20/2/17

La ciencia dice que la desigualdad mata. La pobreza acorta la vida más que la obesidad, el alcohol y la hipertensión

"La evidencia científica es robusta: la pobreza y la desigualdad social perjudican seriamente la salud. Sin embargo, las autoridades sanitarias no ponen el foco sobre estos factores sociales tanto como lo hacen sobre otros cuando tratan de mejorar la salud de los ciudadanos. 

Un macroestudio sobre 1,7 millones de personas, que publica la revista médica The Lancet, vuelve a la carga con este problema descuidado: la pobreza acorta la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol.

 El estudio supone una crítica a las políticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no querer incluir en su agenda este factor determinante de la salud tan importante o más que otros que sí forman parte de sus objetivos y recomendaciones.

"El bajo nivel socioeconómico es uno de los indicadores más fuertes de la morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo. Sin embargo, las estrategias de salud global no consideran las circunstancias socioeconómicas pobres como factores de riesgo modificables", aseguran los autores del estudio que publica The Lancet, una treintena de especialistas de instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Columbia, el King's College de Londres, la Escuela de Salud Pública de Harvard y el Imperial College de Londres.

Su trabajo se centró en los datos de 1,7 millones de personas para analizar cómo influye el nivel socioeconómico en la salud y la mortalidad en comparación con otros factores más convencionales, como el tabaquismo o la obesidad. El resultado coincide con otros estudios previos: la pobreza es un agente que afecta a la salud de forma tan sólida y consistente como el tabaco, el alcohol, el sedentarismo, la hipertensión, la obesidad y la diabetes. 

Es más, la capacidad de acortar la vida es mayor que varios de estos factores. El bajo nivel socioeconómico reduce la esperanza de vida en más de 2 años (2,1) en adultos entre 40 y 85 años; el alto consumo de alcohol la reduce en medio año; la obesidad la acorta 0,7 años; la diabetes reduce la esperanza de vida en 3,9 años; la hipertensión en 1,6 años; el sedentarismo, 2,4 años; y el peor, reduciendo la media de vida 4,8 años, el consumo de tabaco.

La elección de estos factores no es casual: son los tomados por la OMS para combatir las enfermedades no contagiosas en su plan para reducir su incidencia en un 25% para el año 2025, el llamado objetivo 25x25. 

"Nuestros hallazgos sugieren que las estrategias y acciones globales definidas en el plan de salud de la OMS excluye un importante determinante de la salud de su agenda", critican los investigadores, liderados por Silvia Stringhini, del Hospital Universitario de Lausana. Y añaden: "La adversidad socioeconómica debe ser incluida como un factor de riesgo modificable en las estrategias de salud local y global, las políticas y la vigilancia del riesgo para la salud".

Del mismo modo que se puede promover el abandono del tabaco o el deporte entre la población, el artículo defiende que el factor socioeconómico también puede modificarse a todos los niveles, con intervenciones como la promoción del desarrollo durante la primera infancia, las políticas de reducción de la pobreza o la mejora del acceso a una educación. Por eso, las estrategias de prevención de las enfermedades crónicas se equivocan al no abordar "poderosas soluciones estructurales".

No es ideología sino ciencia

"La fuerza de la evidencia del efecto del rango social sobre la mortalidad, como ejemplifica el estudio de Stringhini y sus colegas, es ahora imposible de ignorar", asegura un comentario en The Lancet firmado por Martin Tobias, especialista del Ministerio de Sanidad de Nueva Zelanda. Y añade: "Basan su argumento no en ideología política sino en ciencia rigurosa".

 Según este epidemiólogo, tener bajo nivel socioeconómico "significa ser incapaz de determinar el propio destino, privado de recursos materiales y con oportunidades limitadas, que determinan tanto el estilo de vida como las posibilidades vitales".

El investigador español Manuel Franco, que no ha participado en el estudio, considera que "es importante que los autores muestren que el factor socioeconómico importa, e importa tanto como los que señala la OMS". "La evidencia dice que la desigualdad mata.

 ¿Nos interesa la salud del país, tanto la de los pobres como la de los ricos? No se ataca este factor porque no interesa", asegura Franco, epidemiólogo de la Universidad de Alcalá de Henares, especialista en cómo afectan los factores sociales y ambientales en la salud.

Franco explica cómo en países ricos (el estudio se centra en datos de Reino Unido, Francia, Suiza, Portugal, Italia, Estados Unidos y Australia) hay diferencias "insoportables" de esperanza de vida dentro de una misma ciudad, como Barcelona, Madrid, Glasgow o Baltimore.

 "Y la brecha no deja de ampliarse: la esperanza de vida de los pobres no crece como la de los ricos", denuncia. Y concluye: "Hacemos investigación para mejorar algo. Sabemos que hay factores estructurales que perjudican la salud, pero las autoridades no quieren atacarlos, prefieren hablar solo de los factores individuales: haz deporte, no fumes".                   (Javier Salas, El País, 01/02/17)

17/2/17

Diario de un trabajador temporal. Un aventajado estudiante de Filosofía empleó las pasadas vacaciones navideñas en un trabajo basura. Esta fue su experiencia...

"“Cuento de Navidad”, podría titularse este diario, escrito por un aventajado estudiante de Filosofía que empleó las recién pasadas las vacaciones navideñas en un trabajo basura, como dependiente de una tienda de legos y juguetes. 

Hubo un tiempo en que estudiantes y trabajadores circulaban por pasillos distintos. Hace mucho que no, y entretanto los llamados becarios ocupan uno de los escalones más bajos del lumpenproletariado.

Este diario es para su autor “tarea pendiente”, que se plantea de la siguiente manera: hacen falta más relatos sobre el mundo en el que vivimos, trabajamos, sentimos. El propósito del diario es ofrecer un bosquejo de una situación concreta, imaginable o real: la de un trabajo ocasional (un empleo de corta duración en una tienda comercial) en una ciudad reconocible.

El propósito es entonces dejar que una voz se explique y testimonie una serie de hechos. El diario es una voz práctica. La condición de testimonio y partícipe impide que la voz sea ejemplar o edificante. El propósito se resume así: ofrecer un lugar y una mirada.

8 de noviembre

La entrevista ha ido bien. Lo que se podía esperar. La aclaración ha sido pertinente, un trabajo de campaña de Navidad. El entrevistador ha insistido en que no pasa nada si veo este trabajo como algo alimenticio, aunque he ofrecido un compromiso y entusiasmo: a fin de cuentas, he sentenciado en voz alta, vender-juguetes-de-una-marca-especializada no es algo tan dramático. La tienda es monísima, claro. Está pensada para que los chicos jueguen, no hay pasillos.

17 de noviembre

Me han contratado. No acabo de comprender la reforma laboral y sus condiciones. El mundo puede ser rematadamente opaco. El contrato lo ha hecho una gestora, me aseguran. Asiento. Me esfuerzo en que mi cara diga “por supuesto” en cada movimiento.

18 de noviembre 

Primer día. Conozco a mis compañeras de tienda. El entrevistador era uno de los dueños y jefe de tienda. Insiste en “la calma”. Mi compañera es la encargada de la tienda. Insiste en “la atención”. Si él dice que con un “Hola, ¿qué tal?” ya basta; ella insiste con miles de detalles para “hacer que el cliente se sienta cómodo en la tienda”. Surgen nuevas preguntas.

¿Cuándo está incómodo? Por qué no puede cargar con un paquete y distraerse?
Porque así compra menos. Va cargado y eso provoca que tenga prisa.

Al parecer las técnicas de venta consisten en una mezcla entre conductismo y agresividad retórica. La encargada vindica su efectividad. Está en la tienda desde que la abrieron. Conoce el sector.

19 de noviembre

Primer día de diez horas. Bosquejo de sensación: la hora y media para comer pasa muy deprisa, el tiempo de trabajo está siempre presente. Uno mira el reloj y piensa: de acuerdo, entonces me queda… Obsesionado por el tiempo libre, el tiempo es siempre tiempo restante; comprendo mejor ahora a las personas que hablan de “la necesidad de desconectar”.

Se refieren a la necesidad de sentir que el tiempo no es tiempo restante sino tiempo posible o tiempo disponible.

21 de noviembre

Lunes, descubro el almacén. Y las llamadas de teléfono, abundantes. Constato que mi pasión por la marca se ha reducido. Segunda constatación: no tengo ni un tercio de información que mis compañeras. Parece ya evidente. Alguna insinuación me ha llegado: “Deberías ir acostumbrándote a” o, en su versión más sutil: “Yo es lo que hago al llegar a casa”.

¿Cómo explicar que al llegar a casa uno no contempla la posibilidad de prolongar los quehaceres laborales?

Barajo dos respuestas posibles. La primera pasa por una confesión con malas consecuencias. Mala estrategia.

La segunda es una modesta oda a la pereza. No es conveniente.

25 de noviembre

Hay algo conmovedor en la interacción con clientes. Todos te escuchan creyendo en la autoridad que te ha sido conferida. Es la primera tarde en la que me atrevo a pronunciar: “Verá, yo le recomiendo...”. Lo digo dos veces, a un padre muy simpático –le he visto todas las tardes en las que he trabajado en la tienda– y a una joven madre. En ambos he visto un gesto semejante: ojos abiertos y asentimiento.

¿De dónde viene esta autoridad? ¿Por qué leo en sus miradas “Vaya, tú debes saber mucho de esto, yo, en cambio, no tengo ni idea”?. ¡Qué fácil acostumbrarse a ella!

Nueva corrección: el cliente debe estar atendido en todo momento, es imprescindible ofrecer alternativas a sus deseos, si no alcanza con el stock disponible. La buena vendedora siempre insiste.

26 de noviembre 

Pequeña reprimenda. Hemos empezado a sacar los instrumentos de limpieza cinco minutos antes de agotarse el horario. No nos pagan para eso. Gran indignación de mi compañera. Me da unas sorprendentes razones utilitaristas de su enfado: “Hago ganar mucho dinero a la tienda. Y así me lo agradecen”.

Le explico que no trata de quién tiene razón, pero en este caso, está claro que la razón le pertenece a los jefes, que son los contratantes. Creo que no ha entendido lo que le digo. Son muchas cosas, añade, y mi comentario –ahora es ya indudable– la ha ofendido.

Bien. Trato de explicárselo una vez más. Las razones subjetivas no importan cuando el dinero interviene en un contrato de estas características. Me da por imposible. Yo también: no tengo reservas de consuelo, y he preferido lanzar una reflexión.

Una nota evidente: intentar diálogos socráticos en la vida corriente es un juego ocioso.

1 de diciembre

Descubrimiento trágico, ya anunciado: soy muy patoso envolviendo regalos. Muestras de compasión entre los clientes, aparece incluso el recuerdo de quien envolvió zapatos en unas navidades antiguas.
La tarde transcurre a lo Capra. 

A la dulzura del recuerdo, le sigue la amargura de la constatación: otra señora señala con gran detenimiento lo mal envuelto que está el paquete y cómo debería hacerse.
Evidente frustración entre mis compañeras. Inverosímil o no, me afecta.

3 de diciembre

Los matrimonios y sus relatos públicos. Por la mañana, un señor hace llorar a su esposa mientras su hija juega como si no escuchase los sonidos de algo que hace demasiado que está sucediendo.

Por la tarde una señora me pide pijamas, y luego dice: “Aunque se duerme más cómodo sin ellos ¿no?”. Su acompañante es su marido, ella me lo recuerda y, con gran risotada, insiste en flirtear de un modo descarado.

Vergüenza ajena. El marido asiste algo frustrado al juego de la señora; ella remata diciendo lo ideal que sería llamar a “todo un cuerpo de bomberos” mientras mira el pack que va a regalarle a su hijo. 

5 de diciembre 

Estamos más cerca de comenzar la cuesta. No llega. No acabo de comprender las metáforas geológicas y sus matices. Estoy muy cansado. 

16 de diciembre 

Eludo la cena de empresa, y su posterior farra, aunque no su relato la mañana siguiente. Tomé la decisión precipitadamente, inventé una excusa a última hora: la idea de compartir un escenario de amistad me parece inadecuada.

17 de diciembre

Aparece en la tienda alguien que estudió filosofía, no lo he sabido hasta diez minutos después de su entusiasta defensa de los juguetes que ha comprado, de su espíritu educativo y de su actual profesión; la lingüística computacional variante marketing.

Es de Girona –su acento no le delataba del todo, aunque luego sí su anecdotario– y celebra que yo esté ahora terminando la carrera. Dice que a él le cambió la vida. Hablamos de Habermas. Dice muy contento que es una cosa seria, seria.

Al llegar al autobús, un episodio extraño. Un señor calvo llega corriendo con mochila de trabajo y zapatos desgastados. El conductor le dice: “Bueno! ¡parece que has perdido tu pelo en esa carrera ¿Eh?”. Me siento agredido en ese momento.

 ¡No solamente por mi pertenencia al club de los prealopécicos! Subir a un autobús y que alguien te suelte un chiste magnífico. Invento una norma propia para el humor que utilizaré en la tienda: de ahora en adelante, chistes blancos, fáciles. 

23 de diciembre

Ha dejado de parecerme navideño el espíritu de la tienda. Pequeño rasgo antisocial: no puedo soportar la intimidad ajena, aunque sean pequeños bosquejos de relaciones, vida; lo he descubierto en las conversaciones con las compañeras.

No puedo conversar si luego estaré sometido a un juego de jerarquías y lealtades, etcétera. Veo improbable que pueda prosperar la amistad. Gran fracaso en el ejercicio social de compartir películas y series.

“Estoy cansado de La Guerra de las Galaxias y no me parece que Black Mirror tenga ideas sino lugares comunes sobre la “tecnología” y sus efectos”. Me vengo arriba con la fregona y mis opiniones, todo muy ridículo.

Juzgo estúpido el “fenómeno de las series” y mi compañera cree que la he llamado estúpida. Hago un llamamiento a la prudencia: “No tengo ni idea de…”. Ella insiste, la ofensa redobla sus tambores.
Friego en silencio.

24 de diciembre

Cambio en la fisonomía de los clientes. Cambio memorable: son directos, necesitan comprar, esperan muchas cosas, no conciben que los productos se hayan agotado, quieren saber en qué otro sitio lo tienen. Esperan cooperación entre las fuerzas del comercio, amabilidad a raudales, soluciones efectivas. 

27 de diciembre

Una de las tareas importantes es vender el stock acumulado. Decido centrarme en la colección para niñas, que con sus ponys, estrellas del pop y ferias me parece engolada.

Gran éxito. Di que algo es para “niñas inteligentes” y el mar del orgullo te permitirá ver sus olas valientes. Añádele la respetabilidad de las fuerzas del comercio a modo de falsa apostilla –“además se vende muy bien”– y serás invencible.

¡Qué sensación de triunfo!

30 de diciembre

La puntualidad de las nóminas. Éste ha sido el mes de los domingos trabajando, me digo. Han sido un pequeño fracaso. Hermosura de la patología social: la gente no compra en domingo. Quiere descansar. El día del Señor a estas alturas de mi vida.

Cuando salgo, el salario ya está en la cuenta corriente y la tonadilla de Notorius Big y P. Diddy –“No sé qué quieren de mí / es como si cuanto más dinero viniera / más problemas viera”– viene a mi cabeza.

31 de diciembre

Lo memorable: tener que estar en un almacén colocando cajas, o piezas, o preparando pedidos. Me doy cuenta de que estoy ejercitando la memoria visual. Hago una broma de Rain Man que a nadie le parece divertida.

Regresa la señora insinuante. La tienda tiene al menos cuarenta personas dentro. Ni siquiera recuerdo cuantas veces he dicho ya “¡Hola! ¿puedo ayudarla?” Ella decide humillarme: “Lo que no podemos hacer es agobiar al cliente, ¿no?”.

Me doy cuenta de que se me ha caído la botella del ánimo al suelo ¡y quedan otras cuatro horas!

2 de enero

Primera marabunta memorable. Mis jefes deben ayudarme a envolver regalos, dada mi torpeza. Uno de ellos me mira al final de la jornada con unos ojos donde, creo, hay una reevaluación muy resentida de su decisión de contratarme. El resto de la semana trabajaré diez horas, acepto, improviso algo relacionado con el honor y la responsabilidad.

3 de enero 

Almacén con mi compañero, que gestiona el almacén. Oyéndole hablar parece uno de los jefes. Es biólogo. Está convencido de la salud democrática y de la grandeza de Cataluña. Me da muchas órdenes. Me dice que no chute las piezas. He visto hacerlo a mi supervisora. ¡Pero me callo! Pequeño triunfo de la micro-solidaridad obrera: serlo con quienes no son tus amigos pero están en el mismo lugar. 

4 de enero

Incidente en la tienda. Primera vez que me insultan. Ha entrado una familia con un juguete con un fallo. Sabía que eran pobres. Podía verlo en el calzado (las deportivas baratas), el chándal, los dientes algo separados.

 Faltaban doce piezas, me ha dicho la madre, indignada. Respondo como es habitual, explicando que no somos una tienda oficial sino especializada y que el servicio de atención al cliente está en Internet. “¿Y si no tenemos Internet?”, me dice la madre. Me siento profundamente imbécil por mi supuesto.

Ojos de incomprensión. Indignación. Un compañero acude al rescate. Nos ganamos más gritos e insultos.

El padre se gira y me dice: “Si todo fuese por Internet, tú no trabajarías aquí”. Mi compañero está afectado por los insultos, les llama imbéciles, etcétera. Profunda tristeza, cuando el padre ha pronunciado esa frase he constatado su ignorancia.

Resulta terrible. Uno puede responder a los insultos o hacer chistes. Pero existía la posibilidad de aceptar la autoridad. Un ser humano que ni siquiera imaginaba que existe la programación, que no sabe que tras Internet hay trabajo, trabajo humano, de ingenieros, de mantenimiento. No lo consideraba. 

5 de enero

Día final. Tranquilidad, pequeña sorpresa –después de todo, he envuelto un regalo perfectamente–, con broma nada maliciosa incluida. Una anciana uruguaya y aristocrática viene a la tienda. Compruebo cómo el orgullo viaja –como sus hijos, que viven en Londres y conocen “la tienda que hay en Londres y que supongo que conocerás”–, pero sus suposiciones no pueden herirme. Desprecia la guerra, pero termina comprando algo relacionado con la saga de las Galaxias. 

Reivindica el saber de los ingenieros, dice que por esa razón le gusta nuestra juguetería, porque tiene cajas de aprendizaje donde se prioriza la economía y la técnica. Tras la conversación, considero que mis simpatías hacia la doctrina consecuencialista son una pequeña ingenuidad juvenil.

Se celebra mi entusiasmo y mi compromiso. Se señalan como grandes virtudes. Se me invita a regresar cuando quiera. Se me pide algo de autocrítica –parece evidente que el “hándicap” era no saber envolver. Luego otras cosas a mejorar que tengan que ver con la tienda. Intuyo que las palabras tienen que ver con mis compañeras. Uso la modestia: “Tal vez algo más de comunicación en el reparto de tareas”. Entendimiento rápido entre adultos, leer entre líneas la estrategia. (Pero no es estrategia, es prudencia).

Me marcho. Me doy cuenta de que me he olvidado unas alarmas en el bolsillo. Terminan en una basura cercana. Lo cierto es que comeré en el japonés donde el camarero chino me hablará entusiasmado de su infancia en Shangai, de su pasión por nuestra juguetería y su marca, de sus recuerdos.

¡La Historia sigue adelante después de todo!"                       (Pablo Muñoz, CTXT, 20/01/17)

15/2/17

El Mediterráneo acumula 62 millones de grandes fragmentos de basuras

"El estudio sobre basuras marinas, plásticos y microplásticos de Ecologistas en Acción resume el conocimiento aportado en la materia por 300 publicaciones científicas internacionales.

Entre sus conclusiones, destacan datos como que cada año entran al océano entre 6,4 y 8 millones de toneladas nuevas de basuras marinas, de las que el 80 % son plásticos, que generan elementos más ligeros, microplásticos capaces de viajar grandes distancias.

Los ecologistas advierten también de que más de 690 especies de flora y fauna han interactuado con basuras marinas plásticas, y que sus restos están ya en la cadena trófica humana.

El informe señala que el 80 % de la entrada de basuras marinas se produce desde tierra, desde zonas con alta densidad de población y presencia de industrias o vertederos.

Al principio los grandes bloques de residuos marinos se detectaron principalmente en la costa, pero en los últimos años se han hallado grandes islas de basura flotante en mar abierto y en los fondos oceánicos.

Ecologistas en Acción alerta de la elevada presencia de microplásticos (partículas de menos de 5 milímetros), muchos de los cuales provienen de productos de cosmética, que sortean los sistemas de saneamiento hasta desembocar en mares y océanos.

Muchos de estos microplásticos provienen también de la fragmentación de tejidos sintéticos (en un sólo lavado pueden generar más de 1.900 fibras de microplásticos) o de la degradación de las bolsas de plástico en partículas microscópicas.

 Este problema de contaminación es, junto al cambio climático, una de las mayores “amenazas globales de este siglo” para los océanos, según la ONG. (...)

Además, señalan que se han documentado casos de ingestión de macroplásticos en un amplio número de organismos, “incluyendo especies de peces de valor comercial como el arenque y la caballa, los atunes del Mediterráneo y el bacalao del Atlántico”, en los que la confusión de la basura con alimentos puede causar la muerte directa, a través de la obstrucción del estómago, o afectar a sus organismos a largo plazo."                    (Ecoportal, 28/01/17)

14/2/17

Salí de su despacho (de Tudjman, presidente de Croacia) convencido de haber estado hablando con un ser vil y chiflado que a conciencia, fuese por ambición de poder o por fanatismo nacionalista, iba a provocar una guerra y la muerte de muchas personas.

"El doctorado honoris causa que el 23 de mayo le va a conceder a Peter Handke (Griffen, Carintia, Austria, 1942) la Universidad de Alcalá de Henares me hace recordar, como recuerdo cada vez que salta el nombre del escritor austriaco --o sea, cada vez que publica otro libro--, el linchamiento al que la prensa europea le sometió en 1996 con motivo de Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina, o justicia para Serbia.

Por atreverse a publicar aquel texto en el suplemento cultural de un periódico alemán, y luego en forma de libro, se le retiró el sustancioso premio Heine que se le iba a conceder, se canceló la representación de una pieza teatral en la Comédie Française, su nombre cayó de todas las quinielas del Nobel de Literatura. Alain Finkielkraut le llamó “monstruo ideológico”, y Salman Rushdie “idiota internacional del año”.

 Pero lo peor fue que el aura que le realzaba como autor independiente y singular quedó dañada, quizá para siempre, por la sombra de la sospecha: y de pronto sus libros ya podían ser contemplados como las frívolas deposiciones intelectuales de un caprichoso gilipollas que, empujado por un vulgar deseo de notoriedad o por una carencia moral básica, respaldaba a Milosevic y justificaba los crímenes del ejército y la milicia serbia en las guerras civiles yugoslavas, la limpieza étnica, las matanzas de Srebrenica, el asedio criminal de Sarajevo.

Anoche releí el libro supuestamente ignominioso, el Viaje de invierno. Aunque Handke está considerado un finísimo estilista, un maestro de la prosa, tuve que superar ciertas dificultades de comprensión de frases como ésta:

“Al querer aclarar el problema estoy apuntando a algo completamente real, real del todo, algo en lo que los modos de realidad, que se enmarañan unos con otros, dejarían adivinar algo así como una trama entre varias cosas”. A saber qué demonios significa este galimatías, como otras construcciones arduas e irritantes que entorpecen la lectura de sus libros.

Pero más allá de eso he comprobado que, como pensé entonces pero no escribí, allí no vi rastro de ningún crimen intelectual; el autor no ampara, justifica ni niega ningún crimen sino que se hace algunas preguntas sobre a quién interesaba y beneficiaba la destrucción del gran país del sureste europeo, quiénes fueron los provocadores y beneficiarios de aquellas guerras.

 Pero plantearse esas preguntas significaba cuestionar el relato maniqueísta de unos acontecimientos repulsivos, de los cuales estaba decidido ya desde antes de que empezasen a suceder quién era el culpable y quién la víctima, quién el agresor y quién el agredido.

No excuso a Milosevic ni justifico los crímenes de su ejército, como por cierto tampoco lo ha hecho Handke. Pero recuerdo que en 1990 entrevisté a Franjo Tudjman, presidente de Croacia, durante quince o veinte minutos en Zagreb. Era una de las personas más desagradables que he conocido en mi vida.

 Acababa de ser elegido, le pregunté por sus proyectos inmediatos y me dijo: “Declarar la independencia”. Le hice ver lo obvio: que eso significaba la guerra civil. Se puso como un energúmeno a gritarme que si la voluntad democrática del pueblo croata, que si la comunidad internacional, que si la ayuda de Europa... Salí de su despacho convencido de haber estado hablando con un ser vil y chiflado que a conciencia, fuese por ambición de poder o por fanatismo nacionalista, iba a provocar una guerra y la muerte de muchas personas.

 Como así fue. Pero a Tudjman nadie le consideró un criminal, ni le llevó ante ningún tribunal internacional. Era “nuestro hijo de puta”. En fin.

Volviendo a Handke: si la primera parte del libro Viaje de invierno plantea los interrogantes que ya he referido y que le costarían ser satanizado por el mundo intelectual y periodístico europeo, en la segunda parte narra sus impresiones de viaje por Serbia, las cosas que ve y la gente con la que habla, gente común, en la retaguardia, a la que retrata afectuosamente como personas generosas, de buen corazón. Hay algunas imágenes demasiado cariñosas que me parecen cursis.

De la lectura de hace veinte años yo guardaba sobre todo una vaga imagen fantasmal: la imagen de unos varones serbios que pasean por no sé dónde, ensimismados y silenciosos, envueltos en la niebla y como preocupados. Ahora he reconocido fácilmente el párrafo que hace veinte años me impresionó.

Es demasiado largo para reproducirlo entero, pero acaba así: “No, a mis ojos no podían ser patriotas serbios o chovinistas; no podían ser feligreses ultraortodoxos, ni monárquicos o viejos chetniks, y menos aún antiguos colaboradores de los nazis, pero también era difícil imaginárselos como partisanos al lado de Tito y luego como funcionarios, políticos e industriales yugoslavos; sólo estaba clara una cosa: que todos ellos, quien más quien menos, habían perdido lo mismo, y que esta pérdida, mientras paseaban por allí, la tenían bastante fresca ante sus ojos sombríos.

 ¿Cuál había sido la pérdida? ¿Pérdida? ¿No había sido más bien como si les hubiesen estafado brutalmente?”."            (Ignacio Vidal-Folch, Crónica Global, 05/02/17)

13/2/17

Sobre las conveniencias del Buen Vivir

"Por lo general, la gente cuando se entera de que uno es economista y se dedica a la investigación, rápidamente pregunta: ¿Pero qué investigas? ¿Cosas de dinero? Seguro que fórmulas matemáticas, ¿verdad? Es muy curioso observar las caras de las personas cuando nuestra respuesta alude al “Buen Vivir”.

 Su reacción suele estar acompañada por una risa burlona un tanto irónica que pareciese decir algo así como “Venga, en serio, ¿sobre qué investigas? Si por casualidad nuestros interlocutores saben que somos andaluces (uno de adopción) el ingenio de las respuestas brilla por su ausencia y va desde el “que grasiosos sois”, hasta el “así que vuestro trabajo consiste en tomar cervecitas”.

Son pocas las personas que, más allá de verse atraídas por lo llamativo del término, conocen su carga teórica-política y saben que ésta puede alumbrar discusiones renovadas sobre cómo organizar formas de convivencia armónica para todos los seres vivos del planeta. 

Casi nadie está al corriente de que desde hace ya más de una década los conceptos de buen vivir y vivir bien (suma qamaña en vocabulario aymara bolivariano y sumak kawsay en quichua ecuatoriano) irrumpieron con fuerza en la arena política latinoamericana, dando lugar a su inclusión en las recientes Constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009).


 La reciente visita a España del presidente de Ecuador proporciona un buen momento para hablar de ello.

La Constitución de la República del Ecuador (2008) menciona en 23 ocasiones la expresión “buen vivir”, estando presente en 17 de sus 444 artículos (3, 14, 26, 32, 74, 83, 85, 97, 258, 275, 277, 278, 283, 290, 319, 385 y 387). 

En lo que respecta a la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia (2009), nombra los términos “vivir bien” 10 veces, apareciendo en los artículos número 8, 80, 306 y 313. El buen vivir (Ecuador) o el vivir bien (Bolivia) se convierten así en piedras angulares de lo que Boaventura de Sousa Santos ha denominado como constitucionalismo transformador.

Cuando escribimos en Google la palabra Buen Vivir, en cuestión de 0.45 segundos aparecen la friolera de cuatro millones trescientos setenta mil resultados. A excepción de un blog sobre repostería y alguna que otra casa rural que se cuelan entre las entradas de las primeras páginas, el resto de referencias aluden principalmente al continente latinoamericano, y en concreto a los países de Ecuador y Bolivia: “Filosofía política contemporánea,  Planificación Nacional, cosmovisión andina, solidaridad, armonía…”

Esta proliferación de alusiones al Buen Vivir no está asociada únicamente a la política pública, ni está exclusivamente dirigida hacia hispanoparlantes. También se hace extensible al ámbito científico internacional, donde en cuestión de un lustro se cuentan por cientos las publicaciones académicas relacionadas con la temática.

 Una muestra de ello puede apreciarse en artículos en revistas de la talla de Development, Ecological Economics, Geoforum, Latinoamerican Perspective, New Left Review o Third World Quarterly, entre otras.

A pesar de su enorme propagación, las discusiones relacionadas con el BV no han trascendido aún lo suficiente al “gran público”, al menos más allá de la órbita latinoamericana. Con el fin de mejorar su difusión, el pasado mes de diciembre la organización Economistas sin Fronteras (EsF) publicó uno de sus dosieres trimestrales de libre acceso, dedicado exclusivamente a la temática (número 23, otoño 2016) [1]

Cualquiera lector o lectora del dosier comprobará rápidamente que el Buen Vivir no es ni mucho menos una argumentación cerrada ni de talante universalista. Más bien todo lo contrario, pues si bien se nutre directamente de la cosmovisión andina precolombina, lo andino es puesto en común con principios filosóficos universales (ecologistas, feministas, cooperativistas, humanistas, budistas…), discursos ecocéntricos de transición (decrecimiento, ecofeminismo, social y solidaria, comunitarismo, corriente slow, movimiento queer…) y saberes locales de otras partes del mundo.

Si tuviéramos que hacer la ardua tarea de resumir en varios titulares esa mezcolanza de saberes englobados bajo el paraguas del Buen Vivir, aludiríamos a los siguientes:

1. Valor intrínseco de la naturaleza (animales incluidos) más allá de su utilidad para los seres humanos (biocentrismo);

2. Instauración de derechos colectivos en base a relaciones de poder compartidas, plurales y en consenso (Estado pluricultural y pluriétnico);

3. Existencia de un sentimiento de comunidad más amplio que incluye a todos los seres vivos del planeta.

4. Establecimiento de un horizonte poscapitalista, postsocialista y poscrecentista.

Por lo general cuando se exponen estos argumentos, se alude con extremada facilidad a que están más en el campo de la elucubración filosófica rimbombante que en el de la realidad diaria. 

Si bien es cierto que dicha crítica puede ser acertada en muchas ocasiones, en otras es sumamente simplista puesto que son numerosos los ejemplos en los que las discusiones ontológicas, epistemológicas y éticas (a nuestro juicio, fundamentales) han sido trasladadas a prácticas y hechos concretos.

 Un ejemplo son las dos Constituciones a las que hemos aludido anteriormente, las cuales, dicho sea de paso, se cimentaron sobre debates de varios años de duración ejemplarizantes en lo que a democracia real se refiere (2006-2009 en Bolivia y 2007-2008 en Ecuador).

Otra prueba de que estas discusiones no son estériles es que miles de personas en  Ecuador y Bolivia viven de acuerdo con el Buen Vivir, experimentando este sentimiento de comunidad que muchos y muchas occidentales perdimos hace años. 

Estos colectivos indígenas luchan día a día con las amenazas que el materialismo y el individualismo representan para ellos, tanto en su vertiente cultural (ponte a trabajar y vete a vivir a la ciudad) como material (extractivismos de la naturaleza que atentan contra sus medios de vida sostenibles de estas personas).

No ignoramos que, y de eso sabemos mucho en España (artículos 31, 35, 40, 47, 128, entre otros, de la Constitución 1978), el hecho de incluir derechos en la Constitución no implica ni asegura su cumplimiento.

En este sentido, desde ciertos sectores se están planteando serias incompatibilidades entre las actuaciones de los gobiernos ecuatorianos y bolivianos con las ideas originales del BV. En lo que respecta a la extracción de “recursos” naturales, esta problemática se aprecia de forma muy clara en los enfrentamientos por la explotación de la reserva ecuatoriana de la biosfera Yasuni.

Aunque nos cueste, porque siendo sinceros en Europa en general y en España en particular nos cuesta, deberíamos también mirar hacia el Sur para buscar vías alternativas y amenazadoras para el pensamiento único y su repetido mantra “there is no alternatives (no hay alternativas)”. 

Es aquí donde en palabras de José María Tortosa, “el buen vivir (es) una oportunidad para construir otra sociedad sustentada en una convivencia ciudadana en diversidad y armonía con la naturaleza, a partir del conocimiento de los diversos pueblos culturales existentes en el país y en el mundo”.

El Buen Vivir o los Buenos Vivires, como sería más apropiado denominarlos llegados este punto, tendrán que adaptarse a las realidades locales mediante procesos continuados de reflexión comunitaria. En cada caso la sostenibilidad de todos los seres vivos y de la comunidad deberá reorganizarse colectivamente y situarse como piedra angular del debate. 

En el contexto europeo, las ciudades en transición, los mercados sociales, el consumo de cercanía, las monedas sociales, las cooperativas de crédito, las ecoaldeas o movimientos como el slow-food, podrían servir de referencia en este sentido. La articulación de los buenos vivires conllevará la necesidad urgente de construir “nuevas” formas de organización expandidas comunitaria y ecológicamente, y religadas a diferentes escalas (individual, local, provincial, autonómico, estatal y supranacional)."                 

(Fernando García-Quero. Investigador Postdoctoral del Departamento de Teoría e Historia Económica, Universidad de Granada, Jorge Guardiola. Profesor Titular del Departamento de Economía Aplicada, Universidad de Granada, CTXT, 08/02/17)

9/2/17

El flirteo y las relaciones que se forman en la oficina contribuyen a la idea de que todos debemos amar el trabajo, que es una idea muy esclavizante

 Moira Weigel  (Joni Sternbach)

"(...) En el libro, rechaza la noción de que los roles de la mujer como ama de casa que se encarga de la familia y el hombre que compite por el trabajo y el dinero en la esfera pública estén programados en nosotros. ¿Cómo se desarrollaron, económica e ideológicamente esos roles? 

Me hace gracia, porque mi respuesta es… Por el capitalismo. Si hubiéramos ido a una granja en 1600 y les hubiéramos dicho a los que vivian ahi: 'Bueno, lo que él hace es trabajo, pero lo que hace ella, matar a la gallina, cocinarla para cenar, tener a los hijos, criarlos y luego acompañar al marido a trabajar en el campo, eso no es trabajo', su respuesta sería: 'Menuda estupidez'. Todo forma parte del mismo proceso, del mismo esfuerzo colectivo. 

Pero al surgir el trabajo asalariado y la industrialización, nacen toda una clase de trabajos que tienen lugar fuera del hogar, reservados para hombres, y con ellos la noción de que las mujeres no trabajan. Como cuenta Silvia Federici, crece en paralelo todo un discurso filosófico que construye la idea de que los hombres y las mujeres son completamente diferentes.

 Hoy en día, nos resulta muy difícil desnaturalizar esas presunciones, que tienen siglos de vida. Es un producto de la organización del trabajo que surge con el capitalismo industrial y pervive con la sociedad de consumo del siglo XX, aunque empieza a agrietarse. Quizá ahora, con la digitalización y la precarización del trabajo, las cosas cambien. Sinceramente, no lo sé. 

Otro aspecto de esa comercialización de la vida, del que habla en el libro, es el desarrollo y socialización del gusto. ¿En qué medida tiene relación la inclinación estética con el desarrollo de las citas?

En los años 20, empiezan a surgir la moda barata y el maquillaje y toda una serie de productos que ayudan a expresar el gusto. Aparecen también las revistas de tirada nacional, lo que contribuye a establecer paradigmas estéticos de buen o mal gusto. De la mano del consumismo, surge una enorme masa de población que se observa y se atrae en la esfera pública. Y surgen también todas estas industrias, que ayudan precisamente a atraer y atraerse. 

Hoy en día, sucede algo parecido con los me gusta de las redes sociales y las aplicaciones de citas, en las que el gusto sirve para estructurar un protocolo por el que se busca gente con la que salir. Y todo esto tiene mucho que ver con la clasificación de la gente por criterios de clase, y la estratificación de clase de la sociedad. 

Si alguien dice, me encanta Wallace Stevens, o David Foster Wallace, esa persona probablemente estudió en una universidad cara y elitista, de artes liberales. Hay un montón de estudios que demuestran que la gente tiende a escoger de manera abrumadora a otra gente de su clase social en as aplicaciones de citas como Tinder, a menudo guiándose sólo por fotografías. Existe toda una semiología visual sobre cómo señalar eso. 

Si me aparece un chico musculoso y engominado, con el pelo para arriba, sabré automáticamente que pertenece a una clase social diferente a la mía. En Estados Unidos, la calidad de la dentadura es otro barómetro que sirve para determinar la clase de cada uno. De manera subconsciente, telegrafiamos y decodificamos todas esas señales sobre el origen social. Antes, en el mundo anterior a las citas, el rabino elegía a alguien de una familia como la tuya o un hombre adecuado de tu misma clase para que viniera a cortejarte. 

En ausencia de esas estructuras articuladas explícitamente para emparejar a la gente de acuerdo con su procedencia social, el gusto cobra un papel mucho más importante. Pero es obvio que el gusto no solo refleja la clase, sino también las aspiraciones de clase. 

Escribe además acerca de la erortización de la actividad comercial. ¿En qué consiste ese fenómeno, y qué efecto tuvo en la vida amorosa de la gente?

Una vez que se le empieza a vender a la gente cosas que realmente no necesita, se hace imperativo añadir cierto atractivo erótico a esas cosas. Pero lo fascinante es cómo, poco a poco, la cultura va erotizando el trabajo en sí mismo. A partir de los años 50, las mujeres se reincorporan al mercado de trabajo. Tener una carrera se vuelve sexy. La oficina se vuelve sexy. Una se pone toda suerte de atuendos de trabajo, y empieza a flirtear.

En cierto modo, las realidades del dating, el flirteo y las relaciones que se forman en la oficina contribuyen a la idea de que todos debemos amar el trabajo, que es una idea muy esclavizante y que, irónicamente, nos deja sin tiempo para disfrutar del sexo o las relaciones de pareja. Hace poco, entrevisté a una ejecutiva de Silicon Valley para un artículo. 

Me contó que había contratado a un matchmaker al que pagaba 100.000 dólares al año por encontrarle novio, porque, según me dijo, no tenía tiempo para buscarlo ella. Me tuve que morder la lengua para no preguntarle: 'Pero, ¿tienes tiempo para una relación de pareja?' Amamos tanto el trabajo que no tenemos tiempo de hacer nada más que trabajar.

Y también tenemos que pensar en todo como si fuera trabajo. Me refiero a la manera en que la gente concibe las dietas, o el ejercicio, o ciertos proyectos como si fueran productivos. No se nos permite limitarnos a pasarlo bien. Todo tiene que quedar subsumido dentro de alguna lógica productiva.  (...)"                                                         (Entrevista a Moira Weigel, Álvaro guzmán Bastida, CTXT, 17/01/17)

8/2/17

La web del periódico recopila 88 millones de cookies por mes... que corresponden a unos 20 millones de personas... De esos millones, la redacción dispone de un promedio de 3.000 puntos o variables explicativas: la hora y el lugar en que navegan, si leen sobre corrupción, son del Real Madrid y de Benzema, etc.

"(...) Te recordaré un párrafo, retocado, de la semana pasada que centra el asunto. «Parece que Trump en su campaña dio a los electores lo que querían escuchar. La reivindicación del derecho a llevar armas, por ejemplo, se adaptó a las características psicológicas de los receptores del mensaje. 

En un caso la imagen podía ser la de un puño que rompía una ventana, home sweet home. Con este lema: ‘La Segunda Enmienda no es solo un derecho. Es una política de seguridad’. La otra escena mostraba a un padre y un hijo amaneciendo en la marisma y un largo rifle que traía malas noticias para los patos. Con este lema: ‘De padres a hijos. Desde el nacimiento de nuestra nación’». 

Me es indiferente el papel que los mensajes políticos personalizados jugaron en el Brexit o en la victoria de DT. La indiferencia está basada en la evidencia: nadie sabe aún el impacto, aunque el psicólogo Michal Kosinski me dijo esta semana que lo sabrá. La cuestión que ahora importa es que también la propaganda política ha entrado en la lógica de la fragmentación.

 Alexander Nix, el jefe de Cambridge Analytica, decía en su conferencia de septiembre de 2016: «Nuestros hijos se reirán cuando descubran que dirigíamos mensajes políticos indiscriminados, a la masa».

 Y el big data de Trump, Matthew Oczkowsk, aseguraba en una entrevista a IBT: «La gente se molesta si las organizaciones no les hablan de la manera correcta». Hace ya muchos años que el comercio descubrió el tratamiento personalizado. Internet no ha aportado cambios conceptuales pero sí permite afinar el tratamiento. Y, además, ha extendido la personalización a ámbitos inéditos.

Los periódicos, por ejemplo. Éste, por ejemplo. El director general, Javier Cabrerizo y Roberto Álvarez, su big data, me explican que la web noticiosa recopila 88 millones de cookies por mes. Ya sabes, cuki: algo así como las huellas dactilares.

 Se calcula que corresponden a unos 20 millones de personas, que es el antiguo nombre que recibían los usuarios únicos. De esos millones, el periódico dispone de un promedio de 3.000 puntos o variables explicativas: la hora y el lugar en que navegan, si leen sobre corrupción, son del Real Madrid y de Benzema, etc.

El periódico usa la acumulación de conocimiento para mostrar a los usuarios inserciones publicitarias diferentes. La web que yo veo en elmundo.es no es exactamente la misma, publicitariamente hablando, que ves tú. Están empezando con todo esto y las conclusiones aún son tiernas. Pero aseguran que el rendimiento de estos impactos publicitarios personalizados ha multiplicado por cuatro los convencionales.
 
Hay quien cree que habría que hacer lo mismo con la información. Las noticias personalizadas. Este periódico, por ejemplo, lo leen gentes del Barça y del Madrid. Los días del big match podrían distribuirse dos crónicas distintas. A poder ser con el mismo resultado, eso sí. El periodismo personalizado afloja la experiencia común. Lo interesante de un buen periódico es que evalúa con rara habilidad los intereses personales pasándolos por el interés general. 

Un periódico es una opinión sobre los hechos. Una opinión común sobre los hechos comunes. A veces lo común puede ser irritante, pero es que la vida debe a veces irritar. Las noticias y las opiniones personalizadas convierten al hombre en un pez de agua dulce. Un masaje cerebral. Una adulación. Tú, lo único importante. Y es así, porque, por desgracia, nadie personaliza a contrapelo como te personalizo yo, cuki.

La política añade problemas. Otro ejemplo, más personalizado, que el de las armas de Nix: mensajes contra el aborto. Hay gente a la que conviene exhibirle cráneos de fetos destrozados. Gente intensa, qué duda cabe. Y otra que tal vez prefiera El Ángelus de Millet y sus padres huérfanos. Como en el comercio convencional la propaganda política persigue la seducción del votante antes que su convencimiento.

Cualquier oferta política tiene algún ángulo que sabiamente trabajado puede seducir a cualquiera. Los nuevos métodos acentúan esa búsqueda del punto flaco del comprador. Sin embargo, en el comercio convencional la seducción debe salvar un obstáculo objetivo: el precio.

 La propaganda comercial puede incluir amaneceres mágicos; pero al final hay que pagar. El precio protege habitualmente de la locura. Y con él reaparece lo común: el precio es igual para todos. Votar, en cambio, sale gratis. No hay riesgo inmediato en la seducción.

Y, sin embargo, el factor fundamental de la decisión política es, justamente, su precio. ¿Qué puede oponerse a la renta básica salvo el precio? De ahí la inmoralidad de utilizar en la persuasión política las mismas estrategias que en la persuasión comercial. 

El precio de las cosas es invisible en la propaganda política, pero existe y es clave. La personalización exacerba la seducción y aleja la posibilidad de que el votante evalúe las consecuencias, el precio de su acto soberano. ¡Populismo al precio de uno! 

Y por último: la personalización instala la decisión política en la intimidad. Del foro, es decir, de la intemperie donde las propagandas topan, y de cuyo encontronazo surge a menudo una chispa de verdad, se pasa al confort azulado del hogar, allí donde uno solo debate con su mullido timeline.

 La intimidad, cuki, donde uno deja de ser un hombre independiente, porque esa condición requiere de lo común. Pero donde, desvanecido el precio de las cosas, con gran tranquilidad, amablemente, puede convertirse uno en independentista."           (Arcadi Espada, El Mundo, 05/02/17)

7/2/17

Antiguos cooperativistas exigen 47 millones de indemnización a Corporación Mondragón

"La Justicia examina a partir de este martes la demanda presentada por más de 900 antiguos cooperativistas contra Corporación Mondragón, a quien exigen el pago de 47 millones de euros en concepto de indemnización por los daños y perjuicios ocasionados por la pérdida de los ahorros que tenían depositados en forma de aportaciones voluntarias, préstamos mercantiles o reintegros pendientes en Fagor Electrodomésticos y Edesa. 

Los demandantes sostienen que en los dos años previos a la declaración de concurso que precedió a la caída de las dos cooperativas, el grupo “perjudicó de forma directa sus intereses como acreedores” con una actuación “engañosa”, ya que se les hizo ver “en todo momento” que estas compañías “tenían futuro”.

Al sentirse “estafados” por Corporación Mondragón, estos antiguos cooperativistas se agruparon para presentar la que es “la demanda acumulada de mayor cuantía de este tipo en Euskadi hasta la fecha”, según resaltan las asociaciones Ordaindu y Eskuratu, constituidas por los afectados para la defensa de sus intereses. 

Su reclamación inicia ahora el recorrido judicial con un proceso en los juzgados de Bergara (Guipúzcoa), que comienza más de un año después de la presentación de la demanda en diciembre de 2015, una demora que ha molestado a los demandantes, que esperaban por estas fechas contar ya con una resolución.

La petición del pago de esta elevada indemnización se sustenta en el engaño” al que se vieron sometidos por el gigante vasco, que logró que los antiguos socios trabajadores mantuvieran el dinero depositado en Fagor y Edesa tras su baja en la cooperativa, en algunos casos “sus ahorros de toda la vida”, a pesar de la delicada situación que atravesaban estas dos compañías.

 Lo hizo con “mensajes tendentes a impedir que recuperaran” la cuantía confiada, principalmente en forma de aportaciones voluntarias y préstamos mercantiles. 

Los afectados esgrimen que, “en numerosas ocasiones”, el grupo Mondragón les trasladó que la situación económica de Fagor y Edesa “no era negativa” y que tenían “un futuro cierto”. Incluso, según alegan, se les comunicó “en todo momento” por parte de Corporación Mondragón que “apoyaría económicamente” estas dos firmas y que “no permitiría que desaparecieran”.

Estos mensajes, según denuncian, lograron la “legítima confianza” de los ahora demandantes, con una antigüedad media de 40 años de trabajo en las dos cooperativas, que optaron por dejar el capital depositado, en algunos casos de más de 40.000 euros, en lugar de retirarlo, a pesar de que en ese momento todavía Fagor y Edesa disponían de un “patrimonio suficiente” para hacer frente a todos los acreedores. 

Con su actitud, los antiguos cooperativas acusan a Mondragón de primar su “propio patrimonio” sobre “los intereses legítimos de los socios inactivos”, los cuales “confiaban plenamente en los ideales de intercooperación y solidaridad inculcados por la corporación” y que esta “jamás les engañaría ni abandonaría a su suerte”.

Los más de 900 antiguos cooperativistas decidieron activar la vía judicial ante la decisión de Corporación Mondragón de desatender sus peticiones para recuperar los ahorros depositados en Fagor y Edesa. La comisión permanente del congreso del grupo vasco resolvió que “no cuenta siquiera con competencias” para hacerse cargo de estas reclamaciones, al tratarse de “peticiones ajenas a la naturaleza y realidad” de la cooperativa.

 “No tiene sentido buscar en Mondragón un responsable de las decisiones sobre la continuidad de las cooperativas que solo corresponden a quien las adoptó, ni pedir a las instituciones de Mondragón, que son el principal acreedor de las sociedades concursadas, la devolución de cantidades que los socios individualmente aportaron a su propia cooperativa”, sentenció en una resolución en la que puso en valor que había hecho todo lo posible para “paliar las consecuencias negativas” de la situación económica de Fagor, “hasta que fue imposible seguir aplicando nuevos fondos”.

Sunion Abogados lleva las riendas de esta demanda colectiva, en la que los afectados tienen depositadas “grandes expectativas”, según aseguran desde las dos plataformas en las que se agrupan. Este despacho considera que la indemnización que se reclama es “asumible” por el grupo vasco, ya que apenas representa el 0,5% de la facturación total de Mondragón. Se trata, según resalta, de “voluntad política”. 

A este respecto, los demandantes recuerdan que la empresa siempre se ha negado a negociar una solución. Además, ponen de manifiesto su sospecha de que el grupo vasco “hizo todo lo posible para mantener artificialmente con vida a las dos cooperativas el tiempo suficiente para evitar un concurso desordenado”, algo que “acarrearía un sensible perjuicio” a sus intereses generales, a costa de dañar a los antiguos cooperativistas. (...)

Mientras los antiguos cooperativistas afectados por el dinero depositado en Fagor y Edesa pelean en los tribunales por sus ahorros, los trabajadores de la antigua fábrica de electrodomésticos, que recuperó su actividad en noviembre de 2014 en las instalaciones de Garagarza en Mondragón bajo el mando del grupo catalán CNA, luchan por mantener sus puestos.  

Los empleados de esta empresa, que contó con el decidido apoyo del Gobierno vasco en el proceso que culminó con la adquisición de la marca y las instalaciones de Fagor, han denunciado recientemente que la dirección prevé acometer 40 “despidos traumáticos”. Estas bajas se unirían al despido en verano de 19 cargos intermedios y a la aplicación de un ERE temporal en octubre, que ha afectado a una plantilla compuesta por unos 400 trabajadores."               (El Confidencial, 23/01/17)

6/2/17

Mujeres kurdas: musulmanas, feministas y guerrilleras

 
Amenazadas. EI puso a las mujeres de las montañas del Kurdistán en la mira –considera que no aplican la ley del islam–, con lo cual viven bajo un peligro duplicado. Foto:Tomas Marchetta 

"Resistencia, autodeterminación y revolución. Bajo estas tres banderas, el pueblo kurdo defiende desde hace seis años el norte de Siria del violento embate perpetrado por el Estado Islámico (EI). Enmarcado en esta batalla, se encuentra aparejado el rol de la mujer kurda en las guerrillas. Kurdistán es una región de Asia Menor repartida entre Turquía, Irak, Irán y Siria, históricamente reclamada por los kurdos, conocidos como “la etnia sin Estado”.

Bajo una fachada wahabista (interpretación más conservadora del Corán), EI extiende una cruzada terrorista contra el “no musulmán” y el pueblo kurdo se encuentra dentro de sus objetivos a eliminar. Defensiva. Cuando EI invadió la ciudad de Kobane en Rojava, Siria, no fue el Ejército sirio quien defendió la soberanía. 

Las milicias armadas de autodefensa denominadas Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ), una forma de organización femenina que nació en las montañas con el impulso del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), libraron un arduo enfrentamiento militar contra EI entre el 13 de septiembre de 2014 y el 15 de marzo de 2015, cuyo resultado fue la liberación de aquella ciudad.

Durante los combates, las milicianas jugaron un papel preponderante que “expuso a nivel mundial la lucha de las mujeres kurdas”, sostiene Leandro Albani, periodista y autor de Revolución en Kurdistán. Su participación en el conflicto armado fue vista como una ruptura contra el supuesto rol tradicional de la mujer en Medio Oriente. 

 Sin embargo, las mujeres guerrilleras dentro del movimiento kurdo no es algo que ha surgido en el último tiempo. El PKK impulsa un trabajo concreto para que los espacios de las combatientes y militantes sean respetados. Desde 1993, realizan congresos de mujeres para discutir las problemáticas de género y trazar políticas de igualdad.

En 1995, crearon la Unión de Mujeres Libres de Kurdistán y la primera unidad guerrillera integrada sólo por milicianas. En la actualidad, la guerrilla tiene sus propios campamentos y academias de formación integradas por mujeres. Esta característica no implica que a la hora de ir al combate lo hagan por separado de los hombres, o que no existan unidades mixtas.

 De hecho, una gran cantidad de organizaciones vinculadas al PKK están dirigidas por copresidencias –un hombre y una mujer–, elegidas en consenso dentro de sus respectivas bases. “El logro del movimiento de mujeres kurdas es romper con el patriarcado e incluir en su lucha a otras mujeres y hombres, además de la intensa formación que tienen”, afirma Soledad De Battista, periodista y representante en Argentina del Movimiento de Mujeres Libres de Kurdistán.

Igualdad. Este proceso no se encuentra aislado del Confederalismo Democrático, doctrina creada en 2005 por Abdullah Öcalan, presidente del PKK, cuyo fin es establecer autogobiernos autónomos y multiculturales con una fuerte democracia participativa. Plantea, por sobre todo, la igualdad de género, una economía alternativa basada en la redistribución, y el rechazo al sistema liberal y el capital financiero.

Con el triunfo en Rojava y la profundización del Confederalismo, las mujeres –como ya lo hacían en la guerrilla– pusieron en marcha órganos e instituciones manejados por ellas mismas, hasta el punto de tener una “policía de mujeres”. También, establecieron instituciones contra la violencia, grupos de estudios y círculos de discusión política.

Se trata de un proceso que ya está repercutiendo en Medio Oriente, como sucede dentro del pueblo yazidí o en ciudades árabes como Manbij, Siria, donde se abrieron escuelas de formación para mujeres.

Por otro lado, Zidane Zeraoui El Awad, investigador argelino del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey especializado en Medio Oriente, argumenta que “el rechazo a la modernidad capitalista no tiene nada que ver con el rol de las mujeres kurdas, sino que es la situación de conflicto y la vida en la montaña lo que le ha dado una presencia más activa a la mujer”.

El panorama político, militar y diplomático está plagado de dificultades. Lo que parece una innovadora visión política-social en Medio Oriente no resulta agradable para los gobiernos de Turquía, Estados Unidos y Arabia Saudita, inculpados por los kurdos de financiar a EI.

Tampoco para las monarquías del Golfo Pérsico, que ven en la liberación de la mujer un nuevo impulso a la Primavera Arabe.

“Los kurdos demuestran que se puede vivir diferente. La liberación de la mujer –concluye De Battista– y el Confederalismo Democrático debe repercutir en otros lugares, como Latinoamérica. Sería incurrir en un error grave pensar que la opresión sólo ocurre en Medio Oriente”.         (Tomas Marchetta, Perfil, 30/12/16)

3/2/17

¿Hay alguna síntesis posible entre Trabajo Garantizado y Renta Básica Universal? El coste para España de la Renta Básica sería del 20%, el coste de un plan de trabajo garantizado ascendería a solo un 3% del PIB. O, como mucho, a un 4%, porque no se aplica a todo el mundo, sino a quien más lo necesita

"(...) Hablando de trabajo garantizado, existe una fuerte controversia entre este concepto que ha ejemplificado y el de Renta Básica Universal (RBU). ¿Hay alguna síntesis posible? 

He escrito mucho sobre el tema y llevo hablando con defensores académicos de la Renta Básica Universal durante más de 16 años. Todos tenemos los mismos objetivos y estamos preocupados por los mismos problemas, pero la RBU, en mi opinión, no soluciona ni el problema de la pobreza ni el del desempleo. No creo que empodere tampoco a la gente.

 Hay muchas razones. En primer lugar, se ha calculado que el coste financiero para España sería del 20%. Sin embargo, el coste de un plan de trabajo garantizado en España ascendería a solo un 3% del PIB. O, como mucho, a un 4%. ¿Por qué? Pues porque no se aplica a todo el mundo, sino a quien más lo necesita. 

Y solo durante un período, hasta que la economía se recupera…

Exacto. En segundo lugar, es verdad que hay gente a la que no habría que hacer trabajar; esto es un indicativo de que podríamos combinar ambos métodos. Pero la persona desempleada que quiere trabajar y recibe una RBU, aunque no se va a morir de hambre seguro, no conseguirá un trabajo. ¡Porque los trabajos no están ahí, el mercado está destrozado! 

El problema está ahí, en que el mercado no crea empleo porque prefiere automatizar o hacer otras cosas. 

Pero hay más razones. La RBU acabaría sustituyendo muchos de los otros programas de bienestar, lo que sería un gran problema. ¿Cómo podemos defender el salario mínimo? Nos dirían: oye, ya tienes tu RBU y tus ingresos básicos, ¿por qué no te vas al mercado?

De lo que dice se deduce que la RBU puede llegar a actuar como la idea neoliberal de “toma un cheque y lo gastas como quieras”. 

Esa es la razón por la que en EE.UU. la RBU obtiene un fuerte apoyo en la derecha. El propio Milton Friedman la apoyaba. La izquierda tiene que saber cuál es su aliado: lo que quiere la derecha es eliminar todas esas prestaciones sociales que se adquirieron en el pasado a través de luchas de los trabajadores. Además, si recibes la RBU, ¿no te vas a ver discriminado en el mercado?

Pero el caso es que dentro de la izquierda hay expertos que llevan estudiando el tema de la RBU desde hace muchos años… 

Pero descartan la necesidad de que la gente participe en el proceso de producción, quieren desmercantilizar el trabajo. ¡Pero es que por esa vía no se empodera a la gente! Si se pregunta a los pobres qué quieren, lo que buscan es reconocimiento. 

Además, eso nos permite reconducirlos a hacer cosas que además necesitan para ellos. Aquí está la solución: en la bibliografía sobre la RBU existe un concepto que se denomina “ingreso participativo”: se entrega un ingreso a alguien pero se le exige, bajo el principio de reciprocidad y de obligación social, que esa persona contribuya participando en actividades socialmente útiles; para mí, esta es la mejor manera de combinar trabajo garantizado y RBU. 

Así, yo puedo apoyar un ingreso por hijos, ingresos a minusválidos… pero también permitir a los minusválidos que quieran trabajar que trabajen. Esta es la vía para unificar a la izquierda en este asunto, pero mientras determinada izquierda continúe empeñándose en desconectar el ingreso del trabajo, me temo que será un caballo de Troya. 

Muchos dicen, sin embargo, que estamos ante el fin del trabajo, que los robots ya están aquí… 

No. La izquierda no puede comprar este argumento. Este argumento viene de Silicon Valley, de los tecnócratas que quieren automatizar los empleos y echar a la gente, quedándose con los beneficios. Por eso quieren la RBU. 

Para que la RBU actúe como una especie de rescate a las empresas privadas…  

¡Exacto! Un rescate para las empresas que quieren automatizar los puestos de trabajo, ¡y así lo dicen ellos! La RBU pone una venda a la injusticia estructural. Lo que necesitamos es más bien arreglar el mercado y que la gente tenga oportunidades laborales. Eso de que la gente va a recibir la RBU y se va a juntar y van a salir cosas de ahí… eso no va a ocurrir. 

Perdone mi ingenuidad: su aproximación de abajo arriba es sencilla, posible y eficiente. ¿Por qué no se pone en práctica? Dicho de otro modo: ¿quién pierde con el pleno empleo?

Bueno, es que la amenaza del desempleo constituye un poder muy grande que se ejerce sobre los salarios. Michal Kalecki ya dejó esto escrito en 1944: las empresas perderían con el pleno empleo. En realidad, en una economía capitalista mixta todos ganaríamos: más demanda, más consumo, más ventas, trabajadores más cualificados, dejaríamos de pagar por enfermedades causadas por el desempleo… 

El trabajo garantizado es una red de seguridad que realza el capital humano de la fuerza de trabajo. Lo que pasa es que si desaparece la amenaza del desempleo, esa lucha entre trabajadores y empresarios se verá drásticamente alterada…

Alterada en favor de los trabajadores… Pero vámonos a la eurozona. Sabe que es ahora mismo un hervidero, ¿se puede aplicar aquí su aproximación de abajo arriba?  

Yo creo que a pesar de todo se puede poner en marcha un programa de empleo directo en España bajo las actuales circunstancias. E incluso se puede diseñar de modo que cueste incluso menos de lo que se está pagando actualmente por el desempleo. 

En cualquier caso, ¿cómo financias la RBU en la eurozona? ¡Es mucho más difícil! Mira, con el trabajo garantizado, habría mucha gente que, al entrar en el programa, ya no recibiría el subsidio de desempleo. ¡Si se saca a la gente de la pobreza, aquellos ingresos destinados a la pobreza también descienden!

Piensa, además, en todos estos jóvenes sin empleo: se trata de una catástrofe social. Y tiene un alto coste que ya se está pagando: crímenes, costes de policía, de seguridad… ¡Ya estamos pagando por ello! Es mucho más barato darle a la gente algo con sentido como un empleo que seguir apoyándolos financieramente, lo cual es moralmente correcto pero no los empodera en absoluto.

 Se podría empezar con pequeños trabajos, pensados para los jóvenes, ir expandiéndolos, asociarlos a la adquisición de destrezas y cualificaciones, para que después las empresas valoraran esa cualificación y pensaran en contratarlos.. 

Pero quienes mandan en la eurozona no lo van a permitir. Mire lo que pasó con Grecia…

Era Grecia. Pero ahora va a ser España y, después, Italia… No pueden seguir haciéndolo. La eurozona ha sido diseñada de una manera muy defectuosa… y la austeridad va a destruir la eurozona. Esto va a suceder.

 Hay que estar preparados: lo primero es explicarle a la gente que no hay nada natural en la austeridad y, sobre todo, que la eurozona no tiene precedentes en la historia de la humanidad.
 Normalmente los países tienen su propia moneda; solo cuando eres una colonia adoptas la moneda de la metrópoli, del poder colonial, y solo tendrás independencia si recuperas tu moneda propia

Entonces puede que seamos una colonia… 

Bueno, sería un modelo muy raro porque hay un consenso voluntario ahí. Un acuerdo voluntario que consiste en separar al gobierno de su dinero. ¡Los EE.UU. lucharon una guerra por esta razón. Queríamos tener nuestro dinero y los ingleses nos lo prohibían! 

No se puede tener independencia hasta que no tienes tu propia moneda soberana bajo un sistema de flotación libre. Por estas razones, la eurozona constituye algo absolutamente único, porque hasta ahora no había habido una unión en la que el gobierno estuviera separado del banco central de una forma tan radical: es como un divorcio. 

En EE.UU. hay separación, vale, pero el banco central nunca va a devolver un cheque del gobierno. La Fed nunca dirá “no” a un programa propuesto por el gobierno y votado en el Congreso. En España no hay banco para pagar lo que decide el gobierno. 

Hay un problema añadido. Los países mediterráneos nos avergonzamos de nuestra clase política y hemos visto siempre en la idea europea nuestra salvación.  

Ocurre lo mismo en Bulgaria, que es donde nací… Eso de que Europa soluciona nuestros problemas… El proyecto europeo comenzó como un progreso pacifista y progresista, sí, pero el sistema monetario diseñado está acabando con el ideal: los nacionalismos que están surgiendo, los sentimientos antiinmigrantes... No se pueden perseguir esos ideales de integridad y paz cuando se impone una austeridad no necesaria y tan severa.

 Si hubiera una federalización, con un gobierno fiscal en Bruselas, podríais tener vuestro propio programa Jefes de Hogar, por el que pagaría Bruselas. Tenéis que decidir si la reforma es posible. Si las cosas siguen así, el euro sufrirá muchas más crisis y causará mucho más daño, mucho más que con cualquier alternativa. (...)"           (Entrevista a Pavlina Tcherneva , CTXT, 01/02/17)

2/2/17

Trump ganó porque tenía en su poder unos 200 millones de perfiles de personalidad de ciudadanos norteamericanos. Sí, los tienen. Los perfiles incluyen el tipo de Ocean que gastan

"(...) Mi amigo Ernesto Hernández Busto me envió un recorte de The Clinic, una activa revista chilena, con una entrevista a Martin Hilbert, profesor adjunto de la Universidad de California y asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso. 

La entrevista, interesante y conveniente para tu reciclaje, tenía algunos precedentes. El más cercano era un perturbador reportaje del 4 de diciembre de Das Magazin que daba noticia del trabajo del psicólogo Michal Kosinski, pionero en la aplicación del Big Data a los perfiles psicológicos.

Y el más lejano, la fuente seminal de todo ello, era la conferencia que Alexander Nix, el responsable de una empresa llamada Cambridge Analityca, había dado el 19 de septiembre de 2016. La conferencia, a tu alcance en YouTube, se titulaba: «El poder del Big Data en los procesos electorales». 

Las relaciones entre Kosinski y Cambridge Analytica son una novela que ahora no puedo contarte, pero que gracias a tu perfecto alemán encontrarás en Das Magazin. Lo que ahora me propongo es explicarte las utilidades del Big Data para llegar a ser presidente de los Estados Unidos de América.

Cambridge Analityca había trabajado, con aparente éxito, para la campaña del senador Ted Cruz y del Brexit. La clave de su método es que los mensajes comerciales, ¡es decir políticos!, deben dirigirse a una audiencia discriminada. 

La edad, el origen, el sexo o la raza son variables genéricas insuficientes. Obviamente la publicidad personalizada data al menos de los años 60; pero internet permite una progresión exponencial. El tiempo de las masas ha caducado, así lo dicen. Cuando Donald Trump los contrató (y había muchos motivos, entre ellos que Steve Bannon, jefe de Estrategia de DT en campaña y ahora en el Gobierno, forma parte de Cambridge Analytica) pusieron a su disposición unos 200 millones de perfiles de personalidad de ciudadanos norteamericanos. Sí, los tienen. Los perfiles incluyen el tipo de Ocean que gastan.

Quiero decir el famoso método psicológico que divide a la Humanidad en cinco rasgos de carácter: O (apertura de mente) C (responsabilidad) E (extraversión) A (amabilidad) y N (neurosis). (Puedes hacerte el test, aunque yo ya sé qué letra va a salirte, en la Home de Cambridge Analityca.)

 Los perfiles se diseñaron a partir de un promedio de 5.000 datos sobre cada ciudadano norteamericano que la empresa ha ido acumulando, casi con la misma eficacia de tu temible juez Vidal. Datos de edad, etnia, residencia, ingresos, propiedades, desplazamientos, compras, ideología, religión, adicciones… 

Las datos se obtuvieron a través de directorios convencionales –la legislación sobre protección de datos es muy laxa en EEUU–, como censos de población, listas de votantes, suscripciones a revistas, datos médicos… Y, por supuesto, a través de la huella digital. Y en la huella digital, especialmente, a través de Facebook y el rastro de los likes. 

No en vano la página de inicio del Centro de Psicometría de la Universidad de Cambridge, sentencia: «Tú eres lo que te gusta». (En https://applymagicsauce.com/ puedes dejar tus likes para que te digan quién eres y unirte a los seis millones de voluntarios que ya han colaborado con la investigación).

Parece que DT les dio lo que les gusta. Exactamente lo que que cada elector quería escuchar, lo cual es la irremediable esencia del populismo. Así lo explicaba Nix en su conferencia: La reivindicación del derecho a llevar armas llegaba de manera distinta al tipo responsable que al amable. En el primer caso la imagen era la de un puño mazinger que penetraba en la casa. Y el lema decía: «La Segunda Enmienda no es solo un derecho. Es una política de seguridad».

En el caso del amable la escena era la de un padre y un hijo amaneciendo en la marisma y con un largo rifle que traía malas noticias para los patos. Éste era el lema: «De padres a hijos. Desde el nacimiento de nuestra nación». 

El psicólogo Kosinski aún precisaba más en Das Magazin: «Podemos llegar a pueblos o incluso a bloques de casas de una manera específica. Incluso a personas individuales. En el barrio Little Haiti de Miami, Cambridge Analytica envió a los residentes noticias sobre el escándalo de la Fundación Clinton en Haití después del terremoto, para impedir así que votasen a Clinton. 

Éste era uno de los objetivos: que los votantes potenciales de Clinton –incluidos los electores de izquierdas indecisos, los afroamericanos y las mujeres jóvenes– se vieran presionados al acercarse a la urna, como dice un colaborador del equipo de Trump. Estos llamados dark posts (publicaciones encubiertas) insertan anuncios en el timeline de Facebook que sólo podrán ver los usuarios con un perfil coincidente. Por ejemplo, un antiguo vídeo en que Hillary Clinton llamaba a los jóvenes negros ‘superdepredadores’».

La conferencia de Nix fue en septiembre. Su sentido comercial era exponer cuánto había contribuido Cambridge Analytica al (relativo) buen resultado que Ted Cruz había obtenido en las primarias republicanas. Pero en los segundos finales de su conferencia lanzó un reto. Dijo que en la campaña americana quedaban dos candidatos. Que uno utilizaba su tecnología y que el otro no. Y que en seis semanas veríamos los resultados. En aquellos días de septiembre, DT era un perdedor. Fue un reto. Y lo ganó.

Nadie sabe aún cuánto supuso el Big Data en la victoria de Trump. Lo sustancial ahora para mí es saber que utilizó ese método. Pero Kosinski se ha empeñado en conocer el impacto. Y contó a Das Magazin sus primeros datos. Son algo brutales: «El targeting psicológico que usó Cambridge Analytica incrementó en más de un 60% el número de clics en los anuncios de Facebook. 

Y el llamado tipo de conversión, es decir, el impacto en las personas después de haber visto esa publicidad hecha a medida para ellas –lo que compran o, simplemente, lo que eligen– aumentó en un increíble 1400%». (...)"                  (Arcadi Espada, El Mundo, 29/01/17)