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20/8/20

Carlos Fernández Liria: “El sexo es la experiencia más democrática del mundo”

 "En cualquier rumba de los Chichos, en las bulerías de Camarón o en las canciones de Umm Kulthum se plantean todos los problemas más importantes que deben ser pensados”. Con esta convicción, Carlos Fernández Liria (Zaragoza, 1959), filósofo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, ha escrito el libro Sexo y Filosofía (Akal, 2020) en el que hace un repaso de qué es y cómo se ha pensado a lo largo de la historia eso tan complicado del amor. 

En una época en la que todos los adjetivos que acompañan al amor están siendo analizados, escrutados y criticados, del “romántico” al “libre”, Fernández Liria sale en defensa de Shakespeare, Joaquín Sabina y hasta de Conchita Piquer. De la cultura popular pasamos a Platón, Kant o Hegel. Eso sí, que los lectores no esperen recetas sobre cómo gestionar las relaciones porque Fernández Liria apuesta en este libro por centrarse en lo que significa “hacer el amor”. 

El filósofo escribe en este medio sobre la universidad o la actualidad política, pero esta vez reserva a cuartopoder un hueco para hablar de algo mucho menos mundano.  

-Usted ha escrito mucho sobre política, historia o educación ¿por qué ha decidido abordar ahora el amor?

- Depende de mis clases. Yo siempre estoy con el programa político de la Ilustración, centrándome en una triada: Verdad, Justicia y Belleza, que en realidad es Platón. Y la relaciono con otra triada, la de Robespierre y el triunfo de la verdadera revolución francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Ante la Verdad, somos iguales por eso que decía Machado de que la Verdad es la Verdad la diga Agamenón o su porquero.

Ante la Justicia, somos libres. Imaginemos que un maltratador dijera que ha pegado a su mujer porque su pueblo es muy machista. Eso no lo exculpa ante ningún tribunal porque es libre de ir contra el machismo de su pueblo. El juez le diría que si todo el pueblo es machista, debería haberse cambiado de pueblo o haber hecho una revolución. Eso no es disculpa, le van a caer años de cárcel. 

Ante la Belleza, somos fraternos. Kant lo razona bien. Ante la belleza te sientes al lado del otro, con la sangre del otro, con el cuerpo del otro. Independientemente de que sea verdad, sientes que los demás están pensando lo mismo, te sientes consanguíneo al resto de la humanidad. Pero es verdad que Robespierre fue el que introdujo en el lema de la revolución francesa la exigencia de la fraternidad universal. 

En otros libros había reflexionado sobre la Igualdad y la Libertad y en este quería hacerlo sobre la Fraternidad y la Belleza.

-¿Esta reivindicación del amor es entonces una salida al eclipse de la fraternidad y al individualismo que impone el neoliberalismo?

-El neoliberalismo impone la lógica mercantil, nos hace interpretarnos todo el tiempo como individuos. El triunfo del programa político capitalista eclipsó la fraternidad del lema de la revolución francesa. El que mejor lo cuenta es Antoni Domènech en su libro El eclipse de la fraternidad. Una revolución en nombre de la fraternidad exigía que la ciudadanía tuviera condiciones materiales de existencia. 

Al hacer intervenir el cuerpo, exigía un programa político que fuera en nombre de los hermanos. Se exigía que los ciudadanos fueran independientes civilmente, emancipados.  No como hijos de un padre o siervos de un señor, sino hermanos, como personas igualmente emancipadas, que no tienen que pedir permiso al otro para existir. El lema de la fraternidad introducía el lado más socialista del programa político de la Ilustración.

¿Qué tiene que ver todo esto con el amor? Hay que pensar en qué sentido en qué sentido nos sentimos fraternos y con derecho a ser independientes civilmente, a no depender de otro, ni pedir permiso a otro. El hilo conductor que yo recorro en el libro lleva al tema de la Belleza. Es ante la Belleza cuando te sientes consanguíneo, sientes que tu cuerpo tiene algo que ver con los demás. 

La experiencia de la Belleza más fuerte, a la que nadie renuncia, es el amor. Tú puedes decidir entrar o no en el Reina Sofía, pero no puedes decidir enamorarte. En un cruce de dos miradas, te enamoras y empiezas a sentir cosas muy raras, muy interesantes para la filosofía. Tienes una experiencia metafísica, un abismo existencial que recorres. Si te pones a investigar en qué consiste, resulta que es uno de los temas más interesantes para la filosofía, es un tema muy tratado y estudiado y yo intento sacarlo a la luz.

Para sacarlo a la luz, más que leer a los filósofos, hago una especie de fenomenología popular del amor, el estar enamorado o follar enamorado. Hacer el amor. Por eso, la editorial lo ha llamado Sexo y Filosofía. Yo quería llamarlo Amor y Belleza, pero este título no me parece mal porque el sexo es la experiencia más democrática del mundo, todo el mundo lo ha vivido alguna vez. Si en ese tener sexo enamorado aclaras la tercera pata eclipsada del programa político de la Ilustración pues es un negocio bárbaro. El pueblo, además, ya ha reflexionado muchísimo sobre ese abismo a través de las canciones de amor.

- En el libro dice que el amor es independiente de las clases sociales, del dinero, del lugar, del tiempo e incluso de la vida. Pero si aterrizamos el concepto, en realidad vemos que sería realmente difícil que Julieta y Romeo se enamorasen porque los Montesco y los Capuleto no van a los mismos colegios, ni a las mismas fiestas, ni comparten espacios donde tengan la oportunidad de enamorarse. Al final la clase social sí influye. 

-Tienes toda la razón. Yo la conclusión que sacaría es que con las clases,  los colegios privados y los públicos, el amor se está volviendo una cosa muy difícil. Yo lo que digo en el libro es que de alguna manera, el amor encaja con la Declaración de los Derechos Humanos a la perfección. Con la fórmula de “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole...”. No es imposible que una gitana se enamore de un payo siendo ella evangelista y el payo católico, siendo rico y pobre. 

El asunto está en que cuando haces una declaración de amor dices con toda claridad que eso no importa. Cuando eso importa, el amor se vuelve imposible. Ha habido ya bastantes historias, como la película de Los Tarantos que es igual de buena que West Side Story. Los personajes dicen que es imposible el amor porque no la aceptan sus familias. Lo que vienen a escribir sin darse cuenta es el segundo artículo de la Declaración de los Derechos Humanos.

Otra cosa es que ya no nos interesen las declaraciones de amor. Eso indica que el amor está eclipsado. Es cierto que ahora la gente tiende a guardarse las espaldas, esto es guardar tu condición económica, social, religiosa o cultural. Nos protegemos de lo que significa amar, pero el amor no consiste en eso, eso es lo que yo llamo en el libro “recetas para seguir viviendo”. Cuando nos enamoramos las buscamos y hay un tira y afloja. Todos lo hacemos porque todos queremos seguir viviendo. 

En el libro cito la película de El Imperio de los sentidos, que se hizo muy famosa en los años 70. Tenía un argumento muy sencillo: un hombre y una mujer que se meten en la cama y ya no pueden salir y al final deciden matarse el uno al otro. A mí eso sí me parece el amor. A veces, cuando estamos follando, escuchamos o decimos “mátame”, “no quiero que haya mañana después de esto”. Se busca la eternidad y que haya un mañana lo que hace es quitársela, ¿cuántas canciones de amor dicen eso? Lo dice hasta Julio Iglesias.

-En los últimos años se ha escrito mucho sobre la necesidad de un amor menos doloroso, menos dañino y menos romántico, pero usted es muy defensor de ese “amor no civilizado” al que cantaba Sabina, ¿por qué?

-Lo pensé mucho al escribir el libro y lo he hablado con muchas compañeras y alumnas, que me decían en mis clases que defendía el amor romántico y no un amor menos patriarcal. Yo lo de patriarcal no lo veo, porque puede ser recíproco. Eso de que hayan puesto a parir a Amaral por decir “sin ti no soy nada” no lo puedo concebir. Me parece una declaración preciosa y no sé por qué eso lo tiene que decir siempre una mujer. Yo mismo lo he dicho muchas veces en mi vida, no entiendo por qué suena patriarcal.

 Pero eso no me preocupa. Cuando dicen que el amor romántico es una receta para el suicidio y no para la vida, pues estoy de acuerdo. Yo lo que no sé es por qué los seres humanos tenemos que apreciar tanto la vida. ¿Cuántas veces ha ocurrido eso de que te desprecien por no haber sabido elegir la receta adecuada según el manual ideológico de un partido político que ha decidido que el amor debe ser una manera o de otra? Eso no lo admito, me parece puritanismo maoísta de la peor especie que se camufla de crítica al amor romántico.

En esto sí que estoy de acuerdo con una persona a la que no he parado de criticar: Fernando Savater. Le preguntaron sobre el amor romántico en una entrevista sobre el libro que escribió cuando se murió su mujer. Es un libro muy bello, es el que más me ha gustado. Le dijeron que el amor romántico estaba siendo muy criticado. Contestó Savater “Váyase a tomar por culo. ¿Si el amor no es romántico, qué va a ser? ¿mecánico?”. 

El amor es así. Otra cosa es que tú digas que vives en un mundo muy jodido y que no puedes permitirte enamorarte. Entonces vas a buscar una manera de tener aventuras sexuales y encontrar recetas exitosas para seguir viviendo. Es una opción. Todos lo hacemos así. Si no, yo ya estaría muerto desde hace mucho tiempo. Todos hemos preferido vivir antes que amar.

-Ante un tema tan conflictivo como usted describe el amor, ¿no tiene sentido politizarlo, hacer talleres y charlas e intentar gestionarlo?

-Sí, tiene mucho sentido. Hay que hablarlo, siempre y cuando no se cuele un maoísta puritano que intente hacer una revolución cultural para explicar a todo el mundo cómo tiene que follar, que consiste en follar como a él le gusta. Siempre y cuando no ocurra este desastre, los talleres son muy interesantes porque son una reflexión sobre lo que significa esta tragedia bella y también alegre. 

Se han encontrado recetas infinitamente mejores que las que habitualmente dicen que son las del amor romántico, al que identifican, desde sectores feministas sobre todo, con Disney. Esta receta consiste en que nos vamos a vivir a un castillo y tú te acabas follando a todas las criadas mientras yo estoy en la cocina haciendo las perdices. Esa es una metáfora del matrimonio católico. Esa receta es una mierda, ha dado un resultado fatal y ha generado muchísima infelicidad. Hay un grupo en Lavapiés que se llama Golfxs con Principios, donde hacían talleres y orgías. Esos experimentos creo que hay que hablarlos y planearlos. 

Existe un problema. Siempre que tienes sexo fuera del esquema del matrimonio surgen celos y hay que saber qué hacer con ellos y qué son. Se han inventado recetas infinitamente mejores que el matrimonio católico. No son recetas infalibles, pero las hay mejores y peores. Hay recetas que no machacan a la mujer, no la humillan o no te exigen estar todo el tiempo empalmado, que es una especie de pesadilla que tenemos los hombres.

 -En otra parte del libro, dice que los amantes al encadenarse al deseo se sienten liberados de otras esclavitudes, refiriéndote a los condicionantes sociales. Pero también es verdad que el amor puede ser muy esclavizante para algunas personas.

-Ahí se mezclan muchas cosas. El hecho de que al sentirte enamorado te sientas liberado de todos los condicionantes sociales es una buena receta para el suicidio, para eso de “mátame y que no amanezca mañana”. Como todos tenemos que seguir viviendo, tienes que tener un tira y afloja con tus condiciones vitales. Dices “me siento libre de mis condicionantes vitales, pero las necesito para ganarme la vida porque necesito seguir viviendo”. Algunos no lo hacen, pero no es recomendable. Sería una locura un mundo de enamorados haciendo disparates.

Hay otro tema que me ha preocupado mucho y que, de hecho, tuvo el libro parado seis meses porque no sabía cómo resolverlo: el amor y la neurosis. Muchas veces hablan el mismo lenguaje, es una cosa que saben muy bien los psicoanalistas lacanianos. El amor habla en términos absolutos, pero el super yo, el representante de la neurosis, también habla en términos absolutos, también lo quiere todo. Es fácil confundir las exigencias de tu neurosis con las del amor. 

La diferencia que hay entre ambos es que el amor te abre al mundo y te libera de ti mismo. La neurosis al revés, te cierra al mundo y te esclaviza. Por eso necesitas siempre una mujer o un hombre que tenga las orejas de tu madre, por ejemplo. La manera de distinguirlos es saber si te abre al mundo y te proporciona una alegría o te está hundiendo. Eso es la esclavitud. Cuando alguien en lugar de liberarte de ti mismo te esclaviza cada vez más a todos tus tics o a tu maraña neurótica, descubres que no estabas enamorado, sino que has caído en las redes de una persona que te asfixia. El amor tiene que liberar siempre. Por eso, siempre cito la poesía de Agustín García Calvo, de “libre te quiero, pero no mía”.

-Ha centrado el libro en el amor sexual. También hay otros amores que liberan, como puede ser la amistad o el amor hacia los hijos, del que sí habla en el libro, ¿por qué ha decidido centrar su reflexión sobre el amor sexual?

- Me lo reprochó el otro día Luis Alegre. Me dijo que había dejado prácticamente de lado muchísimas formas de amor que no tienen que ver con el sexo. Quizá tenga razón. Yo ya en la introducción del libro digo que me voy a centrar en la frase “hacer el amor”, que siempre tiene que ver con el sexo. Sí que menciono el amor a los hijos porque me sale solo y es inevitable.

-Los define como un orgasmo con patas. 

-Sí, pero eso es Hegel. Es la figura del Jesucristo. Es el absoluto delante de ti, caminando por ahí, que es un absurdo porque si es la totalidad deberías estar integrado en él. Es una figura que los padres conocemos muy bien. No hay nada que pueda ser más importante que tu hijo. Todos daríamos la vida por nuestro hijo. No cabe duda alguna. Ahí sí que puedes decir lo de “sin ti no soy nada” de Amaral, se lo dices desde que nace, es una experiencia maravillosa y llena. Hegel lo analiza en La Fenomenología del espíritu, en el capítulo de la conciencia desdichada. Es uno de los abismos que nos corresponde al ser humano.

-Hay una parte del amor que ha dejado fuera de manera deliberada: el desamor,¿por qué?

-Le he dado muchísimas vueltas y no he parado de pensarlo. Creo que he entendido mejor lo que es estar enamorado de lo que es estar desenamorado. No acabo de entender qué es lo que pasa con el desamor. A eso se le suele llamar matrimonio, cuando descubres que te casaste enamorado y que al cabo de un rato, un rato que puede durar 10 años, no puedes aguantar a la otra persona que ya es una prolongación de ti. 

Yo en el libro he optado por el “que me quiten lo bailao”, pero es verdad que es un tema que no controlo bien y que debería pensar más. 

-Hay otra idea que menciona en el libro. Dice que el desnudo nos sigue provocando pánico. ¿Por qué en una época en la que hay cuerpos sin ropa por todas partes, desde la publicidad hasta las redes sociales, nos sigue dando miedo el cuerpo desnudo?

-Yo ahora estoy en Cabo de Gata, llevo viniendo todos los veranos prácticamente desde el 87. Aquí antes estábamos todos desnudos, pero ahora ya no se ve a nadie sin ropa. Ahora estamos desnudos mi mujer y yo y algunos viejos de mi edad, seguramente antiguos hippies. Empiezo a pensar que es porque los jóvenes quieren enseñar la marca del bañador. Llegan a la playa vestidos, se desnudan y se ponen el traje de baño. Se desnudan sin pudor y se ponen el traje. Parece que no les gusta estar desnudos.

-¿Pero cree que es porque los jóvenes son más puritanos que los veteranos o es porque ya no resulta tan liberalizador desnudarse?

-Puede ser que ya no sea tan liberalizador, no lo sé. Quizá sea por lo que tú decías, porque hay desnudos por todas partes. Quizá sea porque la depilación ha hecho mucho daño y ahora tienes que estar perfectamente depilado. 

-Ahora también podemos acceder al amor desde las nuevas tecnologías, con aplicaciones como Tinder o Happn, ¿ha traído nuevos dilemas para la filosofía?¿hay nuevos retos en los que pensar?

-Sin ninguna duda. A mí las aplicaciones me han cogido un poco tarde, pero las críticas que han hecho a Tinder sobre mercantilizar el sexo no me las creo. Creo que es un avance inmenso, ya me habría gustado a mí en mi juventud tener ese dispositivo magnífico. Yo lo que intento transmitir en el libro es que la experiencia de estar abrazado a un cuerpo que te parece bello siempre es una experiencia metafísicamente sublime. Luego el polvo te puede parecer una mierda, pero si no tienes experiencias, no puedes tener fracasos. Hay que exponerse un poco. A mí me parece un progreso enorme aunque luego sean unos encuentros de mierda. "                    

(Entrevista a Carlos Fernández Liria, filósofo y autor del libro 'Sexo y Filosofía', Sara Montero, Cuarto Poder, 19/08/20)

15/11/13

El amor es un "pelotazo" que dura 900 días de media

"El amor es un "pelotazo" que dura 900 días de media. Durante los primeros cien se activa una región del cerebro que genera hiperactividad: toda la energía se focaliza en la pareja y no existe nada más. A los 300 días ese fogonazo de pasión pierde llama y a los 900 se apaga. Nuestro cerebro no está programado para la monogamia. 

Esta no es una historia de amor frustrado, sino la explicación que Raúl Espert, profesor titular del departamento de Psicobiología de la Universidad de Valencia, ofrece sobre la infidelidad, una conducta que coloca a los españoles a la cabeza de Europa, según los datos de la red social para infieles Ashley Madison. (...)

María (nombre ficticio), de 34 años, es usuaria de esta página de contactos desde hace un par de años. Casada y con un niño de tres años, explica que los "encuentros sexuales" le reportan equilibrio. "Llevo 10 años con mi marido y llegó un momento en que la relación se hizo muy trivial, sin conversaciones nuevas, sin ambientes diferentes... 

Echaba de menos sentirme guapa y especial y mantener mi infidelidad en secreto es lo que me da equilibrio, me reecuentro con mi yo joven", cuenta en conversación telefónica con El Huffington Post.

No se plantea separarse porque "todavía" quiere a su marido, aunque sus relaciones sexuales son "esporádicas". "No voy a echar mi vida por la borda. Es infantil pensar que una persona te puede dar todo lo que necesitas durante toda tu vida", añade. (...)

Según la 'Teoría del amor caduco' de la psicóloga Cindy Hazan, el responsable de Ashley Madison no va desencaminado. "Estamos programados para estar enamorados el tiempo suficiente para procrear, unos tres años. Después el cóctel del amor, formado por la dopamina y la testosterona (entre otras sustancias) se volatiliza", explica el neuropsicólogo Raúl Espert basándose en esta teoría. 

¿Qué sucede cuando nos enamoramos y estalla la pasión? Según varios estudios realizados mediante resonancias magnéticas, durante los primeros 100 días de relación se activa el núcleo caudado, una región del cerebro "muy primitiva" que provoca hiperactividad. 

Durante ese periodo, no existe nada más allá de la pareja. Además, la corteza prefrontal, parte del cerebro encargada de la previsión y la planificación, deja de funcionar. "Es el mundo perfecto: idealizas a tu pareja y la ves perfecta. Se hace el amor con mucha frecuencia", argumenta Espert. 

Pero pasados 300 días, y según muestran las resonancias magnéticas, el núcleo caudado aparece inactivo de nuevo y la hiperactividad desaparece. "Sólo un 5% de las especies son monógamas. Nuestro cerebro no está programado para ello", aclara el neuropsicólogo.

Según el cuestionario PLC (Passionate Love Scale), que mide el enamoramiento de 0 a 135 puntos, los niveles bajan un 50% después de los primeros 300 días. "Por mucho que nos empeñemos en decir que sentimos la misma pasión, nuestro cerebro habla por nosotros", opina Espert.

 Entonces, ¿por qué la media de duración de la pasión se sitúa en 900 días? A partir de los 300 días, la segregación de dopamina se sustituye por otras sustancias que están más relacionadas con la confianza y la estabilidad. "Ya no es el sexo loco del principio; empieza a surgir un amor más intelectual".

La infidelidad en las mujeres se da en mayor medida durante los periodos preovulatorios, momento en el que suben los niveles de testosterona (hormona del deseo). En el caso de los hombres, según explica Espert, se da el 'efecto Coolidge'. 

 Se conoce así por un viaje que realizó el presidente de EEUU John Calvin Coolidge a una granja. "Coolidge observó que cuando dejaban a un gallo con una gallina éste solo se apareaba una vez, no repetía. Sin embargo, al dejarlo en el corral con muchas gallinas, se las tiraba a todas", señala.

"El hombre siente la necesidad de dar salida a entre 500 y 800 millones de espermatozoides. También se conoce como el gen egoísta", prosigue Espert, profesor del curso 'Psicobiología del amor y el sexo: una visión poco romántica de Cupido'. 

 Ejemplo de ello es un estudio que revela que cuando los hombres firman el divorcio los niveles de testosterona suben rápidamente o que durante el embarazo de la mujer a los varones les baja el nivel de testosterona y les sube la oxitocina (hormona de la confianza y del vínculo), expone. 

LOS FIELES POR GENÉTICA

Hay quienes tienen múltiples receptores de oxitocina (hormona de la confianza) y de vasopresina (conocida como hormona de la monogamia). Esos casos suelen coincidir con las personas más fieles. 

"Hay muchas personas de 60 y 70 años que aseguran estar igual de enamoradas que el primer día y un estudio realizado con resonancia magnética demostró que es cierto y siguen teniendo activas ciertas zonas del cerebro. Eso sí; sólo son entre un 3 y un 5% de la población", expone Espert. 

¿Cuál es la clave para mantener la llama de la pasión más allá de las cuestiones genéticas? Que cada miembro de la pareja viva en su casa y mantenga su independencia económica, sugiere el experto. "Las dos principales causas de que las parejas no se separen y sean infieles son los hijos y el dinero".(...)"               (, Huffington Post, 02/11/2013)

19/9/12

¿Por qué hacemos el amor? Por...


"Razones por las que nos gusta tanto hacer el amor.

Buss y Meston preguntaron en 2007 a 404 estudiantes texanos y encontraron 237 razones diferentes para practicar sexo, es decir, casi una diferente por cada pareja. 

De servir como solución al aburrimiento a aliviar un dolor de cabeza, entre los más de dos centenares de respuestas había razones para todos los gustos: “estaba cansado de ser virgen”, “mis hormonas estaban fuera de control”, es considerado tabú por la sociedad”, “quería celebrar algo especial”, “estaba borracho”, “fue el resultado de una apuesta”, “quería alardear delante de mis amigos por mi conquista”, “era una forma de cambiar de tema en la conversación”, “era consciente de que no iba a tener una oportunidad semejante” o “quería dar la bienvenida a alguien que volvía a casa”. Incluso hubo quien llegó a manifestar que una de las razones por las que practicaría sexo sería para transmitirle una enfermedad a una persona que le cayese mal.

La diferencia, hay que recordar, es que la mayor parte de los encuestados eran jóvenes universitarios que, por lo tanto, obedecen a motivaciones distintas que los adultos en sus encuentros sexuales. Como recuerdan los investigadores, según una persona se hace mayor, se muestra más inclinada a dar más importancia a lo afectivo que a lo meramente físico.
Pero, en general, ¿qué nos conduce a practicar el acto sexual, y por qué deberíamos hacerlo?
–Placer. Quién lo diría, ¿verdad? El orgasmo con el que concluye (en teoría) toda relación sexual alivia la tensión acumulada durante las llamadas fases de excitación y de meseta, y libera endorfinas que nos hacen sentir un bienestar instantáneo. (...)


–Reproducción. Hasta que seamos capaces de reproducirnos por esporas o por escisión, algo que no parece plausible en el corto plazo, seguiremos necesitando en la mayor parte de casos practicar sexo para tener descendencia. Salvo, claro, en los casos de inseminación artificial y reproducción asistida.

–La satisfacción del trabajo bien hecho. ¿Tienes baja la autoestima? ¿Sientes que has fracasado en todos los aspectos? Has feliz a tu pareja (en la cama) y todo irá automáticamente mucho mejor.

En lo que se refiere al refuerzo de la confianza en uno mismo, nada mejor que un encuentro sexual satisfactorio, especialmente si viene acompañado por una retroalimentación positiva de nuestra pareja. De vez en cuando, hemos de recordarnos que somos bueno en algo.

–Para aprender. Una de las motivaciones más comunes entre los adolescentes, que durante los años de su juventud exploran el mundo a través de experiencias de diferente pelaje, entre las que se cuentan, como no podía ser de otra forma, las sexuales.

 En ese sentido, el sexo jugaría un importante papel socializador y de puesta en práctica de los conocimientos adquiridos, ya que pone a prueba la entrada del joven en el mundo adulto. Con el paso de los años, este carácter exploratorio de la sexualidad comienza a desaparecer a favor de otro tipo de razones más íntimas (comprensión, confianza, seguridad), aunque nunca es tarde para aprender cosas nuevas.

–Necesidad de afecto. El sexo es una de las actividades más íntimas de la vida de cualquier persona, en cuanto que del repertorio de relaciones físicas que podemos mantener con las personas de nuestro entorno, no hay otra que la supere. 

Por ello mismo, como señaló B.C. Leigh en 1989, se trata de la mejor manera de expresar (y por lo tanto, sentir) el amor por nuestra pareja. Además, el orgasmo compartido alivia la sensación de soledad y desamparo consustancial a todo ser humano.

-Eyacular con frecuencia previene el cáncer de próstata

Para sentirse cerca de Dios. Así lo aseguraban algunos de los consultados en el estudio. Quizá pueda parecer paradójico desde el punto de vista de la cultura occidental, pero en muchas tradiciones, el orgasmo (o la “petite morte”, como se denomina en francés), es uno de los pocos momentos en los que el pensamiento se libera por completo de contenido –junto, quizá, en la final del Mundial–, por lo que ha sido considerado como uno de los actos que más nos acercan a lo trascendente.

 No hace falta irse demasiado lejos para establecer dicha relación: las visiones extáticas de Santa Teresa de Jesús han sido interpretadas, en varias ocasiones (como ocurría en la polémica película de Ray Loriga Teresa: el cuerpo de Cristo), como una experiencia tan religiosa como sexual.
El sexo también tiene sus beneficios físicos, que se encuentran más allá de las motivaciones que personalmente podamos tener en practicarlo:
–Para relajarse y dormir mejor. Las hormonas liberadas durante el orgasmo son relajantes, como es el caso de la oxitocina y el DHEA, por lo que facilitan el descanso, especialmente si el encuentro sexual se lleva a cabo durante la noche. 

Además, el esfuerzo físico realizado durante el coito y la tensión muscular que este requiere provocan que nos encontremos fatigados después de terminar la faena, lo que unido a la liberación de dichas hormonas, hará que caigamos con mayor facilidad en los brazos del sueño.

–Para vivir más. Las hormonas liberadas durante el orgasmo favorecen la aparición de determinados anticuerpos que protegen al organismo de enfermedades, como señaló un estudio realizado por científicos de la Universidad de Pennsylvania. Las personas que practicaban sexo una o dos veces por semana gozaban de un nivel mayor de inmunoglobulina A (IgA), vital para protegerse de la gripe o los resfriados. 

Además, otro estudio británico señaló que la frecuencia de los orgasmos estaba relacionada con la esperanza de vida, al menos en los varones: según el estudio publicado en el British Medical Journal, aquellas personas que tenían más de un orgasmo al mes gozaban de un riesgo de mortalidad inferior al 50% que aquellos que no alcanzaban esa frecuencia. Eyacular con regularidad también previene el cáncer de próstata.

–Para adelgazar. Que el ejercicio es necesario para perder peso, es ampliamente conocido, pero se trata de una actividad en muchos casos tediosa y que apenas ofrece recompensas en el corto plazo. Así pues, ¿por qué no ligar nuestra actividad física a lo sexual? 

Según se ha estudiado, la postura del misionero lleva a consumir unas 200 calorías durante cada coito (aunque esta cifra se encuentra en función del tiempo que se tarde, claro está), mientras que otras más complejas pueden hacer aumentar tal cifra hasta las 600 (algo que también ocurre si se realiza en el agua), el equivalente a una media hora en la cinta automática.

–Por obligación. Entre las razones aducidas por los estudiantes investigados, una de las más frecuentes era la presión ejercida por sus parejas, una práctica que, señalan los psicólogos, se trata de una de las más dañinas en lo referente al bienestar personal. 

La principal razón es que de esa manera se llega a entender el sexo como algo negativo, una obligación entroncada con otras actividades vinculadas con la autoridad (el trabajo, el cuidado del hogar, los compromisos sociales) y desligada del carácter ocioso que debería tener una vida sexual sana. Quizá para este tipo de situaciones se inventaron los dolores de cabeza.

–Para dar celos a otra persona. El sexo como herramienta de control social, no de realización (ni gusto personal), que se constituye como un arma frente a los demás. Muchos de los investigados, especialmente las mujeres, señalaban que el sexo les permitía controlar a sus respectivas parejas (negándolo u otorgándolo) o poner a prueba su amor (siéndoles infieles).

 En una línea semejante se encuentran con otras actitudes –acostarse con alguien para conseguir que le haga más caso, obtener algún beneficio externo como un aumento salarial– que derivan en la utilización del sexo como un medio y no como un fin, de manera que nos vendemos (físicamente) a nosotros mismos."       (En Positivo, Héctor G. Barnés, Fuente: El Confidencial)