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28/3/24

La otra Semana Santa andaluza es civil, tiene cofrades y pasos, pero no curas... Las asociaciones civiles proliferan al margen de la Iglesia, sobre todo en las barriadas de extrarradio, y acogen a homosexuales y divorciados, pese a las mofas que las minusvaloran como “piratas”

 "El sevillano Álvaro Maroto es cofrade desde que tiene uso de razón. Podría haberse conformado con ser hermano de la Estrella, donde le inscribieron desde que nació, pero quería más. Allá por 2009, cuando tenía 16 años, tuvo la idea de poner en pie una cofradía en Sevilla Este, un barrio a las afueras de la capital con más de 60.000 vecinos. Tocó a la puerta de tres parroquias sin éxito, así que decidió tirar por la calle de en medio. “Porque tres párrocos no quieran no tiene por qué quedarse el barrio sin hermandades con la de cofrades que hay. Ya habrá alguno que nos quiera”, reflexionó el hoy presidente de la asociación civil Consuelo y Esperanza. En esas siguen y no son los únicos. Andalucía vive desde hace más de una década una eclosión de asociaciones civiles con cofrades, pasos e imágenes, pero sin curas. Crecen exponencialmente al margen de la Iglesia mientras intentan sacudirse de las mofas que las minusvaloran como “piratas”.

El quinto sábado de Cuaresma, el pasado 16 de marzo, fue el termómetro del auge de estas asociaciones civiles en Sevilla, epicentro del movimiento. Las aceras y balcones del barrio de San Bernardo se caían de sevillanos y foráneos para ver a la Abnegación, una de las punteras del fenómeno de las asociaciones civiles. En el cortejo había enseres cofrades, imponente paso de misterio y agrupación musical de relumbrón, la Virgen de los Reyes. Lo único que desentonaba en la estampa es que los cofrades que integraban la procesión no llevaban hábito de nazareno y que el recorrido no partió de una parroquia. “Quizás empezamos la casa por el tejado, pero si todo está creciendo es porque la Iglesia y las hermandades no nos están acogiendo como deberían. Abnegación nació porque no nos acogieron, si no no existiríamos”, reflexiona su presidente, Javier Gámez Villar.

Esa falta de cobijo que alegan Maroto y Gámez es uno de los “múltiples factores” que Francisco Javier Escalera, catedrático de Antropología Social de la Universidad Pablo de Olavide, encuentra en el origen y arraigo de las asociaciones civiles. Muchas de las entidades, como ocurrió con Abnegación en 1992, surgieron de una cruz de mayo infantil que quiso tener imágenes a las que venerar y proyectos sociales de caridad que desarrollar. “Nacen cuando van a sus parroquias y muestran una necesidad que no se ve contestada por diversos motivos”, reflexiona Cristóbal M. Calvo, presidente de la civil Salud y Esperanza y de la federación Fecosevilla, que integra hasta a diez de estas entidades. Pero Escalera identifica más motivos. El lugar donde se han hecho fuertes no es casual, la mayoría germinó en barriadas de extrarradio en las que no existían cofradías y en el que estas corporaciones se han convertido en “la vía para fortalecer el sentido de pertenencia y de identidad”, como apunta Escalera, que se plantea realizar una investigación académica ante un fenómeno por estudiar, pero que, solo en Sevilla, ya cuenta con unos 20 grupos y mueve “entre 15.000 y 20.000 personas”, según estima Calvo.

No es el único vacío que han venido a completar las entidades civiles. El catedrático cree que han calado también en los barrios populares como reacción “al fortalecimiento de la jerarquía eclesiástica de ejercer un mayor control sobre las cofradías”, especialmente de sus cuentas y de quienes participan en la dirección de estas cofradías. Divorciados o personas LGTBI visibles y casadas, en definitiva “gente que no ha seguido el cursus honorum de la membresía católica”, como apunta Escalona, pueden estar en la cúpula de las asociaciones civiles sin que “nadie les mire por encima del hombro”, como confirma Gámez. “No es que seamos más o menos laxas, es que no tenemos la sobrefiscalización que tienen las cofradías”, apunta Calvo, que asegura que ese control ha estado provocado, en ocasiones, por la falta de formación de algunas de estas hermandades.

Pero el delegado diocesano de Hermandades y Cofradías de Sevilla, el sacerdote Marcelino Manzano, no cree que el origen de las civiles esté en un control eclesiástico más férreo de las religiosas. Apunta que las asociaciones civiles surgen “por desconocimiento o porque no encajan en la comunidad parroquial” y defiende la ortodoxia en las cofradías: “Exigen un proceso de formación exigente porque la realidad de una hermandad es la que es”. Y añade: “Aun respetando las buenas acciones que realizan [las civiles], llevan a la confusión de los fieles”. De ahí que el Arzobispado haya iniciado una política de acercamiento a los grupos civiles para intentar reconducirlos al largo camino hacia su conversión como hermandad, un proceso que exige convertirse primero en agrupaciones, en las que el máximo dirigente es el párroco de la iglesia que será su sede, y que termina cuando son erigidas como hermandades, bajo el paraguas de asociaciones religiosas de culto público.

La mayoría de las asociaciones civiles han recogido el guante con interés, resume Calvo: “Todas luchan por la integración en su parroquia porque no dejan de ser una herramienta pastoral”. Aunque otras no parecen tan dispuestas, como apunta Manzano: “Las hay que están en diálogo conmigo, pero de otras solo tengo noticias por los medios”. Entre las primeras, estuvo Consuelo y Esperanza, que llegó a estar integrada en la parroquia de la Asunción de Sevilla Este durante ocho años. “Nos confirmaron a los 170 hermanos, nos dieron formación continúa, limpiábamos la iglesia, éramos catequistas”, rememora Maroto. También les dijeron que ni homosexuales casados, ni divorciados podían estar en la junta. “¿Por qué? Si trabajan más que otros”, se pregunta molesto el presidente. Pese a ello, acataron la norma y les bendijeron a las tallas del Cristo y la Virgen. Hasta que el párroco cambió y, a finales de noviembre de 2023, decidió extinguir la ya agrupación de fieles y expulsar a las imágenes, que han vuelto a recibir culto en un oratorio privado, como la mayoría de asociaciones civiles. “Ahora, estamos en un limbo”, reconoce Maroto.

 “A la autoridad eclesiástica le sienta muy mal todo este fenómeno [...] No es más que la ruptura del monopolio sobre los símbolos católicos. La Iglesia no debería tener el control de que la gente pueda rendir culto a entidades divinas”, reflexiona Escalera. De hecho, aunque las diócesis intenten poner cortapisas, difícilmente lo consiguen y el movimiento de las asociaciones civiles ya está presente en localidades de fuerte raigambre cofrade, como Jerez de la Frontera. El pasado mes de septiembre también llegó a Cádiz capital con la salida del Grupo de Fieles de María Santísima de la Consolación, que despertó airadas quejas del Consejo de Hermandades y Cofradías de la ciudad. “Se nos tacha de ilegales o piratas porque no estamos al amparo eclesiástico, pero las asociaciones civiles son totalmente legales. Hacemos uso del derecho constitucional de la libertad religiosa”, explica Calvo.

Por eso Escalera cree que el movimiento puede dar más de sí y crecerá, sobre todo porque no aprecia rechazo en el conjunto de la sociedad, en este caso en la sevillana, solo en los sectores más ortodoxos: “Las tratan como si fuesen de segunda división del fútbol [...] Pero esto no es algo de cuatro casposos. La Semana Santa, pese al laicismo, es un fenómeno profundamente popular, vinculado a la estética y a la forma de entender la sociabilidad”. Que se lo digan a Maroto y a los suyos, a los que el último revés no ha restado ni un ápice de ganas. 15 años después reviven de nuevo aquella negativa que les llevó a fundar Consuelo y Esperanza, pero amilanarse no entra sus planes. “A nosotros no nos va a frenar nadie, por mucho que un párroco nos eche”, advierte combativo."             (Jesús A. Cañas , El País, 25/03/24)

31/3/21

La Semana Santa, más que religión, es barrio, familia y recuerdo. Y diversión, por supuesto...

 "No es tan pura como parece, ni siquiera tan religiosa. Ni mucho menos tan solemne. La Semana Santa que aparece descrita en el ensayo El mito de la tierra de María Santísima. Religiosidad popular, espectáculo e identidad, de César Rina (Centro de Estudios Andaluces, 2021), asoma al lector a una celebración con vetas populares, heterodoxas y hasta rebeldes, que ha vivido en una histórica tensión con su interpretación más canónica y que es clave para explicar su éxito.

 Rina, que no se ciñe a Sevilla pero sí le presta especial atención, nos muestra una cara b de la celebración –a menudo ignorada por un relato dominante hecho de religión y turismo– que también tiene su historia y sus hitos. Y que también se ve interrumpida con la segunda suspensión consecutiva de las procesiones.

La autoridad política y religiosa, como muestra el trabajo de Rina, ha tratado siempre de poner bajo control y encauzar la Semana Santa, mimando a los valedores de su línea oficial, dándole visibilidad y recursos públicos. Incluso sin procesiones, como volverá a ocurrir este año, la complicidad del mundo oficial cofradiero sigue siendo objeto de deseo del poder político, que ahora ha compensado a las hermandades con ayudas públicas extraordinarias. “Los enemigos natos de la Semana Santa son el cardenal y el gobernador”, escribió Manuel Chaves Nogales en Ahora en 1935, defendiendo que la celebración en Sevilla no es "ni de los curas, ni de los gobernantes", por más que se empeñen.

El periodista reivindicaba que la Semana Santa, más que religión, es barrio, familia y recuerdo. Y diversión, por supuesto. "Donde se supone que tendría que haber ayuno y abstinencia, hay jolgorio y pecado. Y luego el Domingo de Resurrección, que se supone que debería ser un día de gozo, lo que hay es depresión porque se ha acabado la diversión", sonríe el antropólogo Ángel del Río, que resume con una anécdota lo que es también –y a menudo no se conoce, o no se comprende– la Semana Santa: "Estaba viendo la Macarena con un amigo mío ateo, de izquierda, que no pisa una iglesia, y de repente se pone a llorar. Yo estaba sorprendido. Y me lo explicó: 'Aquí lo que estoy viendo es a mi abuelo, a mi padre, a mi barrio, a mi gente'".

Perfiles similares a los de este ateo en lágrimas, o incluso capillitas convencionales, forman parte del público que ha convertido en un éxito la obra teatral Estrella sublime, una comedia cargada de gags y transgresiones que es un auténtico fenómeno popular en Sevilla. Ángel López, director de programación de la Sala Cero, donde se representa, ha comprobado cómo los mismos que se arroban ante una imagen pueden reírse con un chiste sobre la misma, sin contradicción. "No olvidemos que en Sevilla la Semana Santa es una fiesta de la primavera. Aquí apenas tenemos carnaval. El fenómeno tiene más de cultural que de religioso", señala López. Dice que en Semana Santa es inútil abrir un teatro en Sevilla, entre otras cosas porque el teatro está en la calle.

El antropólogo Isidoro Moreno, referente en el análisis intelectual de la Semana Santa, combate cualquier visión reduccionista y tópica sobre la celebración, que encuadra dentro del concepto de "hecho social total", acuñado por el etnólogo francés Marcel Mauss. En este tipo manifestaciones la estructura social expresa todas sus dimensiones: religiosa, moral, política, familiar, económica, artística... "Cada cual elige su forma de participar", afirma Moreno, para quien la clave está en los factores "identitario" y "emocional", vinculados a la memoria familiar y al propio barrio. Son significados que suelen quedar eclipsados por un relato sobre la Semana Santa que destaca su dimensión religiosa y económica. Rina pone el foco en otro punto: en su capacidad de creación de comunidad en un mundo cada vez más globalizado. Eso también es la Semana Santa. 

Tensiones y choques

Lo religioso contra lo profano. Lo popular contra lo elitista. Lo oficial contra lo subversivo. El autor de El mito de la tierra de María Santísima, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, recorre todas las tensiones que han rodeado a esta celebración, que este 2021 volverá a sufrir una no-edición, debido a la suspensión de las procesiones. Pero ni siquiera eso suspende sus contradicciones. De un lado, el mundo cofrade funciona con ayudas públicas. No en vano, el Gobierno andaluz de PP y Ciudadanos y el Ayuntamiento de Sevilla del PSOE han aprobado ayudas específicas, de ámbito autonómico y local, por valor de 3 y casi 1 millón de euros, saliendo en apoyo de unas cofradías en horas bajas. 

Al mismo tiempo que se trata de un tejido asociativo y de una fiesta subvencionada, la Iglesia trata de reivindicar su carácter estrictamente católico. "Por mucho que la Iglesia reivindique que la Semana Santa es católica, se trata obviamente de una fiesta pública, como demuestra el que esté subvencionada con dinero público", señala Rina. Y no es algo nuevo, recalca. Las procesiones no hubieran renacido en el siglo XIX con la fuerza que lo hicieron sin las ayudas municipales, explica Rina.

Y hay otra tendencia histórica. La derecha política, la jerarquía de la Iglesia y las cúpulas cofradieras han tratado de encauzar la Semana Santa hacia la pureza y el oficialismo, mientras otros sectores reclamaban su espacio e independencia. Isidoro Moreno, catedrático de Antropología y cita ineludible al hablar de los significados profundos de la religiosidad popular, lamenta que hoy en día las cofradías apenas defiendan ese margen de independencia y sean "cada vez más sumisas" al dictado del Arzobispado.

Rina detecta un "dualismo" entre las directivas de las hermandades, "identificadas con las élites políticas conservadoras", y el conjunto de los hermanos, con "perfiles ideológicos más diversos". Detrás, siempre, la Iglesia, en el caso de Sevilla el Arzobispado, que mantiene la vigilancia para que las cofradías se ciñan lo más posible a pureza católica del rito. En Sevilla, el Consejo General de Hermandades y Cofradías, que depende de la autoridad eclesiástica y constituye uno de sus brazos de influencia, es la es clave para la preservación de las tradiciones y el carácter católico de la Semana Santa. Similar esquemas siguen otras ciudades andaluzas. 

Instrumentalización política

La historia de la instrumentalización de la Semana Santa por parte del poder tiene anclajes antiguos. Es elocuente la estrategia de los borbones de buscar legitimación popular en Sevilla vinculándose a su imagen más señera, la Macarena: fueron hermanos la reina María Cristina (1892) y Alfonso XIII (1904), entre otros. El ensayo se detiene en cómo la cúpula eclesial, las élites cofradieras y la derecha no sólo protagonizaron el boicot a las procesiones de los años 1932 y 1933, en un intento de socavar el apoyo popular a la República, sino que luego el franquismo logró fabricar con éxito el mito de que había sido el régimen tricolor el que las había prohibido. 

La Estrella, del arrabal obrero de Triana, fue la única que se atrevió a plantar cara al boicot, como explica Rina. Su salida no fue un camino de rosas. Un ladrillo rompió un ala de un ángel, fueron arrojados huevos con gasolina y un anarquista llegó a disparar contra la imagen de la Virgen, mediando la intervención de las fuerzas del orden para evitar su linchamiento. No obstante, el apoyo popular a la procesión se convirtió, explica Rina, en un "alegato ciudadano".

El mito de la tierra de María Santísima desmenuza además la apropiación y resignificación de la Semana Santa que hizo el franquismo, que pretendía superar su "noción festiva y espectacularizada", militarizando y fascistizando los rituales. Durante el régimen se siguieron produciendo tensiones entre las dimensiones oficial y popular de la Semana Santa. Tensiones con fondo político, por supuesto. ¿Un ejemplo? En 1941 salió por primera vez en procesión Jesús Despojado, cuya imagen era obra de Antonio Perera, un republicano del barrio de San Marcos, en pleno "Moscú sevillano", que la talló en la cárcel tomando como modelo la imagen de un compañero sentenciado a muerte. El obispado destituyó a la junta de gobierno de la hermandad.

Otro más. Millán Astray, en 1939, presidió como hermano mayor honorario el paso del Cristo de la Buena Muerte. En su honor sonó el Novio de la muerte al paso del crucificado por la Plaza de San Francisco, provocando el enojo del público sevillano, que quería silencio. La hermandad pidió que la banda de música de la Legión no volviera a salir con ella. Millán Astray no volvió a la Semana Santa de Sevilla, pero mantuvo su vinculación con el Cristo de la Buena Muerte, de Málaga, donde no había límites a la representación legionaria. Rina desvela la impostura de algunas supuestas tradiciones seculares. "Los legionarios empiezan a salir con la Buena Muerte en 1928, pero ya en 1930 en la prensa de Málaga se habla de una tradición eterna de la ciudad de Málaga", explica el autor. Los empujones entre políticos para lucirse en la Buena Muerte llegan hasta el presente. En 2018 hubo hasta cuatro ministros: Cospedal, Zoido, Catalá y Méndez de Vigo. Esa es la Semana Santa que sale en la foto. Pero no es la única.

Un conflicto histórico

La Semana Santa oficialista, purificada y conservadora contrasta en las páginas de Rina con otra popular, excéntrica, bohemia, en ocasiones canalla, que la mayoría desconoce. La historia ha ido enfrentando a los custodios del dogma con un pueblo en fiesta en toda su diversidad. El propio auge de las procesiones en el siglo XIX ya despertó la alerta de la jerarquía católica, que se resistió y trató de embridar una manifestación bulliciosa e imprevisible. El arzobispo de Sevilla llegó a prohibir cofradías alegando que entre sus miembros había inmorales y homosexuales.

En Semana Santa insólita (Almuzara, 2014), obra citada por Rina, los periodistas Eva Díaz Pérez y José María Rondón ya hicieron repaso a una celebración "subterránea, casi clandestina y ajena a la versión oficial", que demuestra que los caminos de la devoción son imprevisibles. El aviador republicano Ignacio Hidalgo de Cisneros anotó en Cambio de rumbo lo frecuentes que eran los altares de la Macarena o el Gran Poder en las casas de prostitución. John Haycraft, autor de Babel en España (1958), se refirió a las procesiones como "borracheras eucarísticas", desarrolladas en un entorno "sensual y báquico". "Báquico" por Baco, dios del vino. En 1973 la delegación episcopal de Málaga pidió la revisión de todas las piezas musicales, después de que el año anterior hubiera sonado en varios puntos Soy rebelde, de Jeanette. Y aquí un ejemplo extremo de desviación con respecto al dogma: en 1900 hubo hermanos de Monte-Sión que remitieron al arzobispo una carta alertando de "desmanes gravísimos" detectados tanto en la procesión como en el templo: una "sacrílega camarilla" de "crápulas" organizaba "orgías".

¿Qué se concluye, en conjunto? Que la celebración de la Semana Santa no es ni política, ni moral, ni culturalmente unívoca. Y que tiene tanto de fiesta como de rito.

Un "auténtico lobby"

Esta pluralidad interna no evita que la celebración tenga sus representantes oficiales, las hermandades y cofradías, que viven tiempos de dificultad. 2021 será el segundo año seguido sin procesiones. El problema impacta de forma llamativa en Andalucía, donde el mundo cofrade está reconocido por la Junta como el "cuerpo social más numeroso", con más de 300.000 hermanos.

Rina no duda en considerarlas "un auténtico lobby", con gran "capacidad de influencia". "Según lo que digan las hermandades se cortan calles, se quitan árboles, quioscos... Los centros de algunas principales ciudades se organizan en función de una semana, condicionando qué se pone en una calle según vaya a pasar o no una procesión", señala.

La revista Pasión en Sevilla contabilizó en el primer trimestre de 2017 un total de 545 cortes de vías, de los que el 43% eran por procesiones, el por 11% ensayos, el 10% por cruces de mayo, el 12% por vía crucis, el 7% por traslados de imágenes, el 5% por romerías y el 4% por otros cultos externos. Es –era– frecuentísimo ver a sevillanos cabreados por tener que dar un rodeo para llegar a tal o cual sitio. Más aún, si no les gustaba la Semana Santa. Porque huelga decir que en la "tierra de María Santísima" también hay a los que no les gustan las procesiones, aunque quizás ahora, dadas las circunstancias, también puedan echarlas un poco de menos."                  (Ángel Munárriz, Info Libre, 29/03/21)

18/8/11

"El viaje (del Papa) se ha organizado en torno a la idea de la religión como espectáculo... sin apenas componente religioso y espiritual"

"El viaje se ha organizado en torno a la idea de la religión como espectáculo, representación teatral, fenómeno de masas y culto a la personalidad del pontífice, sin apenas componente religioso y espiritual, ni horizonte alternativo y transformador, ni dimensión mística y liberadora, que constituyen la verdadera naturaleza de la religión. (...)

Estamos ante un modelo de Iglesia muy distinto del movimiento igualitario de hombres y mujeres que puso en marcha Jesús de Nazaret y muy alejado de la revolución copernicana del Vaticano II que definió a la Iglesia como misterio, pueblo de Dios y comunidad de fe solidaria con los gozos y esperanzas, tristezas y sufrimientos. (...)

La preocupación fundamental de los organizadores se centra en conseguir la asistencia del mayor número de peregrinos venidos de todo el mundo para aclamar al Papa: un millón, millón y medio, dos millones... En eso va a residir el éxito o el fracaso del viaje.

¿Qué diferencia existe entre estas concentraciones y las de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado en pleno nacionalcatolicismo? Unas y otras tienen el mismo espíritu y responden a similares objetivos: la reconquista católica de los sectores alejados de la fe y la ocupación confesional del espacio público, por ejemplo, la colocación de más de 200 confesionarios en el parque del Retiro, el vía crucis en la plaza de Cibeles, así como la misa y la vigilia de oración en el aeródromo de Cuatro Vientos. (...)

Las diferentes Administraciones públicas, sean municipales, autonómicas o estatales, se postrarán de hinojos a los pies del Papa, y las instituciones educativas, sanitarias, policiales, culturales, urbanísticas e incluso militares se podrán a su servicio durante los días de la visita. ¿No es esto incurrir en un "pecado de lesa laicidad"?" (El País, ed. Galicia, 14/08/2011, p. 25)

12/1/10

A mis 94 años, creo que la religión es... alegría

"A mis 94 años he llegado a la conclusión de que todo tiene importancia y nada tiene importancia, porque la buena vida sólo consiste en saber aprovecharse tanto de las cosas buenas como de las malas. (...)

Sostengo que todo lo que has de creer, orar y practicar está contenido en el Padre Nuestro. Y me inspiro en los discípulos próximos a Jesús y en ese pequeño libro del siglo I, la Didajé, que se traduce por Enseñanza o Doctrina y que nos muestra que toda conducta positiva ha de basarse en la regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras para ti". Igualmente, el Pastor de Hermás nos dijo en el siglo II que "todo el que está alegre obra bien y piensa bien".

La religión en la que creo no es cosa de tristes gruñones, sino apertura y ayuda mutua, que siempre repercutirá en un mundo mejor, sea cual sea nuestro pensamiento: por eso, con el tiempo, mi fe se ha vuelto más sencilla y más dependiente de lo interior y de una conducta abierta a los demás. Porque Dios, lejos de ser un amo exigente, es "poesía en la cual se cree". (Enrique Miret Magdalena: Porque Dios es poesía en la cual se cree. El País, ed. Galicia, opinión, 24/12/2009, p. 27)

3/12/09

"¿Se acaba la religión?

El siglo XX y el inicio del XXI considerados como los de la ciencia y de sus aplicaciones prácticas, se clausuraron con una mirada a la astrología, la magia, el esoterismo, las religiones orientales y a toda una serie de manifestaciones de la necesidad de nuevas solidaridades. Asistimos a una reevaluación de sentido de misterio, de lo religioso y de lo sagrado. La sociedad actual tiene hambre de lo sagrado. La constatación de este fenómeno puede apreciarse en la proliferación de movimientos y grupos de diferentes tipos y tendencias, de sectas, la multiplicación de publicaciones, películas y libros, programas con temáticas sobre lo mágico, lo maravilloso, lo milagroso, lo misterioso.

Los tiempos modernos, refractarios en tantos sentidos a lo sobrenatural, lo han sustituido con harta frecuencia por la trascendencia societaria en vez de por una trascendencia de lo divino que está fuera de toda cosa humana. La religión en nuestros días es vida subjetiva, fruto de la fuerte individuación a que llegó nuestra sociedad. La mayor parte de las veces se trata de un fenómeno social, fruto de una magia personal, que halla significado en la moralidad y en el subjetivismo emocional.

El sagrado actual es una construcción de diversos imaginarios sociales y un intento de dotar nuevamente de sentido a las cosas porque las cosas no son lo que son sino lo que significan. Todos tratan de reconstruir un mundo de símbolos y de magia que sirve para que las personas imaginen que influyen sobre fenómenos en los que a penas pueden intervenir. Se trata, pues, de una energía difusa, de proveniencia social según la cual el contacto entre lo sagrado y lo profano modifica a los dos.

La participación en el rito permite al individuo inscribir la realidad en un sistema de sentido, le da una imagen total del mundo que sustituye la troceada y analítica que da la ciencia, y le ofrece la oportunidad de reencontrarse emocionalmente, de expresarse con libertad y, al mismo tiempo, estar dentro de un orden." (f

4/6/09

¿Es la religión enemiga de la civilización?

"La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios... Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones "morales" como garantía del orden racional del mundo. (...)

Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. (...)

La religión que está muerta es la religión-institución, que contribuyó enormemente al desarrollo de la civilización pero, al final, se convirtió en un obstáculo. (...)

No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser "dirigentes" de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo. (...)

Esta conclusión puede parecer una gran paradoja, dado que, en general, se ha considerado que la religión era un medio de educar a la humanidad hacia la caridad, la piedad y la comprensión. En muchos sentidos, la compasión parece ser la base fundamental de toda experiencia religiosa. Y es cierto, ya sea desde el punto de vista del cristianismo, el budismo, el hinduismo, el islam o el judaísmo. Hasta aquí, nada que objetar. Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios.

El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrare de San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil." (GIANNI VATTIMO: ¿Es la religión enemiga de la civilización?. El País, ed. Galicia, Opinión, 01/03/2009, p. 29 )

3/6/09

Dios habita en el cerebro

"La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas.

La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de "conceptos sobrenaturales" -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes.

Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social.

Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta.

"El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas", dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. (...)

ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que "la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio". Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias.

"Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados...", dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de "agentes no físicos", de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros "agentes no físicos" como espíritus, dioses y demonios, "intangibles pero implicados socialmente".

Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto.

La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales.

Uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro es el córtex prefrontal ventromedial (VMPC). Los pacientes que tienen destruida esa zona del córtex muestran una disminución general en su capacidad de respuesta emocional y una marcada reducción de las emociones sociales -como la compasión, la vergüenza y la culpa que están estrechamente relacionadas con los valores morales-. (...)

Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, muchas reacciones morales aversivas son una combinación del visceral rechazo a ciertos actos (matar a alguien, por ejemplo) y de la compasión instintiva por otro ser humano. Damasio cree que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos.

"Aunque los creyentes suelen atribuir su moralidad a un agente sobrenatural", dice Boyer, "los modelos cognitivos indican todo lo contrario: que nuestros sentimientos morales son reclutados para dar verosimilitud a las nociones morales de la religión".

Los ritos religiosos también parecen muy distintos entre unas culturas y otras, pero todos pertenecen a una clase de "comportamientos rituales" constantes en la especie humana. Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria, ejecutada en un orden rígido, desligada de un objetivo práctico obvio y repetida muchas veces. También implican a menudo el uso de números, colores llamativos y símbolos de la pureza, el orden o la simetría.

Nuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos.

"Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación", dice Boyer. "Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas". (...)

"Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte", afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. "Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón". (El País, ed. Galicia, 23/02/2009, p. 28/9)

19/2/09

Dios siempre sale a la palestra

"¿Por qué se ha mantenido a lo largo de la historia esta idea de un ser excepcional al que llamamos Dios? Un artículo no puede dar respuesta a esta sencilla pero olvidada pregunta. Sí es posible, en cambio, constatar el hecho de que Dios siempre reaparece donde menos puede esperarse, incluso en la sociedad laica, para desespero de atávicos comecuras cuya obsesión sólo muestra ignorancia sobre la especie humana. Se precisa, al menos, otra constatación: el hombre tiene tendencia a encontrar dioses en lo más inverosímil.

G. K. Chesterton lo explicó con su habitual desparpajo: "Cuando no se cree en Dios, se cree en cualquier cosa". Así la sociedad laica, para horror de las religiones oficiales -que administran un Dios compacto-, traslada a sectas, iconos, marcas, dirigentes, teorías económicas y hasta equipos de fútbol toda suerte de equivalentes al poder, básicamente sobre el bien y el mal, que la divinidad genera en las conciencias. El ser humano, pese a sus logros, vive aún atenazado por el misterio de su propia existencia y la posibilidad de conjurar esa extrañeza se encarna de manera persistente en el intento de respuesta -que ni siquiera la ciencia ha podido arrinconar- a la que llamamos Dios.

No es raro, pues, que ciertos espabilados encuentren la manera de apropiarse de la respuesta al misterio humano más difícil de encontrar: es decir, de Dios mismo. Ahora se observa cómo la crisis económica pone en cuestión al Dios encarnado en la sociedad de consumo: cuando este nuevo Dios falla parece que todo se viene abajo y hasta se niega la capacidad humana de encontrar mejores respuestas -concretas- a su necesidad de supervivencia.

Que me perdonen los teólogos; ellos saben, aunque no siempre lo reconocen, que la idea de Dios es múltiple, misteriosa y se ha manifestado de formas bien distintas: Dios encarna la paradoja humana. Los individuos necesitan tanto de Él como de ellos mismos: Dios, y con él la religión, es la respuesta humana a lo inexplicable de la existencia y una forma de organizar la convivencia social. Quien desee ampliar la imprescindible noticia de que Dios es humano encontrará todavía en Las formas elementales de la vida religiosa (1912), del sociólogo Émile Durkheim, un libro de hace casi un siglo, una actualísima introducción a las noticias de Dios que hoy no deberían desconcertarnos." (MARGARITA RIVIÈRE: Noticias de Dios. El País, ed. Galicia, Opinión, 08/02/2009, p. 25)

28/10/08

Rouco relaciona laicismo y nazismo

"La Iglesia debe ser fermento de las culturas modernas, y participar en la vida pública y los debates legislativos, afirmó Rouco, para oponerse al laicismo, esa gran fuente de peligros históricos: "El Estado moderno, en su versión laicista radical, desembocó en el siglo XX en las formas totalitarias del comunismo soviético y del nacional-socialismo", advirtió.

Para Rouco, los males de esa dictadura laicista son evidentes. "El tratamiento legal dado al derecho a la vida, como si el Estado pudiera disponer ilimitadamente de él, constituye una prueba elocuente. Urge, pues, una respuesta cultural del Evangelio que, en un diálogo sincero entre fe y razón, haga presente en la vida pública la verdad de Dios Creador y Redentor del hombre: del Dios que es amor".

Rouco tomó la palabra el martes ante la asamblea sinodal y lanzó el reto de hacer que la Palabra de Dios luche contra "uno de los rasgos que más intensamente caracteriza la cultura moderna, sobre todo en el contexto euroamericano: la concepción inmanentista del hombre y del mundo, sin referencia ni explícita ni implícita a Dios Creador y Redentor del hombre". (El País, ed. Galicia, Socoiedad, 16/10/2008, p. 38)

25/6/08

El rendimiento social de la religión

"El motivo último del rendimiento social de la religión reside en que ella es -junto con la patria, de la que resulta a menudo indisociable- la principal productora de una de las más tiránicas divinidades despiadadas de estos días, la identidad, elemento dominante de la nueva forma de pobreza material y moral que se extiende por nuestras sociedades sustituyendo el Estado de derecho por esos estados de emergencia que a veces amenazan con imponerse en Europa, y que aprovecha el vacío de proyecto político para ocupar el espacio público con conflictos privados, pasionales e irresolubles, que hacen aparecer a la democracia como un régimen superado y prescindible." (JOSÉ LUIS PARD: La trascendencia. El País, ed. Galicia, Opinión, 24/06/2008, p. 31)