19/2/20
Planteamiento a favor de una diplomacia mundial en materia de salud
19/10/10
El fundamentealismo religioso... cristiano
Todos los que vivimos en el planeta tenemos, queramos o no, una identidad moderna. El caso es cómo ser modernos sin dejar de ser nosotros mismos" y no aceptarlo lleva al aislamiento de los talibanes o los salafistas.
"La situación en Irán es de esquizofrenia cultural", asegura, evocando el título de uno de sus libros. "En Occidente la religión es privada; en el islam no se da la separación entre el poder espiritual y el temporal. El espacio público está ocupado por la religión, que llegó al poder y se desvirtuó. Para regir un país como Irán, el chiismo se convirtió en ideología frente a otras como el liberalismo o el marxismo, sin estar equipado para ello".
La esquizofrenia no es solo un problema de Irán. "Octavio Paz dice lo mismo de América Latina", aunque "la situación es diferente en un país cristiano, con un idioma occidental como el español".
Se pregunta qué ha hecho que los derechos humanos hayan cuajado en Occidente y no en Asia. Defiende: "Revolución e islam son términos incompatibles, porque la revolución remite a la Ilustración y sus consecuencias y el islam supone la sumisión a Dios".
La necesidad del diálogo de civilizaciones es hoy más urgente que nunca. "Hoy todo se radicaliza: el cristianismo e incluso el hinduismo, que es una religión muy tolerante. El radicalismo del islam contamina todo el mundo".
La ventaja de Europa, sostiene, es que la potencia de las Iglesias ha caducado: "La Iglesia no volverá nunca al poder. El Papa puede clamar contra el preservativo, pero la gente hace lo que quiere y no puede ser sancionada. En Irán, en cambio, una mujer puede ser condenada a la lapidación". Y no quiere ni pensar en lo que hubiera pasado en Afganistán sin el freno al dominio de los talibanes con los que, afirma, "no se puede dialogar". (DARIUS SHAYEGAN: "El cristianismo también se está radicalizando". El País, última, 16/10/2010)
18/2/09
Cosmopolitismo... democrático (sin olvidar las minorías)
Semejante reconocimiento de la diferencia, que no hay que confundir con el multiculturalismo recetado por los Estados nacionales, abre un espacio de posibilidades multidimensional, que, sin embargo, no carece de contradicciones internas. No se trata sólo de superar los abismos entre ricos y pobres, entre norte y sur, entre los nichos de bienestar social y la depauperación.
Hay más. Tampoco se trata sólo de la posibilidad o imposibilidad de un mini Estado social a escala global, un "keysenianismo globalizado", aunque éste siga limitándose a las necesidades elementales. Se trata de mucho más. El realismo cosmopolita tiene que ver con la apertura por abajo y por dentro de las instituciones de base de los Estados nacionales para los desafíos de la época global, y en cómo se lleva a cabo este proceso. Tiene que ver con el trato que reciben las minorías, los extranjeros, los marginados.
Con el problema que plantean los derechos humanos de los distintos grupos tanto en la consolidación como en la reforma de la democracia en el espacio transnacional. Y, sobre todo, con la cuestión de cómo pueden evitarse los estallidos de violencia que surgen de las decepciones y la degradación de las personas.
El realismo cosmopolita une así el respeto por la dignidad de la diferencia cultural con el interés por la supervivencia de cada individuo. La realpolitik cosmopolita, entendida de ese modo, es la siguiente gran idea que cabe ensayar tras las ideas históricamente desgastadas del nacionalismo, el comunismo, el socialismo y el neoliberalismo. Podría hacer posible lo improbable: que la humanidad sobreviva al siglo XXI sin recaer en la barbarie." (ULRICH BECK :La nueva 'realpolitik' es cosmopolita. (El País, ed. Galicia, Opinión, 03/02/2009, p. 23)