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12/5/21

El experimento de la renta básica en California

 "Un grupo de 125 residentes de Stockton, una ciudad de California, recibieron durante un año 500 dólares mensuales que podían gastar en lo que querían; y lo utilizaron para pagar deudas, aplicar a trabajos y capacitarse para conseguir empleos de mayor calidad.

 El experimento durará dos años y tiene como objetivo evaluar si el otorgamiento de una Renta Básica Universal disminuye el incentivo a buscar empleo. Para entenderlo en criollo, buscar saber si "todos los pobres son vagos y planeros". 

El experimento se denominó Demostración de Empoderamiento Económico de Stockton (SEED, según sus siglas en inglés) y fue promovida por el ex alcalde de la ciudad, aunque financiada por donantes filantrópicos de manera privada, incluida una organización sin fines de lucro dirigida por el cofundador de Facebook, Chris Hughes.

Consistió en seleccionar al azar a 125 residentes de la ciudad con un salario medio igual o menor a 46 mil dólares para transferirles 500 dólares mensuales sin condiciones: se les permitió gastarlo como les pareciera conveniente y no estaban sometidos a ningún test de drogas, entrevistas o requisitos laborales. También se seleccionó aleatoriamente un grupo de otras 200 personas demográficamente similares para comparar la evolución en los dos años que dura el experimento. 

Los resultados preliminares a un año de comenzado el ensayo juegan a favor de la Renta Básica Universal: al comienzo, 28 por ciento de los que recibían el pago tenían un empleo a tiempo completo. Doce meses después, la cifra ascendió al 40 por ciento. En el grupo de control, un 32 por ciento trabajaba a jornada completa al empezar el estudio, y un año después solamente había subido al 37 por ciento.

La categoría de gasto más grande cada mes fue comida, seguido de ventas / mercadería (que probablemente también fueron compras de alimentos al por mayor en hipermercados). Otras categorías principales cada mes fueron el pago de servicios públicos y cuidado del automóvil o transporte. Menos del 1 por ciento de las compras fueron para tabaco y alcohol.

Más allá del resultado en términos materiales, también resultó positivo para la salud mental. En el informe de resultados del estudio se incluyen algunas experiencias particulares.

"Me quedé en un matrimonio abusivo por mucho más tiempo del que debería haber estado, porque no tenía los fondos ni los medios para irme ", explica Chelsea y agrega que si algo como SEED hubiera aparecido antes en su vida, habría podido dejar esa relación varios años antes. Con los 500 dólares, decidió saldar y adelantar los pagos para asegurar la guardería de sus hijos. 

Uno de los participantes explicó cómo los pagos en efectivo le permitieron realizar una pasantía no remunerada que finalmente lo llevó a un trabajo remunerado. Otro explicó que el pago le permitió reducir sus horas de trabajo para capacitarse para ser martillero y conseguir un mejor empleo.

Si bien se discute en términos teóricos hace años, el dilema de la Renta Básica Universal se instaló con fuerza en Estados Unidos después de que uno de los precandidatos demócratas, el empresario Andrew Yang, anunciara que financiaría un programa de este estilo como parte de su campaña: le entregaría mil dólares por mes a diez familias por el plazo de un año.

Con la crisis causada por la Covid-19, varios países comenzaron a poner en agenda la posibilidad de otorgar una Renta Básica Universal. Argentina no fue la excepción y, en diálogo con Página 12, el ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo dejó en clara su postura: "Estoy muy a favor de una renta básica universal acompañada de trabajo social garantizado y acceso a los servicios básicos". Y explicó que siempre la pensó no como una renta básica al “modelo europeo”, continente en que existe más que nada un problema de ingresos, sino agregándole la complejidad que la situación argentina demanda: tiene que estar asociada al trabajo. "A mí me parece que no se puede entender el problema social argentino sin vincular trabajo, ingresos y acceso a servicios. Escindir una de la otra es claramente un error", concluyó el ministro. 

La idea pura de una Renta Básica con las características de general, no condicionada y permanente no existe en ninguna parte del mundo. Las medidas más cercanas son en Alaska, Estados Unidos, que distribuye cada año a todos sus ciudadanos las ganancias por la actividad petrolera. También en Finlandia y en algunos casos a nivel local en California. Si bien podría funcionar en su manera pura para lugares poco poblados, el gasto que esto implica para sostenerlo a nivel país se hace inaplicable. Por eso aparecen variantes que se adaptan a la idiosincrasia y capacidad de cada país. "             (Natalí riso, Página12, 30/03/21)

28/5/20

Conclusiones del experimento de la renta básica en Finlandia: no activa el mercado pero sí mejora la salud mental

 "El 1 de enero de 2017, Finlandia comenzó el experimento más cuidadoso de renta básica llevado a cabo en un país desarrollado. 

Se seleccionó al azar a dos mil desempleados de larga duración, de edades entre 25 y 58 años, que eran en ese momento receptores de una prestación, sometida a evaluación de medios económicos, de renta minima de 560 euros mensuales. Durante dos años se les otorgó esa misma cantidad incondicionalmente, sin atender a con quién estaban viviendo, cuánto ganaban y si estaban buscando activamente empleo.

El experimento concluyó, tal como estaba planeado, el 31 de diciembre de 2018. Puesto que los investigadores querían observar a los sujetos con la mayor tranquilidad posible, anunciaron que publicarían su informe final tan solo después de que pudieran recogerse y analizarse todos los datos administrativos. Este informe se publicó el 6 de mayo.

Pregunta clave 

Una pregunta clave a la que se proponía responder el experimento era si el carácter incondicional de la prestación impulsaría o deprimiría la participación de los beneficiarios en el mercado de trabajo. ¿Mejoraría esta, como consecuencia de que no se redujera o perdiese al empezar un trabajo? ¿O aminoraría la participación, como consecuencia de que los beneficiarios ya no se vieran forzados a seguir buscando un trabajo o a aceptarlo cuando lo hubiera disponible?

En el primer año del experimento, tal como queda documentado en un informe preliminar publicado el año pasado, fue ligeramente positiva la diferencia en dias de trabajo —aquellos en los que al menos se ganan 23 euros gracias a un salario o al autoempleo— con respecto al grupo de control, pero no estadísticamente significativa. Algunos temían, no obstante, que la pertinencia de conjunto del experimento quedara hecha trizas como resultado de una reforma de política social de envergadura que entró en vigor precisamente al inicio del segundo año.

El 1 de enero de 2018, el gobierno finlandés de centro-derecha introdujo el llamado ‘modelo de activación’, una reforma general de los programas de prestaciones sometidas a evaluación de medios económicos que los hacía mucho más restrictivos: si los receptores de prestaciones no lograban trabajar un número suficiente de horas o seguir una formación adecuada en cada distrito, sus prestaciones iban a ser reducidas en cerca de un 5%.

Esta reforma, anulada por el actual gobierno de Finlandia, estuvo en vigor a lo largo del segundo año del experimento y se ha aplicado, a comienzos del año, a cerca de dos tercios del grupo de control. Se aplicó también a algo menos de la mitad de miembros del grupo experimental, porque podrían reclamar, además de su renta básica, prestaciones por hijo sometidas a evaluación de medios económicos, de unos 150-300 euros, de acuerdo con el número de hijos a su cargo, y prestaciones de vivienda, con evaluación de medios económicos, de hasta 600 euros o más, de acuerdo con su lugar de residencia.

El empleo subió en ambos grupos del primero al segundo año. Es imposible decir en qué medida se ha debido al ‘modelo de activación’, puesto que no se llevó ningún experiment al azar. Sin embargo, sea grande o pequeño, este efecto era necesariamente más significativo en el grupo de control que entre los receptores de la renta básica, pues pocos de estos últimos se sentían concernidos por la restricción de esta condicionalidad.

La pregunta se convierte entonces en: la puesta en práctica de este modelo de activación, con su énfasis mayor en el control que en el grupo experimental, ¿invalidó la ligera ventaja de los receptores de la renta básica en términos de participación en el mercado laboral? No la invalidó. Por el contrario, la brecha se amplió considerablemente y se volvió estadísticamente significativa: en el segundo año, los receptores de la renta básica trabajaron de media seis días más al año que los individuos del grupo de control. Y si no hubiera tenido lugar la reforma de activación, se puede conjeturar de manera segura que este diferencial habría sido incluso mayor.

Efecto estructural 

¿Basta esto para mostrar que una renta básica incondicional es una buena idea? Por supuesto que no. Apenas contribuye siquiera a mostrar si una renta básica incondicional, introducida a esa escala en el marco actual de Finlandia, sería económicamente sostenible.

Ningún experimento al azar puede ayudarnos con esa pregunta sin incluir en la muestra a gente que actualmente está trabajando y a la que se le habilitaría —según lo planeado— para reducir su tiempo de trabajo o tomarse un descanso, gracias a la renta básica. Tampoco podemos responder la pregunta sin tener en cuenta las implicaciones que debería tener una renta básica generalizada para las características fiscales, de los cuales no se hizo ninguna simulación en el experimento.

Lo que es importantísimo es que la sostenibilidad a largo plazo de una generosa renta básica incondicional descansa menos sobre el impacto inmediato en la población activa que en el efecto estructural sobre la salud, habilidades y motivación que pueden esperarse de un ir y venir más regular de por vida entre el empleo, la educación y las actividades voluntarias.

Al mostrar un impacto positivo sobre el empleo, el experimento no demostró la sostenibilidad económica de una renta básica de 560 euros, condicionalmente complementada en los diversos modos antes mencionados. Tampoco se suponía que debiera hacerlo. Pero produjo interesantes resultados que estimularán más reflexiones acerca de cómo introducir gradualmente una renta básica y las medidas de acompañamiento que facilitarían la transición.

Un resultado llamativo, por ejemplo, es el relativo a la cuarta parte de aquellos sujetos con lengua maternal distinta del finés o el sueco. En esta categoría, que consta principalmente de inmigrantes recientes, los receptores de la renta básica trabajaron de media trece días más que el grupo de control correspondiente, mientras que la diferencia era sólo de 3,6 días para los demás.

También significativo es que el efecto positivo se dio menos en Helsinki (1,8 días más de empleo) que en los municipios rurales (7,8 días más), donde las prestaciones de vivienda con evaluación de medios económicos son menos frecuentes y más reducidas y, por lo tanto, la trampa del desempleo restante es menos profunda. Por contraposición, pese a la disponibilidad de prestaciones por hijo con evaluación de medios económicos, el efecto positivo del régimen de renta básica fue mayor en hogares con hijos (13,7 días más) y para los padres/madres solteras (9,5 días) que en hogares sin hijos (1,6 días más).

Percepciones subjetivas 

No menos interesantes son los resultados que se basan en un estudio realizado al final del segundo año con miembros de los grupos experimentales y de control. Estos resultados se habían registrado ya en el informe preliminar a la luz de entrevistas en profundidad. Apareció una diferencia estadísticamente significativa en favor de los receptores de la renta básica en su percepción subjetiva de la salud y el estrés, y de su confianza en otras personas e instituciones.

Hacer más fácil para los excluidos el acceso al mercado de trabajo constituye una finalidad importante de la reforma de la renta básica. Pero no significa en absoluto que sea la única. Su objetivo más amplio estriba en hacer más resiliente y justa nuestra sociedad, al incrementar la seguridad económica y la libertad de elección de quienes tienen menos de esto.

Hace cuatro años, Suiza organizó un valiente referéndum nacional sobre una propuesta de renta básica muy audaz. Unos cuantos meses más tarde, comenzó Finlandia un experimento cuidadosamente diseñado para la vida real en una version bastante más modesta. Cualesquiera que fuesen sus limitaciones, este experimento proporciona material de reflexion y actuación a todos los que creen que la renta básica es el camino a seguir.
Y cuando la pandemia resquebraja la seguridad económica de tantos en todo el mundo, hay más gente así que nunca. ¡Gracias, Finlandia!"           

(Philippe van Parijs , miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. Fundador de la Basic Income European (desde 2004 Earth) Network (BIEN). Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas, Sociales y Políticas de la Universidad de Lovaina (UCL), Sin Permiso, 10/05/20)


"El primer ensayo de renta básica nacional de Europa auspiciado por un gobierno apenas ha estimulado la búsqueda de trabajo, pero sí sirvió para mejorar el bienestar mental de los receptores, así como su seguridad y satisfacción con la vida. 

Estas son algunas de las conclusiones del primer gran estudio del experimento llevado a cabo por Finlandia entre 2017 y 2018, que en el contexto de la pandemia del coronavirus  ha vuelto a generar un gran interés.

"Los receptores de una renta básica están más satisfechos con sus vidas y presentan menores niveles de estrés que el grupo de control formado por desempleados de la misma franja de edad que no percibieron esta ayuda", señala el estudio llevado a cabo por un grupo de expertos de la Universidad de Helsinki. "También tienen una percepción más positiva de su bienestar económico".

Las conclusiones de este estudio se han dado a conocer en un momento en el que las devastadoras consecuencias económicas de la pandemia del coronavirus, entre ellas, un aumento del desempleo a nivel mundial, vuelven a despertar el interés por los programas de renta básica. En su tradicional discurso de Pascua, el Papa Benedicto XVI indicó que "tal vez ha llegado el momento de sopesar la posibilidad de una renta básica universal".

El mes pasado, el Gobierno español avanzó que quiere impulsar una renta mínima para los hogares con menos ingresos "tan pronto como sea posible". Un millón de familias se beneficiarían de esta medida. La ministra de Economía, Nadia Calviño, afirmó que el gobierno socialista espera que la renta mínima se convierta en "un instrumento permanente".

También la primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, dijo esta semana que el virus y sus consecuencias económicas "me han acercado mucho más a la convicción de que este es un momento propicio para la renta básica universal".

El experimento de Finlandia, llevado a cabo entre 2017 y 2018 y que despertó un gran interés en todo el mundo, consistió en asignar una renta básica mensual de 560 euros libres de impuestos a 2.000 desempleados de entre 25 y 58 años seleccionados al azar, sin la obligación de tener que buscar activamente trabajo y sin reducciones en la cantidad percibida si encontraban uno.

El objetivo principal de este experimento era averiguar si una renta básica servía de estímulo para que los receptores aceptaran trabajos temporales o mal remunerados. Este ensayo no pretendía estudiar cómo podía funcionar una renta básica universal porque los receptores procedían en su totalidad de grupos muy específicos y la cantidad que percibían no era suficiente para vivir.

No obstante, el experimento finlandés fue seguido de cerca por otros gobiernos que conciben una renta básica no sólo como una forma de conseguir que más personas se incorporen a alguna forma de trabajo, sino también como una vía para reducir la dependencia del Estado y recortar los gastos de los servicios sociales. La idea ha ganado fuerza después de que se haya pronosticado que la automatización podría amenazar hasta un tercio de los puestos de trabajo actuales.

Mayor satisfacción vital, menos estrés y depresión

Los investigadores, que entrevistaron de forma exhaustiva a 81 receptores, han concluido que si bien la experiencia difiere mucho de un beneficiario a otro, en general estaban más satisfechos con sus vidas y experimentaban menos estrés mental, depresión, tristeza y soledad que el grupo de control. También han constatado un leve efecto positivo en el empleo, particularmente en ciertas categorías, como las familias con hijos, y han indicado que los participantes han obtenido mejores resultados en otros indicadores de bienestar, como una mayor sensación de autonomía, seguridad financiera y confianza en el futuro.

"Algunos receptores afirmaron que esta renta básica ha tenido un efecto nulo en su productividad, ya que en su área no había ofertas de trabajo que coincidieran con su formación", indica la profesora Helena Blomberg-Kroll, que ha liderado el estudio. "Sin embargo, otros explicaron que con esta renta básica sí pudieron aceptar trabajos mal remunerados que hubieran rechazado si fueran beneficiarios de otro tipo de prestación incompatible con un empleo", señala.
"Algunos han indicado que esta renta básica les ha permitido recuperar la vida que tenían antes de perder el trabajo, y otros en cambio han explicado que este dinero les ha dado la posibilidad de rechazar trabajos mal remunerados y precarios, y esto ha aumentado su sensación de independencia", explica la investigadora.

El ensayo también ha dado a los participantes "la posibilidad de intentar hacer realidad sus sueños", dice Blomberg-Kroll, pues "los trabajadores autónomos y los emprendedores tienen una opinión más positiva de la renta básica, y algunos consideran que genera oportunidades para empezar un negocio".

Este experimento también ha alentado a algunos de los receptores a involucrarse más en la sociedad, por ejemplo, mediante el voluntariado. "Algunos descubrieron que el hecho de tener una renta mínima garantizada aumentaba sus posibilidades de llevar a cabo tareas como cuidar de familiares o ayudar a sus vecinos", señala uno de los investigadores, Christian Kroll.

"La seguridad de tener unos ingresos básicos garantizados les ha permitido llevar a cabo tareas con un significado especial, ya que los receptores han tenido la sensación de que la ayuda los legitimaba para este tipo de labores de servicio a los demás. 

Muchas de las personas que llevaron a cabo labores de voluntariado durante los dos años que duró el experimento se refirieron a estas labores como 'trabajo", añade.

Kroll afirma que las conclusiones del estudio apoyan los argumentos a favor y en contra de una renta básica. "Sin embargo, como todos hemos aprendido recientemente, la inseguridad no es una buena manera de vivir", afirma. "Aunque una renta básica no resuelve todos nuestros problemas de salud ni los problemas de la sociedad, sí se debe debatir si este tipo de programas son parte de la solución en momentos de dificultades económicas", concluye."                (Jon Henley, eldiario.es, 10/05/20)

19/5/20

Mejorar los niveles de felicidad, bienestar y seguridad económica de la ciudadanía es posible sin deteriorar el empleo de calidad

"Desde el 6 de mayo han sido abundantes los debates, opiniones y noticias en torno al proyecto piloto que comenzó el 1 de enero de 2017 en Finlandia y que, como estaba previsto, terminó el pasado 31 de diciembre del año 2018.

Esta vez, por suerte, la información que hemos podido leer en diversos medios de comunicación y redes sociales no ha sido tan esperpéntica como la que tuvimos durante todo el año 2018. En aquel entonces, la mayoría de titulares afirmaban algo parecido a que Finlandia renunciaba al experimento de Renta Básica cuando sabíamos que no era una renuncia, sino que éste llegaba a su fin tal y como estaba previsto. 

Es más, tuvo que ser el Instituto de Seguridad Social finés encargado de la gestión y evaluación del proyecto piloto, "KELA", quien ante las informaciones falsas tuvo que publicar un comunicado oficial el 25 de abril de 2018 asegurando que había habido "informes incorrectos en los medios de comunicación sobre el proyecto finlandés de renta básica incondicional. El experimento se ejecutará hasta el final de 2018. Es decir, según lo planeado desde un principio."

Pero vayamos al lío. Porque, una vez contamos con los resultados de dicho proyecto piloto de renta básica publicados por el Gobierno de Finlandia, bien merecen un análisis. Dichos resultados son realmente importantes ya que este experimento ha sido el primero a nivel mundial que se ha realizado de forma nacional, tipificado por ley y basado en una muestra aleatoria donde la participación era obligatoria y no voluntaria. Así, podemos afirmar que las conclusiones obtenidas son más significativas si las comparamos con otros proyectos hechos en el pasado y basados, mayoritariamente, en la participación voluntaria.

El proyecto piloto se basaba en un pago mensual de 560€ exentos de impuestos a 2.000 personas desempleadas de larga duración e independientemente de otras posibles fuentes de renta que pudieran tener o de si buscaban empleo de manera activa. Los beneficiarios de esta prestación fueron seleccionados mediante un muestreo aleatorio entre todas las personas que en noviembre de 2016 recibían alguna prestación por parte del Instituto de Seguridad Social finés y se creó, a su vez, un grupo de control con 5.000 personas que, percibiendo alguna prestación, no fueron seleccionadas para el proyecto.

A la hora de lanzar este experimento, los mandatarios fineses querían responder a la pregunta de si la incondicionalidad de una prestación permitiría aumentar la empleabilidad de las personas o, en cambio, ésta se reduciría al dar "dinero gratis" a las personas sin importar si éstas quieren trabajar de forma remunerada o no. Sin embargo, bien es cierto que las conclusiones que se han obtenido con este proyecto piloto son mucho más amplias y satisfactorias.

Dejaremos las conclusiones sobre el empleo para el final porque, sinceramente, creo que son las menos importantes en un mundo donde frente al miedo es más necesario que nunca contraponer la solidaridad, el bien común y los cuidados. Y ahí, la renta básica es un pilar básico.

Los resultados nos muestran, en primer lugar, cómo las personas que percibieron la renta básica consiguieron estar más satisfechas con sus vidas y experimentar menos tensión mental, depresión, tristeza y soledad. Es innegable que, muchas veces, detrás de los problemas de salud mental está la inseguridad económica. Además, las conclusiones exponen que las personas que recibieron la renta básica también ofrecieron una percepción más positiva de las habilidades cognitivas como la memoria, el aprendizaje o la capacidad de concentración.

En segundo lugar, el proyecto piloto nos ha demostrado que no solo aumenta la confianza que las personas perceptoras de la renta básica tienen sobre su propio futuro y su capacidad de influir en las cosas, sino que también incrementa la confianza que tienen hacia otras personas y hacia las propias instituciones. Una conclusión que, a priori, puede parecer lógica ya que los sistemas universales, al no ser socialmente divisivos, permiten acrecentar el sentido de pertenencia.

En tercer lugar, un conclusión que se podría dar por supuesta pero que los datos empíricos la corroboran es que la renta básica mejora la percepción sobre los ingresos y el bienestar económico de las personas. No es de extrañar, ya que el hecho de otorgar una renta sin condiciones ofrece una tranquilidad al asegurarte que ésta no te será arrebatada por la realización errónea de un trámite burocrático, por la no aceptación de un empleo basura o por "no portarte bien" en las actividades de inserción obligatorias.

Y finalmente, y dando respuesta a la pregunta inicial que se plantearon las personas que diseñaron el proyecto piloto, toca hablar sobre si con una renta básica las personas nos quedaríamos en casa sin contribuir al sacrosanto Producto Interior Bruto. Y mira tú por dónde, ¡parece que no! Es bien sabida la disposición de las personas a trabajar, siempre y cuando el trabajo que hagamos tenga sentido y los resultados de este proyecto piloto demuestran, una vez más, que la renta básica no sería una herramienta para alimentar a un ejército de personas "vagas y parásitas".

 El 1 de enero del año 2018, en la mitad del experimento, el Gobierno de Finlandia introdujo un modelo de "activación laboral" en los sistemas de prestaciones condicionadas existentes aumentando el control en éstas y reduciendo la cuantía percibida si los beneficiarios no conseguían trabajar remuneradamente un número determinado de horas o no seguían los procesos de inserción. Esta reforma ya no está en vigor, pero sí afectó durante el segundo año del proyecto piloto a aproximadamente dos tercios del grupo de control y a algo menos de la mitad de las personas que percibían la renta básica (porque por encima de la misma podían solicitar otro tipo de subsidios condicionados como ayudas a la vivienda).

 ¿El resultado? Que con el proceso de activación se amplió aún más la brecha entre el número de días que estuvieron empleados las personas que percibían una renta básica respecto a las que estaban en el grupo de control volviéndose, además, estadísticamente significativa. Es decir, la incondicionalidad de la renta básica dio como resultado una mayor participación en el mercado laboral en comparación a los mayores controles que endurecieron la condicionalidad del grupo de control (exactamente las personas con renta básica estuvieron empleadas, de media, 6 días más al año que las personas del grupo de control).

Vivimos en un mundo en que la mayoría de las políticas que se llevan a cabo están dirigidas a aumentar nuestra riqueza en términos monetarios, lo que tiene muchas consecuencias negativas a nivel ecológico. Esto implica, por un lado, destruir nuestros ecosistemas para seguir creciendo y, por otro lado, transformar a las personas en los engranajes necesarios para que el mercado laboral fluya y la economía pueda crecer ad eternum. 

En la actualidad una vida digna solo la pueden llevar aquellas personas que contribuyen al crecimiento del PIB, estando incluso la mayoría de las rentas mínimas condicionadas a la creación de capital humano y quedando todas las demás actividades que las personas pueden encontrar significativas para sí mismas totalmente invisibilizadas.

Por ello es necesario apostar por detener este crecimiento eterno para reducir nuestra huella ecológica y poner la economía al servicio de las personas situando los cuidados en el centro de toda política pública. Porque, además de ser más democrático y más justo, también mejoraría la calidad de vida de la ciudadanía al tener más tiempo para sí a la vez que se disminuye la obsesión por el trabajo remunerado.

 Y el proyecto piloto de Finlandia nos ha demostrado que una renta básica nos permite tener tiempo para realizar actividades que realmente sean significativas para nosotros y nosotras y nos ofrece nuevas oportunidades de participar en la sociedad. Algunas de las personas que tomaron parte en este experimento eligieron hacerlo a través del trabajo voluntario o de los cuidados. Quizá, cuando entendamos que todo empleo es trabajo pero que el trabajo es mucho más amplio que el empleo, consigamos visibilizar y valorar el trabajo más allá del trabajo remunerado.

Lógicamente, estos son resultados obtenidos de un proyecto piloto y los cuales debemos tratar con cuidado. Sabemos de sobra que los proyectos piloto que se realizan sobre renta básica tienen, al menos, 5 grandes limitaciones: la limitación en el tiempo, una muestra sesgada no generalizable al total de la población, nunca se podrá incluir en esta muestra personas que sean contribuyentes netas al sistema, no es observable el efecto que una renta básica pudiera tener sobre el mercado laboral y, finalmente, tiene efectos impositivos nulos.

Por lo tanto, aun celebrando los resultados que se han obtenido a través este experimento, en línea con los obtenidos a lo largo y ancho del mundo en múltiples proyectos piloto, debemos ser muy cuidadosos con ellos. Eso sí, cuando cada vez los datos son más claros y nos demuestran (a través de proyectos piloto y encuestas) que con una renta básica incondicional la gente no se quedaría en casa todo el día delante de la televisión, a lo mejor va siendo hora de que cambie la carga de la prueba hacia esos "gurús" que aseguran que recibir una prestación incondicional nos llevaría a la vagancia más absoluta.

 ¡Reclamemos mayor libertad para decidir qué hacer con los trabajos de mierda que nos ofrecen y a los que hoy estamos obligados a decir que sí cuando en realidad quisiéramos decir que no!"                   (Julen Bollain  , Sin Permiso, 16/05/2020)

28/4/20

Renta Básica Universal e Ingreso Mínimo Vital, parecidos solo en el nombre

"La paralización de gran parte de la actividad económica por causa del actual estado de alarma está provocando mermas notables en los ingresos de muchas familias y empresas. 

Ello ha llevado a nuestras autoridades a anunciar todo tipo de ayudas, las cuales deberán llegar tanto del Gobierno Central como de gobiernos autonómicos y entidades locales. 


Así el Gobierno de España aprobó el pasado 31 de marzo 50 medidas de apoyo a “los trabajadores, las familias, los consumidores, los autónomos y los colectivos más vulnerables”. Estas medidas, en lo referente a las familias, consisten entre otras en moratorias para alquileres e hipotecas, ampliación del bono social eléctrico, subsidio temporal para empleadas del hogar, subsidio extraordinario para determinados contratos temporales o congelación de tarifas de determinados suministros.


Para las empresas, las ayudas van desde moratorias excepcionales para el pago de cotizaciones sociales y prestación extraordinaria por cese de actividades con alto grado de estacionalidad hasta supresión de los pagos por créditos concedidos por la Secretaría de Estado de turismo.

Sin embargo, la situación es tan grave que ni siquiera la avalancha de medidas impide que muchos sectores económicos sigan reclamando ayudas, unos por considerarse excluidos, otros por la incertidumbre en su percepción y otros por sentirse especialmente perjudicados por la crisis: es el caso de sectores como la restauración, artes escénicas, comercio no alimentario, cadenas de televisión, talleres mecánicos, marisqueo, fisioterapeutas y un largo etcétera.

 Lo mismo sucede con colectivos de consumidores como arrendatarios o usuarios de servicios financieros. En medio de todas estas medidas surge la inevitable confusión entre los posibles beneficiarios en lo relacionado con requisitos, formalidades, plazos e incompatibilidades; por este motivo las solicitudes requieren no solo mucho tiempo y esfuerzo sino además, en muchas ocasiones asesoramiento profesional.


Así pues, como complemento a las 50 medidas, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá ha anunciado la próxima implantación de un Ingreso Mínimo Vital (IMV) para personas y colectivos considerados especialmente vulnerables; con ello se pretende completar las ya conocidas 50 medidas sociales. 

Aunque los conceptos se parecen, Ingreso Mínimo Vital no es lo mismo que Renta Básica Universal (RBU): el primero es un complemento en forma de subsidio para aquellas personas que previamente justifiquen que no alcanzan determinado nivel de ingresos o que pertenecen a un determinado colectivo, mientras que el segundo consiste en una suma de dinero que todo residente de un país recibe regularmente del gobierno sin condiciones, independientemente de que perciba cualquier otro ingreso, de su situación económica o de con quién conviva. 

 Así pues, para recibir el primero hay que justificar “a priori” y para el segundo “a posteriori”, es decir se cobra y si no se cumplen los requisitos, se devuelve todo o la parte que corresponda. Las diferencias son por tanto notables.


Quienes defienden la opción de la RBU argumentan la simplicidad de la medida y la facilidad para su puesta en marcha inmediata: parece lógico pensar que muchas de las ayudas mencionadas más arriba y otras que pudieran implantar serían sustituidas por la RBU, con el consiguiente ahorro en tiempo y costes.

 Técnicamente no parece una medida complicada: una vez realizadas las transferencias, en la próxima declaración de la renta se incorporaría el dato en los borradores y en función de los ingresos totales de este año, en 2021 habría que devolver en todo o en parte esa ayuda, o no devolver nada.

 Para implantar la RBU es necesario contar con recursos suficientes para su pago: partiendo de los cálculos de Toni Roldán con la referencia del profesor de Harvard Gregory Mankiw, el coste inmediato, si se transfiere a los 39,5 millones de personas en edad de trabajar que hay en España una renta de 1.000 euros durante 3 meses esto supondría el 9,5% del PIB; pero si ajustamos con las devoluciones, suponiendo que el 50% lo devuelven todo, el 25% nada y el otro 25% la mitad, el coste final quedaría en el 3,5% del PIB de 2019.

Sin embargo ese 9,5% del PIB en forma de crédito, menos de 120.000 millones de euros, podría ser menor si se excluye de las ayudas a quienes ya tienen garantizado por el Estado unos ingresos superiores a los 1.000 euros mensuales. Este sería el caso de los casi 2 millones empleados públicos con plaza fija y los más de 3 millones de beneficiarios de pensiones de jubilación superiores a 1.000 euros. 

Es decir, los perceptores de la RBU en España podrían quedarse en 34,5 millones de personas. El coste de la medida aún podría reducirse si la ayuda se transfiriese previa solicitud; muchos no la pedirían sabiendo que después tendrán que devolverla. Si, por simplificar, los que lo tienen que devolver todo, es decir la mitad no solicitan la RBU, el coste inmediato se reduciría a menos de 60.000 millones.


Con estos números su puesta en marcha sería factible si España contase para ello con 60.000 de los 540.000 millones de euros en forma de préstamos aprobados por la Unión Europea el pasado 9 de abril para apoyar a estados, empresas y trabajadores frente a la pandemia. 


Por tanto la RBU no solo es posible desde el punto de vista técnico sino que también es viable desde el punto de vista financiero. La dificultad para su implantación dependería entonces de las condiciones impuestas por Bruselas para la aplicación de las ayudas. 

Ventajas de la RBU


Las ventajas de esta medida alcanzarían en primer lugar a las familias, que dispondrían así de forma inmediata de los recursos mínimos para garantizar su subsistencia en los meses que se prevé dure la alarma; esto se conseguiría de un modo directo, inmediato y sin dejar a nadie fuera, como sin duda requiere la actual situación, pero también evitando duplicidades en la percepción de ayudas.

En segundo lugar, emprendedores y empresas serían receptores de una demanda, ahora escasa, que estaría basada en las necesidades de las familias, y por tanto sostenible en el tiempo. Es decir, se conseguiría reactivar la economía dotando de liquidez a los consumidores. La alternativa a la RBU para reactivar la economía son modelos de inversión pública como el plan E de Zapatero en los años posteriores a la crisis de 2007; este plan supuso un gasto total de 50.000 millones de euros y fue calificado por el profesor de IESE Xavier Vives como “insostenible e improductivo”.


La RBU presenta además la ventaja de su neutralidad desde el punto de vista de la actividad económica puesto que al llegar directamente a los consumidores son éstos quienes con sus decisiones indican a los productores sus necesidades y como atenderlas, al margen de preferencias de otra índole; ningún sector económico podría argumentar agravios en relación a otros.


Por último debemos mencionar la equidad de la medida desde el punto de vista de las familias: al final del proceso tan solo recibirían la renta quienes realmente no alcancen un mínimo, el resto tendrían que devolverla.


Dificultades para su implantación


Una medida de reactivación económica y de subsistencia para las familias que además es viable, transparente, equitativa y neutral desde el punto de vista de la economía ¿tendría dificultades para su puesta en marcha? Lamentablemente la respuesta es sí.

Las dificultades para su implantación pueden tener diversos orígenes debido a la previsible resistencia de muchas partes interesadas como entidades públicas de todo tipo, asociaciones sectoriales y asociaciones de ayuda a colectivos vulnerables.


La RBU, al llegar de modo uniforme para todos, es de gestión única y no necesita justificación previa, por ello muchas de las actuales ayudas ya existentes deberían desaparecer sustituidas por la RBU. Esto no parece que sería fácilmente aceptable por los responsables políticos que preferirán contar con un cierto grado de discrecionalidad que les permita rentabilizar electoralmente las ayudas, aunque ello suponga costes y esperas. 

Desde este punto de vista interesa que los perceptores sepan quién da las ayudas e interesa controlar directamente su gestión; en definitiva, es preferible que la ayuda se pida y se justifique antes que implantarla de modo universal.


Ayudas para alimentación, vivienda, suministros o tributos, incluso rentas mínimas como la ya existente en el País Vasco, podrían perfectamente ser sustituidas por la RBU pero ello afectaría a determinadas entidades públicas y privadas que las gestionan, y sin duda implicará numerosas resistencias. 


Por último asociaciones sectoriales tendrían que renunciar, al menos en parte, a determinadas subvenciones públicas. Como partes interesadas es probable que también se muestren reticentes a ello. La buena noticia es que con una RBU se facilita también que los consumidores adquieran bienes y servicios con los que reactivar los diferentes sectores económicos."               (Antonino Martín, El blog salmón, 22/04/20)

18/10/19

Renta básica agraria, una revolución rural... ¿Qué pasaría si las administraciones apoyaran al campesinado como apoyan a la banca, a la cultura de masas o a la agricultura industrial?

"Muchas de nosotras hemos escuchado de primera mano que con un trozo de tierra o unos cuantos animales se mantuvo a la familia e incluso se consiguió pagar los estudios a la descendencia. Sin entrar en el debate de lo dura y sacrificada que, desde nuestros referentes actuales, pudo o no ser esa vida, hoy en día cuesta mucho encontrar quien pueda vivir de su propio proyecto agrario o ganadero. 

Muchas conocemos a quienes lo intentan, a costa de incertidumbre, precariedad y autoexplotación, con el impulso que proporciona estar desarrollando mucho más que un trabajo. Con el impulso de la transformación social, de la vocación o de los vínculos afectivos.

¿Tiene un trabajo que contener todo esto? Dejamos también este debate aparte para ir a lo sencillo: un trabajo debe estar remunerado de forma digna. El sector agroalimentario, como tantos otros, está controlado cada vez por menos empresas que precarizan las condiciones laborales y de vida y generan enormes impactos ambientales, sociales y económicos para poder competir en el mercado. Alimentos baratos para rentas menguantes.

¿Cómo se rompe este círculo? Desde abajo, la población movilizada va apostando por la creación de alianzas urbano-rurales como los grupos de consumo o los mercados agroecológicos, por todo tipo de acciones de sensibilización y denuncia o por encomiables prácticas individuales de consumo responsable. Todo un movimiento que valora la alimentación de calidad, el territorio, el trabajo campesino y sus múltiples derivadas. 

El camino recorrido empieza a ser largo y en él se han generado innumerables redes y aprendizajes, pero existe un importante obstáculo: no toda la población concienciada puede permitirse participar en este consumo. Puede, entonces, que este lento y seguro avance necesite un pequeño terremoto a su favor que venga de arriba.

¿Qué pasaría si, desde las administraciones, se apoyara a este campesinado igual que ahora se apoya la cultura de masas, la banca o la agricultura industrial con las cuantiosas subvenciones de la Política Agraria Comunitaria? Con una renta básica agraria podríamos hablar de creación de puestos de trabajo en el medio rural, con efectos positivos indirectos en otros sectores económicos. 

Con la estabilidad que aportaría esta medida a los proyectos, cada persona podría ajustar el precio final de su producto y, a medio plazo, se podría conseguir el acceso universal a alimentos de calidad y proximidad. Habría una parte más simbólica de enorme importancia porque con jóvenes en el campo se transformarían los pueblos y el imaginario sobre ellos. Si se cuida, con la participación imprescindible de la sociedad concienciada, que esta onda expansiva vaya por los cauces de la economía social y solidaria se podrían incluso empezar a vislumbrar cambios más profundos. En nuestras prioridades, en la forma de relacionarnos, en la manera de mirar el mundo.

Son muchos los aspectos que habría que tener en cuenta, pero en cualquier caso es necesario y urgente abrir este debate. Una sociedad que elevara la importancia de esta forma de producir alimentos introduciría en el sistema un elemento revolucionario que no sería inofensivo. No se trata de una subvención, sino de una renta. Se pasaría de premiar y financiar la producción a valorar y financiar a las personas. 

La vida por encima del mercado. No se trata de privilegios, sino de derechos, de un salario mínimo digno para hacer de la alimentación y el cuidado de la tierra una prioridad al nivel de la educación o la sanidad en esta época de emergencia climática. Se trata de una decisión demandada por la ciudadanía para empezar a darle la vuelta a todo."                   (Patricia Dopazo, El Salto, 16/10/19)

14/6/19

Por qué una Renta Básica Universal es una mala idea... Además, ya hay una propuesta para una política más razonable: “ingreso básico garantizado”. En vez de darle a todo el mundo mil dólares al mes, un programa de ingreso garantizado sólo transferirá dinero a personas cuyo ingreso mensual sea menor a esa cifra...

"La falta de una red de seguridad social adecuada en Estados Unidos y otros países desarrollados impulsa el interés en propuestas para la creación de un ingreso básico universal (IBU). La brecha entre los ricos y el resto se ha ampliado considerablemente en años recientes, y muchos temen que la automatización y la globalización la ensanchen todavía más.

 No hay duda de que si la única opción es entre el empobrecimiento masivo y un IBU, es mejor lo segundo. Un programa de esta naturaleza permitiría a los destinatarios usar el dinero para los fines que les resulten más valiosos; crearía un amplio sentido de posesión y un nuevo electorado capaz de sacudir el sistema político plutocrático. 

En diversos estudios sobre programas de transferencia condicional de efectivo en economías en desarrollo se halló que esas políticas pueden empoderar a las mujeres y a otros grupos marginados.Pero la del IBU es una idea defectuosa, sobre todo porque sería extremadamente cara, a menos que se acompañara de grandes recortes en el resto de la red de seguridad. En Estados Unidos (población: 327 millones), un IBU de sólo mil dólares al mes costaría unos cuatro billones de dólares al año, cifra cercana a todo el presupuesto federal en 2018. 

De no mediar grandes ahorros en otras áreas, habría que duplicar la recaudación impositiva de los Estados Unidos, lo cual generaría enormes costos distorsivos sobre la economía. Y no: un IBU permanente no puede financiarse con deuda pública o emisión monetaria.Sacrificar todos los otros programas sociales en aras de un IBU es una pésima idea. 

Esos programas están para encarar problemas concretos, por ejemplo la vulnerabilidad de ancianos, niños y personas discapacitadas. ¿Qué sería vivir en una sociedad donde hay niños que pasan hambre y personas con enfermedades graves carecen de atención adecuada porque toda la recaudación impositiva se dedica a mandarles un cheque cada mes a todos los ciudadanos, millonarios incluidos?Lo del IBU queda bien para un eslogan, pero como política, es una idea endeble. 

De la teoría económica básica se deriva que los impuestos a los ingresos son distorsivos en la medida en que desalientan el trabajo y la inversión. Además, un gobierno no debería transferir dinero a la misma persona a la que le cobra impuestos, pero eso es precisamente lo que haría un IBU. En Estados Unidos, por ejemplo, alrededor de tres de cada cuatro familias pagan algún tipo de impuesto a los ingresos o deducción salarial en el nivel federal, y una proporción todavía mayor paga impuestos en el nivel de los estados.

 Además, ya hay una propuesta para una política más razonable: el impuesto negativo sobre los ingresos, o lo que a veces se denomina “ingreso básico garantizado”. En vez de darle a todo el mundo mil dólares al mes, un programa de ingreso garantizado sólo transferirá dinero a personas cuyo ingreso mensual sea menor a esa cifra, de modo que su costo será muchísimo menor al de un IBU.

 Los defensores del IBU dirán que un programa de transferencias que no sea universal tiene el defecto de que no suscitará tanto apoyo en los votantes; pero es una crítica infundada. Un ingreso básico garantizado sería tan universal como el seguro nacional de salud, que en vez de hacer una transferencia mensual a toda la población, sólo beneficia a quienes hayan debido afrontar gastos médicos.

 Lo mismo se aplica a aquellos programas que ofrecen ayuda incondicional garantizada para la satisfacción de necesidades básicas, por ejemplo alimentos para los necesitados o el seguro de desempleo. Esas políticas cuentan con amplio apoyo en los países que las aplican.Finalmente, el entusiasmo que genera el IBU se basa en gran medida en una interpretación errada de las tendencias de empleo en las economías avanzadas. 

Contra lo que suele creerse, no hay pruebas de que el trabajo tal como lo conocemos vaya a desaparecer en poco tiempo. En realidad, la automatización y la globalización están el empleo, eliminando ciertos tipos de trabajo y aumentando la desigualdad. Pero en vez de crear un sistema en el que una gran fracción de la población recibe una limosna, deberíamos adoptar para alentar la creación de empleos “de clase media” bien remunerados y fortalecer nuestra deficiente red de seguridad social. El IBU no hace nada de esto.

En Estados Unidos, las prioridades políticas tendrían que ser la cobertura universal de salud, prestaciones de desempleo más generosas, mejor diseñados y una ampliación del sistema de crédito fiscal para personas de bajos ingresos (conocido por la sigla en inglés EITC): este último ya hace las veces de ingreso básico garantizado para los trabajadores mal remunerados, cuesta mucho menos que un IBU y alienta directamente el trabajo. 

Por el lado de las empresas, reducir los costos indirectos y las cargas sociales que pagan los empleadores al contratar trabajadores alentaría la creación de empleo, una vez más, por mucho menos que el costo de un IBU. La ampliación del EITC (con una suba del salario mínimo, para que los empleadores no se aprovechen del crédito fiscal dado a los trabajadores), sumada a una reducción de las cargas sociales, contribuiría en gran medida a la creación de empleos valiosos en todos los niveles de la distribución de ingresos.

Y en particular, estas soluciones potencian la política democrática. No puede decirse lo mismo de un IBU, repartido desde arriba para aplacar a las masas descontentas. Esta medida no empodera (ni siquiera consulta) a sus destinatarios. (¿Los trabajadores que perdieron sus empleos de clase media prefieren recibir dinero del Estado o la oportunidad de conseguir otro empleo?) Las propuestas para un IBU son totalmente similares al “pan y circo” de los imperios romano y bizantino: dádivas para desactivar el descontento y ablandar a las masas, en vez de ofrecerles oportunidades económicas y poder de decisión política. 

En cambio, el estado de bienestar moderno que tan bien funcionó en los países desarrollados no fue una dádiva de magnates y políticos. Buscaba proveer seguridad social y oportunidades a la gente. Y fue resultado de la política democrática. La gente de a pie exigió, se quejó, se manifestó y se involucró en la formulación de políticas, y el sistema político respondió. El documento fundacional del estado de bienestar británico (el Informe Beveridge de tiempos de la Segunda Guerra Mundial) fue una respuesta tanto a las demandas políticas cuanto a las penurias económicas. 

Se intentó proteger a los desfavorecidos y crear oportunidades, alentando al mismo tiempo la participación cívica.Muchos problemas sociales actuales derivan de que hemos descuidado el proceso democrático. La solución no es repartir migajas para tener a la gente en sus casas, distraída y apaciguada. 

En vez de eso, necesitamos rejuvenecer la política democrática, alentar el involucramiento cívico y buscar soluciones colectivas. Sólo con una sociedad movilizada y políticamente activa podremos crear las instituciones que necesitamos para tener prosperidad compartida en el futuro y proteger a los más desfavorecidos."                          

 (Daron Acemoglu.  Professor of Economics at MIT,  is co-author (with James A. Robinson) of Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty , Project Syndicate, 07/06/19)

20/5/19

Piketty: el Partido del Congreso indio propone un ingreso mínimo garantizado para el 20% más pobre de la población... el coste sería del 1% del PIB... se podría cubrir con un impuesto federal del 2% a las propiedades con un valor de 1 millón de euros...

"La mayor elección en la historia mundial acaba de comenzar en la India: hay más de 900 millones de electores. (...) 

Mientras tanto, el Reino Unido tiene considerables dificultades para mantenerse unido al nivel de las Islas Británicas. Siguiendo los pasos de Irlanda a principios del siglo XX, posiblemente sea el turno de Escocia de abandonar el Reino Unido y su Parlamento en este inicio del siglo XXI. Por su parte, la Unión Europea y sus 500 millones de habitantes aún no han logrado establecer reglas democráticas para la adopción del menor impuesto comunal y continúan otorgando un derecho de veto a los Grandes Ducados en los que reside apenas el 0,1% de sus ciudadanos. 

En lugar de explicar de una manera aprendida que nada en este excelente sistema puede cambiarse, se recomendaría a los líderes europeos que analicen la Unión de la India y su modelo de República federal y parlamentaria.  (...)

Una de las principales innovaciones de la campaña electoral que está finalizando es la propuesta hecha por el partido en el Congreso para introducir un sistema de ingresos básicos, el NYAY (nyuntam aay yojana, ingreso mínimo garantizado). 

El monto anunciado es de 6.000 rupias por mes y por hogar, o el equivalente a unos 250 euros en paridad de poder de compra (3 veces menos al tipo de cambio actual), que está lejos de ser insignificante en la India (donde el ingreso medio no excede 400 euros por hogar). Este sistema se aplicaría al 20% más pobre de los indios. El costo sería considerable (un poco más del 1% del PIB) pero no prohibitivo.

 Como siempre con las propuestas de este tipo, es importante no detenerse allí y no tomar el ingreso básico como una solución milagrosa o un acuerdo final. Establecer una distribución justa de la riqueza y un modelo para el desarrollo sostenible y equitativo, requiere el respaldo de un paquete total de medidas sociales, educativas y fiscales, y el ingreso básico es solo uno de sus elementos. 

Como lo han demostrado Nitin Bharti y Lucas Chancel, el gasto público en salud se ha estancado en 1.3% del PIB entre 2009-2013 y 2014-2018, y la inversión en educación incluso cayó de 3.1% a 2.6%. Queda por encontrar un equilibrio complejo entre la reducción de la pobreza monetaria y estas inversiones sociales que condicionan el cierre de la brecha entre India y China.

 China ha encontrado una manera de movilizar mayores recursos para elevar el nivel de capacitación y salud de la población en general.

El hecho es que la propuesta del Congreso tiene el mérito de enfatizar las cuestiones de redistribución y de ir más allá de los mecanismos de "cuotas" y "reservas". Es cierto que esto ha permitido que una fracción de las castas inferiores accedan a la universidad, a los empleos del sector público y ocupen cargos electivos, pero no son suficientes. 

El mayor inconveniente de la propuesta es que el Congreso ha optado por ser muy discreto con respecto a su financiamiento. Esto es una lástima porque brindó la oportunidad de rehabilitar el papel de la tributación progresiva y de pasar definitivamente la página de su momento neoliberal en los años ochenta y noventa.

 Sobre todo, habría brindado la ocasión de acercarse más explícitamente a la nueva alianza entre los partidos socialistas y las castas más bajas (SP, BSP) que proponen la creación de un impuesto federal del 2% en las propiedades con un valor de más de 25 millones de rupias (1 millones de euros en paridad de poder adquisitivo), que aportaría el equivalente a los montos requeridos para el NYAY y fortalecería el progresismo del impuesto federal sobre la renta. 

Fundamentalmente, el verdadero problema en juego en esta elección es la constitución en la India de una coalición de izquierda, tanto igualitaria como multicultural, la única coalición capaz de vencer al nacionalismo pro-empresarial y anti-musulmán del BJP. (...)

Las decisiones debatidas en la India nos afectarán cada vez más a todos. En este sentido, esta elección india es de hecho una elección de importancia mundial."                 (Piketty, blog, 16/04/19)

9/4/19

"La 'renta de ciudadanía' de los Cinco Estrellas creará una trampa de la pobreza en Italia"

"Hablamos hace poco con Philippe Van Parijs [le entrevista Roberto Ciccarelli para il manifesto global], el célebre filósofo belga, defensor de la renta básica. Manifestó que Italia necesita una contrapropuesta radical a la llamada “renta de ciudadanía” de los Cinco Estrellas.  (...)

El gobierno italiano quiere crear una prestación por desempleo ligada al trabajo gratuito de hasta 16 horas semanales, a la formación obligatoria y a los incentivos a las empresas que contraten parados. ¿Es correcto describir esto como  “renta de ciudadanía”?

(...)   La asistencia social, que se financia con la tributación general, está destinada a mejorar la situación material de los hogares pobres. En las décadas transcurridas desde la II Guerra Mundial, muchos países sistematizaron buena parte del componente de asistencia en un programa general de renta mínima garantizada condicionada a trabajar y a la evaluación de medios económicos. El reddito di inclusione del anterior gobierno italiano y el reddito di cittadinanza del actual gobierno son programas de asistencia social de este género, el segundo de un nivel bastante más elevado que el primero.

¿Por qué usa el gobierno esta expresión de “renta de ciudadanía”?

En algunas de las primeras formulaciones de Beppe Grillo, había referencias explícitas a un “reddito di cittadinanza, anche universale” y una contundente crítica del “assistenzialismo”. Cuando quedó claro que todo lo que el Cinco Estrellas propondría iba a ser  — reconozcamos que ambicioso  — un programa de asistencia social, supongo que sus dirigentes consideraron políticamente conveniente conservar una expresión que sugiriese una diferencia radical con el reddito di inclusione.
    
Hasta 16 horas de trabajo público para la municipalidad. ¿Hay algún país que haya introducido un grado similar de condicionalidad para estipular una renta básica?

La disponibilidad para un trabajo adecuado, ya sea que lo ofrezca la municipalidad, o cualquier otro empleador público o privado constituye una condición muy extendida en los programas de asistencia social. Hacer que el derecho a prestación dependa del trabajo real para las municipalidades que otorgan la prestación era una práctica del periodo más severo de las Leyes de Pobres inglesas. Dudo que haya algún programa viable que aplique en realidad una disposición de este género. Tal como descubrieron los que gestionaban las Leyes de Pobres, resulta muy costoso que los trabajadores con poca formación y poca motivación lleven a cabo trabajos no remunerados.  

¿Qué piensa usted de la obligación impuesta por el gobierno de aceptar en el plazo de seis meses al menos una oferta de trabajo en 100 kilómetros a la redonda de la ciudad de residencia, 250 kms. en un plazo de 12 meses, y en cualquier localidad si no se ofrece ningún empleo en un plazo de 18 meses?

No me sorprende. La Lega debe de haber sospechado que en ausencia de esa cláusula, sus votantes del norte estarían subvencionando a los ociosos del sur y a los trabajadores del mercado negro. Gracias a esta cláusula, puede pretender al menos que el programa servirá para afrontar la escasez del mercado laboral del norte.

¿Qué opinión tiene de las sanciones del gobierno contra las declaraciones falsas sobre la situación económica de los pobres: hasta seis años de prisión?  

Ningún programa de asistencia social puede funcionar sin alguna sanción. Pero ningún castigo del fraude social cometido por los pobres resulta aceptable si es más severo que el castigo del fraude fiscal de los ricos. Y puesto que el “fraude social” resulta en cierto sentido inevitable allí donde la economía informal desempeña un papel significativo, las sanciones severas son una receta para una sociedad cuyos miembros más vulnerables están permanentemente aterrados por el riesgo de verse denunciados.

¿Qué piensa de la exclusión de esta medida de los extranjeros no comunitarios que llevan viviendo en Italia más de 10 años?

Ningún programa de asistencia social puede resultar viable sin fronteras cerradas o sin un período de espera. El derecho de los ciudadanos de la UE a las prestaciones de los programas de asistencia social general que existen en otros países está sometido a la condición previa de residencia legal durante cinco años. Podría acortarse este periodo de espera, y no hay un argumento decisivo a favor de hacerlo más largo para los que no son ciudadanos de la UE.

El gobierno ofrecerá subvenciones a las empresas que den trabajo a los beneficiarios de la renta de ciudadanía. Cuanto antes contrate la empresa, mayor será su beneficio. ¿Qué piensa de la transformación de la renta mínima, que debería considerarse un derecho social fundamental, en un incentivo para los emprendedores?

Al igual que el llamado programa Hartz IV, el reddito di cittadinanza funcionará de esta forma como un subsidio para el empleo de baja cualificación, sin ninguna garantía de que el empleador ayude al empleado a adquirir nuevas habilidades. Utilizar subsidios públicos para apoyar actividades de baja productividad puede tener sentido, pero sólo si proporcionan una formación útil, no si acaban haciendo rentables trabajos repulsivos.     

¿Creará una nueva burocracia este sistema de contraprestación de trabajo que lidie con la colocación de los desempleados y con disciplinar a los pobres?

Si se toman en serio las condiciones y se aplican con un mínimo de rigor, el coste burocrático de colocar, supervisar y sancionar va a acabar siendo espectacular, y se terminará gastando más dinero en los salarios de los controladores que en las prestaciones de los controlados. Por lo tanto, no podemos esperar una puesta en práctica rigurosa. Y en ausencia de ello, prevalecerá la arbitrariedad y prosperará el clientelismo.

El ministro de Trabajo y Desarrollo, Luigi Di Maio (Movimiento Cinco Estrellas) lo presentó como una “revolución del Estado del Bienestar”. ¿En qué sentido debería entenderse esta expresión? ¿Supone un Estado del Bienestar más igualitario y universal  o un giro punitivo del Bienestar hacia lo que se llaman programas de contraprestación de trabajo [“workfare”] para desempleados?  

En el contexto italiano, el reddito di inclusione fue una pequeña revolución. Italia se sumó finalmente al conjunto de países desarrollados con un programa general de renta mínima. El programa no era individual ni universal ni estaba libre de obligaciones. Pero constituyó, a mi modo de ver, un importante paso adelante. Respecto al reddito di inclusione, el reddito di cittadinanza no fue una revolución: la estructura básica se mantuvo.

 Pero fue una reforma significativa, tanto porque aumentó de manera substantiva el nivel de prestaciones como por el hecho de que fortaleció su condicionalidad. A primera vista, debería aplaudirse su mayor generosidad  Pero crea un riesgo muy grande de un revulsivo serio. Puesto que el reddito di cittadinanza no es universal sino que está sujeto a la evaluación de medios económicos, las ganancias declaradas de otras fuentes se deducen de ello. 

Por consiguiente, económicamente no tiene sentido trabajar por unos ingresos netos declarados de menos de 780 euros. En partes más pobres del país, esto equivale a destruir los incentivos económicos de mucho trabajo a tiempo parcial y autoempleo modesto (declarados), con una burocracia represiva y costosa de la que se espera que reduzca el perjuicio económico.  

Alemania, Inglaterra y Francia son algunos de los países en los que lleva existiendo desde hace años un sistema de subsidios de desempleo sobre el pilar de una renta básica. Muchos investigadores han criticado esta medida porque ha creado una “trampa de la pobreza”. ¿Qué es eso?

Es precisamente lo que ilustraba justo antes: con un programa sometido a la evaluación de medios económicos, es decir, con un programa que restringiera las prestaciones a los hogares por debajo de cierto umbral de renta, mucha gente pobre se ve atrapada en la pobreza, porque su intento de salir de ella obteniendo alguno modestos ingresos se ve “recompensado” por la reducción correspondiente de sus prestaciones.

 Esto se aplica a los programas de Bienestar libres de obligaciones así como a los programas de contraprestación de trabajo, es decir, a los programas que imponen más o menos despiadadamente a todos los solicitantes en buenas condiciones físicas la obligación de estar disponibles para trabajar. La contraprestación de trabajo constituye precisamente una forma de hacer que trabaje la gente pobre, pese a la trampa de la pobreza.

¿Corre Italia el riesgo de la misma “trampa de la pobreza”?

Decididamente, a causa sobre todo de sus diferencias regionales. Comparado con otros países, el nivel de prestaciones es relativamente alto respecto al PIB per cápita en el sur del país.

¿Cuál es la diferencia entre renta básica, “renta de ciudadanía” y el sistema de subsidios de desempleo?

A diferencia del reddito di cittadinanza, la renta básica es estrictamente individual (es decir, no se asigna en función del hogar), es universal  (es decir, no depende de los medios económicos) y libre de obligaciones (es decir, no depende del trabajo).

En Italia, todavía no se ha entendido plenamente la necesidad de una renta básica. Y la confusión del presente gobierno no ha ayudado en nada. ¿Podría usted explicarlo?  

La elección terminológica, desde luego, no ha ayudado. A la renta básica se la denomina a veces “ingreso ciudadano” [“citizen’s income”] en el Reino Unido o “salario ciudadano” en los países escandinavos. Pero, de manera más fundamental, la confusión es fácil de comprender en un país que no ha tenido la experiencia de un programa de renta mínima condicionada durante un periodo significativo. La renta básica se ofrece precisamente como solución a los problemas que crea esa clase de programas. 

Sólo cuando se tiene un amplio debate público sobre la renta básica por contraposición a la asistencia social condicionada existente.se puede esperar que se comprenda de modo bastante claro la diferencia entre ellas por parte de algo que más numeroso que una reducida fracción de la población. Este ha sido el caso, por ejemplo, en Suiza, gracias al referéndum de junio de 2016, en Francia, gracias a la campaña presidencial de Benoit Hamon en 2016-2017, y en Finlandia, gracias al experimento de 2017-2018.  

Asumamos que entra en vigor el sistema italiano de subsidios de desempleo. ¿Cómo se podría reformar del modo en que se ha descrito en el libro de referencia Basic Income, que ha escrito usted junto a Yannick Vanderborght?

Para el futuro inmediato, abogamos por una “renta básica parcial”, es decir,  una renta básica individual, universal y libre de obligaciones, pero en una escala más baja que la del reddito di cittadinanza. Por encima de este suelo absolutamente seguro, alguna gente tendría derecho a una asistencia social condicionada reforzada, cuyo nivel podría variar a lo largo del país, y también por supuesto a las prestaciones de seguros sociales ligadas a los ingresos. No se aboliría la trampa de la pobreza, pero se reduciría de modo significativo. 

Y la prestación la podría utilizar la gente como subsidio que les ayudara a su empleo asalariado o autoempleo. Pero en términos de poder de negociación y de potencial emancipatorio, hay todo un mundo de diferencia entre una renta modesta a la que tienes derecho pase lo que pase y otra a lo que tú o tu patrón sólo tenéis derecho si aceptas que te metan en un trabajo repugnante, y que pierdes si decides dejarlo.

 Una renta mínima general sujeta a la evaluación de medios económicos y a condición de un trabajo es un paso adelante que no se debe desechar demasiado a la ligera. Pero hay que estar preparados para la idea más radical de una renta básica incondicional, a fin de convertir  la reacción que es probable que desencadene el actual reddito di cittadinanza en un paso más encaminado hacia una sociedad libre y una economía saludable."               (Entrevista a Philippe van Parijs  , Sin Permiso, 07/04/2019)

13/2/19

Finlandia acaba con el sueño del dinero gratis

"En diciembre de 2016, Tuomas Mujara sintió que le había tocado la lotería. Este periodista freelance y escritor de 45 años resultó uno de los 2.000 afortunados que estaban a punto de enrolarse en un proyecto que, a primera vista, parecía un sueño: recibir dinero a cambio de nada




La Seguridad Social finlandesa quería comprobar si inyectando 560 euros al mes sin ningún tipo de condición a un grupo de desempleados a lo largo de 2017 y 2018 obtendría pistas sobre cómo debían ser las ayudas sociales en la era de la digitalización, cómo incentivar la búsqueda de empleo entre los beneficiarios de subsidios y cómo reducir la burocracia. Terminado el proyecto, las conclusiones son ambiguas.

Los resultados preliminares muestran que el dinero caído del cielo no tuvo ningún efecto en la empleabilidad de los participantes. Trabajaron prácticamente las mismas horas y ganaron lo mismo —exceptuando los ingresos de la renta básica— que otro colectivo de características similares. En cambio, la renta básica sí sirvió para impulsar la salud, la autoestima y el optimismo hacia el futuro de sus beneficiarios.

Ya antes de que el pasado viernes se presentaran las conclusiones de un experimento inédito en Europa, Mujara se mostraba seguro de cuáles iban a ser. Y su respuesta se parecía bastante a la que más tarde darían los responsables del estudio. “Por supuesto que los participantes hemos seguido buscando empleo. Primero, porque con 560 euros no puedes vivir en Finlandia.

 Y segundo, porque tener la seguridad de un ingreso mínimo no te hace más vago”, aseguraba el jueves a este periódico. Al preguntarle por lo mejor de su experiencia, Mujara no dudó un instante: “la libertad”. Libertad de no tener que rellenar largos formularios para solicitar ayudas, libertad de saber que, pase lo que pase, a final de mes iba a tener un cheque, aunque fuera por una cantidad pequeña.

Los defensores del proyecto insistían en que una renta básica sin condiciones de ningún tipo evitaría que los receptores de ayudas rechazaran empleos por temor a superar el nivel de ingresos mínimos para recibir subsidios. Y que al no tener que ocuparse de la burocracia con los servicios sociales podrían dedicar ese tiempo a buscar empleo de forma más eficaz.

Algunos participantes en el programa —elegidos por sorteo entre 175.000 personas que en 2016 percibieron algún tipo de subsidio por desempleo— cobraban una cantidad muy parecida a la que recibían antes, pero el nivel de estrés por la preocupación de renovar la solicitud descendió considerablemente. “La libertad te hace más creativo. Y ser más creativo te hace más productivo”, resume Mujara.

La renta básica es una idea ya antigua. Y, frente a la imagen muy extendida de que se trata de una iniciativa izquierdista, en ocasiones ha sido defendida por ideólogos liberal-conservadores que la presentaban como la excusa perfecta para eliminar las otras ayudas sociales. El experimento finlandés nació, como admiten sus impulsores, con dos limitaciones: estar dirigida a un grupo concreto, el de los desempleados, y una duración predeterminada de dos años.

Olli Kangas, profesor de la Universidad de Turku que ha liderado la investigación, se muestra satisfecho con los resultados, pese a insistir en que son aún provisionales. El próximo año se conocerán las conclusiones finales. Pero por ahora destaca la importancia de que los participantes en el piloto se hayan sentido más seguros, al mando de sus vidas y con mejor salud mental y física.

 “Soy consciente de que los adversarios de la renta básica no prestarán atención a estas mejoras, y se centrarán en que el proyecto no tuvo efectos en su situación laboral”, continúa Kangas.

Lo cierto es que la posibilidad de que Finlandia introduzca algún tipo de renta básica con carácter generalizado parece alejarse más y más. El proyecto nació con la idea de ser prorrogado y ampliado a otros grupos más allá de los desempleados, pero el Gobierno de centro-derecha anunció en abril de 2018 que se quedaría en solo dos años.

 El ministro de Finanzas, Petteri Orpo, ha dejado claro su desdén por el programa. Y ninguno de los grandes partidos que aspiran a obtener una mayoría en las elecciones parlamentarias del próximo abril muestran muchas simpatías por ampliar el proyecto. “Ni los socialdemócratas ni los conservadores ni los sindicatos defienden la renta básica”, admite el investigador Kangas.

En el mundo académico, las posturas están muy enfrentadas. Miguel Ángel García, investigador de Fedea, no esconde su escepticismo ante una renta básica cuya puesta en práctica no solo sería “cara sino complicadísima”. “No creo que la sociedad fuera a recibir bien una renta generalizada para todos.

 Y que un jubilado que ha trabajado toda su vida cobrara lo mismo que alguien que se ha esforzado menos. Creo que es prioritario buscar soluciones para colectivos como los trabajadores pobres y los que no acceden al mercado laboral; más que impulsar medidas tan dudosas como la renta básica”, añade.

Enfrente se topa con activistas como Guy Standing, investigador en la Universidad de Londres y autor de La renta básica, Un derecho para todos y para siempre, que cree necesario replantear todo nuestro concepto de trabajo y de tiempo, y buscar recursos donde sea para garantizar unas condiciones de vida dignas a todos los ciudadanos.

 “La experiencia de Finlandia no es un buen ejemplo, porque los participantes fueron elegidos al azar en todo el país. Y no en una pequeña comunidad, donde los beneficios son más evidentes”, explica por teléfono.

Kangas, el responsable del estudio finlandés, admite algunas deficiencias en su experimento y que quizás la perspectiva de una renta básica en su país es hoy aún menos realista que ayer. Pero, se pregunta, ¿quién sabe qué ocurrirá a medio plazo? “¿Acaso un estadounidense de hace 200 años podría imaginarse que la esclavitud iba a ser abolida?”, lanza al aire.




Existen casi tantas rentas básicas como defensores tiene esta idea. En su forma más pura, se trata de un pago estatal de carácter universal (para todos los miembros de una comunidad), incondicional (al margen de ingresos y riqueza) e ilimitado en el tiempo.

Lo que puede parecer una iniciativa utópica cuenta con un congreso anual donde se presentan estudios científicos. Y países tan dispares como Canadá, India, Kenia, EE UU, Holanda, Alemania o España han llevado a cabo o planean experimentos con distintos tipos de rentas básicas. La muy comentada renta ciudadana del M5S italiano ha quedado finalmente reducida a una forma de completar el subsidio por desempleo hasta un máximo de 780 euros.

Guy Standing, uno de los mayores conocedores —y defensores— de la renta básica, destaca la experiencia de Kenia, donde 21.000 adultos recibirán una renta hasta 12 años, por su larga duración e impacto en una comunidad, en lugar de un colectivo disperso, como en Finlandia."            (Luis Doncel, El País, 10/02/19)