de abril de 1963, que figura en una edición recientemente publicada de la obra de Ernaux, ésta le escribe a su amiga, con la urgencia del deseo juvenil desbordado por la expectación, para que le preste su máquina de escribir a fin de poder redactar su primera novela.

 Al escribir cuando el movimiento feminista cobraba impulso, Ernaux inventaría un lenguaje totalmente nuevo para hablar directamente de la vida y los deseos de las mujeres. Lejos de gran parte del feminismo francés de los años 70, que pretendía dar sentido a la experiencia de las mujeres apelando al lenguaje abstracto de la filosofía o a los giros de la llamada literatura culta, Ernaux mantuvo su lenguaje basado en lo cotidiano. En su obra posterior Los años (2008) reflexiona sobre el regreso a su dialecto local en las visitas a su ciudad natal: «La lengua que se pegaba al cuerpo, estaba ligada a las bofetadas en la cara, al olor a agua de jabón de las batas de trabajo, a las manzanas asadas durante todo el invierno, al sonido del pis en el cubo de la noche y a los ronquidos de los padres». No se trata simplemente de que busque material en su propia vida —¿qué escritor no lo hace?— sino de que radicaliza el género de las memorias al utilizarlas para vincular su propia experiencia individual con la de otros miembros de su clase, generación y sexo. Muestra cómo las memorias, como la expresión más directa de la subjetividad individual, son inextricables de las formaciones sociales históricas a las que dan lugar.

En Una mujer (1987), Ernaux escribe que su madre «se pasaba el día vendiendo leche y patatas para que yo pudiera sentarme en una sala de conferencias y aprender sobre Platón». En el libro, que se lee como un extraño espejo de Un lugar, Ernaux busca comprender a la mujer que la crio al margen de su existencia como cuidadora. Su objetivo es «capturar a la mujer real, la que existió independientemente de mí, nacida en las afueras de un pequeño pueblo de Normandía, y que murió en el geriátrico de un hospital en los suburbios de París». En No he salido de mi noche (1997), Ernaux vuelve a examinar la vida de su madre, con la culpa que supone escribir sobre alguien íntimo y la claridad de observar su vida en su conjunto; el título son las últimas palabras que pronunció su madre.

 En Memoria de chica (2016), Ernaux dirige su atención a su yo de dieciocho años —«la chica del 58»—, a su floreciente deseo, a la violenta expectación del mundo que la rodea, y a la primera noche que pasó con un hombre en un campamento de verano: su primer viaje fuera de casa. Un momento que podría haber sido un estimulante despertar sexual y emocional es contenido por el poder del hombre mayor, un instructor jefe del campamento. En el libro, el encuentro sexual se desarrolla en un retrato rápidamente dibujado de la sensación de ser joven y vivir la novedad de la historia de los años de la posguerra. Este, nos dice Ernaux, fue «el verano del regreso de De Gaulle, el nuevo franco y la nueva República (…) y la Historie d’un amour de Dalida». También fue el verano en el que «miles de militares abandonaron Francia para restablecer el orden en Argelia». Atrapada en la vorágine de la historia y el deseo, «la chica del 58» se encuentra abandonada y se queda «con lo real, por ejemplo un par de prendas interiores manchadas».

El recuerdo, lo que queda

Ernaux trata de atraer a su lector al espacio psíquico de alguien poseído tanto por su propio deseo como por la violencia de sus consecuencias. A diferencia de la mayoría de las mujeres francesas de su generación, se ha declarado fervientemente del lado del #MeToo, de la generación de feministas contemporáneas que reconocen el histórico desequilibrio de poder entre hombres y mujeres que subyace en la inadecuación de las relaciones laborales y sexuales actuales. En sus escritos, Ernaux da rienda suelta al deseo, llevándolo a sus límites más lejanos, un deseo autodestructivo y extático que ella considera que no es incompatible con la necesidad del consentimiento; de hecho, es más bien su precondición. El deseo, un tema al que Ernaux vuelve a lo largo de su vida, y del que habla con una claridad desarmante al liberarse de sus prohibiciones históricas, es desgarrador, estimulante y transformador.

En Pura pasión (1991) relata la intensidad solipsista de sus sentimientos por un diplomático ruso, más joven y casado, al que conoció en Leningrado en 1988. Una década más tarde retomó el tema en forma de diario en Perderse (2001), que ofrece una versión más explícita y sin adulterar de la agonía de la pasión que eclipsó el resto de su vida durante un periodo de dieciocho meses. El amante es objeto, no sujeto, de la historia: un extraño cuya extrañeza no hace sino intensificarse con el tiempo. Ernaux no pretende contextualizar ni moralizar la aventura, sino que se limita a describirla. Las personas implicadas en la historia de la pasión, la más individualizadora de las experiencias, parecen meramente incidentales en su relato.

Al Comité del Nobel no se le escapa que Ernaux ha escrito uno de los mejores relatos sobre el aborto en la literatura. El acontecimiento, publicada en 2000 en Francia y en Inglaterra al año siguiente, fue llevada al cine por Audrey Diwan a principios de este año. Es también uno de los mejores relatos de la escritura: de la transformación de una experiencia en escritura y de la escritura en experiencia. Fue el primer tema sobre el que Ernaux escribió en su novela de 1974, Los armarios vacíos, y al que siguió volviendo, a medida que el enfoque de sus escritos pasaba de la experiencia femenina ficticia, personal y clandestina a la historia. La narración, que se centra en su lucha por conseguir un aborto, gira en torno a la dificultad de abandonar una posición de clase y de hacer una vida por sí misma, como mujer, en 1963. Una década más tarde, las feministas francesas saldrían a la calle, dando a conocer sus propios abortos, formando una narrativa colectiva que allanó el camino para su legalización.

 Los años, publicado en francés en 2008 y en inglés en 2017, que es ampliamente reconocido como la obra maestra de Ernaux, se abre con una imagen de una mujer en cuclillas, en Yvetot después de la guerra, y traza los sonidos, las vistas, los modismos, las letras y los sentimientos de las décadas centrales del siglo XX. Plantea la cuestión de lo que permanecerá, lo que seguirá adelante y lo que pasará a la historia. Muestra cómo la memoria vive a la vez dentro y fuera de nosotros, en cuyos intersticios se siente colectivamente la textura material de los sueños callados y reprimidos de la gente corriente.

Lo que se recuerda: un primer beso, el muro que divide Europa, la rotonda mágica, las compras del sábado, las facturas mensuales, el Dr. Spock, la revolución. Lo que queda: el cuerpo de una mujer, igual pero diferente, nada que ver con su representación en las revistas pornográficas y femeninas; los trabajadores que siguen realizando el trabajo que hace posible la escritura; una narración del progreso de la posguerra que tartamudea y se tambalea al acercarse al presente: «A mediados de febrero los trabajadores del acero (…) quemaban neumáticos en las vías del tren, mientras ella leía El orden de las cosas en su asiento del TGV inmovilizado». Esta capacidad de vincular su propia memoria personal y la historia colectiva es el aspecto más radical de la obra de Ernaux. A medida que Los años se acerca a su cierre, retoma una perspectiva en primera persona, sacándose a sí misma de la historia, cediendo espacio a la generación que viene.

En una reunión de la Unión Popular en apoyo de Mélenchon como candidato presidencial en enero de 2022, Clémentine Autain, miembro del partido político de izquierdas La France Insoumise, lanzado en 2016 por Mélenchon, leyó el libro de Ernaux de 2013 sobre su ciudad natal, Regreso a Yvetot. En él, Ernaux describe la vergüenza que vivió de joven cuando la hija de un óptico le detectó el olor del agua de Javel, que la señalaba como perteneciente a la clase trabajadora. Pasajes del libro de Ernaux estaban contenidos en una colección de extractos que también incluía palabras de Angela Davis, Pier Paolo Pasolini, Jean Jaurès y Lola Lafon. En conjunto, estas voces insurgentes pretendían articular lo que podría ser un nuevo movimiento dirigido a crear un mundo más justo. Ernaux declaró que apoyaba a Mélenchon «porque se avergüenza de ver cómo el neoliberalismo destruye a los individuos y su entorno, de escuchar mensajes de odio contra una parte de la población, de no decir nada, de no hacer nada».

 A medida que el siglo XX llegaba a su fin, muchas organizaciones de la clase trabajadora también se fragmentaron, llevándose consigo las identidades y culturas que habían mantenido unidas. En este contexto, la atención de Ernaux a la forma en que los miembros de la clase trabajadora vivieron esos largos periodos de decadencia tiene el efecto de devolver la capacidad de acción a los que se vieron privados de ella. Al hablar de su abuelo, que trabajó en una granja desde los ocho años, observa que «su mezquindad fue la fuerza motriz que le ayudó a resistir la pobreza y a convencerse de que era un hombre. Lo que realmente le enfurecía era ver a un miembro de la familia leer un libro». Al mirar a su alrededor y dar espacio a «figuras anónimas que se vislumbran en una esquina o en un autobús abarrotado, que llevan involuntariamente el sello del éxito o del fracaso», Ernaux esculpe un lenguaje para la colectividad en el corazón del yo, una literatura que da forma a la transmisión de la memoria, a las opciones imposibles a las que se enfrentan los individuos y los movimientos políticos, y al deseo de revivir el sentimiento apagado de la revuelta."                   ( , JACOBINLAT, 13/10/22)

22/9/22

Las amazonas del reino de Dahomey (en los siglos XVIII-XIX)

 "La epopeya histórica "The Woman King", que acaba de estrenarse en la taquilla estadounidense con una acogida exagerada, es una película realmente extraordinaria. Ambientada en el África occidental del siglo XIX y protagonizada por Viola Davis y John Boyega, es una historia de idealismo y pasión; de violencia brutal y de ira ardiente; de sueños hechos y rotos, de mitos y misterios, de mentiras y traiciones, de las ambiciones abotagadas y las hipocresías enconadas de una sociedad en plena revolución cultural. Estoy hablando de América, por supuesto, no de África. Todo esto es antes de que la película haya comenzado.

Enseguida hablaré de todas las controversias. Pero en un nivel, la historia detrás de The Woman King es en realidad bastante simple. Como ha explicado su productora, la ex actriz de Hollywood Maria Bello, se le ocurrió la idea hace unos años tras visitar la república de Benín, en África Occidental. Allí se enteró de la existencia de un regimiento de mujeres guerreras inmensamente feroces llamadas Agojie, que lucharon por el Reino de Dahomey en los siglos XVIII y XIX. Como era de esperar, los viajeros europeos, los misioneros y los traficantes de esclavos las llamaron "amazonas", y como pocos podemos resistirnos a una historia de terroríficas amazonas esculturales, a Bello le llamó inmediatamente la atención su potencial cinematográfico. Y dado que Pantera Negra de Marvel ha demostrado que hay un enorme público internacional para las historias con héroes negros que empuñan espadas, los ejecutivos de Sony estuvieron de acuerdo con ella. Hasta aquí, nada complicado.

¿Y la trama? De nuevo, no es muy complicado. Las epopeyas históricas suelen ser bastante melodramáticas, con héroes imposiblemente admirables y villanos diabólicamente crueles, y El rey mujer no es una excepción. Para abreviar una historia de dos horas y cuarto, nos encontramos en Dahomey en la década de 1820. El rey Ghezo, interpretado por John Boyega, es básicamente un tipo decente, al menos para los estándares de los reyes guerreros en tiempos turbulentos. Depende de Viola Davis y su regimiento de amazonas, sobre todo contra sus vecinos, los oyo, cuyo líder asesino y rapaz está aliado con los esclavistas portugueses.

 Hay varios tejemanejes familiares del tipo "Luke, soy tu padre", pero no es necesario entrar en ellos ahora. ¿Un personaje aparentemente huérfano resulta ser la hija de otro? No lo voy a decir. De todos modos, en un desarrollo totalmente impredecible, algunos de los buenos son tomados prisioneros. Igualmente imprevisible, el rey es reacio a jugárselo todo a una arriesgada misión de rescate. Así que, en un giro que nadie podría haber imaginado, Viola Davis desafía las órdenes y lidera una expedición para salvarlos de todos modos. (Puede que pienses que ya has visto esto antes, pero no es así, porque no estaba ambientada en África cuando la viste antes, así que esta vez es completamente diferente). ¿Y qué pasa? Bueno, no quiero estropearlo. ¿Son todos masacrados en el lugar donde se encuentran? ¿Termina la película con una nota sorprendentemente baja? ¿O los buenos ganan la partida? Tendrá que verla usted mismo para averiguarlo.

Los productores afirman, como siempre, que The Woman King está "basada en hechos reales". Y, para ser justos, no se equivocan del todo. En el siglo XIX existía un reino de Dahomey: orgulloso, independiente, ferozmente agresivo, y eso es decir poco. El historiador Stanley B. Alpern, autor de la historia definitiva de los Agojie en inglés, lo califica de estado "dedicado a la guerra y a la caza de esclavos... con el rey controlando y regimentando prácticamente todos los aspectos de la vida social". Uno de esos reyes se llamaba efectivamente Ghezo. Y los Agojie también existieron. Como explica un excelente ensayo de la revista Smithsonian, se fundaron probablemente a principios del siglo XVIII y contaban con unas 6.000 guerreras que "asaltaban aldeas al amparo de la oscuridad, tomaban cautivos y cortaban las cabezas de los que se resistían para devolvérselas a su rey como trofeos de guerra".

 ¿Eran tan intimidantes como sugiere la película? En realidad, aún más intimidantes. A las Agojie se les prohibía acostarse con hombres, se las reclutaba cuando eran jóvenes y se las obligaba a someterse al tipo de entrenamiento militar que convertiría a la mayoría de nosotros en objetores de conciencia. Un viajero británico describió cómo se les obligaba a atravesar densos matorrales de espinas de acacia, sin nada que les protegiera los pies de las hemorragias.

Otras pruebas fueron diseñadas para insensibilizarlos a los horrores del combate. Cada año, según el Smithsonian, "los nuevos reclutas de ambos sexos debían subirse a una plataforma de 4 metros de altura, recoger cestas con prisioneros de guerra atados y amordazados, y lanzarlas por encima del parapeto a una multitud que aullaba abajo". Y en lo que quizá sea el detalle más horriblemente memorable, un oficial francés llamado Jean Bayol vio cómo una recluta adolescente llamada Nanisca, "que todavía no había matado a nadie", era llevada ante un joven capturado que tenía las manos atadas. Según Bayol, ella "blandió su espada tres veces con ambas manos, y luego cortó tranquilamente la última carne que unía la cabeza al tronco. ... Luego exprimió la sangre de su arma y se la tragó".

 Qué bien. Fue esta Nanisca, por cierto, la que parece haber inspirado el nombre del personaje de Viola Davis. Acabó sus días luchando contra los franceses, cortando la cabeza de un oficial de artillería antes de ser abatida en su turno. Era lo que ella hubiera querido. Por supuesto, muchas películas históricas romantizan a sus héroes aterradoramente violentos, como puede atestiguar cualquiera que haya visto Gladiator o 300. Así es la naturaleza de la narración. Sin embargo, el problema de The Woman King es que Dahomey no era sólo una sociedad violenta, sino que era una sociedad violenta de tráfico de esclavos. De ahí el tsunami de controversias.

Aunque siempre nos han dicho que la esclavitud es un tema terriblemente difícil y complicado, la historia que hay detrás de todo esto es en realidad bastante sencilla. El comercio de esclavos era enormemente importante, si no esencial, para el reino de Dahomey. Como ha señalado la historiadora brasileña Ana Lucia Araujo, la expansión de Dahomey coincidió exactamente con el apogeo del comercio de esclavos en el Atlántico. En particular, Dahomey se apoderó y controló el puerto de Ouidah, uno de los centros más importantes de toda la red. Desde aquí, cientos de miles, tal vez incluso un millón de cautivos africanos fueron embarcados a la fuerza hacia el Nuevo Mundo.

 Y aunque esta fue una historia en la que los traficantes de esclavos europeos desempeñaron un papel destacado, las guerreras de Dahomey no fueron inocentes. Todo lo contrario. Como señala Araujo, El rey mujer se abre con una escena en la que los Adojie atacan una aldea vecina, matando a los hombres pero perdonando caballerosamente a las mujeres. Sin embargo, esto es pura ficción. En realidad, escribe, "los soldados del ejército de Dahomey (tanto hombres como mujeres) tomaban como prisioneros a los aldeanos más jóvenes y sanos y los llevaban a la capital de Dahomey, Abomey". Aquí, algunos se convertirían en esclavos locales, otros serían sacrificados. Pero "la mayoría serían transportados a la costa, donde serían vendidos, y subirían a bordo de barcos negreros que navegarían hacia las Américas, especialmente hacia Brasil".

Esta no es la única distorsión de la verdad. En la película, se convence al rey Ghezo para que deje de depender de los traficantes de esclavos europeos y se dedique a la producción de aceite de palma. Pero esto no tiene sentido. De hecho, para sus vecinos, la idea de que él y sus guerreros amazónicos fueran liberadores reformistas habría parecido francamente obscena. En realidad, Ghezo era tan brutal e interesado como cualquier imperialista europeo. Cuando subió al trono en 1818, uno de sus primeros actos fue castigar a sus rivales familiares vendiéndolos como esclavos. Y durante gran parte de su reinado se resistió activamente a las presiones de Europa para acabar con el comercio de seres humanos, ya que en las décadas de 1830 y 1840 los británicos intentaban enérgicamente acabar con él, llegando a bloquear sus costas con barcos de la Marina Real.

 ¿Importa todo esto? Tal vez no. Repito: todas las películas históricas convierten los hechos en ficción. Si usted acude a Hollywood en busca de su historia, ese es su problema, no el de ellos. Dirigiéndose a sus críticos en Variety, Viola Davis insistió en que una película es sólo, bueno, una película. "Si sólo contáramos una lección de historia, que bien podríamos haber hecho, eso sería un documental", dijo sin rodeos. "Por desgracia, la gente no iría a los cines". En cuanto a John Boyega, volvió a caer en el tipo de galimatías impenetrable por el que los actores han sido admirados durante mucho tiempo en todo el mundo. "El arte puede vivir en un espacio moral o inmoral, y a veces podría tratarse simplemente de arrojar una luz sobre la naturaleza humana, la historia y la realidad de ese conflicto", dijo gnómicamente. "Así que, para mí, incluir eso sólo demuestra que hay una forma en la que podemos abrazar historias que aceptan el hecho de que la humanidad no es perfecta, a la vez que son entretenidas y algo de lo que se puede aprender".

 ¿Qué significa eso? Sospecho que nunca lo sabremos.

Pero como se trata de África y de la esclavitud, algunas personas no ven esto como un asunto trivial en absoluto. Hace un mes, Nikole Hannah-Jones, del New York Times, cerebro del alocado "Proyecto 1619" para reescribir toda la historia de Estados Unidos en torno al tema de la esclavitud, lanzó una ominosa advertencia de que estaba deseando ver "cómo una película que parece glorificar a la unidad militar femenina de los Dahomey trata el hecho de que este reino obtuvo su riqueza de la captura de africanos para el comercio transatlántico de esclavos". The New Yorker, analizando las numerosas distorsiones de la película, la condenó no sólo como "confusa" y "poco sincera", sino como una "cínica distorsión de la historia".

 Y en Twitter, los sospechosos habituales han salido en masa, con las horcas preparadas. En cierto modo, no importa de qué lado estés; el mero hecho de entrar en las listas es exponerse a acusaciones de herejía. Así que cuando Ana Lucia Araujo, experta en la trata de esclavos de la Universidad de Howard, se aventuró en la red a hablar de un libro sobre otra reina guerrera africana de Angola, y cometió el error de utilizar la palabra "deportada" para describir el transporte de esclavos a través del Atlántico... bueno, eso fue su fin. "¡La absoluta caucasidad de esta persona!", tronó uno de sus críticos, él mismo, a juzgar por su foto, claramente caucásico. Académicos, ¿eh? "¡Qué espectáculo de payasos!", decía una respuesta. Bueno, tú lo has dicho.

En el fondo, pues, la historia de La mujer rey no es realmente una historia sobre Dahomey en el siglo XIX, sino una sobre la política racial salvajemente histérica de los Estados Unidos en el siglo XXI. Ni siquiera he mencionado el hecho de que la actriz Lupita Nyong'o, que originalmente iba a participar en la película, fue a África Occidental, hizo un documental sobre el comercio de esclavos, rompió a llorar cuando descubrió la participación de los Agojies en la esclavitud, y luego se retiró de la película. Tampoco tengo tiempo para entrar en la alegría desenfrenada de la derecha estadounidense ante el espectáculo de tantos liberales de Hollywood y locos académicos destrozándose unos a otros por una película sobre la esclavitud. "Pocos de los gobiernos extinguidos por el colonialismo europeo", exultaba un escritor en la National Review, "merecían tanto ser destruidos como el de Dahomey". Aunque apuesto a que no se atrevería a decirle eso a John Boyega.

 ¿Me molesta entonces la distorsión de la historia que hace la película? Bueno, quizás un poco. Las películas son importantes. Teniendo en cuenta su perdurable legado en antiguas sociedades esclavistas como Estados Unidos y Brasil, habría sido mucho mejor contar la historia de la esclavitud de forma cuidadosa y matizada, en lugar de reducirla a un melodrama caricaturesco, salvajemente distorsionado y risiblemente despierto de héroes y villanos. Y si los realizadores hubieran tenido la valentía de contar la verdadera historia de Dahomey -una historia en la que las mujeres africanas audaces e independientes eran a veces tan crueles y explotadoras como los más despiadados capitanes de mar portugueses-, entonces podrían haber animado a sus espectadores a ir más allá de la visión infantil de buenos y malos de la historia imperial que se ha vuelto tan común hoy en día.

De todos modos, no voy a ponerme demasiado nervioso al respecto. Gritar y vociferar sobre las películas de Hollywood nunca es una buena imagen. Vienen y se van, y la mayoría de los espectadores de a pie son demasiado sensatos para tomárselos en serio. Dejemos que los lunáticos monten en cólera en Twitter. El resto sabemos que es sólo una película." 
             ( , UnHerd, 22/09/22)

4/5/22

Roksanne Muhammed: “La sociedad que me rodea representa una experiencia política, social e institucional única”... es jefa de la oficina de relaciones públicas de las milicias femeninas YPJ

 "Tras el inicio de la guerra civil siria en 2011, en la ciudad de Kobane, al norte del país, se comenzaron a organizar asambleas populares en 2012 para la toma de decisiones, la fijación de cuotas de mujeres en diversos órganos de democracia directa y para el establecimiento de una sociedad feminista. Se crearon también las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades Femininas de Protección (YPJ), estas últimas, milicias armadas compuestas completamente por mujeres, para defenderse del Estado turco y de grupos islámicos fundamentalistas.

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) luchan desde 2015 por una Siria democrática. Son una alianza militar de milicias kurdas, árabes, asirias, armenias, turcomanas y circasianas en la región del norte y este de Siria, la cuál es gobernada por la Administración Democrática y Autónoma del Norte y Este de Siria. La región donde las y los kurdos son mayoría, el norte de Siria, se llama Rojava, mejor conocida como el Kurdistán Sirio. Las YPG e YPJ nunca han recibido apoyo de ninguna potencia occidental, sin embargo, han sido sistemáticamente criminalizadas. No obstante, los Estados Unidos y las Estados occidentales sí que han apoyado a las FDS y hay que señalar que las YPG e YPJ son las milicias mayoritarias de las FDS, bien conocidas por su resistencia incluso antes del 2015 contra ISIS.

Rojava obtuvo su autonomía a través de la organización popular, expulsando a Al-Nusra (asociado a Al-Qaeda) y al Estado Islámico. En la actualidad, la milicia kurda, ha adoptado una postura defensiva y una política de neutralidad, enfrentándose a cualquier facción armada que intente ocupar sus territorios.

Con grandes paralelismos con la revolución social de 1936 en el marco de la guerra civil española o más recientemente con la revolución zapatista del Estado mexicano de Chiapas, la revolución de Rojava resiste el aislamiento internacional. Una de las razones es el vínculo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una histórica organización considerada terrorista por el régimen turco de Erdogan, Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, desde hace algunos años, el PKK ha abandonado sus ideas marxistas-leninistas, las cuales luego de un proceso de discusión iniciado en la década de 2000 los llevó a ir dejando de lado estos principios por otros que incorporan elementos ecologistas, feministas y asamblearios. Esta nueva teoría ha tomado el nombre de “confederalismo democrático”, y su principal impulsor ha sido su líder e ideólogo Abdullah Öcalan, preso político por el Estado turco, condenado a cadena perpetua y en confinamiento solitario en la isla de Imrali.

En 2013, basada en las ideas de Öcalan, la Autonomía de Rojava promulgó su constitución, establecimiento el confederalismo democrático basado en los principios de igualdad de género, descentralización, ecologismo, tolerancia étnica y religiosa. También incluyó la Jineología, ciencia social que defiende que la libertad de la mujer es requisito indispensable para la libertad colectiva. Roksanne Muhammed es jefa de la oficina de relaciones públicas de las milicias femeninas YPJ y ha conversado con El Salto para explicarnos la actualidad de la revolución.

¿Por qué decidiste participar en la milicia kurda?

Nací en 1988 en la ciudad de Afrin, que ha estado ocupada por Turquía desde 2018. Me uní a las Unidades Femininas de Protección, YPJ, por dos razones: La primera por la cuestión de la autodeterminación de mi pueblo y la segunda por mi liberación como mujer. Bajo el régimen de Bashar al-Ásad en Siria, se negaba sistemáticamente nuestra identidad como mujeres kurdas, nuestra cultura, nuestro idioma. Eramos consideradas propiedad de los hombres, sin voluntad ni derechos. Es por estas razones que siempre busqué otras formas de vivir libre.

Decidí estudiar derecho y tenía muchas ganas de trabajar para cambiar la realidad, pero me di cuenta que bajo un régimen autoritario y represivo esta no sería la herramienta con la que podría cambiarla. A pesar de esto, no me rendí. Estudié en profundidad los libros del líder Abdullah Öcalan. Y con el comienzo de la revolución de Rojava, que se conocía como “la revolución de las mujeres”, no dudé en unirme porque mi objetivo era liberarme a mí misma y al mismo tiempo conocer mi verdadera historia. Al principio trabajé en el campo de la organización de estudiantes, pero comprobé que esto no era suficiente para cumplir mis metas y ambiciones, encontrar mi esencia y verdad como mujer, por lo que decidí incorporarme a las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ).

Como luchadora y mujer kurda, vivo en la región del norte y este de Siria, vivo con mis camaradas. La sociedad que me rodea representa una experiencia política, social e institucional única. No aprendí nada de esto en las ideas y contenidos que nos enseñaron durante los años de estudio en las escuelas del régimen de Bashar al-Ásad. No nos enseñaron que es posible que las mujeres tengamos voluntad y desempeñemos nuestro papel en la sociedad. Sin embargo, en la revolución de Rojava, este asunto es considerado un deber de las mujeres, porque somos una generación que resume en todos sus detalles el sufrimiento de nuestro pueblo durante miles de años.

En la actualidad, ¿cómo se encuentra la lucha contra el Estado Islámico? ¿Cuál es el papel de las mujeres en la revolución?

Han pasado más de cuatro años desde la derrota de ISIS a través de la lucha y los sacrificios de la gente de las filas de las FDS en el norte y el este de Siria. ISIS fue derrotado aquí geográfica y administrativamente. Tanto Siria como Irak se destacaron como terreno fértil para el extremismo y el pensamiento islámico extremista, lo que se refleja en una organización como ISIS que mata a mujeres, niños y ancianos, lo cual no es nada nuevo en la historia del pueblo kurdo, especialmente con los Yezidis.

La lucha contra el extremismo en las regiones del norte y este de Siria ha estado dirigida principalmente contra los Hermanos Musulmanes y el Estado Islámico, quienes han oprimido a la sociedad y especialmente a las mujeres de la región durante décadas. Por lo tanto, la lucha contra esta mentalidad es uno de los aspectos importantes de la lucha librada por la administración autónoma en el norte y el este de Siria. Esta lucha tiene sus raíces en la experiencia de la sociedad kurda durante la larga lucha contra el régimen gobernante en Siria y la fuerte posición de la lucha de los kurdos en todas partes del mundo, la influencia mutua y la conexión moral e histórica con lo que le ha sucedido.

Para nadie es un secreto el papel de vanguardia en la lucha feminista asumido por las luchadoras de las YPJ, Unidades de Protección de la Mujer, quienes por derecho natural se han empoderado para proteger a su sociedad y a ellas mismas de las agresiones. El establecimiento de las YPJ fue solo una reacción a la marginación de la población kurda, e igualmente de las mujeres árabes bajo el sistema social y político imperante, que subestimaron su papel y sus derechos en la gestión de sí mismas y de su comunidad.

Basándose en el principio del creador de la nación democrática y líder espiritual Abdullah Öcalan de que ninguna sociedad puede ser liberada a menos que las mujeres en ella sean liberadas, las mujeres del norte y el este de Siria han tomado medidas en esta dirección para organizarse en lo político, social, económico y cultural.

¿Cómo organizan estos ámbitos en la región autónoma?

Todos los ámbitos de la vida, incluidos los de educación, sanidad, justicia y defensa, son organizados por los Comités de la Administración Autónoma y, a su vez, por las organizaciones e instituciones de la sociedad civil, y ambos ámbitos se refuerzan entre sí.

Todos los que se incorporan a una unidad de combate realizan un entrenamiento militar en el que aprenden a manejar armas de todo tipo, tácticas militares y preparación física. Después de eso, cada luchador se especializa en uno de los diferentes tipos de armas según sus deseos y habilidades, y recibe un entrenamiento avanzado en esa especialización. Se han agregado y desarrollado muchos cursos de capacitación y especializaciones de acuerdo con los requisitos de la realidad de la revolución que atraviesa la sociedad en el norte y el este de Siria.

Parece ser que las Naciones Unidas ya no pueden entregar ayuda humanitaria a través del cruce fronterizo de Til Kocher ¿cuál es la situación ahora mismo respecto a la salud y la ayuda humanitaria?

En el norte y el este de Siria, más de un millón de refugiados viven en 15 campamentos reconocidos oficialmente. En 2014, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la decisión de transferir ayuda a través de la frontera siria. Pero a mediados de 2019, luego de que Rusia y China lo vetaron, el cruce fronterizo de Til Kocher fue cerrado y los envíos de ayuda de la Organización de las Naciones Unidas y organizaciones benéficas ya no llegan directamente a la región. La ONU envía ayuda al gobierno de Damasco, y este envía solo una pequeña parte de esta ayuda a la región autónoma.

El cierre de Til Koçer Gate está teniendo un impacto negativo en el sector de la salud en la región, especialmente con la propagación del coronavirus. La Administración Autonómica y la población están haciendo todo lo posible para protegerse. Por su lado, el ISIS y el Estado turco se están aprovechando de las malas condiciones de vida, comprando agentes con dinero y reorganizándose. El cierre del paso fronterizo de Til Kocher es una decisión política a favor de Turquía, que ha ocupado algunas partes de la región a través de una invasión que viola los derechos de las personas y ataca todos los días a toda la región, siendo la perjudicada de esta decisión, una vez más la población.

La guerra ruso-ucraniana es ciertamente desafortunada para las mujeres, los niños y los ancianos indefensos, quienes están pagando las consecuencias de las políticas y errores de juicio de sus países. Lamento decir que lo que se está viviendo en Ucrania, son escenas cotidianas que vive la gente en Siria.

La revolución feminista de Rojava no ha recibido la misma cobertura mediática que la guerra de Ucrania...

Podemos observar a través de los medios de comunicación de todo el mundo que la guerra ruso-ucraniana es ciertamente desafortunada para las mujeres, los niños y los ancianos indefensos, quienes están pagando las consecuencias de las políticas y errores de juicio de sus países. Y es un lugar de tristeza y dolor para nosotras, porque hemos vivido lo mismo aquí. Experimenté y probé el flagelo de la guerra, lamento decir que lo que se está viviendo en Ucrania, son escenas cotidianas que vive la gente en Siria.

La mayor amenaza para el autogobierno democrático en el norte y el este de Siria la plantea el Estado turco. Turquía ve el sistema democrático en la región, que es una alternativa para todo el Medio Oriente, como una amenaza a sus políticas fascistas y nacionalistas, así como a su proyecto de creación de un Imperio Otomano moderno.

En 2018, el Estado turco ocupó la región de Afrin y en 2019 las regiones de Sere Kaniye y Gire Spi, mediante una guerra de invasión que violó el derecho internacional. Las amenazas y los ataques del Estado turco continúan hasta hoy y se están produciendo ataques dirigidos con drones. El gobierno de Erdogan está aprovechando que la atención pública se centra en la guerra de Ucrania y está intensificando sus ataques en la región.

Iluminar el sufrimiento de la humanidad en las guerras es una preocupación humanitaria y un deber de los medios de comunicación, pero cuando se ignora la sangre y las tragedias de inocentes en una parte del mundo a cambio de atención y luz en otra, las máscaras quedan expuestas y queda claro que los intereses y los poderes internacionales juegan un papel importante."                    (Carlos Soledad  , El Salto, 03/05/22)