27/12/07

La política... post-heroica... es la que nos toca

“Vivimos en un mundo sin épica o, al menos, en el que los relatos épicos han perdido plausibilidad y capacidad de movilizar.

Esto se traduce en el hecho de que la política se ha horizontalizado, es decir, se ha situado en el espacio humano, demasiado humano, sin sublimidad, sin verticalidad, en el que no hay nada protegido absolutamente de la crítica, de la erosión del tiempo y de la creciente complejidad social. La idea del "desencantamiento" ha acompañado al desarrollo de la política en los últimos tiempos. (…)

El final de los héroes es el final de un modelo de orden social que resulta de la aplicación de un saber asegurado, orientado hacia el consenso social y presidido por un liderazgo unificador.

Una consecuencia clara de todo ello es que la confrontación política ha de ser entendida de otra manera. Las irritaciones políticas, como el desorden en cualquier sistema, pueden ser vistas como una oportunidad de aprender. Se trataría de interpretar el espacio político como un lugar donde rige especialmente una cultura de lo provisorio, del ensayo y la discrepancia reconocida. En vez de la actitud que descalifica al adversario político desde una pretendida superioridad, el objetivo de una política postheroica sería desarrollar la disposición de aprender, de autocrítica y exploración de nuevas posibilidades. (…)

La idea de "desmoralizar" la confrontación política, aunque esto parezca paradójico, conduce a una mayor responsabilidad política. El recurso a la ideología y a la ética ha funcionado como una gran disculpa en los tiempos heroicos. El hecho de que las decisiones políticas no puedan justificarse absolutamente a partir de unos principios incontestables implica que hay que responder de ellas de acuerdo con criterios puramente políticos. Ninguna maniobra retórica puede disimular completamente el hecho de que no existe una política correcta per se y, por consiguiente, hay un ámbito de discrepancia legítima de la que no cabe deducir que alguien esté moralmente equivocado cuando no coincide con la mayoría triunfante. (…)

Así pues, las promesas heroicas de un control político sobre la sociedad están obsoletas. ¿Cómo actuar en esa pérdida de seguridad?

Una teoría postheroica de la política no implica una política impotente, pero exige otra manera de entender el poder y transitar hacia una manera de hacer la política más relacional y cooperativa, que no esté pensada sobre la idea de la jerarquía y el control. Será socialmente relevante y sobrevivirá como instancia de configuración social en la medida en que desarrolle una espacial capacidad de observar y aprender. Pero entonces, como advertía Niklas Luhmann, la política debe entender su relación con la sociedad como una relación de aprendizaje y no de enseñanza. La política sirve para que la sociedad reflexione sobre sí misma como totalidad y aprenda a gestionar su incierto futuro colectivo. Nada más y nada menos. (DANIEL INNERARITY: Una política sin héroes. El País, ed. Galicia, Opinión, 26/12/2007, pp. 29)

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