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15/5/23

La primavera silenciosamente asesinada. Nos quedamos sin estaciones por ignorancia, por prepotencia, por exceso de optimismo, por falta de cooperación y de valentía... Grandes empresarios e inversores, junto a la mayor parte de los responsables políticos (que también son, indefectiblemente, responsables de la crisis ecosocial), tienen la mayor cuota de responsabilidad, sin duda. Pero casi todos aceptamos las reglas del juego y permitimos que cosas como el caos climático o el agotamiento de los recursos hídricos se agraven sin apenas respuesta

 "La primavera está desapareciendo gradualmente ante nuestros ojos. Pero no se trata de un fenómeno natural. La primavera está siendo silenciosamente asesinada.

Abril con temperaturas de julio, embalses con niveles de verano, suelos y vegetación reseca que arde sin control en marzo, en uno de los grandes incendios más tempranos de nuestra historia. Regadíos que exprimen el agua subterránea comprometiendo la biodiversidad de parques nacionales, y mientras tanto, el agua de boca faltando en Córdoba o en Cataluña. Cereales que no se podrán cosechar. Cabezas de ganado que no tendrán qué comer, sacrificadas, porque su alimento se producía en primavera. El mayor regulador térmico del planeta, los océanos, ha absorbido hasta un 90% del exceso de calor y ya ha dado señales inequívocas de desestabilización, marcando récord tras récord de temperatura. Valiosísimas poblaciones de abejas, escarabajos y saltamontes muriendo. En algunos lugares hasta se tiene que polinizar a mano, añadiendo otro riesgo más a la ya comprometida seguridad alimentaria. Y pese a todas las evidencias incontestables, el negacionismo campando a sus anchas en programas de televisión en prime time.

Una primavera de elecciones, donde algunos observamos, incrédulos, el negocio innegociable: la promesa irresponsable y envenenada de incrementar el riego de la fresa con agua protegida. La locura colectiva de aceptar que alguien prometa a los agricultores agua milagrosa en Doñana.

Neruda fue demasiado optimista cuando dijo aquello de “podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera”. Salta a la vista que podrán. ¡Y tanto que podrán! Pero, ¿quiénes son los responsables? ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Grandes empresarios e inversores, junto a la mayor parte de los responsables políticos (que también son, indefectiblemente, responsables de la crisis ecosocial), tienen la mayor cuota de responsabilidad, sin duda. Pero casi todos aceptamos las reglas del juego y permitimos que cosas como el caos climático o el agotamiento de los recursos hídricos se agraven sin apenas respuesta. Esto no se arregla con acciones individuales, sino con una contundente acción colectiva que imponga cordura y frene unas inercias que no se van a detener por sí solas. Las 100.000 personas que colapsaron el centro de Londres durante cuatro días para exigir acciones contundentes comprenden bien esta obviedad. Los medios de comunicación que silenciaron esa convocatoria pacífica y masiva, mientras amplifican acciones más discutibles y minoritarias, también lo están comprendiendo a la perfección.

 La primera de las dificultades para salir del embrollo radica en que no admitimos que se hable claro. Mentimos y aceptamos mentiras. Por nuestro interés cortoplacista, por ignorancia o por dejarnos llevar. Y, al no hablar claro, nos ponemos a nosotros mismos ocho grandes zancadillas que nos impiden avanzar en la resolución de la grave crisis ambiental y social; de la que se derivan pandemias, tensiones geopolíticas, desastres financieros y el calentamiento de la atmósfera y de los océanos. Zancadillas que van desde el negacionismo a la presión del egoísmo, desde la hipocresía organizada al tecnoptimismo, desde la huida hacia adelante hasta la tendencia a la autodestrucción, desde la creencia en milagros a los paripés ambientales, también conocidos como greenwashing, ecoblanqueo o postureo ambiental. Unas zancadillas que hablan de una sociedad enferma (la codicia mata más gente que la contaminación atmosférica) y, sobre todo, de una sociedad bloqueada, incapaz de madurar y aceptar que, especialmente ahora, menos es más, y parar puede ser la única manera de avanzar. Si te encuentras cercano al borde de un precipicio ¿es acaso progresar una buena opción?

La primavera está siendo silenciosamente asesinada por la ignorancia, por la prepotencia, por el exceso de optimismo, por la falta de cooperación y de valentía. En el exceso de optimismo, por ejemplo, tenemos varios casos evidentes: la captura y secuestro de carbono, que no funciona, el hidrógeno verde, un concepto que a día de hoy es un oxímoron más –y que en nuestro territorio sin lluvia es claramente una apuesta muy peligrosa–, o la fusión nuclear, a la que le faltan 50 años desde hace 50 años. Casi cualquier cosa vale. Todo con tal de no afrontar que, más que falsas esperanzas que nos hacen esperar milagros más de la cuenta, lo que necesitamos es activación y altas dosis de realismo.

Esperanza, sí, siempre, pero en su justa medida. Y entremezclada con rabia, el ingrediente indispensable de cualquier avance en cuestión de derechos a lo largo de la historia. El voto de la mujer, la jornada de ocho horas o los avances en la descolonización han provenido siempre de las luchas, de la desobediencia civil, del conflicto. Y ahora nos estamos jugando algo, si cabe, más importante, porque sin ecosistemas sanos y climas estables no habrá mucho más que salvar o conservar. Sin embargo, parece que seguimos sin comprender que sólo con diálogo, informes y artículos en prensa, no llegamos. El conflicto en una situación de injusticia que se pretende silenciar es nuestro aliado.

 Por muchas renovables que se instalen –de maneras muy cuestionables, además, con poca participación de la gente del territorio y con una mentalidad cortoplacista en busca del beneficio económico–, si el consumo energético sigue aumentando tenemos el resultado esperable: 2022, récord de instalación de renovables y, a la vez, récord de emisiones.

La transición ecológica imprescindible es un problema más cultural que técnico, es más de reducir –consumo superfluo, desperdicio, desigualdad de la riqueza– que de añadir placas y molinos sin apenas planificar. Las alternativas realistas que se quieran presentar a la sociedad tienen que incorporar esta dimensión o se quedarán cojas.

Estamos subidos en la trepidante locomotora de la historia, que cada vez acelera más y más, hasta el punto de haber vuelto a aumentar el uso de carbón. Y esa locomotora va tan rápido que cada vez tiene menos estaciones donde parar. ¿Y qué le ocurrirá a una locomotora que apenas tiene donde parar y que cada vez tiene menos combustible? Nada bueno. Tendríamos que estar reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero a toda velocidad, pero parece que lo único que coge impulso es la inercia, una inercia que nos lleva inexorablemente hacia el final del trayecto.

Cuando, en 1962, la bióloga marina Rachel Carson escribió Primavera silenciosa, alertando sobre los peligros del DDT, los grupos industriales que iban a verse afectados por su investigación fueron eficaces ridiculizándola. Desprestigiar a una mujer investigadora en aquellos tiempos era, además, sumamente sencillo. Rachel Carson falleció joven, dos años después de publicar su obra más importante, y no pudo llegar a ver cómo logró cambiar el mundo, pero vaya si lo logró. El DDT se prohibió en la década de los setenta, y gracias a su trabajo incansable se salvaron incontables especies y vidas humanas. Gracias a ella nuestro mundo es mejor.

Pero volviendo al presente, el silencio reina de nuevo en otra primavera. Las aves siguen declinando globalmente. Tampoco se dejan ver casi los insectos que antes llenaban los parabrisas de los coches en cualquier viaje. Y el colapso de las poblaciones de insectos es la antesala de otro tipo de colapsos aún más peligrosos.

Actualmente, esa misma oposición interesada se está dando ante los que no tenemos problema en asumir algo que un niño pequeño entiende sin problema: no se puede crecer eternamente en un planeta finito. De la misma manera que un edificio no puede crecer hasta el infinito porque, cuanto más crece, más pone en cuestión su propio equilibrio. De la misma manera que una persona cuando llega a la madurez, deja de crecer, y se estabiliza porque de lo contrario la gravedad le acabaría haciendo besar igualmente el suelo. De la misma manera que nada crece eternamente en el universo –que sepamos– salvo la estupidez humana.

Pues bien, aunque cada vez hay más literatura científica al respecto de la necesidad de abandonar el crecimiento como meta, aunque los organismos internacionales, numerosos expertos y cada vez más políticos –incluso presidentes de gobierno– están perdiendo el miedo a hablar de ello, es curioso ver que la respuesta –muy especialmente del sector económico– es negar la mayor y seguir emperrados en una idea suicida, hasta para el propio desarrollo económico. El capitalismo sin control es su peor enemigo; alimentado por una codicia infinita, compromete el futuro de la humanidad, incluyendo su propia existencia como modelo socioeconómico.

La primavera está siendo asesinada. Luego caerá el otoño. Hasta que nos quedemos sin estaciones estables, sin combustible y sin frenos, y la locomotora en la que vamos subidos se estrelle irremediablemente. Y el que calla, otorga. El silencio nos hace cómplices. Cómplices de un asesinato al que aún podemos hacer frente organizándonos para detener a los que no se detendrán jamás. El pueblo es quien más ordena."                (Juan Bordera / Fernando Valladares, CTXT, 11/05/2023)

21/11/22

La codicia privada prevalece sobre la supervivencia de la humanidad... es casi seguro que fracasaremos en nuestro objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. Y si no actuamos pronto, incluso un objetivo de 2 grados centígrados es difícil de alcanzar... La clave de la transición a las energías renovables -la única solución a largo plazo para el calentamiento global- es encontrar una forma de almacenar la energía... Significa reutilizar nuestros proyectos hidroeléctricos existentes para que funcionen como almacenamiento a nivel de red y desarrollar el almacenamiento de hidrógeno para su uso en pilas de combustible

 "Occidente utiliza la COP27 para culpar a los países más pobres: la codicia privada prevalece sobre la supervivencia de la humanidad.

 La COP27 ha comenzado en Sharm el-Sheikh. Aunque la guerra de Ucrania y las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos han desviado nuestra atención inmediata de la batalla contra el calentamiento global, éste sigue siendo una preocupación central de nuestra época. Los informes indican que no sólo no estamos cumpliendo nuestros objetivos en materia de cambio climático, sino que además nos estamos quedando cortos por un amplio margen. Y lo que es peor, las potentes emisiones de gas de efecto invernadero metano han crecido mucho más rápidamente, lo que supone una amenaza para el cambio climático tan grande como el dióxido de carbono. Aunque el metano dura menos tiempo en la atmósfera, considerado en un periodo de 100 años, es un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono.

El resultado neto es que es casi seguro que fracasaremos en nuestro objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. Y si no actuamos pronto, incluso un objetivo de 2 grados centígrados es difícil de alcanzar. A este ritmo, nos enfrentamos a un aumento de la temperatura de entre 2,5 y 3 grados centígrados y a la devastación de nuestra civilización. Peor aún, el impacto será mucho mayor en las regiones ecuatoriales y tropicales, donde vive la mayoría de los pobres del mundo.

En esta columna, abordaré dos cuestiones. Una es el cambio del carbón al gas natural como combustible de transición, y la otra es el reto de almacenar la electricidad, sin la cual no podemos pasar con éxito a las energías renovables.

Los países avanzados -Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea- apuestan fuerte por el gas natural, que es principalmente metano, como combustible de transición desde el carbón. En Glasgow, durante la COP26, los países avanzados incluso convirtieron el carbón en el tema clave, desplazando el foco de atención de sus emisiones de efecto invernadero al de China e India como grandes consumidores de carbón. La hipótesis de utilizar el gas natural como combustible de transición es que su impacto en el efecto invernadero es sólo la mitad del del carbón. Además, las emisiones de metano duran menos tiempo -unos 12 años- en la atmósfera antes de convertirse en dióxido de carbono y agua. La otra cara de la moneda es que es un gas de efecto invernadero mucho más potente. Sus efectos son 30 veces mayores en un periodo de 100 años que una cantidad equivalente de dióxido de carbono. Por lo tanto, incluso una cantidad mucho menor de metano tiene un impacto mucho más significativo en el calentamiento global que el dióxido de carbono.

La mala noticia en el frente del metano es que las fugas de metano de la infraestructura de gas natural son mucho mayores, posiblemente hasta seis veces más -según un estudio de la Universidad de Stanford de marzo de 2022- de lo que nos han dicho los países avanzados. Las elevadas fugas de metano de la extracción de gas natural no sólo anulan cualquier beneficio del cambio al gas natural como combustible intermedio, sino que incluso empeoran el calentamiento global.

En la actualidad se dispone de dos conjuntos de datos sobre el metano. Uno mide las fugas reales de metano de la infraestructura de gas natural con satélites y aviones que utilizan cámaras de infrarrojos. La tecnología para medir las fugas de metano de las infraestructuras de gas natural es fácil y barata. Al fin y al cabo, somos capaces de detectar metano en exoplanetas alejados del sistema solar. Sin duda, ¡salvar este planeta de la muerte por calor es una prioridad mucho mayor! El otro dato es la medición del metano atmosférico realizada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

La Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) de Estados Unidos calcula que el 1,4% de todo el gas natural producido en el país se filtra a la atmósfera. Pero el estudio de la Universidad de Stanford de marzo de 2022, en el que se utilizan cámaras y pequeños aviones que sobrevuelan las infraestructuras de gas natural, reveló que la cifra es probablemente del 9,4%, más de seis veces superior a la estimación de la EPA. Aunque las fugas de metano sólo representen el 2,5% de la producción de gas natural, contrarrestarán todos los beneficios del cambio del carbón al gas natural. El gas natural "limpio" puede ser de tres a cuatro veces peor que incluso el carbón sucio. ¡Al menos en manos del capital!

La EPA no realiza ninguna medición física. Todo lo que utiliza para estimar las emisiones de metano es una fórmula que implica una serie de factores subjetivos, junto con el número de pozos, la longitud de las tuberías, etc. No olvidemos que hay muchas personas en Estados Unidos que no creen en el hecho del calentamiento global o deciden ignorarlo. Les gustaría coger una palanca incluso con una EPA debilitada, desmantelando todas las medidas para reducir el calentamiento global.

El impacto de las fugas de metano puede verse en otra serie de cifras. La Organización Meteorológica Mundial informó del mayor salto en "las concentraciones de metano en 2021 desde que comenzaron las mediciones sistemáticas hace casi 40 años". Aunque la OMM guarda un discreto silencio sobre el motivo de este salto, la relación entre el cambio al gas natural y el consiguiente aumento de las emisiones de metano es difícil de pasar por alto.

La tragedia de las fugas de metano es que son fáciles de detectar con la tecnología actual y no son muy caras de arreglar. Sin embargo, las empresas no tienen ningún incentivo para dar ni siquiera estos pequeños pasos, ya que ello repercute en sus resultados actuales. El bien mayor -incluso mayores beneficios, pero a más largo plazo- no les interesa. No es probable que cambien a menos que se vean obligadas a hacerlo mediante una acción reguladora o estatal directa.

El cinismo de los países ricos -Estados Unidos y los miembros de la UE- respecto al calentamiento global puede verse en su conducta durante la guerra de Ucrania. La Unión Europea ha vuelto a poner en marcha algunas de sus plantas de carbón, aumentando la cuota del carbón en la combinación energética. Además, la UE ha argumentado cínicamente que el desarrollo de la infraestructura de petróleo y gas en África está bien siempre que sea únicamente para el suministro a Europa, no para su uso en África. Los países africanos, según la UE, deben utilizar únicamente energía limpia y renovable. Y, por supuesto, estas infraestructuras energéticas deben estar en manos de empresas europeas.

La clave de la transición a las energías renovables -la única solución a largo plazo para el calentamiento global- es encontrar una forma de almacenar la energía. Las energías renovables, a diferencia de los combustibles fósiles, no pueden utilizarse a voluntad, ya que el viento, el sol e incluso el agua proporcionan un flujo continuo de energía. Mientras que el agua puede almacenarse en grandes depósitos, el viento y el sol no pueden, a menos que se conviertan en energía química en baterías. O a menos que se conviertan en hidrógeno y luego se almacenen en tanques o en depósitos naturales en formaciones geológicas, bajo tierra o en cavernas de sal.

Se ha dado mucho bombo a las baterías y a los coches eléctricos. Lo que se echa en falta es que las baterías con la tecnología actual tienen una densidad energética mucho menor que el petróleo o el carbón. La energía del petróleo o del gas natural es entre 20 y 40 veces mayor que la de la batería más eficiente de la actualidad. Para un vehículo eléctrico, eso no es un problema tan importante. Simplemente determina la frecuencia con la que hay que cargar las baterías del vehículo y el tiempo de carga. Significa desarrollar una infraestructura de carga con un tiempo de respuesta rápido. El problema más importante es cómo almacenar la energía en la red.

El almacenamiento a nivel de red significa suministrar electricidad a la red a partir de la energía almacenada. Para ello, se proponen baterías a nivel de red. Lo que los defensores de las baterías a nivel de la red no nos informan es que pueden suministrar energía para las fluctuaciones a corto plazo - noche y día, días ventosos y no ventosos - pero no pueden satisfacer la demanda de las fluctuaciones a largo plazo o estacionales. Esto nos lleva a la cuestión de la densidad energética del almacenamiento: ¿Cuánta energía contiene un kilo de batería de litio en comparación con un kilo de petróleo, gas natural o carbón? La respuesta con la tecnología actual es de 20 a 40 veces menos. El coste de construir un almacenamiento tan gigantesco para hacer frente a las fluctuaciones estacionales simplemente agotará todas nuestras reservas de litio (o de cualquier otro material para baterías).

No abordaré el prohibitivo coste energético -combustible eléctrico o fósil- del transporte privado frente al público o de masas, y por qué deberíamos cambiar a este último. En cambio, me centraré en abordar la cuestión más amplia de cómo almacenar la energía renovable para que podamos hacer funcionar nuestra infraestructura eléctrica cuando no haya viento o sol.

¿Es posible que la nueva tecnología resuelva este problema? (¿Recuerdan el sueño de la energía nuclear que no sólo será limpia, sino también tan barata que no necesitará ser contabilizada?) Pero, ¿apostamos el futuro de nuestra civilización a esa posibilidad?

Si no es así, tenemos que buscar las soluciones existentes. Existen, pero utilizarlas significa buscar alternativas a las baterías para resolver nuestros problemas de energía renovable intermitente a nivel de red. Significa reutilizar nuestros proyectos hidroeléctricos existentes para que funcionen como almacenamiento a nivel de red y desarrollar el almacenamiento de hidrógeno para su uso en pilas de combustible. Sin presas ni embalses adicionales, como temen los opositores a los proyectos hidroeléctricos. Y, por supuesto, significa más transporte público en lugar de transporte privado.

Todas estas soluciones existentes implican realizar cambios a nivel social a los que se oponen los intereses corporativos; después de todo, hacerlo requeriría inversiones públicas para obtener beneficios sociales y no beneficios privados. El capital privilegia los beneficios privados a corto plazo sobre los beneficios sociales a largo plazo. ¿Recuerdan que las compañías petroleras fueron las primeras en investigar el impacto del calentamiento global debido a las emisiones de dióxido de carbono? No sólo ocultaron estos resultados durante décadas, sino que lanzaron una campaña para negar que el calentamiento global esté relacionado con los gases de efecto invernadero. Y financiaron a los negacionistas del cambio climático.

La contradicción en el corazón del calentamiento global es la codicia privada sobre las necesidades sociales. ¿Y quién financia esa transición, los pobres o los ricos? De esto también trata la COP27, no sólo de cómo detener el calentamiento global."                       ( Prabir Purkayastha, Pressenza, 17/11/22)

16/11/22

2022 confirma que el cambio climático se intensifica a “velocidad catastrófica” Los eventos meteorológicos extremos que causa el calentamiento del planeta han afectado este año “a todos los continentes”, detalla el último informe sobre el clima global de la ONU

 "El año 2022 ha dado señales “alarmantes” de que el cambio climático y sus consecuencias “se intensifican”. El curso acabará entre los cinco o seis más cálidos registrados, ha visto un acelerón en la subida del nivel del mar y ha sido especialmente “duro” con el hielo de los glaciares, según el último informe sobre el clima global de la Organización Meteorólogica Mundial.

Hasta este momento, en 2022 la temperatura general del planeta va a estar 1,15 ºC por encima de la que había en la época preindustrial con lo que la década 2013-2022 tendrá un calentamiento extra de 1,14 grados. El límite menos dañino trazado por los científicos –y recogido en el Acuerdo de París– está en 1,5ºC para final de siglo.

“El informe es una crónica del caos climático”, ha dicho el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. El cambio “a velocidad catastrófica, está devastando vidas y formas de vida en todos los continentes”.

  • Europa y las temperaturas extremas: “El continente ha soportado numerosas y relevantes olas de calor durante los tres meses del verano”.
  • Asia con olas de inundaciones y calor: el periodo previo al monzón fue “excepcionalmente cálido” en India y Pakistán que vieron caídas en su producción agrícola. 1.700 personas murieron meses más tardes por las inundaciones causadas por la violencia de las lluvias en Pakistán.
  • África: la sequía se intensificó en Kenia, Somalia y Etiopía. Para junio de 2022 se calculaba que más de 18 millones de personas padecían “inseguridad alimentaria”. Mientras, en el sur del continente, se han sucedido “desastres de gran impacto” sin tiempo para recuperarse entre ellos. “La región ha sido barrida por una serie de ciclones en solo dos meses”.
  • Caribe y América: por un lado, el huracán Ian golpeó desde Cuba a Florida (EEUU) y por otro, la sequía extraordinaria ha continuado en el oeste norteamericano.

Más datos. El informe provisional de la OMM, que aparece en la primera jornada de la cumbre climática COP27 en Egipto, muestra que el nivel medio del mar ha continuado su ascenso y de forma acelerada. “Desde enero de 2020 el nivel ha escalado 10 mm que parece que no es mucho, pero supone que, en solo dos años, ha subido el 10% de todo de todo el incremento medido desde 1993”, intenta ponderar la organización.

De hecho, si entre 1993 y 2003, la subida media fue de 2,1mm al año, entre 2013 y 2022 el promedio anual ha sido de 4,4 mm. El doble. “La aceleración se debe a la intensificación del deshielo”, explica el informe.

Y, desde luego que el clima netamente más cálido que se está registrando en 2022 se ha dejado sentir en la criosfera del planeta. “Un año especialmente duro para los glaciares en los Alpes”, sentencia el trabajo. Las pérdidas medias de espesor han sido de entre 3 y más de 4 metros.

“Lo fenómenos extremos se están intensificando y, con demasiada frecuencia, quienes menos contribuyen al cambio climático son quienes más sufren sus consecuencias”, ha afirmado el responsable de la OMM Petteri Taalas. Aunque “incluso las sociedades más preparadas han sufrido este año los estragos de los eventos extremos”.             (Rául Rajón, eldiario.es, 06/11/22)

7/11/22

El mundo tiene ocho años para invertir su política energética y evitar que la temperatura suba más de 1,5ºC... hay un abismo entre subir 1,5 grados y 2 grados... Incluso si se cumple el límite del Acuerdo de París y la temperatura aumenta entre 1,5 y 2 grados, podría producirse el colapso del hielo de Groenlandia y la pérdida masiva de los arrecifes de coral... nos aproximamos poco a poco a toparse con los llamados puntos de inflexión climática: eventos de no retorno que tras activarse desencadenan los siguientes

 "Este domingo ha comenzado la COP27 y toda clase de organismos internacionales han aprovechado para actualizar sus previsiones climáticas para las próximas décadas. La idea general que transmiten los académicos es de pesimismo, pero siempre dejan la puerta abierta a que si el mundo da un giro político está a tiempo de cumplir con el Acuerdo de París y limitar el aumento de la temperatura global a los 1,5 grados frente al periodo 1850-1900. 

La ONU advierte que los compromisos actuales elevarán la temperatura global entre 2,1 y 2,9 grados en 2100, lo que haría inhabitables las zonas más cálidas del mundo. Para frenar ese escenario y cumplir con París habría que reducir las emisiones actuales un 45% de aquí a 2030, pero la realidad es que al ritmo actual se espera que aumenten un 10% hasta las 58 gigatoneladas de CO₂ equivalentes.

Los zarandeos continuos de los tres últimos años han desestabilizado la economía mundial y en los países con menos recursos el medioambiente ha pasado a un segundo plano. Pero esas aguas revueltas también han servido a Occidente para acelerar su inversión en las renovables y reducir así su dependencia del gas natural ruso. 

Esta situación ha llevado a la Agencia Internacional de la Energía (IEA), dependiente de la OCDE, a anticipar por primera vez el esperado pico de consumo de combustibles fósiles, el punto a partir del cual el planeta comenzará a reducir la quema de carbón, petróleo y gas, un hito imprescindible para frenar el efecto invernadero. 

Con las políticas que hay en marcha, en 2030 se alcanzará el máximo de consumo de carbón y los compromisos de China –quema más hulla que el resto del planeta junto– permitirán rebajar año a año sus emisiones. El petróleo tocará su cúspide a principios de la próxima década para caer poco a poco gracias a la decadencia de los vehículos de combustión, mientras que la quema de gas se mantendrá estable a partir de 2030 para generar electricidad. 

Ese mensaje, que se ha tomado como una noticia positiva, confirma en realidad que la senda que siguen los gobiernos está muy lejos de lo necesario para cumplir con el Acuerdo de París. "Nos dicen que vamos a contaminar algo menos de lo esperado, pero jugamos a un juego muy peligroso si tomamos como algo positivo las noticias de esta semana", opina Francisco del Pozo, coordinador de la campaña contra los combustibles fósiles de Greenpeace. 

"Todavía no estamos ni cerca de la escala y el ritmo de la reducción de emisiones necesaria para ponernos en camino hacia un mundo de 1,5 grados", sentenció hace unos días Simon Stiell, secretario ejecutivo de la oficina de Cambio Climático de la ONU. "Los gobiernos nacionales deben reforzar sus planes de acción climática ahora y aplicarlos en los próximos ocho años". 

Pese a la desesperanza general de expertos, el estudio de la IEA aporta una detallada hoja de ruta para lograr que el mundo genere cero emisiones netas en 2050, un escenario que respetaría el objetivo de temperatura de París. Esa meta pasa por reducir casi la mitad del consumo actual de carbón antes de 2030 y actuar duramente sobre el gas natural y el petróleo en las siguientes dos décadas. 

Cabe destacar que en un futuro sin gases de efecto invernadero, fuentes como el carbón y el petróleo seguirán presentes para mover maquinaria pesada o en industrias como la construcción, pero se compensan con tecnología de captura de CO₂ de la atmósfera. 

Para cumplir con esta proyección sumamente optimista será esencial contar con nuevas metas nacionales de reducción de emisiones de todos los continentes, pero la guerra de Ucrania y la pandemia han ralentizado la política climática. La ONU critica que desde Conferencia de las Partes (COP) del año pasado en Glasgow, solo 24 países han enviado nuevos compromisos de reducción de emisiones y algunos de ellos, como India o Australia, lo han hecho porque llegan años tarde a la tarea. 

Por su parte, la Unión Europea ha avanzado este año en sus objetivos con el plan REpowerEU y la ratificación del Fit for 55, donde el bloque se compromete a reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% de aquí a 2030 frente a 1990, y lograr las cero emisiones netas en 2050 como máximo. 

Pero las ONG piden que Europa lidere el cambio y reclaman más ambición en un continente donde hay dinero para acelerar la transición rápida. "Olvidémonos de objetivos a 2050. La invasión de Ucrania ha acelerado los plazos en Europa y necesitamos acciones inmediatas para lograr limitar el calentamiento global en 1,5 grados, lo que significa alcanzar las cero emisiones netas en 2040", incide Elif Gündüzyeli, experta en Políticas Energéticas de Climate Action Network Europe. 

A la vez que el mundo se desprende de los combustibles fósiles, será necesario un ritmo muy fuerte de implantación de generación renovable para evitar problemas de abastecimiento eléctrico, para lo que se necesitará un gasto sin precedentes. El informe de la IEA calcula que este año se dedicarán 1,4 billones de dólares a las energías limpias, una cifra que habrá que doblar de aquí a 2030

Desde Ember, una consultora especializada en transición energética, destacan que esta inversión no será en vano, ya que la generación eólica y solar es mucho más barata que la fósil, por lo que los europeos se ahorrarán en 2035 un billón de euros al año en gasto en energía, "además de los múltiples beneficios en clima, salud y seguridad energética que tiene esta decisión". 

Un abismo ente subir 1,5 grados y 2 grados  

Para financiar esta transición, la Agencia Internacional de la Energía hace un llamamiento a las empresas privadas que durante décadas se han beneficiado de un negocio que pone en peligro el futuro del planeta. Precisamente en 2022 calcula que el sector energético doblará sus ingresos hasta los cuatro billones de dólares gracias a la subida de precios de las materias primas, un excedente que las multinacionales deben reinvertir esta década para desarrollar nuevos biocombustibles y mejorar la generación de hidrógeno verde. 

El informe Lancet Countdown publicado el mes pasado también dio un codazo a los gobiernos de los países ricos, a quienes afea no cumplir con su compromiso adoptado en el Acuerdo de Copenhage de 2009 de destinar cada año 100.000 millones de dólares a partir de 2020 para apoyar la acción climática en los países del tercer mundo. 

Francisco del Pozo, de Greenpeace, va un paso más allá y afirma que el mundo no pude aspirar a crecer más cada año, y que hasta que no se adopten políticas para rebajar el consumo de energía, no se podrá acabar con la contaminación. "No quieren entender que la instalación de renovables no puede frenar por sí sola las emisiones, la clave está en la eficiencia energética y la reducción de la demanda. Pero claro, cuando hablas de reducir la demanda estás tocando el estatus quo". 

Mikel González, experto en política climática del Basque Centro for Climate Change, señala los riesgos de no tomar en serio el cambio climático. "La temperatura global ya ha aumentado en 1,1 grados y vemos cómo las consecuencias son enormes, solo hay que mirar el verano que acabamos de pasar en España. A medida que esa cifra siga subiendo, estos eventos extremos serán más recurrentes". 

En un estudio publicado por la revista Science en septiembre, los científicos determinaron que la Tierra "puede haber abandonado su condición de zona climática segura tras superar 1 grado de calentamiento global". Y ahora se aproxima poco a poco a toparse con los llamados puntos de inflexión climática: eventos de no retorno que tras activarse desencadenan los siguientes. 

Incluso si se cumple el límite del Acuerdo de París y la temperatura aumenta entre 1,5 y 2 grados, podría producirse el colapso del hielo de Groenlandia y la pérdida masiva de los arrecifes de coral. Mientras que si aciertan los escenarios pesimistas que llevan el calentamiento a entre los 2 y 4 grados, desaparecería buena parte de la Antártida y podría morir masivamente la vegetación del Amazonas." (Daniel Lara, InfoLibre, 06/11/22)

20/5/22

IPCC: limitar la temperatura del planeta requiere de una “reducción sustancial del uso de combustibles fósiles”... las políticas aplicadas hasta el momento aseguran un calentamiento de más de 3 ºC... pero, hay opciones en todos los sectores para reducir al menos a la mitad las emisiones de aquí a 2030... “sí se puede”...

 "Fin de las excusas para gobiernos, empresas y líderes mundiales. Desde hoy lunes 4 de abril de 2022 no podrán decir que no saben qué hacer para reducir lo máximo posible el calentamiento global y sus efectos. El IPCC (el panel de especialistas en cambio climático ligado a la ONU) ha presentado su informe sobre cómo mitigar el cambio climático tras cuatro años de trabajo. Reducir hasta casi eliminar el uso de los combustibles fósiles es la acción que deberá guiar a la humanidad en la próxima década. Por ahora esta tarea está lejos de lograrse, y reconocen que las políticas aplicadas hasta el momento aseguran un calentamiento de más de 3 ºC.

Este informe, que viene a completar la trilogía iniciada en agosto de 2021 (qué y quién impulsa el cambio climático) y seguida en febrero de este año (impactos, adaptación y vulnerabilidad), tendría que haberse presentado durante la mañana. Sin embargo, se ha visto retrasada después de que el resumen para responsables de políticas (SPM, en sus siglas en inglés) se haya demorado tres días. Este texto es una versión reducida del informe principal, compuesto por más de 3.000 páginas. Tanto el documento principal como el SPM están escritos por los autores, y ellos tienen siempre la última palabra. Sin embargo, el resumen político solo sale adelante si los 195 países que forman parte del IPCC están de acuerdo con su redacción, aprobada línea por línea. Esta revisión comenzó el pasado 21 de marzo y no terminó hasta el domingo 3 de abril por la noche. Como suele ocurrir, una serie de países –aquellos cuya economía se basa en los fósiles– pusieron muchas trabas durante las dos semanas de reuniones.

Ha sido redactado por 278 autores de 65 países diferentes, a lo que se suma la colaboración de 354 especialistas en calidad de colaboradores. Entre los autores principales hay un negacionista climático y dos empleados de las mayores petroleras del mundo. Para su redacción, se han tenido en cuenta casi 20.000 artículos y 60.000 comentarios de especialistas y gobiernos. 

“Podemos reducir las emisiones a la mitad para 2030”

Frente al puñetazo de realidad y la dosis de desesperanza que desprenden los anteriores informes presentados en el último año, este tercero es un canto al “sí se puede”, similar al que se entona en los campos de fútbol. La meta es solo una: reducir las emisiones hasta hacerlas casi desaparecer. Para llegar hasta allí hay múltiples caminos.

El panel de especialistas no prescinde de ninguna herramienta que pueda contribuir a la acción climática. Eso sí: si bien el informe desprende una clara apuesta por la transición de los combustibles fósiles a energías más limpias, su vía para lograrlo es a través del crecimiento verde y una apuesta clara por ciertas tecnologías -en muchos casos utópicas– que absorben CO2 y así seguir usando combustibles fósiles. En resumen: el actual sistema económico que ha llevado a esta situación de crisis climática y ambiental seguirá siendo el motor del planeta. Lo único que cambio es que, en vez de ser un motor a gasolina será eléctrico y estará impulsado por energías limpias.

Según el IPCC, hay opciones en todos los sectores para reducir al menos a la mitad las emisiones de aquí a 2030. Lograrlo “implicará una reducción sustancial del uso de combustibles fósiles”, así como una electrificación generalizada, una mayor eficiencia energética y “el uso de combustibles alternativos”, como es el caso del tan de moda hidrógeno (verde).

Durante la pasada década (2010-2019), las emisiones medias anuales de gases de efecto invernadero alcanzaron los niveles más altos de la historia de la humanidad, pero según el grupo de científicos, el ritmo de crecimiento ha disminuido. En este sentido, todas las trayectorias estudiadas que limitan el calentamiento a 1,5 ºC para finales de siglo (durante las próximas décadas es casi seguro que se rebase, pero el objetivo es que vuelva a bajar) llegan a la misma conclusión: son imprescindibles reducciones rápidas y profundas, y en la mayoría de los casos inmediatas, de las emisiones en todos los sectores. Si no es así, será inalcanzable.

Un lustro clave

Para no sobrepasar los 1,5 ºC es necesario que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo antes de 2025 como muy tarde, es decir, en apenas tres años. Además, debe haber una reducción del 43% para 2030. Para estabilizar la temperatura en el grado y medio es necesario alcanzar emisiones netas de CO2 a principios de la década de 2050. En el caso de los 2 ºC, a principios de la década de 2070. “Es ahora o nunca”, sentenció Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo III (responsable de este informe) del IPCC.

Estos esfuerzos se concentran en disminuir, principalmente, el CO2, pero ni mucho menos debe ser el único. El IPCC deja claro que el metano –un gas cuyo potencial de calentamiento puede llegar a ser hasta 80 veces superior al del CO2– debe reducirse en un tercio aproximadamente

Junto a esto, el despliegue de la CDR (eliminación de dióxido de carbono a gran escala) para contrarrestar las emisiones residuales difíciles de eliminar “es inevitable” si se quiere lograr un nivel neto de emisiones de CO2, recoge el informe.

Menos costes de las energías renovables

Una parte creciente de las emisiones se atribuye a las zonas urbanas. Sin embargo, las ciudades ofrecen importantes oportunidades de reducción de emisiones. El IPCC considera que puede lograrse mediante “un menor consumo de energía” (por ejemplo, creando ciudades compactas y transitables), “la electrificación del transporte en combinación con fuentes de energía de bajas emisiones, y una mayor captación y almacenamiento de carbono utilizando la naturaleza”.

El informe también pone el foco en las enormes desigualdades en las contribuciones al cambio climático. Señala que “el 10% de los hogares con las mayores emisiones per cápita contribuyen de forma desproporcionada a las emisiones globales de gases de efecto invernadero de los hogares”, y que “18 países han reducido de forma sostenida las emisiones durante más de 10 años”.

A diferencia de años atrás, el precio ya no es una excusa. El IPCC apunta que desde 2010 se han producido descensos sostenidos en los costes de las energías solar (un 85%) y eólica (55%), así como de las baterías (85%). Además, ponen en valor las muchas políticas y leyes impulsadas para avanzar hacia la acción climática: «Contar con las políticas, la infraestructura y la tecnología adecuadas para permitir cambios en nuestros estilos de vida y comportamientos puede suponer una reducción del 40-70% de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050. Esto ofrece un importante potencial sin explotar», asegura Priyadarshi Shukl, copresidente del Grupo de Trabajo III. 

En cuanto a la nuclear, recientemente catalogada junto al gas por la Comisión Europea como inversión sostenible de cara al sector de las inversiones, el informe difundido este lunes apenas la menciona. El IPCC sostiene en el texto que «la adopción de la energía nuclear y de la captura y almacenamiento de CO2 (CAC) en el sector eléctrico ha sido más lenta que las tasas de crecimiento previstas», y asegura que los datos que van apareciendo desde el anterior informe sobre mitigación (el AR5, de 2015) indican que «las tecnologías a pequeña escala (como la energía solar o las baterías) tienden a mejorar más rápidamente y a adoptarse con mayor rapidez que las tecnologías a gran escala como la nuclear«.

Contra las emisiones del transporte, vehículos eléctricos

El transporte es el sector que más agrava la crisis climática en España y a nivel global. Sobre todo el terrestre. Por eso, el IPCC considera que las opciones centradas en la demanda y las tecnologías de bajas emisiones pueden reducir las emisiones en los países desarrollados y limitar el crecimiento de las emisiones en los países en desarrollo.

Más en detalle, el grupo que asesora a la ONU señala que “los vehículos eléctricos alimentados con electricidad de bajas emisiones ofrecen el mayor potencial de descarbonización para el transporte terrestre sobre la base del ciclo de vida”. Además, asegura –aunque con argumentos menos sólidos– que los biocombustibles sostenibles pueden ofrecer “beneficios adicionales” de mitigación en el transporte terrestre a corto y medio plazo (confianza media). 

En cuanto al transporte marítimo, la aviación y el transporte terrestre pesado, el IPCC apunta a los biocombustibles sostenibles, el hidrógeno de bajas emisiones y los derivados (incluidos los combustibles sintéticos) como la mejor solución en la actualidad, aunque estos “requieren mejoras en el proceso de producción y reducciones de costes”. Todas estas estrategias, dicen, tendrán varios beneficios colaterales, como mejoras en la calidad del aire, beneficios para la salud, acceso equitativo a los servicios de transporte, reducción de la congestión y reducción de la demanda de materiales.

De la industria al uso de la tierra: más opciones de mitigación

Uno de los mayores desafíos está en las emisiones procedentes del sector industrial. Actualmente representa en torno a una cuarta parte de las emisiones mundiales. Reducir su contribución al cambio climático implica, según el IPCC, una acción coordinada a lo largo de las cadenas de valor para promover un uso más eficiente de los materiales, la reutilización y el reciclaje de productos y la minimización de los residuos. El grupo de especialistas reconoce que alcanzar las cero emisiones requerirá nuevos procesos de producción, electricidad de bajas o nulas emisiones, hidrógeno y, “cuando sea necesario, captura y almacenamiento de carbono”. En el caso de esta última, solo se aceptan aquellas capaces de capturar el 90% o más de las emisiones de las centrales eléctricas o el 50-80% de las fugas de metano.

La agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra, “cuando se implementan de forma sostenible”, pueden proporcionar reducciones de emisiones a gran escala, además de eliminar y almacenar cantidades muy significativas de dióxido de carbono. Sin embargo, los autores recuerdan que la tierra no puede compensar totalmente el retraso de las acciones en otros sectores, en una referencia a los gobiernos y su obsesión por solucionar todo problema climático simplemente plantando árboles.

También se centran en la alimentación, con un mensaje en la línea de anteriores informes. Aunque el resumen para responsables de políticas es más descafeinado y no habla de reducir el consumo de carne, el informe principal sí lo hace: «El cambio a dietas con una mayor proporción de proteínas vegetales, una ingesta moderada de alimentos de origen animal y una menor ingesta de grasas saturadas podría suponer una reducción sustancial de las emisiones de GEI». Los autores reconocen que dietas con alto contenido en proteínas vegetales y bajo contenido en carne y lácteos se asocian a menores emisiones. Encuentran, además, que la carne de rumiantes muestra una mayor intensidad de gases de efecto invernadero, y establece claras diferencias de emisiones dependiendo de si es ganadería intensiva o extensiva.

Asimismo, el informe menciona -con «evidencia limitada»- el papel que pueden desempeñar en la reducción de emisiones procedentes de la producción de alimentos las tecnologías alimentarias emergentes. Algunos ejemplos que ponen son la fermentación celular la carne cultivada, las alternativas a los productos alimentarios de origen animal y la agricultura de ambiente controlado.

La digitalización es otra de las vías que explora el IPCC para reducir las emisiones, pero alerta de que puede tener efectos secundarios adversos si no se gobierna adecuadamente. También ponen énfasis en la expansión constante de las políticas y leyes que abordan la mitigación: «Me siento alentado por las medidas climáticas que se están tomando en muchos países. Hay políticas, normativas e instrumentos de mercado que están resultando eficaces. Si se amplían y se aplican de forma más amplia y equitativa, pueden contribuir a una profunda reducción de las emisiones y estimular la innovación”, asegura Hoesung Lee, presidente del IPCC.

Pero sin dinero, por desgracia, todo lo expuesto anteriormente no tiene sentido. Sobre ello pone el foco el IPCC, que denuncia que los flujos financieros registrados no alcanzan los niveles necesarios para lograr los objetivos de mitigación en todos los sectores y regiones. El reto de cerrar las brechas es, además, mayor en los países en desarrollo. Una solución pasa por la cooperación financiera internacional.

A pesar de que la publicación de este informe se ha retrasado bastante, la prensa acreditada no ha dispuesto del tiempo necesario para recibir los materiales, leerlos, analizarlos y escribir como se merece sobre un trabajo que lleva cocinándose desde 2019. Habitualmente se da acceso a los documentos con una antelación de uno a tres días, en el mejor de los casos. En esta ocasión, la ventaja ha sido de menos de cinco horas, con lo que aún es pronto para ofrecer a los lectores un análisis profundo."                   (Eduardo Robaina , Climática, 4 abril, 2022)

13/5/22

Si somos muy, muy buenos y cumplimos todas nuestras promesas, hay una buena posibilidad de que limitemos el calentamiento global a "sólo" dos grados centígrados... pero estamos condenando a la gente a un futuro infernal en un mundo que creemos que es sobrevivible aunque no tengamos ni idea de si lo será... encima, todo el mundo perro está redescubriendo las alegrías de quemar más petróleo negro por la guerra de Ucrania... Dos grados de calentamiento pueden significar que el estilo de vida del 30% de los más ricos del planeta pueda mantenerse de alguna manera. Sin embargo, es casi incuestionable que matará a muchos, si no a la mayoría, del 30% de menores ingresos... ¿Han decidido las personas que dirigen el mundo que este es un precio que vale la pena pagar? Parece realmente que estamos aceptando la muerte de mil millones de personas como el precio que vale la pena pagar para proteger el capitalismo desbocado

 "Este comentario, de un profesor de geografía física de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo, se refiere a la pérdida de 4.000 casas sudafricanas a causa de las inundaciones y los corrimientos de tierra de esta semana (nadie sabe aún el número de muertos). Pero también es un epitafio adecuado para lo que queda de la moralidad del mundo desarrollado.

Llega la semana después del inexplicable suspiro de alivio de las naciones occidentales al descubrir que, si somos muy, muy buenos y cumplimos todas nuestras promesas, hay una buena posibilidad de que limitemos el calentamiento global a "sólo" dos grados centígrados.

Hay que decir tres cosas sobre esto. La primera es que, a pesar de lo que pueda haber oído, las actuales predicciones sobre el impacto de un aumento de dos grados en el cambio climático están lejos de ser histéricas. Los científicos del clima están realmente preocupados por su credibilidad dado el impacto monumental de lo que están documentando. Han sido muy cautelosos en sus predicciones.

De hecho, hay una importante corriente de pensamiento en la ciencia del clima que considera que esto ha sido un error y que los científicos deberían compartir el verdadero terror de lo que les dicen sus modelos en lugar de una versión agradable.

En cualquier caso, "los casquetes polares se derriten más lentamente de lo previsto", "los patrones climáticos son más estables de lo que se temía" y "las emisiones de CO2 experimentan un descenso inesperado" no son titulares que se hayan leído. Hasta ahora las predicciones han sido en gran parte subestimadas. Así que unos dos grados "soportables" pueden resultar no ser tan soportables como pensamos.

En segundo lugar, hay un "si" bastante grande en la afirmación "si cumplimos nuestras promesas". Aquí vale la pena centrarse: ¿está Escocia cumpliendo sus promesas? No, en absoluto. Ha incumplido casi todos los objetivos prometidos hasta ahora. Y estamos mucho mejor situados para alcanzar nuestros objetivos que muchas naciones. ¿Sólo son dos grados si hacemos lo que no estamos haciendo? ¿Es eso lo que nos jugamos en el mundo?

Y ahora mismo las promesas van en sentido contrario. A veces parece que todo el mundo y su perro están redescubriendo las alegrías de quemar ese petróleo negro a base de la guerra de Ucrania. Ha sido penoso ver el volumen de comentarios que dicen: "No soy un negador del cambio climático, pero por culpa de Putin no pueden extraer y quemar suficiente petróleo en lo que a mí respecta".

Eso sólo tiene sentido si Putin va a reducir la extracción de petróleo en respuesta a que nosotros la aumentemos. Eso parece poco probable. Cualquiera que diga "debemos ampliar la producción de petróleo y gas más allá de los horizontes actualmente previstos" es realmente un negacionista del cambio climático en todo menos en el nombre.

Pero es el tercer punto el que más debería golpear nuestra moralidad; las élites occidentales están positivamente contentas con lo de "menos de dos grados" porque, parafraseando a nuestro geógrafo social, "siempre hay dinero, experiencia y voluntad gubernamental para invertir adecuadamente en la protección de los más ricos de la sociedad. Siempre".

 Dos grados de calentamiento pueden (no "lo harán" o "lo hacen", sino que "pueden") significar que el estilo de vida de, por ejemplo, el 30% de los más ricos del planeta puede mantenerse de alguna manera. Sin embargo, es casi seguro, casi incuestionable, que matará a muchos, si no a la mayoría, del 30% de menores ingresos. Y podría ser mucho peor que eso.

¿Han decidido las personas que dirigen el mundo que este es un precio que vale la pena pagar? Si eres realmente cínico y diriges el mundo en este momento, hay dos cosas en las que puedes estar razonablemente seguro. En primer lugar, como es casi seguro que tiene más de 40 años, lo peor de los impactos vendrá probablemente cuando ya no esté. En segundo lugar, como sin duda se encuentra entre las personas más ricas en recursos del mundo, los impactos que se produzcan antes de eso son los que se pueden comprar para evitarlos.

Parece realmente que ahora estamos aceptando la muerte de mil millones de personas como el precio necesario del "crecimiento y desarrollo humano sin obstáculos", con lo que realmente queremos decir un precio que vale la pena pagar para proteger el capitalismo desbocado.

 Dos grados de calentamiento pueden (no "lo harán" o "lo hacen", sino que "pueden") significar que el estilo de vida de, por ejemplo, el 30% de los más ricos del planeta puede mantenerse de alguna manera. Sin embargo, es casi seguro, casi incuestionable, que matará a muchos, si no a la mayoría, del 30% de menores ingresos. Y podría ser mucho peor que eso.

¿Han decidido las personas que dirigen el mundo que este es un precio que vale la pena pagar? Si eres realmente cínico y diriges el mundo en este momento, hay dos cosas en las que puedes estar razonablemente seguro. En primer lugar, como es casi seguro que tiene más de 40 años, lo peor de los impactos vendrá probablemente cuando ya no esté. En segundo lugar, como sin duda se encuentra entre las personas más ricas en recursos del mundo, los impactos que se produzcan antes de eso son los que se pueden comprar para evitarlos.

Parece realmente que ahora estamos aceptando la muerte de mil millones de personas como el precio necesario del "crecimiento y desarrollo humano sin obstáculos", con lo que realmente queremos decir un precio que vale la pena pagar para proteger el capitalismo desbocado.

Estamos condenando a la gente a un futuro infernal en un mundo que creemos que es sobrevivible aunque no tengamos ni idea de si lo será, basándonos en las promesas que estamos incumpliendo ahora mismo. Hay quienes atacarán al instante esto como "más histeria climática", y serán mayores y más ricos, por lo que es más probable que se vean libres de las consecuencias de sus palabras.

Así que tal vez todo salga bien de alguna manera. Quizás el mundo sea capaz de reubicar con éxito a todos los que viven en zonas costeras bajas. Tal vez consigamos reforzar las viviendas existentes o proporcionar alternativas para que todo el mundo pueda vivir con cierto grado de comodidad frente a un clima más extremo.

Quizá se puedan mitigar los impactos en la producción de alimentos, tal vez con nuevas tecnologías. Tal vez consigamos un medio más eficaz de distribución mundial de alimentos para que la primera escasez no provoque una espiral de compras de pánico a nivel nacional. Tal vez el hecho de descartar regiones enteras del planeta como no habitables sea una evolución natural del planeta.

Excepto que las casas, en su mayoría mal construidas, fueron barridas por las lluvias de Sudáfrica esta semana, ya hay una migración masiva impulsada por el clima para alejarse de las áreas que se están volviendo inhabitables, los isleños cuyos hogares desaparecerán están gritando al respecto pero no reciben ninguna ayuda y hemos visto lo que sucede incluso con interrupciones menores en el suministro de alimentos.

Si crees que esta crisis del coste de la vida es mala, espera a descubrir el coste de la vida con el cambio climático. ¿El seguro de tu casa? ¿El precio de los alimentos? ¿Los costes de la construcción? ¿El coste de los viajes seguros? ¿La disponibilidad de materias primas? ¿El pago de los impactos en la salud? Prácticamente nada es más barato en un mundo devastado por el clima.

Volvamos a Escocia. Cuando llega la noticia de que se ha incumplido otro objetivo climático escocés, parece que lo tratamos colectivamente como si se tratara sobre todo de una arrogancia, de un gobierno que reclamó demasiado y no cumplió. Pero esa es una consideración menor.

No se trata de arrogancia, sino de supervivencia. Como recordatorio, dos grados pueden ser sobrevivibles y podemos limitar el calentamiento global a dos grados si cumplimos cada una de nuestras promesas. No "ampliamente algunas de ellas", cada una de ellas.

 Si realmente crees que eres una persona moral y ética, no deberías aceptar ni siquiera los objetivos que tenemos, objetivos que siguen teniendo un impacto devastador en los más pobres del mundo. En Escocia tenemos que ir más lejos, más rápido. Si no le preocupan demasiado las cuestiones morales y éticas, lo mínimo que debería hacer es exigir que se cumplan los objetivos que tenemos, aunque sólo sea por su propio bien.

Por supuesto, si eres intrínsecamente imprudente, te niegas a creer cualquier cosa que te diga un científico, crees que deberíamos estar bombeando petróleo del suelo "como si no hubiera un mañana", exiges vasos de café de plástico desechables como un derecho humano, crees que la moda rápida es un desarrollo histórico por el que vale la pena luchar y deseas que todos ignoremos a personas como Common Weal que se preocupan por el cambio climático y tienen soluciones viables, ¿no estás pasando el mejor momento de tu vida?

Esto es, esta Escocia, este mundo - todo lo que siempre esperaste y soñaste. Pero no te quejes cuando te llegue la factura."     
                   

(Robin McAlpine es el director de Common Weal, Brave New Europe, 21/04/22; traducción DEEPL)

12/5/22

¿Quién debe ser responsable de la reducción de emisiones? Los impuestos sobre el carbono afectan desproporcionadamente a los pobres, tanto en el Norte como en el Sur. En su lugar, las políticas climáticas deberían abordar el consumo de los ricos... tienen que empezar a centrarse en contener el consumo de los ricos, dentro de los países y a nivel mundial.

 "Esto debería ser obvio: los procesos naturales -y los efectos "antropocénicos" sobre ellos- no respetan las fronteras nacionales. La atmósfera y los océanos no dependen de visados para cruzar las fronteras, y el impacto del cambio climático y la degradación de la naturaleza se extienden por todos los lugares.

A pesar de ello, las estrategias para hacer frente al cambio climático siguen siendo fundamentalmente nacionales, incluso en los foros internacionales. La "responsabilidad climática" de los distintos países constituye la base de las negociaciones y de los compromisos nacionales para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, como se puso de manifiesto recientemente, el pasado noviembre, en la cumbre COP26 de las Naciones Unidas celebrada en Escocia.
La responsabilidad histórica de las emisiones

¿Cómo se determina esa responsabilidad climática? El método estándar -que se remonta a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático acordada en la Cumbre de la Tierra de Río en 1992- se basa en las emisiones equivalentes de dióxido de carbono generadas por la actividad productiva dentro de las fronteras nacionales. Sin embargo, esto ignora dos aspectos importantes: la "deuda" histórica de CO2 y la capacidad de los países ricos, en particular, de "exportar" sus emisiones.

Consideremos primero esa deuda. Según Climate Watch, los países desarrollados actuales son responsables de casi el 80% de todas las emisiones de CO2 relacionadas con el ser humano entre 1850 y 2011. Los impactos climáticos a los que se enfrenta el mundo son el resultado de la sobreexplotación y el abuso del planeta por parte de un pequeño grupo de países ahora ricos, que en conjunto sólo representan alrededor del 14% de la población mundial actual. Además, más de la mitad de estas emisiones históricas se produjeron en los últimos 30 años, a pesar de que el cambio climático era cada vez más evidente y ampliamente aceptado, y de que las tecnologías de mitigación se habían desarrollado considerablemente.

Está claro que los países ricos podrían haber hecho más para evitar la crisis a la que nos enfrentamos ahora. Mientras tanto, los efectos del cambio climático se dejan sentir de forma desproporcionada en los países de ingresos bajos y medios. Sin embargo, son menos capaces de hacer frente a las consecuencias, debido a su menor renta per cápita, su menor "espacio fiscal" y su acceso menos favorable a los mercados internacionales de capitales.

Los compromisos netos cero asumidos por algunos países ricos no mencionan explícitamente este vasto impacto negativo de sus trayectorias de crecimiento pasadas. Si se incorporara la deuda climática en la que han incurrido, sería necesaria una importante revisión de sus propuestas. Por ejemplo, se ha calculado que la parte que le corresponde a Estados Unidos en el esfuerzo mundial de mitigación para 2030 requeriría una reducción de las emisiones a casi la mitad del nivel de 2005.

Sin embargo, las economías avanzadas se han negado a discutir la responsabilidad histórica y la deuda climática, negociando sólo sobre las emisiones actuales y futuras. Sus propios compromisos suponen que seguirán acaparando la mayor parte del "presupuesto de carbono" mundial restante durante las próximas tres décadas. Este punto crucial suele pasar desapercibido incluso para los activistas climáticos bienintencionados del norte global.

En términos de producción, los tres mayores emisores de CO2 en la actualidad -que representan más de la mitad del total mundial- son China, Estados Unidos e India. China e India han aumentado drásticamente sus emisiones, sobre todo desde el cambio de siglo, mientras que la mayoría de las economías avanzadas han registrado incrementos menores y, en algunos casos, ligeros descensos. Esto permitió señalar con el dedo a China e India en la COP26.

Pero en términos per cápita, las economías avanzadas siguen siendo, con diferencia, las mayores emisoras. EE.UU. y Australia emiten ocho veces más CO2 per cápita que países de ingresos bajos y medios como India, Indonesia y Brasil, a los que, sin embargo, se castiga por permitir el aumento de las emisiones. Incluso China, a pesar de los recientes aumentos, sigue emitiendo menos de la mitad, en relación con su población, que Estados Unidos.

Exportación de emisiones

También está el papel del comercio mundial. Al abastecerse de productos y servicios con alto contenido de carbono en otros países, las naciones pueden "exportar" efectivamente sus emisiones. Pasar de las emisiones directas a las "indirectas" a través del comercio transfronterizo significa que no se contabilizan todas las emisiones incorporadas en el consumo y la inversión de los países ricos.

Los recientes cambios en los patrones comerciales reflejan cómo los países ricos han cumplido con la infame propuesta del ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, Larry Summers, de que deben exportar industrias contaminantes al mundo en desarrollo. Las industrias y procesos de producción que emiten carbono se han añadido a esa lista.

Las emisiones exportadas por los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico aumentaron rápidamente a partir de 2002 (sobre todo, después de que China se adhiriera a la Organización Mundial del Comercio) y alcanzaron un máximo en 2006 con un balance negativo de carbono de 2.278 millones de toneladas métricas (mmt), o el 17% de las emisiones basadas en la producción de la OCDE. Éstas han ido disminuyendo, pero aún se mantienen en torno a los 1.577 mmt anuales. Las emisiones per cápita en función de la demanda final muestran diferencias aún más marcadas, ya que la tasa de EE.UU. es 12 veces superior a la de India y tres veces superior a la de China.

Los promedios nacionales también pueden ser engañosos, ya que ocultan importantes desigualdades dentro de los países, determinadas por los ingresos, la ubicación y las ocupaciones, entre otros factores. Según el Informe sobre la Desigualdad en el Mundo 2022, las desigualdades mundiales en las emisiones se deben ahora principalmente a las desigualdades dentro de los países: representan casi dos tercios de la desigualdad en las emisiones mundiales, habiendo casi duplicado su proporción desde algo más de un tercio en 1990.

Hay grandes emisores mundiales en los países de ingresos bajos y medios y bajos emisores mundiales en los países ricos. Como era de esperar, el decil más rico de América del Norte es el más extravagante del mundo, con una media de 73 toneladas de emisiones por cabeza cada año, lo que supone 73 veces las emisiones per cápita de la mitad más pobre de la población del sur y sureste de Asia. Los ricos del este de Asia también son muy emisores, aunque bastante menos que en Norteamérica.

El 1% contamina más

La sorpresa, sin embargo, son las emisiones relativamente bajas de la mitad inferior en las regiones ricas. En Europa, el 50% de la población que menos emite lo hace en torno a cinco toneladas por persona y año, el 50% inferior de América del Norte en torno a diez toneladas y el 50% inferior de Asia oriental en torno a tres toneladas.

Estas huellas de carbono relativamente pequeñas contrastan fuertemente con las del 10% de los mayores emisores en sus propios países, pero también con las emisiones de los más ricos en regiones relativamente pobres. El decil más alto de Asia meridional y sudoriental, por ejemplo, emite más del doble de CO2 que la mitad inferior de la población de Europa, e incluso el decil más alto del África subsahariana emite más que los más pobres de Europa.

Es más, parece que la creciente desigualdad ha hecho aumentar las emisiones en general. Mientras que la mitad inferior de los grupos de ingresos en EE.UU. y Europa redujo las emisiones per cápita entre un 15% y un 20% entre 1990 y 2019, el 1% más rico aumentó sus emisiones de forma bastante significativa, en todas partes. En la actualidad, el 10% más rico del planeta es responsable de casi la mitad de todas las emisiones de carbono.

Esto sugiere que las políticas climáticas deberían dirigirse más a los contaminadores ricos. Sin embargo, los impuestos sobre el carbono recaen en mayor medida sobre los grupos de ingresos bajos y medios y tienen un impacto relativamente escaso en el consumo de los más ricos, tanto en las regiones ricas como en las pobres.

Está claro que las estrategias para reducir las emisiones de carbono tienen que empezar a centrarse en contener el consumo de los ricos, dentro de los países y a nivel mundial. Esto requiere un cambio importante en la forma de concebir y aplicar las políticas de mitigación del clima."

(Jayati Ghosh, Brave New europe, 01/04/22; traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

9/5/22

Frente al abismo climático... En medio de una nueva ola de aumento de la explotación de gas y petróleo, favorecido por el aumento de precios y el argumento de blindarse ante la guerra en Ucrania, la ONU, Además del cambio de fuentes de energía, plantea la urgencia de otras medidas, como cambiar patrones de producción y consumo agroalimentario (sobre todo reducción de producción y consumo industrial de carnes), la restauración de ecosistemas naturales forestales y costeros, cambiar las formas de urbanización y construcción, bajar significativamente el transporte áereo, disminuir los transportes motorizados en general... el cambio de la demanda de bienes y servicios podría bajar las emisiones globales entre 40 y 70 por ciento en 2050. Reconoce que estos cambios de "estilo de vida" no son aplicables a toda la humanidad, ya que gran parte de la población mundial no tiene satisfechas sus necesidades básicas

 "En medio de una nueva ola de aumento de la explotación de gas y petróleo, favorecido por el aumento de precios y el argumento de blindarse ante la guerra en Ucrania, el panel de expertos sobre cambio climático de la ONU acaba de publicar su tercer informe en un año, cuyo mensaje principal es la urgencia de reducir rápida y drásticamente el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) en todos los rubros. 

De 2010 a 2019 las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) aumentaron hasta llegar al nivel más alto de emisiones en la historia de la humanidad. De esos gases, el principal es el dióxido de carbono (CO₂), responsable de 64 por ciento de GEI, seguido de de metano con 18 por ciento. Las principales fuentes de GEI son la generación de energía y la emisión de gases relacionados al cambio de uso de suelo y deforestación, seguidos de industria, construcción y transporte (https://tinyurl.com/6cnbzpfs).

Además del cambio de fuentes de energía, plantea la urgencia de otras medidas, como cambiar patrones de producción y consumo agroalimentario (sobre todo reducción de producción y consumo industrial de carnes), la restauración de ecosistemas naturales forestales y costeros, cambiar las formas de urbanización y construcción, bajar significativamente el transporte áereo, disminuir los transportes motorizados en general, al tiempo que aumentar los transportes públicos, caminar y usar bicicletas, entre otros. El reporte plantea que el cambio de la demanda de bienes y servicios podría bajar las emisiones globales entre 40 y 70 por ciento en 2050. Reconocen que estos cambios de estilo de vida no son aplicables a toda la humanidad, ya que gran parte de la población mundial no tiene satisfechas sus necesidades básicas.

 Por primera vez informan sobre la enorme desigualdad en quien genera emisiones de carbono de acuerdo al consumo: el 10 por ciento de la población global con mayor consumo y más emisiones de carbono es responsable de hasta 45 por ciento de las emisiones de GEI, mientras que el 50 por ciento de la población de menor consumo emite hasta 13 por ciento.

La desigualdad global es mucho mayor si se considera en riqueza y se compara con el uno por ciento más acaudalado a nivel global, que según Oxfam es responsable de más del doble de las emisiones del 50 por ciento más pobre del planeta (https://tinyurl.com/info-oxfam).

El grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático (IPCC, por sus siglas en inglés) elabora un informe global de evaluación cada 5-6 años. Se compone de tres grupos de trabajo, el primero sobre la ciencia del clima, el segundo sobre vulnerabilidad, impactos y adaptación al cambio climático y el tercer grupo –que emitió su informe este 4 de abril– es sobre mitigación, es decir, qué medidas tomar frente al cambio climático. Los informes anteriores se publicaron en 2021 e inicios de 2022. Los tres informes y otros temáticos elaborados anteriormente, confluirán en el Sexto Informe Global de Evaluación, previsto para publicarse en septiembre de 2022.

El informe del grupo tres del IPCC afirma, como los anteriores, que sin acciones inmediatas para reducir las emisiones de GEI, se sobrepasará el límite de aumento promedio de la temperatura en más de 1.5 grados en pocos años, lo cual se podría evitar con una reducción de emisiones de 43 por ciento en 2030. El Acuerdo de París sobre cambio climático acordó mantener el aumento de temperatura promedio por debajo de 2 grados en 2100. No obstante, con el ritmo actual de emisiones el aumento sería de 3.2 grados, lo que el IPCC considera catastrófico.

El informe del grupo tres identifica muchas de las causas y plantea que existen vías posibles para enfrentar el desastre climático, como las mencionadas. Informa que el costo de generar electricidad con energía fotovoltaicas y eólica ha bajado notablemente, al tiempo que su adopción aumenta, aunque actualmente solo provee cerca de 10 por ciento de la electricidad.

Lo malo del informe es que pese a que pone en la mesa muchas causas y problemas y plantea alternativas importantes, en sus conclusiones y escenarios de acción abre la puerta a tecnologías de geoingeniería, a grandes plantaciones y monocultivos, así como al uso de suelos agrícolas y ecosistemas marinos para captación de carbono, todo ello son objetivos buscados por los especuladores de los mercados de carbono.

En geoingeniería, se refieren principalmente a formas de capturar CO₂ después de emitido, lo cual da una excusa para que sigan las emisiones desde sus fuentes. No es la primera vez que el IPCC considera esto, pero es muy preocupante que pese a la gravedad de la situación, siga especulando con tecnologías que ni siquiera está probado que servirían para captar y almacenar carbono y que implican una amplia serie de riesgos ambientales y sociales. El peor riesgo inmediato de esas tecnologías, en su mayoría inexistentes, es que son promovidas por empresas petroleras y otras con altas emisiones de GEI, para justificar seguir aumentando la contaminación, alegando que usarán tecnologías para compensarla. Por este y otros muchos riesgos son tecnologías que se deberían prohibir. Urge en lugar de ello, apoyar el desarrollo de las muchas alternativas social y ambientalmente justas (www.geoengineeringmonitor.org)."

( Silvia Ribeiro  , El viejo topo, 08/05/22. Artículo publicado originalmente en La Jornada)

27/4/22

Todo parecía que iba bien. Hasta… el 2008... Entonces todo el mundo vio que el sistema no podía seguir como hasta ahora, y todo estalló. Recordamos aquella crisis por las hipotecas subprime y todo eso, pero también fue una crisis energética, y fue el momento del pico de precios del petróleo, que llegó a 147 dólares el barril de Brent. Desde entonces, ya no hemos levantado la cabeza... Ahora están estallando las contradicciones que teníamos enterradas desde hacía muchos años... tienen su origen en una enfermedad: el problema de sostenibilidad del sistema capitalista, que nos aboca a la autodestrucción porque ha topado contra los límites biofísicos del planeta... Ahora estamos en un momento de procolapso: es decir, una situación que favorece el colapso, en lugar de mitigarlo o de retrasarlo... pero casi todos los procesos de colapso son reversibles... para mantener el nivel de vida, no el estilo de vida... Hay muchos sectores tecnológicos en los cuales ya tenemos los conocimientos técnicos para hacer enseres prácticamente indestructibles. Ya se podría hacer un ordenador prácticamente eterno; se pueden hacer bombillas casi eternas. Pero no se hace, evidentemente, porque el incentivo es para consumir más

 "Antonio Turiel (León, 1970), doctor en Física Teórica, experto en oceanografía e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), acaba de publicar un nuevo libro, El otoño de la civilización (Escritos Contextatarios, 2022), con prólogo de Yayo Herrero y epílogo de Jorge Riechmann. De acento decrecentista y colapsista, lleva años alertando sobre la crisis energética y el pico del petróleo y otras materias primas, y sus análisis son a menudo críticos, tanto con los defensores de los combustibles fósiles, como también con los de las energías renovables. Fuera de la academia, su blog The Oil Crash y su canal de Twitter se han convertido en una referencia para activistas ecologistas. Su libro Petrocalipsis, sobre el abismo postpetróleo, se convirtió en 2020 en casi un best-seller ecologista.

Hablemos del concepto “otoño de la civilización”, que aparece en el título del nuevo libro de artículos publicados en Ctxt con Juan Bordera. Explique el concepto: ¿Por qué otoño?

El otoño es la última etapa de la vida. Hasta el verano estuvimos creciendo: todo era fácil y abundante. Ahora esto se ha acabado. La civilización, tal como la entendemos hoy, está llegando a una fase crucial. Que nuestra civilización acabe puede querer decir que se adapte al nuevo escenario y, por lo tanto, aparezca una nueva cosa, o podría ser nuestro final tal como se han colapsado antes otras civilizaciones. Como decía Yayo Herrero, el invierno también podría ser una época de recogimiento hasta que llegara una nueva primavera. Pero, antes de eso, tenemos que superar una prueba. Los próximos años y décadas serán muy duros. Podemos prepararnos para pasar este invierno crudo, o sucumbiremos en invierno. Esta es la gran encrucijada.

Estamos en el Siglo de la Gran Prueba”, dice siempre el filósofo y ecologista Jorge Riechmann.

Los científicos llevan tiempos avisando que las cosas son peores de lo que se reporta en los informes oficiales porque algunos gobiernos maquillan las conclusiones. La gran cuestión a decidir hoy en día ya no es qué hacer, sino cómo hacer la transición ecológica. Hoy se está intentando hacer una transición continuista, en la cual se intenta sustituir la energía fósil por una energía renovable eléctrica, suponiendo que esto se pudiera hacer.

Siguiendo con vuestra metáfora, ¿cuándo creen que se nos acabó el verano?

El verano acabó en 2008. El momento álgido de máximo esplendor de recursos sería en los años sesenta. ¡Ni nos preocupábamos por el futuro! Entonces empezaron a surgir las primeras tormentas como la guerra del Vietnam… y, sobre todo, la crisis del petróleo del 73 o la guerra entre Irán e Irak. A pesar de las advertencias del Club de Roma sobre los límites del crecimiento, nosotros seguimos adelante sin pararnos. Todo parecía que iba bien. Hasta… el 2008. Entonces todo el mundo vio que el sistema no podía seguir como hasta ahora, y todo estalló. Recordamos aquella crisis por las hipotecas subprime y todo eso, pero también fue una crisis energética, y fue el momento del pico de precios del petróleo, que llegó a 147 dólares el barril de Brent. Desde entonces, ya no hemos levantado la cabeza.

La tormenta perfecta nos llega después de la COVID-19: en plena pandemia, estallan todas las crisis, escasez de materias primas, récords de precio del petróleo y del gas, los alimentos se encarecen… y, el redoble final, la invasión en Ucrania con el enfrentamiento de fondo entre dos potencias nucleares.

Ahora están estallando las contradicciones que teníamos enterradas desde hacía muchos años. Ya teníamos muchos de estos problemas, pero los ignoramos. Científicos y organizaciones de la ONU llevan tiempo diciendo que estamos haciendo cosas insostenibles… pero las continuamos haciendo, y llega un momento en que la cosa se colapsa. Estos problemas se interpretaban como fenómenos aislados, pero están conectados. Y tienen su origen en una enfermedad: el problema de sostenibilidad del sistema capitalista, que nos aboca a la autodestrucción porque ha topado contra los límites biofísicos del planeta. Y este choque se manifiesta con la pérdida de biodiversidad, la escasez del agua, la degradación del medio ambiente, incluyendo el cambio climático, y el agotamiento de recursos naturales.

Y ahora… ¡la guerra! ¿En qué grado, en materia energética, dependemos realmente de Rusia?

Ni la Unión Europea ni tampoco los Estados Unidos pueden toser mucho a Rusia porque dependemos de ellos. El caso europeo es flagrante: el 45% del gas y el 30% del petróleo que importamos viene de aquel país. Pero, incluso en los Estados Unidos, el 22% del diésel que consumieron en febrero venía de Rusia… Y nuestras fábricas dependen de minerales que tienen los rusos, como por ejemplo el hierro, el aluminio, el titanio, el paladio… Por eso, Rusia se siente fuerte para hacer lo que hace. Y, por eso, a pesar de la retórica de nuestros dirigentes, nosotros no estamos en guerra contra Rusia y seguimos comprando gas, petróleo y todo lo que necesitamos de ellos.

Hay una frase del activista y pensador Luis González Reyes que creo que es clave para entender el momento: “Demasiadas cosas que parecían imposibles están pasando al mismo tiempo. ¿Estamos viviendo las primeras etapas del colapso”. ¿Está de acuerdo con él?

El colapso es un proceso, no es un acontecimiento instantáneo. Para explicar la caída del Imperio romano, se puede hablar del saqueo de Roma, o del último emperador romano; pero, en realidad, la caída fue un proceso que duró siglos. Pero nosotros vamos hacia un proceso de colapso más rápido, que puede durar décadas. Ahora estamos en un momento de procolapso: es decir, una situación que favorece el colapso, en lugar de mitigarlo o de retrasarlo. Las sociedades se colapsan porque se emperran en una idea equivocada: nuestra idea es querer un crecimiento infinito en un planeta finito. Pero también es cierto, y yo siempre lo remarco, que casi todos los procesos de colapso son reversibles. No es verdad que no se pueda hacer nada para pararlo.

El precio del petróleo está en cifras récord. Usted ha llegado a decir que, con estos precios del petróleo, estamos “al límite de resistencia de la economía mundial”.

El petróleo representa una tercera parte de toda la energía que consumimos. En el caso del transporte, es más del 95% de la energía. Y, en concreto, el diésel es la sangre de nuestro sistema globalizado. Además, el petróleo también es clave para derivados como plásticos, químicos y reactivos básicos para la industria. Por lo tanto, el petróleo es fundamental para la economía actual. Si sube demasiado de precio y esto dura demasiadas semanas, entraremos en recesión. El Estado español ya está al límite de resistencia, y es muy probable que de aquí a poco entremos en recesión. El único que nos podría salvar es la inyección económica monstruo de la Unión Europea a través de los fondos Next Generation, y esto inyectará de golpe, como si fueran esteroides, una mayor resistencia económica para España.

¿Por qué está subiendo el precio de la gasolina? ¿Es por culpa de la guerra en Ucrania y de las sanciones en Rusia?

¡No! Hace semanas que estaba subiendo. Los países de la OPEP se están quedando sin capacidad de producción ociosa de petróleo, es decir, no se pueden guardar producción para ponerla en el mercado más tarde y así controlar los precios. La producción de petróleo caerá entre un 20% y un 50% de aquí a 2025. Desde el año 2014, las empresas petroleras están reduciendo su investigación de nuevos yacimientos.

¿Y por qué?

Porque saben que perderían dinero. El que queda no es rentable. Lo que está pasando ahora se explica porque en el periodo de 2011 a 2014 las petroleras no subieron más los precios, a pesar de que estaban perdiendo mucho dinero, porque la economía no lo habría resistido, y perdieron dinero a puñados. Un informe del Departamento de Energía de los Estados Unidos, publicado en 2014, mostraba cómo las 127 empresas de petróleo y de gas más grandes del mundo estaban perdiendo dinero al ritmo de 100.000 millones de dólares anuales. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía había avisado hace años de que los precios del petróleo subirían en el periodo que iba de 2020 a 2025. Los economistas clásicos dicen que, si las petroleras ganan dinero ahora… volverán a hacer inversiones para prospecciones de nuevos yacimientos, y que todo volverá a la normalidad, pero las petroleras ya han dicho que no buscarán más e, incluso, dicen que lo hacen para luchar contra el cambio climático. Aun así, yo intuyo que los gobiernos occidentales intentarán intervenir para tapar el agujero.

¿Y el precio del gas seguirá subiendo también? Rusia y Argelia no abren el grifo tanto como lo abrían antes…

El gas todavía puede resistir unos cuántos años más que el petróleo o que el uranio. Según la Agencia Internacional de la Energía, la producción de gas a escala mundial podría tocar techo en torno a 2025. Pero el problema que tiene el gas es que tiene un transporte difícil y caro, y la mejor manera de importarlo es por gasoducto. Transportar gas en barcos significa llevar el gas hasta una planta de licuefacción, mantenerlo a 160 grados bajo cero en un barco metanero con un coste energético muy alto, llegar hasta un puerto en Europa que tenga una planta regasificadora… y esto, por lo tanto, tiene unos costes económicos grandes y, además, generaría cuellos de botella en situaciones de tensión. Por lo tanto, la mejor opción para Europa es el transporte por tierra, y por tierra solo hay dos opciones: Argelia y Rusia. El problema es que la producción de gas de Rusia y de Argelia está estancada desde hace ya 20 años. Y, además, cada vez necesitan más consumo para ellos mismos, puesto que son países, sobre todo Argelia, jóvenes y en crecimiento.

Y, ya por último, el precio de la luz. ¿Por qué está en cifras tan altas?

Aquí tenemos dos problemas. El primer problema, el sistema marginalista para fijar los precios, que viene impuesto por una directiva europea. Esto funciona básicamente así: pagamos el precio de kilovatio por hora al precio que cueste la energía más cara que entre a la subasta. Y el segundo problema: como el gas ahora mismo en Europa da la energía más cara por los problemas de escasez, pagamos toda la energía eléctrica al precio de la del gas. Este problema, pues, a corto plazo tendría una solución fácil: simplemente, hay que cambiar la normativa de la subasta de energía, aunque las eléctricas protesten.

La alternativa serían las energías renovables, como la hidroeléctrica o la solar, teóricamente más baratas y ecológicas. Pero, en un artículo en su blog, muestra su crítica a la apuesta por las renovables. El título es controvertido: El fin de la energía renovable barata.

El problema que tenemos es que los sistemas de generación de energías renovables eléctricas se basan en la disponibilidad de ciertos materiales que se extraen, se producen y se transportan con combustibles de origen fósil. Por lo tanto, la crisis de combustibles fósiles está provocando a la vez una crisis de materiales, y lo que pasa es que las renovables necesitan muchos materiales. ¿Y qué está pasando? Que las materias primas se están encareciendo: el precio del silicio se ha multiplicado por cuatro, pero también se están encareciendo el litio de las baterías o el silicio para las placas solares. Pero es que incluso el cemento o el acero que se usan para construir aerogeneradores también tienen precios exorbitantes. Hay grandes empresas eólicas que están perdiendo dinero ahora… y firmas como LG han abandonado el mercado de las placas solares. Hoy por hoy, nadie ha conseguido cerrar el ciclo de producción de renovables, que va desde la extracción de materiales hasta la fabricación y el mantenimiento de instalaciones, solo con energías renovables. Para hacer cemento, se está usando gas natural. Para hacer acero, se está usando carbón. Este es uno de los grandes problemas que vendrán: conseguir hacer viable el modelo de transición basado en la energía renovable eléctrica.

Pero hay defensores de las renovables que aseguran que en un futuro se encontrarán nuevos materiales para mejorar la eficiencia y para generar más energía. De hecho, en los últimos 10 años han crecido las reservas de algunos de estos minerales como el litio.

Sí, lo dicen, y es cierto que se está investigando hacer baterías de sodio o de calcio. Desconocemos el futuro. Pero el argumento que hay o habrá nuevas reservas para los materiales que se agoten es un mal argumento. Los defensores de la energía nuclear también dicen que hay una cantidad inmensa de uranio en el mar. Es cierto, sí, ¿pero cómo lo extraes? Y también hay litio en el espacio, fuera de la Tierra. Pero la cuestión es cómo lo extraes y a qué velocidad.

Repasemos algunos productos básicos que no aparecen demasiado cuando hablamos de geopolítica, pero que tienen mucho más que ver de lo que podríamos pensar. Empecemos por la alimentación. ¿Qué está pasando aquí?

Suben los precios de los alimentos. ¿Por qué? Pues, primero, por el encarecimiento de la energía, puesto que la agricultura industrial requiere mucho de combustible fósil, sobre todo diésel, para toda la maquinaria y para el transporte. Pero, además, ahora sube de forma salvaje el precio de los fertilizantes, sobre todo los nitrogenados, porque buena parte de ellos se hacen a través de gas natural y, además, las plantas productoras estaban limitando la producción. Y, además, no olvidemos que China ha reducido en un 90% sus exportaciones de fertilizantes nitrogenados, y Rusia, el 1 de febrero, antes de la guerra, impuso un embargo de las importaciones de fertilizantes. Y, ya para acabarlo de arreglar, faltan potasas. ¿Y sabéis cuáles son los principales productores de potasas del mundo? Pues Rusia y Bielorrusia. Por todo ello, los trabajos del campo se están volviendo carísimos.

Y aquí, ¿la ciudadanía lo notará a la hora de comprar alimentos básicos?

¡Por supuesto! En España notaremos un encarecimiento de alimentos ya este mismo año. Los alimentos básicos pueden multiplicar su precio por dos o por tres. Lo notarán más algunos países dependientes de la importación de cereales, como todo el norte de África y el Oriente Próximo, donde la situación puede ser terrorífica. Vamos hacia una crisis humanitaria de grandes dimensiones. Pero, además, ahora lo notaremos todavía más por culpa de la invasión de Ucrania, que era el granero de Europa, un gran productor agrícola. España importaba de Ucrania un 30% del trigo, un 23% del maíz y más del 80% del aceite de girasol. Por lo tanto, de aquí a un mes, si la situación continúa igual, nos encontraremos unos problemas enormes en España.

Otro ejemplo completamente diferente, pero que también está afectando al hecho de que lleguen muchos productos a las tiendas: ¡falta magnesio en Europa!

La mayoría del magnesio proviene de China. La producción de magnesio necesita consumir mucha energía. Y China tiene una crisis energética muy grave ahora mismo. ¿Por qué? Porque la crisis del carbón, que es importante para China o India, está provocando muchos problemas energéticos allá y, de hecho, está provocando apagones eléctricos. Entonces, los chinos están yendo a un proceso bestial y rápido de transición hacia las renovables, y para hacerlo necesitan un montón de materiales. Se están guardando el magnesio para producir aluminio y hacer el proceso hacia las renovables, y van cerrando el grifo de la importación hacia Europa.

De acuerdo, ¿pero qué es lo que no puedes fabricar si no tienes aluminio? ¿Por qué nos tendríamos que preocupar?

Las ventanas de tu casa seguramente son de aluminio. Hay partes de los coches, de las motos o de las bicicletas que son de aluminio. Los cables de las torres de alta tensión son de aluminio, porque sería muy caro hacerlos todos de cobre. El fuselaje de los aviones está hecho de aluminio. Cualquier estructura metálica que veas por la calle contiene, en parte, aluminio. El aluminio tiene una capacidad de resistencia y ligereza que son capitales para fabricar muchas cosas hoy en día.

Hablemos de otro material: el vidrio. Este invierno han aparecido varias noticias en los medios que explican la escasez de vidrio para poder embotellar el vino, el cava y otros licores. ¿Cómo se explica que falte vidrio si es un material reutilizable?

El vidrio también está relacionado directamente con el gas y, en general, con la crisis energética. Todos los procesos industriales que requieren calor industrial necesitan grandes consumos de gas. Es cierto que el vidrio se recicla, pero el problema es que producimos mucho más del que reciclamos. La demanda es muy alta y creciente. Y no llegamos solo con el reciclaje. Habrá que reciclar mucho más, pero, atención, para reciclar el vidrio, hay que fundirlo de nuevo, y, por lo tanto, necesitará consumir más gas.

Y el último ejemplo de cosas que están subiendo de precio: el papel.

El papel es un caso diferente. Aquí se juntan muchos factores que están provocando una subida de precio. La causa principal es el encarecimiento del transporte; entre otras cosas, porque tanto los bosques como las grandes plantas de celulosa están lejos y, por lo tanto, tienen unos costes importantes en transporte. Pero, a la vez, hay problemas con los productos químicos que se usan en el proceso de la elaboración del papel, como el cloro, que, de hecho, también requieren el uso del gas.

A ver, para acabar, debo decirle que los críticos con Antonio Turiel le tildan de catastrofista, de ver solo los problemas que tiene la transición a las renovables y de no aportar nunca soluciones como las que buscan constantemente los científicos y la industria. ¿No hay ninguna alternativa?

Sí, sí. Lo que yo denuncio es que no podemos mantenerlo todo igual como hasta ahora simplemente sustituyendo el petróleo por equis. Lo que están haciendo los gobiernos y la industria es intentar cambiar la fuente de energía, y mantener nuestro nivel de consumo. Yo, y mucha otra gente, proponemos un cambio más radical. Hay estudios científicos que demuestran que podríamos tener un nivel de vida similar al actual y más equitativo en todo el planeta consumiendo el equivalente a la décima parte de la energía que consumimos hoy en Occidente. ¡Tendríamos que ser conscientes de que, la mayor parte de la energía que producimos, la derrochamos! Pero esto implica cambiar el modelo de consumo.

Pero ¿cómo? ¿Cómo se puede reducir el consumo de energía y mantener el nivel de vida?

Atención: yo digo mantener el nivel de vida, no el estilo de vida. El nivel de vida bueno viene determinado por las cosas que nos dan bienestar. Por ejemplo, seguramente no tendríamos un coche para cada familia; seguramente no tendríamos una lavadora para cada piso, sino que compartiríamos lavadora con todo el bloque de pisos. Este tipo de cambios no harían bajar nuestro nivel de vida. Las maneras de consumir tienen que ser diferentes. No podemos seguir con un consumo desechable, de derroche, de consumismo sin sentido, de obsolescencia programada de la mayoría de los productos. Hay muchos sectores tecnológicos en los cuales ya tenemos los conocimientos técnicos para hacer enseres prácticamente indestructibles. Ya se podría hacer un ordenador prácticamente eterno; se pueden hacer bombillas casi eternas. Pero no se hace, evidentemente, porque el incentivo es para consumir más. Hay mucha gente que se pone de mala hostia con quienes decimos esto, porque este cambio de modelo de vida atenta contra el principio sacrosanto del crecimiento.

¿Pero nos quedaremos realmente sin energía? No ves ninguna opción realmente para un futuro energético basado en las renovables…

La clave es no obsesionarse por tener energía renovable eléctrica, a pesar de que es muy útil en algunos sectores, sino también aprovechar la energía renovable no eléctrica, es decir, la solar para producir calor, la energía mecánica del viento y de los ríos para las fábricas, usar biomasa de forma moderada para producir plásticos o papel… Y, por último, relocalizar la economía. Pero este cambio implica acompasarse con los ritmos de la naturaleza y no tener una producción infinitamente creciente. ¡El problema es que no podemos ni empezar este debate! Porque esto implicaría unos cambios tan radicales en nuestro sistema económico que hoy en día son impensables."             

(Entrevista a Antonio Tueriel, Sergi Picazo, Climática, 22/03/22)