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26/7/22

El BCE sabe perfectamente que tal decisión no afectará a los precios del gas natural y del petróleo, los causantes directos del episodio reciente de inflación. También sabe que esta decisión no conseguirá ningún efecto real sustancial salvo encarecer un poco más la financiación para la compra de vivienda, bienes duraderos e inversión empresarial. Es decir reducirá el poder de compra de la mayoría y, en el caso de la inversión empresarial, aquellas empresas con mayor poder de mercado simplemente repercutirán a sus clientes el mayor coste. Tampoco es que un 0,5% vaya a llevar la economía a la recesión pero sí que se conseguirá una distribución de la renta más regresiva

  "Ayer, 22 de julio de 2022, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) comunicó la aprobación de un nuevo Instrumento para Proteger la Transmisión (IPT). Ya habían anticipado un instrumento “anti fragmentación” hace unas semanas tras comprobar que la nefasta rueda de prensa de Christine Lagarde del día 17 de junio de 2022, en la que se anunciaba el fin de las compras netas de títulos de los tesoros europeos, había resultado en un acelerado ascenso de las primas de riesgo que llevó el rendimiento del bono español a 10 al 3% y el italiano al 4% en pocas horas tras la apertura del mercado el lunes siguiente.

El anuncio sigue a otro anterior en el que el BCE comunicó la desafortunada decisión de subir sus tres tipos de interés de referencia en 50 puntos básicos. Por tanto los tipos de interés de las operaciones principales de refinanciación, del instrumento de préstamo marginal y del instrumento de depósito se incrementaban al 0,50%, 0,75% y 0,00% respectivamente con efectos a partir de julio de 2022. El BCE sabe perfectamente que tal decisión no afectará a los precios del gas natural y del petróleo, los causantes directos del episodio reciente de inflación.

 También sabe que esta decisión no conseguirá ningún efecto real sustancial salvo encarecer un poco más la financiación para la compra de vivienda, bienes duraderos e inversión empresarial. Es decir reducirá el poder de compra de la mayoría y, en el caso de la inversión empresarial, aquellas empresas con mayor poder de mercado simplemente repercutirán a sus clientes el mayor coste. Tampoco es que un 0,5% vaya a llevar la economía a la recesión pero sí que se conseguirá una distribución de la renta más regresiva. 

El BCE, como otros bancos centrales (con la honrosa excepción del Banco de Japón), actúa como el proverbial perro guardián que se pone a ladrar cuando pasa un transeúnte por la calle. Éste pasará de largo puesto que no tenía ninguna intención de entrar en la finca pero el perro se quedará ufano pensando que han sido sus avisos los que han evitado la intrusión. Ya verán como, cuando caigan definitivamente los precios de las materias primas y concluya este episodio de inflación transitoria, el BCE se apunta el tanto.

 Volviendo al IPT: ¿Qué sabemos de este instrumento? En la neolengua del BCE se trata de asegurar la correcta transmisión de la política monetaria. Pero eso es un arcano de difícil comprensión. La realidad es que la evidencia empírica cuestiona una relación causal directa, estable y significativa entre tipos de interés e inversión y, por extensión, con la actividad económica.

Por ejemplo aquí o aquí.

El problema no es una transmisión que, por otra parte, es bastante irrelevante para la inflación pero sí para la distribución de la renta y para la aceptación de los títulos del Tesoro de España, Italia, Grecia y Portugal que, en caso de no ser aceptadas por el mercado, dificultarían sus políticas de gasto público. En román paladino básicamente se reconoce que la permanencia de algunos países en la zona euro no es viable si el BCE no interviene en los mercados secundarios comprando sus títulos del Tesoro. El apoyo a los títulos del Tesoro, por cierto, es una de las funciones de todos los bancos centrales del mundo pero los Tratados Europeos lo habían prohibido a insistencia de Alemania. Esta prohibición ha sido uno de las principales disfuncionalidades de la unión monetaria junto a la carencia de una instancia fiscal europea. Cuando la zona euro estuvo a punto de estallar en 2011 el BCE se saltó esta prohibición con el aval del Tribunal de Justicia de la UE iniciando las compras de títulos de los tesoros europeos. Sin esas compras la zona euro habría colapsado.

A diferencia de otros instrumentos anteriores, como el programa APP o el programa PEPP, las compras ya no se realizarán en proporción a la clave de capital, es decir, el porcentaje de participación de cada país miembro de esta malhadada unión monetaria, en el capital del BCE. En el caso del IPT el BCE podrá comprar en los mercados secundarios (recordemos que el dogma vigente impide al BCE comprar títulos directamente en la subasta, lo cual nos ahorraría costes inútiles que solo dejan beneficios para la industria financiera) títulos de «jurisdicciones que experimenten un deterioro de las condiciones financieras que estén justificadas por los fundamentos específicos de un país, para compensar los riesgos al mecanismo de transmisión». Es decir que, si se dispara la prima de riesgo italiana, el BCE podría intervenir para reducir el rendimiento de los bonos italianos. Las compras podrán ser de  valores del sector público (títulos de deuda negociables emitidos por gobiernos centrales y regionales, así como agencias, según la definición del BCE) con un vencimiento residual de entre uno y diez años. Podrían considerarse compras de valores del sector privado, algo que siempre nos ha parecido escandaloso puesto que se está beneficiando al puñado de grandísimas empresas que pueden emitir este tipo de títulos. (La pregunta legítima que nos planteamos es ¿dónde quedan todas las histerias acerca del riesgo moral que tanto obsesionó a las autoridades europeas en relación al supuesto comportamiento manirroto de los Estados meridionales? ¿No aplica a los grandes oligopolios?)

Podríamos llegar a la conclusión apresurada de que el BCE sigue aprendiendo lecciones por la fuerza de los hechos. Este nuevo instrumento se aparta de los anteriores porque las compras se dirigirán hacia los títulos de países que se ven sometidos a los ataques de los mercados, sin respetar las claves de capital. Quizá, a golpe de crisis, dentro de unas décadas el BCE se convierta en un banco central de verdad.

Pero no tan rápido. El Diablo se encuentra en los detalles. El BCE seguirá sometiendo a bullying a las democracias europeas. La nota de prensa nos aclara que las compras se condicionan al

  1. cumplimiento del marco fiscal de la UE: no estar sujeto a un procedimiento de déficit excesivo (PDE), o no ser evaluado por no haber tomado medidas efectivas en respuesta a una recomendación del Consejo de la UE en virtud del artículo 126 (7) del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE);
  2. la ausencia de desequilibrios macroeconómicos severos: no estar sujeto a un procedimiento de desequilibrio excesivo (EIP) o no ser evaluado por no tomar la acción correctiva recomendada relacionada con una recomendación del Consejo de la UE en virtud del artículo 121 (4) TFUE;
  3. la sostenibilidad fiscal: para determinar que la trayectoria de la deuda pública sea sostenible, el Consejo de Gobierno tendrá en cuenta, cuando estén disponibles, los análisis de sostenibilidad de la deuda realizados por la Comisión Europea, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones, junto con el análisis interno del BCE;
  4. la aplicación de políticas macroeconómicas sólidas y sostenibles: cumplimiento de los compromisos presentados en los planes de recuperación y resiliencia del y de las recomendaciones específicas por país de la Comisión Europea en el ámbito fiscal en el marco del Semestre Europeo.

En definitiva, solo los alumnos aplicados del marco neoliberal de la UE podrán librarse de la supervisión de los mercados. Para el caso da lo mismo: se va a hacer lo que digan los técnicos de la Comisión Europea o del Banco Central Europeo aunque sea contrario al bienestar y la prosperidad de las naciones o lo que pidan los mercados, que coincide con lo que opinan los primeros. La democracia sigue cancelada por las instituciones de la unión monetaria europea y, por tanto, este nuevo instrumento, merece el rechazo absoluto de Red MMT.

Red MMT considera que no es la función de un organismo multilateral integrado por burócratas no electos dar instrucciones a un gobierno democráticamente elegido sobre la naturaleza de su política económica o la dirección de su política fiscal. Con mayor razón porque sobra la evidencia empírica de que los resultados de la política neoliberal han sido nefastos para los pueblos europeos. Las políticas basadas en principios de “responsabilidad fiscal” sólo han generado un desempleo masivo, desigualdad creciente, crecimiento insuficiente y caídas de la productividad. Los sacrificios que economistas neoclásicos como Olivier Blanchard, antiguo economista jefe del Fondo Monetario Internacional, prescriben, siempre justificados por la sagrada estabilidad de precios, han profundizado nuestra miseria y ni siquiera han evitado el reciente episodio inflacionista.

Este nada tienen que ver con las políticas fiscales y la deuda pública y mucho con las consecuencias de una globalización que ha fragilizado las cadenas de suministro y el comportamiento del cártel de países productores y del oligopolio energético. Por tanto la credibilidad del BCE para seguir condicionando su apoyo a los títulos del Tesoro a la aplicación de este tipo de políticas a las naciones europeas es nula. Europa estaría mejor servida disolviendo el BCE e incorporando sus funciones a los tesoros de cada nación europea, como explicó recientemente el profesor de Economía de la Universidad de Newcastle, Bill Mitchell. Red MMT apoya la recuperación de la democracia ya que ni siquiera existen argumentos funcionales para seguir suprimiéndola."                  (red tmm, 23/07/22)

9/6/22

Malos tiempos para la ortodoxia económica... Desde la teoría del dinero, la teoría del consumidor, pasando por el papel de la deuda pública y de la deuda privada, o la teoría de la inflación, todo eran cuentos infantiles que acabaron deviniendo en cuentos de terror... así lo indican estudios de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Servicio de Estudios de la Reserva Federal de New York, o el Premio Nobel, Paul Romer

 "La evidencia empírica contra la ortodoxia dominante se acumula. Ya es abrumadora. Nuevas investigaciones echan por tierra los manuales macroeconómicos utilizados en la inmensa mayoría de las universidades, dominados por una ortodoxia monetarista y neokeynesiana que ya se debería reciclar. Quien se atreve de nuevo a desmentir años y décadas de otro relato económico, a modo de cuento infantil devenido en novela de terror, ha sido la Reserva Federal de los Estados Unidos. 

El documento de trabajo “Who Killed the Phillips Curve? A Murder Mystery”, publicado este 20 de mayo, y perteneciente a la Serie de Discusión de Finanzas y Economía, echa por tierra la ficción monetaria de que las presiones inflacionistas eran, en última instancia, el producto de una política gubernamental irresponsable diseñada para reducir el desempleo por debajo de una "tasa natural". ¡A buenas horas mangas verdes!

 Lo más relevante de dicho documento de trabajo es que sus autores afirman de manera solemne: “En la actualidad, no tenemos una teoría de la dinámica de la inflación que funcione lo suficientemente bien como para ser útil para el negocio de la formulación de la política monetaria en tiempo real”. En otras palabras, confiar en los enfoques dominantes ha dado lugar a que los llamados "expertos" no tengan ni idea de los fenómenos sobre los que se explayan y, lo que es más importante, sobre los que elaboran políticas que repercuten negativamente en millones de trabajadores y sus familias. 

Decir que no tienen una teoría de la dinámica de la inflación es una declaración de su ignorancia, pero no de que no exista una teoría de la dinámica de la inflación que capte más o menos la evolución de los datos. Esta existe, desde la tradición postkeynesiana, cuyos economistas ya desarrollaron una teoría de la inflación viable y que la vienen utilizando durante décadas. Solo los prejuicios y el pensamiento gregario de la corriente dominante es lo que les han impedido verlo. Hasta ahora.

 Pero a perro flaco todo son pulgas, y no hay dos sin tres. Otro documento de trabajo reciente, también de este mes de mayo, esta vez del Servicio de Estudios de la Reserva Federal de New York, “Modigliani Meets Minsky: Inequality, Debt, and Financial Fragility in America, 1950-2016”, echa por tierra la teoría del consumo neoclásica y el papel de la deuda privada. Como ya dijimos, la deuda privada no es neutra, importa y mucho. Los autores estudian el aumento secular de la deuda de los hogares estadounidenses y su relación con la creciente desigualdad de ingresos y la fragilidad financiera. Demuestran que el aumento de los préstamos por parte de las familias de clase media con un bajo crecimiento de los ingresos desempeñó un papel fundamental en el aumento del endeudamiento.

 La relación entre la deuda y los ingresos ha aumentado de forma espectacular para los hogares situados entre los percentiles 50 y 90 de la distribución de ingresos. Mientras que el crecimiento de sus ingresos era bajo, las familias de clase media se endeudaron contra las considerables ganancias de riqueza de la vivienda por el aumento de los precios de la misma. Los préstamos sobre el patrimonio de la vivienda representan aproximadamente la mitad del aumento de la deuda inmobiliaria en Estados Unidos entre los años 80 y 2007. 

El consiguiente aumento de la deuda hizo que los balances fueran más sensibles a las fluctuaciones de los ingresos y del precio de la vivienda y convirtió a la clase media estadounidense en el epicentro de la creciente fragilidad financiera. ¡Si Minsky levantara la cabeza!

 En definitiva, los últimos años están siendo sin duda un quebradero de cabeza para la escuela dominante, aquella que falseo a Keynes, para volver a las andadas de la economía clásica. Me refiero al enfoque neokeynesiano dominante. Desde la teoría del dinero, la teoría del consumidor, pasando por el papel de la deuda pública y de la deuda privada, o la teoría de la inflación, todo eran cuentos infantiles que acabaron deviniendo en cuentos de terror.

 Hace muchos años, allá por 1995, el economista e historiador del pensamiento económico Robert Heilbroner y su pupilo William Milberg publicaron un libro premonitorio con un título muy sugerente, “The Crisis of Visoon of Modern Economic Thought”. Heilbroner y Milberg afirmaban ya en 1995 que una demoledora crisis, más amplia y profunda que nunca, estaba afectando a la teoría económica moderna. La crisis en cuestión era consecuencia de la ausencia de una visión, de un conjunto de aquellos conceptos políticos y sociales compartidos, de los que depende, en última instancia, la economía. A la decadencia de la perspectiva económica le siguieron diversas tendencias cuyo denominador común era una impecable elegancia a la hora de exponer los términos, acompañada de una absoluta inoperancia en su aplicación práctica.

En esta misma línea, hubo quien dio un paso adelante y abandonó el lado oscuro y tenebroso de la ortodoxia, el premio Nobel de economía 2018, Paul Romer. Recuerden su artículo imprescindible para todo estudiante de economía, y que tantas veces hemos citado aquí, “The Trouble with Macroeconomics”. El resumen del artículo no puede ser más demoledor: “En los últimos tres decenios, los métodos y conclusiones de la macroeconomía se han deteriorado hasta el punto de que gran parte de la labor en esta esfera ya no puede calificarse de investigación científica. El tratamiento de la identificación en los modelos macroeconómicos no es más creíble que en los grandes modelos keynesianos de primera generación, y es peor porque es mucho más opaco. La mayor preocupación es que la pseudociencia macroeconómica está socavando las normas de la ciencia en toda la economía. Si es así, todos los dominios de política que toca la economía podrían perder la acumulación de conocimientos útiles que caracterizan a la verdadera ciencia, el mayor invento humano".

El problema es que estas teorías, idealizadas por los macroeconomistas, han sido aplicadas por banqueros, industriales, tecnócratas y políticos –resultan hilarantes las intervenciones del gobernador de Banco de España cuyos discursos denotan que quienes se lo preparan ni siquiera se han leído las nuevas investigaciones-. La Macroeconomía de la corriente dominante ha demostrado ser inútil y peligrosa para la gestión de la economía real, constituyendo una posición puramente ideológica capaz de ignorar y negar las causas de la Gran Recesión."                    (Juan Laborda  , Vox Populi, 02/06/22)

14/5/21

Los principios del poskeynesianismo

 "Como la economía marxista o convencional, la economía keynesiana tiene varias corrientes. Hay una economía keynesiana vista dentro de los parámetros de la economía de equilibrio general, donde los cambios en los ingresos y gastos, el consumo y la inversión, las tasas de interés y el empleo tenderán a un equilibrio entre el empleo y la inflación, siempre que no existan ‘shocks’ exógenos que afecten a la economía de mercado.   Si los salarios y las tasas de interés caen lo suficiente, se logrará el pleno empleo y el crecimiento de la inversión.

Esto es lo que Joan Robinson, una seguidora de Keynes, llamó «keynesianismo bastardo». Una corriente que elimina todas las características radicales de la economía keynesiana, que, para Robinson, políticamente una cuasi maoísta, partía de que no podía lograrse automáticamente el pleno empleo en las economías de «mercado» modernas. Es más probable que haya un equilibrio de subempleo; y que esto se debe a la incertidumbre sobre el futuro de los capitalistas a la hora de tomar decisiones de inversión y a la irracionalidad de los «agentes» económicos como los consumidores y los capitalistas.

Esta visión radical de la economía keynesiana ha llegado a denominarse poskeynesianismo (PK), y los principales proponentes fueron contemporáneos de Keynes como Robinson y Michal Kalecki, el marxista-keynesiano ; y más tarde Hyman Minsky, el socialista-keynesiano. Ahora hay toda una escuela de economía poskeynesiana , con revistas, conferencias y think-tanks.

La economía PK domina e influye en las opiniones y políticas de la izquierda en los movimientos laboristas de las principales economías (Corbynomics, Sanders, etc.). Es el ala radical de la teoría economica keynesiana en general, que a su vez ha dominado el movimiento obrero desde Keynes (excepto en períodos posteriores a la década de 1980, cuando las teorías neoliberales del «mercado libre» de la corriente ortodoxa influyeron en los líderes sindicales durante algunas décadas).

En mi blog he gastado mucha tinta explicando en que se diferencia la economía marxista de la economía keynesiana en todos sus aspectos.  Para mí, un enfoque marxista de la teoría y la política explica mejor la naturaleza del capitalismo y cuáles son las políticas correctas que debe adoptar el movimiento obrero en su lucha contra el capital y por una sociedad mejor para todos. De hecho, creo que la economía keynesiana es un obstáculo para lograrlo, principalmente porque su análisis del capitalismo es incorrecto. Además, su conclusión política es que el capitalismo puede reformarse o gestionarse de manera que funcione para todos con unos pocos ajustes políticos inteligentes.

La teoría PK, porque parece mucho más radical (en el sentido de que considera que el capitalismo no puede ser gestionado fácilmente para beneficio de todos) y porque muchos de sus exponentes se consideran socialistas (incluso marxistas), es aún más engañosa ya que se basa en una visión radical del keynesianismo y, sin embargo, Keynes no era tan radical como los seguidores del PK creen que era.

Permítanme, una vez más, examinar las ideas básicas de la economía poskeynesiana.

Para ello, me basaré en un artículo reciente titulado “La visión poskeynesiana del mundo en cinco principios”, basado en una charla que dio un tal ‘Alex’ al Instituto Berggruen en zoom.

Alex primero nos habla de la creciente popularidad del «poskeynesianismo» después de la crisis financiera mundial y la crisis del COVID. Alex reconoce que se ha vuelto popular porque «a los mercados financieros les encanta, porque explica bien cómo funciona la economía, lo cual es útil si tu salario depende de comprender como funciona la economía».

No estoy seguro de que sea una buena razón el que a los analistas financieros aparentemente «les encante» para estar de acuerdo con el PK. Pero Alex continúa explicando que el PK “proporciona una buena heurística causal para comprender el impacto de los flujos financieros en la producción y en la economía en general. También aconseja realismo a la hora del impacto de las políticas públicas en los resultados económicos. La deuda pública y la deuda privada son diferentes, la oferta monetaria no causa inflación, la deuda privada finalmente tiene que saldarse y tendrá un impacto real si no se hace».

Entonces, según Alex, el PK explica mejor cómo funciona la economía moderna y por qué la deuda (particularmente la deuda privada) es importante. Una rama del PK, la Teoría monetaria moderna (TMM), nos ha iluminado recientemente sobre el funcionamiento del dinero en el capitalismo, reconoce Alex, y como dice, “la TMM surgió originalmente de la agenda de investigación poskeynesiana, y gran parte de su modelo económico subyacente es aún muy poskeynesiano en su estructura «.   Por tanto, mi crítica de la TMM también se aplica al PK.

Alex hace después una declaración interesante.   “En una economía capitalista, la producción se realiza con fines de lucro y no de uso. Como tal, el valor generalmente se mide utilizando la convención social de la contabilidad. La producción ocurre anticipándose a los flujos de dinero, al igual que la inversión y el consumo. Desde este punto de vista, las cosas valen su valor contable, más o menos, y los actores económicos actúan sobre la base de estos valores contables. Lo que piensan los poskeynesianos es que esto representa un buen punto de partida para la teorización económica, para utilizar las cantidades que utilizan los propios actores”.

¿Qué significa esto? Alex parece adoptar el punto básico de la ley del valor de Marx: a saber, que la producción capitalista tiene como finalidad el lucro, no el uso social. Y deberíamos medir el valor en términos monetarios como lo hacen los capitalistas. Esto suena prometedor. Pero luego Alex pasa directamente a hablar de flujos de dinero e inversión y consumo. No se menciona más el papel del beneficio, después de habernos dicho que la producción capitalista tiene como finalidad el beneficio, no la inversión o el consumo. En mi opinión, esto es típico de los seguidores del PK. Muy rápidamente prescinden del lucro en sus explicaciones teóricas, como veremos más adelante.

Habiendo prescindido del papel de los beneficios, Alex nos dice que, en cambio, deberíamos considerar las economías modernas desde una “ visión de la economía en su conjunto basada en el balance. Los actores individuales tienen activos y pasivos, ingresos y gastos. El activo de alguien es la responsabilidad de otro y viceversa. Todo está interrelacionado mediante el uso de estas convenciones «.

Así pasamos del motor subyacente de las economías capitalistas: el beneficio y lo que está sucediendo con las ganancias y la rentabilidad a “estudiar el flujo de pagos y la acumulación de activos, no la asignación de recursos escasos para sus fines más eficientes. Uno de los principales beneficios que tiene este enfoque es que descarta algunos resultados imposibles: no todos pueden tener un superávit comercial, si hay un déficit comercial, el sector privado o el sector público tienen que tener un déficit para financiarlo».

Así que reducimos rápidamente a macroidentidades al analizar las economías, es decir, ingresos = gastos; déficit y superávit de los sectores público y privado; balances comerciales, etc. Pero nada sobre el beneficio o el origen del beneficio.

«Nuestro siguiente principio es que todo es expectativa«. Alex nos dice que un principio clave del PK es analizar las «expectativas». “Las expectativas informan las acciones y estas acciones, a su vez, crean realidad. Quizás el modelo más simple del ciclo causal keynesiano es decir que la demanda esperada impulsa la inversión, la inversión impulsa el empleo, el empleo impulsa los salarios, los salarios impulsan el consumo, el consumo impulsa la demanda y la demanda valida la inversión. La demanda esperada impulsa la inversión, porque las empresas solo invierten en capacidad adicional o en contratar más trabajadores cuando piensan que más personas querrán comprar su producto en el futuro que en el momento presente. Si esperaran la misma demanda, o menos, no habría necesidad de invertir en absoluto. Podrían seguir utilizando el mismo equipamiento».

Así que aquí está. La inversión bajo el capitalismo no está impulsada por el beneficio o la rentabilidad, después de todo, sino por las «expectativas», y ni siquiera por el beneficio futuro, sino por la «demanda esperada». Esto impulsa la inversión que, a su vez, genera empleo y salarios.

Pero, ¿es esta la secuencia causal en la producción y acumulación capitalistas? En muchas publicaciones anteriores, he destacado la macro ecuación clave en las identidades poskeynesianas.  Aquí está de nuevo.

Renta Nacional = Gasto Nacional

Renta Nacional = Beneficios + Salarios

Gasto Nacional = Inversión + Consumo.

Entonces, ganancias + salarios = inversión + consumo

Si asumimos que los trabajadores gastan todo su salario en consumo y los capitalistas invierten todas sus ganancias, obtenemos:

Beneficios = Inversión

Según la teoría PK, es la inversión la que genera las ganancias, no al revés. Y la ‘demanda esperada’ impulsa la inversión (dice Alex) y la inversión impulsa los salarios y las ganancias.

O como Michel Kalecki, cuya ecuación es esta , dijo: ‘los trabajadores gastan (Consumo) lo que obtienen (Salarios); y los capitalistas obtienen (Beneficios) que gastan (Inversión) ‘.

En mi opinión, esta es una visión manifiestamente errónea sobre la economía capitalista. En lugar de que la inversión impulse las ganancias como se indicó anteriormente, la realidad es que las ganancias impulsan la inversión. Por lo tanto, la inversión capitalista no es el resultado del nivel de ‘demanda esperada’, o de una visión psicológica completamente subjetiva de los inversores que tienen lo que Keynes llamó ‘espíritus animales’, sino el resultado de una medida objetiva de la rentabilidad previa (y probable) de la inversión. Pero al igual que con Keynes, PK no quiere poner las ganancias por delante, sino reducirlas a una consecuencia de la inversión (o, en realidad, ocultarlas del análisis por completo). Para más información, lea el excelente capítulo 3 de José Tapia en World in Crisis.

Alex se refiere al trabajo de Hyman Minsky, un teórico PK que se basó en gran medida en las «expectativas» para explicar las decisiones de inversión. «Hyman Minsky habla de esto extensamente: si cree que el precio de un activo se disparará, comience a comprarlo para obtener ganancias. Incluso puede pedir dinero prestado y usar ese dinero para comprar más. A medida que aumenta el precio, también aumenta la cantidad contra la que puede pedir prestado, y el precio comienza a volar. Todo el episodio de Gamestop del mes pasado fue una versión de esto que utilizó opciones de compra en lugar de préstamos de margen, pero el principio es similar. El problema surge para Minsky cuando se cortan los préstamos: no hay nada que sustente los precios y todo se derrumba. A veces, la operación de expectativas extremas puede crear locura en los mercados financieros que puede tener consecuencias nefastas para la economía en general «.

Entonces, según Alex (y Minsky), las «expectativas extremas» crean una «locura en los mercados financieros » que hace que toda la economía se derrumbe como en el colapso financiero global de 2008. Pero, ¿por qué todo se derrumba después de haber ido tan bien, gracias a las ‘expectativas extremas’? Pero esta es una respuesta que solo plantea la pregunta de por qué las expectativas son buenas en un momento y luego ‘extremas’ en otro. ¿Qué las hace extremas?

Sin duda, los minkistas citarán la famosa frase de Minsky de que «la estabilidad genera inestabilidad» .   Pero de nuevo, esta es solo una frase inteligente para cubrir el hecho de que la teoría PK no tiene una teoría de las crisis financieras, excepto que ocurren cuando las cosas se ponen ‘extremas’.

 En mi opinión, la teoría económica marxista tiene una respuesta. Se basa en una visión objetiva de las leyes de movimiento bajo el capitalismo, en concreto los cambios en la rentabilidad del capital productivo (generador de valor). Si la rentabilidad es baja en los sectores productivos, los capitalistas intentan contrarrestar esto de varias formas, una de las cuales es invertir en lo que Marx llamó capital ficticio. Pero las ganancias financieras aún dependen de la rentabilidad de los sectores productivos y si la rentabilidad cae hasta el punto que cae la masa de ganancias o el nuevo valor (salarios y ganancias), se produce una crisis en el sector productivo que se extiende al sector financiero.   Yo y otros académicos marxistas hemos proporcionado mucha evidencia empírica para explicar las recesiones y, en particular, el colapso financiero mundial y la consiguiente Gran Recesión, no como un «momento Minsky» en el que la estabilidad financiera se convierte repentinamente en inestabilidad, sino como un «momento Marx»; cuando los beneficios caen hasta el punto que el valor de los medios de producción y el trabajo deben devaluarse, incluidos los activos ficticios.

De hecho,  como ha demostrado G Carchedi  (ver gráfico a continuación), cuando  tanto los beneficios financieros como los beneficios del sector productivo comienzan a caer, se produce una recesión económica. Esa es la evidencia de las recesiones de la posguerra en Estados Unidos.  Pero una crisis financiera por sí sola (medida por la caída de los beneficios financieros) no conduce a una recesión si los beneficios del sector productivo siguen aumentando. ver Carchedi, páginas 59-62 Capítulo 2 de World in Crisis.

 No obstante, Alex continúa defendiendo la opinión PK de que “la demanda crea oferta, impulsando la inversión. Entonces, la inversión crea tanto los ahorros como el capital social, mientras que el capital social, a su vez, crea recursos». Nuevamente, no hay explicación de por qué la demanda se desacelera o cae, lo que lleva a un colapso de la inversión.  “El consumo, no el ahorro, impulsa la inversión y ayuda a la sociedad a prepararse para el futuro”, dice Alex. Pero la evidencia empírica es todo lo contrario. En casi todas las recesiones en los EEUU desde 1945, ha sido la inversión la que se ha hundido antes, mientras que el consumo apenas ha disminuido. Y, de manera decisiva, sus ganancias han llevado a la inversión a recesiones y a salir de ellas, no al revés.

 Alex cita: “Keynes cita, como es muy conocido, la “Fábula de las abejas” en la Teoría general. Resumiendo rápidamente, la fábula cuenta la historia de una comunidad que proscribe el lujo y es mucho más pobre cuando todos los que solían trabajar en la producción de lujo se quedan sin trabajo«. Este es el argumento absurdo ofrecidos por Keynes y antes de él, a principios del siglo XIX por el párroco reaccionaria Thomas Malthus, de que sin gente rica que gaste, habría una ‘falta de demanda’ y las economías entraría en depresión. Estas son palabras tranquilizadoras para los oídos de los multimillonarios que poseen los FAANG (además de ser empíricamente incorrectas, ya que muchos estudios muestran que los ricos tienden a ahorrar más que los pobres, como lo han hecho durante la crisis del COVID).

Según Alex, lo equivocado de las teorías alternativas de las crisis es que asumen que la inversión debe provenir del ahorro, por lo que el consumo debe reducirse para permitir la inversión. “En la versión ricardiana, que todavía hoy utilizan los marxistas y austriacos, el principal fondo de inversión es el ahorro. El supuesto es que la economía tiene una capacidad máxima de ahorro y que se ahorra todo lo que no se consume en un período determinado. Para invertir, el ahorro debe ser lo primero, por lo que ipso facto debe reducirse el consumo para aumentar la inversión”.

Alex cree que Keynes destrozó este punto de vista con su idea de la paradoja del ahorro. “Si todos intentan aumentar su tasa de ahorro, eso significa que están reduciendo su tasa de consumo. Si su tasa de consumo disminuye, los ingresos de las personas que venden cosas para consumir disminuyen. El problema es que la producción total está determinada por el consumo y la inversión. Si la inversión se mantiene constante y el consumo cae, la producción total cae. La tasa de ahorro aumenta, pero solo porque ahora todos están ahorrando la misma cantidad en dólares con un ingreso más bajo en dólares».

Como dice Alex, el PK de Kalecki “analiza la misma idea desde el lado de la empresa, en lugar del lado del hogar. Si los empleadores minimizan los costos minimizando los salarios en su conjunto, terminan canibalizando la base de consumo de la economía en su conjunto, lo que afecta a las ganancias. Si va por el otro lado y se deja que los salarios aumenten, la tasa de ganancia aumenta al mismo tiempo».

Aquí hay dos cosas. Puede que la escuela austriaca crea que los ahorros son necesarios para la inversión, pero no la teoría económica marxista. No son los «ahorros» lo que se requiere para la inversión, sino las ganancias o los ahorros capitalistas. No se requiere el ahorro de los hogares para iniciar el proceso de acumulación capitalista. Lo que sigue es que las ganancias conducen a la inversión que a su vez conduce al empleo, ingresos y finalmente al consumo, lo contrario de la visión PK. ¿Cual es correcta? Ya he citado la evidencia.

De hecho, no existe tanto una ‘paradoja de la frugalidad’ al estilo keynesiano sino una ‘paradoja de la rentabilidad’, es decir, a medida que los capitalistas se esfuerzan por aumentar su rentabilidad individual a través de inversiones en medios de producción y desprenderse de mano de obra, en realidad reducen la rentabilidad global de la economía capitalista y eventualmente provocan una crisis.

El segundo punto es que la teoría de Kalecki conduce a una visión ecléctica de las crisis. A veces, están «impulsadas ​​por los salarios», es decir, los salarios y el consumo son demasiado bajos para sostener el crecimiento y, a veces, están «impulsadas ​​por las ganancias», es decir, los salarios son demasiado altos y las ganancias demasiado bajas para sostener el crecimiento. Pero tampoco se encontrarán los dos. No existe una teoría coherente de las causas de las crisis regulares y recurrentes cada 8-10 años; a veces es una cosa y a veces es otra.

Eso me lleva a las conclusiones de política económica del PK, según Alex. Alex no ve la necesidad de acabar con el sistema de mercado de producción e inversión. En cambio, la tarea del estado es regular y contrarrestar los fracasos y desigualdades de la economía capitalista. Como dice Alex, “este es un desarrollo de la posición de John Kenneth Galbraith, que el estado está destinado a ser un “poder compensatorio” de las empresas en el mercado. Si a los estados no les gusta el impacto social de la forma como los actores privados gobiernan los mercados, son más o menos capaces de intervenir y cambiar las cosas. Es imposible decir que esto no es legítimo, porque el Estado es uno de los muchos actores del mercado, pero tampoco es particularmente radical decir que es legítimo”.  Sí, desde luego no es muy radical.

Para Alex y el PK, “un mercado es solo una tecnología administrativa que brinda a los actores un lugar para coordinarse. Un precio es solo una de las muchas señales que se obtienen en un mercado que funciona bien».  ¿Qué es eso de un mercado que «funciona bien»? Difícilmente se supone que ese sea el punto de vista PK, ¿verdad? O tal vez lo sea.

Alex continúa su explicación tirando a la basura una teoría clasista del capitalismo moderno: “La idea de que existe una lógica global para todas las estructuras de gobernanza del mercado contingente a las que se llegó a través de los procesos anteriores acaba condenando a la mayoría de los análisis convencionales, pero también a la mayoría de los análisis marxistas. No existe una “lógica” unificada subyacente del capitalismo, solo una serie de estructuras de gobierno interactivas y en competencia. Ningún comportamiento individual o grupal es realmente acorde con el comportamiento estructural emergente». 

Alex quiere descartar la idea marxista de que existen estructuras sociales específicas basadas en diferentes modos de producción y clases basadas en esos modos y estructura. Para él, la economía no es economía política, sino como establecer una “tecnología administrativa” para hacer que el capitalismo funcione para todos.

 Cuando llegamos al final del análisis teórico, también terminamos con la misma visión pro-capitalista que el ‘keynesianismo bastardo’ o incluso que la economía neoclásica dominante. El objetivo de la política económica PK es regular el sistema capitalista y utilizar al estado para «compensar» sus fallos con el fin de producir un «mercado que funcione mejor». Pero incluso Alex tiene que admitir al final de su explicación de los ‘principios’ del PK, que «ningún sistema regulatorio es realmente definitivo, y el capitalismo nunca se arregla realmente, el único objetivo es pasar al siguiente escenario».   En efecto."                     ( Michael Roberts , El Viejo Topo,  12/05/21)

10/8/20

La Teoría Monetaria Moderna en la periferia debería adaptar su cuerpo conceptual a los desafíos reales y monetarios del subdesarrollo

"La llamada Teoría Monetaria Moderna (TMM) es probablemente el fenómeno académico y de difusión heterodoxa más interesante del último tiempo. En EEUU se ha estado debatiendo en muchos ámbitos académicos, periodísticos y políticos, además de haber tenido un notable impacto en otros países como en la Argentina.

Aunque se autodefine como “moderna”, las raíces de la TMM se encuentran en la vieja macroeconomía keynesiana basada en las “finanzas funcionales” de Abba Lerner, el enfoque de “dinero endógeno” de la escuela post-keynesiana, y la hipótesis de la “inestabilidad financiera” de Hyman Minsky. 

Entre los elementos novedosos de la TMM podemos destacar nuevamente su extraordinaria capacidad de difusión de enfoques heterodoxos y propuestas de política como la de “empleador de última instancia” (Job Guarantee) que, como ellos mismos lo reconocen, se ha inspirado en el programa de “Jefes y Jefas de Hogar” lanzado en 2002 luego del colapso de la Convertibilidad.

La TMM sostiene que, en una economía moderna y bancaria en presencia de un banco central que tiene el monopolio de la emisión de la base monetaria, la única restricción al crecimiento económico está dada por la disponibilidad de los recursos reales, no financieros. 

Efectivamente, en principio, si la economía está operando con capacidad productiva ociosa y desempleo de mano de obra, el gobierno debe hacer uso de las finanzas funcionales aumentando el gasto público (monetizando el déficit fiscal) hasta alcanzar el pleno empleo. De esta manera, mientras la economía no sufra escasez de recursos reales, el concepto de inflación por exceso de demanda carece de sentido.

Sin embargo, estos conceptos que son correctos como principios generales pueden entrar en conflicto con algunos aspectos elementales de las economías subdesarrolladas y financieramente dependientes.

Soberanía monetaria 

En su reciente libro “El mito del déficit”, Stephanie Kelton sostiene que “la TMM puede usarse para describir y mejorar las opciones de políticas disponibles para cualquier país con un alto grado de soberanía monetaria: Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Australia, Canadá y muchos más” (traducción propia). Esta distinción es fundamental porque, por el contrario, existen “países con poca o ninguna soberanía monetaria: naciones como Panamá, Túnez, Grecia, Venezuela y muchos más” (ídem). Según Kelton, “a diferencia de Grecia, Venezuela o Argentina, los países con soberanía monetaria no están a merced de los mercados financieros” (ídem).

Por supuesto, no es casual que los países con alto grado de soberanía monetaria (en los términos de la TMM) pueden emitir monedas que son, a su vez, utilizadas como reservas internacionales por países que tienen poca de soberanía monetaria. Particularmente, no es ninguna novedad que alrededor del 60 por ciento de las reservas internacionales de los bancos centrales del mundo están denominadas en dólares estadounidenses. Esto ocurre porque los países que emiten monedas con cierto grado de internacionalización son justamente aquellos que no sufren las típicas corridas cambiarias a la que estamos acostumbrados en Argentina y en otros países periféricos.

Una manera simple pero solida de abordar los factores que inciden sobre la soberanía monetaria tiene que ver el desarrollo económico. No es casual que los países que emiten monedas internacionales son los mismos que tienen una alta productividad del trabajo, realizan mayores gastos en innovación y desarrollo y se encuentran en la frontera tecnológica. En otras palabras, los países desarrollados pueden financiar sus déficits externos imprimiendo sus propia monedas que, a su vez, gozan de algún grado de internacionalización como consecuencia del propio desarrollo económico.  

Restricción externa

Por el contrario, los países que tienen un bajo grado de soberanía monetaria son justamente aquellos que tienen baja productividad y sufren periódicamente crisis de balanza de pagos. Para el enfoque económico convencional, la teoría neoclásica, el concepto de “restricción externa” elaborado por el estructuralismo latinoamericano, carece de sentido porque presupone una función de producción flexible, es decir, la posibilidad de realizar múltiples combinaciones de capital y trabajo. En otras palabras, si la economía enfrentase un déficit comercial por un aumento en la demanda de insumos y maquinaria importada, la flexibilidad de precios permitirá un ajuste automático hacia métodos de producción más intensivos en trabajo (que es lo que sobra) y menos intensivos en capital (que es lo que falta).

Este maravilloso ejercicio abstracto no tiene ninguna conexión con el mundo real, en donde los coeficientes de producción son fijos y, aunque tuviesen cierta flexibilidad, en general, no existe la técnica que simplemente permitiese remplazar insumos y bienes de capital importados por fuerza de trabajo domestica.

Paradójicamente, la TMM pareciera también desconocer problema de la restricción externa al creer resolverlo con un régimen de tipo cambio flexible. Las devaluaciones de la moneda reducen el salario real y el poder acquisito de los trabajadores y, por esa vía recesiva, se comprimen las importaciones netas y se mejora el saldo de cuenta corriente. Pero este ajuste típico del subdesarrollo, lejos de establecer un sendero de crecimiento, no es más que un mecanismo forzado de estabilización de la miseria.

La TMM tiene su origen mayormente en economistas norteamericanos y, honestamente, seria pretencioso de nuestra parte exigirles a ellos una comprensión detallada de nuestros propios problemas. Por el contrario, los seguidores de la TMM en la periferia deberían adaptar su cuerpo conceptual a los desafíos reales y monetarios del subdesarrollo.

Estabilidad cambiaria y desarrollo 

La única manera de aumentar la productividad es estableciendo un sendero de crecimiento económico sin las interrupciones de nuestros recurrentes saltos devaluatorios que, en los últimos 40 años, han tenido una fuerte impronta financiera. Sin embargo, los países con poca soberanía monetaria y escazas reservas internacionales están muy expuestos a la volatilidad cambiaria y a la dolarización de carteras, aun cuando tuviesen superávits de cuenta corriente.

Por este motivo, es fundamental comprender que la planificación del desarrollo necesita del fortalecimiento de la moneda nacional. Cierta estabilidad nominal de corto plazo es una condición necesaria, aunque no suficiente, para la realización de los objetivos reales de largo plazo. Según John Maynard Keynes, las esferas real y monetaria están completamente integradas en una única economía monetaria de producción: el capital se inmoviliza en la incertidumbre y, nosotros podemos agregar, se dolariza si ello ocurre en la periferia.
La función histórica de los bancos centrales ha sido la de estabilizar mercados intrínsecamente inestables, fijando tasas de interés atractivas, estableciendo pautas cambiarias e implementando regulaciones macro-prudenciales con el objetivo de proveer previsibilidad y oportunidades de ahorro. Por ejemplo, en un país como la Argentina, la propuesta de la TMM de fijar la tasa de interés en cero por ciento seria la manera más rápida y eficaz para perder definitivamente la moneda nacional. 

Por ello, Argentina necesita de la TMM tal cual existe, pero fundamentalmente, aplicada en EEUU y demás economías desarrolladas para que contribuya a acelerar el crecimiento mundial y a abrir nuevas oportunidades para nuestras exportaciones y, además, para que la tasa internacional de cero por ciento facilite el fortalecimiento de nuestra moneda.

(Juan Matías De Lucchi es Investigador y estudiante de doctorado en The New School for Social Research. El País Digital Argentina, 08/08/20)

23/7/20

Como emisor monopolista de su moneda y con un nivel de soberanía monetaria, el gobierno no es como una empresa u hogar. Esto significa que no tiene limitaciones financieras en su moneda. Los ingresos del gobierno no están sujetos a los impuestos. De hecho, éste debe gastar antes de recaudar impuestos

"The Deficit Myth: Modern Monetary Theory and the Birth of People´s Economy -El Mito del Déficit- es el nombre del nuevo libro de la economista Stephanie Kelton. He aprendido mucho de ella y de todos mis amigos colegas. Además, ellos han sido para mí una gran fuente de inspiración. Me siento muy feliz y orgulloso de pertenecer al grupo que impulsa la Teoría Monetaria Moderna.  

La obra de Kelton está magistralmente hecha. Sin duda, es el mejor libro de economía de este 2020. Es una lectura obligada para aquellas personas preocupadas por crear una sociedad más justa sin desempleo masivo y con voluntad de enfrentar al mismo tiempo las crisis actuales como el cambio climático y la desigualdad. A pesar que el libro se escribió antes del impacto de la crisis del coronavirus, la obra de Kelton indica el camino que los gobiernos deben tomar para enfrentar estas emergencias. 

La profesora Kelton guía al lector hacia el funcionamiento real del sistema monetario vigente. Ella logra esto basándose en sus años de investigación, su experiencia en el Comité de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos y como asesora en una campaña presidencial. 

El libro expone que las operaciones fiscales de un gobierno central no son como las finanzas de un hogar. Es decir, se asume que un gobierno debe “encontrar primero el dinero” antes de que éste pueda gastar. Kelton desmitifica lo anterior. Ella explica que la secuencia de operaciones en donde la recaudación y los préstamos anteceden al gasto público es equivocada. Como emisor monopolista de su moneda y con un nivel de soberanía monetaria, el gobierno no es como una empresa u hogar. Esto significa que no tiene limitaciones financieras en su moneda. Los ingresos del gobierno no están sujetos a los impuestos. De hecho, éste debe gastar antes de recaudar impuestos. 

Desde la perspectiva de la Teoría Monetaria Moderna, dice Kelton, los impuestos destruyen el dinero creado por el gasto del Estado. Los impuestos son en última instancia  la redención de la deuda del emisor del dinero, dando valor a ese dinero fiat sin valor intrínseco.

Otras funciones de los impuestos son el reducir la capacidad de compra del sector no gubernamental, para influir en el comportamiento de las personas, y para modificar la distribución de la renta. A los ricos se les debe cobrar impuestos no porque se necesite su dinero para que el gobierno pueda gastar. Se les cobra impuestos para abordar la desigualdad porque es antidemocrático y para disminuir su inmenso poder político-económico. 

Bajo el contexto adverso que vive México y el resto del mundo, el libro de Kelton es un faro de luz que puede iluminar a aquellas personas que toman decisiones importantes en nuestro país. 


The Deficit Myth: Modern Monetary Theory and the Birth of People´s Economy -El Mito del Déficit- es el nombre del nuevo libro de la economista Stephanie Kelton. He aprendido mucho de ella y de todos mis amigos colegas. Además, ellos han sido para mí una gran fuente de inspiración. Me siento muy feliz y orgulloso de pertenecer al grupo que impulsa la Teoría Monetaria Moderna. La obra de Kelton está magistralmente hecha. 

Sin duda, es el mejor libro de economía de este 2020. Es una lectura obligada para aquellas personas preocupadas por crear una sociedad más justa sin desempleo masivo y con voluntad de enfrentar al mismo tiempo las crisis actuales como el cambio climático y la desigualdad. A pesar que el libro se escribió antes del impacto de la crisis del coronavirus, la obra de Kelton indica el camino que los gobiernos deben tomar para enfrentar estas emergencias. 

 La profesora Kelton guía al lector hacia el funcionamiento real del sistema monetario vigente. Ella logra esto basándose en sus años de investigación, su experiencia en el Comité de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos y como asesora en una campaña presidencial. El libro expone que las operaciones fiscales de un gobierno central no son como las finanzas de un hogar. Es decir, se asume que un gobierno debe “encontrar primero el dinero” antes de que éste pueda gastar. Kelton desmitifica lo anterior. 

Ella explica que la secuencia de operaciones en donde la recaudación y los préstamos anteceden al gasto público es equivocada. Como emisor monopolista de su moneda y con un nivel de soberanía monetaria, el gobierno no es como una empresa u hogar. Esto significa que no tiene limitaciones financieras en su moneda. Los ingresos del gobierno no están sujetos a los impuestos. De hecho, éste debe gastar antes de recaudar impuestos. Desde la perspectiva de la Teoría Monetaria Moderna, dice Kelton, los impuestos destruyen el dinero creado por el gasto del Estado. 

Los impuestos son en última instancia la redención de la deuda del emisor del dinero, dando valor a ese dinero fiat sin valor intrínseco. Otras funciones de los impuestos son el reducir la capacidad de compra del sector no gubernamental, para influir en el comportamiento de las personas, y para modificar la distribución de la renta. 

A los ricos se les debe cobrar impuestos no porque se necesite su dinero para que el gobierno pueda gastar. Se les cobra impuestos para abordar la desigualdad porque es antidemocrático y para disminuir su inmenso poder político-económico. Bajo el contexto adverso que vive México y el resto del mundo, el libro de Kelton es un faro de luz que puede iluminar a aquellas personas que toman decisiones importantes en nuestro país."              (Jesús G. Resendiz Silva, Milenio, 13/06/20)

25/6/20

La falacia "Imprimir dinero genera inflación". Este principio ha sido reventado empíricamente estás decadas

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

La falacia "Imprimir dinero genera inflación" surge de la Teoría Cuantitativa del Dinero que establece una "supuesta" relación entre la cantidad de dinero existente en una economía y el comportamiento de la inflación. Este principio ha sido reventado empíricamente estás decadas.

Japón, China, USA -o incluso ya la propia UE- demuestran cómo se puede inyectar cantidades ingentes de dinero en una economía sin que se genere inflación. De hecho, Japón, concretamente, intento generar inflación en su economía a base de inyectar dinero y no le sirvió de nada...


Que muchos economistas sigan haciendo una ferviente defensa de estos principios es un gran error. La economía es una ciencia flexible y cambiante: lo que en una época un modelo podía servír en otra queda totalmente desacreditado.


Países que además de inyectar cantidades ingentes de dinero en su economía han tenido fuertes periodos de generación de empleo o una tasa de desempleo muy bajo -teóricamente las 2 variables inflaccionistas fundamentales-, como Japón y USA, y aún así no han tenido problemas.


1:01 p. m. · 24 jun. 2020
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Carlos Cagigal @CcagigalNeira

En el sXX los periodos donde se dispararon los precios fueron a consecuencia de gran escasez de bienes y desórdenes monetarios fruto de, nada menos, dos guerras mundiales y el conflicto internacional de la Guerra Fría: imprimir dinero generó inflación por "demanda especulativa".

Desde entonces, con la finalización de la Guerra Fría, imprimir dinero no tiene causa ni relación directa con la inflación. De hecho, la relación en los ejemplo a citados ha sido "inversamente proporcional": a mayores emisiones la inflación no ha cambiado o ha bajado...

3- En los contextos económicos actuales se está dando el caso que ocurre con Japón desde los 90: problemas de deflación y aunque recurramos a inyectar ingentes cantidades de dinero en los sistemas para provocar inflación, que no pase absolutamente nada.

Claro, si se acepta que la demanda especulativa sea la culpable de generar inflación, además de cargarte la teoría cuantitativa de Friedman, te cargas también los principios básicos del pseudoliberalismo. Ah! Es verdad! Que Friedman ya se cargó él su propia teoría cuantitativa!

Dentro de la Inflación el "imprimir dinero" es sólo una "variable" que puede afectar o "no" ya que la subida de precios puede ser consecuencia por infinidad de variables. Resulta increíble tener que explicar esto a algunos cuantitativos...

3:19 p. m. · 24 jun. 2020
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Carlos Cagigal @CcagigalNeira 

1- En Venezuela su hiperinflación se debe a su endeudamiento excesivo en dólares y al embargo comercial, que provoca escasez de productos, y directamente inflación. 2- En Zimbabue, primero imprimir dinero para "adquirir" divisas extranjeras y luego dolarizar su deuda.

2- Zimbaube cometió el gran error de querer imprimir su moneda para pagar deudas referenciadas en dólares americanos -FMI-. Pero si preguntan a pseudoeconomistas les dirán que la culpa es del Socialismo.

9:55 p. m. · 24 jun. 2020
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24/4/20

¿Pueden el Trabajo Garantizado y la Renta Básica Universal cumplir sus promesas?

"Es habitual encontrar justificaciones en torno al acceso a unos ingresos garantizados como un derecho inalienable en consonancia con los objetivos de justicia y libertad, aspecto sobre el cual ambas propuestas parecen compatibles una con la otra. 

Las discrepancias entre los defensores del empleo y el ingreso garantizados toman constantemente la forma de juicios morales, en los cuales la reciprocidad es el núcleo de sus disputas. 

Mientras desde un lado se patrocina un liberalismo individualista estilizado, exigiéndose proveer a las personas de una renta monetaria suficiente para adquirir todo lo necesario para una existencia digna que le permita emanciparse de la obligación de trabajar por un sustento vital, desde el otro se critica tal posición por violar los principios de reciprocidad sin contribuir a la provisión social de bienes y servicios de la que el conjunto de la comunidad se nutre.


En mi opinión, el debate en estos términos no arroja luz sobre las diferencias esenciales de una y otra propuesta. Independientemente de las justificaciones morales, el enfrentamiento entre el Trabajo Garantizado y la Renta Básica Universal emerge claramente cuando los estudiamos en el contexto de sus dispares efectos sobre el empleo, la composición del producto final y los precios.


El análisis macroeconómico en la literatura referente a la Renta Básica Universal está aparentemente limitado a considerar cómo se financiaría. Como la Teoría Monetaria Moderna revela que la financiación gubernamental para cualquiera de las propuestas no está limitada operativamente, para el propósito de este artículo baste decir que el control soberano sobre su propia moneda faculta al Estado a pagar su programa cualquiera que sea, sin importar si es caro o la magnitud de los efectos multiplicadores. Esto deja como propósito esencial de los impuestos el crear demanda para la moneda del gobierno.

La construcción teórica de ambas propuestas se origina en planteamientos rivales sobre cómo es el funcionamiento de la economía. Algo que rara vez se explica es que la RBU es consistente con el paradigma económico neoclásico, presentando el desempleo como el producto inevitable de las rigideces salariales que impiden la compensación adecuada en un mercado competitivo, sin dar una explicación macroeconómica al mismo. 

La solución diseñada entonces es presuponer la existencia de una especie de derecho de propiedad igual para todos sobre las rentas del trabajo de los empleos productivos, un derecho negociable que debe ser visto como un presunto alquiler de la parte del trabajo efectuada por quienes monopolizan los empleos y que correspondería recibir a los beneficiarios de la RBU.


Por su parte, el Trabajo Garantizado es un instrumento elaborado por una corriente de investigación conocida como Teoría Monetaria Moderna, integrada en el paradigma poskeynesiano. En consecuencia, se aborda el desempleo como producto del fracaso de la política macroeconómica en sostener el gasto total a un nivel suficiente para proveer las oportunidades de empleo que aseguren un ingreso y condiciones dignas para todos aquellos que puedan y quieran trabajar. 

Así pues, se define el desempleo como un fenómeno monetario que es causado por un déficit presupuestario demasiado bajo, considerando que el emisor de moneda es el único agente capacitado para cerrar la brecha de gasto creada por los deseos de ahorro y beneficios del sector privado.


De este primer contraste podemos extraer ya una conclusión sobre la forma de alcanzar el pleno empleo en una y otra propuesta: entretanto que los partidarios del TG sostienen que el Estado debe utilizar su poder como emisor de moneda para llegar a este objetivo creando oportunidades para todos, desde la RBU se toman como dadas tales oportunidades, y en función de su escasez y las imperfecciones del mercado laboral se incentiva una retirada de la población activa suministrando la moneda a cambio de nada. Cómo abastece el gobierno la moneda a la población tiene impactos significativos sobre la actividad económica, por lo que lo siguiente será abordar los efectos de ambos planes sobre el valor de la moneda y la estabilidad de precios.


Dado que la moneda es un monopolio público, el gobierno puede determinar su valor ejerciendo su poder soberano de fijar el precio al cual la suministrará. Si el Estado requiere que para obtener una unidad monetaria una persona debe ofrecer a cambio una hora de su trabajo, entonces el dinero valdrá exactamente eso. Por el contrario, la garantía de ingresos básicos no establece términos de cambio con la moneda, proporcionándola incondicionalmente. 

La conclusión lógica de esto es que la gente no necesita vender nada al gobierno para conseguir la moneda, invalidando el papel de los impuestos como dispositivo para promover su circulación en la economía. Semejante desacople fácilmente puede desembocar en un escenario donde a medida que el valor de la unidad monetaria nacional se deteriora hasta cero, los agentes privados hacen sus transacciones en otras monedas más fuertes.

Por tanto, como el salario del sector público es decidido de manera exógena por el Estado y el trabajo es un factor fundamental empleado en la producción de todos los bienes y servicios, sirve como punto de referencia para todos los precios. Esta característica incorporada es fundamental del TG y no tiene una contraparte comparable en las propuestas de garantía de ingresos. 

Además, el tamaño de los programas de garantía de empleo actúa como una reserva de estabilización que se contrae y expande en relación a la etapa del ciclo económico en que se encuentre la economía. Tampoco la RBU incorpora un mecanismo anticíclico, pues una vez introducido el pago de la garantía de ingresos en la economía ésta tiene un comportamiento procíclico.

Frente a la reserva de estabilización y el anclaje de los precios inherente al TG y que la RBU no integra, se estima también que el impacto sobre la fuerza de trabajo y la producción de la RBU tiene efectos negativos. Con el fin de convencer a los beneficiarios de la garantía de ingresos a salir de su aparente inactividad voluntaria y regresar al mercado de trabajo, los empleadores deberán ofrecer salarios más elevados, tras lo cual seguidamente tenderán a aumentar los precios para cubrir el incremento de los costes salariales. 

Esta pérdida de poder adquisitivo de los receptores de la RBU debe ser ajustada al alza para compensar y garantizar su propósito. Si esto sucede, una adicional subida de los salarios tratará de retener a los trabajadores en el sector privado, poniendo en marcha otra vez una espiral precios-salarios cuyo resultado más probable sea una situación de estanflación y que impide a la RBU satisfacer las necesidades de sus beneficiarios.

Tras considerar brevemente los efectos macroeconómicos de las dos propuestas podemos ya entender que el TG y la RBU son herramientas de política económica más diferentes de lo que se desprende de los argumentos morales. Pese a que la garantía de ingresos no cumple sus promesas y puede incluso atribuírsele ser autodestructiva y funcionar en la práctica como una subvención encubierta a la realización de los beneficios privados, el TG no solo hace efectivas las suyas de lograr el pleno empleo y la estabilidad de precios, sino que también se muestra como un vehículo viable para llevar a cabo otras metas económicas y sociales que los defensores de la RBU juzgan igualmente como deseables.
 
El TG proporciona una respuesta estructurada y directa para llevar a cabo actividades tales como el cuidado del medio ambiente y de las personas, promocionar la inclusión y la igualdad, provocar el cambio de modelo productivo, o reforzar la provisión de servicios públicos, que al fin y al cabo pueden definirse como una renta básica en especie. 

La no obligación del sector público de guiarse por el ánimo de lucro puede dar lugar a diseños que promueven las capacidades individuales, el deber cívico, la cohesión social, y la participación comunitaria, redefiniendo el significado del trabajo a la vez que se pone fin a la precariedad y transformamos el sistema colectivamente, cubriendo necesidades que se dejan sin cubrir porque al sector privado no le es rentable. ¿Seguimos perdiéndonos en debates filosóficos o nos ponemos a elaborar un discurso con unas herramientas propias para combatir el neoliberalismo en su terreno?" 

(Esteban Cruz Hidalgo es miembro de Red MMT España, de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios (APEEP), de la Subcomisión de Soberanía Monetaria de ATTAC España, CTXT, 22/02/27)

23/4/20

El Programa de Trabajo Garantizado es como una subasta en el mercado laboral. Si quieres trabajar y no encuentras trabajo en ninguna otra parte de la economía, se te garantiza un trabajo haciendo un servicio público. Es totalmente voluntario, se financia a nivel federal, pero se administra localmente. Esto significa que las comunidades locales, los gobiernos locales o estatales desarrollan y diseñan los empleos.



 Stephanie Kelton, doctora en economía y profesora de políticas públicas y economía en la Universidad de Stony Brook. Stephanie Kelton .

"Detrás de las populares propuestas progresistas que están marcando el rumbo de las primarias del partido demócrata, como Medicare For All o el Green New Deal, existe una nueva teoría económica que las respalda: la Teoría Monetaria Moderna. Esta escuela económica está poniendo en duda las estructuras tradicionales de la política monetaria y fiscal. 

Stephanie Kelton es una de las economistas más visibles de esta escuela junto con Randall Wray, Warren Mosler y Bill Mitchell. La Teoría Monetaria Moderna (TMM) se presenta como una manera de financiar políticas que requieren de una gran inversión pública, principalmente entre los demócratas más a la izquierda del partido.

Stephanie Kelton (EEUU, 1969) ha dedicado parte de su vida a desarrollar y divulgar el pensamiento de la TMM. Kelton es doctora en economía y profesora de políticas públicas y economía en la Universidad de Stony Brook. Además de su trabajo académico, es asesora económica de Bernie Sanders, precandidato del Partido Demócrata para las elecciones del 2020. Con Sanders ya había trabajado anteriormente, como asesora en 2016, cuando presentó su candidatura contra Hilary Clinton y también ha sido economista jefa de la minoría demócrata del Comité de Presupuesto del Senado.


Sanders vio la posibilidad de financiar muchas de sus ideas progresistas en las ideas de Kelton y en la escuela TMM, como el sistema de salud público. Kelton vio en Sanders la posibilidad de llevar la teoría TMM del terreno de la academia a la arena política. Desde entonces, las ideas de Kelton y de la TMM se han popularizado y han ganado aceptación. Entres sus seguidores se encuentra la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, impulsora junto al Senador Edward John Markey del plan para una transición a la energía limpia, el Green New Deal.

La Teoría Monetaria Moderna es heredera del keynesianismo y tiene sus orígenes en los años treinta y cuarenta, pero fue en los noventa cuando asienta sus bases modernas de la mano del economista Randall Wray y del gestor de hedge funds Warren Mosler.

 Kelton estudiará la teoría de Wray y Mosler, y más tarde se unirá a Wray en el Instituto de economía Levy del Brad College para dedicarse a profundizar la teoría desde la academia. Kelton es la autora del libro The Deficit Myth: Modern Monetary Theory and the Birth of the People's Economy (El mito del déficit: la Teoría Monetaria Moderna y el nacimiento de la economía de las personas), que verá la luz en junio de 2020, y participa en el blog New Economic Perspectives. La revista Politico nombró a Kelton como una de las 50 personas más influyentes del debate político en los Estados Unidos.

Según la TMM, un gobierno con una moneda soberana no tiene que preocuparse tanto por el déficit en el gasto público porque crea su propio dinero. De esta manera, un déficit en el presupuesto estatal significa un excedente en otro sector de la economía y mientras se controle muy estrictamente el riesgo de inflación, esta nueva manera de enfocar la política monetaria y fiscal abre espacio al desarrollo de medidas políticas. 

Stephanie Kelton atendió telefónicamente a eldiario.es para profundizar en las bases de esta visión de la economía, que también genera controversias con reconocidos economistas, tanto a la izquierda como a la derecha. El nobel de economía Paul Krugman, el ex secretario del tesoro de los Estados Unidos Larry Summers o el Presidente de la Fed, Jerome Powell se encuentran entre los que han lanzado críticas a la TMM.

¿Qué es la Teoría Monetaria Moderna y cuáles son sus principios básicos?

La Teoría Monetaria Moderna podría definirse como unas lentes que nos ayudan a ver más claro cómo funciona el sistema monetario y que opciones tenemos disponibles a la hora de crear políticas. Esto solo puede ocurrir en los países que mantienen una moneda soberana, es decir, que controlan su propia moneda.

 La TMM nos ayuda a ver más claro cómo opera el sistema monetario y, cuando es posible, ayuda a los legisladores a hacer mejor uso de este sistema, a tomar ventaja de este espacio para hacer políticas que ayuden a mantener economías más saludables mediante el pleno empleo. Durante muchos años hemos estado usando unas gafas con una graduación anticuada. Nuestras gafas fueron creadas para ver un mundo diferente, el mundo del patrón oro, del tipo de cambio fijo, un mundo que existía antes de 1971, cuando el sistema monetario era muy diferente. 

En aquel tiempo, teníamos un sistema monetario internacional llamado Bretton Woods en el que los países fijaban su tipo de cambio y estaban atados. Cuarenta y cuatro países participaron en Breton Woods, y cuarenta y tres intercambiaban el valor de su moneda al dólar y los Estados Unidos garantizaban la conversión de dólares a oro a un precio fijo. Hay unas gafas para el mundo del patrón-oro y otras gafas para el nuevo mundo. La TMM dice que en muchos casos todavía miramos el mundo moderno con las gafas viejas. Como no hemos adaptado nuestra prescripción, no tenemos gafas nuevas, no tenemos una visión nítida.

¿Cómo tenemos que actualizar las gafas según la TMM?

La situación es muy diferente para los países que operan con el euro, como España. Sin embargo, para países como los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia o Canadá, que intercambian sus divisas, ya no usan un tipo de cambio fijo, y solo toman prestado en su propia moneda, sí que funciona. Reconocer que ya no estamos en el mundo de patrón-oro abre espacios políticos. 

Puedes hacer cosas que no podías hacer bajo la vieja estructura y poner en marcha políticas de manera diferente. La gran diferencia es que, bajo el viejo sistema, con tipo de cambio fijo, los gobiernos tenían que manejar sus presupuestos como si se tratara de una familia, con restricciones. Ya no es así si emites tu propia moneda, cambias la moneda en los mercados internacionales y restringes el préstamo solo a tu propia moneda, así consigues soberanía monetaria y control de tu propio destino. Esa es la diferencia clave.

La TMM desmitifica la idea de que el gobierno recauda dinero a través de los impuestos. ¿Puede explicarlo?

Sí, es correcto. Si tu emites tu propia moneda, claramente no tienes que conseguirla en otros sitios para poder gastar, viene de ti. Gran Bretaña emitía la libra bajo Breton Woods, pero tenía que tener cuidado con el número de libras que emitía o con lo que gastaba porque estaba tratando de mantener un tipo de cambio fijo, esta es la diferencia. Si eres el emisor de la moneda no te quedarás sin dinero, no tienes que conseguir el dinero de ninguna otra parte para poder gastarlo. Puedes gastar primero y preocuparte más tarde de cuánto vas a recaudar mediante impuestos y cuánto tienes que pedir prestado, si es necesario.

Una de las críticas que suele recibir la TMM es que el déficit ya no es tan importante como se ha venido pensando hasta ahora ¿Como lidiaría la TMM con el déficit? 

Es importante dejar claro si estamos hablando de un país que usa el euro o de un país como Estados Unidos. Los países de la zona euro no son países emisores de moneda, son usuarios de la moneda. No son libres de gastar primero y después preocuparse de lo demás porque son dependientes de los mercados capitales y tienen un riesgo predeterminado. El problema no es el déficit en sí. Si tienes una economía deprimida sea Italia, Grecia o España es porque está hambrienta de demanda, necesita clientes. 

Los altos niveles de desempleo son un reflejo de la escasa demanda de una economía. Para reducir el desempleo necesitas negocios que contraten a más personas. ¿Qué es lo que hace que los negocios quieran contratar a más gente? Que estén inundados de clientes y abrumados por una alta demanda de lo que producen y venden. ¿Cómo aumentas las demanda para que aumente la necesidad de mano de obra? Una manera de hacerlo es que el gobierno gaste más. A los negocios no les importa de dónde viene la demanda, las cajas registradoras no discriminan.

El déficit es solo una manera que tiene el gobierno de proveer esta demanda. Los gobiernos pueden recortar impuestos o aumentar el gasto. Digamos que aumentan el gasto, esto se traduce en un incremento de los ingresos y, por lo tanto, debería aumentar la demanda. Supongamos que el déficit aumenta, ¿y qué? Cuando hay déficit el gobierno está haciendo una contribución financiera al resto de la economía. 

Si un gobierno gasta 100 euros en la economía y solo ingresa 90 hay un déficit de 10 euros, pero para la TMM alguien ha cogido esos 10 euros. El déficit se convierte en un excedente en otras partes de la economía. Si un gobierno acarrea grandes déficit, haciendo contribuciones más y más grandes al resto de la economía y la gente que ingresa ese dinero lo gasta, se multiplica el efecto, aunque se podría potencialmente superar la capacidad y tendríamos un problema de inflación. 

La cuestión no es si tenemos déficit o tratamos de reducirlo. Lo importante es el pleno empleo o mantener baja la inflación. Así que, si se consiguen esos objetivos con un déficit del 4% del PIB se está haciendo lo correcto. Si hay que equilibrar la economía con un presupuesto desequilibrado no debería ser un problema.

¿Cómo controlaría la TMM el riesgo de inflación que podría ser la consecuencia de tratar de conseguir una economía de pleno empleo y con una fuerte inversión estatal?

Ahora mismo, nadie en el Congreso de EEUU piensa en la inflación como un riesgo. No es algo que los legisladores consideren antes de votar el gasto estatal. La TMM quiere que el Congreso piense en la inflación, quiere que el riesgo de inflación sea parte de cómo nuestros políticos piensan en proyectos que necesitan gasto público. Ahora se deja la lucha contra la inflación al Banco Central. ¿Cómo lo hace? Creando desempleo. Si la Fed empieza a preocuparse por el aumento de la inflación, lo que hace es aumentar los tipos de interés para ralentizar los préstamos y el gasto, lo que deja a la gente sin trabajo. No es solo poco eficiente, sino que además es cruel. 

Se utiliza a millones de personas, forzándolas a quedarse improductivas y desempleados. Hay una mejor manera de hacerlo.

Por ejemplo, en la actualidad si el Congreso está pensando en gastar un par de cientos de miles de millones de dólares en infraestructuras, normalmente se escribe una proposición de ley y se busca una forma de financiarla mediante un copago con un impuesto a la riqueza u otro tipo de impuesto. La propuesta irá a la Oficina del Presupuesto del Congreso que la evaluará. Decidirá si es una buena propuesta si no aumenta el déficit, y si es así, dará luz verde para gastar el dinero. Nadie está pensando en el riesgo de inflación, solo miran que no crezca el déficit.

Pero la manera en que la TMM propone abordar la cuestión del presupuesto y del gasto público del gobierno federal es diferente. Tiene en cuenta sobre todo el riesgo de inflación. Le preguntarían a la Oficina de Presupuesto del Congreso: ¿Tenemos las compensaciones correctas? ¿si gastamos esta cantidad de dinero, crecerá la inflación? Las compensaciones no son para pagar por la infraestructura, las compensaciones son para asegurarnos que el gasto en infraestructura no creará inflación. Así que se va a gravar este dinero, vas a aumentar este impuesto no para financiar la infraestructura sino para asegurarte que dicho gasto no causará un problema de inflación.

¿Los bancos centrales tendría menos poder para controlar la inflación?

La Fed puede seguir reaccionando, lo que yo digo es que la mejor defensa contra la inflación es un buen ataque. Hay que pensar en la inflación antes de gastar, cosa que ahora mismo no se hace, y crear las compensaciones adecuadas. Hay que hacerlo bien durante el proceso de diseño y aprobación de los presupuestos, de manera que el nuevo gasto público no aumente la inflación.

 Este es el objetivo. Si de todas maneras hay inflación, es trabajo del banco central combatirla. Podemos debatir sobre si el Banco Central está en realidad equipado para luchar contra la inflación. La mayoría de los economistas de la escuela de la TMM no piensan que los Bancos Centrales tengan mucho poder para controlar la inflación, por lo que no creemos que variar los tipos de interés sea en verdad tan eficaz, en el mejor de los casos es un instrumento.

Los políticos normalmente cuando proponen planes ambiciosos a nivel económico como el Green New Deal o Medicare for All reciben la pregunta de cómo se van a financiar.

Si te postulas paras presidente y dices que quieres Medicare for All,un Green New Deal, vivienda pública y universidad gratuita todo el mundo va a preguntarte cómo lo vas a pagar. Creo que es un error. La pregunta correcta no es cómo lo vas a pagar a nivel financiero sino cómo vas a encontrar los recursos reales para llevarlo a cabo. 

Si quieres hacer que la sanidad sea un derecho para todas las personas, cubrir a unas treinta millones de personas que hoy en día no tienen seguro médico y sacar al resto de su plan de sanidad privado y ponerlos en el sistema público de Medicare For All, ¿cómo vas a conseguir los recursos para hacerlo? ¿Tienes a los doctores, enfermeros y especialistas? ¿Tienes los hospitales? ¿Tienes suficientes camas?

 En definitiva, ¿tienes los recursos reales para hacer que sea una buena propuesta política? Esta es la pregunta correcta. Pagar es la parte fácil. Buscar los recursos reales es el reto si tu economía ya está usando a toda su gente, sus máquinas, sus empresas, etc. El desafío está en encontrar los recursos reales, no en cómo conseguir el dinero.

Una parte importante de la TMM es el Programa de Garantía de Trabajo. ¿Cómo funcionaría y con qué salarios se compensaría a los trabajadores?

El Programa de Garantía de Trabajo es como una subasta en el mercado laboral. Si quieres trabajar y no encuentras trabajo en ninguna otra parte de la economía, se te garantiza un trabajo haciendo un servicio público. Es totalmente voluntario, se financia a nivel federal, pero se administra localmente. Esto significa que las comunidades locales, los gobiernos locales o estatales desarrollan y diseñan los empleos. Debe ser descentralizado para que las propias comunidades definan lo que necesitan. 

El gobierno federal no sabe qué clase de trabajo se necesita en un pequeño pueblo de Oklahoma, pero la gente de este pueblo sí que saben cuáles son sus necesidades: desde crear nuevas instalaciones hasta cuidar de las personas mayores, del medioambiente o de las comunidades. El empleo debe estar orientado alrededor de lo que llamamos economía compartida: cuidar de la gente, de la comunidad y del planeta. Después hay un proceso de aprobación de manera que se asegure de que el trabajo encaja ampliamente dentro de los objetivos del programa y luego se contrata a las personas que se presentan.

Los salarios deben ser dignos y con beneficios sociales, por ejemplo 15 dólares la hora incluyendo seguro social, conciliación y facilidades para el cuidado de niños. Sabemos que si tienes una persona trabajando a tiempo completo en un programa a 15 dólares la hora ganará suficiente para sacar a una familia de cinco miembros de la pobreza. Si tienes a una persona trabajando a tiempo completo y otra a media jornada esta familia ganará suficiente como para sacar de la pobreza a una familia de ocho personas.

¿Qué pasaría con países que tienen monedas soberanas pero que estas monedas no son tan fuertes como el dólar?

Mi compañero Fadhel Kaboub, también economista de la TMM, ha explicado esta cuestión muy bien recientemente en un podcast. Kaboub trabaja en países como Túnez y en otros países de África. Hay países que tienen que importar grandes cantidades de alimento y energía en los mercados internacionales, lo que restringe absolutamente su independencia monetaria. Hay algunos países que no pueden ejercer su soberanía monetaria incluso si emiten su propia moneda. 

Lo que normalmente pasa cuando no eres independiente a nivel de alimentos o energía es que tienes que pedir prestado en dólares o en euros y se traduce en una pérdida de las condiciones necesarias para emprender un programa fiscal ambicioso. Aun así, sí que se podría implementar el programa de garantía de trabajo. Incluso si eres un pequeño país de África en vías de desarrollo con tu propia moneda. Argentina llegó a tener un programa de trabajo garantizado durante un período de tiempo. 

No lo hicieron disponible para todo el mundo, estaba restringido solo al cabeza de familia, pero aun así consiguieron llevarlo a cabo con una alta deuda externa y otros problemas. Siempre puedes ofrecer un trabajo en tu propia moneda y contratar a las personas que se presenten y quieran trabajar. La moneda se puede devaluar lo que conducirá al incremento de los precios de los productos importados que compres y tienes que conseguir alimentos y energía, lo que lleva a esos países a pedir prestamos y a perder soberanía monetaria. Reconozco que hay restricciones reales para algunos países.

¿Cuál cree que es la solución para un país como España que tiene un desempleo del 14%? ¿Salir de la Unión Europea?

Randall Wray y yo escribimos un artículo sobre este tema en 2010 que se titulaba 'Can the euro survive?' (¿Puede sobrevivir el Euro?). Nuestra respuesta fue que sí, que puede sobrevivir. Se tendría que lidiar con el hecho de países como España no tienen su propia moneda y hay que facilitar que mantengan economías saludables o se desmoronarán y la gente querrá salir del euro.

El Banco Central Europeo (BCE) es el emisor de la moneda. Cuando se le preguntó a su presidente Mario Draghi en una conferencia de prensa si el BCE podría quedarse sin dinero alguna vez, él río a carcajadas y contestó: "No, no nos podemos quedar sin dinero". Proponemos que el BCE haga una distribución anual, que dé cada año una asignación y la distribuya en base a la renta per cápita.

Si se va a llevar a cabo un programa de garantía de trabajo es importante hacerlo cuando la economía empiece a empeorar porque más gente se queda sin trabajo y es precisamente cuando los ingresos tributarios bajan. No se le puede pedir al Gobierno español que contrate a todos los desempleados y pagarles con un programa de garantía de trabajo porque no tienes la moneda cuando más lo necesitas. Sería muy difícil o prácticamente imposible para los países de la zona euro tener un programa de garantía de trabajo sin la cooperación del Banco Central Europeo.

¿Cuál cree que es el estado de la economía actualmente en los Estados Unidos? El presidente Trump le gusta hablar del buen estado de la economía al mismo tiempo que ha impuesto altos aranceles a China. ¿Qué cree que puede pasar?

Los aranceles empiezan a tener un efecto negativo en la economía de los Estados Unidos. Estamos en el décimo año de recuperación, un crecimiento ininterrumpido pero que ha sido desigual. Tenemos datos como la tasa de desempleo y el índice de crecimiento que son muy positivos, pero hay mucha desigualdad, la prosperidad no ha llegado a todo el mundo. A la mitad del país no le está yendo tan bien, son pobres o están cerca del umbral de la pobreza. Trump solo mira la bolsa, es su punto de referencia para la economía y piensa que va bien. 

Hay cosas que van bien, como a él le gusta decir, la tasa de desempleo para las personas negras ha bajado claramente, aunque es todavía dos veces peor que la de los blancos. También es verdad que esta larga recuperación ha permitido a más gente encontrar trabajo, pero no son siempre empleos bien pagados porque los salarios de la mitad de la población se han quedado estancados por décadas.

La economista británica Grace Blakeley publicó en su cuenta de Twitter sobre la TMM: "Pienso que la mayoría de pensamiento de la Teoría Monetaria Moderna es compatible con Marx. Mi problema principal con esta teoría es su limitado análisis del poder. En mi humilde opinión, es muy difícil cambiar el sistema hasta que entiendes quién se beneficia del status quo y averiguas cómo debilitar su poder". ¿Qué piensa de su opinión?

Creo que está equivocada. Lo que hace la izquierda en los Estados Unidos y en otros países del mundo es tratar a las élites y a los ricos como las personas que tienen el pase para la prosperidad. Los veo acudiendo a los multimillonarios para conseguir un estado del bienestar más generoso. Piensan que para poder alcanzarlo necesitan a los ricos porque tienen el dinero y van a pagar por un mundo mejor. Así los ricos se convierten en personas superimportantes, se les coloca en un pedestal y se convierten en la gallina de los huevos de oro.

En los Estados Unidos hay políticos proponiendo un impuesto a la riqueza del 2%, pero una tasa a la riqueza así mantiene a los multimillonarios como lo que son multimillonarios: siguen en el poder, siguen siendo ultraricos. La TMM no va a esperar a que la clase multimillonaria nos ayude, lo vamos a arreglar sin esperarles. No vamos a esperar otros 10 años para lidiar con el cambio climático. 

Les demostraremos a los ricos que no los necesitamos, que no son necesarios. Se puede financiar lo que se tenga que financiar porque el Estado tiene más poder y puede proveer de más recursos. Es frustrante esta línea de pensamiento que dice que hay que esperar y aguantar el sufrimiento continuo hasta que podamos aumentar impuestos a los ricos.

No es que no queramos cobrar impuestos a los ricos, porque sí lo queremos hacer. De hecho, lo queremos hacer mucho más duramente que la izquierda que solo quieren coger un poquito para pagar sus proyectos. La TMM quiere gravar la riqueza muchísimo más porque la concentración extrema de riqueza y renta no solo es mala para el funcionamiento de nuestra economía, sino que es corrosiva para la democracia. Si de verdad se quiere acabar con la desigualdad de riqueza y renta, hay que ser mucho más agresivo con los impuestos y la regulación."                       (Entrevista a Stephanie Kelton, Diana Gener, eldiario.es, 14/09/19)