"(...) No sirve de mucho nacionalizar fábricas y proceder a gestionarlas
como empresas públicas si en el ámbito laboral se mantienen los
elementos que caracterizan a las empresas privadas. El individuo que
nace y es educado en una sociedad que asume como algo normal o aceptable
los esquemas de dirección autoritaria y de expropiación de los
excedentes, con mucha probabilidad se resignará en su adultez a ser
explotado por un capitalista o por un tecnócrata que administra una
empresa estatal.
Ni siquiera la experiencia del socialismo autogestionario de
Yugoslavia se embriagó a plenitud de la democracia obrera, pues la
autogestión se interpretó principalmente como una cesión del poder
económico a las élites empresariales para que tomaran sus propias
decisiones comerciales.[1]
A pesar de que la Recomendación 193 de la Organización Internacional
del Trabajo propone la inclusión del estudio del modelo empresarial
cooperativo en los programas de enseñanza de todos los niveles de los
sistemas educativos nacionales, se ha avanzado poco en su concreción. En
los países que han optado por la senda del socialismo, la enseñanza de
la administración empresarial en las facultades de Economía se limita a
replicar los paradigmas de gestión de las empresas privadas. Muchos
trabajadores y emprendedores no han entrado en contacto con el
know-how[2] del movimiento cooperativista, que basa sus procesos
organizacionales en la gestación de un ambiente de relaciones
interpersonales permeado por la participación democrática.
La
carencia de una adecuada cultura organizacional democrática basada en
los Siete Principios del Cooperativismo ha significado la muerte lenta y
dolorosa de muchas empresas cooperativas, así como la baja efectividad
de políticas gubernamentales que han implementado los movimientos de
izquierda de forma apresurada para generalizar la presencia de las
empresas cooperativas en un escenario económico de escala nacional.
Uno de los primeros académicos que estudió el rol de la cultura en el
ámbito empresarial fue Andrew Pettigrew, quien la describió como «el
sistema de significados públicamente y colectivamente aceptados operando
para un grupo determinado en un tiempo dado».[3] La cultura
organizacional representa la personalidad colectiva o la identidad
grupal que destila cada empresa, expresada en las actividades que esta
realiza con sus públicos de interés, tanto con los trabajadores en el
ambiente interno, como con los consumidores en el ámbito externo. En la
construcción y estabilidad de la cultura organizacional influye mucho la
sensación de identificación de los trabajadores cuando perciben a la
empresa como un todo, significación que trasciende el compromiso laboral
específico de la tarea que desempeñan según el tipo de conocimiento
inherente a la profesión que hayan aprendido.
A
diferencia de otros modelos empresariales cuya cultura organizacional
no ha sido sistematizada ni definida con claridad, las cooperativas sí
disponen de Siete Principios de funcionamiento acordados de forma
democrática por todos los integrantes de la Alianza Cooperativa
Internacional (ACI); de manera tal que cualquier persona interesada en
fundar una cooperativa, cuenta de antemano con un conjunto de
recomendaciones sobre las mejores estrategias para gestionar la empresa
según las características del movimiento cooperativo. La adecuada
aplicación de los principios cooperativistas marca la diferencia y
constituye la clave del éxito de las cooperativas.
Aunque los principios no son una norma rígida, pues han sido
perfeccionados por la sabiduría acumulada a partir de la solución de los
problemas que surgen en la experiencia práctica y se deben implementar
tomando en cuenta el contexto económico, sociocultural y jurídico con el
que tiene que lidiar cada empresa, las guías orientativas aportan
directrices y consejos pormenorizados para la aplicación del know-how
del movimiento cooperativo.
En este artículo se expone un resumen de las recomendaciones para la
implementación de los Siete Principios del Cooperativismo. La
información presentada se puede conocer con más detalle mediante la
lectura de las Notas de orientación para los principios cooperativos,[4]
documentopublicado por la ACI que rezuma todo el acervo de saberes
acumulado por muchas generaciones de cooperativistas comprometidos con
la causa de la democracia económica.
Primer principio: Afiliación voluntaria y abierta. Las
cooperativas son organizaciones voluntarias y abiertas a todas las
personas capaces de utilizar sus servicios y dispuestas a aceptar las
responsabilidades de la afiliación, sin discriminación de género,
condición social, raza, convicción política o religiosa.
En
la tradición de los fundadores de la primera cooperativa moderna, la
Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, que era una cooperativa
de consumo, figuraban la inclusión y la prohibición de la
discriminación. Los Pioneros de Rochdale admitieron a personas de
cualquier clase social y a mujeres como miembros de pleno derecho, al
margen de sus ideas políticas o concepciones religiosas. Las
cooperativas han creado un entorno de oportunidades para el acceso al
escenario empresarial para colectivos históricamente muy discriminados,
como las personas transgénero y los dalit de India.
Muchos gobiernos han impuesto la afiliación a las cooperativas para
impulsar el desarrollo económico. Este ha sido un error muy lamentable
que han cometido los países que aplicaron el modelo soviético. No se
puede forzar a las personas a que cooperen en entornos donde el
cooperativismo no ha alcanzado una hegemonía cultural.
Unirse
e implicarse con los demás para satisfacer las más variadas necesidades
y aspiraciones comunes es un acto que implica un altísimo grado de
voluntariedad. Pero si las personas conocen poco de cooperativismo, no
surgirá con frecuencia el deseo de fundar cooperativas. Por eso se deben
crear mecanismos de divulgación de los principios del cooperativismo en
los medios de comunicación y en todos los centros de enseñanza.
Aunque
cada miembro debe realizar un aporte dinerario inicial para
incorporarse a la cooperativa, acción que sirve para combatir la
alienación que experimenta el trabajador en relación al fruto del
trabajo colectivo pues en la cooperativa cada miembro es dueño de una
porción de la empresa, el umbral de ese aporte inicial debe ser lo
suficientemente asequible para que cualquier interesado pueda pagarlo,
pero también debe adecuarse a las necesidades financieras de la empresa.
Para aquellas personas que no posean lo suficiente para el aporte
dinerario inicial deberán establecerse modalidades de pago fraccionado o
facilidades de crédito a través de un banco cooperativo.
Segundo principio: Control democrático por parte de los miembros. Las
cooperativas son organizaciones democráticas bajo el control de sus
miembros, los cuales participan activamente en la determinación de sus
políticas y en la toma de decisiones. Los hombres y las mujeres que
ejercen como representantes elegidos son responsables respecto a todos
los miembros. En las cooperativas de primer grado[5]
los miembros tienen los mismos derechos de votación (un miembro, un
voto) y las cooperativas de otros niveles también se organizan de manera
democrática.
Las
cooperativas que se comprometen con el cumplimiento de los principios
del cooperativismo funcionan como un Estado democrático en miniatura.
Los asociados celebran asambleas en las que establecen y modifican los
estatutos que regularán el funcionamiento de los procesos
organizacionales, como si se tratara de un parlamento que diseña su
constitución. La asamblea de asociados aprueba planes económicos
(presupuesto, inversiones, marketing, calidad…), aprueba el ingreso y la
salida de los miembros, y también elige y revoca a quienes integran los
órganos de administración y de fiscalización. El órgano de
administración, que actúa como el gobierno de una república, se encarga
de ejecutar los planes económicos aprobados por la asamblea de
cooperativistas y supervisa la realización de las actividades
productivas diarias. El órgano de fiscalización sería como una especie
de contraloría, pues se ocupa de velar por el correcto uso de los bienes
y recursos de la cooperativa.
Todos
los miembros deben tener la posibilidad de proponer representantes y de
revocarlos mediante el voto por mayoría cuando ocurran casos de
corrupción u otras indisciplinas. Las cooperativas conformadas por una
membresía muy numerosa pueden nombrar un defensor de los cooperativistas,
cargo que se asemeja mucho al defensor de la ciudadanía en una
república y que se encarga de atender las quejas de los asociados sobre
la falta de oportunidades de participación democrática o sobre
irregularidades en el proceso de trabajo.
Es
recomendable que las elecciones se realicen mediante el voto secreto y
no a mano alzada, porque la experiencia práctica demuestra que cuando el
criterio de individuos aislados no concuerda con la línea de
pensamiento que impera en el grupo las personas tienden a ocultar sus
verdaderas intenciones y a supeditarse a la tendencia de la mayoría para
no ser criticadas por los demás. En la actualidad, el desarrollo de
Internet y las aplicaciones informáticas viabiliza la realización de
votaciones en secreto, incluso para grupos humanos que se encuentran muy
alejados geográficamente.
Las decisiones pueden acordarse por mayoría absoluta, cuando se
aprueban con el 50 % más un voto según el cuórum prestablecido en los
estatutos, o mediante mayoría cualificada, como lo estipulan muchas de
las cooperativas de Rojava[6] que requieren el 60 % de los votos. Se
recomienda que las asambleas de asociados se reúnan mensualmente para
acendrar el sentido de pertenencia al colectivo de trabajo o de
consumidores, o como mínimo la asamblea de cooperativistas deberá
sesionar dos veces al año.
La manipulación del proceso electoral es uno de los principales
mecanismos utilizados por las élites para aferrarse a sus puestos.
También es el truco utilizado por quienes pretenden privatizar el
patrimonio de las cooperativas. Por ello, se debe velar porque los
comités electorales no sean designados por el órgano de administración
ni estar supeditados a los directivos. Los miembros de los comités
electorales serán elegidos por todos los afiliados y responderán ante la
asamblea de asociados para garantizar que las elecciones sean abiertas y
transparentes y que representan la voluntad soberana de todos los
miembros.
Resulta
muy saludable la continua renovación democrática de los cargos
administrativos con nuevos candidatos, pues las cooperativas con órganos
de administración rígidos, integrados por los mismos miembros durante
periodos de tiempo muy prolongados, pudieran evidenciar estancamientos
productivos o incapacidad de adaptación a los cambios del escenario
económico.
Los
estatutos deben garantizar buenas prácticas de gobernanza que incluyan
normas para solucionar conflictos de intereses entre asociados y
administradores, para controlar los obsequios ofrecidos y recibidos por
los directivos, así como evaluaciones del desempeño y auditorías de
competencias del consejo administrativo.
No
es casual que la descripción de la puesta en práctica del Segundo
Principio se asemeje mucho al diseño de un sistema democrático desde la
perspectiva politológica, dado que las cooperativas encarnan la
transferencia de las nociones de democracia al escenario empresarial.
Las sociedades contemporáneas han asimilado las evidentes ventajas de la
democracia en el marco político, pero la generalización de la
democracia económica es el gran salto civilizatorio que aún no ha dado
la humanidad.
Tercer principio: Participación económica de los miembros. Los
miembros contribuyen de manera equitativa al capital de la cooperativa y
lo controlan democráticamente. Al menos una parte de dicho capital
suele ser propiedad común de la cooperativa. Los miembros suelen recibir
una compensación limitada, si la hubiera, sobre el capital aportado
como requisito de afiliación a la cooperativa. Los miembros destinan los
excedentes repartibles a cualquiera de los fines siguientes: al
desarrollo de la cooperativa —posiblemente mediante la creación de
reservas, al menos una parte de las cuales será de carácter
indivisible—, a la retribución de los miembros de manera proporcional a
sus transacciones con la cooperativa, y a sufragar otras actividades
aprobadas por los miembros.
La razón de ser de las cooperativas es la satisfacción de las
necesidades de las personas y no el afán de lucro que caracteriza a las
empresas privadas, por lo que la empresa cooperativa se adecua de forma
más pertinente a la finalidad de la ciencia económica, cuyo objetivo es
la planificación de los procesos de producción, distribución y consumo
para la satisfacción de las necesidades materiales humanas.
El
movimiento cooperativo apuesta por la integración de productores y
consumidores en cooperativas de consumo de participantes múltiples en
las que los miembros gestionan democráticamente todos los procesos
organizacionales, lo cual supera las contradicciones de las cooperativas
de producción cuyo enfoque mercantil es la acumulación de capital para
la remuneración de los trabajadores.
Equidad
e igualdad son dos conceptos distintos, por lo que la distribución
equitativa de los excedentes no implica que todos los miembros ganen lo
mismo, sino que los excedentes se distribuirán según las proporciones
acordadas en los estatutos, apelando siempre a una racionalidad de
justicia laboral que no fomente la excesiva desigualdad económica.
El
capital social y las reservas para inversiones y contingencias debe
considerarse patrimonio común e indivisible de la cooperativa. Para
evitar que los miembros se apropien del capital social y las reservas
para su propio beneficio a través de la desintegración de una
cooperativa, se establece en los estatutos que en caso de disolución se
cederá el capital neto residual a una organización sin ánimo de lucro, a
otra cooperativa o a un instituto para el fomento del cooperativismo.
Este mecanismo de protección del patrimonio de las cooperativas puede
ser establecido como norma jurídica por los legisladores.
Cuarto principio: Autonomía e independencia. Las
cooperativas son organizaciones autónomas y de autoayuda controladas
por sus miembros. Si llegan a acuerdos con otras organizaciones
—incluidos los gobiernos— o si reciben capital de fuentes externas, lo
hacen en condiciones que garanticen el control democrático por parte de
sus miembros y que respeten su autonomía cooperativa.
La
vinculación de una cooperativa con una institución estatal o un
inversionista privado, no puede implicar la pérdida de la identidad e
individualidad de la cooperativa como persona jurídica. Un aspecto que
afecta mucho a las cooperativas es el papel intervencionista y
obstaculizador de sus actividades económicas que han desempeñado
históricamente los gobiernos. Al establecer el marco legislativo donde
operan las cooperativas, los Estados frecuentemente regulan los precios
de las mercancías y les imponen planes de producción o políticas
fiscales a las cooperativas que no tienen en cuenta las características
coyunturales de los mercados.
Si
bien las cooperativas no son empresas privadas, tampoco deben ser
vistas como empresas públicas. Las cooperativas pertenecen a los
miembros que las integran, quienes planifican y controlan sus procesos
económicos de acuerdo a una racionalidad que responde a sus necesidades.
El apoyo del Estado a las cooperativas no deberá interpretarse como un
control gubernamental de estas formas empresariales.
Un ejemplo que ilustra la importancia de la autonomía de las
cooperativas es el caso de Milk Vita, una unión de cooperativas lácteas
creada por el gobierno de Bangladesh en los años setenta para mejorar
los ingresos y la organización de los pequeños agricultores. Mientras
estuvo bajo el control del Estado la cooperativa operó según planes
burocráticos que no la favorecían y dependía de constantes subsidios. A
partir de 1991 Milk Vita obtuvo autonomía como verdadera cooperativa.
Los asociados comenzaron a controlar las ventas y el procesamiento de
los productos lácteos, por lo que las decisiones ya no se basaron en
aspectos políticos, sino en principios de negocios. A partir de entonces
el número de socios y los ingresos se incrementaron de forma
exponencial. El proyecto de Milk Vita se ha vuelto tan exitoso desde que
obtuvo autonomía que el gobierno de Bangladesh ha decidido replicarlo
en otros sectores.[7]
Quinto principio: Educación, formación e información. Las
cooperativas ofrecen educación y formación a sus miembros,
representantes electos, administradores y empleados para que puedan
contribuir con eficacia al desarrollo de la cooperativa. Asimismo,
informan al público en general, en especial a los jóvenes y a los
líderes de opinión, sobre el carácter y las ventajas de la cooperación.
La educación se erige en aspecto medular para comprender los
principios cooperativos y para saber cómo aplicarlos en el
funcionamiento diario de una cooperativa. Este principio abarca la
formación de las aptitudes que necesitan los asociados para la
aplicación de prácticas empresariales éticas y democráticas, así como la
información para el público en general acerca del carácter de la
empresa cooperativa y de sus ventajas.
Para ello, se deben crear planes de marketing y de comunicación, así
como programas de capacitación amenos y didácticos que tengan un impacto
en la prensa escrita, las redes sociales, la radio y la televisión, y
que permitan introducir nociones sobre cooperativismo con lenguaje
coloquial y cercano a la persona común. La gestión cooperativa debe
añadirse al plan de estudios de todos los niveles de enseñanza, con
enfoque especial en los centros de educación superior especializados en
la ciencia económica. En el caso de la educación primaria se puede
apelar a los juegos de mesa cooperativos, como Coopolis.
La
educación no debe desconocer la importancia de formar a líderes de
opinión y actores políticos, dado que los legisladores tienen la
responsabilidad de diseñar el marco jurídico en el que se desempeñarán
las cooperativas. En la medida en que las autoridades dominen las
características y las ventajas de las empresas cooperativas, se
enfocarán en generar un escenario propicio para su desarrollo.
Sexto principio: Cooperación entre cooperativas. Las
cooperativas sirven a sus miembros de la manera más efectiva y
fortalecen el movimiento cooperativo trabajando conjuntamente a través
de estructuras locales, nacionales, regionales e internacionales.
Las
cooperativas deben integrarse en federaciones (cooperativas de tercer
grado) que usen racionalmente los recursos al tiempo que respetan la
identidad de los miembros de menor tamaño. La integración de las
cooperativas les permite operar como mayoristas y realizar compras
conjuntas para mejorar el poder adquisitivo combinado, así como la
creación de fondos solidarios, diseñados para generar un depósito
conjunto de recursos financieros que facilite la creación de nuevas
cooperativas.
La historia de la corporación Mondragón describe la importancia de la
integración entre cooperativas para el crecimiento acelerado de este
modelo empresarial. Partiendo de la simiente sembrada por la cooperativa
Ulgor, se realizaron aportaciones a las reservas para impulsar la Caja
Laboral Popular, la Escuela Profesional y el centro de investigación
Ikerlan, lo que permitió que las cooperativas ofrecieran un puesto de
trabajo digno e introdujeran nuevos paradigmas de democracia
empresarial, propiedad compartida y una retribución aceptable, incluso
en la situación económica desfavorable que experimentaba el País Vasco
en la década de 1950. De tal forma pudieron ser fundadas 47 cooperativas
entre 1956 y 1975.[8]
Para que las cooperativas encuentren nuevas oportunidades de
innovación y crecimiento deben trabajar en conjunto con otros
movimientos sociales, como la organización Comercio Justo,[9] una
iniciativa de la ONU para la articulación de canales comerciales
enfocados en el desarrollo sustentable que respeta la idiosincrasia de
los pueblos, sus culturas, sus tradiciones y los derechos humanos
básicos.
Séptimo principio: Preocupación por la comunidad. Las cooperativas trabajan en favor del desarrollo sostenible de sus comunidades mediante políticas aprobadas por sus miembros.
Las
cooperativas deben comercializar bienes y servicios de calidad a
precios asequibles, priorizando los productos locales, así como crear
empleos en su zona de influencia y proveer un marco financiero confiable
para la obtención de créditos y seguros. Las cooperativas exhiben una
orgullosa tradición en la satisfacción de las necesidades sociales
mediante la prestación de servicios sanitarios, la construcción de
viviendas, escuelas y clínicas, la integración en el mercado laboral de
personas socialmente desfavorecidas, y la atención a comunidades
devastadas por catástrofes naturales.
Las
cooperativas apuestan por generar un desarrollo social sostenible que
satisfaga en las comunidades no solo las necesidades materiales, sino
además las culturales, como las artes, la educación, la no
discriminación, el patrimonio histórico y los festivales comunitarios.
Para ello, las cooperativas crean reservas financieras que serán
utilizadas en proyectos sociales para el mejoramiento de la calidad de
vida de la población local.
Las cooperativas deben realizar auditorías más completas que no se
limiten al análisis financiero, sino que comprendan además la evaluación
social y ecológica de su desempeño, para que los efectos de las
actividades productivas equilibren el bienestar de las comunidades con
la necesidad de generar rentabilidad.
Los Siete Principios Cooperativos que se han expuesto a lo largo de
estas páginas no deben ser vistos como patrones de acción aislados, sino
como piezas interdependientes de un engranaje sistémico que se
complementan entre sí para crear sinergia. Cuando se respetan y aplican
estos principios de forma adecuada en el funcionamiento cotidiano de una
empresa cooperativa, su desempeño se torna más eficaz y resiliente que
el de las empresas convencionales, como lo demuestran las abundantes
investigaciones que se han realizado.[10]
La cooperativa es una manifestación del paradigma altruista de las
civilizaciones en el ecosistema empresarial. La cultura organizacional
de las cooperativas se aprende, se vive, y transforma ¡para bien! las
vidas de las personas. Sirva esta breve descripción para abrevar la sed
de la curiosidad deleitosa en aquellas personas que investigan cuáles
serían las alternativas económicas más factibles para construir un mundo
más justo." (Iran Morejón Quintana , Rebelión, 22/08/2022)