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24/2/23

Y el evangelismo cogió su fusil... los orígenes históricos de la actual hegemonía de los discursos belicosos, patriarcales y racistas en el seno del protestantismo estadounidense.

"Explica Kristin Kobes Du Mez que no se reconocía como una persona de la comunidad evangélica, aunque su juventud en Iowa y Florida estuviese marcada por ese entorno. Ahora, esta profesora de Historia y Estudios de Género en la Calvin University de Michigan ofrece una dura crítica de la cultura evangélica contemporánea, que presenta como corroída por el machismo, el supremacismo blanco y el militarismo: Jesús y John Wayne. Cómo los evangélicos estadounidenses corrompieron una fe y fracturaron un país (Capitán Swing, 2023).

Kobes Du Mez analiza décadas de solidificación de una cultura crispada y complacida por su propia beligerancia. En ese contexto, el apoyo masivo a un matón de patio de colegio caro como Donald Trump no debería leerse como una anomalía histórica sino como una especie de culminación simbólica de un proceso. “Cuando se divulgaron las grabaciones de Trump en ‘Hollywood access’ vanagloriándose de abusar de mujeres, muchos pensaron que sería imposible que se le continuara apoyando desde el evangelicalismo. Pero sí, se continuó haciendo”, recuerda la autora.
Soldados de la fe en el pop de masas

Los lectores tendrán en mente la presidencia de Trump, quizá también aquello que George W. Bush y Dick Cheney denominaron “guerra contra el terror”, y esa era Reagan perpetuada en el imaginario a golpe de bucle nostálgico de la cultura pop. Kobes Du Mez se remonta más atrás: su ejercicio de memoria abarca un siglo y comienza en los alrededores de la I Guerra Mundial.

Cuando se le pregunta qué destacaría como especialmente perdurable, o especialmente influyente, de la derecha evangelical previa a los años 80 del siglo pasado, la autora apunta a Billy Graham, un fenómeno popular que influyó en las presidencias de Eisenhower, Johnson y Nixon. Y también señala a James Dobson: “Aquí hay que apuntar que Dobson es un psicólogo y no es un teólogo. De alguna manera, es una muestra de un fenómeno general. Que el evangelismo ha sido tomado por discursos que son más políticos y culturales que religiosos”. Cosa que conlleva que, según la autora, el autorretrato de muchos cristianos como creyentes de la Biblia (bible-believers, en inglés) deba ponerse en tela de juicio porque “algunas de las creencias que defienden se oponen seriamente a ella”.

Algunos fenómenos pop abrazados con entusiasmo por el evangelismo estadounidense, como La pasión de Cristo que dirigió el católico Mel Gibson, se han exportado a otras latitudes. Orientar películas a este público es seductor incluso para una gran corporación como Sony, que mantiene su propio sello especializado. Pero los costes elevados de las producciones audioviduales, y la existencia de grandes redes de librerías evangélicas, facilitó que el libro haya sido una herramienta más útil para la difusión y el refuerzo de idearios. Una larga saga de thrillers literarios-apocalípticos, Left behind, ha sido llevada varias veces al cine, por ahora sin demasiado éxito. En el ámbito editorial, en cambio, ha generado decenas de secuelas y spin offs.

Las estanterías de las librerías religiosas se revelaron dispuestas a acoger todo tipo de propuestas, también una especie de autoayuda machirula con componentes de reacción antifeminista. Títulos como Wild at heart son declaraciones de intenciones de una masculinidad que se autorreivindica como guerrera y dominante. Kobes Du Mez ha llevado a John Wayne hasta el título de su ensayo, y no se trata solo de un gancho para llamar la atención. “A lo largo de mi investigación, me encontraba una y otra vez con su figura. Es un icono popular del hombre bueno que emplea la violencia para mantener el orden”, explica la autora.

Para la autora, Wayne es otro ejemplo de la prominencia de figuras populares entronizadas por la ciudadanía evangelical. También lo fue Theodore Roosevelt, quien “ayudó a fijar en el imaginario una cierta figura de cristiano viril, musculoso”. Roosevelt, de hecho, fue una de las figuras que inspiró un libro donde se utiliza a menudo la palabra “patriarcado”. No parece nada fuera de lugar, atendiendo a la férrea división sexista de roles y al liderazgo masculino indiscutido e incuestionable que defienden muchos de los escritores, comunicadores y políticos a los que se alude en el ensayo. Algunos de ellos han defendido más la castidad y otros pueden defender la abundancia sexual dentro del matrimonio, pero el liderazgo masculino raramente se discute.
Todo vale contra el mal

Kobes Du Mez cita encuestas que resultan dolorosas para quienes defienden un cristianismo del amor y el perdón. Los estadounidenses evangelicales dieron un apoyo a la tortura y a la doctrina de la guerra preventiva que era muy, muy, superior a la media del país. De alguna manera, su libro puede entenderse como un intento de explicar esa realidad. ¿Cómo se pasó del amor al prójimo y del poner la otra mejilla a la retórica belicosa de literatura de automachirulización como No more christian nice guy?

La escritora de Jesús y John Wayne afirma que el evangelismo moderado había quedado desterrado de la escena a principios de siglo mediante estrategias deliberadas en el seno de las comunidades y también mediante el poder de un mercado que premiaba la estridencia llamativa. Las redes sociales no ayudaron precisamente a revertir esta situación: “En los años 40, los evangélicos se unieron porque se dieron cuenta que si trabajaban separados se estaban marginando. Abrazaron la radio, abrazaron la televisión, crearon redes de librerías. Y también han trabajado en las redes sociales. El problema es que se acaba generando una cámara de ecos. Te dicen que no consultes medios de comunicación laicos seculares, porque no son de fiar, porque tienen intereses opuestos a los tuyos, etcétera”, explica.

“Se configuran comunidades que están vertebradas por esa fe, y que van mucho más allá de ir a misa una vez por semana. En paralelo, se consultan unos ciertos medios de comunicación, se consume un cierto tipo de entretenimiento…”, afirma la autora. Eso contribuye a generar un efecto envolvente que debilita los puentes y los puntos de encuentro con otras personas y otras maneras de ver el mundo: “Cuestionar algo puede convertirse en traumático, porque implica cambiar tu manera de relacionarte con toda la realidad que te rodea. Además, hay círculos muy proclives a apartar al que desentona”, añade Kobes Du Mez. Se experimenta la sensación de formar parte de una comunidad-fortín, asediada por amenazas exteriores variopintas como la Unión Soviética, el fundamentalismo islamista o el tique electoral formado por Barack Obama y Hillary Clinton.

La de Jesús y John Wayne es una lectura perturbadora. Aunque algunas citas de declaraciones pintorescas pueden robar una sonrisa estupefacta, muchos tramos del libro son nítidamente terroríficos. Hacia el final del volumen, la autora desgrana una serie escalofriante de denuncias de abusos sexuales que se leen como una consecuencia directa de décadas de estimulación de los liderazgos violentos, de las loanzas a la virilidad ruda y dura: “Dejé aparcado el proyecto de este libro durante más de diez años, pero durante todo ese tiempo estaba atenta a la evolución de todas esas voces que propugnaban una masculinidad agresiva. Fueron destapándose casos de abusos. Inicialmente me sorprendía la reacción de las comunidades, de los otros líderes, que protegían a los agresores o que solicitaban que se les perdonase. Al final, me quedó claro que había un patrón en todo ello”, afirma la académica estadounidense.

Jesús y John Wayne aborda muchos problemas, desde la frustración derivada de la pérdida de estatus de los trabajadores hasta el racismo, un nacionalismo acrítico y militarista… Para su autora, la masculinidad patriarcal está en el centro del problema: “La masculinidad blanca, concretamente. La virilidad de los hombres afroamericanos o hispanos se ha tratado de otra manera, porque resultaba amenazante, etcétera. Y el poder, el ejercicio del poder”.

A la pregunta de qué enseñanza podría transmitir a Europa desde esos Estados Unidos seducidos por los liderazgos hipertestosterónicos y el nacionalismo beligerante, la ensayista comienza pidiendo “disculpas por la influencia que alcanza en el resto del mundo lo que sucede en mi país”. Y elabora un cierto elogio de la autocrítica: “Creo que lo que es muy importante es alzar la voz desde dentro de las comunidades. En el ámbito evangélico, por ejemplo las voces que provienen de fuera difícilmente son aceptadas. Por eso es importante hablar desde dentro, aunque corras el riesgo de ser arrinconado. Es lo que yo he hecho con mi libro”.                                  ( Ignasi Franch , El Salto, 23/02/23)

25/1/23

Los peligros del neoliberalismo religioso en el Estado de austeridad

 "El Informe mundial sobre salarios 2022-23 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hace un seguimiento del terrible hundimiento de los salarios reales de miles de millones de personas en todo el planeta.(...)

Si caminamos por cualquier ciudad del planeta, no solo en los países más pobres, encontraremos grupos cada vez más grandes de viviendas congestionadas por la indigencia. Reciben muchos nombres: bastis, bidonville, daldongneh, favelas, gecekondu, kampung kumuh, villas, barracas, poblaciones y Sodoma y Gomorra. Allí, miles de millones de personas luchan por sobrevivir en condiciones innecesarias en nuestra era de enorme riqueza social y tecnología innovadora. Pero los multimillonarios se apoderan de esta riqueza social y prolongan su huelga fiscal de medio siglo contra los gobiernos, que paraliza las finanzas públicas e impone una austeridad permanente a la clase trabajadora. 

La constrictiva presión de la austeridad define el mundo de los bastis y las favelas, donde la gente lucha constantemente por superar las obstinadas realidades del hambre y la pobreza, la casi ausencia de agua potable y sistemas de alcantarillado, y la vergonzosa falta de educación y atención médica. En los bidonvilles y las villas, la gente se ve obligada a crear nuevas formas de supervivencia cotidiana y nuevas formas de creer en un futuro para sí mismos en este planeta.

 Estas formas de supervivencia cotidiana pueden verse en las organizaciones de subsistencia —casi siempre dirigidas por mujeres— que existen en los entornos más duros, como en el barrio urbano marginal más grande de África, Kibera (Nairobi, Kenia), o en entornos apoyados por gobiernos con pocos recursos, como en la Comuna Altos de Lídice (Caracas, Venezuela). El Estado de austeridad en el mundo capitalista ha abandonado su deber elemental de dar auxilio, y las organizaciones no gubernamentales y benéficas proporcionan vendajes necesarios pero insuficientes a sociedades sometidas a inmensas tensiones.

No muy lejos de las organizaciones humanitarias y de subsistencia se encuentra un elemento fijo en el planeta de los suburbios: las bandas, las agencias de empleo de la miseria. Estas bandas reúnen a los elementos más desfavorecidos de la sociedad —en su mayoría hombres— para gestionar una serie de actividades ilegales (drogas, tráfico sexual, chantajes de protección, apuestas). 

Desde Ciudad Nezahualcóyotl (Ciudad de México, México) hasta Khayelitsha (Ciudad del Cabo, Sudáfrica) y Orangi Town (Karachi, Pakistán), la presencia de matones empobrecidos, desde ladronzuelos o malandros hasta miembros de bandas a gran escala, es omnipresente. En Río de Janeiro (Brasil), los favelados de Antares llaman “bocas” a la entrada de su barrio, las bocas donde se puede comprar droga y las bocas que se alimentan del tráfico de drogas.

 En este contexto de inmensa pobreza y fragmentación social, la gente acude a distintos tipos de religiones populares en busca de alivio. Por supuesto, hay razones prácticas para ello, ya que las iglesias, mezquitas y templos proporcionan alimentos y educación, así como lugares de reunión comunitaria y actividades para las infancias. Allí donde el Estado aparece sobre todo en forma de policía, las y los pobres urbanos prefieren refugiarse en organizaciones caritativas que a menudo están relacionadas de una u otra forma con órdenes religiosas. Pero estas instituciones no atraen a la gente solamente con comidas calientes o canciones nocturnas; hay un encanto espiritual que no debe minimizarse.

Nuestro equipo de investigación en Brasil ha estudiado el movimiento pentecostal durante los últimos años, realizando investigaciones etnográficas por todo el país para comprender el atractivo de esta confesión en rápido crecimiento. El pentecostalismo, una forma de cristianismo evangélico, surgió como motivo de preocupación porque ha empezado a moldear con ideas tradicionalistas la conciencia de la población urbana pobre y de la clase trabajadora de muchos países, siendo clave en los esfuerzos por transformar a estas poblaciones en la base de masas de la nueva derecha. El dossier no. 59, Fundamentalismo e imperialismo en América Latina: acción y resistencia (diciembre de 2022), escrito por Delana Cristina Corazza y Angélica Tostes, sintetiza las investigaciones del grupo de trabajo sobre evangelismo, política y organización popular del Instituto Tricontinental de Investigación Social (Brasil). El texto traza el ascenso del movimiento pentecostal en el contexto del giro de América Latina hacia el neoliberalismo y ofrece un análisis detallado de por qué han surgido estas nuevas tradiciones religiosas y por qué encajan tan elegantemente con sectores de la nueva derecha (incluyendo, en el contexto brasileño, con las aventuras políticas Jair Bolsonaro y los bolsonaristas).

 

En el siglo XIX, un joven Karl Marx captó la esencia del deseo religioso entre los oprimidos: “El sufrimiento religioso es, al mismo tiempo, la expresión del sufrimiento real y una protesta contra el sufrimiento real”, escribió. “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón y el alma de condiciones desalmadas. Es el opio del pueblo”. Es erróneo suponer que recurrir a formas de religión se debe únicamente a la necesidad desesperada de bienes que el Estado de austeridad no ha estado dispuesto a proporcionar. Aquí hay mucho más en juego, mucho más incluso que el pentecostalismo, que se ha ganado nuestra atención, pero que no está solo en su labor en los suburbios pobres urbanos. Tendencias similares a las del pentecostalismo son visibles en sociedades dominadas por otras tradiciones religiosas. Por ejemplo, los da’wa (‘predicadores’) del mundo árabe, como el televangelista egipcio Amr Khaled, proporcionan un calmante similar, mientras que en India, la Fundación Arte de Vivir y una serie de sadhus (‘hombres santos’) de poca monta junto con el movimiento Tablighi Jamaat (‘Sociedad para la Difusión de la Fe’) proporcionan su propio consuelo.

Lo que une a estas fuerzas sociales es que no se centran en la escatología, la preocupación por la muerte y el juicio que rige las tradiciones religiosas más antiguas. Estas nuevas formas religiosas se centran en la vida y en vivir (“Yo soy la resurrección y la vida”, de Juan 11:25, es una de las favoritas de los pentecostales). Vivir es vivir en este mundo, buscar fortuna y fama, adoptar todas las ambiciones de una sociedad neoliberal en la religión, rezar no para salvar el alma sino para obtener un alto índice de rentabilidad. Esta actitud se denomina Evangelio de la Vida o Evangelio de la Prosperidad, cuya esencia se recoge en las preguntas de Amr Khaled: «¿Cómo podemos convertir las veinticuatro horas en beneficio y energía? ¿Cómo podemos invertir las veinticuatro horas de la mejor manera posible?”. La respuesta es el trabajo productivo y la oración, una combinación que la geógrafa Mona Atia llama “neoliberalismo religioso” o “neoliberalismo piadoso”.

 En medio de la pobreza desesperante en el Estado de austeridad, estas nuevas tradiciones religiosas ofrecen una forma de esperanza, un evangelio de la prosperidad que sugiere que Dios quiere a quienes luchan por obtener riqueza en este mundo y que mide la salvación no en términos de gracia divina en la otra vida, sino en el saldo actual de la cuenta bancaria de cada uno. A través de la cooptación afectiva de la esperanza, estas instituciones religiosas, en general, promueven ideales sociales que son profundamente conservadores y odiosos hacia el progreso (en particular hacia los derechos LGBTQ+ y de las mujeres).

Nuestro dossier —una primera aproximación al surgimiento de este abanico de instituciones religiosas en el mundo de los pobres urbanos— se aferra a esta apropiación de la esperanza de miles de millones de personas:

Los retos de la construcción de sueños y de un futuro provocan en nosotros la necesidad de crear una esperanza que pueda realmente experimentarse en el día a día. También es nuestra tarea rescatar nuestra historia y hacer que la lucha por los derechos sociales se traduzca en organización popular a partir de espacios de formación y comprensión de la realidad, sin dejar de entender los nuevos lenguajes y posibilitar vivencias de solidaridad colectiva, de ocio y celebración. En estos esfuerzos, es importante que no descuidemos ni descartemos formas nuevas o diferentes de interpretar el mundo, como por ejemplo, a través de la religión, sino que promovamos un diálogo abierto y respetuoso entre ellas para construir unidad en torno a valores progresistas compartidos.

Esta es una invitación a una conversación y a la praxis en torno a la esperanza de la clase trabajadora que tiene sus raíces en las luchas por superar el Estado de austeridad en lugar de rendirse a él como hace el “neoliberalismo piadoso”.

 En febrero de 2013, Jabhat al-Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria, fue a la ciudad de Maarat al-Nu’man y decapitó una estatua de setenta años del poeta del siglo XI Abu al-Alaa al-Ma’arri. El viejo poeta les enfureció porque a menudo se le considera ateo, aunque en realidad era sobre todo anticlerical. En su libro Luzum ma la yalzam, al-Ma’arri escribió sobre las “ruinas desmoronadas de los credos” en las que un explorador cabalgaba y cantaba: “El pasto aquí está lleno de malas hierbas. Entre nosotros se proclama en voz alta la falsedad, pero se susurra la verdad (…) Se niega un sudario al Derecho y a la Razón”. No es de extrañar que los jóvenes terroristas —inspirados en su propio evangelio de la certeza— decapitaran la estatua realizada por el escultor sirio Fathi Mohammed. No podían soportar la idea de una humanidad resplandeciente."                  (Vijay Prashad, Tricontinental, 22/12/22)

31/10/22

“Bolsonaro es el primer presidente que ha dado a los evangélicos orgullo y visibilidad”... esa es la cuestión

 "Los evangélicos son el electorado más fiel de Jair Bolsonaro. Fueron clave en la victoria del presidente en 2018 y todo indica que serán su mayor apoyo este domingo 30 de octubre en la segunda vuelta. Lula da Silva ha realizado guiños para seducir a este heterogéneo sector, pero las fake news y el vínculo que mantienen con el mandatario actual, entre otros elementos, le han impedido influir en casi el 70% de cristianos evangélicos que según las encuestas se inclinarán por el presidente ultraderechista en esta contienda electoral. 

Juliano Spyer es antropólogo, presidente del Observatorio Evangélico y escribió el libro Pueblo de Dios: Quiénes son los evangélicos y por qué son importantes (Editorial Geração), donde narra cómo este culto representaba en la década de los setenta a un 5% de la población y hoy agrupa a uno de cada tres brasileños adultos (unos 60 millones de personas). En esta entrevista para CTXT, el especialista cuenta por qué los evangélicos apoyan fuertemente a Bolsonaro y la dificultad de Lula para llegar a este sector, que actualmente domina los principales medios de comunicación y tiene un gran poder político. 

En la primera vuelta se estimaba, según las encuestas, que Bolsonaro había perdido parte del electorado evangélico, pero esto finalmente no sucedió. ¿Por qué considera que el presidente logró mantener ese apoyo de manera tan contundente? 

Bolsonaro fue en mi percepción un político que observó, por primera vez, de una manera muy inteligente la tendencia de crecimiento de la población evangélica en Brasil. No sé si lo hizo conscientemente, o si le llevó la vida ahí, pero estamos hablando de más del 32% de la población de Brasil. Hasta entonces, los evangélicos tenían una posición secundaria en la discusión política. Contaban con muchos diputados y senadores, pero no eran un grupo particularmente bienvenido.

El presidente visita con frecuencia las iglesias evangélicas, por lo menos una vez a la semana entra y participa. Además, está casado con Michelle Bolsonaro, un símbolo inmensamente importante de esta iglesia, y habla del cristianismo evangélico públicamente. Antes de Bolsonaro se les trataba como a un grupo aparte. Ahora, sienten orgullo de ser evangélicos; les dio una visibilidad positiva.  

Bolsonaro también ha contado en su Gobierno con líderes evangélicos y católicos. Lo que hace el presidente es desarrollar una relación de mucha proximidad con estos grupos, especialmente con los pentecostales y neopentecostales, que son los más numerosos, y tienen confesiones distintas a la baptista o la presbiteriana, y también con muchas iglesias privadas, algunas tan importantes como la Iglesia Universal, propiedad de Edir Macedo, con quien Bolsonaro tiene contacto directo. 

¿Qué poder o qué influencia ejercen las iglesias evangélicas sobre sus fieles? 

Creo que tal vez nos cuesta ver el tamaño de la infraestructura que brota de los evangélicos. Trabajé en 2010 en la candidatura de Marina Silva, y fui por todo el país en su campaña. Nunca había entrado en una cancha de fútbol con miles y miles de personas en un culto, era inmenso. En cada barrio de Sao Paulo, en un diámetro de dos kilómetros, hay dos o tres iglesias evangélicas; donde hice mi estudio de campo, cerca de Salvador de Bahía, en la misma distancia hay más de 80 iglesias evangélicas, una católica y nueve de candomblé.

¿Qué medios de comunicación controlan? 

El ejemplo principal es el de la Iglesia Universal, que compró la segunda cadena más grande de televisión de Brasil, que es Récord, la mayor después de Globo. El periódico más leído de Brasil es Folha Universal. Hay modas, hay música también. Por ejemplo, la música góspel es el segundo género más escuchado en Brasil. 

Los más pobres de Brasil votan por Lula. ¿Qué pasa con este sector evangélico? ¿Cómo se explica el apoyo a Bolsonaro? 

Sí, votan por Lula, pero no ocurre lo mismo con los evangélicos más pobres, es lo que se ve en las encuestas. Entre los evangélicos que ganan hasta dos salarios mínimos, el voto estuvo más parejo entre los dos candidatos. Los que ganan entre dos y cinco salarios mínimos son muy favorables a Bolsonaro; aun siendo pobres se identifican o abrazaron la idea de que les representa el presidente. 

El peor problema en relación a los evangélicos es hablarles como si fueran uno. Como venimos del catolicismo tendemos a imaginarlos como un pariente del catolicismo, pero es lo opuesto de muchas maneras. El catolicismo es una Iglesia que tiene una organización jerárquica, el protestantismo es por naturaleza algo híbrido y cambiante, distinto. La idea original es que si no te gusta lo que hay, creas la Iglesia que quieres. 

Además, los pentecostales son muy distintos de las iglesias católicas tradicionales, de clase media con estudios universitarios. Los pentecostales tienen pobres, trabajadores, con escolaridad baja. Hay iglesias grandes como la Universal y hay otras muy pequeñas, que son la mayoría, y además desconocidas. 

¿Por qué a Lula le cuesta tanto erosionar el apoyo de los evangélicos a Bolsonaro? 

Lula tiene prohibido entrar en algunas iglesias; no se trata solo de que el pastor hable a favor de Bolsonaro, que ha trabajado mucho en fortalecer el vínculo, por ejemplo, a través de grupos de WhatsApp. El apoyo a Lula se da muy tímidamente. Los petistas pentecostales viven ahora mismo un infierno porque están muy ligados a su Iglesia, tienen sus negocios ahí, y sus clientes y sus propios hijos se quedan en la iglesia después de la escuela… 

El cantautor brasileño Leonardo Gonçalves lanzó, junto con tres o cuatro popstars evangélicos, una canción que se llama Mesías, el segundo nombre de Bolsonaro; es una canción moderna y claramente anti Bolsonaro, que critica la idolatría al presidente. Leonardo me decía que ya no lo invitan a hacer conciertos, que perdió miles de seguidores en las redes y su argumento no es que esté a favor de Lula sino que va en contra de Bolsonaro. Esto es un claro ejemplo de persecución.  

Si gana Lula, ¿cómo quedará su vínculo con los dueños de las Iglesias como es el caso de Edir Macedo de la Universal? 

Yo creo que Macedo siempre estuvo del lado del que tenía la presidencia. Se tornaron más radicales y ahora no sé si va a cambiar, pero nunca estuvo en la oposición. Siempre estaba al lado de quien estaba en el poder. Con Bolsonaro quizás lo que pasa también, por primera vez, es que Macedo es propietario de la cadena de televisión Record y el Gobierno paga en anuncios publicitarios destinados a sus fieles, usa este dinero así, es decir, que es también financieramente interesante para Macedo…"            (Leticia Martínez , CTXT, 29/10/2022)

5/5/22

El vínculo entre evangelismo y política y racismo

 "La doctora en Ciencias Sociales Brenda Carranza vive hace décadas en Brasil y ha dedicado gran parte de su vida académica al estudio de la religión, el fundamentalismo cristiano y su relación con la política. Es profesora e investigadora del Departamento de Antropología Social de la Universidad Estadual de Campinas y coordinadora del Laboratorio de Antropología de la Religión de esa casa de estudios. En diálogo con Brecha, describe el proceso histórico de avance neopentecostal en la vida pública brasileña.

Marcelo Aguilar.- ¿Cómo surge el pentecostalismo y cómo llega a Brasil?

Brenda Carranza.- Para comprender el pentecostalismo en Brasil, primero hay que entender que es parte de un fenómeno internacional, que nace en Estados Unidos dentro del protestantismo, con una fuerte apelación a la piedad y la devoción. Al final del siglo XIX, a esa inquietud por la piedad se le agrega la inquietud misionera, de llevar el fervor religioso a todas partes del mundo y renovar desde dentro a los protestantes. Cuando hablamos de pentecostalismo como un movimiento religioso que tiene como base el carisma –que busca vivir los dones del Espíritu Santo, como hablar en lenguas, sanar dolencias y hacer profecías según las imágenes bíblicas originales–, hablamos de algo que surge en el siglo XIX y comienzos del XX, principalmente en comunidades étnicas segregadas de Estados Unidos. En el oeste del país, tiene una importante influencia negra. Allí comienza un movimiento de expansión, un fuerte impulso de anuncio a todas las naciones, con la idea de ir por todo el mundo, afirmando la experiencia religiosa pentecostal.

Esto llega a Brasil en 1910, se instala en el norte y poco a poco se expande por todo el país, con núcleos muy fuertes en el sudeste y el sur. Una idea que puede ayudar a entender este fenómeno religioso espiritual, que después va tomando formas políticas, es que en sus orígenes pretende lograr una renovación espiritual. Cuando se afirma como movimiento, apunta a renovar el cristianismo y cambiar las costumbres y la manera en que las personas se identifican. En los comienzos hay una clara influencia anticatólica, iconoclasta, en la que el protestantismo se va afirmando en oposición a la Iglesia católica, lo que en el pentecostalismo brasileño permea los tres primeros tercios del siglo XX, hasta 1980, más o menos. Por entonces, los pentecostales se vuelven fácilmente identificables por el público brasileño. Andan con la Biblia debajo del brazo, promueven una moral firme, buscan todo el tiempo convertir a otros y –algo fundamental– promueven una teología apolítica, sin ningún tipo de relación con la política partidaria.

Marcelo Aguilar.- Paradójicamente, hoy ocupan vastos espacios políticos del país. ¿Hubo un cambio en la doctrina?

Brenda Carranza.- A lo largo de todo el siglo XX, el pentecostalismo acompaña los cambios sociales que se dan en el mundo. En las décadas del 60 y el 70 se dan cambios muy fuertes en Estados Unidos. Avanzan el movimiento por los derechos civiles, el antirracismo y el feminismo, lo que le da a la época una exuberancia contracultural. Los sectores evangélicos conservadores ven por entonces un declive en la participación religiosa de los fieles y empiezan a leer la contracultura como un peligro para la nación protestante y blanca. Frente a esto, surge la llamada teología del dominio o dominionismo, que tiene dos hermanas, la teología de la prosperidad y la teología de la batalla espiritual.

Para la teología del dominio, los cristianos deben salir del apoliticismo y ocupar activamente espacios políticos, porque si no lo hacen, la contracultura, el comunismo y todo lo que atenta contra la religión se asentará en el poder. Al mismo tiempo, junto con el avance de la sociedad de consumo y los medios de comunicación, va surgiendo la teología de la prosperidad: no es tan malo usufructuar el consumo; las costumbres no pueden ser tan rígidas en lo económico y lo comercial; si Dios nos da la posibilidad de vivir bien, ¿por qué no hacerlo? Por otro lado, la idea de batalla espiritual trae a estas concepciones otro componente: los creyentes deben confrontar y perseguir a todos los que están contra la religión, a todos los que puedan representar una amenaza para los principios cristianos. Estas teologías, que nacen en los setenta y los ochenta, se implantan naturalmente en la derecha estadounidense y sus referentes comienzan a ser rápidamente arropados por el Partido Republicano. De allí vienen misioneros a América Latina, con la idea de que el pentecostalismo local debe ocupar espacios en la política, porque, de alguna manera, creen ellos, el cristianismo está en peligro.

Marcelo Aguilar.- En un artículo publicado en el libro Novo ativismo político no Brasil: os evangélicos do século XXI, usted afirma que en Brasil el clima de tensión social ha contribuido a consolidar un nuevo actor político: el evangélico-pentecostal, alineado con la derecha brasileña, lo que ha propiciado una nueva relación entre religión y política. ¿De qué se trata esta nueva relación?

Brenda Carranza.- Poco a poco, en las últimas décadas, comienza a trabajarse la posibilidad de que los cristianos pentecostales ocupen espacios políticos como tales. En 1977 se funda en Brasil la Iglesia Universal del Reino de Dios, cuyo obispo, Edir Macedo, se nutre tanto de la teología de la prosperidad como de la idea de batalla espiritual. Macedo elige dos enemigos: las religiones afrobrasileñas y todos los políticos que no le permiten acceder al poder. Es entonces que la teología del dominio se instala con fuerza en el país a través de una nueva corriente, llamada neopentecostalismo, fuertemente dedicada a evangelizar a través de los medios de comunicación, a ocupar espacios político-partidarios y a dar desde allí la batalla espiritual, dentro de un marco en el que todo lo que sea minoría es visto como un enemigo.

En 2002, cuando la elección en la que gana por primera vez [Luiz Inácio] Lula da Silva, ya existe una consolidación de 20 años de los grupos religiosos pentecostales en la política, grupos que se han tornado claves para las disputas electorales. Por entonces ya tienen un gran know how de cómo ganar una elección, por lo que consiguen muchas bancas en el Congreso, estadual, municipal y federalmente. Entre 1990 y 2000, este neopentecostalismo crea una red de articulación que le permite tener un fantástico conocimiento del marketing político y se constituye como una base electoral que los partidos ya no pueden despreciar. Les puede caer mejor o peor, pero no la pueden ignorar.

Este proceso ocurre, con más o menos intensidad, en prácticamente toda América Latina. Pero sus grandes redes políticas multinacionales tienen su sede en Brasil, porque es donde hay más dinero y más articulación con lo secular. La Iglesia Universal del Reino de Dios y Asamblea de Dios, dos grandes representantes del pentecostalismo en el país, se han convertido en pilares políticos fuertes de Brasil y llevan casi la voz cantante en las elecciones. En 2003, Lula es elegido con un fuerte apoyo evangélico, negociando con Macedo. A esa altura, los evangélicos, con pentecostales y neopentecostales a la cabeza, ya articulan con los políticos como un actor consolidado.

Marcelo Aguilar.- ¿Cómo pervive esa articulación durante los gobiernos petistas y por qué se van derechizando los neopentecostales?

Brenda Carranza.- El radicalismo religioso se junta con un radicalismo político. Lo que ocurre en el cristianismo latinoamericano en las décadas del 70, el 80 y el 90 bajo la forma de un cristianismo progresista, de corte ideológico izquierdista, causa incomodidad en el pentecostalismo, porque levanta algunas banderas que van contra costumbres y principios que ellos consideran inamovibles. Algo parecido ocurre en Brasil. Así como los evangélicos se van fortaleciendo a través de su bancada política, compuesta fundamentalmente por pentecostales y neopentecostales, durante los gobiernos petistas [2003-2016] también se fortalecen las demandas de las minorías, que pasan a tener representaciones en las comisiones del Congreso y, de forma paralela, a potenciar la discusión de su agenda en la sociedad toda.

Esto hace que comience a haber debates muy fuertes en la interna de la política institucional. En 2010, Dilma Rousseff llega al gobierno prometiendo a los grupos evangélicos que no discutirá la despenalización del aborto durante su mandato. Lo mismo ocurre en 2014. En paralelo, a partir de 2011, los grupos evangélicos y su programa de conservadurismo moral se fortalecen institucionalmente. Por entonces, el Partido de los Trabajadores tiene que articular muchos asuntos con muchos actores y los temas que van contra la agenda de los grupos evangélicos son dejados de lado con tal de que se tranquilicen y apoyen al gobierno para avanzar en otros frentes. Así se fortalece la influencia del programa religioso en el aparato jurídico y dentro del propio gobierno. La agenda moral cobra cada vez más fuerza en los cálculos de apoyo político de los diferentes partidos. Para 2016, cuando llega el impeachment, en las justificaciones de los votos en aquella sesión ya se ve bien claro que la agenda profamilia y moralista está diseminada e implantada con fuerza en casi todos los sectores del Congreso.

Gradualmente, los neopentecostales van retirando su apoyo político a la izquierda y se fortalece el apoyo a la derecha. En 2018, en una elección polarizada entre derecha e izquierda, y entre progresistas y conservadores dentro del campo religioso, esto cobra una gran relevancia. Podemos pensar en una nueva fase del pentecostalismo y del sector cristiano en general, ya que también aparecen sectores más radicales del catolicismo que comienzan a trabajar junto con los neopentecostales en torno a la idea de una nación cristiana. Esta idea es reforzada en el primer discurso de Jair Bolsonaro como presidente: «Somos un país cristiano». Lo repite en la ONU [Organización de las Naciones Unidas] en 2019 y 2020, y en 2021 con un agregado: «Somos un país conservador».

Marcelo Aguilar.- Recientemente, el ministro de Educación se vio forzado a renunciar debido a un escándalo que incluía el tráfico de influencias por pastores neopentecostales. ¿Hasta qué punto esta corriente ha penetrado la institucionalidad?

Brenda Carranza.- Debemos tener memoria histórica. El lobby religioso responde a modelos históricos de relaciones con el poder. El modelo católico siempre fue un modelo cara a cara, en el que los políticos van a misa, después desayunan con los obispos y a partir de ahí hacen negocios. Son los políticos quienes van a la sacristía. Al entrar en juego el modelo pentecostal, las estrategias y los mecanismos son los del juego político democrático. Los pastores y los fieles se presentan a las elecciones, las ganan, van a las comisiones parlamentarias e ingresan en la dinámica interna del Poder Legislativo. Y ahí el lobby político es propio de la manera misma de trabajar de los parlamentos y las instituciones como las conocemos: el toma y saca, el intercambio de favores. Al final, en intercambios de este tipo, que poco o nada tienen que ver con los derechos ni con los mecanismos democráticos de representación, se cocinan muchas cosas.

Pero eso no es nuevo, siempre estuvo. En 2006, en el segundo mandato de Lula, se hace una gran operación policial, llamada Sanguessugas (‘chupasangres’), que desbarata una mafia que desvía dinero público destinado a comprar ambulancias. En ella están implicados varios pastores que tienen una doble identidad: son representantes políticos y, al mismo tiempo, representantes religiosos. Más de 15 años después, lo que ha habido es una evolución en la forma en la que el sector evangélico permea los poderes Ejecutivo y Judicial, y logra tener ahora influencia en los tres poderes. A partir de 2018, vemos en posiciones de primer orden a personas declaradamente evangélicas y con vínculos orgánicos explícitos con sus iglesias. Son los casos de, por ejemplo, la ministra Damares Alves y el ministro del Supremo Tribunal Federal [STF], André Mendonça, surgido de la Asociación Nacional de Juristas Evangélicos.

Marcelo Aguilar.- En el momento de su candidatura para el STF, Bolsonaro celebró que se tratara de un ministro «terriblemente evangélico».

Brenda Carranza.- Sí, tan terriblemente evangélico que ahora, frente al proceso que involucra al expolicía militar y actual diputado federal bolsonarista Daniel Silveira [por amenazar a autoridades, intentar impedir el ejercicio del Poder Judicial y hacer llamados al golpismo], el bolsonarismo pide que sean exonerados nueve de los 11 ministros del STF y que solo queden para juzgar a Silveira el ministro Mendonça y el ministro Kássio Nunes Marques, también designado por Bolsonaro. Al mismo tiempo, la bancada evangélica ha llamado a orar por Silveira. Bolsonaro está todo el tiempo dando señales a ese sector. Les dice a los evangélicos que no los abandonará, que sus enemigos no lo están dejando hacer mucho, pero que le tengan paciencia. Apoya su agenda en las comisiones parlamentarias, pone a sus representantes al frente de los ministerios y les cumple las promesas. Es como decirles: «En 2022 no se olviden de que cumplí con mantener en alto la agenda moral y evitar a cualquier precio que avanzaran las agendas de género y el debate sobre el aborto». Hay un casamiento perfecto entre la política conservadora y la agenda moral religiosa.

Marcelo Aguilar.- Ante esta estrategia de Bolsonaro, que tiende a acercarlo a los evangélicos, ¿cómo se pueden leer las recientes declaraciones de Lula sobre el aborto como una cuestión de salud pública y como un derecho?

Brenda Carranza.- Hay que tener en cuenta que el sector evangélico no es homogéneo. La plataforma de Bolsonaro agrada a determinados sectores, pero no abarca a todo el mundo. Ahora bien, dentro del evangelismo y de los sectores religiosos en general, algunos de los cuales pueden estar también dentro de la izquierda, el tema del aborto es muy sensible, mucho más que los derechos de las minorías, el casamiento igualitario y la homosexualidad. Que lo digan los analistas, pero creo que puede ser una declaración innecesaria frente a un fenómeno mayor: la ascensión de la ultraderecha en el mundo. Este es el país de las tempestades, por lo que esto hace mucho ruido y pega fuerte entre los conservadores. De todos modos, no creo que sea la discusión que definirá la elección.

Marcelo Aguilar.- ¿Cuál será, entonces?

Brenda Carranza.- Diría que el voto religioso siempre tiende a ser conservador. Pero no podemos guiarnos únicamente por los movimientos institucionales: quién apoya a quién, qué apoya el Congreso, qué apoya la bancada evangélica. Esa es una parte, pero tenemos que estar muy atentos a lo que se discuta en las bases religiosas, en las que hay una polarización muy grande. El voto religioso puede ser decisivo y estar relacionado con una idea de moralidad, pero creo que será mucho más importante ver cómo se trabajan el odio, el miedo y las amenazas. 

Racismo religioso

Marcelo Aguilar.- ¿Qué papel juega el pentecostalismo político frente a las religiones de matriz africana, que últimamente son víctimas de diversos ataques?

Brenda Carranza.- Estos grupos sufren un racismo religioso muy fuerte y son el objetivo principal de las agresiones evangélicas. Son atacados directamente en sus terreiros. Esto es visto como parte de la batalla espiritual de la que hablábamos. Los atacantes se justifican a través de una visión particular del demonio, de quién es el demonio, por la que se ve a las religiones de matriz africana como enemigos del cristianismo que merecen ser perseguidos y castigados. Son víctimas del fanatismo y la intolerancia, y no son un grupo homogéneo federalizado que se representa a sí mismo, como hacen los evangélicos. No puede decirse que sean de izquierda en bloque, como tampoco puede decirse que los fieles evangélicos sean de derecha en bloque. Lo que hay, entre estos últimos, son grupos de representación y poder, que son los más visibles en los medios.

Lo importante en la elección es lo que pasa en la base y dependerá de cuál sea la fibra que se toque. Ahí se verá si el discurso de la amenaza, la violencia y el odio surte efecto. Los grupos evangélicos y católicos conservadores son los que gritan más alto en este momento, y es lo que más interesa difundir. Detrás de ellos hay mucho dinero y representación política. Pero no son los únicos que reinan en el campo de la espiritualidad brasileña. Causan mucha resistencia. Y este es el país de las sorpresas. Lo único que ya sabemos es que la elección será violenta. Esperemos que no desgarre el tejido social."   

(Entrevista a Brenda Carranza, profesora e investigadora del departamento de Antropología Social de la Universidad Estadual de Campinas, Marcelo Aguilar , Rebelión,  05/05/2022)

7/2/22

Juan José Tamayo, teológo: ¿Qué es la Internacional del odio? Es la alianza entre la extrema derecha política y las organizaciones cristianas integristas. Internacional porque recorre todos los países de dos continentes, con diferentes modulaciones. En este momento, su epicentro se sitúa en Brasil, donde gobierna la extrema derecha de Dios, encarnada por Bolsonaro, y se extiende por los EE.UU., donde está perfectamente representada por la alianza entre el “Trumpismo” y los evangélicos fundamentalistas. En América Latina, de manera muy preocupante, en cuestión de diez años, se ha pasado de la Teología de la Liberación, al cristo-neofascismo

 "Teólogo de la liberación, estrechamente vinculado al movimiento en América Latina. Secretario General de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIIII, y miembro del Foro mundial de Teología y Liberación. Catedrático emérito de Teología y Ciencia de las Religiones, de la Universidad Carlos III, de Madrid. Muy implicado en las causas por la igualdad, ha publicado, 75 libros, tantos como años tiene. Entre ellos, recientemente, «La internacional del odio» (Icaria).

¿Qué es la Internacional del odio?

Es la alianza entre la extrema derecha política y las organizaciones cristianas integristas. Internacional porque recorre todos los países de dos continentes, con diferentes modulaciones. En este momento, su epicentro se sitúa en Brasil, donde gobierna la extrema derecha de Dios, encarnada por Bolsonaro, y se extiende por los EE.UU., donde está perfectamente representada por la alianza entre el “Trumpismo” y los evangélicos fundamentalistas. En América Latina, de manera muy preocupante, en cuestión de diez años, se ha pasado de la Teología de la Liberación, al cristo-neofascismo. Y a escala política, de gobiernos progresistas, a gobiernos conservadores, muy vinculados y sometidos a las iglesias fundamentalistas, y al imperio de los EE.UU.

¿Quién o quiénes participan desde Europa de este espacio?

En Europa, el cristo-neofascismo se expresa a través de la alianza entre partidos políticos de la extrema derecha homófoba, misógina, anti-emigración… y las organizaciones que, en el caso de España, se posicionan en unos planteamientos claramente franquistas y contrarios al feminismo, la ideología de género, al matrimonio igualitario, la homosexualidad, el cambio climático… Organizaciones como Hazte Oír, Germinas Germinabit, Asociación de Abogados Católicos, El Yunque…, que forman una alianza, y se intercambian la representación política y religiosa. Ya no son ni neocóns ni teocóns, sino ultra-neofascistas.

¿Por qué entre los enemigos jurados de esta Internacional no se cita a los comunistas, que durante un tiempo han sido la representación más genuina del diablo?

En la medida en que el comunismo, dentro de los parámetros democráticos, adquiere fuerza, tiene influencia, cuenta con apoyo social importante y, sobre todo, accede a los gobiernos, vuelve a despertar el fantasma, aquel del Manifiesto Comunista. Mientras el comunismo no tiene presencia pública, se queda reducido a una teoría política, la verdad es que no incomoda. Pero cuando el comunismo, democrático, respetuoso del pluralismo político, cobra fuerza, tiene representación parlamentaria, y está presente en el Gobierno, como sucede actualmente en España, resurgen las fobias, y los rugidos de la derecha y la extrema derecha contra el comunismo. Recurren para desacreditarlo a una construcción ideológica que no responde para nada a nuestro tiempo. Algo enlatado, ortodoxo, referido al este europeo que ya no existe.

¿En ese vínculo entre religión y política, quien influye más en quién?

Ahí se produce una retroalimentación, que se aprecia claramente desde el triunfo de Ronald Reagan. Hay que aclarar que la identidad de los EE.UU. está muy vinculada con el protestantismo, que está jugando un papel muy importante en el ámbito político, económico, cultural…, con sus elementos positivos, y también negativos. Todo lo que tiene que ver con un protestantismo más puritano. A partir de los años 80, se produce esta alianza que se retroalimenta entre la “Moral Majority” (que tuvo el apoyo de los telepredicadores, que construyeron lo que se llamó la Iglesia Electrónica) y Ronald Reagan, que les reconoció una serie de privilegios como, por ejemplo, la vuelta de la oración a la Escuela, la lectura de la Biblia o la supresión de avances, como la interrupción voluntaria del embarazo. 

Esa alianza entre los evangélicos fundamentalistas, que son en este momento como una tercera parte de la población de los EE.UU. y el partido Republicano, propició gobiernos conservadores durante 12 años. Cosa que se prolongó otros 8 años más con Bush hijo. De 2016 a 2020, Trump, que era totalmente ajeno al ámbito religioso, también contó con el apoyo de Dolan, cardenal arzobispo de Nueva York y el movimiento integrista. El 1 de enero de 2010, se creó en Miami “Evangélicos por Trump”, una plataforma de apoyo explícito al Trumpismo. Todo lo cual se traduce en apoyos a posiciones ultraliberales en economía, conservadoras en política, y puritanas en cuestiones de ética.

¿Qué papel juega en todo esto el catolicismo?

Yendo por continentes, el catolicismo en EE.UU. nunca fue demasiado progresista, pero durante algún tiempo se posicionó en favor de los candidatos demócratas. Hubo una tendencia que estuvo más en sintonía con esos planteamientos más progresistas, pero posteriormente, la jerarquía y el sector de base practicante han retrocedido hacia posiciones más legitimadoras de los republicanos. En América Latina el giro ha sido espectacular. Buena parte del éxito de los dirigentes progresistas se ha debido al apoyo de un sector cristiano vinculado a la Teología de la Liberación y a los movimientos populares.

 En la medida en que aquello fue perdiendo fuerza, han ocupado el espacio los sectores fundamentalistas, mayoritariamente evangélicos, pero también con una importante presencia del sector católico conservador. En esto ha influido también el cambio en la jerarquía. Hay que recordar que, en el 68, en Medellín, 400 obispos dieron el giro de la iglesia colonial hacia el cristianismo liberador.

¿En la proximidad, en España, como pinta el panorama?

Es uno de los fenómenos más preocupantes y peligrosos. Porque viviéndolo día a día y como analista del tema, voy observando el proceso de deterioro de lo que es el vino espumoso del cristianismo liberador y progresista en España, al vinagre totalmente imbebible, que no sirve siquiera para las ensaladas. El problema viene de lejos. Creímos que con la transición democrática había desaparecido el nacional-catolicismo. Consideramos que habíamos entrado en un Estado no confesional, laico, donde la religión iba quedar en el espacio privado, en la esfera de las conciencias y los lugares de culto, y que no iba a tener ninguna influencia en la vida política. 

Fue una gran equivocación, un espejismo, porque el nacional-catolicismo estaba agazapado y expectante para dar el salto y recuperar protagonismo. En la derecha política hay mucho franquismo y en la derecha católico mucho nacional-catolicismo. Cuando se dieron cuenta de que determinados planteamientos democráticos podían hacer aguas, saltaron a la palestra. La derecha y la extrema derecha política se han quitado la careta y están demostrando sus planteamientos autoritarios, neoliberales, conservadores… 

En la jerarquía, una quincena de obispos se va a identificar con todo esto. Así, un sector importante de la derecha, representada por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, y el propio Casado, que es un político de la derecha más conservadora e integrista, se ven legitimados religiosamente por todas estas organizaciones católicas integristas ¿Quién apoyó a Abascal?: Yunque, ente otros. Como compensación, Vox va incorporando a sus filas personas de estos grupos.

¿Forman parte también las distopías de esta corriente?

Las distopías han pasado de la literatura a convertirse en una realidad. Siempre se han apoyado en situaciones concretas, pero en este momento sí que se puede considerar que la ficción imita a la realidad, a nivel mundial y coordinado. Mientras las utopías siguen manteniéndose en el ámbito de la ficción, las distopías se han convertido en un relato de los hechos.

¿Converge de algún modo el cristiano-neofascismo con los negacionismos, tan en boga?

Hay un vínculo estrechísimo. El cristo-neofascismo se caracteriza por el negacionismo, y este lo que hace es reforzar el fenómeno distópico real. Es el caso, estos días, de la pederastia clerical. La actitud de los obispos hasta que ha salido el informe de El País ha sido negarla. O sea, negacionismo de la pederastia clerical ¿Cómo se hace? Diciendo son muy pocos casos, que la mayoría de los sacerdotes son ejemplares… No se le da importancia. Entonces, la distopía está legitimada precisamente por ese silencio, que lleva a la complicidad. 

Distopía de esta Iglesia, que está totalmente emponzoñada con un cáncer metastásico, y que, sin embargo, no se reconoce de ningún modo. Así se está legitimando el poder de una parte de la jerarquía católica sobre los cuerpos, las conciencias, la vida de las personas, que viven en situación de mayor vulnerabilidad. Otro ejemplo llamativo de negacionismo es el del cambio climático. Quizá la mejor prueba de que el negacionismo de este cristo-neofascismo, de esta derecha conservadora, homófoba, anti-ecológica, acaba desembocando en distopía."                      (Peru Erroteta, elTriangle, 06/02/22)

9/11/21

La serie sobre el papel de los evangelistas en la política que ha agitado la polémica en Argentina

 "La ansiedad de un político tradicional por ganar las elecciones es el punto de partida de la historia. En tiempos de pérdida de confianza en los partidos, aparece una estrategia electoral desesperada: sumar a un pastor evangélico a la fórmula presidencial.

En 'El Reino', la nueva serie producida por Netflix en Argentina, el pastor Emilio Vázquez Pena, interpretado por Diego Peretti, es el candidato a vice que no convence al presidente y que, en poco minutos, se convierte en el centro de la trama. Dentro del elenco de la afamada serie –que, en estos momentos es la más vista en el país latinoamericano– se encuentra nada menos que 'Chino' Darín, hijo del icono nacional del cine, Ricardo Darín. 

 La serie, dirigida por Marcelo Piñeyro y guionada por la escritora Claudia Piñero, tiene lugar en Argentina pero podría ocurrir en cualquier otro país de América Latina. 

El hecho de que hayan elegido ese país, donde los evangélicos no superan el 15,3%, según la segunda encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, confirma que se trata de una ficción aunque con rasgos de realidad.

Sería bien distinto que el escenario fuera Brasil, donde el poder de las iglesias evangélicas es otro y sus fieles representan el 31% de los brasileños.

Pero Brasil, a diferencia de Argentina, tiene un sistema electoral que facilita la representación de líderes regionales sin necesidad de estructuras de partido fuertes a nivel nacional. Además de que Argentina conserva una fuerte identificación con los partidos, que siguen estando por encima de las preferencias religiosas.

 En América Latina, casi una de cada cinco personas (19%) se describe como evangelista, de acuerdo con la encuesta de Pew Research Center, que analiza la afiliación, las creencias y las prácticas religiosas en América Latina y el Caribe.

La afiliación religiosa de los latinoamericanos es más fuerte en el evangelismo en países de América Central como Honduras (41%), Nicaragua (49%) y Guatemala (41%).

El salto al debate público

El estreno tuvo impacto. El miércoles pasado, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) publicó un comunicado en su página, que fue eliminado después, donde dicen que "se busca, desde ese pensamiento ideológico, tratar de segregarlos [a los evangelistas], marcarlos en listas, señalarlos como peligrosos, fundamentalistas, separarlos del resto para que, aislados, se debiliten y desaparezcan. En fin, un comportamiento de tipo fascista".

Si la serie alcanzó este alcance es por estar vinculada a un tema que todavía sigue caliente: el debate por la legalización del aborto en Argentina. Entre 2008 y 2019, ese país duplicó la proporción personas que afirman que el aborto es un derecho de las mujeres, mientras que las y los fieles evangélicos son quienes más se oponen al aborto, mucho más que los católicos. 

Claudia Piñeiro es una de las caras visibles de la lucha por la ampliación de los derechos de las mujeres. Es por eso que la denuncia fue directa a ella: "Es sabido el encono que ha expresado la escritora y guionista de esta obra desde su militancia feminista durante el debate de la ley del aborto hacia el colectivo evangélico de la Argentina, representado por millones de ciudadanos que no coincidían en su posición respecto del tema", dice el comunicado.

"Entiendo que puede caer mal, que haya alguien que no le gustara. Pero me shockeó el comunicado porque que te dice por dónde tenés que ir y amedrentarte. Solo se la agarraban conmigo. Mencionaban actores, al director, a la productora pero se la agarraban conmigo porque decían que yo había hecho porque quedaba resentida por el activismo feminista en la ley por la ley del aborto. Eso me pareció muy grave", respondió la escritora argentina a la prensa local.

Desde los distintos colectivos de mujeres feministas, como periodistas y actrices argentinas, "repudiaron los ataques que recibió por su trabajo como guionista" y denunciaron que "la gravedad de los ataques hacia Claudia se deben especialmente a su condición de mujer y militante feminista, defensora de los derechos de las mujeres".

Ficción o realidad

El salto de la ficción a la realidad abrió distintos tipos de debates.

Por un lado, si tomar a una ficción como espejo de la realidad. Y si tomar un caso particular, como el del pastor Emilio, como generalidad aunque existan otros personajes en la serie. Tal es el caso de Tadeo, un creyente dedicado al trabajo con los más pobres.

"Nosotros tratamos de tener muchísimo respeto por quien tiene una fe genuina dentro de esta religión y cualquier religión. Eso no tiene nada que ver con los creyentes, tiene que ver en todo caso con las iglesias y con algunos personajes dentro de esas iglesias que hacen esos pactos", dijo la escritora semanas atrás en un entrevista con la periodista Hinde Pomeraniec.

También aparecen las críticas a la "caricaturización" del mundo evangélico. "El pastor evangélico es una de las figuras más incomprendidas y, por ello, más estereotipadas del mundo religioso en Argentina", dice la coordinadora de la diplomatura sobre Diversidad Religiosa de la Universidad de Buenos Aires, Mariela Mosqueira, en este artículo.

"El pastor es un villano total. Ni un solo matiz. ¿Cómo complejizar esta mirada reificante? ¿Cómo son los pastores realmente existentes?", plantea Mosqueira como disparador.

Marcos Carbonelli, doctor en Ciencias Sociales e investigador en temas de religión y política en Argentina, comentó en Twitter que "un pastor presidente en Argentina es más que improbable" y que "la posibilidad se funda en una hipótesis ya refutada por las Ciencias Sociales: no hay continuidad entre adhesión religiosa y conducta política".

Pero también, sostiene que la simplificación del mundo evangélico solo puede entenderse en el marco de una ficción. "Si seguimos la idea de la serie como espejo, otro problema es la representación de los creyentes como un rebaño sin autonomía que vota lo que el pastor le dice porque 'fue rescatado'. Subyace aquí una mirada miserable de los creyentes evangélicos. Muy cercana, por no decir igual, a la mirada clientelar", sostiene Carbonelli.

Cuando la serie salta al debate público aparecen las amenazas e insultos que dejan atrás el debate de las ideas y pasa al plano de la violencia. Para la periodista en género, Luciana Peker, es un tipo de violencia que recae especialmente en las mujeres que disputan el espacio público.

Pablo Semán, sociólogo y autor de 'Vivir la fe', escribió en elDiarioar que "más allá del estatuto de la serie hay enunciaciones históricas que resultan agresivas y dolorosas para cada uno de los bandos en pugna. Hoy se condensan en una polémica, en la que cada uno de ellos tiene sus razones y sus yerros."

La nueva serie de Netflix parece haber vuelto a abrir un debate que todavía no está para nada cerrado en la sociedad argentina."                   (Avelén Oliva, eldiario.es, 23/08/21)

29/10/21

Marcelo Piñeyro, director de 'El Reino': "Las religiones volvieron a ser una herramienta de la política"

 "Vos sos más malo que el pastor Emilio", escuchó decir en un programa de radio el cineasta argentino Marcelo Piñeyro mientras viajaba en taxi por Buenos Aires. No habían pasado ni diez días del estreno de la serie 'El Reino' pero en la calle muchos ya conocían al protagonista de la historia.

Fue un año antes de la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, cuando la escritora Claudia Piñeiro y el director de cine argentino definieron que querían crear una ficción sobre la influencia de las religiones en la política. Pero nunca imaginaron que, en tan poco tiempo, la serie llegaría a ser el contenido más visto de Netflix en Argentina. 

 El estreno abrió un debate sobre el papel de las iglesias evangélicas en América Latina. Pero las críticas no tardaron en llegar. Unos dijeron que era una mirada "estereotipada" del mundo evangélico, algunos sectores de las iglesias evangélicas la catalogaron directamente como "un comportamiento de tipo fascista" mientras que, para otros, no es otra cosa que un reflejo certero de la realidad.

"Ese día lloré todo el día. Temblé todo el día. Me morí de miedo. Y después me fui recomponiendo pero cada tanto vuelvo a tener miedo", cuenta la guionista sobre las amenazas que recibió en redes sociales después de que la de Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) emitiera un comunicado repudiando la serie.

De lo que no hay dudas es que esta nueva producción de Netflix, con actores como Diego Peretti, Mercedes Morán y el Chino Darín, volvió a abrir el debate sobre la influencia de las iglesias en la política y lo hace desde el entretenimiento.

'El Reino' es el contenido más visto en Netflix en Argentina, ¿esperaban esa repercusión? 

Marcelo Piñeyro: Lo que sucedió con 'El Reino' es inimaginable. Ni en nuestras mejores proyecciones esperábamos esto. Tanto Claudia en la literatura como yo en el cine hemos tenido proyectos muy exitosos pero tenían otros tiempos y llegaban a menos gente. En cambio esto fue muy rápido. Nos sorprende la repercusión e incidencia que ha tenido en el debate público.

¿Cómo recibieron la discusión que generó sobre el vínculo de las iglesias evangélicas y el poder político en Argentina?

Claudia Piñeiro: Después del tsunami de espectadores llegó el debate. Es interesante cuando aparece algo que, desde el arte, produce una discusión. Esperábamos el debate, no pensábamos que esto iba a pasar virgen por la sociedad argentina sin que nadie lo discuta.

Y en lo personal, ¿cómo lo viviste?

CP: Después del debate llegaron las agresiones. Pienso que hay que ser muy cuidadoso en cómo uno desmenuza esas cosas. El comunicado de Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) estuvo hecho para manipular el odio. Y en la serie estamos hablando de la post verdad, de la manipulación de la gente y una de las formas de hacerlo es agredir con un batallón de gente.

¿En qué lo ves?

CP: Dijeron que eso no era censura y lo que están haciendo es una censura indirecta que se aplica mucho con las mujeres en las redes. Esto es agredirte de tal manera para que ya no quieras hablar. La actitud es disciplinar. Disciplinarme a mí pero también al resto. Ese día lloré todo el día. Temblé todo el día. Me morí de miedo. Y después me fui recomponiendo pero cada tanto vuelvo a tener miedo.

¿Pensaron esta serie desde el entretenimiento o para disputar sentido sobre el mundo evangélico?

MP:  Nosotros somos contadores de historias. En el momento en que empezamos a conversar con Claudia sobre esta idea veíamos la brutal manipulación de la sociedad por medio de los mecanismos de la posverdad y las religiones. Notamos cómo las religiones volvían a ser una herramienta de la política, que había zonas del mundo donde volvían las guerras religiosas que parecía que la humanidad había dejado atrás. También que en las tres Américas, estas nuevas iglesias evangélicas funcionaban como el ariete para lograr una restauración conservadora. No hay que confundirlas con el protestantismo clásico. Estas nuevas iglesias buscan restar derechos a la población con un objetivo claro que es consolidar poder político y económico. Es ahí cuando dijimos "qué pasaría si esto sucediera en Argentina", a partir de ahí fue empezar a construir la ficción.

¿Lo entienden como un fenómeno global?

MP: Sí, son fenómenos que están en el mundo. Hay una nueva derecha no tiene límites y que en cada territorio adquiere su propia forma. En Europa también vemos una restauración conservadora brutal en manos de las fuerzas de ultraderecha. Tal vez no tienen ahí a las iglesias evangélicas pero tienen a lo más extremo del catolicismo así como a los movimientos neonazis que vienen creciendo de manera bestial.  

¿Piensan que estos fenómenos encuentran algún tipo de límite?

CP: Puede haber países, sobre todo en Europa, donde cuenten con contrapesos institucionales mejores a los que tenemos en América Latina. En esta región tenemos países muy presidencialistas, con menos peso de los Parlamentos, creo que tienen resorte de algunas instituciones que funcionan mejor. 

Si pensamos en el crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina lo vemos sobre todo en los barrios más pobres ¿Por qué creen que pasa esto? ¿Crecen ahí donde falta el Estado?

MP: El crecimiento de las iglesias evangélicas tiene que ver sin dudas por un lado con zonas que el Estado abandona. Pero también por su forma. Las iglesias evangélicas al ser tan inorgánicas permiten que haya iglesias en cada barrio. Pero no son estas iglesias las que son el ariete de la nueva derecha, creo que son las empresas religiosas, generalmente a cargo de familias, cuyo negocio es la religión y que se arrogan un capital político.

¿Qué responden a las críticas que dicen que la serie no reconoce el trabajo de estas iglesias?

CP: No solamente no hablamos mal del trabajo que hacen las iglesias evangélicas, así como las católicas y seguramente otras que no conozco. Tenemos personaje como Tadeo o el Pescado, hablamos del trabajo de estas iglesias en las cárceles. Los que dicen eso no vieron la serie. 

Esta serie abrió debate también dentro de las distintas ramas de las iglesias evangélicas, algunos se opusieron al comunicado ¿Qué piensan de eso?

CP: Nos han llegado varios mensajes de pastores que nos escribieron para solidarizarse, que entendían que era una ficción. Pero esos pastores no están en esta Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas. De hecho, muchos de ellos hablan mal de ellos. Debe haber algo interno que desconozco y ni me interesa conocer.

¿Qué respuesta dan a los que desde la sociología dicen que es una versión muy estereotipada del mundo evangélico?

CP: No creo que esté bien lo que dicen. Hay un crítico literario que se llama Daniel Link que dice que la literatura de la época cuenta cómo una sociedad se ve a sí misma, no cómo es. Nosotros tenemos que hacer una versión verosimil de una historia de ficción que queremos contar. Vimos cantidades de videos y todos los pastores son distintos. Lo que está claro es que es un contrato ficcional. Hay pastores parecidos a Emilio y otros que no. La pregunta es por qué tengo que tomar uno distinto a Emilio si es que me interesa para esta ficción. Yo tengo que elegir uno y contar ese. No entiendo cómo se puede estereotipar cuando se cuenta una sola historia. 

¿Por qué eligieron Argentina como escenario? ¿Piensan que es posible que pase algo así en ese país?

CP: Elegimos Argentina porque pensamos “qué pasaría sí”, es una ucronía, no hacemos mención a ningún partido político para evitar caer en la grieta.

Hablando de grieta, antes de que se abriera la polémica por la religión hubo una fuerte campaña en redes por la afinidad política de algunos de los actores diciendo que eran "kirchneristas" y llamaron a no verla ¿Es posible esquivar la polarización política en Argentina?

MP: Eso fue unos días antes del estreno. Cuando la serie se estrenó, eso se diluyó porque fue categórico que había que verla sino quedabas afuera del debate público. Y además porque es entretenida. En todo momento, lo que intentamos hacer es no caer en la grieta. Estamos convencidos que toda discusión, por interesante que sea, si cae en la grieta banaliza y torna estúpida la discusión. La serie es un disparador de un debate. Bienvenido sea ese debate en la medida de que no caigamos en las coordenadas de amigo/enemigo y que lo mantengamos en la frontera de la racionalidad."               (Ayelén Oliva, eldiario.es, 28/08/21)