31/7/18

En esta guerra comercial entre China y Estados Unidos no va a haber ganadores, porque no puede haberlos bajo las premisas actuales. En caso de que las factorías regresen a Estados Unidos no serán los desempleados blancos quienes trabajen en ellas, serán sustituidos por robots y computadoras. En China, sin mercados, las fábricas cerrarán creando inestabilidad social y política

"(...) China aceptó el orden neoliberal cuando Estados Unidos le ofreció convertirse en la fábrica mundial. Deng Xiaoping, entonces a cargo de China, vio una oportunidad para modernizarla y los capitalistas de Estados Unidos una manera de aumentar sus beneficios reduciendo dramáticamente salarios y otros costes, sobre todo externalidades ecológicas. 

El anuncio simbólico lo hizo Deng en 1979 en Estados Unidos cuando se retrató como un cowboy en un rodeo y visitó una de las factorías de la Ford en Georgia. 

Parecía una operación en que solo habría ganadores, no solo las empresas estadounidenses se beneficiarían, también los consumidores, que aumentarían su capacidad de gasto al poder comprar los mismos bienes de antes pero ahora Made in China más baratos; mientras, en China las empresas se modernizarían, “aprenderían a nadar en el capitalismo” y millones de campesinos saldrían de la pobreza al convertirse en obreros asalariados.

Las negociaciones fueron largas y no solo comerciales. Estados Unidos trató de vincular el acuerdo económico a los derechos humanos y China al reconocimiento de que Taiwán era una parte de China. 

Se trató de difíciles negociaciones políticas que no culminaron hasta 1994, cuando China liberó a algunos disidentes, aceptó el dólar como medio de pago internacional y se comprometió a invertir sus superávits comerciales con Estados Unidos comprando deuda pública. Era un candado que protegía al dólar internacionalmente. 

Estados Unidos, por su parte, dejó de vender armas sofisticadas a Taiwán y elevó a China al estatus de Nación Económica Más Favorecida antes de que China ingresara en la Organización Mundial del Comercio abriendo las aduanas a sus productos. A la vez, EEUU bajaba el tono agresivo sobre los disidentes, Sinkiang y el Tibet. Era un acuerdo estratégico que ha definido el sistema internacional globalizado desde entonces hasta ahora.

El orden económico internacional neoliberal se ha caracterizado por la desindustrialización de Estados Unidos y Europa y la industrialización del Este y sur de Asia; mientras, en Estados Unidos, con la financiarización de la economía, Wall Street sustituía a General Motors como el sheriff a cargo. África y América Latina eran tierra virgen para que China se procurara la energía y materias primas que necesitaban sus fábricas. 

El modelo funcionó más o menos bien hasta la crisis del 2008, cuando se hicieron evidentes los estragos sociales que había causado en las condiciones de vida de la clase obrera, un sujeto central en el orden capitalista. Ahora todas las regiones económicas tienen que redefinir su modelo económico abriendo posibilidades para un cambio de rumbo antineoliberal.

En Estados Unidos, empresas textiles del sur habían empezado a trasladarse a China tan pronto como el acuerdo fue firmado. Luego lo harían otros sectores cada vez más sofisticados del cinturón industrial del Medio Oeste. La clase obrera blanca, la famosa clase media del american way of life empezó a perder empleos e ingresos mientras banqueros y capitalistas se beneficiaban al apropiarse de la enorme riqueza que se estaba generando. 

La oligarquía del 1%, la clase social con mayor riqueza acumulada en la historia humana, se frotaba las manos. Los obreros desempleados, furiosos con lo que veían, acabaron votando contra el establishment eligiendo a Trump como Presidente.

En China las fábricas estatales maoístas fueron desmanteladas, abriendo el camino a la inversión capitalista. Los obreros lo aceptaron porque el estado distribuyó (no equitativamente, los más beneficiados fueron los jerarcas del partido comunista y sus familiares) la riqueza pública acumulada bajo el maoísmo. 

Estos obreros se quedaron con la vivienda en propiedad y accedieron a privilegios que los inmigrantes urbanos, campesinos con sus comunas desmanteladas llegados a la ciudad a trabajar en la construcción, no tenían. La desigualdad social empezaba de nuevo. 

La fiebre industrializadora convirtió el suelo agrícola en la periferia de las ciudades costeras en polígonos industriales abriéndolos al capital privado extranjero, orientando su producción a la exportación. Los desastres ecológicos se dispararon. 

Los viejos campesinos empobrecidos, convertidos en obreros, salieron relativamente de la pobreza. El consumo masivo de una clase media urbana que nacía legitimaba el poder del partido comunista. El orgullo nacionalista se reforzaba. Lo que para Estados Unidos eran años de decadencia, para China era un tiempo de pujanza desconocido en su historia moderna.

El mandato social de Trump es revertir el deterioro nacional creado por este modelo. Sigue teniendo el apoyo del 90% del voto popular republicano. Ven la culpa de su decadencia en otros, en China, en México, en Alemania… no en ellos mismos. 

Trump cree que invocando América Primero todo volverá a ser como antes. La excepcionalidad, un derecho de carácter divino, volverá otra vez. Lo prometió en su campaña y necesita el apoyo de su base social para las elecciones de noviembre. En realidad Trump está dando golpes ciegos como si el orden mundial fuera una piñata y los Estados Unidos pudieran recoger el premio cuando se rompa y caigan los supuestos dulces. Es una fantasía. China empoderada no va aceptar el poder de Estados Unidos en un mundo que colapsa. 

En esta guerra no va a haber ganadores, porque no puede haberlos bajo las premisas actuales. En caso de que las factorías regresen a Estados Unidos no serán los desempleados blancos quienes trabajen en ellas, serán sustituidos por robots y computadoras. El capitalismo se mueve por beneficios, no por consideraciones sociales. 

En China, sin mercados, las fábricas cerrarán creando inestabilidad social y política. La profundidad del impacto dependerá de la capacidad de China para profundizar un modelo económico orientado a la demanda interna. Es difícil pensar que Europa puede absorber lo que China va a dejar de vender a Estados Unidos. Tiene suficiente con la fábrica alemana. (...)"             ( Mark Aguirre , El Viejo Topo, 16/07/18)

30/7/18

Salvini: '¿Os gusta? Estoy trabajando para vosotros. ¿Quién de vosotros me acompañará? Os las dedico [una foto con unas flores]. A quien está solo, a quien no se rinde, a quien no tiene tiempo que perder odiando o envidiando. A quien tiene un sueño. ¡Os quiero!'... ¿Quiénes forman parte de ese 'vosotros' al que se dirige Salvini? Un 13,2% de los italianos mayores de 16 años no cuenta con una persona a la que pedir ayuda. El 11,9% no tiene a nadie a quien contarle sus problemas personales (en Francia es el 17,7%). Uno de cada ocho italianos se siente solo... además de 5 millones de parados, 2,5 millones de trabajadores pobres, y 18 millones de personas (30% de la población residente) en riesgo de pobreza... una mina de consumidores frustrados y exiliados interiores con un común abismo identitario

"(...) Os quiero. Sabed que os necesitaré. Decidme: ¿qué tal he estado? ¡Estoy cabreado! ¡Juntos se puede! Ahora os toca. ¿Os gusta? Estoy trabajando para vosotros. ¿Quién de vosotros me acompañará? Os las dedico [una foto con unas flores]. A quien está solo, a quien no se rinde, a quien no tiene tiempo que perder odiando o envidiando. A quien tiene un sueño. ¡Os quiero! 

Son frases extraídas de los tuits de Matteo Salvini sobre las que luego dicen que actúa la Bestia, el sistema que controla sus redes sociales y analiza cuáles son los posts y los tuits que funcionan mejor y cuáles son las personas que más han interactuado para modificar, en función de esos datos, la estrategia política de propaganda.

El propio Salvini apunta que este nuevo lenguaje, “directo, sencillo, concreto”, marca la diferencia, junto con el empleo de las redes, con respecto a la vieja política. Como se ve, se trata de oraciones simples, exclamaciones y preguntas retóricas. Con un elemento en común, un empleo constante de la primera y segunda persona del plural, y una línea roja: nada de insultos ni de malos tonos. Que abunden las sonrisas. 

Como mucho el sarcasmo. “Matteo” –sus interlocutores se dirigen al viceprimer ministro y ministro de Interior por su nombre de pila o con el cariñoso apodo de El Capitán– habla siempre a un “vosotros” para formar un “nosotros”. Y lo hace mediante un hilo directo, domingos incluidos, de incluso más de 10 tuits en un día. Así es cómo ha conseguido levantar su “Comunidad”. (La llama tal cual, con mayúsculas). (...)

¿Y quiénes forman parte de ese vosotros al que se dirige Salvini? ¿A quién pretende persuadir integrándolo en su Comunidad? Parece plausible, a juzgar por esa ininterrumpida interpelación lingüística, que se dirige a personas que se sienten solas. Según datos recientes de Eurostat, un 13,2% de los italianos mayores de 16 años no cuenta con una persona a la que pedir ayuda. 

Se trata del porcentaje más alto de Europa, cuya media rondaría el 6%. El 11,9% de los italianos no tendría a nadie a quien contarle sus problemas personales (en Francia el dato se dispara hasta el 17,7%). En pocas palabras, uno de cada ocho italianos se siente solo. La soledad constituye ya un problema de salud pública de tal magnitud que la primera ministra británica, Theresa May, ha anunciado la creación de un ministerio específico. 

Bien mirado, es un enorme caladero de votos, donde, con buenas redes, se puede ganar muchísimo apoyo. Piénsese, por otro lado, que, incluso en el caso en que uno no se sienta excluido, al usar Internet todos nos aislamos. En el 48º Informe Censis, se afirma que la mitad de los usuarios de la Red pasa en ella, o sea, “solos”, más de 5 horas al día. Otro enorme caladero de cuerpos solitarios.

Si algo es flexible y mutante en la sociedad de consumo, donde todo cambia aún más rápido que el deseo, es la identidad. Un país en crisis con 5 millones de parados, 2,5 millones de trabajadores pobres, y 18 millones de personas (30% de la población residente) en riesgo de pobreza o exclusión social es –siguiendo a Bauman– una mina vagante de consumidores frustrados y exiliados interiores con un común abismo identitario. 

Es en ese vacío que tanto se parece a aquel otro del fascismo, el “que se había abierto en las almas, en la depresión de las voluntades”, donde sobreviene el eslogan “Primero los italianos” o la sentencia “El Estado somos nosotros” del vicepresidente del Gobierno Luigi di Maio (Movimiento 5 Estrellas). Es ahí donde crece este nuevo “nosotros” que tan profundamente ha dividido al pueblo italiano.

Entre los seguidores de Salvini hay de todo: veteranos militantes de la Liga Norte, fanáticos seguidores del Capitán, pequeños empresarios, autónomos, y también, como dijo el viejo líder de la Liga Umberto Bossi a propósito de la copiosa asistencia de habitantes del sur a la mítica reunión en Pontida, “un montón de gente interesada en que la mantengan”. 

Sin embargo, más allá de la fidelidad, la fe en el audaz Matteo o el interés material, al ofrecer una identidad sólida, muchos ciudadanos de todas las clases sociales han hallado, finalmente, la identidad. Ya son algo, ya son alguien, son Italia. 

“Nada le cuesta más al hombre medio que soportar el sentimiento de no poder identificarse con un gran grupo”, decía Erich Fromm, que añadía: “El miedo del aislamiento y la relativa debilidad de los principios morales pueden ayudar a cualquier partido, una vez que haya conquistado el poder del Estado a asegurarse la lealtad de una gran parte de la población”.

Renacida, pues, la identidad perdida en las almas, todo aquel que se oponga de alguna manera a la línea política que marque el Gobierno, ya sea una potencia extranjera, una ONG, un intelectual, un famoso futbolista o un cura rojo, se vuelve así enemigo de la patria, y por tanto, podrá ser tildado con sorna de “envidioso”, “buenista”, “radical chic” o “siniestro”; podrá ser amenazado o querellado, o en el peor de los casos, el de los emigrantes, será el “invasor” culpable del paro, los salarios bajos, la pérdida de valores: el enemigo común de la identidad nacional. 

Hoy poco importan los hechos, las mentiras. Según Davide Casaleggio, ideólogo del M5E, “lo que cuenta es la percepción [la cursiva es mía] que tienen los ciudadanos que se confrontan con la inmigración a diario en las ciudades, los pueblos y el territorio”.  (...)"                  (Gorka Larrabeiti, CTXT, 24/05/18)

23/7/18

El referéndum que legalizó el aborto en Irlanda no fue consecuencia de la actividad parlamentaria. Los artífices del histórico proceso han sido los 99 ciudadanos elegidos al azar que conforman la Citizens’ Assembly

"El referéndum que legalizó el aborto en Irlanda no fue consecuencia de la actividad parlamentaria. Los partidos políticos tampoco tuvieron nada que ver. Más bien todo lo contrario: los bloques políticos fueron incapaces durante años de afrontar la legalización del aborto, que requería de una reforma constitucional. 

Los artífices del histórico proceso han sido los 99 ciudadanos elegidos al azar que conforman la Citizens’ Assembly. Y fue precisamente la incapacidad para entenderse entre los bloques políticos del Parlamento lo que llevó al Gobierno, configurado por los liberales del Fine Gael y los laboristas, a poner en marcha los mecanismos de la democracia por sorteo.

Los 99 ciudadanos fueron seleccionados por una empresa especializada en demoscopia, Red C, que recibió del Gobierno el encargo de encontrar una muestra representativa de la sociedad irlandesa. 

Y, tras aplicar los criterios de representatividad –género, edad, localización y clase social–, Red C conformó un dream team de ciudadanos de a pie con el cometido de realizar, ni más ni menos, la octava enmienda a la Constitución de Irlanda que regula el aborto. 

Tras una serie de encuentros presenciales, en los que las 99 personas de la Citizens’ Assembly deliberaron pros y contras del cambio constitucional, se llegó a un consenso: agregar una nueva subsección al Artículo 40 de la Constitución de Irlanda, el Artículo 40.3.3.

Y el resto es historia. Un referéndum con un resultado contundente: un 66.9% votó a favor de la enmienda que legalizó el aborto. En realidad, la Citizens’ Assembly de Irlanda tiene un antecedente: la Convención Constitucional. Creada el 1 de diciembre de 2012 para proponer cambios en la Constitución de Irlanda, la Convención Constitucional estaba compuesta por 100 miembros: 29 parlamentarios, 4 representantes de partidos políticos de Irlanda del Norte y 66 ciudadanos elegidos por sorteo. 

A pesar de que no existía un mecanismo vinculante entre la convención y el Gobierno, el plan discurrió mejor de lo pensado. Los encuentros deliberativos entre la ciudadanía resultaban más productivos y eficaces que las sesiones en el Parlamento, en las que nunca se conseguía avanzar en los temas más polémicos. 

Ciudadanos y ciudadanas que apenas cobraban las dietas correspondientes a los días de los encuentros llegaban a más acuerdos que los políticos profesionales. Y entonces, se produjo la primera sorpresa: el Gobierno aceptó la propuesta de la Convención Constitucional de convocar referéndum sobre el matrimonio gay. 

El amplio consenso que se dio en la Convención llevó al Gobierno irlandés a pensar que la sociedad no tenía tantos tabús como el Parlamento. El resultado del referéndum sobre el matrimonio gay asombró a todo el mundo: un 62% votó a favor. 

Y abrió el camino para una Citizens’ Assembly sin representantes de fuerzas políticas, compuesta exclusivamente por ciudadanos elegidos al azar. 99 personas corrientes con la misión de reformar una constitución, una situación que evocaba, en cierto modo, el lema de “Somos el 99%” de Occupy Wall Street. 

¿Qué se puede aprender del caso irlandés?

Tras el terremoto del Brexit, el escritor belga David Van Reybrouck publicó un texto que se hizo viral: Por qué las elecciones son malas para la democracia. En su artículo, David reivindicaba el sorteo como un mecanismo clave para la salud democrática del nuevo milenio: “La democracia florece al permitir que se escuche una diversidad de voces. 

Se trata de tener la misma voz, un derecho igual para determinar qué acción política se toma. Para mantener viva la democracia tendremos que aprender que la democracia no se puede reducir únicamente a votar”. Aparte de citar el caso irlandés, David hacía un repaso a experiencias basadas en el sorteo en países como Holanda, Bélgica, Australia o Estados Unidos. 

Y colocaba sobre la mesa el peso histórico del sorteo, un sistema tan viejo como la democracia, empleado en la antigua Atenas o en ciudades-estado como Florencia. Los jurados populares estadounidenses, sin ir más lejos, son supervivientes de la democracia por sorteo.

Ante la crisis de la democracia representativa, la random democracy vuelve a estar de moda. Cuando Bélgica estuvo bloqueada políticamente, sin gobierno, la ciudadanía acudió al rescate fundando el G1000, una cumbre ciudadana para dirigir propuestas políticas al Parlamento. 

Cuando los bloques ideológicos de Irlanda entraron en cortocircuito con los asuntos tabú para la moral católica, la ciudadanía se puso de acuerdo para legalizar el matrimonio gay y el aborto. En la Columbia Británica de Canadá, una Asamblea Ciudadana reformó la ley electoral. 

En Australia, ante la polarización de las fuerzas políticas ante los residuos nucleares, se creó el Jurado Ciudadano sobre Residuos Nucleares. Islandia realizó en 2010 una reforma constitucional profunda con una muestra compuesta de 950 personas seleccionadas de manera aleatoria empleando un sistema de cuotas.

¿Y en España? El G1000 de Madrid, la cumbre ciudadana organizada por el Ayuntamiento de Madrid en 2017, fue la primera acción con respaldo político en esta dirección. El Observatorio de la Ciudad de Madrid, cuyo funcionamiento todavía tiene que ser aprobado por el pleno del Ayuntamiento, está anclado también en el paradigma de la democracia por sorteo. 

El Observatorio estará formado por vecinos y vecinas elegidos por sorteo, en una muestra representativa de la población. Y tendrá cierto peso, en colaboración con expertos, en las políticas públicas de la ciudad.

La mayoría de los casos de éxito combinan los mecanismos del sorteo y la democracia deliberativa tejida en encuentros presenciales. Birgitta Jónsdóttir, una de las fundadoras del Partido Pirata de Islandia que empujó la reforma constitucional, destaca la importancia de los encuentros presenciales: “Cuando estás en el mismo espacio con personas, ocurre algo completamente diferente. Hay que dar voz a la gente y empoderar”. 

¿Los encuentros políticos presenciales usando el sorteo ayudarán a romper las burbujas en las que se han convertido las redes sociales y las endogamias ideológicas?

En un país como España, en el que nunca se ha convocado al pueblo a un verdadero proceso constituyente, la Citizens’ Assembly de la católica Irlanda muestra un posible camino. Si los bloques políticos están enfrentados tras la crisis catalana, el sorteo y la democracia deliberativa podrían romper tabúes. 

Si la clase política no se pone de acuerdo para reformar la constitución de 1978, la ciudadanía podría encontrar consensos. Si un proceso constituyente es, a día de hoy, una utopía distante, una asamblea ciudadana elegida por sorteo sí podría ser efectiva para aterrizar la Carta Magna española en el nuevo milenio."         (Bernardo Gutiérrez, CTXT, 18/07/18)

20/7/18

Construye el primer exoesqueleto biónico del mundo para menores con atrofia muscular espinal... para encontrarse con que en España no existe una industria dispuesta a comercializarlo

La científica, con su exoesqueleto biónico./ Manolo Finish

"No me considero una persona especialmente inteligente aunque, eso sí, tengo una capacidad de trabajo importante y las metas muy claras. Soy muy luchadora. Si siento que algo merece la pena, voy a por ello sin dudarlo”. 

Elena García Armada (Valladolid, 1971) es una de las destacadas representantes de esa generación de científicos españoles a los que los recortes feroces a punto estuvieron de arruinar la vida. Pero ella es una mujer con una tenacidad que nunca declina. Doctora en Robótica, científica titular del CSIC y socia fundadora de la empresa Marsi Bionics comenzó diseñando robots industriales hasta que una frágil niña se cruzó en su camino.

 “Daniela sufría una tetraplejia severa debido a un accidente y vi que mis conocimientos podían darle una solución”, afirma. Eso fue en 2009. Olvidó sus proyectos productivos y se lanzó a construir el primer exoesqueleto biónico del mundo para menores con atrofia muscular espinal, una enfermedad degenerativa que afecta a más 2.000 jóvenes en España. 

Lo consiguió a base de tantos sacrificios personales que ni los reconocimientos internacionales recibidos ni la medalla de oro otorgada por la Comunidad de Madrid han logrado mitigar. Tan sólo le sirve el resultado: Daniela se puso en pie y caminó otra vez. “Paradójicamente, seguimos esperando la financiación que posibilite la comercialización de este robot porque en España no existe una industria dispuesta a hacerlo”, confiesa.

 Pero no desespera y sigue diseñando nuevos amigos. El próximo para adultos con movilidad reducida por dos dolencias tan devastadoras como el ictus y la esclerosis múltiple. “Pero quienes mueven mi vida de verdad son mis dos hijas”, asegura.

¿Qué es un exoesqueleto biónico?

Es un robot pero no como los de las películas. El mío es una especie de traje mecánico, un pantalón de metal que se acopla a las personas que no pueden caminar como una órtesis larga, un armazón, que la sustenta desde el tronco hasta los pies. Su ventaja es que está motorizada y, por lo tanto, devuelve al paciente la capacidad de andar.

Está diseñado sólo para niños con problemas de movilidad.

Sí, estamos enfocados a niños y niñas que han perdido su capacidad para caminar por una debilidad progresiva. Lo que les aporta este exoesqueleto es la musculatura que van perdiendo. En cada una de las articulaciones del robot tenemos un músculo artificial que entiende lo que quiere hacer el paciente y le aporta la fuerza que le falta.
Milagroso.

Milagroso, no. Es robótica aplicada al bienestar de la gente.

¿Cómo se le ocurrió crear este ingenio?

Llevo trabajando 22 años en robots que caminan, aunque con una aplicación muy diferente, enfocado más hacia la industria y a los servicios. Por ejemplo, robots que detectan minas antipersonas y máquinas autónomas pero sin contacto directo con el ser humano. 

Lo que cambió el objeto de mi investigación fue la puesta en marcha de financiación por parte del departamento de Defensa de EEUU para desarrollar exoesqueletos que ayudaran a aumentar las capacidades de movilidad de los soldados. 

Eso facilitó el desarrollo de tecnologías en este campo. El paso decisivo llegó cuando recibimos la visita de un matrimonio con una niña, Daniela, que sufría una tetraplejia tras sufrir un accidente. Como llevaba años trabajando en el área pediátrica, vi que era factible y decidí abordar la investigación. Tres años después teníamos a aquella niña caminando.

Qué maravilla.

Fue un momento muy bonito. Cuando le colocamos el exoesqueleto por primera vez se asustó porque nadie que sufre esta dolencia está acostumbrado a ponerse de pie y caminar. La mayoría de los niños con los que hemos trabajado no lo había hecho nunca, lo que les impresiona es que sea un robot el que se abraza a sus cuerpos y les empiece a mover. Eso atemoriza no sólo a los niños sino a cualquiera de nosotros.

 La sensación impacta mucho pero una vez que van cogiendo confianza todo se vuelve emotivo. Así fue para Daniela, para sus padres y, también para mí, claro. No era poner a andar a un robot sin más sino que estaba en contacto con una niña. Eso conllevaba una responsabilidad muy grande en todos nosotros.

El precio será prohibitivo.

Sí, todavía es muy caro. Hay que tener en cuenta que se trata de un dispositivo sanitario que está sometido a una reglamentación internacional de seguridad que utiliza una tecnología costosa y difícil de conseguir. 

Pero, poco a poco, estamos avanzando para conseguir algún tipo de subvención, a través de la Seguridad Social o mediante el patrocinio de la obra social de algunas empresas. Esperamos que el precio de este robot sea pronto similar al de una silla de ruedas.
Usted tuvo que acudir al ‘crowdfounding’ para financiar su construcción.

Esto es una cuenta pendiente que tiene este país. Tenemos organismos de investigación muy importantes pero hay un problema de transferencia a la sociedad. No existen mecanismos que faciliten ese tránsito. 

Dedicar tiempo y esfuerzo a resolver necesidades reales de la gente para que luego no se puedan aplicar porque no hay dinero me parece un sinsentido. Al menos para una mente como la mía. 

¿Cómo logró que las finanzas apostaran por su invento?

El éxito de la prueba con Daniela saltó a los medios de comunicación, sobre todo internacionales, y empezaron a llegar cartas de padres, de médicos, pacientes y asociaciones de Australia, de EEUU, y de otras partes del mundo, dispuestos a comprar el robot. Es que, claro, hay 17 millones de niños en el planeta afectados por este tipo de lesiones. 

El único problema que encontré, y que no esperaba, es que en España carecemos de una industria dispuesta a financiar este tipo de aplicaciones robóticas. Así que sólo me quedaron dos opciones para seguir adelante: o dejar morir la investigación y dedicarme a otra cosa, o tomármelo como algo personal, que es lo que al final hice. Fueron cinco años muy duros.

Tiene dos hijas. ¿Cómo compaginó el doble esfuerzo?

Y una perra, Tira (risas). Fue muy complicado. Además, no tengo una familia cercana que me pueda echar una mano y tuve que acudir a las ayudas del ayuntamiento, de campamentos urbanos y cosas así. Al final te das cuenta de que puedes con todo pero a base de quitarte horas de sueño y descanso. Yo no he tenido vacaciones durante años. 

Cumplía mi jornada laboral completa, iba a mi casa con mis hijas, las acompañaba a las actividades extraescolares y cuando las acostaba, seguía trabajando. He sido una mujer pegada a un portátil durante mucho tiempo. 

¿Cree que a la mujer se la sigue educando con un plus de responsabilidad familiar?

Claro que sí. No existe un equilibrio de género a la hora de compaginar la vida profesional y la familiar. No hay paridad. En el ámbito laboral tenemos que trabajar mucho más para demostrar nuestras capacidades, lo cual es un desgaste añadido. Y en el terreno personal la conciliación no existe. 

Las pocas ayudas en esta faceta van incluso en contra de la mujer porque son reducciones de jornada, con lo cual las empresas se molestan, y no influyen en el ámbito familiar porque nosotras seguimos siendo la que cargamos con casi todo. 

Además, la ciencia está mayoritariamente dirigida por hombres.

No lo crea. Depende del área. Las ‘bios’, por ejemplo, están prácticamente dominadas por mujeres. En cambio, las tecnológicas e ingenierías, como es mi caso, son más masculinas, es cierto.

¿Por qué?

Por una cuestión de educación. Desde pequeños nos construyen roles mediante los juguetes que nos regalan o las actividades que realizamos. Para las chicas, muñecas y cocinitas; para los niños, coches y construcciones. Todo eso marca el desarrollo intelectual. En ese sentido, yo tuve la fortuna de tener unos padres ejemplares y cuando pedía una gasolinera, me regalaban una gasolinera. 

Era muy aficionada a todo tipo de construcciones y nunca me limitaron. Tenía muñecas y cocinitas, claro, pero fui educada en el equilibrio. Y ahora estoy agradecida. Hoy soy ingeniera porque cuando llegó el momento de decidir era lo que me gustaba y nunca encontré pegas. Sin embargo, no todas pueden decir lo mismo.

Usted ocupa el nivel más bajo en las escalas de investigación del CSIC, ¿cuál es el motivo?

No lo sé, de verdad. Llevamos ocho años con reducción de presupuestos a la investigación por parte del estado. Es algo increíble. Casi no salen plazas a concurso y las poquitas que salen, quedo excluida. Me refiero a que igual se ofertan sólo cinco plazas para todos los institutos del CSIC, que son unos 150 centros donde trabajan más de 3.000 investigadores. La situación es demencial.

¿Sigue existiendo un techo de cristal en el CSIC?

Sí. Las mujeres aún no hemos llegado a ocupar los puestos más altos y, por lo tanto, existe un techo de cristal evidente. Romperlo es una tarea que tenemos pendiente pero también nos afectan los otros dos factores que mencionaba, la reducción de presupuesto a la Ciencia y la falta de plazas a concurso, aunque en mi caso personal no sé cuál de las dos me influye en mayor medida.

La interpretación tradicional atribuye al hombre mayor habilidad manual que la mujer.

Sí, pero es que no es cierto. En mi casa, yo era la ‘manitas’ cuando se estropeaba algo. Hay hombres muy intelectuales y mujeres muy prácticas. Y a la inversa. Es una cuestión de gustos. Creo que el problema es inculcar estos estereotipos porque mediatizas el desarrollo de la persona. Hay que potenciar las habilidades de cada uno sin distinción de género. Punto.

Y ahora ha surgido un tercer competidor: La inteligencia artificial. ¿No le da miedo?

¿Por qué? Soy consciente de que la robótica y la inteligencia artificial provoca reparos en mucha gente pero es debido a la influencia del cine de ciencia ficción que, desgraciadamente, suele poner a los robots como seres malignos, que tratan de rebelarse contra el ser humano. ¡Nada más lejos de la realidad! El 85% de la inteligencia humana procede de las emociones, algo que nunca tendrán los robots.

Entonces, ¿ve imposible un conflicto entre humanos y máquinas?

Cualquier aplicación que requiera un poquito de subjetividad y de creación es inviable dejarlo al albur de la máquina. El hombre y el robot pueden complementarse, nunca sustituirse. En el caso concreto de la robótica, que es mi especialidad, nos dirigimos hacia la mejora del servicio al ser humano con el fin de hacerle la vida más fácil.

 Tratamos de mejorar productividades porque creamos máquinas que perfeccionen el trabajo que ya realiza la persona. Le pondré un ejemplo: en el campo de la cirugía, la robótica está teniendo unos resultados extraordinarios gracias a su precisión, limita las imperfecciones del ser humano pero no sustituye al cirujano, que es quien realiza la operación desde una consola. 

La labor del robot es mejorar las capacidades del médico. Nada más. Lo mismo sucede con su aplicación terapéutica. En lugar de hablar de fisioterapias pasivas y lentas, como hasta ahora, empezamos a tener terapias activas que permiten al paciente realizar actividades de su vida cotidiana de forma autónoma y eficiente."                

(Entrevista a Elena García Armada / Ingeniera del CSIC y doctora en Robótica. Gorka Castillo, CTXT, 18/07/18)

19/7/18

El hundimiento de la clase media americana... y su sustitución por la 'clase media precaria'

"Tanto estudiar y tanta formación intelectual para acabar siendo invisible. Esta es la sensación que tuvo Alissa Quart cuando llegó al mostrador de recepción del Columbia College de Chicago y preguntó por la profesora Brianne Bolin.
–¿Bolin? Lo siento, ese nombre no me sale en la lista.

No aparecía pese a que llevaba mucho tiempo enseñando composición literaria en ese centro. Ninguna extensión telefónica, ni soñar con una oficina en su condición de profesora adjunta.

Una vez que la contactó, Bolin emergió de la oscuridad. A Quart le llamaron la atención sus gafas, con una visible reparación casera a base de celo. Le explicó que se le habían roto hacía unos meses y no se podía permitir comprar unas nuevas. “En ese momento tenía 55 dólares en su cuenta y una deuda en la tarjeta de crédito de 3.000. Iba con un mes de retraso en el abono de los 975 dólares del alquiler de su piso de dos habitaciones”, escribe Quart.

Brianne fue una estudiante brillante que no tuvo problemas en encontrar trabajo tras licenciarse. Todo cambió a los 28 años, al quedar embarazada. Supo que criaría en solitario a su hijo. Las cosas se complicaron aún más. Finn nació con parálisis cerebral.

En el 2008 regresó a Chicago y en el Columbia le advirtieron que no obtendría un trabajo fijo. Eso era de otra época. Ahí seguía, cuidando a su hijo y sobreviviendo con un sueldo insuficiente –recibe food stamps (la ayuda federal para alimentos)–. 

Descrita como “una híper educada pobre”, es una más de los protagonistas reales de Squeezed (exprimidos), Por qué nuestras familias no pueden permitirse América, libro en el que Alissa Quart desgrana el hundimiento del pilar de la idiosincrasia de Estados Unidos y su famoso sueño.

No hace tanto, la expresión clase media era sinónimo de seguridad y complacencia. Ya no. “Todavía operamos bajo el mito de que, como sociedad, podemos ascender a la clase media y luego subir a otra clase”, indicó Quart en la presentación celebrada en el Barnes & Noble del Upper West Side de Manhattan.

 “En la actualidad no disponemos de esa movilidad ascendente, no podemos anticipar que nuestros hijos tendrán algo mejor que nosotros”, ratificó.
Esta presentación es como la cuadratura del círculo. 

En el entarimado, para formularle cuestiones, se hallaba George Packer, periodista de The New Yorker y autor de una de las obras esenciales para entender la evolución de EE.UU. En The unwinding (2013, publicada por Debate en el 2015 como El desmoronamiento), Packer profundiza en el proceso de descomposición a partir de las desigualdades económicas, la laminación de las clases medias, las deslocalizaciones industriales, la polarización política o desregulación y el poder de los grupos de presión y Wall Street. 

El volumen de Quart se adentra en esa clase media que, según el Pew Reserach Center, se ha encogido hasta el vuelco histórico de que la suma de ricos y pobres (121,3 millones) supera a sus 120,8 millones.


En el reverso de la gloria económica que pregona el presidente Donald Trump, Quart se centra más en la pérdida de calidad de ese estatus mítico que en el terreno de las cifras. En el recorrido por sus páginas surge Mat Barry, profesor de Historia en un instituto de la Bahía de San Francisco, que por la tarde-noche ha de conducir para Uber. 

El boom tecnológico ha provocado tal encarecimiento de la vivienda que precisa ingresos extra. “Son clase media pero clase trabajadora en términos de ganancias, al filo de ser pobres, sin acceso a los beneficios que estos reciben”, recalca.

Sin embargo, la mayoría de sus personajes reales ingresan de 45.000 a 125.000 dólares anuales, por encima de los 35.000 del límite que marca la pobreza. La autora recuerda que el 65% de los americanos subsiste con la preocupación de pagar sus facturas. “Una de las razones para la ansiedad es que la vida de clase media es ahora un 30% más cara que hace 20 años”, subraya. El coste de la vivienda, la sanidad o la educación se han doblado mientras que los salarios se han estancado.

Aplica el término de “la clase media precaria”. Se inspira en la expresión que el economista Guy Standing utilizó para definir a los obreros, sometidos a ocupaciones temporales, a tiempo parcial y mal pagados.

Ella lo usa para este otro grupo que se supone debía configurar una burguesía sólida, “gente que cree que por su preparación y trayectoria debería hallarse en una cómoda clase media, pero no les funciona y ven que las ventajas se han evaporado”, apuntó.

“Veo este libro –afirmó en su respuesta a Packer– como una ocasión para que los ciudadanos tomen conciencia, que dejen de autoinculparse y vean que lo que falla es el sistema, que entiendan los mecanismos del sistema que han hecho imposible que te sobrepongas a las dificultades financieras, para que no te puedas seguir culpando”.

Quart lo tiene claro: “Culpo a la concentración de la riqueza, a los impuestos que benefician a las corporaciones o a la desregulación de la industria”.           (Francesc Peirón, La Vanguardia, 15/07/18)

18/7/18

La esclavitud fue y es una de las principales fuentes de riqueza

"Cuando los españoles llegaron a América había unos 70 millones de habitantes. Un siglo y medio después la población se redujo a los 3,5 millones. Debido a la progresiva falta de mano de obra en los campos de la muerte, los españoles -y en mayor medida los ingleses-, se volcaron al comercio de esclavos negros.

Ese fenómeno, con esas cifras, lo explica muy bien Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, obra a mi juicio imprescindible para conocer un poco qué pasó a ambas orillas del océano, convertido durante siglos en un inmenso Mar Mediterráneo donde se arrojaba por la borda a todo esclavo que dejaba de “ser explotable”, para saciar el hambre de los tiburones (sinónimo, cada vez más vigente, de mercaderes).

En general la mayoría de los pueblos europeos participaron, por etapas, en el genocidio (americanos nativos y negros africanos). Esos crímenes contra la Humanidad -que no se enseñan en las escuelas- están tan empapados de sangre que tardarán Eras en secarse. En limpiarse, nunca.

Gracias al comercio de esclavos negros el marqués de Comillas se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Eso explica, entre otras cosas, que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no quiera en su urbe ninguna estatua de ese aristócrata que, sin duda, contribuyó económicamente al esplendor de “la ciudad condal”.

Los mercaderes y la nobleza inglesa contribuyeron en gran medida al auge del imperio británico con el lucrativo comercio de esclavos negros, a los que se marcaba con hierro candente en el pecho, cual ganado, con las iniciales de su propietario.

En los campos de caucho, algodón, etc., los terratenientes europeos empleaban mano de obra esclava que trabajaba jornadas infernales y sin apenas comida. Millones morían agotados, sus mujeres eran violadas diariamente, los que huían eran cazados y sentenciados al látigo y la horca.

Leopoldo II de Bélgica (1835-1908) fue uno de los mayores genocidas de la Historia. En el Congo Belga -que fue literalmente propiedad suya desde finales del siglo XIX a principios del XX- murieron en los campos de caucho y en las minas alrededor de diez millones de esclavos (las cifras varían según los historiadores), es decir el 40% de la población de aquel entonces.

Como las plantaciones de caucho se encontraban en zonas silvestres los esclavos del Rey -que disponía de una legión de sicarios a su servicio- tenían que trepar a los árboles. Para que pudieran hacer su tarea se les quitaban las cadenas durante la jornada laboral y, para asegurarse de que no escaparan, se retenía como rehenes a sus mujeres e hijos.

En el caso de que optaran por la fuga se procedía a la amputación de manos y/o pies de su familia, independientemente de que fueran menores o niños. Bajo el reinado de Leopoldo II se registraron amputaciones y violaciones masivas de mujeres y menores, así como el exterminio completo de poblados donde se daban brotes de rebeldía.

Leopoldo II, que prácticamente se hizo con el monopolio mundial de caucho, amasó con el genocidio una inmensa fortuna sin tener que rendir cuentas a nadie. En 1906, presionado por la ONU, vendió “su propiedad” al Estado belga. El Congo no conseguiría su independencia hasta 1960.

Desde que “se abolió el trafico humano” los mercaderes encontraron otra alternativa para hacerse ricos, gracias a la globalización y a la deslocalización, y, en vez de explotar a negros y negras encadenadas, trasladaron sus centros de producción a los países del Tercer Mundo, a fábricas donde los menores y los débiles trabajan en infrahumanas condiciones de semiesclavitud.

¿No podríamos devolver un poquito de la riqueza que saqueamos a los migrantes que huyen de la hambruna y de las guerras? ¿Acaso somos tan miserables que sólo nos interesa “la memoria histórica” como un lujo cultural para hacer política en nuestro barrio?

El racismo -como sabemos todos- (por libros o por instinto) es económico. Somos racistas con los pobres, no con los ricos. Nadie expulsa a los jeques que amarran sus yates palacio en la Costa Azul. El problema de fondo (el de los migrantes) es abrumador, un espejo de lo que fuimos o somos. Mientras la revolución no se haga en serio y no construyamos un sistema económico internacional justo, seguiremos poniendo parches y dando palos de ciego."                   (Javier Cortines , Rebelión, 07/07/18)

17/7/18

"Philip Roth casi gana el Nobel por sostener que las mujeres son un trozo de carne"

"Jessa Crispin (Kansas, 1978) habla rápido como si sujetase una ametralladora con los dientes, pero sus palabras generan un efecto más parecido al de la bomba atómica. Como ejemplo, su anterior libro Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista (2017), donde no dejaba títere con cabeza en un movimiento que, según ella, "ha perdido el rumbo".

 "Si es universal, si se puede apuntar cualquier hombre y mujer del mundo, entonces no es para mí", apunta.

Se refería a quienes tildaron a Hillary Clinton de candidata feminista solo por ser la mujer que se enfrentaba a Trump, a las que lucen camisetas de marca con consignas revolucionarias, a Beyoncé y a la creadora de Girls, Lena Dunham: "una cría blanca malcriada que no tiene ni puta idea de lo que dice". Muchos la tacharon entonces de pirómana y de lucrarse poniendo minas a su propio movimiento, pero ella se confesó más interesada en un feminismo transversal y que huya del victimismo.

Ahora, acaba de publicar El complot de las damas muertas (Alpha Decay), un cóctel literario breve y muy diferente a todo lo que había escrito hasta ahora. En él, mezcla pensamientos suicidas con cuidadosos ensayos sobre grandes figuras literarias como James Joyce, Igor Stravinsky, Rebecca West o Margaret Anderson.

Un cuaderno de bitácora fascinante, escrito durante más de diez años, y en una decena de países, que aúna su amor por la lectura, por sus referentes, por el esoterismo y, como no podía ser de otra forma, por el feminismo.

Reivindica mucho la figura de las esposas en El complot de las damas muertas, como a Nora Barnacle [la mujer de James Joyce] o Isabel Arundell [la de Richard Burton]. ¿Han sido los historiadores injustos con ellas?

Claramente sí, y cada vez hay más estudios y libros sobre las amantes y esposas de estos grandes artistas porque se han dado cuenta de que merece la pena devolverlas a la luz. Son interesantes por derecho propio, no solo porque estuviesen casadas con un tío.

A mí, por alguna extraña razón, me fascinan las figuras de Cósima Wagner, la mujer del compositor alemán, y la de Alma Mahler, la esposa de Gustav Mahler. Esta última era un genio y se tiró absolutamente a todo el mundo de la escena musical y artística de la época. Era una lunática delirante y a la vez una genia y una criatura fascinante. Era lo opuesto a todo lo que imaginamos de una esposa o una musa: nada recatada o silenciosa.

Y Cósima Wagner tampoco. Era sádica, malvada, brillante y rara. Quienes la conocían a través de su marido llegaban a la conclusión de que ella era el genio de la relación, mucho más brillante que él. Exudaba inteligencia. Es interesante acordarse de estas mujeres cuando asumimos lo que "una esposa" debe ser, porque nunca pensamos en Alma Mahler o en otras "enormes zorras" que obsesionaban tanto a los hombres que las llegaban a replicar en muñecas a tamaño real - como hizo Oskar Kokoschka con Alma-.

Dice en el libro que espera encontrar a un hombre para que se convierta en su "esposa". ¿Por qué no existe la figura del hombre muso del mismo modo que existe y existirá siempre la de la musa?

Para empezar, "querer una esposa" es un deseo corrupto. Lo que se presupone a una esposa en el imaginario patriarcal es alguien que se encargue de tu mierda y que no se queje. Ha de ser casi una asistente. Y es evidente que no deberíamos desear eso en una relación romántica, sino a una igual. Pero la figura de la musa es de por sí un rol pasivo. Creo que la sociedad ha inculcado al hombre que que debe la figura principal de la pareja y a la mujer el apoyo, la compañera.

Cuando hablamos de esposas no pensamos en mujeres que fueron más grandes que la vida misma o tan vibrantes como las que te decía antes. Pensamos en algún alma en pena sentada en una mecedora y cosiendo a la espera de que su marido vuelva a casa. Y eso dice mucho de cómo asumimos que puede ser la vida de una mujer.

Pero no solo hay esposas en su libro, también grandes escritoras. ¿Cuál fue la vida que le impactó más o con la que se sintió más identificada?

Conecté a un nivel muy personal con Margaret Anderson en el sur de Francia por razones obvias. Los primeros treinta años de nuestra vida fueron bastante similares: las dos somos del Medio Oeste de Estados Unidos, empezamos nuestra carrera en Chicago y las dos tenemos los mismos problemas mentales a raíz de vivir en Chicago [risas].

Me fascina leerla y me encantaría que escribiesen una biografía completa sobre ella. Al final, es una figura imprescindible en el modernismo y la mitad de la literatura modernista que conocemos no existiría sin ella. Dicho esto, a diferencia de Anderson, no me gustó demasiado vivir en el sur de Francia, fue uno de los sitios en los que me sentí más miserable.

A raíz de esto, habla sin tapujos del suicido y la depresión durante estos viajes. ¿Qué región le resultó más terapéutica?

Creo que en Trieste, en Italia, encontré un pequeño oasis mental. Y obviamente las islas griegas, tan preciosas e idílicas. En realidad el único sitio con el que no tuve una gran relación fue con Belgrado. No me gustó nada. No salía nunca de mi habitación porque odiaba esa ciudad. Pero la verdad es que cada una me ofreció algo único o me ayudó a pensar con claridad. Todas me sirvieron de apoyo de una forma u otra, excepto Belgrado [risas].

En su manifiesto, No soy feminista, defiende un feminismo académico y alejado del oportunismo. ¿Qué o quién le llevó a pensar que se estaba haciendo ese uso del feminismo en la actualidad?

Últimamente he leído a Emma Goldman, quien me ha llegado más por sus memorias que por sus escritos políticos. Ella fue muy crítica con el feminismo de la primera ola, porque habían centrado el foco en la clase media, en la adquisición de propiedades privadas, en el matrimonio o en el derecho al voto de las mujeres blancas.

Goldman intentaba señalar que, solo porque las mujeres conservadoras obtuviesen el voto, no se iban a solucionar los problemas de las pobres, las negras o cualquiera de la clase trabajadora en Nueva York, que era una ciudad increíblemente pobre en aquella época. Que alguien como ella pensase en llevar los asuntos y derechos de las mujeres a un ala más izquierdista del movimiento, antes que obtener pedacitos de feminismo, es algo a resaltar.

Creo que al feminismo contemporáneo le pasa lo mismo. Defiende que debemos centrarnos en nuestros propios derechos y no se está integrando un pensamiento más amplio en el que la sociedad sea reformulada para todas. El feminismo ha cojeado siempre de ese pie, pero ahora se ha convertido en un flagrante y enorme problema. En mi opinión, deberíamos dirigirlo de nuevo hacia la anarquía y el socialismo, y a pensar no solo lo que es bueno para las mujeres sino para todo el mundo.

¿Cuál sería, según usted, la mayor reivindicación feminista actual que se está planteando desde el individualismo?

En Norteamérica hay enormes partes del país donde resulta imposible abortar. Si lo necesitas, tienes que conducir como mínimo cuatro horas y cuesta miles de dólares. Así que hay una enorme parte de la población femenina que no tiene acceso a unos cuidados reproductivos básicos. Y al feminismo en EEUU no le importa una mierda el derecho al aborto.

Las feministas apoyan a candidatos supuestamente pro-elección, pero estos políticos no están interesados en mejorar la situación del acceso al aborto porque la mayoría vive en la costa, donde hay acceso incluso a "abortos de lujo".
Para mí es el ejemplo más notorio de cómo el feminismo deja tirado al 80% de las mujeres de mi país. 

De que su retórica está centrada por completo en ese pequeño segmento de mujeres que han tenido una buena educación, que son pudientes y que viven en áreas urbanas. Yo hablo mucho del derecho al aborto porque así fue cómo me introduje en el feminismo, como consejera en un centro de planificación familiar.

Hay un ejemplo elocuente sobre esto en la segunda temporada de El cuento de la criada, que muchas feministas están rechazando por ser demasiado explícita en las violencias sobre la mujer, incluyendo el aborto. ¿Es una postura propia del feminismo de clase alta?

Es un plomazo apabullante pensar en todo lo que queda por hacer. Así que es más sencillo pensar solo en nuestros propios problemas y en otras que sufren lo mismo que nosotras. Hay que reformar muchas capas de nuestra sociedad para llegar a conseguir una igualdad real. No es algo que se pueda cambiar con un plan a diez años vista, es un trabajo de generaciones.

Pero el primer paso para solucionar cosas como las que se muestran en El cuento de la criada, y que ocurren en la realidad, es ser capaz de mirarlas y que nos provoquen una mala sensación. Si ni siquiera estamos dispuestas a tener ese gesto, no sé a qué estamos contribuyendo al movimiento.

Es muy crítica con el feminismo mainstream, como el de Beyoncé o el de Lena Dunham. ¿No es complementario un feminismo light que llegue a más capas de la sociedad con uno académico que tenga menos alcance pero sea más crítico?

Uno de los argumentos que más escucho es que Beyoncé o una camiseta son una buena forma de introducir a la gente en el feminismo. "¿Qué hay de malo en eso?". Pero no creo que una persona que se compra una camiseta de Todos debemos ser feministas vaya a estar más comprometida con los grandes debates del movimiento.

Es como cuando la gente decía que Harry Potter iba a ser el libro light con el que la sociedad se iba a aficionar a la literatura en condiciones, cuando en realidad Harry Potter es una basura y no condujo a eso. Tampoco creo que una canción de Beyoncé o la camiseta sean la droga de la violación, quizá sean inocuas. Pero sí que creo que ahogan el verdadero mensaje del feminismo y permiten que la gente inapropiada se lucre con ello.

Pasó lo mismo cuando se estrenó Wonder Woman, las críticas perdieron la jodida cabeza por lo feminista que era esta película. Una película sobre violencia y cuya protagonista estuvo enrolada en las Fuerzas Armadas israelíes, donde se cometen crímenes de guerra contra los palestinos. En fin. 

Pero esta cultura del feminismo light es tan monolítica que no acepta las críticas. Si te atreves a hacerlo, te tacharán de traidora, de cascarrabias o de opositora a la hermandad, como han hecho conmigo.

En España, el feminismo se ha popularizado generando un movimiento social y cultural nunca antes visto: ya sea con una reacción solidaria ante una violación múltiple o en el Día de la Mujer. ¿No hay que aplaudir esto?

Se esgrimió mucho ese argumento durante la Marcha de las mujeres después de las elecciones de Donald Trump en Norteamérica. De acuerdo, fue bonito, pero todavía tenemos a Donald Trump. Las marchas de las mujeres tampoco crearon una agenda coherente ni muy alentadora.

También es cierto que hay más mujeres postulándose para cargos públicos en las próximas elecciones que en toda la historia americana. Y sería genial si esas mujeres tuvieran una política feminista de verdad o al menos progresista. Porque muchas de ellas son de centro-derecha, y apoyan cosas como la superpoblación de las prisiones o las terribles políticas de inmigración de EEUU.

Entonces, ¿cuál es el resultado real? Soy pragmática. ¿Cuál es el cambio social y la consecuencia final? Hasta ahora, con todo el feminismo mainstream que existe en mi país, no he visto que el mundo haya mejorado ni un poquito. Me sigue pareciendo una espiral de codicia, egoísmo y un montón de sandeces. Así que me atrevería a asegurar que el feminismo mainstream no ha conseguido absolutamente nada. No soy cínica, pero tampoco ingenua.

También defiende que el feminismo ha de ser incómodo. Eso inevitablemente lleva a que nos provoque contradicciones. ¿A cuáles se enfrenta a diario?

Casi te diría que a nivel romántico. Estoy trabajando en un proyecto que avanza algo lento con otra escritora llamado La heterosexualidad es una maldita pesadilla, porque si existes en una sociedad patriarcal, como hacemos todos, y quieres estar enamorada, ¿cómo estructuras la relación para que sea políticamente coherente?

La simple división de la tarea doméstica es política, el matrimonio es rabiosamente político, los asuntos del sexo son política, los desequilibrios de poder, la seducción, la dominación y el consentimiento. Las mujeres han sido educadas para no mostrar sus deseos sexuales y los hombres para usar la dominación como técnica de seducción. 

Y es muy difícil pensar en estas cosas cuando lo único que quieres que alguien te quite los pantalones por las noches o cuando te enfrentas a un tsunami de sentimientos.

Con la muerte de Philip Roth, ha vuelto esa contradicción entre el artista y su obra. Días antes, los medios publicaban columnas sobre su misoginia, pero casi nadie se atrevió a mencionarlo en los obituarios. ¿Prescribe la parte oscura de un escritor cuando muere?

Philip Roth es un maldito problema, pero también forma parte de toda una hornada de escritores norteamericanos de posguerra. Encuentro interesante que, durante la segunda ola feminista y mientras las mujeres reclamaban su derecho a ser tratadas como seres humanos, en la literatura proliferaron los hombres que les decían: "no, sois un trozo de carne". Roth, Norman Mailer y John Updike casi ganan el Nobel de Literatura básicamente por argumentar que las mujeres no son seres humanos, sino trozos de carne.

Lo que me gustaría es que su trabajo fuese revalorizado, con una comprensión más complicada sobre quiénes fueron y qué hicieron. Porque yo pienso que esos libros son basura. Los describen como una íntima y compleja visión de la masculinidad, pero son fanfarronerías en las que se jactan de tratar a las mujeres como si fueran mierda. 

No es heroico describir todas las formas en las que odias a la mujer, y por supuesto no contribuye a eliminar la misoginia. Pero no somos lo suficientemente perspicaces aún para verlo.

¿Apuesta, entonces, por analizar la obra junto a su contexto antes que por otras propuestas más radicales como el boicot o la censura?

Desde luego. Esta es una parte importante del debate feminista en EEUU, sobre todo desde el me too. ¿Qué hacemos con alguien que ha actuado de una forma inaceptable y dónde nos situamos entre el castigo y la rehabilitación? ¿Cuál es la respuesta proporcionada ante ciertos comportamientos? Es raro ver cómo las cosas se han ido de madre tan rápido.

Me viene a la cabeza el caso específico de un escritor llamado Junot Díaz, que da clases en el MIT. Varias mujeres le acusaron de conductas inaceptables, y seguro que en los próximos días seguirán saliendo porque es un caso bastante paradigmático. Sin embargo, el acto más grave del que ha sido acusado por el momento es de forzar un beso. Ahora la gente quiere que el MIT le despida y yo creo que es una respuesta desproporcionada, porque no es que haya acosado a una de sus estudiantes.

Si actuamos de forma desproporcionada, si la gente pierde su trabajo solo basándose en acusaciones públicas o si son despedidos por actos menores, nos encaminamos a una senda de venganza y represalias por la que no deberíamos. No creo que sea la manera de crear una sociedad más justa.

Algunas de las acusaciones que he leído son demenciales. Como la mujer que acusó a Morgan Freeman de acoso porque estaba embarazada y él le dijo que desearía estar ahí dentro. Es raro, pero puede ser tomado de mil maneras distintas. 

¿Por qué elegir el victimismo? Es un tema delicado, pero si nuestra meta es la justicia, necesitamos tener una conversación más amplia sobre qué hay que hacer con estas acusaciones.

¿Cree entonces que hay quien está haciendo un uso oportunista del me too?

Ya se ha demostrado que hay gente que ha hecho falsas acusaciones, y hay personas que se han enfrentado a consecuencias reales por ellas y otras que no. Pero creo que estamos creando una atmósfera de venganza. Vamos, si tienes un enemigo o quieres el trabajo de otro, solo tienes que decir que te ha tocado de forma inapropiada y lo tienes.

 Es un camino muy, muy peligroso por el que ir. Tenemos una historia muy larga de mujeres blancas denunciando a hombres negros por violaciones, que fueron ejecutados, y que más tarde se demostró que eran falsas acusaciones. Tenemos que alejarnos de esa senda demencial. Tenemos que ser justos y perseguir una justicia real por encima de todo lo demás.

Se define como pragmática, pero al mismo tiempo no esconde su gusto por el tarot y otras artes prestidigitadoras. ¿Para qué le sirven a la hora de analizar la realidad?

El tarot para mí tiene que ver con la intuición. Si no tengo algo claro de manera consciente, el tarot es una manera de descifrarlo desde el subconsciente. De la misma manera que creo que los sueños y las coincidencias tienen un significado para mí, la espiritualidad es una parte de las cosas, de la femineidad, de la cultura, y de todos los aspectos del mundo que han sido degradados bajo el patriarcado.

Ahora está muy de moda ser ateo, incluso esos imbéciles, cabezas huecas, racistas y pedazos de mierda de la derecha como Donald Trump. Así que, sí, estoy a favor de recuperar aspectos de la femineidad que fueron degradados. Y la espiritualidad y la intuición son definitivamente parte de ella."           (Entrevista a Jessa Crispin, María Zas Marcos, eldiario.es, 04/06/18)