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26/2/24

Fútbol, democracia y capital privado... Los aficionados han prevalecido sobre las finanzas en la Bundesliga, lo que debería llevar a repensar el papel del capital privado en la sociedad.

 "Energiewende se ha convertido en una palabra alemana, como Schadenfreude, utilizada en todo el mundo. Quizá Verein (asociación) sea otra palabra que los interesados en la democracia, el fútbol o las finanzas -o en todo ello- deberían aprender en toda Europa. Porque el modelo Verein del fútbol alemán, aunque todavía amenazado, acaba de mostrar su poder una vez más.

El año pasado, la DFL intentó atraer a un inversor privado para la comercialización global de la Bundesliga. El plan original preveía una inversión de más de 2.000 millones de euros. Los aficionados protestaron, temiendo una influencia excesiva de los inversores en cuestiones como los horarios de los partidos. El plan no obtuvo la mayoría necesaria de dos tercios entre los 36 clubes que componen la primera y la segunda Bundesliga.

Sin embargo, en lugar de rendirse, unos meses más tarde la DFL volvió a intentarlo. Redujo el alcance del acuerdo -alrededor de 1.000 millones de euros en 20 años- y afirmó que había "líneas rojas", como la de los saques de salida, que los inversores no podrían traspasar. Los aficionados no se lo creyeron, entre otras cosas por las promesas incumplidas del DFL.

Expertos en finanzas, como el vicepresidente del 1. FC Köln, Eckhard Sauren, un profesional de la industria financiera, indicaron que había alternativas menos peligrosas. Y organizaciones de la sociedad civil como Finanzwende señalaron que la naturaleza del capital riesgo es exigir influencia. Junto con otros expertos en finanzas, Finanzwende argumentó que era sencillamente imposible que el DFL prometiera que sus "líneas rojas" se mantendrían, contra viento y marea, durante dos décadas.

Mandato inestable

En una votación secreta celebrada en diciembre, la mayoría de dos tercios de los clubes apenas se alcanzó: exactamente 24 de los 36 dieron su visto bueno al plan revisado. Posteriormente, muchos de los clubes hicieron público el sentido de su voto, alegando que, como Verein, debían ser transparentes con sus socios. Así, rápidamente se supo qué diez clubes habían votado no (dos se abstuvieron).

El problema para la dirección del DFL era que los miembros de Hannover 96 habían dado instrucciones a su representante, Martin Kind, para que votara en contra. Sin embargo, Kind no sólo se negó a decir en público cuál había sido su voto. Una vez conocidos los diez clubes que votaron no, era muy probable que su voto hubiera sido afirmativo y, por tanto, decisivo para obtener la mayoría ponderada necesaria.

El mandato de los dirigentes de la DFL para negociar con los inversores privados era, por tanto, incierto desde el principio y la inmensa mayoría de los aficionados al fútbol organizados de Alemania lo consideraba ilegítimo. El comportamiento de Kind, y la aparente confianza de la DFL en su voto, amenazaron uno de los puntos fuertes del fútbol alemán: que, en última instancia, el control de los clubes sigue en manos de los miembros de la Verein.

Este sistema también se conoce como la "regla 50+1". Para obtener una licencia, un club debe ser propietario total o mayoritariamente de su equipo de fútbol. La regla está diseñada para garantizar que los miembros del club conserven el control general al poseer al menos el 50% + 1 de las acciones del club, protegiéndolos de la influencia de inversores externos. Y aquí estaba la DFL, utilizando un aparente incumplimiento de la norma por parte de Kind como base para negociar un polémico acuerdo de inversión, ¡ya rechazado por los aficionados en los meses anteriores!

Protestas creativas

Como consecuencia, desde diciembre se habían intensificado las protestas en los estadios. Muchos partidos se interrumpieron y retrasaron, en directo por televisión. Algunos se detuvieron durante más de 30 minutos, y muchas veces los árbitros consideraron la posibilidad de interrumpir el juego por completo. Los hinchas fueron increíblemente creativos en sus protestas: lanzaron limones al campo, mientras sostenían pancartas que decían "Los inversores de capital privado nos amargan". Consiguieron que coches teledirigidos con bengalas cruzaran el campo: "¿Por qué coches de juguete? Bueno, nosotros no seremos teledirigidos". Y, una y otra vez, lanzaron pelotas de tenis para interrumpir los partidos.

La DFL trató de desestimar la protesta, alegando que sólo la apoyaba una minoría militante. Pero las encuestas mostraron que la mayoría de los aficionados al fútbol -dos tercios, por cierto- la apoyaban plenamente. E incluso más allá de los aficionados, hubo simpatía, especialmente cuando se supo qué tipo de inversores estaban detrás de los planes. El proceso de licitación se redujo a Blackstone o CVC, que se vieron así sometidas al escrutinio público que las empresas de capital riesgo tratan de evitar.

El hecho de que utilizaran dinero del fondo soberano de Arabia Saudí para sus inversiones fue objeto de críticas. También lo fue su modelo de negocio, que aspiraba a beneficios extremadamente altos, sin importar si el objetivo de la inversión era una arriesgada start-up, la sanidad o el fútbol. De repente, los fanzines entrevistaron a expertos en finanzas, las prácticas de presión de las empresas se debatieron en los principales programas deportivos, la regla 50+1 se explicó en las noticias y los representantes de los aficionados cuestionaron el modelo de negocio del capital riesgo en los programas de entrevistas.
Ganó la sociedad civil

Blackstone se retiró del proceso y cada vez más clubes pidieron una nueva votación o retiraron su apoyo al acuerdo. El propio Hannover 96 cuestionó la legalidad de la votación de Kind en diciembre. La dirección de la DFL planteó brevemente la idea de celebrar otra votación, reduciendo el umbral de éxito a una mayoría simple de clubes. Pero cuando los aficionados dejaron claro que lo interpretarían como una nueva escalada del conflicto, la DFL desistió.

El pasado miércoles, una reunión especialmente convocada del consejo de miembros de la DFL votó a favor de poner fin al proceso de licitación. En un comunicado emitido posteriormente, los miembros de la DFL también reafirmaron su apoyo a la regla 50+1. Sin embargo, algunos de los clubes más ricos han dejado claro desde entonces que consideran la regla como una desventaja competitiva, en comparación con los clubes de Inglaterra y España, por lo que se espera que un desafío a la regla sea la próxima gran lucha entre los aficionados y los gobernantes del fútbol.

Lo que es seguro es que la sociedad civil ha ganado este asalto y que no habrá inversiones de capital privado en el marketing de la Bundesliga en un futuro próximo. Las protestas funcionaron, y los grandes actores del capital riesgo (CVC gestiona 388.000 millones de euros), a pesar de su activa presión, no se salieron con la suya. Un periodista la calificó de "la protesta del movimiento social con más éxito de los últimos años".

Tuvo éxito porque reunió a personas de convicciones políticas muy diferentes. Porque la base Verein de la gobernanza del fútbol alemán dio voz a los aficionados e hizo que el intento de imponer un acuerdo en contra de su voluntad se convirtiera fácilmente en un alboroto. Y porque, en última instancia, esta lucha enfrentó a la comunidad, la democracia y otros valores sociales ampliamente compartidos contra los beneficios excesivos y el poder de unos pocos directivos de fútbol de élite y gigantes financieros.
Capital privado o bien público

Así pues, la victoria no es sólo para los aficionados al fútbol, sino para todos aquellos que quieren evitar que se financiericen todos los aspectos de la vida cotidiana. Que los intereses del capital privado prevalezcan sobre el bien público, cuando están en conflicto, parecía inevitable para la mayoría hace tan sólo unas semanas. Pero los aficionados demostraron que se puede frenar incluso a los mayores actores financieros. No hay nada "natural" en la creciente financiarización de bienes sociales y culturales como el fútbol, la sanidad o la vivienda.

Por tanto, la victoria en Alemania debería dar esperanzas de que, con la gobernanza adecuada, podemos domar el sistema financiero de forma más amplia y ponerlo al servicio de las personas y de la economía real, en lugar de al servicio de los beneficios excesivos. En las últimas semanas se ha tomado conciencia en Alemania del peligro que entrañan las expectativas de beneficios de los fondos de capital riesgo/inversión en ámbitos que no les corresponden. Esta toma de conciencia debe conducir ahora a un replanteamiento del papel del capital riesgo en la sociedad en general."

(  Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com)

14/11/23

‘Machismo, mafia y corrupción en el fútbol español”... vemos que los amos del fútbol español son amos de muchas más cosas, desde negocios de construcción hasta cadenas de televisión, pasando por empresas de distribución de alimentos o las cloacas policiales. El libro repasa desde el omnipresente Florentino Pérez hasta Fernando Roig o Miguel Ángel Gil

 "Cuando un autor y un editor van pergeñando una idea para un libro que, presumen, trata sobre un tema de actualidad, además de acertar en el momento en el que lo deciden que lo publicarán, quedan a merced de cómo evoluciona esa actualidad a lo largo de los meses que pasarán hasta que el libro vea la luz.

Al periodismo diario le basta saber lo que es actualidad hoy para contarlo mañana, el semanal tratará sobre temas que duren más de un día y una publicación mensual debe pensar en temas que soporten varias semanas. En cambio, querer abordar la actualidad, incluso me atrevería a decir que hacer periodismo, en un libro requiere pensar a largo plazo. ¿Interesará este tema dentro de seis meses cuando el libro salga a la venta? O lo que es peor, ¿seguirá interesando dentro de un año o dos, fechas en las que seguimos interesados en que el libro siga en las librerías?

Este nuevo libro de la colección A Fondo, de la editorial Akal, que usted tiene en las manos, se planeó hace varios meses. Creo que el tiempo y los acontecimientos han demostrado la visión periodística de futuro que tuvimos, especialmente nuestro autor, Fonsi Loaiza. Quién, si no, iba a escribir un libro titulado Machismo, mafia y corrupción en el fútbol español.

Efectivamente, el carácter mafioso, machista y corrupto del fútbol español ha terminado reventando por una de sus costuras podridas y sacando a la luz toda la miseria que habíadentro. En esta ocasión ha sido el machismo. Y, al final, con el presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, ha pasado como con Al Capone: tantos crímenes a las espaldas del gánster estadounidense para terminar en prisión por una simple evasión fiscal. En España, tantos latrocinios, choriceos y comisiones para terminar cesado por un beso no consentido, un pico. La paradoja es que algunas injusticias terminan proporcionando justicia.

Este libro sirve para entender cómo algo que puede parecer nimio acaba siendo el detonante de algo mucho mayor. Un beso, un pico, como dijo Rubiales, puede desencadenar todo lo que hemos conocido. En realidad, los grandes movimientos populares surgen a partir de algo aparentemente intrascendente. Por ejemplo, la primavera árabe en Túnez se inicia porque la policía le confisca las verduras a un vendedor callejero. En su libro Antes de la tormenta, Gal Beckerman repasa la historia para explicar cómo muchos movimientos populares, e incluso revoluciones, se conciben de forma silenciosa y latente para terminar explosionando en el momento más inesperado. Machismo, mafia y corrupción en el fútbol español nos sirve para descubrir todo lo que había detrás de nuestro fútbol y explica cómo ese detonante aparentemente simple, «el pico», pudo provocar todo, la explosión de la olla a presión, la gota que colmó el vaso.

Para explicar eso, Loaiza nos presenta a todos los capos del fútbol –no hace falta explicar que todos son hombres–, él los llama los amos del fútbol español. Pero, en realidad, al terminar el libro, vemos que son amos de muchas más cosas, desde negocios de construcción hasta cadenas de televisión, pasando por empresas de distribución de alimentos o las cloacas policiales. El libro repasa desde el omnipresente Florentino Pérez hasta Fernando Roig o Miguel Ángel Gil. Ojo con los apellidos, seguro que les suenan desde hace mucho. Comprobamos que, cuando se trata de negocios, no importan las diferencias ideológicas, se unen monárquicos y republicanos, centralistas madrileños e independentistas catalanes, y por eso vemos repartirse el pastel entre Roures, Cerezo, Laporta o Tebas. A todos ellos los retrata Loaiza detallando sus finanzas, recopilando sus mangoneos y reproduciendo las citas de sus comentarios.

Sin embargo, sí descubrimos un sesgo ideológico dominante en nuestro fútbol, se explaya sin límite el ultraderechismo. Un ejemplo elocuente: el único partido que se ha suspendido aplicando el «protocolo contra el racismo» fue para proteger a un nazi al que parte del público llamó nazi. En el fútbol, cuando se habla de justicia, es el mundo al revés; por eso, como recuerda nuestro autor, tiene peores consecuencias denunciar una agresión sexual que haber sido denunciado envuelto en un escándalo sexual.

Las corrupciones en las instituciones del fútbol quizá sean la mejor prueba de cómo la gestión y el derecho privados puede ser el lugar idóneo para el latrocinio y el saqueo del dinero público logrado con patrocinios, derechos de emisión y privilegios ante las administraciones. Y todo ello sin tener que someterse al control público de sus cuentas y nombramientos. Les recuerdo que alguna de esa gente gana en sus cargos casi un billete de 500 euros cada hora.

Cuando vamos leyendo las páginas de este libro, comprobamos cómo ningún cargo público ni representante ciudadano aguantarían ni un minuto en el cargo tras conocerse su salario insultante, sus privilegios, sus orgías con jóvenes de menos de 20 años, sus derroches en fiestas tirando de tarjeta de la institución, sus comentarios machistas, su impunidad ante las agresiones sexuales, su racismo o su matonismo.

Como no podía ser de otro modo, los tentáculos de la criminalidad del fútbol se extienden por la trama Gürtel –que financiaba a la derecha–, las cloacas de Interior y de la policía, y la complicidad y compra de silencios en los medios de comunicación. Lean, lean.

Que algunas cabezas de esta mafia hayan tenido que rodar por un pico y no por todo su bandolerismo, uno ya no sabe si es digno de aplauso o de vergüenza, aunque, al menos, sí es motivo de alegría.

Sólo me queda agradecer a Fonsi Loaiza, probablemente el periodista español que más amenazas de muerte recibe por las redes, que sus libros estén sacando a la luz todo este mundo turbio. Las amenazas que en México reciben los periodistas por las mafias del narcotráfico, en España se reciben por la mafia del fútbol, no se me ocurre mejor símil para comprender la envergadura de su criminalidad. Leyendo este libro y difundiéndolo estaremos demostrando que no está solo y que el hampa no es intocable. Ya lo han demostrado las futbolistas."               (Akal, 02/11/23)

28/2/23

El complot contra el fútbol femenino... Después de la Primera Guerra Mundial, el fútbol femenino creció en popularidad y se unió al ascendente movimiento obrero. Convocó a miles y recaudó mucho dinero, hasta que la clase dirigente decidió que era demasiado radical y le cortó las piernas

 "En mayo de 1921, las esposas de los mineros de Platt Bridge, en Wigan, Inglaterra, organizaron un partido de fútbol contra el pueblo vecino de Abram. El resultado final fue de 4-1 a favor de Platt Bridge, que «rápidamente se puso por delante en el marcador y lo mantuvo hasta el final», según la crónica del partido publicada por el Wigan Observer. Fue un partido entre dos equipos improvisados en el barro y la ciénaga del campo de un granjero, muy lejos de la victoria de Inglaterra contra Alemania en la final de la Eurocopa femenina poco más de un siglo después. Y, sin embargo, asistieron unas 7000 personas, que pagaron medio chelín cada una por el privilegio, lo que supuso una recaudación de unas 500 libras en dinero actual.

Este fue uno de los primeros encuentros de lo que se conocería como «partidos de la sopa», jugados y organizados por mujeres de la clase obrera durante el cierre patronal de los mineros de 1921 y a menudo presenciados por una multitud de miles de personas. En una época de penurias desesperadas, cuando los hombres estaban en huelga en medio de una disputa salarial con los propietarios de las minas locales, las mujeres jugaban al fútbol para recaudar dinero y pagar los comedores de beneficencia que alimentaban a sus familias. Dos semanas antes del primer partido de Platt Bridge contra Abram, hubo que proporcionar un millón y medio de comidas a 182 000 niños de los distritos mineros de todo el país para garantizar que no pasaran hambre.

Los «partidos de la sopa» proporcionaron un alivio muy necesario a quienes luchaban en aquel momento en esa parte de Lancashire, mientras que encuentros similares también fueron organizados y jugados por mujeres en el noreste de Inglaterra. Se inspiraron en el fútbol femenino más organizado, que había crecido rápidamente por medio de equipos de la clase trabajadora durante la Primera Guerra Mundial y después de ella. La solidaridad y la compasión con los necesitados eran principios fundamentales de este nuevo y floreciente deporte, cuyos beneficios se donaban a causas benéficas.

Sin embargo, el mismo año en que se disputaron los primeros «partidos de la sopa», el fútbol femenino quedó prohibido. Y así seguiría durante los 50 años siguientes. Para entender por qué, es necesario rastrear el crecimiento de la popularidad de este deporte, hasta el punto de que llegó a considerarse un rival creíble —y quizás incluso una amenaza— para su equivalente masculino.

Fútbol de fábrica

Aunque su historia se remonta a finales del siglo XIX en Gran Bretaña, el fútbol femenino solo empezó a captar la atención del público durante la guerra. En una época en la que los roles tradicionales de género se desmoronaban rápidamente (aunque de forma temporal), las mujeres de clase trabajadora no solo sustituían a los hombres en el lugar de trabajo, sino también en sus actividades de ocio fuera de él. Muchas de las que entraron en las fábricas de municiones en tiempos de guerra empezaron a participar en las actividades recreativas para trabajadores organizadas por la empresa, de las que antes se habían beneficiado los hombres y de las que las mujeres habían sido excluidas de facto.

El fútbol era la más popular, por las mismas razones que lo era entre los hombres: era barato y sencillo de jugar, con un bajo umbral de exigencia inicial. Se organizaron equipos femeninos en todos los rincones del país, desde Glasgow y Bath hasta Swansea y Blackpool, e incluso surgió uno en la National Projectile Factory de Hackney Marshes, hogar espiritual del fútbol aficionado. Muchos de estos equipos surgieron de la industria de municiones en tiempos de guerra, pero las mujeres que trabajaban en el comercio minorista, la fabricación de alimentos y la ingeniería ligera también se reunieron para jugar. Se calcula que el año de la prohibición ya había 150 equipos femeninos.

El más famoso, con diferencia, era el Dick Kerr’s Ladies, con sede en Preston. El Dick Kerr’s se formó después de que las mujeres que trabajaban en la fábrica se burlaran de las aprendices por sus actuaciones en el campo de fútbol y las desafiaran a jugar. Su primer partido oficial tuvo lugar dos meses después, el día de Navidad de 1917, ante 10 000 espectadores en Deepdale. Dick Kerr’s se impuso por 4-0 a Coulthard’s Ladies. La trabajadora de la fábrica Grace Sibbert, cuyo marido estaba luchando en Francia, desempeñó un papel decisivo en la organización del partido, y la recaudación de 488 libras —unas 15 000 libras en dinero de hoy— se donó a un hospital local que trataba a soldados heridos.

Dick Kerr’s no solo se convirtió en el mejor y más conocido equipo femenino, llegando incluso a representar a Inglaterra en partidos internacionales no oficiales, sino que también fue celebrado por esta recaudación de fondos. La Football Association y la Football League habían sido muy criticadas por decidir no suspender el fútbol profesional masculino al estallar la guerra, pero un próspero fútbol femenino que se enorgullecía de su contribución al esfuerzo bélico demostró que el fútbol tenía un papel positivo que desempeñar, y esto continuó en los años posteriores al enfrentamiento bélico. Solo en 1921 el Dick Kerr’s jugó 67 partidos benéficos, recaudando el equivalente a 2,7 millones de libras esterlinas de hoy en día.

La historia de Dick Kerr’s dista mucho de ser la típica de todos los equipos de mujeres trabajadoras. Ninguno viajaba tanto; pocos salían siquiera de su área local y algunos se quedaban en los terrenos de sus propias fábricas, participando únicamente en partidos interdepartamentales. Sin embargo, la conciencia social demostrada por Dick Kerr y otros equipos femeninos tuvo una influencia más amplia en las comunidades obreras, sobre todo cuando comenzó el cierre patronal de los mineros en 1921. Una semana después del «partido de la sopa» de Platt Bridge y Abram, el Plank Lane Ladies de Bickershaw, en Leigh, jugó un partido de mujeres casadas contra mujeres solteras, al que asistieron unos 2000 espectadores.

Con el apoyo de los movimientos obreros locales, se celebraron más partidos en Pemberton, Ince y Hindley, que atrajeron a más público, y el dinero recaudado se donó a comedores sociales y fondos de ayuda. El «fútbol de la sopa» no era ni mucho menos tan formal u organizado como los partidos de Dick Kerr, y los informes de los periódicos locales sugieren que a menudo no había una única equipación uniforme, sino que las mujeres llevaban «camisetas de varios colores y diseños». Sin embargo, por muy improvisados que fueran estos encuentros, miles de personas se reunían para ver jugar al fútbol a las mujeres de las comunidades mineras, que a su vez se habían inspirado en las mujeres de clase obrera que trabajaban en la industria.

La barrera de género

Sin embargo, antes de que acabara el año, la FA cortaría de raíz el fútbol femenino. El organismo rector del fútbol inglés declaró, tras una reunión de su consejo —compuesto exclusivamente por hombres—, que el deporte era «bastante inadecuado para las mujeres» y que no debía fomentarse. «El consejo solicita a los clubes pertenecientes a la Asociación que se nieguen a utilizar sus campos para este tipo de partidos», rezaba la declaración. No se trataba de una prohibición absoluta (que habría sido imposible de aplicar), sino que impedía que las mujeres jugaran en campos más grandes y construidos a tal efecto, lo que obligaba a practicar este deporte en parques públicos y de forma indefinida.

El razonamiento oficial fue doble: en primer lugar, por «razones médicas», que el juego podría ser físicamente perjudicial para las mujeres; en segundo lugar, debido a las quejas sobre «la apropiación de los ingresos» del fútbol femenino. Ninguna de las dos alegaciones resistía un examen riguroso. La primera se apoyaba en la charlatanería, al punto que un médico llegó a afirmar que dar patadas a un balón es «un movimiento demasiado brusco para las mujeres». La segunda se refería en particular a Dick Kerr’s y al pago totalmente justificado de los gastos a las jugadoras. El Dick Kerr’s se comprometió a seguir adelante aunque tuviera que jugar en campos arados, y así lo hizo, hasta que se disolvió en 1965.

¿Qué motivó realmente la decisión de la FA? Por un lado, el deseo de defender la imagen popular del fútbol como un juego de hombres y un pasatiempo masculino. A medida que la sociedad británica intentaba volver a las formas sociales y a los roles de género de antes de la guerra, las mujeres eran expulsadas de los espacios que tradicionalmente habían sido dominados por los hombres. El fútbol no fue una excepción en ese sentido.

Sin embargo, muchos sostienen que también había un elemento de clase en juego. A medida que pasaban los años desde el final de la guerra, los destinatarios de la recaudación de fondos a través del fútbol femenino se volvieron, por naturaleza, menos explícitamente patrióticos y más políticos. El dinero no solo se donaba a causas relacionadas con el esfuerzo bélico, sino también para los pobres y los desempleados. Como escribe Barbara Jacobs en su historia de Dick Kerr’s, el fútbol femenino empezaba a considerarse un «deporte políticamente peligroso para quienes consideraban enemigos a los sindicatos».

«El contexto político de los partidos de la sopa, con grandes grupos de hombres y mujeres potencialmente revolucionarios reunidos, se habría considerado muy peligroso dado el temor al marxismo y al nuevo poder político de las mujeres», escribe la profesora Alethea Melling, cuya investigación sacó a la luz la historia de aquellos encuentros de 1921. Desalentar el fútbol femenino y cortar de raíz su popularidad fue un pequeño pero significativo baluarte contra la solidaridad más amplia de las mujeres de la clase obrera, tres años después de que obtuvieran el voto pero siete antes del sufragio femenino universal.

Deterioro dirigido

Si ese era uno de los objetivos de la prohibición, hay que reconocerle un desafortunado éxito. En la época de la Huelga General de 1926, cinco años después del cierre patronal de los mineros y de la declaración de la FA, apenas hay pruebas de que las comunidades obreras jugaran al fútbol femenino como medio de solidaridad. Curiosamente, la investigación de Melling sugiere que la policía sustituyó efectivamente el papel de las mujeres en partidos similares para recaudar fondos, jugando contra trabajadores en huelga en Wigan y Leigh, así como en otras partes del país. Sin embargo, estos partidos no lograron atraer a las mismas multitudes que los «partidos de la sopa».

Jane Oakley, una de las mujeres que jugó en los «partidos de la sopa», lamentó más tarde que se perdiera el impulso del fútbol femenino en la época del cierre patronal de los mineros. «Me encantaba patear el balón», dijo a Melling.

Con la prohibición de 1921, un deporte que podría haber prosperado se marchitó. La FA la levantó en 1971, pero la asistencia de decenas de miles de espectadores no se repetiría con seguridad ni regularidad en el fútbol inglés hasta nuestros días, y posiblemente solo hasta la Eurocopa de este verano. El promedio de asistencia a la Superliga Femenina sigue rondando los 2200 espectadores, una cifra significativamente inferior a la del Platt Bridge contra Abram. El fútbol femenino apenas está empezando a ganarse el reconocimiento que se merece desde hace tiempo, liderado por un organismo rector mucho más proactivo y progresista que reconoce que queda mucho trabajo por hacer.

En ese sentido, apenas estamos empezando a ponernos al nivel de las mujeres de Dick Kerr’s, Platt Bridge, Plank Lane Ladies y muchas otras hace un siglo. Su historia nos recuerda un hecho que ellas conocían bien, pero que fue ignorado durante 50 años o más: que el deporte de la clase obrera es y siempre ha sido también el de la mujer trabajadora."                  ( , JACOBINLAT, 22/02/23)

1/12/22

¿Qué tienen en común Pasolini y Maradona? Son dos poetas. Más allá del hecho de que uno escribiera versos y el otro no, son sus vidas las que fueron poéticas... Maradona y Pasolini fueron amados por el pueblo como pocos porque ambos fueron su voz, la expresión de un sentimiento colectivo como pocos

"25 de noviembre de 2020. Desde hace casi un año, sólo hay un tema, desde los periódicos, a la televisión, a la web, en las discusiones familiares, no entre los amigos, porque está la inexorable Covid-19, hay restricciones y no se puede salir de casa. No hay medio de comunicación que no abra su página cada día con noticias de muertes por el coronavirus.

Sólo una noticia de Argentina altera las páginas de inicio de los periódicos: la muerte de Diego Armando Maradona. Desde Buenos Aires hasta Nápoles, pero en todos los rincones del mundo se comparte una sola pena: la muerte del Dios del Fútbol. Durante unos días el mundo se olvidará de Covid, otra hazaña que sólo el Pibe de Oro podía lograr.

Este año también se ha celebrado el centenario del nacimiento del que probablemente sea el mayor intelectual que ha tenido Italia, el poeta, escritor y director Pier Paolo Pasolini. Y no sólo eso, sino que era futbolista y aficionado al fútbol.

 ¿Qué tienen en común Pasolini y Maradona?

Una gran oferta. Son dos poetas. Más allá del hecho de que uno escribiera versos y el otro no, son sus vidas las que fueron poéticas. En un artículo del 3 de enero de 1971, Pasolini dividió el fútbol europeo y sudamericano en prosistas y poetas. A Maradona, como argentino, le habrían llamado poeta. Hay momentos en el fútbol que son exclusivamente poéticos: son los momentos "gol". Todo objetivo es siempre una invención, es siempre una subversión del código: todo objetivo es ineluctabilidad, asombro, irreversibilidad. Al igual que la palabra poética. El máximo goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año".

Pasolini, como verdadero intelectual, había profetizado los cambios que el neocapitalismo estaba provocando en el mundo, el consumismo, la homologación, pero no sólo.

El Poeta también profetizó de alguna manera el gol de Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México'86, el 2-0 que marcó regateando a la mitad del equipo inglés, marcando lo que se ha definido como el gol más bonito de la historia del fútbol.

Pasolini escribió en Il Giorno: "El sueño de todo jugador, compartido por todo espectador, es partir del centro del campo, regatear a todos y marcar. Si, dentro de los límites permitidos, se puede imaginar algo sublime en el fútbol, es precisamente esto. Pero nunca sucede. Es un sueño que sólo he visto realizado en I Maghi del pallone de Franco Franchi, que, aunque a un nivel salvaje, consiguió ser perfectamente onírico".

Entre los que amaron a estos dos personajes, se repite la pregunta: ¿Qué habría dicho Pasolini de las hazañas de Diego?

Diego y Pier Paolo, sus vidas en el punto de mira de los moralistas y del sistema de poder. Perseguido como pocos.

Tras la muerte de Maradona, algunos utilizaron la desagradable fórmula de recordarlo sólo como futbolista: era un drogadicto, un putero, la forma en que fue reducido, no era un ejemplo.

Así, tras la trágica muerte de Pasolini se dijo que se lo había buscado, un pederasta que había insultado a un chico de 16 años. Por no hablar de su última película Salò o los 120 días de Sodoma, una película desagradable, no por la calidad de la obra, sino porque anticipaba lo que sería nuestro mundo, nuestra existencia. Por no hablar de sus editoriales sobre las escuelas, el consumismo, las masacres, una especie de cupio dissolvi que llevó a aislarlo y luego a decir: recordémoslo vivo.

 Todos fueron jueces, tan buenos como todos los fracasados, pero estos dos personajes no quisieron ser un ejemplo, pagaron con su vida, su honestidad de pensamiento, su lucha constante contra el autoritarismo más obtuso y reaccionario.

Maradona y Pasolini fueron amados por el pueblo como pocos porque ambos fueron su voz, la expresión de un sentimiento colectivo como pocos.

Una ciudad como Nápoles que en muchos sentidos tanto Pasolini como Maradona amaron y recibieron amor.

Quién sabe, aunque en diferentes circunstancias, Pasolini y Maradona en Nápoles no habrían muerto de esa manera.

 Nunca se conocieron, pero uno se dio cuenta de la utopía poética del otro.

Parafraseando al director Paolo Sorrentino el día de la muerte de Pibe, podemos decirlo sin duda: Nunca dejaremos de llorar, siempre los echaremos de menos.

Sin embargo, la alegría de los momentos poéticos que nos dieron permanecerá. Su utopía los mantendrá vivos. Maradona y Pasolini siempre serán la posibilidad de que incluso los sueños imposibles puedan hacerse realidad."
            (Francesco Guadagni, L'Antidiplomatico, 25/11/22; traducción DEEPL)

15/12/20

Falleció Alejandro Sabella, maestro del fútbol... llevó al Estudiantes a jugar la final del Mundial de Clubes contra el Barcelona de Messi y Pep Guardiola, uno de los mejores equipos de la historia. Nunca David estuvo tan cerca de derrotar a Goliat

 "Cada vez que habla frente a un micrófono, Sabella mira hacia abajo. Ni a las cámaras, ni a los ojos de un eventual periodista, ni hacia los costados. Sabella mira hacia abajo, piensa cada palabra, arma ideas, fundamenta decisiones tácticas. 

Con su muerte, el fútbol argentino pierde a uno de los mejores directores técnicos de los últimos treinta años; pero también pierde a una persona comprometida con las injusticias diarias, pierde a un propagandista de la solidaridad y la ayuda mutua. Era consciente del eco de sus declaraciones, y se hacía cargo de eso. Sabía que cada minuto frente a un micrófono implicaba que miles de pibes detuvieran lo que estaban haciendo para escuchar lo que decía el Profesor. Sabella hablaba y la pelota paraba de rodar.

Alejandro Sabella murió a los 66 años producto de una insuficiencia cardíaca. Había sido internado el mismo día en que falleció Diego Maradona, y es inevitable pensar que esa noticia pudo haber sido la estocada final a un estado de salud deteriorado desde finales del 2014. Lo cierto es que en diez días fallecieron el ídolo máximo del fútbol argentino y la persona que mejor lo supo interpretar en las últimas décadas. Sabella fue el responsable de devolverle la ilusión a un país entero, después de cuatro mundiales con actuaciones para el olvido.

Fiel alumno y mejor profesor de la Escuela de Estudiantes de La Plata, sabía que para que un país pueda soñar nuevamente con salir campeón del mundo había que estudiar, había que trabajar. Y eso hizo, incansablemente, en cada uno de los partidos que dirigió. Así sacó campeón a Estudiantes de la Copa Libertadores 2009. Así fue a jugar la final del Mundial de Clubes contra el Barcelona de Messi y Pep Guardiola, uno de los mejores equipos de la historia. Nunca David estuvo tan cerca de derrotar a Goliat.

Sabella solía contar que dividía la charla técnica en tres momentos: primero: estrategia del juego y táctica a utilizar (acá puede verse la explicación que hace a un conjunto de periodistas sobre cómo diseñó ese juego). Segundo, utilización de la pelota parada y sus diferentes usos. Tercero: palabras motivacionales, encuentro místico con el equipo. Decía, también, que después de esa charla se sentía liberado. Reconocía que le costaba, que lo desgastaba. Eran horas y horas de trabajo y estudio en la semana, que debían sintetizarse en 15 minutos para luego ponerse a prueba dentro de la cancha.

La parsimonia que lo caracterizaba fuera del campo del juego se suspendía cada vez que el árbitro pitaba anunciando el comienzo del partido. Movedizo, charlatán, comentando cada jugada con Gugnali y Camino, sus históricos ayudantes de campo. Todo el desgaste era necesario para conseguir lo que iba a buscar: el triunfo.

Sabella diseñaba estrategias para ganar, y si eso implicaba realizar un esquema capaz de escandalizar a toda la prensa, lo iba a hacer. Y si realizar algún cambio generaba rispideces con los referentes del plantel, lo iba a hacer. Y si poner una línea de 5 defensores contra Bosnia Herzegovina en la fase de grupos del Mundial iba a generar que un país entero lo cuestione, ¿adivinen qué? Lo iba a hacer.

Porque el fútbol no es una ciencia exacta, y necesita de conductores capaces de tener la mayor flexibilidad táctica, organizadores colectivos que no se dejen presionar por la prensa canalla. El análisis concreto de la situación concreta, llevó a Sabella a lograr interpretar cada partido con una precisión exquisita. Después se podía ganar o perder, pero terminaba siendo una eventualidad. El principal legado futbolístico de Sabella es trabajar y estudiar cada partido, cada rival; hacer autocrítica; cambiar todo lo que deba ser cambiado de una fecha a otra.

***

Alejandro Sabella es de esos tipos que cerraban la grieta. Es muy difícil no quererlo. Incluso todos aquellos periodistas que operaron día y noche en su contra durante la previa y las primeras semanas del Mundial, tuvieron que tragarse una a una sus palabras. No encontraban en Sabella un personaje con ánimo de polemizar, no era un buen invitado para el talk-show futbolístico. Era un tipo de silencios, laburo y acción. Y así también era en su vida privada.

Casado con Silvina, una militante barrial de Tolosa (localidad de la ciudad de La Plata), construyeron una pareja sensible y militante contra las desigualdades históricas de nuestro país. Su casa no solo dispuso siempre de un plato de comida para quien lo necesitara, sino que también funcionó como un refugio para los vecinos que en el año 2013 sufrieron la peor inundación en la historia de la ciudad.

En sus pocas apariciones televisivas, en sus participaciones en eventos sociales, siempre buscaba el momento para intentar transmitir su plexo de valores y principios, principalmente dirigido hacia los jóvenes:

  • Ningún jugador vale más que todo el equipo.
  • Para ser mejor profesional, hay que ser mejor persona.
  • No hay entrenador sin comunidad.
  • Hay que poner el bien común por encima del individuo.

Alejandro Sabella es el nombre de la gloria para dos generaciones enteras de hinchas de Estudiantes de La Plata; es el nombre de la recuperación de la ilusión con la Selección para millones de argentinos y argentinas; Alejandro Sabella nos convidó el fútbol como vehículo para pensar otras formas de construir los vínculos en el deporte, como una posibilidad para construir comunidad. Acá hay una Escuela que no lo va a olvidar."                    (Ignacio Saffarano, JACOBIN América Latina, 10/12/20)

17/11/16

La Roja, concepto progresista traído por Luis Aragonés. Una resignificación de los símbolos nacionales que eliminó las connotaciones ultraderechistas de 'la furia', que formaba parte de la nomenclatura franquista

"Si el nacimiento del fenómeno del fútbol fue casi contemporáneo con la construcción del Estado-Nación, en la actualidad el deporte rey tiene una gran capacidad para reforzar el sentido de comunidad y hacer Patria.

 En tiempos de neoliberalismo todos somos mercancía y el fútbol se ha convertido en uno de los pocos espacios comunitarios que sirven para que las clases populares se agrupen en torno a un ideario social imaginario.

El fútbol es en un terreno privilegiado de afirmación y formación de identidades sociales y comunidades imaginadas y simbólicas. Vázquez Montalbán decía que el fútbol era la religión diseñada más extendida del planeta y que le interesaba porque era la que había hecho menos daño.

Nada más hacerse cargo de la Selección Española en 2004, el entrenador Luis Aragonés en tono castizo soltó una frase cargada de simbolismo, que pasó desapercibida hasta que llegaron los éxitos en el fútbol, las camisetas a las calles y las banderas a los balcones: "Me gustaría que la selección tuviera un nombre, una identidad. Igual que Brasil es la canarinha o Argentina la albiceleste, me gustaría que España fuera La Roja".

La Roja se convirtió en un sujeto integrador para animar a España sin nombrarla. En lugar de La Roja podría haberse denominado La Rojigualda, de todos los colores de la bandera actual y de los vencedores de la Guerra Civil, o los rojos como les bleus en Francia y con reminiscencia al bando republicano.

 Pero sin embargo fue La Roja: un eslogan femenino, corto y pegadizo que el poder mediático vio con buenos ojos. Una resignificación de los símbolos nacionales que despojó connotaciones ultraderechistas.

Luis Aragonés luchó por la creación de un estilo contra el estereotipo vigente e interiorizó en un grupo de artistas atrevidos la necesidad de ganar sabiendo no perder y jugando bien. Más tarde Del Bosque se hizo cargo del equipo y cuando ganó el Balón de Oro reivindicó un estilo modélico: “Se puede fallar delante de la portería, donde no se puede fallar es en el comportamiento”.

Se construyó un gran relato como sublimación simbólica que convirtió la historia del fatalismo y la leyenda negra de las frustraciones deportivas en pasado. Se presentó una imagen inclusiva, moderna y victoriosa de la nación que dejó obsoleto el universo simbólico de La Furia. La Furia había formado parte de la nomenclatura del régimen franquista como maquinaria propagandística. Franco veía bien que el fútbol fuera concebido como un campo de batalla, una expresión de teórica esencia de la nacionalidad española.

Los procesos de pensamiento humano son en gran medida metafóricos. Pensamos en función de marcos de estructuras de pensamientos que conforman nuestro modo de ver el mundo. Y una España representada por un estilo y una manera abierta y sofisticada de interpretar el fútbol suponía el inicio sobre lo que construir un nuevo gran relato a partir de un rasgo identitario y estético diferente a la antigualla de La Furia.

Si seguimos la teoría de Lakoff en No pienses como un elefante, la dicotomía padre estricto (valor de la autoridad, la disciplina, la fortaleza y la lucha en un mundo competitivo) está muy ligada a La Furia, y el padre protector (dialogante, que apoya y escucha) remite a La Roja. 

Desde el punto de vista de Dante Panzeri en Fútbol dinámica de lo impensado podemos agregar la dicotomía juego-alegría, un ente cooperativo en el que todos hacen de todo por placer y la seriedad-angustia en el que priman los valores atléticos. 

Y en el lenguaje de signos para el fútbol que promulgó Pasolini diferenciamos un fútbol-prosa (La Furia) que crece en el orden a través de sintaxis y un fútbol-poesía (La Roja) que trata de ser poético con un discurso de belleza que destroza el orden de forma creativa.

Escribió Galeano que el estilo de juego era un modo de ser, que revelaba el perfil propio de cada comunidad y afirmaba su derecho a la diferencia. La Roja se fraguó como nuestro modo de ser a partir de valores progresistas.

 La Roja se convirtió en símbolo de innovación y diversidad en un país de países y en el desahogo de una ciudadanía indignada. El fútbol no fue utilizado como arma arrojadiza sino como motivo de orgullo. Pienso como Panzeri que si se difunden los valores mediante los futbolistas como únicos héroes de la nación es porque nos hemos quedado sin valores. 

Y que nada funciona en un país si sólo se recrean identidades, narrativas y se llega a acuerdos por el éxito deportivo, ya que estos acuerdos no valdrán cuando se pierda. Pero me parece de una superioridad moral inadmisible negar a los excluidos el derecho a festejar el fútbol, que es el único rincón de consuelo en el que son aceptados y pueden sacar una bandera sin ser acusados por nada. Además el fútbol no desgasta energías para las protestas sino que las puede acrecentar y ser herramienta de cambio."                 (Fonsi Loaiza

4/12/15

Real Madrid - Barça: En el Barça, la presidencia está demasiada ocupada en escapar al fisco como para tomar decisiones deportivas... que es lo que hace Florentino

"El Real Madrid-FC Barcelona de ayer fue una repetición de derrotas pasadas. El Madrid lleva años a remolque del Barça, viendo como sus proyectos deportivos se estrellan sin remedio contra un equipo que parece inmune a los cambios. Sólo tres jugadores del 2-6 del 2009 siguen en el equipo, pero los culés parecen ser capaces de ganar a los blancos de forma recurrente sin problemas.

La realidad es que de fútbol y tácticas no sé demasiado, pero la historia de los equipos y la monumental paliza de ayer me hicieron pensar en instituciones. Más concretamente, en la divergente trayectoria de la dirección deportiva de las dos entidades, y quién toma las decisiones en cada una de ellas.

Una de los comentarios más repetidos del partido de ayer es que la alineación del Madrid era “política”. Benítez, en teoría el hombre experto en tareas de dirigir un equipo de fútbol profesional, cambió el criterio que hasta ahora había seguido para escoger sus jugadores, poniendo sobre el terreno un grupo mucho más ofensivo de lo habitual. El subtexto obvio es que la alineación no era decisión del técnico, sino una imposición más o menos disimulada del presidente del club.

En el Barça, sin embargo, la cosa fue en dirección opuesta. Luis Enrique dejó en el banquillo al mejor jugador del mundo (lo dicen los números, no yo), y armó un grupo que reflejaba fielmente su criterio y filosofía como entrenador. El equipo salió a jugar con un dibujo decidido desde el área técnica, e hizo lo que se esperaba de él.

El proceso de toma de decisiones de ambos equipos y entrenadores era previsible, en gran medida porque tanto Barça como Madrid llevan años haciendo las cosas de este modo. El Madrid de la “era Florentino” (ambos reinados) es un equipo diseñado desde la presidencia. Florentino Pérez hace los fichajes, y el entrenador está ahí para trabajar con los jugadores que le traen desde el palco según criterios vagamente deportivos. 

El resultado es un equipo donde hay más mediopuntas que mediocentros o volantes que perdió todo un verano intentando fichar un portero a pesar de tener uno de los mejores jugadores del mundo en su puesto ya en plantilla.

En el Barça, sin embargo, las cosas van en dirección contraria. Debido a una serie de desafortunados escándalos, chanchullos y guerras fratricidas en el palco, la presidencia culé lleva una larga temporada ocupada por tipos que están demasiado ocupados apagando fuegos fiscales y pegándose entre ellos para tomar decisiones deportivas. En las decisiones de vestuario, sin embargo, los presidentes no se meten (demasiado) desde la era Gaspart. 

Laporta, aún con sus excesos, dio amplios poderes a Txiqui Begiristain para tomar decisiones sobre entrenadores y plantilla. Desde entonces, la secretaría técnica ha sido el departamento dominante en la dirección deportiva del club.  Las campañas electorales del Barça en los últimos años se han centrado sobre todo en quién sería el entrenador plenipotenciario bajo cada uno de los candidatos.

El contraste institucional entre los dos equipos es claro. Por un lado tenemos el Real Madrid, una institución politizada donde un cargo electo sin conocimientos técnicos especializados se entromete constantemente en el proceso de toma de decisiones del equipo. 

Por otro tenemos el FC Barcelona, un club donde sus dirigentes dejan que el entrenador y la secretaría técnica decidan sobre altas, bajas y fichajes, sin intervenir más allá de reemplazarles cuando las cosas no salen del todo bien o buscarles substituto cuando se van. El segundo modelo ha resultado ser más efectivo, una y otra vez, por motivos obvios.

Todo esto os debería sonar familiar – no en vano, por esta página hemos señalado repetidamente que uno de los principales problemas de España es la excesiva politización de la administración pública, y cómo esta colonización del sistema por parte de los partidos empeora la calidad de nuestros gobiernos. 

Hemos citado este artículo de Victor Lapuente hasta la extenuación;  reformar el sector público para hacerlo más técnico y menos político debería ser una de nuestras prioridades. La divergente trayectoria institucional del Real Madrid y el FC Barcelona en los últimos años es un ejemplo sobre por qué esta clase de decisiones sobre cómo se gobierna importan.

Dos comentarios finales. Primero, soy culé, así que este artículo es lo más ventajista que he escrito nunca en Politikon. Segundo, el Barça ha llegado a este diseño institucional un poco por casualidad, fruto de las frecuentes crisis políticas de los últimos años. 

Los “funcionarios” han acabado gobernando el club un poco al estilo de la tercera república francesa y su interminable carrusel de primeros ministros. Que sea involutario no quiere decir que no funcione bien, pero falta por ver si la llegada de un presidente fuerte en el futuro hace revertir el sistema a un equilibrio politizado."                (  , Politikon, 22/11/15)

11/4/14

La tragedia del fútbol es una tragedia cultural, que comienza a mediados de los 80, cuando el futbolista ya no se dedica a otra cosa que no sea jugar

"Empecemos por definir lo que entendía Simmel hace casi un siglo por ‘tragedia de la cultura’, en pocas palabras sería algo así como una situación en la que una creación de los humanos en sociedad adquiere su dinámica propia independiente de la voluntad de las personas que la crearon y como consecuencia de esto empieza a coartar las vidas de quienes están relacionados a esa creación cultural. (...)


El fútbol fue en un inicio una creación propia de algunos sectores en la sociedad británica que después se expandió hacia todo el globo. Aquí se puede apreciar una separación de la creación cultural (el futbol) y la sociedad que lo creo, ya que el futbol evoluciono sin tomar en cuenta la idiosincrasia británica de finales del siglo XIX que lo creo; por lo que en el medio siglo posterior a su difusión ya se podía hablar de estilos de fútbol distintos distintos en diversas partes del mundo. Pero hasta aquí no hay problema.

El problema empieza después, aproximadamente a mediados de los años 80 del siglo pasado. El futbol se mecanizo cada vez más a partir de ese entonces. Recordemos algunas cosas del futbol en la época previa: Garrincha, el ya olvidado ídolo brasileño de Suecia ’58, tenía que colgarse del tren que pasaba por su pueblo todos los días para ir a los entrenamientos de su club –el maquinista, que era muy hincha le hacia el favor de bajar la velocidad para que pueda subir-;  Sócrates -otro ídolo brasileño- rechazo todas las ofertas de Europa porque quería acabar su carrera de medicina en Brasil; un goleador uruguayo de Boca a mediados del siglo pasado, acepto jugar por este equipo siempre y cuando pueda ir solo los fines de semana a Argentina ya que el resto de la semana trabajaba como electricista en Uruguay. 

Era una época en la que el futbol no era profesional, en la que no se pagaban sueldos escandalosos, en la que los jugadores no eran estrellas con los humos subidos y tenían una ocupación aparte del juego, en fin muchos de ellos personas que llegaron a la excelencia con historias dignas de ser contadas. 

Esta época se caracterizaba por un tipo de juego no tan práctico, en donde los jugadores no solo intenten ganar a  toda costa, sino también demostrar sus habilidades en el juego, las tácticas no eran muy rígidas y los jugadores tenían mucha libertad para hacer sus regates y demás técnicas en el campo.

La situación cambio desde mediados de los años ’80, el futbol empezó a ser cada vez más rentable, los contratos millonarios empezaron a aparecer -uno de los primeros había sido el de Pele con el Cosmos a finales de los ’70-, y ya no había lugar para que el futbolista se dedicase a otra cosa que no sea jugar (favorable económicamente, ¿pero en otros aspectos de la vida?).

 El futbol empezaba a abarcar casi toda la vida de los dedicados a ese deporte, empieza la tragedia de la cultura. Y esto se produjo justamente debido a un factor que Simmel considera uno de los principales distorsionadores de las creaciones de la cultura, el dinero.

Volvamos a Simmel. Para él la tragedia de la cultura consiste en el control de la cultura individual (la capacidad creativa de los individuos para producir, absorber y controlar los elementos creados por la humanidad), por la cultura objetiva (aquellas cosas materiales o inmateriales que las personas producen); es decir la tragedia de la cultura es una alienación de la cultura objetiva respecto a la cultura subjetiva que trae como resultado el control de la primera sobre su creadora que es la segunda. 

En lo que respecta al dinero, Simmel lo consideraba como un ejemplo de la tragedia de la cultura y el medio que expandía esa influencia hacia otros campos; ese es el papel que juega en este caso.

Volviendo al futbol, sucedió que la cultura subjetiva (las técnicas  que demostraban los jugadores en el campo de juego) termino siendo controlada por la cultura objetiva (la evolución del futbol hacia un sistema de estrategias destinadas a obtener victorias de manera práctica), cada vez las estrategias se han vuelto más rígidas y los jugadores se han especializado, no solo en dedicarse enteramente a futbolistas, sino únicamente a una posición especifica dentro del campo, subordinados a las órdenes de los entrenadores y a los resultados que se exigen de estos. 

Ejemplos de esto abundan, basta ver un partido cualquiera en el que un equipo X este perdiendo, por más que no esté jugando bien, los jugadores no van a tener la creatividad de rearmarse como equipo en el campo de juego desobedeciendo así las indicaciones del entrenador.

 Eso sucedió la temporada pasada con el Barcelona que teniendo al mismo equipo que se había vuelto casi invencible con Guardiola, no podía ganar partidos con Vilanova solo porque este no usaba la misma táctica que el anterior. La dinámica del juego constriñe a los jugadores a seguir indicaciones del entrenador sin discernir si esta en lo correcto y por ende sin capacidad de hacer un pequeño acto de ‘rebelión’ en el partido para ganarlo.

Por otro lado, siempre se dice que en mente sana, cuerpo sano; pero en el caso del deportista profesional su gran entrenamiento físico generalmente no va de la mano con una formación igual en áreas intelectuales o académicas, por lo que la mayoría de ellos al final de sus carreras son personas comunes sin nada más que saber que el juego del que ya no forman parte, no es raro por eso ver a muchos convertirse en un personaje de farándula antes y después del retiro, en vez de dedicarse a actividades productivas que sus fortunas les pueden permitir; salvo honrosas excepciones claro está.

 Esta es la parte en la que más gravemente la tragedia de la cultura unida al interés monetario afectan a los individuos, en la medida en que los obligan a especializarse únicamente en un aspecto de su vida descuidando el resto, y esto no es cuestión únicamente del futbol, sino también del resto de actividades humanas donde la división del trabajo (que en el pensamiento de Simmel también es un efecto de la tragedia de la cultura) ha arraigado fuertemente.

Y la tendencia sigue aunque siempre va  a haber un toque de creatividad humana en el juego, al menos eso espero."            (Ssociólogos, 03/04/2014,Artículo de Socioideas.com)

3/12/12

Da igual que uno sea rico o pobre, culto o analfabeto, el fútbol nos permite a todos hablarnos de tú a tú, en igualdad de condiciones

"Existe un grupo reducido de gente en el mundo que no solo no entiende que seamos tantos los que nos pasamos gran parte de nuestras vidas hablando de fútbol, sino que nos desprecia. Qué ridículo, dicen, obsesionarse con un juego en el que 22 personas corren detrás de una pelotita cuando la crisis nos mata, cuando el futuro de Europa está en juego, cuando tenemos la alternativa de conversar sobre literatura, o cine, o música, o el cambio climático, o la primavera árabe, o la religión, o el tigre siberiano, en peligro de extinción.

Bueno, pues hagamos una breve defensa de los futboleros. Se podría escribir un libro sobre la cuestión; nos limitaremos a dos argumentos.

Primero, lo que muchas veces define a aquellos que nos desdeñan es el esnobismo intelectual. Suelen pertenecer a ese pequeño sector de la población mundial que goza de la suerte de haber tenido una buena educación, permitiéndoles desarrollar a un alto nivel su capacidad cerebral. Lo que no ven desde sus torres de marfil es que el mundo del fútbol es la democracia más grande que hay.

 Da igual que uno sea rico o pobre, culto o analfabeto, el fútbol nos permite a todos hablarnos de tú a tú, en igualdad de condiciones. En el debate sobre cuál es mejor, el Real Madrid o el Barcelona, el Arsenal o el Chelsea, Argentina o Brasil, el escritor, el filósofo, el Nobel de la ciencia, el ministro de gobierno y el listo que se embolsa un bonus millonario mientras su empresa se desploma participan con igualdad de criterio con el albañil desempleado, el campesino chino, con el minero africano. No importa su país o su condición social, todos tienen acceso a más o menos la misma información y todos tienen la misma capacidad para interpretarla.
 
Segundo, hablar de fútbol no solo es hablar de fútbol. En la superficie el tema es si Messi es mejor que Ronaldo, o si el planteamiento táctico fue el correcto, o si el entrenador debería haber puesto de lateral a fulano en vez de a mengano, o si el árbitro se equivocó, y tal y cual.

 Pero existe también un proceso mental paralelo en el que participamos los futboleros, sin necesariamente darnos cuenta de ello. A través del fútbol definimos nuestra identidad moral, igual que cuando nos asociamos con un partido político, o con una causa, o una religión.

Por un lado está nuestra afiliación tribal, que suele ser heredada. Somos del Madrid —como somos del PP o de Esquerra Republicana o católicos o musulmanes o ateos— porque nuestros padres nos indicaron el camino. Más interesante, porque revela más sobre el carácter de las personas, es con qué jugador o entrenador de su propio equipo nos asociamos más.

 Éste es el proceso mental oculto al que nos referimos. Obligados a elegir, por ejemplo, entre Iker Casillas o Cristiano Ronaldo, entre José Mourinho o Vicente del Bosque, uno delata claramente sus valores, cuáles son sus prioridades, qué es lo que más importancia tiene en su relación con el mundo exterior.

Especialmente reveladora es la opinión de los futboleros sobre personajes que no son de su equipo, ni de otro por el que sienten particular rivalidad. Hace nueve días en un bar neoyorquino un albanokosovar que había huido de la guerra en su país a los 13 años contaba que su jugador favorito en el mundo era Pedro, del Barcelona.

 Mientras festejaba los tres goles que había marcado Pedro ese mismo día para la selección española, el albanokosovar reconoció que había jugadores mejores, pero para él el canario representaba una actitud frente a la vida a la que le daba un singular valor. Su visión de Pedro era la de un luchador incansable, un obrero noble, un hombre optimista que exprime siempre lo mejor de sí y mantiene la sonrisa en el triunfo y en la adversidad.

Para otros los referentes serán Obama, el Papa, Castro, Mandela, Merkel, Paul Krugman, Vargas Llosa, Philip Roth, Clint Eastwood, Pavarotti, Bill Gates o el presidente de la Asociación para la Defensa de la Naturaleza.

 Para este albanokosovar, que tras una infancia dura acabó triunfando en Estados Unidos, Pedro es el modelo a seguir, el personaje en el que ve reflejada la imagen que aspira a tener de sí mismo. El contexto es el fútbol. Cosa seria."               ( , El Páis,  20 OCT 2012)

17/6/12

El culto al héroe... Pep Guardiola


"Al margen de la avalancha de elogios que ha desatado el adiós de Pep Guardiola en todo el mundo se han oído algunas voces discrepantes, entre ellas la de un veterano columnista deportivo del Independent de Londres llamado James Lawton.


 Embelesado admirador del fútbol del Barcelona, Lawton argumenta que Guardiola es una especie de desertor. Mantiene que con su salida del club ha evadido la difícil responsabilidad de reconstruir el Barça y que, si fuera más hombre, se fijaría en el ejemplo de Alex Ferguson, que ha armado cuatro equipos diferentes durante sus 26 años al frente del Manchester United.


Lo que no tiene en cuenta el amigo Lawton es que Guardiola es diferente. Lo normal, lo que se espera de los entrenadores, es que vivan, coman y respiren fútbol, y que su hambre de trofeos sea insaciable, hasta que la muerte los separe. (...)


Más que un enfermo de cáncer, Robson fue un enfermo del fútbol. Guardiola también lo es. Si no, no hubiera ganado 13 trofeos en cuatro años. Pero la diferencia entre él y Robson —y Ferguson y todos los demás— quizá sea que él es consciente de ser un enfermo, él es capaz de mirar más allá del fútbol, de la victoria y la derrota en el campo y por eso ha llegado a la conclusión de que le vendría bien intentar superar su adicción, o al menos de vivir un período de convalecencia para evaluar si realmente quiere o puede dejar la droga y, si descubre que no puede, pues a volver a entrenar y asumir su destino con renovada claridad y convicción.


Hacemos estas especulaciones plenamente conscientes de que pueden estar absurdamente alejadas de la realidad. Guardiola es el entrenador más enigmático que hay. Quizá la diferencia más grande entre Guardiola y los Robson y los Ferguson es que él es indescifrable mientras que ellos son sencillos de interpretar. Él es complejo; ellos no tienen matices: lo que se ve es lo que hay.


Guardiola es Hamlet. No deja de pensar y pensar. Le da vueltas a todo y se lo cuestiona todo. (...)


El personaje de Guardiola da, y dará, para mucho análisis también. Incluso, se supone, para bastante autoanálisis durante el exilio que se ha decidido tomar. Leerá, observará el mar y las montañas y reflexionará sobre la vida y la eternidad. Quizá opte por irse un día a un cementerio a conversar con una calavera.


 Pero solo será una etapa, un interregno. Quizá pase un rato por el país de Shakespeare, o por el de Dante, pero tarde o temprano volverá a su Dinamarca, a su Barça. Por más que lo rehúya, no lo podrá evitar. Su destino se impondrá. Está escrito."            (El País, 06/05/2012)

17/5/11

"Es muy difícil ganar a este Barça. Tiene un sistema de juego basado en una cosa que se llama educación"

"Si el Madrid juega mal, me enfado, aunque ya no me tomo las cosas tan a la tremenda y no lo paso mal. Ahora es mi hijo el que se lo toma todo un poco peor que yo. Para mí, el Madrid sigue siendo un equipo asombroso, aunque haga cosas absurdas y meta a 25 hombres en el área".

El ritual es siempre el mismo: "Unas cañas antes del partido y picar algo después". Una buena táctica para mantener al día las relaciones paterno-filiales: "Pero nosotros no hablamos de otras cosas. Hablamos de fútbol". Y, cuando habla de fútbol, Resines habla en serio. (...)

Sobre el madridismo tiene ya elaborada una filosofía de vida. Detesta los lugares comunes sobre el equipo blanco, "lo del señorío y la derecha": "Yo tengo espíritu madridista, pero soy crítico. Ser del Madrid significa que tienes capacidad para pensar.

Y sé cuándo juega fatal, pero fatal, como en estos últimos partidos. La gente lo ha salvado, pero no. En la Copa del Rey ganó, pero no jugó". ¿El entrenador? "Pedí la dimisión de Mourinho en la grada, aunque no me hicieron ni caso.

Pero el entrenador no es tan importante. Yo pondría, no sé... ¿A Gonzalo Suárez? ¿Lees sus columnas de fútbol? Me encanta cómo se pasa. Un equipo de fútbol es un equipo de fútbol. ¿Psicología? ¿Qué es eso de la psicología? Solo vale para venderse.

Guardiola funciona porque es jugador. Se pone con unos más jóvenes que él y hablan de sus cosillas. ¿Que estudian los partidos? ¡Qué cojones van a estudiar!". "Lo mejor es ser seleccionador, que solo se ven un par de veces y hacen una táctica con lo de siempre". (...)

Pese a eso, tiene buenas palabras para el eterno rival: "Es muy difícil ganar a este Barça. Tiene un sistema de juego basado en una cosa que se llama educación". (El País, 16/05/2011, p. 66)

30/3/11

"El jugador, que es aplaudido o vilipendiado por esa multitud gigantesca, vive esa psicología de masas... ¡Debe de ser estremecedor!"

"Así que Mario Vargas Llosa fue blanco entonces y es tan blanco ahora que el club le ha conferido algunos honores académicos, pero uno, sobre todo, que le resulta tan emocionante como si hubiera marcado un gol junto a Alfredo Di Stéfano.

Cuando le dieron el Nobel, la noche anterior a su viaje a Estocolmo, fue al Madrid-Valencia "a ejercer el honor del saque de centro"; allí lo saludó el capitán, Casillas, y solo el frío le heló tanto como la sensación que sintió ante el graderío.

Jorge Valdano, el director general del equipo de Vargas Llosa, acuñó la expresión "miedo escénico" para referirse a lo que pasa allá, dentro del césped, en ese punto fatídico. "Es una experiencia exaltante y terrorífica. Estar en el centro del estadio del Madrid, con las tribunas absolutamente abarrotadas, exaltadas, te da la impresión de lo que debieron de ser los circos romanos.

El jugador, que es aplaudido o vilipendiado por esa multitud gigantesca, vive esa psicología de masas... ¡Debe de ser estremecedor! Pues sí, es como una enorme responsabilidad, estar allí, ante miles de ojos, delante de la pelota.

No conozco un espectáculo que nos conecte más con los grandes espectáculos de masas más primitivos: los circos romanos, los grandes movimientos de masas de los pueblos primitivos, cuando creían que los grandes terremotos eran castigos divinos... ".

Es un misterio lo que encierra la pasión por el fútbol, en España y en el mundo. Él cree que "el fútbol es una religión laica; antes, solo las religiones convocaban esa especie de manifestación irracional, colectiva; hoy en día, eso que antes era prototípico de la religión es la religión laica de nuestro tiempo", desata pasiones y fanatismos.

"Una irracionalidad a flor de piel que a la corta o a la larga genera violencia. Un deporte que es apasionante, a mí me apasiona desde niño, pero que al mismo tiempo genera actitudes de desfogue que uno ni se imagina que pueden suceder... ¡Espero que jamás lleguen mis exabruptos en el graderío!".

Se siente tan del Madrid, de lo que supone este equipo en la historia, que algunos de sus amigos lo han visto indagar, en los lugares más insospechados, sobre los sitios donde pudiera contemplar tanto los partidos grandes como los partidos chicos. Y se exalta o se deprime como los aficionados fieles.

Entre esos honores que le ha dado la vida, antes y después del Nobel, hay uno en particular, el marquesado que le otorgó la Corona española al mismo tiempo que a Vicente del Bosque, el seleccionador español de fútbol.

"Claro que fue un honor. Le ha dado un premio tan importante al fútbol español... Y es una persona que me inspira tanto respeto... Es un hombre que no ha perdido la sencillez, la modestia. Así que he considerado un honor haber compartido con él ese reconocimiento". (MARIO VARGAS LLOSA: "El fútbol es una religión laica". El País, 28/03/2011, p. 67)

23/3/10

Di Stéfano dice que "el fútbol entra por los ojos"

""Lo más importante del fútbol", observa Francescoli, "no es el gol sino esa acción previa al gol. Hay un momento, un segundo, donde se genera la posibilidad del gol. Es ese desborde, ese pase, ese regate, ese amague que posibilita el gol. Si Messi es el mejor es porque hace esto mejor que nadie. Y esto es lo único que no se entrena. Se entrena la defensa, la posesión y la definición. El que desequilibra lo sabe porque nació así". (Enzo Francescoli. El País, ed. Galicia, deportes, 22/03/2010, p. 55)

14/4/08

Er fumbol...

“¿El fútbol? Si tanto nos gusta el fútbol a los aficionados es por lo mucho que se parece a la vida o, mejor, a las promesas de felicidad que la vida podría sembrar sobre nuestra biografía y de una manera tan sencilla como la de pasar a una semifinal. Contemplar el partido ganado, presenciar la escena, hallarse sentado ante los 90 minutos o los 90 años, y disfrutar con los goles no sería otra cosa que saborear nuestro propio equipaje vivencial sometido, como las incidencias del encuentro, a las más azarosas y diversas circunstancias pero venciendo, al cabo, la dificultad. De hecho, el trance de algunos pasajes de nuestra vida calca el desarrollo del carrusel deportivo que, en sus idas y venidas, transmite tanto la jornada de nuestro equipo como una maqueta de alguna vicisitud vital.

Los no aficionados hallarán su reflejo en otras referencias pero para el hincha el fútbol constituye, por antonomasia, la posible metáfora de su propio quehacer. Su equipo forma cuerpo con su aventura, los resultados puntean su felicidad o su tristeza, su decepción o su esperanza, y con una ventaja incomparable: cada temporada aparece como otra inauguración saneada, el viaje reiniciado desde cero para volver a probar.

De este modo, el orden del fútbol es un rico festival de oportunidades perdidas y ganadas, extraviadas y reencontradas, sucesivos estrenos que impulsan creer en la suerte de la reencarnación, el lavado de los errores o la prolongación del honor. La vida sin fin, sin muerte, en suma.

La vida sentida de verdad y, a la vez, comportándose de mentirijillas. Es decir, sin sentido. (…)

¿La enseñanza del encuentro? El encuentro incide en el mundo de lo invisible e indescifrable y, en consecuencia, resalta la primacía de lo mágico repartiendo placer o dolor arbitrariamente entre la orgía del absurdo y la paradoja.

¿Una calamidad para el hincha? Ciertamente la frustración se hizo tan profunda en el ánimo del hincha que favorecía el deseo de morir, pero el hincha se alimenta de estos vaivenes de la muerte y de la vida, de la sepultura, la ignominia y la resurrección. El hincha creyó morir, pero, enseguida, una lacerante lucidez aprendida de la experiencia futbolística y el carácter de sus derrotas, devolvió al conocimiento feliz de su contingencia y a la esperanza de otra oportunidad que borrará del cuerpo colectivo la figurada muerte y anticipará, para la próxima final, la reaparición de su imaginada fiesta.” (VICENTE VERDÚ: Getafe o el sentido de la vida. El País, ed. Galicia, sociedad, 12/04/2008, p. 38)

25/2/08

El fútbol, sustituto de la revolución

“Si el fútbol terminara en el espacio del campo y en los 90 minutos del encuentro no pasaría de ser más que una distracción. Se trata, por el contrario, de una pasión que justificadamente se alista junto a las grandes pasiones y, si se husmea en ella, acogiendo incluso a dos o tres.

Cuando la vida pública desfallece hoy, desacreditada, corrupta y aburrida, la militancia futbolística sostiene el ansia de vida colectiva y participación. El deporte… ha venido a erigirse, acabada la misa, consumida la política y cancelada la revolución, en el más ferviente acontecimiento de masas, droga dura o síntesis de las viejas drogas, utópicas o no, que movilizaban a la población. Ni la música logra efectos parecidos puesto que el fútbol no es sólo una potente reunión circunstancial, sino una convivencia esencial y sin pausas. (…)

La hinchada es capaz de engullir las particularidades y generar una conciencia que impulsa a la compañía, la ilusión, la esperanza o la recompensa para todos a la vez… el equipo se perfila con una nitidez simbólica que proporciona una identidad tan oportuna como real. Nunca obtiene mayor carácter una formación que mediante la confrontación. (…)

Ganar o perder en colectividad, verse triunfante o derrotado como grupo, constituye la base de su apego. (…)

El amor y la guerra, el duelo y la gloria, la frustración y la esperanza, oscilan desde la vida al fútbol y del fútbol a la vida. ¿Se puede permanecer todavía al margen de esta afición?” (VICENTE VERDÚ: El fútbol mejora a la política. El País. Ed. Galicia, Sociedad, 23/02/2008, p. 40)