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28/2/24

Oxfam: “siete de las 10 empresas más grandes del mundo tienen un director general milmillonario, o a un milmillonario como su principal accionista. A base de exprimir a sus trabajadores y trabajadoras, evadir y eludir impuestos, privatizar los servicios públicos y alimentar el colapso climático, las empresas están impulsando la desigualdad y generando una riqueza cada vez mayor para sus ya ricos propietarios”... Únicamente el 0,4 % de las 1600 empresas más grandes e influyentes del mundo se comprometen públicamente a pagar a sus trabajadores y trabajadoras un salario digno y a abogar por el pago de salarios dignos en sus cadenas de valor

 "La organización Oxfam acaba de publicar un informe sobre la desigualdad en el mundo, “Desigualdad SA”, que lleva como subtítulo “Una enorme concentración de poder empresarial y monopolístico está exacerbando la desigualdad en la economía mundial”. Un trabajo que viene a aportar mucha luz en estos días en los que los medios se dedican a informar del Foro Económico Mundial o Foro de Davos. Como es sabido, este Foro, fundado en 1971, se reúne entre el 15 y el 19 de enero en la ciudad suiza de Davos.

Allí se encuentran los principales líderes empresariales, políticos, académicos y sociales para analizar los problemas más apremiantes que afronta el mundo. Abogan por un mundo globalizado gobernado por una coalición de corporaciones multinacionales, multimillonarios, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil seleccionadas en lugar de las estructuras democráticas clásicas. Allí estarán líderes empresariales destacados, como el fundador de Microsoft, Bill Gates, el director ejecutivo de Tesla, Elon Musk, y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, entre otros. Es decir, cualquier cosa menos democracia.

En la década de los noventa, la izquierda mundial y el activismo antiglobalización denunciaba y se manifestaba contra el Foro de Davos, acusándolo, con razón, de ser una élite poderosa que se reunía para manejar las finanzas y la política mundial. Las movilizaciones contra Davos se han ido apagando, pero las élites siguen igual de activas y separadas de los pueblos en su reunión anual. Y encima con el lema este año de “Reconstruir la confianza”.

De modo que Oxfam ha aprovechado la reunión de los ricos para explicar el panorama mundial entre ricos y pobres.

Comienzan contando que la riqueza conjunta de los cinco milmillonarios más ricos del mundo se ha duplicado con creces desde el inicio de la década actual, mientras que la riqueza acumulada del 60 % de la humanidad se ha reducido.

Oxfam advierte que “existe un peligro muy real de que estos extremos tan alarmantes se estén convirtiendo en la nueva normalidad. Como muestra este informe, el poder empresarial y monopolístico es una máquina implacable de generación de desigualdades”.

Estos cinco hombres son Elon Musk (Tesla y Twitter), Bernard Arnault (empresario francés del sector de artículos de lujo), Jeff Bezos (Amazon), Larry Ellison (del sector del software) y Warren Buffet (inversor estadounidense). Algunos de ellos estarán en Davos (o enviarán a algún “testaferro”) y desde allí nos contarán cómo arreglar el mundo en el cual ellos se enriquecen gracias a la pobreza de los medios.

Oxfam recuerda también que “siete de las 10 empresas más grandes del mundo tienen un director general milmillonario, o a un milmillonario como su principal accionista. A base de exprimir a sus trabajadores y trabajadoras, evadir y eludir impuestos, privatizar los servicios públicos y alimentar el colapso climático, las empresas están impulsando la desigualdad y generando una riqueza cada vez mayor para sus ya ricos propietarios”.

Veamos el ejemplo de Jeff Bezos, uno de esos cinco más ricos. Su fortuna, de 167.400 millones de dólares estadounidenses, ha aumentado en 32.700 millones de dólares desde 2020. Bezos viajó al espacio por 5.500 millones de dólares, y agradeció a los trabajadores y trabajadoras de Amazon el haberlo hecho posible. Oxfam recuerda que Amazon “lleva años esforzándose por evitar la sindicalización de los trabajadores”.

El informe también aporta algunos otros datos interesantes y elocuentes:

  • Si cada uno de los cinco hombres más ricos gastase un millón de dólares diarios, les llevaría 476 años agotar su riqueza conjunta.
  • A nivel mundial, los hombres poseen 105 billones de dólares más de riqueza que las mujeres: esta diferencia de riqueza equivale a más de cuatro veces el tamaño de la economía estadounidense.
  • El 1 % más rico de la población mundial posee el 43 % de los activos financieros globales. Es decir, las personas más ricas no solo son las mayores beneficiarias de la economía global, sino que también ejercen un control notable sobre ella en la medida en que controlan las finanzas mundiales.
  • Y para cuando oigas que todos estamos terminando con el planeta, recuerda que el 1 % más rico de la población mundial generatantasemisiones de carbono como los dos tercios más pobres de la humanidad.
  • En Estados Unidos, la riqueza de una familia negrapromedio representa solo el 15,8 % de la de una familiamedia blanca.
  • Únicamente el 0,4 % de las 1600 empresas más grandes e influyentes del mundo se comprometen públicamente a pagar a sus trabajadores y trabajadoras un salario digno y a abogar por el pago de salarios dignos en sus cadenas de valor.
  • Una trabajadora del sector sociosanitario necesitaría 1.200 años para ganar lo que un director general de una de las empresas de la lista Fortune 100 acumula en promedio en tan solo un año.

Para lograr mantener ese poder, e incluso aumentarlo, es necesario controlar la economía mundial. De ahí que también son muy oportunos los datos que ofrece el informe sobre la concentración de los mercados.

Cuando oigamos relatos conspiranoicos de fuerzas ocultas o clandestinas que manejan el mundo desde la sombra, recordemos estas cifras. Ni están ocultas, ni son clandestinas, ni operan en la sombra. Dominan el mundo, se adueñan de las riquezas, empobrecen a millones de personas de forma criminal y todo lo hacen a la luz del día y ante la mirada de gobiernos e instituciones democráticamente electas que, con su impasibilidad, terminan siendo cómplices de las desigualdades."                  (Pascual Serrano , El Viejo Topo, 25/02/24)

8/11/23

El monstruoso vicio de la servidumbre voluntaria... Las sociedades contemporáneas hemos llegado al siglo XXI completamente inclinadas por el interés material. Vivimos entregados a un embrutecimiento sin parangón... No es de extrañar que al final nos hayamos rodeado de tiranos, cada vez más peligrosos y sofisticados. ¿Qué permanece? De momento todos somos humanos

 "Era muy joven cuando sentó las bases de su famoso escrito. Como mucho rozaba la actual mayoría de edad, no obstante, Étienne de La Boétie, el gran amigo de Michel de Montaigne, escribió uno de los textos más profundos contra la tiranía: El discurso sobre la servidumbre voluntaria. Un texto breve, absolutamente contemporáneo, profusamente traducido y publicado desde que se difundió por primera vez años después de su fallecimiento a causa de la peste, en 1563.

Este poeta, filósofo y abogado del Renacimiento describió la servidumbre voluntaria como un “monstruoso vicio”. Un vicio que lleva a un número infinito de personas a ser tiranizadas y conducidas al servilismo por su propia voluntad, con el cuello bajo el yugo, no obligadas bajo una fuerza mayor, encantadas y fascinadas “por el solo nombre de uno”. Todo ello a pesar de que es perjudicial, pues la servidumbre al tirano implica, primero, la pérdida del sentido natural de la libertad, después la merma del valor y, finalmente, se instala la impotencia.

El tirano se alimenta de obediencia, servidumbre y devoción voluntaria de las personas. Nunca alcanza la amistad, porque está hecha de una virtud que no posee ni poseerá. No es amado ni ama. Una vez asentado en el poder, gana en astucia. Le resulta fácil engañar y persuadir. Su esquema de funcionamiento es piramidal. Somete a los que están en la cúpula, próximos, mediante el reparto de propiedades y dinero, pues sabe que nada avasalla tanto como la riqueza. A los súbditos, los que forman las bases, los embrutece. El tirano teme la traición. A su alrededor solo hay conspiración. Todo se corrompe.

 No es de extrañar que entrado el siglo XX el escrito de La Boétie acompañara la reflexión de no pocos pensadores en torno al totalitarismo y el valor de la desobediencia. Simone Weil, por ejemplo, escribió una Meditación sobre la obediencia y la libertad. Lo hizo en la primavera de 1937, es decir, tras haber participado en la Guerra Civil española. Es una reflexión provocada por el ascenso de los fascismos. Plantea el asombro que le produce ver la sumisión de la mayoría a una minoría criminal y trata de vislumbrar cuál debe ser la fuerza social capaz de romper ese fatídico sometimiento colectivo. Se pregunta cómo comprender que los hombres permanezcan sometidos hasta el punto de morir por orden del tirano. Escribe: “La mayoría obedece hasta dejarse imponer el sufrimiento y la muerte, mientras que la minoría manda”. En esta breve meditación, Weil señala que todo lo que hay de más alto en la vida humana, todo esfuerzo de pensamiento, todo esfuerzo de amor, es corrosivo para el orden tiránico. Y, sin embargo, ve imposible trasladar a la acción política la pureza de espíritu sin condenarse de antemano a la derrota.

 

Frente al vicio de la servidumbre, La Boétie, al igual que su amigo Montaigne, eligió la virtud de la libertad. Explica Montaigne en su célebre ensayo dedicado a la amistad que, al contrario de la servidumbre, la condición de libertad voluntaria no produce nada más propiamente suyo que el afecto. Rememora también a Aristóteles, quien insistiera en que los buenos legisladores cuidaron más de la amistad que de la justicia, pues las formas de afecto son más hermosas y generosas que aquellas edificadas sobre el placer o el beneficio.

En su texto, La Boétie ilustra con ejemplos históricos que quienes no se entregaron a la servidumbre lucharon con más ímpetu y mejor en defensa de su libertad que quienes vivían subyugados. El Discurso fue comprendido como radical, pues somete a crítica los fundamentos mismos de la autoridad. Pero es que él confiaba en la bondad de la virtud y ésta sólo puede darse en libertad. Este es un punto central de su argumento. Él pensaba que la naturaleza es contraria a la ofensa y, por tanto, si los seres humanos fuimos creados diferentes los unos de los otros es precisamente para favorecer que entre las personas se den los afectos y los cuidados. Naturalmente libres, escribió, todos somos compañeros.

Montaigne describó a La Boétie como un hombre de otra época. Quizá de un tiempo, si es que realmente existió, en el cual la virtud prevalecía sobre el poder y el dinero. Nada que ver con el actual. Las sociedades contemporáneas hemos llegado al siglo XXI completamente inclinadas por el interés material. Vivimos entregados a un embrutecimiento sin parangón. Despreocupados ante la desatendida transmisión del conocimiento de los clásicos y de la antigüedad. Dominados por patologías que se producen en el seno de nuestras democracias. Fatalmente anclados en conflictos políticos del pasado. Servilmente atados a los dispositivos celulares. Embelesados ante los avances de una inteligencia artificial dirigida por intereses que nos alejan de los afectos, por decirlo suavemente. No es de extrañar que al final nos hayamos rodeado de tiranos, cada vez más peligrosos y sofisticados. ¿Qué permanece? De momento todos somos humanos."                        (Berta Ares Yáñez , El País, 03/09/23)

17/7/23

Milanovic constata que la desigualdad mundial empezó a descender hace unas dos décadas... ¿Significa esto que el capitalismo está logrando reducir la desigualdad y que ahora existe una gran convergencia? No, porque la disminución se debe en realidad al crecimiento de los ingresos de un solo país: China... exceptuando a esta nación, la desigualdad ha aumentado en casi todas las grandes economías... Si se excluye a China de los datos, no hay convergencia global... Y lo que es más importante, las clases medias de todos los países ricos han descendido en la clasificación mundial (Michael Roberts)

 "Branco Milanovic, antiguo economista jefe del Banco Mundial, se ha convertido en el principal analista de la desigualdad mundial.  A partir de su libro Worlds Apart (Mundos aparte), publicado en 2005, ha documentado las tendencias de la desigualdad mundial de ingresos (no tanto de riqueza) desde la revolución industrial y desde que el capitalismo se convirtió en el modo de producción dominante en todo el mundo.  

En ese libro, calculó que la desigualdad global de ingresos (y riqueza) era de "20:80" (es decir, que el 80% de los 6.600 millones de habitantes del mundo de entonces podían clasificarse como pobres) y que la situación estaba empeorando, no mejorando, incluso si se tienen en cuenta los entonces florecientes BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

En aquel momento presentó los cambios en los ingresos reales de la población mundial en varios percentiles de la distribución de la renta y elaboró lo que pasó a llamarse el "gráfico del elefante", es decir, que las grandes mejoras en los niveles de ingresos se encontraban en el rango medio de ingresos, mientras que los muy pobres y los que se encontraban en los rangos superiores de ingresos (excepto los extremadamente ricos) en realidad perdían terreno.

Esto sugirió a muchos que la desigualdad global estaba disminuyendo porque los ingresos medios de todo el mundo habían aumentado.  Había una gran convergencia, no divergencia.

 Pero el gráfico del elefante ocultaba la realidad.  Este próspero grupo de renta media se debe casi por completo a China.  La economía china ha sacado a más de 900 millones de chinos de la pobreza extrema en sólo tres décadas y los ingresos medios se han disparado, sobre todo en las dos últimas décadas.  Si se excluye a China, el gráfico del elefante se derrumba.  Ni el resto de Asia ni India han logrado una mejora semejante de los ingresos medios. Hay muchas otras razones para ser escépticos sobre el gráfico del elefante y las conclusiones que se pueden extraer de él.

Pero ahora Milanovic ha actualizado sus estimaciones sobre la desigualdad mundial en un nuevo estudio. Algunos periodistas han titulado los resultados como "El mundo es el más igualitario que ha sido en más de un siglo". Suena muy bien - pero de nuevo, el diablo está en los detalles.

Hay dos factores en la desigualdad mundial: la desigualdad entre los ingresos nacionales per cápita y la desigualdad de ingresos de las personas dentro de las naciones.  En trabajos anteriores, Milanovic argumentó que la primera es más importante en la desigualdad global general de las personas que la segunda.  Es decir, que el lugar donde vives es más importante que tus ingresos en ese país en comparación con los de los más ricos de allí.

 En su último trabajo, Milanovic vuelve a estimar la desigualdad mundial entre 1820 y 1980, reevalúa los resultados hasta 2013 y presenta nuevas estimaciones de la desigualdad para 2018. Concluye que, históricamente, la desigualdad mundial ha seguido tres épocas: la primera, desde 1820 hasta 1950, caracterizada por el aumento de las diferencias de ingresos entre países y el incremento de las desigualdades dentro de los países; la segunda, desde 1950 hasta la última década del siglo XX, con una desigualdad mundial y entre países muy elevada; y la actual, de disminución de la desigualdad gracias al aumento de los ingresos asiáticos, especialmente chinos.

Según Milanovic, desde el advenimiento de la Revolución Industrial a principios del siglo XIX hasta aproximadamente mediados del siglo XX, la desigualdad mundial aumentó a medida que la riqueza se concentraba en los países industrializados occidentales. Alcanzó su punto álgido durante la Guerra Fría, cuando el planeta se dividía en "Primer Mundo", "Segundo Mundo" y "Tercer Mundo", tres niveles de desarrollo económico. Pero entonces, hace unos 20 años, la desigualdad mundial empezó a disminuir, en gran parte gracias al auge económico de China, que hasta hace poco era el país más poblado del mundo. La desigualdad mundial alcanzó su punto álgido en el índice de Gini de 69,4 en 1988. Bajó a 60,1 en 2018, un nivel que no se veía desde finales del siglo XIX.

 La primera era de la desigualdad mundial se extendió aproximadamente desde 1820 hasta 1950, un período caracterizado por el aumento constante de la desigualdad. En la época de la Revolución Industrial (aproximadamente 1820), la desigualdad mundial era más bien modesta. El PIB del país más rico (el Reino Unido) era cinco veces mayor que el del país más pobre (Nepal) en 1820. (La relación equivalente entre los PIB de los países más ricos y más pobres hoy en día es de más de 100 a 1).

El crecimiento de la desigualdad mundial durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX estuvo impulsado tanto por el aumento de las diferencias entre los distintos países (medidas por las diferencias en sus PIB per cápita) como por el aumento de las desigualdades dentro de los países (medidas por las diferencias en los ingresos de los ciudadanos de un determinado país). Las diferencias entre países reflejaban lo que los historiadores económicos han denominado la Gran Divergencia, la creciente disparidad entre, por un lado, los países industrializados de Europa Occidental, Norteamérica y, más tarde, Japón y, por otro, China, India, el subcontinente africano, Oriente Medio y América Latina, donde la renta per cápita se estancó o incluso disminuyó.  En efecto, se trataba de una medida cuantitativa de la dominación de un pequeño bloque de países imperialistas sobre el resto.

 Pero Milanovic constata que la desigualdad mundial empezó a descender hace unas dos décadas. Ha descendido de 70 puntos Gini en torno al año 2000 a 60 puntos Gini dos décadas después.Esta disminución de la desigualdad mundial, que se ha producido en el breve lapso de 20 años, es más precipitada que el aumento de la desigualdad mundial durante el siglo XIX.

¿Significa esto que el capitalismo está logrando reducir la desigualdad y que ahora existe una gran convergencia?  No, porque la disminución se debe en realidad al crecimiento de los ingresos de un solo país:China.Y al mismo tiempo que el rápido crecimiento de China reducía el índice global de desigualdad; dentro de las economías, la desigualdad ha aumentado en casi todas las grandes economías.

 Además, las rentas más altas del mundo siguen viviendo en el bloque imperialista. En 1988, 207 millones de personas formaban el cinco por ciento de los que más ganaban en el mundo; en 2018, esa cifra era de 330 millones, lo que refleja tanto el aumento de la población mundial como la ampliación de los datos disponibles.  Los estadounidenses constituyen la pluralidad de este grupo. Tanto en 1988 como en 2018, más del 40% de los ricos del mundo eran ciudadanos estadounidenses. Le siguen los ciudadanos británicos, japoneses y alemanes. En conjunto, los occidentales (incluido Japón) representan casi el 80% del grupo. Los chinos de las zonas urbanas no han entrado a formar parte de la población con poder adquisitivo mundial hasta hace poco. Pero su cuota sigue siendo pequeña, del 1,6% en 2008 al 5,0% en 2018.Si se excluye a China de los datos, no hay convergencia global.  Como China ha dejado vacantes muchos de los puestos en la parte inferior de la distribución, ahora los ocupan sobre todo los hogares indios más pobres, que ahora tienen un nivel de vida inferior al de sus homólogos chinos.

Y en el bloque imperialista, los grupos de ingresos más bajos han perdido terreno globalmente.  Las familias italianas más pobres estaban en el 30% superior de la distribución mundial de la renta en 1988, pero ahora apenas llegan a la mitad superior. Y lo que es más importante, las clases medias de todos los países ricos han descendido en la clasificación mundial.Se trata de una reorganización posicional de grandes proporciones; obsérvese el aumento de la posición de los perceptores de rentas más bajas en China de 1988 a 2018 y el descenso de la posición global de los deciles inferiores en Italia y Alemania, e incluso en Polonia, donde el 10% superior también subió significativamente.

El declive afectó también a EE.UU., donde alrededor del 30-40% de la distribución se sitúa ahora globalmente más abajo que en 1988. Por supuesto, los más ricos de EE.UU. siguen estando en la cima mundial.

Es probable que la desigualdad mundial no siga disminuyendo a partir de ahora.  Eso se debe a que el fenomenal crecimiento de China puede haber cerrado un poco la brecha de ingresos con los países imperialistas, pero todavía está muy por detrás.

 Y la diferencia de ingresos entre China y la mayoría de los demás países más pobres ha aumentado porque estos últimos apenas avanzan en la reducción de la diferencia con el bloque imperialista. Como dice Milanovic: "Una vez que sacamos a China del cuadro, el siguiente motor de la reducción de la desigualdad mundial es India, pero el crecimiento de India empezó a chisporrotear incluso antes de la crisis financiera mundial".

Además, el crecimiento demográfico más rápido del mundo se registra en África.  Así pues, para que la desigualdad mundial disminuya a base de reducir la brecha entre países ricos y pobres, África debe empezar a aumentar su renta per cápita a un ritmo del 6-7% anual.  África no tiene ninguna posibilidad de lograr ese crecimiento; al contrario, su participación en el PIB mundial es la misma que en 1980 y ha perdido terreno en la década de 2010.

En todo caso, es probable que se reanude la gran divergencia."               (

12/4/23

Países Bajos descubre que tiene siete clases sociales... Un estudio promovido por el Gobierno concluye que el debate sobre la desigualdad va más allá de la dicotomía entre ricos y pobres. Son estas: Los que están en el escalón superior del empleo (20%); jóvenes con buenas oportunidades (9%); los que viven de sus rentas (12%); nivel medio de ocupación (25%); pensionistas con pocos estudios (18%); trabajadores sin seguridad (10%); los precarios (6%)

 "La desigualdad contemporánea es una realidad estructural que supera la lucha contra la pobreza, porque el binomio compuesto de ricos y pobres está pasado de moda”. Formulada casi como un principio, esta declaración vertebra el informe elaborado por la Oficina holandesa de Planificación Social y Cultural (SCP, en sus siglas neerlandesas), que debe guiar al Gobierno en la lucha contra los desequilibrios sociales. Este tipo de estudios se efectúan de forma periódica, pero los expertos socioculturales han ampliado ahora el marco de su labor. No solo han analizado variables como el empleo, los ingresos y la educación. Han incluido, además, el capital social (a quién conoces), el capital cultural (dónde encajas) y el capital personal (la salud y el atractivo) de los ciudadanos para elaborar un mapa de Países Bajos distinto al habitual. Un espacio de 17,8 millones de habitantes donde hay, en su opinión, siete clases sociales.

Para llegar a esta conclusión, el SCP sondeó entre 2019 y 2020 a 6.800 personas y cruzó sus datos con los de la Oficina Central de Estadística. Si bien ya había llevado a cabo ejercicios similares en 2014 y 2021, el análisis actual, titulado ­Eigentijdse ongelijkheid (Desigualdad contemporánea), ha ido más lejos. De ahí las siete clases sociales presentadas. Son estas: “Los que están en el escalón superior del empleo (20%); jóvenes con buenas oportunidades (9%); los que viven de sus rentas (12%); nivel medio de ocupación (25%); pensionistas con pocos estudios (18%); trabajadores sin seguridad (10%); los precarios (6%)”. Las diferencias entre unos y otros son muy difíciles de eliminar y por ello, según el estudio, “se puede erosionar la cohesión social”. Por otro lado, se indica al Gobierno que los grupos menos favorecidos “piensan que las autoridades no se ocupan lo suficiente de gente como ellos”. A pesar de su posición en la lista, los dos últimos estratos suponen uno de cada seis ciudadanos. El penúltimo grupo tiene una media de 44 años, y los precarios, de 65 años. Los primeros se manejan con un ordenador. Los otros no. Es posible “que ambos acudan en menor medida a votar en las elecciones”, pero es importante que este contingente de “ciudadanos críticos” se involucre en la política y en la sociedad, dice el trabajo del SCP.

Muchos factores

En el mapa así dibujado no encajan los planes políticos tradicionales centrados en los ancianos, jóvenes e inmigrantes. La explicación es que no se trata de grupos homogéneos, sino que se encuentran repartidos en toda la sociedad. “Por eso, reconocer que la desigualdad de oportunidades es un fenómeno estructural en Países Bajos va más allá de la pobreza”, ha dicho Cok Vrooman, uno de los investigadores. En unas declaraciones a la cadena pública de televisión para presentar el trabajo, hizo hincapié en que no se trata solo del dinero y los estudios. “Hay que tener en cuenta a quién conoces, tu red social, dónde encajas o quién eres. Es decir, tu capital personal. Y eso es también una combinación de salud y atractivo personal”. Vrooman recalcó la necesidad de que el Gobierno preste atención en sus políticas a las diferentes transiciones vitales: “Desde la etapa escolar hasta el ingreso en el mercado laboral, y desde el momento en que se busca una pareja hasta enfrentarse a problemas de salud”.

Hace ocho años, el SCP constató que “ricos y pobres apenas se conocen” en Países Bajos, y advirtió de que emergía “un problema de cohesión”. En 2021, la brecha no se había reducido. En gran parte, ello se debía a que había grupos “estructuralmente rezagados” en sus ingresos, nivel educativo y, por ende, en el manejo de la tecnología."                         (Isabel Ferrer, El País, 08/04/23)

2/3/23

¿Podemos hablar con sensatez de la desigualdad e ignorar a los ricos? ¿Por qué hablar de "desigualdad" pero abordar esencialmente sólo la pobreza? Se prefiere comprobar si los ingresos de los pobres aumentan más rápidamente que la media nacional... con lo que, según el argumento, avanzan inteligentemente hacia la "prosperidad compartida". ¿El problema? se trata de un marco global que "excluye de la narrativa los problemas de la desigualdad extrema y el poder de los ricos"...  Y esa exclusión tiene un alto coste. En los últimos años, los investigadores han demostrado que las concentraciones cada vez mayores de renta y riqueza erosionan la cohesión social y la democracia, invitan al poder monopolístico e incluso frenan el crecimiento económico

 "Algunos conflictos son fáciles de ver y entender. Su retórica cruda suele ayudarnos a identificar a los contrincantes y el motivo de su lucha.

Pero a veces la retórica nunca llega a ser cruda. Los actores dominantes disimulan las diferencias reales con apelaciones a valores vagos. Pasan por alto los conflictos y las opciones reales y dejan al público en general desprevenido y sin implicación.

¿Un ejemplo de este tipo de asfixia? El diálogo internacional sobre el "desarrollo sostenible".

A lo largo de la última década, las naciones de todo el mundo se han reunido en una serie de conferencias mundiales para determinar lo que todos deberíamos hacer para salvar nuestro planeta y conseguir que todas las personas que viven en él alcancen un nivel de vida decente. En 2015, estas reuniones parecían haber logrado un avance sin precedentes.

En septiembre, los jefes de Estado de todo el mundo se reunieron en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York y anunciaron que habían "adoptado una decisión histórica sobre un conjunto amplio, de gran alcance y centrado en las personas" de objetivos y metas que, entre otros nobles resultados, "construirían sociedades pacíficas, justas e inclusivas" y garantizarían la "protección duradera" de la Tierra.

"Imaginamos un mundo en el que todos los países disfruten de un crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible y de un trabajo decente para todos", declararon los dignatarios reunidos. "Un mundo en el que los modelos de consumo y producción y el uso de todos los recursos naturales -desde el aire hasta la tierra, desde los ríos, lagos y acuíferos hasta los océanos y mares- sean sostenibles".

"Nos comprometemos", añadieron los dignatarios, "a trabajar sin descanso por la plena aplicación de esta Agenda para 2030".

Ya hemos recorrido casi la mitad de los años que esos dirigentes calcularon que llevaría la "plena aplicación". Sin embargo, los investigadores del Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social, con sede en Ginebra, señalaron este otoño que ese glorioso estado final global que prometieron en un principio parece ahora terriblemente lejano.

"Cuando sólo quedan ocho años para hacer realidad esta ambición", observa el UNISD en un nuevo e impactante informe que hasta ahora ha recibido muy poca atención mundial, "el contexto para alcanzar la visión de la Agenda 2030 nunca ha sido más desalentador".

Los retos directos y difíciles para los objetivos que los líderes mundiales anunciaron tan triunfalmente en 2015 parecen ahora omnipresentes. El auge de la austeridad. La reacción contra los discursos y movimientos igualitarios y de derechos humanos. El empeoramiento de la crisis climática "que amenaza nuestra propia existencia".

Tenemos, concluyen los investigadores de la ONU, "un mundo en estado de fractura, y en su corazón está la desigualdad."

El nuevo y enérgico informe de estos investigadores, Crises of Inequality: Cambiando el poder por un nuevo contrato ecosocial, enmarca la continua mala distribución de la renta y la riqueza en nuestro planeta como el obstáculo más formidable al que se enfrenta ahora el mundo para conseguir un futuro seguro y digno.

"Nuestro sistema actual perpetúa un goteo de riqueza hacia la cima, sin dejar posibilidades de prosperidad compartida", advierte el director del Instituto de Investigación de la ONU, Paul Ladd. "Destruye nuestro medio ambiente y nuestro clima por el consumo excesivo y la contaminación, y descarga los elevados costes sobre los que consumen poco y contaminan menos".

 El Secretario General de la ONU, António Guterres, se ha pronunciado últimamente en el mismo sentido.

"Las divisiones son cada vez más profundas. Las desigualdades son cada vez mayores. Los retos se extienden cada vez más", declaró Guterres ante la Asamblea General de la ONU el pasado mes de septiembre. "Tenemos el deber de actuar. Y, sin embargo, estamos atascados en una disfunción global colosal".

Tanto esta franqueza de Guterres como el nuevo informe del Instituto de Investigación de la ONU reflejan en cierto modo un deseo desesperado de que se produzca el tipo de debate que los ricos y poderosos del mundo -y las naciones a las que llaman hogar- quieren evitar desesperadamente.

Sakiko Fukuda-Parr, ex funcionaria de desarrollo humano de la ONU y actualmente profesora de asuntos internacionales en la New School de Nueva York, ha seguido de cerca los debates internos de la comunidad internacional que han acabado ocultando los peligros de la concentración de la renta y la riqueza. Resume su investigación en un revelador análisis que aparece en el nuevo informe Crisis de desigualdad.

El actual discurso de los "Objetivos de Desarrollo Sostenible" sobre la "desigualdad", señala Fukuda-Parr, se fija casi exclusivamente "en los excluidos, marginados y que viven por debajo del umbral de la pobreza". Este mismo discurso presta "poca atención" a los que están en "la parte superior de la distribución: los ricos y poderosos".

 ¿Por qué hablar de "desigualdad" pero abordar esencialmente sólo la pobreza? Los negociadores internacionales que elaboraron los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible sabían que su trabajo tenía que abordar de algún modo la desigualdad de nuestra distribución mundial de la renta y la riqueza. Sus predecesores, que habían elaborado los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2000, señala Fukuda-Parr, habían sido duramente criticados por su "flagrante incapacidad para incluir la desigualdad".

Pero cómo incluir la desigualdad se convirtió en la cuestión central. ¿Abordarían directamente los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible el impacto y el alcance de toda la riqueza y los ingresos que se han asentado en los bolsillos de los superricos? ¿O se centrarían los objetivos únicamente en la "exclusión" de los pobres vulnerables y marginados de las "oportunidades" económicas?

El primer enfoque amenazaba el estatus privilegiado de los más ricos del mundo. El segundo lo ignoraba. El segundo se impuso al establecer metas para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, explica Fukuda-Parr, que "no tienen en cuenta la distribución de la riqueza dentro de los países y entre ellos, ni hacen referencia a la desigualdad extrema".

Fukuda-Parr explica con detalle la lucha entre bastidores que generó este resultado. Los grupos de justicia económica mundial y algunas delegaciones nacionales en las negociaciones mundiales querían que los objetivos incluyeran indicadores estadísticos que nos dijeran si la distribución de la renta y la riqueza está cada vez más o menos concentrada. Uno de estos indicadores, el coeficiente Palma, permite a las sociedades comparar a lo largo del tiempo los ingresos del 10% más rico y del 40% más pobre de un país.

Pero los actores nacionales dominantes en estas negociaciones rechazaron cualquier indicador que pudiera mostrar que los ricos ganan a expensas de todos los demás. Lo que preferían era comprobar si los ingresos de los pobres aumentaban más rápidamente que la media nacional. Las sociedades en las que los ingresos de los pobres aumentaban más deprisa que la media nacional, según el argumento, avanzaban inteligentemente hacia la "prosperidad compartida".

Esta estrecha perspectiva de la desigualdad acabaría dominando las negociaciones. ¿El problema? Al confundir "desigualdad" y "pobreza", como Fukuda-Parr nos ayuda a comprender, los negociadores más defensivos respecto a las concentraciones extremas de renta y riqueza de su país de origen habían ideado un marco global que "excluye de la narrativa los problemas de la desigualdad extrema y el poder de los ricos".

 Y esa exclusión tiene un alto coste. En los últimos años, los investigadores han demostrado que las concentraciones cada vez mayores de renta y riqueza erosionan la cohesión social y la democracia, invitan al poder monopolístico e incluso frenan el crecimiento económico que, según los defensores de la gran fortuna, se obtiene cuando se concentra la riqueza.

En resumen, los pobres no salen ganando cuando las sociedades ignoran a los ricos. Los ricos sólo acumulan más influencia y poder para seguir enriqueciéndose a costa de los pobres y de todos los demás.

El nuevo informe del Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social reconoce esta realidad. Esperemos que esta investigación reciba mucha más atención mundial. Pero no nos quedemos en la esperanza. Hagamos todo lo que esté en nuestras manos para ayudar a que se produzca."        
            (Sam Pizzigati, brave New europe, 17/12/22)

8/2/23

El mayor responsable de la "desigualdad" contra los seres humanos es la empresa corporativa, ausente del debate público... los jueces y los legisladores corporativistas han dotado a las empresas de un arsenal de derechos injustos... Los contratos unilaterales de las empresas que te obligan a firmar o a hacer clic te convierten en peones contractuales. La libertad contractual desaparece. Tu estatus se reduce a obedecer las duras imposiciones de bancos, concesionarios de automóviles, compañías de seguros, empresas de tarjetas de crédito, servicios públicos, etc. Intentad escapar e iros a un competidor. Ni hablar. Todos tienen las mismas restricciones, con pequeñas variaciones... Otro poder político derivado permite a las corporaciones planificar y controlar estratégicamente las vidas de los humanos con algoritmos y patentes monopolísticas... El mayor premio de todos para los usos de la desigualdad corporativa dominante sobre las personas reales es el control del Congreso, de las legislaturas estatales, instituciones de los países, ayuntamientos y elecciones, junto con la selección de los jueces... Todos estos impulsos en pos del máximo poder y control están madurando el Estado corporativo, a medida que Wall Street y Washington se fusionan

 "La palabra "desigualdad" está por todas partes en los medios de comunicación. Suele referirse a la raza, el género, los ricos frente a los pobres u otras diferencias entre los seres humanos. El mayor responsable de la "desigualdad" contra los seres humanos es la propia empresa, ausente del debate público.

Desde 1886, cuando un periodista del Tribunal Supremo de EE.UU., en una nota para la opinión del Tribunal, escribió que las empresas poseían los mismos derechos en virtud de la Constitución, los jueces y los legisladores corporativistas han dotado a las empresas de un arsenal de derechos injustos. (La Constitución no menciona en absoluto "corporación" o "empresa").

¿Cómo es eso posible con la 14ª Enmienda que ordena la igualdad de protección ante la ley? Porque esta disposición central de nuestro supuesto estado de derecho no tuvo en cuenta los artificios de los abogados corporativos, los jueces corporativos y los legisladores obligados por las corporaciones.

Las corporaciones creadas por estatutos estatales se consideran "personas artificiales". Estados como Delaware y Nevada han convertido en un negocio lucrativo la creación de empresas en virtud de leyes permisivas que concentran el poder en la cúspide de jerarquías comerciales autocráticas, dejando a sus accionistas-propietarios muy pocas opciones aparte de vender. Desde principios del siglo XIX, los Estados han constituido sociedades anónimas que otorgan a sus accionistas una responsabilidad limitada. Lo máximo que pueden perder es la cantidad de dólares invertidos en las acciones o bonos de su empresa. La historia moderna del derecho de sociedades se dirige ahora a maximizar la responsabilidad limitada de la propia sociedad.

Los siguientes doce ejemplos de desigualdad son escandalosos:

 1.-   La entidad corporativa protege a los propietarios y accionistas de las deudas y otras responsabilidades de la empresa. Sin embargo, los propietarios de empresas individuales no están protegidos personalmente de las deudas o responsabilidades relacionadas con la empresa.

 2.-   Las leyes de quiebra favorecen enormemente a las empresas frente a los particulares. Las corporaciones en quiebra pueden cancelar sus contratos sindicales, están libres de responsabilidades judiciales contra ellas e incluso pueden conseguir que los jueces concedan primas de retención a los ejecutivos culpables para que puedan proporcionar a las partes su supuesta memoria histórica. Luego, en virtud del Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, la empresa, tras haberse desprendido de sus pasivos, puede reorganizarse y volver a funcionar. Si se trata de una gigantesca empresa en quiebra como lo fue General Motors en 2009, su recreación puede obtener muchos miles de millones de dólares de los contribuyentes porque se considera "demasiado grande para quebrar". Comparemos todos estos privilegios con la quiebra de un individuo por muy rico que haya sido. No hay discusión.

3.-    Bajo las leyes penales, las corporaciones tienen enormes ventajas. A diferencia de la mayoría de los individuos que cometen delitos graves, las empresas tienen abogados que las protegen con acuerdos de "no enjuiciamiento" o "enjuiciamiento diferido" en lugar de sanciones penales. A diferencia de los delincuentes individuales, las empresas no pueden ser encarceladas y casi nunca son ejecutadas (es decir, se les retiran los estatutos y se las deja fuera del negocio, a menos que sean pequeños delincuentes empresariales). El ex fiscal general de EE.UU. Eric Holder dijo que los grandes bancos pueden incluso ser demasiado grandes para ser procesados. Mientras tanto, las grandes empresas, que han costado la vida a muchas personas y han enfermado a muchas más, continúan con su alegre afán de lucro. En esta categoría se encuentran las grandes cadenas farmacéuticas, químicas, automovilísticas, petroleras, carboneras y hospitalarias.

 4.-   Las personas lesionadas injustamente que demandan a las empresas en virtud del derecho de responsabilidad civil se encuentran con que las empresas pueden retrasar infinitamente, con sus gastos legales asegurados o deducibles. Las víctimas que están desesperadas por conseguir dinero para pagar las facturas médicas y de otro tipo, no pueden deducir sus gastos legales y pueden no tener seguro. Las corporaciones pueden forzar acuerdos bajos debido a su desigualdad de estatus y poder.

5.-    La desigualdad fiscal es el Niágara de la desigualdad. El tipo impositivo federal máximo para los particulares es del 37% y sólo del 21% para las empresas, antes de una plétora de vacíos legales. ¿Por qué un empresario individual o cualquier individuo tiene que pagar el 37% y enfrentarse a una desventaja económica frente a un competidor que sólo paga el 21%? La respuesta infundada es que existe una clasificación racional para esta injusticia-tontería.

6.-  A diferencia de las personas físicas, las empresas pueden crear sus propias empresas matrices (holdings) con fines evasivos. También pueden crear cientos de hijos (filiales) para eludir todo tipo de cumplimiento de la ley. El paraíso fiscal y no reglamentario de las Islas Gran Caimán tiene miles de sociedades "domiciliadas" allí. Un gran edificio -Ugland House- "alberga" 12.000 sociedades. Los seres humanos de carne y hueso estarían insufriblemente apretados si intentaran acuartelarse con semejantes eficiencias inorgánicas. Hasta la decisión del mes pasado del Tercer Circuito de Apelaciones, que dijo no a los rentables abogados corporativos de Johnson & Johnson, las corporaciones podían crear una filial y poner en ella todas las demandas pendientes de los consumidores perjudicados, declarar la quiebra de la filial y luego dejar a los demandantes perjudicados con pocos recursos. Es lo que se conoce como "Texas two-step", una creación de los abogados corporativos.

 7.-    Los contratos unilaterales de las empresas que te obligan a firmar o a hacer clic te convierten en peones contractuales. La libertad contractual desaparece. Tu estatus se reduce a obedecer las duras imposiciones de bancos, concesionarios de automóviles, compañías de seguros, empresas de tarjetas de crédito, servicios públicos, etc. Intentad escapar e iros a un competidor. Ni hablar. Todos tienen las mismas restricciones, con pequeñas variaciones. Estas largas e inescrutables esposas de letra pequeña exigen que renuncies a tu derecho a acudir a los tribunales para ser juzgado por un jurado de tus iguales.

8.-   Las leyes antimonopolio, poco aplicadas a lo largo de los años, han dado lugar a monopolios o monopolios compartidos, repletos de poderes manipuladores que convierten en una burla un supuesto mercado libre. ¿Qué tal eso de la desigualdad que destruye el derecho y los beneficios de un mercado competitivo?

 9.-   La FCC concede a las empresas licencias de monopolio para controlar 24 horas al día, 7 días a la semana, lo que nos pertenece: las ondas públicas. Las corporaciones de radio y televisión obtienen esta bonanza gratuitamente junto con el poder de decidir quién entra y quién no. Ningún individuo podría tener ese estatus ni impugnar de ninguna manera estas renovaciones de licencias que la corporativizada Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. hace prácticamente automáticas.

 10.-   De estas desigualdades, incrustadas en las leyes desiguales de los prejuicios corporativos, surgen las realidades del poder económico, político y cultural en bruto que intimidan y coaccionan a los simples mortales humanos. Las corporaciones son capaces de sobrevivir y prosperar después de horrendos sobreprecios, crímenes y víctimas: las compañías de opioides y otros medicamentos, la vasta contaminación tóxica del aire, el agua y los alimentos, los crímenes de Wall Street y la explotación de la salud y el bienestar económico de los trabajadores. Como no son humanas, las corporaciones continúan sin sentir las sanciones de la vergüenza social, la culpa o el ostracismo. Los simples humanos no tienen esas escapatorias inherentes.

11.-    Otro poder político derivado permite a las corporaciones planificar y controlar estratégicamente las vidas de los humanos con algoritmos y patentes monopolísticas. Se salen con la suya con un marketing directo que explota a los niños y elude la autoridad de sus padres, rompiendo barreras culturales largamente arraigadas para el juego masivo en línea, y continuando con la discriminación de las mujeres y las minorías, como trabajadoras y consumidoras.

12.-    El mayor premio de todos para los usos de la desigualdad dominante corporativa sobre las personas reales es el control del Congreso, las legislaturas estatales, las juntas de los países, los ayuntamientos y las elecciones, junto con la selección de los jueces. Su ensamblaje de desigualdades legales e ilegales cada vez más arraigadas produce un efecto multiplicador, logrando desigualdades más profundas a medida que el control corporativo sobre el capital, el trabajo, la tecnología y la elección de jurisdicciones aquí y en el extranjero intensifica sus privilegios e inmunidades.

Todos estos impulsos en pos del máximo poder y control están madurando el Estado corporativo, a medida que Wall Street y Washington se fusionan. El presidente Franklin Delano Roosevelt, en un mensaje formal al Congreso en 1938, llamó "fascismo" al control del gobierno por el poder privado. En 1933, el juez del Tribunal Supremo Louis Brandeis escribió una opinión en la que advertía de que las grandes corporaciones se estaban convirtiendo en un "monstruo de Frankenstein" entre nosotros.

Así que, todos los luchadores contra la desigualdad entre las personas saltad a las Grandes Ligas y enfrentaos a los mayores progenitores de las desigualdades de todos: las grandes corporaciones. Agarraos a las raíces si queréis evitar los frutos amargos. Acabad con la cruel explotación que proporcionan estos dobles raseros."  
                      

(Ralph Nader, Brave New Europe, 05/02/23; traducción DEEPL)

30/9/22

Milanovic: No podemos volver a la época dorada del capitalismo

"El economista serbioestadounidense Branko Milanovíc es uno de los investigadores de la desigualdad más reconocidos a nivel mundial y es autor de muchos estudios importantes sobre la distribución del ingreso. Exdirector del Grupo de Desarrollo de Investigación del Banco Mundial, hace tiempo que Milanovíc decidió dedicarse al estudio de la desigualdad desde una perspectiva global y a la medición de la desigualdad a la vez dentro de los países y entre ellos.

El trabajo de Milanovíc es fundamental a la hora de comprender algunos de los principales rasgos del capitalismo contemporáneo. Entre ellos el aumento de la desigualdad en Occidente durante los últimos cuarenta años y en el marco de una disminución de la desigualdad a nivel mundial —que se explica en gran medida por el ascenso de las clases medias en China y en la India—, y también las distintas formas por las que pasó el capitalismo desde sus orígenes. En su último libro, Milanovíc analiza en profundidad las transformaciones más recientes del capitalismo y la emergencia de una nueva clase dominante en Occidente, que combina ingresos provenientes tanto del capital como de los salarios.

Aunque a veces Milanovíc parece sugerir que esta imagen del capitalismo contemporáneo condena la comprensión decimonónica que tenía Marx de las divisiones de clase, su último libro, Capitalism, Alone: The Future of the System That Rules the World (Belknap Press, 2021), muestra que comprende bien el análisis marxista y que, como sugiere el título, hace un gran esfuerzo por comprender la especificidad del capitalismo como sistema histórico.

Milanovíc se tomó un momento para conversar con Pablo Pryluka para Jacobin sobre su último libro y sobre los acontecimientos mundiales recientes.

PP: En tu último libro, Capitalism, Alone, tomaste una dirección ligeramente distinta de la que guiaba tus trabajos anteriores. En vez de centrarte en la desigualdad, estás más interesado en examinar los fundamentos del capitalismo. Es curioso notar que Thomas Picketty adoptó un enfoque similar en su último libro, Capital e ideología (Deusto, 2019). ¿Qué te llevó a desplazar el foco de la desigualdad hacia esta explicación más abarcadora del capitalismo?

BM: En realidad mi interés en los estudios empíricos sobre el capitalismo me acompaña desde mis épocas de estudiante universitario. Algunas de las cosas que estoy trabajando ahora son básicamente cosas que me habría gustado hacer hace cuarenta años: por ejemplo, estudiar las relaciones entre los distintos tipos de ingresos —capital versus trabajo— y cómo interactúan empíricamente en el interior de la sociedad. Esto es algo en lo que estaba realmente interesado. Pero en aquel momento no había tanta información disponible.

Mencionaste a Thomas Picketty. Él hizo un aporte importante, que fue reintroducir el tema del estudio del capital y de la importancia de los ingresos del capital en la distribución del ingreso, que habían sido prácticamente suprimidos de los estudios sobre la desigualdad de los ingresos. La idea básica de mi último libro, no tan distinta de la de Picketty, es intentar combinar lo que a veces se denomina distribución factorial del ingreso con la desigualdad interpersonal de los ingresos.

Mientras trabajaba en mi libro, algo que empecé a notar es que cada vez tenemos más hogares que son lo que denomino «homoplúticos». Con esta palabra me refiero a que las personas que tienen ingresos elevados provenientes a la vez del salario y del capital terminan generalmente en la cima de la pirámide de distribución de los ingresos. Cuando combinamos estos tipos de ventajas (es decir, propiedad de capital y trabajo) con el denominado «emparejamiento selectivo» —básicamente, casarse con alguien que tiene el mismo nivel de ingresos, el mismo nivel educativo o el mismo estatus social— terminamos en la transmisión intergeneracional de la desigualdad. En definitiva, lo que estoy describiendo es una dinámica que lleva a la formación de una élite autosustentable de la que trato en el segundo capítulo de Capitalism, Alone.

La dificultad a la hora de lidiar con algunos aspectos de la desigualdad es que no son controlables en sí mismos y ni siquiera son siempre negativos. Por ejemplo, no es malo que dos personas de estatus similar decidan casarse. Pero el hecho es que cuando lo hacen aumentan mucho sus probabilidades de ser ricos y de transmitirles muchos beneficios a sus hijos, creando así una especie de nueva aristocracia. Y este es un problema importante.
Hablando de desigualdad de los ingresos, quizás sería útil volver un poco atrás y comparar nuestra época presente con la del Estado de bienestar. ¿Cuáles eran los principales rasgos de la denominada época dorada del capitalismo de posguerra? ¿Por qué el Estado de bienestar fue capaz de reducir la desigualdad y de garantizar al mismo tiempo el crecimiento económico? ¿En qué medida el neoliberalimso deshizo este proceso?

BM: La característica principal que todos tienden a enfatizar es la capacidad de los países de Europa occidental y de Estados Unidos de, como dijiste, mantener altas tasas de crecimiento y reducir la desigualdad de los ingresos. Ahora bien, si planteamos la cuestión en estos términos, no cabe duda de que ambos enunciados son verdaderos. Los países de Europa occidental, desde 1945 hasta probablemente el final de lo que los franceses denominan Les Trente Glorieuses, tenían tasas de crecimiento que oscilaban entre el 4 y el 5%. Esto era algo absolutamente nuevo: nunca habíamos visto tasas de crecimiento tan elevadas en el pasado. En segundo lugar, también es cierto que la desigualdad efectivamente disminuyó en términos significativos. Así que ambos enunciados son verdaderos.

Pero tendría cierta cautela a la hora de hablar de los años dorados del Estado de bienestar. Viví está época, y creo que no deberíamos sobreestimarla. Tenía muchas cosas difíciles. Durante dicho período, Francia estuvo dos veces al borde de la guerra civil, con la crisis de Argelia y la resistencia, por no mencionar la organización de extrema derecha Organisation Armée Secrète, que realizaba ataques terroristas en el país y que intentó asesinar a [Charles] de Gaulle en varias oportunidades. Y había muchas situaciones similares en todo el mundo. Si fue un período tan importante, ¿por qué teníamos una dictadura militar en Grecia, o a Franco en España, a Salazar en Portugal, etc.? ¿Por qué teníamos la Baader-Meinhof o la Brigadas Rojas en Italia? Estaban pasando muchas cosas, así que deberíamos tener cautela antes de afirmar que vivíamos en una especie de utopía o Arcadia.

Pero, volviendo a tu pregunta, ¿cómo se alcanzaron simultáneamente las altas tasas de crecimiento y la reducción de la desigualdad? Pienso que la historia básica, en cuanto a las altas tasas de crecimiento, es que contábamos con el proceso de recuperación que siguió a la Segunda Guerra Mundial. En muchos países —por ejemplo, Alemania— la guerra terminó con la destrucción de capitales muy valiosos, pero se mantuvieron las calificaciones, y también la capacidad de organizar la producción. Esto implica que había una enorme cantidad de capital humano y de trabajo que había que poner en uso. Es lo que sucedió cuando hubo condiciones adecuadas, y la consecuencia fue el crecimiento.

En cuanto a la reducción de la desigualdad, pienso que lo que jugó un rol importante fue la toma de conciencia de la clase capitalista —o lo que suele denominarse el bloque burgués de los partidos— de que realmente tenía que tener mucho cuidado si no quería ser derrocada. Tenemos que recordar que en 1947, por ejemplo, los comunistas franceses estaban en el gobierno. Eran un partido muy poderoso, y sucedía lo mismo en Bélgica. En 1973, en Italia, los comunistas eran el partido más grande del país. Esto hacía que los partidos más de derecha o burgueses tuvieran que ser más conciliadores, porque querían conservar el capitalismo contra múltiples amenazas.

Y también estaba la fuerte oposición de los partidos socialistas y comunistas, que estaban conectados con los sindicatos. Encima de todo esto estaba el sistema de producción fordista que permitía que los trabajadores se organizaran en sus lugares de trabajo. En definitiva, todos estos factores hicieron que la clase capitalista fuera más permeable a las ideas vinculadas con la democracia social y con el Estado de bienestar. Pongo el énfasis en Alemania, Francia e Italia, pero había procesos similares, aunque no idénticos, en los países nórdicos.

Y después, para responder a tu otra pregunta, vino el giro neoliberal. Estuvo impulsado básicamente por la insatisfacción creciente ante el rol del Estado de bienestar y en particular de la desaceleración del crecimiento posterior a la crisis del petróleo de 1973. Creo que Margaret Thatcher supo captar realmente el clima general cuando dijo: «si queremos crecer más rápido, tenemos que deshacernos de todas estas cosas que nos lo impiden».

Así que el Estado de bienestar, que había sido percibido tan favorablemente en los años 1960, en los años 1970 empezó a ser visto como un problema que impedía el crecimiento económico. Fue un cambio dramático, aunque probablemente más en las palabras que en la realidad. Si comparamos el tamaño del Estado de bienestar de aquella época con el actual, no cambió tanto. Es menos redistributivo, de eso no cabe duda. Pero el neoliberalismo no fue capaz de derrocar el Estado de bienestar en el sentido que reivindica.

PP . También están los que afirman que el Estado de bienestar estuvo impulsado por motivos políticos, específicamente por el objetivo de compensar el atractivo del socialismo. En Capitalism, Alone leemos que el socialismo sirvió sobre todo para fomentar el desarrollo en las sociedades pobres, atrasadas y colonizadas, de las que el principal ejemplo es China. ¿Está vía al desarrollo todavía está abierta? ¿O la globalización canceló esta posibilidad?

BM: En cuanto al rol histórico general o global del comunismo, mi argumento es que fue un proceso histórico que nadie había anticipado, ni aquellos que se oponían a él, ni aquellos que participaban del movimiento. Pero, en realidad, pienso que los partidos comunistas estaban singularmente bien posicionados para efectuar dos revoluciones. Una fue liberar ciertos países de la injerencia extranjera, es decir, descolonizar estos países. Incluso en un país como China, que no era formalmente una colonia, los extranjeros se beneficiaban de aranceles aduaneros, su política económica estaba dictada en lo esencial por extranjeros, había extraterritorialidad para ciudadanos extranjeros, etc.

La segunda revolución fue ponerle fin a un cierto número de prácticas seudo o cuasi feudales, o incluso prácticas feudales reales: el rol de los terratenientes, la práctica de la usura, la situación miserable de las mujeres, la educación del pueblo, etc. El movimiento comunista en estos países sentó las bases para una transformación social que era similar a la que había realizado la burguesía en Occidente. Por supuesto, la diferencia estaba en que en Occidente no había movimientos de liberación porque había Estados independientes.

En mi libro discuto aproximadamente doce países —China, Vietnam, Argelia, Etiopía, etc.— en los que podemos observar la combinación de movimientos de independencia nacional y una especie de movimiento antifeudal que luchaba por la eliminación de los obstáculos feudales al crecimiento. En fin, pienso que esto es lo que hicieron efectivamente los movimientos comunistas, y después también, sin saberlo, sentaron las bases para el desarrollo de un capitalismo local, como sucedió en China y en Vietnam. Por supuesto, el asunto es bastante más complejo y en mi libro también discuto el rol de la Comintern en los años 1920 y la inusual decisión que tomó de formar alianzas con los partidos burgueses en los países colonizados, decisión que estaba fuera del manual marxista.

En cuanto a si esta vía sigue abierta, creo que no. Y creo que es así porque los dos factores clave —feudalismo y colonización— desaparecieron. No contamos con estas condiciones: acaso existan relaciones de tipo feudal en alguna parte de los márgenes del mundo desarrollado, pero no más que eso. Y, por otro lado, no existen más colonias formales ni informales. Por supuesto, hay países que dependen de prestamistas extranjeros, o de organizaciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial, pero no es la misma relación colonial.

PP:  Hay algunas escuelas de pensamiento en América Latina —pienso sobre todo en la teoría de la dependencia— que discutirían tu argumento. De hecho, en tu libro hay un debate con la teoría de la dependencia y me gustaría que te explayes un poco sobre este tema.

BM: Los estructuralistas latinoamericanos son un caso interesante. Naturalmente, aquellos que están más familiarizados con esta escuela podrían responder mejor, pero pienso que lo que sucedió es que, como digo en mi libro, llegaron tarde. Lo que quiero decir es que si hubiesen llegado antes, digamos en los años 1920, probablemente habrían podido posicionarse mucho más a la izquierda. Pero llegaron en los años 1960, cuando ya había cierto desencanto con la experiencia socialista y con el sistema socialista a causa del estalinismo y de los enormes costos humanos que debían soportar las personas de estos países. Y, además, la vía anticolonial que mencioné antes —la lucha combinada contra el colonialismo y contra el feudalismo— no era la misma porque América Latina se había independizado en los años 1820. Imposible repetir en los años 1960 lo que había sucedido hacía 150 años.

Creo que esta pregunta suscita un tema distinto pero relacionado. Muchas personas me preguntaron si Turquía, por ejemplo, habría podido seguir esta vía. Y pienso que la respuesta es que no, porque Turquía no había sido colonizada. Hubo ciertas insinuaciones, cuando Turquía estaba en su punto más débil, antes de la Primera Guerra Mundial, de que el país estaba en una posición colonial, pero, en realidad, era un país que había colonizado parte del Oriente Medio. Turquía, bajo la presidencia de Atatürk, hizo propio un movimiento muy fuerte y político —bastante de izquierda— que no era tan distinto del Kuomintang en China.

PP: En la primera parte de Capitalism, Alone leemos que el éxito del capitalismo dependió en gran medida de convencer al mundo de que sus objetivos más generales están alineados con los deseos y los valores que estructuran la vida cotidiana de las personas. ¿Por qué es tan exitoso el capitalismo?

BM: Lo que se necesita para que cualquier sistema tenga éxito es que haya una coincidencia o concordancia entre las necesidades del sistema y los valores que sostienen las personas. Y esto está incluso en Platón, cuando habla de cuatro sistemas imperfectos y distintos: la democracia, la tiranía, la oligarquía y la timocracia. Lo mismo vale en el caso del capitalismo: necesitamos ganancias, porque sin ganancias no hay crecimiento. Pero también, a nivel personal, tenemos que infundir un sistema de valores que coloque la adquisición de riqueza como el valor supremo y promueva la idea de que podemos convertirnos en consumidores, inversores o trabajadores, siempre con el fin de fortalecer los objetivos del sistema.

Entonces, ¿por qué tuvo tanto éxito? Aquí hay dos posibilidades diferentes. Una opción es simplemente aceptar que el capitalismo es un sistema natural, porque hay deseos humanos innatos de riqueza y de dominación. En esta línea de pensamiento, el capitalismo es el reflejo más fiel de la naturaleza humana. Estoy en contra de este punto de vista, porque creo que el capitalismo, como cualquier otro sistema, es un sistema histórico.
En realidad, creo que lo que sucedió es que el capitalismo fue capaz de satisfacer bastante bien nuestras necesidades históricas. Por supuesto, cuando hablo de necesidades me refiero a necesidades socialmente creadas. En este sentido, hasta podríamos decir que nos sentimos bastante cómodos con el capitalismo. Pero esto no significa que nuestras necesidades no puedan cambiar: podemos imaginarnos un sistema diferente, una organización de la producción diferente, más abundancia de productos, tal vez más tiempo de ocio, un sistema donde el trabajo se convierta en el factor dominante de la producción, en el sentido de que el trabajo sea escaso y el capital abundante.

PP: Una de las secciones más interesantes de Capitalism, Alone trata sobre la conexión entre el capitalismo y la democracia liberal. El argumento define dos tipos de capitalismo: el capitalismo liberal meritocrático y el capitalismo político. ¿En qué sentido estas dos versiones del capitalismo son diferentes?

BM: Pienso que, a causa de la maquinaría de propaganda capitalista de los últimos treinta años, la gente tiende básicamente a identificar el capitalismo con el sistema político liberal. Pero si revisamos el archivo histórico de los regímenes capitalistas y hacemos un balance de las sociedades capitalistas democráticas y de las no democráticas, probablemente descubramos que, en realidad, desde 1815 en adelante, menos de la mitad de los países capitalistas fueron democráticos. Y en el caso de las sociedades capitalistas democráticas, tenemos que recordar el ejemplo de países como Estados Unidos, donde el 13% de la población es dueña de todo el país y —más allá del derecho de voto— el resto de las personas son tratadas básicamente como máquinas.

Si hacemos este ejercicio mental, nos damos cuenta rápidamente de que no existe ningún vínculo necesario entre el capitalismo y la democracia política. Este vínculo es una idea bastante reciente, y lo cierto es que muchos de los países que hoy son democráticos no lo eran hace sesenta años. Basta pensar en las dictaduras militares de América Latina —Argentina, Brasil, Chile—, por no mencionar, de nuevo, los casos de Portugal, Turquía, España y tantos otros. Tomemos Indonesia, un país claramente capitalista, pero que también estaba gobernado por una dictadura. La lista es más larga: Tailandia, Alemania, Japón antes de la Segunda Guerra Mundial. Estamos hablando de los países capitalistas más grandes del mundo, y no eran democráticos.

PP: ¿Qué sentido tiene entonces distinguir entre el capitalismo político y el capitalismo liberal meritocrático?

BM: Voy a ponerlo en estos términos: una de las cosas que me llevó a escribir este libro es que empecé a sentirme muy antifukuyamista. De nuevo, empiezo por rechazar la idea de que el capitalismo y la democracia liberal estén unidos por algún tipo de vínculo necesario. Después tenemos que considerar un país capitalista poderoso como China, u otros países capitalistas similares, que divergen de los modelos políticos normales que tendemos a asociar con el capitalismo. Si tomamos el caso de la China contemporánea, podemos decir con cierto grado de veracidad que el futuro no estará dominado por un único modelo político. En parte, el mundo es demasiado complicado como para ser dominado por un único modelo político y económico.

Entonces, la pregunta es, ¿en qué sentido estos países son diferentes? Son diferentes en el hecho de que, en términos políticos, no tenemos una democracia en China. Tenemos un sistema unipartidista y el rol del Estado es tan predominante que parece inmune a los intereses privados. Un ejemplo: hace poco, el gobierno chino canceló la que habría sido la oferta pública de venta más grande de la historia mundial, la de Jack Ma y su empresa AMD.

Es más interesante todavía: en la reunión en la que decidieron esto estaban Jack Ma, una de las personas más ricas del mundo, y algunas autoridades estatales de nivel medio pertenecientes a la comisión de regulación. Esto muestra claramente el poder que tiene el Estado en China. Sería mucho más difícil hacer algo así en Estados Unidos. Imaginemos una reunión entre Elon Musk o alguien parecido y autoridades de nivel medio del Departamento de Comercio que le dicen que rehaga su oferta pública de venta.

PP: Una de las ideas principales de tu libro tiene que ver con que, si nos enfocamos específicamente en los súper ricos, observamos que la composición de capital y trabajo en esta clase cambió mucho en los últimos treinta años. ¿Podrías explicar un poco más esta idea?

BM: Tenemos que retomar el concepto de «homoplutía» que mencioné antes, que muestra que tenemos personas en la cima de la pirámide de distribución del ingreso que son ricas a la vez en el sentido del capital y en el de los ingresos laborales. Este es un hecho nuevo. Voy a ponerlo en estos términos: cualquiera que haya estudiado economía clásica, o que se haya interesado —incluso a nivel sociológico— en lo que escribieron Smith, Ricardo y Marx, sabe que estos pensadores creían básicamente que el mundo estaba dividido en clases.

En Ricardo hay terratenientes, capitalistas, trabajadores y estas tres clases prácticamente no se superponen. No significa que nunca haya habido un trabajador que haya tenido más riqueza que una persona con capital. Además, existen de hecho diferencias entre los distintos trabajadores. Pero hablando en términos generales, había pocos capitalistas más ricos que terratenientes en 1817, y casi no había ningún trabajador que, en virtud de sus ingresos, fuera más rico que un capitalista. Así que la distribución funcional del ingreso básicamente determina tu posición en la distribución del ingreso interpersonal.

Pero esto cambió con la evolución del capitalismo del siglo veinte. Ahora encontramos que en la cima de la pirámide están las personas que tienen salarios muy altos. Y no estoy hablando de personas que tienen, por ejemplo, participación accionaria en las empresas. Me refiero simplemente a personas que tienen ingresos salariales elevados: CEO, médicos exitosos, trabajadores informáticos, ingenieros, etc. Y, por otro lado, tenemos personas que acumulan muchos ingresos y después los invierten o los ahorran, o que tal vez recibieron una gran herencia de sus padres. En cualquier caso, terminan teniendo activos importantes, por los que reciben mucho dinero. Y estas mismas personas también son las que están más calificadas, así que obtienen grandes ingresos salariales.

Insisto, esto es algo nuevo. Los datos muestran que en Estados Unidos, de 1980 a esta parte, si tomamos el tramo de ingresos del 10% más rico, casi un tercio son personas que están a la vez entre el 10% más rico por ingresos de capital y el 10% más rico por ingresos salariales. De nuevo, no era así en el pasado. En los años 1970, este porcentaje de personas que estaban entre el 10% más rico tanto por ingresos de capital como de trabajo era solo el 15%. Ahora es el doble. Es lo que sucede en varios países. No todos, por supuesto: en América Latina, en México, en Brasil, por ejemplo, esta superposición no existe porque son países capitalistas más típicos, con capitalistas de primer nivel que no trabajan.

Ahora bien, la pregunta que suscitan todos estos datos es: ¿qué sucede? Es decir, ¿qué sucede cuando casi todas las personas que están en la cima de la pirámide de distribución del ingreso laboral son a la vez los poseedores de capital más grandes? Otra vez, esta situación es inédita en la historia. Hasta cierto punto, podríamos decir que es un progreso, porque no existe una asociación automática entre capital y riqueza y entre trabajo y pobreza. Pero, por otro lado, estos datos muestran una sociedad en la que todos los activos están en manos de un único grupo de personas. Y este grupo transmite estos activos a la próxima generación. Así que me parece que es interesante indagar si estas tendencias no conducen a una sociedad todavía más segmentada y estratificada que la que tenemos hoy.

PP: Hace poco cuestionaste la tendencia del Premio Nobel a ignorar a los economistas que no trabajan en el canon de la teoría económica dominante. ¿Podrías decirnos algo sobre la profesión y la disciplina de la economía? ¿Quiénes son los economistas ignorados por la economía dominante?

BM: Este debate empezó con un breve tuit, y terminó convirtiéndose en una bola de nieve. Hace poco leí el excelente libro de Avner Offer y Gabriel Söderberg, The Nobel Factor, que básicamente cuenta toda la historia del Premio Nobel. Cuando leemos esta historia, es como leer la historia de unas familias ricas: todo empieza con crímenes y saqueos. El Premio Nobel —que antes no tenía este nombre— era otorgado originalmente por el Banco Central de Suecia.

La idea detrás del premio era que reforzaría la independencia del Banco Central del gobierno socialdemócrata. No tenía el sentido que le atribuimos hoy: era un premio de derecha que supuestamente reforzaba una posición política contra el gobierno. Eventualmente, el Banco Nacional de Suecia permitió que el Comité Nacional del Nobel invirtiera en ciertos instrumentos financieros. Resumiendo una historia bastante larga, el Comité Nacional fue sobornado.

Pero dejando de lado la cuestión de los orígenes del Premio Nobel, cuando miramos los importantes acontecimientos del presente, todo apunta a China. Después de la Revolución industrial, e incluso después del gran período de expansión económica estadounidense, no tuvimos ningún acontecimiento de tanta relevancia económica como el ascenso de China. Estamos hablando de más de mil millones de personas creciendo a una tasa del 8% durante cuarenta años. Mi punto es que, aunque todos observamos esto, no tenemos ningún ganador del Premio Nobel que explique lo que está sucediendo. Nadie está estudiando China en este sentido.

Es un poco como si, en el origen de la Revolución industrial inglesa hubiésemos ignorado a Adam Smith, que estaba discutiendo el nacimiento de la sociedad industrial y el desarrollo del capitalismo, y hubiésemos dicho, «bueno, en realidad no viene al caso». Esto es lo que está sucediendo hoy en los institutos de investigación económica con China. La idea de que el capitalismo es lo mismo que la economía, y de que todo el resto es no económico, implica que no es importante entender el sistema feudal, el romano, el bizantino o el griego, y, por extensión, que no importa estudiar la China de antes de 1978. En este sentido, lo único interesante es el Occidente de los últimos treinta o cuarenta años. Más vale dejar de lado cualquier otra cosa vinculada a la historia económica, o a otros sistemas económicos.

Ahora bien, la reducción de la desigualdad es básicamente resultado del ascenso de Asia, no solo de China, sino también de India, Indonesia, etc. Esta tendencia es en cierto sentido un reflejo invertido de lo que sucedió durante la Revolución industrial, cuando, por supuesto, la desigualdad creció porque Occidente se hizo mucho más rico que el resto del mundo e hizo aumentar la desigualdad durante el siglo diecinueve. Ahora, con el ascenso de Asia, tenemos casi un reflejo invertido de estos acontecimientos: toda una región que empezó con niveles de ingresos muy bajos está enriqueciéndose y, en el proceso, está reduciendo la desigualdad global. (...)"  
                (Entrevista a Branko Milanovic, Pablo Pryluka, JACOBIN, 29/09/22)

1/8/22

El sentido de identidad estadounidense es la creencia en el "sueño americano", un ideal imaginario que ofrece un camino de prosperidad que va de los harapos a la riqueza... cuando, entre todas las naciones desarrolladas, EE.UU. se ha convertido en el país en el que es más probable que el estatus económico y social se herede y que el esfuerzo individual o incluso la genialidad no permitan conseguir nada destacable... cuando, de todas las naciones del mundo actual, es China la que ofrece más oportunidades de progreso y prosperidad creciente y, lo que es más importante, la que proporciona esta oferta a prácticamente toda la población de la nación... Es China, y no Estados Unidos, la que ha creado un entorno con un potencial de progreso verdadero y casi universal para todos

 "Estados Unidos tiene una de las ideologías nacionalistas más arraigadas de cualquier nación. Junto con las grandes histerias de masas sobre el patriotismo y la libertad, uno de los eslabones más dominantes de la cadena ideológica que crea el sentido de identidad estadounidense es la creencia en el "sueño americano", un ideal imaginario que ofrece un camino de prosperidad que va de los harapos a la riqueza.

 En este universo mítico, todas las oportunidades están disponibles por igual para todos los ciudadanos, en una tierra en la que incluso aquellos que no tienen credenciales, educación o experiencia pueden acumular riquezas incalculables e incluso llegar a ser el presidente del país. En este contexto, Estados Unidos es un mito utópico fantástico promovido por la maquinaria de propaganda como un concepto idealista de Shangri-la de oportunidades y esperanza, donde incluso los más desfavorecidos tienen una oportunidad justa de riqueza y fama.

Los estadounidenses creen casi universalmente que son únicos en este sentido, ya que Estados Unidos se define prácticamente como la tierra de las oportunidades, pero esto siempre ha sido un engaño. Si bien es cierto que EE.UU. ha acumulado comparativamente más individuos ricos que otras naciones, y que este estatus se ha transmitido al mundo como prueba de virtud, esto es mucho más una acusación de la naturaleza depredadora y antisocial del capitalismo de estilo americano que de la equidad y la oportunidad. Es cierto que la forma exclusivamente depredadora del capitalismo estadounidense creará algunos tipos de oportunidades que no existen en otros países, pero podemos desarrollar un argumento muy sólido de que no debería permitirse la existencia de esos tipos. No borremos 2008 de nuestra memoria demasiado pronto. Además, ha habido muy pocas grandes fortunas personales creadas en EE.UU. que no hayan ido acompañadas de la comisión de crímenes aún mayores, y los ejecutivos de un gran número de multinacionales estadounidenses, desde la United Fruit Company y la Standard Oil de los Rockefeller hasta Coca-Cola y Wal-Mart, deberían haber sido juzgados y ejecutados por crímenes contra la humanidad.

En efecto, EE.UU. tiene un gran número de multimillonarios, pero esto se ve directamente compensado por la gran disminución de la clase media y el enorme y creciente número de empobrecidos. La élite del 1%, los banqueros e industriales que controlan el gobierno, forzaron la legislación que los liberó de impuestos y regulaciones para permitir esa libre acumulación de riqueza. El hecho de que en otras naciones occidentales haya menos ricos extremos se ve directamente compensado por su correspondiente falta de pobreza. Basta con examinar los datos sobre la desigualdad de ingresos para darse cuenta de que las oportunidades en Estados Unidos están cada vez más reservadas a unos pocos privilegiados y que las masas no sólo están excluidas por diseño, sino que están siendo saqueadas por esos mismos pocos privilegiados.

Como ocurre con casi todas las demás afirmaciones estadounidenses de supremacía, los pocos ejemplos que se ofrecen de algo son prácticamente los únicos que existen. Los estadounidenses señalarán con orgullo a un Bill Gates o a un Warren Buffett como prueba de la veracidad de su convicción, pero Gates (William H. Gates III) era la tercera generación de la vieja guardia cuya familia estaba conectada en los niveles más altos y no, como dice el mito, un desconocido friki de la informática que abandonó Harvard y encontró oro con una buena idea. En cualquier caso, Gates y Buffett son dos individuos de 300 millones, y la brutal verdad que parece escapar a la conciencia de los estadounidenses es que estos dos acumularon su riqueza mientras decenas de millones de personas perdían sus hogares y sus empleos. 

Los estadounidenses señalan con orgullo a Apple, con sus beneficios acumulados en el extranjero de 300.000 millones de dólares, como prueba de las posibilidades ilimitadas de Estados Unidos, pero aparentemente son incapaces de ver a los millones que viven en ciudades de tiendas de campaña y duermen en las alcantarillas de Las Vegas como un resultado inevitable de la acumulación de esos mismos 300.000 millones de dólares. Y también son incapaces de ver la criminalidad de empresas como Foxconn en China que producen esos productos de Apple en lo que son esencialmente campos de concentración de trabajo forzado. Los ricos de todas las naciones no se hacen ricos porque sean más inteligentes, sino aprovechándose y casi siempre embruteciendo a los menos afortunados.

Podemos crear fácilmente una analogía casi perfecta con el sueño americano: "Todos los estadounidenses tienen la oportunidad de aprender a volar. No en un avión, sino como Superman, surcando el aire con superpoderes místicos". Por supuesto, si examinamos el panorama, encontramos muy pocos individuos que parezcan haber aprovechado esta gran oportunidad, pero esta falta de pruebas no invalida en absoluto nuestra premisa. Del mismo modo, podemos afirmar que todos los estadounidenses tienen la oportunidad de hacerse ricos y tener éxito. De nuevo, cuando examinamos el panorama, encontramos muy pocos individuos que lo hayan conseguido, pero de nuevo la falta de pruebas no sirve para invalidar nuestra premisa. Por supuesto, todo el argumento es una tontería.

 El éxito de Warren Buffett no indica más que un individuo afortunado y con talento que estuvo en los lugares adecuados en los momentos adecuados y que es notable sólo por su rareza. Tenemos unos cuantos Elon Musks y otros como él, pero de nuevo esto no es indicativo de nada. Si el sueño americano, tal y como se plantea, es real, necesitamos al menos muchas decenas de millones de individuos que hayan alcanzado alguna medida razonable de este sueño. Pero no existen, y la razón por la que no existen es que toda la narrativa del sueño americano es un fraude.

Mientras el gobierno estadounidense, controlado por sus banqueros y financieros, su élite corporativa multinacional y la FED, ha estado trabajando durante décadas para eviscerar a las clases media y baja y para efectuar una transferencia continua y masiva de riqueza al 1% superior, el 99% inferior ha estado cantando las alabanzas del sistema capitalista "democrático" del que se ha abusado progresivamente para facilitar esta transferencia. En realidad, están alabando los mismos componentes de su sistema que los están arrastrando más a la pobreza cada año que pasa. No se me ocurre mayor tributo al poder de la propaganda que el hecho de que una nación cada vez más empobrecida, inculta y desempleada no sólo esté ciega ante la fabricación deliberada de su propia desgracia, sino que adore el sistema que la permitió y venere a los individuos que la causaron.

Cabe destacar que la religión desempeña un importante papel de apoyo en la propagación de este fraude. Las versiones simplistas y simplonas del cristianismo estadounidense, con su visión bidimensional y fuertemente moralista del mundo, fomentan la creencia en el eventual triunfo de la virtud, siendo el trabajo duro, por supuesto, una característica de la virtud y el éxito una medida de su práctica. En este contexto y bajo este adoctrinamiento es perfectamente plausible que la culpa del fracaso de uno para "tener éxito" se atribuya a las propias deficiencias, y de hecho se considera como una queja culpar al sistema en lugar de a nosotros mismos por nuestra falta de progreso. Todo el mito, la base del Sueño Americano, es que el capitalismo al estilo de Estados Unidos enriquecerá automáticamente a cualquiera que trabaje duro, llenando a los individuos de una esperanza ilusoria que rara vez se hace realidad, al tiempo que les anima a culparse a sí mismos cuando fracasan.

Un autor escribió que, como casi todo en EE.UU., el Sueño Americano es una mentira, pero este mito es "tan psicológicamente seductor para aquellos que son ambiciosos y albergan esperanzas de un futuro mejor que la propia propaganda crea devotos seguidores incluso en ausencia de toda evidencia". Esta es realmente una de las grandes tragedias de la vida humana en Estados Unidos, que tantos millones de personas crean fervientemente en lo que es simplemente un cuento de hadas, diciéndose a sí mismos que "siempre hay posibilidades", cuando una mirada lúcida a su alrededor debería hacer que la mayoría saliera corriendo hacia la puerta. Y siempre son los más inocentes y crédulos, los ignorantes y desinformados, los más vulnerables, los más susceptibles a esta viciosa propaganda, como demuestran empresas como Amway.

A veces parece que la mitad del contenido de las librerías estadounidenses consiste en lo que llamamos libros de "autoayuda", destinados a darnos "el verdadero secreto" del éxito y la riqueza. Por supuesto, si un libro lograra eso, no habría necesidad de un segundo. El secreto que contienen estos libros se limita en su mayoría a alguna variación de "Tienes que creer". Y cuando no consigues encontrar oro, como inevitablemente ocurrirá, es que tu creencia no era lo suficientemente fuerte.

La realidad es que las oportunidades y el camino hacia la riqueza sólo existen hoy en día para los bien conectados, y que pocos de los brillantes, laboriosos y bien educados llegan a alcanzar la riqueza o la fama, aunque la mayoría de los estadounidenses siguen engañados creyendo que estos objetivos son realmente alcanzables. Antes era un axioma que una marea creciente levanta todos los barcos, pero en los últimos 50 años sólo han subido los yates de lujo, con el 1% superior acumulando la mayor parte de los ingresos y activos para sí mismo, mientras que la clase media ha perdido terreno constantemente y ha sido prácticamente destruida. 

Con la creciente financiarización y desindustrialización de la economía estadounidense, con la FED diseñando repetidamente auges y caídas, cada una con su correspondiente transferencia masiva de riqueza, la montaña hacia la riqueza se ha convertido en una subida muy empinada para el ciudadano medio. Muchos autores han señalado que un rasgo distintivo de la sociedad estadounidense es la estratificación social cada vez mayor, según la cual los miembros de la clase baja casi no tienen posibilidades de ascender ni siquiera a la clase media, y mucho menos de aspirar a la riqueza o a la alta sociedad. Entre todas las naciones desarrolladas, EE.UU. se ha convertido en el país en el que es más probable que el estatus económico y social se herede y que el esfuerzo individual o incluso la genialidad no permitan conseguir nada destacable.

También hay que tener en cuenta que los pueblos de todas las naciones albergan esperanzas de progreso, de mejora de sus vidas, de aumento de la prosperidad, de ausencia de carencias y necesidades, y los estadounidenses no son los únicos en este sentido. Y también hay que tener en cuenta que las oportunidades para ese progreso nunca se han limitado a los Estados Unidos, y de hecho los Estados Unidos nunca han sido únicos en este sentido. De hecho, muchas naciones tienen niveles de vida más altos y sociedades mucho más compasivas que las de Estados Unidos, y siempre ha sido tan fácil "triunfar" en Canadá, Alemania o Italia como en Estados Unidos. A pesar del excepcionalismo y el patrioterismo estadounidenses, el camino hacia el éxito o la cima nunca ha sido notablemente más fácil en Estados Unidos que en muchas otras naciones.

Y, por último, de todas las naciones del mundo actual, es China la que ofrece más oportunidades de progreso y prosperidad creciente y, lo que es más importante, la que proporciona esta oferta a prácticamente toda la población de la nación. Si bien es cierto que en China, al igual que en todas las naciones, sólo las buenas conexiones y la buena crianza le conseguirán a uno una invitación a una cena en la embajada, también es cierto que en China, como en ninguna otra nación del mundo hoy en día, una proporción tan alta de la población puede albergar esperanzas para el futuro con una probabilidad tan alta de que se hagan realidad. 

Es China, y no Estados Unidos, la que ha creado un entorno con un potencial de progreso verdadero y casi universal para todos. Y, aunque muchos estadounidenses se nieguen a creerlo, es la calidad de los líderes chinos, el hecho de que el sistema de gobierno de partido único de China y la versión única de capitalismo socialista de China lo que lo ha hecho posible. Los mismos factores a los que los estadounidenses han atribuido el presunto éxito de su nación son en realidad los mismos elementos que están destruyendo su sueño americano. 

Los signos de ambas afirmaciones son obvios dondequiera que uno se preocupe por mirar, pero para cuando los estadounidenses despejen sus mentes de las nubes de la propaganda será demasiado tarde. No estoy tan preocupado por los estadounidenses, pero me preocupa enormemente que demasiados chinos tampoco despejen sus mentes de la propaganda y la falsa marca hasta que sea demasiado tarde."

(  ha sido profesor visitante en la Universidad Fudan de Shanghai, The Unz Review, 26/07/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

25/11/21

La herencia, fuente de desigualdad: explica hasta el 35% de la brecha entre los más ricos y pobres

 "En un contexto de depresión salarial, trabajo temporal y estancamiento económico, ¿a qué se aferran miles y miles de jóvenes en todo el mundo para sostener el nivel de vida que una vez disfrutaron sus padres? A la herencia. Las transferencias intergeneracionales ocupan paso a paso el debate público, ya sea en forma de impuestos que llegan o se van (sucesiones) o en forma de inversiones en vida y respaldo familiar que facilitan acceder a determinados ámbitos laborales y sociales.

La herencia influye en tu vida. ¿Pero cuánto?

 País a país. Hay toda una corriente académica interesada de forma específica en el impacto que tienen las herencias y las donaciones intergeneracionales en la desigualdad de los países. ¿La agravan o la suavizan? Varios estudios apuntan a lo segundo: las herencias representan un % mayor en el patrimonio de las familias pobres, permitiendo a sus beneficiarios compensar parte de sus magras rentas del capital o del trabajo. Si no existieran, la desigualdad sería más alta.

Contrafactual. Otros sugieren lo contrario. Lo cierto es que sólo un porcentaje reducido de familias heredan cuantías o patrimonios lo suficientemente abultados como para que tengan un impacto en su porvenir económico a largo plazo. Y ese porcentaje reducido lo suelen copar los hogares de clase alta, aquellos que ya parten con una ventaja socio-económica antes de la transferencia intrafamiliar. Así las cosas, las herencias sólo agravarían las desigualdades de un país.

¿Pero cuánto?

 Nuevo estudio. Es lo que se propone averiguar este estudio publicado en el Oxford Economics Papers. Su metodología es compleja pero parte de un postulado sencillo: si partimos de una distribución de la riqueza equitativa e hipotética entre todos los hogares de un país, ¿de qué modo distorsionarían las herencias y las donaciones en vida tal equidad? Para averiguarlo acuden a varias bases de datos censales y económicas en cuatro países desarrollados (España, Francia, Estados Unidos, Reino Unido) y tratan de aislar el impacto de la herencia en el porvenir de cada hogar, controlando por otros factores como la edad o el género.

Resultados. Bastante significativos en materia de distribución de la riqueza. Los autores atribuyen a las herencias o a las donaciones intergeneracionales en torno al 35% en Francia, en torno al 33% en España y en torno al 31% en Estados Unidos. Sólo en Reino Unido las herencias explicarían menos de un tercio de la desigualdad nacional (en torno al 26%). El impacto del contexto familiar (cómo de rica es tu familia) explicaría asimismo el 9% en Francia, el 10% en Reino Unido, el 13,9% en España y el 16,9% en Estados Unidos. Dónde nacemos y qué recibimos con ello sería así determinante.

Era algo que hasta cierto punto podíamos intuir. Otras investigaciones recientes habían llegado a conclusiones similares. En esta, centrada en Estados Unidos, la desaparición de las herencias reducía al 57% el volumen total de la riqueza nacional del 10% de las familias más ricas (respecto al 73% previo).

El debate. Cuánto heredamos y cómo lo heredamos es un asunto candente. Lo vimos hace poco a cuenta de España: el 95% de la riqueza de la clase media es "herencia", muy en especial patrimonio inmobiliario. Cuando se habla de un "impuesto de sucesiones" muchos españoles piensan en su propia herencia, vector principal de riqueza en el país (aunque la abrumadora mayoría queden exentos). Es algo bueno pero también negativo. Como recuerda la OCDE, España es el segundo país de la organización con mayores herencias y un lastre para la movilidad social. Favorecen un status quo al margen del mérito.

El futuro. La cuestión de la sucesión es vieja. Tanto que las familias más ricas de Florencia a día de hoy siguen siendo las mismas que hace 500 años. O tanto que Adam Smith, padre del liberalismo moderno, ya las consideraba un problema en términos meritocráticos: "La Tierra y todas las riquezas que hay sobre ella pertenecen a cada generación, y la anterior no debe poseer el derecho a obstruirlas desde la posteridad". En la práctica el debate se encamina hacia un menor peso del impuesto de sucesiones y un mayor peso de la herencia en la distribución de la riqueza de cada país (en España, recordemos, la vivienda sigue siendo la inversión por defecto)."               (MOHORTE, Magnet, 02/11/21)