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27/11/19

El primer español que vendió una empresa a Google: "La cultura del esfuerzo es mentira"... creo que basta con trabajar 4 horas al día.




"El 30 de mayo de 2007, hace ya doce años, el español Eduardo Manchón se hizo famoso. Él y Joaquín Cuenca, amigos desde el instituto, vendieron su 'startup' Panoramio a Google, convirtiéndose en los primeros españoles que realizaban una venta a un gigante tecnológico de ese tamaño. 

Con el tiempo, Manchón ha fundado varias 'startups' y actualmente es el CEO de Mailtrack, una de las más interesantes del panorama español.

Para Manchón, nacido en el municipio alicantino de Callosa de Segura (19.000 habitantes) e hijo de un albañil y una empleada de fábrica textil, conquistar a Google podría haberle habilitado para presumir de historia superación personal, de ascensor social, de meritocracia y de la importancia de la cultura del esfuerzo. Pero no lo hace. De hecho, está en contra de todos estos lugares comunes y los rechaza sin miramientos. 

Para él, la suerte ha jugado un factor primordial en su éxito. Y esa suerte, en el caso de muchos otros triunfadores, puede proceder de su clase social, el colegio al que hayan ido, los contactos o el dinero que tenga su familia. Hemos hablado con él de la manida meritocracia y el mito de la cultura del esfuerzo, tan presente en el sector emprendedor.

PREGUNTA. La llamada 'cultura del esfuerzo' parece haber enraizado en discursos muy liberales y, sobre todo, en la apología del emprendimiento, donde muchas veces se aboga por ese discurso de que puedes conseguir lo que te propongas si te esfuerzas lo suficiente. ¿Tú crees en eso? 

RESPUESTA. No, en absoluto. Por mucho que te esfuerces, no todo se alinea para conseguir tus objetivos. Tener éxito no depende casi nada de ti, y en la parte que sí depende de ti no todo se resuelve con más trabajo, sino con más eficiencia o haciendo la cosa correcta. He visto a gente que se ha esforzado muchísimo sin conseguir su objetivo y a otra a la que, trabajando muy poco, le ha ido muy bien, ya sea porque tiene talento, porque ha tenido mucha suerte o porque se le han alineado los planetas.

En todo esto hay mucha confusión. Claro que hay que saber esforzarse en determinadas circunstancias, pero ese esfuerzo continuo, ese pensar que todo se resuelve con más trabajo... Para resolver un problema puedes estar un día o una semana trabajando mucho, pero el esfuerzo continuo no es garantía de nada. Ni es sano. Hay gente que disfruta 'picando piedra' porque se siente muy realizado, por aquello de "No se dirá que no he picado suficiente piedra".

 Ya, oye, pero es que a lo mejor era más fácil hacerlo de otra manera. Muchos se ponen a trabajar sin parar y sin pensar si están teniendo buen foco, y luego llega otro con más visión, o al que se han alineado los planetas, y le supera.

P. ¿Hay mucho mito con esto del esfuerzo? Siempre se dice que es el único ingrediente del éxito, pero imagino que habrá más

R. Claro que hay más: el dinero, la familia, los contactos... pero todos se resumen en la suerte. Porque el dinero que tengas dependerá de la familia en la que hayas nacido; los contactos, del colegio al que hayas ido, etc. Muchas de esas cosas son derechos de nacimiento. Yo soy hijo de un albañil y una trabajadora de fábrica, y he tenido amigos muy brillantes, con premios de fin de carrera o becas de doctorado que, al ser de clase obrera y no tener acceso a estas cosas ni tener suerte, no han podido llegar más lejos.

Cuando tienes una familia con dinero, con negocios exitosos, que te lleva a un colegio cuyos compañeros serán gente bien relacionada... será más fácil, mucha gente que tiene éxito viene de esos círculos. Y algunos son totalmente humildes y entienden el rol que han jugado sus derechos de nacimiento, pero la mayoría tienden a mantener la narrativa de la cultura del esfuerzo porque es lo que les han dicho siempre. Y pueden pensar 'Somos más inteligentes porque hemos sabido lo que hay que hacer', pero la realidad es que, si vienes de un familia así, esa familia te va a ayudar a ser más capaz que la de un albañil. Al final es una profecía autocumplida.

P. La suerte atrae más suerte, imagino

R. Claro. Si tu padre ha ido a la universidad, sabrá darte consejos sobre la universidad. La suerte se retroalimenta y, si te rodeas de gente que la ha tenido, es más probable que tú también la tengas. De alguna manera vas con los dados trucados. Los colegios reparten suerte: las escuelas privadas retroalimentan su propia suerte, pero un colegio sin buenos recursos lo que reparte mala suerte. Si no tienes dinero, no vestirás 'bien', el vecino no se fiará de ti, otro no te dará trabajo... es una concatenación. La gente con muchos recursos incluso sabe cómo hablar. Yo cuando he ido a eventos en esos círculos me he sentido como un marciano, como un aldeano con una gallina.

 Yo me alegro de que la gente tenga éxito y ayude a sus hijos, esto no es un resentimiento, pero tenemos que ser conscientes de esto y ayudar a que la gente tenga, de verdad, igualdad de oportunidades. La suerte está muy mal repartida. Tenemos muchos cerebros desaprovechados porque no han tenido igualdad de oportunidades, y eso empieza con la educación pública, con servicios sociales... Si a la gente le das dados malos, va a ser difícil.

P. En las historias de éxito siempre sacamos a triunfadores que se esforzaron mucho, que creyeron en su idea, que no se dieron por vencidos… pero también hay historias (que no contamos) de otros que hicieron exactamente lo mismo y fracasaron

R. Yo sé de mucha gente que no tuvo suerte y se la pegó. Una empresa española, por ejemplo, estuvo a punto de ser vendida a Google y la venta no se hizo porque en la reunión apareció un tipo al que no le gustaba la 'startup' y no la compraron. Fue el mismo, por cierto, que tampoco quería comprar Panoramio, aunque en esa ocasión no se impuso. Solo conocemos las historias de éxito, el sesgo del superviviente y el cisne negro, que nos hace ver como predecible lo que en realidad era muy improbable. De hecho, después de Panoramio, yo me metí dos hostias con dos proyectos de los que nadie habla, casi tampoco yo.

P. De toda esta filosofía quizá viene una de las frases más crueles de la historia: 'Si quieres, puedes'. Parece que el que no pudo es porque en realidad no quiso...

R. Piensa en una cosa: lo que lleva a la gente a vivir en la calle o a suicidarse es una cadena similar, pero en el otro extremo. Nadie considera que un sintecho se merezca vivir en la calle, nadie (o bueno, casi nadie) piensa que ha acabado en la calle porque no se ha esforzado lo suficiente. Entonces, ¿por qué tenemos que pensar que el que ha triunfado es porque sí se ha esforzado?

P. Te hiciste muy conocido en el sector de las 'startups' por vender Panoramio a Google. ¿Qué papel jugaron el esfuerzo y la suerte en aquella venta?

R. El esfuerzo nada o muy poco. En Panoramio no nos matamos a trabajar, ni mucho menos. Suerte y coincidencias hubo muchas. Yo conocí a Ubaldo Huerta, el fundador de Loquo, me hizo socio y la empresa se vendió a eBay, así que ahí pude aprender mucho de cómo funcionaba esto. Luego me asocié con Joaquín Cuenca, al que conocía desde los 14 años, y montamos Panoramio. Panoramio como idea era muy normal, pero tuvimos la suerte de que de repente Google Earth abrió su API y empezamos a usarla. 

Por esa época había un blog de un tipo que escribía sobre Google Earth y le pedimos que nos sacara. Nos dijo que a cambio le hiciéramos un KML, se lo hicimos a las pocas horas y nos sacó. Y de nuevo la suerte: en ese blog nos leyó John Hanke, actual CEO de Pokemon Go, que por aquel entonces acababa de vender Keyhole (que acabaría siendo Google Earth) a Google. Le gustamos mucho y nos estuvo ayudando hasta que Google nos compró en 2007. [El gigante de Silicon Valley pudo haber comprado la 'startup' un año antes, pero Panoramio rechazó la oferta]

Y como esta tengo muchas más. Todo esto son casualidades que en mi caso pueden llamar la atención porque vengo de clase obrera, pero son eso, casualidades. Yo no soy un ejemplo de superación, sino que tuve suerte y esa suerte me lo puso muy fácil. Muchos dicen que la suerte no tiene nada que ver con el éxito, pero no es cierto, claro que tiene que ver.

P. Esta filosofía parece estar muy presente en el sector de las 'startups'. ¿Es peligrosa?

R. Es donde está más presente y es muy peligrosa. Una narrativa basada en la suerte es muy aburrida, pero una narrativa basada en el esfuerzo hace que todas las piezas encajen y le gusta más a la gente. La cultura del esfuerzo tiene su parte positiva, pero no deja de ser una excusa para sentirte bien por estar trabajando demasiado y no poder conciliar con tu familia o hacer otras cosas. Creo que basta con trabajar 4 horas al día."               (Entrevista a Eduardo Manchón, El Confidencial, 23/11/19)

29/1/14

Las empresas 'recuperadas' argentinas... son rentables para poder dar empleo a la gente que vive del trabajo. Y todos, menos los capitalistas, todos vivimos del trabajo

"(...) Ruggeri es antropólogo, y desde marzo del 2002 dirige el Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Además, coordina el Centro de Documentación de Empresas Recuperadas, que tiene su sede en la imprenta Chilavert, una más de las empresas argentinas gestionada por sus trabajadores.

Aprovechamos la gira europea de Andrés Ruggeri para preguntarle el cómo y el porqué los trabajadores tomaron la dirección de las empresas cerradas por la crisis que vivió este país sudamericano.

¿Cómo comienza todo el proceso con el que despega el Programa?

Primero comenzamos a apoyar a IMPA, la que encabezaba las primeras empresas recuperadas en ese momento, y luego, empezamos a trabajar con muchas otras. Acompañábamos en las ocupaciones y después hicimos alguna investigación que derivó en un censo o, como llamamos aquí, relevamiento.

 Aunque casi todo el trabajo fue voluntario y tuvimos dificultades para encontrarlas, en el primer relevamiento del 2002 contabilizamos 60 empresas recuperadas y, entre ellas, realizamos una encuesta de treinta y cinco preguntas. Más tarde celebramos unas jornadas en donde asistieron más de treinta empresas y a partir de ahí, surgieron diferentes comisiones de trabajo. 

Gracias a esta tarea, conocimos mejor el movimiento y, al mismo tiempo, ayudamos a que el movimiento tuviese mayor conocimiento de sí mismo. A partir de ese momento, comenzó a funcionar el Programa Facultad Abierta.

¿Cuántos relevamientos o censos se han realizado desde el 2002?

Hicimos cuatro. El primero fue en el 2002. Le sigue el del 2004, en el que encontramos 160 empresas. En el del 2009-2010 registramos más de 200 y en el último que acabamos de terminar el pasado noviembre del 2013 se han contabilizado 70 más. Con lo cual, hemos registrado 310 empresas en funcionamiento.

¿Cómo se produce el proceso de autogestión de las empresas?

En principio, estas empresas recuperadas son la minoría de las que cierran, y en general, no se unen inicialmente a la autogestión. Ninguna empresa recuperada ha iniciado un emprendimiento de autogestión voluntaria, por iniciativa propia: todas son por obligación, por necesidad.

 Los obreros de las fábricas recuperadas se encontraron con esa situación, el que la buscó fue el patrón que provocó el cierre de la fábrica. Las que no se ocuparon no fue por nada en concreto, simplemente, no se les ocurrió. En primer lugar, estas empresas no son la mayoría de las que cierran, son la minoría. Creo que las que no se ocuparon no fue por nada en concreto, simplemente porque no se les ocurrió. No es un movimiento que surge en torno a alguien, surge espontáneamente. 

El nivel de desesperación es muy alto, se quedaron sin empleo sabiendo que no van a conseguir otro, y que ni siquiera van a cobrar subsidio de desempleo porque en Argentina esta prestación es muy baja y no corresponde en casos como éste en que la empresa cierra sin siquiera despedir a sus empleados, y saben que no van a conseguir más empleo.

¿Qué inconvenientes o qué dudas van surgiendo desde que empezó el proceso?

Los comienzos son muy duros, porque el proceso de ocupación puede durar meses y durante ese tiempo no hay ningún salario que cobrar. Lo primero de todo era cómo hacer para que no los echaran de la fábrica. En el 2010, cómo sobrevivir, e inclusive, cómo se jubilan los trabajadores, cómo consiguen algún tipo de seguro de salud, porque al perder el empleo, pierden todo tipo de seguridad social. La ley de cooperativas no da esa cobertura.

El trabajo del Programa ¿cómo se demuestra en el día a día de las empresas?

Antes de todo, hay que tener en cuenta que las personas que se quedan recuperando la empresa son el personal menos cualificado. Los administrativos y los burócratas no se quedan porque tienen más posibilidades de encontrar otro empleo.

 Ante esto, desde el Programa les brindamos asesoramiento técnico en algunas cosas: desde ayudarles a gestionar los pedidos de subsidios, realizar informes que apoyan los pedidos de leyes de expropiación, o yendo al juzgado para pedir la tenencia de la empresas a los trabajadores. En este último caso, se va con el aval de la Universidad y es más difícil que puedan argumentar contra ellos muchas cosas.

El apoyo popular que han recibido las empresas recuperadas en todo este proceso también ha sido determinante…

Efectivamente, de hecho, hay una anécdota muy representativa. En la empresa Chilavert, que es una imprenta recuperada, en una de la veces que fue la policía a intentar desalojarles, los trabajadores tenían que entregar un pedido de libros. El cliente se presentó en aquel momento y los libros se trasladaron a través de una ventana de un vecino y éste los metió en el vehículo del que venía a recogerlos.

 Como éstas hay muchas, de hecho, la Chilavert, como agradecimiento al barrio, abre sus puertas por la tarde, para que la gente de allí pueda hacer actividades como dar clases de bachillerato popular para jóvenes y adultos.

Hablamos todo el tiempo de hombres trabajadores, pero hay muchas mujeres trabajadoras en estas empresas recuperadas ¿verdad?

Sí, efectivamente. Hay pocas empresas con mayoría de mujeres, excepto en las textiles. Por ejemplo, la conocida Brukman, siguiendo por Ceres o La nueva esperanza. En donde también hay mayoría de mujeres es en las clínicas y en las escuelas. En otras las lideran, como en el Hotel Bauen o en La Cabaña.

Pero también hay casos de empresas con un número muy bajo de trabajadores cuando se produce el cierre, ¿verdad?

Sí, uno de ellos es el caso del hotel Bauen. En esta empresa, algunos de los trabajadores comenzaron a buscar a sus excompañeros. En otras empresas que no logran que los antiguos compañeros se unan, pues son familiares o amigos que se encuentran desempleados.

 Una cooperativa de trabajadores absorbe a todo el mundo porque no está en su naturaleza no asegurar el empleo entre sus socios. Eso sí, hay una parte algo complicada porque se espera que la lucha por mantener los puestos sea el objetivo de los nuevos integrantes, abrazando la autogestión.

Y en plena crisis ¿ qué productos podían vender?

Los productos de primera necesidad siempre van a ser comprados. Lo que ocurrió es que en el 2001, Argentina tocó fondo, y a partir de ahí, por efecto rebote, fue hacia arriba. Esa recuperación estuvo basada en una devaluación del peso frente de la divisa y eso hizo más rentable la producción nacional que de la importación de productos. La economía comenzó a recuperarse y la industria comenzó a ir al alza, las empresas salieron favorecidas y creció el consumo.

¿Han sido complicadas las exportaciones? Por ejemplo, nos acordamos de Zanon.

El caso de Zanon fue casi excepcional cuando hablamos de exportaciones, además, gozaban de tecnología punta en su maquinaria. Pero el proyecto argentino de aquel momento era que cerraran las fábricas, que no se proodujera nada en Argentina, excepto carne, trigo y, ahora soja y algún producto industrializado. Hay pocas posiblidades para exportar.

Se hace evidente que el objetivo era la quiebra por parte de muchos empresarios…

Para muchos empresarios era más conveniente el negocio de la quiebra que seguir produciendo. La mayoría de las empresas recuperadas en Argentina, igual que en Brasil o en Uruguay, son quiebras fraudulentas. El empresario quiere ganar siempre, entonces lo más fácil, es quebrarla. Lo más fácil es generar la deuda. Es decir, no pagar impuestos, ni pagan a los proveedores, ni los salarios, consiguiendo así que los empleados se vayan.

Si eso se produjo sería porque la legislación era muy permisiva.

Efectivamente. En el año 1995, durante el gobierno de Menem, se reformó la Ley de Quiebras y fue muy fácil cerrar una empresa. Con esa nueva ley, el delito de fraude ya no era un delito penal. Fue hecha con ese fin, el objetivo era la quiebra de empresas.

Y cómo les ha ido a las empresas recuperadas con los gobiernos de los Kirchner?

Los gobiernos kirchneristas anularon la Ley de Quiebras en el 95 y añadieron una claúsula que permite que los trabajadores puedan quedarse con la fábrica en canje de las deudas que la empresa tiene con ellos y constituirse como cooperativa. Pero el kirchnerismo las han apoyado de una forma ambigua. 

No reprimen, no son hostiles, no las quieren echar, pero tampoco están tan a favor: no han elaborado una política que las sostenga mucho más con proyección. La idea de los Kirchner está basada en el pleno empleo a través de las empresas o del gobierno. Ellos no ven el modelo de autogestión sostenible.

Pero ¿en qué se palpa el déficit legislativo?

Ese gran déficit de legislación significa, por ejemplo, que, aunque cada una de las cooperativas tienen su propia dinámica, todas tienen un mismo conflicto: el de la propiedad, y que, aunque hay una ley de expropiación que las protege, es de manera temporal. No se terminan de ejecutar las leyes, siguen en precariedad legal, la propiedad sigue en litigio. 

De hecho, la Corte Suprema de la Nación falló en dos casos en contra, pero a ver quién viene a echar a los trabajadores. Nadie toma la decisión de ejecutar esos fallos. El gobierno no dice nada: ni desobedece las sentencias judiciales, ni firman las órdenes de desalojo. Los trabajadores que recuperan la empresas prefieren ocuparlas, y a partir de una posición de fuerza, negociar la continuidad, es el camino más seguro.

Cristina Fernández de Kirchner, la actual presidenta de Argentina, no se vuelve a presentar al cargo en las próximas elecciones. ¿Qué puede pasar con las empresas recuperadas si gana la derecha?

Es difícil saber lo que va a pasar, pero no va a ser fácil que repriman a las que ya están. No va a ser tan fácil desalojarlas porque ocasionaría mucho conflicto y al gobierno de turno se le volvería en contra. 

La sociedad argentina no es que sea muy de izquierdas, pero ante la represión y a todas esas políticas que fueron comunes, reacciona. En Argentina hay muchos prejuicios ante los desempleados, entonces, la gente que está trabajando y que quiere seguir haciéndolo es muy bien valorada.

¿Cree que la idea de la autogestión se materializa cuando hay un cambio en la mentalidad individual y/o colectiva?

No sé si es siempre posible, pero esa fue la experiencia nuestra. Lo que sí que creo es que la autogestión tiene que producirse desde la gente común, con trabajadores comunes. Cuando apareció el movimiento en el 2002 se unieron militantes, intelectuales, etc. para apoyar el proceso, pero, se evidenció, al final, que son los propios trabajadores los que tienen que hacerlo.

 Pero, además, si no es así, ¿Quién hace la autogestión? ¿Qué sociedad queremos construir si no son los trabajadores quiénes hacen la autogestión? ¿Va a ser una casta de privilegiados? ¿Qué sentido tendría? ¿Para qué serviría?

 A veces, hay discusiones en las que se comenta que las empresas recuperadas son modelos de autogestión con trabajadores que no tienen conciencia, justamente, lo más valioso es que son gente que no se le había pasado la idea de la autogestión y que lo hizo, con muchos problemas, pero lo hizo. Esta experiencia demuestra que cualquiera puede hacer autogestión.

¿Se pueden autogestionar las empresas de salud y de educación?

Creo que el foco tiene que estar no en la empresa, sino en el trabajo. Se recupera la empresa, pero lo primero es recuperar el empleo, si esa empresa no puede dar trabajo, no hay nada que recuperar. 

Por ahí pasa la cuestión: no hay que forzar la realidad, tiene que ver con la dinámica económica y no se puede poner una empresa de diligencias y de carretas en el siglo XXI, es una estupidez total. 

Hay algunas áreas de la economía que son difíciles de recuperar. Eso sí, al no haber una autogestión generalizada, hay algunos sectores que se autogestionan y que a la vez son rentables para poder dar empleo a la gente que vive del trabajo. Y todos, menos los capitalistas, todos vivimos del trabajo.

¿Cómo valora todo el proceso de las empresas recuperadas?

En primer lugar hay que destacar que en los últimos diez años hay muchas menos quiebras y cierres, para mí es positiva porque han demostrado eficiencia para dar trabajo. Los trabajadores ya tienen la idea incorporada en la cabeza y comprueban que funciona. Se plantean la autogestión como algo válido.

 Antes ni se lo plateaban por cómo era el modelo, y si lo hacían siempre pensaban que tendría que producirse una revolución radical. Aquí, no hizo falta una revolución, los capitalistas se fueron. Lo que sí se ha aprendido es que el verdadero ideológo de las empresas recuperadas es el neoliberalismo, no deja ninguna vía de escape. 

Si hay necesidades, y no hay cómo satisfacerlas, ¿cuánto tiempo se puede aguantar? Aparecieron los piqueteros, los clubes de trueque, es la imaginación del pueblo que se pone en marcha…

Y el Estado Español también tiene que sufrir una revolución radical?

Por un lado, hay empresas recuperadas que no las conoce nadie, pero existen (risas). Las hay simplemente porque es un proceso en el que una empresa capitalista pasa a ser gestionada por los trabajadores, puede ser una cooperativa. El nombre de empresa recuperada se inventa en la crisis argentina, antes nadie lo llamaba así, y nadie lo identificaba como una particularidad del proceso.

 A partir de ahí, empiezas a poner la lupa y te das cuenta que el capitalismo la produce todo el tiempo. Existen más de lo que se piensa. En Argentina encontramos cerca de 33 empresas recuperadas desde hace cincuenta o sesenta años.

Lo que ocurre en el Estado Español es que la crisis no ha llegado al peor punto todavía, siempre hay algo peor. Pero hay algo que lo diferencia de Argentina: que forma parte de la Unión Europea, y ahí está el problema. Nosotros, los argentinos, podemos devaluar la moneda, manejar el tipo de cambio o echar al FMI. 
Esas son cosas que hizo el gobierno de Kirschner y evitó que el pais volviera a explotar. El mismo capitalismo tiene que reconstruirse a sí mismo. El problema de la UE es que es el centro del capitalismo, y además, hace décadas que llevan construyendo esta unión de capitales, de estados europeos. Habría que salir del euro, pero ¿quién quiere salir?"            (La Marea, 23/01/2014)

16/4/08

Espíritu emprendedor

“El producto estrella de la cestería de su padre, y esto no es leyenda, fue durante años el sillón palmera de Emmanuelle. Sí, la butaca de mimbre del cartel de la mítica película erótica. Víctor, segundo español que gana el galardón técnico de Hollywood, todavía acompaña algún sábado a su familia a repartir muebles por la ciudad: "Defiendo el sentido humilde de la vida, si mañana hay que volver a vender cestas, se hace".

Aventura, riesgo, no tener miedo al fracaso. Es su receta. "Hoy tendemos a la vida cómoda, no queremos problemas. Parece que el éxito fuera tener una hipoteca e irse de vacaciones al Caribe. Pero ¿el dinero, sin una satisfacción mental, de qué sirve?". (VÍCTOR GONZÁLEZ: "Parece que el éxito fuera tener una hipoteca". El País, ed. Galicia, Última, 15/04/2008)