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20/1/21

Como consecuencia de haber vivido bajo la dictadura fascista existente en España durante mi infancia y juventud, sé cómo reconocer a un fascista en cuanto lo veo. Y reconozco a Trump, en EEUU, como alguien que encaja en esta definición...

 "Como consecuencia de haber vivido bajo la dictadura fascista existente en España durante mi infancia y juventud, sé cómo reconocer a un fascista en cuanto lo veo. Y reconozco a Trump, en EEUU, como alguien que encaja en esta definición. 

Como ocurrió y continúa ocurriendo con el fascismo español, lo que define al trumpismo es un nacionalismo extremo, que considera a los EEUU como una nación designada por Dios para salvar al mundo del comunismo -que supuestamente controla al Partido Demócrata actual-, intentando recuperar un pasado imperial justificado por la superioridad de la raza blanca a la cual, se asume, pertenece la mayoría de la población del país.

 Tiene un ideario hostil hacia lo ajeno, bien sea inmigrante o alguien de raza o grupo étnico considerado inferior, indigno de ser ciudadano de pleno derecho en esa nación privilegiada. Su movimiento político es profundamente conservador y reaccionario, con una visión machista que se manifiesta en su desprecio hacia cualquier forma de humanismo, en su odio hacia la fragilidad humana y en su visión caudillista del poder, exigiendo fe ciega en el dictador, considerando al Estado como un mero instrumento de poder personal, autoritario y antidemocrático.

 Se presenta también profundamente religioso de sensibilidad cristiana y beligerante contra el conocimiento científico y, muy en particular, contra el que se centra en áreas de salud pública, sanidad y temas sociales y ecológicos, a los que ridiculiza constantemente. Hay muchísima evidencia que apoya la existencia de cada una de estas características en el discurso y la práctica política de Trump. 

Y aun así, millones de estadounidenses lo consideran su líder, al que muchos de ellos consideran dotado de poderes sobrenaturales (entre otras cosas, por su supuesta recuperación del coronavirus en solo tres días), que está conduciendo al país hacia un futuro en el que se recuperará un pasado idealizado, que había sido mejor que el presente. Desprecia la democracia y no duda en recurrir incluso a la violencia física y a la represión más brutal para lograr sus fines. No ha desautorizado a grupos armados de ultraderecha que han atacado a grupos en defensa de los derechos civiles y, muy en concreto, a grupos en contra de la discriminación racista.

Y, también como con el fascismo español (más conocido en España como franquismo), el discurso trumpista oculta una enorme ambición por conseguir la máxima riqueza personal posible, utilizando todos los aparatos del Estado a su alcance para su beneficio individual (incluyendo también el de su familia), habiéndose convertido en uno de los presidentes más corruptos que ha tenido EEUU, como ha documentado con gran detalle The New York Times

Se presenta también con un discurso contra el establishment mediático y político liberal, centrado en la administración federal con base en Washington (al que define como "ciénaga pantanosa, llena de podredumbre"), canalizando el enfado de grandes sectores de la población (sobre todo de la clase trabajadora blanca) hacia dicha administración federal, a la cual consideran controlada por una mafia liderada por "negros y feministas radicales" que usan los recursos públicos para coaptar a los dirigentes de los movimientos negros y de las feministas de clase alta representadas por la Sra. Hillary Clinton. Su principal hostilidad política es hacia el presidente Obama y esta excandidata demócrata a la presidencia, la citada Hillary Clinton, a los cuales (junto con Biden) quiere enjuiciar y encarcelar. 

¿Quién apoya a Trump en EEUU?

Lo que es sumamente preocupante es que, según las últimas encuestas publicadas en The New York Times, el 40% del electorado apoya a Trump, apoyo que alcanza unos niveles de movilización activa e incluso agresiva hacia aquellos que no comulgan con sus creencias. Trump ha instrumentalizado el Partido Republicano, radicalizándolo y convirtiéndolo en su propiedad privada

Y lo que es incluso más notorio y preocupante es que el grupo social que le es más fiel y leal es precisamente la clase trabajadora blanca, que constituye la mayoría de la clase trabajadora estadounidense. Según The New York Times, los estadounidenses sin estudios medios y superiores (clase trabajadora) apoyan primordialmente al candidato Trump (a excepción de negros y latinos).  (...)

¿Por qué la mayoría de la clase trabajadora apoya a Trump? El surgimiento y auge de la hostilidad hacia el establishment político-mediático del país

Por raro que pueda parecer, es muy fácil de ver y entender este apoyo. En realidad, es bastante parecido a lo que ha estado pasando en muchos países de Europa, incluyendo España. Y como ocurre también en Europa, para entender el auge de la ultraderecha en EEUU hay que analizar y entender lo que ha pasado en las democracias a los dos lados del Atlántico Norte, y el fracaso de las izquierdas gobernantes en los últimos años, resultado de su abandono de la socialdemocracia y su conversión al neoliberalismo.

Esta transformación de la socialdemocracia al neoliberalismo (característica de la Tercera Vía) ha ido ocurriendo masivamente desde el mandato del presidente Clinton. Fue durante su mandato cuando se acentuó la sensación de desengaño de la clase trabajadora estadounidense con el Partido Demócrata (partido que en su día, en tiempos de Roosevelt, se había presentado como The People’s Party -el Partido del Pueblo-). El centro de esta conversión fueron los tratados de libre comercio que facilitaron la globalización económica de las grandes empresas industriales de EEUU.  

Clinton, que había ganado las elecciones de 1992 con un programa relativamente progresista (heredado, en parte, de la campaña de Jesse Jackson –al cual tuve el honor de asesorar– en 1988), cambió y pasó a apoyar la propuesta del presidente Bush de establecer el tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México (NAFTA), causa de que el Partido Demócrata perdiera las elecciones al Congreso de 1994 (perdiendo a la vez el control del Senado, debido a la abstención generalizada de la clase trabajadora, que se oponía a dicho tratado). 

Esta política de promoción de la globalización neoliberal (típica de la Tercera Vía que Clinton inició y Blair replicó en la Gran Bretaña) se tradujo en la deslocalización de empresas manufactureras estadounidenses a otros países con salarios mucho más bajos. La pérdida de buenos puestos de trabajo en la industria estadounidense creó una enorme crisis en los barrios obreros industriales de EEUU.

 Un ejemplo de ello es el mayor barrio obrero blanco de Baltimore, Dundalk (la mayoría de cuyos habitantes trabajaban en la industria siderúrgica), que pasó de ser un barrio con un elevado nivel de vida a un barrio muy pobre cuando los altos hornos de la industria del acero (uno de los principales creadores de empleo de la ciudad) dejaron Baltimore. Hoy es un barrio decadente y pobre. En 2016 sus electores votaron masivamente a Trump y, probablemente, volverán a hacerlo en unos días. Si se pasean por ese barrio estos días, podrán ver posters de Trump por todas partes. 

En 2016, el Partido Demócrata estaba además liderado por la ministra de Asuntos Exteriores del gobierno Obama, la Sra. Hillary Clinton (referente del movimiento feminista), gran defensora de la globalización neoliberal que ha comportado grandes ganancias de las empresas a costa de una gran pérdida de puestos de trabajo en EEUU. 

Las elecciones de 2016 fueron precisamente una lucha entre la figura del establishment del Partido Demócrata (un partido liderado por la clase profesional de renta alta, con claras conexiones con grupos financieros como Wall Street), la Sra. Clinton, que había sido la máxima promotora activa de la globalización económica en la Administración Obama, versus el candidato antiestablishment liberal, el Sr. Trump

Ella era la referencia del nuevo Partido Demócrata, que abandonó las políticas de clase (como la redistribución de la riqueza para favorecer a las clases populares a costa de la disminución de los privilegios de las grandes corporaciones financiera y económicas del país), para favorecer las políticas identitarias, encaminadas a la integración de las minorías y de las mujeres (especialmente, las de clase media alta) en las estructuras de poder. Fue en ese momento cuando la clase trabajadora abandonó masivamente el Partido Demócrata. De ahí que muchos barrios obreros blancos que habían votado a Obama en 2012 votaran a Trump en 2016.

 Esta pérdida de la base electoral de la clase trabajadora convirtió al Partido Demócrata en el partido de las clases medias, abandonando a las clases trabajadoras. En realidad, incluso el término "clase trabajadora" prácticamente desapareció del discurso del Partido Demócrata, sustituyéndolo por el de "clase media". Esta transformación se justificó indicando que la clase trabajadora se iba desplazando y subiendo en la estructura social pasando a ser clase media.

 Esta percepción nunca se correspondió con la realidad. De hecho, si se le pide a la población a qué clase pertenece, hay más estadounidenses que se consideran de clase trabajadora que de clase media. En realidad, en lugar de este "ascenso social" de la clase trabajadora a la clase media, hemos visto lo contrario, el empobrecimiento de grandes sectores de las clases medias que ahora son clase trabajadora, en un proceso definido como la "proletarización de las clases medias", consecuencia de los cambios de las condiciones de trabajo de los grupos profesionales que han ido perdiendo más y más autonomía profesional para convertirse en meros empleados de las grandes empresas

Por otra parte, la pandemia ha mostrado claramente la existencia e importancia de la clase trabajadora, la gente cuyo trabajo no le permitió confinarse, y que contribuyó como ninguna otra a la supervivencia a todos los demás. Ello ha ocurrido en EEUU y en todos los países capitalistas desarrollados.

Han sido las políticas neoliberales impuestas por los partidos gobernantes de izquierdas las que han causado el gran declive tanto en su militancia como de su base electoral. Los datos así lo muestran. En España, también ocurrió con la conversión del gobierno Zapatero, en su segunda etapa, cuando se aplicaron las políticas neoliberales. 

En Francia y en Italia, los partidos socialdemócratas casi han desparecido. De ahí que el obrero del cinturón rojo francés que votaba a las izquierdas pasara a votar al Frente Nacional de Le Pen; y que aquí en Baltimore, los trabajadores pasaran de votar al Partido Demócrata a votar a Trump. 

¿Cuál sería la alternativa?

El Partido Demócrata de EEUU no es un partido de izquierdas. Durante muchos años fue próximo a la Internacional Liberal, la misma federación de partidos a la que perteneció durante muchos años Convergència Democràtica de Catalunya o CDC (el partido nacionalista -hoy independentista- mayoritario en las derechas catalanas) y Ciudadanos. No hay en aquel país partidos mayoritarios de izquierda, ya sean socialdemócratas o comunistas
 
Tales partidos son muy minoritarios y actúan como corrientes dentro del Partido Demócrata, y su fuerza se ve reflejada durante las primarias. El sistema electoral en EEUU no permite un sistema distinto al bipartidista, polarizado entre el Republicano (hoy ultraderecha) y el Demócrata (mayoritariamente liberal con también corrientes de izquierdas). Biden es muy representativo del establishment liberal, y representa una sensibilidad de centro derecha. 
 
Es cierto que las izquierdas dentro del Partido Demócrata han aumentado notablemente su influencia, lideradas por Bernie Sanders, un político perteneciente al Partido Socialista estadounidense, que conserva su vocación socialdemócrata, próximo a los partidos socialdemócratas escandinavos. Estas izquierdas han sido muy influyentes durante la campaña electoral, configurando en gran medida el debate alrededor de una serie de propuestas progresistas, como la de establecer un sistema nacional de salud y un cuarto pilar del bienestar, es decir, los servicios de ayuda a las familias.

 Sin embargo, Biden, que es una persona de gran astucia y experiencia política, ha diluido su liberalismo y ha hecho suyas algunas -pero no todas- de las propuestas de Bernie Sanders, hablando explícitamente de clase trabajadora y de la necesidad de cambiar e interrumpir la exportación de puestos de trabajo, dando prioridad a la población nacional y penalizando la dicha deslocalización. El gran interrogante es saber si podrá convencer a la base electoral perdida durante décadas de políticas neoliberales de que su compromiso social es creíble. Ayuda el apoyo que le brinda Sanders (...)

 ¿Tiene el Partido Demócrata posibilidad de cambiar?

No es nada difícil entender qué es lo que debería hacer el Partido Demócrata para debilitar el fascismo y recuperar el apoyo de la clase trabajadora blanca. En primer lugar, debe promover programas de cobertura universal, es decir, que empoderen social y políticamente a la ciudadanía estadounidense, principalmente mediante el establecimiento de un programa nacional de salud que garantice el acceso a los servicios sanitarios (derecho que aún no existe en EEUU). 

Este programa debe sustituir el carácter asistencial de las políticas públicas federales, como el Medicaid, diseñado para las familias pobres -también denominadas "familias humildes"-, y las poblaciones vulnerables, que la clase trabajadora cree, erróneamente, que son los negros (en realidad, la mayoría de los pobres son blancos). Es bien conocido que los programas universales (que afectan a todos los ciudadanos y residentes) son más populares que los asistenciales (solo para grupos llamados "humildes" o "vulnerables"), como son la mayoría de los servicios y transferencias del Estado del Bienestar estadounidense (el trumpismo acusa al gobierno federal de ayudar solo a los negros y a las mujeres de rentas altas).  

Otra medida esencial es el empoderamiento de las clases trabajadoras y el aumento de su capacidad adquisitiva, facilitando una sindicalización hoy muy dificultada por las políticas aprobadas por el Congreso, que deberían ser revertidas. Y, por supuesto, aumentar la inversión pública, tanto en las áreas sociales como económicas, transfiriendo fondos del complejo militar-industrial a los sectores sociales y ecológicos

Que ello ocurra o no va a depender de la relación que exista entre las nuevas izquierdas que se movilizaron a raíz de la candidatura de Bernie Sanders en 2016 y que han continuado en 2020, y la nueva dirección del Partido Demócrata y su aparato liberal, que marcaría los términos del debate político en caso de que ganara Biden. En caso de no prevalecer las nuevas izquierdas, el fascismo o trumpismo continuará vigente e incluso aumentará para desgracia del pueblo estadounidense y de la humanidad. "                  (Vicenç Navarro , Público, 26/10/20)

9/1/20

Se trata de reemplazar la familia o el círculo de amigos. Eso es exactamente lo que ofrecen los grupos de extrema derecha. La frustración individual se eleva a un nivel colectivo y se le ofrece una explicación. Tiene lugar un proceso de socialización al que están subordinados la radicalización y el adoctrinamiento ideológico. Dentro del grupo, se desarrolla un vocabulario y chistes propios que hacen que todo parezca menos serio. Pero finalmente se define siempre un grupo claro de enemigos y se propaga una ideología extrema. La teoría conspirativa proporciona una explicación fácil y una imagen sencilla del enemigo...

"¿Cómo operan los grupos de extrema derecha en internet y las redes sociales? ¿Qué es lo que están buscando sus miembros? ¿Cómo entender los constantes discursos de odio? En esta entrevista Julia Ebner, investigadora de extremismo en el Instituto para el Diálogo Estratégico en Londres, analiza la actividad virtual de los derechistas radicales.

Usted ha investigado de manera encubierta a varios grupos extremistas con presencia online. ¿Cómo se hace concretamente una investigación así?

En los últimos años se han realizado muchos análisis sobre el extremismo en internet. En particular, se analizó el cambio de lenguaje en grupos extremistas y se examinó el alcance de las campañas y sus grupos destinatarios. Sin embargo, me pareció que faltaba llegar a los seres humanos. Quería comprender mejor los procesos sociales dentro de los grupos extremistas. Es por eso que durante dos años desarrollé diferentes identidades en internet para pasar por distintos procesos de reclutamiento y acceder a los grupos. En algunos casos, también conocí a los miembros de estos grupos offline.


¿Cómo funcionan el reclutamiento y la construcción de grupos tan radicales? 

Los grupos de extrema derecha son los que más recurren a Discord, una aplicación común [gratuita y diseñada para comunidades de videojuegos], para reclutar gente. Muchos de estos grupos primero verifican los antecedentes en las cuentas de redes sociales que cada persona especifica en la solicitud. En algunos casos, también elaboran cuestionarios sobre postura ideológica, opiniones políticas o visión cultural. En otros grupos, la religión juega un papel importante. 

A esto, con frecuencia, le siguen chats de voz o entrevistas. De esa manera se pretende evitar que se inmiscuyan periodistas o agentes de seguridad. Los procesos de reclutamiento se han refinado enormemente tras la marcha de la extrema derecha en Charlottesville en 2017. Por ejemplo, un grupo neonazi de Estados Unidos me pidió que posteara una foto de mi muñeca, con el logotipo del grupo y la fecha, para demostrar que soy blanca. A veces también quieren ver pruebas genéticas para confirmar la ascendencia.

¿Mantuvo la identidad falsa cuando se reunió con miembros individuales?

Al principio no era mi objetivo encontrarme también offline. Por eso, por ejemplo, en mi foto de perfil era rubia. Compré una peluca rubia más tarde. También hubo reuniones offline como parte del proceso de aceptación del movimiento identitario. Tuve que encontrarme con un identitario austríaco en Viena. Después tuve una conversación por Skype con el jefe del movimiento en Escocia, que estuvo involucrado en la creación de la nueva rama británica e irlandesa. Luego fui invitada a una reunión inicial de esta unidad británico-irlandesa en Londres.

Se desarrolló entonces una dinámica propia. Cuando usted repasa esta secuencia: ¿qué ofrecen estos grupos a sus miembros? ¿Qué personas son particularmente receptivas a los contenidos de estos grupos?

Lo triste, en verdad, fue que muchos de los nuevos miembros en los grupos estaban más bien buscando amor, amistad, camaradería e identidad. Una buena parte de ellos estaba pasando por una crisis personal. Esto quedó muy claro, por ejemplo, en el “grupo misógino”, donde muchos provenían de relaciones fallidas y sentían que no eran amados. En última instancia, se trata de reemplazar la familia o el círculo de amigos. Eso es exactamente lo que ofrecen estos grupos. Es por eso que el perfil de susceptibilidad es muy diverso. Se postulan personas de diferentes grupos etarios, niveles educativos o situaciones socioeconómicas.


Estas personas tienen algo en común: todas se ven en la necesidad de luchar con una crisis de identidad. En tal estado, todos son susceptibles a la radicalización. En los grupos, la frustración individual se eleva a un nivel colectivo y se le ofrece una explicación. Tiene lugar un proceso de socialización al que están, en verdad, subordinados la radicalización y el adoctrinamiento ideológico. Dentro del grupo, se desarrolla un vocabulario propio y chistes propios que hacen que todo parezca a veces menos serio. Pero finalmente se define siempre un grupo claro de enemigos y se propaga una ideología extrema.

¿También se ha identificado como mujer en estos grupos misóginos y, por lo tanto, ha adoptado en ellos una identidad femenina?

Depende de cada caso. Me he creado una cuenta especialmente en grupos de mujeres misóginas. Eso fue muy emocionante, porque fue un tipo completamente diferente de radicalización la que encontré aquí: un grupo en el que el odio se dirige no contra un grupo ajeno sino contra sí mismo. A través de mi cuenta masculina, me sumergí también en el lado masculino de esta esfera de opinión. Pero mi interés principal han sido las mujeres misóginas, ya que nunca antes me había encontrado con algo así.

Este grupo tampoco está muy presente en los medios de comunicación. 

Exacto. Pero fue interesante, porque en ciertos grupos una es aceptada como mujer incluso con los brazos abiertos. Por ejemplo, en el Movimiento Identitario o en algunos grupos estadounidenses de extrema derecha. Pusieron mucho énfasis en tener mujeres en los primeros puestos, porque eso le da al grupo una imagen de mayor legitimidad e inocuidad. Pero en otros grupos, ser mujer fue un obstáculo que tuve que superar para que me aceptaran. Ese fue el caso del grupo neonazi de Estados Unidos, donde tuve que mostrar resultados de mi examen genético.

¿Qué papel juegan las teorías conspirativas dentro de estos grupos? Vistas desde afuera, estas teorías suenan a menudo muy abstrusas y uno se pregunta cómo alguien puede adherirse seriamente a ellas.

En algunos casos se reclutan específicamente teóricos de la conspiración, o bien personas que, según los estudios, tienen mentalidad conspirativa. Por otro lado, las teorías conspirativas también pueden transmitirse como un proceso sutilmente progresivo. Llaman a esto redpilling, en referencia a la película Matrix, donde el componente ideológico es agregado paso a paso. El mejor ejemplo de una teoría conspirativa que genera odio hacia un grupo enemigo es la dirigida contra la elite judía mundial. De esta manera, al miedo personal se le asocia una foto del culpable. 

En la mayor parte de los casos son temores relacionados con la migración, la violencia sexual, el descenso social o los ataques terroristas. La teoría conspirativa proporciona una explicación fácil y una imagen sencilla del enemigo. Si bien la teoría conspirativa del judío que controla en secreto el mundo entero es muy antigua, esa teoría es vinculada a acontecimientos políticos actuales y a nuevas dinámicas y procesos sociales.


Ahora, si bien suelen defenderse posiciones muy extremas, en última instancia son inofensivas porque el grupo no sale de la red. ¿Es realmente posible distinguir desde afuera en estas plataformas las tendencias peligrosas de las interacciones más bien inofensivas?

El problema es que muchas de estas teorías conspirativas e ideologías pertinentes propagan una especie de amenaza existencial. Las visiones a veces apocalípticas pueden llevar a determinados individuos a dejar de creer en soluciones políticas o metapolíticas. Esto puede promover en gran medida la disposición a usar la violencia. Una guerra racial, cultural o religiosa es entonces la única forma lógica de autodefensa. Esto puede inspirar rápidamente a tales terroristas, tal como lo vimos en Christchurch, Nueva Zelanda, pero también en Estados Unidos e incluso en Halle.

¿Funcionan internet y las redes sociales como catalizadores? La rápida comunicación en red y la veloz radicalización son difíciles de imaginar fuera del espacio digital.

“Catalizador” es el término correcto, porque las dinámicas que he observado online no se diferencian mucho de los procesos de radicalización usuales en las redes fuera de internet. Sin embargo, lo nuevo es la forma en que los grupos se conectan en red y se movilizan internacionalmente. Hoy en día, los grupos marginales pueden hacerse oír mucho más y reclutar miembros más allá de los grupos destinatarios tradicionales. 

Dado que hay diferentes subculturas en cada país, pueden adaptar específicamente su comunicación y su propaganda. Además, los algoritmos y la infraestructura de la mayoría de las plataformas tecnológicas juegan a su favor. Especialmente en los algoritmos de recomendación, suelen tener preeminencia los contenidos radicales, por lo que uno va a parar rápidamente a cámaras de eco extremistas sin tener necesariamente una tendencia política o ideológica previa.

¿Se pueden diferenciar ciertas dinámicas individuales entre los distintos grupos radicales? Hemos hablado principalmente de grupos de derecha, ¿qué pasa con los grupos islamistas?

En los últimos años han sido mucho más combatidos en internet los grupos islamistas, o al menos su propaganda. Existe la Coalición Global Contra Estado Islámico, una cooperación internacional que trabaja principalmente contra la propaganda del EI. O la fusión de las cuatro principales plataformas tecnológicas, Microsoft, Google, Facebook y Twitter, que trabajaron para que se eliminen vídeos propagandísticos lo más rápido posible y evitar que se vuelvan a cargar en sus páginas. 

Eso afectó aproximadamente en un 90% a la propaganda islamista y no estaba orientado al extremismo de derecha. En consecuencia, los grupos extremistas de derecha han podido trabajar mucho más tiempo sin ser observados por las autoridades y las empresas tecnológicas, y han podido construir su red. Además, los grupos de derecha actuales trabajan más con la sátira y explotan áreas grises, valiéndose del rebranding de símbolos y usando un vocabulario que difiere del de los grupos neonazis tradicionales.


Dicen que las compañías tecnológicas están tratando de detener la radicalización en sus páginas. A menudo, sin embargo, también son objeto de críticas, acusadas de eliminar contenido de odio con poco entusiasmo. ¿Qué opina usted? ¿Las empresas tecnológicas están haciendo lo suficiente?

Diría que en la mayoría de los casos les importa su reputación. Se nota por el hecho de que son más bien reactivas en sus acciones. Teóricamente, tendrían que cambiar todo su modelo de negocio. Los algoritmos también reflejan muy fuertemente la psique humana, y por desgracia nuestra atención repara precisamente en el contenido extremista. Antes nos gustaba ver peleas de gladiadores y aún hoy la violencia atrae nuestra atención. Por lo tanto, se necesitaría un enfoque más humano o un cambio completo en los algoritmos y modelos de negocio de estas empresas.

 En cualquier caso, la política puede ejercer cierta presión sobre la eliminación de contenidos violentos en la red. Esto debería hacerse no solo en las plataformas grandes, sino también en las plataformas más pequeñas, en su mayoría mucho más extremistas, a veces ultraidentitarias, que se han convertido en verdaderos focos de extremismo. Algunas de ellas están aisladas por completo y permiten que surjan cámaras de eco extremistas en las que se insta al uso de violencia. Aquí la política podría intervenir mucho más.

¿Qué tan bien preparadas están las agencias de seguridad cuando se trata de identificar y monitorear en la red a estos actores radicalizados?

Es necesario ponerse al día. Especialmente después de Christchurch, se notó que el enfoque y los recursos después del 11 de septiembre estaban demasiado puestos en el terrorismo (islamista). Las redes de derecha en internet casi no eran observadas. Se omitió entender mejor toda esta subcultura, para finalmente poder clasificarla adecuadamente. ¿Qué es potencialmente amenazante para la democracia? ¿Qué puede convertirse en violencia? ¿Qué es en realidad solo trolling? En este momento, las autoridades no tienen, ni en Alemania ni en el ámbito internacional, el panorama completo, en términos de grupos online de extrema derecha. Del lado islamista, por el contrario, estamos mucho mejor protegidos.


¿Qué pasa con los grupos de extrema izquierda?

Durante mi investigación, si bien busqué en todas las direcciones ideológicas, traté de reflejar las redes con mayor influencia y que son la mayor amenaza para la democracia y la sociedad. Noté que, precisamente en la extrema derecha, el foco estaba puesto en la disciplina y el orden. 

Los grupos de extrema derecha están más coordinados y tienen una red más grande que presenta estructuras militares y, por lo tanto, opera de manera mucho más efectiva en el espacio online. Esto se aplica al reclutamiento, la comunicación y las redes internacionales. En el lado de la izquierda, no noté esta coordinación ni tampoco noté tanto foco en la disciplina y el orden.

Por otro lado, también hay una fuerte diferencia ideológica. Tanto en los grupos islamistas como en los de extrema derecha existe un desarrollo muy fuerte del odio contra un grupo extraño, principalmente contra un grupo minoritario. Esto no se da ideológicamente en la izquierda. Allí hay más bien una movilización en respuesta al extremismo de derecha. Especialmente como reacción a Charlottesville, hubo también grupos militantes que querían vengarse. Pero fue solo reactivo y no odio contra un grupo humano enemigo. 

La excepción es el antiautoritarismo y la movilización anti-Estado de los extremistas de izquierda. Pero en el plano táctico, no son tan refinados ni militarmente organizados como los grupos de derecha. A menudo me dicen que tengo ceguera en el ojo izquierdo, pero cuando se miran objetivamente las diferentes redes, no hay nada comparable a los extremistas de derecha.


Volvamos a su propio rol. Usted ha escrito un libro basado en su investigación de grupos extremistas en línea. ¿Estaría usted en peligro si hace una aparición pública ahora? ¿Hay, por ejemplo, amenazas?

Hay mucha tranquilidad en este momento. He recibido bastantes amenazas en el pasado y me he preparado para amenazas o campañas de odio después del lanzamiento de este libro. Para mí era importante comprender qué impulsa a las personas a integrar estos círculos y cómo sacarlas de ellos nuevamente. He hecho un gran esfuerzo para no revelar la identidad de los extremistas no públicos, así que espero que, a cambio, se me trate humanamente. He visto el costado humano incluso de los radicales más extremos y siento que estos conocimientos podrían usarse como punto de partida para los programas de desradicalización en el espacio online.

Imagino que debe ser difícil lidiar con posiciones radicalizadas y campañas de odio durante muchas horas y aun así lograr tener en cuenta el costado humano.

Es una mezcla. Por supuesto, sentía rechazo ante las bromas racistas o las ideologías con teorías conspirativas que me hubiera gustado refutar de inmediato. Pero, por otro lado, una se da cuenta de que hay mucha motivación humana en este proceso de radicalización y que comienza en muchos casos con la búsqueda de amor o reconocimiento. A veces sentía una gran compasión, especialmente por los miembros jóvenes."

(Claudia Detsch , CTXT, 18/12/19. Este artículo se publicó en Nueva Sociedad, traducido del IPG Journal.)

8/3/19

La muerte del nieto de Lula desata los monstruos del odio

"Sabíamos que en Brasil, mayoritariamente solidario, sensible al dolor ajeno y que ama a sus pequeños, existían monstruos de odio. Confieso, sin embargo, que ignoraba que fueran tantos y con tanta carga de sadismo. Lo demuestran los comentarios sórdidos y hasta blasfemos que invocan a Dios con motivo de la muerte de Arthur, de siete años, nieto inocente de Lula, condenado y encarcelado por corrupción.

Un niño aún no tiene tiempo de conocer hasta qué abismos de ceguera puede conducir la política como ideología. Y cae sobre nuestras conciencias de adultos la infamia de convertir en bromas baratas, ironía y sarcasmo en las redes sociales, el dolor de un abuelo por la pérdida de su nieto. Lula, aún condenado y en la cárcel, no ha perdido ni su dignidad como persona, ni el pedazo de historia positiva que dejó escrita en este país.

Quienes llegan a alegrarse de la pérdida del nieto de Lula como un castigo de Dios por haber apoyado como presidente a Gobiernos como el de Venezuela —que hoy mata de hambre a sus niños, como he leído en este diario— están revelando hasta qué pozo de ceguera y de insensibilidad humana puede llegar el soberbio Homo sapiens.


Esa ausencia de empatía y de decoro ha contagiado a políticos con grandes responsabilidades como al hijo del presidente Bolsonaro, el diputado federal Eduardo, que todo lo que supo escribir en la red sobre la triste muerte del nieto de Lula es que el expresidente debía estar “en una cárcel común, como un preso común”. Lo escribió sin una sola palabra de piedad o, por lo menos, de respeto por su enemigo político.

Le respondió Fernando Lula Negrao, quien apuntó que las palabras del hijo del presidente eran propias "de la falta de misericordia, de los odios, de las angustias y de la falta de amor que es típica de los psicópatas, de los asesinos seriales y de los cobardes…” . Un juicio duro que millones de brasileños que no han perdido la capacidad de solidarizarse con el dolor ajeno aplauden.

También, Alexandre Braga, seguramente otro de los millones de brasileños sanos, no envenenados por la ideología, le respondió con sensatez: “[Eduardo Bolsonaro] perdió la oportunidad de callarse. Lula ya está acabado y preso. Respete el dolor del abuelo. Basta de ese odio malvado y vamos a pensar en Brasil”.

Intenté recordar tiempos oscuros de la historia en los que el ser humano llegó a degradarse hasta el punto de no solo no respetar la inocencia de la infancia, sino de hacer de ella carne de infamia. Solo me vinieron a la memoria aquellos campos de concentración nazi donde los niños eran quemados vivos porque “no servían para trabajar”. Fue en uno de aquellos campos donde uno de los responsables dedicaba la poca agua que había para regar las flores de su jardín dejando morir de sed a los niños.

Para alguien como yo que ha dedicado tantas columnas a contar lo positivo del alma brasileña (que tanto me ha enseñado y reconfortado en los momentos en que no es difícil perder la confianza en el ser humano), el hecho de leer comentarios sin alma, sin empatía, cargados de odio, sarcasmo e incluso regocijándose de la muerte de un inocente, solo por el odio a Lula, hace que prefiera no haber vivido este día.

Soy de los periodistas que criticaron, en su momento, el hecho de que Lula, que llegó con la esperanza de renovar la política, hubiese acabado contagiado por los halagos de los poderosos y por la política fácil de la corrupción. Hoy, sin embargo, ante esos camiones de basura que las redes sociales están vomitando contra él y hasta contra el nieto inocente que ha perdido, me atrevo a pedirle perdón en nombre de esos millones de brasileños que aún no se han vendido al odio fácil y saben aún mantener su dignidad ante la muerte de un niño.

Hubo quien escribió que, después de los campos de concentración del nazismo, no era posible seguir creyendo en Dios. ¿Y después de esos odios y sucios insultos lanzados contra Lula tras haber perdido a su nieto, es posible seguir creyendo en Brasil? El Brasil de las cloacas, que hoy han manchado gratuitamente el alma de un niño, terminará como le sucedió al nazismo.

El otro Brasil, el anónimo, el que hoy se ha horrorizado viendo desfilar a los monstruos sueltos en las redes sociales, el mayoritario, acabará (¿o será solo mi esperanza?) dominando a los monstruos que hoy nos asustan para dar paso a los ángeles de la paz."                    (Juan Arias, El País, 02/03/19)

10/10/18

Israel no tiene pozos de petróleo. No tiene minas de oro. ¿Qué tiene? El título de propiedad del Holocausto... Los líderes de Israel, con Binyamin Netanyahu a la cabeza, se comportan hoy en día como los papas de antaño: venden dispensas del Holocausto

"Israel no tiene pozos de petróleo. No tiene minas de oro. ¿Qué tiene? El título de propiedad del Holocausto.

Es un activo de gran valor. Todo el que quiera limpiarse la mancha necesita un certificado del Estado de Israel. El precio de dicho documento es altísimo. Y cuanto mayor la culpa del solicitante, mayor el precio de la dispensa.

¿A qué nos recuerda esto?

Durante siglos, la Iglesia Católica se dedicó a la venta de “dispensas”. Las dispensas eran documentos firmados por el Papa y la curia que eximían al beneficiario del cumplimiento de determinadas obligaciones religiosas o bien le permitían hacer ciertas cosas prohibidas por la Iglesia. (...)

Los líderes de Israel, con Binyamin Netanyahu a la cabeza, se comportan hoy en día como los papas de antaño: venden dispensas del Holocausto.

Netanyahu no ha sido el inventor del negocio. Lo ha heredado de sus predecesores. Todo empezó cuando poco después de la II Guerra Mundial, David Ben Gurión llegó a un acuerdo con el entonces canciller alemán Konrad Adenauer. Ben Gurión sancionó la existencia de una “nueva Alemania”, totalmente kosher, y a cambio los alemanes pagaron tres mil millones de marcos al Estado de Israel en concepto de compensaciones, así como pensiones individuales a los supervivientes del Holocausto.

Yo mismo recibí una pequeña compensación por mi “educación perdida” y a mis padres se les concedió una pensión mensual con la que se mantuvieron el resto de su vida.

A ojos de Ben Gurión el asunto era puramente económico. El recién nacido Estado de Israel no tenía dinero y las compensaciones alemanas lo ayudaron a sobrevivir los primeros años.

No obstante, detrás del acuerdo se ocultaba una decisión de otro tipo. Israel, es bien sabido, es un “Estado Judío”. El gobierno de Israel ostenta dos coronas: por un lado, la del gobierno de un Estado soberano y por otro, la de líder de la Diáspora judía mundial. La premisa ideológica es que ambas son una sola y la misma.

Pero semejante premisa es una ficción. De vez en cuando surge un problema que pone de manifiesto la discrepancia entre los intereses de Israel y los de la Diáspora. En semejantes ocasiones los intereses de Israel tienen prioridad.

Últimamente ha surgido una de tales situaciones.

Benjamín Netanyahu, rey de Israel y aspirante a emperador del pueblo judío, ha firmado una declaración conjunta con el gobierno polaco que absuelve al pueblo de Polonia de toda responsabilidad por los sucesos del Holocausto y condena de un solo plumazo el antisemitismo y el antipolonismo.

El documento ha desatado un huracán que se centra en dos cuestiones: 1ª. La exactitud de dicha declaración. 2ª. Los motivos que han llevado a Netanyahu a firmarla.

La segunda tiene una respuesta más fácil: Netanyahu mantiene una profunda amistad con los regímenes de Europa Central, que en la actualidad forman un nuevo bloque encabezado por Polonia que incluye a Hungría, la república Checa y Eslovaquia.

Dichos regímenes son de extrema derecha, cuasi totalitarios y antirrefugiados. Se les podría calificar de fascistas light.

Todos ellos se oponen al liderazgo de la canciller alemana Angela Merkel y a sus aliados, que son más o menos liberales, aceptan a los refugiados y condenan la ocupación y los asentamientos israelíes en territorio palestino. Netanyahu cree que su alianza con la oposición europea frenará a los merkelistas.

A lo largo y ancho del mundo, las instituciones judías ven todo el asunto bajo un prisma completamente distinto. No han olvidado que esos partidos ultraderechistas no son más que los descendientes de los partidos filonazis de la era de Hitler. Interpretan el cinismo de Netanyahu como una traición a las víctimas judías del Holocausto.

La exactitud de la declaración conjunta es una cuestión mucho más acuciante.
En Israel ha habido una amplia condena de la absolución de Polonia por parte de Netanyahu. En Israel se odia a Polonia mucho más de lo que se odia a Alemania. Es una historia larga y compleja.
En tiempos anteriores al Holocausto, Polonia albergaba a la mayor comunidad judía del mundo. Son muy pocos los judíos que se preguntan el porqué.

La sencilla y frecuentemente olvidada razón es que Polonia fue durante siglos el país más progresista de Europa. Mientras en la mayoría de los países europeos (Inglaterra, Francia y Alemania incluidas) a los judíos se los perseguía, se los mataba y expulsaba, la monarquía polaca los recibía con los brazos abiertos. Un rey tuvo una amante judía; los nobles y terratenientes recurrían a los judíos para la gestión de sus posesiones; los judíos se sentían protegidos.

Con el paso del tiempo, las cosas cambiaron por completo. Entre los polacos surgió una profunda animadversión hacia la enorme minoría que vivía entre ellos y tenía un aspecto distinto, se vestía de manera diferente, hablaba otra lengua (el yidish) y practicaba otra religión. La competición económica exacerbó el resentimiento. Durante los largos períodos de ocupación rusa y de otros vecinos, los polacos se volvieron ferozmente nacionalistas y su nacionalismo excluía a los judíos. El antisemitismo se convirtió en una fuerza tremenda.

Los judíos reaccionaron con un profundo odio a los polacos y todo lo que tuviera que ver con Polonia.

La invasión nazi de Polonia complicó más aún la situación. Después de la guerra, para la mayoría de los judíos no cabía duda de que los polacos habían cooperado en el exterminio. Se hizo habitual hablar de “campos de concentración polacos”.

Esto siempre ha enfurecido a los polacos. Polonia ha promulgado recientemente una ley que convierte en delito el uso de esa expresión y otras similares.

Ese es el motivo de la oleada de rabia que ha recorrido tanto Israel como el mundo judío tras la firma de Netanyahu de la declaración que absuelve a los polacos de toda responsabilidad en el exterminio de los judíos en Polonia.

Hará unos doce años visité Polonia por primera vez con el fin de recabar información para mi nuevo libro Lenin ya no vive aquí, publicado en hebreo, en el que se describe la situación de Rusia y varios otros países inmediatamente después de la caída del comunismo.

Ningún otro país me sorprendió tanto como Polonia. Descubrí que durante la ocupación no hubo una sino dos organizaciones clandestinas polacas que combatieron a los nazis. Millones de polacos cristianos fueron ejecutados junto a los judíos.

(Cuando volvimos a Tel Aviv, mi esposa Rachel, que me había acompañado en el viaje, oyó a una tendera hablando en polaco. Aún impresionada por lo que nos habían contado, la interrumpió para preguntarle: “Sabía usted que los alemanes mataron también a tres millones de polacos cristianos?”. “¡Pues no fueron bastantes!”, replicó la tendera).

Durante el Holocausto, las primeras informaciones fiables acerca de los campos de exterminio que recibieron los aliados y las instituciones judías procedían del gobierno polaco en el exilio, con base en Londres. Una vez acabado el conflicto, Israel condecoró a miles de polacos que habían ayudado a los judíos, a menudo poniendo en peligro su propia vida y la de sus familias.

Es cierto que muchos otros polacos ayudaron a los nazis a matar judíos, tal y como sucedió en todos los países ocupados. Además, una vez terminada la ocupación nazi tuvo lugar al menos un pogromo. Pero nunca hubo un político colaboracionista polaco al estilo del noruego Vidkun Quisling. En comparación con otros países ocupados, Polonia sale bastante bien parada.

¿Por qué estaban los campos de exterminio en Polonia? Porque allí se encontraba el grueso de la población judía y porque lo más sencillo era transportar hasta allí a los judíos de otros países. Pero eso no los convertía en “campos de exterminio polacos”.

En la declaración Netanyahu-Polonia hay ciertas exageraciones. Por ejemplo, en un párrafo se menciona el antisemitismo y el antipolonismo, signifique lo que signifique ese término. A pesar de todo, el vendaval que se ha desatado es excesivo.

Hace muchos años leí un relato de un escritor israelí. Describía la invasión de Oriente Medio por un pueblo mongol que sentía un odio obsesivo por los árabes. Los ocupantes pedían ayuda a los judíos para exterminar a los árabes con la promesa de todo tipo de prebendas."                (Uri Avnery, m'sur, 09/08/18)

6/8/15

La Francia liberal e igualitaria se asemeja mucho a Andalucía y Castilla la Nueva, donde está el corazón liberal y un poco anarquista de España

"(...) R. Mire, estoy muy contento de poder hablar con la prensa italiana y española para poder desvelar a nuestros socios del Sur el misterio de la Francia de hoy [se ríe]: por qué Francia apoya a Alemania para que tenga a Europa bajo su bota. Porque Alemania nunca hubiera podido imponer su política de austeridad sin el acuerdo francés. Lo que dice mi libro es que hay dos Francias. 

Una es la Francia liberal e igualitaria (dos tercios del país). Está en el corazón de la cuenca de París, con estructura familiar liberal e igualitaria y que (ya sé que es sorprendente) se asemeja mucho a Andalucía y la nueva Castilla, donde está el corazón liberal y un poco anarquista de España. Tolerante y descristianizada. Y esa es la Francia de la Revolución y el laicismo. 

 Pero hay otra Francia, la periférica (al oeste de los Pirineos, el sur y el este de la región central, el Ródano, Lorena, Alsacia…). Ahí la estructura familiar es troncal, al igual que todo el arco del norte de España entre Cataluña y Galicia. En esta otra Francia, católica hasta hace 50 años, antirrevolucionaria, monárquica, antisemita y vichista. Ahora domina esta última germanófila, autoritaria y amante del euro y la austeridad. Lo que yo pretendo es denunciar esa estafa.

P. Me parece que en el Sur estamos más inquietos a ese respecto con el Frente Nacional que no con la izquierda francesa.

R. El FN no es una amenaza para ustedes. Es horrible, sí. Pero la cuestión es que la inversión es completa. Nuestra situación es como si el FN dominara Andalucía o que el PSOE fuera fuerte en Castilla y León, base histórica del franquismo.

P. ¿Es la laicidad la nueva religión de Europa?

R. Creo que tanta reivindicación de la laicidad demuestra que atravesamos una crisis metafísica, religiosa. La reacción a los atentados de enero fue inmensa, lo que sobrerrepresentó el fenómeno terrorista. Pero el problema no es el islam, sino la crisis terminal del catolicismo. 

Francia vive en la ilusión de que es racional y moderna, que progresa en libertad y valores positivos (emancipación de la mujer, matrimonio homosexual…), pero detrás de toda esa satisfacción hay una angustia subterránea porque por primera vez la humanidad vive sin ninguna creencia metafísica.

P. ¿Acaso la religión es una necesidad intrínseca del ser humano?

R. La gente no puede vivir sin una creencia colectiva. El individuo es otra cosa. El neoliberalismo es para mí una concepción religiosa sobre el mercado absoluto. El fracaso económico, el fracaso del mercado y del euro ha producido una crisis metafísica. Hemos elegido el islam como objetivo de todos nuestros males. Eso nos permite comprender esa movilización increíble, de fe colectiva…

P. En su libro critica duramente el “laicismo radical”.

R. El laicismo radical no es laicidad. Cuando yo era niño, en la escuela laica había capellanes católicos y los viernes se comía pescado aunque nadie supiera por qué. Era una escuela relajada respecto al hecho religioso. Porque la laicidad no es una creencia negativa. Es más bien indiferencia. La situación es hoy muy distinta y acusamos constantemente a los militantes del islam.

P. ¿Cuál es el corazón de Europa?

R. Es Alemania. No hace falta ser antropólogo para saberlo. Alemania en su estructura fundamental familiar es troncal y un tercio es católico, así que un tercio es católica zombi [recientemente descristianizado]. Esa parte es la que instintivamente defiende la austeridad, la autoridad y la disciplina. Yo diría que el catolicismo zombi es el fundamento ideológico de la eurozona.

P. Su idea de Europa es bien distinta al ideal eu­ropeo tradicional.

R. En toda sociedad occidental hay un Charlie durmiente que puede despertar en cualquier momento. La eurozona está paralizada. Vive una mezcla de crisis económica y religiosa porque el euro es el nuevo dios. En el vacío de creencias hay que inscribir también los movimientos secesionistas de Escocia y Cataluña. Es el intento de reconstruir la identidad en esa nación periférica. 

Hubo un sueño europeo, pero en 2015 tenemos ya la certeza absoluta de que el euro es un fracaso monstruoso, aunque sigue siendo, todavía, una religión. Continuamos haciendo sacrificios. Es una crisis religiosa en la crisis religiosa, y es en ese contexto en el que todas las clases medias francesas, cuatro millones, se movilizan [las manifestaciones en Francia reunieron a cuatro millones de personas el 11 de enero contra los atentados]. Es la angustia.

 Y lo peligroso es que esa gente hipermovilizada no está preparada todavía para abandonar el euro. Hay una gran obstinación en mantener esa religión monetaria y hay una gran islamofobia en esas clases medias movilizadas.

P. Tanto el islam como el judaísmo son religiones minoritarias con escaso poder en nuestras sociedades. ¿Dónde está la razón profunda de la islamofobia y el antisemitismo?

R. La posguerra europea, como la transición española, nos hicieron perder la noción de la historia. Estamos viviendo la continuidad. Mire, a mí me trastornó especialmente la matanza en el supermercado judío, el Hyper Cacher. Resistí la tentación tras las matanzas antisemitas anteriores. 

Esta es la primera vez que escribo un libro en tanto que judío. Porque es verdad que hay antisemitismo en los barrios y, sobre todo, en los medios islamistas, pero soy historiador y sé que el único continente que ha masacrado a los judíos es Europa. Jamás ha habido algo parecido en el mundo árabe.

 En mi libro trato de demostrar esa interacción perversa entre la islamofobia y el antisemitismo. Más islamofobia traerá más antisemitismo. Es una trampa de la neo-República, en la que los débiles luchan unos contra otros. El catolicismo zombi en el poder desciende de los antisemitas. (...)"      (Entrevista a Emmanuel Todd, Sociología crítica, 06/07/2015)

26/5/14

Franquismo, el fascismo católico

“Hemos banalizado el franquismo para defendernos de él”, las comillas son del historiador Ferran Gallego, que publica El evangelio fascista. La formación de la cultura política del franquismo (1930-1950), en la Editorial Crítica, en el que argumenta que el fascismo proporcionó un proyecto global a Franco.

 La intención de Gallego es desmontar la revisión del pasado reciente de este país que dice que aquí no hubo fascismo porque hubo una guerra civil, que actuó de cortafuegos ante la llegada del totalitarismo europeo.

“La guerra civil fue la conquista del poder por un movimiento que en Europa se llamó fascismo. La guerra civil no es una alternativa al fascismo”, declara el historiador. La peculiaridad del caso español frente al europeo es que la guerra es el origen del fascismo, no el resultado.

 “En España, el fascismo toma el poder con la guerra civil, a diferencia de Alemania e Italia”, explica. No hubo un partido poderoso que implantara el fascismo, sino un proceso de fascistización reflejo del europeo. 

 La posición ideológica que ocupó el fascismo fue el de la construcción del discurso nacionalsindicalista. Y se ejecutó en estrecha relación con el pensamiento tradicionalista católico. “El fascismo ofrecía envidiables aspectos de modernización, de tensión militante, de atractivo juvenil y de llamada permanente a la nacionalización de masas, dando a su propaganda una singular vehemencia revolucionaria”, añade el autor.

Otra característica propia del fascismo español es que fue el único caso revocable: es alterado sin echar a nadie del nuevo proyecto, sin romper con el 18 de julio. Ferran Gallego explica que el fascismo consigue evolucionar a una realidad propia basada en la idea del imperio católico, frustrado tras la derrota del siglo XVII.  

En ese sentido, el historiador cita a Rafael Sánchez Mazas, quien defendía el establecimiento del mito de la nación y el mito del Imperio. “La misión de destino, como misión nacional en el mundo tiene esta disyuntiva: imperar o languidecer”. La tarea era rehacer España, actualizar la tradición y hacer de las raíces y los orígenes la originalidad española.

 “Todo nuestro avance está aquí: en el retroceso a las virtudes y razones que dieron a España en los siglos fuerza y esplendor”, escribe en Estado e Historia (1933).


Francisco Javier Conde avisa en 1942 que el totalitarismo no había sido todo lo satisfactorio que se esperaba para superar el "fracaso" del Estado liberal. La alternativa era regresar a la doctrina que inspiró el Estado imperial español y demostrar que el pensamiento católico moderno podía enfrentarse a la torcida evolución política de la Europa protestante.

“El español de hoy cuenta entre sus posibilidades con una que desde hace siglos ha perdido el europeo: la de ser movilizado desde la raíz por lo religioso”, escribió Conde, uno de los intelectuales más importantes del franquismo.

El proyecto nacionalista español no miraba al futuro o al pasado exclusivamente, sino a ambos a la vez. Este era el punto de encuentro entre todas las diferencias que pudieran existir entre falangistas y sectores de extrema derecha. Según Gallego el franquismo combinó represión y convencimiento.

 “Se hizo con sutileza, erudición y potencia del discurso. Pero éste ha sido infravalorado para protegernos. El franquismo no era ignorante. No era mera retórica”, cuenta.  (...)

“La tarea debía subrayar la continuidad entre el proceso de fascistización y la consolidación del Nuevo Estado”. La elite académica se reafirmó en sus aseveraciones doctrinales desde antes de la guerra hasta los años de la transición, según explica el autor.

 Se formaron en la Alemania, donde los intelectuales de la “revolución conservadora” proporcionaban, desde los años veinte, propuestas para la construcción del nuevo Estado alemán, en el que debía ser abolida la democracia parlamentaria. Los pensadores franquistas “habían evolucionado radicalizando sus posiciones a medida que se aproximaba la guerra civil, convirtiendo sus simpatías hacia el fascismo en una identificación española con sus planteamientos”.  

El fascismo no era un proyecto político más, era “la esencia de la nación”. “La única forma de ser español, porque saca el ser originario. Por eso no puede entender la pluralidad”. Parece que Ferran Gallego se acerca vertiginosamente el presente, pero aclara que el fascismo corresponde a su época, que es un dinosaurio adaptado a un ecosistema y que cuando éste cae, lo hace el dinosaurio. Fallece en 1945. (...)"           (El Confidencial, 09/05/2014)

31/10/12

El franquismo fué fascismo

"Usted también criticó a Eric Hobsbawm por su negación del carácter fascista del Estado español. ¿Por qué?

R- Hobsbawm no conocía bien la historia del sur de Europa, lo cual aparece en sus observaciones sobre la dictadura que en España se llama franquista. Hobsbawm reproduce acríticamente la sabiduría convencional existente en el establishment español que definía tal dictadura como un sistema caudillista.

P- Y usted, ¿no está de acuerdo con esta definición? ¿Por qué?

R- Porque era mucho más que un régimen caudillista. Era un régimen dictatorial, con un partido único, la Falange, un partido claramente influenciado por el partido fascista italiano que, convertido en Estado, tuvo gran influencia en, juntamente con la Iglesia católica, configurar una ideología totalizante, el nacional sindicalismo, que intentaba crear una nueva sociedad basada en la destrucción de la sociedad anterior, la República. 
Su ideología, como es la ideología fascista, era una ideología totalizante y totalitaria, con un nacionalismo extremo que se atribuía el derecho de conquista sobre otros pueblos, superioridad dada por su pertenencia a una raza superior. El día nacional se llamaba “el día de la Raza”. Negaba la existencia de clases, estableciendo los sindicatos verticales, característicos del fascismo.

 Tal dictadura fue enormemente represiva. Por cada asesinato político que cometió el fascismo italiano, el español cometió 10.000, según el investigador del fascismo europeo más conocido en EEUU, el profesor Malekafis, de la Universidad de Columbia en Nueva York. Tal dictadura intentaba controlar todos los medios productores de valores e información.

P- Usted escribe sobre ello en su libro Bienestar Insuficiente, Democracia Incompleta.

R- Sí. Escribí el libro a la vuelta de mi exilio. El profesor Malekafis había indicado que para definir a un régimen como fascista, éste debía tener ocho características.

P- A las que usted añadió dos más.

R- Exacto. Creía que el profesor Malekafis no había sido suficientemente exigente. Paradójicamente no había incluido en sus condiciones ni el racismo ni la negación de la lucha de clases que también caracterizaba al fascismo, con su establecimiento de los sindicatos verticales. Éstas eran también condiciones definitorias del fascismo.

P- Y usted cree que el régimen español reunía todas estas diez características.

R- Sí. Es una verificación empírica. Una vez definido el criterio, entonces la investigación consistía en comprobar empíricamente si el régimen reunía o no estas condiciones. Y la investigación concluye que sí que fue un régimen fascista.

P- Pero muchos dicen que aún cuando lo era al principio, dejó de serlo más tarde con los tecnócratas del Opus Dei.

R- Es otro error. Naturalmente que el régimen fue variando. También varió el régimen comunista en la Unión Soviética. La distancia entre Stalin y Gorbachov era enorme, mucho mayor que la distancia entre el Franco de 1936 y el de 1975. Y en cambio a tal régimen continuó llamándosele comunista hasta el último día de su existencia. Lo mismo debe, por lo tanto, hacerse en la definición del régimen dictatorial español. 

El hecho de que en los últimos años de la dictadura española fuera una cáscara vacía, carente de ideología, llena de oportunistas que constituían una mafia en el poder, no niega la definición de aquel régimen como fascista, de la misma manera que el vacío ideológico de la Unión Soviética y el control del aparato estatal por una oligarquía no negaba la definición de aquel régimen como comunista.

 Mi libro crítico de la Unión Soviética, escrito en la época Brezhnev –que dictaminó la prohibición de mis escritos en aquel país-, mostraba como la narrativa y los símbolos establecían tal continuidad con las épocas anteriores, lo cual justificaba el uso de tal término. 

Y lo mismo ocurrió en España. Recordemos que el símbolo fascista estaba en la entrada de todos los pueblos hasta el último día de la dictadura. Y los funcionarios tenían que jurar lealtad al movimiento fascista –el Movimiento Nacional-, con sus camisas azules y brazo en alto hasta 1978."            (Entrevista a Vicenç Navarro publicada en la revista digital SISTEMA, 26 de octubre de 2012, en www.vnavarro.org, 26/10/2012)

1/2/11

El fascismo quería "el alma del hombre"

"El estudio de la relación entre el modernismo y el fascismo es una aventura de alto riesgo". Lo dice Roger Griffin, especialista en fascismo y catedrático de Historia Contemporánea en la Brookes University de Oxford. Su último libro, Modernismo y fascismo (Akal) (...)

Este reputado historiador defiende en su libro que el fascismo de entreguerras fue un vehículo para hacer realidad "la sensación embriagadora" de hacer historia.

"Para entender las ambiciones, los fracasos y los crímenes contra la humanidad de los regímenes de Mussolini y Hitler hay que concederle la relevancia que se merece al hecho de que se convenciera tanto a militares como a civiles de que se encontraban inmersos en una experiencia revolucionaria, que vivían al filo de la historia, que con sus actuaciones estaban cambiando su curso, al margen de la moralidad convencional", explica. (...)

Sobre la dictadura franquista, el historiador aseguró en una entrevista con Público que Franco no era un político propiamente fascista. "Franco utiliza las energías de Falange y también alusiones a la estética modernista para vestir un proyecto de la España tradicional modernizada, pero no transformada. No quiere un nuevo español producto de una revolución antropológica. Los fascistas italianos o alemanes querían un nuevo italiano o un nuevo alemán", sostiene.

La Iglesia católica, añade Griffin, es otra de las razones por la que el régimen de Franco es distinto: "Hitler y Mussolini no eran cristianos de corazón. Hay un antagonismo real entre el proyecto fascista y lo que significa la Iglesia porque ambos en realidad quieren el alma del hombre. La Iglesia quiere el alma del hombre para Dios y el paraíso y los fascistas quieren el alma del nuevo hombre para la nación y la historia".

Sobre el islamismo, Griffin cree que puede considerarse una solución totalizadora a la amenaza a la religión que supone la modernidad occidental." (Público, 01/02/2011)