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11/12/20

Choque entre el norte y el sur por las patentes covid-19. India y Sudáfrica lideran una petición ante la Organización Mundial del Comercio para que se suspenda temporalmente la propiedad intelectual sobre tecnologías, medicamentos y vacunas contra el nuevo coronavirus mientras dure la pandemia; 99 países les apoyan, el mundo rico se resiste...

 "En la carrera contra la covid-19 hay dos velocidades. La de los países ricos, que ya han comprado o apalabrado dosis de vacunas suficientes para inmunizar a sus poblaciones varias veces; y la de los pobres: después. 

Aunque se ha creado un mecanismo internacional ―Covax― para garantizar la equidad en la distribución que ya ha recaudado más de 1.700 millones de euros, no está suficientemente dotado todavía para afrontar la batalla en el mercado en igualdad de condiciones. 

Esa desigualdad es la que ha impulsado a la India y Sudáfrica a solicitar a la Organización Mundial del Comercio (OMC) que suspendan los derechos de propiedad intelectual sobre cualquier tecnología, medicamento o vacuna contra esta enfermedad, al menos, hasta que se consiga la inmunidad de grupo global, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula en el 70% de la población del planeta.

 El mapamundi de apoyo a esta propuesta también está dividido en dos: el norte, que la rechaza (España entre ellos); y el sur, que la apoya. La OMC funciona por consensos y en esta ocasión el acuerdo se va a hacer de rogar: 99 de los 164 países miembros del organismo se han mostrado a favor. También numerosas ONG y organizaciones de la sociedad civil se han sumado.

 Tedros Adhanom, director general de la OMS, se mostró a favor pocos días después de que los dos países presentasen formalmente su solicitud. “Damos la bienvenida a los esfuerzos para ampliar el acceso a las pruebas, tratamientos y vacunas como la reciente propuesta de Sudáfrica e India”, dijo. En la insdustria, la iniciativa no ha caído bien. Hasta que la cuestión se resuelva, el choque de argumentos y cruce de declaraciones están garantizados.

Este jueves se debatirá de nuevo el asunto en el Consejo sobre los Acuerdos de Propiedad Intelectual (Adpic) de la OMC para convenir una posición para la reunión que se celebrará el próximo 17 de diciembre, cuando debería tomarse una decisión. Pero todo apunta a que las naciones más prósperas no cambiarán su parecer para entonces. Ejemplo de ello es la postura de la Unión Europea, a la que se adhiere España.

“Los derechos de propiedad intelectual ni deben suspenderse, ni es necesario hacerlo, ya que el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio en su artículo 31 ya ofrece suficiente flexibilidad, mediante el establecimiento de un sistema de licencias obligatorias especiales, para poder hacer frente al suministro y distribución de medicamentos y productos sanitarios durante la pandemia de la covid-19″, argumentan desde el Ministerio de Industria y Comercio español. “No hay ninguna prueba de que los derechos de propiedad intelectual sean una verdadera barrera en relación con los medicamentos y tecnologías relacionados con la covid-19″.

Los países miembros de la UE consideran más útil financiar los fondos globales para la repuesta al coronavirus que la propuesta de la India y Sudáfrica que solo conseguiría desincentivar la innovación, apuntan fuentes de Comercio de la Comisión. Prueba de ello es que Europa destinará casi 16.000 millones “para el acceso universal a pruebas, medicamentos, dispositivos e inmunizaciones para la enfermedad y lograr la recuperación global”, subrayan. Desde la institución recuerdan que “muchas compañías farmacéuticas se han comprometido públicamente y ya están trabajando en estrecha colaboración con los Gobiernos para garantizar que las vacunas estén disponibles y sean asequibles para todos los que las necesiten”.

Estos mecanismos, fondos y promesas no aseguran un acceso equitativo, en opinión de Irene Bernal, investigadora del equipo de acceso a medicamentos de Salud Por Derecho. “Estamos viendo que quien tiene el dinero es el que tiene acceso. El 53% de las vacunas nos las hemos quedado el 14% de la población, los ricos”, argumenta. “Y las compañías tienen una capacidad de producción limitada. ¿Cuándo van a llegar entonces las dosis a los países más pobres? Suspender las patentes permitiría una producción a gran escala suficiente para abastecer el mercado mejor”, defiende.

En este sentido, fuentes de la Comisión Europea indican que se han producido acuerdos sobre la expansión de la capacidad de fabricación. “Por ejemplo, AstraZeneca tiene convenios con empresas de Italia, Reino Unido, China y Rusia para apoyar la manufactura, adquisición y distribución de vacunas”, apuntan. “También se realizó un acuerdo de transferencia de tecnología con Serum Institute of India para suministrar dosis a países de ingresos bajos y medianos. BioNTech está colaborando con Fosun Pharma para abastecer el mercado chino. Y hay otros ejemplos”.

India y Sudáfrica no creen que sea suficiente. La declaración del país asiático ante la reunión del Consejo de los Adpic del 20 de noviembre denunciaba duramente la postura que mantienen las naciones del norte: “Por un lado, estos países están comprando la mayor cantidad posible de suministros que son limitados, sin dejar vacunas para los países en desarrollo y menos adelantados. Por otro lado, y de manera muy extraña, estos son los mismos que argumentan en contra de la necesidad de la exención que puede ayudar a aumentar la fabricación y el suministro mundial para lograr no solo un acceso equitativo, sino también oportuno y asequible a dichas vacunas para todos los países”.

España no se libra de este tipo de crítica de doble moral. En una misiva al Gobierno para que cambie su posición, Médicos Sin Fronteras y Salud por Derecho destacan que no apoyar la iniciativa india y sudafricana es contrario a lo que se compromete en la Estrategia de Respuesta Conjunta de la Cooperación a la crisis de la Covid. En ella se lee: “España será proactiva en promover políticas de propiedad intelectual que se orienten a facilitar este acceso universal y equitativo, que apuesten por licencias abiertas, compartidas, no exclusivas a nivel mundial y no limitadas en el tiempo, especialmente en lo que concierne a resultados fruto del dinero público”.

“Ha habido una aportación de financiación pública sin precedentes en la investigación de tecnologías, medicamentos y vacunas contra la covid-19. Con ello estamos reduciendo el riesgo de las compañías”, subraya Bernal. En su opinión, este es un motivo más para que se suspenda temporalmente la protección sobre todo ese conocimiento para vencer a la enfermedad. No sería la primera vez. Hay precedentes de medidas excepcionales.

En el caso de las patentes, las farmacéuticas y otras empresas tienen un derecho exclusivo de utilizar y explotar la invención, en este caso el medicamento o vacuna, durante 20 años desde su concesión. Pero en 2001, la Declaración de Doha reconoció el derecho de los Gobiernos a tomar todas las medidas necesarias para eliminar las patentes y otras barreras de propiedad intelectual para priorizar la salud pública frente a los intereses comerciales. Se adoptó para responder a la epidemia de VIH-sida que mataba a miles de pacientes en los países en desarrollo porque no se podían permitir adquirir antirretrovirales. Especialmente, en Sudáfrica, que ahora promueve otra revolución en el sistema. Tras aquel acuerdo, “los precios del tratamiento cayeron de 1.000 dólares a 100 en unos años”, rememora Raquel González, responsable de relaciones externas de MSF España.

 

“Esto es un órdago, una propuesta radical para un momento puntual de la Historia con una situación extraordinaria. La pandemia lo es y requiere de medidas excepcionales porque el sistema actual no está preparado”, anota la representante de MSF. De tener que hacer uso de las flexibilidades de la actual normativa, que son suficientes para la UE, cada país individualmente tendría que justificar y retirar la patente medicamento por medicamento, caso por caso. “Es un proceso farragoso y estamos en una carrera contrarreloj”, añade.

La Federación Internacional de Productores Farmacéuticos (IFPMA, por sus siglas en inglés) considera, sin embargo, que “la dilución de los derechos de propiedad intelectual es contraproducente” porque “socavará la confianza en lo que ha demostrado ser un sistema que funciona bien, permitiendo que la industria se asocie con confianza con el mundo académico, institutos de investigación, fundaciones y otras empresas privadas”. Así lo manifiesta en un comunicado. “La industria mantiene su compromiso con el acceso justo y equitativo a los tratamientos y vacunas para la covid-19”, anota.

Desde Farmaindustria, miembro de la patronal mundial de la industria, sostienen que la investigación sin precedentes, con la que se ha conseguido que estén en marcha cerca de 2.200 ensayos clínicos sobre la enfermedad, más de 1.100 medicamentos en fase de pruebas y 350 proyectos de vacunas “no habría sido posible sin la existencia durante años de un marco regulatorio predecible, basado en las leyes de propiedad industrial y en la existencia de patentes a nivel mundial para proteger la innovación”.

Covax, la apuesta del mundo desarrollado

Para Mark Suzman, director ejecutivo de la Fundación Bill y Melinda Gates, “en 2021, el mundo se tiene que focalizar en maximizar la producción y distribución de forma equitativa”. Para que las tecnologías, medicamentos y, sobre todo, las vacunas lleguen al mismo tiempo a todo el planeta, “se necesitan fondos para negociar precios y reservar dosis”. Su apuesta para conseguirlo es el mecanismo internacional que se ha creado para ello: Covax, una plataforma de países ricos y pobres para aunar esfuerzos en esta línea. El objetivo de esta alianza es proveer a los 187 socios con 2.000 millones de vacunas en 2021, también a los 92 de renta baja y media que no se pueden permitir adquirirlas.

Para asegurar que los países sin recursos las reciban en igual cantidad y al mismo tiempo que los prósperos, se creó el compromiso de Mercado Anticipado Covax (AMC, por sus siglas en inglés), un fondo que se nutre de la ayuda oficial al desarrollo de los donantes, así como contribuciones del sector privado y la filantropía para garantizar precios muy asequibles a las economías más precarias. “Queremos que las vacunas lleguen a los pobres lo más rápido y barato posible. El AMC garantiza que tengan acceso a precio de coste”, explica. Conseguirlo requiere de dinero y esta hucha ya cuenta con más de 2.000 millones de dólares (1.650 millones de euros). “Pero estamos preocupados porque no es suficiente, se necesitan otros 5.000 millones para vacunar al 20% de la población en 2021”, subraya en un encuentro virtual con periodistas. Por eso, la Fundación Gates aportará otros 250 millones de dólares (207, de euros) a la respuesta global contra la covid-19, desvela, lo que eleva los compromisos totales de la entidad a 1.750 millones de dólares (1.450, de euros).

“La UE ha sido líder en apoyar el Covax AMC”, ha destacado Suzman. La Comisión Europea destinó a este fondo 100 millones de euros a mediados de noviembre. Por su parte, Francia donó otros 100 y España 50. El temor de quienes apoyan la suspensión de patentes es que, incluso con el apoyo de Covax AMC, haya países que se queden fuera o les llegue todo demasiado tarde. Hasta la fecha, este fondo se ha hecho con 700.000 vacunas de los 2.000 millones que calcula que necesita para cumplir su misión en 2021. Es lo que plantea González, de MSF. “Ya lo vemos con la Alianza Global para las Vacunas [Gavi}: hay quienes no acceden a ellas. Covax es un paso, pero pedimos ir más allá”, termina."                     (Alejandra Agudo, El País, 10/12/20)

3/10/19

Hemos progresado en nombre de la dignidad porque todo el mundo la sentía, aunque no fuera capaz de definirla... el asco a la indignidad marca el camino del progreso... lo podemos decir hoy de los inmigrantes... Hay una sociedad crítica con sus gobernantes escandalizada de cómo tratan a inmigrantes que huyen de la guerra y el hambre... ese escándalo es absolutamente nuevo en la historia de la humanidad porque presupone algo que nunca había hecho nadie antes, que es conceder al extranjero una dignidad infinita de origen...

"Tras dedicar una tetralogía a la ejemplaridad, el filósofo Javier Gomá (Bilbao, 54 años) se lanza en su último ensayo a reflexionar sobre otro concepto esquivo: la dignidad. Un término que define en Dignidad (Galaxia Gutenberg) como "lo que estorba y resiste a todo, incluido el interés general y el bien común" y que ha sido "olvidado y despreciado por la filosofía", frente a su presencia cotidiana en la calle, los mitines o los medios de comunicación.

 "Hemos progresado en nombre de la dignidad porque todo el mundo la sentía, aunque no fuera capaz de definirla", afirma en una entrevista con este periódico en Madrid, en la sede de la Fundación Juan March, que dirige desde 2003, un año antes de obtener el Premio Nacional de Ensayo por Imitación y experiencia.

Pregunta. ¿A qué se debe ese olvido de la filosofía por el concepto de dignidad que lamenta en el libro?

Respuesta. La primera causa, que es estructural, es la que dice Petrarca en el siglo XIV: que la miseria de la vida basta con abrir los ojos para verla, tan manifiesta es, mientras que la dignidad hay que cavar hondo para encontrarla. Es un concepto hasta cierto punto esquivo.

Hay además una causa cultural. A partir de Kant la filosofía es crítica. La cultura, durante siglos, era un instrumento de socialización, que permitía que ese salvaje que nacía de la madre se convirtiera, años después, en ciudadano. A partir de un momento, [la cultura] es sobre todo un instrumento de dominación. Y eso hace que sea liberador, pero poco creador y ciego al carácter transformador del concepto de dignidad. Hoy lo más frecuente es una ideología desconfiada, escéptica frente a cualquier ideal positivo, mientras que la dignidad es un ideal de transformación, de innovación.

La filosofía ha dado la espalda por completo al concepto de dignidad y ha sido la sociedad, como proyecto colectivo, la que —sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX— ha cogido la bandera de la dignidad y producido unas transformaciones extraordinarias, sin el respaldo de la filosofía. Es una inversión de lo que normalmente ocurre y ha tenido como consecuencia una filosofía que no ha meditado sobre la dignidad, pero también unos movimientos sociales realizados históricamente en nombre de un concepto que no ha definido.

P.  ¿Por qué esa diferencia entre el peso de la palabra en la filosofía y en ámbitos como el jurídico o el periodístico?

R: Porque es un término que connota, casi hechizante, sugiriendo esa cualidad del individuo que no puede ser atropellada. El gran hallazgo del siglo XX es que la dignidad individual prevalece sobre proyectos colectivos, de progreso, de mayor felicidad.

Es aquello que no puede ser sustituido por algo equivalente, que es lo que es el precio. Incluso invocando causas justas: el progreso, el bienestar, la felicidad de la mayoría... Es esa cualidad diamantina, resistente a todo, que incluso puede detener la marcha del progreso, porque convierte al resto de la humanidad en deudora. 

Quien la posee, y todo el mundo la posee, se convierte en acreedor, porque la humanidad le debe el derecho a la dignidad. Hemos progresado en nombre de la dignidad porque todo el mundo la sentía, aunque no fuera capaz de definirla.

P. ¿No puede generar monstruos un concepto que puede oponerse al bien común y que cada uno define de forma individual?

La filosofía no da la solución del crucigrama, una respuesta a todas las situaciones generadas por la riqueza e imprevisibilidad de la vida. Cuando se ha usado la dignidad para dar un problema taxativo a la eutanasia, al aborto, a la manipulación genética o a si se puede disparar a un avión cargado de pasajeros que va a estrellarse contra el Congreso de Estados Unidos, es cuando se convierte en recetario, que es algo que la filosofía no debe dar.

P. En el libro habla de cómo el asco a la indignidad marca el camino del progreso...

R: Asociamos la moral con lo fijo, pero hay un progreso moral que tiene que ver con una evolución de lo que consideramos evidente. En el ámbito de la dignidad, el progreso viene a menudo a partir del escándalo, como ocurrió con la novela social en el siglo XIX. 

Se te hace evidente algo que durante muchos siglos no es que no fuera evidente, es que era invisible, porque formaba parte del entramado normal de dominación. De repente ves el niño que, como en las novelas de Dickens, trabaja 18 horas al día, o la mujer abandonada después de ser violada o a un preso por deudas, algo que se suprimió en el siglo XIX.

Sí, se sigue violando a las mujeres, pero antes no se le daba ese nombre, porque no se reconocía dignidad a esas mujeres y, por tanto, no se violaba nada. La gran diferencia es que ya no puedes violar sin degradarte, envilecerte, sin producir asco a tu alrededor.

No sé cómo verán nuestros nietos el trato que hoy reciben los refugiados...

Lo mismo que decimos sobre las mujeres podemos decir hoy de los inmigrantes. Hay una sociedad crítica con sus gobernantes, al menos en Occidente, escandalizada de cómo tratan a inmigrantes que huyen de la guerra y el hambre. Y es justo que se escandalicen, siempre y cuando se ponga también el énfasis en que ese escándalo es absolutamente nuevo en la historia de la humanidad, porque presupone algo que nunca había hecho nadie antes, que es conceder al extranjero una dignidad infinita de origen, abstrayendo de todas las consideraciones. 

El principio de que el ciudadano tiene todos los derechos y el extranjero es un paria, que casi se asimila al esclavo, ha sido universal. Que hoy día nos estemos escandalizando es una extraordinaria noticia porque implica un progreso moral sin precedentes.

P. ¿Existen dignidades colectivas?

R: Sería un uso coloquial, no técnico. Sobre la que yo reflexiono es individual y pone el acento en lo distintivo de lo humano frente a los colectivismos, pero también frente a conceptos como la dignidad de la tierra, en el que se trata de relativizar la dignidad de lo humano para decir que el lagarto y el humano tienen la misma dignidad por pertenecer a la naturaleza. Yo trato de exasperar aún más la diferencia entre el hombre y el lagarto.




La creciente demanda de dignidad a los políticos


Pregunta. En el libro menciona la renuncia al "perfeccionismo político" y la búsqueda del acuerdo en la Transición, lo que conecta con la actualidad política española estos días

Respuesta. En política, la finalidad es la obtención del poder. Y una vez obtenido, su mantenimiento. Si no pones frenos, será una obtención desvergonzada, no sujeta a reglas. No es ser cínico, sino realista, decir que la política es sobre todo el arte de obtener y mantener el poder, por todos los medios que la sociedad le permita. ¿Cuál es el mayor contrapoder que existe en el mundo? Una ciudadanía ilustrada, consciente de su dignidad y de lo que se le debe.

Yo entiendo que los políticos hacen siempre lo que más les conviene para obtener sus objetivos políticos, pero no pueden ignorar del todo la demanda de una ciudadanía que, siendo cada vez más lustrada, es progresivamente más consciente de su dignidad y castiga aquellos comportamientos que, entiende, son ofensivos para la dignidad que considera que los políticos le deben respetar.

Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, pero también [Albert] Rivera y [Pablo] Casado, tienen que combinar la obtención cruda del poder, con la imagen de la dignidad. Y una sociedad ilustrada hace que esa demanda de dignidad sea creciente."                    (Entrevista al filósofo Javier Gomá, antonio Pita, El País, 18/09/19)

3/9/14

Aceptamos que es más urgente para todos evitar que una empresa de seguros o un banco vayan a la bancarrota, que alimentar a millones de niños

"Octubre de 2008. La FAO, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (el traductor de Ernesto Guevara en su periplo europeo fue su coordinador en algún momento) informaba que el hambre afectaba a unos mil millones de seres humanos.

 En sus cálculos reconocidos, con 30 mil millones de dólares USA anuales bastaba para superar la situación, para salvar todas esas vidas afectadas por el hambre, la miseria y la muerte. 

En ese mismo momento, la acción concertada de seis bancos centrales, los de EEUU, UE, Japón, Canadá, Gran Bretaña y Suiza, derivó 180 mil millones de dolares al mercado financiero: ¡era necesario salvar a los grandes bancos privados que estaban hundiéndose!

Yanis Varoufakis describió así la situación: “En 1929 el total de los créditos pendientes de pago en EEUU era del 160% del PIB. En 1932, conforme las deudas se acumulaban y el PIB caía, había subido hasta el 260%. En contraste, EEUU entró en el crash de 2008 con un total de créditos pendientes de pago del 365% del PIB.

 Dos años más tarde, en 2010, se había elevado hasta un formidable 540% del PIB (Y esta cifra no se incluye los derivados, cuyo valor nominal pendiente de pago es de al menos cuatro veces el PIB)” [3]

Poco después de la primera inyección financiera, el Senado USA aprobó una partida adicional de 700 mil millones. Dos semanas más tarde, otra de 850 mil millones. El paquete de “ayuda” continuó creciendo y creciendo. Hasta el infinito y más allá. Se calcula que en septiembre de 2009 alcanzó los 17 billones (millones de millones) de dólares. USA por supuesto. 

Ante una situación así, señala Manfred Max-Neef, tenemos dos alternativas: ser demagogos o realistas. ¿Demagogos, realistas? ¿En qué sentido, qué acepción usamos? En este: “si… aceptamos que es más urgente, más necesario y más conveniente y rentable para todos evitar que una empresa de seguros o un banco vayan a la bancarrota que alimentar a millones de niños, o brindar ayuda a las víctimas de un huracán, o curar el dengue, seremos calificados de realistas.”

¿O no es el caso? Si, por el contrario, proponemos un referéndum para preguntar a la ciudadanía si prefiere usar sus recursos monetarios para salvar vidas o bancos, seremos acusados de ser unos demagogos. Con razón. Y unos irresponsables. 

Durante tiempo se dijo y repitió, señala Max-Neef (se sigue repitiendo la misma letanía), que nada se podía hacer, que no había dinero suficiente. Surgió de repente, una verdadera y teológicamente pura creatio ex nihilo. 

De las mejores, nunca superada hasta el momento. “Nunca hay suficiente para quienes no tienen nada pero siempre hay suficiente para quienes lo tienen todo” comenta el economista chileno-germano. 

Mediados de 2014, ¿a cuánto ha podido subir el dinero global del rescate? ¿Exagero si hablo en 25 billones (millones de millones) de dólares? Exagero. Vale, de acuerdo. Lo dejamos en 20 billones. 

Dividamos esa cantidad entre los 30 mil millones necesarios (supongamos la misma cantidad, no es un disparate) para superar el hambre en el mundo. Resultado-cociente de la operación (con residuo insignificante): 666, ¡medio milenio, un siglo y medio más, una década y media sumada y un año añadido: un mundo humano sin hambre! 

¿666? ¿No era 666 la marca de la Bestia en el Nuevo Testamento, en las Revelaciones de San Juan? “ El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.”
Pues eso: contra la paradoja de la Bestia."               (Salvador López Arnal, Rebelión, 02/08/2014)

4/3/13

La tarea de la ciencia social crítica es alumbrar las situaciones de injusticia estructural de las que los ciudadanos consumidores (del norte) se benefician

"Thomas Pogge, un teórico de la Justicia Global, ha desarrollado la idea de la responsabilidad cosmopolita que los ciudadanos de los países del Norte tenemos frente a los problemas de desigualdad e injusticia en el Sur. Para afrontarlos plantea medidas políticas de rediseño del orden económico internacional.

 Creo que este enfoque tendría que ser aplicado al tema que nos ocupa, al crear la demanda de sustancias adictivas, el Norte es responsable de lo que ocurre en el Sur. Otra autora, Iris Marion Young, cuyo último libro, póstumo, ella murió aquejada de cáncer en 2006, se tradujo recientemente al español, Responsability for Justice, planteaba frente al consumo irresponsable en el Norte la idea de un modelo social de responsabilidad que necesita de una ciencia social crítica que reconstruya la trazabilidad de los productos, que desvele su origen y recorridos.

 En concreto, Young ponía de ejemplo la industria textil global y sus prácticas de subcontratación en las que la producción de la ropa se realiza en países del Sur en condiciones laborales esclavas. No hace falta recordar las polémicas en torno al imperio Zara y a otras multinacionales similares. 

La idea es la de que ropa que nos ponemos o la droga que consumimos lleva “borrados”, en un proceso social de omisiones y silencios cómplices, su origen explotador y criminal. 

La tarea de la ciencia social crítica y de la teoría ética y política es alumbrar las situaciones de injusticia estructural de las que los ciudadanos consumidores se benefician. Para ello el concepto de trazabilidad parece francamente útil. Según el Comité de Seguridad Alimentaria de AECOC:


“Se entiende trazabilidad como el conjunto de aquellos procedimientos preestablecidos y autosuficientes que permiten conocer el histórico, la ubicación y la trayectoria de un producto o lote de productos a lo largo de la cadena de suministros en un momento dado, a través de unas herramientas determinadas.” (2)


Esta idea de la trazabilidad, de perseguir la cadena de suministros, se ha aplicado, como decíamos, a los productos de la industria textil con el fin de denunciar, por ejemplo, las condiciones de explotación laboral de las maquiladoras. Pienso que este modelo puede ser aplicado al tema que nos ocupa (la droga."        (Drogas y narcotráfico. Más allá de los paradigmas vigentes de la Salud Pública y la Seguridad. de María José Guerra Palmero, Sin Permiso, 24/02/2013)

23/3/10

"La religión ha de respetar lo que sabe la ciencia"

"Hay obviedades ("cualquier creencia religiosa tiene que estar en armonía esencial con la razón y con el conocimiento científico") que tardan siglos en abrirse paso. Y ésa, que la religión ha de respetar lo que sabe la ciencia, aún no ha alcanzado carta de naturaleza en el mundo.

Eso lo dice Arash Arjomandi, iraní, 39 años, un hombre de fe, mientras espera que le sirvan un arroz a banda (un poco descolorido, ésta es la verdad) y juega con el vaso en el que le espera su cerveza sin alcohol. Un hombre de fe. De la fe baha'i. A los ocho años, esa fe lo obligó a dejar Irán con sus padres: en su patria los religiosos de Jomeini pusieron al millón largo de miembros de esa fe en la lista de los indeseables y de los ajusticiables. Su apellido está maldito, y con ese estigma viven muchos más por el mundo.

La fe baha'i, por ejemplo, defiende el principio (¡revolucionario!) de que "a las mujeres se les debe dar las mismas, o incluso mayores, oportunidades que a los hombres para su completo desarrollo personal y público".No es una religión: "Se llama fe porque es un nuevo concepto de religión: un conjunto de creencias fundamentadas racionalmente y con pautas prácticas para la felicidad personal". Él no se priva de nada, excepto del alcohol...

Los de su fe, dice, creen que el mundo puede ir mejor. Un "plan global de pacificación mundial a través de un federalismo democrático internacional" forma parte del ideario baha'i que Arjomandi desmenuza como si hablara de lo que los demás llamarían utopía con la convicción con la que subraya el proyecto: "La propuesta baha'i para construir un mundo mejor incluye crear instituciones públicas globales de naturaleza plenamente democrática; sugiere crear instituciones políticas confederales a escala global".

Quieren la paz. ¿Y por qué los persiguen con tanta saña? Ocurrió desde el principio, en la Persia del siglo XIX: "Más de 20.000 seguidores de la fe baha'i fueron ejecutados de forma cruel y sangrienta en las calles del Irán decimonónico". ¿Y ahora? Ahora hay evidencia cruel de que el clero islámico no soporta, "por heréticos", una serie de principios en los que se sustentan las propuestas de los baha'i. Entre ellas, lo que dicen de la igualdad de las mujeres y lo que afirman acerca de la religión supeditada a la ciencia. " (ARASH ARJOMANDI: "La religión ha de respetar lo que sabe la ciencia". El País, ed. Galicia, última, 20/03/2010)

30/3/09

Hacia una Ética mundial

" La tercera, la propuesta (de Hans Küng) de una ética mundial compartida por toda la humanidad en tiempos de salvaje globalización neoliberal, que formula en torno a cuatro principios

1. No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones.
2.
No habrá paz entre las religiones sin diálogo de las religiones.
3. No habrá diálogo de las religiones sin estándares éticos globales.
4.
No habrá en nuestro Globo supervivencia en paz y justicia sin un nuevo paradigma de relaciones internacionales basadas en estándares éticos globales." (JUAN JOSÉ TAMAYO: Duelo de titanes. El País, ed. Galicia, Opinión, 18/03/2009, p. 25)