"Suiza dijo no a la Renta Mínima Universal.
Lo hicieron en base a la consulta que por primera vez se hacía a nivel
de todo un país sobre la aplicación de una renta básica mínima y
universal de 2.260 euros para cualquier residente en el país helvético.
El 76,8% se negó y el 23% dijo sí. Tienen costumbre a negarse a estas cosas. En 2014 ya rechazaron un salario mínimo de 3.270 euros o dos años antes se negaron a aumentar las vacaciones de 4 a 6 semanas. (...)
Que en un país con un 3% de paro, más técnico que real, dónde la
renta per capita pulveriza esa hipotética renta básica y dónde el salario medio
es de más de 84.000 euros (casi doblándose en apenas 14 años habiendo
tenido incluso inflación negativa en algunos de ellos) parece lógico que
ni se les pase por la cabeza
incidir en un colchón social pues no lo necesitan.
Entonces, ¿de dónde
viene ese debate? Los que defienden que debemos empezar a preguntarnos
acerca de este modelo de protección social lo hacen en base a una
cuestión que muchas veces hemos hablado en este blog: un mundo sin empleo.
Los
suizos llevan tiempo preguntándose sobre este tema a pesar de que no
les afecta de momento ninguno de los elementos que combate una renta
básica. Hace treinta años en las universidades se analizaba esta opción y
a principios de la pasada década empezaron a surgir debates sociales al
respecto, llegando finalmente a la recogida de 130.000 firmas
que obligaban a convocar un referéndum.
El resultado era previsible
pero abre la puerta a un debate mayor, más sereno incluso y al análisis
de un tema que, solicito, no se haga en términos comparativos entre
países pues no sería justo ni nutritivo. De hecho, lo único que realmente nos debería de inspirar es que se convocan referéndums cuando se recogen 100.000 firmas. ¡Que envidia sana!
La renta mínima universal lo será sólo si es universal.
En gran medida muchos suizos votaron ‘no’ el pasado domingo ante el
temor de convertirse en un lugar dónde creciera la inmigración de manera
desmedida, dónde a pesar de no encontrar trabajo, un emigrante pudiera
percibir a medio plazo una compensación por únicamente ‘respirar oxigeno suizo’.
Digamos que el hipotético carácter culto, maduro y responsable de los
suizos estaría también condicionado por un miedo a ser ‘los únicos’. De
momento así hubiera sido en términos estatales.
El debate sobre la Renta Mínima debe situarse en el futuro.
No es un debate para el presente ni para subsanar mediante una especie
de subsidio los dramas actuales en países no tan afortunados como Suiza o
los escandinavos. El liberalismo radical se cura viajando y no soy yo
precisamente alguien sospechoso de estar a favor de subsidios
o ayudas indiscriminadas. Sin embargo, cuando descubres cómo es el
‘sistema público’ en otros países que consideramos ejemplares se te caen
al suelo (los sistemas).
Hoy hablan muchos de la Renta Mínima y
del ‘adulto no’ de una sociedad, la suiza, que no necesita dicha renta
ni nada que se le parezca. Lo comparan con un hipotético referéndum en
otros países (más mediterráneos) y concluyen que el resultado podría ser
distinto porque éstos no mediríamos que una renta así, unos beneficios
sociales así, se deben pagar y los impuestos subirían, etc.
Que no lo
vamos a pensar si nos preguntan, que nos va a dar igual, que sólo vamos a
pensar en que ‘nos irían muy bien esos 2000 euritos ya que hace
meses o años que no los ingreso a final de mes pues no tengo trabajo
hace mucho tiempo’. Por eso digo que esa cuestión deberá hacerse en base a otros elementos técnicos y económicos.
Obviamente esa reflexión, esa pregunta y ejecución de la Renta que en otros lugares ya se ha iniciado,
es difícil ubicarla en el momento actual. La renta mínima universal
será imprescindible en un mundo dónde el empleo será otro, automático, robotizado y dónde la necesidad de la fuerza laboral humana responderá a criterios que ahora no podemos casi ni imaginar.
En apenas 10 o 15 años nuestro mundo será tan distinto que un debate como el suizo hace unas horas se mostrará inapelable, necesario y cuyo resultado será muy distinto con toda seguridad.
En
un mundo sin empleo, por lo menos sin el modo de emplearnos actual,
deberemos responder a unas necesidades sociales, culturales y políticas
muy distintas. El problema es que algunos ya lo están debatiendo y otros ni lo piensan
y si lo piensan es en base a cosas muy antiguas y con las que nada
tiene que ver el futuro del que hablo.
Que en las próximas re-elecciones
este tema ni se va a tratar o si se trata lo será en base al modelo
pasado y no en base a las necesidades futuras es paradigmático.
Hay tres críticas principales que recibe la idea de una Renta Mínima Universal.
Por un lado que es una ‘idea de izquierda radical’
pues supone subsidiar a una sociedad en base a subir impuestos y
repartirlos en términos generales creando ‘drogodependientes’
cloroformizados.
Por otro se considera que una sociedad dónde no es
necesario trabajar para vivir puede alienar a las personas mentalmente y
eliminar el valor del trabajo en la construcción de las personas.
La
tercera es la que considera esta Renta Mínima algo ‘neoliberal’
curiosamente, puesto que una medida así significaría eliminar todas las
ayudas previas y supondría una redistribución de la riqueza hacia
arriba. El dinero que antes se destinaba a personas de clase baja o con
dificultades iría a parar ahora a gente de clase alta generando más
desigualdad. Hay para todos.
Pero lo dicho, el debate no es de
presente. Es de futuro y permite, incluso, una mirada al pasado. Cuando
en el siglo XVIII una máquina de vapor entró en una fábrica eliminando
tres cuartas partes de los puestos de trabajo humano sustituyéndolo por
la fuerza mecánica que hacía lo mismo más rápido, más eficiente y sin
quejas, se inició la primera conquista humana sobre el trabajo: la
jornada laboral razonable.
El ser humano empezó a dejar de
trabajar de sol a sol. Tuvo la opción, porque la tecnología lo permitía,
de reivindicar una jornada más ‘humana’. Eso lo permitió una
máquina. Costó mucho equilibrar tiempo libre, disponibilidad, paro,
tecnología, automatizaciones y cultura empresarial, pero se logró con el
tiempo. A aquella Revolución Industrial sus coetáneos le llamaron Crisis Industrial y en base a eso tomaron medidas que han llegado a nuestro tiempo. Ahora vivimos algo parecido.
La Renta Mínima Universal no es la eliminación del trabajo. De hecho no es una renta mínima para los que no trabajen. Es parte de la transición que como especie debemos hacer y rápido. El trabajo va a ser distinto,
incluso otro concepto. Ya no trabajamos como antes.
Lo hacemos en otros
lugares, de otros modos, con otras obligaciones y otras relaciones. Eso
seguirá mutando y cada vez más rápido. Suiza se preguntó si querían una Renta Mínima Universal, pero no se preguntaron sobre la futura Suiza sin empleo, sin un empleo como el actual. " (Marc Vidal, 07/06/16)
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