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30/8/22

¿Forma parte la guerra de Ucrania, como casi todas las contemporáneas, de lo que se denominan “fases bélicas del capitalismo”, es decir, enfrentamientos armados entre intereses en conflicto? Hablábamos hace poco de cómo se había construido todo un relato rápidamente, cosa que hacía sospechar de que había quién desde un inicio sabía que iba para largo. Se empezó utilizando todo aquello necesario para explicar “la guerra justa”... Es decir, se le intentó dar un componente necesario, para justificar luego lo que iba a pasar. La guerra, que nadie quiere, entre personas normales y corrientes, necesita una gran preparación para asumirla como necesaria... Es curioso, pero parece que EE.UU. sabía lo que iba a ocurrir

"Pensando en “Golpes Bajos” ¿Malos tiempos para la paz, de ahora o de siempre?

Lo primero que habría que decir es que, dese hace ya muchos años, décadas, los institutos especializados en identificar cada año los conflictos armados, siempre cifran entre 35 y 50-60 lo que se encuentran activos cada año. Es decir, conflictos armados, guerras, las hay desde siempre. Podemos decir que en estos últimos años ha habido un número más elevado en muchos lugares del mundo, sobre todo en países del continente africano y Oriente Medio, como bien sabemos, y algunos otros lugares. 

Pero ahora que la guerra está en Europa o a sus puertas, y que estamos participando en ella de una manera más directa o entendible y que, sobre todo, sufrimos sus consecuencias en el día a día, es quizás cuando sentimos que estos son malos tiempos para la paz. Puede estar produciéndose un cambio de tendencia, porque desde la guerra de los Balcanes no habíamos percibido que los europeos podríamos habernos visto involucrados en una guerra. Parecía que el proyecto europeo, y por extensión occidental, era algo exitoso en muchos aspectos y también en el de evitar la guerra, o al menos de evitar sus efectos. Finalmente, se ha visto que este proyecto no ha sabido evitar la guerra. 

¿Seguimos pues prisioneros de nuestro etnocentrismo? ¿En la medida en que las cosas ocurren más lejos de nosotros más próximas están del infierno?

Esto se estudia en los conflictos. Desde siempre, de un modo u otro y quizás desde un visión neo-colonial, hemos pensado que la guerra es cuestión de otros, bárbaros, que no saben evitarla, que no tienen remedio… Con un complejo de seguridad, percibimos que haya guerras en otros lugares, pues es lo que ha habido y lo que hay, y lo aceptamos o toleramos. Por esa sensación de lejanía, por falta de empatía, de compartir menos aspectos identitarios y de supremacismo, asociamos la guerra a los “bárbaros”. Pero ahora, que la guerra es entre blancos, rubios y con los ojos azules, la cosa cambia.

 Esto ha ocurrido siempre y puede ser una explicación del porqué en esta guerra se han podido tomar unas decisiones y no otras. Pero la explicación es más compleja. Esta es una parte más de percepción cultural, pero en una guerra como la de Ucrania no es casual, no ha venido sin más, ni por sorpresa. No es solo cuestión de una parte, el Gobierno ruso, que ha decidido hacer algo, totalmente rechazable obviamente, y que estamos reaccionando a ello, sino que tenemos que ser conscientes de que lo que ha ocurrido ahora es algo que no se debía haber dejado que ocurra. 

¿Forma parte esta guerra, como casi todas las contemporáneas, de lo que se denominan “fases bélicas del capitalismo”; es decir, enfrentamientos armados entre intereses en conflicto?

En una clase, hablábamos hace poco de la guerra en Ucrania y de cómo se había construido todo un relato rápidamente, cosa que hacía sospechar de que había quién desde un inicio sabía que iba para largo. Se empezó utilizando todo aquello necesario para explicar “la guerra justa”. Cosa que implica que se lucha por algo que vale la pena, que hay que pelear para conseguir algo bueno, que se trata del bien contra el mal… También aquí, en España, en boca de dirigentes políticos, hemos podido oír que se trataba de una la lucha por la libertad, por la democracia, por la defensa de nuestros valores, etc. Es decir, se le intentó dar un componente necesario, para justificar luego lo que iba a pasar. La guerra, que nadie quiere, entre personas normales y corrientes, necesita una gran preparación para asumirla como necesaria. 

Soy hijo de la guerra de Vietnam, que originó un gran debate. Ahora, con la guerra de Ucrania, no hay lugar para la disensión…

La guerra de Vietnam fue el conflicto en el que EE.UU. y todos los gobiernos del mundo han aprendido de los errores que se cometieron, desde el punto de vista de la comunicación política. En Vietnam es la ultima guerra de la que hay imágenes terribles, con efectos incontestables. Viéndolas, cualquiera puede pedir que pare esto. A partir de entonces, en ninguna otra guerra, en la que han estado EE.UU., Europa, la OTAN, incluso Rusia, se facilita el acceso a las imágenes. 

En las guerras de Irak, Afganistán… es prácticamente imposible ver imágenes del sufrimiento humano causado por el Ejército. Hemos llegado a un punto de sofisticación de la comunicación, incluso en un conflicto armado, que resulta insuperable a nivel de manipulación, y de conseguir tener solo una visión de las cosas. Esto ha ocurrido en Ucrania, de manera muy rápida y, en consecuencia, resulta muy difícil situarse en contra.

Sabíamos muy poco de Ucrania y a este paso sabremos aún menos ¿No tiene la guerra de Ucrania visos de guerra civil, si no entre hermanos, al menos entre primos o parientes algo más lejanos?

Carecemos de información y no se explica qué es lo que está ocurriendo en Ucrania, que es un conflicto muy complejo. La mitad de la población de Ucrania o más tiene familiares rusos. Existen vínculos muy profundos, que podían hacer pensar que el gobierno ruso, liderado por Putin, fuera incapaz de utilizar la violencia al nivel que lo está haciendo, con una ofensiva militar que no parece precisamente orientada a conseguir el apoyo de la población local. En cualquier caso, no me atrevo a pensar que pueda entenderse como una guerra civil. Si se explicara con una claridad necesaria a qué responde este conflicto y no hubiera otros intereses detrás, como se explican otros, probablemente sería imposible justificar la participación de Europa, la OTAN o EE.UU. (que es quien está realmente implicado) en él. 

¿La OTAN, que sobrevivió al Pacto de Varsovia, y que Trump pareció obviarla, reaparece ahora con todos los atributos de los muertos vivientes?

Esta es una de las claves, el dejar en manos de una organización militar como la OTAN las cuestiones de seguridad. La seguridad de Europa en manos de una organización militar, creada y liderada, sin contestación, por EE.UU. La OTAN, hay que decirlo claramente, es una herramienta para ampliar el poder militar de EE.UU. en el mundo. Sin más. Esto, con el tiempo, se nos ha olvidado. Hace lo que toda buena organización militar hace: aprovechar las debilidades del enemigo para seguir avanzando. Eso es lo que ha hecho en todos estos años. Ha aprovechado los momentos de debilidad rusos para ir acercándose y ganándole terreno. La OTAN no ha dejado de hacer lo que sabe hacer. 

¿Todo ello a beneficio del desarrollo armamentístico?

Tenemos que saber que esto no ha sido nunca diferente. Ahora, lo que no nos explican es que Europa es al menos corresponsable de lo que está ocurriendo en Ucrania. Era evidente la estrategia de cerco a Rusia, y no olvidemos que la OTAN era una manera de expansión de EE.UU. en el Atlántico y en el Mediterráneo. Presencia militar que es también enorme en el Pacífico. Aunque esto no justifica ni de lejos la intervención de Rusia en Ucrania, hay que reconocer que Putin lo tiene bastante fácil cuando hace valer que está haciendo frente a un acoso. Todo lo cual, claro, apelando al ultranacionalismo. Esta claro que, en un contexto de shock de seguridad, nada tiene de extraño que se intenten aumentar los gastos militares: ayudas a las empresas armamentísticas, programas de compras de armas conjuntas en la UE… Todo en la idea de acelerar la llegada a ese 2% del presupuesto dedicado a defensa en cada país. Mensaje de marketing que alguien se inventó en una cumbre de la OTAN, y que no responde a ninguna necesidad. 

Después del susto de Trump, se depositaron en Biden esperanzas de cambio a mejor en el mundo ¿De algún modo, se están cumpliendo, o todo lo contrario?

Es curioso, pero parece que EE.UU. sabía lo que iba a ocurrir desde antes de que pasara lo que está ocurriendo en Ucrania. La gente no estábamos escuchando el mensaje de lo que venía. En definitiva, las guerras de este calado no son tan diferentes en uno u otro momento. Entre los economistas, al analizar las guerras siempre se acaban encontrando las razones relacionadas con la codicia y el poder. Dentro de 20 años, cuando veamos quién ha ganado, quién ha mejorado sus posiciones estratégicas y económicas, entenderemos algo más del porqué ha pasado todo esto."


(Entrevista a Jordi Calvo. Economista. Coordinador e investigador del Centre Delàs d’Estudis per la Pau. Profesor sobre conflictos armados y relaciones internacionales en varias Universidades. Miembro de la Junta del International Peace Bureau. Entre sus publicaciones, “Gasto militar y seguridad global”. Peru Erroteta, elTriangle, 31/07/22)

3/5/22

Noam Chomsky: “Arrecian las guerras de propaganda mientras se extiende la guerra de Rusia contra Ucrania”

 "Desde la Primera Guerra Mundial, la propaganda ha desempeñado un papel crucial en la guerra. La propaganda se utiliza para aumentar el apoyo al conflicto entre los ciudadanos de la nación que libra la guerra. Los gobiernos nacionales también utilizan campañas de propaganda específicas en un intento de influir en la opinión pública y en el comportamiento de los países con los que están en guerra, así como para influir en la opinión internacional. Esencialmente, la propaganda, ya sea que se difunda a través de medios de comunicación controlados por el Estado o privados, tiene que ver con técnicas de manipulación de la opinión pública basadas en información incompleta o errónea, en mentiras y engaños. Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto los nazis como los aliados invirtieron mucho en operaciones de propaganda como parte del esfuerzo general de cada bando por ganar la guerra.

La guerra en Ucrania no es diferente. Tanto los dirigentes rusos como los ucranianos han emprendido una campaña de difusión sistemática de información bélica que puede calificarse fácilmente de propaganda. Otras partes con intereses en el conflicto, como los Estados Unidos y China, también participan en operaciones de propaganda, que funcionan a la par que su aparente falta de interés en los esfuerzos diplomáticos para poner fin a la guerra.

En la siguiente entrevista, realizada por su fiel colaborador, C. J. Polychroniou, Noam Chomsky, destacada personalidad académica y disidente, que elaboró, junto a Edward Herman, el concepto de “modelo de propaganda”, analiza la cuestión de quién va ganando la guerra de propaganda en Ucrania. Además, discute de qué modo los medios sociales configuran la realidad política hoy en día, analiza si el "modelo de propaganda" todavía funciona, y disecciona el papel del uso del "whataboutism" [la falacia del “tu quoque” o “y tú más”]. Por último, comparte su opinión sobre el caso de Julian Assange y lo que revela sobre los principios democráticos nortemericanos su ya casi segura extradición a los Estados Unidos, por haber cometido el "delito" de divulgar información pública sobre las guerras de Afganistán e Irak.

La propaganda en tiempos de guerra se ha convertido en el mundo moderno en un arma poderosa para ganarse el apoyo de la opinion pública a la guerra y proporcionar una justificación moral para la misma, destacando por lo general la "malvada" naturaleza del enemigo. También se utiliza para acabar con la voluntad de lucha de las fuerzas enemigas. En el caso de la invasión rusa de Ucrania, parece que la propaganda del Kremlin está funcionando hasta ahora dentro de Rusia y que domina las redes sociales chinas, pero da la impression de que Ucrania va ganando la guerra de la información en el ámbito mundial, especialmente en Occidente. ¿Está usted de acuerdo con esta valoración? ¿Hay alguna mentira o mito bélico importante en torno al conflicto entre Rusia y Ucrania que valga la pena señalar?

La propaganda en tiempos de guerra lleva constituyendo un arma poderosa desde hace mucho tiempo, sospecho que desde lo que podemos rastrear en los anales de la historia. Y a menudo supone un arma con consecuencias a largo plazo, que merecen atención y reflexión.

Sólo por ceñirnos a tiempos modernos, el acorazado norteamericano Maine se hundió en el puerto de La Habana en 1898, probablemente a causa de una explosión interna. La prensa de Hearst consiguió despertar una ola de histeria popular sobre la maligna naturaleza de España. Con ello se proporcionó el trasfondo necesario para una invasión de Cuba que aquí denominamos "liberación de Cuba". O, tal como debería llamarse, la prevención de la liberación por si misma de Cuba respecto a España, lo cual convirtió a Cuba virtualmente en una colonia norteamericana. Así permaneció hasta 1959, cuando Cuba se vio efectivamente liberada, y los Estados Unidos, casi de inmediato, emprendieron una despiadada campaña de terror y sanciones para acabar con el "exitoso desafío" de Cuba a la política de 150 años de los Estados Unidos consistente en dominar el hemisferio, como explicó el Departamento de Estado hace 50 años.

La creación de mitos bélicos puede tener consecuencias a largo plazo.

Unos años después, en 1916, fue elegido presidente Woodrow Wilson con el lema "Paz sin Victoria", que rápidamente se transmutó en Victoria sin Paz. Una avalancha de mitos bélicos convirtió rápidamente a una población pacifista en una población consumida por el odio a todo lo alemán. Al principio, la propaganda provenía del Ministerio de Información británico; ya sabemos lo que eso significa. Los intelectuales norteamericanos del círculo liberal de Dewey la absorbieron con entusiasmo, declarándose líderes de la campaña de liberación del mundo. Por primera vez en la historia, explicaron con sobriedad, la guerra no la iniciaron las élites militares o políticas, sino los intelectuales reflexivos -ellos- que habían estudiado cuidadosamente la situación y, tras una cuidadosa deliberación, determinaron racionalmente el rumbo de acción correcto: entrar en la guerra para llevar la libertad y el bienestar al mundo, y acabar con las atrocidades de los “hunos” urdidas por el Ministerio de Información británico.

Una de las consecuencias de las muy efectivas campañas de Odio a Alemania fue la imposición de una paz de los vencedores, que reservó un duro trato a la Alemania derrotada. Hubo quienes se opusieron firmemente, sobre todo John Maynard Keynes. Se les ignoró. Gracias a eso tuvimos a Hitler.

En una entrevista anterior hablábamos de cómo el embajador Chas Freeman comparó el acuerdo de posguerra de Odio de Alemania con un triunfo del arte de gobernar (no con gente agradable): el Congreso de Viena de 1815. El Congreso trató de establecer un orden europeo después de que se hubiera superado el intento de Napoleón de conquistar Europa. Con buen criterio, el Congreso incorporó a la Francia derrotada. Y esto condujo a un siglo de relativa paz en Europa.

Se pueden sacar algunas lecciones.

Para no verse rebasado por los británicos, el presidente Wilson creó su propia agencia de propaganda, el Comité de Información Pública (la Comisión Creel), que desempeñó sus propios servicios.

Estos ejercicios también tuvieron efecto a largo plazo. Entre los miembros de la Comisión se encontraban Walter Lippmann, que llegó a ser el principal intelectual público del siglo XX, y Edward Bernays, que se convirtió en uno de los fundadores primordiales de la moderna industria de relaciones públicas, de la principal agencia de propaganda del mundo, dedicada a socavar los mercados creando consumidores desinformados que toman decisiones irracionales, lo contrario de lo que se aprende sobre los mercados en primero de Económicas. Al estimular el consumismo desenfrenado, la industria también está llevando al mundo al desastre, pero eso es otra cuestión.

Tanto Lippmann como Bernays atribuyeron a la Comisión Creel la demostración del poder de la propaganda en la "fabricación de consentimiento" (Lippmann) y la "ingeniería del consentimiento" (Bernays). Este "nuevo arte en la práctica de la democracia", explicaba Lippmann, podía utilizarse para mantener a aquellas "personas ajenas ignorantes y entrometidos forasteros" -el público en general- pasivos y obedientes mientras los autodenominados "hombres responsables" se ocupaban de los asuntos importantes, libres del "atropello y el clamor de un rebaño desconcertado." Bernays expresó opiniones similares. No estaban solos.

Lippmann y Bernays eran liberales de Wilson-Roosevelt-Kennedy. La concepción de la democracia que elaboraron coincidía con las concepciones liberales dominantes, las de entonces y desde entonces.

Las ideas se extienden ampliamente a las sociedades más libres, en las que "las ideas impopulares pueden suprimirse sin el uso de la fuerza", tal y como expuso el asunto George Orwell en su introducción (no publicada) a Rebelión en la granja sobre la "censura literaria" en Inglaterra.

Y así continúa. Sobre todo en las sociedades más libres, en las que los medios de violencia estatal se han visto limitados por el activismo popular, resulta de gran importancia idear métodos para fabricar consentimiento, y asegurarse de que se interiorizan, volviéndose tan invisibles como el aire que respiramos, especialmente en círculos instruidos y elocuentes. La imposición de mitos bélicos es una característica habitual de estos empeños.

A menudo funciona, de forma bastante espectacular. En la Rusia de hoy, según las crónicas, una gran mayoría acepta la doctrina de que, en Ucrania, Rusia se está defendiendo de un ataque nazi que recuerda a la Segunda Guerra Mundial, cuando Ucrania estaba, de hecho, colaborando en la agresión que estuvo a punto de destruir a Rusia al tiempo que se cobraba un precio horrible.

La propaganda es tan disparatada como los mitos de la guerra en general, pero al igual que otras, se basa en retazos de verdad y, al parecer, ha sido eficaz a nivel nacional para fabricar consentimiento.

No podemos estar realmente seguros debido a la rígida censura ahora en vigor, un sello de la cultura política estadounidense desde hace mucho tiempo: hay que proteger al "rebaño desconcertado" de las "ideas equivocadas". En consecuencia, hay que "proteger" a los norteamericanos de una propaganda que, según se nos dice, es tan ridícula que sólo aquellos que tienen el cerebro completamente lavado podrían evitar reírse.

De acuerdo con este punto de vista, para castigar a Vladimir Putin todo el material proveniente de Rusia debe ser rigurosamente prohibido a los oídos estadounidenses. Eso incluye el trabajo de destacados periodistas y comentaristas políticos estadounidenses, como Chris Hedges, cuyo largo historial de valiente periodismo incluye su servicio como jefe de la oficina de Oriente Medio y los Balcanes del New York Times, y sus astutos y perspicaces comentarios desde entonces. Hay que proteger a los norteamericanos de su maligna influencia, porque sus crónicas aparecen en RT. Ahora han sido eliminadas. Los estadounidenses se han "salvado" de leerlas.

Chúpese esa, señor Putin.

Como era de esperar en una sociedad libre, es posible, con cierto esfuerzo, aprender algo sobre la postura oficial de Rusia en relación a la guerra, o, tal como la denomima Rusia, la "operación militar especial". Gracias, por ejemplo, a la India, donde el ministro de Asuntos Exteriores, Sergey Lavrov, mantuvo una larga entrevista con la televisión India Today el 19 de abril.

Constantemente somos testigos de los instructivos efectos de este rígido adoctrinamiento. Uno de ellos es que es de rigor referirse a la agresión criminal de Putin contra Ucrania como su "invasión no provocada de Ucrania". La búsqueda de esta frase en Google arroja unos "2.430.000 resultados" (en 0,42 segundos).

Por curiosidad, podríamos buscar "invasión no provocada de Irak". La búsqueda arroja "Unos 11.700 resultados" (en 0,35 segundos), aparentemente de fuentes contrarias a la guerra, según sugiere una breve búsqueda.

El ejemplo es interesante no sólo por sí mismo, sino por su fuerte inversión de los hechos. La guerra de Irak no fue provocada en absoluto: Dick Cheney y Donald Rumsfeld tuvieron que esforzarse mucho, incluso recurrir a la tortura, para tratar de encontrar alguna partícula de evidencia que vinculara a Saddam Hussein con Al Qaeda. La famosa desaparición de las armas de destrucción masiva no habría sido una provocación para la agresión, aunque hubiera habido alguna razón para creer que existían.

Por el contrario, la invasión rusa de Ucrania fue definitivamente provocada, aunque en el actual clima es necesario añadir el tópico de que la provocación no proporciona justificación alguna para la invasión.

Una serie de diplomáticos y analistas políticos norteamericanos de alto nivel llevan 30 años advirtiendo a Washington de que era imprudente e innecesariamente provocador ignorar las preocupaciones de seguridad de Rusia, en particular sus líneas rojas: la no adhesión a la OTAN de Georgia y Ucrania, en el corazón geoestratégico de Rusia.

Con plena comprensión de lo que llevaba haciendo desde 2014, la OTAN (lo que quiere decir, básicamente, los Estados Unidos), ha "proporcionado un apoyo significativo [a Ucrania] con equipos, con entrenamiento, se han entrenado decenas de miles de soldados ucranianos, y luego, cuando vimos los datos de inteligencia que indicaban una muy probable invasión, los aliados se apuraron el pasado otoño y este invierno", antes de la invasión, de acuerdo con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

El compromiso de los Estados Unidos de integrar a Ucrania en el mando de la OTAN también se intensificó en otoño de 2021 con las declaraciones políticas oficiales que ya hemos comentado, ocultadas al rebaño desconcertado por la "prensa libre", pero seguramente leídas con atención por la inteligencia rusa. No hubo que informar a la inteligencia rusa de que "antes de la invasión rusa de Ucrania, Estados Unidos no hizo ningún esfuerzo por abordar una de las principales preocupaciones de seguridad formuladas más a menudo por Vladimir Putin: la posibilidad de que Ucrania se incorporase a la OTAN", tal como reconoció el Departamento de Estado, algo que se difundió poco por estos pagos.

Sin entrar en más detalles, la invasión de Ucrania por parte de Putin fue claramente provocada, mientras que la invasión de Irak por parte de Estados Unidos fue claramente no provocada. Eso es exactamente lo contrario de los comentarios e informaciones habituales. Pero también es exactamente la norma de la propaganda bélica, no sólo en Estados Unidos, aunque resulta más instructivo observar el proceso en las sociedades libres.

Muchos consideran que es un error sacar a relucir estos asuntos, incluso una forma de propaganda favorable a Putin: deberíamos, más bien, centrarnos como un láser en los continuos crímenes de Rusia. Contrariamente a lo que creen, esa postura no ayuda a los ucranianos. Les perjudica. Si se nos prohíbe, por dictado, aprender sobre nosotros mismos, no podremos desarrollar medidas políticas que beneficien a otros, y entre ellos a los ucranianos. Esto parece algo elemental.

Un análisis más profundo arroja muchos otros ejemplos instructivos. Debatimos las alabanzas del profesor de Derecho de Harvard Lawrence Tribe a la decisión del presidente George W. Bush en 2003 de "ayudar al pueblo iraquí" confiscando "los fondos iraquíes depositados en los bancos estadounidenses", y, de paso, invadiendo y destruyendo el país, algo demasiado poco importante como para mencionarlo. Dicho con mayor detalle, se incautaron los fondos "para ayudar al pueblo iraquí y compensar a las víctimas del terrorismo", algo de lo cual el pueblo iraquí no tenía ninguna responsabilidad.

No seguimos preguntando cómo se iba a ayudar al pueblo iraquí. Es razonable suponer que no se trata de una compensación por el "genocidio" de los Estados Unidos en Irak antes de la invasión.

"Genocidio" no es término mío. Es, antes bien, el término utilizado por los distinguidos diplomáticos internacionales que administraron el "Programa petróleo por alimentos", el lado blando de las sanciones del presidente Bill Clinton (técnicamente, a través de la ONU). El primero, Denis Halliday, dimitió en protesta porque consideraba "genocidas" las sanciones. Le substituyó Hans von Sponeck, que no sólo dimitió en protesta con la misma acusación, sino que también escribió un libro muy importante en el que ofrece amplios detalles de las espeluznantes torturas causadas a los iraquíes por las sanciones de Clinton, A Different Kind of War.

Los estadounidenses no se encuentran totalmente protegidos de estas desagradables revelaciones. Aunque el libro de von Sponeck nunca fue objeto de reseñas, hasta donde puedo determinar, lo puede comprar en Amazon (por 95 dólares) cualquiera que haya oído hablar de él. Y la pequeña editorial que publicó la edición en inglés pudo incluso reunir dos notas editoriales: la de John Pilger y la mía, convenientemente alejadas de la corriente dominante.

Hay, por supuesto, una avalancha de comentarios sobre el "genocidio". De acuerdo con los criterios que se emplean, los Estados Unidos y sus aliados son culpables de esa acusación una y otra vez, pero la censura voluntaria impide que se reconozca esto, del mismo modo que protege a los norteamericanos de las encuestas internacionales de Gallup que muestran que a los Estados Unidos se les considera, con diferencia, la mayor amenaza para la paz mundial, o que la opinión pública mundial se opuso de forma abrumadora a la invasión de Afganistán por parte de Estados Unidos (también "no provocada", si prestamos atención), y otras informaciones improcedentes.

No creo que haya "mentiras significativas" en los reportajes de guerra. Los medios de comunicación norteamericanos están haciendo en general un trabajo muy meritorio a la hora de informar sobre los crímenes rusos en Ucrania. Esto tiene su valor, igual que lo tiene que se estén llevando a cabo investigaciones internacionales para preparar posibles juicios por crímenes de guerra.

Ese patrón también es normal. Somos muy escrupulosos a la hora de desvelar detalles sobre los crímenes de los demás. Sin duda, a veces hay invenciones, que en ocasiones llegan al nivel de la comedia, asuntos que el difunto Edward Herman y yo documentamos con gran detalle. Pero cuando los crímenes del enemigo se pueden observar directamente, sobre el terreno, los periodistas suelen hacer un buen trabajo informando y exponiéndolos. Y se profundiza en ellos a través de estudios e investigaciones exhaustivas.

Como ya hemos comentado, en las muy raras ocasiones en que los crímenes norteamericanos son tan flagrantes que no se pueden desestimar o ignorar, también se puede informar de ellos, pero de tal manera que se ocultan crímenes mucho más importantes de los que son una pequeña nota a pie de página. La matanza de My Lai [en Vietnam], por ejemplo.

En cuanto a que Ucrania vaya ganando la guerra de la información, la calificación "en Occidente" es precisa. Estados Unidos ha sido siempre entusiasta y riguroso a la hora de denunciar los crímenes de sus enemigos, y en el caso actual, Europa le sigue la corriente. Pero fuera de los Estados Unidos-Europa, el panorama es más ambiguo. En el Sur Global, donde vive la mayor parte de la población mundial, se denuncia la invasión, pero no se adopta acríticamente el marco propagandístico estadounidense, hecho que ha provocado una considerable perplejidad en este país en lo que respecta a las razones por las que están "desfasados".

Eso también resulta muy normal. Las víctimas tradicionales de violencia y represión brutales suelen ver el mundo de forma bastante diferente a la de quienes están acostumbrados a llevar el látigo.

Hasta en Australia se produce cierta insubordinación. En la revista de asuntos internacionales Arena, el director, Simon Cooper, analiza y deplora la rígida censura, así como la intolerancia frente a la más leve disidencia en los medios de comunicación liberales de los Estados Unidos. Concluye, razonablemente, que "esto significa que es casi imposible dentro de la corriente de opinión dominante reconocer simultáneamente las acciones insoportables de Putin y forjar un camino para salir de la guerra que no implique una escalada y una mayor destrucción de Ucrania".

Lo que no supone ayuda alguna a los sufridos ucranianos, por supuesto.

Eso tampoco resulta nada nuevo. Ese ha sido el patrón dominante durante mucho tiempo, y lo fue especialmente durante la Primera Guerra Mundial. Hubo quines no se conformaron simplemente con la ortodoxia establecida después de que Wilson entrara en la guerra. El principal líder obrero del país, Eugene Debs, fue encarcelado por atreverse a sugerir a los trabajadores que debían pensar por sí mismos. Era tan detestado por la administración liberal de Wilson que fue excluido de la amnistía de postguerra de Wilson. En los círculos intelectuales liberales de Dewey, también hubo algunos desobedientes. El más famoso fue Randolph Bourne. No se le encarceló, pero se le prohibió el acceso a revistas liberales para que no pudiera difundir su mensaje subversivo de que "la guerra es la salud del Estado".

Debo mencionar que unos años más tarde, para mérito suyo, el propio Dewey le dio claramente la vuelta a su postura.

Es comprensible que los liberales se sientan especialmente entusiasmados cuando se presenta la oportunidad de condenar los crímenes del enemigo. Por una vez, están del lado del poder. Los crímenes son reales, y pueden así marchar en el desfile que los condena con razón y que se les alabe por su conformidad (bastante adecuada). Eso resulta muy tentador para quienes a veces, aunque sea tímidamente, condenan los crímenes de los que somos corresponsables y, por lo tanto, se ven castigados por su adhesión a principios morales elementales.

¿La difusión de las redes sociales ha hecho más o menos difícil hacerse una idea exacta de la realidad política?

Resulta difícil decirlo. Para mí resulta especialmente difícil decirlo, porque evito las redes sociales y sólo tengo una información limitada. Mi impresión es que se trata de una historia mixta.

Las redes sociales ofrecen la oportunidad de escuchar toda una serie de perspectivas y análisis, y de encontrar información que a menudo no está disponible en la corriente dominante. Por otro lado, no está claro hasta qué punto se aprovechan estas oportunidades. Hay muchos comentarios -confirmados por mi propia y limitada experiencia- que sostienen que muchos tienden a gravitar en burbujas que se refuerzan a sí mismas, y escuchando poco de lo que hay más allá de sus propias creencias y actitudes y, lo que es peor, afianzándolas más firmemente y de maneras más intensas y extremas.

Aparte de eso, las fuentes básicas de noticias siguen siendo más o menos las mismas: la prensa convencional, que tiene reporteros y oficinas sobre el terreno. Internet ofrece la posibilidad de consultar un abanico mucho más amplio de medios de comunicación, pero mi impresión, una vez más, es se aprovechan poco esas posibilidades.

Una consecuencia nefasta de la rápida proliferación de las redes sociales estriba en es el fuerte declive de los medios de comunicación convencionales. No hace tanto tiempo, había muchos medios locales de calidad en Estados Unidos. Pocos tienen siquiera oficinas en Washington, y mucho menos en otros lugares, como tenían muchos no hace tanto tiempo. Durante las guerras de Ronald Reagan en Centroamérica, que alcanzaron extremos de sadismo, algunos de los mejores reportajes los realizaron reporteros del Boston Globe, algunos de ellos amigos personales míos. Todo eso prácticamente ha desaparecido.

La razón fundamental estriba en la dependencia de los anunciantes, una de las maldiciones del sistema capitalista. Los padres fundadores [de los EE.UU.] tenían una visión diferente. Estaban a favor de una prensa verdaderamente independiente y la fomentaron. El Departamento de Correos se creó en gran medida con este propósito, dando acceso barato a una prensa independiente.

En consonancia con el hecho de que se trata, en una medida inusual, una sociedad dirigida por empresas, los Estados Unidos también son inusuales en el sentido de que carecen prácticamente de medios de comunicación públicos: nada como la BBC, por ejemplo. Los esfuerzos por desarrollar medios de comunicación como servicio público -primero en la radio y luego en la televisión- se vieron rechazados por una intensa presión empresarial.

Hay un excelente trabajo académico sobre este tema, que se extiende también a iniciativas activistas serias para superar estas graves infracciones de la democracia, sobre todo por parte de Robert McChesney y Victor Pickard.

Hace casi 35 años, usted y Edward Herman publicaron Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media. El libro introducía el "modelo de propaganda" de la comunicación que opera a través de cinco filtros: la propiedad, la publicidad, la élite mediática, la propaganda y el enemigo común. ¿Ha cambiado la era digital el modelo de "propaganda"? ¿Sigue funcionando?

Desgraciadamente, Edward -el autor principal- ya no está con nosotros. Se le echa mucho de menos. Creo que estaría de acuerdo conmigo en que la era digital no ha cambiado mucho, más allá de lo que acabo de describir. Lo que sobrevive de los medios de comunicación convencionales en una sociedad mayoritariamente empresarial sigue siendo la principal fuente de información y está sujeta a los mismos tipos de presiones que antes.

Ha habido cambios importantes, aparte de los que he mencionado brevemente. Al igual que otras instituciones, hasta en el sector empresarial, los medios de comunicación se han visto influidos por los efectos civilizadores de los movimientos populares de los años 60 y sus consecuencias. Resulta bastante esclarecedor ver lo que se consideraba un comentario y una información adecuados en años anteriores. Muchos periodistas han pasado por estas experiencias liberadoras.

Naturalmente, hay una enorme reacción, que incluye denuncias apasionadas de la cultura "woke" que reconoce que hay seres humanos con derechos, aparte de los hombres blancos cristianos. Desde la "estrategia sureña" de Nixon, los dirigentes del Partido Republicano han comprendido que, dado que no pueden ganar votos con sus políticas económicas al servicio de las grandes fortunas y del poder de las empresas, deben tratar de dirigir la atención hacia "cuestiones culturales": la falsa idea de un "Gran Reemplazo", o las armas, o cualquier cosa que oculte, en efecto, el hecho de que estamos trabajando duro para apuñalarte por la espalda. Donald Trump era un maestro de esta técnica, denominada a veces técnica de "al ladrón, al ladrón": cuando te pillan con la mano en el bolsillo de alguien, gritas "al ladrón, al ladrón" y señalas hacia otro lado.

A pesar de estos esfuerzos, los medios de comunicación han mejorado en este sentido, reflejando los cambios en la sociedad en general. Esto no resulta en absoluto irrelevante.

¿Qué opina del "Y tú más", que está suscitando una gran controversia estos días a causa de la guerra en curso en Ucrania?

También aquí tenemos una larga historia. Al principio de la postguerra [ de la Segunda Guerra Mundial], el pensamiento independiente se le podía silenciar con la acusación de comsymp [simpatías comunistas]: eres un apologeta de los crímenes de Stalin. A veces se condena como macartismo, pero eso no era más que la vulgar punta del iceberg. Lo que ahora se denuncia como "cultura de la cancelación" era rampante y seguía siéndolo.

Esa técnica perdió parte de su poder cuando el país empezó a despertar del sueño dogmático en los años 60. A principios de los 80, Jeane Kirkpatrick, importante intelectual de la política exterior reaganiana, ideó otra técnica: la equivalencia moral. Si revelas y criticas las atrocidades que apoyaba ella en la administración Reagan, eres culpable de "equivalencia moral". Estás afirmando que Reagan no es diferente de Stalin o Hitler. Eso sirvió durante algún tiempo para someter a los disidentes de la línea del partido.

El “Y tú más” constituye una nueva variante, apenas diferente de las que le han precedido.

Para la verdadera mentalidad totalitaria, nada de esto es suficiente. Los líderes del Partido Republicano, se esfuerzan por limpiar las escuelas de cualquier cosa que resulte "divisiva" o que cause "incomodidad". En ello se incluye prácticamente toda la historia, aparte de los lemas patrióticos aprobados por la Comisión 1776 de Trump, o lo que den en idear los dirigentes del Partido Republicano cuando tomen el mando y estén en condiciones de imponer una disciplina más estricta. Hoy vemos numerosas señales de ello, y hay muchas razones para esperar que haya más.

Es importante recordar lo rígidos que han sido los controles doctrinales en EE.UU., acaso un reflejo del hecho de que se trata de una sociedad muy libre en comparación con otras, lo que plantea problemas a los gestores doctrinales, que deben estar siempre atentos a los signos de desviación.

Ahora, después de muchos años, es posible pronunciar la palabra "socialista", que significa moderadamente socialdemócrata. En ese sentido, los Estados Unidos han salido por fin de la compañía de las dictaduras totalitarias. Si nos remontamos 60 años atrás, hasta las palabras "capitalismo" e "imperialismo" eran demasiado radicales como para pronunciarlas. El presidente de Students for a Democratic Society, Paul Potter se armó de valor en 1965 para "nombrar el sistema" en su discurso presidencial, pero no consiguió pronunciar esas palabras.

En los años 60 se produjeron algunos avances, algo que preocupaba profundamente a los liberales estadounidenses, que advertían de una "crisis de la democracia" cuando había demasiados sectores de la población que intentaban entrar en la escena política para defender sus derechos.

Aconsejaron más "moderación en la democracia", una vuelta a la pasividad y a la obediencia, y condenaron a las instituciones responsables del "adoctrinamiento de los jóvenes" por no cumplir con su deber.

Desde entonces se han abierto más las puertas, lo que no hace más que demandar medidas más urgentes para imponer disciplina.

Si los autoritarios del GOP son capaces de destruir la democracia lo suficiente como para establecer un gobierno permanente por parte de una casta nacionalista cristiana y supremacista blanca, sumisa a la riqueza extrema y al poder privado, es probable que disfrutemos de las payasadas de figuras como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, que prohibió el 40% de los textos de matemáticas para niños en Florida debido a "las referencias a la Teoría Crítica de la Raza (CRT), la inclusión de Common Core [niveles educativos básicos comunes] y la adición no solicitada de Aprendizaje Social Emocional (SEL) en matemáticas", según la directiva oficial. Presionado, el estado [de Florida] dio a conocer algunos ejemplos aterradores, como el objetivo educativo que consiste en que: "Los estudiantes desarrollan su competencia de conciencia social a medida que practican la empatía con sus compañeros de clase."

Si el país en su conjunto asciende a las alturas de las aspiraciones del GOP, no será necesario recurrir a artilugios como la "equivalencia moral" y el "Y tú más" para sofocar el pensamiento independiente.

Una última pregunta. Un juez del Reino Unido ha aprobado formalmente la extradición de Julian Assange a EE.UU., a pesar de la profunda preocupación de que tal medida le coloque en riesgo de "graves violaciones de los derechos humanos", tal como advirtió hace un par de años Agnès Callamard, ex relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias. En caso de que Assange se vea efectivamente extraditado a los Estados Unidos, lo que ya es casi seguro, se enfrenta a penas de hasta 175 años de prisión por hacer pública información sobre las guerras de Irak y Afganistán. ¿Puede comentar el caso de Julian Assange, la ley utilizada para procesarlo, lo que su persecución revela sobre la libertad de expresión y el estado de la democracia estadounidense?

Assange ha estado retenido durante años en condiciones que equivalen a tortura. Eso resulta bastante evidente para cualquiera que haya podido visitarle (yo tuve una vez la oprtunidad de hacerlo) y quedó confirmado por el Relator Especial de la ONU sobre Tortura [y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes], Nils Melzer, en mayo de 2019.

Pocos días después, Assange fue imputado por la administración Trump en virtud de la Ley de Espionaje de 1917, la misma ley que empleó el presidente Wilson para encarcelar a Eugene Debs (entre otros crímenes de Estado cometidos utilizando dicha ley).

Dejando a un lado los tejemanejes legalistas, las razones básicas para la tortura y la imputación de Assange cosisten en que cometió un pecado capital: divulgó información a la opinión pública sobre crímenes de Estados Unidos que el gobierno, por supuesto, preferiría ver ocultos. Eso resulta particularmente ofensivo para extremistas autoritarios como Trump y Mike Pompeo, que iniciaron el procesamiento de acuerdo con la Ley de Espionaje.

Sus preocupaciones son comprensibles. Las explicaba hace años el profesor de la Ciencia del Gobierno en Harvard, Samuel Huntington. Observaba que "el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la oscuridad; expuesto a la luz del sol comienza a evaporarse".

Se trata de un principio crucial del arte de gobernar. Se extiende también al poder privado. Por eso la fabricación/ingeniería del consentimiento es una preocupación primordial de los sistemas de poder, estatales y privados.

Esta idea no es nueva. En una de las primeras obras de lo que ahora se llama ciencia política, hace 350 años, su "Primeros Principios de Gobierno", escribió David Hume:

“Nada parece más sorprendente para aquellos que consideran los asuntos humanos con un ojo filosófico, que la facilidad con la que los muchos son gobernados por los pocos; y la sumisión implícita, con la que los hombres renuncian a sus propios sentimientos y pasiones por los de sus gobernantes. Cuando inquiramos por qué medios se realiza esta maravilla, encontraremos que, como la Fuerza está siempre del lado de los gobernados, los gobernantes no tienen nada que los apoye sino la opinión. Por lo tanto, el gobierno se basa únicamente en la opinión; y esta máxima se extiende a los gobiernos más despóticos y militares, así como a los más libres y populares”.

La fuerza está, en efecto, del lado de los gobernados, sobre todo en las sociedades más libres. Y más vale que no se den cuenta, o las estructuras de autoridad ilegítima se desmoronarán, las estatales y las privadas.

Estas ideas se fueron desarrollando a lo largo de los años, sobre todo por parte de Antonio Gramsci. La dictadura de Mussolini comprendió bien la amenaza que representaba. Cuando se le encarceló, el fiscal anunció: "Debemos impedir que este cerebro funcione durante 20 años".

Hemos avanzado considerablemente desde la Italia fascista. La acusación de Trump y Pompeo pretende silenciar a Assange durante 175 años, y los gobiernos de los Estados Unidos y Reino Unido ya han impuesto años de tortura al criminal que se atrevió a exponer al poder a la luz del sol."                      (Noam Chomsky , Sin Permiso, 01/05/22) 

4/12/20

El Sáhara occidental y la vuelta a las armas

 "Hace ya 45 años que España decidió abandonar a su suerte al pueblo saharaui, entregando su antigua posesión colonial a Mauritania (que abandonó el territorio en 1979) y Marruecos, que lo ocupa militarmente desde entonces. Tras 15 años de guerra (1975-1991), el Frente Polisario decidió cambiar las armas por las urnas, confiando en que los nuevos tiempos inaugurados con el fin de la Guerra Fría harían posible la promesa de las Naciones Unidas de organizar un referéndum de autodeterminación en el que los saharauis decidieran el futuro del territorio.

En aquel momento se produjo un duro debate en el seno del movimiento de liberación nacional saharaui entre quienes defendían que había que continuar la guerra, porque la decisión de Hassan II de negociar con quien hasta entonces consideraba una simple organización terrorista, era muestra de un evidente agotamiento, y faltaba poco para que claudicara, y quienes consideraban que había llegado el momento de la paz; que había que confiar en la promesa de la ONU de descolonizar el territorio, tal y como había hecho en las décadas anteriores en la práctica totalidad del continente africano. Finalmente se impuso la opción pacífica, pero, desgraciadamente, el tiempo ha terminado dando la razón a los que apostaban por la guerra.

El Plan de Paz, negociado libremente entre las dos partes y aprobado por el Consejo de Seguridad (1991), preveía la celebración de un referéndum de autodeterminación en un plazo de seis meses, en el que la población podría optar entre la integración del territorio en Marruecos y la independencia. Igualmente preveía que el censo para el referéndum tendría como base el confeccionado por España en 1974, que sería actualizado con pequeños cambios, derivados de los 15 años de conflicto bélico, incluyendo en él a quienes habían llegado a la mayoría de edad y excluyendo a los fallecidos. El hecho de que se previera un plazo tan corto para la celebración del referéndum da una idea de lo limitados que debían ser los cambios a realizar.

Por desgracia para el pueblo saharaui, paralelamente al comienzo del proceso de identificación de votantes, estalló la guerra civil que asoló Argelia durante una década. En ese momento Hassan II intuyó que, si este Estado retiraba su apoyo a los saharauis, podría hacer desaparecer el conflicto de la agenda internacional. Afortunadamente, Argelia nunca ha variado su compromiso con la aplicación del Derecho internacional en el conflicto. Sin embargo, el monarca alauita utilizó el proceso de identificación con el objeto no disimulado de aplazar indefinidamente la celebración del referéndum, consiguiendo que un proceso que debía culminarse en menos de seis meses se alargara una década entera. Finalmente, poco después de que la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) hiciera público el censo (2000), Marruecos comunicó que nunca aceptaría un referéndum de autodeterminación, después de acusar de parcialidad a la ONU.

Los posteriores intentos de resolver el conflicto por una “tercera vía” que admitiera la celebración de un referéndum de autodeterminación, pero que, a su vez, garantizara de alguna forma la victoria marroquí en el mismo, protagonizados en especial por el exsecretario de Estado de los EE UU, James Baker (Planes Baker I y II), y pese a favorecer claramente los intereses marroquíes, fracasaron por la intransigencia de este Estado, que no quería correr ningún “riesgo de perder” el territorio. El propio Baker lo afirmó expresamente cuando, indignado por el obstruccionismo de este Estado, presentó su dimisión.

Desde aquel momento las negociaciones están en punto muerto. Las resoluciones del Consejo de Seguridad exhortan desde entonces “a las partes a que reanuden las negociaciones bajo los auspicios del secretario general sin condiciones previas y de buena fe”, pretendiendo ignorar que, fruto de negociaciones desarrolladas bajo esas mismas premisas, se aprobó hace ya casi tres décadas un plan de paz perfectamente aplicable en la actualidad; que la Minurso ya concluyó con una parte fundamental de su mandato principal, la confección del censo; y que la única razón por la que no se resuelve el conflicto de forma definitiva mediante la aplicación del mencionado plan es el rechazo de una de las partes, Marruecos, y el apoyo incondicional del cómplice necesario, Francia, que veta la posibilidad de que el Consejo de Seguridad imponga a las partes la aplicación de dicho plan.

Es obvio que no se puede negociar con quien no quiere: entre las “condiciones previas” a que se refieren las mencionadas resoluciones está el rechazo expreso de Marruecos a celebrar un referéndum de autodeterminación. A partir de ahí, ¿qué tendría que negociar la parte saharaui?

Las Naciones Unidas han tirado la toalla ante la imposibilidad de resolver el conflicto por la intransigencia de Marruecos y Francia. Es triste tener que reconocer que, como señala la declaración de guerra del Frente Polisario, la ONU se ha convertido en un simple fedatario de la ocupación. La última resolución del Consejo de Seguridad deja poco margen a la duda: apoya “una solución política realista, viable y duradera para la cuestión del Sáhara Occidental basada en la avenencia”. ¿Qué significa “solución política realista”? Es obvio que para la ONU la independencia no es una “solución realista”, por lo que lo que propone es algo muy grave: abandonar el Derecho internacional para conseguir una solución política, que ignore la voluntad del pueblo saharaui.

Por su parte, la Unión Europea negocia con Marruecos la explotación de los recursos naturales del territorio, incumpliendo de esta forma el requisito establecido en febrero de 2018 por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea para que tal explotación sea acorde con el Derecho internacional: que el pueblo saharaui dé su consentimiento a tal explotación. El Frente Polisario, en términos de la Asamblea General de la ONU, “único y legítimo” representante del pueblo saharaui, ha rechazado de plano dar su consentimiento a tales acuerdos. Al concluir estos acuerdos, tal y como señaló el Abogado General en sus conclusiones relativas a los acuerdos de pesca, la UE viola varias de las normas fundamentales del Derecho internacional: el derecho de autodeterminación de los pueblos, la prohibición de reconocer situaciones derivadas del uso de la fuerza (la ocupación militar), la prohibición de contribuir con su comportamiento a la consolidación de tal situación…

 Por lo que respecta a nuestro país, que, de acuerdo con el Derecho internacional y con nuestro propio ordenamiento jurídico (lo afirman dos autos de la Audiencia Nacional de 2014), sigue siendo la potencia administradora del territorio, ha ido variando su posición inicial de tácita defensa del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui del primer gobierno de la democracia, el de la UCD, hasta el actual apoyo a la ocupación y anexión ilegal del territorio por Marruecos. Los representantes de los sucesivos gobiernos españoles, tanto socialistas como populares, han repetido hasta la saciedad las frases huecas de las resoluciones del Consejo de Seguridad (“apoyamos los esfuerzos de las partes para alcanzar una solución mutuamente aceptable…”), mientras han participando activamente en la consolidación de la ocupación del territorio. Cabe recordar que los proyectos de resoluciones que llegan al Consejo de Seguridad emanan del denominado “Grupo de amigos del Sáhara Occidental” (¿del Sáhara Occidental o del conflicto?), una especie de “Consejo de Seguridad para el conflicto saharaui” compuesto por EE UU, Rusia, Francia, Reino Unido y España, que sustituiría así al quinto miembro permanente, China.

Entre quienes mantenemos la esperanza de que el conflicto se resuelva mediante un referéndum de autodeterminación, la llegada de Unidas Podemos al gobierno fue muy bien recibida, porque desde el final de la dictadura el Partido Comunista e Izquierda Unida han venido defendiendo con firmeza esta solución, y porque el propio Pablo Iglesias se había comprometido públicamente a impulsarla, participando incluso en actos de solidaridad con el pueblo saharaui. Pero parece que las cosas se ven de forma muy diferente desde el gobierno. A nadie se le escapa la gravedad de los temas con los que el gobierno marroquí chantajea y extorsiona a España y a Europa. La cooperación en materia de contrabando o terrorismo internacional, Ceuta y Melilla, pero muy especialmente, la inmigración, constituyen argumentos difíciles de gestionar. ¿Es que hay alguna duda de por qué han comenzado a llegar a Canarias, precisamente en estos momentos, miles de inmigrantes en tan solo unas semanas? Marruecos maneja como nadie el grifo de la inmigración ilegal, que abre cada vez que se cuestionan o se pueden llegar a cuestionar sus relaciones con la UE. Pero el pueblo saharaui no puede ser una vez más la moneda de cambio para solucionar los problemas del reino alauita.

En estas circunstancias, ¿qué salida le queda al pueblo saharaui? ¿Seguir esperando otro medio siglo cuando en los campamentos de refugiados argelinos han nacido ya dos generaciones? ¿Abandonar a su triste suerte a quienes sufren en su propia tierra la violenta ocupación marroquí? No seré yo quien defienda la vía de la guerra para resolver el conflicto. Admiro profundamente a quienes, después de haber sufrido desapariciones forzadas de más de dieciséis años, defienden aún la vía pacífica como forma de solución del conflicto. Pero el Frente Polisario es un movimiento de liberación nacional a quien el Derecho internacional le reconoce el derecho al uso de la fuerza frente a la ocupación y dominación coloniales, por lo que si decide retomar efectivamente las armas estará ejerciendo su derecho.

No es especialmente relevante la mayor o menor gravedad de la violación del alto el fuego de Marruecos que ha motivado la declaración de guerra saharaui. Es simplemente la gota que colma el vaso. La fecha de la proclamación del estado de guerra no es pura casualidad: hace 45 años, el 14 de noviembre de 1975, España entregó el territorio a Marruecos y Mauritania a través de los denominados “Acuerdos Tripartitos de Madrid”.

Durante décadas el Frente Polisario ha dado muestras infinitas de paciencia, a veces difíciles de entender para su propio pueblo (recuérdese, por ejemplo, el temple del movimiento saharaui después de los acontecimientos de Gdeim Izik), utilizando todas las vías políticas, diplomáticas y jurídicas imaginables. Lo que le piden la ONU, la UE y España es que se rinda, que acepte integrarse en Marruecos. Y eso no va a ocurrir. El pueblo saharaui es un pueblo pacífico, ha dado muestras sobradas de ello, pero digno y orgulloso. Si se confirma la vuelta a la guerra, nadie podrá culparle de no haber explotado todas y cada una de las vías posibles para conseguir algo básico que le corresponde por justicia: vivir en paz en su propia tierra."                      (Joan Soroeta, El Salto, 01/12/20)

7/3/16

La destrucción de gran parte del sistema agrícola sirio provocó la guerra

"(...) Hace apenas 15 años no existía el tipo de conflicto que observamos hoy en Medio Oriente. Es consecuencia de la invasión estadunidense a Irak, que es el peor crimen del siglo.

La invasión británica-estadunidense tuvo consecuencias horribles, destruyeron Irak, que ahora está clasificado como el país más infeliz del mundo, porque la invasión se cobró la vida de cientos de miles de personas y generó millones de refugiados, que no fueron acogidos por Estados Unidos y tuvieron que ser recibidos por los países vecinos pobres, a los que se encargó recoger las ruinas de lo que nosotros destruimos. Y lo peor de todo es que instigaron un conflicto entre sunitas y chiítas que no existía antes. (...)

 Uno de los mayores crímenes fue, en su opinión, la destrucción de gran parte del sistema agrícola sirio, que aseguraba la alimentación, lo que condujo a miles de personas a las ciudades, creando tensiones y conflictos que explotan apenas comienza la represión. Una de sus hipótesis más interesantes consiste en cruzar los efectos de las intervenciones armadas del Pentágono con las consecuencias del calentamiento global.

En la guerra en Darfur (Sudán), por ejemplo, convergen los intereses de las potencias con la desertificación que expulsa poblaciones enteras de las zonas agrícolas, lo que agrava y agudiza los conflictos.

 Estas situaciones desembocan en crisis espantosas, como sucede en Siria, donde se registra la mayor sequía de su historia que destruyó gran parte del sistema agrícola, generando desplazamientos, exacerbando tensiones y conflictos, reflexiona.

 Aún no hemos pensado detenidamente, destaca, sobre lo que implica esta negación del calentamiento global y los planes a largo plazo de los republicanos que pretenden acelerarlo: Si el nivel del mar sigue subiendo y se eleva mucho más rápido, se va a tragar países como Bangladesh, afectando a cientos de millones de personas.

Los glaciares del Himalaya se derriten rápidamente poniendo en riesgo el suministro de agua para el sur de Asia. ¿Qué va a pasar con esos miles de millones de personas? Las consecuencias inminentes son horrendas, este es el momento más importante en la historia de la humanidad.

 Chomsky cree que estamos ante un recodo de la historia en el que los seres humanos tenemos que decidir si queremos vivir o morir: “Lo digo literalmente. No vamos a morir todos, pero sí se destruirían las posibilidades de vida digna, y tenemos una organización llamada Partido Republicano que quiere acelerar el calentamiento global No exagero –remata– es exactamente lo que quieren hacer”.

A continuación cita el Boletín de Científicos Atómicos y su Reloj del Apocalipsis, para recordar que los especialistas sostienen que en la Conferencia de París sobre el calentamiento global era imposible conseguir un tratado vinculante, solamente acuerdos voluntarios.

 ¿Por qué? Debido a que los republicanos no lo aceptarían. Han bloqueado la posibilidad de un tratado vinculante que podría haber hecho algo para impedir esta tragedia masiva e inminente, una tragedia como nunca ha existido en la historia de la humanidad. Eso es lo que estamos hablando, no son cosas de importancia menor. (...)" 

( Agustín Fernández Gabard y Raúl Zibechi, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 08/02/16)

26/1/16

Una masacre hace 10.000 años nos habla sobre el origen de la guerra

 

"En verano de 2012, un equipo de paleoantropólogos se encontró en Kenia un escenario que dejaría helado a cualquier forense. Estaban cerca del lago Turkana, una zona clave para entender el origen del género humano, pues allí se hallaron los restos del Homo ergaster, nuestro ancestro. 

Lo que destapó el equipo científico era mucho más reciente, de hace unos 10.000 años. En esa época los Homo sapiens de la zona vivían en sociedades nómadas dedicadas a la caza y la recolección, un pasado anterior a la aparición de las primeras sociedades sedentarias. 

Algunos expertos han idealizado aquella época y a sus protagonistas, que serían buenos salvajes entre los que no existían jefes, jerarquías, violencia. Pero el hallazgo, cuyos detalles se publican hoy en Nature, hacen que el mito se tambalee.

El árido yacimiento de Nataruk estaba entonces a la orilla del lago Turkana, llena de vegetación y grupos humanos. Allí, parcialmente enterrados por la grava, los investigadores se toparon con cráneos y otros huesos saliendo de la tierra. Tras varios años de trabajo han identificado restos de al menos 27 personas. 

Doce de los cadáveres están muy completos y solo dos no muestran signos de violencia, que fue tan intensa que los investigadores creen estar ante un acto de guerra, el más antiguo que se conoce.

Los cadáveres de Nataruk hablan de una “masacre” entre cazadores y recolectores. Varios murieron casi en el acto por heridas letales en el cráneo con flechas y otras armas. A algunos les partieron las rodillas o las manos. Hay cadáveres que conservan aún las puntas de piedra incrustadas en la cabeza, el tórax, las caderas. No se hicieron distinciones, entre los muertos hay hombres, mujeres y niños. 

De hecho, los investigadores han descubierto que una de las mujeres estaba embarazada de unos siete meses. Según sus descubridores, ninguno recibió sepultura. Las razones de esta carnicería son un completo misterio.

La violencia es habitual en muchas sociedades de cazadores y recolectores actuales, desde los bosquimanos de África a los nativos de Papúa Nueva Guinea. En ellos la guerra suele ser a muerte y, en contra del mito del buen salvaje, estos grupos sufren muchas más bajas por violencia que las sociedades industrializadas. Lo que no está claro es si los grupos humanos de hace 10.000 años eran comparables y apenas hay restos prehistóricos de la época que permitan aclararlo.

“Hasta ahora habíamos visto solo señales de violencia sobre individuos, pero lo que estamos viendo ahora es que, al contrario de lo que se asumía, en estas sociedades también había violencia, de hecho, pensamos que lo que estamos viendo aquí es un auténtico campo de batalla tal y como quedó tras el enfrentamiento”, explica José Manuel Maíllo prehistoriador de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y coautor del estudio. 

La primera autora del trabajo es la argentina Marta Mirazón Lahr, que trabaja en la Universidad de Cambridge.

Forasteros

El estudio de los cadáveres ha requerido la participación de un equipo multidisciplinar y su trabajo parece un relato policíaco. Por ejemplo, el caso de los dos muertos sin marcas de violencia, que probablemente fallecieron atados. Uno de ellos es la mujer encinta, hallada en una postura que indica que fue agonizó con las muñecas y tobillos inmovilizados. 

“Solo podemos ver las marcas que quedan en los huesos así que no sabemos si les cortaron el cuello, estos son los únicos que no tienen traumatismos, pero ambos están con las manos juntas, lo que parece una gran casualidad”, explica Maíllo.

Maíllo ha trabajado en el estudio de las puntas de flecha y el resto de herramientas de piedras halladas en Nataruk. Algunos de los proyectiles incrustados en el hueso están hechos de obsidiana, un mineral que no abunda en Turkana, lo que podría indicar que el grupo atacante vino de lejos, explica.

 Pero tal y como están los restos, y sin la posibilidad de haber extraído ADN de los huesos, no se sabe si en este sitio se mataron entre sí los miembros de un mismo grupo o se trató de un ataque de forasteros.

Los investigadores proponen dos posibles interpretaciones. La primera es una agresión por recursos: “territorio, comida, mujeres o niños”, detalla el trabajo. En este caso la “guerra” de Nataruk no sería muy diferente de las incontables otras que vinieron después entre sociedades sedentarias cada vez más grandes y avanzadas.

La segunda posibilidad es que este fuera un comportamiento natural y habitual cuando dos grupos diferentes se encontraban, algo parecido a lo que pasa hoy con los cazadores y recolectores. “En cualquiera de los dos casos, las muertes de Nataruk son testimonio de la antigüedad de la violencia y la guerra entre grupos”, concluye el estudio.


Dudas sobre el significado

Juan José Ibáñez, arqueólogo del CSIC, ha investigado en Siria casos rituales de violencia hace más de 10.000 años. El experto ofrece una opinión independiente del hallazgo. “Encuentro que es un estudio muy interesante y bien realizado, aunque no estoy de acuerdo con la interpretación”, explica. Las pruebas de violencia en la Prehistoria son prácticamente nulas, recuerda.

 La clave aquí es si los cuerpos fueron enterrados, lo que diferenciaría este hallazgo de Jebel Sahaba, en Sudán, donde los muertos sí fueron sepultados. Esto es importante para saber si se trata de una matanza entre grupos rivales o de enfrentamientos más habituales y continuados. 

En opinión de Ibáñez, no hay pruebas suficientes de que en Nataruk no haya tumbas y puede ser que simplemente los restos no se hayan conservado. “Sería muy difícil justificar por qué se conservaron los cadáveres en posición primaria y articulados si quedaron abandonados en superficie, a merced de las alimañas y de los elementos”, resalta. 

“Además, la posición de los cuerpos refleja que estos se depositaron buscando una regularidad, posiciones decúbito supino o prono, piernas flexionadas, extremidades en simetría al eje del cuerpo, que no son compatibles con el abandono de los cuerpos después de una matanza”, destaca.

 “Por tanto”, continúa, “, me parece un hallazgo de suma importancia que refleja que la violencia fue un elemento importante entre los grupos humanos en los inicios del Holoceno, pero utilizar el concepto guerra no queda claramente justificado”."              (

24/9/15

La descomposición de Yugoslavia fué causada por la presión creada por las diferentes transiciones políticas y económicas que estaba experimentando

"(...) Durante los últimos dos años y medio que he vivido en Belgrado he tenido la oportunidad de viajar a través no solo de las fronteras físicas de ese territorio herido, sino también de los relatos con los que sus gentes interpretan la historia que son, finalmente, con los materiales con los que se teje el futuro.

 Si alguien me pudiera resumir esa experiencia en una palabra elegiría esta: desesperanza. Desesperanza por una guerra que no sirvió para nada pues no los hizo más grandes, ni más fuertes, algunos quizás dirán que los hizo más puros (esto a media voz pues no está bien visto) pues cada grupo étnico, cada nacionalidad quedó confinada a los estrictos límites de su territorio, aunque ni siquiera esto es totalmente cierto.

 Desesperanza porque condenó a un país con cierto “prestigio” internacional, pues durante la Guerra Fría fue un modelo alternativo al bloque soviético y al Occidente capitalista, a la irrelevancia mundial.

 En fin, desesperanza porque algunos creyeron —es triste pensar que como lo creyeron los fundadores de Europa, pero ese es otro tema— que era posible ganar la partida a la Historia y crear un Estado multicultural, multiétnico y multiconfesional (o aconfesional) y vieron todos esos sueños y valores mancillados por la fiebre del nacionalismo. Vergüenza porque todo ello se podría haber evitado.

Hace unos meses entrevisté a Dragoljub Micunovic, político serbio fundador del Partido Democrático y miembro activo de la oposición contra Milosevic durante la difícil década de los 90. 

Durante nuestra conversación, este hombre de mirada calma, me contó los preámbulos de la guerra que supuso la descomposición de Yugoslavia: cómo la presión creada por las diferentes transiciones que estaba experimentando el país —políticas y económicas— provocaron a su vez una tensión cada vez más fuerte entre los miembros económicamente más sólidos y el resto de la federación. En esos momentos, a la cabeza de las repúblicas llegaron los líderes que, haciendo uso de la retórica nacionalista, conducirían a Yugoslavia a la cruenta guerra civil. 

Me contó cómo en esos momentos de tensión previos a la declaración de independencia primero de Eslovenia y luego de Croacia que provocarían el efecto dominó que todos conocemos, él había convocado una reunión entre los diversos miembros del partido, líderes de la oposición emergente de cada una de las repúblicas. 

Para su sorpresa la convocatoria fue un éxito y todos, sin excepción, se manifestaron en contra de la disolución de la federación. Más tarde, invitado por el Parlamento Europeo a dar su opinión sobre la situación, él recuerda con una sonrisa amarga que, lo único que retuvieron los dirigentes políticos allí reunidos fue que, si Yugoslavia se descomponía, sería una catástrofe para Europa en términos de refugiados. 

 ¿El error? Yugoslavia fue incapaz de transformarse a tiempo, sus líderes llevados por la inercia no supieron corregir los desequilibrios que acusaban las tensiones y el malestar. “En momentos difíciles, los líderes irresponsables son peligrosos” me dijo como conclusión.

 Stefan Zweig en El mundo de ayer, sin duda uno de los mejores para entender el siglo XX, describe magistralmente el origen y las dinámicas políticas delirantes que tendrían que conducir a las dos guerras mundiales.“El optimismo barato de los profetas sin conciencia (…) El que exponía una duda, entorpecía su actividad política; al que les daba una advertencia, lo escarnecían llamándolo pesimista; al que estaba en contra de una guerra que ellos mismos no sufrían, lo tachaban de traidor”. 

Ello no fue exclusivo de aquella Europa ni de aquellas guerras, se repite constante como un goteo en todos aquellos movimientos que nos quieren convencer que las identidades son excluyentes o, bien al contrario, que los Estados deben ser homogéneos, que hay algo —llamémoslo etnia, religión, nación, lengua— que está por encima del ser humano, por lo que los políticos irresponsable creen su deber sacrificar el bienestar y el futuro de su pueblo…o sus pueblos. (...)"            ( , El País24 SEP 2015)

20/5/14

Las causas del genocidio de Ruanda

"(...) El régimen dictatorial instalado desde 1973 garantizaba que no se iba a producir un vuelco hacia políticas de cambios estructurales progresistas. Y por eso el régimen tenía el apoyo activo de las potencias occidentales: Bélgica, Francia y Suiza.

 Además, podía constituir una muralla respecto a algunos Estados de la región que mantenían todavía veleidades de independencia y de cambios progresistas (Por ejemplo: Tanzania con el presidente progresista Julios Nyerere, quien era uno de los líderes africanos del movimiento de los no-alineados).

Durante la década de 1980 y hasta 1994, Ruanda recibió muchos préstamos, pero la dictadura de Habyarimana se apropiaba de una parte considerable de la misma. Los préstamos concedidos debían servir para mejorar la inserción de la economía ruandesa en la economía mundial, desarrollando sus capacidades de exportación de café, de té y de estaño (sus tres principales productos de exportación), en detrimento de los cultivos destinados a la satisfacción de las necesidades locales. 

El modelo funcionó hasta mediados de los años ochenta, momento en el que los precios, del estaño primero, luego del café, y por último del té, se desplomaron. Ruanda, cuyo café constituía su principal fuente de divisas se vio total y gravemente afectada por la ruptura del cártel del café provocado por Estados Unidos, a comienzos de los años noventa.

Utilización de los préstamos internacionales para preparar el genocidio

Algunas semanas antes del desencadenamiento de la ofensiva del Frente Patriótico Ruandés (FPR) en octubre de 1990, las autoridades ruandesas firmaron con el FMI y el BM en Washington un acuerdo para poner en marcha un programa de ajuste estructural (PAE).

Este PAE se comenzó a aplicar en noviembre de 1990: el franco ruandés se devaluó un 67 %. En contrapartida, el FMI concedía créditos en divisas de desembolso rápido para permitir que el país mantuviera el flujo de las importaciones. Las sumas así prestadas permitían equilibrar la balanza de pagos. El precio de los bienes importados aumentó de manera vertiginosa: por ejemplo, el precio de la gasolina aumentó en un 79 %.

 El producto de la venta en el mercado nacional de los bienes importados permitía al Estado pagar los sueldos a los militares, cuyos efectivos aumentaban velozmente. El PAE preveía una disminución de los gastos públicos: hubo, por supuesto, congelación de salarios y despidos en la función pública pero también transferencia de una parte de los gastos en beneficio del ejército.

Mientras que el precio de los bienes importados aumentaba, el precio de compra del café a los productores estaba congelado, y esto fue exigido por el FMI. En consecuencia la ruina para centenares de miles de pequeños productores de café |2| que, con las capas más empobrecidas de la población, fueron desde entonces un reservorio permanente de reclutas para las milicias Interahamwe y para el ejército.

Entre las medidas impuestas por el BM y el FMI, mediante el PAE, hay que señalar, además del aumento de impuestos al consumo y la reducción de los impuestos a las sociedades, el aumento de los impuestos directos a las familias populares por reducción de las exoneraciones fiscales por familia numerosa, la reducción de las facilidades de crédito a los campesinos, etc.

Para justificar la utilización de los préstamos de la pareja BM/FMI, el BM autorizó a Ruanda a presentar facturas antiguas que cubrían la compra de bienes importados. Este sistema permitió a las autoridades ruandesas financiar la compra masiva de armas para el genocidio.

 Los gastos militares se triplicaron entre 1990 y 1992 |3|. Durante este período, el BM y el FMI enviaron varias misiones de expertos, quienes subrayaron algunos aspectos positivos de la política de austeridad aplicada por Habyarimana, pero, no obstante, amenazaron con cortar los pagos si los gastos militares continuaban creciendo. 

Las autoridades ruandesas pusieron a punto algunos montajes para disimular los gastos militares: los camiones comprados para el ejército se imputaron al ministerio de Transportes, una parte importante de la gasolina utilizada para los vehículos de las milicias y del ejército era imputada al ministerio de Sanidad. 

Finalmente el BM y el FMI cerraron el grifo de la ayuda financiera a comienzos de 1993, pero no denunciaron la existencia de cuentas bancarias que las autoridades ruandesas poseían en el extranjero en grandes bancos y en las que seguían disponibles importantes sumas de dinero para la compra de armas. 

Podemos considerar que el BM y el FMI fallaron en su deber de control sobre la utilización del dinero prestado. Debieron cortar sus préstamos desde comienzos de 1992, cuando supieron que el dinero era utilizado para la compra de armas. En ese momento debieron haber alertado a la ONU.

 Al continuar otorgando préstamos hasta comienzos de 1993, ayudaron a un régimen que preparaba un genocidio. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos habían denunciado desde 1991 unas masacres preparatorias del genocidio. El Banco Mundial y el FMI sistemáticamente ayudaron al régimen dictatorial, aliado de Estados Unidos, de Francia y de Bélgica.

El aumento de las contradicciones sociales

Para que el proyecto genocida pudiera llevarse a cabo no sólo hacía falta un régimen para concebirlo y dotarse de los instrumentos para su realización, sino también la presencia de una masa empobrecida, presta a realizar lo irreparable. En ese país, el 90 % de la población vivía en el campo, y el 20 % de la población campesina disponía de menos de media hectárea por familia.

 Entre 1982 y 1994, se asistió a un proceso masivo de empobrecimiento de la mayoría de la población rural, mientras, en el extremo opuesto de la sociedad, se producía un enriquecimiento impresionante de algunos pocos. Según el profesor Jef Maton, en 1982, el 10 % más rico retenía el 20 % del ingreso rural, en 1992, acaparaba el 41 %, en 1993 el 45 % y a comienzos de 1994 el 51 % |4|.

 El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Bretón Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda. El enorme descontento social fue canalizado por el régimen de Habyarimana hacia la ejecución de un genocidio."               (Eric Toussaint, CADTM, en Rebelión, 15/04/2014)