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18/7/26

¿Quién quiso la Guerra Civil? Fue el resultado de una conspiración de cinco años de duración. Su corte fue monárquico y fascista a la que, por la fuerza, hubo que incorporar desde su comienzo a generales, jefes y oficiales... Empezó en serio y en términos operativos en 1934 con la firma de un convenio entre monárquicos, civiles y militares, y carlistas con la Italia fascista. Los primeros al menos aseguraron la continuidad de los contactos. De ellos y de las repetidas demandas de fondos para comprar voluntades y costear los gastos de propaganda se encargó en primera línea el exministro Antonio Goicoechea. En retaguardia se situó siempre José Calvo Sotelo. En junio de 1936 se incorporó a las continuas peticiones de fondos José Antonio Primo de Rivera... Los contactos corrieron a cuenta de Sainz Rodríguez y de Ernesto Carpi, un banquero fascista, radicado en Barcelona y agente de varios servicios de inteligencia italianos. En 1935 los conspiradores españoles lo nombraron enlace con el Ministerio de Aeronáutica, cuyo responsable era el propio Mussolini. Esto implica que la conspiración se había percatado que necesitaría aviones... Goicoechea se entrevistó con el Duce en octubre. Le declaró las intenciones de los conspiradores. Si la izquierda volvía al poder, ellos, los falangistas y los militares se sublevarían. En el interín pidió más fondos... El 1 de julio Sainz Rodríguez se desplazó a Italia y firmó cuatro contratos de suministro de aviones de bombardeo y de caza, más tres hidroaviones y abundantísima munición, motores, piezas auxiliares y gasolina de un tipo que apenas si entonces había en España. El pago lo había asegurado previamente Juan March (Ángel Viñas)

"Sobre el 18 de Julio de 1936 (y II)

Lo que desde hacía tiempo se sabía de la Guerra Civil como producto de una conspiración, hoy se ha identificado, no del todo, pero sí lo suficiente

El artículo anterior no alude a la historia que los investigadores españoles (y algunos extranjeros, en particular sir Paul Preston) hemos ido reconstruyendo penosamente. Nuestro foco de la atención ha ido cambiando, merced a influencias exteriores (de la historia política y militar se ha ido pasando a la social, cultural y de género, con las aportaciones de la medicina, arqueología, ciencia de los suelos, psicología social, etc.) y al desplazamiento hacia los vencidos, a la represión y sus circunstancias.

Sin embargo, ha tardado en darse una respuesta a la pregunta del millón. ¿Quién quiso la Guerra Civil? Para ello hay que volver a la esencia del relato histórico: los comportamientos de los seres humanos, en condiciones dadas, creadas desde el pasado y activadas en su presente, en una mezcla de voluntades y acciones colectivas e individuales, en persecución de unos fines u otros.

Lo que desde hacía tiempo se sabía de la Guerra Civil como producto de una conspiración, hoy se ha identificado, no del todo, pero sí lo suficiente. Fue el resultado de una conspiración de cinco años de duración. Su corte fue monárquico y fascista a la que, por la fuerza, hubo que incorporar desde su comienzo a generales, jefes y oficiales. No es, pues, una tesis nueva. La expuso parcialmente en 1951 uno de sus protagonistas (el piloto Juan Antonio Ansaldo) y abundó en ella un dirigente monárquico (el catedrático Pedro Sainz Rodríguez), en 1978. Ambos dejaron de lado la parte esencial y la que escribió ha sido objeto de cuidadosos trabajos académicos por historiadores muy diversos.

Entre ellos destacan españoles (Ismael Saz, Eduardo González Calleja y otros) y extranjeros (sir Paul Preston y Morten Heiberg, que avanzó más que nadie hasta entonces). Ninguno pudo rematarla. No por incompetencia, sino porque no llegaron a conocer sus resultados.

La documentación imprescindible se encuentra en la Fundación Universitaria Española, en la madrileña calle de Alcalá, y se complementa acudiendo a los Ministerios de Relaciones Exteriores (Farnesina) y de Aviación en Roma, sumados al equivalente del primero y al Archivo Militar en París.

Empezó en serio y en términos operativos en 1934 con la firma de un convenio entre monárquicos, civiles y militares, y carlistas con la Italia fascista. Los primeros al menos aseguraron la continuidad de los contactos. De ellos y de las repetidas demandas de fondos para comprar voluntades y costear los gastos de propaganda se encargó en primera línea el exministro Antonio Goicoechea. En retaguardia se situó siempre José Calvo Sotelo. En junio de 1936 se incorporó a las continuas peticiones de fondos José Antonio Primo de Rivera.

Los contactos corrieron a cuenta de Sainz Rodríguez y de Ernesto Carpi, un banquero fascista, radicado en Barcelona y agente de varios servicios de inteligencia italianos. En 1935 los conspiradores españoles lo nombraron enlace con el Ministerio de Aeronáutica, cuyo responsable era el propio Mussolini. Esto implica que la conspiración se había percatado que necesitaría aviones.

Para entonces Goicoechea planeaba un tercer viaje a Roma y entrevistarse con el Duce en un contacto decisivo. Tuvo lugar en octubre, a pesar de la invasión fascista de Abisinia. Le declaró las intenciones de los conspiradores. Si la izquierda volvía al poder, ellos, los falangistas y los militares se sublevarían. En el interín pidió más fondos.

Ansaldo tuvo que huir a Francia para transportar a los tres intervinientes en el intento de asesinato de Luis Jiménez de Asúa, reputado catedrático de Derecho Penal y vicepresidente socialista de las Cortes surgidas de las elecciones de febrero de 1936.

La ocasión la pintaron calva. Ansaldo quedó disponible para resolver el problema de los aviones. Negoció con una empresa aeronáutica (Società Idrovolante Alta Italia) que, como todas las del ramo, estaba controlada por el Ministerio de Aeronáutica. El 1 de julio Sainz Rodríguez se desplazó a Italia y firmó cuatro contratos de suministro de aviones de bombardeo y de caza, más tres hidroaviones y abundantísima munición, motores, piezas auxiliares y gasolina de un tipo que apenas si entonces había en España. Los contratos completos han sido reproducidos en dos libros publicados por Crítica. El pago lo había asegurado previamente Juan March.

El primer envío debía hacerse antes del 31 de julio y los fascistas empezaron a prepararlos, convenientemente disfrazados, en los días siguientes a la firma. No se echaron atrás en ningún momento durante la guerra.

Pregunta: ¿Con qué apoyo extranjero demostrado contaban quienes no iban a sublevarse el 17 y el 18 de julio?"     (Angel Viñas , El País, 18/07/26)  

 

"Sobre el 18 de julio de 1936 (I).

Los historiadores militares del régimen hicieron denodados esfuerzos para justificar el golpe de Estado por la amenaza de una revolución en ciernes.

 Se cumplen ahora 90 años del hecho que cambió la historia de España. Que se me ocurra, solo el 2 de mayo de 1808 es medianamente comparable en sus repercusiones.

Los historiadores hemos investigado el camino hacia el más reciente. Desde el momento mismo del golpe, los militares y civiles sublevados lo defendieron como la única operación imprescindible para prevenir la “revolución comunista” que estallaría en agosto. Se trataba, nada menos, que salvar a ESPAÑA (con mayúsculas) de caer en las garras de Stalin. Aunque no solo a España: también a la Europa occidental y cristiana e impedir que surgiera un foco de subversión en su retaguardia.

Con su supremo sacrificio, los buenos españoles lo evitaron. No solo para sí mismos, sino también para los demás europeos.

La posibilidad de una revolución en ciernes la había anunciado la Embajada británica en Madrid. No la francesa. La confirmó el recién llegado embajador republicano en Londres. El gobierno británico la aceptó. El cónsul general en Barcelona y el propio embajador en Madrid continuaron echando petróleo al fuego.

La tesis la mantuvo la dictadura y Franco se regodeó en un nuevo título de “Centinela de Occidente”. Todavía hay gente, mucha, que se lo cree. Los denodados esfuerzos de los historiadores militares del régimen intensificaron tal interpretación en tres títulos de obligada consulta publicados en los años cuarenta, cincuenta y sesenta por el Servicio Histórico Militar.

Con las necesarias adaptaciones derivadas de la evolución de las técnicas de comunicación, tales tesis sobreviven hoy. Modernizadas por el creciente énfasis en el supuestamente inmenso y único desbordamiento de asesinatos y asaltos a la propiedad y a las personas en la primavera de 1936.

Coincidiendo con la largo tiempo contenida etapa del desarrollismo en los años sesenta, en el mundo de habla inglesa aparecieron las primeras historias que presentaban la Guerra Civil bajo otro ángulo. Hugh Thomas, Herbert R. Southworth y Gabriel Jackson fueron pioneros en rescatar lo que, en realidad, había ocurrido desde 1931. La dictadura respondió con la censura más abyecta primero y con la “modernización” de la interpretación clásica.

De ello se encargó un avezado técnico de Información y Turismo llamado Ricardo de la Cierva bajo la égida del inolvidable ministro del ramo, Manuel Fraga Iribarne.

Eso sí, los archivos permanecieron celosamente cerrados excepto a los militares (un teniente general glosó las semejanzas entre 1808 y 1936) y consiguió que su panfleto fuera declarado de interés para las Fuerzas Armadas. Le proporcionó un mercado cautivo bastante significativo.

En la retaguardia, el Ministerio de Educación Nacional y la púdicamente denominada Secretaría General del Movimiento), más el aparato policial y judicial en su conjunto, obraron de consuno para que los españoles no se desviaran del camino que se les imponía.

Los años republicanos, en particular, continuaron con la mácula que sobre ellos impusieron los vencedores. Sus tesis, escasamente modificadas siguen empapando la educación y, sobre todo, las nuevas tecnologías de la comunicación. Si acaso no se acentúa tanto que la rebelión del 18 de julio se había adelantado, por meras semanas, a un golpe de Estado comunista teledirigido desde Moscú. A muchos les parece ya un poco exagerado.

Con todo, la vieja interpretación retorna en tiempos absolutamente diferentes. Los desastres de la guerra se achacan básicamente a la izquierda y se desvanecen las hambrunas de la posguerra y la represión en y tras el conflicto. Se ha revivido gran parte de lo señalado por el implacable Abc de la época. Recomiendo echar un vistazo a lo que afirmó el 13 de febrero de 1936.

El general Francisco Franco y el exministro de la Guerra, José María Gil Robles, intentaron dar un golpe blando, hoy todavía muy desfigurado. El presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, lo impidió y ordenó la lectura por el conducto reglamentario y reservado de un mensaje suyo a todos los generales, jefes y oficiales.

Anticipaba que “hoy un golpe de Estado lejos de ser sin lucha comenzaría por esta en su forma más feroz” y esto “solo puede llevar a la destrucción de España y del Ejército”.

Claro que esto importaba un bledo a los conspiradores monárquicos, militares y fascistas. Buscaban otra cosa, algo que desde entonces se ha desfigurado en la gran mayoría de las versiones que las derechas han escrito sobre la supuesta gloria del asalto contra el orden legítimo y legalmente establecido. Forzados, claro, por la necesidad de salvar a la PATRIAAAAAAAA.

(Angel Viñas , El País, 17/07/26)

4/2/26

No, no, la guerra no la perdimos todos. La guerra la perdieron los republicanos, los demócratas. Pero por encima de todo es la guerra que ganaron los fascistas... los ricos que acudieron a la guerra salieron más ricos de ella... Precisamente porque la ganaron, porque expoliaron, porque robaron los recursos y porque no los quieren devolver, les interesa transmitir el mensaje de que todos perdimos la guerra, porque si todos la perdimos no hay nada que restituir. Si alguien reconoce que ganó con un Golpe de Estado y una guerra cruenta con el apoyo de potencias extranjeras lo siguiente es reconocer que todo lo que se quedaron lo hicieron de manera ilícita y toca reconocer que hay que devolver las propiedades al perdedor de la guerra, al que fue asesinado, al que fue expoliado, al que fue robado... Antonio Machado tuvo que huir y murió como una alimaña, enfermo y solo en un hostal de Colliure... Por eso perdimos, y decir que todos lo hicimos es querer robarnos hasta el dolor y el desarraigo (Antonio Maestre)

 "No, no es la guerra que perdimos todos. Es la guerra que perdieron los republicanos, los demócratas. Pero por encima de todo es una guerra que ganaron los fascistas. Es normal que para los relativistas de la historia pueda existir un relato que considera que tanto Miguel Hernández como Luis Almarcha fueran perdedores por igual de la guerra. Que sus herederos sufrieron lo mismo el rigor de la posguerra. Pero para los que tenemos algo de decencia, conocimiento de los hechos, la historia y un mínimo de respeto a los derechos humanos sabemos que uno fue víctima y el otro un victimario miserable que se negó a salvar la vida al poeta por negarse a plegarse a su religión. Este es solo uno de los miles de ejemplos que los revisionistas procuran retorcer.

El ejercicio de contorsionismo moral de la prensa patria impulsado por los lloros de Pérez Reverte -que están compitiendo en prolífica humedad con el tren de borrascas que nos está amargando el ánimo a los españoles- quiere hacer pasar por un ejercicio de cancelación el hecho de que haya escritores, periodistas o historiadores que no están dispuestos a hacerle el caldo gordo a Reverte. Es una cancelación porque Vigorra y Reverte han decidido cancelar un acto al que no quería ir nadie. Pero eso ya da igual. Son siempre así. Agreden y luego lloran, pero hoy venimos a poner el foco en otro asunto.

La guerra de España es la única donde los ricos que acudieron a la guerra salieron más ricos de ella. Esto no es una ocurrencia mía. Es algo que dijo Francisco Franco en el año 1940 en un discurso en Lugo donde su literal era el siguiente: "Nuestra Cruzada es la única lucha en que los ricos que Nuestra Cruzada es la única lucha en que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos. Y es así, porque aquellos bienes y aquellas riquezas que estaban desvalorizadas y en trance de perderse cuando enarbolamos nuestra bandera; cuando los bienes materiales los daban por cualquier cosa con tal de conservar la vida, al terminar la guerra han sido sobrevalorizados".

Precisamente porque la ganaron, porque la expoliaron, porque robaron los recursos y porque no los quieren devolver les interesa transmitir el mensaje de que todos perdimos la guerra, porque si todos la perdimos no hay nada que restituir. Si alguien reconoce que ganó con un Golpe de Estado y una guerra cruenta con el apoyo de potencias extranjeras lo siguiente es reconocer que todo lo que se quedaron lo hicieron de manera ilícita y toca reconocer que hay que devolver las propiedades al perdedor de la guerra, al que fue asesinado, al que fue expoliado, al que fue robado. Pero eso solo se produce si hay un perdedor y un ganador, si se reconoce la legitimidad moral de quien perdió para poder recuperar aquello de lo que le despojaron.

Los que perdieron la guerra, a pesar de la maravillosa sentencia de Antonio Machado que afirmaba que moralmente la ganaron, no pueden olvidar el dolor, el exilio, la muerte y el robo de todo lo que fueron y tuvieron. El gran poeta sevillano dijo a Ilia Ehrenburg: "Para los estrategas, para los políticos, para los historiadores, todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy tan seguro... Quizá la hemos ganado". Estoy convencido de que humana y moralmente los republicanos fueron los ganadores de la guerra, pero lo concreto es que Antonio Machado tuvo que huir y murió como una alimaña, enfermo y solo en un hostal de Colliure, allí, en una tumba donde acudimos a homenajearle cada año continúa enterrado. Por eso perdimos, y decir que todos lo hicimos es querer robarnos hasta el dolor y el desarraigo."                        (Antonio Maestre, blog, 03/02/26)

5/4/24

El honor de la República siempre estribó en haber combatido hasta la extenuación los avances del fascismo en Europa. ¿Por qué cree que España sí opuso resistencia a lo que después sería la dictadura más larga del continente? Porque los españoles de la época eran así, porque no bajaron las armas. Incluso cuando muchos de ellos sabían que sin ayuda extranjera perderían, como dijo Manuel Azaña en septiembre de 1936, decidieron luchar. Nuestros antepasados eran así (Ángel Viñas)

 "No hace falta más que una pajarita en la portada para presentar La forja de un historiador (Crítica, 2024), el último libro de Ángel Viñas (Madrid, 1941). En él, el investigador repasa su periplo personal y profesional desde los inicios. Cuenta que ayudó a dar misa a un tío un par de veranos, asistió al recital de Raimon en la Ciudad Universitaria de Madrid en 1968, Serrano Suñer le rogó que no lo atacara durante una emisión del programa La Clave y sintió una emoción inusitada al poder analizar los documentos de Negrín.

Conocido por alumbrar nuevas tesis que desacreditan los mitos inculcados por el franquismo sobre la izquierda, Viñas no se olvida de su misión como alto diplomático español, su paso por el FMI y todas las vicisitudes que pasó tras iniciar sus investigaciones en torno a la República, la Guerra Civil y la dictadura.

Hemos podido charlar con el historiador sobre la desclasificación de documentos, el revisionismo histórico e incluso el oro de Moscú. También abordamos cuestiones personales como su militancia política o el orgullo por la historia de nuestro país.

Publica este libro a los 83 años, una especie de memorias. Ha trabajado como economista, alto funcionario, diplomático e historiador. ¿De qué se siente más orgulloso al echar la vista atrás?

Fui alto funcionario internacional durante veinte años de mi vida en los que hice muchas cosas de las que me siento, creo que legítimamente, orgulloso. Otras dos décadas las pasé como historiador, de las que también me siento orgulloso. ¿De qué me enorgullezco más? Pues de las dos cosas, no puedo decantarme por una u otra.

Aquel chaval madrileño de clase media baja que comenzó husmeando en archivos en 1971 ha terminado siendo uno de los historiadores más respetados y laureados de España. En su publicación dice que “la España de hoy no ha llegado a reconciliarse del todo con su pasado”. ¿Qué hace falta para que eso llegue a ocurrir?

En España hacen falta dos cosas. Primero, abrir los archivos. No se pueden desmontar los mitos del pasado sin tener acceso a los archivos ni a los repositorios donde se guardan las huellas del pasado. Yo me he cansado de decírselo a quien corresponde y no me han hecho caso; es como predicar en el desierto. En algún momento, se desclasificará todo.

En segundo lugar, hace falta renovar la enseñanza, desde Primaria hasta la universitaria, para incluir todas las concepciones sobre la historia de España que hemos revisado los historiadores. Para mí es inconcebible que en un país avanzado como este todavía tengan cabida interpretaciones falsas o distorsionadas. Sin ir más lejos, debería ser evidente que el general Franco fue un asesino, un mangante y un traidor, porque los papeles lo han demostrado.

¿Dónde ubica el inicio de esta eclosión de falsedades y distorsión de la realidad?

Desde la llegada al poder de Donald Trump ha habido una difusión atroz de mentiras y barbaridades sobre el pasado de nuestras sociedades. En España, durante muchos años la derecha ha estado callada, porque la derecha tiene mucho que callar, al igual que la izquierda, pero aquí la dictadura tuvo cuarenta años para decir lo que quiso de los presuntos desmanes de la izquierda, y eso se lo cree mucha gente todavía hoy. Es decir, los españoles de hoy en día siguen creyendo mentiras sobre la izquierda difundidas durante el franquismo.

Comenta que, a finales de la década de los sesenta, descartó la opción comunista y también la democracia cristiana. Por aquel entonces, leía Cuadernos para el diálogo y Triunfo. ¿Alguna vez ha militado en alguna organización política?

Cuando volví a España a mediados de los sesenta, algunos compañeros de universidad me dijeron que me fuera con ellos al Partido Comunista de España (PCE). Les dije que no. Yo conocía la República Democrática Alemana, y aunque la Stasi no me siguió y me pude mover con libertad las numerosas veces que la visité, les dije que no me sentía atraído por el PC.

No milité en ningún partido hasta el 14 de abril de 1983, cuando fui a trabajar al Ministerio de Asuntos Exteriores como asesor del entonces ministro Fernando Morán. Pensé que tenía que descubrir mis cartas si le iba a aconsejar en un momento crucial, porque estaba pendiente el tema de la OTAN. Nunca me dijeron qué tenía que escribir o pensar.

En el terreno de la investigación histórica, repite como un mantra lo que llama evidencia primaria relevante de época (EPRE) como uno de los principales puntales en todas sus indagaciones. Resulta llamativo que recalque algo que debería ser común en todos los analistas del pasado.

[Ríe]. Pues no, no es tan común. Los temas sobre los que yo he trabajado requieren visitar muchos archivos en diferentes idiomas y en diversos países. Yo he trabajado en más de 40 archivos de ocho países en cinco idiomas distintos, y todo me lo he pagado en gran medida con mis propios fondos.

Comprendo que no es algo al alcance de todo el mundo, pero en lugar de comprarme una casa en la playa, he invertido esos fondos en hacer lo que me gusta. Ya está, es así de simple. Solo he tenido ayudas oficiales en dos ocasiones, y así las he reconocido abiertamente.

En un momento dado, afirma que el honor de la República siempre estribó en haber combatido hasta la extenuación los avances del fascismo en Europa. ¿Por qué cree que España sí opuso resistencia a lo que después sería la dictadura más larga del continente?

Porque los españoles de la época eran así, porque no bajaron las armas. Incluso cuando muchos de ellos sabían que sin ayuda extranjera perderían, como dijo Manuel Azaña en septiembre de 1936, decidieron luchar. Nuestros antepasados eran así.

En España se ha derramado mucha sangre en busca de la democratización de la política

¿Eso le hace sentir orgulloso?

No es una cosa de la que sentirse orgulloso como tal. En España se ha derramado mucha sangre en busca de la democratización de la política y la mejora de las condiciones sociales en las que vivía la mayor parte de la gente. Ha sucedido lo mismo en otros países, pero aquí tuvimos menos suerte.

¿Qué ha cambiado en su terreno desde que empezó a estudiar la historia de España?

En 1975, la historia de España la escribían historiadores extranjeros o desde el extranjero. Nada que objetar ante eso, nosotros todavía vivíamos con una censura casi de guerra. ¿Cómo diablos íbamos a poder escribir nuestra propia historia? Ahora, la mejor historia, bien o mal, se hace desde España, que es lo normal.

La Transición, que hoy se critica mucho, y yo también critico en cierta medida, nos dejó sobre todo ciertos puntos como la libertad de expresión o cátedra que se encontraban a años luz de lo vivido durante el franquismo. Hemos importado nuevas formas de ver el pasado y las hemos aplicado a nuestra propia historia. Por eso hemos podido hacer cosas que hasta entonces no eran posibles.

 

Aprovecha la monografía para retomar algunos de sus grandes hitos como historiador. Uno de ellos es la investigación sobre el “robo” del oro de España que, supuestamente, llegó a Moscú durante la Guerra Civil. Asegura que alguien del Ministerio de Exteriores franquista se llevó toda la documentación que pudo al respecto, y que sospecha de tres o cuatro personas. ¿Quiénes son?

No quiero decir los nombres porque son solo sospechas, yo no tengo la documentación para acreditarlo. Son un círculo muy reducido. Alguno de ellos robaría los papeles, no sé por qué, quizá para salvar la patria o el honor de la dictadura, o impedir que otros investigadores avanzaran en descubrir la verdad, o incluso que yo mismo avanzara.

Llegué a denunciar a uno con nombre y apellidos, el ministro de Hacienda del Plan de Estabilización y luego gobernador del Banco de España, Mariano Navarro Rubio. Conseguí que un subsecretario del mismo Ministerio le escribiera preguntándole por la cuestión. Jamás he recibido respuesta de este señor y yo no sé si él robó esa documentación, eso lo tendrá que decir otro historiador.

Lo que sí puedo decir es que, si conocimiento es poder, conocer lo que pasó indudablemente es una cosa que debió atraer la atención de algunos altos funcionarios, incluso ministros, que sabían bien del tema.

Que los rusos robaron las reservas del oro del Banco de España durante la guerra es algo que sigue pensando mucha gente.

Eso es tan falso que hasta el propio régimen lo sabía desde 1956, pero se callaron. Además, nadie habla del oro de Francia, porque el 25% de las reservas españolas fueron a parar al país vecino. Es cierto que todavía hay algún descerebrado hablando del oro de Moscú. ¿Qué puede hacer un historiador? Escribir las cosas como fueron, pero si eso el sistema educativo no lo recoge, ahí te salen los tíos de Vox que reclaman todavía el mayor expolio de la historia de la Humanidad o como lo llamen ellos. Yo tampoco puedo influir sobre Vox. Son unos sinvergüenzas históricamente hablando y nada más.

Como sabe, la Ley de Secretos Oficiales franquista de 1968 sigue vigente en España. ¿Qué intereses puede haber en ello?

No tengo ni idea de qué intereses se esconden detrás de eso, y he reflexionado sobre la cuestión. Cuando estuve en el Ministerio de Asuntos Exteriores, conseguí que se abrieran los archivos a la investigación con un plazo de cadencia de 25 años. De golpe y porrazo podíamos ver los documentos hasta 1958. Se han publicado libros y tesis doctorales en base a esa documentación y no ha pasado absolutamente nada. No sé por qué ahora no se podría hacer lo mismo.

¿Usted abriría los archivos sin excepción?

Es curioso, porque en España los archivos están muy mal dotados de personal, y eso que son la memoria de un pueblo, de una nación, de un país. Aquí hay trabas a la hora de investigar que no te encuentras en otros países. La historia no mata, quien mata son los hombres y, a veces, abducidos en base a una mala historia.

Aquí hay trabas a la hora de investigar que no te encuentras en otros países

Si yo formara parte del Gobierno, abriría los archivos hasta el 75 sin problemas, quitando dos o tres temas que lo dejaría a un examen algo más pormenorizado por parte de la Administración. No hay que temer el pasado franquista.

¿Qué temas dejaría todavía sin desclasificar?

Esto prefiero no decirlo. Quien conoce los archivos más o menos los podrá identificar fácilmente, pero no me siento autorizado para decirlo.

¿Y desclasificar los archivos hasta 1981?

Sí, se podría hacer una excepción por el golpe de Estado, porque es un tema acotado. ¿Qué se podría descubrir? Que el rey entonces estuviera más o menos implicado… ¡Pero si Juan Carlos está completamente desacreditado ya ante la opinión pública!

¿Qué opinión le merece el revisionismo histórico que se está estableciendo en algunos sectores de la sociedad?

Para empezar, hay un revisionismo de periodistas de medio pelo, y luego hay un revisionismo profesional de los historiadores. Qué quieres que te diga… Yo he escrito libros que todavía nadie ha podido echar por tierra. El revisionismo forma parte de la profesión, pero ahora nos adentramos en un revisionismo que solo se ocupa de desmontar a los gobiernos republicanos de izquierdas. En ese sentido, tan solo es la prolongación del combate ideológico que atraviesa España desde los últimos 40 años. Es parte del combate que libra la derecha contra la izquierda, solo que con otras armas.

Terminemos con algo más personal. ¿Qué ha sentido a lo largo de todas estas décadas dedicadas a desentrañar los entresijos del pasado oscuro más reciente de España? ¿Está trabajando en alguna nueva investigación?

Me he sentido, a veces, muy cansado y dubitativo, pero no pierdo las ganas. Yo suelo escribir dos libros a la vez, y ahora estoy enfrascado junto con un amigo en uno sobre un tema muy importante. Tratamos de documentar adecuadamente una interpretación que se hace de las incipientes victorias de Franco a lo largo de la segunda mitad de 1936. Es algo que nadie ha dicho hasta ahora, y que puede cambiar radicalmente lo que se sabía hasta el momento.

Hace unos días, me llegaron 1.500 papeles todavía sin examinar desde el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares. Vivo en Bruselas y a nadie se le ha ocurrido examinarlos, pero a mí sí. A partir de aquí, solo queda aplicar el método inductivo primero y la crítica después. Si te basas en el método deductivo, en lo que otros han escrito o tus propias ideas preconcebidas, no haces una historia documentable. Además, la crítica es necesaria porque no todo lo que aparece en los papeles responde a la realidad. Hay mentiras que se filtran y afirmaciones que esconden intereses detrás."             (Ángel Viñas, CTXT, 01/05/24)

28/3/23

«Sin la ayuda soviética la República hubiera rápidamente perdido la guerra»... Es obvio que no podía ganar contra Franco, el Eje y la no intervención. Aun así, resistió lo que pudo. Fue su desastre y su gloria. Nadie, salvo los abisinios y los chinos, había resistido la embestida fascista... el primer año de la guerra de 1936, la Unión Soviética exportó a España 19.800 toneladas de trigo; 10.671 de centeno; 83.903 toneladas de aceite combustible y 70.113 de gasolina; 17.716 de hierro fundido, además de camiones, tractores y medicinas... el oro del Banco de España “se utilizó en Francia y la URSS para convertirlo en divisas (francos, libras, dólares esencialmente) para hacer frente a los gastos de la guerra ligados a las importaciones (bélicas y no bélicas) absolutamente necesarias”

 "Durante el primer año de la guerra de 1936, según los datos del Comisario del Pueblo para el Comercio Exterior (NKVT), la Unión Soviética exportó a España 19.800 toneladas de trigo; 10.671 de centeno; 83.903 toneladas de aceite combustible y 70.113 de gasolina; 17.716 de hierro fundido, además de camiones, tractores y medicinas, entre otros apartados. En el periodo 1936-1938, respecto a las exportaciones republicanas a la URSS, destacaban el plomo, las frutas, el aceite de oliva o los tejidos de algodón.

Más allá de los cuadros estadísticos, un análisis profundo de las relaciones entre la Unión Soviética y la II República española puede hallarse en el volumen Oro, guerra, diplomacia. La República española en tiempos de Stalin, de Ángel Viñas. El libro de 510 páginas ha sido editado por Crítica en enero. Historiador, economista y diplomático, Viñas ha sido catedrático en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Es coautor de El desplome de la República (2022) y Castigar a los rojos. Acedo Colunga, el gran arquitecto de la represión franquista (2022); en 2021 publicó El gran error de la República. Ángel Viñas afirma en su último libro que el oro del Banco de España “se utilizó en Francia y la URSS para convertirlo en divisas (francos, libras, dólares esencialmente) para hacer frente a los gastos de la guerra ligados a las importaciones (bélicas y no bélicas) absolutamente necesarias”. La siguiente entrevista se realiza por correo electrónico.

-¿Qué evaluación general realizas de la ayuda soviética (incluidas las relaciones comerciales, diplomáticas y el respaldo militar) a los gobiernos de la II República?

Para suministrar la base necesaria, desde el punto de vista documental y crítico, he escrito el libro. Hay cosas sabidas, generales, y otras no sabidas. Como siempre el diablo está en estas últimas, porque solo se contestan con documentos primarios cuya búsqueda lleva tiempo y cuyo análisis y contextualización incluso requiere más esfuerzo aún.

 En dos palabras: sin la ayuda soviética, la República hubiese rápidamente perdido la guerra. Aguantó, como pudo, en medio de tremendas tempestades políticas, militares e internacionales. Es obvio que no podía ganar contra Franco, el Eje y la no intervención. Aun así, resistió lo que pudo. Fue su desastre y su gloria. Nadie, salvo los abisinios y los chinos, había resistido la embestida fascista. En Europa las democracias (salvo el Reino Unido) tampoco lo hicieron después. A mí siempre me ha sorprendido que no se reconozca abiertamente tal dato.

-¿Fue más importante la cooperación de la URSS que la llevada a término por la Alemania nazi y la Italia fascista a los golpistas españoles?

No. Pero sí lo fue durante un par de meses al principio, digamos octubre/noviembre de 1936. En cuanto Hitler subió el ritmo de suministros (Legión Cóndor) y Mussolini disparó el envío de tropas (aunque no todas fueron de primera línea) y los británicos apretaron las tuercas y Blum se echó atrás, la República había perdido tanto territorio y tantos recursos que la derrota era inevitable. La URSS mantuvo su apuesta más o menos durante diez meses más. Después dejó a la República a palo seco otros tantos. Tales discontinuidades fueron dramáticas. Sin contar con que la creación de un Ejército Popular de nuevo cuño, capaz de enfrentarse a tres o cuatro (incluidos los marroquíes) de carácter profesional no fue una tarea sencilla. Por lo demás, no hay que olvidar que Mussolini ya había aprobado una ayuda militar a los golpistas ANTES del 18 de julio.

-¿Qué posición adoptaron Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos?

Este tema es el más conocido. Brevemente, los anglosajones se inhibieron. Francia vaciló, aunque no al principio. Ayudó indirectamente: permitió la actuación de agentes republicanos en su territorio; fue base de salida de las Brigadas Internacionales; compró un 25 por ciento de las reservas de oro. Los otros dos fueron mucho más duros y empresas norteamericanas apoyaron eficazmente a Franco. Hoy un historiador español desprecia olímpicamente el marco internacional de la guerra civil. A eso se ha llegado.

-¿Qué  grandes mitos propaló la dictadura franquista a partir de la cooperación entre la URSS y la II República/Frente Popular? (“El oro de Moscú es un tema absolutamente básico para diseccionar la mitografía conservadora (amén de la ultraderechista) en su componente básico de ‘proyección’, es decir, en su atribución al enemigo de comportamientos propios, personales y colectivos”, escribes).

El primero y principal es que, como tú dices, montó una contrahistoria basada en ese principio de proyección. Ya en la preparación de la conspiración se observa su eficacia (hay que impedir un golpe comunista, hay que cortar radicalmente la violencia que practicaban los “rojos”). Luego lo aplicaron al marco internacional y a las disputas entre los republicanos. Asumieron la noción de “cruzada” y al final se habían obsesionado tanto con los comunistas que ya nunca más dejaron de presentarlos como el enemigo más sustancial y permanente de la PATRIA. Cabe afirmar que los elementos esenciales de esa interpretación fueron asumidos, sin solución de continuidad, durante toda la dictadura.

Ciertamente, no en el extranjero, pero los autores extranjeros escribieron sus obras sin apoyo de la documentación española (reservada a los proclives al régimen, si bien solo selectivamente). La historia de lo que pasó y por qué pasó ha empezado a escribirse en el período democrático.

-La República española reconoció de iure a la URSS en 1933, aunque sin establecer relaciones políticas ni diplomáticas. ¿Cuál fue la realidad –años después- sobre el oro del Banco de España depositado en Moscú y para qué se utilizó?

Se pasaron más de dos años, con alguna interrupción, negociando bajo cuerda para lograr una definición de las relaciones diplomáticas y comerciales lo más parecida posible a las que tenían Francia y Gran Bretaña. A pesar de las reservas de los partidos de derecha, la negociación continuó bajo los gobiernos radicales. Incluso he encontrado atisbos en 1935, si bien ya muy apagados. El proceso estaba en marcha de todas maneras antes de las elecciones de febrero de 1936.

El oro se utilizó en Francia y la URSS para convertirlo en divisas (francos, libras, dólares esencialmente) para hacer frente a los gastos de la guerra ligados a las importaciones (bélicas y no bélicas) absolutamente necesarias. Hoy no guarda ningún misterio. Prácticamente todos los aspectos relevantes han sido identificados. Quedan, desde luego, algunas cuestiones. Debo reconocer mi fracaso total y absoluto a la hora de convencer a las autoridades españolas de que no hubiera sido una mala idea patrocinar una convención de historiadores de ambos países para abordar los puntos oscuros.  

¿Qué función ejerció –respecto a este metal- el ministro de Hacienda (1936-1938) y presidente del Gobierno (1937-1939) Juan Negrín, del PSOE?

Negrín, por encargo del gobierno, asumió las modalidades de envío y de gestión de la conversión de las reservas metálicas en divisas. Lo hizo en estrecho contacto con Largo Caballero y solo a partir de mayo de 1937 hasta abril de 1938, cuando la cartera de Hacienda la asumió Méndez Aspe. La operación de envío y conversión se llevó a cabo en el más estricto secreto, aunque una parte se filtró a los sublevados desde el comienzo mismo de la guerra.

-Dedicas un apartado de la investigación a “la cuestión de los precios” (y los tipos de cambio múltiples) en las exportaciones soviéticas a España. ¿A qué te refieres?

Desde 1974-1976 he estado pensando que habría que escribir algo sobre el comercio bilateral. Hasta ahora no he tenido tiempo de hacerlo. Hay que darse cuenta de que el soviético era un sistema económico antitético al capitalista. También bastante desastroso. Las implicaciones para el comercio exterior se han estudiado en muchos países, pero no para España. Básicamente lo que he encontrado es que los soviéticos aplicaron a la República dos regímenes: uno parecido al que utilizaban con otros países sobre materias primas, semitransformados y bienes de capital, y otro, referido al material bélico, basado en tipos de cambios múltiples. Franco, por cierto, aplicó un sistema parecido y lo hizo a todas las exportaciones españolas a finales de los años cuarenta.

El porqué de la decisión no lo he visto documentado, pero así fue. Por lo demás, la URSS no era exportadora de armamento. Había enviado algunas armas a China en los años veinte. Luego, a mitad de los años treinta, remitió grandes cantidades. Así que he tenido que establecer ciertas hipótesis. A pesar de todos mis esfuerzos no he encontrado ninguna obra que explicara las razones. Este era un tema adecuado para tratar en una conferencia de historiadores.

-Por último, tras años de investigación en los archivos, ¿qué consideración tuvo –a grandes rasgos- Stalin de la República española? ¿Has constatado algún tipo de evolución?

Stalin, salvo que aparezcan nuevos papeles, creo que jugó bastante limpio con la República española. No podía ponerse en primera fila y recomendó a los republicanos que se apañaran con sus aliados naturales, que eran los franceses e ingleses. Tal no fue el caso y del otoño de 1937 al otoño de 1938 se dedicó a incrementar el nivel de autoprotección soviético frente al Japón y al Tercer Reich. En su opinión, contraria a la de sus funcionarios, había que reducir el nivel de apoyo a la República. Esto es conocido. Donde yo he avanzado un poco más es a la hora de reconstruir a partir de noviembre de 1938 las circunstancias que llevaron a una nueva oleada de suministros bélicos que ya prácticamente no llegaron a España.

Las relaciones hispano-soviéticas están en la base de, con este, cinco libros que he escrito (El desplome de la República escrito con Fernando Hernández Sánchez). No conozco a ningún otro historiador, español o extranjero, que puede exhibir tal palmarés. Ciertamente no hay muchos y yo he tratado de ir un poco más lejos que Daniel Kowalsky o Frank Schauff. Discrepo fundamentalmente de otros autores anglosajones, influidos todavía por el síndrome de la guerra fría.  Aun así, reconozco que quedan paneles de sombra.

Una observación final. El estudio de la guerra civil vista del lado republicano es penoso a causa de las discrepancias esenciales que se desprenden de los escritos de los protagonistas. Todo el mundo echa la culpa a los otros. Los políticos de la guerra tienen su cohorte de historiadores. Por eso empecé mi libro El gran error de la República con una referencia al documental de Jaime Camino La vieja memoria. Al comienzo de la Transición es como si no hubiera transcurrido el tiempo.

La única forma de poner un poco de orden es, en mi modesta opinión, acudiendo a los documentos políticos, económicos, militares y diplomáticos de la época. Y ensamblarlos con los archivos relevantes extranjeros.  Pocos lo han hecho y menos aún han dedicado tanto espacio a los preparativos del golpe de 1936 en sus dimensiones fundamentales.

En realidad, fue un asalto al régimen republicano de carácter monárquico, militar y fascista que el Gobierno de la época no pudo o no supo (descarto el que no quisiera) cortocircuitar.  Todavía está por ver que alguien haya desmontado la evidencia que he ido acumulando en La conspiración del general Franco, 2012; El primer asesinato de Franco, 2017, ¿Quién quiso la guerra civil?, 2019, y El gran error de la República, 2021. Pero como yo trabajo inductivamente desde documentación primaria siempre puede escapárseme alguna y verme confrontado con otras interpretaciones.

Yo mismo lo haré sobre mí en mi próximo libro. No hay historia definitiva. Mal que pese a la derecha… y a la izquierda."                   (Enric Llopis  , Rebelión, 25/03/2023)

22/3/23

Hay algo que convendría no dejar pasar del discurso de Tamames, esa pretensión perversa de equiparar en el pasado a víctimas y verdugos, rematando su discurso con una cita de Machado, quien murió en Colliure, precisamente por el golpe fascista y criminal del que tuvo que huir... No se trata de hacer balanza de atrocidades, sino de afirmar que aquello consistió en cercenar una república para defender los privilegios bastardos de banqueros, terratenientes y clero. La sangre de los españoles convertida en botín

Daniel Bernabé @diasasaigonados

Hay algo que convendría no dejar pasar del discurso de Tamames, esa pretensión perversa de equiparar en el pasado a víctimas y verdugos, rematando su discurso con una cita de Machado, quien murió en Colliure, precisamente por el golpe fascista y criminal del que tuvo que huir.

No se trata de hacer balanza de atrocidades, táctica militar del terror en los sublevados, sino de afirmar que aquello consistió en cercenar una república para defender los privilegios bastardos de banqueros, terratenientes y clero. La sangre de los españoles convertida en botín.

Y eso Tamames lo sabe. Tanto como que fingiendo ser de una tercera España, pasando a arrepentido por no decir traidor, lo que le esperaba era el confort de los micrófonos y una cuenta bancaria saneada. De economía, de la suya, siempre supo, de dignidad y poesía mucho menos.

12:46 p. m. · 21 mar. 2023
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13/3/23

Ángel Viñas: «Me he cargado los fundamentos de las leyendas franquistas que decían que la guerra era inevitable»... A Stalin no le interesaba que en España se estableciera una república soviética porque eso le hubiera enemistado con los países con los que quería combatir al fascismo

 "Nada cambia más constantemente que el pasado; porque el pasado que influye en nuestras vidas no consiste en lo que realmente sucedió, sino en lo que los hombres creen que sucedió”. Ángel Viñas ha seleccionado brillantemente esta cita de Gerald W. Johnson para introducir su último libro Oro, guerra, diplomacia. La República española en tiempos de Stalin, que acaba de publicar con la editorial Crítica. Este libro es continuación de los dos anteriores: ¿Quién quiso la guerra civil? y El gran error de la República. Con él concluye la trilogía con la que desmonta los mitos que el franquismo inventó para justificar su golpe de Estado, unos relatos que alimentaron durante décadas quienes detentaron el poder y se beneficiaron de él: querían hacer ver que España estaba al borde del precipicio.

Decía Walter Benjamín que la historia la escriben los vencedores y se la imponen a los vencidos. Y así fue durante décadas, pero el trabajo que hacen historiadores como Ángel Viñas rastreando pacientemente archivos durante años, trabajando con fuentes primarias, erosiona los pilares de cartón piedra sobre los que se levantó la gran mentira de quienes atentaron contra la República e impusieron una dictadura de 40 años en este país. “Sin buscarlo me he encontrado que me he cargado los fundamentos básicos de las leyendas franquistas que decían que la guerra era inevitable para prevenir una revolución comunista, luego largo-caballerista, y que era una guerra santa para evitar la sovietización del país. Todo esto es mentira. Mucho de lo que analizo en los libros ya se había dicho pero nadie lo había demostrado con documentación primaria. Y cuando no puedes demostrar algo queda en interpretación, en una teoría. Yo lo demuestro con papeles”.

Ángel Viñas, economista de formación, fue el número uno de su promoción al  Cuerpo de Economistas y Técnicos Comerciales del Estado, trabajó en la Comisión Europea, y fue su embajador en la ONU, entre otras cosas. Era profesor en la Escuela Diplomática cuando le llamó Fernando Morán,  ministro entonces de Asuntos Exteriores, para ficharle como asesor en temas de seguridad. Cambió la economía por la historia, y al final de su vida laboral dejó la Administración e impartió clases en las Facultades de Historia y de Economía. Ahora desde Bruselas, donde reside, concentra  su tiempo en reconstruir, con la documentación de los archivos, lo que el llama “evidencia primaria relevante de época” (EPRE), la historia no contada de nuestro país. Viñas es uno de los referentes imprescindibles de la historia de la II República y la Guerra Civil. Su libros son el armazón con el que levantar los cimientos de la Memoria Democrática de este país.

GEMA DELGADO: ¿Cuáles son las principales aportaciones de este último libro de la trilogía, o de la tetralogía si incluye el libro con Fernando Hernández Sánchez?

ÁNGEL VIÑAS: En primer lugar, el proceso que llevó al establecimiento de embajadas mutuas en España y la URSS, que apenas se conocía. Salvador de Madariaga escribió pero no contó la historia como fue. El último capítulo sobre el comercio hispano-soviético es totalmente nuevo.

La parte del oro, que está en dos capítulos, recoge los documentos soviéticos que me permitieron ver o que han publicado. Y ahí nos dan cuenta de la visión de la URSS que no es como se nos había contado en occidente.

Me he detenido en los primeros envíos de armas y ayuda humanitaria soviética a España. Sobre las armas ya se conocía algo. He profundizado en el  último envío. También he tratado de mostrar una tesis que Gerald Howson emitió pero que no le dio tiempo a fortalecer. Entregó todos sus papeles a Paul Preston, quien me pasó muchos de esos documentos. Howson ya decía, y ya lo había tratado con menos profundidad que luego hice en la trilogía, lo que Stalin no pudo o no quiso hacer a pesar de la insistencia de militares y diplomáticos soviéticos y líderes de la Comintern.

G.D.: Las relaciones bilaterales con la URSS estaban suspendidas desde la revolución de 1917 y la República comenzó las relaciones comerciales con ellos, como ya venían haciendo otros países. La URSS tenía  petróleo suficiente y a precios muy favorables. Hasta Mussolini importaba petróleo soviético.

A.V.: No había motivos ideológicos para que no se restablecieran relaciones con la URSS. Había intereses económicos, como en el caso de Estados Unidos: se trataba de acceder al petróleo y a las materias primas soviéticas y de abrir nuevos mercados para las exportaciones españolas. Esa relación se vio distorsionada con el comienzo de la guerra civil. Las democracias occidentales, bajo la bandera de la no intervención, cerraron las puertas a la República; la URSS no lo hizo. Franco utilizó esa relación para alimentar su propaganda contra la República.

G.D.: Uno de los mitos franquistas para justificar su golpe, y que desmontas en este libro, es el peligro de la sovietización de España

A.V.: A Stalin no le pasó jamás por la mente sovietizar España; no digo que no se le pasara a otros por la cabeza pero a Stalin no. A Stalin no le interesaba que en España se estableciera una república soviética o parasoviética porque eso le hubiera enemistado claramente con los países con los que quería llegar a un acuerdo para combatir al fascismo, que eran los países aliados, aunque éstos no le hicieron caso y lo despreciaron, sobre todo los ingleses.

G.D.: ¿Por qué el gobierno de la República fue a buscar apoyo a la Unión Soviética?

A.V.: Negrín hizo todo lo posible y lo imposible para demostrar a franceses e ingleses que no había peligro comunista en España, pero no consiguió que le vendieran armas. Todo el mundo les cerró las puertas.

Sin el oro y sin el apoyo de la Unión Soviética, la República se hubiera hundido enseguida porque las democracias occidentales no quisieron apoyarla, unas por motivos ideológicos y otras por económicos. La única que facilitó aviones, tanques y artillería moderna fue la URSS. Sólo les quedó eso y el mercado negro. Los franceses permitieron que funcionarios republicanos actuaran en territorio francés para agenciar armas. Pasaron fusiles, ametralladoras, granadas, cañones. Pero en el mercado negro la República se vio estafada por todo tipo de gente sin escrúpulos.

G.D.: ¿Cuál fue el motivo por el que Stalin dejó de abastecer a los republicanos desde noviembre de 37 hasta finales del 38?

A.V.: Stalin no abandonó a la República a su suerte, simplemente no quiso enviar más material de lo que hizo. La explicación está en que Stalin no podía atender a tres frentes: el primero, el asiático, con los japoneses avanzando hacia Siberia; el segundo, frente a Hitler; y al mismo tiempo ayudar a España. Sabía que no podía. Si los ingleses y los franceses hubieran intervenido a favor de Checoslovaquia, en lugar de plegarse, Stalin hubiera hecho causa común con ellos.

G.D.: ¿Por qué volvió Stalin a ayudar en el 38, cuando ya acababa la guerra?

A.V.: Pues la única manera de explicarlo es que para entonces los rusos habían batido, con un coste enorme en hombres, a los japoneses en lo que fue la primera confrontación fuerte. Y eso apaciguó por un tiempo el peligro sobre las fronteras soviéticas en Asia.

Algunos han dicho que Stalin no tenía una estrategia de sustitución, por eso continuó apoyando a la República de una manera muy importante y muy rápida. Aunque el sistema soviético era lento,  Stalin dio en diciembre de 1938 un salto de tigre y a una velocidad de vértigo manda un primer envío con un montón de armas. Las primeras órdenes de Stalin son de diciembre del 38 y los primeros desembarcos de material en las costas catalanas tienen lugar a finales de mes. Y enviaron mucho más que se quedó en Francia. Sólo pudo pasar la frontera una serie de cargamentos en enero. Pero con los flancos catalanes desplomándose frente a la acometida franquista apoyada por la aviación nazi y la infantería y aviación italiana, Barcelona cae el 27 de enero. Ya no queda nada. ¿Dónde enviar el material soviético que estaba en Francia? Se queda en Francia. Cuando termina la guerra, Francia reconoce al gobierno de Franco y este, a finales de febrero de 1939, solicita el envío de ese material soviético, pero Francia no hace caso y lo devuelve a la Unión Soviética. Tiene que haber documentación al respecto pero nadie la ha encontrado que yo sepa.

G.D.: Este es el tercer libro que escribe sobre el famoso oro de Moscú. El primero fue en 1976, el segundo en 1979 y ahora este con fuentes nuevas. ¿Qué pasó con el oro de Moscú?

A.V.: El oro fue la pieza fundamental de la resistencia republicana. Sin el oro, la República hubiera acabado en el mes de septiembre u octubre de 1936. Se vendió en su totalidad: un 75% a la Unión Soviética y un 25% a Francia, aunque de este último no se ha hablado mucho. Se gastó todo. El contravalor en divisas se empleó en armamento, pero sobre todo para pagar las importaciones; y también en comprar alimentos. Se pasaba mucha hambre.

G.D.: Los soviéticos dijeron en su momento que el gobierno republicano había dejado una deuda de 50 millones de dólares

A.V.: Los rusos citan un solo documento, una carta firmada por Negrín en el mes de agosto de 1938, que no se ha publicado. He de confesar que cuando el ministro de Asuntos Exteriores Lavrov me autorizó a entrar en los archivos del Ministerio de la época soviética, puso como condición que no se me dejara ver los papeles relativos al oro. Tuve las mismas dificultades que teníamos los españoles en el Ministerio de Asuntos Exteriores de los años 70, después de la muerte de Franco. Y no vi ese papel, no lo han publicado. Entonces, yo me temo que la carta no existió o que fue un invento, o que dijo otra cosa.

G.D.: Franco también tuvo que financiar su guerra y comprar armamento, ¿de dónde sacó el dinero?

A.V.: Los sublevados tuvieron crédito casi ilimitado de los nazis, fascistas y algunas multinacionales, mientras el gobierno republicano pagaba al contado. Franco no acaba de pagar esas deudas hasta finales de los sesenta.

G.D.: Con este libro cierras la trilogía sobre la República en guerra

A.V.: Me interesé por la conspiración de Franco y lo he hecho con especial atención al contexto internacional. Me he dedicado a ella mucho tiempo, afortunadamente. Ahora tengo una visión, y creo que acertada, de la conspiración contra la República. Los conspiradores se querían cargar la República desde el año 32 con la ayuda fascista. Para desmontar los mitos necesitas pruebas. Y a mí lo que me despertó todas las alarmas fueron los contratos fascistas que los monárquicos firmaron con una empresa italiana el 1 de julio de 1936 y que están en la calle de Alcalá; yo los descubrí en el año 2012.

Por otra parte, una tesis doctoral de Carlos Píriz mencionó una infiltración de la policía gubernativa en la UME. A mí me sonaron todas las alarmas. Y a partir de ahí han salido los tres últimos libros. En ellos se demuestra que no hubo riesgo de sovietización de España.

De no haberse quebrado la normalidad a consecuencia del golpe monárquico-militar-fascista, la República hubiera seguido orientándose por coordinadas similares a las de las restantes democracias occidentales.

Franco no era una pieza central. Se “coló” porque era el único que podía colarse, era el que quedaba. Todo esto se ha distorsionado mucho. Yo he sido probablemente el único que ha reencauzado las distorsiones.

Yo no me baso en libros, voy a las fuentes. Sobre la guerra civil y la República se han escrito miles de libros y artículos. Decir algo nuevo es difícil; aunque no imposible, como he demostrado. La única forma de hacerlo es dejar los libros y los artículos de lado e ir a los archivos. Yo lo explico siempre todo en los prólogos.

Se había escrito mucho pero sin papeles o con los papeles alemanes y en algunos casos con los británicos, que ya se empezaban a desclasificar. Yo además de esos papeles quería ver los papeles soviéticos. Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo habían escrito un libro titulado Queridos camaradas sobre las relaciones de la Cominterm y España desde 1920 hasta 1940. Pero no era lo que yo buscaba. Yo quería ver los papeles del gobierno soviético.

En Naciones Unidas conocí a Lavrov. Le escribí. No contestó pero a los 6 meses recibí una llamada del Consejero Cultural ruso en Bruselas para decirme que ya podía solicitar el visado y que se me había autorizado la consulta. Estuve en Moscú tres o cuatro veces.

G.D.: ¿Cuál es la clave para comprender la guerra civil?

A.V.: La clave está en quién quiso, quien preparó la guerra. No fue la izquierda. Fueron ciertos sectores monárquicos, carlistas y alfonsinos, un sector del ejército y la ayuda fascista de Mussolini, aparte de toda la órbita de la derecha desde los periódicos (ABC, El Debate, La Nación) a quien puso el dinero. Fue una guerra civil internacionalizada desde antes de que estallara.

El gran error de la República fue no cortar el golpe, que lo podría haber hecho. Algunos pensaron que sería como una sanjurjada, pero se les olvidó el vector italiano…

La historia española no es como nos la han contado. Ni como escriben algunos, como Stanley Payne y un par de militares y periodistas que han bebido en las ubres del franquismo y se creen y repiten las mentiras.

Les invito a que estudien las fuentes. Las claves de la guerra están siempre en ellas. Por eso durante la dictadura no se abrieron los archivos: ni los franquistas ni los que incautaron a la República.

G.D.: ¿Cuándo empezaron a sembrar el miedo a los rojos?

A.V.: Empieza en el año 1932/33 (aunque ya había florecido antes de las elecciones de 1931). Primero es lo que sentían, y luego es lo que necesitaban para adoctrinar a los cuadros del ejército proclives a la sublevación. Lo hicieron las derechas. El manifiesto del Frente Popular se publica en enero del 36 y las octavillas que circulan entre los militares lo distorsionan de manera radical. Lo hacen para crear una atmósfera de excitación a la que contribuye en paralelo la prensa de derechas. No lo digo yo, ya lo dijo hace años Tuñón de Lara.

Al final, la batalla está en los medios. Y si la derecha lo aprendió de alguien tuvo que ser de los fascistas italianos y de los nazis. Goebbels es el maestro de la propaganda política de todos. Si vas a los periódicos de la primavera del 36 lo ves, en los comentarios de primera página y en los artículos de fondo.

G.D.: La derecha sigue haciendo campaña con el miedo al comunismo. ¿La historia se repite?

A.V.: Claro. Yo hago un paralelismo. No cito mucho al PP pero a Vox sí. La propaganda es útil cuando identifica unos mensajes simples y los repite y repite doscientas mil veces, que fue lo que todos los propagandistas del mundo aprendieron de Goebbels. Ellos lo hicieron con una idea muy simple repetida hasta la saciedad: los judíos son culpables. Aquí se convierte en “los rojos son culpables”. Si es que la derecha española no necesita copiar a Trump ni a Bolsonaro; tiene en sus genes lo que pasó en la primavera del 36. Han crecido en ello.

G.D.: Imagino tu trabajo como el de un minero o un arqueólogo, que cuanto más profundiza más material encuentra. ¿Cuál será tu próximo libro?

A.V.: Tengo un libro casi terminado: la forja de un historiador, que es de alguna forma un recorrido por mis aventuras en los archivos. Y otro, del que ya tengo unas 200 páginas, sobre el petróleo y la TEXACO. Lo escribo con un amigo, economista e ingeniero.

G.D.: Has recibido muchos premios a lo largo de toda tu carrera, incluida la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.  ¿Cuáles conservas con más cariño?

A.V.: Los de la sociedad civil. Los de los últimos años: el de Albert Camus, el de la Asociación Cultural Arte y Memoria; el del Foro Milicia y Democracia; el de Guernika; y que me hicieran hijo adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria. Tengo también algunas condecoraciones, pero son las que recibes como funcionario."               (Entrevista a Ángel Viñas, Gema Delgado  , El Mundo Obrero, 09/03/2023)

6/3/23

Ángel Viñas: "Justificar la Guerra Civil por la sovietización de España es un camelo que ha calado"

 "Ángel Viñas, (Madrid, 1941) alza la voz cuando quiere precisar algo que le parece de cajón, y para señalar que no se callará cuando reciba críticas. Su posición es muy clara. Funcionario, economista, diplomático e historiador, Viñas lo sigue todo, desde Bruselas, donde vive, con sumo interés. Acaba de publicar Oro, Guerra, Diplomacia, la República española en tiempos de Stalin (Crítica), una obra que es continuación de dos anteriores, ¿Quién quiso la guerra civil?, y El gran error de la República, en la que refuerza sus tesis sobre la manipulación de la derecha, que durante años y años proclamó lo del “Oro de Moscú”, que Joan Manuel Serrat reflejó en su Temps era Temps. Viñas se explaya en esta entrevista con Letra Global para señalar que los “reletos son importantes”, pero que las investigaciones son concluyentes: “Justificar la Guerra Civil por la sovietización de España es un camelo que ha calado". Él, en todo caso, se ata a los archivos, a los "papeles". Y constata: "Más no puedo hacer".

--Pregunta: Los datos son importantes, pero, ¿qué pasa con la ideología? ¿Cómo se combate una idea instalada, que ahora Vox, periódicamente, vuelve a señalar sobre el Oro de Moscú?

--Respuesta: No sé cómo se combate la ideología, cómo se combate a Bolsonaro, a Trump, a Orbán y a tantos otros. He servido al Estado y sé cómo funcionan por dentro los estados y no me gusta comentar una polémica de rabiosa actualidad. Me jubilé hace doce años y no me interesa entrar en eso. Pero lo que digo es que un historiador debe tener en cuenta las ideologías de la época, debe saber interpretarlas, y reconstruir lo que se pueda reconstruir. Me he acostumbrado a interpretar papeles, y en ver cómo actúan los seres humanos ante circunstancias concretas. Lo que me interesa es ver cómo interactúan en ciertas estructuras. Y lo que se debe decir es que hay datos, se conoce el pasado y me interesa lo que hay detrás de los datos y las decisiones de los decisores. Necesito documentación, pero no la del ABC o de La Nación o El Debate. Me interesé por la Historia tras un encargo de Fuentes Quintana sobre Hitler y el estallido de la Guerra Civil. No me basé en diarios, sino en decisiones gubernamentales, que es una parte del todo, pero que es fundamental.

--Usted parte de los escritos de Azaña, que ya percibe que la cuestión del oro y la ayuda de la Unión Soviética será utilizada por los que protagonizan el golpe de estado.

--Sí, pero desde mayo de 1936 a febrero de 1937, Azaña no escribe diarios, o no se han encontrado. Toma notas apresuradas, apuntes sobre la marcha. Sus diarios son interesantes, porque muestran los recovecos de la acción gubernamental. Pero en el caso de la Guerra Civil da pocas pistas. Las que ofrece las publicó Santos Juliá, en las obras completas de Azaña. Yo utilizo unas cartas que Juliá añadió como anexo a las memorias.

 --Y lo que se constata en su libro es que España caminaba hacia las democracias parlamentarias europeas

--Totalmente, no me cabe ninguna duda. Este libro viene a ser el tercero de una obra amplia, --¿Quién quiso la guerra civil?, y El gran error de la República-- que parte de una primera cuestión: Quién quiso la guerra. Porque hubo condiciones necesarias, pero no suficientes. Entre las primeras, las ya conocidas como el atraso económico, las oligarquías, el atraso social o la situación del campesinado. Todo el mundo está de acuerdo en eso, pero, ¿era todo ello condición suficiente? No, alguien quiso la guerra. Hay que analizar la situación. ¿Y si el presidente de la República no hubiera retirado su confianza en Azaña, y se hubiera evitado la convocatoria de elecciones? ¿Y si las izquierdas no hubieran ido por separado, que era un suicidio si se pensaba en la ley electoral que ellas mismas había impulsado? Hubieran ganado las elecciones, pero no ganaron. Ganaron las derechas de la CEDA, que se acababa de constituir. Después, no quisieron gobernar y lo hicieron los radicales. No sabemos cómo hubiera evolucionado la República, sin la revuelta obrera de Asturias. Algunos siguen señalando que el estallido de la Guerra Civil se debe a la revuelta de Asturias, pero no se quiere entender que esa revuelta fue impulsada por el Gobierno para darle un palo a la izquierda. La revuelta que pretendía Largo Caballero solo tuvo efecto en Asturias. En Barcelona se liquida en nada, con dinero a raudales hacia la CNT, que se calla. En Asturias sucede porque los mineros disponen de una cosa, la dinamita. Pero todo dura quince días y muestra que contra el Gobierno y el ejército no hay revolución posible, no se puede hacer nada y con ello no hace falta que comente nada sobre la situación actual en España.

--¿Entonces?

--Sobre las condiciones necesarias, hay que recordar el escándalo del estraperlo, con Lerroux, que debe dimitir. Gil Robles se postula, pero Alcalá Zamora no confía en él y se convocan nuevas elecciones, que las gana el Frente Popular. Esas elecciones las podría haber ganado la derecha y no hubiera habido Guerra Civil. La izquierda no se hubiera sublevado. O Alcalá Zamora podría haber avalado un alzamiento a la austriaca, al estilo Dollfuss. Eran condiciones, en todo caso, que no se tenían por qué cumplir. La constante, en cambio, es que desde 1932 las derechas monárquicas y carlistas apoyan una sublevación contra la República para sustituirla por el modelo austriaco. En los diarios de la época no hay información, no ven venir la conspiración, que se desarrolla con la ayuda fascista.

 --En todo caso, y eso queda claro en el libro, con los hechos en la mano, es que España recibe el apoyo de la Unión Soviética dos meses después de que Italia y Alemania apoyen a los sublevados, no antes.

--Sí, y es Italia la madre del cordero, con la idea de una restauración monárquica, de tipo fascista. Lo que se desea es Gibraltrar, para cerrar el penón. Lo viril, lo fascista, después de Abisinia, como un pulso a las democracias, lo exhibe Italia y para ese proyecto España es fundamental. Se juntan el hambre con las ganas de comer. El apoyo a los alfonsinos, a los monárquicos, no es por amor al arte. Mussolini apuesta por eso, se deja caer a Austria, y se alinea con Alemania.

--Podía haber sido distinto, ¿con otras reacciones del Gobierno?

--En el segundo libro, previo a este, sobre esa idea que le decía en torno a la Guerra Civil y a las condiciones necesarias pero no suficientes, lo que señalo es que hubo un aparato de información sobre la subversión. Encontré la documentación en Ávila, y elaboré una serie de hipótesis. El Gobierno republicano, aunque estuvo al tanto de la subversión, no hizo nada, porque se fio demasiado de la experiencia de la Sanjurjada. A Azaña se le engañó como a un bebé, como se explica en las cartas de Gonzalo Rodríguez Lafora, que publicó Santos Juliá. La República, que conocía la ayuda fascista, la ligazón fascista de Calvo Sotelo, se olvida en 1936. Lo que es cierto que no podía saber es que en octubre de 1935 Antonio Goicoechea va a ver a Mussolini y le explica que si las izquierdas ganan, intentarán una sublevación. Con eso se explica todo lo que viene después, con algaradas fascistas y carlistas en la primavera de 1936, para crear la sensación de un estado fallido, creando un clima muy mal interpretado por la derecha, que criticó a la izquierda de esa atmósfera, que se asimila a la de 1934.

--La influencia soviética, por tanto, es, como mínimo, ¿escasa?

--La Comintern manipulaba lo que podía, al Partido Comunista, como han señalado Rafael Cruz o Fernando Hernández Sánchez, que han precisado que el PCE no estaba a favor de protagonizar ninguna sublevación. Lo que se quiere desde la Comintern es un frente antifascista, con todos los partidos, incluso con los anarquistas.

 --¿Stalin defiende para España una democracia liberal?

--Se ha mal interpretado a Stalin, porque la derecha que se subleva debía justificar el golpe de estado y qué mejor que hacerlo responsabilizando a las izquierdas vencidas. Se ve muy claro en el dictamen de Serrano Súñer en 1938, con figuras preeminentes de la propia conspiración. Lo que se defiende, repito, es un frente contra el fascismo.

--La cuestión es que se mantiene el mito del oro de Moscú, a partir de una constatación, y es que la República debe pagar lo que pide al contado, mientras que los sublevados pagarán a crédito.

--Es eso, pero todavía Vox sigue con el mito y el PP, ¡qué quieres que te diga!

--¿Pesa, por tanto, la ideología?

--Pesa la ideología y los intereses, confesables en unos casos e incofesables en otros.

--En todo caso, ¿cómo explicar la historia a nuevas generaciones, con mitos que se mantienen, y que tienen acceso, por primera vez, a las investigaciones que se han publicado, como las suyas?

--El relato importa, y mucho, y mucho más ahora que los medios están al alcance de todos. Eso tiene ventajas e inconvenientes, con cuestiones que se manipulan. Sucede en todas partes. Hay un relato político adaptado y otra cosa es el pasado y su interpretación a partir de datos fiables. Lo que yo ofrezco es un relato documentado, y mi deber es aprovechar la documentación disponible. Yo soy de la generación del 41, y traté de evadirme del franquismo. Ya leía, antes de la universidad, los libros de Historia de Espasa Calpe, que eran para los primeros cursos universitarios. Y mi investigación ha sido siempre a partir de archivos.

--Los tecnócratas del franquismo mantienen la versión franquista del oro de Moscú.

--¡Es que los tecnócratas del franquismo eran franquistas! Navarro Rubio, Castiella, Martín-Artajo…

--¿Se ha idealizado su contribución a la economía de España con la idea de que salvaron el país?

--Se han idealizado sí, salvaron al país y al franquismo. Fueron muy conscientes de ello.

--Pero significaron una ruptura con lo anterior, abriendo la economía, con reformas.

--Hasta cierto punto. El cambio fue lento. Ya se empezó a otear en 1951, con Manuel Arburúa al frente de Comercio, que era franquista, pero no idiota. Vio que las políticas comerciales existentes no iban a ninguna parte. Y con la irrupción del Opus Dei se juntaron los altos funcionaros y los economistas. Tenían claro que con la autarquía no se podía seguir.

--¿La prioridad era salvar la economía o salvar el franquismo?

--Salvar la economía, aunque eso comportara también salvar el régimen. Hay una importancia decisiva de hombres como Manuel Varela, el secretario general técnico de Comercio, un puesto clave, con el Instituto Español de Moneda Extranjera, el IEME. Me contó que nunca se refirió a Franco como Generalísimo. Sólo como “ese señor”. Pero a partir de 1962, como si le hubiera llegado el espíritu santo, ya decía “he ido a ver al Generalísimo”. ¡Había visto la luz! Es un síntoma de que se comenzaba a cambiar algo. Ahora bien, yo que he repasado los discursos de Franco, los que daba en Navidad, recuerdo el de 1959, y no hay grandes elogios a los Planes de Estabilización. Funcionaron por encima de sus expectativas, porque Franco no creía mucho en ellos. La potencialidad era evidente en la economía española, pero no podía manifestarse sin esas reformas. Y hubo muchos catalanes interesados en esos planes, que los impulsaron, con Sardà Dexeus, López Rodó, Fabià Estapé…Estaba claro que la industria catalana estaba yugulada, y los naranjeros valencianos también, con una tasa de cambio dólar-peseta que los arruinaba.

--¿Cómo se utilizó, en todo caso, ese oro de la República?

--No se conocían las reflexiones soviéticas sobre el oro de la República, y teníamos las cartas de Negrín, que se entregan a Franco en 1956. Creí relevante hablar de ello en el libro. Pero mi interpretación no ha variado mucho desde mis primeras investigaciones. El oro se envía a Francia, para ponerlo a salvo y para convertirlo en divisas, porque había oro en lingotes y, principalmente, en monedas. Con eso no puedes pagar nada, ni armas ni otras necesidades. Las transacciones se pagaban en libras esterlinas o en francos. Cuando Negrín llega a Hacienda ve que hay una operación, pero pequeña y fuerza las ventas, para poner el oro a buen recaudo, antes de que llegue Franco. La banca internacional pone muchas dificultades para las transferencias, para adquirir armas y productos y el oro se considera que puede estar seguro en Moscú. Tenía todo el control del mundo. Los rusos cumplían las órdenes de venta que dictaba Negrín, con comisiones, claro. No eran relaciones de amigos. Eso es lo que pasa.

--¿Y qué ocurre con Inglaterra?

--De Inglaterra se pueden decir cosas malas y muy malas, pero defiende sus intereses. Siempre lo ha hecho, y una guerra es una guerra. Lo que veía era el peligro nazi, como algo inminente. Y a Moscú no se le podía pedir que ayudara gratis a la República. Enviaba divisas, que se necesitaban imperiosamente. La España de Franco, posteriormente, nunca dio su posición en divisas, y solo lo hizo a partir de 1959 exigida por la OCDE y por el FMI. Hasta entonces la posición de divisas de España era un secreto de estado.

--¿No quedaba otra, por tanto, que esa relación con Moscú, dada era relación compleja con Inglaterra?

--Las relaciones con Inglaterra en los primeros cuatro años de la República no son malas. Y en gran medida se debe a las buenas dotes del embajador británico, que trabajaba en España desde 1927. Era conservador, pero entendía a España. En el verano de 1935 se jubila, y su sustituto es un auténtico desastre, es la oveja negra que, de vez en cuando, surge dentro de una diplomacia británica que siempre ha sido de alta calidad. Lo que se difunde es que España se acerca a Rusia, y hay una gran preocupación por ello. ¡La revolución roja se acerca! Pero el director general del Foreign Office tenía claro que lo que les decían sus equipos del sur de Europa no estaba bien encaminado. Y es que Stalin no estaba interesado en transformar España en un soviet. Stalin concentra sus esfuerzos en el este, frente a Japón. Las armas que envía son ridículas. Tiene claro que solo entrará en la batalla frente a los nazis si lo hacen Francia e Inglaterra y esos dos estados no dan el paso. Él tampoco lo dará. Los investigadores hemos visto los archivos, y es verdad que no podemos dar un certificado de buena conducta a Stalin, pero justificar la Guerra Civil por la sovietización de España es un camelo, un camelo que ha calado en la sociedad. La idea de que se hace la guerra para prevenir ese peligro es un camelo, es una proyección que consiste en atribuir al adversario comportamientos propios porque no son favorables a la causa franquista. Eso es lo cierto. Y también lo es la importancia de los relatos, como se apuntaba antes."                  (Manel Manchón 

22/11/21

La guerra civil no fue irremediable. Fue producto de circunstancias concretas y preparada por actores concretos: monárquicos alfonsinos, carlistas, un sector de las fuerzas armadas debidamente manipulado y siempre contando con el apoyo, que llegó, de la Italia fascista... No la quisieron los republicanos liberales, ni los socialistas, ni los anarquistas, ni los comunistas ni, en general, la "Anti-Patria", que aspiraban a una España modernizada... ¿Y el terror? En lo que se refiere al que se desató en la zona leal al Gobierno, no se hubiera producido si el golpe no hubiera ocurrido. En el que se desató en la zona sublevada fue consustancial con el golpe. Estaba previsto. Estaba articulado. Irrumpió con una violencia feroz, porque de lo que se trataba era precisamente de aniquilar a la "Anti-España"

"(...) Después de casi tres años de guerra y cuarenta de posguerra, de los cuales la mitad se pasaron en el autoaislamiento económico (autarquía se decía entonces) y en una represión inmisericorde y con suma frecuencia cruenta para republicanos, liberales, socialistas, anarquistas, comunistas, masones, librepensadores, ateos -todos globalmente incluidos en el concepto de la "Anti-España-, una modesta prosperidad alentada por la emigración, el turismo y la inversión extranjera en medio de una continuada violencia estructural (algo más sofisticada), el 20 de noviembre de 1975 entreabrió las puertas a la esperanza. No sin temores. La Transición también tuvo sus víctimas, de muy diverso tipo. De violencia etarra y de violencia policial, pero alumbró un rayito de luz.

Hoy, como en ocasiones anteriores, representantes escasamente reciclados de los pilares ideológicos de la dictadura, volverán a invadir las redes -e incluso quizá algunas plazuelas- para reclamar una vuelta a aquellos tiempos en los que, sin rastro de vergüenza aparente, afirman que "con Franco vivíamos mejor". Sin duda hay gente que se lo cree. Algunos porque se lo han dicho en casa. Otros porque lo oyen y leen en las redes. No faltarán los ignorantes.

¡Ay!, el sistema educativo español, en buena parte en manos privadas, no ha hecho su deber y, en general, tampoco se le ha obligado a ello. (...)

Lo que los historiadores sí podemos es contribuir a modificar las representaciones de ese pasado. Esto es lo que fastidia a mucha gente que, en general, se encuentra del lado de aquéllos que todavía tienen una visión positiva de Franco, hoy fallecido hace 46 años, e incluso de su dictadura.Naturalmente a nadie le gusta que le digan que está equivocado. Sin embargo, desde 1975 a esta fecha los historiadores españoles hemos cumplido con nuestro deber. Hemos explorado archivos, hemos leído libremente a los colegas extranjeros ya no censurados, nos hemos puesto al día con los progresos de la disciplina y otras afines, hemos contribuido a interpretar las fosas del olvido, hemos sido un fermento social incansable. 

Y hemos mostrado algunas cosas que deberían haber sido evidentes sin necesidad de realizar los grandes esfuerzos que hemos realizado individual y colectivamente.Thank you for watching

- La guerra civil no fue irremediable. Fue producto de circunstancias concretas y preparada por actores concretos: monárquicos alfonsinos, carlistas, un sector de las fuerzas armadas debidamente manipulado y siempre contando con el apoyo, que llegó, de la Italia fascista.

- Se preparó y se hizo con argumentaciones espurias. En modo alguno se trató de evitar que la PATRIA cayera en las garras de masones, judíos, comunistas y demás ralea (en este sentido recomiendo la lectura del último libro de sir Paul Preston, Arquitectos del terror, que acaba de publicarse).

- No la quisieron los republicanos liberales, ni los socialistas, ni los anarquistas, ni los comunistas ni, en general, la "Anti-Patria", que aspiraban a una España modernizada en lo político, en lo económico y en lo social.

¿Y Franco?

Franco se "coló" porque la sublevación del 17/18 de julio quedó descabezada tras el asesinato de José Calvo Sotelo (cabecilla civil del golpe) y la muerte en accidente del teniente general José Sanjurjo, rencoroso. No tuvo rivales. Se aprovechó de la prevista ayuda mussoliniana y se encontró con el "chollo" de una ayuda nazi que consiguió en circunstancias que servidor desveló, más o menos, un año antes de su óbito. Como hacemos los historiadores: con evidencias documentales, debidamente analizadas y contextualizadas.

 Franco traicionó no solo al juramento de lealtad que había hecho a la República, también incluso a la Corona después de haber camelado durante tantos años a Alfonso XIII. Por eso hubo monárquicos que jamás se lo perdonaron, aunque como buenos monárquicos se acomodaron de una dictadura que jamás tomó medidas contra ellos. Las que se tomaron lo fueron contra la "Anti-España".

¿Y el terror?

En lo que se refiere al que se desató en la zona leal al Gobierno no se hubiera producido si el golpe hubiese tenido éxito o, mejor aún, si no hubiera ocurrido. En el que se desató en la zona sublevada fue consustancial con el golpe. Estaba previsto. Estaba articulado. Irrumpió con una violencia feroz, porque de lo que se trataba era precisamente de aniquilar a la "Anti-España", es decir, a quienes representaban un desafío para el orden económico, político y social de la parte feliz de la España, no menos "feliz", que apoyaba a la monarquía: la Iglesia, las Fuerzas Armadas, la Judicatura, más todos los que vivían contentos en aquellos tiempos de modernización controlada.

Es penoso que todavía hoy una parte de la sociedad española siga creyendo las mentiras, camelos y mitos que propagó la dictadura para justificar su nacimiento y su existencia. Pero es comprensible, porque las representaciones del pasado afectan al presente y quienes controlan ambos pueden pensar que también controlarán el futuro. Manipular la historia no es nunca una ocupación inocente."  
        (Ángel Viñas , Público, 19/11/21)

14/11/17

Los mecenas que le pagaron el golpe y la guerra a Franco

"La Guerra Civil española resultó la secuela de un fracaso: el estallido golpista de julio de 1936. Poco importaba el fiasco a los rebeldes. Llegaban a la contienda fratricida con una idea fija, exterminar al rival ideológico. Limpiar España al coste necesario. Y emprendían la tarea con las alforjas llenas. ¿Quiénes fueron los mecenas de un puñado de militares sublevados?

Franco fue patrocinado por Hitler y Mussolini. Con armas, tropas y financiación, apoyo logístico que arribó antes, durante y después de la asonada. Parte de la oligarquía económica del país no dudó en financiar la trama, con el paradigma del contrabandista, banquero y empresario Juan March a la cabeza. 

Desde la iglesia también hubo colaboracionismo y grandes propietarios y terratenientes sumaban donativos a otros más modestos de derechistas locales… Todo sirvió, incluso el robo y el saqueo pueblo a pueblo sobre los derrotados.

Dinero de Juan March para comprar armas

"Juan March facilitó dinero" en marzo del 36 "para la adquisición de armas en el extranjero", expone el historiador Ángel Viñas. De fuera del país, el político Francesc Cambó recaudó importantes sumas de dinero. 

 La financiación corría desde créditos de entidades y sociedades externas, en ejemplos de que la "conspiración contra la legalidad republicana" no era una trama "solo militar sino también civil", apunta. Un complot latente "siempre" desde 1931 y que "revivió súbitamente" en marzo del 36 tras la victoria del Frente Popular en las elecciones generales.

Con pruebas como la actuación del abogado y político Antonio Goicoechea. "Solicitó a los italianos ayuda financiera para pagar a los pistoleros que sembraban y propulsaban la inquietud social" en España. 

Violencia callejera y atentados terroristas a manos de milicias falangistas y carlistas para romper cualquier atisbo de calma ciudadana. "La explosión de alegría, y de cólera, en las filas de la izquierda fue estimulada conscientemente por la trama civil", subraya Viñas.

El préstamo solicitado en el tramo previo a la guerra no fue el único servicio a los planes golpistas. Como explica el hispanista Paul Preston en su libro El holocausto español, una delegación de derechistas "viajó a Roma en busca de armas y apoyo financiero en su intento de derrocar a la República". 

Tras una entrevista con Benito Mussolini y el gobernador de Libia, Italo Balbo, "recibieron 1.500.000 pesetas, 20.000 rifles, 20.000 granadas de mano y 200 ametralladoras". Llegaron a través de Trípoli y la Portugal de Salazar, país que reclutó todo tipo de aportes a la causa. Centenares de mercenarios serían "entrenados como instructores por el Ejército italiano".

La decisiva colaboración de Alemania e Italia

El soporte de Alemania e Italia resultó determinante. Al envío de municiones, armas e incluso aviones hay que sumar la participación activa en la guerra civil de escuadrones italianos y nazis. La balanza, de otro modo, nunca hubiera caído del lado franquista, según el historiador Francisco Espinosa Maestre. "Los acuerdos con Mussolini y Hitler pusieron en manos de los golpistas, y en condiciones óptimas de pago, hombres y armas sin las cuales poco hubieran podido hacer", relata.

Y no solo la guerra, sino el propio golpe, "se financió de varias formas". Con el componente esencial de la élite económica española, que claudicó ante los intereses rebeldes cuando no sostuvieron la conspiración desde el inicio. Con un nombre subrayado: "Juan March fue clave", apunta Espinosa Maestre. 

A esta ayuda, continúa, "hay que añadir los millones (de pesetas) que salieron de los donativos de los derechistas pueblo a pueblo y el que sacaron de todo lo que fueron robando desde el mismo 18 de julio".

El propio Preston refleja otros episodios que actuaban como gotas para colmar el vaso del patrocinio rebelde. Fondos para "financiar a los agitadores" del clima prebélico, caso de una suscripción abierta desde el periódico ABC para un desconocido sindicato y que recolectó en poco tiempo 350.000 pesetas "donadas por aristócratas, terratenientes, industriales, además de muchos fascistas y falangistas anónimos". 

O aquel "general al que no se identificó" y que compraría "10.000 rifles en Portugal, que posteriormente serían entregados a los militantes falangistas". Corría la mitad del año 35."                 (  , eldiario.es, 17/07/2016)