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20/4/21

Una investigación bucea hasta el Neolítico para encontrar los orígenes de la desigualdad entre hombres y mujeres

 "La arqueología es una ciencia difícil: demasiadas preguntas para muy pocas evidencias. Sin embargo, el estudio de la Prehistoria puede aportar claves fundamentales para comprender graves problemas del presente. 

La investigadora de la Universidad de Sevilla Marta Cintas-Peña, con el respaldo del plan de investigación Marie Sklodowska Curie de la Comisión Europea, bucea en el origen de la desigualdad entre hombres y mujeres consciente de que, como afirma, “es un proceso social y cultural creado que ha consolidado un sistema injusto”. 

Para desandar ese camino, Cintas-Peña ha estudiado el origen de esa lacra y ha hallado un elemento que podría haber sido clave: la movilidad de la mujer al entorno del hombre (“patrilocalidad”), que empieza a evidenciarse de forma relevante en la Península a partir de la Edad del Cobre, entre 3.200 y 2.300 años antes de Cristo.

 Leonardo García Sanjuán, catedrático de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla y coautor del estudio, pendiente de publicación y que forma parte del proyecto que recoge la web Projectwomam.com, explica que “la patrilocalidad es la regla residencial por la cual las mujeres, cuando se casan, se van a vivir a la aldea o pueblo del marido, una acción típica de sociedades patriarcales”. 

“Esta práctica”, según explica, “es muy trascendente en el estudio del origen temprano del patriarcado pues, al salir de sus familias y de sus propias aldeas y marchar a las de sus maridos, las mujeres quedan descontextualizadas de su marco familiar y del apoyo de sus parientes y amigos, lo cual las hace mucho más vulnerables a la opresión por parte del marido y su familia”.

 Para confirmar esta práctica y huir de interpretaciones sesgadas por paralelismos etnográficos (atribuir roles pasados en función de comportamientos culturales actuales), Cintas-Peña ha analizado la totalidad de los datos de isótopos de estroncio disponibles a fecha de hoy para este periodo en la península Ibérica. 

Este conjunto de datos aporta información sobre 476 individuos procedentes de 26 sitios diferentes. Según explica la arqueóloga, este sistema, a través de la comparación de la marca isotópica de la región y de la marca isotópica de los restos óseos, permite determinar si un individuo fue enterrado en el mismo lugar en el que vivió, abordando así su movilidad.

Este estudio, según la investigación, “proporciona la primera visión de los patrones residenciales del Calcolítico en la Península así como un nuevo enfoque que incluye el género como elemento central entre las variables estudiadas”.

Los resultados arrojan pocas dudas sobre la movilidad. El análisis de los valores de las mujeres muestra que estos no se corresponden con sus lugares de enterramiento en más del doble de casos que los de los hombres, lo que significa que ellas procedían con mayor frecuencia de otro lugar. Una posible explicación a ello es la patrilocalidad. El estudio confirma una afirmación del antropólogo estadounidense Marvin Harris: “La abrumadora mayoría de las sociedades conocidas muestran patrones residenciales y de afiliación centrados en el hombre”.

 García Sanjuán aclara que esta práctica se intensifica cuando las sociedades empiezan a tener excedentes que generan patrimonios familiares y la herencia, según explica el arqueólogo, “empieza a convertirse en un asunto clave social y económicamente”: “Para que los hombres tengan la seguridad de que el legado va a pasar a sus propios hijos biológicos, empieza a darse una ideología de control de las mujeres”

Cintas-Peña añade que la “patrilocalidad” podría haber tenido lugar de forma paralela a la sedentarización y la acumulación de excedentes: “Se produce una jerarquización, un aumento de la complejidad social por la que determinados personajes acumulan poder y establecen linajes que parece que benefician al hombre con más frecuencia que a la mujer”.

 La patrilocalidad, junto con otros elementos en los que a partir del Neolítico se aprecian diferencias, como el análisis de traumas de los esqueletos, la mayor presencia de proyectiles en los enterramientos masculinos o la representación de la mujer en el arte levantino, más vinculada a tareas de mantenimiento, comienza a evidenciar una diferenciación que no se daba antes.

La investigadora destaca que “esa desigualdad surge por procesos que no son siempre iguales, pero que sí llegan al mismo punto”. “No hay una única causa. Son procesos con diferentes ingredientes que se van cocinando lentamente. Pero sí está claro que la desigualdad es un proceso cultural, que no existe un determinismo biológico”.

En el mismo sentido, el arqueólogo Steve Kuhn señaló que “la división del trabajo por género es más un producto de las normas sociales que de la biología o la psicología”. Y este no es un proceso tan antiguo como se ha querido ver, como demuestran hallazgos recientes de restos de mujeres que participaban en actividades como la caza hace 8.000 años.

 Las evidencias apuntan a que el origen de las desigualdades empiezan a manifestarse de forma habitual a partir del Neolítico y que hay una relación con la movilidad. Un artículo publicado en la revista Science analizó, a partir del estudio de las tumbas y los objetos que se encontraron junto a los restos humanos, la forma de vida de una comunidad que habitó el valle del Lech, cerca de Augsburgo (Alemania), hace 4.000 años.

 Los autores señalan cómo se pasó de sociedades en las que todos nacían iguales a otras en las que algunos se reivindicaban como descendientes de quienes crearon las normas que ordenaban la sociedad o incluso de los dioses. Las mujeres que yacían junto a los aristócratas y que compartían su elevado estatus no habían nacido en el valle de Lech.

 El análisis del esmalte de sus dientes contenía elementos químicos que no las vinculaban con la composición del agua local, como sucedía en el caso de los hombres. Habían crecido lejos de allí y habían llegado para casarse. Las únicas mujeres locales eran pobres, enterradas sin objetos alrededor, o niñas de familias ricas que habían muerto antes de la adolescencia."                     (Raúl Límón, El País, 13/04/21)

20/11/20

EEUU ha replicado el orden aristocrático europeo que rechazó en sus orígenes porque la movilidad social del país depende de lo que heredas de tus padres... "La división de clases en EEUU es tan extrema que no es una democracia real"

 "Una extensa investigación ha llevado a Nancy Isenberg, escritora y profesora de Historia de la Universidad Estatal de Luisiana, a concluir que EEUU ha ocultado deliberadamente su propia historia de clases sociales; que el mito del 'sueño americano' no existe; y que EEUU "ha replicado el orden aristocrático" europeo que rechazó en sus orígenes porque la movilidad social del país "depende de lo que heredas de tus padres en lugar de tener servicios sociales que hagan que sea una cuestión de mérito". Su trabajo está recogido en el ensayo 'White trash: los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses' (Capitán Swing).

¿Por qué ha ocultado EEUU deliberadamente su historia de clases sociales?

Creo que parte del problema es que en EEUU prestamos mucha atención, incluso hoy en día, a celebrar nuestro nacimiento como país independiente. Todas los Estados-nación crean mitos de lo que representa su Gobierno y su país y nuestro mito se fundó en el rechazo del sistema de clases que existía en Europa. Rechazar la aristocracia, los títulos, la monarquía. Tomar esa identidad política implicaba que siempre había una tensión a la hora de discutir cuestiones de clase en el país.

Aunque hay un intento de negar la clase –ligado al mito de que América es la tierra de las oportunidades y que todo el mundo puede experimentar la movilidad social, lo cual no es cierto–, a menudo esta emerge y se convierte en parte del debate político. Incluso la Guerra Civil es sobre raza y clase. Con el New Deal y la Gran Depresión tanta gente se quedó sin trabajo que de repente ya no podían utilizar la lógica de que son los perezosos los que no trabajan. De pronto tuvieron que reconocer que Estados Unidos no sólo ha experimentado una movilidad ascendente, sino que experimentamos más movilidad descendente. Para los estadounidenses, este es un tema realmente difícil de hablar.

¿Diría usted que existe el 'sueño americano' para la clase trabajadora blanca de EEUU?

Las personas que apoyan a Donald Trump no es que adoren al presidente, sino que lo que realmente les gusta es que ha creado un espacio donde de repente la gente tiene que prestar atención a la clase obrera blanca. De pronto tienen un defensor. De pronto tienen un espacio en los medios de comunicación donde antes habían sido completamente ignorados. 

La mayoría de las personas que votó a Trump en 2016 no cree en el mito de la meritocracia –trabaja duro y serás recompensado–. En la práctica, este mito no se les aplica. Poco más de un tercio de los estadounidenses llega a tener títulos universitarios. La idea de ir a la universidad, algo que realmente cambia tus ingresos, no se aplica a ellos. También tienen miedo de perder su estatus en lugar de poder ascender, que es en lo que se centran los demócratas. No creen en la idea del profesional formado porque saben que eso no va a ser alcanzable para ellos y probablemente ni siquiera para sus hijos. Lo que quieren es ser recompensados con un retorno a los empleos de clase trabajadora más estables que han desaparecido porque todos se han llevado a otros países.

Es difícil entender cómo estas personas llegaron a votar y convertirse en convencidos seguidores de Trump en 2016 si, como usted dice, el presidente está tan lejos de ellos y no se identifica con sus intereses.

Vivimos en un mundo de ideología y la gente en EEUU se piensa que tenemos más movilidad social que cualquier otro país del mundo, lo cual no es cierto. Está probado estadísticamente. Países como Suecia y Dinamarca tienen más movilidad social porque proveen servicios sociales. En este país, la familia promedio tiene que contribuir con el 50% de su riqueza a sus hijos. Hemos replicado el orden aristocrático porque todo depende de lo que heredas de tus padres en lugar de tener servicios sociales que hagan que sea una cuestión de mérito. Pero la mayoría de los estadounidenses saben muy poco sobre su historia y repiten una y otra vez el mito [del 'sueño americano']. 

Nuestra división de clases es tan extrema que no es una democracia real. En el Congreso son todos millonarios. Esa es realmente una de las cosas que ha cambiado sustancialmente. Inicialmente en nuestro país, si estabas en el Congreso, no ganabas mucho dinero. En 1817 decidieron aumentar sus salarios a unos 16 dólares. El problema entonces es que había que ser rico para servir en el Congreso. Pero ahora hemos ido al extremo opuesto donde toda esta gente está vinculada a grupos de presión, se gastan una fortuna en sus campañas y están totalmente fuera de contacto con la sociedad. Pasan la mayor parte del tiempo al teléfono tratando de recaudar dinero.  

 

Cuando esta gente eligió a Trump, también estaban rechazando al Partido Republicano. Estaban cansados del político al uso. La otra cosa que hace Trump que les atrae y que fue una de las claves de su éxito es la forma en que habla. Les encanta que hable a la gente a la cara, que sea grosero... Y confunden eso con la autenticidad. Es muy triste que los estadounidenses acepten esto, pero tristemente se remonta al siglo XIX. En el siglo XIX, los políticos de la élite iban al interior del país y lanzaban sus mensajes a la gente pobre que vivía en las cabañas. Y por un momento tenían que hablar su idioma. Pero tan pronto como se iban, ya no tenían ninguna obligación de apoyar ninguna política que realmente les beneficiase.

¿Por qué es tan importante la intersección de clase y raza que resulta en la 'escoria blanca'? ¿Qué le diferencia del resto de la clase trabajadora del país?

Creo que eso es muy importante. Voy a enfatizar dos grandes tendencias que suceden en la historia de EEUU sobre la intersección de raza y clase. Una es que las élites sureñas a menudo manipulaban la tensión entre los blancos pobres y los afroamericanos pobres. En la Guerra Civil, por ejemplo, cuando la Confederación era un Gobierno muy elitista, incluso pensaron en negar a los blancos pobres el derecho al voto. Tenían un profundo temor de que su población blanca pobre apoyara a Lincoln porque este prometía la Ley de la Granja –permitir a pequeños ganaderos y agricultores el acceso a tierras del Gobierno– y la concesión de tierras a los sin tierra. Entonces, las élites sureñas trataron a menudo de atraer a los blancos pobres. Lo que hicieron durante la Guerra Civil fue decirles que si apoyaban a Lincoln iban a perder su estatus y se convertirían en el equivalente a un esclavo. Siempre explotaron esa tensión. 

Eso también pasó cuando el movimiento populista a finales del siglo XIX trató de movilizar los intereses de los negros de la clase trabajadora y los sureños blancos pobres de clase trabajadora. Las élites sureñas trataron de romper esa alianza y trataron de asegurarse de que los blancos pobres estaban alineados con otros blancos de la élite o de la clase media. Eso siempre ha sido una tensión incómoda. Hacer imposible que los blancos y negros pobres creen una alianza de clase trabajadora ha sido una constante. Esta es la única tensión que se repite una y otra vez en la historia de EEUU. Pero hubo gente que trató de romper esta dinámica, como Martin Luther King (MLK). 

La gente se olvida de que MLK decía que hay que abordar la raza y la clase. No se puede asumir que la gente y sus vidas están definidas por una sola variable. La sociedad es compleja. Sin embargo, los medios de comunicación siempre quieren simplificar las cosas y terminan convirtiéndose en un disco rayado. En este sentido, la mayor parte del enfoque en estas elecciones es simplemente hablar del nacionalismo blanco todo el tiempo que, aunque refleja una parte del electorado de Trump, no refleja todo. 

Estamos en un dilema donde a menudo no conocemos el pasado y en el presente existe una jerarquía de opresiones. Esencialmente tenemos que decir siempre que la raza está en el centro de todo, cuando en realidad puede ser raza y clase. No se pierde nada al decir esto y no entiendo por qué los periodistas tienen esta especie de dogma. Hacen una genuflexión y dicen: "raza, raza, raza, raza". Y luego se pierden el panorama general. Se pierden que la raza y la clase pueden operar al unísono para oprimir a ciertos grupos de manera diferente. La clase importa tanto como la raza en lo que respecta a la fuente de esa opresión.

¿Por qué sostiene que los orígenes de la 'escoria blanca' se remontan a la colonización británica? ¿Cómo ha sobrevivido este sistema hasta nuestros días?

[Reino Unido] quería deshacerse de los pobres en el 'nuevo mundo', que no era la tierra de la libertad, sino precisamente lo contrario. El 'nuevo mundo' era básicamente un asilo para pobres para aliviar la presión económica sobre Gran Bretaña. La razón por la que el lenguaje para referirse a estas personas ha persistido y permanecido vivo tiene que ver con la persistencia de los pobres de zonas rurales. Son a menudo los pobres más invisibles, pero en cierto sentido tienen mucha influencia política, especialmente en el sur, por la forma injusta en que se cuentan los votos y la forma en que funciona el colegio electoral.

Esta división entre lo urbano y lo rural sigue vigente a día de hoy. Muchas de las personas que van a los mítines de Trump se identifican con un personaje rural: la forma en que llevan las gorras de trabajo, la forma en que llevan los vaqueros y camisetas. Están invocando una especie de identidad más antigua de estadounidenses rural."                   (Entrevista a Nancy Isenberg, historiadora, Javier Biosca, eldiario.es, 29/10/20)

10/2/20

Nuestra capacidad para cooperar es lo que nos separa de otros animales. Algo que nos permite confiar en el valor de un dinero impreso en papel a miles de kilómetros o compartir valores... pero nuestra capacidad de cooperar evolucionó dentro del grupo. Favorecemos a los de nuestro grupo y desconfiamos de los de fuera. Esto es parte de nuestra herencia evolutiva, pero podemos reunir a gente de distintas culturas en entornos colaborativos... si trabajamos juntos tenemos la tendencia a repartir con justicia

"Desde que existimos, los humanos nos hemos sentido especiales. Durante milenios mantuvimos la ilusión de que éramos el centro de la creación, de que la Tierra se encontraba en el centro del universo, de que nuestra naturaleza no tenía nada que ver con el resto de los animales. 

Casi siempre, nos separamos incluso del resto de los de nuestra especie, llegando a inventar dioses omnipotentes que habían elegido nuestro pueblo entre todos los de la Tierra. Los científicos, sin embargo, aguaron la fiesta. Los astrónomos nos colocaron en los suburbios de una galaxia entre millones y los biólogos nos enseñaron lo mucho que nos parecemos a los otros animales.

El hecho es que, pese a la cura de humildad de los últimos tiempos, los humanos somos unos animales diferentes, capaces de colonizar en pocos milenios todos los rincones del planeta y con un talento inédito en bichos de nuestro tamaño para crecer y multiplicarnos. Esta semana, en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, se reunieron los principales investigadores del mundo sobre cognición y cultura en el contexto evolutivo. Puesto de una manera más simple, científicos que indagan sobre qué nos hace humanos.

Michael Tomasello (1950, Bartow, Florida, EE UU) es uno de estos investigadores. Codirector del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, ha trabajando con chimpancés, nuestros parientes animales vivos más cercanos, y bebés, en busca de algunos rasgos que hacen especiales a los sapiens y ha llegado a la conclusión de que es nuestra capacidad para cooperar y conectar nuestras mentes lo que nos separa de otros animales. Algo que, en último término, nos permite confiar en el valor de un dinero impreso en papel a miles de kilómetros de nuestra casa o compartir valores.

Pregunta. Dice que una de las particularidades que nos hace humanos es nuestra capacidad para cooperar poniendo juntas nuestras cabezas. ¿Cuándo sucedió y por qué?

Respuesta. Nuestra hipótesis es que, hace alrededor de medio millón de años, hubo una gran explosión de poblaciones de monos que les estaban robando la comida a los humanos. En esa situación, tuvieron que encontrar otras formas de conseguir comida y acabaron colaborando para conseguir alimentos, como los antílopes, fuera del alcance de los monos. En esa situación, si no podías colaborar, no podías sobrevivir, así que había presión para colaborar.

Ese es el paso uno. Después se acaban formando grupos en los que todos los individuos dependen del resto. Así aparece la división del trabajo: tú haces una actividad y yo hago otra, y ahora dependemos mutuamente, especialmente cuando hay competición con otros grupos o guerras. A partir de ahí necesario que unamos nuestras cabezas para sobrevivir. Este proceso comienza hace medio millón de años y avanza hasta la aparición de la cultura hace 150.000 años.

P. ¿Somo altruistas o egoístas por naturaleza?

R. A veces somos generosos y a veces egoístas, dependiendo de la situación. Pero hemos visto que cuando se colabora, la gente tiende a repartir con justicia lo que se obtiene. Cuanto más podamos construir situaciones en las que la gente colabore, y hagan cosas juntos de forma interdependiente, se facilitará un tratamiento más justo para todo el mundo. 

Incluso si es gente a la que no conoces, si trabajas con ellos sientes que lo adecuado es compartir con igualdad. Esto se puede ver en las relaciones europeas después de la Segunda Guerra Mundial. Algunas herramientas como el euro han hecho interdependientes a diferentes naciones y eso lleva a que se traten entre ellas con mayor justicia.

P. Muchas de las personas con más éxito de la sociedad son muy buenas organizando a los demás para que cooperen en su propio beneficio, pero no se preocupan demasiado por tratarlos con justicia

R. Eso puede suceder, sí, pero creo que otra forma de pensar sobre ello es fijarte en como tratan a sus amigos y su familia. Incluso gente que es muy competitiva en otros contextos, como en los negocios o donde sea, son muy generosos en su entorno de amigos y familia. Lo que pasa es que estas personas juzgan de manera distinta qué condiciones aplican a las personas que pertenecen a su grupo y a las que no.

P. ¿Por qué hay gente encantadora con su familia o incluso con la gente de su país, pero despiadada con los que están fuera de ese círculo?

R. Puedes considerarlo un hecho desafortunado, pero nuestra capacidad de cooperar, evolucionó dentro del grupo. Hace 100.000 años éramos interdependientes con nuestro grupo cultural, pero luchábamos con otros grupos, y no confiábamos en otros grupos, no podíamos entender su idioma... Es uno de los hallazgos más sólidos de la psicología, las diferencias de trato a los miembros del grupo y a los que no lo son. Favorecemos a los de nuestro grupo y desconfiamos de los de fuera.

 Esto es parte de nuestra herencia evolutiva, puede que no nos guste, pero lo es, y no tienes que ir muy lejos para encontrar pruebas de que es así. Si es algo que quieres cambiar, es posible que no puedas cambiar la biología, pero podemos crear instituciones sociales que reúnan a gente de distintas culturas en entornos colaborativos.

Las normas sociales pueden cambiar muy rápido. Yo crecí en el sur de EE UU, en lo que básicamente era una situación de apartheid, donde los afroamericanos tenían peores casas o peores escuelas. Todo el mundo vivía con ello, pero de repente, los negros empezaron a protestar y a decir que no iban a aceptar más esa situación. Los blancos que no habían sido racistas, pero sí complacientes, aceptando la situación como si fuese normal, vieron que no estaba bien. 

Y las normas sociales cambiaron muy rápido. Por supuesto aún hay vestigios de racismo, pero no puedes utilizar determinadas palabras en público, no puedes discriminar a la hora de ofrecer oportunidades de alojamiento o trabajos... Creo que incluso en casos en los que tenemos un sesgo evolutivo, trabajando en otra dirección se pueden cambiar las normas sociales relativamente rápido.

P. ¿Ha cambiado la forma de relacionarse con los otros desde la aparición de la agricultura y de la civilización?

R. Sí. Lo que sucede es que antes de la agricultura solo existían grupos de cazadores recolectores. Eran bastante igualitarios, no había muchas posesiones privadas, se compartía todo. Con la agricultura, y Marx fue el gran analista de esta situación, se produce una acumulación de recursos que no existía antes. 

En un grupo de cazadores recolectores, una de las razones por las que todo el mundo comparte es porque no puedes guardar, no hay frigoríficos. Cuando hay un animal muerto te lo tienes que comer en 48 horas o se echará a perder. Cuando llega la agricultura, puedes acumular grano y lo tienes que proteger con armas. 

En el análisis de Marx se dice que si tengo mucho grano, ese grano va a estar ahí durante un largo periodo de tiempo, y tú que no tienes grano, lo único que tienes es tu trabajo, así que digo, bueno, abrillanta mis zapatos y te daré algo de grano. Se construyen estas relaciones de poder sobre el hecho de que algunas personas controlan los recursos que aparecen con la agricultura y se complica la situación.

P. ¿Cómo podemos mejorar la cooperación después de esos cambios?

R. Nuestras capacidades de cooperación evolucionaron para una vida en pequeños grupos. Con la agricultura, mucha gente llegó a por comida a las ciudades y se crearon entornos multiculturales. Adaptarse a la nueva situación es duro. Podría decir que todos los conflictos serios en el mundo se dan entre gente que dice: nosotros frente a ellos. Muchos de los grandes problemas en el mundo hoy son fruto del colonialismo, en el que los europeos dibujaron círculos en los que introdujeron a gente dentro de un mismo país que tenían un gran historial de odio mutuo.

P. ¿Les preguntan los políticos sobre cómo resolver este tipo de conflictos?

R. No hacemos eso en mi instituto, pero si hemos averiguado cosas que pueden ayudar. Sabemos que si trabajamos juntos para producir los recursos, tenemos la tendencia a repartirlos con justicia. Esto es algo que incluso los niños de tres años lo tienen muy integrado.

Que biológicamente seamos de una forma no significa que no podamos cambiar, solo que tenemos que trabajar duro para cambiarlo y que es necesario cambiar normas sociales y percepciones. Si vas a construir una sociedad mejor, tienes que tener en cuenta que hay mucha gente que no confía en los extranjeros o los de fuera del grupo, y no puedes descartar sin más ese hecho. Es un fenómeno real y lo tienes que tener en cuenta, poniendo un esfuerzo extra para que la gente se conozca mejor, que trabajen juntos...

Yo crecí en los sesenta en EE UU, y había muchas comunas de jipis y era una gran idea. Yo no participé en ellas durante mucho tiempo, pero las conocí de cerca. La mayor parte de ellas fracasaron, y esto se puede aplicar al comunismo en general, porque tenían una visión demasiado optimista de la naturaleza humana, sobre la posibilidad de que todos trabajemos duro y compartamos nuestros recursos. Cuando el tipo de al lado no hace nada y tiene lo mismo que nosotros, nos molesta. Es un hecho sobre la naturaleza humana que muchas comunas no tuvieron en cuenta: que hay que hacer algo sobre los aprovechados. 

Ellos tienen que sufrir alguna desventaja o la gente no seguirá trabajando. Hay diferencias individuales, también tenemos santos y los santos no piensan así, pero la gente normal sí, y lo vemos desde un momento muy temprano de la infancia, así que cualquier planificación social que hagamos tiene que tomar eso en cuenta. Mejorar la sociedad implica no obviar los aspectos negativos de nuestra biología."