15/1/08

El síndrome del peregrino loco

“El síndrome del peregrino.

Psiquiatras de Burgos presentan en un congreso en Santiago el trastorno mental que sufren algunos de los que hacen el Camino.

Estaba haciendo el camino con otros compañeros de profesión, y fueron éstos los que, al cabo de dos semanas, decidieron llevarla al Complejo Asistencial de Burgos. Su amiga estaba irreconocible, "saturada, fatigada", no les dejaba dormir, tenía paranoias y decía "cosas raras". No paraba de hablar de su transformación mística.

En el servicio de Psiquiatría del centro burgalés, el doctor Jesús de la Gándara le explicó a la paciente que estaba sufriendo el síndrome del Camino de Santiago. Un trastorno temporal semejante al de Stendhal, esa sobredosis de arte definida hace años en Florencia, o al de Jerusalén, un mal que afecta a los que peregrinan hacia los Santos Lugares.

Él y su equipo desecharon primero a los vagabundos que transitan por la vía jacobea y sólo buscan en ella la cama y la comida, y poco a poco fueron depurando una lista de 38 peregrinos que en el ecuador del Camino Francés ya no pudieron dar un paso más y quedaron hospitalizados en su centro.

Según De la Gándara, ninguno era agresivo, pero todos habían experimentado una metamorfosis en su personalidad durante el viaje, hacían imposible su convivencia en el albergue y habían ingresado con "descompensaciones agudas, desórdenes graves de comportamiento, alucinaciones, fatiga, misticismo, delirios y síntomas maníacos". Además, todos se habían repuesto con una breve estancia en el hospital, de en torno a diez días.

El perfil del peregrino afectado por el síndrome es el de un varón (en el 70% de los casos) de unos 40 años y casi nunca extranjero (pese a que los foráneos representan el 50% de los caminantes), que la mitad de las veces cuenta con antecedentes psiquiátricos, o estrés o problemas de adaptación. (…)

"Hacía mucho tiempo que los expertos en el Jacobeo reclamaban un estudio como éste", porque "el Camino de Santiago es un gran manicomio ambulante", concluye Jesús de la Gándara. (El País. Ed. Galicia, Galicia, 27/09/2007, pp. 38)

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