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14/5/24

Branko Milanovic: Las universidades como fábricas... en Estados Unidos, los administradores universitarios no son nombrados por Biden, ni por el Congreso. ¿Por qué atacarían entonces a sus propios estudiantes? ¿Son individuos malvados a los que les encanta pegar a los más jóvenes? La respuesta es que no. Simplemente están en un trabajo equivocado. No están viendo su papel como lo que tradicionalmente era el papel de las universidades, es decir, tratar de impartir a la generación más joven valores de libertad, moralidad, compasión, abnegación, empatía o cualquier otra cosa que se considere deseable. Su papel hoy es ser los directores generales de fábricas que se llaman universidades... Estas fábricas tienen una materia prima que se llama estudiantes y que convierten, a intervalos regulares anuales, en graduados. Por consiguiente, cualquier perturbación en ese proceso de producción es como una perturbación en una cadena de suministro. Hay que eliminarla lo antes posible para que la producción se reanude. Hay que «dar salida» a los estudiantes graduados, traer a los nuevos, embolsarse el dinero de ellos, encontrar donantes, conseguir más fondos. Si los estudiantes interfieren en el proceso, hay que disciplinarlos, si es necesario por la fuerza... A los administradores no les interesan los valores, sino la cuenta de resultados... Se suponía que debían producir mejores personas. Pero esto se olvidó en la carrera por los ingresos y el dinero de los donantes. Así pues, la fábrica de salchichas no puede parar, y hay que llamar a la policía

 " He visto y leído sobre muchos casos en los que la policía desalojaba las universidades de estudiantes que se manifestaban. La policía acudía por orden de las autoridades descontentas con los oasis de libertad creados por los estudiantes. Llegaba armada, golpeaba a los estudiantes y ponía fin a la protesta. La administración universitaria se pondría del lado de los estudiantes, invocaría «la autonomía de la universidad» (es decir, el derecho a estar exenta de la vigilancia policial), dimitiría o sería destituida. Esta es la pauta habitual.

La novedad, para mí, en la actual oleada de manifestaciones por la libertad de expresión en Estados Unidos fue que fueron los administradores universitarios quienes pidieron a la policía que atacara a los estudiantes. Al menos en un caso, en Nueva York, la policía se mostró desconcertada por su intervención y pensó que era contraproducente. Es comprensible que esta actitud de los administradores pueda darse en países autoritarios, donde los administradores pueden ser nombrados por el poder para mantener el orden en los campus. Entonces, obviamente, como funcionarios obedientes, apoyarían a la policía en su actividad de «limpieza», aunque rara vez tendrían autoridad para convocarla.  

Pero en Estados Unidos, los administradores universitarios no son nombrados por Biden, ni por el Congreso. ¿Por qué atacarían entonces a sus propios estudiantes? ¿Son individuos malvados a los que les encanta pegar a los más jóvenes?

La respuesta es que no. Simplemente están en un trabajo equivocado. No están viendo su papel como lo que tradicionalmente era el papel de las universidades, es decir, tratar de impartir a la generación más joven valores de libertad, moralidad, compasión, abnegación, empatía o cualquier otra cosa que se considere deseable. Su papel hoy es ser los directores generales de fábricas que se llaman universidades. Estas fábricas tienen una materia prima que se llama estudiantes y que convierten, a intervalos regulares anuales, en graduados. Por consiguiente, cualquier perturbación en ese proceso de producción es como una perturbación en una cadena de suministro. Hay que eliminarla lo antes posible para que la producción se reanude. Hay que «dar salida» a los estudiantes graduados, traer a los nuevos, embolsarse el dinero de ellos, encontrar donantes, conseguir más fondos. Si los estudiantes interfieren en el proceso, hay que disciplinarlos, si es necesario por la fuerza. Hay que traer a la policía, restablecer el orden.

A los administradores no les interesan los valores, sino la cuenta de resultados. Su trabajo es equivalente al de un director general de Walmart, CVS o Burger King. Utilizarán el discurso sobre los valores, o el «entorno intelectualmente desafiante», o el «debate vibrante» (¡o lo que sea!), como se describe en un reciente artículo de The Atlantic, como el habitual discurso promocional y performativo que los altos directivos de las empresas producen hoy en día a la primera de cambio. No es que nadie crea en esos discursos. Pero es de rigor pronunciarlos. Es una hipocresía ampliamente aceptada. La cuestión es que tal nivel de hipocresía todavía no es del todo común en las universidades porque, por razones históricas, no eran vistas exactamente como fábricas de salchichas. Se suponía que debían producir mejores personas. Pero esto se olvidó en la carrera por los ingresos y el dinero de los donantes. Así pues, la fábrica de salchichas no puede parar, y hay que llamar a la policía."

(Branko Milanović es economista especializado en desarrollo y desigualdad, blog, 04/05/24, traducción DEEPL)

26/1/23

Prohibir ideas en nombre de la libertad de expresión... Profesores universitarios bajo vigilancia en EE.UU... En 2021, el gobernador de Florida, Ron De Santis, firmó una ley permitiendo a los estudiantes universitarios grabar a los profesores para detectar alguna tendencia ideológica... y otro proyecto de ley para “darle a las empresas, empleados, niños y familias las herramientas necesarias para luchar contra el adoctrinamiento llamado WOKE”. Prohíbe una discusión abierta sobre el racismo, y prohíbe en las secundarias públicas hablar de la existencia de gays y lesbianas en nombre de una lucha “contra la ideología de género”... es sólo la continuación de la prohibición de decenas de libros iniciada antes en Estados Unidos... en cambio, no existe ninguna propuesta semejante para equilibrar las ideologías en las poderosas iglesias, en las multimillonarias corporaciones, en las bolsas de valores, en los poderosos lobbies de Washington

 "En 2021 el gobernador de Florida (Estados Unidos) Ron De Santis, en sintonía con el presidente neofascista de Brasil capitán Jair Bolsonaro firmó una ley permitiendo a los estudiantes universitarios grabar a los profesores para detectar alguna tendencia ideológica.

Siempre y cuando no se tratase de la ideología verdadera. En diciembre de ese año, el gobernador firmó otro proyecto de ley para “darle a las empresas, empleados, niños y familias las herramientas necesarias para luchar contra el adoctrinamiento llamado WOKE” (“despierto”, en dialecto afroamericano), el cual se propone una relectura de la historia desde el punto de vista de los grupos marginales al poder. Para los fanáticos, llevar un niño de cinco años todas las semanas a un templo religioso o plantarlo cuatro horas por día frente a la televisión para que consuma propaganda mercantilista, no es adoctrinación. Pero si un joven de 20 años entra en una universidad donde podría aprender alguna nueva idea, entonces, eso sí es “adoctrinación” y “lavado de cerebro”.

La ley que prohíbe una discusión abierta sobre el racismo (ya vendrá el turno de prohibir la palabra imperialismo) porque los jóvenes blancos se podían sentir incómodos estudiando la esclavitud y la discriminación, se sumó a otra ley salida de la misma oficina, por la cual se prohíbe en las secundarias públicas hablar de la existencia de gays y lesbianas en nombre de una lucha “contra la ideología de género”. La ideología de género dominante por siglos, el machismo, no está en discusión. Por el contrario, hay que protegerla a fuerza de fanática ignorancia.

Una especialidad de los campeones de la libertad es prohibir todo lo que no se acomode a sus intereses, como la Ley de Libertad Individual que prohíbe a cualquier empresa requerir a sus empleados realizar cursos de concientización contra el racismo. Su repetida “libertad de expresión” es libertad de acoso y censura. Este tsunami de prohibiciones en la educación y en la academia es sólo la continuación de la prohibición de decenas de libros iniciada antes en Estados Unidos, al mejor estilo república bananera. Esta misma ideología, con sus frases y sus tics copiados de los libertarios estadounidenses, es repetida como un copia-y-pega en América latina, todo lo que recuerda a los artículos y doctrinas plantadas por la CIA en decenas de países, las que germinaron, maduraron y continúan dando frutos décadas después de la Guerra Fría.

Tarde o temprano iban a venir por las universidades. Es la mayor espina de los Exitosos Hombres de Negocios y sus mayordomos. La cultura y las universidades no han sido fáciles de comprar, aunque las corporaciones han hecho un buen trabajo comercializando la educación y la investigación. Según los fanáticos conservadores, las universidades son reductos de liberales (izquierdistas) donde se adoctrina a la juventud. Se quejan de que la mayoría de los profesores son de izquierda y que, por lo tanto, se debe legislar para equilibrar la proporción de conservadores. No existe ninguna propuesta semejante para equilibrar las ideologías en las poderosas iglesias, en las multimillonarias corporaciones, en las bolsas de valores, en los poderosos lobbies de Washington o en las donaciones sin límite a los partidos políticos.

La solución natural para equilibrar las tendencias políticas en las universidades es que los Futuros Hombres de Negocios se pongan a estudiar en serio alguna vez en su puta vida. Pero claro, si alguien ama el dinero y el poder, difícilmente invertirá décadas haciendo investigación gratis. Sobre todo sabiendo que, luego de décadas de esfuerzo ajeno, cuando aparecen los resultados, los Exitosos Hombres de Negocios los van a secuestrar de forma inmediata y en nombre de la Libertad.  

 En teoría, el fascismo y el liberalismo son opuestos. Sin embargo, hace décadas que el neoliberalismo (económico) logró poner en un mismo combo un menú diverso. Así, en un mismo partido iban los capitalistas y belicistas más radicales justo con los cristianos que no tenían nada que ver con el Jesús de los Evangelios, sino más bien con Judas, alguien que podía vender a su propio amigo por treinta monedad de plata. Así, defender a Jesús implicó defender a los mercaderes injustamente expulsados del templo y meter al maldito camello por el ojo de la maldita aguja y a los imperios que crucificaron a otros rebeldes. Los señores del dinero, los directorios de corporaciones que desparramaron dictaduras bananeras por todo el mundo y dictaduras legalizadas en sus propios países, todo en nombre de la libertad y la democracia como en tiempos de la esclavitud, lograron unir las dos ideologías opuestas. Los neoliberales de la última mitad del siglo XX son los libertarios de hoy y beben en el bar con neonazis y neofascistas con total comodidad.

Claro que no todos son fanáticos del Santo Oficio. En agosto de 2022, el juez federal Mark Walker bloqueó (temporalmente) la ley “Anti WOKE” de Florida argumentando que, según la ley, “los profesores pueden ejercer su ‘libertad académica’ siempre y cuando expresen solo aquellos puntos de vista que el Estado aprueba”. Lógico, pero provisorio. Un mes después, el gobernador De Santis arrasó en las elecciones. Fue reelecto gobernador y se posicionó como uno de los candidatos más fuertes del Partido republicano para las presidenciales de 2024.

Cada vez que un político conservador atiza la ira de la Inquisición, logra excelentes resultados. Lo cual demuestra, una vez más, que continuamos caminando hacia una nueva Edad Media. Todo con el silencio, la timidez o la complicidad de la academia y de lo que alguna vez fue la heroica resistencia por los Derechos Civiles.

Mientras algunos académicos están demasiado preocupados con un modelo que explique la inflación en las Maldivas o cómo citar a Sócrates en una revista que nadie leerá, los Hombres de Negocios continúan con sus planes para neutralizar o tomar posesión de uno de los últimos rincones de las sociedades que aún no pueden dominar del todo, pese a la mercantilización de la educación. He escuchado que, “bueno, ese es el trabajo de los profesores”. Es decir, no deben ocuparse de la gran política. No es lo suyo.

No se dice lo mismo de un exitoso dueño de casinos o de un vendedor de almohadas que aspira a ser gobernador o presidente. No, porque los Exitosos Hombres de Negocios están acostumbrados a mandar y a ser exitosos… No pocos profesores guardan silencio, temiendo lo que en las asambleas y en los corredores se repite como “fear of retaliation” (miedo a represalias) por decir lo que piensan. Incluso los “tenured” (efectivos) temen protestar, pese a que legalmente son inamovibles.

En Estados Unidos, el tenure fue creado en 1940 para evitar que los profesores pudiesen ser despedidos por sus ideas y opiniones radicales o inconvenientes. Por esta misma razón, hace años que el tenure está bajo ataque en este país. No sólo se intenta eliminarlo sino que se lo ha ido reduciendo al mínimo, con un doble propósito: (1) precarizar del trabajo académico (deprimir  de los salarios) y (2) silenciar teorías inconvenientes para el dogma dominante.

Pero los profesores con tenure temen otras formas de represalia. Por ejemplo, la reducción de sus salarios, algo que luego las autoridades no alcanzan a explicar sin recurrir a excusas infantiles basadas en el dogma dominante como, por ejemplo, la ley de la oferta y la demanda… Como si esa ley no estuviese recargada de política.

De esa forma, los profesores también somos neutralizados en nuestro compromiso ético con el resto de la sociedad, con el conocimiento transformador, con el desafío de las normas establecidas y con la lucha de una sociedad y un mundo mejor."                     (Jorge Majfud, Rebelión, 03/12/2022)

23/6/22

Las escuelas de Suecia, el sueño húmedo de Milton Friedman... lo que era antaño una institución social valorada y una fuente de orgullo nacional, se ha convertido en un rentable campo de juego para los intereses empresariales y la creación de una inmensa riqueza privada... las escuelas privadas pueden elegir a los alumnos más rentables e instalarse en el centro de las ciudades y seguir recibiendo la misma financiación. Resultado: ningún otro país ha experimentado una caída tan rápida de sus resultados en la tabla clasificatoria del PISA como Suecia

 "Pensemos en una caricatura de una pareja de capitalistas y podremos imaginarnos la portada del principal diario sueco, Dagens Nyheter, a principios de este año. Un hombre con un traje a medida y una cartera al estilo de los 80. Junto a él, una señora de tacones altos, falda de seda y un gran abrigo de piel plateado. Grandes sonrisas de confianza.

Lamentablemente, el retrato de Hans y Barbara Bergström no era una caricatura, sino una ilustración del actual sistema escolar sueco. La foto acompañaba a un artículo sobre lo que era antaño una institución social valorada y una fuente de orgullo nacional, que se ha convertido en un rentable campo de juego para los intereses empresariales y la creación de una inmensa riqueza privada.

Barbara Bergström, fundadora de una de las mayores corporaciones escolares de Suecia, con 48 escuelas en todo el país, y su marido, antiguo redactor jefe del Dagens Nyheter -y viejo defensor de la privatización de las escuelas- son dos de las personas que han hecho fortuna dirigiendo escuelas financiadas con fondos públicos en Suecia. Cuando hace unos años vendió Barbara acciones de su imperio escolar a inversores estadounidenses, obtuvo unas ganancias de 918 millones de coronas suecas (casi 90 millones de euros). Las acciones restantes valen hoy otros 30 millones de euros.

Sistema de vales

Se trata de un dinero obtenido íntegramente con fondos públicos. En Suecia, los colegios privados no se financian con las tasas académicas, sino con un sistema de vales de "libre elección" introducido por un gobierno conservador en 1992.

Este año cumple treinta esa reforma radical del sistema escolar sueco. Ideológicamente concebido por Milton Friedman, el sistema es objeto de crecientes críticas. No sólo porque ningún otro país del mundo haya optado por copiarlo, sino también porque los inconvenientes se han hecho muy evidentes. En particular, los consejos escolares de todo el país son cada vez más conscientes de que los propietarios de las escuelas privadas las tratan como negocios rentables, a expensas de las escuelas públicas.

En 1991, una controvertida reforma de la gobernanza socialdemócrata suprimió el sistema escolar estatal. Fue el gobierno conservador de Carl Bildt el que al año siguiente introdujo la financiación de las escuelas públicas suecas mediante vales. La idea era que los alumnos y sus familias pudieran elegir cómo gastar los recursos asignados a la escolarización: asistir a una escuela pública o utilizar el vale en una escuela privada. Desde entonces, los municipios se encargan de las escuelas públicas en Suecia y todos ellos están obligados por ley a entregar vales escolares (equivalentes al coste de las escuelas municipales) a las escuelas privadas por cada alumno que acepten.

Elegir a los más rentables

Parece justo: todos los alumnos reciben un vale ("una mochila llena de dinero") y todos pueden elegir. Sin embargo, las necesidades de cada alumno son diferentes y, mientras que la escuela municipal tiene que atender las necesidades de todos los niños, las escuelas privadas pueden elegir a los alumnos más rentables y seguir recibiendo la misma financiación.

 Los municipios tienen la responsabilidad legal de proporcionar a los niños acceso a la educación cerca de su lugar de residencia, ya sea en una ciudad pequeña o en un pueblo remoto. Las escuelas con ánimo de lucro no tienen esa obligación y pueden establecerse en el centro de la ciudad.

Los municipios tampoco pueden rechazar alumnos. Las escuelas con ánimo de lucro lo hacen continuamente: ponen a los alumnos en lista de espera y sólo aceptan una cuota rentable. Dado que los mayores costes de las escuelas -profesores y aulas- son más o menos fijos, los máximos beneficios provienen de maximizar el número de alumnos por profesor y por aula. Las listas de espera permiten poner a los alumnos en cola (mientras asisten por defecto a la escuela municipal) hasta que se pueda abrir un aula completa (es decir, rentable).

Círculo vicioso

Con ello se crea un círculo vicioso. Mientras las escuelas privadas con ánimo de lucro gestionan aulas con 32 alumnos (con la financiación de 32 vales), los ayuntamientos tienen que gestionar escuelas en las que las aulas tienen uno, dos o quizá cinco alumnos menos. Menos dinero por profesor y por aula aumenta matemáticamente el coste medio por alumno.

Si el coste por alumno del municipio aumenta en sus escuelas, los colegios privados tienen derecho legalmente a una ayuda equivalente, aunque sus costes no hayan aumentado. Las escuelas públicas pierden alumnos, y por tanto financiación, en favor de las escuelas con ánimo de lucro, mientras que el consiguiente aumento del coste por alumno proporciona una nueva ayuda financiera a las escuelas privadas, que, con la ayuda de esta ayuda adicional, se vuelven aún más atractivas. Al mismo tiempo, las escuelas públicas se ven privadas de los recursos que tanto necesitan y la espiral descendente continúa.

Inevitablemente, son los niños privilegiados, sobre todo, los que pueden ejercer su derecho a asistir a escuelas privadas, por lo que los alumnos socialmente desfavorecidos se quedan en las escuelas públicas. Esto no sólo favorece la desigualdad de rendimiento entre escuelas, sino que también disminuye la media general: Finlandia, por el contrario, tiene unas diferencias de rendimiento muy bajas entre sus escuelas.

 Andreas Schleicher, jefe de la dirección de educación y competencias de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), solía "mirar a Suecia como patrón de oro de la educación". Ahora, escribe, "el sistema escolar sueco parece haber perdido su alma". Ningún otro país ha experimentado una caída tan rápida de sus resultados en la tabla clasificatoria del Programa para la Evaluación Internacional (PISA) de la OCDE como Suecia, junto con un aumento de las diferencias de conocimientos entre las escuelas. Y, al mismo tiempo, la segregación escolar está aumentando, no sólo en las grandes ciudades, sino también en las medianas.

En su obra seminal The Death and Life of the great American School System (Muerte y vida del gran sistema escolar norteamericano), Diane Ravitch describe de qué modo convertir la "libertad de elección" en "religión dominante" beneficia a unos pocos y perjudica a muchos, al destruir el sistema escolar público. Lo que debería ser un servicio público es objeto de abuso por parte de los padres que buscan un refugio segregado (blanco y de clase no trabajadora) para sus hijos.

Ingentes fondos para gastar

Puede parecer poco probable que el sistema escolar sueco le sirva de inspiración a alguien en algún lugar. Pero las escuelas privadas suecas son muy rentables, sus propietarios disponen de ingentes fondos para gastar y están ansiosos por satisfacer las demandas de segregación social de la clase alta y media mediante la expansión de sus empresas en el extranjero.

Academedia, el mayor proveedor de educación privada de Suecia, se ha establecido en Noruega y tiene 65 centros de preescolar en Alemania. No hace mucho informó a los inversores de que estaba preparando el lanzamiento de un programa de aprendizaje en el Reino Unido y la expansión de sus centros preescolares en los Países Bajos. La Internationella Engelska Skolan, de Barbara Bergström, ya posee siete colegios en España.

Por su parte, la fundación de Bergström, ha donado 60 millones de coronas suecas para crear una "cátedra de organización y liderazgo educativo" en la Escuela de Economía de Estocolmo. Friedman habría quedado impresionado."                    

(Lisa Pelling  , politóloga y directora del “think tank” Arena Idé, con sede en Estocolmo, Sin Permiso, 02/06/12)

29/11/21

El Gobierno Vasco elige a Microsoft para privatizar los datos de los colegios públicos y renuncia a la soberanía digital

"En las negociaciones sobre el devenir de la Ley Vasca de Educación existe un factor determinante que no se ha puesto sobre la mesa: la titularidad de las plataformas tecnológicas sobre las que se erigen los centros educativos públicos. Bajo retóricas tecnoutópicas sobre la digitalización, el Gobierno Vasco ha destinado, sin realizar debate público alguno, tres millones de euros en cinco años para que sean empresas privadas como Microsoft quienes gestionen los datos de miles de estudiantes. Si bien los partidos de la oposición, EH Bildu y Elkarrekin Podemos-IU, comparten una posición crítica con esta privatización encubierta, los distintos debates parlamentarios y las lógicas de la política institucional han impedido politizar una cuestión central para el futuro de la educación y de la soberanía digital en Euskal Herria.

Digitalización de la educación significa privatización

Los datos recopilados por Hordago-El Salto hablan de cifras millonarias y muestran los sobrecostos asociados con estas externalizaciones. Hasta el momento, el Gobierno Vasco ha firmado dos grandes acuerdos con Microsoft, una de las grandes multinacionales de Silicon Valley, por valor de 18 millones de euros (15 millones entre 2018 y 2020; 3 millones en 2017) para que asuman el control de las infraestructuras tecnológicas. Según ambos pliegos, se contrata a Microsoft para paliar y responder a “necesidades” de la Administración General del Gobierno Vasco, entre ellas, las Redes Sectoriales de Justicia, Sanidad, Seguridad, Educación, la Sociedad Informática del Gobierno Vasco (EJIE) y los Servicios de Correos. Esto es, la gestión tecnológica del lehendakari Iñigo Urkullu se ha limitado a entregar la soberanía digital a una empresa situada en Palo Alto.

Esta serie de contratos se suma a los 3,237 millones de euros por un periodo de cinco años para el “Licenciamiento de Productos Microsoft para Educación”. Al menos desde 2015, la empresa fundada por Bill Gates y el Gobierno Vasco, liderado por Iñigo Urkullu, han firmado contratos en el ámbito de la educación. Ese año, del primero en el que hay constancia pública de un contrato entre ambos, Hordago-El Salto ha podido comprobar que se pagaron 698.109 euros en concepto de “Enterprise Agreement Subscription (EAS) de Microsoft para Educación 2015”. Es decir, un paquete de licencias de la tecnológica. Contratos similares se han repetido en 2018, 2019, 2020 y 2021, con montantes de 518.490, 677.576, 684.186 y 658.968 euros, respectivamente.

Las adjudicaciones de 2018, 2019 y 2020 recayeron en Specialist Compute Centres (SCC), la empresa tecnológica privada más grande de Europa. Su fundador, Peter Rigby, es una de las personas más ricas de Gran Bretaña, llegando a poseer varios aeropuertos, como el de Exeter o Norwich. A SCC fueron a parar tres contratos que, sumados, alcanzan 1.880.252 euros. Por su parte, Academic Software BV es la empresa que comerció el paquete de licencias de Microsoft en 2021. Se trata de una parte de los servicios de una empresa francesa, Signpost Group, que hace “acompañamiento” en TIC (Tecnología de la Información y la Comunicación).
La mitad de los estudiantes vascos, en la base de datos de Microsoft

Sin saberlo, casi 200.000 personas, las matriculadas en los centros públicos están obligadas a ceder sus datos a Microsoft. Un 51% del total del alumnado de la educación vasca pertenece a la red pública y un 49% a colegios concertados o privados —ikastolas, centros religiosos y, en menor medida, unos pocos relacionados con el Opus Dei—. Esto es, un 51% de los estudiantes de Euskadi están en las bases de datos de Microsoft, quien los comercializa y gana increíbles cantidades de dinero por ello, o, están obligados a utilizar los servicios digitales de esta empresa sin poder escoger una alternativa pública.

“Digamos que nos encontramos ante una no muy sutil privatización de la educación. La educación es un apetecible nicho de mercado, un negocio que no sólo consiste en vender hardware o software a los centros, sino que también se comercializa con los datos del alumnado,” afirma Nagore Iturrioz, portavoz del sindicato Steilas. Este es un negocio redondo, ya que gigantes como Microsoft pueden vender el pack completo, desde programaciones, material didáctico y ejercicios hasta enlaces a páginas web o sistemas de evaluación. “De esta forma fidelizan al alumnado, pero sobre todo hacen imposible que nadie se escape de su ecosistema informático, ya que alumnado y profesorado, junto con las familias, se convierten en rehenes de estos gigantes informáticos'', concluye Iturrioz.
Alternativas de código abierto

El desembarco de Microsoft en la Educación vasca ha venido de la mano de una inversión millonaria. Con las puertas abiertas, las grandes tecnológicas han llegado a las aulas. Andrea Alfaro, autora del libro Manual de supervivencia para madres y padres en tecnologías y redes sociales, apuesta por debatir sobre la ética tecnológica: “¿Y si ahora Microsoft pusiera una nueva condición que tuviéramos que cumplir para usar su software? Nos la tendríamos que comer con patatas porque está instalado en más del 70% de los centros escolares en el Estado español. Por eso tenemos un gran reto aquí, infraestructuras públicas que garanticen la soberanía de los datos y las tecnologías”.

A este respecto, la Comunitat Valenciana es la única región en toda la Unión Europea que ha diseñado herramientas de código abierto para proteger la privacidad de sus estudiantes. En Euskadi, algunos colegios e institutos han dado pasos en esa dirección, por ejemplo en Tolosa y en el IMH (Campus de Fabricación Avanzada y Digital) de Elgoibar, que se han alejado de la dependencia de las empresas estadounidenses. Alfaro destaca también el trabajo de Aitor López de Aberasturi, en Gasteiz: “Lleva siete años trabajando como profesor de informática en el centro Diocesanos y ha impulsado el sistema operativo de software libre Linux, con el fin de poder disponer de programas y aplicaciones informáticas en euskera”.

Algo similar ha ocurrido en Andalucía, donde se han desarrollado proyectos para propulsar una reflexión y un debate público sobre las tecnologías, como el programa GRITE. En casi todas las comunidades se ha realizado alguna iniciativa fuera de las grandes tecnológicas. “Lo que pasa es que no invertimos en infraestructuras públicas en este sentido”, apunta Andrea Alfaro. Esto no puede depender de la voluntad de algunas personas que quieren cambiar las cosas ellas solas sin publicidad o apoyo institucional. En este sentido, no hay que olvidar que el Gobierno de España también ha firmado contratos con estas tecnológicas para la digitalización general del país.

La única excepción al respecto la encontramos en la Generalitat de Catalunya y su proyecto barcelonés Xnet, que no abre los telediarios pero ha conseguido desplegar herramientas alternativas de la máxima calidad mediante una inversión de 140.000 euros, una cantidad nimia en comparación con los millones que se externalizan a Microsoft Education, por ejemplo desde el Gobierno Vasco. “Hemos simplificado y parametrizado las herramientas de software libre, como Moodle o Next Cloud, para que sean fácilmente utilizables por el profesorado y no existan problemas de implementación”, comentaba Cecilia Bayo, miembro del grupo de padres y madres aliados con Xnet para la democracia digital en las escuelas, en una conferencia organizada por Euskal Herria Digital. También apuntaba la potencialidad de las herramientas libres en los proyectos piloto alternativos que han implantando en hasta tres centros catalanes y subrayaba la importancia de entender la relación entre las tecnologías y las cuestiones pedagógicas más allá de las puramente materiales sobre la infraestructura, para evitar caer en el mantra solucionista que imponen las herramientas de Silicon Valley.
Debate en la oposición

¿Es este el futuro de la educación que quiere la izquierda vasca? Para EH Bildu, “no podemos dejar la educación pública en manos del mercado”. Lorea Martínez Axpe, diputada de este grupo político, apuntaba a la creación de un software libre como modelo de gestión de las plataformas digitales públicas y criticaba la negativa a implementarlo del PNV y el PSE-EE, socios en el Gobierno Vasco. “Es una herramienta para transformar la sociedad y promueve la cooperación y la solidaridad, ayudando a crear un mundo más justo”, expresó sobre garantizar la posibilidad de utilizar software libre en todos los centros educativos de la Comunidad Autónoma Vasca. No puede ser que “todos o la mayoría de los centros educativos se sirvan de Windows, creándose una clara dependencia tecnológica de las empresas estadounidenses”

Por su lado, Isabel González, diputada del Parlamento Vasco por Elkarrekin Podemos-IU, apoya la propuesta de EH Bildu y aboga por el blindaje de la educación pública ante la entrada en tromba de los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. “La concepción del software privativo o software libre es la disputa entre el apropiacionismo de ese genio emprendedor de un garaje de California o la que nosotras defendemos, donde el desarrollo de conocimiento y tecnológico son un producto social y un devenir colectivo”. En su opinión, como explicó ante la Cámara autonómica, “conocen nuestros deseos, nuestras enfermedades. El principal negocio de estas corporaciones no es otro que nuestros datos”.

“Estamos decidiendo las políticas y las leyes que van a regular el mundo digital del futuro en el que van a crecer los niños y niñas de las próximas generaciones. Ello genera nuevas oportunidades para utilizar las tecnologías como palanca para garantizar la educación como un servicio público, o innovar en las técnicas de enseñanza del euskera, pero también amenazas: automatizar la privatización”, apuntaba Geo Saura, profesor de política educativa en la Universidad de Granada, en un debate reciente en el Kursaal organizado por Steilas. “Cualquier propuesta para garantizar la soberanía de la lengua vasca a largo plazo debe tener en cuenta eso no puede existir sin el acceso a plataformas digitales públicas”, afirmaba el también coautor del libro Educados por las máquinas, de próxima publicación." 

 (Luis Miguel Barcenilla , Ekaitz Cancela , El Salto, 27/11/21)

2/3/18

En Estados Unidos hemos desarrollado la idea de la supremacía blanca. Es un país muy desigual, en el que se aprecia geográficamente la desigualdad, que es a la vez racial y económica. Si un enfermo mental tiene un episodio grave, la gente llama a la policía. La policía se presenta y mata a la persona enferma. No rinden cuentas, ¿de dónde sale toda esta violencia?



"(...) Usted ha escrito, a partir de su propia experiencia, sobre lo que llama “la construcción social de la raza”. ¿A qué se refiere? ¿Y en qué medida es un fenómeno particularmente estadounidense?

El capitalismo, como sistema social, necesita de algún tipo de jerarquías de diferencia estructurada para funcionar con éxito como sistema. En otros lugares es diferente. Las reglas son diferentes. Puede que sea la religión, o quizá la nacionalidad de origen. 

O quizá sean otras características de uno las que estructuran su vida de manera diferente. Pero en Estados Unidos hemos desarrollado la idea de la supremacía blanca, que se basa en degradar a todo aquel que tenga ascendencia africana, o que sea percibido como tal.

 Existe la llamada “regla de la gota única”. Sin duda, alguien como yo, que tuviera mi aspecto, sería tratado de una manera muy diferente en otro contexto nacional. Pero en Estados Unidos, si uno tiene una sola gota de sangre negra, por así decirlo, se le considera negro. 

¿Qué consecuencias tiene esa distinción? Mirando al momento político actual, con Trump en la Casa Blanca, y a sucesos como la violencia racial de Charlottesville, en agosto de 2017, parece difícil entender que este sea el mismo país que eligió a Obama en 2008.

Ahora tenemos a un depredador sexual trastornado, supremacista blanco en la Casa Blanca. Y resulta confuso. Cuando miramos al último presidente, no recordamos el hilo conductor del racismo. El hecho de que Obama se dirigiese a audiencias negras y a menudo les regañase por su manera de criar a los hijos, pidiéndoles que revisaran la tarea escolar y ese tipo de cosas. Todo eso alimenta la idea de que hay algo defectuoso en los negros, de que los negros tienen que ponerse las proverbiales pilas.

Eso tiene muchos antecedentes. No empieza con Obama Hay una expresión, que creo que se llama ‘drapetomanía’, que se inventaron en la etapa esclavista. Es un diagnóstico médico para el esclavo que tiene una cierta tendencia: la de huir. Y hoy tenemos una manera de tratar a mucha gente, no solo a los negros, sobre todo a ellos, que se parece mucho a la de la ‘drapetomanía’.

 Inculcamos a la gente la idea de que el problema, el defecto, lo tienen ellos. Lo vemos cuando la policía mata a alguien, en especial a un negro. Inmediatamente, la  pregunta que se hace es:  “¿Qué había hecho? ¿Cuál era su lenguaje corporal? ¿Le habló mal al policía?”
Gran parte de nuestra historia tiene que ver con el intento de cambiar a los negros, de modificarlos de alguna manera para que ‘encajen’.

 La idea es que si no encajan, si se encuentran con dificultades, es porque no han sido capaces de modificarse de manera apropiada. Es, obviamente, una forma muy cómoda de evadir cuestiones estructurales más profundas sobre, ¿por qué tenemos tanta desigualdad?  ¿Por qué tenemos tantos policías, para empezar? ¿Por qué disparan tantas balas sobre los cuerpos de la gente, en especial la gente desarmada? 

Usted ha dedicado gran parte de su vida a la denuncia de la segregación racial en el sistema educativo, y sus raíces en la desigualdad económica. Muchos observadores leyeron el ascenso de Donald Trump como efecto del descontento de una “clase trabajadora blanca” olvidada en EE.UU. ¿Comparte ese análisis?

El ascenso de Trump no se explica sólo a través de la gente blanca excluida en la economía actual. Muchos de los lugares en los que ganó tuvieron tasas de participación históricamente bajas, y fueron lugares en los que Bernie Sanders o Barack Obama también se habían impuesto. No creo que arrasara entre la 'clase trabajadora blanca'. 

Es un colectivo que está en disputa. Sin embargo, sí parece tener un electorado muy sólido en lo que podríamos llamar la clase media blanca. Esto es, la gente que vive a las afueras de las grandes ciudades, los dueños de pequeños comercios, la gente de edad avanzada… Esos son sus baluartes.

Y ahí recogemos el legado de lo sembrado con la supremacía blanca, ligada a la segregación, al impulso de las políticas estatales y de gobiernos locales, que llevan a la separación de pequeños enclaves de riqueza. Y sí, nos quedamos con un país muy desigual, en el que se aprecia geográficamente la desigualdad, que es a la vez racial y económica.

Es algo que tiene reflejo en la violencia policial que sufre la población negra. ¿Cómo se explica dicha violencia sostenida, y a menudo impune? ¿Es cuestión de actitudes racistas u obedece a algún otro factor estructural?

En esencia, lo que tenemos en EE.UU. es una policía cuyas raíces están, históricamente, en dos cosas: la captura de esclavos y el control de masas. Es una institución profundamente racista, y siempre lo ha sido. Se les da, más o menos, mano libre para que se centren en los delitos de los pobres y, en especial, allá donde hay grandes concentraciones de gente de color.

Aquí estamos, en 2017, camino de batir todos los records de número de asesinatos policiales, en su mayoría de gente desarmada, en EE.UU. La única institución social a la que se organiza y recompensa, y muy bien, para lidiar con la crisis de la desigualdad, es la policía. 

La institución social de último recurso se está convirtiendo en el recurso. Si un enfermo mental tiene un episodio grave, la gente llama a la policía. La policía se presenta y mata a la persona enferma. No rinden cuentas. En el fondo, saben que pueden matar a alguien y salir impunes.

En una sociedad en la que se ensanchan las diferencias, que se convierte en un pequeño grupo de gente muy muy rica, y por otro lado el resto, ¿quién separa a esos dos grupos? La policía. Así que los ricos y poderosos, y aquí incluyo a las élites políticas, no tienen ningún incentivo para enfrentarse a la policía. En todo caso, vemos a la policía recibir más y más armas, más tecnología; militarizándose.

Desde su experiencia como profesor y activista educativo, ha denunciado más de una vez la privatización encubierta de la educación estadounidense. ¿En qué consiste, y qué relación tiene con la segregación económica y racial de la que hablaba antes?

Desde que llegué a Harlem para trabajar como profesor de primaria, me di cuenta de que daba clase en colegios completamente segregados. Me pareció una locura que no tuviéramos dinero para materiales, para cuestiones básicas. 

De pronto, Harlem, donde estamos ahora mismo, se convirtió en la zona cero del movimiento para la privatización educativa. Gente muy rica, no solo donde yo estaba sino en todo el país, se empezó a interesar en reestructurar la educación de maneras muy concretas, y empezó a llover el dinero.

Las llamadas escuelas charter son financiadas públicamente, pero de gestión privada. Es un método para desviar dinero, dinero público, a manos privadas. Cualquiera al que realmente le importen los niños no apoyaría un sistema que enfrenta a los niños entre sí, en el que hay un sorteo para entrar, y del que luego se expulsa a algunos niños que consiguieron entrar.

 La gente puede, literalmente, ganar el sorteo y que luego se lo arrebaten. Es todo menos un ambiente basado en los cuidados.Observamos un patrón que se repite. Ya no se trata del racismo de los segregacionistas, los blancuchos, o los miembros del Ku Klux Klan. Este es el racismo ilustrado. Es el racismo liberal, el de los progresistas que vienen hacia uno no con capuchas y cruces en llamas, sino con libros de texto.

El motivo por el que a Goldman Sachs le gustan las escuelas charter es muy diferente: que no permiten que sus profesores pertenezcan a un sindicato, que las gestiona el capital privado, que pueden contratar y despedir libremente, que compiten con las escuelas privadas, etcétera, etcétera. 

En los Estados Unidos hemos probado todo tipo de soluciones para el problema educativo: bien sea la privatización, las escuelas charter, o ahora la nueva moda es la libertad de elección. Lo que nos negamos a hacer, como sociedad, es redistribuir la riqueza para dar a todos los niños una educación excelente.

La segregación está profundamente enraizada, y no es sólo cuestión del mercado, del libre mercado en la vivienda, o de las preferencias personales de la gente. En realidad, responde a políticas concretas, a nivel federal, estatal y municipal, en todas la esferas del estado, durante mucho tiempo en este país.

Nos quedamos en la superficie y pretendemos que el problema lo tiene la gente, la gente negra. “¡Tienen que ponerse las pilas! ¡Tienen que estudiar más!” Y entonces vienen las escuelas charter, o alguna clase de salvador rico que propone sacarlos de su situación, no tanto empleando a sus padres por un salario digno, sino entregándoles un boleto para una lotería de acceso a un colegio. 

En lugar de garantizar el derecho a una educación de calidad, repartimos boletos para que, quizá, alcancen esos recursos, pero otros no. Y, de nuevo, no podemos echar la culpa de todo esto solamente a Walmart o a Goldman Sachs. Obama favoreció todo esto. Obama lo apoyó.

El mercado de vivienda, y su historia en Estados Unidos, sirve a menudo de correa de transmisión del racismo estructural al económico. ¿Qué papel tiene la vivienda, todavía hoy, a la hora de perpetuar las diferencias sociales entre negros y blancos?

En EE.UU. no tenemos un estado del bienestar desarrollado, ni programas sociales extendidos para paliar la desigualdad. Para la mayoría de la gente en este país, la vivienda es el principal activo que tienen y, en cierta medida, su propio “programa de protección social” personal.  El problema es que la propiedad de vivienda ha estado estructurada de manera que excluye a los afroamericanos sistemáticamente. 

Y entonces, con la crisis de las hipotecas ‘subprime’, vimos como muchos prestamistas les eligieron como blanco precisamente a ellos. El gran colapso de las hipotecas subprime arrasó desproporcionadamente a los negros. Según ciertos estudios, fue la mayor destrucción de riqueza negra en la historia de los Estados Unidos.

Según las estadísticas de la Reserva Federal –que no es ninguna fuente socialista– el primer 40% de la población de este país no es propietaria de nada: sus deudas superan en valor a sus activos. Eso quiere decir que sobreviven, literalmente, día a día. 

Les llega una nómina y la gastan toda. Eso quiere decir que cualquier imprevisto, que se les rompa el coche o les pare la policía, les lleva a una situación límite, en la que pueden perder el trabajo, su casa… Toda su precaria existencia se ve amenazada.

Viene hablando de la continuidad histórica del racismo. Se van a cumplir diez años de la elección del primer presidente negro. ¿Qué balance hace de su significado histórico, desde un momento de profundización de la brecha de raza, por un lado, y de proliferación del activismo negro, con movimientos como Black Lives Matter?

Algo que tenemos que digerir y pensar es el hecho de que el ascenso de una clase política negra, de la que el mismo Obama es una expresión, coincidiera con el desplome de muchas comunidades negras.

 No es lo que la gente esperaba. Resulta notable que durante los años de gobierno de Obama hubiera un resurgimiento del activismo radical negro, y toda una nueva generación de gente que creo que observó la situación, vio una cara negra en el lugar de poder más alto, y como eso coincidía con el asesinato masivo de negros en las calles, que parecía no remitir en absoluto, ni siquiera frenarse un poco, y concluyeron que debía haber algo más profundo que cambiar. 

Cuando uno empieza a analizar la naturaleza de clase de la América negra, no todos estamos en el mismo barco. No es probable, en mi opinión, que haya una lucha política común. Lo lógico es que la élite negra, especialmente en sus capas más altas, defienda al sistema.
 
La frase “Black Lives Matter” (las vidas negras importan) surgió de tres mujeres negras que ejemplifican y representan una nueva generación que se abre camino y que quiere una política que profundice más, que vaya más allá de la mera política representativa, de situar caras negras en las altas esferas. 

Hemos visto a colectivos levantarse, tomar las calles, negarse a dar marcha atrás incluso ante las tremendas movilizaciones policiales, de una policía militarizada, con tanques y todo eso. 

En lugares como Ferguson y Baltimore, hemos visto levantamientos explosivos.  Un gran reto al que nos seguimos enfrentando es el de cómo desarrollar formas de organización que puedan por un lado desarrollar el movimiento en su continuidad, y por otro estar abiertas a que gente nueva se incorpore.

En 2018 se cumplen cincuenta años del asesinato de Martin Luther King. Se celebra a menudo su mensaje en contra de la discriminación racial, que parece haber sido absorbido por el discurso oficial estadounidense. Y, sin embargo, King trascendió con frecuencia el lenguaje de la raza, o supo entender sus complejidades y su potencial emancipador. ¿Qué se ha perdido de aquella parte del discurso de King, y qué lecciones esconde para los estadounidenses que se oponen hoy, no solo a Trump, sino a las fuerzas que lo impulsaron al poder?

Tenemos mucho que aprender de Martin Luther King sobre cómo pensar en una política para la izquierda del futuro. Como cuando dijo, en 1967, que era su gobierno, el de los Estados Unidos, el principal proveedor de violencia del mundo.

 Cuando uno piensa en los EE.UU. de hoy, donde tenemos un patrón repetido hasta la saciedad de tiroteos, no solo de la policía, sino de tiroteos de todo tipo, y se hace la pregunta, ¿de dónde sale toda esta violencia?... Volvamos a King: el gobierno estadounidense es el principal proveedor de violencia del mundo, el principal fabricante de armas, el principal exportador de armas del mundo. 

 Ahora mismo estamos amenazando a todo un país, a su gente, con la aniquilación, mediante el cuadragésimo quinto presidente. Este es un país muy violento. Tiene una historia muy violenta. Y hasta que no la excavemos y nos enfrentemos a ella, no seremos capaces de enfrentarnos a los verdaderos problemas.

En el militarismo, el racismo, en la economía… Hay infinidad de maneras en las que podemos aprender del legado del Dr. King. También tenemos que enfrentarnos a la extrema derecha neonazi. Ahora tenemos a Donald Trump, que está llevando a supremacistas blancos a su círculo más cercano de colaboradores. 

Está cuestionando los límites del racismo oficial. Antes ya teníamos los asesinatos policiales y el profundo racismo institucional. Y ahora tenemos que enfrentarnos a los asesinatos policiales, el profundo racismo institucional, la encarcelación masiva, la profunda desigualdad, las escuelas segregadas y las expresiones abiertas de racismo legitimadas al nivel más alto del Estado.

Resulta terrorífico, porque con todo lo que Trump trae consigo vienen fascistas de verdad, auténticos neonazis, y gente que quiere hacer daño, matar. Forma parte de su estrategia, el terror y la intimidación. 

Tenemos una oportunidad aquí para movilizar a enormes cantidades de gente contra estas expresiones de racismo, y establecer conexiones entre estas y el racismo cotidiano liberal de nuestra sociedad, para así convencer a la gente de debemos ir más allá al cuestionar las raíces del racismo. Tenemos la posibilidad de hacer precisamente eso, aquí y ahora."                         (Entrevista a Brian Jones, IGNASI GOZALO-SALELLAS / ÁLVARO GUZMÁN BASTIDA / HÉCTOR MUNIENTE, CTXT, 11/02/18)

11/12/13

La escuela sueca, al privatizarse en parte, pasó de ser de las mejores del mundo a estar por debajo del promedio de la OCDE

"La escuela pública en Suecia estuvo considerada durante muchos años (junto con la finlandesa) como una de las mejores en el mundo. En el informe PISA del 2000 el nivel de comprensión de lectura, matemáticas y ciencias estaba muy por encima del promedio de los otros países de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo.

 Lo que caracterizaba el sistema educativo sueco era su carácter multiclasista, es decir, que en sus aulas estaban representadas todas las clases sociales, creando una escuela cohesionadora, crisol de una de las sociedades menos desiguales en aquella colectividad de países.

 Era el producto de muchos años de gobierno de partidos progresistas, que promovieron los valores de equidad, progreso y cultura. El fin de la educación era formar un ciudadano solidario, culto y preparado para decidir y actuar en una sociedad democrática y fuertemente participativa.

Ahora bien, en el año 2006, una coalición de partidos conservadores y liberales cambió el sistema educativo. Muchas escuelas públicas pasaron a ser gestionadas por compañías privadas, el modelo favorito, por cierto, de las reformas Wert del Partido Popular en España. Otro cambio fue que las familias podían escoger las escuelas donde enviar a sus hijos, promocionándose las escuelas de gestión privada, financiadas con fondos públicos.

Como era predecible, hubo una selección de los alumnos por parte de estas escuelas de gestión privada, haciéndolo de forma indirecta, con lo cual aumentaron enormemente las desigualdades educativas en el país y declinó sustancialmente la calidad de toda la enseñanza. 

La descohesión del sistema educativo perjudicó a todo el sistema educativo. Y afectó negativamente su calidad. En el informe PISA 2009, en matemáticas y ciencias, Suecia estuvo por debajo del promedio de la OCDE. Y se teme que este año 2013 (el informe PISA sale en diciembre) continuará estando por debajo del promedio. 

Ello es el resultado de las reformas neoliberales que (como ha ocurrido también en varios Estados de EEUU, que introdujeron reformas semejantes en sistemas públicos) han deteriorado muy marcadamente el sistema escolar público.

Ante esta realidad, una pregunta lógica es: ¿por qué las clases más pudientes presionaron para que, a través de partidos políticos afines a sus intereses, se hicieran aquellas reformas? Y la respuesta es que deseaban inculcar un sistema desigual en el que sus hijos serían educados como ciudadanos de primera, dejando las escuelas públicas (financiadas y gestionadas por el sector público) para todos los demás.

 Y aceptaron incluso el deterioro de todo el sistema (que afectó negativamente la escuela de sus hijos) a fin de producir tal distancia social. Ha sido la práctica característica de las clases más pudientes, que, anteponiendo sus intereses a los de la mayoría de la ciudadanía, han causado con sus reformas un deterioro muy marcado de los sistemas públicos, utilizados por la mayoría de la ciudadanía. Esto está ocurriendo en Suecia, como también está ocurriendo en España, incluyendo a Catalunya. 

 Como bien ha indicado Francisco Martínez Mora de la Universidad de Leicester en su estudio sobre la educación en España, “(Des)igualdad de oportunidades educativas en España”, la escuela privada concertada y su separación del sistema público (a pesar de estar integrada, en teoría, en tal sistema) está contribuyendo a la polarización educativa del sistema escolar, con un aumento muy notable de las desigualdades en el país. 

Y esta polarización ocurre no sólo por la educación recibida en tales escuelas, sino por la reproducción de las características sociales de cada clase social, determinada por el origen social de cata tipo de estudiantes. La interacción entre los propios estudiantes, entre las familias y el profesorado, refuerza todavía más el clasismo de las escuelas. Y ello se acentuará sustancialmente con las reformas Wert."

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 11 de noviembre de 2013, y en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 12 de noviembre de 2013, en www.vnavarro.org, 11/11/2013)