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3/12/21

Si España reúne condiciones perfectas para el teletrabajo, por qué estamos por debajo de la media europea

 "El teletrabajo llego a la vida de los trabajadores españoles más por obligación que por devoción de las empresas hace más de un año. Desde que comenzó los confinamientos, muchos trabajadores se han visto obligados llevar su oficina a casa. 

 Trabajar desde casa ha creado diferentes hábitos que ahora se está viendo si volver o no a las oficinas, y como hacer para mantener lo bueno del teletrabajo en España. Pero la cuestión es que si es verdad que el teletrabajo se ha convertido en un habito tan habitual como piensa todo el mundo.

¿En qué países el teletrabajo se ha convertido en algo habitual en la vida de los trabajadores?

Según el ‘Dossier de indicadores de teletrabajo y trabajo en movilidad en España y la UE’ de Junio de 2021 del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, ha recopilado datos a nivel europeo y a nivel de España donde se demuestra que existen grandes diferencias en el teletrabajo.

La medía europea se encuentra en el 12,3 por ciento de los trabajadores que están realizando su trabajo desde casa durante el año pasado. Un porcentaje en el que España se encuentra por debajo, en un 10,9 por ciento.

Los países nórdicos y centroeuropeos ocupan los primeros puestos del teletrabajo en Europa. Finlandia es el país de la Unión Europea con mayor porcentaje de trabajadores que realizan teletrabajo con un 25,1 por ciento. España se encuentra a más de 14 puntos de diferencia en la implantación de teletrabajo por parte de las empresas.

El perfil del empleado que teletrabaja en España

El perfil de los trabajadores que han teletrabajado más en España han sido las mujeres entre 25 y 55 años y que tienen a su cargo menores o personas dependientes, por tanto, el perfil es de teletrabajadora.

Desde antes que llegará el coronavirus a nuestras vidas, los que teletrabajaban en su mayoría era los hombres, algo que ha cambiado la tendencia, por un aumento de teletrabajo de la mujer. Esto se ha debido a las cargas familiares que tienen las mujeres en los hogares españoles.

Por ranking de comunidades autónomas la ganadora ha sido la Comunidad de Madrid con un 21,6 por ciento de trabajadores que se quedan en casa para trabajar, la siguiente comunidad has sido Cataluña con un 15,2 por ciento de los empleados.

 Por otra parte, nos encontramos que las pymes españolas superan a la media europea en preparación para el teletrabajo. En 2020 el porcentaje de las empresas de 0 a 9 trabajadores que dan un dispositivo portátil con fines labores fue un 41 por ciento. Menos de la mitad de las empresas en España.

Contrasta con que las empresas de 10 a 49 trabajadores proporcionan a sus empleados en un 71 por ciento dispositivos portátiles con fines laborales, las pymes de 50 a 249 trabajadores lo hacen en un 87 por ciento y las grandes empresas lo hacen en un 96 por ciento.

Las empresas españolas no tenían experiencia previa en el teletrabajo

Las experiencias en el teletrabajo en las empresas en España habían sido pocas, así como su preparación digital y los marcos normativos que regulan el teletrabajo, han sido los condicionantes por la baja implantación entre las empresas.

Aunque el teletrabajo ha sido un elemento fundamental para la coexistencia de la actividad de las empresas y las medidas de restricción impuestas por el gobierno para contener el coronavirus.

El coronavirus ha impulsado la implantación del teletrabajo en España, sobre todo durante los periodos del confinamiento. Aunque la adopción del teletrabajo ha disminuido después de los confinamientos, sobretodo cuando se han relajado más las medidas de contención.

Una buena cosa para el teletrabajo ha sido que por primera vez en España se regula el teletrabajo a través del Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, de trabajo a distancia, pero lo malo que no se había regulado antes y, por tanto, las empresas no lo tienen interiorizado.

Las empresas de mediano y grande tamaño han estado mucho mejor preparadas que las empresas pequeñas para que sus trabajadores hagan teletrabajo en cuanto a los equipamientos y la conectividad que proporcionan.

Reflexiones para realizar el teletrabajo en España

España tiene buenas infraestructuras a la hora de conexiones a Internet, pero debe invertir en mejorarla a través del 5G y aprovechar mejor las infraestructuras existentes, implantando políticas que incentiven a las empresas a realizar el cambio de presencial a teletrabajo.

Se puede realizar ciertas reflexiones para realizar este cambio de mentalidad para las empresas:

  • España necesita impulsar mucho más el teletrabajo a nivel nacional como a nivel de las Comunidades Autónomas, ya que la normativa que regula el teletrabajo no se ha asumido por las empresas.
  • La normativa que regula el teletrabajo no indica quién se va a ver afectado por la ley.
  • La normativa pretende regular el teletrabajo en un futuro, pero debe tener en cuenta que debe trabajar desde ya sobre el tema.
  • España necesita una normativa a largo plazo basada en la educación a las empresas y la capacitación de las nuevas tecnologías que permitan el teletrabajo.
  • España necesita un cambio en el tema de conciliación familiar y una mejor racionalización de la jornada laboral."                     (Raúl J. Maestre, El blog salmón, 02/12/21)

4/10/21

¿Por qué resultan incomprensibles los retrasos en la implantación del teletrabajo como fórmula organizativa en la Administración?

"Desde Gestha no podemos comprender los retrasos en la implementación del teletrabajo como forma de organización. La pandemia ha resultado aleccionadora, así como la actitud de los empleados públicos, poniendo sus medios personales a disposición del trabajo.

 La decisión de la secretaria de Estado de Función Pública de desmantelar el teletrabajo, implementado durante la pandemia, sin dar entrada a su vertiente organizativa acordada el pasado 12 de abril con los sindicatos, ha provocado entre los empleados públicos una fuerte sensación de frustración y de falta de reconocimiento, tras todo ese esfuerzo, compromiso y probada eficacia en el trabajo a distancia desarrollado.

Entendemos que correspondería a la Administración General del Estado liderar un proceso en el que ya le han adelantado las Administraciones autonómicas.

 De las últimas resoluciones nos cuesta entender que se estén estableciendo límites máximos al teletrabajo, que parecen más destinados a ralentizar que a impulsar la modernización de la Administración. Tal es el caso, por su relevancia, de la Agencia Tributaria, que a pesar de ser el organismo más afectado por las restricciones, lideró la implementación del teletrabajo tras la alarma sanitaria para la práctica totalidad de su personal.

No solo es que la implementación de la última Resolución a este respecto vaya a entrar en contradicción con los límites sanitarios establecidos en la Ley, sino que en caso de que no haya moratoria para seguir impulsando el teletrabajo, volveremos a la pérdida de concentración y de eficacia, tanto de la AEAT, como de la Intervención General y otros Centros del Ministerio de Hacienda por el trabajo generalizado en áreas diáfanas.

Además, convendría tener en cuenta el riesgo para la salud de buena parte de empleados públicos, especialmente dada la elevada edad media que superan los 50 años. O el perjuicio en la conciliación familiar. Por no hablar de la congestión del tráfico rodado, del aumento de la contaminación en el centro de las ciudades o de la mayor saturación del transporte público en hora punta.

Además, existe una tremenda contradicción en los directivos de la AEAT y del Ministerio de Hacienda que, por un lado, presumen de una amplia carta de servicios digitalizados a los ciudadanos, chats, drones, inteligencia artificial y otras nuevas tecnologías, y, por otro lado, restringen el teletrabajo a sus empleados.

Por todo ello hemos solicitado una moratoria en la entrada en vigor de la resolución hasta que sea de aplicación la nueva normativa sobre el teletrabajo en la Administración del Estado.

Si ya resultaba incomprensible que el Gobierno recomendara el teletrabajo en las empresas, pero lo restringiera a los empleados públicos durante las olas más virulentas de la pandemia; ¿qué sentido tiene ahora la tardanza y lentitud en la implementación de esta fórmula de trabajo como forma de organización?"                  

 (Carlos Cruzado, presidente de los Técnicos de Hacienda (GESTHA), Nueva Tribuna, 30/09/21)

20/9/21

Dejar a mi hija en el cole y tener tiempo para desayunar con mi pareja antes de empezar a trabajar. Solo 15 minutos, 900 segundos de felicidad. Parece algo trivial, pero no lo es. Tomar el desayuno sin prisa, hablar de temas intrascendentes, sentir el olor a café en la casa... Esos minutos me dan la vida...

 "Antes de la pandemia, gastaba ese tiempo en un metro atiborrado de gente. Me tomaba dos galletas mientras corría hacía la estación y me maquillaba en el vagón, pero ni el rímel que alarga las pestañas, ni el corrector que cubre las ojeras, ni los pintalabios de efecto permanente eran capaces de ocultar el mal humor y el cansancio que, desde hace años, llevaba tatuados en la cara.

Hacer la comida en casa, en el tiempo que me bajaba a tomar un café o a dar un paseo alrededor de la oficina. 20 minutitos, 1.200 segundos de felicidad. Antes cocinaba por la noche, agotada de los días intensos. Hacía la comida a regañadientes y la metía en un tupper que calentaba al día siguiente en el microondas de la planta nueve. Es la misma comida, pero sabe distinto. En la oficina como y bebo tiempo perdido, en casa me alimento de pausa.

Recoger a la peque en el cole, que está solo a 10 minutos de casa. Ya no hace falta apuntarla a extraescolares para hacer tiempo hasta que mamá o papá vengan a recogerla. Aquí gano casi una hora, 3.600 segundos de felicidad. Esa cuenta no es exacta, porque hay días que la peque va a extraescolares, pero ya no se queda en el cole porque sí, sino para hacer cosas que le gustan, que le mueven, que le apasionan. La conciliación familiar, que creía que era una leyenda urbana, se convirtió en realidad. Porque finalmente el tiempo está de nuestra parte. En total, 95 minutos al día, 5.700 segundos contabilizados en favor de mi salud mental.

No me entendáis mal, ese texto no es una crítica al mundo laboral. Soy una de esas privilegiadas que le gusta lo que hace y siente orgullo del lugar donde trabaja. Lo que no me gusta son los minutos malgastados, perdidos entre la multitud que llena los vagones del metro, olvidados entre los coches atascados en la M30 o extraviados entre los microondas que recalientan cenas en la planta nueve.

Fue necesario una pandemia mundial, que nos obligó a aislarnos en casa, para descubrir esa palabra que era tan poco usada en mi oficina y que ahora considero esencial para mi calidad de vida: teletrabajo. La vuelta a eso que llaman de normalidad, con los niños en el cole, la gente en la calle, la llegada de las vacunas, disolvió gran parte de mis angustias y me permitió descubrir esos minutos, esos pequeños paréntesis de felicidad que he conquistado cuando empecé a trabajar en casa. Ese concepto que parece nuevo, aunque no lo sea, y que, como dice la gente, llegó para quedarse. Por eso no entiendo por qué queréis que volvamos. ¿Acaso somos menos productivos? ¿Hemos dejado de trabajar en equipo? ¿Nos comunicamos peor? ¿Costamos más a la empresa? ¿Por qué queréis arrebatarnos todos esos minutos de vida?

Yo trabajo más y mejor cuando estoy en casa, quizás porque estoy más a gusto y tengo menos distracciones. O quizás porque esos minutos de felicidad me ayudan a estar menos cansada y a tener la mente más despejada. No creo que la productividad haya bajado en mi departamento y la comunicación entre mis compañeros y compañeras es fluida. Es lo que tiene vivir en el siglo XXI, tenemos herramientas más que suficientes para estar en contacto constante. Los coches que abarrotaban el aparcamiento de la oficina están olvidados en sus garajes, castigados por llenar la ciudad de humo y ruido. Ya no tengo la sensación de llegar tarde a todo, con el perdón en la boca, como si la lluvia, el ascensor roto o las obras en el metro fuesen mi responsabilidad personal. Los días que voy a la oficina se han convertido en jornadas especiales, donde me reencuentro con la gente y nos ponemos al día. Las caras de siempre parecen nuevas y ya no hace falta recurrir a los típicos comentarios sobre la meteorología para tener un tema de conversación. Es lo que pasa cuando ir a la oficina no es una regla, sino una agradable excepción.

Ya empezó la afamada desescalada. Mis compañeros y yo tenemos que despedirnos de todo ese tiempo que hemos ganado. El objetivo es regresar al pasado. Borrar  de nuestra memoria la experiencia de trabajar en casa y volver al comienzo de 2019, como si nada hubiera pasado. Pero yo me resisto a aceptar esa realidad. Las historias de viajes en el tiempo nunca me han gustado. Por eso os escribo. Os cuento, con detalle, cada segundo que he ganado con el teletrabajo y os pregunto, con genuina curiosidad: ¿Por qué volver atrás? ¿Qué ha salido mal? ¿La distancia física es realmente un impedimento para hacer bien nuestro trabajo? ¿No hemos estado al pie del cañón a pesar de la pandemia? ¿Acaso nuestra felicidad no es también un activo importante para la empresa?"             (Carla Guimarães , El País, 15/09/21)

8/9/20

Bossware: un recorrido por las aplicaciones de vigilancia en el teletrabajo... este software está diseñado específicamente para ayudar a los empleadores a leer los mensajes privados de los trabajadores sin su conocimiento ni su consentimiento

 "El COVID-19 ha obligado a millones de personas a trabajar desde casa, y una multitud de marcas de software para vigilancia de trabajadores se han lanzado a promocionar masivamente sus productos a las empresas de todo el país.

A menudo el software al que nos referimos es presentado como relativamente inocuo: Algunos proveedores lo comercializan como software para "el seguimiento automático de tiempo" o de "análisis del lugar de trabajo", mientras que otros productos se dirigen a empresas preocupadas por el robo de propiedad intelectual o el robo de datos. Nosotros llamamos a estas herramientas, conjuntamente, bossware.

Si bien la pretensión comercial de estos productos es ayudar a las empresas, queremos explicar por qué el bossware pone en peligro la privacidad y la seguridad laboral de los trabajadores. Por ejemplo, en algunos casos, estos programas están diseñados para registrar cada clic y cada interacción con el teclado y para recopilar información de forma encubierta con fines punitivos o disciplinarios, además de utilizar otras funciones de espionaje que van mucho más allá de lo que es necesario y proporcionado para organizar el teletrabajo.

Aunque el hogar se convierta en una oficina, sigue siendo un hogar. Los trabajadores no deben estar sujetos a vigilancia no consensuada ni a ser controlados en sus propios hogares para mantener sus empleos.

¿Qué pueden hacer estas herramientas?

El bossware normalmente se aloja en un ordenador o en un smartphone y tiene permiso para acceder a los datos de ese dispositivo. La mayoría del bossware recoge aproximadamente todo lo que hace el usuario. Hemos revisado publicidad, demos y comentarios de los clientes para hacernos una idea completa de cómo funcionan estos programas. No obstante, dada la gran cantidad de programas de este tipo que se encuentran actualmente en el mercado, vamos a desglosar las diferentes formas de vigilancia que existen por categorías.

El tipo más amplio y común de vigilancia es el “monitoreo de actividades". Normalmente, el monitoreo abarca también un registro de las aplicaciones y sitios web que visitan los trabajadores, por ejemplo, las herramientas de mensajería (el bossware revisará desde el asunto del email hasta otras clases de metadatos) y cualquier publicación que se realice en redes sociales. La mayoría de los programas también registran los niveles de entrada del teclado y del ratón y muchos de ellos ofrecen un desglose de cuánto teclea y hace clic minuto a minuto un usuario, bajo la premisa de llevar a cabo un registro de la productividad. El software de vigilancia tratará de reunir todos estos datos en sencillos gráficos que ofrezcan a los empleadores un resumen detallado de la diligencia de los trabajadores.

Todos los productos que hemos revisado realizan continuas capturas de pantalla de los dispositivos. En algunos casos, llegan a emitir vídeo en directo. Después, esta enorme cantidad de contenido audiovisual es organizada en una línea de tiempo, de modo que los jefes pueden retroceder a través del día de un trabajador y ver lo que estaban haciendo en un momento determinado.

Varios productos actúan como registros de teclas, anotando cada pulsación, incluyendo correos electrónicos no enviados y contraseñas privadas. Dos de ellos permiten incluso a los administradores entrar y tomar el control del escritorio de un usuario. Es importante señalar, que este proceso de registro no suele distinguir entre la actividad laboral y las credenciales de las cuentas personales, los datos bancarios o la información médica.

Algunos tipos de bossware van más allá, llegando al mundo físico que rodea a los dispositivos. Las empresas que ofrecen software para dispositivos móviles casi siempre incluyen el seguimiento de la ubicación utilizando el GPS. Al menos dos servicios -StaffCop Enterprise y CleverControl- permiten a los empleadores activar secretamente las cámaras y los micrófonos del ordenador o del teléfono móvil.

En general, el bossware puede ser instalado de dos formas: como una aplicación visible para el trabajador (y tal vez incluso manipulable por él) o como un proceso silencioso que los trabajadores no pueden ver. La mayoría de las empresas que hemos estudiado dan a los empleadores la opción de instalar su software de ambas maneras, que recogemos como vigilancia visible e invisible.

Vigilancia visible

Hay situaciones en que los trabajadores pueden reconocer el software que los vigila y tienen la opción de activar o desactivar la vigilancia, como una forma de fichar las entradas y salidas del horario laboral. Por supuesto, el hecho de que un trabajador haya desactivado la vigilancia será visible para su empleador. Por ejemplo, con Time Doctor, los trabajadores tienen la opción de eliminar determinadas capturas de pantalla de su sesión de trabajo; sin embargo, al borrar una captura de pantalla también se borrará el tiempo de trabajo asociado, de modo que los trabajadores sólo serán remunerados por el tiempo durante el cual se les supervisa.

Los empleados pueden tener acceso a una parte o a toda la información que se recopile sobre ellos. Crossover, la empresa que está detrás de WorkSmart, compara su producto de vigilancia con una aplicación de entrenamiento deportivo. Su interfaz permite a los trabajadores ver los resultados del sistema sobre su actividad presentados en una serie de gráficos y tablas.

El nivel de transparencia hacia los trabajadores dependerá de la marca. Algunas dan a los trabajadores acceso a una cantidad variable de información. Otras, como Teramind, indican simplemente que están encendidas y recabando datos, pero no revelan todo lo que están recogiendo. En cualquiera de los casos, a menudo el usuario no tiene claro qué información se está seleccionando exactamente, a no ser que lo consulte directamente con su superior o se examine cuidadosamente el propio programa informático.

Vigilancia invisible

La mayoría de las compañías que construyen software de vigilancia visible también crean productos que tratan de esconderse de las personas que están monitoreando. Teramind, Time Doctor, StaffCop, y otras compañías hacen productos que están diseñados para ser tan difíciles de detectar y eliminar como sea posible. A nivel técnico, estos productos son indistinguibles de un troyano. De hecho, algunas marcas para ser instaladas requieren que los empleadores reconfiguren específicamente el antivirus antes de instalar sus productos, para que este no detecte y bloquee la actividad no deseada.

Aunque este software se comercializa con un propósito específico (la supervisión de trabajadores), la mayoría de estos productos también sirven como herramientas de vigilancia de carácter general. StaffCop ofrece una versión de su producto específicamente diseñada para supervisar el uso de Internet por parte de los niños, y ActivTrak afirma que su software también puede ser utilizado con este mismo fin por padres o profesores. Los comentarios de los clientes sobre algunos de los programas indican que muchos de ellos los utilizan en sus hogares.

La mayoría de las empresas que ofrecen vigilancia invisible recomiendan que sólo se utilice para los dispositivos en propiedad de la compañía. Sin embargo, muchas también ofrecen características como la instalación remota y “silenciosa” del software en los dispositivos privados de los trabajadores, incluso si estos están fuera del lugar de trabajo. Esto es posible porque muchos empleadores tienen privilegios de acceso en los ordenadores que distribuyen. El problema radica en que para algunos trabajadores el portátil de la compañía es su único dispositivo, por lo que la supervisión de la empresa está siempre presente, facilitando un posible uso excesivo por parte de los empleadores. Es posible que las víctimas nunca sepan que están sujetas a tal vigilancia. (...)

¿Es habitual el bossware?

El negocio de la vigilancia de los trabajadores no es nuevo y ya era bastante importante antes de la pandemia mundial. Si bien es difícil evaluar cuán común es el bossware, sin duda se ha vuelto mucho más habitual a medida que los trabajadores se ven obligados a trabajar desde sus hogares debido al COVID-19. Awareness Technologies, propietaria de InterGuard, afirmó haber aumentado su base de clientes en más de un 300% en sólo las primeras semanas después del estallido de la pandemia y muchos de los vendedores que hemos estudiado explotan el auge del COVID-19 en sus campañas de marketing.

Algunas de las empresas más grandes del mundo usan bossware. Los clientes de Hubstaff incluyen a Instacart, Groupon y Ring. Time Doctor afirma tener 83.000 usuarios; sus clientes incluyen a Allstate, Ericsson, Verizon, y Re/Max. ActivTrak es utilizado por más de 6.500 organizaciones, incluyendo la Universidad Estatal de Arizona, la Universidad de Emory y las ciudades de Denver y Malibú. Compañías como StaffCop y Teramind no revelan información sobre sus clientes, pero afirman ser empleados por sectores como el cuidado de la salud, la banca, la moda, la industria manufacturera y los call centers. Las valoraciones que hacen los propios clientes de estas marcas nos pueden dar más ejemplos de cuánto se ha extendido el uso de estos programas.

No sabemos cuántas de estas organizaciones optan por utilizar la vigilancia invisible, ya que los propios empleadores no suelen publicitarlo. Además, no hay una forma fiable de que los propios trabajadores lo sepan, ya que muchos programas informáticos invisibles están diseñados explícitamente para eludir la detección. Algunos trabajadores tienen contratos que autorizan ciertos tipos de vigilancia e impiden otros, pero para muchos de ellos puede ser imposible saber si están siendo vigilados. Por esta razón, aquellos que se preocupen por esta posibilidad deben asumir que cualquier dispositivo proporcionado por el empleador los está vigilando.

¿Para qué se utilizan los datos?

Las marcas de bossware comercializan sus productos para una amplia variedad de usos. Algunos de los más comunes son el seguimiento del tiempo y de la productividad, el cumplimiento de las leyes de protección de datos y la prevención del robo de propiedad industrial o intelectual. En algunos casos, su uso puede resultar razonable: por ejemplo, las empresas que tratan con datos confidenciales están obligadas asegurarse de que estos no sean filtrados o se roben de sus sistemas. Si los empleados trabajan fuera de la empresa, puede requerir un cierto nivel de supervisión en el dispositivo. Sin embargo, un empleador no debería realizar ningún tipo de vigilancia con fines de seguridad a menos que pueda demostrar que es necesaria, proporcionada y adecuada para los problemas que está tratando de resolver.

Lamentablemente, en muchos casos los empleadores ejercen un poder no justificado sobre sus trabajadores. La mayoría de los productos que hemos examinado están diseñados para la "supervisión de la productividad" o para un mejor seguimiento del tiempo de trabajo; es decir, para registrar todo lo que hacen los trabajadores y asegurarse de que están trabajando lo suficientemente duro. Algunas empresas consideran que sus herramientas son una ventaja potencial tanto para los empresarios como para los trabajadores. Recopilar información sobre cada segundo del día de un trabajador no sólo es bueno para las compañías, afirman, sino que supuestamente también ayuda al trabajador. Otros proveedores, como Work Examiner y StaffCop, se dirigen explícitamente a los gerentes que no confían en su personal. Estas empresas suelen recomendar que se vinculen los despidos o las bonificaciones a las evaluaciones de rendimiento derivadas de sus productos.

Algunas empresas comercializan sus productos directamente como instrumentos punitivos o como herramientas para recopilar indicios contra los trabajadores. InterGuard anuncia que su software "puede ser instalado silenciosamente y de forma remota, para que usted pueda llevar a cabo investigaciones encubiertas [de sus trabajadores] y reunir datos a prueba de balas sin alarmar al sospechoso". Esta prueba, continúa, puede ser usada para luchar contra "reclamaciones frente al despido". En otras palabras, InterGuard puede proporcionar a los empleadores una cantidad astronómica de información privada y secreta para tratar de anular los recursos legales de los trabajadores contra el trato injusto.

Ninguno de estos casos de uso, ni siquiera los menos perturbadores mencionados anteriormente, justifican la cantidad de información que el bossware recopila. Y nada en absoluto excusa que se oculte el hecho de que la vigilancia se está llevando a cabo.

La mayoría de los productos hacen periódicamente capturas de pantalla, y solo algunos de los programas permiten a los trabajadores elegir cuáles compartir. Esto implica que la información médica, bancaria o personal sensible se captura junto a emails trabajo y redes sociales. Los productos que incluyen registradores de teclas son aún más invasivos y a menudo terminan capturando las contraseñas de las cuentas personales de los trabajadores. (...)

 Desafortunadamente, la excesiva recopilación de información a menudo no es un accidente, sino una prestación más. Work Examiner anuncia específicamente la capacidad de su producto para almacenar contraseñas privadas. Otra empresa, Teramind, informa sobre cada dato que se introduce en un correo electrónico a un cliente, incluso si esa información se borra posteriormente. Varios programas también analizan cadenas de texto de mensajes privados en redes sociales para que los empleadores puedan conocer los detalles más íntimos de las conversaciones de los trabajadores.

Seamos claros: este software está diseñado específicamente para ayudar a los empleadores a leer los mensajes privados de los trabajadores sin su conocimiento ni su consentimiento. En cualquier caso, esto es innecesario y poco ético.

¿Qué se puede hacer?

Amparados por la legislación de los Estados Unidos, los empleadores tienen demasiada libertad para instalar software de vigilancia en los dispositivos que poseen. Además, poco les impide coaccionar a los trabajadores para que instalen este software en sus propios dispositivos (siempre y cuando la vigilancia se pueda desactivar fuera del horario laboral). Los estados tienen diferentes normas sobre lo que los empleadores pueden y no pueden hacer. En cualquier caso, es habitual que los trabajadores tengan pocos recursos legales frente al software de vigilancia intrusiva.

Eso puede y debe cambiar. A medida que las legislaciones de los estados y del país continúan adoptando leyes de privacidad de los datos de los consumidores, también deberían establecer sistemas de amparo para los trabajadores con respecto a sus empleadores. Para empezar:

·       La vigilancia de los trabajadores, incluso en los dispositivos en propiedad del empleador, debe ser imprescindible y proporcionada.

·       Los dispositivos deben reducir al mínimo la información que recogen y evitar la captura de datos personales como mensajes privados y contraseñas.

·       Los trabajadores deben tener derecho a saber qué información están recopilando sus empleadores.

·       Y los trabajadores necesitan recursos legales para que puedan demandar a los empleadores que violen estas protecciones legales de la privacidad.

Mientras tanto, los trabajadores que estén en conocimiento de la vigilancia ejercida por la empresa podrán establecer un diálogo con la misma para alcanzar pactos y las empresas que han incorporado el bossware deberán considerar cuáles son sus objetivos y tratar de alcanzarlos de la manera menos intrusiva. De hecho, el bossware a menudo incentiva los tipos de productividad inadecuados, por ejemplo, forzando a la gente a pasear deliberadamente el ratón y a escribir cada pocos minutos en lugar de leer o detenerse a pensar. El monitoreo constante puede ahogar la creatividad, disminuir la confianza y contribuir al agotamiento. En el caso de que a los empleadores les preocupe la seguridad de los datos protegidos, deberían considerar herramientas que se adapten específicamente a las amenazas reales y que reduzcan al mínimo los datos personales atrapados en el proceso.

Si el trabajador sospecha que su empleador le está vigilando y desconoce el alcance de la situación, debería asumir que los dispositivos de trabajo capturan y recopilan todo, desde el historial web hasta los mensajes privados y las contraseñas. Si es posible, deberá evitar el uso de los dispositivos de trabajo para fines personales. Y si se pide a los trabajadores que instalen software de vigilancia en sus dispositivos personales, deberían solicitar a sus empleadores un dispositivo alternativo específico para el trabajo.

Por último, es posible que los trabajadores no se sientan cómodos cuestionando la vigilancia por la preocupación de perder el trabajo en un momento de desempleo récord. La elección entre la vigilancia y el desempleo no debería ser una elección en absoluto.

El COVID-19 ha creado nuevas tensiones en todos nosotros, y es probable que también cambie fundamentalmente la forma en que trabajamos. Sin embargo, no debemos dejar que marque el comienzo de una nueva era de vigilancia. Vivimos más que nunca a través de nuestros dispositivos, haciendo fundamental el derecho de mantener nuestras vidas digitales en privado, alejadas de gobiernos, empresas tecnológicas y de nuestros empleadores."                             

(Bennet Cyphers es miembro del Tech Projects team; Karen Gullo es escritora. Sin Permiso, 05/09/20)

4/9/20

El teletrabajo no era esto. Estrés crónico, aislamiento, deterioro físico, jornadas interminables...

 "-Trabajas de sol a sol. Es mentira que puedas administrar mejor tus tiempos. Mezclas tu espacio de trabajo con tu espacio privado. No desconectas. Me he encontrado con 20 correos a las diez de la noche. Los fines de semana también [Ana, 61 años, técnica del Estado].

A mediados de marzo, los edificios de oficinas se vaciaron de gente y se llenaron de incertidumbre. Siete de cada diez empresas españolas enviaron a todos o parte de sus trabajadores a casa, según una encuesta reciente. Más de tres millones de personas teletrabajaron durante el confinamiento. Cuatro veces más que el nimio 4,8% de empleados que realizan sus tareas habitualmente en remoto parte de la semana.

La inmersión en el teletrabajo por la crisis sanitaria de la covid-19 tuvo mucho de zambullida temeraria. Los empleados se fueron de un día para otro a abrir el portátil sobre la mesa del comedor mientras los niños se les colaban en el Zoom. Los empresarios tuvieron que buscar en tiempo récord ordenadores con el país cerrado, adecuar plataformas seguras y organizar virtualmente tareas hasta entonces presenciales, expone Rosa Santos, directora de relaciones laborales de la patronal CEOE. Casi cinco meses después y con los brotes multiplicándose, la recomendación de priorizar el teletrabajo permanece.

Nos tuvimos que adaptar bruscamente a los nuevos usos laborales, explica la especialista en Medicina del Trabajo Teófila Vicente-Herrero. “No todo el mundo está preparado y no a la misma velocidad”, asegura. La tensión de mantener el nivel de rendimiento ante unas demandas a las que no se está habituado, dice la también experta en teletrabajo, causa “somatizaciones, con alteraciones digestivas, del ciclo del sueño y ansiedad por esa mala adaptación a la nueva situación de estrés”. Se agrava entre quienes nunca habían trabajado a distancia. “Había desinformación, falta de formación y de tecnología. Se han roto los horarios. En muchos casos se hacen jornadas interminables, y eso genera una alteración de los ciclos biológicos y de las relaciones familiares y sociales”.

Hemos trabajado más. Hasta dos horas diarias en exceso en Europa y tres en Estados Unidos, según datos de NordVPN, un proveedor del cordón umbilical que une los ordenadores domésticos con los servidores de las empresas. Uno de cada cuatro empleados ha tenido que aplicarse en su tiempo libre para cumplir, refleja una encuesta de Eurostat. Y lo hemos hecho desde el sofá o la silla de la cocina, compartiendo espacios improvisados con parejas e hijos. Trabajando a costa del sueño.

—Ha sido una de las peores experiencias de mi vida. He tenido tres trabajos. Deberes, por un lado, teletrabajo por otro, las cosas de la casa... He hecho videoconferencias de formación con gente nada interesada, que no sabían cómo hacerlo, o que no tenían datos en el móvil o que se reían. Y mis hijos apareciendo [María Tovar, 36 años, orientadora de empleo en una empresa. Dos hijos, de ocho y cinco años].

¿Qué ocurre después de todos estos meses? “No nos hemos adaptado, hemos pensado que teletrabajar es trasladar la oficina a casa y ya está. No tenemos un control de la situación, padecemos estrés crónico. No hay descansos”, dice el profesor de Psicología Social en la facultad de Relaciones Laborales y Recursos Humanos de Granada Francisco Díaz Bretones. “Hemos expandido el tiempo y el espacio. Si el trabajo antes estaba circunscrito a un lugar durante un tiempo, eso ha desaparecido. Trabajando bajo una sombrilla en la playa, en casa, en la oficina, a todas horas. Es lo primero que hacemos al despertarnos y lo último al acostarnos. No disponemos de tiempos de recuperación y de descanso. La recuperación física es mucho más rápida. Pero psicológicamente tardamos mucho más en volver a un estado de relajación”.

—Cuando termino una videoconferencia, me duelen el cuello y los hombros. Me siento muy expuesta y a la vez, me falta información. Para alguien introvertido y observador como yo, Zoom tiene todo lo malo de reunirte con gente en la vida real, pero en esos encuentros cara a cara hay muchas cosas que aquí no están [Carly Micó, 42 años, traductora y editora].

Zoom, como epítome de todas las plataformas de videoconferencias, se adueñó de los ordenadores durante el confinamiento. Saltó de los 10 millones de participantes diarios de diciembre a los 300 en el grueso de la crisis. Los expertos defienden su enorme utilidad: “Ahorra tiempo, no hay que desplazarse, permite la comunicación no verbal y trabajar bien compartiendo pantalla”, mantiene Jeremy Bailenson, fundador del laboratorio de Interacción Humana Virtual de la Universidad de Stanford. “Sin las videoconferencias, el mundo estaría sufriendo aún más durante la pandemia”. El profesor Díaz Bretones asegura que las reuniones virtuales son más efectivas: “Optimizamos mejor el tiempo, dado que suprimimos parte del contacto social, pues nos centramos más en el desarrollo de la reunión. Y hay otra cosa, en un encuentro presencial, si se alarga o es un rollo, hay que mostrar atención. En Zoom se pueden hacer otras cosas”.

Quien haya mantenido videoconferencias a diario, como los profesores, obligados a dar clases, saben de lo que se conoce como “fatiga de Zoom”. Bialenson acaba de iniciar una ambiciosa investigación sobre el fenómeno y explica lo que ocurre cuando las reuniones son unas cuantas cabezas en la pantalla del ordenador. “En un encuentro presencial con una decena de personas, el tiempo que pasan mirándose mutuamente a los ojos es muy corto. Cuando ocurre, no dura más de unos pocos segundos. Con Zoom, una reunión con el mismo número de participantes transcurre en una retícula de caras y cada uno te mira desde la pantalla todo el tiempo. Eso puede ayudar para la productividad, pero tiene un coste. La gente se siente muy incómoda al ser observada permanentemente. El cerebro se muestra particularmente atento a las caras, y cuando las vemos en grande, interpretamos que están muy cerca. Nuestro reflejo de pelea o huida responde. En un estudio que hicimos en Stanford hallamos que cuando uno se expone a caras virtuales de gran tamaño, se encoge físicamente. Esto puede ser en parte la razón por la que Zoom es tan agotador. Cada minuto que estamos en videoconferencia tenemos caras que nos miran a pocos centímetros de la nuestra”.

Las videoconferencias han entrado en la vida laboral sin visos de marcharse. Hay que replantear las reuniones, como dice Eva Rimbau, profesora de Recursos Humanos y Organización de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC) y especialista en teletrabajo, cuando unos están en la oficina y otros no. “Hay que sentarse como si todos estuvieran fuera, porque si no, los que están juntos físicamente toman el poder. La reunión es suya y se olvidan de los ausentes. Ahora es el momento de aprenderlo”. También de potenciar “la comunicación asíncrona, con herramientas que permiten que no estemos todos al mismo tiempo conectados para darnos respuesta, uno deja su información y otro la encuentra después”. Y luego hay trucos para paliar el agotamiento que causan las reuniones virtuales. Uno evidente, muy repetido, es desconectar la cámara para dejar de vernos constantemente. Otros los propone el profesor Bailenson. “Una de mis reuniones semanales dura dos horas. Después de las primeras que hicimos, que nos dejaron exhaustos, decidimos que solo aparecería en pantalla el que hablaba. Ayudó. Que salgan nuestros perros o gatos o nuestro mobiliario constantemente no es crucial para la mayoría de las reuniones. Zoom también permite controlar la posición y el tamaño de las ventanas que muestran la cara de los otros participantes, así que se puede jugar con los ajustes.También se puede instalar una webcam para que tu imagen salga próxima en la pantalla y puedas alejar el ordenador”.

El cansancio de la conexión virtual no es la única consecuencia de estos meses de teletrabajo. El estrés nos ha hecho comer más y peor. Y pasar 10 horas frente al ordenador, rota la rutina de ejercicio si la había, rompe también espaldas y articulaciones. “Ahora que empezamos a hacer analíticas, vemos que todo está alterado, suben los niveles de colesterol, de azúcar, de triglicéridos. En los artrósicos, y en la gente que tenía problemas de tendones, y han tenido que limitar totalmente la actividad, han perdido movilidad. Eso es lo que empezamos a ver ahora. Y yo creo que en un plazo de seis u ocho meses saldrá más a la luz”. La primera causa de absentismo laboral siempre han sido los problemas musculoesqueléticos y este 2020 los está disparando.

—Me he sentido solo. Echo de menos esa conversación con los compañeros que no es de trabajo, en la que surgen ideas. De todos modos, me gustaría poder trabajar algunos días en casa [Arturo, 30 años, periodista].

“Hemos perdido súbitamente el lugar del trabajo, una conquista social, vuelves a una soledad que te aísla de esa cultura del café y de la conversación, que te vincula. A largo plazo, no sabemos cuáles serán las consecuencias. Hace falta cierta forma de ser para llevar ese ensimismamiento del que precisa la escritura o el arte. Puede llegar a ser una amenaza si tu trabajo no es creativo”, dice el psiquiatra Enrique García Bernardo recordando que buena parte de nuestro entorno social nace del laboral. Un riesgo clásico del teletrabajo es el aislamiento y las consecuencias depresivas que pueda acarrear.

¿Teletrabajar era esto? No, dicen los expertos. Eva Rimbau cree que la situación es excepcional: “Nuestros niños dejaron de ir al colegio, nuestra familia o nosotros hemos estado enfermos, no podíamos salir. Han cambiado tantas cosas a peor… No podemos sacar ninguna conclusión más que decir: ¿el teletrabajo en caso de crisis es un horror? Sí. Estamos muy cansados, como ahora nos sintamos no es representativo de cómo podemos sentirnos en un teletrabajo normal”. También Rosa Santos, de la CEOE, cree lo mismo. Aún así, dice, los empleados no quieren regresar a la presencialidad. “Es una mezcla de miedo y de apreciar el poder para conciliar de poder trabajar en casa”.

Y lo que ocurre en la normalidad es que los teletrabajadores “pueden estar más estresados porque entremezclan mucho más el trabajo con la vida personal”, dice Rimbau, citando investigaciones. “Es un poco paradójico porque al tiempo están más satisfechos porque le permite conciliar”, afirma. Hay dos tipos de empleados en remoto: los integradores, que, asegura la experta, “hacen cosas personales en horario laboral y al revés, mientras esperan a que salgan los niños de extraescolares contestan mails. Corren el peligro de estar trabajando a todas horas”. Los llamados separadores —demedian trabajo y vida personal— se enfrentan al mismo riesgo. “Su reto sería aprender a decir ‘bueno, yo antes separaba porque me iba de la oficina. Ahora lo tengo que hacer de otra manera, cerrando la puerta del cuarto del ordenador o algo así”. Tenemos que reaprender, dice el psicólogo, “reaprender que si no contesto un correo a las diez de la noche, por ejemplo, no es que soy un mal trabajador”. El trabajo permanente estaría alentado por jefes que, al no vernos, disparan con el correo electrónico, el WhatsApp y la videoconferencia. Dirigir a distancia es dar confianza, aseguran los expertos.

A la soledad del teletrabajador, se suma otra peculiaridad: si no estás, no te ven. “En empresas en las que unos trabajan a distancia y otros no, los teletrabajadores recibían menos promociones, menos formación, menos feedback sobre su desempeño”, asegura Rimbau, “porque están un poco fuera de la vista. Y eso es un peligro que existe”.

Teletrabajar es ahora una realidad mucho más tangible. Twitter da esa opción a sus empleados para siempre. Facebook planea que la mitad de su plantilla trabaje a distancia en cinco años. Google no tendrá empleados en la oficina hasta mediados de 2021. En España, algunas compañías, como ING, darán opciones para teletrabajar de una forma completamente flexible. Algo menos de la mitad (41%) de las empresas españolas planea seguir con la fórmula de trabajo en remoto. Y un 30% de los trabajadores podría hacerlo, según cálculos del Banco de España. Pero será distinto. El Gobierno ultima un proyecto de ley que ha negociado con los agentes sociales para regularlo, que incluye la voluntariedad y flexibilidad y el derecho a la desconexión."                  (Ana Alfageme, El País, 10/08/20)

12/8/20

El teletrabajo durante la pandemia dispara las horas extra gratis y se come 100.000 empleos

"El teletrabajo disparó durante el confinamiento el fraude laboral y tributario de las horas extraordinarias no pagadas: la última EPA (Encuesta de Población Activa) revela cómo en el segundo trimestre de este año, que discurrió entre la fase más dura del confinamiento y el regreso a la llamada 'nueva normalidad', los asalariados españoles llegaron a trabajar gratis 3.798.700 horas semanales (49,38 millones de abril a junio) de más, sin recibir a cambio ninguna remuneración.

El fraude, que supera los 14.000 millones de euros para las arcas públicas al cabo del año, tiene tres víctimas principales: el propio trabajador, que no llega a recibir la remuneración que le correspondería por su trabajo, y la Seguridad Social y la Agencia Tributaria, que se quedan sin ingresar las cotizaciones y los tributos derivados de esa actividad.

Eso, según se calcule la jornada semanal a 35 o a 40 horas (la media de 2019 fue de 37), equivale a una horquilla de 94.967 a 108.534 empleos. Y se dio en unos meses en los que llegó a haber más de tres millones de trabajadores por cuenta ajena 'hibernados' en ERTE de los que faltan por salir más de un millón.

Ese registro es el más elevado desde la primavera de 2015, cuando se superaron los 3,9 millones de horas extra no pagadas, en un nivel que solo se había dado en otras dos ocasiones desde las vísperas de la anterior crisis, en 2008, y que resulta más escandaloso que inquietante al darse en un periodo en el que la actividad, según las estimaciones del Banco de España, se redujo entre un 16% y un 22%.

La marca, además de superar en volumen por vez primera en algo más de tres años a las prolongaciones de jornada que sí se pagan, también rebasa de largo los 2,9 millones que se estimaban cuando a mediados del año pasado fue implantado el registro de jornada para, entre otras cosas, acabar con este tipo de prácticas laborales.

El elevado peso de la enseñanza

El desglose de esas horas impagadas por ramas de actividad apunta a un importante peso del teletrabajo en el fraude, especialmente en campos como el de la enseñanza y las consultorías (actividades profesionales, científicas y técnicas), aunque también fue notable la aportación de otros de mayor presencialidad como la banca, el comercio, la industria, el transporte y, también, la sanidad y los servicios sociales.

El caso de la educación resulta llamativo: con los colegios, institutos y universidades cerrados, el ramo superó los 1,3 millones de horas extra no pagadas por semana, algo más de la tercera parte del total, cuando la media del año pasado había sido de 238.500 (casi seis veces menos) y solo había superado las 360.000 (cuatro menos) una vez en los últimos doce años.

Esas prolongaciones gratuitas de la jornada, que suponen algo más del 90% del trabajo extraordinario en ese sector en esos meses, se originaron en la atención telemática a los alumnos. Según explicaron fuentes de CGT, se concentran en el sector privado y en la escuela concertada, ya que las horas extra no existen en la pública.

La regulación del teletrabajo es una de las materias que tienen pendientes el Gobierno y la Mesa de Diálogo Social, cuyos miembros mostraron a principios de julio unas posiciones de salida irreconciliables, algo que por otra parte no deja de ser habitual en cualquier tipo de negociación, que el equipo de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, intenta acercar con nuevas propuestas.

Los técnicos soportan dos tercios del fraude

Por ocupaciones, dos tercios de ese trabajo sin remuneración se concentró en los empleos de "técnicos y profesionales científicos e intelectuales", que asumieron una media de 2,34 millones de horas. Les siguen, con 346,2, los "técnicos y profesionales de apoyo", con un impacto mucho menor en el resto del escalafón laboral.

Ese colosal volumen de trabajo fraudulento lo soportó un grupo de apenas 350.000 asalariados, ya que, según los datos de la EPA, 321.700 se ven obligados a realizan solo horas extraordinarias gratuitas y otros 32.600 las compaginaron con las remuneradas, mientras 264.900 prolongó la jornada únicamente a cambio de un pago.

Lo más habitual es que cada uno de los primeros trabajara gratis entre cuatro y seis horas a la semana, aunque 142.200 de ellos superaron la docena de manera habitual. Eso equivale a trabajar más de seis días para cobrar un máximo de cinco."                  (Eduardo Bayona, Público, 09/08/20)

5/8/20

Teletrabajo: Horario, desconexión digital y q la empresa cubra costes d realizar el trabajo... pues los empresarios no quieren

Pedro Fresco @PedroFresco

El mundo de las fake news."El huevo frito como accidente laboral"¿de dónde sale esto?¿De la ley? No,de un comentario absurdo d algún empresario q @elespanolcom convierte en titular para sembrar cizaña. Tampoco pagarán las empresas los suministros d la casa

2/Se está atacando prejuiciosamente a la ministra @Yolanda_Diaz_ por querer regular simplemente lo q ya está regulado en muchos países de nuestro entorno (Francia o Bélgica, por ejemplo). Se la acusa de querer dañar a los empresarios cuando ha llegado a hablar d ¡¡Modelo suizo!!


3/(q más q un modelo es una sentencia de un tribunal). Es que lo q se está planteando es sencillamente lo q ya existe en muchas de las empresas q ya tienen regulado el teletrabajo: Horario, desconexión digital y q la empresa cubra costes d realizar el trabajo.


4/pero lo normal, lo lógico, a algunos les parece q es una exigencia inaceptable q ataca la libertad de empresa. Queremos regulaciones tercermundistas y luego nos sorprendemos a nuestra economía esté plagada de empresas poco productivas y sectores de bajo valor añadido.


5/se puede negociar algún escenario de adaptación,se puede dar alguna facilidad temporal teniendo en cuenta la realidad sanitaria q tenemos. Incentivar para conseguir un gran cambio rápido puede tener sentido. Lo q no se puede aceptar es q se nieguen las regulaciones básicas como

y 6/evitar el abuso horario, garantizar la desconexión o q los trabajadores no tengan q pagar de su bolsillo gastos empresariales. Eso no entra en la cabeza de nadie q no tenga un interés concreto en aprovecharse de esto o una venda ideológica en los ojos.

8:15 a. m. · 26 jun. 2020

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ma @lordzitas
En respuesta a @PedroFresco y @elespanolcom

Muchos empresarios parece que no son conscientes de la gran cantidad de pasta que se pueden ahorrar en alquiler de oficinas y les parece mucho dinero poner una línea de fibra, vpn, portatil y teléfono ip.