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4/7/24

En la vuelta de la náusea parda, lecciones de los años treinta

 "Los años treinta están ante nosotros, decía en 1990 el filósofo Gérard Granel, porque aquello que permitió la catástrofe fascista sigue ahí: la explotación del ser humano, la devastación del mundo, el darwinismo social a través de la “competencia” y de la “competitividad”, la elección de los ricos, para quienes “es mejor Hitler que Blum”. Pero, tanto en historia como en política nada está escrito de antemano. En la náusea parda en la que nos abruma el poder necesitamos perspectivas, y habrá que agradecer a François Ruffin por haber abierto el camino: la crisis económica, social y la desesperanza pueden llevar al nazismo, cierto, pero también al Frente Popular.

Ante el ataque del 6 de febrero de 1934  contra la Cámara de Diputados, un vasto movimiento social, compuesto por militantes socialistas y comunistas, junto con los sindicatos, impuso la unión. Los aparatos partidistas de esas izquierdas que se creía que eran irreconciliables, fracturados por las escisiones de 1919-1921 entre leninistas y socialistas, acataron el llamado y sellaron un acuerdo en torno a un programa de gobierno: apuesta ganadora en las elecciones municipales de 1935 y en las legislativas de 1936.

No podemos imaginar el esfuerzo que hicieron los comunistas para aliarse a los “partidos burgueses” y, por su lado, los radicales para marchar junto a los “bolcheviques”. Ellos le evitaron a la Francia de 1936 una derecha que sólo buscaba la austeridad, el orden y una solución autoritaria. Ellos nos legaron derechos sociales que nos permiten, aún hoy, vivir una vida más humana, y esa dignidad fue conquistada en las urnas, durante las huelgas y en el enfrentamiento a una patronal seducida por la solución nazi y admiradora de Hitler.

Aprender las lecciones hasta el final 

Pero el Frente Popular descarriló, y hay que aprender las lecciones hasta el final. Los radicales (Partido Republicano, Radical y Radical-Socialista, para llamarlo por su nombre exacto) eran el equivalente ideológico y sociológico del Partido Socialista actual, un partido de políticos de carrera, moderado, entre una derecha sensible al orden, a la austeridad, distante de los movimientos sociales, y algunas figuras de izquierda como Jean Zay, Pierre Mendès-France o Édouard Daladier. Sin embargo fue este último quien, después de impulsar la unión, ejecutó en 1938 el mismo viraje que en 1926 y 1934: tras haber sido elegidos como representantes de izquierda (primero bajo el nombre Cartel des Gauche y Neo Cartely después como Frente Popular), los radicales, dos años más tarde, rompieron la alianza y dejaron el poder a la derecha (1926) o decidieron aliarse con ella (1934 y 1938).

Estos constantes  “virajes” los encontramos también en el Partido Socialista: elegido por la izquierda en 1981, antes del “giro de austeridad” de 1983 reclamado por Jacques Delors; vencedor en 1997, antes de poner en marcha una política de privatizaciones más acusada que la de Chirac y Balladur; firmante de los acuerdos de la NUPES  en 2022, antes de romperlos un año más tarde.

Una moral de especulador desvergonzado 

Otra lección de los años treinta, esta vez a la derecha. Es inútil especular sobre los motivos que llevaron a Emmanuel Macron a la disolución de la Asamblea Nacional. Lo más probable es que se imagine vencedor de esta nueva “apuesta”. La combinación de las instituciones monárquicas de la V República y de su psique infantil le llevan a creer en la taumaturgia: tras haber sobrevivido a los ‘chalecos amarillos’ mediante una represión violenta y masiva, un cheque de 10.000 millones y “el gran debate”, imaginó apagar el incendio neocaledonio con su sola presencia (fracasó) y, por lo tanto, en el franglés de los gerentes macronistas, “prendre son risque” (“toma el riesgo”).

Una moral de especulador desvergonzado, porque nunca paga las consecuencias de sus actos: una victoria de Rassemblement National (RN) la sufrirían los extranjeros, los pobres, los débiles, pero también los militantes de izquierda y los ecologistas, esos que ya son vilipendiados tanto por los macronistas como por Rassemblement National. Porque estos y aquellos, por lo general, están de acuerdo en todo. Tras un pequeño sobresalto soberanista y social con Florian Philippot, Marine Le Pen ha vuelto a los fundamentos de la extrema derecha, lo probusiness, antisocial y antiecologista.

Los liberales y la extrema derecha comparten siempre el mismo enemigo: la izquierda redistributiva, que cuestiona un orden social injusto y una economía que destruye a las mujeres, a los hombres y a los seres vivos. Tienen las mismas obsesiones: una fiscalidad favorable a los ricos, la promoción de jerarquías “naturales” (en detrimento de todas las minorías, de los obreros, las mujeres y también de los jóvenes), la exaltación del orden (injusto y, en consecuencia, cuestionado e impuesto por medios represivos), la relación distante y laxa con las normas y con el Estado de derecho, la destrucción del medio ambiente y la represión masiva de los “ecoterroristas”.

La apuesta por el desgaste del poder 

Muchos se preguntan, en efecto, qué cambiaría con una persona de Rassemblement National al frente del gobierno francés y del Ministerio del Interior: serán las mismas tanquetas Centaure las que rodarán contra los opositores en la autopista A69 y contra los Kanak, las mismas escopetas de balas de defensa que sacarán ojos y arrancarán manos. Fueron los liberales italianos los que entregaron el poder a Mussolini en 1922; los liberales autoritarios quienes, junto a la clase empresarial, escogieron a Hitler al final de 1932; y los partidos liberales (FDP, FPÖ, CNI y luego la UDF) quienes, por “anticomunismo”, acogieron y reciclaron a los antiguos fascistas, nazis y colaboracionistas de Europa en 1945.

La última lección para reflexionar: la apuesta por el desgaste del poder. Deshagámonos de la suposición según la cual, “al darles las llaves, probarán su incompetencia y se desacreditarán a futuro”. Ese razonamiento (muy defendido por ciertos sectores del macronismo para justificar la disolución de la Asamblea) ya lo escuchamos en 1922 y 1932; en cambio, habríamos debido oír a Goebbels, que escribió en su diario: “Si llegamos al poder no nos iremos nunca, salvo muertos”. Promesa cumplida por aquel que asesinó a sus hijos y a su esposa antes de suicidarse frente al búnker.

Recordemos que los nazis, en los años treinta eran vistos como la primera opción política y económica: habían destruido a la izquierda más antigua y mejor organizada del mundo, habían retomado los fundamentos de la economía alemana a través de la fabricación masiva de armamento y habían hecho de Alemania una zona óptima para la inversión, donde todos los capitales querían circular, mientras que los equivalentes a Le Point o a Journal du dimancheen la Francia de la época soñaban con entrevistar al famoso “canciller Hitler”.

Ciertas élites eligen la peor opción 

Con un Rassemblement National que cuenta con el 50% de popularidad entre las fuerzas del orden, con los medios derechizados y un gobierno débil y violento que, desde el affaire de Benalla hasta la represión de los ecologistas, retomó meticulosamente el vocabulario, la gramática y las ideas de la extrema derecha, es mejor evitar tomar ese riesgo, teniendo en cuenta que una victoria de Agrupación Nacional puede desencadenar las acciones de militantes identitarios que cuentan con la simpatía de la policía, cuyos sindicatos se manifestaron frente a la Asamblea Nacional en presencia y con el aval del ministro del Interior y del prefecto de policía de París contra la “justicia” y la “Constitución”.

La alianza entre el liberalismo autoritario y el fascismo es un clásico del siglo XX. Se teje ante nuestros ojos desde 2017, en los medios que imponen los marcos y los temas de la extrema derecha, en un gobierno que se alía con ella (para establecer un duelo excluyente, o incluso para votar con ella), y todo en detrimento de una población que, según todas las encuestas, sueña, imagina y desea otra cosa que no sea el individualismo desenfrenado, la toxicidad gerencial, la competencia permanente y la devastación del mundo. Ciertas élites eligen la peor opción debido a sus intereses y la imponen a pueblos hipnotizados por medios sesgados. ¿Quién recuerda todavía que en 1933 la mayoría aplastante de los alemanes se oponía a la guerra?"           

(Johann Chapoutot es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de París-Sorbona. Especialista en el estudio del nacionalsocialismo. CTXT, 30/06/24)

5/1/23

En la ceremonia de los Óscar, un actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está dejando de existir... Incluso los actores tienen problemas para distinguir la realidad de la ficción

 "EL FIN DEL HUMANISMO.

 En la ceremonia de los Óscar, un actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está dejando de existir. No se entiende. Incluso los actores tienen problemas para distinguir la realidad de la ficción. 

De manera que, en ausencia de esa distinción, todo es no-ficción. Todo (...) tiende a ser, por tanto, cierto, por lo que desaparece lo no cierto, el arte… la ironía. El siglo XXI puede ser, si nadie se ríe, una suerte de siglo IV, en el que desapareció el 90% de la cultura anterior.  Por lo mismo, empieza a ser una buena época para las culturas reaccionarias. (...)"           (Guillem martínez, CTXT, 31/12/22)

19/2/21

Hay más suecos que italianos que tienen puntos de vista antifeministas... La Europa del odio...

 "Pocos considerarían a Italia, conocida por su política "machista" y sus líderes de extrema derecha que promueven los roles de género "tradicionales", como un punto de acceso para los valores feministas en Europa. Pero una nueva encuesta, realizada a fines de 2020 y publicada ayer, sugiere que esto puede estar cambiando.  

De los ocho países europeos incluidos en la encuesta, que contó con 12.000 encuestados, los italianos eran los menos propensos a culpar al feminismo de los sentimientos de marginación y demonización de los hombres. 

 Mientras tanto, en Suecia, considerada durante mucho tiempo como un bastión de las políticas progresistas de igualdad de género, más personas (41 por ciento) que en cualquier otro lugar encuestado dijeron estar al menos de acuerdo con la afirmación: 'Es culpa del feminismo que algunos hombres se sientan marginados de la sociedad y demonizado. 

 Daniel Poohl, editor en jefe del grupo sueco anti-extremismo Expo, dijo a openDemocracy que "las sorprendentes opiniones antifeministas de los suecos" podrían explicarse en parte como una reacción violenta a los movimientos feministas exitosos. "Algunas victorias del feminismo sueco en los últimos años podrían haber activado el surgimiento de fuertes actitudes opuestas", dijo.

 Después de Suecia, alrededor del 30 por ciento de los participantes en Polonia expresaron opiniones antifeministas, seguidos por el Reino Unido (28 por ciento), Francia (26 por ciento), Hungría (22 por ciento), Alemania (19 por ciento) y el Holanda (15 por ciento). Sin embargo, solo el 13 por ciento de los encuestados italianos expresó tales opiniones y el 65 por ciento dijo que estaba muy o algo en desacuerdo con ellas. Simone Rafael de la Fundación Amadeu Antonio en Alemania, que encargó la investigación junto con Expo y HOPE not Hate en el Reino Unido, calificó la magnitud de la opinión antifeminista en Europa como "muy preocupante". 

Nick Lowles, director ejecutivo de HOPE not Hate, agregó que, en muchos países, una 'agenda antifeminismo' ahora está 'envuelta en las crecientes guerras culturales de derecha que es mucho más agresiva, retórica bastante violenta y se usa particularmente por hombres más jóvenes '. 

"Estado de odio" 

La encuesta de los grupos anti-extremismo se encargó como parte de un nuevo informe titulado "Estado del odio: extremismo de extrema derecha en Europa". También reveló que al menos una cuarta parte de los encuestados dijeron que tenían sentimientos negativos hacia los musulmanes. Casi un tercio reflejaba opiniones hostiles hacia los inmigrantes en general y más de un tercio reflejaba esas opiniones sobre los romaníes. 

 “Este informe muestra que la amenaza contra la democracia está cambiando de forma y estrategia. La extrema derecha de hoy es un movimiento transnacional que organiza a sus partidarios a través de redes en lugar de organizaciones anticuadas ", dijo Poohl. Antes de las elecciones al Parlamento Europeo de 2019, openDemocracy descubrió cómo una docena de grupos "fundamentalistas" de derecha cristiana de Estados Unidos habían invertido al menos 50 millones de dólares de dinero oscuro en Europa durante una década, impulsando a la extrema derecha que buscaba victorias récord ese año. Lowles dijo que las ideologías extremistas ahora están "internacionalizadas como nunca antes", y "la resistencia también debe serlo".

Según la encuesta, la mayoría de los encuestados en Hungría tienen opiniones negativas hacia los inmigrantes (60 por ciento) y los musulmanes (54 por ciento). Estas cifras son aproximadamente el doble que en el Reino Unido, donde el 30% tiene esa opinión sobre los inmigrantes y el 26% sobre los musulmanes. Cuando se les preguntó si simpatizaban con las protestas de Black Lives Matter contra el racismo y la discriminación contra las minorías, la mayoría de los encuestados en Alemania (52 por ciento), Suecia (51 por ciento) y el Reino Unido (51 por ciento) dijeron que sí. Este no fue el caso en ninguno de los otros países encuestados.
 
 "Gran desconfianza" en las autoridades 
 
El informe también destacó un "pozo profundo de desconfianza" en las autoridades, y agregó que los populistas y extremistas de toda Europa podrían intentar explotar ese entorno. El desencanto político fue particularmente pronunciado en Italia y Francia, donde el 79% y el 67% de los encuestados, respectivamente, dijeron que pensaban que su sistema político estaba total o parcialmente roto.
 
 Estas cifras también fueron elevadas en Polonia (63 por ciento), el Reino Unido (58 por ciento) y Hungría (55 por ciento). `` La escena europea de extrema derecha y antidemocrática está conectada de muchas maneras en la actualidad: es el antisemitismo, la islamofobia y el pensamiento de supremacía blanca lo que concuerdan los enemigos de extrema derecha de la democracia '', concluyó Anetta Kahane, presidenta de Amadeu Antonio Fundación. Este informe, argumentó, "hace visibles los puntos en común de que debemos luchar juntos para proteger la democracia y los derechos humanos en Europa".   
 
 ( , Social europe,   This article was originally published on opendemocracy.net)

11/10/18

El Fascismo que viene... Si éste vuelve a encarnarse en el siglo XXI, no vendrá precedido por desfiles con antorchas o escuadras de camisas negras. Hoy es compatible con trajes Armani o Gucci de raya impecable y blanco impoluto, siempre que en su programa junto al culto al líder, seguidismo gregario y odio al enemigo común, defienda la ganancia sin límites legales o éticos

"No caigamos, por uso y abuso a la hora de etiquetar acciones o arrojar el vocablo al adversario como arma, en la banalización del concepto “Fascismo”. Si éste vuelve a encarnarse en el siglo XXI, no vendrá precedido por desfiles con antorchas o escuadras de camisas negras.

Hoy es compatible con trajes Armani o Gucci de raya impecable y blanco impoluto, siempre que en su programa junto al culto al líder, seguidismo gregario y odio al enemigo común, defienda la ganancia sin límites legales o éticos y la sacrosanta propiedad privada. El sustantivo es lo de menos: al Poder le da igual llamarlo “x”.

Aunque eso no impida guardar para “perfomances” simbólicas los guiños a las raíces, tipo líder con torso desnudo, émulo de Mussolini borrando pintadas obscenas de fachadas de barrios obreros mientras saluda a cámara o paseos del «Jefe» saludando a la multitud que vitorea acompañado de cura con hisopo -no importa la acusación de pederastia que le acompañe- encargado de bendecir las nuevas instalaciones religiosas oportunamente financiadas a costa del erario público. Todo sea por mantener la llama de la herencia histórica cristiana.

Como enfermedad ideológica contagiosa y mutante puede colonizar voluntades de muy diversas maneras. El martes 18 nos sorprendía esta noticia: la voz más influyente de las redes en Italia es Francesco Gangemi, albañil en paro (eldiario.es)

Desde su página “Pongamos a parir a todos”, genera millones de interacciones siempre que con frases simples fustigue a los inmigrantes. Afirma que si los defendiera no se comería un clic. Con la acción logra ingresos extras que le ayudan a sobrevivir, cumpliendo de camino el sueño capitalista de comercializar hasta el odio. Y como de desfachatez va sobrado, proclama, tras poner en la diana a miles de seres humanos, un “a mi la política no me interesa”.

Versión latina de nuestro producto nacional, ese españolito adosado a la barra del bar con soluciones para todos los problemas tras la frase “Eso lo arreglaba yo…”. La aseveración siempre va acompañada, en modo boca chica, con un “soy apolítico” que, al calor de las pullas de los contertulios, va subiendo, subiendo, hasta dejar salir del alma al franquista que lleva dentro.

 Que se lo digan si no a Begoña García, diputada del PP en la Asamblea de Madrid cuando con la excusa de una pregunta a un Consejero de su partido, hoy calificaba al general asesino de «Caudillo victorioso». Eso sí, la risa no la dejaba continuar. Para ella debe resultar muy gracioso recordar al sembrador de decenas de miles de cadáveres en las cunetas patrias.

El espécimen ya se dio en la Alemania de 1945 bajo la coartada del «yo no sabía nada, no imaginaba que les harían eso» para referirse al trágico destino del vecino judío al que rompió la cristalera y al inquilino comunista del segundo denunciado por la aria comunidad, a los que vieron desaparecer una noche tras las garras de la Gestapo.

Porque el Fascismo no es peligroso cuando se mantiene en teorías y disquisiciones académicas anexas refutables con dialéctica y principios. Lo es cuando baja al suelo y se instala en el comportamiento, lo cotidiano, el entorno cercano.

Como doctrina se propaga de manera extraordinaria con las “fakes news” (versión tecnología punta de la archiconocida máxima nazi “mentira mil veces repetida”), la negación de lo evidente como hace Aznar en el Congreso, las difamaciones bajo cuerda, los cánticos de barras bravas, hooligans y otras faunas futboleras.

Porque sus mentores saben que para cerrar las Fronteras, la primera abertura a sellar es la de la Mente. Y conseguido esto, sobran los Trump y los muros de Israel.

No necesita ni recurrir a la clásica amenaza militar. Los golpes de Estado ya no los dan uniformados. Ahora las grandes corporaciones preparan el terreno, un sector a nómina de políticos electos sirve de felpudo/ariete y los Tribunales ejecutan. No hace falta quemar el Reichstag físicamente y echarle la culpa a Marinus van der Lubbe para torcer la voluntad del Parlamento elegido. Que lo pregunten en Honduras, Paraguay, Argentina, Brasil… A los gobernantes aunque hayan tragado durante su mandato con el diseño y el Sistema neoliberal, a poco que planteen limar las aristas más negativas les aplican el “imperio de su ley”. El fascismo se nutre del miedo.

Para fascistizar a la sociedad son esenciales dos armas: enemigo común e intolerancia. La primera es el pegamento que aglutina porque ofrece un culpable: ese emigrante “que vino a quitarte tu puesto de trabajo, vivir de las subvenciones y violar a nuestras mujeres”.

Y, parodiando a Martin Niemöller, el resto respiran con un «yo no lo soy».

La intolerancia la arman mezclando parte y todo. El peligro lo encarna el islamista, presto a invadirnos y sembrar el caos. El fanático foráneo. No importa el fanático autóctono porque es él.

El Poder siempre utiliza más de una baraja, conjugando a la vez el neoliberalismo y su teórico contrario siempre que las discrepancias de forma no cuestionen el resultado final y, confiado en la seguridad que da saber que al enseñar Guatepeor -llámese Orban, Le Pen o cualquier primo político-, nadie le cuestiona su actual Guatemala.

En este contexto, que Matteo Salvini en su juventud estuviese en la órbita del centro social de izquierda «Leoncavallo» o que en 1997 fuese en las listas de los comunistas padanos no tiene la menor importancia. Me impactan mucho más sus soflamas de ultraderecha en el atril de la Liga Norte bajo un letrero que reza “Los italianos primero”. Con eso y con que sirve de coartada a los titiriteros que mientras lo mueven gritan «que viene el coco», me basta.

Lo siento, pero, desde mis cortas luces, vinculo el origen del movimiento obrero a un opúsculo escrito en 1848 que proclamaba “Proletarios de todos los países, uníos”. Y a una organización que no en balde se llamó «La Internacional» acompañada por un himno estremecedor que no hablaba de fronteras y naciones sino de parias y famélica legión.

¿Que es necesario ocupar el Estado en su concepción nacional burguesa y utilizarlo de ariete para asaltar los cielos? No lo discuto.

¿Que Lenin cogió el tren ofrecido por el enemigo para llegar al andén de la Revolución? Me encanta la anécdota. Pero Vladimir no era un simple pasajero, era un excelente conductor y conocía los vericuetos del camino al que pretendía llegar.

No hace falta corretaje ni dialéctica de puños y pistolas. Al nuevo totalitarismo que emerge le basta con decir «mira el pajarito» en formato medio de difusión ideológica para desviar la atención de un público que aplaude mientras le roban la cartera..

Hace muchos años -lo reproduje en otra ocasión-, Marcelino Camacho me regaló una excelente anécdota. Contaba que Rodrigo Rato le interpeló un día con un “Marcelino, mi padre -Ramón Rato, encarcelado durante tres años por evadir millones de pesetas de los años 60 a Suiza- también estuvo encarcelado por Franco como tú”. A lo que Marcelino respondió: “Sí, pero no por lo mismo, no por lo mismo”.

¿Podemos coincidir alguna vez desde nuestras posiciones con la extrema derecha en la crítica al capitalismo salvaje que ejecuta la UE, las tropelías de un Euro diseñado para garantizar la hegemonía alemana, las políticas migratorias o el seguidismo de Bruselas ante el militarismo estadounidense?. Sí, pero no por lo mismo, no por lo mismo."                   (Juan Rivera, Colectivo Prometeo, 29/08/18)

30/7/18

Salvini: '¿Os gusta? Estoy trabajando para vosotros. ¿Quién de vosotros me acompañará? Os las dedico [una foto con unas flores]. A quien está solo, a quien no se rinde, a quien no tiene tiempo que perder odiando o envidiando. A quien tiene un sueño. ¡Os quiero!'... ¿Quiénes forman parte de ese 'vosotros' al que se dirige Salvini? Un 13,2% de los italianos mayores de 16 años no cuenta con una persona a la que pedir ayuda. El 11,9% no tiene a nadie a quien contarle sus problemas personales (en Francia es el 17,7%). Uno de cada ocho italianos se siente solo... además de 5 millones de parados, 2,5 millones de trabajadores pobres, y 18 millones de personas (30% de la población residente) en riesgo de pobreza... una mina de consumidores frustrados y exiliados interiores con un común abismo identitario

"(...) Os quiero. Sabed que os necesitaré. Decidme: ¿qué tal he estado? ¡Estoy cabreado! ¡Juntos se puede! Ahora os toca. ¿Os gusta? Estoy trabajando para vosotros. ¿Quién de vosotros me acompañará? Os las dedico [una foto con unas flores]. A quien está solo, a quien no se rinde, a quien no tiene tiempo que perder odiando o envidiando. A quien tiene un sueño. ¡Os quiero! 

Son frases extraídas de los tuits de Matteo Salvini sobre las que luego dicen que actúa la Bestia, el sistema que controla sus redes sociales y analiza cuáles son los posts y los tuits que funcionan mejor y cuáles son las personas que más han interactuado para modificar, en función de esos datos, la estrategia política de propaganda.

El propio Salvini apunta que este nuevo lenguaje, “directo, sencillo, concreto”, marca la diferencia, junto con el empleo de las redes, con respecto a la vieja política. Como se ve, se trata de oraciones simples, exclamaciones y preguntas retóricas. Con un elemento en común, un empleo constante de la primera y segunda persona del plural, y una línea roja: nada de insultos ni de malos tonos. Que abunden las sonrisas. 

Como mucho el sarcasmo. “Matteo” –sus interlocutores se dirigen al viceprimer ministro y ministro de Interior por su nombre de pila o con el cariñoso apodo de El Capitán– habla siempre a un “vosotros” para formar un “nosotros”. Y lo hace mediante un hilo directo, domingos incluidos, de incluso más de 10 tuits en un día. Así es cómo ha conseguido levantar su “Comunidad”. (La llama tal cual, con mayúsculas). (...)

¿Y quiénes forman parte de ese vosotros al que se dirige Salvini? ¿A quién pretende persuadir integrándolo en su Comunidad? Parece plausible, a juzgar por esa ininterrumpida interpelación lingüística, que se dirige a personas que se sienten solas. Según datos recientes de Eurostat, un 13,2% de los italianos mayores de 16 años no cuenta con una persona a la que pedir ayuda. 

Se trata del porcentaje más alto de Europa, cuya media rondaría el 6%. El 11,9% de los italianos no tendría a nadie a quien contarle sus problemas personales (en Francia el dato se dispara hasta el 17,7%). En pocas palabras, uno de cada ocho italianos se siente solo. La soledad constituye ya un problema de salud pública de tal magnitud que la primera ministra británica, Theresa May, ha anunciado la creación de un ministerio específico. 

Bien mirado, es un enorme caladero de votos, donde, con buenas redes, se puede ganar muchísimo apoyo. Piénsese, por otro lado, que, incluso en el caso en que uno no se sienta excluido, al usar Internet todos nos aislamos. En el 48º Informe Censis, se afirma que la mitad de los usuarios de la Red pasa en ella, o sea, “solos”, más de 5 horas al día. Otro enorme caladero de cuerpos solitarios.

Si algo es flexible y mutante en la sociedad de consumo, donde todo cambia aún más rápido que el deseo, es la identidad. Un país en crisis con 5 millones de parados, 2,5 millones de trabajadores pobres, y 18 millones de personas (30% de la población residente) en riesgo de pobreza o exclusión social es –siguiendo a Bauman– una mina vagante de consumidores frustrados y exiliados interiores con un común abismo identitario. 

Es en ese vacío que tanto se parece a aquel otro del fascismo, el “que se había abierto en las almas, en la depresión de las voluntades”, donde sobreviene el eslogan “Primero los italianos” o la sentencia “El Estado somos nosotros” del vicepresidente del Gobierno Luigi di Maio (Movimiento 5 Estrellas). Es ahí donde crece este nuevo “nosotros” que tan profundamente ha dividido al pueblo italiano.

Entre los seguidores de Salvini hay de todo: veteranos militantes de la Liga Norte, fanáticos seguidores del Capitán, pequeños empresarios, autónomos, y también, como dijo el viejo líder de la Liga Umberto Bossi a propósito de la copiosa asistencia de habitantes del sur a la mítica reunión en Pontida, “un montón de gente interesada en que la mantengan”. 

Sin embargo, más allá de la fidelidad, la fe en el audaz Matteo o el interés material, al ofrecer una identidad sólida, muchos ciudadanos de todas las clases sociales han hallado, finalmente, la identidad. Ya son algo, ya son alguien, son Italia. 

“Nada le cuesta más al hombre medio que soportar el sentimiento de no poder identificarse con un gran grupo”, decía Erich Fromm, que añadía: “El miedo del aislamiento y la relativa debilidad de los principios morales pueden ayudar a cualquier partido, una vez que haya conquistado el poder del Estado a asegurarse la lealtad de una gran parte de la población”.

Renacida, pues, la identidad perdida en las almas, todo aquel que se oponga de alguna manera a la línea política que marque el Gobierno, ya sea una potencia extranjera, una ONG, un intelectual, un famoso futbolista o un cura rojo, se vuelve así enemigo de la patria, y por tanto, podrá ser tildado con sorna de “envidioso”, “buenista”, “radical chic” o “siniestro”; podrá ser amenazado o querellado, o en el peor de los casos, el de los emigrantes, será el “invasor” culpable del paro, los salarios bajos, la pérdida de valores: el enemigo común de la identidad nacional. 

Hoy poco importan los hechos, las mentiras. Según Davide Casaleggio, ideólogo del M5E, “lo que cuenta es la percepción [la cursiva es mía] que tienen los ciudadanos que se confrontan con la inmigración a diario en las ciudades, los pueblos y el territorio”.  (...)"                  (Gorka Larrabeiti, CTXT, 24/05/18)

5/1/18

Estamos instalados en la sociedad del miedo. La cuarta revolución industrial está provocando la generalización del miedo a no conseguir trabajo o a perderlo

"Estamos instalados en la sociedad del miedo. En lo que Tony Judt llamó en 2010, poco antes de morir, “una nueva era del temor”. Antes, en los años treinta del pasado siglo, se vivió una etapa similar que llegó a las puertas del abismo y en la que brilló sin rivales la alternativa socialdemócrata.

 Tanto que, cuando hoy se balbucean posibles respuestas, todas llevan esta marca. Pero también sabemos que aquellas recetas no sirven hoy, que nuevos idiomas exigen nuevas sintaxis. Que las ideas zombi son eso, ideas muertas.

Nada es estable. Vivimos en un mundo convertido en una “fábrica de temores”, en una “sociedad del miedo” como la califica en un libro reciente el sociólogo alemán Heinz Bude, que con razón apunta que la pista a seguir es el miedo porque “nos enseña qué es lo que nos está sucediendo”.  

Si no nos dejamos confundir con ensoñaciones, sabemos que los empleos son cada vez menos estables, que los sistemas públicos al servicio de la igualdad de oportunidades, como la sanidad o la educación, están en situación de riesgo, que los revolucionarios cambios tecnológicos de lo que algunos llaman la “cuarta revolución industrial” navegan sin control social.


Frente al miedo que estalló en los años 30, Franklin D. Roosevelt respondió con su “lo único de lo que debemos tener miedo es del propio miedo”, y con medidas nuevas propias de un Estado socialdemócrata, como seguros ante el desempleo o la jubilación, y medidas para una sanidad pública.

 Después de la Segunda Guerra Mundial, en parte de Europa se creó un Estado de bienestar, democrático y constitucionalmente fuerte, con una fiscalidad alta y con resultados indiscutibles. Como dice Judt, “seríamos unos insensatos si renunciáramos alegremente a este legado”.

¿Tiene futuro la socialdemocracia actual? Si no responde a los temores que intimidan hoy a la gente, ningún futuro. Los viejos partidos socialdemócratas europeos llevan años de conversaciones agotadas o, peor, de desesperadas imitaciones de sus adversarios. No existe hoy una respuesta socialdemócrata a esta nueva “era del temor”. Cuando Felipe González regresó de su viaje como presidente del gobierno a China, exhibió su emoción por lo que vio con su célebre “gato blanco, gato negro, lo que importa es que cace ratones”

 Hace pues mucho tiempo que a los líderes socialistas europeos se les olvidó qué importante es para la gente el color del gato. Olvidaron que para la socialdemocracia, más que las leyes de la economía, lo prioritario son las consecuencias de la economía, que, como nos enseñó Karl Polanyi, no se trata de poner la sociedad al servicio del mercado, sino al revés. 

Luego vimos cómo esos líderes socialdemócratas transitaban sin complejo de los sillones del gobierno a los de los Consejos de Administración de las grandes empresas y entendimos qué quería decir Judt con eso de “a estos tipos les gusta el dinero”.

Sí, alta traición. Corrompieron el fin para el que nació la socialdemocracia, el de enfrentarse a los temores de la gente.  Hoy, cuando crecen nuevos miedos, y más incontrolables que nunca, conviene resaltar que el dilema no es entre capitalismo y comunismo, sino entre la política de la cohesión social y la erosión de la sociedad mediante la utilización de la política del miedo, entre una nueva alternativa socialdemócrata y la opción de los fundamentalistas del mercado. 

Urge un giro discursivo en la “izquierda de gobierno” ante la velocidad a la que se multiplican las nuevas fuentes del temor en las sociedades de las nuevas revoluciones tecnológicas.

 Hasta la gente del Foro Económico Mundial, como su fundador Klaus Schwab en La cuarta revolución industrial, se alarma ante las tendencias destructoras del empleo y señalan que, para detener esa deriva, habría que “reescribir nuestros manuales de economía”.

 Frente a la demagogia de los “neoliberales con boina”, los que voluntariosamente dicen que, como siempre, los cambios tecnológicos dejarán un balance de empleos positivo, los poco sospechosos líderes de Davos apuntan que hasta ahora, en contraste con revoluciones tecnológicas anteriores, las evidencias demuestran lo contrario. El resultado: en los países más desarrollados está aumentando la riqueza a la vez que aumenta sin parar la pobreza.

El ecosistema laboral tal y como lo hemos conocido se está desmoronando. Por eso puede crecer el PIB y el número de ocupados, como exhiben cada día los partidarios de Mariana Rajoy, al tiempo que se reducen las condiciones de bienestar de la mayoría de la población. La cuarta revolución industrial está provocando la generalización del miedo a no conseguir trabajo o a perderlo

 Se trata de una revolución con la que “los algoritmos están en mejores condiciones de reemplazar a los seres humanos” en todos los campos. Como para no “regular”.
Los resultados de un sondeo del Foro Económico Mundial a ochocientos ejecutivos de las grandes compañías tecnológicas ponen los pelos de punta.

 Con millones de sensores conectados en el “internet de las cosas” se destruirán multitud de empleos poco cualificados. El fenómeno de Uber palidece al lado de las consecuencias para el empleo de los vehículos sin conductor, que espera a la vuelta de la esquina. Los encuestados creen que en 2025 un 10 por ciento de todos los vehículos en las carreteras de los EEUU serán de este tipo. 

Inteligencia artificial, robótica, impresión 3D, tienen repercusiones similares sobre los puestos de trabajo. Un ejemplo: el estudio prevé que a mediados de los años veinte el 90 por ciento de las noticias “podrían ser generadas por un algoritmo, la mayor parte de ellas sin ningún tipo de intervención humana”. ¡Algoritmos asesinos!

En síntesis, caminamos a velocidad de crucero hacia un mundo en el que cada vez más gente compite por cada vez menos puestos por los que se pagan precios cada vez más elevados. “El ganador se lo lleva todo”. Ya no es solo cosa de los Messi y Ronaldo en el fútbol, el modelo se extiende a los mercados de abogados, médicos (“Los cincuenta mejores”), profesores (“el mejor profesor de España”), periodistas y etcétera.

 Un mundo en el que la llamada economía colaborativa, bajo demanda (un conductor de Uber, un comprador de Instacart, un anfitrión de Airbnb, un Taskrabbit), modifica la naturaleza del trabajo y crea no-empleados y futuros no-pensionistas. Es decir: fragmentación laboral, aislamiento, exclusión, deslocalización invisible.

De manera inapelable, como si no hubiera nada que hacer, asistimos a la destrucción de las bases de la vieja socialdemocracia, la que creó una amplia clase media que se convirtió en la muralla de protección del Estado de bienestar. Parece que esa clase media está en proceso de disolución y, al menos en España, quienes deberían estar dedicados a crear una nueva respuesta socialdemócrata contra los nuevos temores parecen incapaces de abandonar la “política del cuplé”.

 Inoperantes ante la urgencia de inventar un nuevo Estado regulador frente a los nuevos miedos. Tony Judt, que veía esa inoperancia, dejó escrito: “Tenemos que comenzar en otro sitio”. No veo aún dónde, pero soy optimista: la epifanía llegará."             (Jesús Cuadrado, Cuarto Poder, 18/12/17)

6/8/15

La Francia liberal e igualitaria se asemeja mucho a Andalucía y Castilla la Nueva, donde está el corazón liberal y un poco anarquista de España

"(...) R. Mire, estoy muy contento de poder hablar con la prensa italiana y española para poder desvelar a nuestros socios del Sur el misterio de la Francia de hoy [se ríe]: por qué Francia apoya a Alemania para que tenga a Europa bajo su bota. Porque Alemania nunca hubiera podido imponer su política de austeridad sin el acuerdo francés. Lo que dice mi libro es que hay dos Francias. 

Una es la Francia liberal e igualitaria (dos tercios del país). Está en el corazón de la cuenca de París, con estructura familiar liberal e igualitaria y que (ya sé que es sorprendente) se asemeja mucho a Andalucía y la nueva Castilla, donde está el corazón liberal y un poco anarquista de España. Tolerante y descristianizada. Y esa es la Francia de la Revolución y el laicismo. 

 Pero hay otra Francia, la periférica (al oeste de los Pirineos, el sur y el este de la región central, el Ródano, Lorena, Alsacia…). Ahí la estructura familiar es troncal, al igual que todo el arco del norte de España entre Cataluña y Galicia. En esta otra Francia, católica hasta hace 50 años, antirrevolucionaria, monárquica, antisemita y vichista. Ahora domina esta última germanófila, autoritaria y amante del euro y la austeridad. Lo que yo pretendo es denunciar esa estafa.

P. Me parece que en el Sur estamos más inquietos a ese respecto con el Frente Nacional que no con la izquierda francesa.

R. El FN no es una amenaza para ustedes. Es horrible, sí. Pero la cuestión es que la inversión es completa. Nuestra situación es como si el FN dominara Andalucía o que el PSOE fuera fuerte en Castilla y León, base histórica del franquismo.

P. ¿Es la laicidad la nueva religión de Europa?

R. Creo que tanta reivindicación de la laicidad demuestra que atravesamos una crisis metafísica, religiosa. La reacción a los atentados de enero fue inmensa, lo que sobrerrepresentó el fenómeno terrorista. Pero el problema no es el islam, sino la crisis terminal del catolicismo. 

Francia vive en la ilusión de que es racional y moderna, que progresa en libertad y valores positivos (emancipación de la mujer, matrimonio homosexual…), pero detrás de toda esa satisfacción hay una angustia subterránea porque por primera vez la humanidad vive sin ninguna creencia metafísica.

P. ¿Acaso la religión es una necesidad intrínseca del ser humano?

R. La gente no puede vivir sin una creencia colectiva. El individuo es otra cosa. El neoliberalismo es para mí una concepción religiosa sobre el mercado absoluto. El fracaso económico, el fracaso del mercado y del euro ha producido una crisis metafísica. Hemos elegido el islam como objetivo de todos nuestros males. Eso nos permite comprender esa movilización increíble, de fe colectiva…

P. En su libro critica duramente el “laicismo radical”.

R. El laicismo radical no es laicidad. Cuando yo era niño, en la escuela laica había capellanes católicos y los viernes se comía pescado aunque nadie supiera por qué. Era una escuela relajada respecto al hecho religioso. Porque la laicidad no es una creencia negativa. Es más bien indiferencia. La situación es hoy muy distinta y acusamos constantemente a los militantes del islam.

P. ¿Cuál es el corazón de Europa?

R. Es Alemania. No hace falta ser antropólogo para saberlo. Alemania en su estructura fundamental familiar es troncal y un tercio es católico, así que un tercio es católica zombi [recientemente descristianizado]. Esa parte es la que instintivamente defiende la austeridad, la autoridad y la disciplina. Yo diría que el catolicismo zombi es el fundamento ideológico de la eurozona.

P. Su idea de Europa es bien distinta al ideal eu­ropeo tradicional.

R. En toda sociedad occidental hay un Charlie durmiente que puede despertar en cualquier momento. La eurozona está paralizada. Vive una mezcla de crisis económica y religiosa porque el euro es el nuevo dios. En el vacío de creencias hay que inscribir también los movimientos secesionistas de Escocia y Cataluña. Es el intento de reconstruir la identidad en esa nación periférica. 

Hubo un sueño europeo, pero en 2015 tenemos ya la certeza absoluta de que el euro es un fracaso monstruoso, aunque sigue siendo, todavía, una religión. Continuamos haciendo sacrificios. Es una crisis religiosa en la crisis religiosa, y es en ese contexto en el que todas las clases medias francesas, cuatro millones, se movilizan [las manifestaciones en Francia reunieron a cuatro millones de personas el 11 de enero contra los atentados]. Es la angustia.

 Y lo peligroso es que esa gente hipermovilizada no está preparada todavía para abandonar el euro. Hay una gran obstinación en mantener esa religión monetaria y hay una gran islamofobia en esas clases medias movilizadas.

P. Tanto el islam como el judaísmo son religiones minoritarias con escaso poder en nuestras sociedades. ¿Dónde está la razón profunda de la islamofobia y el antisemitismo?

R. La posguerra europea, como la transición española, nos hicieron perder la noción de la historia. Estamos viviendo la continuidad. Mire, a mí me trastornó especialmente la matanza en el supermercado judío, el Hyper Cacher. Resistí la tentación tras las matanzas antisemitas anteriores. 

Esta es la primera vez que escribo un libro en tanto que judío. Porque es verdad que hay antisemitismo en los barrios y, sobre todo, en los medios islamistas, pero soy historiador y sé que el único continente que ha masacrado a los judíos es Europa. Jamás ha habido algo parecido en el mundo árabe.

 En mi libro trato de demostrar esa interacción perversa entre la islamofobia y el antisemitismo. Más islamofobia traerá más antisemitismo. Es una trampa de la neo-República, en la que los débiles luchan unos contra otros. El catolicismo zombi en el poder desciende de los antisemitas. (...)"      (Entrevista a Emmanuel Todd, Sociología crítica, 06/07/2015)

31/7/15

El lado oscuro de la modernidad europea... los gitanos

"La historia de Europa, la de los pueblos, ha ignorado, incluso ocultado y tergiversado, si no siempre, al menos desde hace siglos, la de uno de sus componentes, el pueblo gitano. Gitanos, tsiganes, romanichels, zíngaros, gypsies, nómadas, el único nombre que los gitanos se dan a sí mismos es el de rom, que significa «hombre» en hindi. 

El término gitano y el inglés gypsy proceden del siglo XIX, de la llegada de este pueblo a Grecia para establecerse al pie del Monte Gype. Todos estos nombres, con sus infinitas variantes en cada país, reflejan, más que la dificultad de asumir una identidad común, la voluntad más o menos consciente de ocultar esa identidad, de marginarlos.

 ¿Marginarlos de qué? De una Europa cuna de la civilización occidental, de la modernidad y el progreso. De una Europa en la que se construyen las naciones, con su corolario de ostracismo y rechazo. El problema es viejo, pero también actual.

 Recordemos la expulsión de los roma llevada a cabo en Francia a pesar de las leyes europeas sobre libre circulación de personas en Europa, los diversos atentados contra sus libertades y sus derechos, la degradante situación de los roma en Rumanía y los zíngaros en Hungría, la precariedad y la hostilidad que con frecuencia acompañan la vida de los gitanos en España.

El artículo publicado en la revista alemana Eurozine por Klaus-Michael Bogdal, profesor de Ciencia literaria en la Universidad de Bielfeld, que resume su libro Europa erfindet die Zigeuner. Die dunkle Seite der Moderne [Europa inventa los gitanos. 

El lado oscuro de la modernidad] (Suhrkamp, 2011), analiza las diferentes políticas por siglos y por regiones y los enfoques científicos, sociológicos, antropológicos y etnológicos del tema, que resume en el subtítulo de su libro: El lado oscuro de la modernidad.

El primer problema, al interesarse por la historia de los gitanos, es que se trata de una historia escrita por otros. Pasó a primer plano por el genocidio nazi, pero en realidad se extiende a lo largo de 600 años de historia europea. Los gitanos, la mayor parte del tiempo nómadas, sin literatura ni cultura escrita, no han escrito su propia historia. 

Su cultura y sus costumbres, sus identidades múltiples --más o menos cambiantes según los países--, incluso su propia pluralidad de nombres, son atributos descritos o incluso asignados por otros. «Inventados», dice el profesor Bogdal : «La invención del gypsy es la otra cara de la autoinvención del sujeto cultural europeo como agente del progreso civilizador en el mundo».

Llegados alrededor de 1400 a una Europa repartida entre los germanos, los galos, los sajones y los romanos, es decir, grupos relativamente definidos por su origen y sus mitos fundacionales, los roma no explicaron ni su origen territorial (¿tal vez Egipto, como parece evocar el nombre gypsy?) ni sus raíces lingüísticas, que fueron durante mucho tiempo un misterio, ni los motivos de su vida nómada. 

Su religión tampoco estaba clara: cristianos sin sacerdotes ni iglesias, con frecuencia se les acusó de duplicidad y de estar dispuestos, según Martín Lutero, a recibir varios bautismos distintos, en función de los intereses y la situación de cada momento. De ahí a acusarlos de magia, ritos satánicos e incluso canibalismo... 

Por otra parte, como nunca tuvieron un territorio definido, estos «vagabundos», estas gentes de ninguna parte, que llegaban de no se sabía dónde y desaparecían con el mismo misterio, turbaban y siguen turbando a los ciudadanos anclados en su tierra y sus sólidas convicciones.

Las mujeres, en especial, han suscitado numerosas fantasías sexuales en la cultura de los distintos países de acogida. El Romanticismo supo presentar una versión del erotismo y la sexualidad que fuera aceptable para la burguesía utilizando los rasgos de la mujer gitana y sus danzas desenfrenadas. La gitanilla de Cervantes, con sus cantos, sus bailes y su feminidad «salvaje», y la popular Carmen de Bizet, hechizan a los hombres y son objeto de brutal deseo. 

Pero las bellas gitanas nunca se casarán con los hombres del país. Y esa no es la mejor manera de contribuir a su integración. «Pronto predominó un romanticismo gitano pseudofolklórico, y sus iconos, el violinista húngaro y el flamenco andaluz, se convirtieron en un fructífero tema de investigación», escribe el autor.

Su imagen fue relativamente valorada por los antropólogos del Siglo de las Luces, para quienes su posible origen indio, es decir, indogermánico, era señal de que tenían raíces arias. 

Se intentó sedentarizarlos, por medios más o menos brutales, con intención de integrarlos, a costa de perder su lengua, que, conservada desde hacía siglos pero jamás escrita, siempre fue objeto de desprecio por ser una «hija degenerada del sánscrito», del mismo modo que se sospechaba que los roma procedían de una de las castas más bajas de la India, tal vez incluso la de los intocables. 

El fracaso del proyecto de integración y su consecuencia de ostracismo hizo que, siempre con esas mismas buenas intenciones, la sociedad de la Ilustración considerase que los gitanos eran incapaces de tener un auténtico desarrollo.

Con el ascenso de los nacionalismos en toda Europa en el siglo XIX, los etnólogos apasionados por la organización social abordaron esta sociedad oral más como una tribu que como un pueblo. «Una sociedad tribal, no ya pre-moderna sino pre-civilizacional, que vivía en un estado natural, como los indios y los afroamericanos». 

 Empujados a la periferia de las ciudades y los pueblos, a menudo en descampados insalubres y carentes de agua, a los márgenes de las autopistas y bajo los puentes, perseguidos y rechazados, en general, por alcaldes y responsables regionales, sin autorización para trabajar dentro de la organización económica del país (todavía hoy, en Francia y algunos otros países europeos), estos nómadas no tienen ninguna posibilidad de integrarse en los lugares en los que viven. 

Las cifras son incontestables: solo el 40% de los hijos de los 10 millones de roma que viven en Europa está escolarizado (frente al 97% de media general).

La etnología de la época creó, pues, «un pueblo marginal en las periferias de la alta cultura europea». Es lo que el autor llama la «segunda deseuropeización de los roma», después de la primera, la de la antropología de la Ilustración. Fue la reducción definitiva del pueblo nómada a la condición de Otro. 

«La ciencia caracterizó la presencia física, el pensamiento y el comportamiento de los roma de tal manera que su ‘singularidad’ adquirió perfiles aterradores. En Europa no había sitio para ellos. La limpieza étnica empieza siempre sobre el papel», escribe Bogdal. Que es el paso que dieron los nazis. «No cabe la menor duda de que el destino de los gitanos en Europa cuadra con la definición de la ONU sobre la Prevención y Castigo del Crimen de Genocidio».                (   , El País, 12 MAY 2012)

4/2/13

Hablando de equidad y justicia


  • ¿Cabe examinar las decisiones económicas a la luz de la filosofía moral? Sin duda
  • ¿Sería justo acaso que la generación que pagó el retiro de sus mayores no vea su esfuerzo y solidaridad recompensados cuando llegue el momento?
 "¿Cabe examinar las decisiones económicas a la luz de la filosofía moral? Sin duda. A fin de cuentas, los diferentes conceptos de lo que consideramos justo o injusto iluminan los procesos de toma de decisiones de la economía, al ofrecernos una guía sobre la que decidir la distribución de recursos, el acceso a los mismos, y su uso en el tiempo.

 Este examen es aún más perentorio en el caso de las sociedades democráticas, donde, como ciudadanos y no como súbditos, tomamos en nuestras manos la responsabilidad de decidir cómo organizar nuestra vida social. (...)

John Rawls, en la que probablemente ha sido la interpretación hegemónica de la idea de justicia en los últimos 30 años, formuló su principio de justicia liberal atendiendo a criterios de imparcialidad y neutralidad. La pregunta que se hace Rawls es: ¿cómo repartiríamos una tarta si no supiéramos qué trozo nos va a tocar de la misma?. 

Lamentablemente, esas condiciones de laboratorio se dan en muy pocas ocasiones y lo normal es que los que reparten el pastel saben de antemano qué les va a tocar a ellos, manipulando de esta manera los resultados, generalmente a su favor. Como individuos racionales que son, intentan maximizar sus beneficios. Ya se sabe que el que parte y reparte se queda la mejor parte.

Acemoglu y Robinson, en su libro “Economic Origins of Dictatorship and Democracy profundizaron en el “reparto de la tarta” y llegaron a la conclusión de que en las democracias existe una tensión dialéctica entre las masas y las élites, en la que el reparto de la tarta supone un equilibrio dinámico que evita que la élite se quede con toda la tarta al tiempo que la masa se compromete a no coger el pastel y el cuchillo y rebanar algunos cuellos para solventar el dilema.  (...)

Justificar decisiones de hondo calado económico en condiciones de laboratorio (por qué un profesor que trabaja mucho y es muy bueno tiene que cobrar lo mismo que un profesor que trabaja poco y es muy malo) no deja de ser un ejercicio de barra de bar, que resiste mal las condiciones de una casuística que puede ser ilimitada (por qué hablamos de profesores y no de bomberos o de policías), y que, además, en muchos casos, no se corresponde con la realidad (en la realidad, un profesor universitario con investigación y docencia de calidad gana, en España, más que uno que no las tiene, a través de los sexenios y complementos de investigación, mientras que un policía o un bombero no tiene, ni de lejos, incentivos similares). 

Examinar la justicia en nuestro particular laboratorio de las ideas nos permite, por ejemplo, delimitar nuestro campo de reflexión a nuestro antojo. Hablar de equidad intergeneracional sin tener en cuenta las trayectorias de las generaciones nos lleva a afirmaciones discutibles, como la que cuestiona por qué los más jóvenes deben pagar el retiro de los mayores, sin atender al hecho de que estos mayores fueron jóvenes un día y aquél día también tuvieron que pagar el retiro de sus mayores. 

 ¿Sería justo acaso que la generación que pagó las pensiones de sus mayores no vea su esfuerzo y solidaridad recompensados cuando llegue el momento? Extraer a los sujetos del contexto social nos lleva a considerar injusto, por ejemplo, que un mal estudiante reciba el mismo apoyo público que un buen estudiante, pero la evidencia empírica demuestra que el rendimiento escolar es muy superior en los barrios y distritos más ricos de las ciudades. ¿No sería injusto obviar esas condiciones de partida a la hora de distribuir el gasto público en educación?  (...)

Utilizar el copago farmacéutico porque hay gente que abusa del gasto sanitario, o bajar las prestaciones por desempleo para incentivar la búsqueda de trabajo –en un país con cerca de seis millones de parados- son recursos de mal decisor, que quieren hacernos pasar por justas decisiones que no lo son bajo ningún punto de vista. 

Hay preguntas cómodas e incómodas, pero sobre todo, hay buenas o malas preguntas. El éxito de Europa en relación a otros modelos sociales, se basa en que hemos estructurado nuestros estados sociales sobre los cimientos de los derechos de ciudadanía: universales, indivisibles e inalienables, y no en una u otra concepción sobre los supuestos méritos de cada individuo. 

Si lo que queremos es preguntarnos cómo y de qué manera podemos garantizar una auténtica igualdad de oportunidades, con justicia y equidad, en nuestras sociedades de economía de mercado, mejor que hacernos preguntas de laboratorio sobre lo que es justo o injusto, deberíamos preguntarnos qué funciona y qué no funciona a la hora de promover esa igualdad de oportunidades y el ejercicio de esos derechos.

Y, desde esa pregunta, planteo tres evidencias empíricas, que sólo apunto porque han sido tratadas hasta la saciedad en este mismo blog, por autores mucho más autorizados que quien subscribe estas líneas:

 la primera, que uno de los mejores indicadores de igualdad de oportunidades que tenemos, que es el grado de movilidad social intergeneracional, es directamente proporcional al gasto público que se invierta en garantizarla.

 La segunda, que los sistemas de prestaciones sociales universales, basado en derechos de ciudadanía, son mucho más eficaces en la lucha contra la desigualdad y por la equidad que los sistemas asistenciales.

 La tercera, que desde que se inició la crisis fiscal en 2010, España ha realizado un esfuerzo de recorte en gasto público cercano al 5% de su PIB, al tiempo que la desigualdad económica nos ha situado en la premier league de los países más desiguales del continente, y con un fuerte incremento de la pobreza y la exclusión, sin que nuestro exiguo gasto social (sustancialmente inferior al de la media de la Unión Europea, como ya hemos analizado en este mismo blog) haya sido capaz de corregir mínimamente esa tendencia.

Apelar a la equidad para limitar derechos sociales, considerando “privilegiados” a quienes disfrutan de los mismos, en vez de garantizar su auténtica universalización, es una buena manera de fracturar una sociedad.

 La prueba no es de laboratorio, sino real: hoy España es un país más desigual, con menos oportunidades de movilidad social, con mayores tasas de pobreza y de exclusión. 

Porque cabe preguntarse –¡cómo no!- sí es más o menos justo dedicar el dinero a las pensiones de los mayores o a las escuelas infantiles, pero, como ejercicio previo, deberíamos preguntarnos si es más o menos justo dedicar el dinero público, que podría utilizarse alternativamente para los mayores o para escuelas infantiles, en una consolidación fiscal cuya bondad ya ha sido puesta en duda en demasiadas ocasiones."             ( José Moisés Martín CarreteroEconomía frente a la crisis, 25/01/2013)

23/10/12

La abolición del Estado de derecho europeo se proclama con toda franqueza en el Tratado sobre el Mecanismo de Estabilidad Financiera (MEDE).

"Evidentemente, son los menos quienes reparan en que los países europeos, desde hace bastante tiempo, ya no son regidos por instituciones legitimadas democráticamente, sino por una serie de abreviaturas que las han suplantado. Sobre la dirección a tomar deciden el FEEF, el MEDE, el BCE, la ABA o el FMI.

Solo los expertos están en condiciones de desgranar esas siglas. Del mismo modo, solo los iniciados pueden deducir quién decide qué y cómo en la Comisión y en el Eurogrupo. Común a todos estos organismos es que no aparecen en ninguna Constitución del mundo y que ningún elector tiene algo que decir sobre sus decisiones.

 El único actor al que escuchan son los denominados “mercados”, cuyo poder se expresa en las oscilaciones de los tipos de cambio y los intereses y en los ratings de algunas agencias estadounidenses.Parece fantasmal con qué tranquilidad los habitantes de nuestro pequeño continente han aceptado su expropiación política.

Quizá eso se deba a que estamos ante una novedad histórica. En contraste con las revoluciones, golpes de Estado y asonadas militares en las que es rica la historia europea, ahora las cosas suceden sin ruido ni violencia. En eso estriba la originalidad de este asalto al poder. ¡Ni marchas con antorchas, ni desfiles, ni barricadas, ni tanques! Todo se desarrolla pacíficamente en la trastienda. 

A nadie extraña que, ante todo esto, no se puedan tomar en consideración los tratados. Las reglas existentes, como el principio de subsidiariedad de los Tratados de Roma, o la cláusula de rescate de Maastricht se dejan sin efecto a capricho. El principio Pacta sunt servanda [Hay que respetar los pactos] queda como una frase vacía ideada por cualquier remilgado jurista de la antigüedad.
 
La abolición del Estado de derecho se proclama con toda franqueza en el Tratado sobre el Mecanismo de Estabilidad Financiera (MEDE). Las decisiones de los miembros que marcan la pauta en este organismo de rescate son inmediatamente efectivas desde el punto de vista del derecho internacional y no están vinculadas a la aprobación de los Parlamentos.

 Estos miembros se autodesignan, igual que en el antiguo régimen colonial, como gobernadores y, al igual que los directores, no tienen que rendir cuenta alguna frente a la opinión pública. Al contrario, están expresamente obligados a mantener el secreto. Esto recuerda a la omertà, que forma parte del código de honor de la mafia. 

Nuestros padrinos se sustraen a cualquier control judicial o legal. Gozan de un privilegio que ni siquiera está al alcance de un jefe de la Camorra: la absoluta inmunidad frente al Derecho Penal. (Eso es lo que se dispone en los artículos 32 a 35 del Tratado del MEDE).

La expropiación política de los ciudadanos ha alcanzado con esto su culmen transitorio. Ya había empezado mucho antes, como tarde con la introducción del euro. Esta moneda es el resultado de un chalaneo político que ha penalizado con la indiferencia todos los requisitos económicos de semejante proyecto. 

Se ignoraron los desequilibrios de las economías nacionales participantes, sus muy divergentes capacidades para competir y sus desbocadas deudas públicas. El plan de homogeneizar Europa tampoco tomó en consideración las diferencias históricas de las culturas y mentalidades del continente.

Pronto hubo que remodelar a capricho, como plastilina, los criterios que se habían acordado para el acceso a la Eurozona, con la complicación de que se incluyó en ella a países como Grecia o Portugal, que carecen de las posibilidades más elementales de afirmarse en esta unión monetaria.

Muy lejos de reconocer y corregir los defectos de nacimiento de esta construcción, el régimen de los rescatadores insiste en perseverar a toda costa en el rumbo adoptado.(...)
 
No se vislumbra una salida fácil de la trampa. Todas las posibilidades insinuadas cautelosamente han sido bloqueadas con éxito hasta el momento. El discurso sobre una Europa de velocidades variables ha caído en saco roto. Las cláusulas de descuelgue propuestas tímidamente jamás se recogieron en un tratado. 

Pero, sobre todo, la política europea se burla del principio de subsidiariedad, una idea demasiado evidente como para que haya sido jamás tomada en serio. Esa palabra afirma, nada más ni nada menos, que desde el municipio hasta la provincia, del Estado nacional hasta las instituciones europeas, es la instancia más próxima al ciudadano la que siempre tiene que regular todo aquello que sea capaz de regular, y que a cualquier nivel superior solo deben transferirse las competencias regulativas de las que los anteriores no puedan hacerse cargo.

 Pero esa subsidiaridad nunca dejó de ser, como demuestra la historia de la UE, más que una palabra huera. En caso contrario, a Bruselas no le habría resultado tan fácil despedirse de la democracia, y la expropiación política y económica de los europeos no habría llegado hasta donde ha llegado hoy.

¿Lúgubres perspectivas, pues? ¡Buenos tiempos para los amantes de las catástrofes que predicen el colapso del sistema bancario, la quiebra de los Estados endeudados, o, mejor que cualquier otra cosa, el fin del mundo! Sin embargo, como la mayoría de los augures del hundimiento, estos profetas quizá se alegren prematuramente. 
Porque los 500 millones de europeos no van a sentir la tentación de rendirse sin resistencia, defenderse, según los mantras favoritos de sus salvadores: “No hay alternativa a nosotros” y “si fracasa nuestra empresa, fracasa Europa”. 
 Este continente ya ha instigado, vivido y superado otros conflictos muy distintos y mucho más sangrientos. La marcha atrás del callejón sin salida en el que nos han metido los ideólogos de la incapacitación no transcurrirá sin costes, enfrentamientos y dolorosas privaciones."            (   , El País, 27 SEP 2012)

6/7/12

Aferrarse al euro sólo significará la ruina para la mayoría de las economías europeas y el fortalecimiento del liderazgo regional de Alemania. Por ello, asegura, la eurozona está destinada a desaparecer pronto.

"El historiador, sociólogo y politólogo francés Emmanuel Todd no tiene duda: aferrarse al euro sólo significará la ruina para la mayoría de las economías europeas y el fortalecimiento del liderazgo regional de Alemania. Por ello, asegura, la eurozona está destinada a desaparecer pronto. (...)

—En mi libro La invención de Europa, yo preconizaba ya en 1990 que 15 o 20 años más tarde, Europa sería una “jungla”. Mi investigación antropológica me había convencido que la diversidad de sistemas familiares, de temperamentos políticos y sociales [europeos] haría que la moneda única [es decir el euro] fuese, por decir algo, casi imposible [de administrar].

¿Pero qué relación hay entre las estructuras familiares y el euro, es decir la moneda común?
—Las personas que toman las decisiones [políticas] y que crearon el euro pensaron que unificando las monedas [europeas] iban a cambiar las mentalidades. Pero las sociedades están ante todo marcadas por los valores heredados implícitamente de su estructura familiar. 

Francia, por ejemplo, históricamente vive bajo un sistema individualista igualitario. Es conocido, por ejemplo, que en el mundo campesino francés de la Edad Media la herencia era repartida a partes iguales entre todos los hijos, fueran estos hombres o mujeres.  

Este modelo termina siendo proyectado sobre un plano ideológico y todo esto procrea o engendra individuos bastante difíciles de ser gobernados o administrados, sea en un plano político o social. ¡El típico burdel francés, pues! 

Al contrario, la estructura familiar alemana era el sistema del heredero único. La granja o la bodega se le otorgaba en herencia frecuentemente al hijo mayor (pero a veces al menor, como sucedía en la ciudad de Berna, Suiza). Esto genera valores de autoridad y de desigualdad, de jerarquía. 

Parejas de esposos bastante maduros vivían aún en casa de sus padres… Evidentemente, las reglas de herencia han cambiado y las ciudades alemanas ya no son ni se asemejan a las del pasado, pero los modos de comportamiento en la vida política, económica y social perduran aún hoy. (...)

¿Alemania tiene en verdad un deseo real de dominación? El problema con este tipo de sociedad construida sobre un modelo “autoritario” es que cuando no hay nadie por encima de ellos, esto se puede ir por la tangente. Ahora Alemania está muy emancipada de Estados Unidos. 

Y aunque Brzezinski plantea la cuestión de unatentación alemana (de un retorno a la política de Bismarck, política de poder independiente, sobre todo después de los acuerdos estratégicos en materia de energía firmados con Rusia) hay indicios que muestran que Alemania se comporta como una gran potencia ahora, y no sólo por los diktats (dictado, imposición) dados a Grecia.

 En cambio, los japoneses, que también tienen una estructura familiar “autoritaria”, ya no quieren estar más en una posición de dominación y por eso han preferido elegir el rol de ser el hermano pequeño de Estados Unidos. (...)

¿En qué el modelo familiar griego puede esclarecer la crisis [europea actual]?
—Esto es muy interesante. Escuchamos en estos momentos discursos muy humillantes respecto a Grecia [se le acusa de todos los males e incompetencias]. Entonces, ante la ausencia de un Estado central fuerte, ante la dificultad de recaudar los impuestos, todo esto podría explicarse por la complejidad [existente] de las estructuras familiares [griegas]. Porque en Grecia hay tres modelos tradicionales diferentes. 

El que existe en Atenas y en las islas [del mar Egeo] que es matriarcal (centrado en las mujeres) con reglas de primogenitura femenina pero “a la ligera”, sin cohabitación de generaciones. En cambio en el Peloponeso y en la región de Beocia tenemos núcleos [familiares] menos rígidos patriarcales (centrados sobre los padres). En Tesalia y el Epiro el modelo [familiar] es más bien comunitario, a la manera existente entre los serbios y rusos. 

Entonces, estos diversos modelos familiares generan personas diferentes, muy dinámicas [por su diversidad]. Grecia tiene una gran historia marítima. Tienen una gran diáspora. Los demógrafos están impresionados por la longevidad de su población. Manifiestamente existe un arte de buen vivir, una sabiduría, y que no se puede calificar de ocio. Si los griegos son expulsados de la Eurozona [espacio económico que utiliza esta moneda europea] contra su propia voluntad, ellos van a tener un año muy duro y difícil. 

Pero enseguida, toda la gente verá la enorme ventaja competitiva en términos salariales de Grecia. El país se levantará [económicamente]. Pero por otro lado será el fin de la moneda única europea. Sí, los países europeos se pelean hoy en día por mantener a Grecia dentro del espacio monetario común (tratan de mantenerla dentro para que Grecia siga pagando, para poder despojarla aún más de sus bienes), pero en realidad es sobre todo la salida decidida de Grecia de la Eurozona lo que les da mucho miedo.
Usted hace la constatación de un fracaso de la moneda única. Alemania amenaza a Grecia ahora con sacarla de la Eurozona. ¿Qué significa esto para usted?
—En primer lugar, ser conscientes de que si el euro se derrumba, es Alemania el país que será más afectado, ya que es el país más exportador [de Europa]. En 1929, fueron Estados Unidos y Alemania los que sufrieron más con el desplome de la bolsa debido a que estos dos países eran las dos mayores potencias industriales de la época.

 Los alemanes han entendido claramente que con un retorno a las monedas nacionales del pasado [peseta española, lira italiana, franco francés, marco alemán, dracma griego, etcétera], todos van a devaluar [sus monedas] para protegerse de las exportaciones alemanas. 

Y Alemania además de tener que volver al marco alemán, estará estrangulada [económicamente]. Es por esta razón que los dirigentes o líderes [políticos] alemanes van muy lejos con sus amenazas respecto al euro, más lejos de lo que pueden. En realidad quienes están más traumatizados con la posibilidad de una desaparición del euro son los mismos dirigentes alemanes. 

Sin embargo, los griegos y los franceses quieren quedarse en el euro más por razones irracionales. Debido a que hay una parte mágica en la moneda única, a pesar de que ellos no entienden la razón. No se dan cuenta de que el fin de la moneda única les hará mucho bien. "          (Re-evolución)