El 26 de agosto de 1987, el médico y profesor universitario Héctor Abad Gómez se acercó con su amigo Leonardo Betancur a una asociación de maestros para velar a una reciente víctima de la violencia de Medellín. Dos jóvenes, "recién peluqueados", se bajaron de una moto. Uno de ellos disparó seis tiros al padre del escritor hasta confirmar que había muerto. El otro persiguió a su amigo, y también lo mató. En uno de los bolsillos de su chaqueta, el médico colombiano llevaba copiado un soneto de Borges. El que empieza así: "Ya somos el olvido que seremos". (…)
Un día de agosto de 1972, el padre de Héctor Abad los llamó a él y a su hermana pequeña, los metió en el coche, dio miles de vueltas laberínticas y paró en un callejón. Les dijo entonces que su hermana Marta, la cuarta de los seis hijos que eran, tenía cáncer de piel. El escritor cuenta que "entonces empezaron cuatro meses de un dolor lacerante". Hasta que murió. Tenía 16 años.
"Es tan grande el dolor por la muerte de una hija con esos años que cualquier reacción es posible. Te puedes deprimir, suicidar, pero yo creo que mi padre decidió ofrecer su propia vida por una causa justa", comenta Abad. "Siempre había criticado la violencia, pero entonces se volcó a luchar contra ella de manera pacífica: marchas de silencio, marchas de pañuelos blancos. Fue injusto con nosotros, los héroes siempre son injustos, porque era consciente de que lo iban a matar, y lo mataron y todo ha sido inútil. La violencia siguió adelante. Pero sólo puedes combatirla con palabras. Contar lo que es. Que quede mal, que sea tan repugnante que, algún día, quienes la practican decidan evitarla al haber comprendido su total repugnancia". (Héctor Abad Faciolince evoca en 'El olvido que seremos' el asesinato de su padre y los años violentos en Colombia, desde la reivindicación de la no venganza; El País, ed. Galicia, Cultura, 01/12/2007, pp. 44)
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