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8/9/22

La estanflación: de la tragedia a la farsa... Dado que los elementos de la espiral de precios y salarios de la década de 1970 son ahora insignificantes, es más probable que la inflación disminuya una vez que los cuellos de botella de la oferta se suavicen. Pero la espiral salarios-precios también ha sido sustituida por una espiral beneficios-precios... “el crecimiento de los beneficios empresariales ha superado con creces el de los salarios de los trabajadores”... Las empresas se aprovechan de tal situación, trasladando los costes a sus clientes. ¡Los beneficios netos de las cien mayores empresas estadounidenses “aumentaron como media el 49% y en un caso hasta el 111.000%”!... Las autoridades deberían frenar el poder de las empresas, mejorar la competencia y proteger a los más vulnerables

 "Medio siglo después de la estanflación de la década de 1970, las economías se están desacelerando. Incluso contrayéndose a medida que los precios vuelven a subir. El Banco Mundial adviertía en junio de que “el aumento de los precios de la energía y de los alimentos aumenta el riesgo de un período prolongado de estanflación mundial que recuerde al de la década de 1970”. Y en marzo, la agencia Reuters informaba: “Dado el aumento de los precios del petróleo, la preocupación ante la agresividad de la política monetaria de la Reserva Federal y el temor a la agresión rusa en Europa del Este, la sensación en Wall Street se asemeja a un retorno a la década de 1970”.

Peor aún, parece que se han aprendido pocas lecciones del último episodio de estanflación registrado. No existe una definición formal acordada de estanflación, que se refiere a la combinación de estancamiento económico y alta inflación, esto es, a la situación en la que el desempleo y los precios aumentan simultáneamente. Cuando el crecimiento es débil y hay muchos desempleados, los precios raramente suben, lo cual mantiene la inflación baja. Lo contrario ocurre cuando el crecimiento es fuerte. Esta relación inversa entre la actividad económica y la inflación se rompió con las perturbaciones procedentes de lado de la oferta, en particular las subidas de los precios del petróleo y de otros productos primarios registradas entre 1972 y 1975.

Los precios de los productos primarios no petroleros del índice de The Economist se duplicaron con creces entre mediados de 1972 y mediados de 1974. Los precios de algunos productos básicos, como el azúcar y el fertilizante de urea, ¡se multiplicaron por más de cinco! El encarecimiento de la energía elevó los gastos de producción, por lo que las empresas subieron los precios y recortaron los puestos de trabajo. Dado el aumento de los precios de los alimentos, del combustible y de otros productos, el aumento de los costes, unido a la pérdida de ingresos, redujo la demanda agregada, lo cual frenó aún más la economía. 

La Fed ahoga la economía para reducir la inflación

Años antes de convertirse en presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed) en 2006, Ben Bernanke coescribió un artículo en el que se señalaba lo siguiente: “Al examinar más específicamente los episodios individuales de recesión asociados a las crisis de los precios del petróleo concluimos que [...] las crisis petrolíferas no fueron per se una causa importante de estas recesiones”. Este grupo de investigadores concluía indicando que “una parte importante del efecto de las crisis de los precios del petróleo en la economía no se debe a la variación de los precios de este, sino al consiguiente endurecimiento de la política monetaria”. Sus conclusiones corroboraron otras, como las de James Tobin.

 Siguiendo a Milton Friedman y Anna Schwartz, otros economistas también constataron que “durante la era de posguerra se ha producido una serie de episodios en los que la Reserva Federal ha intentado, en efecto, inducir deliberadamente una recesión para disminuir la inflación”. La Reserva Federal estadounidense comenzó a subir los tipos de interés a partir de 1977, induciendo una recesión en la economía estadounidense en 1980. La economía se recuperó brevemente cuando la Fed dejó de subir los tipos, pero esta incipiente recuperación pronto terminó cuando el presidente de la Fed, Paul Volcker, los subió de forma aún más brusca. El tipo de interés de los fondos federales pasó de alrededor del 10 a casi el 20%, desencadenando una “recesión extraordinariamente dolorosa”. El desempleo aumentó hasta casi el 11% en el conjunto del país, siendo el más alto de la posguerra, y hasta el 17% en algunos estados, como Michigan, dejando perniciosas secuelas a largo plazo. Las subidas de los tipos de interés redujeron las inversiones necesarias. Y fuera de la economía estadounidense, estas fuertes y rápidas subidas de los tipos de interés desencadenaron las correspondientes crisis de la deuda en Polonia, América Latina, el África subsahariana, Corea del Sur y otros lugares.

Las políticas económicas abiertas aplicadas precedentemente supusieron, según el economista William Easterly, “el aumento de los tipos de interés mundiales, el incremento de la carga de la deuda de los países en vías de desarrollo y la desaceleración del crecimiento en el mundo industrial [...] contribuyendo al estancamiento de los países en vías de desarrollo”. Los países que prendieron obtener el apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI) tuvieron que aceptar severas condiciones en lo referido a las políticas de austeridad fiscal, liberalización, desregulación y privatización. Al hilo de la caída de las rentas per cápita y del aumento de la pobreza, América Latina y África “perdieron dos décadas”.

Reedición de la estanflación

El economista jefe del FMI, Pierre-Olivier Gourinchas, reiteró recientemente que “la inflación es una preocupación primordial”. El Bank for International Settlements ha advertido: “Podemos estar llegando a un punto de inflexión más allá del cual se extiende y se afianza una psicología inflacionista”. Los esfuerzos antiinflacionistas de los bancos centrales consisten principalmente en subir los tipos de interés. Este planteamiento ralentiza las economías, acelera las recesiones y, a menudo, desencadena crisis de deuda sin sofocar el aumento de los precios derivados de las perturbaciones de la oferta. Las recuperaciones económicas de la crisis financiera mundial de 2008-2009 se mantuvieron tibias durante una década después de que se abandonaran rápidamente las respuestas fiscales inicialmente audaces. Mientras tanto, el recurso a la “flexibilización cuantitativa” y a otras políticas monetarias no convencionales y luego la pandemia del covid-19 elevaron la deuda a niveles sin precedentes.

 Las respuestas comerciales proteccionistas dadas a la última crisis financiera mundial, la “deslocalización” por parte de Estados Unidos y Japón de la inversión extranjera en China, la pandemia, la Guerra de Ucrania y las sanciones impuestas contra Rusia y sus aliados han revertido la liberalización comercial precedente. El aumento de los tipos de interés en el Norte rico ha desencadenado la fuga de capitales, provocando la depreciación de las monedas de los países en vías de desarrollo, especialmente frente al dólar estadounidense. La ralentización de la economía mundial ha reducido la demanda de muchas de las exportaciones de los países en vías de desarrollo, mientras la mayoría de las remesas de los trabajadores migrantes disminuyen. Las subidas de los tipos de interés han agravado las crisis de la deuda, especialmente en el Sur global. Los países más pobres han visto como aumentaban los pagos derivados de su endeudamiento por un importe de 11 millardos de dólares, al tiempo que se preparaban para afrontar las inminentes crisis alimentarias que se avecinan. Así pues, la vulnerabilidad de los países en vías desarrollo se han agravado por tendencias internacionales sobre las que tienen poco control.

Lecciones no aprendidas

La inflación por el lado de la oferta es muy diferente de la inflación por el lado de la demanda. Sin evidencia alguna, quienes se muestran muy intransigente ante la inflación insisten en que no actuar con urgencia hoy será más costoso mañana. Esto puede suceder si el aumento de la demanda es la causa principal de la inflación, especialmente si el aumento de los costes se traslada fácilmente a los consumidores. Sin embargo, los episodios de aceleración peligrosa de la inflación son muy raros. Actuar con demasiada rapidez contra una inflación producida bruscamente por el lado de la oferta puede ser imprudente. Las crisis energéticas de la década de 1970 despertaron un mayor interés por la eficiencia energética, pero la subida de los tipos de interés durante la década siguiente disuadió las inversiones necesarias, incluso las que lo eran para revertir el declive o el estancamiento del crecimiento de la productividad.

El aumento de los tipos de interés también aceleró las recesiones. No obstante, las subidas similares de los precios de las materias primas y de los alimentos en los episodios de estanflación de la década de 1970 ocultan importantes diferencias. Por ejemplo, la “indexación salarial”, que vincula los aumentos salariales a las subidas de los precios, potenció la espiral inflacionista de la década de 1970, pero la desregulación del mercado laboral a partir de la década siguiente ha acabado en gran medida con dicha indexación. El FMI reconoce que la globalización, la “deslocalización” y el cambio técnico que ahorra mano de obra han debilitado la sindicalización y el poder de negociación de los trabajadores.

 Dado que los dos elementos de la espiral de precios y salarios de la década de 1970 son ahora insignificantes, es más probable que la inflación disminuya una vez que los cuellos de botella de la oferta se suavicen. Pero la espiral salarios-precios también ha sido sustituida por una espiral beneficios-precios. Las reformas llevadas a cabo desde la década de 1980 también han aumentado el poder de mercado de las grandes empresas.

Así, la mayor discrecionalidad de las empresas y la reducción de la fuerza de los trabajadores han aumentado las cuotas de beneficios, incluso durante la pandemia. En noviembre de 2021, Bloomberg observó que “el rapidísimo crecimiento de los beneficios desde 1950 desmiente la historia de la inflación salarial propalada por los directores ejecutivos de las empresas”. Mientras tanto, The Guardian descubrió que “el crecimiento de los beneficios empresariales ha superado con creces el de los salarios de los trabajadores”. Las empresas se aprovechan de tal situación, trasladando los costes a sus clientes. ¡Los beneficios netos de las cien mayores empresas estadounidenses “aumentaron como media el 49% y en un caso hasta el 111.000%”!

Mientras tanto, muchos más consumidores luchan por satisfacer sus necesidades básicas. Las subidas de los tipos de interés también han perjudicado a los asalariados, ya que la caída de la participación del trabajo en la renta nacional se ha visto exacerbada por el estancamiento, e incluso la contracción, de los salarios reales. Los responsables políticos deberían, por lo tanto, aliviar los cuellos de botella procedentes de la oferta y abordar los desequilibrios existentes para acelerar así el progreso, y no aumentar los tipos de interés para provocar todo lo contrario.

Así, las autoridades deberían frenar el poder de las empresas, mejorar la competencia y proteger a los más vulnerables. Permitir que las subidas de los precios internacionales se transmitan, al tiempo que se protege a los vulnerables, puede acelerar la transición hacia un consumo y una producción más sostenibles, incluido el uso de energías renovables más limpias."

(Artículo traducido por El Salto con permiso de sus autores. Anis Chowdhury  es Adjunct Professor, Western Sydney University, Australia. Jomo Kwanme Sundaram   es Visiting Senior Fellow en el Khazanah Research Institute, Visiting Fellow en el Initiative for Policy Dialogue, Columbia University. El Salto, 23/08/22)

1/12/21

Turiel: “La escasez de materiales es una estaca en el corazón de la transición energética”... el pico de los combustibles fósiles: ya se está notando el efecto de desinversión de las compañías petroleras y gasísticas... y las dificultades para la implantación de las energías renovables: la síntesis de los problemas de las renovables es que tienen un potencial limitado, en todo caso finito; dependen de los combustibles fósiles y materiales raros; y están orientadas a la producción de electricidad, lo que trae consigo el problema de la conversión... ¿Cuál sería entonces un modelo factible? Un modelo en el que se produjera cierta cantidad de electricidad, pero donde el aprovechamiento principal de las renovables no fuera eléctrico... El modelo actual se basa en la globalización, que ha sido posible por la abundancia de energía barata... El fin del petróleo barato lleva forzosamente a lo contrario: la relocalización.

 "El teléfono del despacho de Antonio Turiel (León, 1970) en el Instituto de Ciencias del Mar no deja de sonar desde hace unas semanas. Los motivos: la escasez de materiales y la crisis energética. Periodistas, empresas y administraciones cada vez muestran más interés por hablar con él, especialmente desde que compareció en el Senado ante la Comisión de Transición Ecológica para hablar sobre los retos de una transición energética sostenible. Lo hizo en calidad de Doctor en Física Teórica experto en recursos energéticos, aunque también es matemático y centra su trabajo en la oceanografía por satélite. En sus intervenciones públicas, al igual que en el blog The Oil Crash y el libro Petrocalípsis, dibuja un escenario complicado: los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) han comenzado su declive o están a punto de hacerlo, y las renovables no pueden sustituirlos siguiendo el modelo actual. El científico del CSIC considera que la tecnología no va a servir para hacer frente a la situación si no abandonamos la idea de crecimiento. En esta entrevista, hablamos con él de todo ello y de otras derivadas de la crisis energética: el desabastecimiento, las complicaciones en el suministro de gas, el aumento de la factura de la luz, el riesgo de un apagón en Europa Central o las limitaciones del coche eléctrico.

El pico del diésel

Últimamente se habla mucho de desabastecimiento: faltan microchips, combustible en las gasolineras británicas o algunos artículos de la campaña de Navidad. ¿Por qué parece que falta de todo?

Hay razones que son coyunturales: volver a poner todo en marcha después del parón de la pandemia ha costado mucho esfuerzo y ha habido cuellos de botella logísticos. Esto se dice continuamente y es verdad. Pero el factor más relevante ahora mismo es el energético, que repercute de muchas maneras, no todas claramente visibles. El barril de petróleo está ahora en unos 85 dólares, un precio relativamente alto, pero no de ruptura. Como estamos lejos de los 120 dólares, que se considera un precio que lleva a la quiebra a la economía global, la gente no piensa en el petróleo como causante de esta situación. Pero aquí hay un error importante porque nosotros no utilizamos el petróleo en crudo, sino combustibles derivados del petróleo, y lo que escasea es el diésel.

¿Por qué escasea?

Porque el petróleo crudo convencional, el que sirve para hacer más cosas y es más fácil de extraer y procesar, llegó a su máximo en 2005. La producción lleva 16 años sin aumentar y en los últimos años ha empezado a caer. Para compensar la falta de petróleo crudo convencional, hemos extraído otros líquidos más o menos similares al petróleo, los llamados ‘petróleos no convencionales’, pero no valen para hacer lo mismo. En particular, lo que más ha subido en los últimos años es el petróleo del fracking, el petróleo ligero de roca compacta, que no vale para hacer diésel. Por eso en 2015 llegamos al pico de la producción de diésel. En 2019 la producción empezó a bajar y ahora se está estrellando: ha caído cerca de un 15% respecto a los máximos.

¿Esto está afectando al conjunto de la economía?

El diésel es la sangre del sistema. Mueve los camiones, las excavadoras, los tractores e, indirectamente, los barcos. Antes los barcos podían utilizar combustibles de peor calidad, pero desde el 1 de enero de 2020 ha entrado en vigor la nueva normativa marítima internacional (IMO 2020), que limita las emisiones de azufre. Por eso los barcos ahora necesitan un tipo de combustible que, aunque no es exactamente igual que el diésel, compite con él en la misma franja de destilación y refinería. Además, los destilados medios que están en la misma franja que el diésel han caído un 50% desde 2008. Todo ello ha contribuido a que el coste del transporte por barco se haya multiplicado por 10 desde el año pasado. Esta situación también ha hecho que se incrementen los costes de los trabajos de minería en todo el mundo. Algunas minas están electrificadas, pero la mayoría, no. Todo en ellas se hace con diésel. Por eso se están cerrando y abandonando proyectos de nuevas minas de muchos materiales, incluyendo el carbón, cuyo pico fue en 2014, y el uranio, cuyo pico fue en 2016.

¿Y qué hay del gas?

Se espera que el máximo sea en algún momento entre 2020 y 2030. El último informe de la Agencia Internacional de la Energía lo muestra por primera vez. Pero Europa ya ha llegado a su máximo de suministro, porque el gas no es tan fácil de transportar como el petróleo. Los productores que nos lo hacen llegar por tierra, Argelia y Rusia, alcanzaron su máximo hace 10 años y su consumo interno sigue creciendo, por lo que sus exportaciones bajan. La maniobra que está haciendo Argelia de no pasar el gas por Marruecos en realidad es porque no pueden mantener las exportaciones de gas. Esto hace que Europa se tenga que aprovisionar de otros países. El gasoducto que viene por Turquía desde Oriente Medio nos proporciona una gran cantidad de gas, pero tiene sus limitaciones, así que el resto tiene que venir por barco, y eso requiere unas instalaciones muy costosas. Hay que licuar el gas en origen, transportarlo en un buque metanero a 160 grados bajo cero y, al llegar a destino, regasificarlo. Por eso el gas que se importa por barco es tres o cuatro veces más caro que el que viene por gasoducto. El problema del precio del gas ha venido para quedarse. Cuando haya menos demanda o entremos en recesión, el precio bajará, pero el problema de suministro va a persistir y el precio se volverá a encarecer. Esta situación tiene una cadena de interacciones tremenda porque, por ejemplo, el gas repercute en el precio de la electricidad.

 

¿De qué forma?

En España, para la fijación de precios en el mercado mayorista, donde las comercializadoras compran el gas, empleamos un sistema marginalista. Es decir, se paga la electricidad, el kilovatio hora (kW·h) producido, al precio del kW·h más caro que entra en cada momento. La tecnología más cara suele ser la de las centrales de ciclo combinado, que utilizan gas, y el precio del gas ahora se ha disparado.

¿Por qué se utiliza este sistema?

Porque los economistas dicen que favorece que aparezcan nuevas tecnologías más baratas que la más cara, para así irla sustituyendo y conseguir un rápido progreso tecnológico. Piensan que el conjunto de tecnologías y las fuentes de energía son infinitas, pero no es verdad. En el mundo real el sistema marginalista hace que, cuando una materia prima como el gas escasea, el precio se vaya por las nubes. Este sistema se ha implantado a través de la normativa europea y España no puede modificarlo por si sola.

La dependencia del gas

¿Por qué necesitamos el gas si tenemos otras fuentes de energía?

En España hay instalados 112 gigavatios (GW) de potencia eléctrica para cubrir una demanda que tuvo su pico máximo de 45 GW en 2008 y que desde entonces ha ido cayendo: en la actualidad equivale a 30 GW, con picos de hasta 42. Necesitamos tener un cierto grado de redundancia en la generación eléctrica, porque no siempre sale el sol o sopla el viento; incluso hay que parar las nucleares de vez en cuando para recargar o por incidentes. Pero con 70 o 80 GW de potencia instalada nos llega para cubrir una demanda media de 30 GW. Y, sin embargo, tenemos que recurrir continuamente al gas. ¿Por qué? La explicación es muy técnica, pero muy interesante. No solo tenemos el problema de la intermitencia de las fuentes renovables, sino el de la estabilidad de la corriente. La gente tiene tendencia a pensar que la corriente eléctrica es como un líquido, como cuando abres el grifo de tu casa y sale el agua. Pero la electricidad no fluye, es una onda que oscila 50 veces por segundo; aquello de la corriente alterna que estudiábamos en el instituto. Lo importante aquí es mantener la sincronía perfecta de todos los sistemas que producen electricidad. Todos tienen que subir y bajar al mismo tiempo. Cuando tienes sistemas renovables distribuidos en un territorio muy amplio, conseguir esa sincronía es complicadísimo. Si todo no está perfectamente sincronizado, se empiezan a generar frentes de onda. Por explicarlo de forma sencilla: pensemos en dos niñas que no se ponen de acuerdo moviendo una comba. Cuando una sube, la otra baja y la de en medio se lleva un tortazo.

¿Por qué ocurre esto y cuál es su relación con la corriente eléctrica?

En los sistemas eléctricos, cuando no consigues que la frecuencia esté perfectamente afinada se empiezan a propagar ondas por toda la red de manera desordenada. Puede haber sitios en los que la tensión baje a cero de golpe –entonces se quedan sin corriente y se producen apagones en cascada– y otros en los que la potencia se junta toda a la vez sincronizada y es 10 o 20 veces lo que tendría que ser. Eso no lo soporta nada, literalmente desintegra líneas de alta tensión o estaciones transformadoras. Es un problema gravísimo que Red Eléctrica Española y el regulador europeo siempre están vigilando y que se repite con frecuencia ahora que tenemos muchísimos sistemas renovables instalados. El 8 de enero de este año hubo un incidente grave. Una subfrecuencia en Croacia se combinó con una superfrecuencia que suele haber en Alemania porque tiene muchísimos aerogeneradores y placas fotovoltaicas dispersas por todo el territorio. Esto empezó a generar una inestabilidad de gran tamaño que obligó a separar la red europea en dos.

¿Que una persona instale una placa solar en su casa contribuye a este problema?

No es una persona con una placa solar; son cien mil personas con cien mil placas solares. Ahí sí que hay un problema. De hecho, en Australia el regulador ha prohibido nuevas conexiones a la red con placas solares precisamente por esto. En Europa Central, este problema ha suscitado el riesgo de un gran apagón, del que España se encuentra por ahora a salvo porque no está tan interconectada como el resto del continente, pero que nos debería obligar a repensar el modelo de implantación de las renovables.

¿Y qué podemos hacer para evitar este problema?

Necesitas tener centrales que puedan entrar y salir rápidamente para que, cuando alguien tire más de un sitio, ellas tiren más del otro y compensen. Lo único que tenemos que puede hacer esto son las centrales hidroeléctricas, que están limitadas por el agua que hay en los pantanos, y las centrales de gas de ciclo combinado. Por eso no nos vamos a deshacer de las centrales de ciclo combinado –centrales de gas– aunque pongamos tres veces más renovables. Las vamos a necesitar siempre ahí para garantizar que podemos controlar la frecuencia.

 

¿Y la energía nuclear no vale para esto?

No, porque siempre tiene la misma potencia, no es regulable, no permite adapatarse a los cambios en la demanda de electricidad. Y encima la producción de uranio disminuye. La propia Asociación Nuclear Mundial considera que hacia el año 2040 será la cuarta parte de lo que es ahora. En cualquier caso, tú necesitas algo que puedas apagar y encender a voluntad. Se dice que se va a probar con hidrógeno, pero la transformación de agua en hidrógeno mediante electrólisis tiene unas pérdidas que están cercanas al 50%: cada megavatio hora (MW·h) generado necesita dos de electricidad para producirse. La idea del hidrógeno es producirlo cuando la electricidad sea barata, pero es que ahora la electricidad no es barata en ningún momento.

¿Cómo interpretas las palabras de Pablo Casado acerca de que la energía nuclear es necesaria para cubrir la demanda cuando no luce el sol?

Es evidente que no puedes aprovechar la energía solar de noche ni la eólica cuando no hay viento. Por eso, necesitas tener fuentes de energía que te permitan entrar y salir fácilmente en el sistema cuando las renovables no producen energía y que solucionen el problema de la estabilidad de la red causado por la implementación de las renovables. Casado tiene parte de razón, pero se confunde porque la nuclear funciona a piñón fijo: puedes regular un poco su output a lo largo del día, pero muy poco. Al final necesitas la hidroeléctrica y las centrales de gas. El modelo completamente descarbonizado al que pretendemos ir tiene este problema: habría que introducir sistemas de almacenamiento (baterías, bombeo inverso, sales fundidas…) y estabilización (baterías o volantes de inercia) para los cuales aún falta algo de desarrollo, sobre todo en cuanto a su implementación masiva. Está bien que surja el debate y se hable de estas cosas, pero es una lástima que el nivel técnico general de discusión sea tan bajo.

Las dificultades de las renovables

Entonces, ¿las renovables no son la solución al pico de los combustibles fósiles?

No tengo duda de que vamos a una sustitución de energía fósil por renovable. Lo que es discutible es el modelo actual de 100% renovable y que con las renovables vayamos a producir la misma cantidad de energía que estamos consumiendo hoy. Las renovables pueden producir muchísima energía, pero quizá no tanta como la que consumimos actualmente. En todo caso, la energía renovable puede ser suficiente para satisfacer las necesidades reales de las personas en todo el mundo, no solamente en los países desarrollados. Nuestro estilo de vida tendría que cambiar, pero seguramente se podría hasta mejorar el nivel de vida. Sin embargo, el modelo de renovables eléctricas que se está planteando hoy tiene tres inconvenientes severos. El primero es que hay limitaciones a la cantidad de energía que se puede extraer de los flujos del planeta. Se dice que la energía que nos llega del sol es casi 10.000 veces toda la energía que consume la humanidad en un año, pero lo cierto es que esta energía llega muy dispersa. El máximo que se puede extraer sin perturbar los ciclos naturales del planeta –la lluvia, los vientos o el crecimiento de las plantas– es alrededor de un 0,04%. Esto implica cuatro veces el consumo energético actual, pero no existe un consenso científico sobre cuál es el máximo que se puede extraer de los procesos renovables. Básicamente, hay dos posturas: la de quienes estiman que podemos a llegar a producir la mitad de lo que consumimos hoy y la de quienes piensan que podríamos producir unas cinco veces más.

¿Cuál crees que va mejor encaminada?

Yo me alineo con la parte de la franja baja porque los argumentos físicos me parecen más convincentes. De todas formas, si diéramos por válido el escenario más optimista, la economía en un momento dado tendría que estacionar. Incluso en la parte alta de la horquilla, si tenemos en cuenta que el consumo de energía de las últimas décadas se ha duplicado cada 30 años, antes de acabar este siglo llegaríamos al tope. Este es el primer problema, que el potencial es limitado y acaba con la idea del crecimiento económico en un plazo de tiempo históricamente breve, 60 o 70 años como mucho.

¿Cuál es el segundo inconveniente de las renovables?

El que para mí es el más grave: su dependencia de combustibles fósiles y materiales escasos. Lo primero significa que a día de hoy nadie ha sido capaz de construir una presa hidroeléctrica, un aerogenerador o una placa fotovoltaica de forma que en el proceso de fabricación, instalación, mantenimiento y desmantelamiento eventual no se utilicen combustibles fósiles. Nadie lo ha conseguido solo con energía renovable porque no es evidente que se pueda hacer. A lo mejor se podría en una virguería técnica, pero seguramente gastaríamos más energía de la que el sistema nos devolvería, con lo cual tendríamos un sumidero energético y no una fuente de energía. Por otra parte, no nos damos cuenta de que materiales que damos por garantizados, como el cemento y el acero, dependen críticamente de la existencia de combustibles fósiles.

¿No se está investigando para acabar con esta dependencia de los combustibles fósiles?

Nadie aborda este problema seriamente porque es un punto insalvable. No está en absoluto demostrado que estos sistemas se puedan hacer sin combustibles fósiles. De hecho, algunos autores dicen que los sistemas renovables actuales, los eléctricos, son solamente extensiones de los combustibles fósiles. Obviamente tienen menos huella de carbono, emiten menos CO2 por unidad de energía producida, pero sin CO2 fósil no se pueden poner en marcha.

¿Y qué ocurre con los materiales escasos?

Hay muchos materiales que se acabarían si todo el mundo hiciera la transición energética a las renovables. El último informe de la Agencia Internacional de la Energía dice que, para poder cumplir con los objetivos de descarbonización –que son compatibles con la caída esperada de la producción de combustibles fósiles–, de aquí al 2050 la producción anual de litio se tiene que multiplicar por 100 y la de cobalto y níquel por 40. Esto es físicamente imposible. En los últimos 10 años se ha hecho un esfuerzo enorme para multiplicar la producción de litio por tres y está costando mantener este ritmo. Además, hay que tener en cuenta las reservas. Tomando las reservas probadas y probables de materiales críticos, Alicia Valero, profesora de la Universidad de Zaragoza en el Instituto CIRCE, señala una decena de materiales que resultan insuficientes para la transición: el neodimio, el litio (que se emplea en las baterías), la plata  (que se utiliza en los conectores de las placas fotovoltaicas), el platino, el cadmio, el manganeso (que se necesita para hacer acero), el cobre (que es fundamental en los procesos de electrificación), el zinc, el plomo…

¿Estos materiales no se pueden sustituir?

Claro, pero pierdes eficiencia y obtienes menos rendimiento. Es desvestir un santo para vestir otro. No es evidente que todo el mundo pueda hacer este despliegue al mismo tiempo. Y hay que tener en cuenta que España importa todos estos materiales. Lo que pasa en China ahora es muy significativo. El país tiene un problema gravísimo con el carbón que ha provocado apagones continuos. Por eso ha lanzado un gigantesco programa de implantación rápida de las renovables que le ha llevado a dejar de exportar algunos materiales, como el magnesio. Como Europa cerró sus minas porque no eran rentables, importa el 95% del magnesio que utiliza de China. La asociación metalúrgica europea ha dicho que nos queda magnesio hasta finales de noviembre. Cuando se acabe, se acabó la metalurgia del aluminio, que está en las bicicletas, en los coches, en todas partes. Por supuesto, se buscarán nuevos proveedores de magnesio, pero ¿a qué precio? La crisis de los materiales lo frena todo. Para la transición a un modelo renovable eléctrico, es una estaca clavada en el corazón.

¿No podemos usar estos materiales de forma más eficiente?

Las empresas están haciendo cambios que hace años no se habían planteado para ser más eficientes. Esto va a permitir mejoras de un 10 o un 20%, a veces de un 50% en industrias muy ineficientes, pero será un disparo una única vez, no se puede hacer indefinidamente. A los economistas no les entra en la cabeza que la eficiencia no se puede incrementar hasta el infinito. No puede llegar un momento en el que no necesites nada. Hay un límite material, físico, termodinámico.

 

¿Cuál es el tercer problema de las renovables?

Que están orientadas a la generación de electricidad y, aunque la electricidad es energía, no toda la energía es electricidad. A nivel mundial, la electricidad representa aproximadamente el 20% de toda la energía final utilizada; en países avanzados, un poco más: un 23,6% en España o un 24% en Alemania. Hay una gran dificultad para electrificar el resto. Hay cosas imposibles de electrificar y otras que no serían rentables al hacerlo. Estamos dando por hecho que vamos a hacer una transición a un modelo no solo 100% renovable sino 100% eléctrico, cuando eso no está ni medio claro.

El futuro del coche eléctrico

Con todos estos problemas, ¿va a ser posible pasarnos al coche eléctrico?

Uno de los puntos débiles del coche eléctrico es la escasez de materiales, porque requiere muchos: neodimio para el motor eléctrico, litio para la batería o cobalto para que la batería sea medianamente pequeña. Pero además tiene muchos problemas logísticos: el 80% de los coches en España duerme en la calle, ¿cómo se van a recargar? Para recargar por completo la batería de un coche eléctrico con una autonomía de 250 kilómetros en un domicilio que tenga 4,4 Kw de potencia contratada, se tardará de media unas 25 horas si se quiere dejar potencia libre para la luz y los electrodomésticos. Recargar la batería para recorrer 30 kilómetros en una electrolinera convencional llevará media hora.  Imagina que cuando llegas tienes a dos delante de ti: estarás hora y media allí. La solución podría ser usar un supercargador, que tiene 140 MW de potencia. Sin embargo, el segundo principio de la termodinámica dice que al conectar cualquier dispositivo de potencia una parte de la energía se disipa en forma de calor. Si tu supercargador disipa un 10%, que no es mucho, con esa energía podrías hacer hervir una olla con 100 litros de agua en 5 minutos. Al conectar tu coche de 30.000 euros, el supercargador reventará la batería. Podrías entonces hacerte con un Tesla con conectores de plata para que la resistencia sea más pequeña y un sistema de refrigeración criogénica de la batería para evitar que se caliente demasiado, y todo iría como la seda. Pero tendrías que pagar 100.000 euros. ¿Quién puede permitírselo? En el fondo el debate de los coches eléctricos va de eso.

Y el hidrógeno, ¿no sirve como combustible?

Mediante un proceso de electrólisis se puede utilizar electricidad para separar el hidrógeno de una molécula de agua. Pero la clave es el rendimiento del proceso. Se suele decir que la eficiencia de la electrólisis es del 80-85%, pero esa cifra se obtiene si solo se tiene en cuenta la electricidad empleada, no la energía que se consume en calentar primero el agua a 80º C. Si miras la eficiencia total en las mejores plantas de electrólisis de producción comercial, el rendimiento es del 53%. En cualquier caso, el hidrógeno es la única alternativa razonable para motores de camiones, excavadoras, maquinaria pesada, tractores, barcos y aviones. Con baterías no pueden ir, porque la densidad en volumen es muy pequeña: en un camión que fuese a 80 km/h y tuviera una autonomía similar a la que estos vehículos tienen hoy, la batería ocuparía el 80% de la carga. El hidrógeno almacenado a una cierta presión tiene una densidad energética que no es maravillosa, pero no es tan mala como la de las baterías.

Pero también tiene problemas, ¿no?

Sí. Podrías quemar hidrógeno directamente en un motor de combustible, pero con una eficiencia del 15%. Después de haber perdido un 50% en la electrólisis, tienes una eficiencia del 7,5%, que no es nada. Por eso se ponen pilas de combustible. Las buenas tienen una eficiencia del 50%, que está bien, pero llevan platino, que es justo de estas cosas que se nos acaban. Además, las pilas producen electricidad en un régimen constante, con lo cual este proceso lo que hace es almacenar una batería de litio o cobalto para luego mover un motor eléctrico, que utiliza neodimio y disprosio. Por lo tanto, un motor de hidrógeno en el fondo sigue siendo un motor eléctrico; con una batería más pequeña, sí, pero que necesita todos esos materiales. Además, la pila implica pérdidas del 50%. Añadidas al 50% perdido en la electrólisis, tienes una eficiencia del 25%. Meter el hidrógeno en el depósito a 700 atmósferas supone un gasto energético bastante grande, porque hay que bajar la temperatura del hidrógeno a unos 40º C bajo cero y luego comprimirlo. Esto implica pérdidas del 10-15% respecto a la energía original. Si además tienes en cuenta que la eficiencia del motor eléctrico no es perfecta y que el hidrógeno se escapa del depósito progresivamente, las pérdidas totales son del 90% o más. Esto es lo típico de un motor de hidrógeno a día de hoy.

¿Y no se puede mejorar?

Sí, probablemente, pero las pérdidas serán del 80%, lo que tampoco es algo muy bueno. El tema del hidrógeno está muy inmaduro, por no decir que no va a estar maduro nunca. Tanto es así que en el último informe del Grupo III del IPCC [Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático], que todavía no se ha publicado pero se ha filtrado, dice que la tecnología del hidrógeno no está en un punto para ser utilizada. Con lo cual la síntesis de los problemas de las renovables es que tienen un potencial limitado, en todo caso finito; dependen de los combustibles fósiles y materiales raros; y están orientadas a la producción de electricidad, lo que trae consigo el problema de la conversión.

Los límites del crecimiento

¿Cuál sería entonces un modelo factible?

Un modelo en el que se produjera cierta cantidad de electricidad, pero donde el aprovechamiento principal de las renovables no fuera eléctrico. Como consecuencia del segundo principio de la termodinámica, siempre que hay un proceso de transformación de la energía de un tipo a otro hay una pérdida en forma de calor, y las pérdidas son tanto más grandes cuanto más diferentes son los tipos de energía. Por ejemplo, si estás transformando energía mecánica del viento en electricidad, dos tipos de energía muy diferentes, las pérdidas son muy grandes, en torno al 70%. Si conviertes la energía mecánica del viento, que es lineal, en energía mecánica de rotación, por ejemplo, para moler trigo, las pérdidas son bastante más pequeñas, del 20%, con lo que obtienes un rendimiento del 80%.

¿Estamos en un punto crítico respecto a la escasez de energía y materiales?

Sí, el próximo lustro es decisivo porque ya se está notando el efecto de desinversión de las compañías petroleras y gasísticas. Desde 2014, las compañías han reducido su gasto en exploración y desarrollo de nuevos pozos un 60%. En el caso de Repsol, un 90%. Esto anticipa bajadas en la producción que la propia Agencia Internacional de la Energía está mostrando. En estadística la expresión punto crítico tiene un significado muy preciso: es el momento en el que se produce una transición de fase, por ejemplo, cuando el hielo se funde y se convierte en agua. Los puntos críticos también son horizontes de predictibilidad: es muy difícil predecir qué viene después. Estamos en un punto muy volátil por la complejidad de las interacciones. Aquí la política tiene mucho que decir. En función de las decisiones que se tomen y las medidas que se adopten, lo que viene a continuación puede ser muy malo o, no voy a decir bueno, pero mucho mejor que eso. Es muy importante entender que hay que actuar ya y que hay que hacerlo con humildad, ir probando y, si algo no funciona, rápidamente rectificar.

Dices que la crisis energética impide el crecimiento infinito…

La humanidad tiene varios problemas de sostenibilidad, no solo el agotamiento de ciertas fuentes de energía y materiales: el cambio climático, que es una consecuencia de los residuos que estamos soltando en la biosfera; la contaminación por plásticos y metales pesados; la mala calidad del aire; la degradación de los suelos… Todos ellos tienen un origen común: un sistema económico acelerado que nos lleva a un crecimiento infinito y exponencialmente rápido en un planeta finito y nos hace chocar contra los límites biofísicos del mundo donde vivimos. Estamos alterando la biosfera y su capacidad de sostenernos, y eso nos puede llevar a la autodestrucción. Hace 49 años se publicó un informe encargado por el Club de Roma que se llamaba Los límites al crecimiento, en el que se analizaba si se podían mantener los patrones de crecimiento indefinidamente. En todos los escenarios planteados –business as usual, estabilización, etc.–, se observaba que, tarde o temprano, en el siglo XXI se llegaría a un límite en el que no se podría seguir creciendo por razones que puede entender un niño de 6 años. Cuando discuto con economistas, me dicen: “usted no tiene en cuenta que el progreso tecnológico trae una mejora en la eficiencia de los usos materiales”. Y yo les digo que todos los estudios que se han hecho muestran que la eficiencia es útil, pero no tiene un recorrido infinito.

¿Tenemos que cambiar nuestra concepción de la economía?

Kenneth Boulding decía que la humanidad tiene que pasar del modelo de la verde pradera del cowboy, que no se acababa nunca y donde parecía que todo estaba a nuestra disposición, al modelo nave espacial Tierra, en el que has crecido ya mucho y tienes unos recursos finitos. Somos 7.900 millones y tenemos que aprender a gestionar los residuos, reciclarlos y cerrar los ciclos, porque estamos en una nave espacial aislada en medio del cosmos. El sistema económico que tenemos se ha constituido en los dos siglos de expansión que ha habido desde la primera revolución industrial. Pero ahora las bases materiales que han permitido la expansión están llegando a su fin, tanto por los insumos que se necesitan (materias primas energéticas y materiales) como por los residuos que se generan y causan problemas ambientales que atentan contra nuestra propia existencia, como el cambio climático. Hay que aceptar que la fase expansiva terminó. Muchas veces digo que el capitalismo es una fase más de la evolución histórica de la humanidad. No tenemos que destruirlo, sino superarlo, madurar. Si nos empeñamos en seguir creciendo en una situación en la que esto es imposible, vamos a colapsar.

El papel de la ciencia

¿Qué rol juega la ciencia en este escenario?

En nuestras sociedades está muy extendido el mito del progreso, que hace que el hueco que antes ocupaba la religión en la sociedad ahora lo ocupe la ciencia. Esto me parece peligroso, porque la ciencia no es una religión, es una cosa completamente distinta. Nos ha hecho progresar, pero también nos ha hablado de límites. No solo de límites ecosistémicos, también de que no podemos superar la velocidad de la luz o evitar que la entropía crezca. En el discurso neoliberal, esta parte de la ciencia desaparece. La ciencia aparece solamente como proveedora salvífica, solucionadora de todos los problemas. Pero la ciencia también dice que hay cosas que no se pueden hacer, y ocultar esto puede provocar un desencanto que puede llevar a posiciones muy acientíficas.

Si la ciencia no puede garantizar el mito del progreso y nos habla de límites, ¿qué papel le queda?

La ciencia siempre ha tenido el mismo papel: es una herramienta de conocimiento y capacidad. ¿Qué tiene que proporcionar la ciencia? Una guía para hacer las cosas, pero primero tenemos que saber qué queremos hacer. Las decisiones son de carácter político en el sentido de polis, la ciudad, lo que interesa a los ciudadanos; no en sentido partidista. Qué queremos hacer es algo que tiene que decidir la ciudadanía, pero tiene que hacerlo sobre la base de una información que la ciencia le puede proporcionar.

¿La solución es la vuelta a lo local?

Eso es una parte de la solución. El modelo actual se basa en la globalización, que ha sido posible por la abundancia de energía barata. El fin del petróleo barato lleva forzosamente a lo contrario: la relocalización. Transportar mercancías elaboradas en China ya no va a salir a cuenta. De hecho, ahora se empieza a decir que Europa se plantea hacer su propia fábrica de microchips o la renacionalización de ciertas actividades: son avances en la dirección de la relocalización. El regreso a lo local es inevitable en ese sentido. Eso no quiere decir que haya una destrucción del comercio internacional, pero sí que tendrá que especializarse en determinadas materias con alto valor añadido."                     

(Entrevista a Antonio Turiel, Ana Iglesias (Ayudas CSIC-Fundación BBVA de Comunicación Científica) y Eduardo Actis (CSIC Cultura Científica), CSIC, 29/11/21)

5/11/21

Exxon escribió en 1982 un informe interno completo sobre el cambio climático, que predijo casi exactamente la magnitud del calentamiento global que hemos observado, así como el aumento del nivel del mar, la sequía, etc... este informe, se "distribuyó ampliamente a la dirección de Exxon", pero no debería "distribuirse externamente"... Exxon había estudiado, de forma confidencial, las posibilidades de evitar el calentamiento global. Descubrió que, con una acción inmediata, si la industria abandonaba los combustibles fósiles y se centraba en las energías renovables, la contaminación por combustibles fósiles podría comenzar a disminuir en la década de 1990 y se podría evitar una gran crisis climática. Pero las grandes compañías petroleras no siguieron este camino

 "Hace cuatro años viajé por todo Estados Unidos para consultar archivos históricos. Estaba buscando documentos que pudieran revelar la historia oculta del cambio climático y, en particular, cuando las grandes compañías de carbón, petróleo y gas se habían dado cuenta del problema y de lo que sabían al respecto.

Revisé cajas de documentos, miles de páginas. Comencé a reconocer las fuentes de las máquinas de escribir de las décadas de 1960 y 1970, me maravillé de la legibilidad de la escritura pasada y me acostumbré a entrecerrar los ojos cuando no era muy legible.

Lo que estos documentos han revelado está cambiando nuestra comprensión de las modalidades según las cuales el cambio climático se ha convertido en una crisis. Las propias palabras de la industria, como ha demostrado mi investigación (ver Nature Climate Change 8, 1024-1025, 2018, "Early oil industry Knowledge of CO2 and global warming") muestran que las empresas conocían el riesgo mucho antes que la mayoría de los países del mundo.

El 28 de octubre de 2021 un subcomité del Congreso de los Estados Unidos entrevistó a líderes de Exxon, BP, Chevron, Shell y del American Petroleum Institute sobre los esfuerzos de la industria para minimizar el papel de los combustibles fósiles en el cambio climático. El Director General de Exxon, Darren Woods, dijo a los electos que las declaraciones públicas de su empresa "son y siempre han sido ciertas" y que la compañía "no difunde información errónea sobre el cambio climático". Ahora bien, veamos lo que demuestran los documentos de las empresas de las últimas seis décadas.

Descubrimientos sorprendentes

En una antigua fábrica de pólvora en Delaware, ahora museo y depósito de archivos, encontré la transcripción de una conferencia sobre el petróleo que data de 1959 titulada "Energía y hombre", celebrada en la Universidad de Columbia en Nueva York. Mientras hojeaba, vi el discurso de un famoso científico, Edward Teller (que contribuyó a la invención de la bomba de hidrógeno, 1908-2003), quien advirtió a los líderes de la industria y a otras personas allí reunidas contra el calentamiento global. "Cada vez que quemas combustible convencional", explicó Teller, "creas dióxido de carbono... Su presencia en la atmósfera causa un efecto invernadero". Si el mundo siguiera utilizando combustibles fósiles, los casquetes de hielo comenzarían a derretirse, elevando el nivel del mar. Al final, "todas las ciudades costeras quedarían sumergidas", advirtió.

 1959, era antes del alunizaje (1969), antes del primer sencillo de los Beatles, antes del discurso de Martin Luther King "Tengo un sueño" (28 de agosto de 1963), antes de la fabricación de la primera lata de aluminio moderna. Décadas antes de que yo naciera. ¿Qué más había?

En Wyoming, encontré otro discurso en los archivos de UW-Laramie, que data de 1965 y proviene de un líder del sector petrolero. Ese año, en la reunión anual del American Petroleum Institute, la organización líder de la industria petrolera de los Estados Unidos, el presidente del grupo, Frank Ikard, mencionó un informe titulado "Restaurar la calidad de nuestro medio ambiente" que había sido publicado unos días antes por el equipo de asesores científicos del presidente Lyndon Johnson.

"La esencia del informe", dijo Frank Ikard al público que representa a la industria, "es que todavía hay tiempo para salvar a los pueblos del mundo de las catastróficas consecuencias de la contaminación, pero el tiempo se está acabando". Continuó diciendo que "una de las predicciones más importantes del informe es que el dióxido de carbono se agrega a la atmósfera de la Tierra al quemar carbón, petróleo y gas natural a tal velocidad que, para el año 2000, el equilibrio térmico se modificará hasta el punto de causar cambios caracterizados en el clima". Frank Ikard señaló que el informe constataba que es probable que un "medio no contaminante de alimentar automóviles, autobuses y camiones se convierta en una necesidad nacional".

De vuelta a California, me di cuenta de que antes del Summer of Love de San Francisco (junio de 1967), antes de Woodstock (agosto de 1969) - el apogeo de la contracultura de la década de 1960 y todas estas cosas que me parecían historia antigua- los líderes de la industria petrolera habían sido informados, en privado, por sus propios líderes de que sus productos acabarían por modificar el clima de todo el planeta, con consecuencias peligrosas.

Las investigaciones secretas revelaron los riesgos del futuro

Mientras viajaba por el país, otros investigadores también estaban trabajando duro. Y los documentos que descubrieron fueron, en algunos aspectos, aún más espantosos.

 A finales de la década de 1970, el Instituto Americano del Petróleo había formado un comité secreto llamado CO2 and Climate Task Force. Este grupo de estudio incluyó representantes de muchas de las principales compañías petroleras, con el fin de monitorear y discutir, de forma confidencial, los últimos avances en ciencia climática.

En 1980, el grupo de estudio invitó a un científico de la Universidad de Stanford, John Laurmann, a informarles sobre el estado de la ciencia climática. Hoy tenemos una copia de la presentación de Laurmann, que advierte que, si se siguen utilizando combustibles fósiles, el calentamiento global será "apenas perceptible" en 2005, pero que tendrá "efectos catastróficos a escala global" en la década de 2060. Ese mismo año, el American Petroleum Institute invitó a los gobiernos a triplicar la producción de carbón en el mundo, insistiendo en que no habría consecuencias negativas, a pesar de lo que sabía.

Exxon también tenía un programa de investigación secreto. En 1981, uno de sus directores, Roger Cohen, envió un memorando interno observando que los planes operativos a largo plazo de la compañía podrían "producir efectos que serán efectivamente catastróficos (al menos para una fracción sustancial de la población de la Tierra)".

Al año siguiente, Exxon escribió un informe interno completo de 40 páginas sobre el cambio climático, que predijo casi exactamente la magnitud del calentamiento global que hemos observado, así como el aumento del nivel del mar, la sequía, etc. Según la primera página del informe, se "distribuyó ampliamente a la dirección de Exxon", pero no debería "distribuirse externamente".

 Exxon lo mantuvo en secreto: solo conocemos la existencia del informe porque los periodistas de investigación de Inside Climate News lo descubrieron en 2015.

Otras compañías petroleras también conocían los efectos de su producción sobre el planeta. En 1986, la compañía petrolera holandesa Shell completó un informe interno de casi 100 páginas, prediciendo que el calentamiento global debido a los combustibles fósiles causaría cambios que serían "los más importantes de la historia", incluyendo "inundaciones destructivas", el abandono de países enteros e incluso migraciones forzadas en todo el mundo. Este informe fue marcado como "CONFIDENCIAL" y solo fue sacado a la luz en 2018 por Jelmer Mommers, un periodista neerlandés.

En octubre de 2021, publiqué con dos colegas franceses (Christophe Bonneuil y Pierre Louis Choquet, “Early warnings and emerging accountability: Total’s responses to global warming, 1971–2021”, Ed. Elsevier, Global Environmental Change,19 October 2021. Advertencias tempranas y responsabilidad emergente: respuestas de Total al calentamiento global, 1971-2021") otro estudio que muestra, utilizando documentos corporativos y entrevistas, cómo la gran empresa petrolera Total, con sede en París, también era consciente, ya en la década de 1970, del potencial catastrófico del calentamiento global. A pesar de esta toma de conciencia, descubrimos que Total luego colaboró con Exxon para sembrar dudas sobre el cambio climático.

El punto de inflexión en su comunicación de las grandes empresas petroleras

Estas empresas podrían elegir. Ya en 1979, Exxon había estudiado, de forma confidencial, las posibilidades de evitar el calentamiento global. Descubrió que, con una acción inmediata, si la industria abandonaba los combustibles fósiles y se centraba en las energías renovables, la contaminación por combustibles fósiles podría comenzar a disminuir en la década de 1990 y se podría evitar una gran crisis climática.

Pero las grandes compañías petroleras no siguieron este camino. En cambio, mis colegas y yo descubrimos recientemente que a finales de la década de 1980 [ver estudio mencionado anteriormente, Global Environmental Change, Cambio Ambiental Global] Exxon y otras compañías petroleras coordinaron un esfuerzo mundial para desafiar la ciencia climática, bloquear los controles de combustibles fósiles y garantizar que sus productos continuaran siendo distribuidos.

Supimos esto a través de documentos internos y comentarios internos de la industria, que ahora están empezando a compartir con el público lo que sabían. También sabemos que, en 1989, la industria de los combustibles fósiles creó una organización llamada Global Climate Coalition, Coalición Global por el Clima, pero que no era un grupo ambiental como su nombre sugiere. Por el contrario, la Coalición Mundial por el Clima trabajó para sembrar dudas sobre el cambio climático y presionó a las y los electos para que bloquearan la legislación sobre energía limpia y los tratados climáticos a lo largo de la década de 1990.

Por ejemplo, en 1997, el presidente de la Coalición Global por el Clima, William O'Keefe, que también fue vicepresidente ejecutivo del Instituto Americano del Petróleo, escribió en el Washington Post que "los científicos del clima no dicen que la combustión de petróleo, gas y carbón caliente regularmente la tierra", contradiciendo así lo que la industria sabía desde hacía décadas. La industria de los combustibles fósiles también ha financiado grupos de reflexión y estudios sesgados que han ayudado a ralentizar los progresos.

El incremento del dióxido de carbono desde la revolución industrial

En 1965, los científicos advirtieron al presidente Lyndon Johnson de los riesgos para el clima asociados al aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Los niveles anuales de CO2 han aumentado desde entonces.

 Hoy, la mayoría de las compañías petroleras evitan negar categóricamente las ciencias climáticas, pero continúan luchando contra los controles de combustibles fósiles y se presentan como líderes en energía limpia, incluso si todavía invierten la gran mayoría de sus fondos en combustibles fósiles. En el momento de escribir este artículo, la legislación climática está bloqueada nuevamente en el Congreso de los Estados Unidos por un congresista (Joe Manchin, senador demócrata por Virginia Occidental, presidente del Comité Senatorial de Energía y Recursos Naturales) con estrechos vínculos con la industria de los combustibles fósiles.

Mientras tanto, en todo el mundo, la gente siente los efectos del calentamiento global: clima extraño, estaciones cambiantes, olas de calor extremas e incluso incendios forestales como nunca antes habían visto.

¿Experimentará el mundo la catástrofe planetaria que las compañías petroleras predijeron años antes de mi nacimiento? Depende de lo que hagamos ahora, con nuestro conocimiento de la historia."                    

 (Benjamin franta, Viento Sur, 31/10/21; Artículo publicado en The Conversation, versión del 28 de octubre de 2021)

28/5/21

Sentencia clave en la batalla climática: el pueblo venció a Shell... Es la primera vez que un tribunal obliga a una multinacional a asumir su responsabilidad en la crisis climática y a reducir sus emisiones

 "El tribunal del distrito de La Haya (Países Bajos) leyó finalmente su veredicto en el caso bautizado como «el Pueblo contra Shell». Y ganó «el pueblo».

No había dinero en juego, al menos físicamente. Lo que pedía Amigos de la Tierra, junto con otras seis organizaciones y con el apoyo de más de 17.000 ciudadanos y ciudadanas neerlandeses, era un cambio en la política de Shell, la segunda compañía petrolera por ingresos del mundo. La sentencia obliga a la multinacional anglo-holandesa a recortar sus emisiones aceptando el marco impuesto por el Acuerdo de París: deberá reducir un 45% sus emisiones de CO2 en los próximos diez años respecto a 2019.

Toda la comunidad ecologista mundial esperaba el fallo con ansiedad, ya que podía representar un antes y un después en su lucha por frenar el cambio climático: es la primera vez que un tribunal obliga a una multinacional a asumir su responsabilidad en la crisis climática y a reducir sus emisiones. La compañía en cuestión, Shell, emite nueve veces más CO2 que todo Países Bajos junto y se encuentra entre las diez empresas más contaminantes del mundo.

Según Donald Pols, director de Amigos de la Tierra, después de décadas contribuyendo de manera significativa al calentamiento global, había llegado la hora de frenar a Shell, «una empresa que se ha salido con la suya y ha logrado maquillar de verde sus actividades durante demasiado tiempo». Numerosos activistas por el medio ambiente se dieron cita a las puertas de los juzgados en los que se iba a leer la sentencia. Muchos acudieron en bicicleta desde localidades cercanas. Amigos de la Tierra colgó los retratos de algunas de las 17.000 personas que apoyaron la causa y contribuyeron a llevar a Shell al banquillo.

«Esta es una victoria monumental para nuestro planeta, para nuestros hijos, para lograr un futuro habitable para todos», afirmó Pols tras la lectura del fallo. «El juez no ha dejado lugar a dudas: Shell está provocando un cambio climático peligroso y debe detener ya su comportamiento destructivo».

Roger Cox, abogado de Amigos de la Tierra en Países Bajos, se mostró igualmente exultante y confía en que la sentencia tenga eco en todo el mundo: «Es un punto de inflexión en la historia. Este caso es único porque es la primera vez que un juez ordena a una gran empresa contaminante que cumpla con el Acuerdo de París. Y, además, el fallo también puede tener importantes consecuencias para otros grandes contaminadores».


Shell y los derechos humanos

La sentencia alude expresamente a dos derechos humanos que estarían en peligro de seguir quemando combustibles fósiles al mismo ritmo: el «derecho a la vida» y «derecho a una vida familiar tranquila». Y señala, además, que Shell debe acatar el dictamen judicial «inmediatamente».

El fallo, en cualquier caso, deja a la compañía una puerta abierta para atenuar sus obligaciones: que compense sus daños con proyectos que ayuden a la absorción de CO2. En este mismo sentido, el gigante petrolero aprobó la semana pasada una nueva estrategia climática que prevé reducir su producción de petróleo entre un 1% y un 2% cada año.

Ese objetivo ha sido duramente criticado por las organizaciones ecologistas porque, además de que las cifras son ya de por sí insuficientes, ni siquiera responden a la realidad. La idea de Shell es financiar proyectos verdes para equilibrar el balance de su contaminación.

El dictamen, leído este miércoles en La Haya, también se refiere a ese tipo de desvíos y vaguedades: «La política climática actual de la empresa no es lo suficientemente concreta», dice literalmente.


Países Bajos, pionera en litigios climáticos

No es la primera vez que los tribunales neerlandeses se alinean con la causa ecologista. Tras una denuncia de la Fundación Urgenda, el Tribunal Supremo de Países Bajos confirmaba, a finales de 2019, las dos sentencias anteriores que ordenaban al Gobierno reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero al menos un 25% para finales de 2020 respecto a los niveles de 1990.

El pasado mes de enero, también en Países Bajos, un tribunal falló en contra de la filial de Shell en Nigeria por un caso de vertidos de petróleo ocurridos en 2004 y 2005. La compañía no pudo demostrar, como expuso en su defensa, que hubiera un sabotaje que afectara a sus oleoductos. Shell se vio obligada a compensar económicamente a los agricultores afectados por la contaminación."            (La Marea, 27/05/21)

20/12/18

El diesel se acaba. Los yacimientos de petróleo ya no son rentables... el diesel, un derivado del petróleo que requiere la máxima calidad del crudo para ser refinado, será un auténtico lujo en diez años... Los gobiernos europeos no están informando a los sobre de las verdaderas razones de la premura por hacer la transición del diesel al motor eléctrico y hacia las energías renovables...



 Entrevista a Antonio Turiel: ¡el diésel se acaba!

"El petróleo se acaba y el diesel, un derivado del petróleo que requiere la máxima calidad del crudo para ser refinado, será un auténtico lujo en diez años. Los gobiernos europeos no están informando a los sobre de las verdaderas razones de la premura por hacer la transición del diesel al motor eléctrico y hacia las energías renovables, y la incertidumbre está servida en bandeja de plata provocando el caos.

La realidad es que el petróleo se acaba, que rebuscar en los yacimientos comienza a ser muy caro y ya no resulta rentable a las petroleras, y que el petróleo que se está obteniendo de manera alternativa no tiene la calidad suficiente para producir el diésel.

Según Antonio Turiel, investigador de Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sobre la energía y asesor de la Agencia Aeroespacial Europea, este cambio de modelo energético llevará consigo una inevitable transformación profunda de los modelos económicos; y en este punto es donde los gobiernos pretenden desviar la atención del ciudadano.

A los más escépticos sobre el “pico del diésel” que, investigadores como Turiel han establecido en 2015 cuando se marcó el máximo de producción, diremos que solo hay que observar los movimientos del entorno para llegar a la conclusión de que los analistas como Turiel no están equivocados.

Los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) hace tiempo que han desviado sus inversiones hacia África y sus recursos minerales; Qatar abandonará la OPEP en 2019 para dedicarse a gas aunque es cierto que no tiene mucho potencial petrolífero; Rusia también ha desviado sus inversiones hacia el gas; y empresas como Repsol se encuentran en proceso de reconversión de su modelo de negocio hacia la electricidad.

Las compañías petroleras se están retirando del negocio del petróleo y los sectores dependientes del crudo investigan sobre otras alternativas. Motor eléctrico, nuevas formas de movilidad colectivas o individuales más eficientes como los patinetes e incluso la vuelta a “la vela” en el transporte marítimo.

Una vez descrito el panorama real, surgen las dudas y se abre el debate sobre si las energías alternativas serán capaces de hacer frente a la demanda mundial. Y en este aspecto el consenso entre los expertos es cuestionable, aunque todos los investigadores están de acuerdo en que van a cambiar muchos hábitos de consumo, como el de contar con un vehículo propio.

Hemos hablado con Antonio Turiel quien, recordemos, es investigador del CSIC sobre la energía y asesor en la Agencia Aeroespacial Europea. En esta entrevista que les ofrecemos en formato de vídeo/tv, Turiel plantea un escenario energético excepcional que los gobiernos no nos quieren contar.
¿Qué ocurrirá con el transporte aéreo? ¿Es el eléctrico el motor que sustituirá al diésel? ¿Estamos ante el fin de una nueva era? ¿Es el fin del capitalismo como lo conocemos? Y, lo más importante, ¿por qué los gobiernos no terminan de contarnos la verdad sobre la crisis del diésel? ¡Escuchen!"        (Informativos.Net)

27/12/16

Las renovables son ya más baratas que el carbón, el gas o el petróleo

"Hace ya tiempo que se viene hablando (y constatando) la importante y rápida reducción de precios que ha experimentado la electricidad generada con fuentes renovables. También es una evidencia que, una vez construidas, las instalaciones que utilizan el sol, el viento o el agua son capaces de generar electricidad a un precio muy inferior al de las que hacen lo mismo quemando combustibles.

ro también es cierto que, para construir esas instalaciones, hace falta una fuerte inversión, y durante mucho tiempo ha hecho falta un apoyo para que la inversión en generación renovable fuese rentable.

Cuando una central funciona, tiene que recuperar lo que costó construirla, más lo que le cueste hacerla funcionar, más lo que le cueste el combustible, más lo que le cueste deshacerse de sus residuos o emisiones. Estos dos últimos conceptos solo afectan a las energías sucias, pero aún así, las renovables necesitaron apoyo para poder competir, entre otras cosas, porque contaminar ha sido y es demasiado barato.

Sin embargo, quien quiera invertir ahora en una instalación de producción de energía, se encuentra un panorama bien diferente. Un reciente estudio de carbon tracker initiative (CTI) compara el coste de distintas instalaciones, renovables y no renovables, para valorar la rentabilidad de una inversión que se haga ahora.

Desde ahí, aseguran que «estamos en un punto de inflexión y es una tendencia imparable en el sector de la energía. La transición está en camino. Las inversiones en las renovables dominarán el panorama en los próximos años».

Para hacer la comparación, no solo hay que mirar todos los costes que hemos citado, sino mirar además del coste presente, el coste que tendrá a lo largo de la vida útil de la instalación. Es lo que se llama «coste normalizado de la electricidad producida».

Y con los datos de hoy y con las tendencias que se proyectan, los resultados muestran que las instalaciones que utilizan el viento o el sol son ya mucho más rentables para quien invierta en ellas que las que utilizan el carbón o el gas. Sin necesidad de introducir ayudas. Y la diferencia se va agrandando con el tiempo.

Si además se considera lo que tendrá que ocurrir para poder cumplir lo comprometido en el acuerdo de parís, es decir, que hay que limitar el calentamiento global a bien por debajo de 2ºC (y hacer lo posible para que no supere 1,5 ºC), entonces la diferencia a favor de las renovables es mayor aún.

Por ejemplo, en 2020 y contando el efecto de París, producir un megavatio-hora con energía solar costará, según el estudio, unos 50 dólares, con eólica 44, con gas 88 y con carbón 102.

El motivo es que las centrales de carbón o gas van a funcionar cada vez menos horas, lo que las hace cada vez menos rentables, ya que no pueden competir con las renovables más baratas. Y según se apliquen las medidas derivadas de París, las renovables les seguirán restando horas de funcionamiento a las fósiles, haciéndolas menos rentables aún.

En la comparativa no se ha incluido la energía nuclear porque, ya hoy en día, es la forma de generación de electricidad más cara, como muestra la gigantesca subvención (1.100 millones de libras en un contrato blindado de 35 años) que ha aprobado el Reino Unido para que un consorcio franco-chino les construya una única central que como pronto funcionaría en 2023.

Cada vez más países se suman a la carrera renovable, no por motivos altruistas, sino porque les salen las cuentas. Ya va siendo hora de que también en España dejemos de ser espectadores y nos pongamos de nuevo en movimiento, aunque solo sea por lo que nos podemos ahorrar en costes energéticos."                 (Ecoportal, en Rebelión, 20/12/16)

25/5/15

Gobierno de EEUU admite que el fracking provoca seísmos

"Un reciente reporte del Monitoreo Geológico de EEUU (USGS, por sus siglas en inglés) de su gobierno identificó ocho estados en la región central y oriental, donde las operaciones de fracking han derivado a incrementos dramáticos de terremotos debido primordialmente a la inyección del agua de desecho en las operaciones de excavación en los pozos subterráneos al activar placas tectónicas que en algunos casos eran desconocidas (http://goo.gl/MCMd2h). Se trata del mismo hallazgo de Oklahoma extrapolado a siete estados adicionales.

El letal fracking (fracturación hidráulica) perfora rocas en profundidad para extraer petróleo/gas shale (esquisto) mediante la inyección de grandes cantidades de agua y sustancias químicas desconocidas.

William Ellsworth, geofísico del USGS, sentencia que se trata de añejas placas tectónicas que no sabemos siempre donde se encuentran. Ahora resulta que se desconocen las placas tectónicas afectadas y las misteriosas sustancias químicas inyectadas. La sismicidad consustancial al fracking ya había sido expuesta por The New York Times, específicamente en Oklahoma (http://goo.gl/jE74fl).

Lo relevante del alarmante reporte es que proviene del mismo gobierno de EU y su agencia científica USGS (http://goo.gl/YrBAZY), con funciones de investigación de hallazgo de hechos carente de responsabilidad regulatoria (léase: sin dientes) con sede en Reston (Virginia) y más de 9 mil funcionarios.

La gráfica del USGS, de 1973 a 2014, es impactante por el número acumulado de terremotos que se dispararon en forma exponencial a partir de 2009.

EcoWatch reproduce el perturbador reporte (http://goo.gl/CO3bqO) y fustiga a los negadores de los terremotos de la omnipotente industria del petróleo/gas, como el multimillonario Harold Hamm, pionero del fracking, quien ha presionado a los funcionarios de Oklahoma a ocultar los hallazgos científicos de la correlación del fracking con los sismos (http://goo.gl/evlL0U).

Entre 1973 y 2008 existió un promedio de 21 terremotos de una magnitud menor a tres grados, pero a partir de 2009 –¡el año funesto del fracking!– hasta 2013, la región analizada experimentó 99 sismos por año superiores a tres grados. Sólo en Oklahoma se escenificaron 585 sismos en 2014, mucho más que en los pasados 35 años combinados.

Son por lo menos ocho estados los afectados por el incremento exponencial de la sismicidad en regiones donde los terremotos eran raros: Oklahoma, Texas, Ohio, Alabama, Arkansas, Colorado, Kansas y Nuevo México.  (...)

USGS identificó 17 zonas dentro de los ocho estados que se encuentran en peligro particular debido al número creciente de los sismos inducidos. El riesgo es mayúsculo para los habitantes que viven cerca. El modelo del USGS exhibe la “intensidad de un potencial terremoto inducido en el periodo de un año, a diferencia de sus previos estudios que operaban en un lapso mayor a 50 años (el promedio de vida de un edificio, usado para propósitos de seguros, códigos de construcción y planes de respuesta de emergencia).

EcoWatch expone que el “Escalofriante incremento de sismos por fracking obliga a Kansas a tomar medidas (http://goo.gl/ttgED0)”. Las ondas concéntricas de choque desde el epicentro de Kansas alcanzan la frontera de México, cuyo gobierno misántropo no ha tomado ninguna medida preventiva al respecto.

Según el USGS, el incremento de la sismicidad coincide con la inyección de agua de desperdicio en los yacimientos profundos de desecho en varias localidades y gran parte del agua de desperdicio, subproducto de la extracción de petróleo y gas, es utilizada en forma rutinaria por la inyección a los yacimientos.

Ante la contundencia de la evidencia científica del reporte del USGS, al día siguiente el Monitoreo Geológico de Oklahoma –agencia estatal lubricada por los intereses pecuniarios de la industria del petróleo/gas, representado por el poderoso Instituto de Petróleo Estadunidense (http://goo.gl/5WIWPF)– fue orillado a aceptar que es “muy probable que la mayoría de los recientes sismos, en particular en la parte central y norcentral de Oklahoma, es desencadenada por la inyección del agua producida en los yacimientos de desecho (http://goo.gl/hoYfuI)”.

El gobierno de Oklahoma, que preside la fundamentalista (literal) Mary Fallin, del Partido Republicano y anterior vendedora de bienes raíces, se ha fracturado como reflejo del mismo fracking, ya que las dos ramas del gobierno han optado por medidas diametralmente opuestas: el Ejecutivo admite la causal de los sismos por fracking, mientras los anticientíficos legisladores, marionetas de la omnipotente industria del petróleo/gas, han llegado, mediante dos enmiendas, a castrar y frustrar la protesta de los ciudadanos sobre su destino sísmico.  (...)

 Heather Smith, del rotativo británico The Guardian, después de exponer que finalmente el “gobierno de EEUU acepta que el fracking provoca sismos”, pregunta por qué tardaron tanto en reconocerlo (http://goo.gl/O9wPyU). Comenta que en comparación a sus previas declaraciones, el reporte del USGS es una abrupta voltereta de sus posturas previas y considera que todavía es un documento relativamente suave, ya que aconseja mayor investigación, en lugar de tomar acciones específicas. (...)"            (Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada , en Jaque al neoliberalismo, 03/05/2015)

27/4/15

Un estudio revela que el "fracking" causa los terremotos de Texas

"Un estudio geológico concluye que la técnica de extracción de gas e inyección de agua estaría detrás de los movimientos sísmicos registrados en la zona durante los dos últimos años en el territorio del Estado de Texas.

El estudio publicado en la revista 'Nature Communications' demuestra que la inyección de grandes volúmenes de aguas residuales combinada con la extracción de salmuera del subsuelo en los pozos de gas agotados son la causa más probable de los 27 terremotos ocurridos en la ciudad de Azle, EE.UU. 


Los científicos han desarrollado un complejo modelo en 3D que ayuda a concluir que las instalaciones, junto a los acuíferos recargados artificialmente, pueden hacer aflorar a la superficie cantidades significativas de agua desde las capas inferiores que presionan la roca junto con el líquido inyectado.

"El modelo indica que en una de las fallas se genera una diferencia de presiones. Cuando simulamos el funcionamiento del pozo durante 10 años con un amplio rango de parámetros, el modelo predice cambios suficientemente grandes como para desencadenar terremotos en fallas que ya tenían presiones", afirma Matthew Hornbach, autor principal del estudio."            (rt.com, en Rebelión, 23/04/2015)

10/4/15

El fracking provoca grandes seísmos en Oklahoma, según NYT

"Que el fracking provoque sismos ha sido evidenciado por un diluvio de reportes de publicaciones científicas de Estados Unidos (http://goo.gl/TD8tXD). Ahora toca el turno al agua de desperdicio del fracking de ser colocada en la picota ciudadana. 

 The New York Times (NYT), muy cercano a los Clinton, consagra un extenso reportaje a los sismos de Oklahoma vinculados al fracking y su agua de desperdicio de la poderosa cuan inimputable industria gasera/petrolera de Estados Unidos (http://goo.gl/PUeKSS).

El rotativo reseña los tres fuertes sismos –uno de los cuales alcanzó 5.7 grados en la escala de Richter– de noviembre de 2011 con el concomitante costo de reparación de casas modestas de los ciudadanos que ni siquiera son indemnizados y, menos, inmunizados frente a futuros terremotos.

Los funcionarios de Oklahoma –que suelen proteger a la industria gasera/petrolera, más que a los ciudadanos– catalogaron el magno sismo como un acto de la naturaleza, que no fue la culpa de nadie.

Muchos científicos no están de acuerdo y aducen que “tales sismos (…) son principalmente causados por los humanos (sic), debido a los pozos de desecho utilizados para inyectar extensas cantidades de agua de desperdicio de la exploración de gas y el petróleo en la profundidad de la tierra cercana a las placas tectónicas”.

¿Por qué no participan los geólogos, sismólogos y expertos hidráulicos en el diagrama colaborativo de explotación del salvaje fracking y su tóxica agua de desperdicio?

Los científicos –como Arthur F. McGarr, jefe del proyecto de inducción sísmica en el Centro Científico de Terremotos de Menlo Park, California (http://goo.gl/VIDxaW )– advierten que en caso de persistir la inyección de inmensas cantidades de agua de desperdicio se corre el riesgo de más temblores peligrosos (sic), si no en Oklahoma, en otros pozos esparcidos en estados colindantes: Texas (máxima potencia gasera/petrolera de Estados Unidos), Colorado, Nuevo México, Arkansas, Misuri y Kansas.

NYT considera que en un estado donde el petróleo y el gas constituyen sus pilares económicos, los líderes elegidos (sic) han sido lentos (sic) en enfrentar el problema, mientras los reguladores –aunque hayan tomado algunas medidas protectoras– carecen de autoridad legal, fuerza laboral y dinero.

¿Para que sirve un parasitario órgano regulador que no regula?

Después del “incremento abrupto y continuo de los sismos desde hace cinco años (http://goo.gl/iPdbuA)”, la mayor acción de la gobernadora Mary Fallin –de la Iglesia de Dios y del Partido Republicano, muy amigable a la industria de petróleo y gas– ha sido un estéril consejo de 12 apóstoles sin poderes de intercambio de información sobre temblores, que se reúne en secreto (sic) y carece de mandato para emitir recomendaciones.

No deseo ver la escena fantasmagórica de un lastimoso gobernador en el “México neoliberal itamita” humillado en público por una omnipotente gasera/petrolera de Estados Unidos cuando comience la depredación del fracking en el seco noreste mexicano. 

La legislatura de Oklahoma se parece mucho al Congreso mexicano por su disfuncionalidad, su entreguismo a la plutocracia gasera/petrolera y su desprecio por la suerte metabólica de los ciudadanos. Después de Alaska, Oklahoma es el estado donde más tiembla y que ha arrasado la quinta parte (¡supersic!) de su territorio, donde domina en forma sustancial la industria gasera/petrolera.  (...)

En Oklahoma City (la capital) –sede de las principales gaseras/petroleras de Estados Unidos: Devon Energy, Chesapeake Energy, SandRidge Energy y Oklahoma Gas & Electric–, los ciudadanos viven bajo la espada de Damocles de un inminente magno sismo de 7 grados debido a la inyección masiva de agua de desperdicio, como advirtió un grupo de investigadores (http://goo.gl/ajvMQl).

En paralelo a la inducción de sismos, la producción de petróleo en Oklahoma se disparó 75 por ciento de 2010 a 2013, lo cual procura uno de cada cinco empleos, al unísono de una derrama pecuniaria: desde regalías a granjeros y propietarios, pasando por impuestos a estados y municipios, hasta donativos a las universidades y el equipo de basquetbol estatal.

Gracias a la burbuja del fracking –prohibido en el estado de Nueva York (http://goo.gl/LoaCGb )–, el PIB de Oklahoma aumentó a más de 164 mil millones de dólares (http://goo.gl/GfiZIA ). Eso era en la mirífica etapa artificial del gas shale antes de su desplome. Ahora los ciudadanos de Oklahoma se encuentran ante una fatídica disyuntiva.

¿Por qué los ignaros políticos anticientíficos de Estados Unidos –no quiero imaginar a los legisladores financieristas del “México neoliberal itamita”, iletrados en ciencias básicas, exigidos a responder a lo que no saben– no toman medidas preventivas ante tanta advertencia de acreditados geólogos, sismólogos y geofísicos?

Los políticos de Oklahoma juegan a la ruleta rusa y serán enjuiciados cuando ocurra un magno sismo que cobre vidas humanas que pudieron haber sido salvadas. Casandra no tuvo razón hasta que Troya fue destruida. Los sismólogos han empezado a perturbar la inconsciencia de la fauna de petroleros, gaseros, financieristas, gobernadores y legisladores.

En correlación con la epidemia sísmica de Oklahoma, las demandas judiciales de los ciudadanos van viento en popa, donde los jurados, también afectados en su salud y patrimonio, pueden infligir enorme daño financiero a la depredadora industria gasera/petrolera, que pretende contrarrestar los hallazgos científicos con una vigorosa campaña desinformativa, como Continental Resources, que aduce que el planeta vive una inusual época de actividad sísmica. Sólo falta que echen la culpa de los sismos al terrorismo islámico. (...)"                    (Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada , en Jaque al neoliberalismo, 05/04/2015)