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24/9/24

El veneno oculto de tu casa: más de cien científicos piden legislar contra la toxicidad cotidiana invisible... “diariamente estamos en contacto con productos que, aunque están en el mercado, no son seguros, juguetes, pañales, cosméticos, productos de limpieza, ropa, envases alimentarios… Utensilios de uso cotidiano, hechos generalmente con materiales derivados del petróleo, y con “una toxicidad lenta pero persistente”... “Todas las placentas tienen residuos de policarbonato. El mercurio y los metales pesados están en la leche materna. Llevamos años demostrándolo”... “el 90% de las enfermedades crónicas están relacionadas con el medio ambiente”... “entre el 15 y el 20% de los cánceres pediátricos podrían ser evitables y están relacionados con la contaminación ambiental, y si nos vamos a los respiratorios sería un 60%”

 "Personalidades del ámbito de la ciencia llevan al Congreso el manifiesto Futuro sin tóxicos, una declaración que exige incrementar las medidas para proteger la salud de las personas ante los tóxicos presentes en productos de uso habitual.

El ser humano ha creado a lo largo de su historia unos 350.000 compuestos químicos de síntesis. Nos guste o no, químicamente hablando, hemos modificado el medio en el que desarrollamos nuestra existencia a niveles inéditos. Un ejemplo cotidiano: si en una casa de hace unas décadas los materiales utilizados apenas habían sido modificados —las cortinas eran de lino o algodón, el piso y los muebles estaban fabricados en madera—, “ahora el suelo es de PVC rociado de ftalatos, las paredes son de polietileno, los muebles de melanina, las telas de poliéster y el techo de policarbonato, todos ellos derivados del petróleo”.

Lo cuenta Nicolás Olea, representante del grupo de Endocrinologia y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinologia y catedrático del Departamento de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada, quien da otros datos que no dejan nada tranquilo a quien los escucha. “El 83% de los niños valencianos mea todos los días clorpirifos, un pesticida usado de forma masiva en las naranjas y prohibido desde el año 2021 —debido a los graves efectos neurológicos y genotóxicos que podía producir en humanos, especialmente niños, lo que incluye daño cerebral, déficit cognitivos y problemas conductuales como la hiperactividad— ”, pero que aún hoy está muy presente.

Las sustancias que nos rodean y pueden afectarnos negativamente se cuentan por miles, cifra que se ha incrementado de forma importante en los últimos años. Conocidos son los casos del bisfenol A o los ftalatos, presentes en muchos plásticos, entre otros materiales, y bajo sospecha de ser disruptores endocrinos. Hablamos de elementos capaces de modificar el funcionamiento de nuestro sistema hormonal, con un abanico de consecuencias en la salud que van desde los trastornos reproductivos, a los defectos y malformaciones al nacer o el cáncer.

También de los llamados contaminantes orgánicos persistentes, “sustancias muy estables que cuando las incluyes en el medio ambiente persisten muchos años”, explica Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico ambiental y Estudios del Agua del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La contaminación silenciosa que estará muy presente en el futuro

Eljarrat habla de la contaminación silenciosa de sustancias “que no nos van a dar un efecto rápido e inmediato como en la pandemia, sino que tienen una toxicidad que se debe a la exposición diaria de a dosis muy pequeñas”, exposición que se convierte en “crónica” y llega a provocar efectos tóxicos.

Lo que produzcamos hoy, además, puede tener consecuencias insospechadas en el futuro. “Estamos dejando entrar en nuestros hogares muchas sustancias potencialmente perjudiciales para la salud no solo de esta generación, sino también de la futuras”, denuncia Elena Codina, responsable de la Unidad de Salud Medioambiental del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y representante de la Sociedad Catalana de pediatría. Estas, continúa, “tienen un efecto transgeneracional, pues pueden hacer que se expresen más, o menos, en ciertos genes, también en las futuras generaciones”.

Olea pone otro ejemplo sobre la mesa al respecto de una investigación en la que trabaja: “La mala calidad seminal de un individuo de 24 años que va a una consulta de fertilidad porque no fecunda a su pareja se definió en las primeras 34 semanas en el vientre de su madre. Esa es la hipótesis que barajamos”.

Como denuncia Marta Beltrán, directora de proyectos de la Fundación Rezero, “diariamente estamos en contacto con productos que, aunque están en el mercado, no son seguros”. Habla de juguetes, pañales, cosméticos, productos de limpieza, ropa, envases alimentarios… Utensilios de uso cotidiano, hechos generalmente con materiales derivados del petróleo, y con “una toxicidad lenta pero persistente”.

Declaración por un futuro sin tóxicos

Numerosos estudios han demostrado la presencia de algunas de estas sustancias en el cerebro, la sangre, la orina y hasta en la placenta humana, el órgano encargado de ofrecer oxígeno y nutrición al futuro bebé. “Todas las placentas tienen residuos de policarbonato. El mercurio y los metales pesados están en la leche materna. Llevamos años demostrándolo”, lamenta Olea.

Para contribuir a paliar esta situación, desde la Fundación Rezero están promoviendo desde abril la declaración Futuro sin Tóxicos, avalada por más de un centenar de personalidades científicas, que esta semana han llevado al Congreso. Olea, Codina, Eljarrat y profesionales como Juan Antonio Ortega, presidente de la Asociación Española Científica de Pediatría, acompañaron este 17 de septiembre a Marta Beltrán y a Rosa García, directora de Rezero. Todos ellos se reunieron con la presidenta del Congreso, Francina Armengol, quien recibió de la comitiva la necesidad de acelerar el cumplimiento de la normativa existente en todos los productos del mercado, independientemente del lugar de producción y canal de venta. La presidenta, quien afirmó que “sin ciencia, no hay legislación”, se comprometió con los presentes a pedir a los ministerios de Sanidad y Transición Ecológica que aceleren las medidas para eliminar la carga tóxica de los productos de consumo.

El grupo de científicos se reunió también con representantes de los partidos políticos con representación en la Cámara baja para trasladarles la necesidad de que se renueve la Ley General de Sanidad con una perspectiva amplia de salud planetaria; así como que hagan cumplir la Ley de residuos y suelos contaminados, actualmente estancada.

Asimismo, les trasladaron la urgencia del cumplimiento del reglamento REACH —normativa para el registro, evaluación, autorización y restricción de sustancias y preparados químicos— y la hoja de ruta de restricciones propuesta por la Comisión Europea en el marco de la Estrategia para la Sostenibilidad de las Sustancias Químicas en todos los productos del mercado.

Del principio de precaución a la inteligencia humana

“Las personas consumidoras no tenemos que tener un máster en química para ver si ese producto que voy a llevar a casa puede tener impacto en mis hijos e hijas”, denunciaba la directora de Rezero. Es por ello que la declaración reclama medidas efectivas para proteger la salud ante los tóxicos presentes en los productos de uso cotidiano.

Entre las medidas urgentes que plantea, además de las que la comitiva trasladó a los diputados, se encuentra la implementación del principio de precaución en el diseño y fabricación de los productos. Este dicta que no es necesario la confirmación total y absoluta de un riesgo para la salud para que se pase a la acción. “Si una sustancia puede ser potencialmente dañina, ¿por qué no la legislamos antes?”, se preguntaba la responsable de la Unidad de Salud Medioambiental del Hospital Sant Joan de Déu. También exigen la transparencia de la información sobre la composición de los artículos y la evaluación del riesgo de exposición para las personas y el medio ambiente.

Todas ellas son medidas que pretenden frenar un problema cuyas cifras no son mainstream mediaticamente hablando pero su volumen sí lo es. Como denuncia el presidente de la Asociación Española Científica de Pediatría, “el 90% de las enfermedades crónicas están relacionadas con el medio ambiente”. Juan Antonio Ortega, quien lleva 25 años investigando sobre salud y medio ambiente, afirma que “entre el 15 y el 20% de los cánceres pediátricos podrían ser evitables y están relacionados con la contaminación ambiental, y si nos vamos a los respiratorios sería un 60%”.

“Cuántas lágrimas secas habríamos eliminado en muchas familias afectadas. Cuántas podíamos haber evitado si hubiésemos tenida una mirada más juiciosa, cautelar, basada en la inteligencia humana”, lamenta Ortega, quien finaliza: “Evidencias nos sobran. Necesitamos políticos valientes con determinación suficiente para trasladar las alternativas disponibles”."                (Pablo Rivas, El Salto, 20/09/24)

16/1/24

Zulema Varela, investigadora da USC: "Consumimos microplásticos ata na auga da billa "... a preocupación "está máis nas substancias químicas que poidan ter eses plásticos que no material en si"

 "A gran preocupación agora que os pellets están esparexidos por case todas as praias de Galicia é saber ata onde pode chegar a súa toxicidade, para comprender que efectos poden ter nos ecosistemas mariños. Dende a Universidade de Santiago de Compostela (USC), o grupo de Ecotoxicoloxía xa recolleu mostras de pellets da praia de Riazor que pretenden analizar, para ver realmente cal é a súa composición e os aditivos que poden ter e se estes son ou non contaminantes para o medio. Tamén pretenden recoller mostras doutras zonas, porque aínda que nun principio non debería haber diferenzas, ao proceder todos da mesma vertedura, "máis vale previr".

Zulema Varela Río, investigadora postdoutoral de Ecoloxía, pertencente ao grupo de Ecotoxicoloxía  da USC, explica a Galicia Confidencial que nesta problemática hai dous puntos que son fundamentais respecto ao impacto dos pellets: "Por un lado, os problemas que pode causar a súa acumulación nos organismos, sobre todo agora que se están a ver moi xuntos, e que hai moitísimas boliñas xuntas que poden ser inxeridas por algún organismo e, pola acumulación das mesmas no seu tracto dixestivo, remate por perxudicarlle; e, por outro lado, a posible toxicidade das substancias químicas, dos aditivos, que se lle botan aos pellets no seu proceso de produción". Como apunta, polo momento, "nin sequera a Xunta coñece a composición" destes pellets.

De ter algunha substancia tóxica na súa composición, con todos estes pellets dispersos no medio, os organismos que estean en contacto con estes plásticos si se poderían ver afectados, pero "ata que non sepamos a ciencia certa a súa composición nos podemos dicir nada". Iso si, cre que se deberían instalar colectores especiais para a súa recollida, pois botalos no amarelo, no de plástico, non é o adecuado: "É que co plástico o que se reciclan son os envases, realmente". 

Sobre o que si fan un chamamento especial é sobre ter coidado coa masificación das praias e os elementos usados na limpeza. Zulema asegura que "o impacto que pode haber polo de agora, polo que estamos a ver nas imaxes, ten máis que ver con como se están a recoller estes pellets, pois en moitos casos faise con restrelos". E "se hai dúas ou tres persoas angazando non pasa nada, pero se hai 500 ou 600 persoas nunha praia con angazos, removendo toda a area, pode ser un gran problema, pois esa area é hábitat de moitos organismos, polo que vaise producir un impacto medioambiental", advirte a experta.

"Evidentemente os voluntarios fano por ben, pero deben ter moito coidado", alerta Zulema, que asegura que tamén deben ter coidado con como van ataviados para recoller os pellets: "Que se poñan sempre guantes, aínda que supoñemos que as máscaras non son precisas". "Se pasan por enriba de dunas nas que haxa vexetación poden danar o medio e danos un pouco de medo o impacto que de súpeto poida ter sobre estes ecosistemas o que chegue tanta xente a eles", indica a investigadora da USC. Ademais, ao pasar sobre os pellets, pois moitos non se vén ben, pódense introducir aínda máis na area. 

Así as cousas, dende o seu punto de vista, a Xunta "debería reunir a un comité de expertos que elaborase un protocolo unificado para a recollida dos pellets en todos os lados de Galicia". Pois, un a un, como se está a facer, vai ser moi díficil. De feito, Zulema é consciente de que "vexo difícil limpalos todos, por desgraza isto vai ser moi difícil de limpar". Con todo, apunta que "isto non é chapapote, como aconteceu co caso do 'Prestige', que era moi tóxico e que nada máis tocalo ou inhalalo quedabas perxudicado ao momento, este tipo de contaminación igual se ve máis a longo e medio prazo".

O que tamén hai que ter en conta é que máis aló dos voluntarios que se achegan para a recollida dos pellets, non é convinte pasear pola praia porque si, xa que precisamente ao pisar os pellets pódense afundir na area e dificultar a súa posterior recollida. Tampouco debería ser recomendable levar animais, como cans, ata os areais, pola súa seguridade, pois poderían inxerir as boliñas. "En principio non é recomendable o contacto cos pellets para ningún animal", explica Zulema. Aínda así, cre que o efecto dos pellets sobre a fauna, en caso de producirse, "sería máis a longo e medio prazo", non agora mesmo.

Con todo, a investigadora da USC apunta que "a pesares de que os microplásticos crean moitísima alarma, porque non terían que estar nestas zonas, contaminándoas, hai que ter en conta que non son algo raro para nós, pois na propia auga da billa que bebemos hai microplásticos, e bebémolos e non pasa nada, non hai problema para a saúde humana porque van en pequena cantidade". E é que, segundo indica, "por desgraza, os microplásticos están en todos os lados, e estamos en contacto con eles". Por iso a preocupación "está máis nas substancias químicas que poidan ter eses plásticos que no material en si". "                (Angela Precedo, Galicia Confidencial, 13/01/24)

15/1/24

Los daños de los pélets de Galicia son la punta del iceberg

 "No es la primera vez que una marea de pélets llega a las costas españolas. Un ejemplo es la playa de La Pineda, en Tarragona, que lleva años contaminada con bolitas de plástico, producto de las pérdidas de las industrias petroquímicas cercanas que las corrientes marinas arrastran hasta la playa.

El temporal Gloria de 2020 también dejó la playa de Barcelona repleta de pélets, entre otros microplásticos de distinta índole.

Pero son solo la punta de un iceberg: el de la contaminación por plástico de playas y océanos. Más de 12 millones de toneladas de desechos plásticos ingresan a los océanos cada año.

Limpiar el mar es como barrer en el desierto

Limpiar el mar de microplásticos es como barrer en el desierto. Las bolitas se esparcen por todos lados y no se pueden retirar fácilmente con redes, ya que se arrastrarían también organismos de ese tamaño, claves para el correcto funcionamiento del ecosistema marino.

Limpiar la arena tampoco es fácil. Se puede tamizar y separar los pélets si son de mayor tamaño que los granos de arena, pero ante tales cantidades el trabajo es muy tedioso y puede llevar años.

Y nadie nos asegura que no sigan llegando más y haya que volver a empezar el proceso como si de un castigo de los dioses griegos se tratara.

Nada menos que 28 toneladas de bolitas de plástico o pélets se vertieron al mar el 5 de diciembre tras el accidente del barco carguero Toconao. Las autoridades no le dieron la importancia necesaria hasta que llegaron a playas de Galicia y Asturias.

El plástico que se vierte al mar en forma de pélets o de otro tipo tiene múltiples consecuencias nocivas para los organismos marinos que en última instancia pueden afectarnos a nosotros. Si este plástico es micro, de menos de 5 mm, las consecuencias son aún más graves.

La consecuencia más evidente es la ingestión de estos microplásticos por parte de los animales marinos. Algunos que los ingieren acaban muriendo con su estómago lleno de plástico y otros, aunque no mueran, ven afectado su crecimiento y reproducción. Algunos de estos animales son especies comerciales por lo que el plástico o sus productos de degradación pueden llegar hasta nosotros.

Los animales marinos prefieren el plástico colonizado

El plástico empieza a ser “colonizado” en cuanto llega al mar. Diversos microorganismos como bacterias, algas microscópicas, hongos, etc., se adhieren a la superficie del plástico liberando exudados que atraen a otros microorganismos y forman en conjunto una película, un biofilm.

El plástico colonizado es más atractivo para muchas especies de animales marinos, que lo prefieren al plástico sin colonizar.

Sucede que las aguas de la costa gallega son muy ricas en nutrientes, lo que las convierte en una zona pesquera tan productiva. Cuánta más concentración de nutrientes tengan las aguas de la superficie, más vida habrá y los microorganismos formarán con más rapidez un biofilm sobre el plástico flotante.

Teniendo en cuenta el tiempo que los plásticos del vertido del Toconao llevan flotando en las ricas aguas gallegas, deben estar ya colonizados y se han hecho más apetecibles para los animales marinos.

Algunos de los colonos del plástico flotante a menudo son especies invasoras y patógenas. Y el plástico sirve de vehículo para transportarlas de unas regiones a otras del océano. Las nuevas especies pueden causar desequilibro allí donde lleguen.

Un 60 % del peso del plástico son aditivos químicos

Pero hay otros efectos del plástico que son menos evidentes. El plástico no suele ser nunca un polímero puro sino que lleva aditivos (retardantes de llama, antioxidantes, estabilizantes, etc.) que le proporcionan las cualidades requeridas para su uso.

Hasta un 60 % del peso del plástico se debe a aditivos químicos. Una vez en el mar, empieza a liberar aditivos o subproductos de degradación, proceso que se potencia si está afectado por la luz solar.

Nuestro grupo de investigación del Instituto de Ciencias del Mar-CSIC ha calculado que anualmente se liberan unas 57 000 toneladas de carbono orgánico, en forma disuelta, de todo el plástico que llega al océano.

Parte de este carbono es consumido y degradado por las bacterias marinas, y descubrimos que este aporte hace que se reproduzcan más rápidamente.

Los compuestos liberados por el plástico afectan a otros muchos organismos marinos. Por ejemplo, disminuyen la capacidad de crecimiento de los organismos fotosintéticos más abundantes en la Tierra, parte fundamental del fitoplacton marino. La exposición a los compuestos liberados del plástico reduce su producción de oxígeno.

Malformaciones en erizos de mar

Son muchos los ejemplos de daños a animales marinos. Entre ellos, se encontró que los compuestos químicos liberados por pélets recogidos en playas provocaban malformaciones en erizos de mar. Las larvas de erizo criadas en agua contaminada por sustancias químicas presentes en los plásticos mostraron graves deformidades; sin embargo, los plásticos que nunca habían sido tratados químicamente no causaron deformidades.

Los compuestos liberados por el PVC también aumentan la resistencia a los antibióticos y la virulencia de comunidades bacterianas marinas.

El plástico atrapa y concentra contaminantes

El plástico que flota en el mar puede actuar como una esponja, atrapando contaminantes y concentrándolos cientos de veces por encima de la concentración a la que están en el agua. Estos contaminantes pueden ser liberados de nuevo cuando las condiciones del medio circundante cambian. Por ejemplo, en el interior de un organismo marino que lo haya ingerido.

Es difícil que estos pélets lleguen a nosotros a través de los productos marinos que consumimos, ya que suelen quedarse en el estómago del animal que es un órgano que retiramos y no comemos. Además, son lo suficientemente grandes y duros como para notarlos durante la masticación. Sin embargo, podríamos estar expuestos a los compuestos químicos que estos plásticos puedan liberar en el animal que consumimos.

Protocolos de actuación

Por todo esto, las consecuencias en el ecosistema marino de un vertido como el de las costas gallegas pueden ser aún mayores y a más largo plazo.

Aunque este problema no es nuevo, la marea blanca que está llegando a las costas del norte de España le ha dado visibilidad y ha hecho consciente a la población. Hace ya más de un mes que ocurrió el accidente en que los contenedores cayeron al mar y no puede ser que ante una catástrofe de este tipo se tarde tanto en actuar.

Esperemos que este incidente sirva para concienciar del gran daño que hacen este tipo de vertidos, que en un futuro se tomen en serio cuando ocurran y se ponga en marcha un protocolo de emergencia de inmediato. Porque una rápida intervención tras el accidente puede prevenir mucho daño. Los vertidos de plástico al mar son un problema serio."

(Cristina Romera Castillo.  Investigadora Ramón y Cajal en el Departamento de Biología Marina, Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC). Rebelión, 15/01/24)

10/1/24

Bruxelas advirte de que a vertedura de pellets nas costas galegas "ameaza" o medio mariño e a pesca... O Executivo europeo propuxo medidas para reducir a contaminación de pellets de plástico en outubro de 2023, unhas normas que Virginijus ​Sinkevicius considera "fundamentais" para loitar contra a contaminación por plásticos no futuro.

 "A Comisión Europea advertiu esta cuarta feira de que a vertedura de 26 toneladas de pellets de plástico fronte ás costas galegas "ameaza o medio mariño e actividades económicas como a pesca". "Estamos desexosos de debater como podemos axudar", sinalou o comisario europeo de Medio Ambiente, Océanos e Pesca, Virginijus Sinkevicius, no seu perfil da rede social X.

O Executivo europeo propuxo medidas para reducir a contaminación de pellets de plástico en outubro de 2023, unhas normas que Sinkevicius considera "fundamentais" para loitar contra a contaminación por plásticos no futuro.

A mensaxe do comisario responde á chamada de varios eurodeputados españois que reclamaron este martes á Comisión que se pronunciase sobre o que consideran unha "catástrofe" ambiental, aínda que Bruxelas insiste polo momento en que a xestión desta situación compete ás autoridades estatais.

Esta mesma cuarta feira, a eurodeputada do BNG, Ana Miranda, referiuse a estra "traxedia medioambiental" e exixiu á Comisión, "medidas urxentes para paliar a contaminación". Fronte a este "desastre ecolóxico que afecta a costa galega de norte a sur", coa chegada de pelets desde A Guarda á Mariña, e que volve representar unha enorme ameaza para o entorno natural, fauna mariña, para a pesca de baixura e para a conservación medio ambiental, a eurodeputada do Bloque subliña que é fundamental a aplicación de medidas urxentes por parte das distintas institucións

O ministro de Agricultura, Pesca e Alimentación, Luis Planas, asegurou este martes que "neste momento" o sector pesqueiro nacional non sofre "ningunha afectación" pola presenza de pellets de plástico na costa.

Saúde alimentaria

"Non temos noticia neste momento de ningunha afectación concreta que puidese situarse no noso sector pesqueiro. Non existe nestes momentos ningunha información de problemas e vinculadas a esta situación que deriven en problemas para o consumo de peixe ou de mariscos", sinalou na rolda de prensa posterior ao Consello de Ministras e Ministros, recalcando que a saúde alimentaria é "fundamental".                (Nós, 10/01/24)

26/6/23

Europa ha perdido más de 500 millones de aves en 40 años. ¿La principal causa? Pesticidas y fertilizantes... La destrucción de la biodiversidad europea no sólo afecta a las especies amenazadas, sino que acabará minando la base de la producción de alimentos

 "El goteo de estudios que advertían de que la enorme variedad de seres vivos de la Tierra está disminuyendo se ha convertido en una avalancha. La evidencia de estas pérdidas dentro de las regiones y a escala mundial es innegable. Pero los datos sobre la biodiversidad y las causas de su declive siguen siendo fragmentarios y se limitan a algunas causas, algunos lugares y algunas especies. Pero no ocurre lo mismo con las aves en Europa.

Las aves han fascinado durante mucho tiempo a científicos aficionados y profesionales, y la estrecha cooperación en toda Europa ha creado un profundo acervo de conocimientos sobre sus hábitos, necesidades y número. Algunos de los conjuntos de datos más antiguos se refieren a aves que viven al menos parte de su vida en Europa.

Estos datos dibujan un panorama desolador: se calcula que en los últimos 40 años se han perdido unos 550 millones de aves de la población total de Europa. Es una estadística estremecedora, y nos dice algo profundo sobre la relación rota de la humanidad con la naturaleza.

Los científicos saben que la biodiversidad está sometida a una presión cada vez mayor, sobre todo por los rápidos cambios en el uso de la tierra (de bosques a tierras de cultivo, por ejemplo) y el aumento de las temperaturas. Pero la forma en que las distintas especies responden a esas presiones, cuál de ellas es la más importante y cómo pueden responder los conservacionistas para aliviarlas han seguido siendo temas polémicos.

Aprovechando datos de alta calidad sobre aves, en un nuevo artículo que he escrito con investigadores franceses se analiza cómo han respondido 170 especies de aves a las presiones antropogénicas en Europa, utilizando datos recogidos en más de 20.000 puntos de seguimiento de 28 países a lo largo de 37 años, incluidos datos del Reino Unido.

Descubrimos que los productos químicos utilizados en las granjas para controlar insectos y plantas consideradas malas hierbas que podrían reducir el rendimiento de los cultivos están privando a muchas aves de su principal fuente de alimento, y que ésta es la principal causa de su declive en toda Europa.
Los factores de cambio antropogénicos

Hemos analizado cuatro grandes fuentes de presión sobre las poblaciones de aves: la intensificación de la agricultura (medida por el elevado uso de pesticidas y fertilizantes), el cambio climático y su influencia en las temperaturas, los cambios en la cubierta forestal y la urbanización.

Los métodos agrícolas modernos fueron la principal causa del declive de la mayoría de las poblaciones de aves, especialmente de las que se alimentan de insectos y otros invertebrados, como vencejos, lavanderas boyeras, papamoscas moteados, collalbas y tarabillas. La respuesta de las aves a los cambios en la cubierta forestal, la urbanización y el cambio climático fue mucho más variable y específica de cada especie.

Entre 1980 y 2016, la abundancia de aves comunes en Europa se redujo en una cuarta parte. Sin embargo, el número de aves de tierras de cultivo se redujo en más de la mitad durante este periodo. También se registraron descensos tanto en las aves de los bosques como en las urbanas, en las aves septentrionales que prefieren el frío e incluso en algunas especies de aves meridionales que prefieren el calor, aunque la tendencia general en este último grupo de aves es de crecimiento constante.

 Una de las principales conclusiones del estudio es que el uso masivo de plaguicidas y fertilizantes en las explotaciones agrícolas es el principal factor de reducción de las poblaciones de aves en toda Europa, incluido el Reino Unido. Esto no es una gran sorpresa, ya que muchos estudios han llegado a esta conclusión. Pero éste es el primer estudio que examina los factores de origen humano de una sola vez, utilizando algunos de los mejores datos disponibles y métodos estadísticos modernos. Los resultados son claros.

Las prácticas agrícolas empezaron a cambiar significativamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los países introdujeron medidas para aumentar la producción de las explotaciones. Sin embargo, estos esfuerzos por aumentar la producción, incluida la creciente dependencia de pesticidas y fertilizantes, han tenido un coste considerable para las aves y otros animales salvajes y, lo que es más importante, para la salud general del medio ambiente.

Según un reciente informe del Gobierno británico, la pérdida de biodiversidad, junto con el cambio climático, representa la mayor amenaza a medio y largo plazo para la producción nacional de alimentos. La pérdida de biodiversidad tiene consecuencias para la sociedad que van mucho más allá de las especies amenazadas.

Creemos que las aves se ven afectadas principalmente por los pesticidas y fertilizantes a través de la pérdida de alimento, aunque estos productos químicos también pueden estar afectando directamente a su salud. Los pesticidas están diseñados para matar a los insectos e invertebrados que comen las aves. Los fertilizantes cambian el tipo de plantas que crecen en un entorno, a menudo en detrimento de una gran variedad de especies. Los invertebrados necesitan esta vegetación como alimento y refugio, y las aves también la necesitan, al igual que los invertebrados.

Los invertebrados son una parte importante de la dieta de muchas especies de aves, pero son el combustible de los cohetes para el crecimiento de los polluelos, que son el motor del crecimiento de la población. Los invertebrados son especialmente importantes durante el periodo de cría para más del 80% de las aves de nuestro estudio. La dramática pérdida de insectos de la que a menudo oímos hablar parece estar teniendo un profundo impacto en las aves.
Alimentos respetuosos con la naturaleza

La cuestión es cómo reaccionar. La naturaleza tiene problemas en las tierras de cultivo, pero los agricultores pueden ser una parte importante de la solución si cuentan con el apoyo de las políticas adecuadas.

Necesitamos un mayor apoyo a las prácticas agrícolas respetuosas con la naturaleza y abandonar la agricultura dominada por los pesticidas y los fertilizantes inorgánicos. Esto sería bueno para la naturaleza, para los agricultores y la producción de alimentos, para el clima y para los consumidores, y muchos agricultores progresistas están abriendo el camino.

Nuestros resultados también muestran el poder de la ciencia ciudadana y la cooperación transfronteriza para hacer avanzar la ciencia y comprender mejor el mundo natural, y cómo cambiar las cosas.

Ahora necesitamos que los gobiernos de todo el mundo apoyen planes de gestión de la tierra que recompensen la agricultura respetuosa con la naturaleza, como comprometerse a gestionar al menos el 10% de las tierras agrícolas para la naturaleza, lo que a su vez ayudará a mantener o incluso aumentar los rendimientos agrícolas.

 Pero también necesitamos una reforma más amplia del sistema alimentario, que incluya dietas respetuosas con la naturaleza. Minoristas, proveedores y transformadores pueden contribuir a garantizar un medio ambiente sano que nos alimente y nos devuelva la naturaleza, con todos los beneficios que ello conllevará para las personas."                    

(Richard Gregory es profesor honorario de Genética, Evolución y Medio Ambiente en el University College de Londres. Brave New Europe, 05/06/23; traduccion DEEPL)

22/6/23

La ONU traza una hoja de ruta para solucionar la contaminación mundial por plásticos

 "El informe consiste en un análisis centrado en soluciones de prácticas concretas, cambios en el mercado y políticas que pueden informar a los gobiernos

Nairobi.- Según un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la contaminación por plásticos podría reducirse en un 80% de aquí a 2040 si los países y las empresas realizan profundos cambios en sus políticas y mercados utilizando las tecnologías existentes. El informe se publica de cara a la segunda ronda de negociaciones en París sobre un acuerdo mundial para poner fin a la contaminación por plásticos, y en él se exponen la magnitud y la naturaleza de las medidas necesarias para acabar con la contaminación por plásticos y crear una economía circular.

El informe Cerrar el grifo: cómo el mundo puede poner fin a la contaminación por plásticos y crear una economía circular consiste en un análisis centrado en soluciones de prácticas concretas, cambios en el mercado y políticas que pueden informar a los gobiernos y a las empresas.

"La manera en que producimos, utilizamos y eliminamos los plásticos está contaminando los ecosistemas, lo que provoca riesgos para la salud humana y desestabiliza el clima —declaró Inger Andersen, Directora Ejecutiva del PNUMA—. Este informe del PNUMA traza una hoja de ruta para reducir de forma radical estos riesgos mediante la adopción de un enfoque circular que evite que los plásticos entren en los ecosistemas, en nuestros cuerpos y en la economía. Si todos juntos adoptamos este plan de trabajo, en particular en el marco de las negociaciones sobre el acuerdo relativo a la contaminación por plásticos, lograremos beneficios económicos, sociales y ambientales sin precedentes".

Cambios necesarios para la transformación del mercado hacia la circularidad

En primer lugar, el informe propone eliminar los plásticos problemáticos e innecesarios para reducir la magnitud del problema y reducir la contaminación por plásticos en un 80% en todo el mundo de aquí a 2040. Posteriormente, el informe aboga por tres cambios en el mercado: reutilizar, reciclar y reorientar-diversificar los productos:

  1. Reutilizar: El fomento de las opciones de reutilización, por ejemplo, las botellas recargables, los dispensadores a granel, los sistemas de depósito, devolución y retorno, los sistemas de recuperación de envases, entre otros, puede reducir el 30% de la contaminación por plásticos de aquí a 2040. Con el fin de materializar estas posibilidades, los gobiernos deben ayudar a crear un modelo de negocio más favorable, atractivo y convincente en favor de los productos reutilizables.
     
  2. Reciclar: Es posible reducir la contaminación por plásticos en un 20% adicional para 2040 si el reciclaje se convierte en un negocio más estable y rentable. La eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles, la aplicación de directrices de diseño para mejorar la reciclabilidad y la puesta en práctica de otras medidas aumentarían la proporción de plásticos económicamente reciclables del 21% al 50%.
     
  3. Reorientar y diversificar: Los productos plásticos presentes en envases, envoltorios de plástico, bolsitas, artículos de comida rápida y similares pueden ser remplazados con prudencia por productos fabricados con materiales alternativos (como papel o materiales compostables) puede suponer una disminución adicional del 17% de la contaminación por plásticos.

Aunque se logren aplicar todas las medidas anteriores, en 2040 todavía habrá que tratar de forma segura 100 millones de toneladas métricas de plásticos procedentes de productos de un solo uso y de vida corta, además del importante cúmulo de contaminación plástica existente. Esta cuestión puede solucionarse mediante la creación y aplicación de normas de diseño y seguridad para eliminar los desechos plásticos no reciclables, y mediante la atribución a los fabricantes de la responsabilidad de los productos que desprenden microplásticos, entre otras medidas.

En conjunto, el cambio a una economía circular supondría un ahorro de US$ 1,27 billones, teniendo en cuenta los costes y los ingresos por el reciclaje. Asimismo, se ahorrarían US$ 3,25 billones en externalidades evitadas en ámbitos como la salud pública, el clima, la contaminación atmosférica, la degradación de los ecosistemas marinos y los costes relacionados con litigios. Este cambio hacia una economía circular generaría igualmente la creación de 700.000 puestos de trabajo adicionales de aquí a 2040, sobre todo en los países de ingreso bajo, al tiempo que mejoraría significativamente los medios de subsistencia de millones de trabajadores del sector informal.

Los costes de inversión para lograr el cambio sistémico recomendado en el informe son elevados, pero aun así son inferiores al gasto total de no hacerlo: US$ 65.000 millones anuales en comparación con los actuales US$ 113.000 millones anuales. Gran parte de esta cantidad puede movilizarse trasladando las inversiones previstas para nuevas instalaciones de producción (que ya no son necesarias gracias a la reducción de las necesidades de material) o mediante la imposición de un impuesto sobre la producción de plástico virgen para destinarlo a la infraestructura circular necesaria. Sin embargo, el tiempo apremia: un retraso de cinco años puede provocar un aumento de 80 millones de toneladas métricas de contaminación por plástico para 2040.

Los costes más elevados que se derivan tanto de la economía lineal (usar y desechar) como de la economía circular son los costes operativos. Si se cuenta con una normativa que garantice que los plásticos sean diseñados para ser circulares, los sistemas de Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) podrán cubrir estos costes operativos para garantizar la circularidad del sistema, al exigir a los productores que financien la recolección, el reciclaje y la eliminación responsable de los productos plásticos al final de su vida útil.

Las políticas consensuadas a nivel internacional pueden ayudar a superar las limitaciones de los programas nacionales y de la acción empresarial, sostener una economía circular próspera del plástico a nivel mundial, generar oportunidades empresariales y crear puestos de trabajo. Estas pueden incluir criterios acordados para los productos de plástico que podrían prohibirse, una base de conocimientos común de carácter internacional, reglas sobre las normas mínimas de funcionamiento necesarias de los sistemas de RAP y demás normativas.

Por su parte, en el informe se recomienda que un marco fiscal mundial podría formar parte de las políticas internacionales para permitir que los materiales reciclados compitan en igualdad de condiciones con los materiales vírgenes, crear una economía de escala para las soluciones y establecer sistemas de seguimiento y mecanismos de financiación.

Por tanto, resulta decisivo alentar a las autoridades políticas y legislativas a que adopten un enfoque que integre instrumentos reguladores y políticas que hagan frente a las dificultades presentes en cada etapa del ciclo de vida de los plásticos, ya que las etapas y los instrumentos se refuerzan mutuamente para alcanzar el objetivo de transformar la economía. Por ejemplo, las normas de diseño para que los productos sean económicamente reciclables pueden combinarse con objetivos para incorporar contenido reciclado e incentivos fiscales para las plantas de reciclaje.

Por último, en el informe se describen con detalle un conjunto de políticas específicas, tales como normas de diseño, seguridad y plásticos compostables y biodegradables; objetivos de reciclado mínimo; sistemas de RAP; impuestos; prohibiciones; estrategias de comunicación; contratación pública y etiquetado."                (ONU, 16/ 05/23)


 "(...) Todo esto viene a cuento de la segunda reunión de negociación del Tratado Global de las Naciones Unidas para Poner Fin a la Contaminación por Plásticos que finalizó en París el pasado 2 de junio y que ha abordado la grave crisis del plástico. En dicha reunión, a la que asistieron casi 180 Estados se ha logrado un acuerdo de mínimos para desarrollar una primera versión del texto del tratado, una especie de «borrador cero» antes de la próxima ronda de negociaciones que tendrá lugar en Kenia en noviembre de este año.

Uno de los debates en que se ha centrado la reunión en París ha estado en si reducir la producción de plástico o centrarse exclusivamente en su reciclaje. Empresas con intereses en los plásticos han exagerado las posibilidades del reciclaje y han tratado de minusvalorar la ingente cantidad de plásticos que se fabrican. Y solo se recicla correctamente un 9% de plástico. En la medida en que la producción de plástico sigue aumentando, los residuos plásticos no dejarán de crecer. El reciclaje químico y físico tampoco es la solución: sabemos que los plásticos reciclados están contaminados con productos químicos tóxicos, pudiendo estarlo más que los plásticos vírgenes. Podemos restringir el uso de productos químicos peligrosos en los plásticos y detener los nuevos métodos de «reciclaje» como el químico que convierte los residuos plásticos en sus componentes aplicando calor, es decir, incinerándolos, ya que es bien conocido que estos tratamientos térmicos producen sustancias de descomposición que son altamente carcinogénicas, tal y como son las dioxinas.

El propio PNUMA de Naciones Unidas ha publicado un informe titulado «Cerrar el grifo: cómo el mundo puede poner fin a la contaminación por plásticos y crear una economía circular». Y es que los plásticos no solo representan una lacra para el medio ambiente, sino también un factor clave en el calentamiento global.

Ante este problema creciente, la UE y diversos países en vías de desarrollo defienden un acuerdo ambicioso y vinculante sobre la reducción en la producción de plásticos y la prohibición de aquellos materiales más nocivos. En cambio, Estados Unidos, China, Rusia, India y los principales productores de petróleo se muestran mucho más reticentes. Les gustaría que el tratado solo abordara el reciclaje y no impusiera obligaciones.

Gracias al uso del plástico, la humanidad ha conseguido avanzar en todos los terrenos, desde la navegación y la construcción, hasta la automoción e incluso en la medicina. El problema es que se ha incorporado con demasiada confianza y con falta de prevención y sin tener en cuenta que se trata de un compuesto químico al que, en algunos casos como el PVC, se le añaden sustancias muy tóxicas para el medio ambiente y perjudiciales para la nuestra salud.

Una de las peores decisiones que se tomaron fue elaborar con los plásticos productos de un solo uso, de usar y tirar. Desde bolsas de supermercado a maquinillas de afeitar, desde cubiertos desechables a envases de bebidas sin retorno.

La mayoría de los polímeros tienen una historia muy corta, menos de cincuenta años, de manera que todavía no conocemos los riesgos tóxicos que tienen para nosotros y nosotras y para el medio ambiente. Algunos se están descubriendo ahora, muy tarde, porque hemos plastificado el planeta, y hemos convertido a un desconocido en el material más abundante en el mismo.

Para evitar que las cosas no vayan a más, es necesario actuar en varios frentes. En primer lugar, se debe reducir la fabricación, la comercialización y el uso de plásticos procedentes del petróleo y limitar al mínimo los productos de un solo uso elaborados con este material. En este sentido disponemos ya de una nueva ley estatal de residuos 7/2022 que con la finalidad de romper el vínculo entre el crecimiento económico y los impactos sobre la salud humana y el medio ambiente asociados a la generación de residuos, desarrolla unas políticas de prevención de residuos que deben encaminarse a lograr un objetivo de reducción en peso de los residuos generados, de un 13% en 2025 respecto a los generados en el año 2010 y un 15% en el 2030, respecto a lo generado en el año 2010.

En segundo lugar, y referido a los residuos plásticos de las basuras, las principales alternativas son la venta a granel y el envase reutilizable, y la implantación del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), por el que abogan al unísono las organizaciones ecologistas (...) que mejoran de forma muy significativa el reciclaje de los envases de bebida plásticos, y del que Ecoembes, gestor del contenedor amarillo, es el principal lobby opositor (...)"                    (Julen Rekondo  , Rebelión, 22/06/2023)

23/5/23

¿Cómo vamos a producir las 20 Tm/Ha de compost que necesita un campo de cultivo medio? ¿Somos conscientes de lo que supone solo el trabajo de acarrear y esparcir esas 20 Tm sin tractores, sin tracción animal, para los casi 20 millones de hectáreas que se cultivan en la península? Las condiciones climáticas que impone el calentamiento global, nos van a obligar a re-territorializar nuestro sistema agroalimentario... Nos urge pasar rápidamente a la acción y construir modelos agroalimentarios locales viables, mientras tengamos energía disponible para realizar esta transición

 "El cénit de la producción de petróleo tiene muchas aristas y, posiblemente, el impacto y las consecuencias sobre el sistema agroalimentario mundial, sea una de las cuestiones más complicadas de tratar y quizás por eso, se convierta en una cuestión que se suele quedar en un segundo plano.

Los combustibles fósiles son esenciales en el mantenimiento del sistema agroalimentario actual: maquinaria agrícola, bombeo de agua en el regadío, producción de fertilizantes de síntesis, todo tipo de plásticos de uso agrícola, etc. afectando a toda la cadena que va desde la producción, a la distribución y al consumo.

Alrededor del 30% del consumo de energía[1] se emplea en el mantenimiento del sistema alimentario mundial y produce 1/3 de las emisiones de GEI[2]. Algunos estudios cifran en 13 unidades de energía fósil las que se utilizan por cada unidad de energía alimentaria producida[3].

Esta abundancia energética que nos han proporcionado los combustibles fósiles nos ha permitido disponer —especialmente en los países occidentales— de una gran variedad de productos desestacionalizados en las estanterías de nuestros supermercados y poder elegir entre diferentes tipos de dietas, en función a nuestro estilo de vida. Esta supuesta capacidad de elección, si la observamos desde una perspectiva más larga, seguramente sea una ficción propia de las sociedades opulentas contemporáneas, que sólo se puede sostener en un corto período de la historia de la humanidad, gracias al proceso de Haber-Bosch. Convertimos calorías de combustibles fósiles en calorías de nuestros alimentos. Hay estimaciones de que al menos el 30% de los átomos de nitrógeno de nuestro cuerpo proviene de este proceso de síntesis.

Si analizamos la historia agraria de la Península Ibérica, veremos cómo a lo largo de la historia hemos desarrollado sistemas alimentarios de base territorial. Nos alimentábamos mayoritariamente a través de los recursos que teníamos en nuestro ámbito geográfico y esto estaba determinado por la capacidad de sostener con esos pastos, forrajes etc., una cabaña ganadera con la que cerrar el ciclo de fertilidad de los cultivos. Nuestros antepasados tenían un gran ingenio y conocimiento del medio que los llevaba a hacer un aprovechamiento muy eficiente y generalmente sostenible de los recursos del entorno. Se trata de un patrimonio cultural basado en la gestión agroecológica del territorio que será muy importante de recuperar de cara al descenso energético en el que nos encontramos (Columela, Al Awan, la gestión comunal, etc.). Estos modelos agroalimentarios tradicionales —de base agrosilvopastoril— no eran perfectos y alrededor del siglo XIX, con la crisis finisecular y diferentes sucesos políticos y sociales, comenzaron a chocar contra límites físicos de la geografía donde se desarrollaban, lo que llevó a trasladar la huella territorial de los sistemas agroalimentarios locales a otros países con sus consiguientes impactos: importación de guano, de nitrato de chile, etc. (Una mayor profundización sobre el metabolismo agrario se puede realizar en los estudios de González de Molina y el Laboratorio de Historia de los Agroecosistemas de la UPO[4] y de Enric Tello en Catalunya[5]).

Esta necesidad/disponibilidad de fertilizantes se dispara con el mencionado proceso de Haber-Bosch y de ahí a la intensificación de la mal llamada revolución verde que conforma el sistema agroalimentario que tenemos en la actualidad.

Me dedico a la regeneración de suelos que han sido degradados tras décadas de impactos derivados de las prácticas de la revolución verde. En zonas de cultivos de secano de la península es habitual encontrarse con suelos con porcentajes de materia orgánica que no llegan al 1%. Son suelos muertos, en los que los ciclos de fertilidad del suelo están rotos y, por si fuera poco, los niveles de diferentes contaminantes, son muy elevados. En el momento en que a esos suelos les quitas su dosis de fertilizante de síntesis, el rendimiento productivo cae de manera abrupta. Dentro del proceso de regeneración, utilizamos las técnicas más avanzadas del conocimiento científico que disponemos: abonos verdes, biofertilizantes, cultivos de microbiología, BRF, introducción de diferentes secuencias de animales en pastoreos rotacionales regenerativos… Los procesos de recuperación de la fertilidad de los suelos son muy lentos y en muchas ocasiones puede llevar hasta 4-5 años conseguir alcanzar porcentajes del 2-3% de materia orgánica (contenido mínimo para recuperar cierta fertilidad en un secano medio). Y esto contando aún con tractores y maquinaria que nos facilitan de manera increíble el trabajo. Imaginemos lo que sería todo este trabajo de regeneración sin la ayuda de los combustibles fósiles.

Hay ocasiones en las que mientras realizas trabajo de campo, te da por pensar en los miles de hectáreas que te rodean y que están siendo aún cultivadas con químicos, en el trabajo tan inmenso y el tiempo que será necesario invertir para recuperar en un grado mínimo su fertilidad. En que un aumento de los precios de los fertilizantes nos puede poner contra las cuerdas, como ya está pasando en muchos lugares del planeta. En esos momentos, son muchas las preguntas que te asaltan y para las que no tienes respuesta.

¿Cómo vamos a fertilizar sin químicos superficies tan grandes? ¿Cómo vamos a producir las 20 Tm/Ha de compost que necesita un campo de cultivo medio? ¿De donde van a salir todos estos restos orgánicos? ¿Nos podemos arriesgar a basar toda nuestra reposición de la fertilidad en un proceso tan pobre desde un punto de vista termodinámico como el compostaje de restos vegetales? ¿Es posible fertilizar grandes territorios sin la intervención animal?

Aunque tuviéramos maquinaria, el reto sería colosal, pero si nos vamos a ver abocados a una menor disponibilidad de combustible, ¿somos conscientes de lo que supone solo el trabajo de acarrear y esparcir esas 20 Tm sin tractores, sin tracción animal, para los casi 20 millones de hectáreas que se cultivan en la península? ¿Cuántas personas en las ciudades estarían dispuestas a hacer esos trabajos? ¿Cuantas estarían hoy preparadas físicamente para aguantar la cosecha manual durante 6 horas al día en julio en Castilla? ¿Quién va a hacer esos trabajos?

¿Podemos realmente elegir el tipo de alimentación que queremos tener, sin esa ingente cantidad de energía que nos aportan las fósiles, o la dieta vendrá determinada por las características de nuestros territorios y los recursos que seamos capaces de sostener en los mismos sin esquimarlos?

Las circunstancias derivadas del agotamiento de los combustibles fósiles y las dificultades de la adaptación a las condiciones climáticas que impone el calentamiento global, nos van a obligar a re-territorializar nuestro sistema agroalimentario. Y para ello, es necesario planificar la transición agroecológica de esos millones de hectáreas y poder superar las dificultades técnicas que esto supone. Se trata de un reto enorme al que como sociedad nos vamos a ver enfrentados. Las cadenas largas de producción, distribución y consumo basadas en la disponibilidad de combustibles fósiles baratos, nos permiten vivir una ficción que no va a ser posible mantener mucho en el tiempo. Nos urge pasar rápidamente a la acción y construir modelos agroalimentarios locales viables, mientras tengamos energía disponible para realizar esta transición."                   (, 15/15/15, 2023-05-12)

5/10/22

Manuel Maqueda, el especialista en contaminación de plásticos que triunfa en Harvard... Es el primero en enseñar Economía Circular y Regenerativa en Harvard, y su narrativa sobre la contaminación por plásticos ha calado en Naciones Unidas

 "En 2010 Manuel Maqueda (Madrid, 1969) se paseaba por Oakland (California) con un reloj sin cifras ni manecillas. “Now!”, podía leerse en la esfera. Toda una declaración de principios sobre el tiempo. Ni el futuro ni el pasado parecían importarle demasiado. Hacía lo que más le gustaba: abrir caminos. Dos años antes, había conocido al capitán Charles J. Moore, el descubridor de la gran mancha de basura del Pacífico. “Por primera vez escuché hablar de la contaminación por plásticos”, recuerda. A la mañana siguiente googleó “contaminación” + “plástico”. Cero resultados. “No había nada”. Maqueda tuvo una epifanía: se trataba de un error de diseño. “Usábamos un material no biodegradable que se fragmentaba en partículas y duraba miles de años para fabricar cosas de usar y tirar. Un disparate”.

Maqueda, que de niño quiso estudiar Biología y ser Félix Rodríguez de la Fuente, pero que acabó haciendo Económicas y Derecho porque a sus padres les parecía el camino más corto para “colocarse”, decidió que él iba a contar esa historia. “Llamé a Google, les dije que tenían los océanos de Google Maps vacíos y que se me había ocurrido llenarlo con las manchas de plástico. Entonces estaban montando Google Ocean y necesitaban contenido. Me citaron en la sede de Mountain View y firmé un montón de documentos”. Aquel proyecto nunca salió porque Maqueda prefirió empezar por el principio. “Había que crear una narrativa”. Así nació The Plastic Pollution Coalition. En 2022 Naciones Unidas redacta un tratado internacional contra la contaminación por plástico usando su vocabulario. “Sí se puede”, dice satisfecho.

 Después de 20 años en Estados Unidos, vuelve a Madrid. Nos citamos en la biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial porque dice que “no hay plásticos y es un sitio pensado para durar”. Ahora usa un reloj convencional que marca la hora de recoger a sus hijos en el colegio. No ha conseguido ser Rodríguez de la Fuente, pero sí enseñar Economía Circular en la Universidad de Harvard, donde ha creado el primer curso de Economía Regenerativa. “Digamos que ser sostenible es el primer paso; ser circular, el segundo, y regenerativo, el tercero e indispensable”. Sus clases están abiertas a todos, pero algunos alumnos les duran menos que otros. “No soy catedrático, ni siquiera tengo un doctorado, estoy ahí para conseguir impacto”. Para Maqueda eso significa “cambiar el modo de pensar de gente influyente”. “Doy clases a profesionales de la sostenibilidad, empresarios, ministros, catedráticos. Muchos llegan con la idea de que la economía circular es un añadido a la sostenibilidad, pero el 80% de los impactos están en la fase de diseño, y eso significa rediseñar todos los productos y servicios. Hay quien no quiere escucharlo y se va”.

A sus clases también se apuntan los maestros del greenwashing, ese lavado de cara tan extendido que consiste en usar el lenguaje verde para seguir haciendo lo mismo de siempre. “Los puedo identificar a kilómetros… ‘Yo ya soy parte de la economía circular, mi empresa recicla el 20% de las botellas’, dicen. No quieren aprender”. Una vez se le apuntaron 11 directivos de una empresa dedicada a la pirólisis de plástico (convertir el plástico en combustible). “Eso no es economía circular”, les dijo. Poco a poco fueron desapareciendo.

“Soy el mismo de antes, pero ahora lo digo con el gorro de Harvard y la gente me escucha con más atención”. Maqueda pregunta en su clase: “¿Cuál es el valor del conocimiento en un mundo donde la información crece exponencialmente cada día? La respuesta es fácil: tiende a cero. Lo único que aumenta su valor en este contexto es la sabiduría, hacer las buenas preguntas porque las respuestas ya te las regalan”. En 2022 uno se apunta a un curso de Harvard para aprender a preguntar."             (Karelia vázquez, El País, 20/09/22)

5/8/22

Tamil Nadu, el estado de India que le declaró la guerra al plástico

 "Amul Vasudevan, una vendedora ambulante de vegetales en el estado sureño de Tamil Nadu, India, pensó que su negocio desaparecería.

El estado había prohibido a los minoristas el uso de bolsas de plástico desechables, artículo indispensable para el sustento de Vasudevan por su bajo precio. Ella no podía permitirse el lujo de vender sus productos en bolsas de tela reutilizables.

Tamil Nadu no fue el primer estado indio que intentó reducir la contaminación por plástico, pero a diferencia de otros, fue implacable a la hora de hacer cumplir su ley. Vasudevan fue multada en repetidas ocasiones por utilizar bolsas desechables.

Ahora, tres años después de la entrada en vigor de la prohibición, el uso de bolsas de plástico por parte de Vasudevan se ha reducido en más de dos tercios; la mayoría de sus clientes traen bolsas de tela. Muchas calles de este estado de más de 80 millones de habitantes están prácticamente libres de residuos de plástico.

 Sin embargo, la prohibición de Tamil Nadu dista mucho de ser un éxito absoluto. Mucha gente sigue desafiando la prohibición por considerar que las alternativas al plástico son demasiado caras o incómodas. La experiencia de ese estado ofrece lecciones para el resto de India, donde el mes pasado entró en vigor una ambiciosa prohibición nacional para la fabricación, importación, venta y uso de algunos plásticos de un solo uso.

 “Las bolsas de plástico solo pueden eliminarse si el cliente lo decide, no el vendedor”, comentó Vasudevan desde su puesto ubicado en la calle Muthu de Chennai, la capital del estado. “Deshacerse de ellas es un proceso lento; no puede ocurrir de la noche a la mañana”.

 En todas las metrópolis y pueblos de India, la vida cotidiana está entrelazada con el plástico desechable, considerado como uno de los peores peligros para el medioambiente. Las compras de todo tipo se llevan a casa en bolsas desechables, y la comida se sirve en platos y bandejas de un solo uso. El país es el tercer mayor productor mundial de residuos plásticos desechables, después de China y Estados Unidos.

 Pero el gobierno del primer ministro Narendra Modi ha prohibido algunos de esos artículos omnipresentes como los vasos, platos, cubiertos, popotes e hisopos desechables. Las bolsas de un solo uso están prohibidas, pero se permiten las más gruesas y reutilizables. La prohibición no incluye las botellas de refresco ni los envoltorios de plástico de las papas fritas y otros bocaditos.

India sigue el ejemplo de otros lugares como Bangladés, la Unión Europea y China en una estrategia a gran escala para reducir los residuos plásticos. Pero su plan es uno de los más ambiciosos, según los expertos, pues implica a toda la cadena de suministro, desde la fabricación hasta el uso de plásticos desechables.

Lo que queda por ver es el grado de compromiso de las autoridades para hacer cumplir la nueva ley.

“Una prohibición general es muy difícil de aplicar, a menos que los gobiernos locales tomen medidas estrictas contra los infractores y establezcan una colaboración con los habitantes”, explicó Ravi Agarwal, que dirige Toxics Link, un grupo de defensa que se dedica a la gestión de residuos. “De lo contrario, acabaremos con algunas multas esporádicas aquí y allá, y algunas noticias en los periódicos”.

 El año pasado, el gobierno federal prohibió las bolsas de plástico muy finas, pero la aplicación de la norma, que se dejó en manos de las autoridades locales, no fue rigurosa. La vigilancia del cumplimiento de la nueva ley también depende de las autoridades locales, pero ahora el gobierno dice que va a involucrar al público, que podrá denunciar a los infractores y su ubicación con una aplicación móvil.

La presión pública sobre los políticos —para que arreglen los atascos de desagües y alcantarillas causados por el plástico, por ejemplo— es otra razón del relativo éxito en Tamil Nadu.

Un viernes por la mañana hace poco, agentes de policía vestidos de civil circulaban por la calle Muthu en busca de infractores. Cerca de una sección de vendedores ambulantes de verduras y flores de jazmín, encontraron a un vendedor que empaquetaba productos para los clientes en bolsas desechables. La policía lo multó y procedió a incautar decenas de kilos de contrabando a otros, multándolos y amenazándolos con sentencias de cárcel.

Desde diciembre de 2019, las autoridades estatales han recaudado más de 1,3 millones de dólares en multas; la menos cuantiosa ronda los 7 dólares. Pero el trabajo no tiene fin: después de que los agentes se dispersaron ese día, algunos vendedores volvieron a utilizar las bolsas prohibidas en la calle Muthu.

 “Tenemos que encontrar soluciones baratas para acabar con el uso de las bolsas de plástico”, señaló Vasudevan, que ese día no fue multada. “Los ricos entienden lo que está en juego pero, para los pobres, el gobierno tiene que hacer que las bolsas de tela sean baratas”.

Tamil Nadu ha intentado abordar ese problema con subvenciones y campañas de promoción para las bolsas de tela.

 A la entrada del mercado mayorista de Koyembedu, en Chennai, las autoridades instalaron dos máquinas expendedoras con capacidad para 800 bolsas de tela, que cuestan 12 céntimos de dólar cada una. Las máquinas se recargan dos veces al día. Aunque la prohibición ha afectado los medios de vida de las personas involucradas en la fabricación y venta de plástico de un solo uso, ha sido una bendición para otras personas.

A unos 40 kilómetros al oeste de Chennai, en el pueblo de Nemam, alrededor de una veintena de costureras fabricaban bolsas de tela mientras sonaba música de Bollywood. Son integrantes de una cooperativa y han podido aumentar sus propias ganancias haciendo más bolsas.

 “Estamos produciendo más bolsas de tela que nunca”, dijo Deepika Sarvanan, jefa de un grupo local integrado exclusivamente por mujeres, que inicialmente fue financiado por el gobierno pero ahora se mantiene por sus propios medios. “No estamos produciendo ni el 0,1 por ciento de la demanda”.

Pero para algunos negocios, como los que venden peces vivos, el plástico es difícil de sustituir. “Nadie quiere destruir el medioambiente”, afirmó Mageesh Kumar, que vende peces como mascotas en el mercado de Kolathur, en Chennai. “Pero si no los vendemos en bolsas de plástico, no hay otra forma; ¿cómo alimentaremos a nuestras familias?”.

Por ahora, Kumar y sus compañeros utilizan bolsas más gruesas y les piden a los clientes que las devuelvan.

Sin embargo, Tamil Nadu ha avanzado más que otros estados que han intentado reducir el uso del plástico. Sus playas, enclaves residenciales y zonas industriales carecen en gran medida de basura de plástico. Muchos residentes recogen de manera diligente el plástico para reciclarlo y separan los residuos.

 El pionero en el estado fue el distrito de Nilgiri, una zona popular entre los turistas por sus ciudades de montaña y plantaciones de té, que prohibió el plástico desechable en el año 2000. Allí, la iniciativa fue liderada por Supriya Sahu, una funcionaria que se dio cuenta de los peligros de la contaminación por plástico tras ver fotografías de bisontes muertos con bolsas de plástico en el estómago. Sahu inició una campaña de concientización pública.

“Hicimos que la gente entendiera que, si queremos que el turismo sobreviva, tenemos que dejar de usar plástico”, aseguró Sahu, quien ahora es funcionaria estatal del medioambiente. “Cualquier programa dirigido por el gobierno solo puede tener éxito si se convierte en un movimiento popular”.

En una tarde húmeda reciente, el mercado de Koyembedu era un caso de éxito. De las más de dos decenas de tiendas, solo dos vendían flores envueltas en plástico.

“Llevamos años vendiendo flores envueltas en periódicos”, comentó Richard Edison, vendedor de flores. “La gente lo exige”.             (Sameer Yasir, The New York Times en español, 03/08/22)

7/4/22

Encuentran, por primera vez, microplásticos en los pulmones de personas vivas

 "Investigadores de Reino Unido tomaron muestras del tejido extraído de 13 pacientes que fueron sometidos a cirugía. Encontraron que había microplásticos en 11 casos. Los resultados del estudio serán publicados en la revista Science of the Total Environment.

 Los microplásticos ahora contaminan todo el planeta, desde la cima del Monte Everest hasta los océanos más profundos. También han llegado a afectar la salud de las personas. En marzo se detectaron en la sangre humana por primera vez, demostrando que las partículas pueden viajar por el cuerpo y alojarse en los órganos. (Lea: Encuentran por primera vez microplásticos en la sangre de los humanos)

Ahora, un reciente estudio encontró por primera vez microplásticos en lo profundo de los pulmones de personas vivas. Los investigadores de Reino Unido tomaron muestras del tejido extraído de 13 pacientes que fueron sometidos a cirugía. Encontraron que había microplásticos en 11 casos.

De acuerdo con los resultados, que fueron aprobados para ser publicados en la revista Science of the Total Environment, las partículas más comunes que fueron encontradas en las muestras son el polipropileno, que es el empleado en envases y tuberías de plástico; y el PET, que es el que se utiliza en botellas.

En el estudio, los investigadores tomaron muestras de tejido pulmonar sano y analizaron las partículas de hasta 0,003 mm de tamaño. Para identificar el tipo de plástico que había en cada tejido, emplearon espectroscopia y usaron muestras de control para tener en cuenta el nivel de contaminación de fondo. (Puede leer: Hasta el Ártico están llegando los microplásticos provenientes de ríos europeos)

Los investigadores explicaron que no es nuevo que las personas respiraban las diminutas partículas y, en otros casos, son consumidas por medio de los alimentos y el agua. Señalaron su preocupación ante esta problemática porque ya han logrado demostrar en los estudios de laboratorio que los microplásticos causan daño a las células humanas y ya han logrado establecer que las partículas ingresan al cuerpo y causan millones de muertes prematuras al año.

Laura Sadofsky, doctora de la escuela de medicina Hull York en el Reino Unido y autora principal del estudio, le aseguró a The Guardian que no esperaban encontrar la mayor cantidad de partículas en las regiones inferiores de los pulmones.

“Es sorprendente, ya que las vías respiratorias son más pequeñas en las partes inferiores de los pulmones y hubiéramos esperado que partículas de estos tamaños se filtraran o quedaran atrapadas antes de llegar tan profundo. Pero, no fue así”, añadió al medio británico. (Le puede interesar: Estudio describe los efectos nocivos del microplástico en las células humanas)

Aunque esta es la primera vez que encuentran microplásticos en los más profundo de los pulmones de personas vives, no es la primera vez que descubren estos contaminantes en tejido pulmonar. El más reciente estudio fue publicado en 2021, en la revista Science Direct. Los investigadores encontraron microplásticos en 13 de las 20 personas analizadas en las autopsias de Brasil. El polietileno, utilizado en las bolsas de plástico, fue una de las partículas más comunes."                        (El Espectador, 06/04/22)

2/3/22

Una breve historia de la basura plástica... Las compañías petroquímicas generalizaron las mercancías de plástico tras el boom económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, y lo hicieron con una retórica de modernidad, higiene, ecología e incluso feminismo... Los grandes monopolios de la cadena global de plástico tratan de invisibilizar su responsabilidad socioambiental transfiriéndola a los consumidores con el sofisma de que todo depende de los hábitos responsables de consumo

 "El gobierno chino promulgó en 2018 una política de protección ambiental denominada “Espada Nacional” o también “Espada Verde” que consiste en la prohibición de importar diversos tipos de plásticos reciclables del resto del mundo. Si la potencia asiática, para entonces, no se hubiera convertido en el importador de más del 50% del plástico desechado que ha sido generado por el norte global, esta medida posiblemente hubiera pasado sin advertencia. Pero no es así, y ahora los gobiernos y corporaciones globales ven cómo los discursos de economía circular con que en las últimas décadas alentaron a sus ciudadanos a consumir infatigablemente y separar residuos, están colapsando.

Millones de toneladas de plástico descartado ya no fluyen hacia China. Y, en este capítulo del tóxico romance entre el capitalismo y sus desechos plásticos, por una parte, se incrementan las alarmas en los círculos de poder que buscan desesperadamente un lugar dónde redirigir el flujo de desechos, no importa que ese dónde se transforme en nuevas zonas de sacrificio[1]. Por otra parte, como también ocurre en otros momentos de la historia del exceso de desperdicio capitalista, la basura se convierte en el espejo que refleja las inconsistencias, cada vez más evidentes, de los repertorios de sustentabilidad ambiental y economía circular que han vendido los promotores del capitalismo verde.

¿Cómo China decidió dejar de ser el principal vertedero del plástico de la ecología-mundo capitalista y qué impactos tiene esto? ¿Cómo está respondiendo el norte global ante este desafío y qué ocurre en la periferia de la ecología-mundo capitalista? Son las preguntas que se responden a continuación.

El “tóxico idilio plástico” de la ecología-mundo capitalista

En sentido estricto, el plástico no es una materialidad sino una cualidad. Etimológicamente proviene del griego plassein (“moldear”, “dar forma”). Hasta antes del auge de la industria petroquímica en el siglo XX la cualidad de lo plástico tenía diferentes usos (las artes, por ejemplo). Sin embargo, el descubrimiento en las primeras décadas del siglo XX de la versatilidad de los polímeros (resinas sintéticas derivadas del petróleo que, sometidas a altas temperaturas, mostraban una gran capacidad de plasticidad para producir infinidad de mercancías) fue lo que produjo que, a mediados del siglo XX, el plástico se transformara de adjetivo en sustantivo.

Como ningún otro material, el plástico le ha dado a la ecología-mundo capitalista un toque distintivo. La ecología-mundo capitalista es una forma de producir-organizar el espacio, el poder, la naturaleza, la riqueza, mediante flujos de energía y capital que conectan ecosistemas y sistemas de trabajo humano y natural[2]. En esta ecología-mundo, el plástico posibilita la aceleración de procesos de extracción, producción, distribución, consumo y descarte de infinidad de mercancías a lo largo y ancho del planeta, en un envoltorio ideológico de fluidez y ductilidad de la vida moderna, pero, con profundas consecuencias ambientales, también de alcance global.

 Las compañías petroquímicas generalizaron las mercancías de plástico tras el boom económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, y lo hicieron con una retórica de modernidad, higiene, ecología e incluso feminismo. Ya no habría que cazar elefantes para obtener marfil, los bosques maderables serían protegidos, la salud de las personas estaría aún más a salvo y el tiempo dedicado a las tareas domésticas, mayoritariamente realizado las mujeres, se reduciría[3]. Durante las últimas décadas, la tasa de producción de plástico ha crecido exponencialmente a nivel global. La producción acumulada de plásticos es superior a los 8 mil millones de toneladas desde 1950 (cuando empezó su masificación), y la mitad ha sido generada solo en la última década. Se han producido más de 300 millones de toneladas anuales de plásticos en los últimos años, con la expectativa que a 2050 la tasa se eleve a 600 millones de toneladas diarias.

Actualmente, más del 99% del plástico es fabricado con combustibles fósiles. Durante todo el ciclo de vida del plástico se generan gases de efecto invernadero: al extraer petróleo y refinarlo, al producir polímeros, al enterrarlo en rellenos sanitarios o incinerarlo, y también al reciclarlo. Sin embargo, la tasa de reciclaje de plástico varía ampliamente entre países y no alcanza el 10% a nivel mundial. Así que la mayor parte del plástico producido termina en vertederos, plantas de incineración, dispersa sin ningún tipo de gestión, en los mares –donde se han formado gigantescas islas de basura plástica– o en otros cuerpos de agua continentales. También partículas nanoplásticas se encuentran en los organismos vivientes, incluidos los humanos.

 Los grandes monopolios de la cadena global de plástico tratan de invisibilizar su responsabilidad socioambiental transfiriéndola a los consumidores con el sofisma de que todo depende de los hábitos responsables de consumo. Se trata de una argucia, pues está establecido que en el norte global capitalista los principales productores de plástico son los gigantes petroquímicos. Para 2019, según la asociación australiana Plastic Waste Markers Index, el primer puesto lo ocupaba ExxonMobil con 5,9 millones de toneladas de desechos plásticos, seguida de la compañía química estadounidense Dow con 5,5 millones de toneladas, y de la empresa de gas y petróleo china Sinopec con 5,3 millones de toneladas. Además, otros mega oligopolio corresponde al de los principales distribuidores de plástico. Por último, debemos añadir que, acorde a Break Free From Plastic, una red global ambientalista, los responsables de generar más desechos plásticos contaminantes son Coca-Cola, PepsiCo y Nestlé.

En la década de 1990 se conformó el actual flujo de residuos plásticos de la ecología-mundo capitalista. En esa década florecieron economías capitalistas emergentes que requerían, además de capitales, un alto consumo de materias primas que no tenían a disposición. Una fuente potencial de estos recursos fueron los desechos del norte global. Grandes cantidades de papel, cartón, plástico, chatarra fueron desviados hacia estas economías como ayuda para el desarrollo. No se trató solo de una imposición externa, ya que las clases dominantes y los gobiernos de estas economías jugaron un activo papel en esta vía.

El principal receptor de estos flujos de basura plástica global fue China. A finales de la década de 1990, con una economía capitalista en auge, China se convirtió en el principal destino del mercado mundial de desechos reciclables. Comenzó a importar una amplia gama de chatarra, desde plástico hasta acero, para satisfacer la demanda de insumos en su sector manufacturero y así surtir el mercado interno y convertirse luego en el principal exportador de mercaderías del planeta. Los altos precios de petróleo encarecieron el plástico virgen, así que el reciclaje de desechos resultó mejor negocio para la expansión económica del gigante asiático. A comienzos del nuevo milenio, cada año China importaba 4 millones de toneladas de residuos plásticos, 12 millones de toneladas de papel usado y 11 millones de toneladas de chatarra metálica. Para 2016, China importaba cerca del 30% de desechos plásticos y chatarra metálica de todo el mundo, principalmente del norte global, y esto incluía el 55% de la chatarra de cobre del mundo, el 24% de aluminio, el 55% de papel desechado y el 51% de plástico desechado mundial. Ese año, según Will Flower, Estados Unidos enviaba cada día con destino a China 1.500 contenedores en buques cargados con residuos de todo tipo. Estos buques habían llegado a Estados Unidos con mercaderías baratas y retornaban a China con residuos para seguir produciendo más mercancías[4]. Claro está, no solo Estados Unidos participó de este flujo global de materialidades descartadas, también Europa, Japón y Australia encontraron en China un insaciable devorador de sus basuras.

De esta manera se constituyó un circuito global de gran parte de desperdicios, una ecología-mundo capitalista que parecía resolver los problemas del exceso de producción y consumo. En el norte global los ciudadanos podían consumir sin pausa y su conciencia ambiental quedaba en paz, incentivada por las autoridades ambientales y la publicidad sobre la importancia de separar y organizar los residuos domésticos. Las grandes corporaciones de la industria petroquímica adoptaron el lenguaje de la economía circular global, una estrategia orientada a asegurar su legitimidad pública al tiempo que ampliaban sus mercados y, por supuesto, aparecieron empresas globales de comercio de desechos que se lucraron al máximo[5].

Pero, si todo era tan exitoso… ¿Por qué China puso fin a este modelo de flujo de desechos? ¿Qué está pasando en la ecología-mundo capitalista?

En la primera década del siglo XXI, China se vio inundada de desechos globales. Lo que en un principio fue visto como un impulso al desarrollo económico se transformó en su contrario. Muchos de estos desechos no solo eran de mala calidad, sino que estaban contaminados. Además, los contenedores llevaban también basuras peligrosas y no reciclables. Los fabricantes chinos debían realizar grandes inversiones en la reclasificación de materiales y en la eliminación de las materialidades peligrosas, lo que implicó crear zonas de sacrificio ambiental en varias regiones chinas.

 Por esta razón, en 2013 el gobierno chino diseñó la «Operación Green Fence», la cual buscó establecer controles sobre la calidad de los materiales de desecho importados y reprimir el comercio ilegal y el contrabando de desechos globales. Estas medidas pusieron en evidencia que las grandes potencias capitalistas estaban obviando el Convenio de Basilea que establece sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos[6]. Los exportadores de basura global hacia China argumentaron que el Convenio de Basilea no esclarece qué se considera residuos peligrosos y, por eso, los principales exportadores de residuos se negaron a firmarlo. Las potencias capitalistas del norte global no juegan limpio cuando de basura se trata. Utilizaron la exportación de plástico a China para deshacerse de otras basuras, incluso residuos tóxicos y peligrosos.

También hubo cambios significativos en la sociedad China que explican el cambio de prioridades ambientales en relación con la importación de desechos. En las últimas décadas apareció una clase media y un movimiento sindical hartos de la contaminación causada por los desechos importados, lo que trajo olas de protesta e inconformidad pese a la censura y las políticas de cooptación gubernamentales. En 2015 y en 2016 la opinión pública china fue estremecida con los documentales Under the Dome y Plastic China, respectivamente, que señalaron los duros efectos del reciclaje informal y la contaminación del aire, el agua y el suelo del país asiático[7]. A la presión ciudadana se le debe agregar el incremento del gasto público por razones de descontaminación ambiental, así que estas condiciones empujaron a la República Popular China a endurecer la política de importación de desechos. En 2017 el gobierno proclamó la agenda denominada “Espada Nacional” para hacer frente a la basura del norte global, que detalla las regulaciones para la calidad de la basura importada y prohíbe la importación de 24 tipos de desechos, incluido el plástico no industrial.

En marzo de 2018 China dejó de importar plástico, papel y otros tipos de chatarra de baja calidad. Así que, miles de toneladas de plástico desechado empezaron a acumularse en puertos e instalaciones de reciclaje de todo el mundo, principalmente del norte global que, considerando a China como su principal vertedero, no desarrolló tecnologías de reciclaje en su propio patio.

China es hoy una superpotencia económica en la ecología-mundo capitalista y su gobierno busca dejar de ser consumidora de tecnología, basura e ideas de sus rivales capitalistas. Ahora se proyecta como el epicentro de nuevos patrones globales. Y, en lo que respecta a la gestión de desechos, su política es reemplazar el sector de reciclaje informal por “parques eco-industriales” de alta tecnología más limpios. El propósito es, como sugiere Kate O’Neill, liderar un nuevo enfoque en la disputa por definir los criterios de la economía circular en el marco del capitalismo.

China pretende transitar a una nueva lógica, sea o no un error querer compatibilizar el exceso de producción y consumo, por un lado, con la gestión de desechos, por el otro. Pero mientras eso ocurre, sus competidores en el norte global no están dispuestos a hacer cambios sustantivos en la dinámica establecida, por lo que, previendo el cierre del gran vertedero chino, se están creando nuevas zonas de sacrifico a las que reorientar los flujos de desechos en la ecología-mundo capitalista. El norte global está reorganizando la geografía mundial de flujos de basura plástica, mediante métodos legales e ilegales, que acorten las cadenas mundiales y abaraten costos de transporte. De hecho, un informe de Interpol establece que en los dos últimos años, a partir de la entrada en vigor de la política Espada Nacional de China, se ha incrementado el comercio ilegal de residuos[8].

 Según Interpol, dos son los espacios que constituyen la periferia tóxica de las potencias europeas: en primer lugar, los países de Europa del Este (especialmente la República Checa, Polonia y Rumania), y, en segundo lugar, la denominada región MENA (Medio Oriente y los países del Magreb). En el tránsito de estos flujos, cuyo destino final son los vertederos ilegales, los desechos peligrosos se camuflan o son legalizados sin mayor control ambiental. El impacto es nefasto, tanto en lo social como en lo ambiental. Por citar un ejemplo: desde 2018, en Polonia, se han producido incendios en vertederos ilegales en los que se depositan basuras domésticas y de grandes supermercados, que salen del Reino Unido etiquetadas como plástico de la “lista verde” de la Unión Europea. En Zgierz, en el centro de Polonia, los propietarios del vertedero quisieron borrar las pruebas del delito que supone la importación ilegal prendiendo fuego a los casi tres mil metros cúbicos de basuras, con severos impactos para la salud humana y el resto de la naturaleza en este territorio.

Las pujantes economías asiáticas (Japón, Corea del Sur, Taiwán… entre otras) y Australia encuentran un mercado legal e ilegal de residuos plásticos en Malasia, Tailandia y Vietnam, países en que se reproduce el viejo discurso que glorifica la basura importada como materia prima para el desarrollo, pese a que, según señala Interpol, son países que carecen de la infraestructura adecuada para el reciclaje de plásticos.

En el caso de Estados Unidos y Canadá, si bien no renuncian a exportar desechos a los países asiáticos, están diversificando sus zonas de envío. Estados Unidos incluso está llevando su basura plástica a ecosistemas inhabitados por humanos. Un reportaje periodístico de 2016 sobre la inundación global de plástico estadounidense informa que en ese país se han constituido empresas que compran todo tipo de plástico, contaminado o no, y lo exportan a 78 destinos, también a ecosistemas vírgenes (es el caso de la Reserva Marina de las Islas Heard y McDonald (HIMI) en el océano Índico australiano, hasta 2016 protegido celosamente). Según el mencionado reportaje, estas “islas deshabitadas” han recibido 57 toneladas métricas de desechos plásticos no clasificados procedentes de Estados Unidos[9]. Sin embargo, la nota periodística oculta que esta decisión pone en riesgo estos ecosistemas frágiles. Las autoridades ambientales buscaron restringir y controlar la presencia de especies exóticas causantes de la devastación de poblaciones reproductoras de aves marinas, la modificación de las comunidades de plantas e invertebrados, la reducción general de la biodiversidad y las extinciones locales[10]. Ahora, las consecuencias de la presencia de esta nueva materialidad desechada ofrecen un sombrío panorama.

Por razones de cercanía geográfica, pero también por factores geopolíticos, el destino de la basura plástica de Estados Unidos y Canadá tiende a ser América Latina y el Caribe. Según Interpol, en 2020 se notó un notable crecimiento del sector de reciclaje en la región, impulsado por inversionistas de China y Estados Unidos que esperan sacar provecho del exceso de plástico norteamericano. Así, los agentes privados se benefician de las institucionalidades débiles, con escasa capacidad para realizar controles ambientales a las importaciones provenientes de Norteamérica. Para ese año México, El Salvador y Ecuador se habían convertido en los principales importadores de desechos plásticos, con 32.650 toneladas, 4.054 toneladas y 3.665 toneladas respectivamente[11]. Recordemos que Estados Unidos no es firmante del Convenio de Basilea, y está utilizando los tratados de libre comercio y las fisuras del Convenio para firmar acuerdos bilaterales con otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con los cuales, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, “intercambió” el 55% de sus basuras plásticas. Actualmente, en América Latina, forman parte de la OCDE los siguientes países: Chile, Colombia, México y Costa Rica, cuyos gobiernos pueden estar tentados a convertirse en receptores de la basura norteamericana en nombre de las medidas de recuperación económica postpandemia.

La reconfiguración del flujo de plástico desechado en la ecología-mundo capitalista amenaza seriamente la vida humana y no humana en la periferia global. La inundación de estos desechos crea nuevas zonas de sacrifico, afecta a la salud humana, así como al bienestar de otras especies. Y, de manera particular, impacta negativamente sobre la economía popular de millares de recolectores de materiales descartados que recorren las calles de las ciudades del sur global y que ahora se enfrentan a la competencia de la basura importada. Es en estas condiciones que debe exigirse la defensa del trabajo de los recicladores populares y de sus organizaciones, algo fundamental en el sur global. Además, en el escenario de profundos desafíos en que nos encontramos, la ciudadanía debe presionar para que las políticas gubernamentales garanticen la soberanía ambiental y social de sus respectivos países."               ( Frank Molano Camargo , Rebelión, 01/01/22)