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23/2/22

Jocelyne Porcher: "Se puede amar a las vacas y, luego, matarlas"... claro que es posible, es lo que han hecho los campesinos gallegos (y de todas partes), desde la noche de los tiempos... cada vaca gallega tiene su nombre, y todos conocen su sicología y sus manías... se vive con ella, se la cuida, y después se la mata... porque la familia tiene que comer carne, y la aldea, y la ciudad... la carne es la mejor receta contra el hambre... y en nuestro mundo tan rico existe el hambre... y ricos tan ricos que piensan que la carne sobra... La polémica ingeniera francesa, que critica con dureza las macrogranjas, ataca a los animalistas y aboga por una tercera vía de crianza animal: la ganadería tradicional... la gallega

 "La ingeniera agrícola Jocelyne Porcher (65 años) dispara críticas con cañón doble: por un lado, contra la ganadería industrial, a la que califica de “fábrica sin piedad” en la que los animales no son más que “cosas”, y por otro, contra los animalistas, a los que acusa de alejar a los humanos del resto de los seres vivos y de poner en peligro a la ganadería tradicional. 

Directora de investigación en el INRA (Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia), publica artículos en la prensa francesa que no pasan inadvertidos. Eso, en los últimos 10 años. Antes, predicaba en el desierto.

Sus argumentos contra los animalistas son afilados y están recogidos en el primer libro que ha publicado en español: Vivir con los animales. Contra la ganadería industrial y la “liberación animal” (Ediciones El Salmón, 2021). En él ataca al mismísimo Peter Singer, el filósofo que afirmó que los animales, como seres que sufren, tienen derecho a que los protejamos. “Es un pensador occidental que no conoce la crianza”, afirma. “Lo que escribe son solo teorías”.

La investigadora cree que la liberación de los animales nos haría peores personas, pues el trato con nuestros compañeros vivientes nos nutre mutuamente. Sostiene que los argumentos de este colectivo cada vez más nutrido beneficia a la industria de los sucedáneos de la carne, que no son más que productos altamente procesados. Pero va aún más allá: afirma que los animalistas pueden vulnerar el derecho a la alimentación de las personas.

Las animalistas reconocen la labor de Porcher ante la industria intensiva, pero critican que sea tan fiera contra ellos mismos. La activista Brigitte Gothière, de la ONG L214, señala que es difícil dialogar con la investigadora una vez se le señala la muerte de los animales para nutrirnos. “Se pone muy agresiva y se olvida de que la vida sin comer carne es posible”. Una pena, afirma esta activista, puesto que podrían pelear conjuntamente contra la ganadería industrial. A su juicio, Porcher dedica demasiada energía a criticar al movimiento antiespecista en vez de pelear contra un modo de crianza que mantiene encerrados a ocho de cada diez animales en macrogranjas.

Hija de un solador y una funcionaria, fue una niña distinta, alejada del patrón femenino, ella usa el adjetivo “marimacho”. Dice que en su adolescencia lo que más añoró fue “ser libre”. Es tímida pero con grandes convicciones, según un compañero del INRA. Trabajó ocho años como secretaria, pero acabó cambiando París por el campo. Crio pollos y conejos, empezó a cogerle el gusto y sumó a su pequeña granja ovejas y cabras. Más tarde quiso ir más allá y estudió ingeniería agrícola, hasta que logró su sueño de ser investigadora.

Sus comienzos en el INRA fueron difíciles. Sus ideas estaban muy despegadas de la mirada sobre la ganadería industrial que preponderaba en aquella época. Atacaba el sufrimiento de los animales en la ganadería intensiva y defendía la pequeña y mediana ganadería, un oficio que, afirma, está en peligro desde el siglo XIX. “Es un empleo precioso, pero hay que querer a los animales apasionadamente. Se puede amar a las vacas e igualmente matarlas”, sostiene. Si la muerte de un animal tiene sentido, argumenta, es porque ha tenido una vida digna, sana, cuidada y su muerte genera más vida.

La dirección del INRA no veía con buenos ojos las reflexiones de Porcher, cuenta su compañero el investigador Jean-Marc Touzard, pero poco a poco la situación fue cambiando. Los libros que ella publicaba iban teniendo más impacto y académicamente fue ganando prestigio. Hasta que los responsables se dieron cuenta de que lo que ella defendía era una tercera vía, una línea de pensamiento que permite sobrepasar el enfrentamiento entre la industrialización y la liberación de los animales.

Porcher no solo cree que las macrogranjas causan miedo y sufrimiento a los animales, sino también a los humanos que trabajan en ellas. “Querrían relacionarse con los animales de otra forma. Y eso les genera dolor moral”, dice, y subraya que lo ha visto con sus propios ojos. También ha puesto en marcha un proyecto que acaba de dar sentido a sus teorías: “Quand l’abattoir vient à la ferme” (cuando el matadero llega a la granja), un matadero portátil que se desplaza hasta las granjas, ahorrando a los animales su doloroso traslado hacia su final.

 Por ahora solo una ganadera ha obtenido el permiso para usar este método, y otra veintena de ganaderos están en plenos trámites para lograrlo. “El Estado ha estado en contra de este sistema durante mucho tiempo. Se hacían matanzas en las granjas, pero de forma ilegal”.

En los últimos años se ha puesto a desarrollar nuevos sellos de calidad alimentaria, como un certificado para unos huevos que, al terminar el ciclo reproductivo de la gallina, no acaban en la muerte del animal. O la carne de unos cerdos que han llevado una vida con libertad y agradable. A la pregunta de si come mucha carne, afirma que una media de dos veces a la semana. Y luego añade que lo que no come ni comerá son hamburguesas vegetales. “No entiendo por qué disfrazar al vegetal de lo que no es”.        (Carmen Pérez-Lanzac , El País, 18/02/22)

30/1/19

Los Presupuestos Generales del Estado para 2019 destinan a la fiesta de los toros 65.000 euros... los toros es, con mucha diferencia, la actividad cultural menos subvencionada por parte del Estado, siendo la que más riqueza y recursos fiscales genera a la Hacienda española...

"Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2019, aprobados por el Consejo de Ministros, destinan una doble partida a la fiesta de los toros: 30.000 euros para el Premio Nacional de Tauromaquia y 35.000 euros para la Fundación del Toro de Lidia. Total: 65.000 euros. (...)

 Los 19.882 festejos taurinos celebrados en España en 2017 tuvieron un impacto económico de 4.500 millones de euros, lo que supone un 0,36 por ciento del Producto Interior Bruto. La referencia la ofreció Mar Gutiérrez, secretaria técnica de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET) en el reciente congreso del sector celebrado en Murcia el pasado mes de octubre. Gutiérrez aclaró que, de la cifra inicial, 18.357 corresponden a festejos populares (el 92,30 por ciento) y el resto (el 7,70 por ciento) a espectáculos reglados. (...)

Los espectáculos taurinos son el tercer espectáculo de masas tras la asistencia a museos y conciertos de música actual, según datos del Ministerio de Cultura. Quedan excluidos el fútbol, considerado como un evento deportivo, y el cine, al que no se asiste en directo. Uno y otro cuentan con un mayor número de espectadores que los toros. (...)

Otros datos estadísticos referidos a la temporada de 2017 señalan que se celebraron 387 corridas de toros, una más que el año anterior, 220 novilladas con caballos, 20 más que en 2016, y 155 espectáculos de rejoneo, 17 menos. En el registro de profesionales figuran inscritos 10.959 personas, de las cuales solo 289 (2,6 por ciento) son mujeres, la mayoría dedicadas al rejoneo.
Según ANOET, la patronal que agrupa a los grandes empresarios taurinos, el sector aporta anualmente en torno a los 45 millones de euros a Hacienda en concepto de IVA.

Juan Medina, profesor de Teoría Económica de la Universidad de Extremadura, y el más reconocido estudioso de las variables económicas de de la fiesta taurina, elaboró en 2013 un informe para ANOET que recoge conclusiones sorprendentes, todas ellas referidas a la citada anualidad.

De los 208,8 millones de euros recaudados en taquilla, el Estado devengó 43,88 millones por IVA, lo que supuso entonces una aportación tres veces más que el cine español (14,5 millones de euros), y un 41 por ciento más que los conciertos de música (31,2 millones).

Medina analizaba también el tan manido asunto de las subvenciones públicas a los toros, y un resumen de su estudio podría ser el siguiente:

- los Presupuestos Generales del Estado destinaron en 2013 la cantidad de 30.000 euros al Premio Nacional de Tauromaquia, un 0,01% del total.

- 4 de las 17 comunidades autónomas (Andalucía, Aragón, Valencia y Madrid) asignaron a los toros 3,007 millones de euros, lo que supone el 0,3 por ciento que las CCAA dedicaron a otras manifestaciones culturales. Es llamativo el caso de Madrid: aportó 1.410.851 euros a la fiesta y recibió 2.325.000 euros por el canon de arrendamiento de la plaza de Las Ventas.

- 11 de las 41 diputaciones provinciales dedicaron 2.384.744 euros, el 2,8 por ciento de los 83,7 millones de inversión cultural; y recuperaron 781.770 euros por el arrendamiento de las plazas en propiedad.

- 2.767 de los 8.700 ayuntamientos organizaron en 2013 festejos en sus distintas modalidades y aportaron 20.116.278 euros, el 1,4 por ciento de sus presupuestos culturales. Se da la circunstancia de que el 83,4 por ciento de las ayudas municipales se dedicaron a festejos populares, y solo el 16,6 por ciento restante a festejos reglados. Y un detalle más: los municipios recuperaron 3 millones de euros a través de los cánones de arrendamiento o gestión directa de las plazas de propiedad pública.

En conjunto, las administraciones públicas invirtieron en la tauromaquia en 2013 la cantidad de 25,5 millones de euros, el 0.9 por ciento del gasto total en materia cultural; deducidos los ingresos percibidos por arrendamientos y gestión de plazas, la cifra de ayudas baja de los 20 millones.






A todo lo anterior se debe añadir que en 2013, según datos de ANOET, el importe recaudado por la Seguridad Social en concepto de cotizaciones de los profesionales taurinos, en empleos directos, se elevó a 12.130.751 euros.

El profesor Juan Medina concluye que los toros no es solo, con mucha diferencia, la actividad cultural menos subvencionada por parte del Estado, sino la que más riqueza y recursos fiscales genera a la Hacienda española.

No parece necesario aportar más datos para concluir que el trato que las administraciones públicas conceden a la fiesta de los toros es indigno,

injusto e ilegal. No se corresponde en absoluto con la importancia que la tauromaquia ocupa entre una parte de la población española; no es equitativo, al menos, en cuanto a la aportación fiscal de los toros a la hacienda pública, y, sobre todo, es un trato ilegal puesto que se incumple la ley que regula la tauromaquia como patrimonio cultural, vigente desde 2013.

En concreto, la partida de los Presupuestos Generales del Estado es una grave ofensa a los aficionados a los toros. Es una maniobra de manifiesto abandono, desprecio y asfixia a un sector legal que, en modo alguno, merece el maltrato que recibe. Un atropello brutal e injustificado diseñado para acabar con la fiesta de los toros.

Si la tauromaquia es legal, que se cumpla la ley; de lo contrario, mejor sería que quienes la maltratan se atrevieran a prohibirla."                    (Antonio Lorca, El País, 27/01/19)

7/5/13

“Aunque invisibilizada, la mujer campesina es un agente económico de primer orden”

"Hay en el mundo más de 1.600 millones de mujeres rurales, la mayoría agricultoras. Según la FAO, organismo de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, las mujeres producen entre el 60 y el 80% de los alimentos en los países del sur, y la mitad de todo el mundo, pero no poseen siquiera el 2% de la tierra.

 Trabajan en el campo, producen los alimentos y los distribuyen, muchas veces sin remuneración, lo que se añade a las tareas domésticas de las que también se ocupan.  (...)

Las mujeres agricultoras gestionan huertos familiares que muchas veces garantizan la supervivencia de la economía doméstica. Esta labor, a menudo invisibilizada, implica otras tareas no menos decisivas, por ejemplo, la selección de semillas según los gustos y tradiciones de la comunidad.

 O el intercambio de éstas con los vecinos, con lo que se contribuye a preservar la biodiversidad. Estas prácticas se oponen radicalmente a las de la agroindustria, que, bajo la coartada de una sedicente modernidad, comercializa plaguicidas y semillas transgénicas.

Pero la reivindicación del aporte de la mujer rural no se para en la producción. En la defensa de la soberanía alimentaria la Marcha Mundial de las Mujeres va un punto más allá. “Han de tener acceso a recursos y dinero; poder invertir en la producción y diversificarla”, explica Nobre.

 Sin embargo, todavía hay que sortear grandes dificultades. De entrada, el acceso al crédito de las mujeres, a escala global, es mínimo. Además, “a veces se presentan como intereses familiares en la unidad de producción agrícola los del esposo, aunque la mujer manifieste otros diferentes”.

En el trabajo rural de la población femenina existe mucho saber acumulado. Y muy poco reconocido. La activista brasileña recuerda el caso de una ONG que impartía cursos para mejorar la producción de café, pero sin resultados. El caso es que los talleres se impartían a hombres, cuando eran las mujeres de la comunidad quienes se dedicaban al secado y elaboración de este producto. 

Además, la agroecología plantea (en oposición al agronegocio) una producción de alimentos armónica con el medio natural. Pero esta obtención de alimentos respetuosa, explica Míriam Nobre, “no debería darse por un incremento en el tiempo de trabajo de las mujeres”. Éste es otro de los retos a los que se enfrenta la soberanía alimentaria. (...)

“El cuidado y la reproducción son esenciales para la humanidad y los llevan a cabo las mujeres; hace falta un reconocimiento expreso; ahora bien, queremos compartir con los hombres estas tareas, que, además, no pueden constituir nuestra primera identidad. 

Entre otras razones, porque esto les viene muy bien a los estados (como ocurre con el voluntariado) para ahorrarse inversiones necesarias”, explica la coordinadora de la Marcha.

El principio de soberanía alimentaria pretende superar estas dicotomías. Entre otras. En Europa se entiende como parte del pasado el confinamiento de la mujer a los roles de madre y ama de casa. Pero las mujeres de América Latina han otorgado a estas funciones, a veces, un sentido político. 

Recuerda la coordinadora del Secretariado Internacional de la Marcha Mundial de Mujeres “la lucha de las compañeras peruanas, cuando no podían comprar la leche al vecino porque se importaba de Europa la leche en polvo”. En Argentina, durante los cortes de ruta, las mujeres se encargaban de la preparación de la comida y a este menester le concedían relevancia política. 

Realizaban un trabajo esencial en las protestas. “No queremos desempeñar los roles de siempre, la casa y la cocina; pero también hemos de luchar por su reconocimiento y, más aún, cuando las mujeres los introducen en la batalla política”, resume Nobre. “Son muchas contradicciones que deberemos resolver en la práctica”, concluye la activista."       (Enric Llopis, Rebelión, 01/05/2013)

18/3/13

Los valores de solidaridad y reciprocidad, así como la moral que son propios de la España tradicional, funcionan como mecanismos de control social manteniendo a raya el delito incluso en situaciones económicas adversas

"La modernización destructiva del sector tradicional
Entendemos por “sector tradicional” un espacio -tanto geográfico como social-  en el que la producción y el consumo, así como las formas de vida y de trabajo asociados a ellos, están aún preferentemente orientadas a los espacios locales y regionales (Lutz 1984)[5]
La productividad es baja y las tecnologías empleadas más bien artesanales. La organización de la vida gira alrededor de la familia -nuclear y extensa-, del vecindario y de instituciones que obedecen más al patrón de las “familias virtuales” que al de organizaciones formal-burocráticas (Clawson 1989, Petrakis 2012).
 La separación entre hogar y espacio laboral [Trennung Haus- und Betriebswirtschaft] es aún escasa (parcela agrícola, talleres y pequeñas empresas familiares, trabajadores autónomos que prestan servicios exclusivamente locales etc.).  Sin duda hay explotación laboral (por ejemplo dentro del hogar, por parte de un gran propietario agrícola o dentro de una empresa familiar).
 Pero esta no es de tipo capitalista (puro), no se articula sólo o tanto a través del trabajo abstracto pues las relaciones entre empleador y empleado no se basan sólo o preferentemente en la relación mercantil. 
No hay una gestión racional y sistemática de la actividad productiva o de la innovación tecnológica con el fin de maximizar los excedentes. Esta es la realidad que se vive, por ejemplo, en las pequeñas -o incluso medianas- empresas familiares cuyos principales empleados son hermanos, hijos, vecinos o amigos.
 Las relaciones entre trabajadores y empresarios pueden resultar disfucionales desde el punto de vista de la eficiencia capitalista, pero no desde el punto de vista de la solidaridad y la reciprocidad (para las PYMES españolas y su estructuración en forma de anillos ver Fernández Steinko 2010: 302ss.). 
 Los sindicatos no están apenas presentes con la excepción de los trabajadores más precarios situados en el anillo más periférico de su organización.   

La importancia que han tenido y siguen teniendo estos espacios en los PEGs va más allá de lo microsociológico. En ellos se apoyaron los proyectos corporativos de organización política (la Nación como “gran familia” en los regimenes de Salazar, Primo de Rivera-Franco y Metaxas pero también Mussolini).
 En ellos se siguen apoyando hoy las fuerzas conservadoras para conquistar su hegemonía ideológica y reflotar el proyecto neoliberal. Esto se debe a dos razones. 

Primero (1) a su capacidad de proveer servicios de bienestar en sustitución del mercado y del Estado. El Estado depende de la organización política de la redistribución y/o el endeudamiento (presupuestos públicos, recaudación, fiscalidad etc.) y el mercado depende de unos ingresos salariales estables es decir, de una sociedad del trabajo mínimamente saneada (ver Esping-Andersen 1990).
 Por el contrario, los servicios de bienestar propios de los espacios tradicionales sólo requieren modelos familiares estables, una fuerte división sexual del trabajo y formas tradicionales de solidaridad (comunismo familiar aunque muchas veces machista). 
Muchas de las prestaciones sociales (cuidado de enfermos, hijos, ancianos etc.) las acaban realizando las mujeres -en España sobre todo las hijas mayores- a costa de su emancipación laboral, de su incorporación a la actividad remunerada, y a costa de la explotación no remunerada de su trabajo doméstico. 

Pero estos espacios (segundo) tienen otra funcionalidad altamente sensible en tiempos de crisis: los valores de solidaridad y reciprocidad, así como la moral -es decir, la definición del “bien” y del “mal”-  que le son propios, funcionan como mecanismos muy eficientes de control social manteniendo a raya el delito incluso en situaciones económica- y socialmente adversas. 
Así, un año después de la irrupción de la crisis (2009) y a pesar del fuerte aumento del desempleo, los indices de criminalidad en Portugal (10,4), España (9,1) y Grecia (12,3) eran mucho más bajos que en Dinamarca (18,8) u Holanda (19,7), dos países mucho menos afectados por la misma, y con tendencia al aumento de estas  diferencias (para España ver La Moncloa 2013).

Ambos factores descargan a las finanzas públicas y desvinculan la provisión de bienestar del desarrollo del sector público. 
Cuando los ingresos salariales están en riesgo y las crisis presupuestarias reducen los gastos sociales, estos espacios proporcionan un inestimable margen de maniobra política para manejar la crisis.
 Incluso cuando las personas socializadas en estos espacios se incorporan al mundo capitalista y/o moderno -que incluye las empresas privadas y el sector público financiado con redistribución- los valores, las estrategias de vida, no pocos comportamientos sociales y patrones de consumo (la forma de preparar la comida, de organizar el tiempo libre, los ritos matrimoniales o los comportamientos reproductivos) perviven en los nuevos entornos, incluso cuando se trata de las barriadas de las grandes ciudades vinculadas a la globalización capitalista. 
Se produce así una coexistencia entre lo moderno y lo tradicional que es más fuerte y estrecha cuanto más rápida y “nueva” sea la dinámica modernizadora y cuanto menor sea la capacidad del Estado y del mercado -aquí sobre todo el mercado de trabajo- de asegurar una satisfacción razonable de las necesidades sociales.
 Por tanto, cuando más insolidario sean los espacios institucionales, más funcionales serán estos espacios y más tardarán en modernizarse.
 [5] Preferimos este concepto más sustantivo de sociedad “premoderna” al de aquellas definiciones más formales y abstractas de modernidad (ver por ejemplo Therborn 1999: cap.1)."                   (