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22/11/23

Estos son algunos de los países que desaparecerán por el cambio climático Bangladés, Chad, Afganistán, República Centroafricana...)... En el sur de Europa se espera un acelerado aumento de la desertificación

 "El cambio climático amenaza la supervivencia de buena parte de la vida en la Tierra tal cual la conocemos. Sus efectos, ya notables, abarcan desde cambios en la salinidad, densidad y temperatura de las corrientes marinas hasta transformaciones en la pluviosidad, el deshielo de las áreas polares y la frecuencia de fenómenos extremos como sequías o ciclones.

Cambios que, además, afectarán al planeta sin excepción. En el sur de Europa se espera un acelerado aumento de la desertificación, mientras que en regiones como el Índico o el Pacífico será el aumento del nivel del mar y los fenómenos extremos los que pongan en peligro la vida de estas poblaciones. Estos son algunos de los países con un mayor riesgo de desaparecer durante las próximas décadas.

Bangladés

La República Popular de Bangladés, con sus casi ciento setenta y tres millones de habitantes y atravesada por los caudalosos ríos Padma y Brahmaputra, se enfrenta a un catastrófico futuro: terminar prácticamente cubierto por las aguas. El informe de Germanwatch sobre cambio climático del año 2017 lo sitúa como el sexto país más afectado por los desastres naturales. Teniendo en cuenta, además, que gran parte del territorio bangladesí se sitúa a doce metros por encima del nivel del mar, los expertos calculan que si el nivel del mar subiese un solo metro más, la mitad del territorio quedaría inundado. A este desalentador panorama para la supervivencia del país se suma que la mitad de su población sufre severas condiciones de pobreza. Y no solo eso: Bangladesh suma más de 2 millones de nuevos habitantes cada año.

Chad

Extrema pobreza, hambrunas recurrentes, catástrofes naturales como las trágicas inundaciones de 2022, plagas y enfermedades. Chad, situado en el interior del continente africano, alberga desierto, planicie y bosques. Su clima, de transición entre el desértico y el tropical, es extraordinariamente frágil, y el avance del cambio climático podría aumentar la frecuencia y la intensidad de las catástrofes naturales, amenazando, además, con desertificar completamente el país. Chad, así, podría convertirse en un lugar prácticamente inhabitable para las 17 millones de personas que lo habitan.

República Centroafricana

Una amenaza semejante se cierne sobre la República Centroafricana, vecina sureña de Chad. En su caso, las principales consecuencias repercutirían sobre un posible aumento de las inundaciones y de la temperatura media. Algo que se espera que acelere, a su vez, el riesgo de hambruna y de epidemias como la malaria —endémica en la región— o el ébola. Las amenazas climáticas a las que se enfrenta la República Centroafricana son equivalentes a las que sufren otros países del mismo continente, como Sudán del Sur, Nigeria, República Democrática del Congo o Zimbabue.

Tavalu, Tonga, Kiribati y otras islas del Pacífico

Es bien conocido el riesgo de desaparición de numerosas islas del océano Pacífico, las cuales poseen escasa elevación sobre el nivel del mar. Los tres países mencionados son ejemplo de las consecuencias de la amenaza climática: sequías extremas, riesgo de desaparición por el aumento del nivel del mar, ciclones y, como extra, erupciones volcánicas. En el caso de Kiribati, la república de los treinta y tres atolones apenas tiene una altitud media de 3 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en una de las más vulnerables para su pronta desaparición. Este conjunto de fenómenos adversos, de hecho, podría acabar por completo con la existencia de la mayor parte de islas y atolones de Oceanía. Y antes de este final pende la amenaza de un colapso económico que disminuya drásticamente el turismo, actualmente la principal fuente de riqueza de la Polinesia y la Micronesia.

Afganistán

Además de su conflicto político y civil, su escaso desarrollo y la pobreza, el cambio climático puede hacer de la región un lugar aún más hostil para la supervivencia. Desde hambrunas recurrentes hasta inundaciones como efecto de un notable aumento de las temperaturas: estos son algunos de los fenómenos que afectarían aún más a la salud pública, además de acentuar la desertificación del país. Una situación parecida a la que sufre su vecino Pakistán, que en 2022 sufrió una de las peores crisis humanitarias de su historia a causa del desbordamiento del río Indo y las consecuentes inundaciones.

Islas Maldivas

Las islas Maldivas, al sur del subcontinente indio, tiene una altitud media máxima de apenas 2,3 metros sobre el nivel del mar. Además, su climatología tropical es dependiente del ciclo de monzones, por lo que los efectos del cambio climático sobre su regularidad e intensidad podrían desencadenar catástrofes humanitarias mucho tiempo antes de la desaparición geográfica de la pequeña nación del Índico."               (David Lorenzo, ethik, 15/11/23)

19/9/22

Casi la mitad de los españoles creen que tendrán que migrar por el cambio climático, según un estudio

"Cerca de la mitad de los españoles, el 46 por ciento, cree que tendrá que abandonar su hogar en los próximos 25 años a consecuencia de los efectos del cambio climático, nueve puntos más que la media a nivel mundial, que se sitúa en el 35 por ciento, según una encuesta realizada en 34 países por Ipsos para el Foro Económico Mundial.

La encuesta también sitúa a España como el segundo país que ya afirma estar notando de forma severa los efectos del cambio climático, con un 71 por ciento, solo por detrás de Hungría, donde el 74 por ciento de su población ya siente seriamente sus consecuencias.

 El estudio refleja asimismo que España es uno de los tres países europeos donde mayor población, el 83 por ciento considera que los efectos de la crisis climática se notarán de forma más grave en los próximos diez años y, a nivel mundial, son los jóvenes, de menos de 35 años, los que más comparten la idea de que se producirán movimientos de población en un futuro debido al cambio climático.

La encuesta sitúa en un 35 por ciento la media mundial de la población que admite que cree que tendrá que abandonar sus hogares en los próximos 25 años debido a los efectos del clima. En ese sentido, España es el país europeo más convencido de ello, con un 46 por ciento y ocupa a nivel mundial el quinto puesto global por detrás de India, Turquía, Malasia y Brasil.

En el ranking de países que afirma que ya está notando de forma severa los efectos del cambio climático, España, con el 71 por ciento es el segundo, por detrás de Hungría, donde el porcentaje se eleva hasta el 74 por ciento. Por detrás están Italia, con el 70 por ciento; Francia, con el 68 por ciento. Sin embargo, a nivel mundial, México encabeza esta posición, con un 75 por ciento de su población qu

Lo peor está por llegar

De cara al futuro, de media siete de cada diez personas en el mundo declara que los efectos del cambio climático tendrán un gran efecto en los lugares donde viven en los próximos diez años.

A ese respecto, España vuelve a superar la media mundial ya que llega al 83 por ciento, que lo sitúa como el tercer país europeo donde mayor población está de acuerdo con esta idea, por detrás de Portugal (88%), que, además, lidera el ranking mundial, y de Hungría (86%). De nuevo, siguen a España como países que más comparten esta idea Italia, con un 81 por ciento, y Francia, con un 80 por ciento.

En España esta cifra se eleva hasta el 46%, siendo el país europeo que más convencido se muestra de ello, ocupando el quinto puesto a nivel global, solo por detrás de países como la India, Turquía, Malasia y Brasil.

Hay que irse hasta el puesto número trece del ranking para encontrar al siguiente país de Europa que comparte esta idea, ocupado por Portugal con un 35%. Con porcentajes similares están Italia (33%), Hungría (32%) y Francia (30%).

Los jóvenes, pesimistas y concienciados

Los jóvenes, los más pesimistas sobre el futuro. En concreto, estas percepciones son compartidas sin grandes diferencias a nivel de género, edad, nivel de ingresos y de estudios, aunque es cierto que son los más jóvenes, los menores de 35 años, los que más piensan que tendrán que abandonar su hogar por los efectos del cambio climático en los próximos 25 años, así lo declaran, de media, un 43%, cifra que va bajando según aumenta la edad: idea compartida por el 37% de la gente entre los 35 y 49 años; y por el 25% de los mayores entre 50 y 74 años.

La encuesta fue realizada entre el 22 de julio y el 5 de agosto a 23.507 adultos de entre 18 y 74 años en Estados Unidos, Canadá, Malasia, Sudáfrica y Turquía, de entre 20 y 74 años en Tailandia, de entre 21 y 74 años en Indonesia y de entre 16 y 74 años en otros 27 países, a través de la plataforma de encuestas online Global Advisor de Ipsos.

La encuesta se ha realizado en 34 países. Se han realizado entre 500 y mil entrevistas en cada estado a personas adultas menores de 75 años."                   (NIUS, 15/09/22)

6/10/21

¿Migraciones climáticas en España? Las migraciones climáticas son ya una realidad en todo el planeta, de la que no escapa España

 "La crisis climática no es solo aterradora, sino también fuertemente injusta. De acuerdo con Oxfam Internacional, el 1% más rico de la población mundial emite más del doble de gases de efecto invernadero que la mitad más pobre de la humanidad.

 De hecho, entre 1990 y 2015, el 10% más rico fue responsable de más de la mitad (52%) de las emisiones acumuladas en la atmósfera. En un estudio publicado en 2020, Jason Hickel concluía que el norte global era el gran responsable (92%) del colapso climático debido, principalmente, a sus contribuciones históricas.

Si bien las naciones (y empresas) enriquecidas del planeta son las que más han contribuido a la crisis climática, las repercusiones más negativas se concentran en el sur empobrecido. En estas zonas del planeta la crisis climática, junto con otros factores, induce con cada vez mayor claridad e intensidad diversas formas de movilidad humana: desde desplazamientos temporales huyendo de un desastre puntual, hasta reubicaciones de comunidades enteras escapando de los efectos de la sequía o del deshielo.

Aunque no existe una definición ni un estatuto internacionalmente reconocidos, se entiende que las denominadas "migraciones climáticas" incluyen el traslado de una persona o grupos de personas, que, predominantemente por cambios repentinos o progresivos en el entorno debido a los efectos del cambio climático, se ven obligadas a abandonar su lugar de residencia habitual de forma temporal o permanente. La mayoría de las migraciones climáticas ocurren dentro de los Estados, pero también hay casos en los que se cruzan las fronteras internacionales.

En el Corredor Seco Centroamericano, por ejemplo, los cambios en los patrones de las lluvias están afectando a la agricultura, lo que compromete la seguridad alimentaria, especialmente de las mujeres, y se relaciona con migraciones temporales y permanentes. En México se ha demostrado que los déficits de lluvia influyen en la migración internacional e interna, especialmente en aquellas comunidades más dependientes de la agricultura de secano.

Los pequeños Estados insulares de escasa elevación, como Maldivas, Tuvalu o Fiji, se enfrentan, además, a las consecuencias de la elevación del nivel del mar y a los impactos de las tormentas y otros fenómenos extremos. En Kiribati, un pequeño Estado insular en el océano Pacífico, sus habitantes se están viendo fuertemente afectados por estos fenómenos. Tanto es así que un ciudadano, Ioane Teitiota, solicitó asilo por causas climáticas en Nueva Zelanda hace unos años. Como le fue denegado, llevó su caso ante el Comité de Derechos de las Naciones Unidas. Este Comité también rechazó su solicitud en base a la definición jurídica actual de persona refugiada, en la que no encajan las causas climáticas. Aun así, el Dictamen abrió la puerta a la posible aplicación del principio de no devolución en casos en los que la crisis climática ponga en riesgo el derecho a la vida.

 En la misma línea, en Bangladés el cambio climático está creando nuevos patrones de desplazamiento y alimentando una explosión de urbanización rápida y caótica. Miles de personas se están trasladando desde las zonas rurales del país hacia la capital en busca de mejores oportunidades y huyendo de unas condiciones ambientales y climáticas peligrosas. El cambio climático está alterando los patrones tradicionales de lluvia (sequías en algunas áreas, diluvios inesperados en otras) y está impulsando la escorrentía de los glaciares en las montañas del Himalaya. Esto está generando un aumento de las inundaciones y la erosión de las riberas, a lo que se suma el aumento del nivel del mar, que está empujando el agua salada hacia las áreas agrícolas costeras y sumergiendo grandes terrenos.

Como vemos, las migraciones climáticas predominan en el sur global, donde las situaciones de pobreza son más generalizadas y la geopolítica hace que la adaptación in situ resulte más complicada. Sin embargo, las recientes inundaciones en el norte de Europa, las olas de calor en Canadá y los incendios en Estados Unidos nos recuerdan que la crisis climática también afecta al norte global.

 España tampoco escapa a las consecuencias de la crisis climática, pues su situación geográfica y sus características socioeconómicas lo convierten en un país altamente vulnerable. Según el segundo Plan Nacional de Adaptación (2021-2030), en los años venideros nos enfrentaremos a una disminución generalizada de la cantidad y calidad de los recursos hídricos disponibles, impactos sobre la fauna y la flora, cambios en la distribución de especies terrestres y acuáticas, expansión de especies exóticas invasoras, deterioro generalizado de los ecosistemas y aumento del peligro de incendios y desertificación, entre otros. Todo esto tendrá impactos sobre el sector agrario y ganadero, la salud, el turismo...

Aquí, al igual que ya está sucediendo en otras regiones del planeta, la crisis climática también está afectando nuestras formas de vida. Álvaro García Río-Miranda, cabrero español de 30 años, explicaba en un reportaje de Euronews publicado en 2020 que los incendios que asolaron la Sierra de Gata en 2015 lo dejaron sin empleo al morir muchas de las cabras de su rebaño. Álvaro tuvo que irse en busca de una nueva forma de ganarse la vida y terminó trabajando como pastor en Francia y Suiza, cuidando los rebaños de otras personas.

De hecho, uno de los casos analizados en uno de los primeros proyectos europeos sobre migraciones climáticas (Each for Environmental Change and Forced Migration Scenarios) se centró en el sureste de España, sobre todo en Almería y regiones de Murcia. Según los resultados de este estudio, la degradación ambiental, las desventajas de la agricultura tradicional (especialmente en relación al agua), la pobreza y el escaso desarrollo económico ya indujeron la migración hacia otras regiones del país en los años sesenta. Las y los autores del estudio señalan la importancia de tomar medidas urgentes para no seguir agravando la sobreexplotación del agua y de la tierra en la región y así evitar la movilidad humana forzada asociada a la falta de recursos.

De acuerdo con los datos del Centro para el Monitoreo del Desplazamiento Interno, España fue el segundo país de Europa y Asia Central con mayor número de desplazamientos internos asociados a desastres en 2019. En el informe de 2021, con datos de 2020, se hacen eco de las consecuencias de la tormenta Gloria, que desplazó a más de 2.200 personas en suroeste de Francia y el este de España, donde fallecieron 14 personas.

Las migraciones climáticas son ya una realidad en todo el planeta, de la que, como vemos, no escapa España. Sin embargo, la situación hoy en día no es para nada comparable con lo que ya ocurre en otras zonas más empobrecidas y vulnerables. La constatación de lo que está pasando en otros lugares, de lo que al menos en parte somos corresponsables, debería hacernos despertar y actuar para evitar consecuencias peores. Pero si la necesidad de actuar no nace de lo anterior, que al menos lo haga al entender que nuestra propia vida y la de nuestras hijas e hijos está en juego y que pueden ser las y los futuros migrantes climáticos."                       

 (Beatriz Felipe Pérez, Ambientóloga, doctora en Derecho e investigadora, Público, 01/10/21)