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13/9/21

La patria y la teta. Tomar el pecho es la socialización primera y la revelación primigenia de que casi nunca hay salida individual a los problemas ni alegría posible si no hay un otro con quien celebrar

 "Como la juventud no es lo que era, me he visto en la tesitura de ser “madre joven” con 29 años. Eso me dice la gente y yo respondo que no, que joven era la mía cuando me tuvo con 23, pero la realidad es que en la sala de espera de la matrona había a veces embarazadas que me miraban como con pena, seguramente pensando que la que me habían liado, madre casi adolescente como las del programa de MTV.

Como soy la primera de mis amigas en tener un crío, todo son preguntas. Una que me hacen con frecuencia es cómo es dar de mamar, a lo que respondo que parecido a rezar: es sentirse unida a algo mayor, saberse trascendida por aquello que la supera a una, el amor. Es la revelación, de pronto, de que todo siempre es más leve. Esto lo digo si tengo la confianza suficiente con mi interlocutora, si no, cuento anécdotas sobre mi hijo de dos meses y su concepción de la teta como diosa primordial.

Mi hijo, que aún tiene la vida casi sin estrenar, pensaba en sus primeros días que la teta era la solución a todos los males: a su estreñimiento, a su hipo, a su sueño y, por supuesto, a sus ganas de cariño y a su hambre. Eso me llevaba a andar todo el día dándole el pecho, y fue en uno de esos momentos parecidos al rezo y a raíz de una conversación con el padre de la criatura cuando caí en por qué la teta es uno de los mejores y más antiguos símbolos de la comunidad política. Por qué la loba capitolina y la leche manando de los ríos en los mitos de las primeras urbes.

La teta es la socialización primera y la revelación primigenia de que casi nunca hay salida individual a los problemas ni alegría posible si no hay un otro con quien celebrar. No es solo nutricia sino que representa también la cura frente al dolor, el descanso cuando hay sueño, los cuidados en situaciones de necesidad, del mismo modo que cualquier Estado que se precie ha de tener atributos materiales y atender y asistir con ellos a quienes lo componen: sanidad, educación, legislación laboral, limpieza, seguridad, leyes de dependencia…

Pero las funciones de la teta, bien lo sabe mi bebé, no se quedan ahí. También es mi pecho para él la pertenencia frente a los rostros desconocidos que le rodean a veces, también representa lo recogido frente al vasto mundo al que ha llegado y que tantea curiosamente con brazos y piernas o el cobijo frente a los ruidos que escucha por vez primera. Del mismo modo, la comunidad es la identidad frente al anonimato, la cualidad que vence a la cantidad y el nombre que derrota al número, lo local y nacional frente a lo global, las certezas y la solidez frente a la modernidad líquida de la que escribía Bauman.

El Estado es la leche, es el ingreso mínimo y las pensiones, pero no es solamente los hospitales porque si no seríamos la teta sueca: gorda pero fría. También es la pertenencia, el calor y el saberse compartiendo algo más que impuestos y servicios con el otro, pero no es solo eso porque si no nuestra patria cabría, como bien decía el Califa Rojo, en una caja de zapatos: allí podríamos guardar, cuidadosamente doblada, nuestra bandera. Arranca el curso político y hunos y hotros olvidarán, interesada y selectivamente, esto que ya conoce mi chaval. Él, que tiene la vida casi sin estrenar."          (Ana Iris Simón , El País, 11/09/21)

20/8/20

Carlos Fernández Liria: “El sexo es la experiencia más democrática del mundo”

 "En cualquier rumba de los Chichos, en las bulerías de Camarón o en las canciones de Umm Kulthum se plantean todos los problemas más importantes que deben ser pensados”. Con esta convicción, Carlos Fernández Liria (Zaragoza, 1959), filósofo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, ha escrito el libro Sexo y Filosofía (Akal, 2020) en el que hace un repaso de qué es y cómo se ha pensado a lo largo de la historia eso tan complicado del amor. 

En una época en la que todos los adjetivos que acompañan al amor están siendo analizados, escrutados y criticados, del “romántico” al “libre”, Fernández Liria sale en defensa de Shakespeare, Joaquín Sabina y hasta de Conchita Piquer. De la cultura popular pasamos a Platón, Kant o Hegel. Eso sí, que los lectores no esperen recetas sobre cómo gestionar las relaciones porque Fernández Liria apuesta en este libro por centrarse en lo que significa “hacer el amor”. 

El filósofo escribe en este medio sobre la universidad o la actualidad política, pero esta vez reserva a cuartopoder un hueco para hablar de algo mucho menos mundano.  

-Usted ha escrito mucho sobre política, historia o educación ¿por qué ha decidido abordar ahora el amor?

- Depende de mis clases. Yo siempre estoy con el programa político de la Ilustración, centrándome en una triada: Verdad, Justicia y Belleza, que en realidad es Platón. Y la relaciono con otra triada, la de Robespierre y el triunfo de la verdadera revolución francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Ante la Verdad, somos iguales por eso que decía Machado de que la Verdad es la Verdad la diga Agamenón o su porquero.

Ante la Justicia, somos libres. Imaginemos que un maltratador dijera que ha pegado a su mujer porque su pueblo es muy machista. Eso no lo exculpa ante ningún tribunal porque es libre de ir contra el machismo de su pueblo. El juez le diría que si todo el pueblo es machista, debería haberse cambiado de pueblo o haber hecho una revolución. Eso no es disculpa, le van a caer años de cárcel. 

Ante la Belleza, somos fraternos. Kant lo razona bien. Ante la belleza te sientes al lado del otro, con la sangre del otro, con el cuerpo del otro. Independientemente de que sea verdad, sientes que los demás están pensando lo mismo, te sientes consanguíneo al resto de la humanidad. Pero es verdad que Robespierre fue el que introdujo en el lema de la revolución francesa la exigencia de la fraternidad universal. 

En otros libros había reflexionado sobre la Igualdad y la Libertad y en este quería hacerlo sobre la Fraternidad y la Belleza.

-¿Esta reivindicación del amor es entonces una salida al eclipse de la fraternidad y al individualismo que impone el neoliberalismo?

-El neoliberalismo impone la lógica mercantil, nos hace interpretarnos todo el tiempo como individuos. El triunfo del programa político capitalista eclipsó la fraternidad del lema de la revolución francesa. El que mejor lo cuenta es Antoni Domènech en su libro El eclipse de la fraternidad. Una revolución en nombre de la fraternidad exigía que la ciudadanía tuviera condiciones materiales de existencia. 

Al hacer intervenir el cuerpo, exigía un programa político que fuera en nombre de los hermanos. Se exigía que los ciudadanos fueran independientes civilmente, emancipados.  No como hijos de un padre o siervos de un señor, sino hermanos, como personas igualmente emancipadas, que no tienen que pedir permiso al otro para existir. El lema de la fraternidad introducía el lado más socialista del programa político de la Ilustración.

¿Qué tiene que ver todo esto con el amor? Hay que pensar en qué sentido en qué sentido nos sentimos fraternos y con derecho a ser independientes civilmente, a no depender de otro, ni pedir permiso a otro. El hilo conductor que yo recorro en el libro lleva al tema de la Belleza. Es ante la Belleza cuando te sientes consanguíneo, sientes que tu cuerpo tiene algo que ver con los demás. 

La experiencia de la Belleza más fuerte, a la que nadie renuncia, es el amor. Tú puedes decidir entrar o no en el Reina Sofía, pero no puedes decidir enamorarte. En un cruce de dos miradas, te enamoras y empiezas a sentir cosas muy raras, muy interesantes para la filosofía. Tienes una experiencia metafísica, un abismo existencial que recorres. Si te pones a investigar en qué consiste, resulta que es uno de los temas más interesantes para la filosofía, es un tema muy tratado y estudiado y yo intento sacarlo a la luz.

Para sacarlo a la luz, más que leer a los filósofos, hago una especie de fenomenología popular del amor, el estar enamorado o follar enamorado. Hacer el amor. Por eso, la editorial lo ha llamado Sexo y Filosofía. Yo quería llamarlo Amor y Belleza, pero este título no me parece mal porque el sexo es la experiencia más democrática del mundo, todo el mundo lo ha vivido alguna vez. Si en ese tener sexo enamorado aclaras la tercera pata eclipsada del programa político de la Ilustración pues es un negocio bárbaro. El pueblo, además, ya ha reflexionado muchísimo sobre ese abismo a través de las canciones de amor.

- En el libro dice que el amor es independiente de las clases sociales, del dinero, del lugar, del tiempo e incluso de la vida. Pero si aterrizamos el concepto, en realidad vemos que sería realmente difícil que Julieta y Romeo se enamorasen porque los Montesco y los Capuleto no van a los mismos colegios, ni a las mismas fiestas, ni comparten espacios donde tengan la oportunidad de enamorarse. Al final la clase social sí influye. 

-Tienes toda la razón. Yo la conclusión que sacaría es que con las clases,  los colegios privados y los públicos, el amor se está volviendo una cosa muy difícil. Yo lo que digo en el libro es que de alguna manera, el amor encaja con la Declaración de los Derechos Humanos a la perfección. Con la fórmula de “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole...”. No es imposible que una gitana se enamore de un payo siendo ella evangelista y el payo católico, siendo rico y pobre. 

El asunto está en que cuando haces una declaración de amor dices con toda claridad que eso no importa. Cuando eso importa, el amor se vuelve imposible. Ha habido ya bastantes historias, como la película de Los Tarantos que es igual de buena que West Side Story. Los personajes dicen que es imposible el amor porque no la aceptan sus familias. Lo que vienen a escribir sin darse cuenta es el segundo artículo de la Declaración de los Derechos Humanos.

Otra cosa es que ya no nos interesen las declaraciones de amor. Eso indica que el amor está eclipsado. Es cierto que ahora la gente tiende a guardarse las espaldas, esto es guardar tu condición económica, social, religiosa o cultural. Nos protegemos de lo que significa amar, pero el amor no consiste en eso, eso es lo que yo llamo en el libro “recetas para seguir viviendo”. Cuando nos enamoramos las buscamos y hay un tira y afloja. Todos lo hacemos porque todos queremos seguir viviendo. 

En el libro cito la película de El Imperio de los sentidos, que se hizo muy famosa en los años 70. Tenía un argumento muy sencillo: un hombre y una mujer que se meten en la cama y ya no pueden salir y al final deciden matarse el uno al otro. A mí eso sí me parece el amor. A veces, cuando estamos follando, escuchamos o decimos “mátame”, “no quiero que haya mañana después de esto”. Se busca la eternidad y que haya un mañana lo que hace es quitársela, ¿cuántas canciones de amor dicen eso? Lo dice hasta Julio Iglesias.

-En los últimos años se ha escrito mucho sobre la necesidad de un amor menos doloroso, menos dañino y menos romántico, pero usted es muy defensor de ese “amor no civilizado” al que cantaba Sabina, ¿por qué?

-Lo pensé mucho al escribir el libro y lo he hablado con muchas compañeras y alumnas, que me decían en mis clases que defendía el amor romántico y no un amor menos patriarcal. Yo lo de patriarcal no lo veo, porque puede ser recíproco. Eso de que hayan puesto a parir a Amaral por decir “sin ti no soy nada” no lo puedo concebir. Me parece una declaración preciosa y no sé por qué eso lo tiene que decir siempre una mujer. Yo mismo lo he dicho muchas veces en mi vida, no entiendo por qué suena patriarcal.

 Pero eso no me preocupa. Cuando dicen que el amor romántico es una receta para el suicidio y no para la vida, pues estoy de acuerdo. Yo lo que no sé es por qué los seres humanos tenemos que apreciar tanto la vida. ¿Cuántas veces ha ocurrido eso de que te desprecien por no haber sabido elegir la receta adecuada según el manual ideológico de un partido político que ha decidido que el amor debe ser una manera o de otra? Eso no lo admito, me parece puritanismo maoísta de la peor especie que se camufla de crítica al amor romántico.

En esto sí que estoy de acuerdo con una persona a la que no he parado de criticar: Fernando Savater. Le preguntaron sobre el amor romántico en una entrevista sobre el libro que escribió cuando se murió su mujer. Es un libro muy bello, es el que más me ha gustado. Le dijeron que el amor romántico estaba siendo muy criticado. Contestó Savater “Váyase a tomar por culo. ¿Si el amor no es romántico, qué va a ser? ¿mecánico?”. 

El amor es así. Otra cosa es que tú digas que vives en un mundo muy jodido y que no puedes permitirte enamorarte. Entonces vas a buscar una manera de tener aventuras sexuales y encontrar recetas exitosas para seguir viviendo. Es una opción. Todos lo hacemos así. Si no, yo ya estaría muerto desde hace mucho tiempo. Todos hemos preferido vivir antes que amar.

-Ante un tema tan conflictivo como usted describe el amor, ¿no tiene sentido politizarlo, hacer talleres y charlas e intentar gestionarlo?

-Sí, tiene mucho sentido. Hay que hablarlo, siempre y cuando no se cuele un maoísta puritano que intente hacer una revolución cultural para explicar a todo el mundo cómo tiene que follar, que consiste en follar como a él le gusta. Siempre y cuando no ocurra este desastre, los talleres son muy interesantes porque son una reflexión sobre lo que significa esta tragedia bella y también alegre. 

Se han encontrado recetas infinitamente mejores que las que habitualmente dicen que son las del amor romántico, al que identifican, desde sectores feministas sobre todo, con Disney. Esta receta consiste en que nos vamos a vivir a un castillo y tú te acabas follando a todas las criadas mientras yo estoy en la cocina haciendo las perdices. Esa es una metáfora del matrimonio católico. Esa receta es una mierda, ha dado un resultado fatal y ha generado muchísima infelicidad. Hay un grupo en Lavapiés que se llama Golfxs con Principios, donde hacían talleres y orgías. Esos experimentos creo que hay que hablarlos y planearlos. 

Existe un problema. Siempre que tienes sexo fuera del esquema del matrimonio surgen celos y hay que saber qué hacer con ellos y qué son. Se han inventado recetas infinitamente mejores que el matrimonio católico. No son recetas infalibles, pero las hay mejores y peores. Hay recetas que no machacan a la mujer, no la humillan o no te exigen estar todo el tiempo empalmado, que es una especie de pesadilla que tenemos los hombres.

 -En otra parte del libro, dice que los amantes al encadenarse al deseo se sienten liberados de otras esclavitudes, refiriéndote a los condicionantes sociales. Pero también es verdad que el amor puede ser muy esclavizante para algunas personas.

-Ahí se mezclan muchas cosas. El hecho de que al sentirte enamorado te sientas liberado de todos los condicionantes sociales es una buena receta para el suicidio, para eso de “mátame y que no amanezca mañana”. Como todos tenemos que seguir viviendo, tienes que tener un tira y afloja con tus condiciones vitales. Dices “me siento libre de mis condicionantes vitales, pero las necesito para ganarme la vida porque necesito seguir viviendo”. Algunos no lo hacen, pero no es recomendable. Sería una locura un mundo de enamorados haciendo disparates.

Hay otro tema que me ha preocupado mucho y que, de hecho, tuvo el libro parado seis meses porque no sabía cómo resolverlo: el amor y la neurosis. Muchas veces hablan el mismo lenguaje, es una cosa que saben muy bien los psicoanalistas lacanianos. El amor habla en términos absolutos, pero el super yo, el representante de la neurosis, también habla en términos absolutos, también lo quiere todo. Es fácil confundir las exigencias de tu neurosis con las del amor. 

La diferencia que hay entre ambos es que el amor te abre al mundo y te libera de ti mismo. La neurosis al revés, te cierra al mundo y te esclaviza. Por eso necesitas siempre una mujer o un hombre que tenga las orejas de tu madre, por ejemplo. La manera de distinguirlos es saber si te abre al mundo y te proporciona una alegría o te está hundiendo. Eso es la esclavitud. Cuando alguien en lugar de liberarte de ti mismo te esclaviza cada vez más a todos tus tics o a tu maraña neurótica, descubres que no estabas enamorado, sino que has caído en las redes de una persona que te asfixia. El amor tiene que liberar siempre. Por eso, siempre cito la poesía de Agustín García Calvo, de “libre te quiero, pero no mía”.

-Ha centrado el libro en el amor sexual. También hay otros amores que liberan, como puede ser la amistad o el amor hacia los hijos, del que sí habla en el libro, ¿por qué ha decidido centrar su reflexión sobre el amor sexual?

- Me lo reprochó el otro día Luis Alegre. Me dijo que había dejado prácticamente de lado muchísimas formas de amor que no tienen que ver con el sexo. Quizá tenga razón. Yo ya en la introducción del libro digo que me voy a centrar en la frase “hacer el amor”, que siempre tiene que ver con el sexo. Sí que menciono el amor a los hijos porque me sale solo y es inevitable.

-Los define como un orgasmo con patas. 

-Sí, pero eso es Hegel. Es la figura del Jesucristo. Es el absoluto delante de ti, caminando por ahí, que es un absurdo porque si es la totalidad deberías estar integrado en él. Es una figura que los padres conocemos muy bien. No hay nada que pueda ser más importante que tu hijo. Todos daríamos la vida por nuestro hijo. No cabe duda alguna. Ahí sí que puedes decir lo de “sin ti no soy nada” de Amaral, se lo dices desde que nace, es una experiencia maravillosa y llena. Hegel lo analiza en La Fenomenología del espíritu, en el capítulo de la conciencia desdichada. Es uno de los abismos que nos corresponde al ser humano.

-Hay una parte del amor que ha dejado fuera de manera deliberada: el desamor,¿por qué?

-Le he dado muchísimas vueltas y no he parado de pensarlo. Creo que he entendido mejor lo que es estar enamorado de lo que es estar desenamorado. No acabo de entender qué es lo que pasa con el desamor. A eso se le suele llamar matrimonio, cuando descubres que te casaste enamorado y que al cabo de un rato, un rato que puede durar 10 años, no puedes aguantar a la otra persona que ya es una prolongación de ti. 

Yo en el libro he optado por el “que me quiten lo bailao”, pero es verdad que es un tema que no controlo bien y que debería pensar más. 

-Hay otra idea que menciona en el libro. Dice que el desnudo nos sigue provocando pánico. ¿Por qué en una época en la que hay cuerpos sin ropa por todas partes, desde la publicidad hasta las redes sociales, nos sigue dando miedo el cuerpo desnudo?

-Yo ahora estoy en Cabo de Gata, llevo viniendo todos los veranos prácticamente desde el 87. Aquí antes estábamos todos desnudos, pero ahora ya no se ve a nadie sin ropa. Ahora estamos desnudos mi mujer y yo y algunos viejos de mi edad, seguramente antiguos hippies. Empiezo a pensar que es porque los jóvenes quieren enseñar la marca del bañador. Llegan a la playa vestidos, se desnudan y se ponen el traje de baño. Se desnudan sin pudor y se ponen el traje. Parece que no les gusta estar desnudos.

-¿Pero cree que es porque los jóvenes son más puritanos que los veteranos o es porque ya no resulta tan liberalizador desnudarse?

-Puede ser que ya no sea tan liberalizador, no lo sé. Quizá sea por lo que tú decías, porque hay desnudos por todas partes. Quizá sea porque la depilación ha hecho mucho daño y ahora tienes que estar perfectamente depilado. 

-Ahora también podemos acceder al amor desde las nuevas tecnologías, con aplicaciones como Tinder o Happn, ¿ha traído nuevos dilemas para la filosofía?¿hay nuevos retos en los que pensar?

-Sin ninguna duda. A mí las aplicaciones me han cogido un poco tarde, pero las críticas que han hecho a Tinder sobre mercantilizar el sexo no me las creo. Creo que es un avance inmenso, ya me habría gustado a mí en mi juventud tener ese dispositivo magnífico. Yo lo que intento transmitir en el libro es que la experiencia de estar abrazado a un cuerpo que te parece bello siempre es una experiencia metafísicamente sublime. Luego el polvo te puede parecer una mierda, pero si no tienes experiencias, no puedes tener fracasos. Hay que exponerse un poco. A mí me parece un progreso enorme aunque luego sean unos encuentros de mierda. "                    

(Entrevista a Carlos Fernández Liria, filósofo y autor del libro 'Sexo y Filosofía', Sara Montero, Cuarto Poder, 19/08/20)

1/10/12

“El amor de abuela es generoso; el de madre, reprochón”

“El amor de las abuelas es generoso, un amor que te mima y te consiente, al contrario que el de las madres que es más reprochón. Las abuelas de Mayo esperan y esperan, sin reproches ni recriminaciones”.          (El País, 20/09/2012)

26/5/11

"Muchos estudios indican que, para el cerebro, el amor es comparable al chocolate"

"Moléculas y psique parecen dibujar realidades paralelas sobre la respuesta que define el amor.

Comenzando por la duración de este escurridizo sentimiento, Helen Fisher, antropóloga estadounidense experta en la química del amor, sostiene que las parejas humanas tienen una fecha de caducidad de cuatro años.

Transcurrido ese tiempo, el amor y sus alrededores se convierten en calabaza. Los 48 meses son el tiempo que necesita una cría humana para ser suficientemente independiente y que alguien que no sea ni papá ni mamá pueda ocuparse de ella…

Simplificando mucho, se puede decir que la dopamina es la responsable de esa especie de vértigo con mariposas en el estómago que provoca estar ante la persona amada. Cuando este neurotransmisor entra en escena proporciona mucha energía, provoca estados de excitación y de euforia, y está asociada a lo que se llama el mecanismo de recompensa.

De hecho, muchos estudios indican que, para el cerebro, el amor es comparable al chocolate, al dinero o a cualquier otra forma de recompensa. En todos los casos, lo que se activa son los centros de recompensa, y la descarga química que se produce lleva fundamentalmente dopamina.

Sustancias de excitación. Sin embargo, en la fase de atracción irresistible interviene también la adrenalina, que es la responsable de los sudores y de las palpitaciones, y otro neurotransmisor muy interesante por sus implicaciones: la serotonina.

Se sabe que la serotonina está relacionada con un buen número de patologías psiquiátricas, entre ellas el trastorno obsesivo compulsivo. De ahí que se compare el amor con un estado de locura. Pero además es el objetivo principal de los antidepresivos de la familia del Prozac; por esta razón, Fisher considera estos fármacos como auténticos filtros antiamor y antideseo….

La hormona del amor. Cuando la dopamina y su parafernalia de enamoramiento desbordante abandonan el terreno, interviene la que se conoce como la hormona del amor, encargada de crear un vínculo sólido y estable. Hay experimentos con perros de la pradera que hablan por sí solos.

Estos animales son extraordinariamente fieles y permanecen con la misma pareja toda la vida, pero si se les bloquean los receptores de la oxitocina buscan a un ejemplar del otro sexo para el apareamiento, y después, si te he visto no me acuerdo.

En realidad, esta hormona se segrega no sólo cuando se establecen relaciones de pareja, sino en otros tipos de contactos afectivos. Es particularmente importante entre madres y bebés." (Angela Boto: Cóctel bioquímico con morbo. El País Semanal, 09/02/2007, pp. 78/9)