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10/5/22

Veronica Oliveira, antigua limpiadora: “La clase media brasileña necesita tata para todo... Necesitan tata al nacer, cuando son niños, cuando son adultos. Es una parte de la población muy acostumbrada a ser servida y mimada. Pero eso no les basta. Quieren que la persona que vaya a limpiar también escuche. Es más que una relación de trabajo, es casi como de la familia pero para el bien de la familia, no de ella... ¡Ella no puede comer! O a veces puede comer lo que sobró u otra comida distinta. Suelo bromear que es parte de la familia, pero por debajo del perro"

 "Pocas frases logra acabar la Verónica Oliveira, de 40 años, sin estallar en una carcajada. Tras esas risas y esas gafas enormes, una vida dura a la que dio la vuelta con creatividad. Personifica uno de los pilares más tradicionales e ignorados de la sociedad brasileña —la empleada del hogar— y, a la vez, la pujanza de ese fabuloso negocio que son las redes sociales, donde Faxina Boa (buena limpieza) atesora medio millón de seguidores. Cambió la periferia de São Paulo por el piso 22 de una torre.

Pregunta. Veo en Instagram que fue en avión con toda su familia. Inolvidable, ¿no?

Respuesta. Quería que mis hijos vieran mi trabajo, así que cuando me invitaron a dar esa conferencia puse como condición para firmar el contrato que vinieran todos. Aceptaron. Para quien ha pasado muchas necesidades es un momento de conquista muy grande. Yo tenía 38 años cuando volé por primera vez.

P. Me recordó aquel comentario del ministro de Economía…

R. Sí… que “con el dólar bajo, todo el mundo estaba yendo a Disneylandia, la criada yendo a Disneylandia, un fiestón”. ¡¡Aggggl! Lo que más me enojó es que dijera que no tenemos que ir al extranjero, sino a Foz de Iguaçu. La primera vez que cogí un avión fue para limpiar una casa en Río de Janeiro, ellos me mandaron el dinero. Fue muy gracioso porque yo vivía en la periferia y me llevó más tiempo llegar al aeropuerto que lo que duró el vuelo a Río. Fue un evento, lloré, estaba tensa, super emocionada.

P. Empezó a limpiar casas como último recurso y resulta que aquello cambió su vida.

P. Jamás imaginé que trabajaría limpiando casas. Y tampoco, en redes sociales. Descubrí que, como limpiadora, empecé a ganar cuatro veces más que como operadora de telemárketing. Ahora a veces hago un trabajo de publicidad en Instagram y la marca me paga como dos años de telemárketing. Gracias a la limpieza, logré mostrar mi talento. Siempre me gustó escribir, ganaba concursos de redacción. Hubiera querido ser periodista, escritora, presentar el telediario o la MTV.

P. Se ofrecía en su página Facebook para limpiar casas con anuncios que hacían referencia iconos de la cultura popular, de Tarantino a la serie del momento. Un exitazo.

R. ¡La idea de los anuncios ni siquiera fue mía! Se le ocurrió a una amiga. Fue una sorpresa descubrir que allí había un espacio para hablar de cosas de las que otros no hablaban. Empezaron a verme a mí antes que mi trabajo. Querían conocerme y, como trabajo bien, conseguí muchos clientes. Entré en más de 200 casas.

P. ¿Qué pasaría si mañana las empleadas del hogar no van a casa de nadie?

R. Uy, la gente no sabe ni dónde tiene las cosas. Suelo decir que la clase media brasileña necesita tata para todo. Necesitan tata al nacer, cuando son niños, cuando son adultos. Es una parte de la población muy acostumbrada a ser servida y mimada. Pero eso no les basta. Quieren que la persona que vaya a limpiar también escuche. Es más que una relación de trabajo, es casi como de la familia pero para el bien de la familia, no de ella.

P. Es muy habitual oír que es de la familia. ¿En qué no lo es?

R. ¡Ella no puede comer! O a veces puede comer lo que sobró u otra comida distinta. Suelo bromear que es parte de la familia, pero por debajo del perro.

P. Es duro.

R. Mucho.

P. En Brasil suele ser un empleo de mujeres pobres y negras. Y un trabajo muy subestimado en todo el mundo.

R. Durante la pandemia salieron muchos reportajes de gente diciendo ‘nunca lavé los platos, no sabía el tiempo que lleva limpiar, el esfuerzo que supone’… Hay productos, como aspiradoras o fregonas, que antes no compraban porque no los consideraban necesarios. Porque no limpiaban ellas. No querían gastar dinero en eso. Lo consideraban pretencioso.

P. Hace años la ex primera ministra de Noruega Gro Harme Bruntland me contó en una entrevista que no tenía secretaria ni señora de la limpieza. Que ella y su marido limpiaba su casa. Me impactó.

 R. ¿Le daba tiempo?

P. Ya estaba retirada.

R. Ah, porque lleva tiempo. No es raro que quien trabaja de limpiadora no tenga tiempo y le pague un dinero a una vecina por cuidar de sus hijos y dar un repaso a la casa. Yo empecé a llamar a alguien para que limpiara aquí cuando estaba embarazada de nueve meses. Alguien dijo ‘¡la limpiadora tiene limpiadora!’… Si es que no conseguía agacharme.

P. ¿Y en qué consiste su trabajo actual?

R. Ahora reparto mi tiempo razonablemente en todas las cosas que necesito. Tengo un horario para leer los emails, otro para estar con mi hija, cuando mi hijo llega de la escuela hago la comida, luego tengo reuniones, grabo los vídeos, escribo los guiones, doy conferencias, he publicado un libro.…

P. ¿Criar a sus hijos (22 años, 13 años y 11 meses) le ayudó a ser emprendedora?

R. Descubrí maneras de salir adelante. Hay mucha mente creativa en la periferia. Consigues sortear ciertas situaciones con más facilidad que alguien que siempre vivió en un barrio noble del centro de São Paulo. Por ejemplo, tengo un amigo diseñador, de familia estructurada y dinero, que con la pandemia perdió el trabajo. Y se quedó esperando a ver qué aparecía. Nosotros no podemos permitirnos ese lujo de quedarnos parados, esperando a que aparezca la oportunidad, salimos a crear. Lo ves con las mujeres de la periferia cuando vuelven del permiso de maternidad y pierden el empleo. Las chicas se dedican a lo que saben hacer bien y les permite ganar dinero. Cosen, hacen tartas…"                 (Naiara Galarraga Gortázar , El País, 21/04/22)

3/12/21

Si España reúne condiciones perfectas para el teletrabajo, por qué estamos por debajo de la media europea

 "El teletrabajo llego a la vida de los trabajadores españoles más por obligación que por devoción de las empresas hace más de un año. Desde que comenzó los confinamientos, muchos trabajadores se han visto obligados llevar su oficina a casa. 

 Trabajar desde casa ha creado diferentes hábitos que ahora se está viendo si volver o no a las oficinas, y como hacer para mantener lo bueno del teletrabajo en España. Pero la cuestión es que si es verdad que el teletrabajo se ha convertido en un habito tan habitual como piensa todo el mundo.

¿En qué países el teletrabajo se ha convertido en algo habitual en la vida de los trabajadores?

Según el ‘Dossier de indicadores de teletrabajo y trabajo en movilidad en España y la UE’ de Junio de 2021 del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, ha recopilado datos a nivel europeo y a nivel de España donde se demuestra que existen grandes diferencias en el teletrabajo.

La medía europea se encuentra en el 12,3 por ciento de los trabajadores que están realizando su trabajo desde casa durante el año pasado. Un porcentaje en el que España se encuentra por debajo, en un 10,9 por ciento.

Los países nórdicos y centroeuropeos ocupan los primeros puestos del teletrabajo en Europa. Finlandia es el país de la Unión Europea con mayor porcentaje de trabajadores que realizan teletrabajo con un 25,1 por ciento. España se encuentra a más de 14 puntos de diferencia en la implantación de teletrabajo por parte de las empresas.

El perfil del empleado que teletrabaja en España

El perfil de los trabajadores que han teletrabajado más en España han sido las mujeres entre 25 y 55 años y que tienen a su cargo menores o personas dependientes, por tanto, el perfil es de teletrabajadora.

Desde antes que llegará el coronavirus a nuestras vidas, los que teletrabajaban en su mayoría era los hombres, algo que ha cambiado la tendencia, por un aumento de teletrabajo de la mujer. Esto se ha debido a las cargas familiares que tienen las mujeres en los hogares españoles.

Por ranking de comunidades autónomas la ganadora ha sido la Comunidad de Madrid con un 21,6 por ciento de trabajadores que se quedan en casa para trabajar, la siguiente comunidad has sido Cataluña con un 15,2 por ciento de los empleados.

 Por otra parte, nos encontramos que las pymes españolas superan a la media europea en preparación para el teletrabajo. En 2020 el porcentaje de las empresas de 0 a 9 trabajadores que dan un dispositivo portátil con fines labores fue un 41 por ciento. Menos de la mitad de las empresas en España.

Contrasta con que las empresas de 10 a 49 trabajadores proporcionan a sus empleados en un 71 por ciento dispositivos portátiles con fines laborales, las pymes de 50 a 249 trabajadores lo hacen en un 87 por ciento y las grandes empresas lo hacen en un 96 por ciento.

Las empresas españolas no tenían experiencia previa en el teletrabajo

Las experiencias en el teletrabajo en las empresas en España habían sido pocas, así como su preparación digital y los marcos normativos que regulan el teletrabajo, han sido los condicionantes por la baja implantación entre las empresas.

Aunque el teletrabajo ha sido un elemento fundamental para la coexistencia de la actividad de las empresas y las medidas de restricción impuestas por el gobierno para contener el coronavirus.

El coronavirus ha impulsado la implantación del teletrabajo en España, sobre todo durante los periodos del confinamiento. Aunque la adopción del teletrabajo ha disminuido después de los confinamientos, sobretodo cuando se han relajado más las medidas de contención.

Una buena cosa para el teletrabajo ha sido que por primera vez en España se regula el teletrabajo a través del Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, de trabajo a distancia, pero lo malo que no se había regulado antes y, por tanto, las empresas no lo tienen interiorizado.

Las empresas de mediano y grande tamaño han estado mucho mejor preparadas que las empresas pequeñas para que sus trabajadores hagan teletrabajo en cuanto a los equipamientos y la conectividad que proporcionan.

Reflexiones para realizar el teletrabajo en España

España tiene buenas infraestructuras a la hora de conexiones a Internet, pero debe invertir en mejorarla a través del 5G y aprovechar mejor las infraestructuras existentes, implantando políticas que incentiven a las empresas a realizar el cambio de presencial a teletrabajo.

Se puede realizar ciertas reflexiones para realizar este cambio de mentalidad para las empresas:

  • España necesita impulsar mucho más el teletrabajo a nivel nacional como a nivel de las Comunidades Autónomas, ya que la normativa que regula el teletrabajo no se ha asumido por las empresas.
  • La normativa que regula el teletrabajo no indica quién se va a ver afectado por la ley.
  • La normativa pretende regular el teletrabajo en un futuro, pero debe tener en cuenta que debe trabajar desde ya sobre el tema.
  • España necesita una normativa a largo plazo basada en la educación a las empresas y la capacitación de las nuevas tecnologías que permitan el teletrabajo.
  • España necesita un cambio en el tema de conciliación familiar y una mejor racionalización de la jornada laboral."                     (Raúl J. Maestre, El blog salmón, 02/12/21)

18/3/20

La situación de la clase obrera española: La situación laboral de los jóvenes trabajadores es, lisa y llanamente, catastrófica... 1.7 millones (un 20%) ha emigrado... y la brecha salarial entre mujeres y hombres sigue creciendo

"José Daniel Lacalle, ingeniero aeronáutico, miembro del Consejo de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), su trabajo en el campo de la sociología se ha centrado en la sociología de la ciencia, las profesiones, las clases sociales y la clase obrera. 

En este siglo XXI se ha centrado en la situación específica de la clase obrera y el mercado laboral: “La clase obrera en España. Continuidades, transformaciones, cambios” (El Viejo Topo-FIM, Barcelona, 2006), “Trabajadores precarios, trabajadores sin derechos” (El Viejo Topo, Barcelona, 2009), “Conflictividad y crisis. España 2008-2013” (El Viejo Topo-FIM, Barcelona, 2015); también ha contribuido a la publicación colectiva, “Dígaselo con Marx” (Ediciones GPS, Madrid, 2018). Desde 2008 dirige y coordina la publicación digital “Indicadores Económicos y Sociales” en la FIM.


Me gustaría preguntarte sobre una ponencia que has presentado en la Escuela del PCE de Madrid que se celebró en Cercedilla el pasado 19 julio de 2019. Recuerdo el título a los lectores: “¿Cómo es la clase obrera de hoy?”. Te apoyas en Edward P. Thomson, y comentas que “una clase social no debe verse como un componente de una estructura sino como una relación entre componentes de una estructura”.  ¿Nos puedes explicar con algo más de detalle esta definición? ¿No valdría entonces aquella definición de que la clase obrera incluye a todos los ciudadanos asalariados no propietarios ni directivos de los medios de producción, servicios y finanzas?

Sobre a la clase obrera, yo siempre me he apoyado en los marxistas anglosajones, no solo en Edward 

P. Thomson, sino en Ralph Milliband y sobre todo en Eric J. Hobsbawn. Pero el concepto de clase como relación está en el mismo “Manifiesto Comunista”, en donde la burguesía y el proletariado solo existen la una en función del otro, y viceversa, es decir, solo existen en su relación, que se concreta en la lucha de clases.


En cuanto a la definición de la clase obrera como todos los asalariados no propietarios ni directivos no es una buena herramienta para acercarse a la enorme complejidad que supone el conjunto de la clase obrera dentro del capitalismo globalizado (falsos autónomos, falsos cooperativistas, y otras figuras).


¿Ser asalariado o asalariado no es lo mismo que ser obrero/a?


Evidentemente ser asalariado/a no es lo mismo que ser obrero/a; la inmensa mayoría de los asalariados pertenecen a la clase obrera, por las mismas razones que las indicadas en la respuesta anterior.


Te cito de nuevo: “Para acercarnos a la situación de la clase obrera en España y en la Comunidad de Madrid utilizaremos la encuesta de población activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística, a principios de 2019, completándola con otra serie de datos a partir de estadísticas oficiales, como encuestas salariales, de accidentes laborales, de conflictividad laboral, etc.”. ¿No hay aquí riesgo de confiar en exceso de los datos oficiales, de la documentación institucional? Pienso, por ejemplo, en las estadísticas sobre accidentes de trabajo y no son siempre datos “neutros”, “objetivos”.


Sobre la validez de los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Instituto Nacional de Empleo (INEM), y me refiero a los de la Encuesta de Población Activa (EPA), Accidentes de Trabajo, Encuestas de Salarios, Datos de Huelgas y Paros laborales, son lo más fiable que puede obtenerse, y son los que aceptan en Eurostat como válidos.


En el apartado “nación de asalariados”, hablas de la importancia de la “economía sumergida” en España. ¿Por qué sigue siendo tan importante en nuestro país ese tipo de economía? ¿Qué trabajadores y trabajadoras se ven abocados a ella?


Sobre la economía sumergida, en 2019 en nuestro país, está calculada en el 25% del Producto Interior Bruto; España dobla la media de la Unión Europea y el que se mantenga alrededor de esa cifra es debido, fundamentalmente, a la falta de recursos de todo tipo (materiales y humanos) que se dedican a su persecución. Los trabajadores abocados a ella son los inmigrantes sin papeles, pero también aquellos que tienen los trabajos más precarizados.


Hablas también en este apartado de los falsos autónomos de la mal llamada economía ‘colaborativa’. ¿Qué dimensión tiene esa economía antiobrera en estos momentos en España? ¿Cómo ves el futuro de esa economía de agresión en nuestro país?


Se denominan falsos autónomos los que tienen una facturación que está monopolizada por una sola empresa, los casos de Globo, Deliveroo, Uber, Cabify, Mapfre y las corporaciones locales son los más conocidos. Se calculan, según la UATAE que son 225.000 personas en 2019, con un crecimiento de 15.000 en este último año y que la cifra continúa creciendo. El futuro de este colectivo depende de la derogación de las últimas reformas laborales y la aprobación de un Estatuto de los Trabajadores que le tenga en cuenta.


Se habla en ocasiones, tú también lo haces, de que una de las consecuencias básicas de la globalización es la diversificación y fragmentación de la clases obrera. ¿De qué diversificación y fragmentación hablamos? ¿Qué novedades generan en las clases trabajadoras esta diversificación y fragmentación?


Como ya he planteado en otras ocasiones, y perdón por la autocita: “la globalización ha incrementado las diferencias dentro de la clase, tanto a nivel internacional como dentro del capitalismo avanzado o global. La existencia de un mercado de trabajo dual entre trabajadores precarios, la mayoría, y no precarios, la minoría, que enlaza con la existencia de lo que Lenin calificó como ‘aristocracia del trabajo’; nos lleva a un mercado laboral con múltiples diferencias internas, salariales, de derechos y condiciones de trabajo, de género, de edad, por nivel de educación, por tipo de contratación” (J.D. Lacalle, “Las clases sociales en ¿El Manifiesto Comunista”, en el libro colectivo “Dígaselo con Marx”, referenciado más arriba).


Señalas también un segundo error en las previsiones de Marx y Engels. ¿Qué segundo error es ese?… Y por cierto, ¿cuál fue el primer error?


Sobre los errores de previsión en “El Manifiesto” son, en primer lugar, la desaparición de los grupos intermedios, pequeños industriales y comerciantes, artesanos y labriegos, que plantean que proceden del feudalismo, y en segundo lugar que el incremento cuantitativo de la clase obrera iba acompañado por su homogeneización. Es evidente que ninguna de las dos se ha cumplido.


Hablando de la diversidad en las condiciones de trabajo haces referencia a los trabajadores precarios. ¿Qué sería para ti un trabajador precario? Tal como estás las cosas tras las últimas contrarreformas laborales, ¿no lo seríamos todos?


Sobre el precariado, en primer lugar, un trabajo precario es aquél que no permite unas condiciones de vida y trabajo dignas. Desde luego, tras las últimas contrarreformas laborales es aplicable a la gran mayoría de los trabajadores dependientes, o de la clase obrera.


El precariado, algunos sociólogos de renombre usan esta expresión, ¿sería una nueva clase social desde tu punto de vista?


Desde mi punto de vista y aún a sabiendas de que el precariado es considerado como una nueva clase social, esto no es así. La clase obrera, a lo largo de la historia del capitalismo, nunca ha sido un grupo social homogéneo, el que esta falta de homogeneidad se haya agudizado con la globalización capitalista no nos debería llevar a inventarnos una nueva clase social.


Hablas a continuación de la importancia de la división de género. ¿Por qué es tan importante esta división?


Su importancia está en que en principio afecta a más de la mitad de la población. En el mercado laboral las mujeres están hiperresentadas (con tasas de feminización superiores al peso de las mujeres en la población en edad de trabajar) en el trabajo a tiempo parcial, el paro, el paro de larga duración y la inactividad, y prácticamente equilibradas en la contratación temporal; infrarrepresentadas lo están en la actividad, ocupación, y salarización.


¿Sigue pasando que las tareas domésticas están realizadas básicamente por mujeres?


Aunque ha habido avances en la participación masculina en las tareas domésticas, estas siguen siendo realizadas mayoritariamente por las mujeres.


La brecha salarial entre mujeres y hombres, ¿ha aumentado o ha disminuido estos últimos años?


Utilizando el trabajo de Marta Hernández para “El Mundo” de 12/2/18 a partir de los datos de GESTHA en su informe “Brecha salarial y techo de cristal”, la brecha salarial estaría creciendo; como media las mujeres cobran 4.745 euros menos anuales que los varones, un 30% menos, y en el caso de las pensiones la diferencia sube al 37% menos.


¿Cómo describirías brevemente la situación de las mujeres trabajadoras en España?


A partir de los datos de la EPA, la mayor precariedad del trabajo de las mujeres está recogida en una pregunta anterior, la que me hacías sobre la división de género.


En cuanto a la edad, ¿no ha sido siempre así? Si pienso en mi vida laboral, por ejemplo, cuando empecé a trabajar a los 14 años mis condiciones eran malas, francamente malas, mucho peores que las de mis compañeros de mayor edad.


La situación laboral de los jóvenes trabajadores es, lisa y llanamente, catastrófica en los menores de 30 años, como se deduce de los análisis de la EPA para ese grupo de edad. Con una tasa de actividad 4’5 puntos porcentuales por debajo de la del total de la población, una tasa de ocupación casi 11 puntos porcentuales por debajo, apenas por encima del 75, una tasa de temporalidad por encima del 55%, casi 29 puntos porcentuales por encima de la media, en el trabajo a tiempo parcial están contratados algo más de 1 de cada cuatro jóvenes, más de 11 puntos porcentuales por encima de la media, desempleados están casi 1 de cada cuatro jóvenes y más del 59% ni encuentran trabajo ni lo buscan.


Al referirte al nuevo salario mínimo haces referencia a las dificultades para su implantación y a su cuantía. ¿Dónde residen las dificultades para su implantación? La ley está aprobada desde hace meses. ¿Cuál sería una cuantía justa, desde tu punto de vista, para el salario mínimo en la España actual?


El problema está en lo difícil que es el seguimiento de una ley dentro de la maraña de pequeñas empresas y comercios que conforman el modelo productivo en nuestro país. La cuantía debería estar marcada por conseguir un trabajo digno.


¿Por qué es tan importante el sector servicios en la estructura económica española (¡nada menos que el 75,5% de los asalariados!)? ¿Qué consecuencias podemos extraer de ese dato?


En el capitalismo avanzado el grueso de la ocupación está en el sector servicios, de todos modos esta es una situación ficticia, puesto que el sector servicios es una especie de cajón de sastre en el que todo cabe. Hay que distinguir entre los servicios con trabajadores de elevada cualificación, como son la enseñanza y la sanidad, los servicios con alto contenido tecnológico, y el resto. En España, por desgracia, los servicios, en su mayoría, son de valor añadido bajo. Con esto quiero decir que el peso del 75% en el empleo en el sector servicios no dice nada, a priori, es un porcentaje normal.


¿Qué trabajadores españoles ganan más? ¿Los de la industria, los de la construcción, los de servicios? ¿Por qué?


En España, los salarios son mayores en la industria, un 14’7% por encima de la media, unos 4.000 euros anuales más, seguido de los servicios, la construcción es la que tiene salarios más bajos, (datos de 2017). La razón está en la productividad del trabajo en los distintos sectores.


¿Son muy importantes las diferencias salariales en las comunidades españolas? ¿Pueden ser causa esas diferencias de migraciones internas en busca de una mejor remuneración? ¿Los trabajadores de las comunidades ricas (las de mayor renta per capita) viven mejor que los de las comunidades más pobres? ¿Sus clases dominantes son más generosas?


Las Comunidades más ricas tienen salarios más altos, debido al valor añadido producido. Eso no tiene nada que ver con la generosidad o no de las clases dominantes. Además esas Comunidades tienen menor tasa de paro, que es, probablemente, la principal causa de migraciones internas.


¿Qué futuro tiene nuestro país, y sus clases trabajadoras, partiendo de la descripción que haces (que pone los pelos de punta) de la situación de los jóvenes trabajadores?


Evidentemente, la situación laboral de los jóvenes es prácticamente insostenible, como hemos mostrado en una respuesta anterior. Esto ha producido una emigración al exterior. En 2007 había en nuestro país 8,38 millones de jóvenes entre 16 y 30 años, en 2019 son solamente 6’68 millones, 1.7 millones (un 20%)  menos; la única explicación de esta caída es la emigración.


Afirmas que en España el conflicto laboral es, esencialmente, un conflicto industrial. ¿Por qué? Por lo demás, ¿no siempre ha sido así?


Hace un tiempo se generalizó la propuesta de que el conflicto laboral estaba perdiendo fuerza frente al conflicto social. Esto afirmación es la que me llevó a hacer, desde la FIM, una investigación sobre el conflicto laboral, que se publicó en 2015 y se ha ido completando en los “Indicadores económicos y laborales”. El resultado de esa investigación, que cubre desde 2007 a 2018 es que el número de huelgas diarias estrictamente laborales ha oscilado entre 2’5 y 3 en los datos del Ministerio de Empleo.


Teniendo en cuenta datos e interpretación, ¿la clase obrera es, hoy por hoy, un sector social en lucha?


La clase obrera sigue siendo el principal sector social en la lucha frente a la globalización capitalista.


Los sindicatos de clase, ¿están a día de hoy a la altura de las circunstancias? ¿Pueden hacer más de lo que hacen?


Los sindicatos de clase hacen lo que pueden, hay que recordar que un conflicto laboral registrado es generalmente llevado a cabo por uno o más sindicatos.


¿Por qué sigue habiendo tan baja afiliación sindical en España?


La afiliación sindical en España siempre ha sido muy baja, con la crisis y la recuperación macroeconómica el porcentaje de afiliación ha bajado, del 17’1% en 2008 al 13’9% en 2015. Hay que tomar en consideración que en la negociación colectiva, que llevan a cabo los sindicatos es aplicable a todo el colectivo, estén o no sindicados.


Hablan los sociólogos de la desaparición de las clases medias, de su proletarización creciente. ¿Es así? La crisis económica en la que seguimos inmersos, ¿les golpeó con más dureza?


La desaparición de las clases medias y la progresiva proletarización de las mismas. A lo largo de la historia el capitalismo ha jugado con la existencia de los grupos intermedios con el fin de encontrar una barrera que evitan la existencia de un enfrentamiento entre las dos clases principales. Es cierto que la globalización ha incrementado las diferencias de ingresos y modos de vida, ahora bien, volver a plantearse la progresiva proletarización hasta la desaparición no creo que se vaya a producir                   


Mil gracias por tu tiempo y tus documentadas respuestas."                   

(Entrevista a José Daniel Lacalle, Salvador López Arnal , Rebelión, 24/02/20. Fuente: El Viejo Topo, enero de 2020)

5/7/19

Cómo vamos a ser demócratas si pasamos la mitad del día en espacios que no lo son. "España es un país diseñado 100% para la traición de clase, con la paradoja de que a eso se le ha llamado ascensor social"... en los centros de trabajo, podemos encontrar situaciones que van desde el delirio mesiánico hasta la desolación más devastadora, pasando por ese catenaccio vital de hacerse el muerto y pensar que el que está ahí no eres tú...

"Quien diga que no, miente o –cuna, lotería o juventud mediante– ha doblado poco el lomo: currar es mayormente un chantaje al que somos sometidos para sobrevivir. Tener un trabajo ya no es sinónimo de tener una vida ni perspectiva o control de ella. Por lo demás, en sus espacios, y desplazándonos a o desde ellos, es donde pasamos con suerte la mitad del día.

 A veces, en parte, de manera ilegal. Según la EPA, hacemos casi tres millones de horas extra no pagadas a la semana. En ellos, en los centros de trabajo, podemos encontrar situaciones que van desde el delirio mesiánico hasta la desolación más devastadora, pasando por ese catenaccio vital de hacerse el muerto y pensar que el que está ahí no eres tú. 

En una oficina, doy fe de ambos ejemplos, me han puesto a los zapatistas como paradigma de eficiencia y es también el lugar, después de un entierro, donde más personas he visto llorar o al borde del colapso. De la actividad social más compartida por el planeta, y a la vez más conflictiva, habla la donostiarra Naiara Puertas en su ensayo ‘Al menos tienes trabajo’ (Antipersona, 2019).

Ahí estamos, ligados. Cautivos, preguntándonos, como lanza Puertas, si queremos una beca de La Caixa o que La Caixa cierre, o si queremos más mujeres jefas o que nadie más mande, o no al menos todo el rato, o al menos cuestionando el hacia dónde y para qué se manda. El mito de estar en la misma barca, la teoría del derrame –algo caerá– o, como sintetizó en una charla hace unos días Belén Gopegui, la mayor producción de ideología son las nóminas. 

 “La existencia de una nómina es algo parecido al mantra de que si a la empresa te va bien, a ti te va bien… cuando sabemos que eso no tiene por qué ser verdad, pero necesitamos creernos que sí para seguir trabajando. Con una economía financiarizada, es posible que justo cuando a la empresa mejor le vaya, pueda despedir más. El Santander ha hecho otro ERE hace poco, y es evidente que no está perdiendo dinero, sino ganando más que nunca. 

Luego hay mil mecanismos para despedir casi gratis y contratar a personas distintas más barato. Podemos seguir repitiendo machaconamente que si a la empresa le va bien a ti te va bien para ver si, como un conjuro, se cumple, o desvincular, aunque sea psicológicamente –porque materialmente es muy difícil– tu destino del de la empresa. Pero luego también hay que pensar a qué otra cosa vincularlo”, afirma Puertas.

Y ¿cómo salir del ‘vale, tienes razón, pero necesito el dinero‘? “Cuando me puse a escribir tenía claro que no quería hacer el típico relato de casos laborales horribles. Quería intentar contestar justo a esto que me preguntas. Mientras lo hacía, y solo en el territorio de Gipuzkoa, que es donde yo escribo, ha habido movilizaciones en sectores de limpieza, residencias o subcontratas de obra pública. 

Lo que cuenta al final es lo que se hace, no lo que se escriba, y por el derrotero que está tomando la narración del trabajo en los medios, al final no sé si no acaba terminando como una especie de disciplinamiento. La prueba soy yo: al final no me ha quedado más remedio que afirmar la radicalidad en la literatura porque me es muy difícil encontrar cómo volcarla en algún tipo de acción que modifique el curso de las cosas. Es un poco duro lo que voy a decir, pero en cierto modo, y por la temática de la que hablamos, escribir un libro ha sido una especie de constatación del fracaso”, reconoce. 

Que “fuera hace mucho frío” ya lo conocemos, pero Puertas pinta también un cuadro realista, fácilmente reconocible por casi todos, de los centros de producción. Para ella, “hay veces que hay que recurrir al sindicalismo para defenderse de los compañeros de trabajo. Yo de esto no me olvido, no idealizo el compañerismo porque como decía Simone Weil, la solidaridad en el trabajo no es norma sino excepción. No debemos tratar la solidaridad como un default que tuviéramos ahí los currelas”.

Puertas habla de la rueda del daño –el maltrato que un exmaltratado puede desplegar en cuanto asciende un poco– o del orgullo de la afrenta. Como cuando Cristina Cifuentes anunció hace dos veranos que no iba a hacer vacaciones en uso de “su libertad individual” y alegando que no hacía daño a nadie, o como en aquel sketch de Monty Python en que empresarios ricos rivalizaban sobre cuál de ellos había tenido la infancia más mísera. 

Protagonizado por nosotros, aquí abajo suena más al esfuerzo para otros como medida de una especie de acomplejada madurez. “Hay gente que vive bastante bien en ese orgullo de la afrenta, gente a la que si le presentas cualquier posibilidad de mejora, como bajar la jornada a 35 horas, te dice que estás loca, que cómo va a ser eso”, opina la autora.

Por otro lado, ¿puede coexistir el orgullo de clase con la fantasía –un puente, un euromillón– de escapar del trabajo que define materialmente esa identidad? “A mí me gusta más bien hablar de que al menos no somos como los de la otra clase —responde—. España es un país diseñado 100% para la traición de clase, con la paradoja de que a eso se le ha llamado ascensor social. Es una herencia del franquismo que nadie critica. 

La serie ‘Cuéntame’ ilustra esto muy bien: la familia, sobre todo los padres, se van desclasando con el paso del tiempo: emprenden toda clase de negocios que suelen acabar regular, el padre es un cabeza de turco de un empresario franquista en un negocio inmobiliario, al que incluso aunque le empura sigue respetando porque en el fondo quiere ser como él, no cree ser su antagonista. Al final el modo que tiene de emanciparse la madre, que es la única que te puede caer un poco bien, es convertirse en una pequeña especuladora inmobiliaria. 

Que desde una extracción humilde llegues a ser CEO de lo que sea a mí en principio no me dice demasiado. Ese escape de clase se da siempre intentando ir hacia arriba, no impugnando el poder para hacer otra cosa, y esto ha sido una forma entera de hacer política que, como la critiques, te llevas palos por todas partes. Quizá su artefacto más elaborado es la concertación educativa”. ¿Y es recuperable un trepa, se le puede convertir en posible aliado? “La pedagogía no es mi fuerte.

 Además, veo que incluso entre quienes trabajamos, los modos de estar en el mundo y lo que tenemos en la cabeza sobre lo deseable en la vida es cada vez más antagónico. Mira el ‘derecho al coche’, me acuerdo de un momento de restricciones de tráfico por contaminación en Madrid y Begoña Villacís tuiteando no sé qué del ‘derecho a llegar puntual al trabajo’. No estoy muy segura de si se pueden hacer alianzas con personas así. Creo que la lucha de clases que viene va a tener un vector generacional importante y ahí nos encontraremos”.

Puertas también toca en su ensayo un tema más explorado “fuera” de lo laboral –crianza, conciliación– que dentro: los hijos. Escribe en su ensayo que no es difícil que un centro de trabajo se convierta en un “partido de solteros contra casados mientras se ríen desde el palco de la presidencia y jugamos a ver quién está peor, quién despierta más piedad en el próximo ERE. Cuando llegan esos ultimátums, ponemos encima de la mesa nuestra situación personal fuera del trabajo, como si el sueldo dependiera del tipo de vida que llevamos o de a qué lo destinamos finalmente y no del trabajo que realizamos”.

 ¿Los hijos como escudo humano? “Al final entras en una espiral competitiva e intentas hacerte valer como sea, y un hijo, la típica ‘criatura indefensa’, tiene un poder evocador importante. Las posturas de las empresas con los hijos de sus empleadas son muy ambivalentes: por un lado, parece que, como dijo la expresidenta del Círculo de Empresarios Mónica de Oriol, les ‘desalinean’ de los objetivos de la empresa, pero por otro podrían provocar que al final las mujeres carguen con mucho más de lo que deberían porque no pueden dejar una boca sin alimentar.

 Eso te hace ir más allá de ti”. La pregunta es cómo de lógico es ser “demócratas” pasando tantas horas, y de manera tan intensa, en espacios cuyo funcionamiento puede ser de todo menos democrático. “El apogeo del 15-M se da con gente joven y en paro o en curros precarios. Más en paro que en curros precarios, diría. El leitmotiv era la petición de democracia, sobre todo contra políticos y banqueros, es llamativo que no ahí aparecían los empresarios.

 Ese apogeo decrece cuando esa gente joven ve, poco después, que con ellos se empieza a cumplir ese ‘contrato social’, aunque fuera con una beca, aunque fuera mal pagado, y ya se insertan en el mundo del trabajo y pueden empezar a hacer una especie de vida ‘normal’. Igual habría que hacer una reflexión sobre si esa petición abstracta de democracia no era más bien, por parte de algunos, una petición de trabajo, de que ‘yo he hecho mi parte estudiando x y ahora el mundo de la empresa me tiene que absorber’. 

 Pedir trabajo es bastante contrario a pedir democracia. Entiendo que alguien pida trabajo, todos lo pedimos alguna vez, pero son dos palabras que se mezclaron no sé por qué. Las demandas de ‘democracia’ se difuminan cuando por fin entras al mercado laboral. Creo que le leí a César Rendueles que el 15-M se había quedado a las puertas del trabajo, pero es que lo raro hubiera sido lo contrario”.

En su ensayo, Puertas también dispara contra la construcción eterna de marca personal –y cómo en profesiones embudo como el periodismo puede disfrazarse llamando endogamia a un pacto no escrito de intercambio de visibilidad o recomendación–, el síndrome machista del ganapán frustrado o el sueño húmedo de muchas empresas de que el trabajo parezca cualquier cosa menos trabajo. También contra la defensa a ultranza y mantenimiento a toda costa de empleos pasajeros y contribuyentes a la crisis climática.

 “Al margen de lo material, de que necesitamos el dinero, la vinculación psicológica que desarrollamos con nuestros puestos de trabajo hace muy difícil salir de ese tipo de atolladero. Hace unos días unos activistas alemanes se manifestaban para intentar cerrar una mina de carbón. Cuando intentas hacer eso viniendo de un marco en el que al mantenimiento del puesto de trabajo se le llama victoria, pues es difícil de entender, porque es el paso de ir del conflicto capital-trabajo al más amplio de capital-vida: si pasas del primero al segundo, implícitamente afirmas que el trabajo que defendías te estaba matando. 

 Y eso es duro”, subraya Puertas. “Con el cambio climático pasa un poco como con la redistribución de la riqueza: hay que obligar a las corporaciones a hacerlo, pero sabemos que no lo van a hacer por las buenas, y ahí hay que analizar qué estamos dispuestos a perder si toca hacerlo por las malas. Por muchas acciones particulares que hagas, si no se ataja a la corporación, te vas a ir a la mierda igual: van a redistribuir lo que deban para mantener la paz social que procure beneficios y su adaptación al cambio climático va a ir por ahí también.

 Si muere gente les da igual, pero ha dado igual siempre. Es una externalidad y ya está. La generación posterior a la mía tiene esto algo más claro, pero incluso los más progresistas han sido criados en una óptica neoliberal”.

También es crítica con las ganas de que “todo sirva para algo”. La diminuta línea entre pasión por lo tuyo y autoexplotación. “Yo he tenido que escribir el libro fuera de mercado y de mi horario laboral. Luego habría que ver qué es ‘lo tuyo’, si el canje de esa habilidad por un empleo en un sector determinado debería tratarse como un derecho, que yo en principio creo que no.

 A mí me gusta escribir y, a lo mejor es difícil de entender, pero cuando pasé mis primeros años en medios de comunicación fue cuando comprendí que si quería que me siguiera gustando tenía que sacar la escritura de mi trabajo. Era incapaz de adaptarme a los ritmos de producción, no me gustaba el tipo de relaciones que tenía que establecer para poder hacer mi trabajo. Lo que te gusta no tiene por qué funcionar en el mercado”. 

¿Nos creemos a veces mejores que nuestros trabajos? “Siempre que nuestros trabajos estén por debajo de las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos –responde–. Me sorprende encontrarme a gente que quiere salir de un trabajo medianamente bien pagado porque no responde a la imagen que tiene de sí mismo. Esto se puede interpretar como un querer ir más allá del dinero, pero el hecho de pensar que en lo laboral se puede ir más allá del dinero hace que acabes no cobrando nada en absoluto. 

Eres tú, que no te enajenas ni caes en un estado de inconsciencia, tanto en un trabajo vocacional como en otro que no lo es”. Mientras, a la vez que nos perdemos en debates sobre la falsa dicotomía sindicato vs psicólogo (¡no son excluyentes!), es el empresariado el que vuelve a llevar ventaja en eso de hacer equipo. Lo hemos comprobado en el corolario ad nauseam de ‘Pesadilla en la cocina’: da igual que no se cobre desde hace meses, la solución de la pyme está en chocar esos cinco cada mañana, decoración más cara y una carta más corta.

 Es parte de lo que Puertas denomina como brazo catódico de lo laboral. Un relato que comenzó con el moldeado profesional de cantantes en el primer OT y ha acabado pariendo programas como ‘Hermano mayor’ –donde a veces la tautología era mágica: se enderezaba al mal adolescente, que se quejaba de que su madre no había estado con él de pequeño (ella estaba trabajando), dándole precisamente un trabajo– o ‘El jefe infiltrado’, quizá el más obsceno… hasta ahora, ya que Mediaset está a punto de estrenar ‘Job interview’, un concurso reality alrededor de entrevistas de trabajo.

 “He decidido, por salud, no ver ningún programa de estos, a veces he visto algún fragmento y me quedaba muy revuelta. Es posible que este programa de las entrevistas de trabajo sea la guinda por ser el último del estilo que conocemos que haya aterrizado en España, pero el formato de miseria audiovisual en el trabajo es extremadamente maleable. 

Quiero decir que si hay un ‘La Voz Senior’, y dado que el problema del desempleo entre mayores de 45 años es endémico, quién te dice que dentro de nada no vaya a haber algún formato competitivo en el que gente de 55 años con 10 en el paro consigue un curro tras haber superado una serie de pruebas.

 Es muy probable que el formato se extienda y ataque a todos los flancos de la vida laboral: la formación, los tiempos en los que estás sin trabajo o los años previos a la jubilación”. Por qué no. Al fin y al cabo, el pasatiempo que ha caricaturizado hasta ahora la jubilación es el de mirar las obras. O sea, dejar de trabajar para ver cómo otros trabajan, nunca escapar del todo a la centralidad del empleo."                   (Ignacio Pato, Apuntes de clase, 27/06/19)

29/3/19

Los ingresos de las madres son significativamente mayores cuando disponen de guarderías. Éstas reducen un 25% la brecha salarial producida por la maternidad, superando ampliamente a los limitados efectos de la baja por paternidad

 Evolución salarial de las parejas heterosexuales (izquierda) y las parejas de lesbianas (derecha)

"(...) La llegada de los hijos afecta de manera muy diferente a padres y madres. Mientras que la paternidad no afecta a la carrera profesional de los varones, las madres tienen a sufrir un descenso notable en sus ingresos y en su participación en el mercado laboral.

 Kleben y coautores (2018) estiman que el 80% de las diferencias salariales entre hombres y mujeres se debe a la maternidad.

Cabe preguntarse hasta que punto el diferente efecto de la maternidad y la paternidad refleja factores biológicos o culturales. Las mujeres paren y pueden dar pecho, lo que podría inducir cierta especialización dentro de la pareja. También podrían existir diferencias en las preferencias de hombres y mujeres para dedicarse al cuidado de los niños, o normas sociales que favorecen que sean las mujeres las que se encarguen.

Con el fin de cuantificar la importancia de estos factores, en un reciente trabajo Emily Nix y Martin Eckho Andresen examinan un grupo de control muy interesante: qué ocurre con las mujeres que tienen un hijo pero cuya pareja, en lugar de ser un hombre, es una mujer. ¿Se resiente su carrera profesional de la misma manera que en el caso de las madres heterosexuales? ¿Y qué ocurre con la carrera de sus parejas?

Los autores utilizan información de Noruega y su base de datos incluye unas 600 parejas lesbianas y un cuarto de millón de parejas heterosexuales. Las parejas lesbianas en su mayoría concibieron a su hijo a través de la inseminación in vitro, y es posible identificar tanto a la madre biológica como a su pareja. Las siguientes gráficas ilustran de manera muy elocuente los resultados.

 A la izquierda se observa la evolución salarial de las parejas heterosexuales. Los ingresos de ambos padres evolucionan de manera similar pero, tras el nacimiento de su primer hijo, las madres sufren un descenso de un 20% en sus ingresos mientras que la carrera de los padres prosigue normalmente. El impacto de la maternidad en las parejas lesbianas es muy diferente (gráfica de la derecha).

 En este caso la madre biológica experimenta una reducción de sus ingresos de únicamente un 13%. Su pareja, al contrario de lo que ocurre con los varones heterosexuales, sufre un impacto negativo en sus ingresos de cerca de un 5%. Otra diferencia notable entre madres homosexuales y heterosexuales es que, para estas últimas, la brecha salarial se perpetúa en el tiempo. En las parejas lesbianas se cierra al cabo de 5 años.

La evidencia de las parejas lesbianas sugiere que el impacto negativo de la maternidad en la carrera profesional de las mujeres heterosexuales no se puede explicar por motivos puramente “biológicos”. Cuando la pareja es otra mujer, este impacto es menor, es compartido, y desaparece a los pocos años.
Los autores también comprueban que esto no se debe a que las parejas lesbianas dediquen menos tiempo a sus hijos.

Al contrario, observan que el desempeño escolar de los hijos de madres lesbianas es significativamente superior al de los hijos de familias heterosexuales, incluso a igualdad de ingresos familiares y nivel educativo.

Los autores también estudian la efectividad de las dos principales políticas públicas con las que los gobiernos intentan atenuar el impacto negativo de la maternidad: la baja de paternidad y el acceso a guarderías. Con la baja de paternidad se espera que los varones se impliquen más en el cuidado de sus hijos y esto permita a las madres una rápida reincorporación al mercado laboral. 

Para estudiar su impacto, los autores explotan las sucesivas ampliaciones desde la introducción en Noruega de 4 semanas a principios los 90 hasta alcanzar las 14 semanas en 2013.

 Comparando las familias que tuvieron un hijo unos días antes y unos días después de cada reforma, se observa que no hay ningún impacto sobre el desempeño laboral de las madres. Sus ingresos caen en igual medida independientemente de las semanas de baja de las que disponga el padre.

Lo que sí que resulta efectivo es aumentar la disponibilidad de plazas de guarderías. En este caso los autores estudian el impacto de un programa de subsidios a guarderías para niños de 1 a 3 años que el gobierno noruego inició en 2002 y que progresivamente fue implantándose a lo largo de todo el país. 

Los ingresos de las madres son significativamente mayores cuando disponen de guarderías. En términos cuantitativos, las guarderías reducen en cerca de un 25% la brecha salarial producida por la maternidad.

En resumen, el excelente trabajo de Emily Nix y Martin Eckho Andresen demuestra que el impacto negativo de la maternidad sobre la carrera profesional de las mujeres (heterosexuales) no se debe únicamente a diferencias biológicas sino que refleja normas sociales y/o diferencias en preferencias.

Además, el análisis de las políticas públicas muestra que, si los gobiernos desean rebajar esta brecha de género, es más efectivo mejorar el acceso a guarderías que extender las bajas de paternidad. Pero más allá de las políticas públicas, lo más importante es la selección de la pareja. Si quieren evitar que la maternidad penalice su carrera profesional, no hay nada como emparejarse con otra mujer."                  (Manuel Bagues, Nada es gratis, 27/03/19)

4/5/18

Para llegar lejos, las mujeres no deben ser muy brillantes sino simpáticas... porque las solicitudes de mujeres tienen menos posibilidades de empleo a medida que presentan mejores calificaciones promedio y cualificación

"Las movilizaciones y la huelga del pasado 8 de marzo han mostrado el gran avance que se viene produciendo en la toma de conciencia general, no solo de las mujeres, sobre la discriminación tan injusta y de todo tipo que sufre, no solo en España, la mitad de la humanidad por el simple hecho de no ser de sexo masculino.

Se ha avanzado en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, en la batalla contra la discriminación y en la aplicación de medidas para fomentar la corresponsabilidad y el reparto del poder de decisión entre mujeres y hombres. Es cierto. Pero también lo es que aún persisten muchas manifestaciones de desigualdad y de discriminación. 

Algunas son muy evidentes e indiscutibles, como el reparto muy asimétrico del tiempo dedicado al trabajo doméstico, la brecha salarial o el acceso desigual a los puestos donde se deciden las cuestiones más importantes de nuestra sociedad. Y precisamente porque son tan manifiestas quizá resultan las más fácilmente superables, a diferencia de otras formas de discriminación, tan sutiles y difíciles de detectar y de combatir, que apenas si se tiene conciencia de ellas, al menos, entre quienes no se dedican a estudiar con detalle estos temas.

Un artículo de la socióloga estadounidense Natasha Quadlin (The Mark of a Woman’s Record: Gender and Academic Performance in Hiring) publicado la semana pasada en la prestigiosa revista American Sociological Review muestra algunas manifestaciones de este tipo de discriminación sutil pero que hace mucho daño a la promoción de las mujeres en su carrera laboral y profesional.

Quadlin envió 2.106 solicitudes de empleo en las que sólo se cambiaba el sexo, las notas promedio y las carreras realizadas y se ofrecían iguales méritos extracurriculares y las mismas cartas de recomendación, analizó las respuestas en función de estas variables y obtuvo datos realmente significativos.

Descubrió que las solicitudes de mujeres tenían menos posibilidades de empleo a medida que presentaban mejores calificaciones promedio y cualificación. Es decir, que sus demandas de empleo resultan penalizadas justo por ser “demasiado” brillantes, por su elevada cualificación o por sus calificaciones muy altas. Algo que no ocurre con los hombres, los cuales mejoraban sus posibilidades de empleo a medida que presentaban notas más brillantes y carreras más cualificadas.

Concretamente, la investigación de Quadlin muestra que los hombres con las notas promedio más altas obtuvieron un 50 por ciento más de probabilidades de obtener respuesta de un empleador potencial que las mujeres con esas mismas calificaciones.

 Y esta discriminación es aún mayor cuando el alto rendimiento se había dado estudiando matemáticas, pues los hombres con altos rendimientos académicos en esta titulación fueron convocados para entrevistas de empleo tres veces más a menudo que sus contrapartes femeninas con la misma nota y cualificación.

Los efectos de esta discriminación son muy importantes y los subraya Quadlin en la discusión de sus datos. Las mujeres están logrando acceder cada vez más a estudios que antes no alcanzaban y logran hacerlo con resultados especialmente brillantes. Algo que siempre se había creído que era un potente motor para combatir la discriminación que venían sufriendo, 

Pero esta investigación de Natasha Quadlin demuestra que existe un grave peligro en esta lucha de las mujeres por situarse en igualdad de condiciones profesionales con los hombres: si tienen mayor éxito y brillantez que ellos, o incluso si simplemente los igualan en expediente académico y cualificación, lo que les ocurre es que se verán penalizadas a la hora de encontrar empleos y sus colegas masculinos disfrutarán de ventaja.

Otro efecto paradójico que señala Quadlin a la luz de su investigación es que las mujeres de mayor brillantez académica han de competir no solo con los hombres de su mismo nivel sino con las mujeres menos brillantes (las que en el experimento tenían calificaciones más bajas) puesto que éstas son preferidas a la hora de ser contratadas frente a las mujeres de más altas calificaciones.

 La razón es que los empleadores tienden a consideran que si una mujer es especialmente brillante (si su rendimiento académico y cualificación son elevados) lo será porque desarrolla habilidades que no se corresponden con las “propias” de su sexo y, por tanto, a costa de no desarrollar las más auténticamente femeninas. 

Esa fue la tesis que defendió el conocido economista Larry Summers cuando era rector de la Universidad de Harvard y dijo en un discurso que las mujeres no desarrollan carreras brillantes en el campo de las ciencias más duras porque su “habilidades innatas” no son las apropiadas para ello.

El origen de esta discriminación (el estereotipo que genera diferencias entre mujeres y hombres donde en realidad no las hay ni tiene por qué haberlas) también queda claro en la investigación de Natasha Quadlin. 

A partir de los resultados de una encuesta experimental llevada a cabo entre 261 empleadores se deduce que éstos adoptan un criterio muy discriminatorio a la hora de valorar las solicitudes de empleo, según que sean de hombres o mujeres: valoran la competencia y el compromiso cuando son hombres quienes solicitan los empleos mientras que las mujeres candidatas que resultan mejor valoradas con las que se perciben como simpáticas y agradables.

Los planteamientos y resultados de esta investigación deben desarrollarse, tal y como advierte su propia autora, pero, en cualquier caso, se corresponden con evidencias empíricas que ya se han podido comprobar en otros trabajos científicos anteriores.

Como dice la también socióloga Marianne Cooper, de la Universidad de Stanford, las mujeres de alto rendimiento experimentan una reacción social negativa porque su éxito viola las expectativas dominantes sobre el comportamiento que se supone deben tener las mujeres (For Women Leaders, Likability and Success Hardly Go Hand-in-Hand).

 De éstas se espera, dice Cooper, que sean agradables, cálidas, amistosas y afectuosas, de modo que si una mujer actúa asertiva o competitivamente, si empuja a su equipo a actuar, si exhibe un liderazgo decisivo y contundente, se está desviando del estereotipo que dicta cómo debe “comportarse” y por eso nos sentimos profundamente incómodos con las mujeres poderosas.

En definitiva, tenemos una evidencia científica más que confirma que los hombres y las mujeres que hacen lo mismo son evaluados de manera diferente y mientras esto siga ocurriendo será imposible acabar con las injustas discriminaciones que sufren las mujeres.

Para evitarlo es fundamental, como dice Marianne Cooper, que los niños y las niñas estén informados desde pequeños de que existen esos estereotipos y de que es un modo de pensar sesgado lo que impide que mujeres y hombres podamos realizar nuestros sueños y ambiciones personales."                    (Juan Torres López, 02/04/18)

9/2/17

El flirteo y las relaciones que se forman en la oficina contribuyen a la idea de que todos debemos amar el trabajo, que es una idea muy esclavizante

 Moira Weigel  (Joni Sternbach)

"(...) En el libro, rechaza la noción de que los roles de la mujer como ama de casa que se encarga de la familia y el hombre que compite por el trabajo y el dinero en la esfera pública estén programados en nosotros. ¿Cómo se desarrollaron, económica e ideológicamente esos roles? 

Me hace gracia, porque mi respuesta es… Por el capitalismo. Si hubiéramos ido a una granja en 1600 y les hubiéramos dicho a los que vivian ahi: 'Bueno, lo que él hace es trabajo, pero lo que hace ella, matar a la gallina, cocinarla para cenar, tener a los hijos, criarlos y luego acompañar al marido a trabajar en el campo, eso no es trabajo', su respuesta sería: 'Menuda estupidez'. Todo forma parte del mismo proceso, del mismo esfuerzo colectivo. 

Pero al surgir el trabajo asalariado y la industrialización, nacen toda una clase de trabajos que tienen lugar fuera del hogar, reservados para hombres, y con ellos la noción de que las mujeres no trabajan. Como cuenta Silvia Federici, crece en paralelo todo un discurso filosófico que construye la idea de que los hombres y las mujeres son completamente diferentes.

 Hoy en día, nos resulta muy difícil desnaturalizar esas presunciones, que tienen siglos de vida. Es un producto de la organización del trabajo que surge con el capitalismo industrial y pervive con la sociedad de consumo del siglo XX, aunque empieza a agrietarse. Quizá ahora, con la digitalización y la precarización del trabajo, las cosas cambien. Sinceramente, no lo sé. 

Otro aspecto de esa comercialización de la vida, del que habla en el libro, es el desarrollo y socialización del gusto. ¿En qué medida tiene relación la inclinación estética con el desarrollo de las citas?

En los años 20, empiezan a surgir la moda barata y el maquillaje y toda una serie de productos que ayudan a expresar el gusto. Aparecen también las revistas de tirada nacional, lo que contribuye a establecer paradigmas estéticos de buen o mal gusto. De la mano del consumismo, surge una enorme masa de población que se observa y se atrae en la esfera pública. Y surgen también todas estas industrias, que ayudan precisamente a atraer y atraerse. 

Hoy en día, sucede algo parecido con los me gusta de las redes sociales y las aplicaciones de citas, en las que el gusto sirve para estructurar un protocolo por el que se busca gente con la que salir. Y todo esto tiene mucho que ver con la clasificación de la gente por criterios de clase, y la estratificación de clase de la sociedad. 

Si alguien dice, me encanta Wallace Stevens, o David Foster Wallace, esa persona probablemente estudió en una universidad cara y elitista, de artes liberales. Hay un montón de estudios que demuestran que la gente tiende a escoger de manera abrumadora a otra gente de su clase social en as aplicaciones de citas como Tinder, a menudo guiándose sólo por fotografías. Existe toda una semiología visual sobre cómo señalar eso. 

Si me aparece un chico musculoso y engominado, con el pelo para arriba, sabré automáticamente que pertenece a una clase social diferente a la mía. En Estados Unidos, la calidad de la dentadura es otro barómetro que sirve para determinar la clase de cada uno. De manera subconsciente, telegrafiamos y decodificamos todas esas señales sobre el origen social. Antes, en el mundo anterior a las citas, el rabino elegía a alguien de una familia como la tuya o un hombre adecuado de tu misma clase para que viniera a cortejarte. 

En ausencia de esas estructuras articuladas explícitamente para emparejar a la gente de acuerdo con su procedencia social, el gusto cobra un papel mucho más importante. Pero es obvio que el gusto no solo refleja la clase, sino también las aspiraciones de clase. 

Escribe además acerca de la erortización de la actividad comercial. ¿En qué consiste ese fenómeno, y qué efecto tuvo en la vida amorosa de la gente?

Una vez que se le empieza a vender a la gente cosas que realmente no necesita, se hace imperativo añadir cierto atractivo erótico a esas cosas. Pero lo fascinante es cómo, poco a poco, la cultura va erotizando el trabajo en sí mismo. A partir de los años 50, las mujeres se reincorporan al mercado de trabajo. Tener una carrera se vuelve sexy. La oficina se vuelve sexy. Una se pone toda suerte de atuendos de trabajo, y empieza a flirtear.

En cierto modo, las realidades del dating, el flirteo y las relaciones que se forman en la oficina contribuyen a la idea de que todos debemos amar el trabajo, que es una idea muy esclavizante y que, irónicamente, nos deja sin tiempo para disfrutar del sexo o las relaciones de pareja. Hace poco, entrevisté a una ejecutiva de Silicon Valley para un artículo. 

Me contó que había contratado a un matchmaker al que pagaba 100.000 dólares al año por encontrarle novio, porque, según me dijo, no tenía tiempo para buscarlo ella. Me tuve que morder la lengua para no preguntarle: 'Pero, ¿tienes tiempo para una relación de pareja?' Amamos tanto el trabajo que no tenemos tiempo de hacer nada más que trabajar.

Y también tenemos que pensar en todo como si fuera trabajo. Me refiero a la manera en que la gente concibe las dietas, o el ejercicio, o ciertos proyectos como si fueran productivos. No se nos permite limitarnos a pasarlo bien. Todo tiene que quedar subsumido dentro de alguna lógica productiva.  (...)"                                                         (Entrevista a Moira Weigel, Álvaro guzmán Bastida, CTXT, 17/01/17)

8/3/16

Las mujeres del amianto ganan a Uralita en los tribunales

"En su momento trabajar en Uralita era un chollo”, recuerda Rosa Pérez, hija de un empleado de la fábrica de Getafe que falleció en el año 2008, diez meses después de que le diagnosticaran un cáncer en la pleura, conocido como mesotelioma, causado por el amianto.

 “La empresa respetaba el horario, trabajaban ocho horas y libraban los fines de semana. Además, daban una ayuda económica para que los niños estudiasen y el día de Reyes nos daban unos regalos”, señala.

Durante la década de los 60 el trabajo en el campo comenzó a escasear y muchos hombres jóvenes extremeños o castellanomanchegos abandonaron su pueblo para empezar una nueva vida laboral en este municipio madrileño.

 Conforme ha pasado el tiempo, Rosa Pérez ha ido experimentando cómo ese sentimiento de gratitud hacia la empresa se convertía en rabia, tras ir conociendo los riesgos a los que su padre y todos los miembros de su familia han estado expuestos.

“En los primeros años la gente comía encima de los sacos del amianto, estaban apilados en la fábrica y se tomaban allí los bocadillos”, recuerda Julio Arroyo, trabajador de Uralita. Procedente de Valdeverdeja (Toledo), llegó con 20 años a Getafe para hacer la mili en esta ciudad dormitorio y al terminar fue contratado en la empresa para trabajar en la recuperadora: “Nos encargábamos de serrar los tubos de amianto”.

A sus 87 años, Arroyo ha visto morir a muchos de sus compañeros de trabajo, pero nunca se pudo imaginar que su mujer se iba a contaminar estando él limpio de amianto. Esperanza Alonso se encargaba de lavar semanalmente el mono de su marido, los buzos que utilizaban los trabajadores de Uralita llegaban cubiertos de polvo y, antes de meterlo en la lavadora, las amas de casa los solían sacudir con empeño en la cocina. Además, tenían bolsillos y por esa vía se almacenaban fácilmente restos de este material cancerígeno.

Varias décadas después de jubilarse, en el año 2007, la neumóloga del Hospital de Getafe detectó que la fatiga que sufría Esperanza cada vez que salía a la calle estaba relacionada con Uralita, tenía la pleura contaminada por amianto y falleció seis meses después de que le diagnosticasen la enfermedad. “Fue la Antonia la que lo descubrió”, cuenta este octogenario en alusión a María Antonia Juretschke, la jefa de neumología del centro sanitario.

Según los datos planteados por el estudio Mortalidad por cáncer pleural en España entre 2006 y 2011 en España, fallecieron 1.120 personas debido a un mesotelioma pleural, provocado por el amianto. 

“Las estimaciones para el periodo 2016-2020 señalan que se producirán 965 fallecimientos por esta causa y aseguran que en España continuará habiendo muertes debidas a la exposición al amianto hasta el año 2040”, aseguran los investigadores del Instituto de Salud Carlos III, el Consorcio de Investigación Biomédica de Epidemiología y Salud Pública y el Ministerio de Sanidad.

Entre 1906 y 2002 se importaron en nuestro país más de dos millones de toneladas de este material cancerígeno. En España, la empresa Uralita, participada por la familia March, fue la que más utilizó el amianto y varias sentencias judiciales han dictaminado que no adoptaron medidas de prevención para evitar que sus trabajadores se contaminasen.

“Hemos demostrado que la empresa sabía que el material era nocivo y a pesar de ello se estuvieron lucrando. En la década de los 50 hubo un congreso de neumología en Madrid y ya se habló de los efectos adversos del amianto.

 Además, Uralita estuvo en un lobby europeo de empresas que trabajaban con amianto, ahí se sabía”, asegura Juan Carlos Paúl, presidente de la asociación AVIDA Madrid. En el año 2002 se prohibió la comercialización de este producto en España en cumplimiento de una directiva europea que buscaba proteger a los empleados.

Primeras denuncias

Segunda Esteban “lloró como una magdalena” al ver que Salvados dedicaba un programa a informar sobre el amianto. “Mi padre fue delegado sindical de la empresa y cuando comenzaron a denunciar los problemas que conlleva el amianto, el resto de trabajadores se enfrentaron a ellos por miedo al cierre de la fábrica”, señala.

Ella recuerda cómo ayudaba a su madre, Saturnina Pingarrón, junto a sus hermanas a limpiar en casa el mono de trabajo de su padre. Pasados los años, los médicos detectaron que tanto su padre como su madre tenían amianto en los pulmones. Él falleció hace años por un cáncer en el peritoneo, su madre sigue viva con problemas de respiración: “De momento se encuentra bien, la enfermedad todavía no le avanzado”.

Las familias de estas dos mujeres iniciaron en 2007 un proceso judicial para pedir responsabilidades a Uralita. En diciembre del año pasado el Tribunal Supremo puso punto final a su caso, y al de otra ama de casa más. El alto tribunal no aceptó el recurso presentado por Uralita y mantuvo las indemnizaciones dictadas por la Audiencia Provincial de Madrid en 2013, 80.000 euros para Julio Arroyo y 9.000 euros para cada uno de sus tres hijos. 

En el caso de Pingarrón, el tribunal le dio la razón pero no recibirá una cantidad económica para intentar paliar los daños causados por la empresa porque “la acción ha prescrito”, al no haber respetado los plazos en el momento de denunciar.

El presidente de la asociación, Juan Carlos Paúl, considera que esta decisión supone un “hito” judicial en los casos de amianto: “Es la primera vez que el Supremo dicta a favor de personas que no han trabajado con este material pero sí que tienen enfermedades relacionadas con él”.

Sin embargo, este dictamen no ha traído buenas noticias para los trabajadores de la fábrica getafense que presentaron denuncia junto a estas mujeres. 

Tras nueve años de procedimiento, con una sentencia de la Audiencia Provincial a su favor y las indemnizaciones ya cobradas, la Sala de lo Civil del Supremo se ha declarado incompetente para tomar una decisión ante el recurso presentado por Uralita contra los empleados.

Un proceso inacabado

Aunque el tribunal no quita la razón a los afectados ya que “entiende que la empresa ha actuado de manera negligente, amparada en una legislación excesivamente permisiva”, en su fallo señala que debe ser la jurisdicción social la que resuelva sobre este tema.

 Por lo tanto obliga a los trabajadores y a los familiares de los ya fallecidos a iniciar de nuevo el procedimiento ante la vía social. De la treintena de afectados que presentaron la primera denuncia, entre ellos el padre de Rosa Pérez y de Segunda Esteban, sólo quedan cuatro personas vivas.

“Es muy triste que los pocos trabajadores que quedan vivos no vayan a ver una sentencia definitiva que condene a Uralita. A ellos les han jodido la vida trabajando y a otros nos la han destrozado compartiendo su sufrimiento”, explica Pérez, que rememora las últimas semanas de vida de su padre, sedado en una cama. 

“Las enfermedades provocadas por el amianto son muy agónicas, en el caso de los mesoteliomas se les encharca la pleura y produce un dolor en la espalda muy fuerte”, cuenta el presidente de la asociación.

La directiva de AVIDA está preocupada por aquellas familias que se gastaron la indemnización que cobraron hace años y que ahora, si Uralita así lo requiere, el Supremo puede pedir de vuelta.

 “Algunas familias las utilizaron para comprar oxígeno, por los problemas respiratorios que sufren, o para cambiarse a una casa con ascensor”, añade Paúl. La asociación ya ha presentado un recurso ante el Constitucional y han iniciado el proceso judicial por la vía social, quieren conseguir a toda costa que los dos enfermos que quedan vivos puedan ver “que la justicia les ha dado la razón”.       (La Marea, 03/03/16)