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16/1/18

Lo latino... la identidad plural... conectada con la tolerancia, la diversidad, el respeto y los valores humanos

" (...) la clave hispana radica en la traslación de lo cuantitativo a lo cualitativo: del paso de unos números abrumadores a un reconocimiento de la calidad de “lo latino”, como sinónimo no solo de creatividad y alegría (cosas, conviene no olvidar, muy importantes de por sí) sino también como concepto asociado a la profesionalidad y la innovación.

 Y, quizá más relevante, como una cultura —o habría que decir, multiplicidad de culturas— intrínsecamente conectadas con la tolerancia, la diversidad, el respeto y los valores humanos. Ello no son virtudes menores, en un mundo aún alterado e indeciso, donde las autocracias y el populismo pretenden aprovecharse de la fragilidad de la democracia, por definición abierta, para imponer sus fórmulas excluyentes. 

Y por eso “lo hispano” contiene un potencial de reputación en auge, vinculado a esa apertura cívica e inclusiva, aunque aún deba demostrar en su entorno las ventajas competitivas que implica gozar de una identidad plural. 

Para ello los hispanos sin duda encontrarán aliados en su propia nación —fundada originariamente sobre el ideal democrático—, pero también los encontrarán y nos corresponde manifestarlo, en todos los pueblos y culturas iberoamericanos, empezando por España."         (Jesús Andreu, El País, 11/01/18)

3/10/11

Goya pensaba... pintando. Es "uno de los pensadores más profundos, al mismo nivel que su contemporáneo Goethe, por ejemplo, o que Dostoievski 50 años después"

"Todo esto para decir que algo de barbarie intelectual sí que parece subyacer bajo el juicio al que algunos insignes hombres de ideas de la patria -por ejemplo, Ortega, pero no solo- sometieron a Francisco de Goya y Lucientes, pintor universal y, según el autor de Goya. 

A la sombra de las Luces (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) pensador universal también. Contra viento y marea, pero sobre todo contra la opinión orteguiana y tan noventayocho de que Goya no pasaba de ser un artesano de la pintura (superdotado, eso sí) incapacitado para comprender o articular cualquier cosa parecida a una teoría o un conjunto de ideas filosóficas.

O, como puede leerse en el prólogo de José María Ridao, "un artista extravagante y rudo, dotado para la pintura pero ignorante de las ideas artísticas, culturales y políticas que agitaron su tiempo".

Lo ha adivinado el lector: Goya es el hombre. El principio y el fin, el cierre del círculo en este nuevo todorov, como casi siempre salpicado de semejantes dosis de cordura y salfumán: análisis sereno, mensaje terrible.

Todorov, intelectualmente amamantado, entre otros, por Roland Barthes, despliega una defensa numantina de la capacidad intelectual de Goya. Uno de los dos o tres nombres capitales en el decurso de la Historia del Arte, germen de una revolución pictórica, pero también, escribe Todorov casi en el arranque del volumen, "uno de los pensadores más profundos, al mismo nivel que su contemporáneo Goe-the, por ejemplo, o que Dostoievski 50 años después".

Quienes tengan para sí que la pintura y demás formas del arte han de responder tan solo por su habilidad en tanto que elemento decorativo, este ensayo es el enemigo. En él, Todorov arremete contra la dictadura de las capas superficiales, por magistrales que estas sean, y acude a la obra de arte en general y a la pintura de Goya en particular para hablar de "esas cosas que la expresión verbal no puede atrapar, esas sensaciones al margen de las palabras".

Ese mundo que, sin decirlo apenas, entronca con nuestras pulsiones primarias e indescifrables acerca de las cosas y de las personas, también con no pocos de nuestros fantasmas.

Tampoco es el primero: él mismo hace justicia y cita en cuanto puede una de las principales referencias a la hora de pensar la tesis central de este libro: la noción de pensamiento figural ya expuesta por Yves Bonnefoy en su ensayo sobre Goya (Goya, las pinturas negras).

Quienes, por el contrario, suelan contemplar en el Prado el Descendimiento de Roger van der Weyden, pongamos por caso, y no solo se rindan a las texturas y los colores, al trazo y a los gestos, sino que reflexionen acerca de cosas como la amargura filial, la traición, el poder, la lealtad, la generosidad, la violencia como medio para conquistar los fines o la fatalidad de las cosas... comprenderán al dedillo las convicciones de Todorov.

Para él, la pintura subterránea de Goya (esa pintura libre no ejecutada por encargo ni a instancias del poder, o sea, las Pinturas negras o los Disparates, para entenderse: entrar de la mano de Todorov en la Quinta del Sordo es un viaje inquietante e irresistible) vehicula ideas, genera reflexiones y permite comprender mejor la España de principios del XIX. Goya no era, para Todorov, un mero receptor y seguidor de las ideas ilustradas, sino un verdadero pensador de la Ilustración. Un pensador a secas, al mismo nivel, sostiene el autor del ensayo, que Goethe o Dostoievski.

Pero no es nuevo este tránsito por la vertiente filosófica de un personaje como Francisco de Goya. No son pocos los autores ilustres que, como Valeriano Bozal, Francisco Calvo Serraller, Manuela Mena y, sobre todo, Pierre Gassier y Juliet Wilson (de cuyo libro Vida y obra de Francisco de Goya parte este, según el autor) han querido explorar más allá del paspartú de los geniales cuadros del artista.

Todorov, que de los estudios de teoría literaria y los adoquines lanzados contra las dictaduras se ha pasado esta vez a una especie de vida y reivindicación del artista -no es la primera vez: ya lo hizo con Rembrandt- suele confesar su condición irredenta de hombre desplazado.

Y en su defensa del Goya / pensador recuerda sobremanera a lo que ya Américo Castro hizo en 1925, cuando reivindicó la no siempre bien comprendida dimensión intelectual de Cervantes. Maestros de todo, gente genial a la que la narración oficial de un país llamado España puso a veces en duda. Para convertirlos en eso: en desplazados."                (El País, ed. Galicia, 29/09/2011, p. 37)
       

6/7/10

La (barata) creatividad matemática

"Imagine usted que un día le da por empeñarse en terminar un sudoku de los complicados, uno que lleva medio siglo sin que nadie lo resuelva. Y que dos años después, cuando está dispuesto a darse por vencido, encuentra la llave y se hace famoso. Algo así le ocurrió a Francisco Santos, catedrático de Geometría y Topología de la Universidad de Cantabria, que refutó la conjetura de Hirsch, relacionada con el algoritmo del simplex en programación lineal -uno de los más influyentes en la ciencia e ingeniería del pasado siglo-.

Andaba a miles de metros de altura, en un vuelo entre París y Bilbao, leyendo un artículo de combinatoria geométrica cuando se le ocurrió el camino a seguir. "La clave del éxito", dice citando al matemático Gian-Carlo Rota, "es tener tres o cuatro problemas importantes en la maleta y pensar, cada vez que lees algo, si eso puede ser aplicable para resolverlo".

Santos, de 42 años, llega con cautela al restaurante, tal vez porque teme enfrentarse a una encerrona con grabadora. Los entrantes elegidos se posan en la mesa y se va soltando. Pide a todos, padres y medios de comunicación incluidos, que dejen atrás el prejuicio de que las matemáticas son importantes, pero aburridas y difíciles. "El otro día un periodista me dijo: 'Se me atragantó el gazpacho cuando me enteré que te iba a tener que entrevistar'. No hace falta que inculquemos odio a las matemáticas. Hay que tener cierta apertura de mente, aunque no entendamos los detalles".

Aunque reconoce que habría tenido más repercusiones prácticas el demostrar que la conjetura era cierta, explica que su hallazgo abre la puerta a mejorar este algoritmo aplicado a la gestión de recursos. "Se utiliza mucho para coordinar los turnos de trabajo en empresas con miles de empleados, en una aerolínea, por ejemplo". El sello de calidad definitivo, la publicación del resultado en una revista científica, tardará entre uno y tres años, añade." (FRANCISCO SANTOS. "Las matemáticas son una ciencia muy barata". El País, ed. Galicia, última, 21/06/2010)

4/9/07

Pensar en español es tener un pensamiento potcolonialista

“Pero el español, como lengua universal, tiene trampa y es esa trampa precisamente la que, si la sorteamos, permite responder afirmativamente a la pregunta de si es posible pensar en español. La trampa consiste en que la lengua común alberga experiencias no sólo distintas sino opuestas. Esa lengua, el español, se ha hecho camino imponiéndose violentamente… Lengua pues de los dominadores y de los dominados.

Si eso es así, "pensar en español" es explicitar el conflicto latente en la lengua común. Una comunidad cultural cimentada en una lengua que alberga experiencias históricas opuestas está abocada a pensarse desde el conflicto y eso es lo que debería dar singularidad a nuestro pensamiento.

¿En qué se concreta? En pensar teniendo en cuenta las experiencias vividas, es decir, en incorporar la memoria al pensamiento. A nosotros no nos está permitido pensar la política y la ética haciendo abstracción de nuestra historia o mirándonos al ombligo, sino teniendo en cuenta lo que nos hemos hecho. En griego y en alemán -para volver a Heidegger- "yo" y "lo mismo" tienen la misma palabra (Selbst y autos) con lo que se da a entender que la identidad está en uno mismo. En castellano son palabras distintas con lo que cabe pensar la identidad como alteridad, una alteridad en la que el otro no es un extraño sino alguien que tiene la cara marcada por cicatrices de nuestra conflictiva relación. La posible comunidad cultural iberoamericana sólo puede, por tanto, fundarse sobre la responsabilidad histórica. Un logos con memoria desemboca en una relación interpelante que arranca del pasado para responder en el presente.

En el palacio Bellas Artes de México está el mural de Rufino Tamayo titulado Nacimiento de nuestra Nacionalidad. La presencia opresora del conquistador está representada por una columna jónica (la cultura) que aplasta a la sociedad prehispánica, simbolizada en una serpiente. En la parte inferior del mural una indígena da a luz un niño mestizo, mitad blanco, mitad moreno. Pensar en español es responder al desafío de un presente plural que tiene un pasado común conflictivo que no podemos dar por cancelado. Esto debería valer al pensar en inglés o en francés, pero no se ha hecho porque han preferido pensar en griego y en alemán.

(REYES MATE: Pensar en español. El País, ed. Galicia, Opinión, 03-09-07, pp. 13)