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11/1/23

El 6 de enero fue liberada Ana Belén Montes, una de las principales contraespías estadounidenses. Como empleada de los servicios de inteligencia estadounidenses, transmitió información secreta a las autoridades cubanas con el fin de frustrar operaciones de desestabilización y atentados terroristas contra Cuba. En cierto sentido, estaba librando una «guerra contra el terror», es decir contra el terror de Estado de su propio país

 "Terror de Estado contra Cuba

En 1959 los cubanos lograron construir una revolución socialista en las narices de su todopoderoso vecino. Esto supuso un duro golpe para la mayor superpotencia de la historia. En consecuencia, los sucesivos presidentes estadounidenses hicieron todo lo posible para poner de rodillas a la revolución.

Es bien sabido que Cuba sufre el bloqueo económico más largo de la historia mundial, con consecuencias devastadoras. Menos conocido es que el país también ha estado expuesto a muchas otras agresiones brutales en los últimos 64 años.

En 1961 se produjo la fallida invasión militar de Bahía de Cochinos, en 1976 se derribó un avión de pasajeros, hubo cientos de asesinatos y actos de sabotaje y en la década de 1960 se desató una auténtica guerra bacteriológica contra la isla.

Un total de 3.478 personas cubanas murieron en los numerosos atentados terroristas, más que en el ataque del 11 de septiembre. Además, 2099 personas quedaron discapacitadas de por vida.

Excelente espía

Para armarse contra este terror de Estado varios cubanos, más conocidas como los «Cinco Cubanos», se infiltraron en las redes terroristas de Miami. Se hizo una película sobre esta historia, que se puede ver en Netflix.

Pero Cuba también podría contar con el apoyo de ciudadanos y ciudadanas estadounidenses. Una de ellas es Ana Belén Montes. Sus padres son de Puerto Rico, por lo que tiene la nacionalidad estadounidense.

A mediados de la década de 1980 se incorporó a una agencia de inteligencia clave del Pentágono, la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). Gracias a su excelente trabajo, hizo una carrera relámpago. Su campo de trabajo era Cuba.

Ascendió a uno de los escalones más altos, lo que le dio acceso a casi todo lo que las agencias de inteligencia recopilaban sobre Cuba. También ayudó a redactar los informes finales.

Debido a su rango, fue miembro del supersecreto «Grupo de Trabajo Interinstitucional sobre Cuba», que incluía a analistas clave de agencias federales como la CIA, el Departamento de Estado y la propia Casa Blanca.

Se apreciaba mucho su trabajo, tanto que recibió varios reconocimientos. Entre ellos figuraba el Certificado de Distinción, el tercer galardón nacional más importante para agentes de inteligencia. Debido a sus capacidades, Ana Belén llegó a ser conocida en los círculos de inteligencia como «la Reina de Cuba».

Procedió con extrema cautela. Era muy discreta, no entablaba relaciones y vivía sola en un piso sencillo. Para evitar ser descubierta, nunca se llevaba nada a casa. Memorizó todo y luego transfirió la información a discos duros encriptados, que luego entregó a las autoridades cubanas.

El hecho de que su hermano fuera agente especial del FBI y su hermana analista en el mismo FBI jugó a su favor.

Durante 17 años transmitió información secreta a Cuba, al igual que los Cinco Cubanos, lo que ayudó al país a frustrar innumerables operaciones de desestabilización. También consiguió convencer a los presidentes Bill Clinton y Georges W. Bush de que Cuba no constituía una amenaza militar para Estados Unidos. A consecuencia de ello, puede que evitara una guerra contra Cuba que habría provocado innumerables bajas cubanas. También reveló la identidad de cuatro agentes encubiertos de los servicios de inteligencia estadounidenses que trabajaban en Cuba.

Descubrimiento y condena

En septiembre de 2001, tres años después de que los Cinco Cubanos fueran descubiertos y detenidos, Ana Belén también fue detenida. Ante la falta de pruebas, fue acusada, al igual que los Cinco Cubanos, de «conspiración con el fin de cometer espionaje» para Cuba.

Una semana antes de su detención se enteró de que estaba bajo vigilancia. Pudo haber huido, pero, según sus propias palabras, su compromiso político le hizo considerar «que no podía renunciar a la gente a la que ayudaba.

El jefe de contrainteligencia la consideraba «una de las espías más dañinas que Estados Unidos haya conocido».

En el clima poco después de los ataques del 11 de septiembre, corría peligro de ser condenada a la pena de muerte, por lo que negoció con el tribunal y se declaró culpable. Fue condenada a 25 años de prisión al calificada de «peligro para la nación» y, al igual que Julian Assange, fue trasladada a una prisión especial para delincuentes violentos con problemas psiquiátricos con el objetivo de quebrarla mentalmente.

No podía recibir visitas, excepto de algunos familiares. Su madre nunca pudo visitarla. Vivía en un aislamiento absoluto, no se le permitía hacer llamadas telefónicas, no recibía periódicos ni revistas y no podía ver la televisión.

Motivación

Ana Belén nunca ha recibido dinero de Cuba por su extremadamente peligroso trabajo. Actuó motivada por su creencia en la justicia y la solidaridad con Cuba. Era muy consciente de los grandes riesgos que corría. Al igual que Edward Snowden, es una de los muchos ciudadanos estadounidenses que se oponen a las acciones bárbaras de su gobierno.

En su declaración ante el tribunal podemos leer qué motivo su arriesgada actividad:

«Existe un proverbio italiano que quizás sea el que describe de la mejor forma lo que yo creo: Todo el mundo es un solo país. En ese «país mundial» el principio de amar al prójimo tanto como se ama a uno mismo resulta una guía esencial para las relaciones armoniosas entre todos nuestros «países vecinos”.

Este principio implica tolerancia y entendimiento respecto a las diferentes formas de actuar de los demás. El establece que nosotros tratemos a otras naciones en la forma en que deseamos ser tratados- con respeto y consideración. Es un principio que, desgraciadamente, yo considero nunca hemos aplicado a Cuba.

Señoría, me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí mi conciencia más que obedecer la ley. Yo considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, me consideré moralmente obligada a ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos por imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político.

Nosotros hemos hecho gala de intolerancia y desprecio hacia Cuba durante las últimas cuatro décadas. Nosotros nunca hemos respetado el derecho de Cuba a definir su propio destino, sus propios ideales de igualdad y justicia.

Yo no entiendo como nosotros continuamos tratando de dictar cómo Cuba debe seleccionar sus líderes, quiénes no deben ser sus dirigentes y qué leyes son las más adecuadas para dicha nación. ¿Por qué no les dejamos decidir la forma en que desean conducir sus asuntos internos, como Estados Unidos ha estado haciendo durante más de dos siglos?

Mi forma de responder a nuestra política hacia Cuba quizás no fue la más adecuada moralmente. Es posible que el derecho a existir de Cuba, libre de la coerción política y económica, no justifique el haber entregado a la isla información clasificada para que pudiera defenderse. Yo solamente puedo decir que hice lo que consideré más adecuado para contrarrestar una gran injusticia.

Mi mayor deseo sería ver que surja una relación amistosa entre Estados Unidos y Cuba. Espero que mi caso, en alguna manera, estimule a nuestro gobierno para que abandone su hostilidad en relación con Cuba y trabaje conjuntamente con La Habana, imbuido de un espíritu de tolerancia, respeto mutuo y entendimiento.

Hoy vemos más claro que nunca que la intolerancia y el odio – de individuos o gobiernos- lo único que disemina es dolor y sufrimiento. Yo espero que Estados Unidos desarrolle una política con Cuba fundamentada en el amor al vecino, una política que reconozca que Cuba, como cualquier otra nación, quiere ser tratada con dignidad y no con desprecio.

Una política como esa llevaría nuevamente a nuestro gobierno a estar en armonía con la compasión y la generosidad del pueblo estadounidense. Permitiría a los cubanos y estadounidenses aprender a compartir unos con los otros. Permitiría que Cuba abandone sus medidas defensivas y experimente cambios más fácilmente. Y esto permitiría que los dos vecinos trabajen conjuntamente y con otras naciones para promover la amistad y cooperación en nuestro “país mundial” y en nuestra única “patria mundial”».

De vuelta a Puerto Rico

El 6 de enero de 2023 Ana Belén Montes, de 65 años, fue liberada, Su liberación fue recibida con aplausos en muchos países de América Latina.

Afirmó en un mensaje que vivió «dos décadas bastante agotadoras» y que ahora quiere dedicarse «a una existencia tranquila y privada. Animo a los que desean centrarse en mí a que se centre, en cambio, en temas importantes, como los serios problemas que a los que se enfrenta el pueblo puertorriqueño o el embargo económico de Estados Unidos hacia Cuba», indicó.

Y añadió: «¿Quién en los últimos 60 años ha preguntado al pueblo cubano si quiere que Estados Unidos les imponga un embargo asfixiante que los hace sufrir? También merece atención la apremiante necesidad de cooperación global que detenga y dé marcha atrás a nuestra destrucción de nuestro medio ambiente.

Soy irrelevante como persona. No tengo importancia, mientras que existen problemas graves en nuestro terruño mundial que reclaman atención y una demostración de amor fraternal».                   (Marc Vandepitte  , Rebelión, 10/01/2023)

2/6/22

Está comprobado que la ruina de casi todos –a pesar de que los ricos contaminen mucho más– contribuye a mejorar el medioambiente (desciende el consumo, se emiten menos gases de efecto invernadero), pero eso es, precisamente, lo que debería evitarse para, en su lugar, erigir un ecologismo basado en la justicia social y el bienestar de la ciudadanía, donde el decrecimiento se produzca de forma regulada... un ejemplo entre muchos, el de Cuba... cuando al desaparecer el trato comercial preferente que mantenía la URSS con la isla, el PIB se contrajo en un 33%, principalmente por faltar el petróleo soviético, pero, pese a la gravedad de los hechos, la esperanza de vida no bajó y el cataclismo sirvió de aliciente para convertirse en una de las naciones líderes en agroecología del mundo... A principios de los años 2000, la producción de alimentos era un 21% mayor que antes del Período Especial, y todo ello se había conseguido por vías sostenibles... ahora, con la guerra, no es casualidad que el Reino Unido haya recomendado implementar algunas de las medidas que salvaron a Cuba de la hambruna: producir más fertilizantes naturales y plantar leguminosas

 "Al comenzar la crisis de 2008-2009, una persona de mi entorno cercano se arruinó hasta el punto de sufrir verdaderas penalidades. La empresa de su marido había quebrado y ella sólo podía aportar un salario de esos raquíticos que abundan en España. Cuando, un día, se le rompió la lavadora, se vio a sí misma haciendo lo que jamás había hecho: lavar a mano la ropa de la familia. 

Por suerte, sus compañeras de trabajo se dieron cuenta y decidieron, entre todas, recolectar el dinero suficiente para regalarle otra antes de que los dedos picados por el detergente, junto a la humillación de saberse pobre en un país supuestamente desarrollado, acentuaran aún más su malestar.

Recurro a este ejemplo porque me parece representativo de varios fenómenos: por una parte, la debacle económica, de la que aún no nos hemos recuperado cuando ya se debaten los estragos de otra crisis; por otra parte, las mudanzas forzosas hacia comportamientos benévolos con el medioambiente –lavar a mano, no ocasionado por el «ecologismo» sino por los choques sísmicos del capitalismo–; finalmente, la solidaridad y amistad que permitieron que esa práctica acabase.

 En última instancia, la historia me devuelve los ecos de una probable situación de miseria generalizada que, si no se toman medidas políticas contundentes, terminará por replicarse debido a los estragos de la emergencia climática, la escasez de combustibles fósiles, y la huida hacia adelante que muchos gobiernos se han empeñado en poner en marcha.

Está comprobado que la ruina de casi todos –a pesar de que los ricos contaminen mucho más– contribuye a mejorar el medioambiente (desciende el consumo, se emiten menos gases de efecto invernadero), pero eso es, precisamente, lo que debería evitarse para, en su lugar, erigir un ecologismo basado en la justicia social y el bienestar de la ciudadanía, donde el decrecimiento se produzca de forma regulada. 

 Es perfectamente viable, contamos con el conocimiento y la tecnología como para que no caiga por el abismo de los sueños rotos, sólo hace falta voluntad política y, como en la colecta de la lavadora, empatía y colaboración. Conozco muchas más historias; una de ellas ocurre en Cuba. Rebobinemos.

Fin oficial de la Guerra Fría; la URSS da sus últimos coletazos y, con ellos, desaparece el trato comercial preferente que mantenía con la isla, dando comienzo a lo que los historiadores han llamado el «Periodo Especial», una etapa de escasez tan devastadora que el cubano medio perdió 9 kilos en pocos años. El PIB se contrajo en un 33%, principalmente por faltar la energía fósil soviética, pero, pese a la gravedad de los hechos, la esperanza de vida no bajó y el cataclismo sirvió de aliciente para convertirse en una de las naciones líderes en agroecología del mundo. 

Como no había combustible que hiciese funcionar la maquinaria agrícola, aumentó la población de bueyes; al carecer de fertilizantes químicos, buena parte de la gente se dedicó a nutrir las tierras, tanto en los campos como en las ciudades, con compost y otros abonos naturales, plantando también leguminosas que fijaran el nitrógeno al suelo; ya que los pesticidas brillaban por su ausencia, se asociaron los cultivos de manera que esa combinación detuviese las plagas.

Sostenibles a fuer de pobres

A principios de los años 2000, como demuestra la investigación del doctor en antropología social Emilio Santiago Muiño, la producción de alimentos era un 21% mayor que antes del Período Especial, y todo ello se había conseguido por vías sostenibles. Para más inri, la incidencia de algunas enfermedades cayó en picado porque, al disminuir el transporte propulsado por gasolina, la gente recurrió en masa a la bicicleta. Nada de esto se incentivó bajo el paraguas de la lucha contra el cambio climático; al contrario, fue la necesidad la culpable del giro en el modelo agrario, alimenticio y vital, pero las prácticas prevalecieron y, hoy sí, estas victorias son motivo de orgullo ecologista.

 No es mi intención minimizar la cantidad de sufrimiento que se dio simultáneamente en la isla, ni blanquear un régimen en el que no existe la pluralidad de partidos ni la libertad de expresión; más bien se trata de valorar unos logros ciudadanos que, con ayuda del Estado, sirvieron para mitigar lo que, de otra manera, habría constituido una crisis humanitaria de proporciones inimaginables. Ahora que se culpa indiscriminadamente a la guerra por una urgencia energética y económica multifactorial –la guerra influye, pero no la explica enteramente–, es necesario rescatar tanto los aprendizajes históricos como aquellos saberes tradicionales que ayudan a reducir nuestro uso de combustibles fósiles siendo, además, más respetuosos con la biosfera de la que dependemos.

 No es casualidad que el Reino Unido haya recomendado implementar algunas de las medidas que salvaron a Cuba de la hambruna: producir más fertilizantes naturales y plantar leguminosas. Otras, como la gestión vecinal de los parques públicos para el cultivo de frutas y verduras destinadas al autoconsumo, han sido bienvenidas en algunos barrios de Estados Unidos, un país que, pese a su deletérea huella de carbono (segundo más contaminante del globo), ha realizado esfuerzos significativos en la construcción de infraestructuras resilientes, con resultados mixtos. 

En España, contamos con iniciativas encomiables como la del ayuntamiento de Pontevedra, que hace años peatonalizó el centro, lo cual ha provocado un descenso de las emisiones de CO2, la revitalización del comercio local y una mejor calidad de vida en general. En el contexto bélico actual, la Agencia Internacional de la Energía ha propuesto reducir la dependencia del gas y el petróleo rusos mediante un decálogo que incluye promover el teletrabajo, volar menos, compartir vehículos y abaratar el transporte público, lo cual precisaría del empuje de políticas públicas y no tanto de la iniciativa individual. Hace poco, un grupo de científicos elaboró un complejo plan de choque que pasa por nacionalizar las eléctricas, reforestar nuestros bosques, prohibir sustancias tóxicas como los plásticos y una justa redistribución de la riqueza.

 Las soluciones están al alcance de la mano. No hay excusas –no debería haberlas– para llevar a cabo reformas estructurales que minimicen la vulnerabilidad social e incluso nos conduzcan a escenarios más saludables, llenos de aire limpio y actividades que, como apuntaba el informe Meadows, puedan crecer ilimitadamente en un clima de equilibrio material y natural: el arte, la educación, el deporte, aunado a una solidaridad que no sólo sirva para hacer colectas. En la sabiduría de nuestras sociedades, sería un error optar por otro camino."                  (Azahara Palomeque , Climática, 4 abril, 2022)

18/4/22

El ruso que salvó al mundo de la guerra nuclear... Durante la crisis de los misiles de 1962, un joven oficial soviético se negó a disparar el misil que podría haber destruido a la humanidad

 "¿Qué se piensa antes de salvar el mundo? Justo antes de hacerlo, Vasili Aleksándrovich Arjípov pensaba en su mala suerte. Siempre había querido conocer Cuba. Le habían hablado de sus playas, de su música, de su ron y de sus mujeres. Él estaba en Cuba, pero no veía nada de eso. Lo que había visto de Cuba era lo mismo que hubiera visto en Noruega, Madagascar o Japón. El interior de su submarino B-59 y agua y nada más que agua a su alrededor. Deprimente.

Pero ahora su viaje a Cuba estaba pasando de sueño a pesadilla. Tras recibir un ataque estadounidense, su capitán y el oficial político proponían responder con el misil nuclear del submarino, lo que probablemente desencadenaría la guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Para ello, era imprescindible que Arjípov, segundo al mando, estuviera de acuerdo. Él bebió un sorbo de agua. Se levantó, observando a sus asustados compañeros. Dirigió la mirada a su exaltado capitán y pronunció la palabra que salvaría a la humanidad: nyet. No.

A sus 34 años, Arjípov ya era un veterano en las crisis de alta mar. Nacido en una familia de campesinos cerca de Moscú, estudió en la Escuela Superior Naval del Pacífico y, con solo 19 años, sirvió en un dragaminas en la guerra contra Japón en el marco de la II Guerra Mundial. Tras la guerra, recorrió los mares del norte y este de Europa en un submarino. Como si la fatalidad le llamase, también tripulaba como comandante adjunto el nuevo submarino nuclear K-19, cuyo accidente en julio de 1961 supondría la pronta muerte por radiación de 22 compañeros.

Arjípov no tuvo demasiado tiempo para recuperarse de la desgracia. En octubre de 1962 se desarrollaba la crisis de los misiles de Cuba, generada cuando EE UU descubrió que la URSS había instalado armas nucleares en la isla caribeña, en respuesta a la invasión del año anterior y al despliegue armamentístico estadounidense en las proximidades de la URSS. El presidente John Fitzgerald Kennedy advirtió que cualquier ataque a un aliado occidental conllevaría represalias. El nuevo submarino de Arjípov, armado con un misil nuclear T-5, de capacidad similar a la bomba de Hiroshima, formaba parte del despliegue soviético.

Al borde del abismo

El 27 de octubre, la Armada de EE UU daba un paso peligroso. Con el objetivo de hacerles salir a la superficie, lanzó cargas de profundidad contra los submarinos enemigos detectados. Algunos lo hicieron, pero el capitán del B-59, Valentín Grigórievich Savitsky, había perdido la comunicación con sus superiores y estaba convencido de que la guerra había empezado. Subía la temperatura en el interior del barco, algunos marineros se desmayaron. Savitsky prefería morir antes que rendirse. Arengaba a la tripulación: “¡Vamos a dispararles ahora! ¡No dejaremos en ridículo a nuestra armada! ¡Moriremos, pero los hundiremos a todos!”. Iván Semionovich Maslennikov, oficial político, estaba de su parte. Curiosamente, en los submarinos no había una autoridad absoluta, sino que las decisiones, como esta, requerían la unanimidad de toda la cadena de mando. Sin Arjípov, no había misil.

El marino no lo veía nada claro. No conocemos su razonamiento. Seguramente fuera consciente de que el lanzamiento podía suponer la destrucción de ciudades enteras, principalmente en Europa, tanto occidental como oriental. Y la muerte, en cuestión de horas, de, como mínimo, cientos de miles de personas. Quizá no estaba convencido de que la guerra hubiera empezado. O puede ser que pensara que sí, pero no al 100%, y no se la iba a jugar. O prefería simplemente vivir unos minutos más, si de todas maneras todo estaba perdido. El caso es que Arjípov dijo “nyet”. Al poco tiempo, Savistky accedió a hacer emerger el submarino.

Los soviéticos no dispararon el misil nuclear contra los estadounidenses, por lo que estos no tuvieron que responder y la posible guerra apocalíptica jamás empezó. Arjípov continuó su carrera en la Armada soviética hasta retirarse en los años 80 y fallecer en 1998.

En vida, su historia quedó enterrada entre los informes de inteligencia. Los soviéticos fueron desclasificados en 1992. Thomas Blanton, director de los Archivos de Seguridad Nacional estadounidenses, los repasó y en 2002 desveló de pasada en una entrevista que “un tipo llamado Vasili Arjípov salvó el mundo”. El marinero que se atrevió a decir nyet."                    (Eduardo Pérez, El Salto, 15/04/22)

16/10/18

Nelson Mandela: Las victorias cubanas destruyeron el mito de la invencibilidad del opresor blanco e inspiraron a las masas combatientes de Sudáfrica ... un punto de inflexión para la liberación de nuestro continente... las tropas cubanas negras rechazaron una invasión sudafricana apoyada por Estados Unidos en Angola y obligaron a Sudáfrica a abandonar Namibia...

"(...) ¿Cómo evalúa y evalúa el significado histórico y el impacto de la revolución cubana en los asuntos mundiales y hacia la realización del socialismo?El impacto en los asuntos mundiales fue extraordinario. Por un lado, Cuba jugó un papel muy importante en la liberación de África Occidental y del Sur. Sus tropas rechazaron una invasión sudafricana apoyada por Estados Unidos en Angola y obligaron a Sudáfrica a abandonar su intento de establecer un sistema de apoyo regional y abandonar su control ilegal sobre Namibia. 

 El hecho de que las tropas cubanas negras derrotaran a los sudafricanos tuvo un enorme impacto psicológico tanto en el África blanca como en la negra. Un notable ejercicio de internacionalismo dedicado, realizado con gran riesgo por la superpotencia reinante, que fue el último partidario de la Sudáfrica del apartheid, y completamente desinteresado. 

 No es de extrañar que cuando Nelson Mandela fue liberado de la prisión, uno de sus primeros actos fue declarar:
  • Durante todos mis años en prisión, Cuba fue una inspiración y Fidel Castro una torre de fuerza ... [Las victorias cubanas] destruyeron el mito de la invencibilidad del opresor blanco [e] inspiraron a las masas combatientes de Sudáfrica ... un punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi gente, del flagelo del apartheid ... ¿Qué otro país puede señalar un registro de mayor desinterés que Cuba ha mostrado en sus relaciones con África?
La asistencia médica cubana en áreas pobres y en situación de sufrimiento es también bastante singular.A nivel nacional, hubo logros muy significativos, entre ellos, simplemente la supervivencia frente a los esfuerzos de los Estados Unidos para llevar “los terrores de la tierra” a Cuba (la frase del historiador Arthur Schlesinger, en su biografía de Robert Kennedy, a quien se le asignó esta tarea como su más alta prioridad) y el feroz embargo. 

 Las campañas de alfabetización fueron altamente exitosas, y el sistema de salud es justamente reconocido. Hay graves violaciones de los derechos humanos y restricciones de las libertades políticas y personales.  

Cuánto se puede atribuir al ataque externo y cuánto a las decisiones políticas independientes, uno puede debatir, pero el hecho de que los estadounidenses condenen las violaciones sin el pleno reconocimiento de su propia responsabilidad masiva otorga a la hipocresía un nuevo significado. (...)"                            (Entrevista a Noam Chomsky, C. J. Polychroniou,  Truthout, 19/06/16)