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28/10/22

Lean a Mike Davis

 "Mike Davis, geógrafo e historiador estadounidense, falleció este martes 25 de octubre. No hubo mejor escritor socialista en las últimas cuatro décadas. 

 En 2017 o 2018, finalmente recogí la copia de El monstruo llama a nuestra puerta de Mike Davis de los estantes en los que había estado durante unos años y la leí. Davis había acertado en tantas cosas —el auge del Estado carcelario y la vigilancia omnipresente, los desastres ecológicos que se apoderarían de la California suburbana, el auge de los «paraísos del mal» despiadadamente protegidos y patrullados con vistas a los barrios marginales, por nombrar un puñado al azar— que me sentí honestamente aliviado de que se equivocara en cuanto a que una desastrosa pandemia de gripe aviar se apoderaría de las ciudades del mundo en las décadas de 2000 y 2010. 

El libro era excelente, como siempre, en su relato del modo en que la agricultura industrial y los patógenos naturales se combinaban para crear nuevos virus que podían ser fácilmente transmitidos por los humanos, pero… no ocurrió, ¿verdad? Por fin, pensé, Mike Davis estaba equivocado en algo, y volví a poner el libro en la estantería. Y aquí estamos, en el otoño de 2022, al final de tres años de una pandemia desastrosa y evitable, resultado de un nuevo virus que surgió en gran medida de la manera descrita en El monstruo llama a nuestra puerta. Y ahora, nos quedamos sin Mike Davis.

Habrá mucha gente que llore a Mike Davis, y en todo esto es importante recordar, mientras las anécdotas se suceden, lo jodidamente bueno que era como escritor. No ha habido casi nadie con sus dotes en las cuatro décadas —1980, 1990, 2000, 2010— en las que publicó prolíficamente. Su talento para pasar repentinamente de lo panorámico a lo minuciosamente particular, para obligarse a mirar lo peor de las «cosas nuevas y malas» sin abandonar la búsqueda de las semillas de un cambio positivo y socialista, la oscuridad de su humor, la amplitud de su lectura, el ímpetu crepitante y sin jerga pero denso y contundente de su prosa: en todo ello no tuvo rival.

Vale la pena detenerse a recordar estos libros, leerlos y volver a leerlos. Cuando lo hagan, descubrirán que tienen una sutileza que desmiente el fácil retrato de Davis como un profeta de la fatalidad unidimensional. Empecemos, por ejemplo, con su primer libro (un libro atípico, ya que es uno de los pocos que no es en cierto sentido una obra de geografía), Prisioners of the American Dream, publicado en 1986. 

Allí Davis interviene en el interminable debate sobre por qué Estados Unidos, a pesar de la fuerza que tuvo en su día el movimiento obrero, nunca ha producido un partido socialista de masas de ningún tipo. Su respuesta es esencialmente una palabra —racismo—, pero argumenta a través de los diversos momentos en los que parecía que podría haber sido diferente, especialmente las enormes olas de huelgas de los años 30 que culminaron en la creación de la federación sindical CIO como alternativa de lucha a la profundamente racista y conservadora AFL; pero la CIO fue derrotada en su intento de organizar el Sur, y ambas se fusionaron en los McCarthyianos años 50.

Es popular en algunos círculos el argumento de que los fracasos históricos de la izquierda estadounidense para desafiar el racismo y el imperialismo condenan al movimiento obrero estadounidense de forma permanente en una versión maoísta del pecado original; pero ese no era el argumento de Davis. Hace unos años, argumentó, respondiendo a una frase demasiado citada de Raymond Williams, que «la esperanza no es una categoría científica. Tampoco es una obligación necesaria en la escritura polémica». 

Pero si «esperanza» no es la palabra adecuada, su obra, incluso en sus momentos más oscuros, siempre ha buscado posibilidades y formas de intervenir en el presente, y en Prisioners la encontró, hasta cierto punto, en la «coalición arco iris» de activistas sindicales, de derechos civiles y de la izquierda en torno a la campaña presidencial de Jesse Jackson, antes de que fuera hundida tanto por la maquinaria del Partido Demócrata como por los propios fallos manifiestos de su figura.

Esta insistencia en analizar lo que está sucediendo, sin importar lo sombrío que sea, significa que algunos de los libros son excepcionalmente oscuros. Un gran número de teóricos del urbanismo han encontrado que la expansión de los asentamientos autoconstruidos en los márgenes de las ciudades del Sur Global es «super interesante», ejemplos fascinantes de una arquitectura sin arquitectos, un ejemplo inspirador de autoayuda a la antigua. Planeta de ciudades miseria no lo hace. En su lugar, pinta un cuadro espantoso de la pobreza victoriana, con la «esperanza» canalizada principalmente en iglesias evangélicas ferozmente reaccionarias. 

La escalofriante antología Evil Paradises (editada con Daniel Bertrand-Monk), por su parte, trata de los enclaves construidos por los ricos desde los Emiratos Árabes Unidos hasta Shangai, pasando por Johannesburgo y Budapest; y esos «paraísos» no han hecho más que proliferar desde que se publicó ese libro (pensemos en la ciudad lineal de «pisos de lujo» que se extiende a lo largo del Támesis desde la central eléctrica de Battersea hasta el Arsenal de Woolwich). 

La otra obra de Davis, Los holocaustos de la era victoriana tardía, describe con gran detalle cómo los fenómenos meteorológicos y la destrucción por parte de las potencias imperiales occidentales de los sistemas de ayuda a la hambruna crearon varias oleadas de muertes masivas evitables en el mundo colonizado, especialmente en la India, entre las décadas de 1870 y 1890; una catástrofe sistemáticamente ocultada a la escala de los desastres más conocidos del siglo XX. Estos libros no están impulsados por la desesperación, sino por la rabia.

Ciudad de Cuarzo es el clásico por excelencia, el que «si tienes que leer solo uno», debes leer. Hablando por mí, es el libro que, por encima de todos los demás, hizo que me interesara por el choque entre la geografía y la política, y lo releo cada pocos años. Su descripción de Los Ángeles como la monstruosa ciudad del futuro, una fábrica de sueños protegida por un cuerpo de policía casi fascista, se desarrolla junto a la historia de una LA en la sombra, una ciudad industrial y multicultural de experimentos socialistas, revueltas por los derechos civiles y erupciones justas. 

Uno de ellos, los disturbios de Los Ángeles de 1992, se produciría tan pronto después de la publicación del libro que inició la percepción, no del todo inexacta, de Davis como una especie de vidente, aunque él habría señalado con razón que trazar el desarrollo de una ciudad capitalista y mantener el oído en el suelo no es ninguna profecía. 

El reverso de la apocalíptica LA de Ciudad de Cuarzo y Ecology of Fear es la nueva ciudad americana que emerge en Urbanismo mágico, un libro sobre la hispanización de las áreas urbanas de Norteamérica, y cómo eso ha creado un nivel de politización y (para robar una frase de Paul Gilroy) una «cultura convivencial» en contraste con los nuevos mundos privatizados, paranoicos y brutalmente vigilados descritos en los libros anteriores. 

Davis tenía reservas justificadas sobre el socialismo electoral, pero sin duda se alegró por el hecho de que el reciente resurgimiento del socialismo democrático en Estados Unidos fuera especialmente fuerte en el sur de California y Nevada.

Pero hay dos textos tardíos en los que me he encontrado pensando más en los últimos años, en medio de otro ciclo de vertiginosa esperanza y miserable derrota, en una situación en la que simplemente no podemos permitirnos como especie que la izquierda desaparezca de nuevo, como lo hizo de Europa y Norteamérica en las décadas de 1990 y 2000. Uno de ellos es el ensayo, incluido en Old Gods, New Enigmas, «Who Will Build the Ark?». Dentro de este ensayo sobre la necesidad del ecosocialismo hay un pasaje sobre las formas que podría adoptar el arca, una clara afirmación de un modernismo socialista que a menudo se echa de menos en los escritos de Davis.

(…) las conversaciones de finales del siglo XIX y principios del XX sobre la «ciudad socialista» proporcionan puntos de partida inestimables para pensar en la crisis actual. Consideremos, por ejemplo, a los constructivistas. El Lissitzky, Melnikov, Leonidov, Golosov, los hermanos Vesnin y otros brillantes diseñadores socialistas —limitados como estaban por la temprana miseria urbana soviética y la drástica escasez de inversión pública— propusieron aliviar la congestionada vida en los apartamentos con clubes obreros, teatros populares y complejos deportivos espléndidamente diseñados. Dieron prioridad urgente a la emancipación de las mujeres proletarias mediante la organización de cocinas comunales, guarderías, baños públicos y cooperativas de todo tipo. Aunque preveían que los clubes de trabajadores y los centros sociales, vinculados a las grandes fábricas fordistas y a los eventuales rascacielos, serían los «condensadores sociales» de una nueva civilización proletaria, también estaban elaborando una estrategia práctica para mejorar el nivel de vida de los trabajadores urbanos pobres en circunstancias por lo demás austeras.
En el contexto de la emergencia medioambiental global, este proyecto constructivista podría traducirse en la propuesta de que los aspectos igualitarios de la vida en la ciudad proporcionan sistemáticamente los mejores soportes sociológicos y físicos para la conservación de los recursos y la mitigación del carbono. De hecho, hay pocas esperanzas de mitigar las emisiones de efecto invernadero o de adaptar los hábitats humanos al Antropoceno, a menos que el movimiento para controlar el calentamiento global converja con la lucha por elevar el nivel de vida y abolir la pobreza mundial. Y en la vida real, más allá de los escenarios simplistas del IPCC, esto significa participar en la lucha por el control democrático del espacio urbano, los flujos de capital, las cuencas de recursos y los medios de producción a gran escala.
La crisis interna de la política medioambiental actual es precisamente la falta de conceptos audaces que aborden los retos de la pobreza, la energía, la biodiversidad y el cambio climático dentro de una visión integrada del progreso humano.

Demasiado largo para un banner o un tuit, pero si tengo un credo, es éste. El otro está en su último libro, escrito con Jon Wiener, Set the Night on Fire. L.A. In the Sixties. El libro trata de cómo esta ciudad brutalmente segregada, plagada de clases y razas, produjo la proliferación de una nueva cultura de movimientos socialistas y de liberación, y cómo estos fueron finalmente aplastados. Al final del libro, Davis y Wiener destacan ese doblegamiento y los horrores del sur y el este de Los Ángeles en las décadas de 1980 y 1990 que resultaron de la derrota.

Desde esta perspectiva se podría concluir que todo el sueño, la pasión y el sacrificio de aquella época no sirvieron para nada. Pero la mejor manera de concebir los años sesenta en Los Ángeles es como una siembra cuyas semillas crecieron hasta convertirse en tradiciones vivas de resistencia. Los movimientos surgieron y cayeron, pero los compromisos individuales con el cambio social fueron duraderos y heredables. Miles de personas siguieron llevando vidas activistas como organizadores de sindicatos, médicos y abogados progresistas, maestros de escuela, defensores de la comunidad, empleados de la ciudad y, quizás lo más importante, como padres.

Pocos escritores han sembrado tanto como Mike Davis."                 ( , JACOBINLAT, 27/10/22)

20/7/20

¿El Covid-19 acabará con Londres, Berlín, Madrid...? El gran perdedor de hoy es la vida urbana, ya que las empresas y los empleados han descubierto los encantos de trabajar desde casa... grandes partes del sector de oficinas de Londres, como Canary Wharf, por ejemplo, se han convertido en pueblos fantasmas...

"Ciudad grande, R.I.P.

Nuestro enfoque en los micro cambios de la crisis se está convirtiendo en una miniserie improvisada. Hablamos sobre los medios de comunicación, los cambios entre pequeñas y grandes empresas, y los ganadores digitales y los perdedores analógicos. El gran perdedor de hoy es la vida urbana, ya que las empresas y los empleados han descubierto los encantos de trabajar desde casa. 

La primera de las empresas alemanas en obligar a los trabajadores a trabajar desde casa es Siemens, que tiene una gran sede corporativa en los centros de Munich y Berlín. Y Deka Bank ya está reduciendo el espacio de oficinas. Siemens ha pasado una orden a 140,000 empleados para trabajar en casa al menos dos o tres días por semana. La compañía lo llamó un cambio radical en una tendencia que ya había comenzado antes del cierre. La compañía contó que está llevando a cabo 800,000 conferencias en línea cada día.

En el Reino Unido, el gobierno ahora está tratando desesperadamente de que las personas vuelvan a trabajar precisamente debido al impacto catastrófico en los grandes centros urbanos, en particular Londres. Pero, al igual que Siemens, las compañías británicas también han descubierto los encantos y los ahorros de costos asociados, que resultan de la oficina en casa. Y esto también es popular entre la mayoría de los trabajadores de oficina, al menos hasta ahora.

Escribiendo en el Daily Telegraph, Alistair Heath habla sobre un evento a nivel de extinción para Londres. Es una gran inversión de una tendencia de urbanización que comenzó en el siglo XIX y que se aceleró con la edad de oro del capitalismo financiero global.

Trabajar desde casa fue una consecuencia muy predicha de la revolución digital en la década de 1990, pero nunca despegó a lo grande hasta ahora. Las tendencias a menudo permanecen inactivas hasta que se despierta por accidente.

Heath informa que grandes partes del sector de oficinas de Londres, como Canary Wharf, por ejemplo, se han convertido en pueblos fantasmas. Las finanzas como negocio y otros servicios continúan desde la oficina central; pero no los servicios auxiliares inmuebles, como la propiedad comercial y el turismo. Los precios de las viviendas aún no se ven afectados, pero supondríamos que las viviendas residenciales seguirán hacia abajo en Londres, y hacia arriba en el resto del país.

 No estamos de acuerdo con el análisis de Heath solo en un aspecto: su afirmación de que un renacimiento suburbano es la única esperanza del Reino Unido. Creemos que es más probable que el renacimiento ocurra en las ciudades de segundo nivel descuidadas y muy subestimadas del Reino Unido que en los suburbios todavía superpoblados y caros.

Los alemanes llegaron tarde a la tendencia global de la urbanización. Los precios de la vivienda en Berlín fueron planos desde 1980 hasta aproximadamente 2010, cuando despegaron como un cohete. Lo mismo hicieron en Munich. Si solo necesita viajar una o dos veces por semana, no hay necesidad de vivir en los suburbios. Pequeñas ciudades con conexiones menos que ideales desde el centro de repente se están volviendo viables.

El factor limitante para Alemania, pero no para el Reino Unido, es la falta de una infraestructura de datos móviles e Internet de alta velocidad adecuada. Es por eso que esperamos que este cambio sea mucho más abrupto en el Reino Unido, donde la infraestructura ya está a punto."           (
Wolfgang Munchau , Eurointelligence, 17/07/20)

26/11/18

La receta del ecólogo Salvador Rueda para salvar las ciudades: las supermanzanas

"Cuando Madrid está a punto de estrenar una valiente, pionera y amplia restricción del tráfico privado al centro de la ciudad, entrevistamos al ecólogo urbano Salvador Rueda, que se ha empeñado en rediseñar las ciudades para evitar el fin del mundo. 

Su receta: las supermanzanas. Licenciado en ciencias biológicas y psicología, las clases de su maestro, el ecólogo Ramón Margalef, le hicieron ver las tramas urbanas como los más complejos ecosistemas que ha creado la especie humana.

 Su novedosa visión científica está empezando a aplicarse en las grandes urbes de todo el mundo en un intento por entenderlas, estructurarlas y equilibrarlas, pues en ese equilibrio está la habitabilidad, lo más cercano a la felicidad. Además tiene algo claro: “Hay que cambiar el uso del coche en la ciudad. No es necesario cuando hay alternativas. Es posible moverse de otro modo”.

Director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, el famoso ecólogo urbano propone agrupar los barrios en supermanzanas a modo de grandes células donde el tráfico motorizado se reduzca al máximo y los espacios públicos crezcan. 

Un modelo urbano pensado para las personas. Más ecológico, social, abierto, interconectado, sostenible, basado en el equilibrio ecosistémico, el mismo que rige en la naturaleza. Urgentemente replicable si de verdad tenemos interés por el futuro porque, advierte, nos queda poco tiempo.

¿Cómo podemos hacer las ciudades más ecológicas?

Acabo de presentar una carta [Carta para la planificación ecosistémica de las ciudades y metrópolis] que quiere poner las bases para el diseño de los nuevos desarrollos y la regeneración de lo ya existente. Las ciudades son las principales responsables del actual desaguisado ambiental del Planeta. Producen más del 70% de los gases de efecto invernadero, son las que más suelo ocupan en el territorio y las que demandan la mayor parte de los recursos. Las ciudades son la clave. Y las tenemos que repensar.

¿Son el problema o la solución?

Hoy son el problema, mañana tienen que ser la solución si queremos reducir las incertidumbres actuales y mejorar nuestra capacidad de anticipación. La posibilidad de asegurar el futuro vendrá de las ciudades o no vendrá.

¿Nos están matando las ciudades?

Ahora nos están matando. Son causantes de los mayores impactos en el globo. Se ha extendido la degradación fruto del mal funcionamiento de las ciudades, el mal diseño y organización de las mismas, y necesitamos repensarlas profundamente para volvernos a adherir a las leyes de la naturaleza. 

El problema es que la sociedad industrial quiso jugar a ser dios, modificando las reglas de juego que tiene el planeta. Y la naturaleza nos ha respondido que, cuando se agoten los límites, nos vamos a enterar. Nos va a dar una respuesta contundente de lo que representa que suba el nivel de las aguas, que se deserticen ciertas áreas, que las temperaturas suban hasta extremos insospechados. Y eso solo hablando de los efectos del cambio climático, pero podemos hablar de otras variables que también han sobrepasado la línea roja.

¿Es un problema de diseño de las ciudades o de concepto?

De las dos cosas. La sociedad industrial se ha hecho una sociedad urbana. Ahora vivimos en las ciudades el 50 % [de la población mundial], pero dentro de unos años, hacia 2050, se espera que el 75 % de los seres humanos sean habitantes de las ciudades. Una sociedad eminentemente urbana. En la ciudad está el problema, pero también la solución.

 Tenemos que incorporar visiones ecosistémicas que permitan enlazar aquello que proponemos en la planificación y en la ejecución de la misma, para no sobrepasar aquellos límites que hacen que los procesos se hagan irreversibles. Pero que nos permitan, de algún modo, acomodarnos a esas leyes sin que ello suponga ninguna merma de servicios.

¿Qué cambiaría de las ciudades?

Tenemos que cambiar su morfología, su funcionalidad y modelos de movilidad, las condiciones de habitabilidad de nuestro espacio público. Tenemos que saber cuál es la pieza clave en el desarrollo de la organización urbana, de la mezcla de usos. Debemos cambiar las reglas de convivencia para que nuestras ciudades estén más cohesionadas socialmente. Esas son las claves.

¿Cambiarlo todo para que nada cambie?

Esa es una muy buena pregunta. Pero es así. Necesitamos incorporar la inteligencia, e incluso la sabiduría, entendiendo que la sabiduría es la inteligencia con memoria y con sentido común. Cuando incorporas las tres piezas, la resultante son soluciones que a alguien le pueden parecer tibias, pero que si están bien planteadas son revolucionarias.

Póngame un ejemplo.

Por ejemplo, la movilidad y el espacio público. La propuesta de reordenar la circulación con la intención de liberar el 70% del espacio público que hoy ocupa la movilidad. Es factible hacerlo con una reducción, en el caso de Barcelona, de solo un 13% menos de coches circulando. Con lo cual la podemos hacer habitable. Muchísimo más habitable. 

En el momento en que reducimos el 13% [de coches], quiere decir que las condiciones de vida de esas personas que vivan en la periferia de esas supermanzanas serán las mismas que tienen hoy o similares. Pero hemos de ir más allá o no lograremos reducir la contaminación atmosférica a los niveles que necesitamos. 

Y en el caso de Barcelona ponemos como meta un 21% en lugar de un 13%. De esta forma los niveles de contaminación atmosférica estarán por debajo de los que marca la legislación europea. Y eso supondrá que las condiciones ambientales y urbanas de las personas que vivan en la periferia con un 21% menos de coches serán mucho mejores que las que tienen ahora.

¿Y cómo se consigue algo así? ¿Apostando por el transporte público?

No. Se consigue con una panoplia de propuestas, pero la principal es la redefinición de una red ortogonal de vías en donde se generan unas células de unos 400 por 400 metros en cuyo interior se libera el espacio para usos distintos al de la movilidad, que se restringe fundamentalmente a las periferias de esas células. Y eso con un coste en el cambio relativamente pequeño, porque reduciendo un 13% de coches conseguimos un mismo servicio de tráfico. Garantizamos la funcionalidad. Garantizamos la organización urbana. Pero liberamos el 70% del espacio. Parece como magia, ¿no?

Es lo que usted llama “supermanzanas”. ¿Pero es algo posible o tan solo es una teoría?

Eso es posible mañana en Barcelona. En Madrid no sé cuál es el porcentaje. En Vitoria es el 8% [menos de coches]. Y conseguimos lo mismo. Conseguimos que la ciudad sea para el ciudadano. Ahora mismo, todos los que planifican hablan de crear áreas peatonales, sin darse cuenta de que el peatón es un modo de transporte.

 Necesitamos que sean ciudadanos y no solo peatones. Que puedan utilizar el espacio para el entretenimiento, ver a los niños jugando en la calle sin peligro. Que el ciego, la persona que no ve, pueda andar y deambular sin miedo, porque las velocidades internas de las supermanzanas no pueden sobrepasar los 10 kilómetros por hora; velocidad que hace compatible el conjunto de usos y de intereses. Necesitamos garantizar los derechos de intercambio. El mercado es el que hace ciudad en gran medida. Pero no solo es la venta de frutas y verduras. Hay millones de cosas para intercambiar en la ciudad, desde cromos hasta el pan o el hecho de tomarte una cerveza en una terraza. 

Garantizar el derecho a la cultura, al arte y al conocimiento en el espacio público. Y el derecho a la democracia, de nuevo al ágora, a la posibilidad de expresarse la gente. A todo eso tenemos derecho y, además, a movimientos alternativos a pie y en bicicleta. Funciona porque garantizas la funcionalidad del sistema.

¿Lo están aplicando ya en Barcelona?

En Barcelona hemos hecho una nueva red de transporte público, pero fundamentalmente hemos cambiado toda la red de autobuses. Pasamos de 84 a 28 líneas, con frecuencias de cuatro a cinco minutos en toda la ciudad y una espera media de dos minutos, pero como el reloj mental de una espera es de dos minutos, en realidad no esperas. La distancia desde cualquier punto a las paradas se ha reducido. 

Todo el mundo tiene ahora mejor acceso a esta red, 30.000 personas más. Y eso permite que, vivas donde vivas, tienes el mismo servicio. También es básico contar con una nueva red de bicicletas que sea completa para toda la ciudad. Cuando tú tienes todas las alternativas, luego puedes pedir sacrificios a la población, pero si no las tienes no puedes.

¿Es rentable ese nuevo modelo?

Una medida que es clave en cualquier proceso de planificación es entender que el órgano más sensible de la especie humana es su bolsillo. [Se ríe]. Con unos pocos céntimos somos capaces de reducir un número brutal de vehículos circulando cuando los aplicamos al aparcamiento. Brutales. No hay medida mejor. La gente se va acomodando a estos cambios, poco a poco. Y al final consigues cambiarlo todo sin que parezca que hayas cambiado nada.

Suena un poco ingenuo pensar que un buen diseño puede cambiar el mundo cuando no se cambian también las estructuras económicas y de poder.

El tema está claro. Esto es una guerra de intereses. Yo soy un servidor público. A mí me interesa la ciudad. Cuando a mí me contratan para trabajar en una ciudad, yo les digo a los políticos que no trabajo para ellos. Yo trabajo para los ciudadanos. Para los que les han votado y para los otros también.

 ¿Qué ocurre? Que los intereses económicos, por su propia definición, son intereses privados. Y por lo tanto no tienen en su ADN la necesidad de incorporar los criterios, los principios y los objetivos de lo público. Van a ganar dinero. Lo público está, precisamente, para que ganando ellos dinero, no suponga una merma de la calidad urbana y de vida de sus habitantes. Yo hoy no estoy diciendo que no se hagan coches.

 Mañana no lo sé, pero hoy lo que estoy diciendo es que hay que cambiar el uso del coche en la ciudad. Que no es necesario cuando hay alternativas. Que es posible moverse de otro modo de una forma competitiva respecto al uso del coche. Pero hay que poner la infraestructura y diseñar los elementos que permitan que eso sea así. Y hay que hacer una apuesta pública por lo que es público, que es el derecho de todas las personas a acceder a la ciudad.

Usted ha sido discípulo de Ramón Margalef. Como ecólogo, ¿cree que la ciencia puede ayudarnos a mejorar las ciudades?

Entendiendo que una buena teoría es la mejor práctica, tiene que venir sobre bases a ser posible científicas. No por nada, sino porque la ciencia lo que busca es conocer las regularidades que se producen de un determinado fenómeno, y define el sistema de clasificación que nos permite encajar todas las piezas y poder avanzar en el proceso de conocimiento cuando alguna pieza no encaja y se generan nuevos paradigmas. 

Mi inicio teórico empieza con la ecología académica. Cuando necesitas tener marcos de referencia que te permitan ligar las variables, y en el caso de la ecología, ligarlas de manera integrada. Porque la ecología es la ciencia que estudia los ecosistemas. Y fuera de los sistemas no hay nada. La ciudad es el ecosistema más complejo que ha creado la especie humana.

A pesar de toda la información que maneja, o precisamente por eso mismo, usted se declara un pesimista activo. ¿Ve muy negro el futuro?

Muy mal. Yo soy un optimista redomado en la acción, pero la información que tengo solo me permite ser pesimista a partir de la constatación y la evolución de las variables que he ido siguiendo a lo largo de 40 años. Creo y espero que reaccionemos ante una catástrofe, pero la catástrofe viene sí o sí. Fruto de los impactos que generamos en la Tierra, esa catástrofe vendrá por la mucha gente que tendrá que moverse de lugar. Migraciones que no serán como las de hoy: serán masivas. Y ese movimiento generará cortocircuitos de materiales y de energía. Y la primera víctima será la organización.

Suena terrible…

Creo que estamos en una situación de riesgo muy elevada, y que la solución está en buena medida en cómo diseñemos las ciudades del futuro. En el caso de África se espera que en 20 años crezca la población en 2.000 millones de personas. Mi pregunta es dónde van a ir esas personas si no hay organización, no hay ciudad para acogerlas.

 Pero tienen que sobrevivir. No podemos levantar muros. Tenemos que empezar a rediseñar las ciudades, a construir aquellas ciudades que permitan que esas personas puedan vivir en buenas condiciones en ellas. Y estoy hablando de 20 años. Si eso no es incierto, que venga Dios y lo vea.

¿A qué esperamos para tomarnos todo esto en serio?

Que nadie crea que si no se repiensan las ciudades hay futuro. No lo hay. Aunque se pongan las naciones de acuerdo ¿Para hacer qué? La gente tiene que vivir. ¿Y dónde vive? ¿Cuáles son los flujos, los recursos? Tiene que ser en ciudades. ¿Y qué ciudades? Esa es la cuestión. No hay más vuelta de hoja. 

Con la Carta para la planificación ecosistémica de las ciudades y metrópolis que en mayo pasado presenté en Barcelona, propongo crear una comunidad que desde abajo vaya sumando apoyos. Y que esa suma sea tan potente, genere tantos instrumentos, metodologías, soluciones de carácter legal y académico, que permita aflorar desde abajo lo que los políticos nunca van a aprobar porque están al servicio de los intereses económicos. Y como he dicho al principio, nunca van a apostar, digo nunca es nunca, por el bien común. 

Aunque lo vistan como quieran y le pongan la etiqueta de ecológico, de sostenible, de verde. No sé cuál será la próxima palabra que se van a inventar, me parece que será la resiliencia. Es igual. Al final nos querrán vender la moto para beneficiar intereses espurios. Y lo que nos estamos jugando es bastante más serio que esa puesta en escena del mundo económico por la ecología."                       (Entrevista al ecólogo Salvador Rueda, Publico, 20/11/18)

21/3/18

Nueva York, capital americana de la soledad. En la Gran Manzana, incluso las actividades sociales son afrontadas como un trabajo

"“Soy el hombre solitario de Dios”, decía Robert de Niro en 'Taxi Driver', mientras se deslizaba hacia un agujero de insomnio crónico, paranoia, y, al final, una explosión de violencia.

 La bruma nocturna envolvía su taxi y Nueva York encarnaba, una vez más, como en las pinturas de Edward Hopper, o en las fotos de Vivian Maier, una postal icónica de la soledad urbana. El lado estético de algo muy real. Una “epidemia creciente” que ha disparado la curiosidad científica y movilizado a los terapeutas de la Gran Manzana.

“Es una ciudad dominada por la ambición profesional”, dice Kerrie Mohr, trabajadora social y terapeuta, en su consulta del distrito financiero. “La gente se muda aquí para conseguir sus objetivos profesionales. 

Cuando priorizas tu carrera, lo que estás haciendo es no priorizar el estar con la familia, o los amigos, ese tipo de apoyo orgánico. Por lo que veo en mi trabajo, en Nueva York mucha gente está aislada de diferentes maneras porque no tiene esas conexiones. Y las conexiones aquí requieren un mayor esfuerzo”.

Mohr se refiere a que la vida social en Nueva York es como un trabajo: los horarios son duros, la ciudad grande, el tiempo limitado, y quedar con alguien implica organizar con días de antelación un plan específico y bueno. Este mundo laboral aparte usa su propia jerga. “Quality time”, o tiempo de calidad, es la presión de hacer siempre algo significativo, memorable, diferente. 

El FOMO (“fear of missing out”: el miedo a perderse algo) es la asistencia compulsiva a estrenos, conciertos, bares nuevos, por miedo a no estar al tanto de las novedades. Un estado mental que impide cultivar relaciones sólidas.

 Para hacer y mantener amigos, dice Mohr, “hay que trabajar con intención. No hay esa facilidad automática de alguien que se presenta en la puerta de tu casa, como ocurre en los pueblos”. 

Es el precio del dinamismo de una ciudad superpoblada, disparada económicamente y con niveles de empleo récord. Una ciudad donde más de la mitad de los residentes viven solos, casi el doble que la media estadounidense del 27% y un récord nacional. En algunos barrios de Manhattan unas siete de cada diez personas viven por su cuenta.

 El resultado es que la soledad enseña a menudo su horrible pezuña. En el forastero que acaba de llegar y se agarra a cualquier plan con avidez desesperada. En la dificultad que experimentan las mujeres profesionales, estadísticamente, en encontrar pareja estable. En los hombres mal afeitados que pasan los días leyendo pilas de revistas en las bibliotecas públicas.

Un problema de salud

El pasado otoño Kerrie Mohr se unió a Sidewalk Talk, “charla de acera”, una iniciativa sin ánimo de lucro que desde 2014 intenta concienciar sobre el exceso de soledad y educar a los ciudadanos en cómo mantenerla a raya. De vez en cuando Mohr y media docena de voluntarios se establecen en un lugar concurrido, como Central Park, o la estación de Columbus Circle, y se ofrecen a escuchar los problemas de los peatones que necesiten hablar.

Sidewalk Talk fue fundado por varias terapeutas de San Francisco, entre ellas su actual directora, Traci Ruble. La especialista en terapia de pareja explica que tuvo la idea después de la matanza de Sandy Hook, la escuela primaria de Connecticut donde un joven mató a 20 niños de entre seis y siete años y a seis trabajadores del centro. “No quería hacer más análisis. Así que me senté en una acera y empecé a escuchar a la gente”, dice por teléfono.

A día de hoy su proyecto, financiado con pequeñas donaciones, cuenta con alrededor de 1.200 voluntarios en 40 ciudades de doce países. “Una de las razones por las que hemos tenido tanto éxito es que no preguntamos por la información personal. 

A la gente le encanta”. El peatón que quiera se detiene, habla durante un tiempo indeterminado, y se va sin más. Los voluntarios reciben previamente unas pautas sobre cómo escuchar, sin opinar ni dar consejos. Según Ruble, que ha practicado esta actividad en diferentes lugares y contextos socioeconómicos, se acercan todo tipo de perfiles.

“El animal humano está programado para vivir en grupo”, continúa. “El sentido de pertenencia no sólo tiene un impacto psicológico, sino físico. La soledad hace más daño que la obesidad, el alcoholismo, la adicción al tabaco o la falta de ejercicio”.

Un estudio conjunto de la Universidad de Carolina del Norte y la de Bringham Young, en Utah, demostró que las personas solitarias tienen el doble de posibilidades de morir prematuramente. Otra investigación estimó que los individuos aislados padecen un 29% más de enfermedades cardíacas y un 32% más de apoplejía, además de muchas otras dolencias. 

“Personas con menos conexiones sociales tienen trastornos de sueño, sistemas inmunitarios alterados, más inflamación y niveles más altos de hormonas del estrés”, escribió el doctor Dhruv Khullar en The New York Times.

Programados para vivir en grupo

La soledad simplemente no es natural para la mayoría de las personas, como explica el director del Centro de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad de Chicago, John Cacioppo: “Hemos sobrevivido como especie no porque seamos rápidos o fuertes o tengamos armas naturales en la punta de los dedos, sino por la protección social”, declaró a The Atlantic. “Nuestra fuerza es nuestra habilidad para comunicarnos y trabajar juntos”.

Su teoría ha sido reforzada por un hallazgo reciente. Según científicos de la universidad MIT, una parte del cerebro humano, el núcleo dorsal del rafe, contiene unas neuronas que reaccionan a la soledad y nos hacen buscar instintivamente la protección del grupo. Un mecanismo evolutivo que nos fuerza a ser gregarios para aumentar nuestras posibilidades de sobrevivir.

Las redes sociales también juegan su papel. Ese muro de atardeceres, piernas estiradas en la arena, honores y momentos inolvidables pueden ser un aguijón más en la carne del solitario. 

La depresión o la muerte prematura están al final del túnel en los casos extremos, como les ocurre a muchas personas ancianas en Nueva York, donde la mitad de los mayores de 85 viven solos y son más vulnerables, si se sienten aislados, al declive cognitivo. Pero las primeras fases tienen un sabor familiar para muchas personas.

“Con el tiempo, la soledad se convierte en inseguridad”, dice Kerrie Mohr. “La persona se encierra en sí misma, no quiere arriesgarse a ser rechazada. Y siente negativamente interacciones neutrales. Se siente mal, tiene ansiedad, y su tendencia es a aislarse aún más y a no a hacer el esfuerzo de llamar a un amigo o de invitar a un colega a tomar algo después del trabajo.

 No quiero que la gente se deje llevar por su miedo a ser rechazada y no haga cosas”.
Sidewalk Talk es una entre muchas iniciativas para combatir la soledad, algunas del ayuntamiento, otras de voluntarios.

 YouCaring se centra en acercar la música a los mayores neoyorquinos; Little Brothers, Dorot y Visiting Neighbors les organizan visitas de gente joven con la que conversar. “Siempre digo que no hay suficientes terapeutas en el mundo para arreglar lo que está roto dentro de nosotros”, dice Ruble. “Tenemos que implicarnos todos”.              (Argemino Barro, El Confidencial, 08/03/18)

21/2/18

No nos damos cuenta de la maravilla que es, sencillamente, ir por la calle. Inténtalo en Caracas o en Los Ángeles

"(...) P. Pensando en Baudelaire, Benjamin decía que París era la capital del siglo XIX. ¿Es Nueva York la del siglo XX, la del XXI?

R. Nueva York es lo que fue Venecia: la capital de un mundo comercial que se está quedando obsoleto. Tal vez la nueva capital sea Hangzhou, esa ciudad de seis millones de habitantes que el Gobierno chino vació para garantizar el éxito de la cumbre del G-20 hace dos años. Las capitales del futuro están en otro mundo.

P. En el libro se pregunta qué pensarán de nosotros los arqueólogos futuros. ¿Qué se encontrarán?

R. Basura. Nuestro legado será una montaña de basura, de plástico. Fabricamos una cosa que va a durar mil años para usarla cinco minutos. En las islas más apartadas del Pacífico los albatros mueren de hambre porque se alimentan de mecheros. En el libro cuento el caso de esa ballena que aparece en la costa con 18 kilos de plástico en el estómago.

P. ¿La lógica del mercado lo ocupa todo? Fue muy crítico cuando bautizaron temporalmente la estación de metro Vodafone Sol.

R. Es que vas por la calle y a cualquier parte que mires hay una pantalla con un anuncio. Están privatizando la mirada. ¿Es que no va a quedar nada público?

P. Dígame algo positivo, una conquista de la modernidad, de la ciudad.


R. Una clarísima de la que creo que los europeos no somos del todo conscientes: la mezcla de libertad y seguridad. Las ciudades de América Latina están en gran parte privatizadas. Por eso me produce mucha inquietud que se construyan urbanizaciones cerradas. Compara una plaza pública con un centro comercial climatizado, con vigilantes jurados y al que hay que ir en coche. 

No nos damos cuenta de la maravilla que es, sencillamente, ir por la calle. Inténtalo en Caracas o en Los Ángeles. Aquí puedes ir andando, en transporte público, en bicicleta. Bueno, en Madrid... La bicicleta provoca en la derecha española una furia muy llamativa. La ciudad en la que cualquier persona, hombre o mujer, puede ir a cualquier hora por cualquier parte es una invención prodigiosa.

P. ¿Peligra?

R. La especulación inmobiliaria y la precariedad del trabajo han hecho que la gente trabajadora tenga que irse del centro de las ciudades. En Nueva York hay barrios enteros convertidos en guetos para millonarios. Antes la amenaza era la inseguridad y el abandono, ahora lo es la gentrificación, la privatización.

P. Sin embargo, siempre se cita Nueva York como reducto liberal frente a la América profunda, la que, dicen, eligió a Trump. ¿O es un tópico?

R. Cuando salió elegido Trump pensé que Obama era un malentendido. EE UU se parece más a Trump que a Obama. Es un país muy religioso y muy rural, incluso cuando es urbano, porque las ciudades no tienen esa noción de espacio público: la gente va en coche de un sitio a otro. 

Es un país enorme con desigualdades gigantescas, áspero, de mucha soledad, de mucho despojo. Nuestra visión está alterada por el cine, que ha dado glamur a cosas que no lo tienen. Ves esos barrios desolados y te parecen poéticos. Y no lo son, son simplemente pobres. (...)"(Entrevista a Antonio Muñoz Molina, Javier Rodríguez, El País, 13/02/18)

8/1/18

El 70%-80% del consumo energético y de las emisiones de gases de efecto invernadero son producidos por las grandes ciudades

"Las ciudades y las ciudadanías se configuran como los espacios y actores clave para afrontar el desafío energético-climático al generarse en dichos espacios el 70%-80% del consumo energético y de las emisiones de gases de efecto invernadero. 

Las ciudades españolas han de poner en marcha ambiciosos programas para la mitigación y adaptación climática con objetivos relacionados con su descarbonización generalizada en las próximas décadas.    


Ante el desbordamiento general de los límites biofísicos del planeta, las ciudades emergen como los centros neurálgicos de una civilización que es la principal causante del mismo, convirtiéndose así en las principales agentes del cambio de paradigma ecosocial y en factores clave para tratar de reconducir a tiempo (en pocos decenios) el proceso de desestabilización en el que ya estamos inmersos.

Efectivamente, ante un panorama de desbordamiento ecológico que requiere medidas de emergencia y excepción, las ciudades constituyen un factor clave frente al desafío climático porque: 

1) concentran más de la mitad de la población mundial (en torno al 70% en los países de mayor renta); 
2) constituyen los espacios en los que se configura aproximadamente el 70%-80% del PIB mundial (y la mayor parte del empleo), del consumo energético y de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI); y 
3) su estabilidad resulta extremadamente vulnerable frente a alteraciones sistémicas como la crisis ecológica/climática.

Pero, sobre todo, como insiste la reciente Cumbre de Hábitat (NNUU 2016), las ciudades adquieren ese carácter central porque configuran el espacio social de unas ciudadanías que constituyen los actores clave de cualquier innovación política, cultural, de valores y, en definitiva, de cambio de paradigmas ante lo que se presenta como una transición hacia un nuevo ciclo histórico; lo que algún Nobel ha llamado, por la incidencia de los seres humanos, “el Antropoceno”. Por ello, sin un binomio institucional/ciudadano potente, consciente y proactivo, muy poco se podrá hacer para tratar de evitar una desestabilización ecológica generalizada.


I. La cuestión energética/climática en las ciudades, una aproximación sistémica.

Antes de abordar la cuestión de la mitigación y adaptación al cambio climático en los asentamientos humanos, conviene aclarar algunas cuestiones: 

* Una aproximación sistémica a las ciudades. 

 No podemos criticar, con razón, la utilización  exclusiva del PIB y la economía para abordar cualquier análisis de la realidad y caer en el mismo error simplificador cuando se habla de la crisis del clima, por muy grave que esta sea. 

Así, una vez identificados los factores y objetivos claves en el campo energético/climático es imprescindible establecer su incidencia con relación a otras variables recogidos en la Agenda 2030 (NNUU 2015) como el empleo, el bienestar, la justicia social y de género, la incidencia sobre cadenas de valor locales asociadas a la economía y la producción de alimentos, o los intereses estratégicos de cada ciudad. Y, a partir de ahí, habrá que establecer las relaciones entre transformaciones y plazos temporales.  

* La complejidad de la crisis ecológica. 

Conviene recordar que son los patrones socioeconómicos y espaciales los que generan, en última instancia, la crisis ecosocial, que el desbordamiento ecológico es global (no solo climático), que existe una estrecha interrelación entre ecología, energía y clima en la que la quema de combustibles fósiles lo atraviesa todo y que la urgencia para tratar de corregir los procesos de desestabilización ecológica es acuciante 
 con el factor tiempo como clave.

* Entender la crisis climática en las ciudades en todas sus versiones: 

 a) en su componente mitigadora para disminuir el consumo energético y las emisiones de GEI; b) en la imprescindible adaptación (resiliencia) ante un proceso de calentamiento que ya se ha desatado y que se abarca mejor desde el ámbito territorial, articulando las relaciones entre lo urbano, lo rural/agricultura y la naturaleza; y 
c) sin olvidar que cada ciudad constituye una singularidad que exige soluciones específicas. Y una parte de esas anticipaciones obliga también a prever cómo deben reaccionar nuestras ciudades y ciudadanías ante el novedoso y creciente desafío de los refugiados que en versión climática podrían llegar, según la UNCTAD, a cifras entre 200 y 1.000 millones de personas en los próximos 50 años.

* Finalmente, hay que priorizar el tipo de intervenciones que hay que llevar a cabo: 

a) reducir el consumo energético (y su impacto climático) por ahorro en los sistemas de ordenación/actuación/uso de la ciudad y la sobriedad en los hábitos de vida; 
b)  abundar en tal dirección por impulso de las ecoeficiencias pasivas (movilidad sostenible o edificación bioclimática); y 
c) complementar las acciones anteriores con la sustitución de los combustibles fósiles por energías renovables, la utilización de equipos ultraeficientes y el progresivo despliegue de redes de gestión inteligentes en el conjunto de los servicios urbanos.

II. La cuestión de la mitigación y adaptación climática en las ciudades españolas

En las ciudades españolas existen muy pocas experiencias prácticas para afrontar, en toda su dimensión, el desafío climático y ello a pesar de que, por su posición geográfica, nuestro país está considerado como uno de los más vulnerables del ámbito europeo. 

Aún y así, se han desarrollado programas interesantes, entre otros, por parte de la Federación Española de Municipios y Provincias, el Pacto de los Alcaldes, el Observatorio de Sostenibilidad de España, o la Universidad Complutense de Madrid y, solo muy parcialmente, en algunas ciudades como Barcelona, Málaga, Vitoria o Santander, de los que es factible obtener algunas consideraciones prácticas.

1.Referencias generales

Después de París y con el objetivo de evitar un catastrófico aumento de temperatura superior a 1,5ºC – 2ºC a final de siglo, ya no cabe dudar sobre el doble objetivo en el sistema de ciudades europeas (y españolas): fuerte ahorro energético y descarbonización general antes de mediados de siglo, y puesta en marcha inmediata de planes de adaptación que debieran culminarse en los próximos decenios con prioridad en los casos más urgentes/vulnerables.

2. Identificar las temáticas clave. 

Los diagnósticos sobre la mitigación climática requieren realizar análisis rápidos que permitan apreciar las cuestiones relacionadas con la tipología urbana (compacidad o dispersión), sus principales funciones e interrelaciones (residencia/trabajo/servicios) o la incidencia de las formas de vida urbanas. 

Más allá de las especificidades de cada caso, en las ciudades españolas el análisis sobre la mitigación se centraría principalmente en el tipo y magnitudes de la generación/suministro energético y en el correspondiente consumo/emisiones de GEI en la movilidad, el uso de la edificación (residencial y de servicios) y las actividades industriales y agrícolas.

Con relación a la adaptación al cambio climático ya se ha apuntado que este tema debiera abordarse en el nivel territorial y en lo que se refiere al ámbito estrictamente urbano se trataría de contrastar los escenarios climáticos e hidrológicos previstos, el origen e importancia de la contaminación del aire y el efecto “isla de calor”, las temperaturas medias y ambiente relacionadas con el confort urbano y todos sus posibles impactos con relación a la salud de las personas y la biodiversidad urbana, así como sobre sus principales actividades.  

3. Elaborar hojas de ruta integrales con objetivos a mediados de siglo 
A partir de la identificación de las temáticas clave es necesario integrar las actuaciones correspondientes en hojas de ruta capaces de alcanzar escenarios parciales/finales congruentes con los objetivos marcados en el apartado primero. Sin ánimo de ser exhaustivo ni de atender a las particularidades de las distintas tipologías urbanas, en el cuadro que sigue se exponen brevemente las principales actuaciones a integrar en la hoja de ruta de cada ciudad.

 4. La imprescindible colaboración de la ciudadanía

Afrontar las actuaciones apuntadas en el apartado anterior constituye una tarea política de envergadura que han de asumir las instituciones locales, pero que por su escala y plazos no puede acometerse sin la colaboración de los actores urbanos y la ciudadanía. Basta echar un vistazo al contenido de los temas abordados en el apartado anterior para comprender que por su dimensión y complejidad dicha colaboración es imprescindible.

También hay que insistir en que esa colaboración requiere poner en marcha procesos y metodologías innovadoras que seguramente requieren aplicarse en distintos planos y escalas a la vez: desde el ámbito de la propia ciudad y de las temáticas específicas hasta la puesta en práctica de experiencias piloto en el ámbito de barrios o distritos. 

Pero en todos los casos, la dificultad de los desafíos a abordar requiere que, además del imprescindible liderazgo institucional, se trate de vincular a auténticos “asociados” del mundo urbano y representantes ciudadanos, capaces de corresponsabilizarse a lo largo de procesos que han de contemplar desde los primeros diagnósticos, las propuestas de acción y las hojas de ruta, hasta la evaluación y realimentación de unos  procesos que, a su vez, han de ser “reinventados”.


Esta vía participativa, democrática y transparente, con fuerte liderazgo público y participación social requiere desplegar mucha inteligencia (también la artificial en torno a las TIC, los datos y el Internet de las cosas) y colaboración con empresas que aporten valor añadido, pero se distancia de ciertas lógicas que recientemente emanan desde el mundo de las grandes empresas que tienden a instrumentar macro-contratos de gestión privada a largo plazo sobre diversos temas clave del metabolismo urbano. 

Las cuestiones relacionadas con el cambio de paradigma y del metabolismo urbano son demasiado importantes y generan tanto poder estratégico, informativo y fáctico, que su tratamiento ha de mantenerse en el universo de la esfera pública y la transparencia ante la ciudadanía.     


III. Las estrategias de mitigación climática en las ciudades españolas 

Si se aplican con la ambición y el rigor necesario el tipo de propuestas planteadas en este texto, los frutos obtenidos pueden ser excepcionalmente importantes ya que, entre otras cosas, de ello depende que se pueda cumplir con los compromisos de la Cumbre del Clima de París para tratar de evitar la progresiva desestabilización climática y ecosocial del planeta.

En España, más allá del valor de los trabajos y experiencias ya apuntados, no existen prácticamente evaluaciones generales sobre las posibilidades y resultados de proyectar una política generalizada y ambiciosa en las ciudades, relacionada con la crisis ecológica y climática. En las líneas que siguen se refieren tres aportaciones interesantes sobre el tema.

La primera, tiene que ver con el “Informe Ciudades del Programa Cambio Global España 2020/50” realizado entre 2008 y 2011 por la Fundación de la Universidad Complutense de Madrid. El Informe, elaborado en colaboración con el OSE y otros expertos, analizó y propuso actuaciones en siete temas clave de las ciudades españolas, similares a los expuestos en los anteriores apartados, concluyendo que, en teoría, su plasmación permitiría alcanzar, entre otros, dos objetivos fundamentales: 

1) culminar a mediados de siglo la descarbonización general de las ciudades (no olvidar que estamos hablando del 70%-80% de las emisiones totales de GEI en el país); y 
2) reducir el desbordamiento ecológico y reequilibrar la huella ecológica del país hasta hacerla equiparable con su biocapacidad.      

La segunda, se refiere a los trabajos y planteamientos realizados desde 2010 sobre la edificación en España por la plataforma transdisciplinar “Grupo de Trabajo sobre Rehabilitación” (GTR) con la autoría de A. Cuchí (UPC) y P. Sweatman (CS&P). 

Sus propuestas se centran en un programa a 2050 para rehabilitar diez millones de viviendas (el 65% del parque de primeras residencias) con una inversión de 260.000 millones de euros, unos retornos de 390.000 millones de euros, una reducción de más del 80% de las emisiones de GEI del conjunto del sector respecto a 2001 y la creación en torno a los 120.000 – 170.000 puestos de trabajo durante todo el período.

La tercera, trata sobre la plasmación de las claves contenidas en este texto en un caso concreto, el “Plan de Acción de Playa de Palma” (2010) elaborado por el Consorcio del mismo nombre, inicialmente aprobado por el Parlamento Balear y arrumbado por la irrupción de la crisis económica en 2010. 

Dicho Plan de Acción, abordó una propuesta detallada sobre la rehabilitación y revalorización integral de 1.000 Ha deterioradas y más de 200.000 plazas residenciales y turísticas en la que, como tema importante, se contemplaba la descarbonización general de la zona a mediados de siglo.


IV. Reflexiones finales

Finalmente, apuntar seis consideraciones para poner en marcha políticas – país, acordes con la importancia de los retos descritos: 

1) Información, información y más información a los gobernantes y a ciudadanía sobre el alcance vital de la crisis ecológica/climática y el papel central de las ciudades en su encauzamiento. 

2) Adecuación del marco constitucional/autonómico/local (incorporando la necesaria reducción del déficit ecológico y climático) e implementación de una estrategia-país/región que aborde una salida a la crisis que incorpore los retos descritos y la acción decidida en las ciudades. 

3) Implementación de un marco institucional adecuado que potencie/articule las capacidades nacionales, autonómicas y locales para lanzar ambiciosas estrategias y programas acordes con las propuestas establecidas en el texto. 

4) Introducción de las reformas normativas e instrumentales precisas y, entre ellas, las vías de financiación adecuadas (en monto, condiciones, plazos e intereses) a los requerimientos de los correspondientes programas de cambio en las ciudades. 

5) Creación de un “grupo avanzado de ciudades y territorios” que quiera abordar de inmediato y a fondo los retos descritos y que actúe como punta de lanza y referencia para el conjunto de las ciudades del país. 

Y 6) Imprescindible impulso a la participación proactiva de las ciudadanías a lo largo y ancho de los procesos descritos.   
Ni que decir tiene que poner en marcha el tipo de propuestas planteadas en el conjunto del texto es extremadamente complejo y que solo pueden abordarse en el marco de acuerdos políticos y sociales muy amplios en torno a hojas de ruta a tres/cuadro decenios que permitan abordar en las ciudades el cambio de ciclo histórico en el que ya estamos inmersos. Pero nos jugamos algo tan importante como la vida tal y como hoy la conocemos."     

(Fernando Prats es  coautor del Informe Ciudades del Programa España Cambio Global 2020/50, junto a J. Ozcariz, y del libro La Gran Encrucijada. Sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico, junto a Yayo Herrero y A. Torrego y miembro del Foro Transiciones. CTXT, 20/12/17)

28/10/16

Las ciudades generan el 80% del PIB mundial y sin embargo, también son las que consumen el 70% de la energía y emiten el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero

"(...) Las ciudades generan el 80% del PIB mundial y sin embargo, también son las que consumen el 70% de la energía y emiten el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

 Como señala José Bellver, investigador de FUHEM Ecosocial, es llamativo que “la mayor parte de consumo de energía y materiales se realice en las ciudades cuando su población representa el 54% de la población mundial y las ciudades ocupan entre el 1 y el 3% del territorio global”. 

Las ciudades de hoy tienen también que hacer frente a la escasez de metales, minerales y combustibles, y a los impactos de un sistema de alimentación, transporte y edificación, entre otros, que se extienden más allá de la región y el país que albergan dicha ciudad. Gary Gardner señalaba esta mañana que hay que tener en cuenta también la generación de residuos de una ciudad ya que “son la tercera fuente de emisiones de metano directamente causados por los humanos”. 

Estos impactos se agravan cuando se trata de la organización de ciudades de más de 10 millones de habitantes. Según el informe, “las megaciudades han pasado de 2 en 1950 a 29 en 2016, y para 2030 está previsto que lleguen a ser 41”. 

Pobreza y desigualdad en la ciudad 

Según Gary Gardner, “las ciudades son motores de economía y, a la vez, centros de pobreza”, ya que a proximadamente 1 de cada 7 habitantes de zonas urbanas vive en la pobreza, generalmente, en asentamientos marginales de los países en desarrollo. 

Además, “el 10% de la población urbana en países en desarrollo carece de acceso a la electricidad y el 18% utiliza madera, estiércol o carbón para cocinar”, según el investigador.(...)

Hay alternativas: 7 claves para dar forma a las ciudades sostenibles 

Sin embargo, las ciudades de hoy en día están también en una interesante posición para asumir el liderazgo de construir economías sostenibles. 

Gary Gardner explicaba la dificultad para describir un único modelo de ciudad sostenible: “Las ciudades difieren en cuanto a geografía, clima, cultura, historia, riqueza y otra multitud de aspectos, cada uno de los cuales hace imposible plantear un modelo único para la sostenibilidad urbana”. Además, insiste el investigador, “no disponemos de ningún modelo maduro de sostenibilidad urbana en ningún lugar del planeta”. Debido a estas incertidumbres, describir una ciudad sostenible requiere un esfuerzo de imaginación. 

La Situación del Mundo 2016 no formula una única vía para lograr ciudades sostenibles, sino que ofrece ideas para avanzar hacia la sostenibilidad urbana. En este sentido, Gary Gardner resumía en 7 las claves para desbloquear la transición hacia la sostenibilidad: 

Reducir, hacer circulares, y no contaminantes los flujos de materiales; 

invertir en infraestructuras verdes que den espacio a la naturaleza; 

que el desarrollo de la ciudad sea compacto, conectado y a escala humana; 

dedicar espacios para el encuentro de la gente; 

fortalecer las ciudades como centro de bienestar cuidando los servicios sanitarios o evitando la contaminación atmosférica; 

que el desarrollo se centre en las personas; y, finalmente, 

 asegurar que la gobernanza es participativa.(...)"             (FUHEM, en Rebelión, 27/10/16)