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8/3/24

Aleksandra Kollontái: ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer... Hay una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer... así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres... Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses. Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades... las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase

 "¿Qué es el día de la mujer? ¿Es realmente necesario? ¿No es una concesión a las mujeres de clase burguesa, a las feministas y sufraguistas? ¿No es dañino para la unidad del movimiento obrero? Esas cuestiones todavía se oyen en Rusia, aunque ya no en el extranjero. La vida misma le ha dado una respuesta clara y elocuente a estas preguntas.

El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero. El ejército organizado de mujeres trabajadoras crece cada día. Hace veinte años las organizaciones obreras sólo tenían grupos dispersos de mujeres en las bases de los partidos obreros… Ahora los sindicatos ingleses tienen más de 292.000 mujeres sindicadas; en Alemania son alrededor de 200.000 sindicadas y 150.000 en el partido obrero, en Austria hay 47.000 en los sindicatos y 20.000 en el partido. En todas partes, en Italia, Hungría, Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza, las mujeres de la clase obrera se están organizando a sí mismas. El ejército de mujeres socialistas tiene casi un millón de miembros. ¡Una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras.

Hubo un tiempo en el que los hombres trabajadores pensaron que deberían cargar ellos solos sobre sus hombros el peso de la lucha contra el capital, pensaron que ellos solos debían enfrentarse al «viejo mundo» sin el apoyo de sus compañeras. Sin embargo, como las mujeres de clase trabajadora entraron en las filas de aquellos que vendían su trabajo a cambio de un salario, forzadas a entrar en el mercado laboral por necesidad, porque su marido o padre estaba en el paro, los trabajadores empezaron a darse cuenta de que dejar atrás a las mujeres entre las filas de «no-conscientes» era dañar su causa y evitar que avanzara. ¿Qué nivel de conciencia posee una mujer que se sienta en el fogón, que no tiene derechos en la sociedad, en el estado o en la familia? ¡Ella no tiene ideas propias! Todo se hace según ordena su padre o marido…

El retraso y falta de derechos sufridos por las mujeres, su dependencia e indiferencia no son beneficiosos para la clase trabajadora, y de hecho son un daño directo hacia la lucha obrera. ¿Pero cómo entrará la mujer en esa lucha, como se la despertará?

La socialdemocracia extranjera no encontró la solución correcta inmediatamente. Las organizaciones obreras estaban abiertas a las mujeres, pero sólo unas pocas entraban. ¿Por qué? Porque la clase trabajadora al principio no se percató de que la mujer trabajadora es el miembro más degradado, tanto legal como socialmente, de la clase obrera, de que ella ha sido golpeada, intimidada, acosada a lo largo de los siglos, y de que para estimular su mente y su corazón se necesita una aproximación especial, palabras que ella, como mujer, entienda. Los trabajadores no se dieron cuenta inmediatamente de que en este mundo de falta de derechos y de explotación, la mujer está oprimida no sólo como trabajadora, si no también como madre, mujer. Sin embargo, cuando los miembros del partido socialista obrero entendieron esto, hicieron suya la lucha por la defensa de las trabajadoras como asalariadas, como madres, como mujeres.

Los socialistas en cada país comienzan a demandar una protección especial para el trabajo de las mujeres, seguros para las madres y sus hijos, derechos políticos para las mujeres y la defensa de sus intereses.

Cuanto más claramente el partido obrero percibía esta dicotomía mujer/trabajadora, más ansiosamente las mujeres se unían al partido, más apreciaban el rol del partido como su verdadero defensor y más decididamente sentían que la clase trabajadora también luchaba por sus necesidades. Las mujeres trabajadoras, organizadas y conscientes, han hecho muchísimo para elucidar este objetivo. Ahora el peso del trabajo para atraer a las trabajadoras al movimiento socialista reside en las mismas trabajadoras. Los partidos en cada país tienen sus comités de mujeres, con sus secretariados y burós para la mujer. Estos comités de mujeres trabajan en la todavía gran población de mujeres no conscientes, levantando la conciencia de las trabajadoras a su alrededor. También examinan las demandas y cuestiones que afectan más directamente a la mujer: protección y provisión para las madres embarazadas o con hijos, legislación del trabajo femenino, campaña contra la prostitución y el trabajo infantil, la demanda de derechos políticos para las mujeres, la campaña contra la subida del coste de la vida…

Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.

En el día de la mujer las mujeres organizadas se manifiestan contra su falta de derechos. Pero algunos dicen ¿por qué está separación de las luchas de las mujeres? ¿Por qué hay un día de la Mujer, panfletos especiales para trabajadoras, conferencias y mítines? ¿No es, en fin, una concesión a las feministas y sufraguistas burguesas? Sólo aquellos que no comprendan la diferencia radical entre el movimiento de mujeres socialistas y las sufraguistas burguesas pueden pensar de esa manera.

¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.

Las feministas burguesas demandan la igualdad de derechos siempre y en cualquier lugar. Las mujeres trabajadoras responden: demandamos derechos para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, pero nosotras no sólo somos mujeres y trabajadoras, también somos madres. Y como madres, como mujeres que tendremos hijos en el futuro, demandamos un cuidado especial del gobierno, protección especial del estado y de la sociedad.

Las feministas burguesas están luchando para conseguir derechos políticos: también aquí nuestros caminos se separan: para las mujeres burguesas, los derechos políticos son simplemente un medio para conseguir sus objetivos más cómodamente y más seguramente en este mundo basado en la explotación de los trabajadores. Para las mujeres obreras, los derechos políticos son un paso en el camino empedrado y difícil que lleva al deseado reino del trabajo.

Los caminos seguidos por las mujeres trabajadoras y las sufraguistas burguesas se han separado hace tiempo. Hay una gran diferencia entre sus objetivos. Hay también una gran contradicción entre los intereses de una mujer obrera y las damas propietarias, entre la sirvienta y su señora… Así pues, los trabajadores no deberían temer que haya un día separado y señalado como el Día de la Mujer, ni que haya conferencias especiales y panfletos o prensa especial para las mujeres.

Cada distinción especial hacia las mujeres en el trabajo de una organización obrera es una forma de elevar la conciencia de las trabajadoras y acercarlas a las filas de aquellos que están luchando por un futuro mejor. El Día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unión de la clase trabajadora.

Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer."                ( Aleksandra Kollontái , El Viejo Topo, 08/03/24)

27/9/23

¿Es posible un porno ético? Es un porno que, lejos de querer clasificar, de evitar ciertas prácticas y de marginar algunos gustos, lo que quiere hacer es incluirlos... Mientras que en la mayoría de producciones que se pueden ver en internet estas son siempre pasivas y se limitan a dejarse hacer, aquí «la mujer aparece como un ente activo al mismo nivel que sus compañeros hombres, tiene algo que aportar»

 "«Imaginen una escena, una escena porno, ¿qué ven? A una mujer rubia con un vestido ajustado, labios rojos, unos pechos como melones. Entre los labios de la mujer, un pene, un pene del tamaño de un semental. ¿Por qué esta mujer le está haciendo una mamada? Porque este buen hombre se le acercó y la rescató cuando su coche se averió. Después él eyacula sobre su cara y ella sonríe con una sonrisa de falso placer. Eso es el porno. Y es hora de que el porno cambie». Así inauguró Erika Lust, directora y productora de cine porno desde 2004, su charla TED en diciembre de 2014. La cineasta llamó a la transformación de una industria cuyo consumo sigue siendo tabú, pero factura miles de millones de euros al año. Y que, junto al dinero, acumula, cada vez más, denuncias de malas praxis laborales hacia sus trabajadores, incluídas falta de garantías higiénicas y abusos en los rodajes. En los casi tres años que han pasado desde la reivindicación de Lust, han proliferado artículos y voces, internas y externas, que celebran la llegada de un porno alternativo, conocido como ético y feminista. Pero, ¿existe realmente? Y si la respuesta es afirmativa, ¿se produce y consume en España?

El actor porno Sylvan Gavroche considera que antes de analizar la nueva forma de crear, hay que entender que «todo el porno feminista es ético, pero no todo el porno ético es feminista». La industria pornográfica está experimentando no solo una transformación, sino dos fundamentales que «pueden ir juntas de la mano o pueden ir separadas», señala Anneke Necro, actriz y cineasta porno y cofundadora de Mantis Lab.

El porno ético apela a todo lo que un consumidor no percibe cuando ve una película o un corto. Es aquel en el que se trabaja con «unas condiciones laborales justas», dice Anneke. Tanto ella como Sylvan señalan que una gran parte de las productoras no respetan las condiciones elementales de cualquier trabajo, como puede ser dar de alta a los empleados en la Seguridad Social u ofrecer un sueldo acorde al trabajo realizado.

Además, Sylvan añade las siguientes condiciones que debe reunir el porno ético para poder llamarse así: «Que nos pregunten si queremos usar o no preservativo, que sepas con quién vas a trabajar antes de llegar al rodaje, si se trabaja a partir de ciertas horas que haya comida y que haya instalaciones para ducharte y lavarte. Para mí, una cosa muy importante, incluso muchísimo más que el tema económico, es conocer antes del rodaje el guion. Es decir, que no solo sepas qué práctica vas a hacer sino qué tipo de escena, qué es lo que vas a interpretar para poder decidir si estás de acuerdo o no», matiza Anneke.

Frente a lo que no se ve (pero importa), se encuentra la manera de hacer y entender la industria que sí tiene cambios muy visibles: el porno feminista. En palabras de Anneke, «es un porno inclusivo que lo que quiere es abarcar el máximo de prácticas y de matices que puede haber en la erótica y en el sexo. Es un porno que, lejos de querer clasificar, de evitar ciertas prácticas y de marginar algunos gustos, lo que quiere hacer es incluirlos». Un factor determinante del porno feminista es el rol de la mujer. Mientras que en la mayoría de producciones que se pueden ver en internet estas son siempre pasivas y se limitan a dejarse hacer, aquí «la mujer aparece como un ente activo al mismo nivel que sus compañeros hombres, tiene algo que aportar», aclara Anneke.

 La realidad de esta ola de cambios es que raramente aparecen los conceptos de porno ético y porno feminista juntos en la misma producción. «Es más fácil que te paguen y que te hagan un contrato en condiciones que plantear prácticas feministas adecuadas», opina Sylvan. Por su parte, Anneke considera que uno de los grandes obstáculos a los que se enfrenta el porno con ambas características es la pérdida de dinero en el porno global. En los últimos años, las plataformas de internet (tubes) que ofrecen contenido gratis y en buena calidad se han convertido en un verdadero problema dentro de una industria acostumbrada a facturar mucho dinero sin dificultad. El último informe (2016) de PornHub, el portal web líder de contenido xxx, muestra unas cifras de consumo astronómicas: 23.000 millones de visitas anuales a la página y un tiempo de visionado total equivalente a 524.375 años.

«Si ya el porno mainstream está en las últimas, imagínate lo difícil que es sacar adelante una productora de porno alternativo. El problema de las pequeñas productoras y empresas de este tipo de porno es que, muchas veces, no pueden garantizar unos sueldos acordes a lo que se debería pagar. No es porque no se quiera o porque no se valore el trabajo, es porque es imposible», sentencia la cineasta. Aun así, reconoce que a ella el capital no es lo que más le interesa, por lo que «muchas veces el porno feminista es más una acción política que las ganas reales de montar una empresa».

 Anneke reconoce que siempre ha sido muy tozuda y reivindicativa. Dos facetas que lleva al máximo cuando se trata de denunciar la mercantilización del porno ético y feminista: «Nos encontramos con señores hablando de porno ético cuando todas sabemos que no pagan a sus actrices», dice, en referencia a las charlas que las productoras de público masivo ofrecen en los distintos salones eróticos de España. «Han encontrado un mercado y lo quieren explotar y eso es una falta de respeto enorme hacia todas las mujeres que llevan décadas, porque parece que el porno feminista y ético es algo de ahora, pero no es así, hay mujeres que llevan muchos años dejándose el alma y la vida para que ahora vengan productoras horripilantes cuyo contenido es lo peor a aprovecharse del feminismo», sentencia.

Los hombres también necesitan porno feminista

«El feminismo es vuestra lucha (la de las mujeres) y no podemos abanderarnos de ella, pero si creemos que el machismo y el patriarcado traen beneficios para el hombre, vamos mal», considera Sylvan. Añade que dentro de la industria se ha encontrado con que sus compañeros tratan cuidadosamente el tema porque «cualquier hombre que empiece a entender un poco el feminismo dice: ‘esto es mi culpa’». Sylvan opina que dentro de la industria el machismo supone un foco de presión para los hombres que acaba siendo un problema, además de la despersonalización que casi siempre viven y que les reduce a «un pene que tiene que estar siempre a tope sin quejarse». Anneke comparte la visión de Sylvan y lo demuestra cada vez que tiene ocasión. «Esta lucha también va con ellos, es de los pocos lugares en que un hombre cobra menos que una mujer. A nosotras nos hacen mil cosas degradantes, pero a ellos también».

El porno feminista y ético no solo beneficia a los profesionales de la industria; para los consumidores también puede suponer un punto de inflexión. Erika Lust, en una entrevista concedida a Fotogramas el año pasado señalaba la importancia de consumir (buen) porno de una manera muy gráfica: «En España, la educación sexual sigue siendo catastrófica, por lo que el porno ha asumido esta función. Y no siempre es recomendable, porque en Internet hay muchos Torbe… Es como dejar la educación sobre las drogas a los traficantes de drogas». Lust se refería a la detención del empresario porno acusado, entre otras cosas, de explotación de menores.

Sylvan reconoce que si «hubiese visto (de adolescente) vídeos como los de Erika Lust, mis expectativas respecto al sexo habrían sido otras. En vez de pensar ‘voy a reventar a esta chica’ habría pensado ‘esta chica también necesita disfrutar’». Anneke defiende que «dentro de la buena pornografía puedes encerrar muchos mensajes y la gente los capta y los recibe de una manera positiva y los acaba aplicando a su vida»."                 (Alejandra Espino, Ethic, 30/10/17)

19/4/23

Las mujeres sostienen el 76,2% del cielo

 "(...) No es necesario profundizar demasiado en los datos estadísticos cuando las conclusiones son evidentes. Por ejemplo, cuando mujeres y hombres trabajan en el mismo puesto, a las mujeres se les paga —en promedio— un 20 por ciento menos que a los hombres. Para crear conciencia sobre esta persistente disparidad, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ONU Mujeres celebran cada año, el 18 de septiembre, el Día Internacional de la Igualdad Salarial y, a través de su Coalición Internacional para la Igualdad Salarial, hacen lobby ante empresas y gobiernos para acabar con la enorme brecha salarial entre mujeres y hombres. La idea de “a igual trabajo, igual salario” se estableció en el Convenio sobre igualdad de remuneración de la OIT (1951), en reconocimiento del hecho de que las mujeres siempre habían trabajado en fábricas industriales, y cada vez más durante la Segunda Guerra Mundial. El Convenio adoptó el “principio de igualdad de remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo de igual valor”, pero los gobiernos y el sector privado se han negado a seguirlo.

Durante la pandemia de COVID-19, se intensificó la atención pública hacia el sector de salud, incluyendo a las y los trabajadores sanitarios, que fueron aplaudidos universalmente como “trabajadores esenciales”. En marzo de 2021, el Instituto Tricontinental de Investigación Social publicó un dossier, Destapar la crisis. Trabajos de cuidados en tiempos de coronavirus, que recogía las opiniones de las trabajadoras del sector de la salud. Janet Mendieta, de la Central de Trabajadores Argentinos, reflexionó sobre esta idea de “trabajo esencial”:

Primero tendrían que reconocer que somos trabajadoras esenciales y después que se nos reconozca con un salario también, porque trabajamos mucho más de lo que tendríamos que trabajar, hacemos muchísimo trabajo. Como promotoras de género, salud, cocineras de comedores, trabajamos en merenderos y todo eso no está reconocido ni visibilizado. Si no se visibiliza, muchos menos nos reconocen ni nos dan un salario

“Nada de esto se reconoce”, dijo, ni durante el momento álgido de la pandemia ni cuando empezamos a salir de ella. En 2018, la OIT publicó un importante informe, El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente, que estimaba que el valor del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado asciende al 9% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial, es decir, 11 billones de dólares. En algunos países, el valor es muy superior, como en Australia, donde el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa el 41,3% del PIB. Basándose en datos de encuestas sobre el uso del tiempo recogidos en 64 países, el informe concluye que cada día se dedican 16.400 millones de horas al trabajo de cuidados no remunerado, y que el 76,2% del total de horas de trabajo de cuidados no remunerado lo realizan las mujeres. En otras palabras, el trabajo diario de cuidados no remunerado de las mujeres de todo el mundo equivale a tener a más de 1.500 millones de mujeres trabajando ocho horas al día sin remuneración.

En julio de 2022, la OIT y la Organización Mundial de la Salud publicaron otro informe sobre la brecha salarial, esta vez centrado en el sector de la salud. El documento, La brecha salarial de género en el sector de la salud y asistencial. Un análisis mundial en tiempos de COVID-19, estableció que en el sector sanitario y asistencial las mujeres ganan de media hasta un 24% menos que los hombres. A pesar de que las mujeres representan el 67% de los puestos de trabajo en este sector, solo un pequeño número de ellas trabaja en la alta gerencia, y la brecha entre los salarios de los administradores de hospitales y las enfermeras, por ejemplo, no deja de aumentar cada año.

El informe ofrece una serie de explicaciones para esta diferencia salarial. Entre ellas, sostiene que las mujeres cobran menos debido a la “menor retribución asociada a sectores y ocupaciones altamente feminizados”. Las profesiones relacionadas con la salud, como la enfermería, están peor pagadas que otras, no porque su nivel de cualificación sea objetivamente inferior, sino porque se asocian al “trabajo de las mujeres”, menos valorado en todo el mundo. Además, el informe señala que existe una “brecha de la maternidad” en los salarios, de la que no se habla a menudo pero que es visible en los datos estadísticos y en las reivindicaciones de los sindicatos de trabajadoras y trabajadores sanitarios. El trabajo a tiempo parcial es escaso en el sector de la salud, salvo entre las mujeres de veintitantos y treinta y tantos años, cuando “las mujeres tienen que abandonar el mercado laboral o reducir sus horas de trabajo a fin de compaginar el trabajo con el cuidado no remunerado de los hijos”. Cuando las mujeres se retiran del sector y regresan más tarde u optan por un trabajo a tiempo parcial, no obtienen los ascensos y aumentos salariales que reciben sus homólogos masculinos y, por tanto, pasan el resto de su vida laboral con salarios inferiores a los de los hombres que realizan el mismo trabajo.

 Las mujeres han luchado contra estas condiciones sociales durante cientos de años, y fueron las luchas lideradas por ellas las que establecieron muchos de los convenios internacionales sobre trabajo y derechos humanos. En el Instituto Tricontinental de Investigación Social hemos recogido algunas historias de esas luchas y de las mujeres que las protagonizaron. Una de nuestras últimas publicaciones, realizada en colaboración con ALBA Movimientos, se titula Crisálidas: Memorias feministas de América Latina y el Caribe. En ella destacamos a la nicaragüense Arlen Siu (1955-1975), la brasileña Dona Nina (1949) y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia “Bartolina Sisa” (cuyas integrantes son conocidas como Las Bartolinas), fundada en 1980. Cada una de estas mujeres y sus organizaciones han formado parte de la lucha mundial contra las miserables condiciones sociales de desigualdad.

Son mujeres como Arlen, Dona Nina y Las Bartolinas quienes redactaron las reivindicaciones de autonomía económica de la Marcha Mundial de las Mujeres. El boletín de esta semana termina con sus palabras, que exigen:

  • Derecho de todas las trabajadoras y trabajadores —incluyendo a aquellas y aquellos vulnerables, como domésticas y migrantes— al empleo con condiciones de salud y seguridad laboral, sin acoso y en el cual su dignidad sea respetada, en todo el mundo y sin discriminaciones de ningún tipo (nacionalidad, sexo, discapacidad, etc.).
  • Derecho a la Seguridad Social, incluyendo el pago de ingresos en caso de enfermedad, incapacidad, licencia por maternidad y paternidad, y programas de renta mínima que permitan que las mujeres y hombres tengan una calidad de vida decente.
  • Salarios iguales por el mismo trabajo de mujeres y hombres, incluidas las remuneraciones por el trabajo en zonas rurales.
  • Salario mínimo justo (que disminuya la diferencia entre salarios más altos y más bajos y que asegure a todas y todos vivir con dignidad con las personas que son sus dependientes) instituido por ley, que sirva como referencia para todo el trabajo remunerado (público y privado) y para las prestaciones sociales públicas. Creación o fortalecimiento de una política de valorización permanente del salario mínimo, con valores comunes para subregiones o regiones.
  • Fortalecimiento de la economía solidaria, con crédito subsidiado, apoyo para la distribución y comercialización de su producción, intercambio de conocimiento y prácticas locales.
  • Acceso de las mujeres a la tierra, semillas, agua, materia prima y a todo el apoyo necesario para la producción y comercialización en la agricultura, pesca y creación, así como en la artesanía.
  • La reorganización del trabajo doméstico y de cuidados para que la responsabilidad por este trabajo sea compartida entre hombres y mujeres dentro de la familia o de la comunidad. Para que esto se torne realidad, demandamos la adopción de políticas públicas que apoyen la reproducción social, como guarderías, lavaderos colectivos y restaurantes, cuidados para las personas ancianas, etc., así como la reducción de la jornada de trabajo sin reducción en los salarios."       (Tricontinental, 06/04/23)

28/3/23

A propósito de "Crítica de la razón puta. Cartografías del estigma de la prostitución" : Yo tenía una postura abolicionista cuando comencé a investigar la prostitución... tomé la decisión de realizar trabajo de campo porque concedí que quizás la realidad social de la prostitución tenía algo que enseñarme; y así fue, lo cambió todo... el discurso abolicionista pasa por encima de la mujer de carne y hueso en aras de la defensa de la mujer simbólica. Porque si la prioridad fuesen las mujeres reales que ejercen la prostitución no se aprobaría ninguna medida que aumentase su vulnerabilidad... Las trabajadoras sexuales en España tienen restringido el acceso a la vivienda, porque carecen de nómina para alquilar y eso beneficia a los empresarios, que solo les piden el pasaporte para alojarlas en los clubes. La ilegalización del alquiler de habitaciones que pretendía Podemos y que ahora está demandando el PSOE con su reforma del Código Penal, con toda la derecha a favor, complica todavía más este derecho. Gracias a la investigación de campo en países como Argentina o el informe de Amnistía Internacional en Noruega sabemos qué ocurre cuando se aplican estas políticas: incrementan los pisos clandestinos y los desahucios. Una voluntad política a la que de verdad le importe la seguridad y el bienestar de las mujeres que ejercen la prostitución estaría favoreciendo sus derechos sociales... Mientras tanto, las trabajadoras sexuales organizadas siguen tejiendo alianzas con los movimientos sociales y con otras mujeres precarias, dando ejemplo de lo que es el activismo: de base y colectivo

 "Crítica de la razón puta. Cartografías del estigma de la prostitución. Es el título del libro recientemente editado por la editorial La oveja roja. Su autora es Paula Sánchez Perera, titulada en filosofía, que ha recorrido un largo camino de investigación sobre el genérico tema del comercio sexual. Activista feminista, su tesis doctoral es precisamente la base de este interesantísimo libro, en el que ha recurrido de forma importante a conocer y reconocer a las propias trabajadores sexuales, en diversos ámbitos geográficos del Estado y de Argentina.

Begoña Zabala- Para escribir el libro y realizar la tesis, además del evidente trabajo de investigación bibliográfica y teórica, que aparece muy potente, ¿cómo te has enfrentado al tema del trabajo sexual desde la práctica y el conocimiento de las condiciones concretas de las trabajadoras. Me gustaría que comentases lo que ha sido tu actividad de inmersión real en el tema, contactos, entrevistas, acompañamientos, conocimientos. Y claro, la importancia que tiene para ti esta metodología.

Paula Sánchez. Yo tenía una postura abolicionista cuando comencé a investigar la prostitución, entonces para un TFM (Trabajo Fin de Máster), en el que como buena titulada en filosofía me limité a la teoría. Ya para la tesis doctoral tomé la decisión de realizar trabajo de campo porque concedí que quizás la realidad social de la prostitución tenía algo que enseñarme; y así fue, lo cambió todo. Estuve casi 5 años como voluntaria de intervención social en zonas de prostitución callejera de Madrid. Por eso, en el libro las vulneraciones de derechos (tanto las derivadas de la criminalización callejera como las que son fruto de la clandestinidad forzosa) se exponen a partir de casos de estudio del trabajo de campo. Además, al cambiar de postura entré en contacto con trabajadoras del sexo activistas y me decidí a entrevistarlas porque me interesaba especialmente su historia de resistencia frente al estigma, que se produce en el contexto de la militancia. Tanto para mi proceso de conversión personal como a la hora de privilegiar el análisis de las condiciones materiales esta metodología fue crucial, pero también el comprometerme con una epistemología feminista. Solo esta entiende que las trabajadoras del sexo no son sujetos de estudio, sino agentes de conocimiento sobre su realidad.

BZ. El estigma es el concepto estrella y central, si se puede hablar solo de uno, que atraviesa el libro y así aparece. Además de entrar en el concepto mismo para entendernos y ver de qué estamos hablando, ¿nos puedes contar cómo opera el estigma en lo concreto? ¿Deriva de la criminalización, de la marginación, de la estrechez moral y la doble vara de medir? Sí sería interesante ver cómo se pueden aminorar los efectos del estigma, mientras no desaparezca, si es que ello es posible.

Paula Sánchez. Un estigma no es un atributo concreto, sino un proceso social que surge cuando se interrelacionan varios componentes, como la marginación, el etiquetaje o la ausencia de poder social. Tampoco es un asunto individual, porque para que se genere un estigma se precisa de una estructura que lo estabilice, que en nuestro caso convierta una actividad en una identidad prefijada. Todos los juicios esencialistas sobre la prostitución beben de su estigma y tienen su origen en códigos normativos que separaron a unas mujeres de otras tejiendo una jerarquía de género. El código de Hammurabi de la antigua Mesopotamia y los modelos jurídicos decimonónicos estabilizaron una red de significados (pecadora, infecciosa, delincuente y víctima) que hoy perviven y se yuxtaponen, que incluso podemos rastrear en la prensa.

Ahora bien, en todas las sociedades patriarcales aparece como constante lo que las antropólogas han llamado el intercambio económico-sexual, que se produce en modalidades mistificadas como el matrimonio y otras que no, que son estigmatizadas. En otras palabras, lo que define y distingue a la prostitución del resto de instituciones del patriarcado es el estigma, por eso lo utilizo como hilo conductor a lo largo del libro para proponer una agenda alternativa para el debate, identificando las cuatro dimensiones de ese estigma. Una de ellas es la semántica, el significado de ese estigma y por qué tiene tanto que decirnos a todas las mujeres. En el patriarcado, mientras los hombres deben demostrar que son hombres, lo que a las mujeres cis se nos exige probar es que somos buenas. Esto lo vemos cada vez que salta a la palestra pública un caso de violencia sexual: para que la víctima resulte creíble se le exige probar que su reputación moral está intacta. Por eso digo que el estigma forma parte de la bipolaridad del género femenino, para el que dibuja un modelo de desviación social que desde la adolescencia aprendemos a rechazar porque sabemos que de lo contrario todo lo que nos ocurra será justificado como “culpa nuestra”. El estigma se constituye desde la antigua Mesopotamia hasta nuestros días como un dispositivo de control patriarcal de la reputación femenina, dividiéndonos en buenas y en malas para favorecer el control del trabajo reproductivo a través de la violencia simbólica y sexual. En síntesis, diría que ese estigma deriva de la moral patriarcal y su consiguiente institucionalización normativa a lo largo de los siglos.

¿Cómo reducir este estigma? Primero se debe de erradicar su dimensión estructural, es decir, su institucionalización normativa. Al igual que con el colectivo LGTBI, para poder trabajar en la reducción del estigma social antes debemos de eliminar la criminalización y el tratamiento legal discriminatorio. Entonces ya se puede trabajar en la dimensión social del estigma desde la educación en diferentes niveles y desde un enfoque multifactorial. Sin embargo, la dimensión semántica del estigma está instalada en el patriarcado mismo y requiere de un trabajo coordinado de los feminismos para derrocarla. Mientras haya guerra interna, habrá estigma, porque el estigma es una división de mujeres y requiere para su disolución que abracemos una sororidad radical en el movimiento. Es decir, que conquistemos la igualdad política entre las mujeres, reconociendo a la otra con capacidad de tomar decisiones responsables para su vida, aunque no fuesen las que tomaría una para sí misma.

BZ. Y hablando del estigma podemos ahora entrar también a ver si los clientes están también estigmatizados, o cómo están, y por qué los hombres que ejercen la prostitución tienen más disminuido los efectos negativos del estigma.

Paula Sánchez. Los clientes no tienen ni pueden llegar a tener ese estigma. Lo que ocurre es que, al relacionarse con trabajadoras sexuales, uno se contamina momentáneamente de su estigma, pero con dejar de consumir o confesarlo ese supuesto estigma se disuelve. Los clientes no pueden ser estigmatizados porque son hombres y la doble moral patriarcal dicta que los hombres, mientras se mantengan en la heterosexualidad, lo que hagan con su sexualidad no les marca ni les devalúa. Por esa misma razón el estigma que sufren los trabajadores sexuales es de otra clase, porque lo que a ellos les estigmatiza es principalmente la homosexualidad, más que la prostitución, que a menudo se intersecciona con otros ejes de opresión como la clase y la raza. De ahí que cuando el trabajador sexual sea un gigoló o un actor porno que solo realice prácticas heterosexuales es visto incluso como un arquetipo envidiable. En nuestra cultura los insultos característicos para cada género (puta para las mujeres, maricón para los hombres) ilustran perfectamente las raíces de los estigmas vinculados al género, pero no son intercambiables.

BZ. Un tema que me parece interesante para analizar en la actualidad es el de la legislación sobre la prostitución, en todos los campos y para todas las personas que resultan afectadas por ellas. Es decir, no solo las mujeres que ejercen la prostitución, sino las personas que tienen clubs y los regentan, o las personas que pueden alquilar pisos. Si se organizan en cooperativas las trabajadoras sexuales, ¿se verían afectadas de alguna forma las participantes? ¿Qué supone en términos legales y prácticos que no puedas montar un sindicato?

Paula Sánchez. Es importante tener en cuenta que la legislación ha sido siempre bien diferente para la patronal, que ha estado reconocida por el Tribunal Supremo desde 2004, a partir del caso Mesalina, y que suele tener a las asalariadas trabajando en sus clubes como falsas autónomas. Esto lo explico en el libro a través de un caso de estudio, el de los procesos judiciales que emprendió Evelin Rochel contra su club de alterne y que nos permite entender toda la gama de derechos vulnerados a consecuencia de la clandestinidad forzosa en la que se ejerce.

Con respecto a las cooperativas de trabajo asociado, si bien son una solución para una minoría que reúne las condiciones, siempre que se han intentado conformar la administración, que tiene la última palabra, las ha obstaculizado. De todas formas, aunque es una vía interesante, desresponsabiliza al Estado de las protecciones laborales que quienes ejercen precisan.

Por otro lado, el sindicato OTRAS es perfectamente legal y así lo ratificó el Tribunal Supremo en 2020. El problema es que la relación laboral en prostitución continúa siendo ilegal, aunque sí esté reconocida en otras modalidades como el alterne o el porno. Llegamos así a una situación paradójica porque la actividad sindical está legitimada en la prostitución por cuenta propia, mientras que quienes estén por cuenta ajena carecen de herramientas para limitar el poder del empresario, hacer valer sus intereses, garantizar condiciones de trabajo, salud y seguridad mínimas e incluso denunciar la explotación laboral.

BZ. Con esta reciente ley de la libertad sexual, hubo unos momentos terribles y muy negativos para los derechos de las trabajadoras sexuales cuando, en fase de debate, se metió la tercería locativa como delictiva. Ya todas las discusiones que siguieron se fijaron ahí, exigiendo la eliminación de tal propuesta puesto que ninguneaba totalmente la voluntad y la capacidad de agencia de las trabajadoras, pues se introducía la coletilla de considerarlo delito "aunque se produzca con el consentimiento de las mujeres". ¿Qué opinas de esta penalización? Precisamente una ley que llaman del sí es sí, resultaría que sí se afirma la asertividad, pero no si es trabajadora sexual.

Paula Sánchez. Puede resultar paradójico que una ley que pretende afirmar y garantizar el consentimiento de las mujeres acabe anulando el de otras, pero no es ninguna paradoja: es una contradicción. Una contradicción perenne en el discurso abolicionista que pasa por encima de la mujer de carne y hueso en aras de la defensa de la mujer simbólica. Porque si la prioridad fuesen las mujeres reales que ejercen la prostitución no se aprobaría ninguna medida que aumentase su vulnerabilidad como esta, que las estaba desahuciando. Las trabajadoras sexuales en España tienen restringido de base el acceso a la vivienda, porque carecen de nómina para alquilar y eso beneficia a los empresarios, que solo les piden el pasaporte para alojarlas en los clubes. La ilegalización del alquiler de habitaciones que pretendía Podemos y que ahora está demandando el PSOE con su reforma del Código Penal, con toda la derecha a favor, complica todavía más este derecho. Gracias a la investigación de campo en países como Argentina o el informe de Amnistía Internacional en Noruega sabemos qué ocurre cuando se aplican estas políticas: incrementan los pisos clandestinos y los desahucios.

Una voluntad política a la que de verdad le importe la seguridad y el bienestar de las mujeres que ejercen la prostitución estaría favoreciendo sus derechos sociales, en lugar de dinamitarlos y, desde luego, derogaría la Ley mordaza que lleva siete años sancionándolas por desobediencia a la autoridad y exhibición obscena. En cambio, para esta falsa izquierda la prostitución es una cuestión recurrente con la que arañar votos, por las ansiedades sociales que vehicula, y librar la batalla por el liderazgo del movimiento feminista; es un símbolo. Mientras tanto, las trabajadoras sexuales organizadas siguen tejiendo alianzas con los movimientos sociales y con otras mujeres precarias, dando ejemplo de lo que es el activismo: de base y colectivo."                          

(Entrevista a Paula Sánchez Perera,  , Viento Sur, 24/Mar/2023)

10/3/23

La tercera transición: la economía de los cuidados y la igualdad de género

 "La incorporación masiva de las mujeres españolas al empleo —más de cinco millones en los últimos 30 años— ha redefinido las estructuras familiares y laborales, pero los cambios no han llegado a los cuidados. Hemos pasado de un modelo familiar de varón sostenedor/mujer cuidadora a otro de dos sostenedores, pero no siempre dos cuidadores. Al mismo tiempo, el 10% de las familias (casi dos millones) son monoparentales y ocho de cada 10 están encabezadas por una mujer. Para las mujeres españolas, cuya identidad está indiscutiblemente asociada al empleo, el sistema tradicional de cuidados resulta insostenible. También lo es para una sociedad que envejece.

Las políticas de igualdad de género no se han acompañado del aumento de la oferta de servicios públicos para atender los cuidados, tanto los de la infancia como los de larga duración; es decir, mayores y dependientes. La conciliación entre lo laboral y lo familiar se ha abordado ofreciendo a las mujeres excedencias y reducciones de jornada para atender a hijos menores, lo que perjudica sus expectativas laborales y su autonomía personal. Según el Banco de España, la penalización por maternidad reduce un 11,4% los ingresos laborales de las mujeres en el primer año respecto a los hombres y llega hasta el 28% a largo plazo.

España es, asimismo, uno de los países europeos con mayores perspectivas de envejecimiento. El 20% de la población ya tiene más de 65 años y la esperanza de vida al nacer supera los 85 para las mujeres y 83 para los hombres. A partir de los 80 años, la proporción de mujeres más que duplica la masculina. Para atender a esta demanda creciente y desarrollar el sistema de cuidados de larga duración, es imprescindible considerar la perspectiva de género.

Sobre este complicado escenario, las restricciones de movilidad por la pandemia de la covid-19, el cierre de los centros escolares y las dificultades de acceso a los servicios de atención a mayores, han tenido un efecto de refamilización y vuelta al hogar de los cuidados, que recae mayoritariamente sobre las mujeres. Aunque las estadísticas subestiman el tiempo dedicado a cuidados por parte de las mujeres ―a nivel europeo, ellas aportan en media 37,7 horas semanales, por solo 22,7 horas de los hombres― y en España los datos son similares. El último Índice Europeo de Igualdad de Género muestra por primera vez un retroceso desde que comenzó a elaborarse en 2013.

Respecto a los cuidados remunerados, a pesar de su carácter imprescindible para la continuidad de la vida y el funcionamiento de la economía, al ser sectores feminizados no gozan del reconocimiento social y económico que merecen, con salarios bajos y precarias condiciones de trabajo. Así lo ejemplifican las ocupaciones sanitarias y los servicios sociales. También la atención en residencias de mayores, el sector de limpieza y el servicio doméstico, con un considerable contingente de mujeres inmigrantes en condiciones de informalidad laboral y con enormes dificultades para atender a sus propios dependientes en España y en sus países de origen.

El desigual reparto por sexos del cuidado consolida las brechas laborales horizontales (ramas feminizadas y masculinizadas) y verticales (dificultades de ascenso femenino en la jerarquía ocupacional). La conciliación mal repartida se refleja en complementos salariales más bajos, peores contratos y jornadas más cortas, un perverso mecanismo de techo de cristal y suelo pegajoso, que alimenta las brechas salariales de género. Los cuidados, tanto pagados como no pagados, constituyen el principal reto del empleo femenino, de la igualdad de género y del bienestar de nuestra sociedad.

El Informe La Pobreza de las Mujeres en Europa, del Parlamento Europeo, plantea la necesidad de aplicar transversalmente la perspectiva de género tanto a la transición digital como a la transición verde para conseguir que ambas no solo se traduzcan en mayor igualdad de género, sino también en menor pobreza para las mujeres en los años venideros.

Creemos que es necesario añadir a estas dos transiciones gemelas una tercera transición, la de los cuidados y la igualdad de género, que permita avanzar en la justicia social, incluyendo los cuidados como un eje central de las políticas transformadoras. Sus objetivos serían, en primer lugar, resolver la falta de tiempo de las mujeres con servicios públicos de cuidado que liberen tiempo para ellas; en segundo lugar, revalorizar los empleos de cuidados, mejorar su cualificación con habilidades digitales y adecuar sus niveles salariales al conocimiento y responsabilidades que conllevan; por último, los servicios públicos no serán suficientes sin medidas legislativas y acciones que faciliten un reparto equitativo por sexos del cuidado no remunerado que se presta en el hogar, lo que requiere la colaboración de las empresas y empleadores en general.

Respecto a los dos primeros objetivos, el punto de partida ha de ser la aplicación a nuestro país de la Estrategia Europea de Cuidados, formulada en 2022. Entre sus propuestas están ampliar los objetivos de educación y cuidado de la infancia establecidos en Barcelona 2002 hasta el 50% para menores de tres años y al 96% hasta la educación obligatoria; elaborar planes nacionales de cuidados de larga duración, incrementando la oferta, profesionalización y calidad de los servicios, ampliando su cobertura geográfica e incluyendo también el apoyo a las cuidadoras informales, y un gran esfuerzo de formación, cualificación y mejora de las condiciones de trabajo del personal de cuidados, atajando los estereotipos de género respecto a los cuidados.

El tercer objetivo avanzaría considerablemente con la aplicación completa de la Directiva Europea sobre Equilibrio Familia Trabajo de 2019. Más allá de los permisos de paternidad obligatorios, iguales e intransferibles —que ya tenemos en España— hay que establecer incentivos para que los hombres se acojan también a otros permisos, excedencias y fórmulas laborales flexibles para cuidar. Esto contribuirá a redefinir culturalmente la masculinidad poniendo en el centro los cuidados, al reconocer que los hombres también necesitan conciliar familia y trabajo en diferentes momentos de su vida laboral, no solo cuando tienen hijos pequeños, sino para atender a mayores, enfermos o dependientes.

La transición de los cuidados y su reparto equitativo en pos de la igualdad de género ha de incorporar a otros actores y dimensiones, destacando el papel de empresas, sindicatos, medios de comunicación, sector educativo, ciudades, asociaciones, cooperación internacional, etcétera, en una transformación estructural tan indispensable como compleja.

Una financiación pública generosa, al igual que ocurre con las transiciones gemelas digital y verde, es imprescindible para garantizar esta tercera transición, trilliza de las dos anteriores. Se impone la consideración del gasto público en cuidados como una inversión que estimula la educación, el empleo y la productividad; contribuye a eliminar la pobreza, mejora la protección social y la propia calidad de los cuidados, y es clave para erradicar la discriminación de las mujeres. La Estrategia europea de cuidados propone orientar a tal fin un volumen considerable de los recursos del Fondo Social Europeo.

España debería abanderar con fuerza y decisión esta transición de los cuidados y para la igualdad de género e impulsar de forma efectiva su implementación durante el semestre de la presidencia española de la UE, un período lleno de oportunidades para visibilizar, potenciar y acelerar esta agenda en Europa y en España."

28/2/23

El complot contra el fútbol femenino... Después de la Primera Guerra Mundial, el fútbol femenino creció en popularidad y se unió al ascendente movimiento obrero. Convocó a miles y recaudó mucho dinero, hasta que la clase dirigente decidió que era demasiado radical y le cortó las piernas

 "En mayo de 1921, las esposas de los mineros de Platt Bridge, en Wigan, Inglaterra, organizaron un partido de fútbol contra el pueblo vecino de Abram. El resultado final fue de 4-1 a favor de Platt Bridge, que «rápidamente se puso por delante en el marcador y lo mantuvo hasta el final», según la crónica del partido publicada por el Wigan Observer. Fue un partido entre dos equipos improvisados en el barro y la ciénaga del campo de un granjero, muy lejos de la victoria de Inglaterra contra Alemania en la final de la Eurocopa femenina poco más de un siglo después. Y, sin embargo, asistieron unas 7000 personas, que pagaron medio chelín cada una por el privilegio, lo que supuso una recaudación de unas 500 libras en dinero actual.

Este fue uno de los primeros encuentros de lo que se conocería como «partidos de la sopa», jugados y organizados por mujeres de la clase obrera durante el cierre patronal de los mineros de 1921 y a menudo presenciados por una multitud de miles de personas. En una época de penurias desesperadas, cuando los hombres estaban en huelga en medio de una disputa salarial con los propietarios de las minas locales, las mujeres jugaban al fútbol para recaudar dinero y pagar los comedores de beneficencia que alimentaban a sus familias. Dos semanas antes del primer partido de Platt Bridge contra Abram, hubo que proporcionar un millón y medio de comidas a 182 000 niños de los distritos mineros de todo el país para garantizar que no pasaran hambre.

Los «partidos de la sopa» proporcionaron un alivio muy necesario a quienes luchaban en aquel momento en esa parte de Lancashire, mientras que encuentros similares también fueron organizados y jugados por mujeres en el noreste de Inglaterra. Se inspiraron en el fútbol femenino más organizado, que había crecido rápidamente por medio de equipos de la clase trabajadora durante la Primera Guerra Mundial y después de ella. La solidaridad y la compasión con los necesitados eran principios fundamentales de este nuevo y floreciente deporte, cuyos beneficios se donaban a causas benéficas.

Sin embargo, el mismo año en que se disputaron los primeros «partidos de la sopa», el fútbol femenino quedó prohibido. Y así seguiría durante los 50 años siguientes. Para entender por qué, es necesario rastrear el crecimiento de la popularidad de este deporte, hasta el punto de que llegó a considerarse un rival creíble —y quizás incluso una amenaza— para su equivalente masculino.

Fútbol de fábrica

Aunque su historia se remonta a finales del siglo XIX en Gran Bretaña, el fútbol femenino solo empezó a captar la atención del público durante la guerra. En una época en la que los roles tradicionales de género se desmoronaban rápidamente (aunque de forma temporal), las mujeres de clase trabajadora no solo sustituían a los hombres en el lugar de trabajo, sino también en sus actividades de ocio fuera de él. Muchas de las que entraron en las fábricas de municiones en tiempos de guerra empezaron a participar en las actividades recreativas para trabajadores organizadas por la empresa, de las que antes se habían beneficiado los hombres y de las que las mujeres habían sido excluidas de facto.

El fútbol era la más popular, por las mismas razones que lo era entre los hombres: era barato y sencillo de jugar, con un bajo umbral de exigencia inicial. Se organizaron equipos femeninos en todos los rincones del país, desde Glasgow y Bath hasta Swansea y Blackpool, e incluso surgió uno en la National Projectile Factory de Hackney Marshes, hogar espiritual del fútbol aficionado. Muchos de estos equipos surgieron de la industria de municiones en tiempos de guerra, pero las mujeres que trabajaban en el comercio minorista, la fabricación de alimentos y la ingeniería ligera también se reunieron para jugar. Se calcula que el año de la prohibición ya había 150 equipos femeninos.

El más famoso, con diferencia, era el Dick Kerr’s Ladies, con sede en Preston. El Dick Kerr’s se formó después de que las mujeres que trabajaban en la fábrica se burlaran de las aprendices por sus actuaciones en el campo de fútbol y las desafiaran a jugar. Su primer partido oficial tuvo lugar dos meses después, el día de Navidad de 1917, ante 10 000 espectadores en Deepdale. Dick Kerr’s se impuso por 4-0 a Coulthard’s Ladies. La trabajadora de la fábrica Grace Sibbert, cuyo marido estaba luchando en Francia, desempeñó un papel decisivo en la organización del partido, y la recaudación de 488 libras —unas 15 000 libras en dinero de hoy— se donó a un hospital local que trataba a soldados heridos.

Dick Kerr’s no solo se convirtió en el mejor y más conocido equipo femenino, llegando incluso a representar a Inglaterra en partidos internacionales no oficiales, sino que también fue celebrado por esta recaudación de fondos. La Football Association y la Football League habían sido muy criticadas por decidir no suspender el fútbol profesional masculino al estallar la guerra, pero un próspero fútbol femenino que se enorgullecía de su contribución al esfuerzo bélico demostró que el fútbol tenía un papel positivo que desempeñar, y esto continuó en los años posteriores al enfrentamiento bélico. Solo en 1921 el Dick Kerr’s jugó 67 partidos benéficos, recaudando el equivalente a 2,7 millones de libras esterlinas de hoy en día.

La historia de Dick Kerr’s dista mucho de ser la típica de todos los equipos de mujeres trabajadoras. Ninguno viajaba tanto; pocos salían siquiera de su área local y algunos se quedaban en los terrenos de sus propias fábricas, participando únicamente en partidos interdepartamentales. Sin embargo, la conciencia social demostrada por Dick Kerr y otros equipos femeninos tuvo una influencia más amplia en las comunidades obreras, sobre todo cuando comenzó el cierre patronal de los mineros en 1921. Una semana después del «partido de la sopa» de Platt Bridge y Abram, el Plank Lane Ladies de Bickershaw, en Leigh, jugó un partido de mujeres casadas contra mujeres solteras, al que asistieron unos 2000 espectadores.

Con el apoyo de los movimientos obreros locales, se celebraron más partidos en Pemberton, Ince y Hindley, que atrajeron a más público, y el dinero recaudado se donó a comedores sociales y fondos de ayuda. El «fútbol de la sopa» no era ni mucho menos tan formal u organizado como los partidos de Dick Kerr, y los informes de los periódicos locales sugieren que a menudo no había una única equipación uniforme, sino que las mujeres llevaban «camisetas de varios colores y diseños». Sin embargo, por muy improvisados que fueran estos encuentros, miles de personas se reunían para ver jugar al fútbol a las mujeres de las comunidades mineras, que a su vez se habían inspirado en las mujeres de clase obrera que trabajaban en la industria.

La barrera de género

Sin embargo, antes de que acabara el año, la FA cortaría de raíz el fútbol femenino. El organismo rector del fútbol inglés declaró, tras una reunión de su consejo —compuesto exclusivamente por hombres—, que el deporte era «bastante inadecuado para las mujeres» y que no debía fomentarse. «El consejo solicita a los clubes pertenecientes a la Asociación que se nieguen a utilizar sus campos para este tipo de partidos», rezaba la declaración. No se trataba de una prohibición absoluta (que habría sido imposible de aplicar), sino que impedía que las mujeres jugaran en campos más grandes y construidos a tal efecto, lo que obligaba a practicar este deporte en parques públicos y de forma indefinida.

El razonamiento oficial fue doble: en primer lugar, por «razones médicas», que el juego podría ser físicamente perjudicial para las mujeres; en segundo lugar, debido a las quejas sobre «la apropiación de los ingresos» del fútbol femenino. Ninguna de las dos alegaciones resistía un examen riguroso. La primera se apoyaba en la charlatanería, al punto que un médico llegó a afirmar que dar patadas a un balón es «un movimiento demasiado brusco para las mujeres». La segunda se refería en particular a Dick Kerr’s y al pago totalmente justificado de los gastos a las jugadoras. El Dick Kerr’s se comprometió a seguir adelante aunque tuviera que jugar en campos arados, y así lo hizo, hasta que se disolvió en 1965.

¿Qué motivó realmente la decisión de la FA? Por un lado, el deseo de defender la imagen popular del fútbol como un juego de hombres y un pasatiempo masculino. A medida que la sociedad británica intentaba volver a las formas sociales y a los roles de género de antes de la guerra, las mujeres eran expulsadas de los espacios que tradicionalmente habían sido dominados por los hombres. El fútbol no fue una excepción en ese sentido.

Sin embargo, muchos sostienen que también había un elemento de clase en juego. A medida que pasaban los años desde el final de la guerra, los destinatarios de la recaudación de fondos a través del fútbol femenino se volvieron, por naturaleza, menos explícitamente patrióticos y más políticos. El dinero no solo se donaba a causas relacionadas con el esfuerzo bélico, sino también para los pobres y los desempleados. Como escribe Barbara Jacobs en su historia de Dick Kerr’s, el fútbol femenino empezaba a considerarse un «deporte políticamente peligroso para quienes consideraban enemigos a los sindicatos».

«El contexto político de los partidos de la sopa, con grandes grupos de hombres y mujeres potencialmente revolucionarios reunidos, se habría considerado muy peligroso dado el temor al marxismo y al nuevo poder político de las mujeres», escribe la profesora Alethea Melling, cuya investigación sacó a la luz la historia de aquellos encuentros de 1921. Desalentar el fútbol femenino y cortar de raíz su popularidad fue un pequeño pero significativo baluarte contra la solidaridad más amplia de las mujeres de la clase obrera, tres años después de que obtuvieran el voto pero siete antes del sufragio femenino universal.

Deterioro dirigido

Si ese era uno de los objetivos de la prohibición, hay que reconocerle un desafortunado éxito. En la época de la Huelga General de 1926, cinco años después del cierre patronal de los mineros y de la declaración de la FA, apenas hay pruebas de que las comunidades obreras jugaran al fútbol femenino como medio de solidaridad. Curiosamente, la investigación de Melling sugiere que la policía sustituyó efectivamente el papel de las mujeres en partidos similares para recaudar fondos, jugando contra trabajadores en huelga en Wigan y Leigh, así como en otras partes del país. Sin embargo, estos partidos no lograron atraer a las mismas multitudes que los «partidos de la sopa».

Jane Oakley, una de las mujeres que jugó en los «partidos de la sopa», lamentó más tarde que se perdiera el impulso del fútbol femenino en la época del cierre patronal de los mineros. «Me encantaba patear el balón», dijo a Melling.

Con la prohibición de 1921, un deporte que podría haber prosperado se marchitó. La FA la levantó en 1971, pero la asistencia de decenas de miles de espectadores no se repetiría con seguridad ni regularidad en el fútbol inglés hasta nuestros días, y posiblemente solo hasta la Eurocopa de este verano. El promedio de asistencia a la Superliga Femenina sigue rondando los 2200 espectadores, una cifra significativamente inferior a la del Platt Bridge contra Abram. El fútbol femenino apenas está empezando a ganarse el reconocimiento que se merece desde hace tiempo, liderado por un organismo rector mucho más proactivo y progresista que reconoce que queda mucho trabajo por hacer.

En ese sentido, apenas estamos empezando a ponernos al nivel de las mujeres de Dick Kerr’s, Platt Bridge, Plank Lane Ladies y muchas otras hace un siglo. Su historia nos recuerda un hecho que ellas conocían bien, pero que fue ignorado durante 50 años o más: que el deporte de la clase obrera es y siempre ha sido también el de la mujer trabajadora."                  ( , JACOBINLAT, 22/02/23)

20/2/23

Preguntas y respuestas sobre la ‘ley trans’

 "La llamada ley trans fue, desde el inicio, compleja. Compleja en el articulado, en la tramitación y en el debate y las tensiones que ha generado: en el movimiento feminista, entre los grupos parlamentarios, dentro del Gobierno y dentro de un mismo partido, el PSOE. El Ejecutivo fijó su intención de que quedase aprobada antes de que acabase el 2022. No ocurrió y la norma tuvo que volver al Senado, de donde salió la pasada semana con algunas modificaciones técnicas. Pero, con todas las dificultades que ha conllevado, ha sido aprobada este jueves en el Congreso de los Diputados.

Es una de las normas estrella del Ministerio de Igualdad para esta legislatura, junto a la reforma de la ley del aborto, a la que también se dará luz verde en el pleno de esta mañana; y junto a la ya aprobada ley del solo sí es sí, cuyas primeras consecuencias —las rebajas de penas y excarcelaciones de reos de delitos sexuales—, han provocado que se intensificaran en los últimos meses las críticas de aquellos que se han posicionado en contra de esta legislación para otorgar derechos al colectivo LGTBIQ.

Aquí, algunas de las claves de la ley y del contexto en el que se ha tramitado.

¿Qué propone la ‘ley trans’?

El Proyecto de Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans y para la Garantía de los Derechos de las Personas LGTBI incluye medidas en el ámbito laboral, de la salud, educativo o administrativo con “el objetivo de desarrollar y garantizar los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (en adelante, LGTBI) para asegurar que en España se pueda vivir la orientación sexual, la identidad sexual, la expresión de género, las características sexuales y la diversidad familiar con plena libertad”.

Incluye, entre otras cuestiones, la prohibición de las terapias de conversión, incluso cuando cuenten con el consentimiento de la persona interesada o de sus representantes legales; el acceso a técnicas de reproducción asistida dentro de la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud para las mujeres lesbianas, bisexuales y aquellas sin pareja, que fue excluido hace siete años; y la filiación de los bebés para mujeres no casadas.

Pero el quid de todas las tensiones que se han producido desde el comienzo es el corazón de la norma, la autodeterminación de género: que una persona pueda cambiar de nombre y sexo en el DNI solo con su voluntad. Aunque el trámite no será inmediato, la legislación establece un proceso que puede alargarse hasta cuatro meses en el que la persona ha de declarar esa voluntad en dos ocasiones, la inicial y una segunda vez.

Y ese cambio se contempla a partir de los 12 años, por tramos de edad: a partir de los 16 sin requisitos, entre los 14 y 16 con consentimiento de sus representantes legales, y entre los 12 y 14 mediante autorización judicial.

¿Qué posición tiene cada partido?

Dentro de la previsible ruptura que iba a producirse entre los bloques de derechas e izquierdas, ha habido matices. Tanto el PP como Vox, en contra de la ley, presentaron una enmienda a la totalidad de devolución, es decir, querían frenar el trámite de la legislación sin presentar texto alternativo; enmiendas que fueron tumbadas en el Congreso el pasado octubre. Comparten la idea de la “ideologización” de la normativa, y también, aunque de forma distinta, la patologización de la transexualidad. Mientras que Vox hablaba de “trastorno psicológico”, el PP lo hacía arguyendo que debería seguir existiendo “un informe médico que diagnostique una disforia de género”, como sucede hasta ahora.

Al otro lado, con diferencias, han estado tanto Ciudadanos como la izquierda. El partido naranja se mostró siempre favorable a la ley, aunque hubo cuestiones con las que no estuvieron de acuerdo, como la vía de urgencia con la que se tramitó. Y los tradicionales socios del Ejecutivo de coalición, como PNV, Junts, BNG o Esquerra, a favor, también introdujeron enmiendas al articulado de la norma; lo que fue tomado por Unidas Podemos a lo largo de la tramitación como algo positivo para “mejorar la ley”.

Sin embargo, ha sido la autodeterminación de género el punto que ha provocado la ruptura dentro de su socio de Gobierno, el PSOE. Dentro del partido socialista había, y hay, un grupo de mujeres que, alineadas con los argumentos de parte del movimiento feminista y los populares, creen que esta normativa supone un peligro para los derechos adquiridos por las mujeres y para legislación en vigor, como la ley de igualdad o contra la violencia de género.

¿Qué opina el movimiento feminista?

El 8-M de 2022, por primera vez en la historia, el feminismo caminó separado. Hubo dos manifestaciones en una veintena de ciudades españolas y en Madrid, que marca el pulso de este día, se convocó a la misma hora con recorridos diferentes. Y aunque la abolición de la prostitución era el eje visible de esa ruptura, de fondo estaba latente la autodeterminación de género, que ha llevado a diferentes organizaciones, cercanas a socialistas veteranas, a posicionarse contra esta legislación y a pedir cambios profundos en su articulado. Esa escisión volvió a darse el Día contra la Violencia de Género, el 25 de noviembre, y volverá a ocurrir este 8 de marzo.

Estas organizaciones afirman que la ley “borra a las mujeres” porque entre otras cuestiones, y según su argumentario, tendrá consecuencias sobre “la salud de la infancia, sobre los derechos de las mujeres” y “en las leyes que protegen a las mujeres, como la ley contra la violencia machista o la ley de igualdad”. También que la terminología legislativa que se ha usado “oscurece la existencia del sexo biológico”, puesto que el concepto es identidad de género, que “no es una identidad, sino el conjunto de normas, estereotipos y roles, impuestos socialmente a las personas en función de su sexo”. Para los menores, pedían que se limitaran “las decisiones que afectarán el resto de su vida”.

¿Cuál es la posición del colectivo LGTBIQ?

Desde la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más explican que llevan décadas pidiendo lo que ahora recoge la norma: “Que no se nos trate como enfermas y que haya igualdad ante la ley, reconocer nuestra identidad sin tutelas”. Sin despatologización y reconocimiento de su identidad, dicen, seguirán siendo “ciudadanas de segunda categoría”. Y, en cuanto al “borrado de las mujeres”, responden que “no se pretende borrar el sexo biológico, porque no se puede, y las personas trans son conscientes de ello. Lo único que se pretende es que este sexo biológico no determine la identidad de nadie”.                 (Isabel Valdés , El País, 16/02/23)

26/1/23

Yo apoyo la ley trans, pero... Carta abierta a Irene Montero

 «Sra. Ministra Irene Montero:

He oído que usted va afirmando -en cuantos foros comparece- que las feministas nos oponemos a la Ley Trans porque somos «tránsfobas».

Déjeme decirle que, al menos por mi parte, y -me consta- por parte de muchísimas feministas que conozco, nada puede estar más alejado de la realidad. Antes al contrario: muchas estaremos encantadas de apoyar esa ley, porque -como siempre ha hecho el Feminismo- nos solidarizamos con otras luchas, ya que odiamos la discriminación. Demasiado la seguimos sufriendo en nuestras propias carnes. Por tanto, nada hay que objetar a la voluntad política de que se amplíen los deseos, expectativas, calidad de vida, etc. del colectivo LGTBI+, como los de cualquier otro colectivo discriminado. Y, por mi parte (no puedo hablar en nombre de otras compañeras), tiene mi apoyo más decidido para llevar a cabo tal política, aprobando la Ley Trans.

Pero (siempre hay un pero), como debe saber, a las feministas nos preocupan los derechos de las mujeres y no retroceder un ápice en los ya conseguidos. Por eso, para comprometer mi apoyo al proyecto de Ley Trans, es suficiente con que garantice que los derechos de las mujeres (y también los de la infancia), no se verán comprometidos. Espero que comparta conmigo que velar por dichos derechos, en ningún caso puede ser considerado «transfobia».

Veamos algunos ejemplos de las cuestiones que, una vez salvadas con su garantía personal y recogidas en el texto del proyecto, me permitirían dar mi total apoyo a la Ley Trans:

  • Basta con que garantice que las mujeres somos, como dicen la biología y la ciencia -e incluso la RAE- las hembras humanas adultas. Y que tenemos el derecho exclusivo a utilizar la palabra «mujer», desde siempre nuestra. También que se prohíbe expresamente pretender reducirnos a funciones biológicas, nombrándonos por ellas o por fracciones de nuestros cuerpos. Compartirá conmigo que debemos huir de ese tipo de esencialismos biologicistas que, además, son machistas por cosificadores y reduccionistas. Por eso mismo, quizá se podrían asociar sanciones (de hasta 150.000 euros?) a quien nos designe incorrectamente.

Además, compartirá conmigo la necesidad de utilizar palabras distintas para realidades distintas: Y no es lo mismo ser mujer, tener biología de mujer y recibir una socialización femenina, que sentirse mujer, tener biología de hombre y recibir una socialización masculina. No contribuyamos a ceremonias de confusión, y busquemos otra palabra para quienes se sienten mujeres. Porque la palabra «mujer», ya está ocupada.

  • Sin perjuicio, de lo anterior, basta con que garantice, por el contrario, la adecuada denominación de la biología femenina, sus partes, sus procesos, siempre en un contexto que no nos cosifique. Y que considerar estas palabras o términos (madre, endometriosis, menstruación, etc. como «tránsfobos» será objeto de multa (¿de hasta 150.000 euros?).
  • Basta con que garantice que se modificará simultáneamente la Ley orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, de forma que se equipare el régimen sancionador por misoginia, al que la Ley trans establece para la transfobia.
  • Basta con que garantice que las mujeres trans son mujeres solo en sentido legal, que es el único para lo que el poder legislativo es competente. Por lo que afirmar la realidad científica de que un hombre no puede ser una mujer, en ningún caso puede ser sancionado.
  • Basta con que garantice que esta ley no confundirá, en ningún caso, «sexo» con «género».
  • Basta con que garantice que se mantendrán las estadísticas desagregadas por sexo, sin distorsionar por ninguna otra variable, ya que ello es conditio sine qua non para medir la opresión de las mujeres y legitimar la acción positiva para corregirla.
  • Basta con que garantice que se mantendrán absolutamente todos los espacios de seguridad exclusivos para mujeres.
  • Basta con que garantice que se mantendrán todos los espacios de intimidad solo para mujeres.
  • Basta con que garantice que se mantendrán, exclusivamente para mujeres, las medidas de acción positiva instauradas para remover la discriminación debida a nuestro sexo, incluidas las cuotas de cualquier naturaleza.
  • Basta con que garantice que ayudas, subvenciones, premios, reconocimientos, etc. destinados a mujeres, se nos otorguen exclusivamente a nosotras.
  • Basta con que garantice que las instituciones (y sus denominaciones) destinadas a las mujeres, seguirán ocupándose en exclusiva de nosotras; y que explicitarán en su denominación ese contenido.
  • Basta con que garantice que, cuando hablemos de perspectiva de género, nos estamos refiriendo a la perspectiva -históricamente omitida- de las mujeres; que cuando nos refiramos al enfoque de género, estamos hablando de la incorporación de la visión de las mujeres a áreas, ámbitos o actividades hasta ese momento exclusiva o mayoritariamente dominadas por un enfoque androcéntrico. Que cuando hablemos de presupuestos con perspectiva de género, nos estamos refiriendo a la contribución de la financiación pública para reducir o erradicar la desigualdad entre hombres y mujeres.
  • Basta con que garantice que cuando utilicemos la expresión violencia de género, nos estamos refiriendo -como siempre- a lo que dice la Ley 1/2004: a la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.
  • Basta con que garantice que la práctica deportiva y las competiciones de dicha naturaleza se mantendrán por sexo, asegurando el «fair play«, principio básico de la práctica y la competición deportiva. Ya que sin esa garantía, el deporte femenino, que ahora estaba en clara expansión, volvería a la total irrelevancia.
  • Basta con que garantice que se respetará escrupulosamente la orientación sexual de las lesbianas sin que nadie ose decir lo que les tiene que gustar o lo que no, bajo fuertes multas (¿de hasta 150.000 euros?) a quienes eso hagan. O a quienes pretendan realizar actuaciones clínicas o realizar terapias de conversión para modificar su orientación sexual.
  • Basta con que nos asegure que la infancia y la adolescencia no se tocan.
  • Basta con que garantice que cualquier tratamiento hormonal solo podrá instaurarse a partir de una etapa vital que asegure la madurez suficiente, nunca antes de los 16 años y con la garantía de haber descartado previamente otras patologías que puedan ser el origen, o coadyuvar, a la disforia.
  • Basta con que garantice que la atención a la disforia en edades previas a los 16 años, consistirá en ayuda clínica y espera atenta y jamás en tratamientos invasivos y/o irreversibles.
  • Basta con que garantice que los tratamientos denominados «de transición» no sean de experimentales y que, por el contrario, estén avalados por estudios clínicos y científicos longitudinales que dejen constancia de su inocuidad o, si no es así, que sean transparentes en cuanto a su beneficio real esperado, efectos secundarios en función de su frecuencia de aparición,  etc.
  • Basta con que garantice que hasta alcanzar la mayoría de edad, nadie podrá solicitar la mutilación de su cuerpo sano.
  • Basta con que se apliquen sanciones de hasta 150.000 euros a cualquiera que incumpla las condiciones de los 5 apartados anteriores.

En fin, me imagino que mis compañeras feministas tendrán otras cuestiones por el estilo. Pero, como verá, ni quiero objetar la Ley Trans ni estoy en contra de ningún avance al respecto. Con la lógica limitación -que espero comparta- de que la legislación que propone no suponga en caso alguno la minoración o pérdida de derechos de las mujeres o empeore su calidad de vida. Con eso me basta.

De hecho, observará también que ni siquiera reivindico mejoras en la situación de desigualdad que sufrimos las mujeres. Creo que es esa, justamente su responsabilidad, y aún confío en que ponga todo el esfuerzo y los medios para corregir las grandes injusticias debidas a la desigualdad que experimentamos las mujeres por haber nacido con el sexo al que se asigna el género peor parado. Ese que nos inferioriza y del que nace toda la injusticia que padecemos. Le queda apenas un año para ponerlas decididamente en marcha.

Porque mire, antes pensaba que dinamitar la asignación de género a los sexos incluso podría llegar a ayudar a alcanzar uno de los principales objetivos del Feminismo, como sabrá, la abolición del género. Para mi sorpresa, me encuentro, por el contrario, con que el género es tan inmutable e indiscutible que, si algo se equivoca, es la naturaleza y nunca unas normas sociales pensadas para oprimir a las mujeres. Ya ve que hasta qué punto me equivocaba yo también.

En fin, como le decía, bastará pues con las garantías antes mencionadas y alguna otra de menor cuantía para que, no solo no me oponga a ningún derecho LFTBI+ ¡faltaría más!, sino que apoye decididamente la regulación de cuestiones conducentes  a la mejora de la calidad de vida de dicho colectivo y a que se impida su injusta discriminación. Porque esos objetivos los comparto íntegramente. Es más, con toda sinceridad le digo que estaré orgullosa de un país que consiga avanzar en la erradicación de la discriminación del colectivo LGTBI+; como la de cualquier otro colectivo discriminado.

Aunque me permitirá que abogue porque -como mínimo y simultáneamente- se erradique la opresión y la discriminación que afecta a más de la mitad de la ciudadanía de este país, las mujeres. Y si tiene la tentación de apelar a la interseccionalidad y la diversidad, desde ya le hago notar que con esas políticas también conseguirá la mejora de la vida de las mujeres discapacitadas, la de las inmigrantes, la de las otras etnias, la de las del propio movimiento LGTBI+…

En fin, quedo a la espera de su contestación favorable, de la que no dudo, ya que ocupa la cartera de igualdad. Por cierto, ¿ve la importancia de que organismos, instituciones, etc. en principio destinadas a la igualdad entre mujeres y hombres, lo indiquen expresamente? Porque, de lo contrario, como ha pasado, las mujeres ahora solo somos un aspecto -y además minoritario- de las preocupaciones de su Ministerio ¡Nosotras que creíamos que su principal misión era la de desarrollar las políticas de igualdad de derechos entre mujeres y hombres y la de erradicar la violencia machista, aunque solo fuera porque somos más de la mitad de la ciudadanía de este país, y una ciudadanía oprimida! En cambio, observo que les debe preocupar tan poco el tema de la igualdad entre mujeres y hombres, que ni siquiera ha tenido usted hueco para recibir a las feministas y escuchar sus demandas.

Por eso siento molestarla para distraerla de sus, al parecer, más importantes preocupaciones, para aprovechar esta carta y decirle que los asesinatos de mujeres que llevamos en esta legislatura (dos esta semana pasada) revelan con claridad que algo falla cuando la lucha por el derecho más esencial de cualquier persona, su derecho a la vida, si es arrebatado en nombre de la violencia machista, no tiene más respuesta institucional que un tuit, por muy afectuoso que esta sea. Y solo nos falta que avale la «furia trans», que, a poco que se descuide, puede incrementar la violencia contra las mujeres.

Me despido aquí, deseando sinceramente poder apoyar la Ley trans una vez me proporcione las garantías solicitadas. Mientras, reciba un cordial saludo.»                 (Amparo Mañes  , Tribuna Feminista, 02/11/22)

13/1/23

Žižek: Meloni, Isabel II, la película La Mujer Rey, y las protestas generalizadas en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini, son cuatro acontecimientos con mujeres como protagonistas que reflejan rasgos esenciales del panorama político actual... El papel central de las mujeres en el moviminento de derechas en Europa todavía no ha recibido la atención que se merece... Las lideresas de derechas como Meloni y Marine Le Pen se presentan como alternativas más sólidas a los tecnócratas masculinos tradicionales... encarnan un fascismo con rostro humano... La monarquía irradia compasión, amabilidad y patriotismo... los monarcas representan no la trascendencia de la ideología, sino más bien la ideología en su forma más pura... La Mujer Rey es una película de épica histórica sobre las agojie, una unidad de guerreras que protegió el reino africano occidental de Dahomey, también trata de la lógica política de la monarquía, la forma de feminismo preferida por la clase media liberal occidental... condenarán sin tapujos todas las formas de lógica binaria, patriarcado y trazas de racismo en el lenguaje cotidiano, pero se cuidarán mucho de perturbar las formas de explotación más profundas... en cambio Las masivas protestas en Irán tienen una significancia histórica mundial, ya que combinan distintas luchas (contra la opresión a las mujeres, la opresión religiosa y el terrorismo de estado) en una unidad orgánica. Si bien ha movilizado a millones de mujeres de a pie, habla de una lucha mucho más amplia, y rehúsa la tendencia antimasculina que suele haber en el feminismo occidental... lo que está ocurriendo en Irán es algo que todavía está por acontecer en el mundo occidental desarrollado, en que se están acelerando las tendencias hacia la violencia política, el fundamentalismo religioso y la opresión de las mujeres... somos nosotros quienes tenemos que aprender de los iraníes si hemos de tener alguna posibilidad de confrontar la violencia y la opresión de derechas en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Rusia y tantos otros países... Todo el parloteo relativista sobre especificidades y sensibilidades culturales ha dejado de tener significancia. Podemos y debemos ver la lucha de los iraníes como sinónimo de la nuestra. No necesitamos lideresas femeninas ni Mujeres Reyes, sino mujeres que nos movilicen a todos en torno a consignas como “mujer, vida, libertad” y contra el odio, la violencia y el fundamentalismo

  "Mujer, vida, libertad y la izquierda.

 Cuatro acontecimientos con mujeres como protagonistas han llegado a los titulares noticiosos durante el último mes: la electoral de Giorgia Meloni en Italia, de la Reina Isabel II, el estreno de la película La Mujer Rey y las en Irán tras el asesinato de Mahsa Amini por parte de la policía de la moral de ese país. Si se las toma en conjunto, esas cuatro historias reflejan rasgos esenciales del panorama político actual.

En momentos en que la izquierda no ha podido ofrecer una respuesta adecuada a la crisis de la democracia liberal, no cabe sorprenderse por el ascenso de nuevos gobiernos de derechas en Europa. Pero el papel central de las mujeres en este movimiento todavía no ha recibido la atención que se merece. 

Las lideresas de derechas como Meloni y Marine Le Pen en Francia se presentan como alternativas más sólidas a los tecnócratas masculinos tradicionales. Encarnan tanto la dureza derechista como características que, por lo general, se asocian con la femineidad, como el énfasis en los cuidados y la familia: un fascismo con rostro humano.

 Ahora pensemos en el espectáculo televisado del funeral de Isabel II, que subrayó una interesante paradoja: a medida que el estado británico se ha ido alejando de su pasado estatus de superpotencia, la capacidad de su familia real de inspirar ensueños imperiales no ha hecho más que aumentar. No deberíamos descartar esto como una ideología que enmascara relaciones de poder reales. Más bien, las fantasías monárquicas son ellas mismas parte del proceso por el cual se reproducen las relaciones de poder. La muerte de Isabel II nos recordó la distinción moderna entre reinar y gobernar, con la primera hoy confinada únicamente a deberes ceremoniales. 

Se espera que el monarca irradie compasión, amabilidad y patriotismo, y que se mantenga alejado de los conflictos políticos. Como tales, los monarcas representan no la trascendencia de la ideología, sino más bien la ideología en su forma más pura. Durante siete décadas, la función de Isabel II fue ser el rostro del poder estatal. Puede que la coincidencia de su fallecimiento con el ascenso al poder de la Primera Ministra Liz Truss haya dependido mucho de la contingencia, pero también ha sido profundamente simbólica del paso de Reina al de Mujer Rey. 

(...) La Mujer Rey de Gina Prince-Bythewood también trata de la lógica política de la monarquía: una película de épica histórica sobre las agojie, una unidad de guerreras que protegió el reino africano occidental de Dahomey entre los siglos diecisiete y diecinueve. La actriz Viola Davis representa el papel de Nanisca, una general de ficción, subordinada solo al Rey Gezo, figura histórica que gobernó Dahomey de 1818 a 1859, y que participó en el comercio de esclavos africanos hasta el final de su reinado.

En la película, entre los enemigos de las agojie se encuentran comerciantes de esclavos liderados por Santo Ferreira, personaje ficticio basado vagamente en Francisco Félix de Sousa. Pero, de hecho, de Sousa fue un comerciante de esclavos brasileño que ayudó a Gezo a llegar el poder, y Dahomey fue un reino que conquistó otros estados africanos y vendió como esclavos a sus pueblos. Aunque Nanisca aparece protestando frente al rey contra el comercio de esclavos, las agojie históricas en realidad lo apoyaron.

Así, La Mujer Rey promueve una forma de feminismo preferida por la clase media liberal occidental. Al igual que las actuales feministas del #MeToo, las guerreras amazonas de Dahomey condenarán sin tapujos todas las formas de lógica binaria, patriarcado y trazas de racismo en el lenguaje cotidiano, pero se cuidarán mucho de perturbar las formas de explotación más profundas que sustentan el capitalismo global moderno y la persistencia del racismo.

 Esta postura implica atenuar la importancia de dos hechos básicos acerca del esclavismo. Primero, los tratantes blancos de esclavos apenas tuvieron que pisar suelo africano, ya que los africanos privilegiados (como el reino de Dahomey) les proveían de un amplio suministro de esclavos frescos. Y, en segundo lugar, el comercio de esclavos estaba generalizado no solo en África occidental, sino también en sus áreas del este, donde los árabes esclavizaron a millones de personas y donde la institución duró más que en Occidente (Arabia Saudí no lo abolió formalmente sino hasta 1962). 

 En efecto, Muhammad Qutb, hermano del intelectual musulmán egipcio Sayyid, defendió intensamente el esclavismo islámico de las críticas occidentales. Argumentando que “el islam dio dignidad espiritual a los esclavos”, contrastó el adulterio, la prostitución y el sexo ocasional (“esa forma tan odiosa de animalismo”) que había en Occidente con “el vínculo puro y espiritual que une a una doncella [una chica esclava] con su amo en el islam”. 

 Todavía se pueden escuchar esos planteamientos en algunos eruditos salafistas conservadores, como el Jeque Saleh Al-Fawzan, miembro de la más alta entidad religiosa de Arabia Saudí. Pero uno no los conocería si solo escuchara a los liberales occidentales de clase media. Por fortuna, los vínculos históricos del islam no tienen por qué obstaculizar el potencial emancipatorio de las sociedades musulmanas.

 Las masivas protestas en Irán tienen una significancia histórica mundial, ya que combinan distintas luchas (contra la opresión a las mujeres, la opresión religiosa y el terrorismo de estado) en una unidad orgánica. Irán no es parte del Occidente desarrollado, y el eslogan de los y las manifestantes “Zan, Zendegi, Azadi” (“mujer, vida, libertad”) no es una mera imitación del feminismo occidental o el #MeToo. 

Si bien ha movilizado a millones de mujeres de a pie, habla de una lucha mucho más amplia, y rehúsa la tendencia antimasculina que suele haber en el feminismo occidental. Los hombres iraníes que cantan “Zan, Zendegi, Azadi” saben que la lucha por los derechos de las mujeres lo es también por su propia libertad, y que la opresión de las mujeres no es más que la manifestación más visible de un sistema de terrorismo de estado más amplio.

 Más aún, lo que está ocurriendo en Irán es algo que todavía está por acontecer en el mundo occidental desarrollado, en que se están acelerando las tendencias hacia la violencia política, el fundamentalismo religioso y la opresión de las mujeres. En Occidente no tenemos derecho a tratar a Irán como un país que intenta desesperadamente ponerse al día con nosotros. Más bien somos nosotros quienes tenemos que aprender de los iraníes si hemos de tener alguna posibilidad de confrontar la violencia y la opresión de derechas en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Rusia y tantos otros países. 

Cualquiera sea el resultado inmediato de las protestas, lo crucial es mantener vivo el movimiento mediante la organización de redes sociales que sigan operando de forma subterránea en caso de que las fuerzas de la opresión estatal logren una victoria temporal. No basta con expresar simpatía o solidaridad con los y las manifestantes iraníes, como si pertenecieran a una cultura exótica y distante. Todo el parloteo relativista sobre especificidades y sensibilidades culturales ha dejado de tener significancia.

 Podemos y debemos ver la lucha de los iraníes como sinónimo de la nuestra. No necesitamos lideresas femeninas ni Mujeres Reyes, sino mujeres que nos movilicen a todos en torno a consignas como “mujer, vida, libertad” y contra el odio, la violencia y el fundamentalismo."               (