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18/5/22

La Constitución no solo obliga a la solidaridad entre autonomías, también entre personas y sectores sociales... permite su reforma, con condiciones pero sin límites. Si VOX quiere acabar con las autonomías puede plantearlo. De la misma manera que puede promoverse el reconocimiento de la independencia de una parte del territorio español... Esos cambios en la medida que supondrían una ruptura del pacto constituyente tienen unos procedimientos muy tasados y exigentes. Mientras eso no se produce el pacto constituyente de 1978 obliga a todos, también a VOX aunque su constitucionalismo a tiempo parcial lo ignore

J.Coscu @jcoscu

 1/7 El pacto constituyente de 1978, que vincula a toda la ciudadanía no solo a las generaciones que lo subscribieron, se consigue a base de muchas renuncias y no pocos equilibrios. Uno de los más complicados es el del artículo 2 de CE. que contiene un triple equilibrio

Pedro Vallín @pvallin

Edmundo Bal dice que "nacionalidad" es una palabra "ambivalente". "No nos encontrarán ahí", añade. Entiendo que por "ahí" se refiere a la Constitución.

11:09 a. m. · 17 may. 2022
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Hugo Martínez Abarca @hugomabarca
En respuesta a @pvallin y @jcoscu

Algo de razón tiene. "Nacionalidad" referido a un territorio fue un invento del constituyente: todos sabían que quería decir "nación" pero con ese eufemismo superaron el veto de los franquistas. Pero lo que le valía a los franquistas en el 78 no le vale a la derecha de hoy.

12:26 p. m. · 17 may. 2022
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2/7 El primer equilibrio entre “la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles” y “el reconocimiento de la autonomía de nacionalidades y regiones”

3/7 Un segundo equilibrio expresa la voluntad de aplicar una doble velocidad e intensidad en la autonomía, al distinguir entre nacionalidades y las regiones. No se quiso usar el término nación aunque tampoco se definió que y cuáles eran las nacionalidades y cuáles las regiones

4/7 Un tercer equilibrio, que suele olvidarse, es el que se establece entre el reconocimiento de la autonomía política y la obligada solidaridad entre ellas. Ojo que la CE no solo obliga a la solidaridad entre autonomías, también entre personas y sectores sociales

5/7 El art 1 sitúa la igualdad como uno de los valores superiores del ordenamiento jurídico del Estado SOCIAL y democrático de derecho en que se CONSTITUYE España. El art 9.2 obliga a los poderes públicos a promover la igualdad real y efectiva de individuos y grupos sociales

6/7 Afortunadamente nuestra CE no es “militante” y permite su reforma, con condiciones pero sin límites. Si VOX quiere acabar con las autonomías puede plantearlo. De la misma manera que puede promoverse el reconocimiento de la independencia de una parte del territorio español

7/7 Esos cambios en la medida que supondrían una ruptura del pacto constituyente tienen unos procedimientos muy tasados y exigentes. Mientras eso no se produce el pacto constituyente de 1978 obliga a todos, también a VOX aunque su constitucionalismo a tiempo parcial lo ignore.

1:29 p. m. · 17 may. 2022
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26/1/21

Estado plurinacional o autonomías en Latinoamérica... el pueblo mapuche conservó su soberanía desde 1598, ya que al derrotar a los conquistadores pudo poseer una vida libre fuera de toda opresión colonial, hasta la invasión y genocidio perpetrados por la República de Chile en la segunda mitad del siglo XIX

 "Los movimientos de los pueblos originarios de América Latina han tomado, respecto a sus proyectos de larga duración, dos actitudes diferentes en relación a los Estados nacionales. 

Una de ellas se propone la construcción de un Estado plurinacional, que algunas corrientes lo enuncian como la refundación del Estado colonial sobre nuevas bases. La otra enfatiza en la construcción de autonomías desde abajo.

Las experiencias más notables y conocidas de construcción de Estado plurinacional fueron las de Ecuador y Bolivia, en cuyas constituciones aprobadas en la primera década de 2000, aparece la mención a la plurinacionalidad. En el caso boliviano, la definición no deja lugar a dudas: se trata de un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, como reza el artículo primero de la norma aprobada en 2009.

De esa forma, señala el Preámbulo de la nueva Constitución, se deja atrás el Estado colonial, republicano y neoliberal. Esa sería la materialización de la refundación del Estado.

Sobre estas experiencias, contamos con análisis teóricos y balances históricos.

Respecto a la primera, el boliviano Luis Tapia razona que las culturas y pueblos que no corresponden al núcleo colonial y moderno no tienen una forma estatal en su seno y no la han producido históricamente. Si la unidad plurinacional adopta la forma de un Estado, la unificación política se estará haciendo en torno a la forma política de la vieja cultura dominante*.

De ese modo, los pueblos originarios terminan adoptando, o sufriendo, la imposición de modos y relaciones externos a sus culturas y, sobre todo, supone la continuidad de la forma Estado, apenas con otros nombres.

En lo concreto, los dos estados plurinacionales profundizaron el desarrollismo extractivo y, por tanto, el neoliberalismo, que es la forma que asume el neocolonialismo en este periodo de dominio del capital financiero. Por eso, Silvia Rivera enfatiza en la necesidad de deslegitimar todas las formas de cosificación y del uso ornamental de lo indígena que hace el Estado, incluyendo al Estado supuestamente refundado (https://bit.ly/37CIufi).

La corriente que defiende las autonomías desde abajo se expresa en diversos procesos, desde el zapatismo hasta el Consejo Regional Indígena del Cauca en Colombia, pasando por el gobierno autónomo de la nación wampis en Perú, y los caminos que recorren diversos pueblos amazónicos, andinos y mesoamericanos. Para ellos, el proceso autonómico es una construcción permanente, que no finaliza ni se congela para siempre en una institución determinada.

En el seno del pueblo mapuche, en Chile, el debate ha sido potenciado por la revuelta de octubre de 2019. Desde aquel momento, la propuesta de Estado plurinacional ha ganado adhesión entre los partidos criollos y entre los manifestantes que desde el estallido del 18 de octubre ondean la bandera mapuche, como señala un artículo de Fernando Pairican, autor de Malón, un libro imprescindible sobre la rebelión mapuche (https://bit.ly/3mHVPaq).

En todo caso, las aguas no están binariamente divididas entre autonomistas y defensores del Estado plurinacional, sino que el abanico es muy amplio: desde los defensores del control territorial para avanzar en la autonomía hasta quienes defienden los escaños reservados para pueblos originarios en la nueva Constituyente, pasando por quienes ven en el Estado plurinacional un camino hacia la autodeterminación.

En medio del debate, el 16 de diciembre la Comunidad Autónoma Temucuicui emitió una potente declaración. El breve texto recuerda que el pueblo mapuche conservó su soberanía desde 1598, ya que al derrotar a los conquistadores pudo poseer una vida libre fuera de toda opresión colonial, hasta la invasión y genocidio perpetrados por la República de Chile en la segunda mitad del siglo XIX (https://bit.ly/38kcP1k).

Asegura que los escaños reservados para pueblos originarios intentan diluir toda la historia y la legitimidad de la lucha mapuche, en la ambigüedad de la diversidad. Propone que la discusión constituyente debe darse en las calles, en las asambleas del movimiento social, fuera de toda esfera de control e influencia de los partidos neoliberales que han traído la marginalidad, la deuda y la destrucción del medio ambiente.

Rechazan instalarse dentro del corral, porque sería desconocer la lucha por los territorios y proponen cortar toda amarra de subordinación y asistencialismo del Estado, para reconstruir el tejido social mapuche. Sin embargo aclaran que, siendo la sociedad mapuche diversa y heterogénea, cada cuál hace lo que cree correcto.

El problema que enfrentan los sectores más consecuentes del pueblo mapuche, es una declaración de plurinacionalidad sin anclaje territorial y, por tanto, sin posibilidad de autogobierno. No sólo sería una declaración vacía, sino un modo de relegitimar un modelo que se está cayendo a pedazos."             (Raúl Zibechi, La Jornada, 03/01/21)

19/2/20

Planteamiento a favor de una diplomacia mundial en materia de salud

""Una de las características de una política exterior eficaz es que se ejecuta en segundo plano, no es ni llamativa ni especialmente visible. Los gobiernos deben adoptar urgentemente este enfoque para detener el creciente pánico mundial causado por el brote de coronavirus, mismo que ya ha matado a más de 1.300 personas e infectado a más de 63.000.

 Aunque casi todas las muertes y los casos confirmados hasta la fecha se han producido en la China continental, el virus se ha propagado a más de dos docenas de países. La Organización Mundial de la Salud declaró recientemente que el brote es una emergencia sanitaria mundial.Por el momento, reina el pánico. 

Las empresas globales de tecnología, como por ejemplo Google, Apple, Facebook y Tesla, han suspendido temporalmente sus operaciones en China y han pedido a sus empleados que trabajen desde casa. Muchas aerolíneas extranjeras, fabricantes de automóviles, cadenas de venta al por menor y de entretenimiento e instituciones financieras han tomado medidas similares. Y, en Estados Unidos, los asiático-americanos y los estudiantes de países asiáticos se enfrentan a una oleada de comentarios xenófobos sobre su comida, cultura y forma de vida.Además, muchos países se han unido a Estados Unidos para denegar temporalmente la entrada a los extranjeros que han viajado recientemente dentro de China. 

Sin embargo, destacados expertos en salud mundial sostienen que es improbable que políticas restrictivas como éstas, que suelen estar reservadas para situaciones que ponen en peligro la vida, detengan la propagación de lo que la OMS ha bautizado ahora como COVID-19.En cambio, esas medidas han avivado el pánico entre los inversores. La mayoría de las acciones chinas en las bolsas de valores  cayeron bruscamente cuando se reanudaron las operaciones tras la fiesta de Año Nuevo de este país, y algunos índices de mercado sufrieron sus mayores caídas de un solo día en más de una década. 

Debido a que China es la segunda economía más grande del mundo, estas pérdidas financieras tendrán un impacto a nivel mundial. Además, el impacto disruptivo que tiene el COVID-19 sobre los mercados laborales, los viajes, y la producción de las fábricas perjudicará a las operaciones de las empresas globales que dependen de la fuerza de fabricación y las cadenas de suministro de China.

La crisis es un recordatorio de por qué los gobiernos deben considerar la salud como un componente esencial de la política exterior. De hecho, gran parte del pánico actual podría haberse evitado si los líderes políticos hubieran ido tras el logro de una diplomacia mundial en materia de salud.

 En el pasado, los gobiernos han reconocido el papel de la salud como un instrumento crucial de la política exterior, incluso en la Declaración Ministerial de Oslo de 2007 de los ministros de relaciones exteriores de Brasil, Francia, Indonesia, Noruega, Senegal, Sudáfrica y Tailandia. Sin embargo, la aplicación de esta idea se ha tornado cada vez más difícil debido al ascenso mundial del nacionalismo de extrema derecha, que plantea a los diplomáticos el desafío de mantener relaciones amistosas con aliados demonizados por sus propios gobiernos.

Las políticas exteriores impulsivas destinadas a hacer frente a COVID-19 – como por ejemplo la prohibición de viajar y la suspensión de las actividades económicas – no sólo no están respaldadas por pruebas científicas, sino que es probable que resulten perjudiciales a largo plazo. Por el contrario, el poder blando, o la capacidad de un país para configurar las preferencias de los demás mediante la persuasión y la diplomacia, suele ser mucho más eficaz. 

De hecho, tres de las estrategias que probablemente resulten más eficaces para hacer frente a COVID-19 (y a futuras epidemias) requerirán que los gobiernos y otros agentes cooperen más estrechamente, establezcan una profunda confianza mutua y desarrollen plataformas que promuevan la difusión gratuita de datos científicos basados en evidencia.

Para empezar, la salud debería considerarse un bien público mundial. 

Los países que cuentan con sistemas sólidos de recopilación y difusión de investigaciones científicas deberían establecer redes de colaboración por medio de las cuales los países de ingresos bajos y medianos puedan informar y publicar información sobre brotes infecciosos. Afortunadamente, las principales revistas médicas internacionales, incluidas The Lancet y The New England Journal of Medicine, están recolectando – y publicando rápidamente – datos basados en evidencia y revisados por pares sobre las características clínicas y de salud pública de COVID-19.

 Esto es fundamental, porque el nuevo coronavirus no ha sido la única epidemia que se ha propagado a nivel mundial en las últimas semanas; también hay una epidemia de desinformación en línea, especialmente en las plataformas de redes sociales.

En segundo lugar, no se debe hacer que los países en los que se originen brotes potenciales se sientan estigmatizados. 

Es necesario que los gobiernos creen canales formales y confidenciales a través de los cuales los funcionarios puedan compartir libremente la información sobre los nuevos riesgos para la salud o los posibles brotes. COVID-19 se ha difundido tan ampliamente, en parte porque el gobierno chino tenía vergüenza política e inicialmente suprimió la información cuando los médicos de Wuhan dieron la alarma sobre los casos infecciosos.

 Aunque los países cuentan con diversos mecanismos para informar al público sobre los riesgos relacionados con la salud, una diplomacia mundial en materia de salud más coordinada podría haber mitigado el impacto de la epidemia.

En tercer lugar, los gobiernos deberían invertir en la creación de sistemas de gestión de datos que permitan seguir la propagación de las epidemias, preferiblemente en tiempo real. 

Éstos podrían parecerse al cuadro de mando para la innovación creado por el Center for Systems Science and Engineering de la Universidad Johns Hopkins para rastrear el brote de COVID-19.

 Este cuadro recopila datos de la OMS, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos y sus homólogos europeos y chinos, y la Comisión Nacional de Salud de China, todo en tiempo real. Estos datos son vitales para ayudar a los gobiernos a tomar decisiones informadas sobre la mejor manera de hacer frente al virus.

En un mundo globalizado, no podemos permitirnos ignorar los riesgos para la salud que surgen en otros países. Por consiguiente, los gobiernos de los países ricos en particular no deben considerar el aumento de la globalización y la interdependencia como un fenómeno puramente económico que permite a las empresas establecer operaciones de fabricación y cadena de suministro en las economías de ingresos medios y bajos. 

Los países privilegiados también tienen la responsabilidad de establecer mecanismos de apoyo que ayuden a otros a hacer frente a las nuevas amenazas para la salud.Frente a una epidemia mundial como la de COVID-19, los líderes políticos deben guiarse por las pruebas científicas y la compasión, y no por las anécdotas y la xenofobia. Una diplomacia mundial en materia de salud que sea ilustrada podría salvar innumerables vidas."                     

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27/7/12

Los países más ricos se benefician más del mercado interno de la Unión Europea, que los más pobres. Alemania se beneficia más: puede exportar a lugares en los que de otro modo el comercio habría estado restringido por las fronteras nacionales

"Países Bajos, uno de los principales contribuyentes netos de la UE, paga “miles de millones de euros” a las arcas de Bruselas, tal y como les gusta señalar a los euroescépticos. ¿Obtienen algo a cambio? De Groene Amsterdammer intenta averiguarlo en su serie de análisis de euromitos. (...)

¿A cuánto asciende nuestra contribución y qué obtenemos a cambio en forma de subsidios agrícolas y obsequios para las regiones más pobres como Flevolanda? Esto debería ser un análisis sencillo de costes y beneficios. Países Bajos ha sido durante años uno de los mayores contribuyentes netos de Europa. 

Una cantidad que equivaldría a más de doscientos euros por cada ciudadano neerlandés al año, en total 3.600 millones de euros, pero menos, por ejemplo, que la cantidad que pagan Suecia o Alemania.

Sin embargo, la pregunta es si los beneficios son sólo esos pocos miles de millones de subsidios procedentes de Bruselas. De hecho, según algunos estudios, Países Bajos se ha beneficiado tanto de Europa, que la contribución neta es insignificante. 

Hans Vollaard, profesor de ciencias políticas en Leiden afirma: “Hay que considerar la contribución como una especie de cuota del mercado libre”.

Y estas ganancias las calculó con bastante precisión en 2011 la Oficina Neerlandesa para el Análisis de Políticas Económicas: de media, el mercado libre interno aporta al neerlandés el salario de un mes al año, y el euro, como máximo el salario de una semana. En otras palabras, mucho más que la contribución neta. ¿Cómo es posible?

El profesor de banca y finanzas Harald Benink opina: “Ganamos dos tercios de nuestros ingresos nacionales con las exportaciones. Tres cuartas partes de ellas van a Europa. El mercado libre es muy importante”. Resulta difícil estimar qué grado de comercio existiría sin el mercado interno, pero Benink no cree que los resultados sean exagerados.

La mayoría del resto de estudios revela unos beneficios mucho mayores. Nico Groenendijk, profesor de política económica europea añade además que la cuestión va más allá de las ventajas medibles, pues el beneficio de la seguridad y la estabilidad es incalculable.

No obstante, pueden surgir algunas dudas con respecto a ese ‘beneficio’. Quizás Países Bajos se beneficie en general, pero no ocurre lo mismo con cada ciudadano neerlandés. Pensemos en los trabajadores de la construcción que pierden su trabajo porque se lo llevan los albañiles polacos.

La pregunta que plantean los eurocríticos sigue sin respuesta: ¿por qué Países Bajos tiene que pagar una contribución más alta que otros países para acceder al mercado interno? La respuesta a menudo es que se trata de una cuestión de solidaridad, de ayudar a pagar el desarrollo de las regiones menos favorecidas.

Pero en realidad, los países más ricos se benefician más del mercado interno que los más pobres.

Josef Janning, director de estudios en el Centro de Política Europea opina: “Un país como Alemania se beneficia más: puede exportar a lugares en los que de otro modo el comercio habría estado restringido por las fronteras nacionales y el sentimiento anti-alemán. 

Los países más desarrollados pueden vender productos locales a países menos desarrollados. Esto también ocurre con las exportaciones neerlandesas”. En otras palabras: puede que seamos un contribuyente neto, pero en muchos sentidos también somos beneficiarios netos."          (Presseurop, 26 julio 2012, De Groene Amsterdammer Amsterdam)

24/3/10

"Sueño con un Estado federal europeo"

"Pregunta. Dijo Semprún que usted es un verdadero europeo. ¿Qué es un verdadero europeo?

Respuesta. Creo que Semprún habla más desde la generosidad de la amistad que con la racionalidad de la justicia. Creo que alguien verdadero tiene que serlo sin programarlo, porque no se trata de un programa ideológico. Yo siempre repito que me ocurre con Europa lo que le pasaba a san Agustín con el tiempo: "Cuando no me lo preguntan sé lo que es; cuando me lo preguntan no sé lo que es". Lo mismo te pasaría a ti si te preguntaran qué es España: te sentirías incómodo porque no sabrías por dónde empezar... Hoy los problemas políticos o sociales, como el paro o la inmigración, tienen una dimensión europea. Si Alemania, Italia o España sufren una quiebra económica, eso repercute en cada uno de los países restantes. Sueño con un Estado federal europeo, descentralizado, porque cuando existe una realidad material, a ésta tiene que corresponderle una realidad también formal.

P. ¿Y qué caracteriza a esa Europa que le gustaría ver convertida en Estado federal?

R. Desde el punto de vista cultural, aparte de los problemas lingüísticos que me obligan a leer algunas cosas en idioma original y otras traducidas, la novela es desde hace tiempo europea, con sus diversidades. Tengo la sensación de que éste es mi mundo y no por eso es mejor o peor que otros... Si quisiéramos definir unas líneas tradicionales de lo que puede caracterizar una cultura europea, ante todo habría que hablar del acento puesto en el individuo. A diferencia de otras grandes civilizaciones que subrayaron la totalidad, las religiones europeas, en definitiva, el hebraísmo y el cristianismo, se plantearon el problema de la salvación individual. Hoy en día, a pesar de creer o no en una sustancia, el protagonista es siempre el individuo... Incluso en la filosofía, Kant proclama al individuo como el fin y nunca como el medio. Y en la literatura el individuo es el protagonista de todas las historias...

P. Así que el individuo es europeo...

R. Es un sentimiento muy europeo. La relación del individuo con el Estado es muy diferente aquí de la que se tiene en el otro Occidente, Estados Unidos. El concepto de welfare es constitutivo de esta mentalidad europea individualista que nunca llega a un total anarquismo salvaje. No se trata exactamente de valores, pero es algo que nos pertenece como europeos. Si nos trasladamos a un ámbito más particular, es evidente que la reacción ante un libro mío me interesa más si se produce en Francia o en España que en cualquier otro sitio. Porque éste es mi ámbito, yo soy europeo, me mueve la sensibilidad europea ante lo que hago. No existe un club de europeos, pero yo me siento así, no hace falta decirlo.

P. En esta serie, Hans Magnus Enzensberger decía algo parecido: vuelve a Europa y halla un aire común.

R. Se siente uno como en casa. Y no sólo por la distancia. Entre Nueva York y Madrid hay al fin casi tanta distancia como entre Madrid y Trieste, cambiando de avión. (...)

P. ¿Y cómo ve ahora la posible utopía europea?

R. Soy muy pesimista a medio plazo y sigo creyendo que será muy difícil llegar a una verdadera cohesión. Será necesario renunciar al principio de unanimidad porque la democracia no es unanimidad, la democracia se decide por mayoría. Sólo el totalitarismo o el fascismo suponen que todos están de acuerdo. Habrá que potenciar las autonomías, en un sentido concreto, técnico. Desafortunadamente, Europa, tras haber sido amenazada por los totalitarismos, está ahora amenazada por los particularismos. Es una postura cerrada porque se ven sólo los intereses de una pertenencia étnica. Hay que salvaguardar el particularismo. Pero no a costa de enfrentarlo. Por ejemplo, ¿por qué defender el bable frente al castellano? Se lo ofende convirtiéndolo en una bandera ideológica. Yo siempre hablo en dialecto en Triste, y lo hago de manera espontánea, no ideológica, y no lo contrapongo al italiano. Hay un delirio de la fragmentación ahora. En Italia hubo una propuesta de sustituir el himno nacional por los himnos locales. Y pensé que entonces el presidente del Consejo de Trieste sería acogido con el himno de los borrachos, "Ancora un litro de cuel bon..." [Un litro más de vino bueno...]. Esto es un veneno, porque es una manera salvaje de rechazar al otro. ¡Y si el otro empieza en la periferia de Trieste, qué no ocurrirá entre Francia, Italia o España! ¡Imagínate si a esa lista sumamos Irán!

P. Esos particularismos son una evidencia desde hace rato en España...

R. Lo sé. En este momento en España están emergiendo ciertos particularismos que no están bien organizados. Obviamente, no apoyo el centralismo franquista, pero la reacción actual no permite seguir adelante. Si una región mira solamente hacia dentro de sí misma, no sólo daña a España, sino que daña a toda Europa. Cada uno tiene su identidad, que puede ser triestina o aragonesa, que hay que tomar en cuenta sin ese delirio de aislamiento que va en contra de la integración y del diálogo. Yo intervengo siempre para defender a los inmigrantes, pero una vez unos padres islámicos querían clases reservadas para los estudiantes islámicos. ¡Si yo hubiera pedido clases sólo para estudiantes católicos, hasta el bedel me hubiera echado a patadas!... No quiero que se me malinterprete: yo escribí sobre muchos microcosmos, visité pueblos en los que no viven más de 800 personas. Pero hay que ponerlos en valor sin hacerlo en detrimento de otros.

P. ¿Suponen esos particularismos un freno para el Estado europeo que usted alienta?

R. Claro que sí. Es un freno que impide, o por lo menos hace más difícil, la gran política, los grandes diseños. Las grandes realidades políticas del pasado siempre han tenido un momento creativo. Europa, naturalmente, nace en una época democrática y por suerte no a través de conquistas, sino de pactos, gracias al espíritu de la negociación. Estamos pasando por un momento de cansancio. Pero aunque estemos dando dos pasos hacia adelante y un paso y tres cuartos hacia atrás, creo mucho en los pequeños pasos." (Claudio Magris: "Sueño con un Estado federal europeo". El País, Domingo, 21/02/2010, p. 12)

26/1/09

Lo federal, lo confederal

"Pero no somos ya un Estado federal? (...)

Quizás el patrón institucional más claro del modelo federal lo estableció hace ya unos años un conocido politólogo belga cuando, citando una variedad de casos de federalismo, advirtió algunas constantes en todos los ejemplos. Para Laenerts hay federalismo, primero, siempre que nos encontremos ante un Estado compuesto, con niveles de gobierno o instituciones de poder de ámbito nacional y también territorial. En segundo lugar, la forma política federal lleva a cabo un reparto de atribuciones políticas sobre un determinado espectro competencial, del que ninguna instancia de gobierno puede disponer unilateralmente, por encontrarse establecido en el plano normativo constitucional. En tercer lugar, indefectiblemente, en el Estado federal debe de haber una instancia jurisdiccional que resuelva los conflictos entre los poderes generales o territoriales, con criterios exclusivamente técnicos, esto es, aplicando de manera independiente el parámetro competencial constitucional.

Si convenimos en este canon, nosotros somos ya un Estado federal, aunque no nos llamemos de este modo. (...)

El sistema confederal no puede presentarse como una profundización del sistema federal, como el modelo federal es un perfeccionamiento del sistema autonómico. La confederación destruye y niega el modelo federal. La confederación no es más federalismo, sino al contrario, menos; en realidad, es otra cosa que el federalismo. La confederación no es un Estado compuesto, un modo de reforzar su unidad política, sino un compuesto de Estados, una unión política débil y por esencia inestable y pasajera de Estados. Una forma política en movimiento, por la que se pasa hacia la federación o la independencia, pero en la que nadie permanece, como lo mostró en el siglo XVIII la Confederación americana y en el siglo XX la Confederación soviética. Se trata de una estructura política de base cuestionable que las unidades políticas soberanas que son los miembros aceptan mientras quieren, y que resulta sumamente ineficaz, pensada para llevar a cabo funciones políticas limitadas, y cuyas decisiones son sometidas a la ratificación de los elementos que integran el conjunto político. (...)

Pero el federalismo es pacto (foedus), un modo de unir a través del establecimiento de mecanismos de articulación. Sabemos lo mucho que en este sentido puede federalizarse nuestro Estado autonómico. Pensemos, en este plano, en lo que queda por hacer, construyendo un Senado auténticamente territorial, que atribuya en la formulación de la política autonómica un mayor peso a esta Cámara. (...)

Todo es discutible, no hay nada sagrado, intocable o irrenunciable. Sólo es imprescindible la devotio a las reglas de juego, entre ellas, naturalmente, el respeto a las decisiones de la clave del sistema, se llame Tribunal Supremo, en Estados Unidos, o Tribunal Constitucional, en España.

Esto supone, sin duda, renunciar a un planteamiento identitario de los conflictos políticos y admitir su conversión en términos jurídicos cuando se presentan ante la instancia ad hoc que la federación ha reservado para estos supuestos. Es precisamente esta civilización del conflicto lo que permite la acomodación y el reconocimiento de las distintas naciones y regiones, ellas internamente también plurales, que coexisten en España." (RAMÓN MAÍZ Y JUAN JOSÉ SOLOZÁBAL: Cómo abordar el cambio federal. El País, ed. Galicia, Opinión, 23/01/2009, p. 32 )