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28/9/21

Un estudio genético descubre que vascos y bereberes tienen un origen similar... predominan los genes de las poblaciones iberas iniciales, que escaparon en parte a las invasiones celta, romana y árabe. El resto de los iberos se mezcló más con los invasores, sobre todo celtas y árabes.

 "El análisis genético comparado de poblaciones vascas, del resto de España, sardas y argelinas ha llevado a la conclusión de que en los vascos predominan los genes de las poblaciones iberas iniciales, que escaparon en parte a las invasiones celta, romana y árabe posteriores. Entre sus antepasados predominarían, según los genes HLA estudiados por científicos españoles, los norteafricanos blancos de hace más de 10.000 años, de los que descienden los actuales bereberes. El resto de los iberos se mezcló más con los invasores, sobre todo celtas y árabes.

Estudiando la frecuencia de los genes HLA se puede elaborar el árbol de parentesco de las poblaciones humanas a lo largo de la historia. Es lo que han hecho los investigadores dirigidos por Antonio Arnaiz, catedrático de la Universidad Complutense, en vascos de San Sebastián, españoles de Madrid y argelinos de Argel. Ahora se están haciendo estudios similares en la población del Marruecos.Los HLA son genes muy variables que se utilizan para singularizar personas en estudios de paternidad y poblaciones en estudios antropológicos y para elegir las parejas donante-receptor en los trasplantes. En anteriores estudios se había encontrado que los vascos, sardos y el resto de los españoles están más cercanos en el árbol de parentesco a las poblaciones africanas que al resto de las poblaciones europeas, y apuntaban la existencia de un parentesco preneolítico entre ellos.

Por el Estrecho

El estudio de los genes HLA en una población de Argel, el primero que se hace con este detalle, señala Arnaiz, demuestra que los argelinos tienen un gran componente de genes de la población blanca paleonorteafricana (los actuales bereberes), que ocupaba el territorio norteafricano antes de las invasiones árabes del siglo VII. El parentesco genético de los argelinos resulta así ser muy estrecho con la población española en general, con los vascos y también con los sardos, otra población que se ha mantenido relativamente aislada, por su insularidad.Esto demostraría o bien que los iberos poblaron en alguna época preneolítica el norte de África o bien que pobladores blancos norteafricanos cruzaron el estrecho de Gibraltar hacia la península Ibérica. Lo último sería más probable, debido a los cambios climáticos que dieron lugar al actual desierto del Sáhara.

El origen común genético de vascos y argelinos casa con las similitudes encontradas por algunos lingüistas entre las lenguas vasca y la bereber, hablada por los miembros de este grupo étnico que viven en la actualidad en el norte de África.

Estos resultados han sido presentados en el congreso sobre Genoma Humano Europeo, celebrado los pasados 9 y 10 de noviembre en Barcelona, donde fueron corroborados, según Arnaiz, por otros dos trabajos, uno de ellos sobre el cromosoma Y de sardos y vascos, y otro con referencia a los argelinos. Los trabajos han sido publicados en revistas científicas, los últimos en Human Inmunology y Tissue Antigens, este año.

Para la muestra de vascos españoles se han tomado 82 personas de San Sebastián con apellidos característicos vascos en la últimas tres generaciones. Para el resto de los españoles se han tomado 176 personas de Madrid, consideradas como muestra representativa de la población española en general dada la gran inmigración que ha habido desde que dio comienzo la revolución industrial

Aislado genético y cultural

En el caso de los argelinos se ha partido del estudio del ADN de 106 ciudadanos de Argel que no habían recibido genes europeos durante al menos tres generaciones. Los estudios han sido financiados en parte por el Fondo de Investigaciones Sanitarias.De acuerdo con los estudios, los vascos representarían un aislado genético y cultural relativo de las poblaciones iberas iniciales. McEvedy y Jones, en su Atlas de poblaciones, recuerda Arnaiz, parten de que los habitantes antiguos de la península Ibérica recibieron una mezcla significativa de genes de los celtas de Centroeuropa (50% de nuevos genes) durante el primer milenio antes de Cristo. Luego las aportaciones de otros invasores fueron más bien comerciales y culturales que genéticas, con la excepción de la de los árabes, que en número de unos 30.000 (entre ellos muchos bereberes) se mezclaron con los aproximadamente cuatro millones de habitantes de la península Ibérica en el siglo VIII."                 (Malen Ruiz Elvira, El País, 24/11/95)

17/5/21

El nacionalismo populista es un pluto-populismo, porque suele haber un núcleo de plutócratas que buscan promover y explotar el éxito del movimiento... pero La búsqueda de la libertad nacional y la autodeterminación es una de las grandes fuerzas progresistas del mundo y nunca debe entregarse dócilmente a los demagogos de derecha

 "(...) Aunque el Partido Laborista pueda restar importancia al Brexit y evitar discutir lo que podría llamarse "la cuestión nacional" en la política británica, el problema no desaparecerá. Habría sido mucho mejor para el partido haber aceptado que la búsqueda de la autodeterminación nacional es una de las fuerzas impulsoras del mundo moderno y no puede tratarse como un accidente desafortunado.

 La identidad comunitaria ya no está arraigada en la clase, en la medida en que siempre lo estuvo, sino que es el producto de la brecha cada vez más profunda entre las regiones metropolitanas prósperas y las que quedan atrás; la división geográfica coincide en parte con el creciente enfrentamiento entre los educados y los no educados y los jóvenes y los ancianos.

 El nacionalismo populista se ha conectado a estas diferencias, pero también ha agregado otras más venenosas a su arsenal político. Como fórmula para ganar y mantener el poder, comenzó a tomar su forma final hace unos 25 años, aunque sus mayores triunfos son mucho más recientes. 

La primera vez que vi que Benjamin Netanyahu lo utilizó con éxito cuando fue elegido primer ministro israelí en 1996, un trabajo que todavía ocupa a pesar de algunas interrupciones y constantes acusaciones de corrupción. El líder israelí ha tenido muchos emuladores a lo largo de los años, particularmente en la última década. 

Desde Brasil hasta Filipinas y desde Turquía hasta la India, los políticos afirman estar reafirmando el poder de su estado nacional. Lo describen como amenazado desde una miríada de direcciones, a menudo demonizando a una minoría doméstica como los palestinos en Israel, los musulmanes en Francia, los negros y los inmigrantes en los Estados Unidos, los kurdos en Turquía.

 Por lo general, existe un culto a la personalidad, con seguidores que atribuyen poderes mágicos a líderes como Donald Trump en los EE. UU., Narendra Modi en la India, Recep Tayyip Erdogan en Turquía; lamentablemente, la lista es demasiado larga para dar todos los nombres. 

 El fenómeno a veces se denomina pluto-populismo, porque suele haber un núcleo de plutócratas que buscan promover y explotar el éxito del movimiento. Los beneficios para ellos vienen en forma de impuestos más bajos, menos regulación de negocios y contratos rentables, mientras que la parte genuinamente populista y socialmente radical de su programa es marginada y olvidada. Trump entregó rápidamente a sus ricos partidarios los impuestos y las regulaciones, pero la reconstrucción de la infraestructura estadounidense y el regreso de empleos industriales bien remunerados nunca sucedieron. 

El auge del nacionalismo populista en todo el mundo puede dar la impresión de que es una apisonadora política imparable. Sin embargo, el éxito de los líderes tóxicos a menudo se ha derivado de una espectacular incompetencia y una división rencorosa por parte de sus oponentes. Donald Trump declaró con frecuencia que no habría sido elegido sin Hillary Clinton librando la peor campaña presidencial en la historia de Estados Unidos. 

 La variante británica del nacionalismo populista puede ser menos violenta y caótica que sus contrapartes en otros lugares, pero comparte muchas de sus características. Lo que hundió al laborismo en Hartlepool y en otros lugares no fue principalmente “Covid y Corbyn”, como declaró el ex ministro de Tony Blair, Lord Mandleson, sino las consecuencias a largo plazo del Brexit que destruyeron las alianzas progresistas de las que dependía el laborismo. 
 
Y el Brexit fue en sí mismo solo un síntoma de la medida en que cada cuestión política importante ahora adquiere una forma nacional o tiene un aspecto nacional importante. La votación por el Brexit, y por lo tanto por una cierta versión del nacionalismo inglés, por parte de los antiguos votantes laboristas en lugares como los valles galeses y el noreste industrial puede haber comenzado como un voto de protesta contra el statu quo político y social, pero rápidamente se convirtió en parte de la identidad de esos votantes. 
 
Revertir la votación del referéndum nunca iba a ser factible y los intentos de hacerlo solo provocaron una poderosa contrarreacción. La tendencia populista-nacionalista no es irreversible pero será difícil de lograr. Trump perdió la Casa Blanca, aunque solo por un pelo, solo por su grotesco mal manejo de la epidemia de Covid-19.
 
 Por el contrario, Johnson y los conservadores se benefician de reclamar todo el crédito por el éxito del programa de vacunación, aunque esto fue más una consecuencia de la calidad de la ciencia británica y del NHS. Los laboristas, y otros oponentes del nacionalismo populista, nunca se han enfrentado realmente a sus fortalezas y debilidades en Inglaterra y Escocia. 
 
Nunca debería haber sido considerado como uno de los trucos sucios de la historia o como una fase dañina pero temporal. La búsqueda de la libertad nacional y la autodeterminación es una de las grandes fuerzas progresistas del mundo y nunca debe entregarse dócilmente a los demagogos de derecha como vehículo para sus creencias tóxicas."                    (Patrick Cockburn, Brave New Europe, 11/05/21)

2/6/17

La lógica etnonacionalista explica procesos como la maximización de la diferencia, la movilización de emociones negativas y la manufactura de los contenciosos en términos innegociables

"El escritor serbio Danilo Kiš escribió en Penas precoces que “dos hombres que hablan diferentes lenguas pueden entenderse de alguna manera si son personas de buena voluntad y están cuerdos”. Desde aquí podría explicarse qué ocurre en aquellas sociedades que compartiendo dos lenguas no se entienden. Kiš murió en 1989. 

Poco antes había escrito premonitoriamente que “el nacionalismo es la línea de menor resistencia, el camino fácil”. Cuando se mienta Yugoslavia en relación al contencioso catalán hay una reacción instintiva: otra vez con la tabarra del miedo.

 Pero este argumento pasa por alto varios supuestos: Yugoslavia fue un estado multinacional envidiado durante décadas y su implosión/destrucción fue el resultado de una crisis múltiple con tres expresiones principales, ideológica –la caída del Muro–, económica y política –arquitectura territorial–. 

En este contexto, la opción del enfrentamiento interétnico fue el camino elegido por las élites para conservar el poder. Los hechos han dado la razón a Kiš: el nacionalismo ha roto los lazos cívicos. La destrucción de Yugoslavia comenzó con el ataque a la idea de la unidad federal.

Los conflictos balcánicos son una metáfora que ilumina ciertas lógicas. Como el Holocausto, que Bauman nos alienta a ver como una ventana o una lente y Primo Levi como un laboratorio. Lo que importa entonces es mirar lo que ocurrió en esos escenarios antes de que se convirtieran en el cliché que hoy nos asusta.

Esa lógica empieza por la creación del foso identitario. Escribe Semprún desde las sombras de Buchenwald: “‘Nosotros’, ‘los nuestros’, he aquí una de las palabras clave del lenguaje estereotipado con el que se hacen las hogueras y la armazón de las guillotinas”. Y este ‘nosotros’ previo a la limpieza de los ‘otros’, comienza en casa, con la estigmatización de los no adeptos.

Se señalaba antes que se trata de pautas generalizables. En La cara oscura de la democracia, Michael Mann lo argumenta con detalle. La primera consecuencia de la lógica etnonacionalista es que empaqueta a los colectivos en un molde organicista homogeneizador, letal para el pluralismo, la convivencia y la fraternidad.

 Es lo que ocurre en frases como “España contra Cataluña” o en las consideraciones de Jordi Pujol sobre los andaluces como hombres a medio hacer. Hay muchas Españas y muchas Cataluñas, y precisamente hay ciudadanos catalanes que se sienten menoscabados por la patrimonialización del patronímico e irritados porque el pueblo esencial del nacionalismo uniformiza un paisaje social plural y mestizo.

Sea como fuere, lo que interesa de la mirada comparativa es la enormidad de los costes de estas derivas. Y ello, en el engranaje actual, aconseja poner el énfasis en prevenir o revertir las decisiones que abocan a la ruptura. 

No van en esa dirección la incomunicación, la retórica inflamada, las llamadas a rebato o la minimización interesada de los costes de una secesión. Sabemos, los casos anteriores lo ilustran, que en estos contextos se refuerzan los sectores ultranacionalistas y se favorecen coaliciones cruzadas que benefician a los extremos. 

La lógica etnonacionalista explica procesos como la maximización de la diferencia, la movilización de emociones negativas y la manufactura de los contenciosos en términos innegociables (todo o nada, ganar o ganar, referéndum o referéndum, etc.). Lo que a su vez explica la insensibilidad al riesgo y hace probables las salidas más dañinas en términos de coste social, de coste para los de abajo. 

El contexto de la doble crisis –de un lado, la falta de legitimidad de los principales partidos sumidos en la corrupción, CiU en Cataluña y el PP en el resto de España; y de otro, el reparto desigual del coste de las medidas de ajuste que caen en las espaldas de las clases populares– ayuda a entender el atractivo de la vía identitaria como salida mágica. Ya ha ocurrido, y está ocurriendo en otros lugares, como Francia o Reino Unido.

Probablemente es tarde para remediar algunos daños, pero no lo es para impedir los que traería esa colisión que algunos parecen a la vez prometer y desear. Desde luego no es tarde para negar que haya un ‘nosotros’ y un ‘ellos’ en este contencioso, que haya un Ebro, y un extrarradio en las poblaciones catalanas, que divida la geografía de los valores cívicos y de la vida común de siglos en polos antitéticos condenados a colisionar.  (...)"                 

(Martín Alonso es  politólogo. Firman también el artículo Ignacio Alonso, Mercedes Boix Rovira, Marcos Gutiérrez Sebastián, Carlos Jiménez Villarejo, Salvador López Arnal, Francisco Javier Merino, Jesús María Puente, Luis Roca Jusmet, Yolanda Rouiller, Teresa Soler y Josu Ugarte Gastaminza, Alternativa Ciudadana Progresista, 25/05/17)

10/2/14

El factor responsable del hecho diferencial catalán y alemán es el modelo de familia troncal basada en la autoridad paterna y el reparto desigual de la herencia en beneficio del primogénito

"(...) Lo cual plantea inquietantes enigmas culturales, entre los que destaca la súbita conversión de los catalanes al nacionalismo étnico, victimista y antiespañol. ¿Cómo es posible que el pueblo más culto, moderno e ilustrado de la península Ibérica haya caído en semejante regresión irracional?

 Algunos podrían pensar que tal ensoñación ilusoria solo resulta explicable por la eficaz propaganda de unas élites políticas que explotan la credulidad del pueblo catalán para desviar la atención de su propia ejecutoria neoliberal. Pero con esta interpretación regresamos al punto de partida, pues sigue sin entenderse cómo la población española más escolarizada y de mayor desarrollo cívico haya podido caer víctima de tanta manipulación. 

Y en seguida surge como precedente lo que una historiadora catalana (Rosa Sala Rose) llamó “el misterioso caso alemán”: ¿cómo se entiende que el pueblo más avanzado de Europa inventase el nacionalismo völkisch? Al decir esto, no pretendo recurrir a la llamada “banalización del nazismo”, pues de ninguna forma cabe pensar que el catalanismo pudiera caer nunca en la criminalidad nazi.

 Pero sí deseo subrayar la flagrante contradicción que existe entre una sociedad vanguardista que en lo material y lo cultural siempre ha estado a la cabeza de España, como es la catalana, y una ideología política tan regresiva e involucionista como es el nacionalismo völkisch: un caso típico de lo que Jeffrey Herf llamó modernismo reaccionario.

Y la explicación que me parece más plausible del enigma catalán es la misma que la del misterioso caso alemán: el factor responsable del hecho diferencial catalán y alemán es el modelo de familia troncal (también genuino de la comunidad foral vasconavarra), basada en la autoridad paterna y el reparto desigual de la herencia en beneficio del primogénito con exclusión del igualitarismo fraterno. 

Pues, tal como ha argumentado el demógrafo histórico Emmanuel Todd, este tipo de familia da lugar a una antropología política basada en el diferencialismo particularista y el autoritarismo jerárquico, típicos del nacionalismo völkisch. 

 Y esto explica tanto la insolidaridad de la Alemania de Merkel con el resto de la Unión Europea como la negativa de los catalanes a compartir la caja común española del igualitario café para todos.

Pues bien, esta interpretación basada en el tipo cultural de familia troncal también permite explicar que, a la hora de plantear su demanda de secesión, las élites catalanas la formulen como un divorcio unilateral y contencioso, en lugar de inspirarse en el divorcio de mutuo acuerdo.

 Es lo que se ha denominado impropiamente la deslealtad del soberanismo catalán en su propuesta de consulta secesionista, pues en lugar de pactar la pregunta (y las reglas del referéndum) con el Gobierno central, como se ha hecho por ejemplo en el caso escocés, se ha preferido imponerlo unilateralmente por anticipado, sin consultarlo con la otra parte afectada, según la fórmula anunciada el pasado 12 de diciembre.

 Esta deslealtad unilateral, que revela su contenciosa premeditación, es la que obligó al PSC a retirarse de la consulta del derecho a decidir. (...)"                (EL PAÍS 31/12/13, ENRIQUE GIL CALVO, en Fundación para la Libertad)