"El carácter exponencial de la economía
digital y la naturaleza infinita de su input principal, la información,
han detonado dos nuevas tendencias que están crecientemente conectadas.
Por un lado, el capitalismo necesita cada vez menos contenido de trabajo
productivo; por otro, surgen nuevas actividades socialmente útiles que
ocupan a cada vez más gente funcionando fuera de la lógica mercantil
típica del capitalismo.
Estas lineas pretenden contribuir a la
construcción de un relato que hilvana una nueva noción del progreso
social y del avance de la humanidad a partir de esa íntima conexión.
El capitalismo necesita cada vez menos trabajo productivo
Los estudios que analizan la influencia
tecnológica en el mercado de trabajo han ocupado no solo a grandes
especialistas sino a instituciones de prestigio como el MIT que publicó
un extenso informe sobre el futuro del mercado de trabajo en 2012, la Universidad de Oxford en 2013, en 2014, al Instituto Pew Research
que elaboró una encuesta entre casi 2000 grandes expertos que debían
responder sobre la incidencia estimada del cambio tecnólogico sobre el
empleo neto en el horizonte 2025.
La conclusión dominante de esos trabajos
es que se anticipan, por un lado, una oleada de desempleo que afectará
especialmente a algunos grupos de especialidades cualificadas y, por
otro, a cambios en la división del trabajo hombre-maquina con efectos
profundos sobre el modo de producción, distribución y consumo.
Esas mutaciones se harán visibles en dos
etapas: en la primera, los robots pasarán a convertirse en un objeto de
uso general en muchas actividades, con efectos sustitutivos sobre
efectivos humanos de cualificación media en diversos campos de la
producción, administración, logística, marketing y servicios.
La segunda
etapa se verá afectada por los grandes avances en inteligencia
artificial, que se ha convertido ya en una realidad cotidiana en los
asistentes digitales (tipo Siri de Appel) que están en todos los
teléfonos inteligentes. Cuando alcance su esplendor, podrían dejar de
ser necesarios diversos perfiles de especialistas en áreas de ciencia,
ingeniería y arte.
Los efectos sociales de esas transformaciones viene agudizadas por desarrollarse bajo la hegemonía absoluta del capitalismo financiero. A las desigualdades crecientes entre capital-trabajo se unirá la polarización
entre los diferentes tipos de trabajadores acentuando las diferencias
entre la renta del 20% de profesionales altamente cualificados y el
resto de trabajadores.
Desigualdad y desempleo creciente
parecen ser las señas de identidad de un futuro en el que el sistema
capitalista no solo necesita cada vez menos volumen de trabajo
productivo sino que no es capaz de retribuir con remuneraciones
suficientes al trabajo para garantizar un nivel de vida minimo.
La depresión consecuente del mercado de trabajo
vendrá acompañado con una tendencia creciente a la deflación de
precios, la baja productividad y al bajo crecimiento, con un PIB,
insensible a las inyecciones monetarias que los bancos centrales están
inyectando en la economías desarrolladas.
Se trata de un fenómeno general y
estructural, de largo plazo que permite conectar el descenso de precios y
salarios reales de bienes y servicios y el decreciendo de la cantidad
de trabajo que precisan para ser producidos. Y ello, nos acerca a los
postulados de la economía política clásica que, desde
Adam Smith hasta Marx, conectaban el valor de un bien con la cantidad de
trabajo que incorpora.
Desde esa perspectiva, la tendencia a la
disminución de la necesidad del trabajo humano en el mercado capitalista
ya está operativa, y se comienza a percibir en nuestras sociedades en
la forma de una disminución generalizada del tiempo de trabajo: las
fórmulas de trabajo a tiempo parcial van progresando,
las fronteras entre tiempo de trabajo profesional y tiempo dedicado a
actividades no remuneradas comienzan a difuminarse, las carreras irregulares
combinando periodos de trabajo asalariado o profesional y otras
actividades proliferan.
En otras palabras en la economía digital el
pleno empleo, el de las carreras regulares a cuarenta horas semanales,
se vuelve imposible, especialmente, en un contexto de agotamiento del
modelo de organización neoliberal capitalista iniciado en la década de
los 80.
Crecen las actividades que se articulan al margen del mercado
Todos los economistas que se dedicaron a
la economía política prestaron siempre gran atención a la base
tecnológica del modo de producción. En concreto, Marx en su Fragmento sobre las máquinas, (incluido en los Grundisse)
escribió un par de páginas en las que apunta que la ruta de escape del
capitalismo es el intelecto social.
Así, vislumbró con clarividencia una
situación en la que el capitalismo llegaría a basarse en el
conocimiento, impulsando su carácter social opuesto a las formas
privadas de producción. Un momento en el que “el capital trabaja para su
propia disolución”, en el que el principal factor de producción es la
inteligencia colectiva, y “el desarrollo libre de las individualidades”
trae como resultado la “reducción del trabajo necesario de la sociedad a
un mínimo”.
Ese planteamiento brillantemente rescatadas para la
izquierda por Paul Mason en su Poscapitalismo (Paidos, 2016)
, abre una vía para enjuiciar la transición desde el agotado modelo
actual hasta un modo de producción alternativo que estaría germinando
desde las propias entrañas capitalistas.
Lo cierto es que, junto a la expulsión
gradual de trabajadores del mercado capitalista, han comenzado a surgir
nuevas relaciones de producción informales, facilitadas por el cambio
tecnologico, que caen completamente fuera de la esfera del mercado,
acompañadas de modos de distribución y consumo abiertas, libres, sin
precio.
Pensamos que prefiguran un nuevo modo de producción
que es hijo de la aceleración tecnológica nacida de la digitalización
masiva de los procesos economicos que maneja un volumen de información
que tiende a infinito, la procesa casi instantáneamente, la reproduce de
modo ilimitado y la incorpora a multiples actividades que se nutren
necesariamente de relaciones colaborativas.
Hay productos como Wikipedia,
donde colaboran 75.000 voluntarios organizados en torno a una nueva
jerarquía funcional que han construido la enciclopedia más vasta del
mundo, con costes nulos de capital y trabajo. Se han realizado más de
500 mil millones de correcciones desde su creación, va siendo mejorada
por sus propios usuarios, y es un producto libre, colaborativo y
permanentemente actualizado.
Todo el proceso se construye desde una
lógica no mercantil: se alimenta desde la colaboración de las multitudes
para compartir el saber (o crowd wisdom) y se financia desde el micropatrocinio a través de la aportación de fondos sin contrapartida (o crowdfunding).
No siempre es así. Los nuevos modos
colaborativos a veces se insertan en procesos más complejos en los que
la lógica mercantil termina apareciendo y pugnando por ser dominante. La
rapidez en que se ha cimentado el liderazgo de Android,
el sistema operativo de Google para movil, es su capacidad para crecer y
adaptarse a distintos requerimientos de los fabricantes a partir de un
nucleo Linux de código abierto.
Con sus conflictos, el conjunto de
relaciones que propicia, se alimenta de una red de aplicaciones que
combinan contribuciones universales y compartidas, no mercantiles, con
otras exclusivas, regidas por la lógica del coste y el beneficio
tradicional.
La extensión de los “creative commons”
han sido determinantes en la universalización de las actividades
culturales y creativas que son el cimiento de la nueva economía de los
intangibles. Se trata de licencias copy left en las que el
creador organiza las prioridades de uso de sus obras anteponiendo que se
cite su autoría sobre cualquier otra consideración mercantil asociada
al copy right.
Al poner el foco en la propiedad intelectual,
quitan cualquier sentido transaccional a la reutilización de los
contenidos y facilitan que el trabajo creativo se comparta rápidamente.
En Noviembre de 2014 había ya 880 millones de trabajos estimados dentro
de esta categoría.
Ese altísimo volumen de producción creativa ha creado
nuevos cuellos de botella en las que el control de la distribución
se vuelve a convertir en el elemento determinante para el éxito. Es en
esas fases donde los contenidos creados acaban sucumbiendo a nuevas
plataformas, tipo Spotify, en las que la lógica mercantil se impone y reproduce esquemas que sigue sin retribuir como merece al creador.
Por último, el conjunto de actividades que caen bajo la categoría de “contenido generado por los usuarios”
no solo se limitan a subir a la red blogs, fotos o videos personales,
sino que tambien aportan valores crecientes a los procesos de decisión,
añadiendo, por ejemplo, transparencia y control sobre la calidad de los
servicios de hoteles, restaurantes o servicios; o alimentando los foros
de discusión que resuelven cuestiones que antes atendían los
departamentos comerciales, de atención al cliente y de mantenimiento,
solucionando problemas e incidencias. Son actividades socializadas que
quedan fuera del mercado pero que sustituyen a operaciones internas que
antes realizaban y costeaban todas las empresas.
Dos modos de producción en disputa.
La disputa entre esos modos de producir,
el nuevo regido por pautas colaborativas y abiertas y el viejo regido
por la lógica mercantil, se hace evidente. Aunque la hegemonía de lo mercantil permanece al conseguir apropiarse del plus producto generado bajo los nuevos modos de producción, convirtiendo a estos en modos subalternos,
es evidente que la disputa se generaliza, mucho más cuando la
transformación tecnológica expulsa a cada vez más trabajadores de los
procesos productivos.
La socialización de esos procesos
incorporarían cifras escalofriantes al PIB de los paises si pudieran ser
medidas, pero, al no hacerlo, ocultan un fenómeno de una magnitud nunca
imaginada: todo un nuevo sector en crecimiento, que
viene a unirse a la emergencia de una oleada de nuevas actividades en el
ámbito de la economía social y solidaria y de la innovación social.
Este nuevo sector lo identificamos con el sector postcapitalista de la economía.
Lo que defendemos es que la irrupción de la economía digital está
abriendo las puertas a una transición desde el sistema capitalista a
otro nuevo sistema, que el mercado y el capital van a ir coexistiendo de
modo creciente con un sector que no opera con la lógica del beneficio
ni con la lógica del mercado.
Al igual que ocurrió en la larga y
compleja transición entre el modo feudal y el capitalista, en la que
convivieron lógicas muy diversas durante mucho tiempo, la descomposición
del sistema neoliberal nos muestra ya las entrañas de los modos
post-capitalistas.
Con ello se cierra el círculo: la
expulsión creciente de trabajadores fuera del sistema mercantil se está
viendo acompañada por el crecimiento de actividades que, teniendo
utilidad social, ya no se mueven dentro de la lógica del sistema. Por
una parte, el sistema capitalista construyendo una modernidad ficticia
que desprecia la actividad productiva, expulsa trabajo, aboca a la
desigualdad y se mueve en espasmos de burbuja en burbuja; por otro, el
sistema poscapitalista, creando actividad y empleo en modos que las
estadísticas no son capaces de medir.
Todo se pone patas arriba. La hegemonía de lo mercantil en el sistema productivo no solo se debilita por debajo, en las nuevas formas colaborativas que nacen al margen, sino también por arriba, donde lo financiero le come el espacio de la rentabilidad. La financiarización de la economía,
la obsesión por crear valor financiero al accionista mediante
plusvalías en los mercados, acelera la concentración empresarial y
detrae recursos crecientes al sistema productivo que queda debilitado
también desde la propia lógica mercantil.
El nuevo capitalismo, el
patrocinado por las grandes empresas tecnológicas, queda tambien
subyugado por la obsesión financiera y acelera la construcción de
monopolios, cuyas barreras de entrada se nutren ya de su potencia
financiera, la lentitud de las instituciones para abordar nuevos marcos
regulatorios y en el perfeccionamiento de modos de elusión fiscal
aprovechando los resquicios en el control de los flujos intangibles
internacionales.
La renta básica universal, parte del mismo debate
Es lógico que, en este contexto, aparezca la renta básica universal
como parte de las soluciones. Pero ésta no debería ser enfocada
solamente como una respuesta a las secuelas de pobreza que acarrea la
crisis, sino que tiene un recorrido mucho más largo: es consecuente con
una situación en la que la tecnología va sustituyendo al trabajo
remunerado y el propio capitalismo comienza a expulsar el trabajo
productivo y merma su mercado interno por falta de consumo.
En ese contexto, al sistema no le queda más remedio que aceptar
soluciones del tipo renta de subsistencia, a pesar de operar al margen
de la lógica mercantil que lo contempla como ociosidad alienante y
desincentivadora de la busqueda de empleo.
El reto, por tanto, es conectar su necesidad con nuevos mecanismos de valoración de la utilidad social
de las diferentes actividades que crecen por todos lados al margen de
la lógica de precios y costes. Son los espacios del no-capitalismo, las
consecuencias de las formas crecientes del post-capitalismo que es
necesario impulsar incorporándolas al relato de la transición hacia una
verdadera modernidad." (Ignacio Muro, Miguel Escudero, Economistas frente a la crisis, 21/06/16)
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