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24/4/13

“La mentalidad mágica humana es genética, producto de la evolución”

"A Juan Luis Arsuaga, como paleontólogo que es, le interesan todas las especies y su evolución, aunque por la especie humana siempre ha tenido una fascinación especial. (...)

“Es que El sello indeleblees un libro más sobre el presente y futuro de la especie humana que sobre su pasado”, dice este catedrático de la Universidad Complutense.
 
Pregunta. ¿La especie humana es especial?

Respuesta. Sí, francamente. Es un acontecimiento único en la evolución. Como si fuera la tercera forma de materia: hay materia inanimada, materia viva y materia consciente, nosotros, aunque todas hechas de los mismos átomos, por supuesto. 

El hombre es consciente de sí mismo, se pregunta, razona, tiene yo, es un organismo hecho de carbono, hidrógeno... pero capaz de reflexionar. Es tan fantástico que se han buscado explicaciones no naturales.

P. ¿Cuánta diferencia determinan las razas?

R. Esto es muy sorprendente porque todo el mundo pensaba que éramos la especie más variada de la Tierra. Las diferencias aparentes son tan evidentes que incluso parecía que éramos una especie ya casi dividida en subespecies. 

Sin embargo, al secuenciarse el genoma se ha visto que no es así: somos de las especies menos variadas genéticamente. Ahora tenemos un nuevo problema: por qué, siendo todos tan iguales de piel para dentro, somos tan distintos epidérmicamente.

P. ¿Alguna idea de por qué?

R. No hay una explicación. Se han buscado argumentos adaptativos, pero no se ve una relación directa. Ahora se ha recuperado una explicación olvidada: las razas se han hecho distintas por la otra fuerza que Darwin argumentó en su libro El origen del hombre y es que las razas son diferentes por selección sexual, es decir, por cuestión de gustos.

 Sería algo parecido a los vestidos: el hecho de que los chinos fueran con quimono y nosotros de otra manera no tiene que ver con el ambiente o la temperatura, es una selección del gusto. Eso sí, la ciencia ha demostrado que no hay diferencia intelectual ni nada parecido entre las razas humanas.  (...)

P. Los humanos, ¿somos hostiles o sociales?

R. Tenemos una inteligencia social. El científico Richard Alexander dice que en nuestra evolución hay un momento en que las fuerzas selectivas dejan de ser las fuerzas hostiles de la naturaleza porque alcanzamos el dominio ecológico: los glaciares o el clima adverso, los depredadores o la hambruna... dejan de ser un obstáculo, porque nos protegemos con la tecnología.

 Pero seguimos evolucionando porque hay una competencia dentro del grupo, nuestro medio social, en el que competimos por descendencia y recursos. Para eso necesitamos un órgano que permita procesar información social. Así, el éxito depende de hacer muchos amigos y tener pocos enemigos.  (...)

P. ¿Cómo aborda la ciencia una especie como la humana?

R. Todavía no está claro siquiera en qué somos únicos. Hay una asociación internacional de científicos en la que intentamos elaborar una definición de ser humano. Y queda mucho por hacer, pero algunas características son chocantes. 

Por ejemplo, unos rasgos que no desearíamos, porque nos delatan ante los demás, pero no podemos evitar: el blanco de los ojos, que indica adónde o a quién miramos, y la capacidad de ponernos colorados. Otro rasgo, al parecer, es la buena puntería, tenemos mucha coordinación.

P. Y el cerebro.

R. La consciencia es algo obvio, pero otras cosas no lo son tanto, como la mentalidad mágica, no racional. Gran parte de nuestro pensamiento es mágico, no en el sentido religioso, sino que no tiene que ver son la razón. 

Mucha gente cree que es cultural, que viene de nuestro pasado ignorante y que lo estamos superando... Pues no, está en los genes, es un producto de la evolución y no nos lo vamos a quitar de encima."        (Entrevista a Juan Luis Arzuaga, El País, 2404/2013)

4/5/11

"(Somos) aquel mono listo que se escondía de las tormentas y que tenía miedo de todo a lo que no encontraba explicación."

"La consulta está en un piso del elegante barrio de Salamanca de Madrid. Es un despacho discreto que comparte oficina con una inmobiliaria y un abogado. En la escueta decoración, apenas un par de detalles orientalistas y un póster con las constelaciones.

Sobre la mesa, ni velas negras ni bola de cristal: hay un ordenador portátil y dos teléfonos móviles a los que los clientes mandan mensajes para concertar sesiones de 65 euros para que les echen las cartas. "Odio la palabra vidente, yo soy una orientadora, no tengo poderes, sino una sensibilidad especial, una empatía que lleva en mi familia desde mi tatarabuela", dice la echadora, una joven holandesa.

Prefiere no dar su nombre. No quiere publicidad. Desde hace 15 años atiende solo gracias al boca a boca. La discreción es fundamental porque por sus manos pasan políticos, famosos, médicos, abogados e "incluso religiosos". "Aquí viene gente de todos los estratos sociales y culturales", dice.

A su consulta se acerca un posible cliente. No cree en "estas cosas", pero le parece "divertido", tiene amigos que lo han hecho y cuentan cosas increíbles sobre la intuición de esta mujer "que no va de bruja".

También le da respeto, porque le han dicho que es "adictivo". Es un treintañero sofisticado, ateo y economista. Según las encuestas, tiene todas las papeletas para ser un escéptico, pero aquí está. No es un bicho raro: uno de cada cinco españoles dan crédito a "estas cosas".

En última encuesta de Metroscopia para medir el Pulso Social de España se incluyó la siguiente pregunta:

"En la actualidad, hay mucha gente que se interesa por el curanderismo, la astrología, el tarot o la videncia. Para unos, estas actividades son simples charlatanerías, supercherías sin fundamento que no merecen ningún crédito.

Otros, en cambio, consideran que pueden ser formas alternativas de explorar y explicar el mundo y que, a su manera, son tan válidas y respetables como la ciencia. ¿Con cuál de estas dos opiniones tiende usted a estar más de acuerdo?".

El 76% de los encuestados dijeron que eran inventos, pero "con todo, lo cierto es que un 20% les guarda consideración". Aún mayor es la fe en amuletos y talismanes: un 48% de los españoles cree que tienen "alguna influencia sobre los acontecimientos que les afectan"

A Manuel Toharia, director científico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y escéptico combativo, los datos no le impresionan. "Me esperaba que los crédulos fueran muchos más del 20%", dice, "aunque claro, la gente miente ante una pregunta así, contesta lo políticamente correcto". ¿Y por qué son tantos?

"En el ser humano hay una parte de racionalidad, esa que nos obliga a ir por la derecha en la carretera, que nos hace leer la letra pequeña de la hipoteca, pero también hay una parte, aún poderosa, de aquel mono listo que se escondía de las tormentas y que tenía miedo de todo a lo que no encontraba explicación.

Nos gusta más pensar una solución probable pero fantasiosa, que buscar una racional, incluso muchos escépticos al final caen en el 'las meigas no existen, pero haberlas haylas", contesta el físico.

Aparte del porcentaje, la encuesta pone otro dato de relieve: "El mayor nivel educativo solo modula, pero en modo alguno anula, la propensión a atribuirles credibilidad: ese tipo de prácticas constituyen ciencias alternativas para el 24% de los españoles con nivel de estudios más bajo pero también para el 16% de los que tienen el nivel de estudios más elevado".

"La necesidad de buscar seguridades mágicas es tan vieja como el hombre y estudiar Derecho no te explica cómo funciona la materia", opina el filósofo laicista Fernando Savater. "Las creencias esotéricas no dependen de tener o no carrera porque la información reglada te informa, pero no te enseña a pensar.

¡Si hasta la ministra de Sanidad llevaba la pulsera del holograma!", dice Toharia refiriéndose a la Power Balance que lució Leire Pajín y que fue denunciada por timo por la asociación de consumidores Facua. (...)

"El ser humano siempre ha querido saber lo que va a pasar para tomar decisiones; porque no sabemos tomarlas, por miedo, por frivolidad, por ignorancia, por infantilismo, por falta de asertividad y porque el futuro es esencialmente impredecible". (...)

La ciencia se entronaría como "supremo e indisputable argumento final de autoridad". Sin embargo, habría "un efecto colateral no desdeñable": la sensación, para muchos individuos, de vivir en una "jaula de hierro", un lugar árido y falto de respuestas para "las dimensiones no estrictamente racionales de la vida".

"El resultado es que, incluso en sociedades muy avanzadas, caracterizadas por un indisputado predominio de los criterios racionales y científicos, sigue existiendo la necesidad de explicaciones no racionales (o arracionales) del mundo", concluye la encuesta.

La tecnología no borra la magia. "Claro que no, nuestra sociedad es muy técnica, pero nosotros no sabemos por qué funcionan los sofisticados instrumentos que manejamos, lo hacemos como lo harían los salvajes y eso no proporciona verdadero conocimiento", reflexiona Savater.

"Seguimos sin saber, por eso creemos; en el amuleto y en el iPhone por igual, no tenemos ni idea de cómo funcionan ninguno de los dos". De hecho, el pensamiento mágico fagocita en su beneficio la tecnologización y el desarrollo científico:

"Ahora la superstición se disfraza, los homeópatas fingen ser científicos, las pulseras del holograma no se presentan como escapularios milagrosos, sino como tecnología", dice Savater.

"Los charlatanes saben que mienten y por ello usan el lenguaje y los conceptos de la ciencia; hacen que investigan, llevan bata y en cuanto pueden meten palabras como 'cuántica', igual que el curandero te habla de anatomía" (...)

Schwartz también cree que los crédulos superan al 20%: "Si no, no habría tanta gente haciendo negocio con ello". Del fast food para el alma de los astrólogos telefónicos de la TDT, al glamour de Anne Germaine, la medium que contacta (en inglés) con los muertos de los famosos en Telecinco.

De los bestsellers sobre el poder del pensamiento positivo a los talleres new age sobre ciencias alternativas ancestrales. Creemos porque siempre lo hemos hecho, porque tenemos miedo y por ignorancia. Pero también porque nos lo venden. (...)

Es de esperar que haya todo un abanico de suspersticiosos: desde el que va a echarse las cartas por entretenimiento, al que toma decisiones importantes según le salga tal o cual arcano, también quienes abandonan un tratamiento médico porque lo dice el curandero. "Puede ser más o menos grave", dice Toharia, "hay gente que pondrá su vida en peligro y otra a la que le servirá como muleta psicológica, pero en cualquier caso, abdican de su criterio propio, se convierten en juguetes".

Al margen de las consecuencias personales, "la superstición de una sociedad va en contra de su progreso", coinciden los escépticos. ¿Cómo evitarla? "El único antídoto es la cultura científica", continúa Toharia.

"No es lo mismo que ciencia; sino un conocimiento al alcance de cualquiera y solo mientras le interese, no impuesto por lo que tú, 'el científico' diga". "Cada cual debe ejercer su propia curiosidad", cree Toharia." (El País, 03/05/2011, p. 38/9)