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13/1/25

¿De qué les sirve ser súper billonarios? Da vergüenza ajena presenciar cómo Zuckerberg ejecuta sentidos actos de contrición en nombre de la libertad, ofrece penitencias y sacrificios antes de que se los demanden y suplica el perdón por los pecados woke que los malvados liberales le obligaron a cometer para ver si así logra recolocarse favorablemente ante la inminente administración Trump, ¿merecerá la pena haber acumulado tantos miles de millones para ahora andar de palanganeros y aplaudidores de un delincuente para acumular otros cuantos miles de millones más? Trump ya los hizo aún más ricos sólo con su victoria. La perspectiva de entrar ahora a saco en el botín de las finanzas federales, bajarse aún más los impuestos y seguir esquilmando los programas públicos financiados con los impuestos que sí pagan los demás, ya les hace y les hará aún mucho más ricos... Pero hay algo más tras semejante exuberancia irracional de servilismo rentista. Les mueve la codicia, pero puede que aún les incentive más el miedo a un Donald Trump que lleva cuatro años prometiendo ajustar todas las cuentas pendientes con todos los traidores tras su derrota en 2020. Saben que lo hará y sin piedad. Tantos billones y ni siquiera les valen para dormir tranquilos. Efectivamente, el miedo ha cambiado de bando, pero por las razones más inopinadas (Antón Losada)

 "Da vergüenza ajena presenciar cómo Zuckerberg ejecuta sentidos actos de contrición en nombre de la libertad, ofrece penitencias y sacrificios antes de que se los demanden y suplica el perdón por los pecados woke que los malvados liberales le obligaron a cometer para ver si así logra recolocarse favorablemente ante la inminente administración Trump

Resulta patético ver a un súper billonario como Mark Zuckerberg haciendo donaciones y arrastrándose por los pódcast y espacios más MAGA con esa tortilla francesa mal hecha que se ha puesto en la cabeza. Da vergüenza ajena presenciar cómo ejecuta sentidos actos de contrición en nombre de la libertad, ofrece penitencias y sacrificios antes de que se los demanden y suplica el perdón por los pecados woke que los malvados liberales le obligaron a cometer para ver si así logra recolocarse favorablemente ante la inminente administración Trump. Casi inspiraría compasión si la mereciera; por mucho que pueda pagársela.

No llega al nivel de los saltitos anfetamínicos de Elon Musk en aquellos mítines inolvidables del road movie de la campaña presidencial, pero se acerca bastante y busca desesperadamente situarse a su estela. Su retirada de los verificadores de Facebook, Instagram y Threads en nombre de la libertad de expresión y la insoportable censura de no permitir que se proclame que las mujeres son enseres domésticos o que los homosexuales y las personas trans son enfermos mentales se aproxima bastante, en cambio, a la decisión de Jeff Bezos de impedir que The Washington Post pidiera el voto para alguno de los candidatos o censurar una caricatura suya y de sus Bros rindiendo pleitesía al Bro en jefe, Donald Trump, a cambio de sacas de dinero como aquellas que enloquecían al tío Gilito. 

Uno se pregunta para qué vale tener tantos miles de millones y tanto poder si, al final, tienes que andar dejando que te rapen el pelo en la plaza del pueblo o haciendo de Oberkapo del primer presidente delincuente convicto de la historia de los USA. Si realmente merecerá la pena haber acumulado tantos miles de millones para ahora andar de palanganeros y aplaudidores de un delincuente para acumular otros cuantos miles de millones más.

Trump ya los hizo aún más ricos sólo con su victoria. La perspectiva de entrar ahora a saco en el botín de las finanzas federales, bajarse aún más los impuestos y seguir esquilmando los programas públicos financiados con los impuestos que sí pagan los demás, ya les hace y les hará aún mucho más ricos. La administración Trump fue y volverá a ser el ejemplo más perfecto y poderoso visto nunca sobre la faz de la tierra de ese “Capitalismo granuja” teorizado y descrito por el Nobel de economía Joseph Stiglitz —“Crony reinter capitalism, 2024”—, como la degeneración definitiva del llamado capitalismo de amiguetes —“Phony capitalism”. 2022—. 

Ya no se trata solo de prevalerse de las relaciones privilegiadas con el poder y los decisores para hacer negocios en el límite de la ley y el mercado. Ahora se trata de hacerlos al margen o fuera de la ley o cambiando las leyes para convertirlos en el santísimo mercado. 

Pero hay algo más tras semejante exuberancia irracional de servilismo rentista. Les mueve la codicia, pero puede que aún les incentive más el miedo a un Donald Trump que lleva cuatro años prometiendo ajustar todas las cuentas pendientes con todos los traidores tras su derrota en 2020. Saben que lo hará y sin piedad. Tantos billones y ni siquiera les valen para dormir tranquilos. Efectivamente, el miedo ha cambiado de bando, pero por las razones más inopinadas."                 (Antón Losada , eldiariio.es, 12/01/25)

11/10/23

Cuando viví en Estados Unidos, tuve la oportunidad de conocer a gente que, hasta ese momento, había permanecido completamente fuera de mi órbita: los ricos... su «hábito predatorio de vida», uno de los rasgos definitorios de las élites según el autor. Siguiendo con su argumentario, y al hilo de los datos disponibles, cabría referirse a ella como «clase depredadora», consciente y quizá inútilmente, pues ni siquiera gozan de existencias plenas, pobladas de afecto, salud y alegría... Pero hay otro daño que me perturba más todavía: sus modos de vida, ausencia de valores morales, incluso rechazo de toda ética –a pesar de un sufrimiento que no desdeño– han conformado patrones de emulación entre las clases medias y bajas, contaminado nuestras instituciones, de manera que enunciar lo obvio –que estamos expuestos a dolores, precariedades, sacudidas climáticas insoportables derivados de esta injusticia estructural– puede conllevar serias represalias sociales. La depredación, como comportamiento supremo, engendra adeptos por todas partes que, cual cancerberos, impiden la implantación de sistemas más igualitarios (Azahara Palomeque)

 "Cuando viví en Estados Unidos, tuve la oportunidad de conocer a gente que, hasta ese momento, había permanecido completamente fuera de mi órbita: los ricos. Algunos eran clase alta acomodada (dos o tres viviendas gigantescas, vacaciones en hoteles de lujo, cochazos) y otros pertenecían directamente a la élite de multimillonarios que habitualmente frecuenta el conjunto de universidades llamadas «Ivy Leagues», en dos de las cuales estudié y trabajé. Para mí, acostumbrada a una vida por tramos más humilde de lo que habría deseado, estas personas representaban casi otra especie –no pocas veces sentía que guardaba más en común con un insecto o un roedor que con ellos–, pero me propuse escuchar y aprender, e incluso mostrar empatía.

A la desconsideración por el destino de los demás –»¿a mí por qué debería importarme la política, si no me pagan por ello? ¡Que se preocupen nuestros congresistas!», me dijeron una vez–, se unía el consumismo desaforado, llamadas al aburguesamiento como si fuese una elección y, a menudo, un malestar oculto que, con una pizca de confianza, afloraba: un estudiante llegó a confesarme que lo perforaba una culpa infinita, pues su padre era un alto ejecutivo de una empresa fabricante de armas, por lo que la riqueza familiar provenía de provocar la muerte; aun así, el tormento lo sobrellevaba gastando más dinero. Existía en todos un orgullo visceral por el trabajo que los conducía a aceptar condiciones de autoexplotación como una suerte de mecanismo compensatorio destinado a lavar el privilegio: «me lo he ganado», aseveraban, también los jóvenes que, recién graduados, conseguían ofertas con sueldos astronómicos en Wall Street. Transcurridos unos meses, las jornadas maratonianas hacían estragos en su salud, pero ahí seguían, al dictamen de las cuentas corrientes y la escalada hacia las cumbres. The sky is the limit (‘el cielo es el límite’) –suena por allí–, así que predominaba el requisito de medrar a toda costa.

Durante años, me he estado preguntando por la catadura ética de los ricos, considerando el aumento acelerado de la desigualdad o el hecho de que el 1% de arriba contamina el doble que el 50% más pobre. Me he preguntado si saben de los favores fiscales que reciben –400 familias de mil-millonarios pagaron un exiguo 8,2% de impuestos federales sobre su renta, mientras que la media del ciudadano estadounidense se sitúa en un 13%–, o que ese 1% más perjudicial para el planeta ha acumulado 2/3 de toda la riqueza creada desde 2020. De qué pasta estarán hechos, cómo son capaces de soportar tal grado de complicidad con las múltiples crisis que vienen asolando a la ciudadanía desde hace varios lustros, les merecerá la pena a título individual, y con qué herramientas contamos los no-millonarios para equilibrar la balanza… han constituido dudas nocturnas frecuentes. El intelectual norteamericano Douglas Rushkoff publicó una pieza hace unos años, traducida por Olga Abasolo, que repartía pistas entre mis interrogantes. Convocado por cinco hombres poderosísimos para que les explicase detalles sobre el futuro de la tecnología y, sobre todo, del probable colapso ecosocial, se dio cuenta de que buscaban transcender la condición humana –eso que el filósofo Jorge Riechmann calificó de «movimiento antropófugo»– mediante fantasías espaciales y tecnoptimistas que, paradójicamente, confluían en un hondo pesimismo para la humanidad. El objetivo (refugiarse en búnkers o en Marte) era la huida, y se presentaba con una carencia de «cualquier implicación moral de sus actividades».

Ricos: infelices destructores de lo común

Conforme proseguía mi indagación sobre estas psicologías destructoras de lo común, encontré testimonios y estudios que ponían el foco en la infelicidad que, por lo visto, caracteriza las biografías de los más acaudalados. Suelo digerir este tipo de análisis con cautela, puesto que son fácilmente manipulables para esgrimir una suerte de «felicidad del pobre» que romantiza lo que, verdaderamente, son vidas llenas de dificultades; no obstante, su lectura me resultó interesante. Depresión, aislamiento social, incapacidad para confiar en los demás ante la sospecha de que cualquier amistad quizá la motive el interés económico, falta de sentido o propósito al haber rozado la cumbre o haberla transformado en hábitat… son algunos de los síntomas que pesarían en este grupo de privilegiados, y en sus hijos, sumados a la extenuación laboral que, obviamente, no responde a la satisfacción de necesidades básicas. Lo que en 1899 el sociólogo y economista Thorstein Veblen denominó «clase ociosa» se fue desprendiendo de ese tiempo libre que le infundía prestigio, pero, sin duda, ha mantenido su «hábito predatorio de vida», uno de los rasgos definitorios de las élites según el autor. Siguiendo con su argumentario, y al hilo de los datos disponibles, cabría referirse a ella como «clase depredadora», consciente y quizá inútilmente, pues ni siquiera gozan de existencias plenas, pobladas de afecto, salud y alegría.

Pero hay otro daño que me perturba más todavía: sus modos de vida, ausencia de valores morales, incluso rechazo de toda ética –a pesar de un sufrimiento que no desdeño– han conformado patrones de emulación entre las clases medias y bajas, contaminado nuestras instituciones, de manera que enunciar lo obvio –que estamos expuestos a dolores, precariedades, sacudidas climáticas insoportables derivados de esta injusticia estructural– puede conllevar serias represalias sociales. La depredación, como comportamiento supremo, engendra adeptos por todas partes que, cual cancerberos, impiden la implantación de sistemas más igualitarios.

Cómo vamos a solucionar este problema, será posible aliarse con los pocos miembros de esas cimas que exigen políticas redistributivas, qué mecanismos democráticos, colectivos, emplear en reorientar los engranajes socioeconómicos para que no acabemos siendo pasto de sus efluvios megalómanos quizá debiera formar parte de nuestros debates."              (Azahara Palomeque , Climática/ La Marea, 17/09/23)

4/11/22

El ponente Yes-Men se presentó el día indicado con un traje y una conferencia aburridos... Hasta que, sin abandonar el tedio, empezó a hablar de la necesidad, para el intercambio de flujos de riqueza, de exterminios masivos de población pobre. Nadie interrumpió la conferencia, sino que, al parecer, hubo aplausos y, en el turno de preguntas, interés notorio hacia la innovación liberal propuesta. Los Yes Men demostraban así que, si bien la Modernidad, ese calentón, había inventado el exterminio, la Postmodernidad, esa frialdad, inventaba algo tal vez peor, por incalculable y reproducible: la ausencia de reparos ante el exterminio, su normalización, su posible cotidianización, cuando se anuncia sin gritos y con gráficos y con corbata. Como sucedió en 2020 en Madrid, Catalunya, USA… en el mundo

 "(...) Otros virtuosos en señalar la brutalidad de la época, pero dos décadas posteriores, son The Yes Men, nunca lo suficientemente recordados. 

3-Recordémosles.

4- The Yes Men es un grupo que empezó a emitir arte en los USA de los 90. Lo hacía bajo el mismo criterio que Fidias en el 450 a.C. Belleza, esto es, gamberrismo. En España hubo grupos parecidos, como La Fiambrera Obrera, que empezó en València, yendo a las inauguraciones de exposiciones sociatas, con fiambreras, a mangar el catering de las croquetas, ese alimento que, snif, tanto hizo por el arte en España. La Capilla Sixtina de los Yes Men fue la construcción de una página web clon de la de la Organización Mundial de Comercio, repleta de barbaridades. 

Pese a ello –o tal vez por ello– en esa web se recibió un mail de otra organización internacional, solicitando un ponente de la OMC para una conferencia. Lo enviaron. El ponente Yes-Men se presentó el día indicado en el continente correcto, y con un traje y una conferencia aburridos. Hasta que, sin abandonar el tedio, empezó a hablar de la necesidad, para el intercambio de flujos de riqueza, de exterminios masivos de población pobre. Nadie interrumpió la conferencia, sino que, al parecer, hubo aplausos y, en el turno de preguntas, interés notorio hacia la innovación liberal propuesta. Los Yes Men demostraban así que, si bien la Modernidad, ese calentón, había inventado el exterminio, la Postmodernidad, esa frialdad, inventaba algo tal vez peor, por incalculable y reproducible: la ausencia de reparos ante el exterminio, su normalización, su posible cotidianización, cuando se anuncia sin gritos y con gráficos y con corbata. Como sucedió en 2020 en Madrid, Catalunya, USA… el mundo. 

5- Los Yes Men dibujaron la época a partir de una novedad importante nunca jamás vista en democracia: la absoluta y formal ausencia de empatía y responsabilidad social por parte de cada vez más políticos e instituciones. Un jalón histórico absoluto, en tanto la ausencia de empatía va contra la especie humana. Gracias, en todo caso, a The Yes Men, Luis de Guindos, consejero del BCE, exconsejero de Lehman Brothers, y exministro de Economía con Rajoy cuando la coventrización de Grecia y de algunos barrios PIGS, es, así, una persona que me hace sentir seguro. Seguro del punto de vista de The Yes Men. ¿Cómo se llegó a esa total ausencia de empatía ante los seres humanos en lo público? (...)

6- La empatía llega a las constituciones europeas en 1945, donde se establece el fin de la Revolución, como siempre, pero con la novedad de que se fija también el fin de la contrarrevolución. Derechas e izquierdas transigían. Aquí nadie va a volver a exterminar a nadie, porque no se va a amenazar la propiedad de nadie. En contrapartida a ambas renuncias, se fija un nuevo tipo de Estado, que garantiza derechos y propiedad. Podría denominarse Empático. Pero se le llamó del Bienestar. Dura razonablemente bien hasta 1973. (...)"                  (Guillem Martínez  , CTXT, 30/10/2022)

29/4/22

16 claves sobre “madres alquiladas en las granjas de los fetos vendidos”... El crimen organizado se ha disfrazado de caridad para convertir el útero de las mujeres en la fábrica de bebés convertidos en objeto de transacciones mercantiles. Ninguna sociedad ha tolerado la venta de los recién nacidos hasta hoy que los think tank patrocinados por las compañías de "salud" han conseguido camuflarla bajo un halo de "altruismo"... ¿Conoce usted a alguna mujer voluntaria que "desde la generosidad" quisiera quedarse embarazada con el embrión de una pareja desconocida y después de nueve meses de llevar el feto en sus entrañas, le entregue el bebé a una empresa intermediaria que hasta le impide mirar o dar un beso de despedida al bebé que gestó?... A Alina le han prometido 9.000 míseros euros de los cerca de 30.000 que cobran los intermediarios... Son escogidas por el color de piel, edad, nacionalidad, religión, y atractivo. A la mujer india de piel oscura se le paga menos que a otra de la clase media y blanca... Se está creando un verdadero "proletariado reproductivo", mercantilizando el cuerpo de mujeres cuyo número sube paralelo al incremento de las injusticias sociales

 "¿Conoce usted a alguna mujer voluntaria que "desde la generosidad" quisiera quedarse embarazada con el embrión de una pareja desconocida y después de nueve meses de llevar el feto en sus entrañas, le entregue el bebé a una empresa intermediaria que hasta le impide mirar o dar un beso de despedida al bebé que gestó?

Salvo en excepcionales casos de la "solidaridad entre conocidos", el vientre de alquiler altruista es un cuento. Se trata de un nuevo negocio organizado por los viejos traficantes de bebés, quienes inseminaran a las mujeres pobres y desesperadas con el embrión de las parejas ricas, para que a cambio de unas monedas arriesguen su salud y su vida, gestando un ser humano para luego abandonarlo.

El crimen organizado se ha disfrazado de caridad para convertir el útero de las mujeres en la fábrica de bebés convertidos en objeto de transacciones mercantiles. Ninguna sociedad ha tolerado la venta de los recién nacidos hasta hoy que los think tank patrocinados por las compañías de "salud" han conseguido camuflarla bajo un halo de "altruismo". Son los mismos que han inventado el término de "trabajadores del sexo" para llamar a millones de mujeres y niñas prostituidas y explotadas por las mafias de la industria de la trata de seres humanos.

Han adulterado hasta las palabras con el fin de vender este nuevo negocio: En Oriente Próximo se le llama "Madre sustituta" a las amas de crianza. El lazo que tienen los niños con estas "amas" es tal que las llaman "tía" y se les devolverán este favor de adulto, cuidando de ellas.

Ambos negocios ponen en alquiler, no la fuerza de trabajo de la mujer, sino su propio cuerpo, y consolidan las profundas desigualdades entre los seres humanos a nivel mundial.

"Nos tratan como el ganado" revela Alina a Al Jazzira una de las Mujeres que Alquilan su Vientre (MAV) en Ucrania: confinadas durante un año en pisos (¡a veces dos mujeres embarazadas compartiendo una misma cama!), gestionados con un cuartel, donde las mujeres no pueden salir a partir de las cuatro de la tarde, y la multa de infringir las normas alcanza los100 euros. Encerradas bajo el pretexto de poder cuidar de ellas, proporcionarles alimentos nutritivos, y atención prenatal de alta calidad, a estas mujeres se les arrebatan, en realidad, la poca autonomía que les quedaba. La mayoría proceden de pequeñas aldeas, son humilladas, insultadas. "Pasamos la primera semana simplemente tumbadas, llorando. No podíamos ni comer", cuenta Alina, a la que han prometido unos 9.000 míseros euros de los cerca de 30.000 que cobran los intermediarios. El fin del socialismo primero y el conflicto actual después, han destruido la protección social que gozaban las mujeres y los niños ucranianos, sumiéndoles en una pobreza extrema. Hoy, cerca de 100.000 niños abandonados abarrotan sus orfanatos.

El propio hecho de firmar un contrato (aunque no haya dinero por el medio), convierte a los bebés y a las MAV en esclavos, según la definición de la Convención de Esclavitud del 1956: las mujeres están siendo utilizadas (usus), y obligada a ceder su útero para incubar un fructus (hijos) que será entregado a otra persona, que se convierten en su dueño.

Aquí están los vientres de alquiler

El antiguo Triángulo de Oro del opio, formado por Tailandia, Laos y Camboya, es hoy uno de los paraísos de tráfico de recién nacidos.

Otras fábricas mundiales de bebés ganga son Nepal, India, Irán, Georgia, Israel, Kenia, o Guatemala, comparando con los casi 100.000 dólares que cuestan estos bebés en EEUU: ¡Esta es la clave de maximizar los beneficios de las multinacionales en el capitalismo: minimizar los costos!

Tras la denuncia de la prensa sobre los aberrantes abusos a las mujeres pobres, el gobierno indio fue forzado a prohibir en 2015 la gestación de bebés para extranjeros. Se estima que, hasta entonces, unos 25.000 niños habían sido transaccionados.

Mujeres "vientres de alquiler"

  1. Tienen entre 19 y 25 años, y siempre son de los estratos más pobres de la sociedad, forzadas por la necesidad o por la familia: son como Fantine, el personaje de Los Miserables, que prostituyó y vendió su pelo y hasta sus dientes para dar de comer a su hija Cosette. Pues, hay cientos de millones de mujeres como ella. Ninguna se convierte en MVA "libremente": la pobreza es incompatible con la libertad. La joven vietnamita, Wuhan fue trasladada a Tailandia para gestar un bebé destinado a una pareja china, y así ganar un dinero para el tratamiento de su padre enfermo. Pero, él murió a pocos meses, y la agencia ni le permitió a la mujer embarazada asistir al funeral.
  2. Muchas de las MVA son engañadas: decenas de vietnamitas han denunciado que fueron a Tailandia con promesa de un trabajo bien remunerado, y confiscaron sus pasaportes: habían sido secuestradas, amontonadas en pisos lúgubres, violadas y embarazadas. Les quitaron a los bebés. Estos hechos suceden porque la demanda de bebés fabricados excede a la oferta. En febrero del 2011, la policía tailandesa liberó de un piso a 15 mujeres vietnamitas, la mitad embarazadas, reclutadas por la empresa Baby 101.
  3. Son escogidas por el color de piel, edad, nacionalidad, religión, y atractivo. A la mujer india de piel oscura se le paga menos que a otra de la clase media y blanca.
  4. Al ser el embrión un objeto extraño para el cuerpo de la mujer, deben recibir medicamentos con efectos adversos para su salud. Están sometidas a tratamientos para la fertilidad, nocivos a largo plazo, y expuestas a enfermedades relacionadas con números embarazos.
  5. Sufren durante todo el embarazo un tremendo estrés, y no sólo por vivir semi secuestradas en pisos clandestinos, sin recibir cariño y mismos, sino también por si sufren un embarazo ectópico, un aborto espontáneo, o dan a luz un bebé muerto. En tales casos, tendrían que devolver parte del dinero recibido y a veces incluso pagar una multa.
  6. Si el 99% de las cerca de 1000 mujeres que cada día mueren en el mundo viven en los países del Sur, está "cifra" se dispara por las condiciones en las que viven y paren las MVA. En 2012, se supo de la muerte de una india después de dar a luz a un niño para una pareja estadounidense. Dejó huérfana a sus dos hijos. Meses después, fallecía otra, cuando traía al mundo a los gemelos pedidos a la carta por una pareja.
  7. Sus partos suelen ser por cesárea (y lo que implica) ya que los contratantes extranjeros deben pedir visado para ir a recoger a los bebés.
  8. Las MVA son vistas, en muchos países de Asia y África, como prostitutas o malas mujeres: Los indios que creen en la reencarnación piensan que las parejas infértiles han sido castigadas por las divinidades a causa de sus pecados en las vidas anteriores, y las MVA interfieren en la decisión de los dioses. Este estigma social, y la identidad oculta de estas mujeres, son dos de los factores que dificultan una investigación exhausta sobre el efecto de este negocio en las partes implicadas.
  9. La mayoría, tras entregar al bebé, sufre remordimiento y trastornos emocionales. Ni por éstos ni por una posible depresión posparto recibirá atención médica alguna, ya que la totalidad de los cuidados estaba dirigidos a obtener un bebé perfecto, no a ella. Será su problema si sufre una hemorragia, o su depresión le conduce al suicidio.
  10. Les prohíben crear lazos emocionales con el feto. Algo, no sólo imposible, sino nocivo para el desarrollo del niño en el futuro. Tras el parto, impiden cualquier contacto "piel con piel" y ni les dejan ver al bebé siquiera. ¿Verdad que no se trata de ganar un "dinero fácil"?
  11. Al contrario de la adopción, en la que la madre biológica decide lo que es mejor para ella y para el bebé, en la "subrogación" son la pareja pagadora que determinan el destino del recién nacido.
  12. Se está creando un verdadero "proletariado reproductivo", mercantilizando el cuerpo de mujeres cuyo número sube paralelo al incremento de las injusticias sociales. Detrás de cada bebé comprado hay un drama de mujer. ¿Cómo reacciona este niño una vez adulto cuando conozca su propia historia?
  13. Cerca del 11% de estos bebés nacen prematuros o con bajo peso. Algunos mueren en las clínicas semiclandestinas, otros son abandonados, sobre todo si tienen alguna discapacidad o enfermedad: El caso del "Bebé Gammy" fue sólo el más sonado: en 2014 una pareja australiana se llevó de Tailandia la niña Pipah que habían logrado con una MVA tailandesa, abandonando a su hermano gemelo Gammy con el síndrome de Dawn. Luego, resulta que el padre biológico había sido encarcelado por pedófilo. La madre tailandesa está reclamando la custodia de Pipah y el juez australiano se lo niega. ¡Que los adultos preparen alguna explicación medianamente humana para Dawn y Pipah!
  14. En 2016, la barbarie de este sórdido negocio tomó una nueva dimensión cuando un multimillonario japonés de 24 años fue detenido por engendrar a 16 niños por las MVA en Tailandia: pretendía tener entre 300 y 1000 hijos, afirmaba. La pregunta no es sólo ¿para qué? sino ¿qué clase de monstruos son los que dirigen esta forma de destrucción de tantas vidas? En otro caso, en EEUU, Allen dio a luz a dos gemelos. No se le permitió ver a los recién nacidos, aunque le mandaron sus fotos por el móvil. Dos meses después, descubrieron rasgos "extraños" en uno de ellos: ¡se descubre que era el hijo propio de Allen concebido durante el embarazo con el esperma de su marido! Ella reclamó a Max, su hijo, pero la agencia y los padres pagadores se negaron, pidiéndole los costos y otros 7.000 dólares por "daños", sino pondrían a Max en adopción. Ella pagó y recuperó a su hijo.
  15. Estos niños pueden encontrarse confusos emocionalmente, tener problemas de identidades y con muchas preguntas de difícil respuesta. El vientre de alquiler divide la maternidad entre la biológica, la genética y la legal, desmontando el dicho latino de "Mater sempre certa est". ¿Cómo hará su árbol genealógico? Al registrar el lugar de nacimiento del bebé el mismo que el de la pareja pagadora en sus documentos, se viola el derecho del niño a conocer su origen e identidad, como está garantizado en la Convención sobre los Derechos del Niño.
  16. Un niño adoptado puede llegar a creer que sus padres le querían, y le entregaron a otra familia porque deseaban lo mejor para él, mientras los hijos de la "subrogación" sabrán que 1) su abandono se decidió incluso antes de que se formara como feto, y 2) fue objeto de una transacción financiera entre unos adultos. La adopción está centrada en los intereses del niño, la subrogación, en los intereses de la pareja pagadora. Países como Alemania y Austria han prohibido no solo esta fórmula sino también la donación de óvulos para proteger la cuestión de la identidad del niño. La dignidad de las personas debe estar por encima del capricho de quienes creen que todo tiene un precio y con su fortuna pueden comprarlo. Buscan "hijos de su propia sangre" ignorando que el feto está regado por el líquido vital de la madre que la gesta. Hay millones de niños huérfanos en el mundo esperando un abrazo y un hogar. ¿Qué estúpida necesidad hay para causar tanto daño a tantas personas?"      
(Nazanín Armanian, Público, 19/09/18)

17/3/22

Antonio Maestre: "Un matrimonio de Almería se quejaba amargamente porque estaba en Lviv con un niño comprado, su idea es dejar a la madre en medio de los bombardeos, quitarle el bebé y que además la embajada española les facilite hacerlo... carroñeros

 "Las guerras siempre sacan lo peor de cada ser humano. Aunque después de leer a Agota Kristof aprendes a empatizar incluso con quien se comporta como un malnacido en una guerra cuando la crueldad nace de la supervivencia. Si algo queda en el lector de Claus y Lucas es la comprensión del comportamiento inhumano de los dos gemelos que solo han aprendido a sobrevivir por encima de cualquier otra consideración. Son unos niños que solo han conocido el dolor de la guerra y con la tripa arañada entiendes cada acto de crueldad en un entorno de semejante barbarie.

Nunca me he atrevido a juzgar con los ojos presentistas de un entorno apacible ningún comportamiento civil en medio de un conflicto bélico consciente de que la situación y el contexto determinan de tal manera que no me veo capaz de saber qué tipo de persona sería si una guerra cae sobre mi cómoda existencia. Todos queremos creer que seríamos el héroe que salva a quien lo necesita y ninguno seríamos el criminal de guerra o el que saquea a quien no puede defenderse. Para nosotros el conflicto en Ucrania no es una guerra, solo es un espectáculo televisado que nos proporciona cierta desazón mental y problemas económicos y en estas circunstancias no excusas para no como personas decentes en vez de como carroñeros.

No todo el mundo es capaz de sujetar su pulsión impúdica a la hora de comentar algo que no es capaz de comprender y usa un bombardeo en Donetsk mientras se calla ante uno en Kiev porque cree que eso le sirve para tener razón en una batalla bastarda que se juega en redes sociales y usa las muertes de civiles a mil kilómetros de nuestras fronteras para arrojársela a quien tiene opiniones divergentes. Pero aún peores son aquellos que aprovechan para mostrar su indecencia de forma concreta y material.

Comprar niños está mal. Moralmente es algo repudiable, pero es mucho peor cuando en España es ilegal y buscas favorecerte de la miseria y vulnerabilidad de personas de países con menos recursos. Un matrimonio de Almería se quejaba amargamente porque estaba en Lviv con un niño comprado y el gobierno de España no les ayudaba a sacar una niña de manera ilegal de un país en guerra, su idea es dejar a la madre en medio de los bombardeos y quitarle el bebé que ha llevado durante nueve meses en su interior y que además la embajada española les facilite hacerlo.

Asistir a semejante ejercicio de crueldad hace pensar que las personas que compran un niño crean un sistema de deshumanización de la mujer que gesta a su encargo para no sentir ningún tipo de remordimiento por el hecho de arrebatarle el bebé y dejarla a merced de la guerra. Puede que lo logren, puede que al final consigan sacar a ese niño de Ucrania, pero dentro de unos años tendrán que contarle que su madre, la de verdad, y no la que lo compró, fue abandonada en medio de bombardeos, crueldad, hambre y muerte. La guerra saca lo peor del ser humano, pero no se aprovechen para mostrar sus miserias, que nosotros solo la vemos en las noticias."                  (Antonio Maestre, Todo está en Bourdieu, 16/03/22)

19/11/21

Hay que pensar en la pérdida de empatía, de dolor frente a cuerpos “desechables”, como los llaman los colombianos... “vidas que no importan”. Son vidas que no se reclaman. Lo mismo sucede con los desaparecidos y con los feminicidios... “se fue con el novio” o “andará de fiesta”. Luego, si las chavas aparecen —no se sabe nunca cómo, no hay documentación—, y aparece estando aparentemente bien, la respuesta de la sociedad en redes sociales es “se fue de puta y aquí nos tenían a todos preocupados”... el éxito del crimen organizado —el narcotráfico, pero también a las maquilas, estas fábricas de muerte de las fronteras, no están en el opuesto de la legalidad, sino que ellas mismas abrían un orden distinto. Un orden paralelo, una paralegalidad que genera códigos, normas o sentido de pertenencia

"Dice Rossana Reguillo (Guadalajara, México, 1955) que el lenguaje naufraga cuando trata de encontrar una explicación a las violencias que configuran hoy el relato político de diferentes estados de su país. No sirven las palabras porque el lenguaje que se ha instaurado es el de la Necromáquina, la maquinaria de producir muerte. Así, Necromáquina. 

Cuando morir no es suficiente, se llama su último libro, que ha sido publicado en 2021 por Ned ediciones. Reguillo, hija de un jefe de tanques de la II República española exiliado en México, quiere darle un sentido universal a un trabajo que fija la mirada en México pero atiende a lo que sucede en Centroamérica, en África y en el mar Mediterráneo.

 Cuando la necromáquina no significa “el fin de la vida, sino de la condición humana” —parafraseando a Primo Levi— no basta con el recuento de los muertos o con la búsqueda de un sentido a cada una de esas violencias, sino que cabe la impugnación al discurso de la seguridad y a las artificiales separaciones entre una violencia legitimada y otra reprobable.

Aunque habla de México, Necromáquina no es un libro sobre México, el sentido que propones es universal. 

En mi esfuerzo como investigadora, como analista de la cultura, como antropóloga pero especialmente como comunicadora y cronista, que son todas las identidades que me habitan, me ha sido muy importante hacer la investigación en distintos lugares del globo (Argentina, Colombia, Puerto Rico,o en Barcelona donde pude hacer una estancia en 2004). Mi intención es tener un habla situada: hablo desde un país herido, que se desangra, pero lo que trato de hacer es hablar del mundo a través de pensar México.

En la última parte del libro hablas de las políticas de extracción, algo que se extiende por toda América Latina, pero también a territorios como África.

La política extractivista va avanzando, engullendo territorios. Las “zonas de sacrificio” son cada vez más crecientes a nivel planetario. Me importa mucho la reflexión sobre los cuerpos rotos de los migrantes. Utilizo analíticamente la figura de Aylan, esta criatura que se ahogó en el Mediterráneo. Pero también me interesa el cuerpo de los migrantes centroamericanos cruzando el río Bravo. Me interesa pensar la época. En esta atmósfera de pérdida de sentido, me interesa pensar en esta normalización de las violencias, incluso en zonas donde esto no es tan visible. Me parece que la insensibilidad para lo que está sucediendo desborda las fronteras físicas y nos debería ocupar como humanidad.

¿Qué tipo de reflexión crees que estamos perdiendo?

Lo que más me interesa es pensar, si no universalmente, digamos “mundialmente” esta crisis por la que cada vez hay más cuerpos que no importan. Hay que pensar en la pérdida de empatía, de dolor frente a cuerpos “desechables”, como los llaman los colombianos, en una expresión que me parece brutal, pero que tienen incorporada para hablar de la gente sin hogar, o de la gente de las comunas, abandonada a su suerte en zonas de mucha pobreza. Pienso en el caso de las favelas de Brasil, en la cantidad de jóvenes que son masacrados por la policía. Y no hay una voz de la autoridad, de la sociedad, que dé cuenta de eso. En ese sentido, me interesa mucho también lo que llamo “la demanda infinita”, para explicar el compromiso político de los periodistas de investigación que están documentando todos estos procesos. Ellos y ellas son los que se están haciendo responsables de esta narración, a costos muy altos.

En el caso de México, el nivel de violencia contra los periodistas es elevadísimo.
Se ha convertido en uno de los países más letales para el ejercicio del periodismo. Periodistas que son amenazados por autoridades locales, o por el narco, o por políticos, o por empresas. Esto se va normalizando. Es terrible. Esto se tiene que hablar a nivel planetario. No podemos seguir permaneciendo anestesiados o, como hacen muchos de los grandes medios, pasteurizar estas realidades utilizando eufemismos para hablar de la violencia.

En Necromáquina criticas la vieja noción de los Estados como monopolio de las violencias legítimas y das un paso más, proponiendo acabar con los binomios de violencias “buenas o malas” o “legítimas e ilegítimas” como paso previo para salir de la espiral en la que se ha entrado en tu país como consecuencia de esa guerra contra el Narco, fundamentada en ese tipo de binomios. ¿Ves visos de que cambie esa concepción en el México actual?

No, está muy incorporado en el imaginario social, por un lado, pero también en el discurso político de la autoridad y de los gobernantes, porque es una distinción que les permite eludir responsabilidades. Si nos remontamos a la época de la dictadura en Argentina, pensemos en que la gente para omitir lo que estaba sucediendo decían “en algo anduvo”, como para justificar esta violencia brutal que venía de arriba de hacia abajo, del Gobierno hacia la ciudadanía. En el caso de Colombia en la época más mala de su violencia contemporánea, cuando llegabas y preguntabas por alguien, la frase con la que te respondían era “se tuvo que ir”. En ese “se tuvo que ir” tú entendías que no tenías que preguntar absolutamente nada. En este momento, en el caso de México, lo más dramático es que se explica que se matan “entre ellos” —lo cual es falso— como si eso justificara el exceso de muerte que tenemos, que resulta intolerable en términos incluso estadísticos.

Son esos “cuerpos desechables” de los que has hablado antes, vidas que valen menos.

En el libro narro las últimas masacres que ha habido en México y señalo que, aunque el ejército sea responsable de masacres, termina por ser justificado porque, o bien se prepara la escena para ponerle a los ejecutados rifles, etc, o porque a nivel discursivo son, otra vez volvemos al tema, “vidas que no importan”. Son vidas que no se reclaman. Lo mismo sucede con los desaparecidos y con los feminicidios. Con las mujeres desaparecidas la respuesta constante por parte de la autoridad es “se fue con el novio” o “andará de fiesta”. Luego, si las chavas aparecen —no se sabe nunca cómo, no hay documentación—, y aparece estando aparentemente bien, la respuesta de la sociedad en redes sociales es “se fue de puta y aquí nos tenían a todos preocupados”. Es muy lamentable que no puedan pensarse las violencias contemporáneas de una manera más compleja, de una manera multidimensional y, sobre todo, desde una lógica de los derechos humanos.

¿Ha corregido el Gobierno actual el problema generado a partir de la Guerra contra el Narco?

El problema es que ninguno de los dos presidentes que siguieron a Calderón corrigió ese fracaso de la Guerra contra el Narco. [Enrique] Peña Nieto se hizo el tonto y el presidente actual [Andrés Manuel López Obrador] lo que ha hecho es avanzar la militarización de la sociedad. Y se le están acumulando más muertos que en los periodos anteriores. Hablamos de una incapacidad de ver el problema de fondo.

No podemos usar los odres viejos de la legalidad/ilegalidad y por eso propones la idea de la paralegalidad. ¿En qué consiste?

Este ha sido uno de los conceptos que he trabajado a nivel de categoría, metodológicamente. Fui acuñando este concepto después de una larga observación etnográfica situada en distintos lugares, especialmente en México, y lo que pude ver para llegar a proponer el concepto de paralegalidad es que el éxito del crimen organizado —el narcotráfico pero podemos incluir también a las maquilas, estas fábricas de muerte que se instalan en las fronteras— es que estas fuerzas no estaban en el opuesto de la legalidad, sino que ellas mismas abrían un orden distinto. Un orden paralelo.

¿Qué tipo de orden?

Uno en el que generan códigos, generan normas o generan sentido de pertenencia. Se debe hablar en presente, porque esto sigue muy vigente. Si tú tienes un orden paralelo es muy difícil combatirlo con policías o con políticas de mano dura. Igual que actuaron muchas de las guerrillas en América Latina, el orden paralegal construye base social. Pensemos en el caso de la Familia Michoacana y de los Caballeros Templarios: tienen un dominio territorial brutal, que no se construye solo por miedo o en la clandestinidad, a veces operan a campo abierto. Lo mismo sucede en Sinaloa, en Culiacán, en Badiraguato… Se construye porque dirimen conflictos agrarios, conflictos entre familias. Castigan. Hacen regalos, como refrigeradores para todas las señoras, etc. Entonces van horadando el orden de lo legítimo, pero no desde la ilegitimidad, sino que van construyendo algo que no dialoga con la ley. No les importa dialogar con la ley.

En el libro explicas cómo pasan a formar parte de la cultura de esos territorios.

Mira, no lo he incluido porque pasó en este Halloween: la autoridad detuvo a 28 personas que, para salir esa noche, pintaron sus camionetas con sangre, llenaron bolsas negras con cosas para asemejar los cuerpos que nos van entregando diariamente. Y esto a mi juicio no es otra cosa que la colonización de la Necromáquina en el imaginario. Se convierte en una especie de performance. Es muy complejo. Por eso este concepto de paralegalidad me es tan importante, porque me permite eludir esta visión normativa de que todo lo ilegal es visible a primera vista. Lo que la paralegalidad hace es construir legalidad dentro de un orden paralelo.

El subtítulo del libro dice que morir ya no alcanza. La violencia manda otro mensaje además del balance de pérdidas y ganancias del narco, sino uno que ni siquiera es económico y tiene un poder simbólico.

Tengo la suerte de que la portada del libro esté acompañada de una fotografía de Christopher Vanegas, un periodista de Saltillo que capta una escena terrible de entrega de cuerpos embalsamados. Efectivamente, el mensaje de la necromáquina es muy profundo. No pensemos solo en estas imágenes terribles y siniestras, sino en el asesinato de Berta Cáceres en Honduras, para ver distintas piezas en esa maquinaria de muerte. Matar a Cáceres no era suficiente, lo importante para ellos era colocar el mensaje de “si ustedes defensores de territorio, le siguen, les va a pasar lo mismo”. Hay otras escenas, que por brutales no narro en el libro, que me han permitido avanzar en el análisis.

Hay algunos pasajes muy impactantes.

Una de esas escenas tuvo lugar en Tamaulipas, otro Estado azotado por eso que llamo la “violencia expresiva”. Es una violencia que no busca un fin último sino que quiere mostrar su poder total. En Tamaulipas había una periodista que usaba Twitter para hacer la crítica del avance de los grupos del crimen organizado, a la que asesinan. Pero no solamente basta que la asesinen sino que lo que hacen es cortarle la cabeza y ponerla en una banqueta, con sus audífonos y un teclado. Por eso, para mí el subtítulo del libro es fundamental, porque es lo que me permite dar cuenta del agravamiento de esta normalización de la violencia. También del exceso de poder que han adquirido las empresas extractivistas, que pagan protección a grupos delincuenciales. También relatar el estatuto de muerte que han adquirido las fronteras —no solamente en Latinoamérica, pensamos en la propia frontera marítima en España— que son trampas mortales para la gente.

En el libro retomas el concepto de necropolítica de Achille Mbembe. ¿Cómo dialoga la necropolítica de Mbembe con tu obra?

Mbembe es un pensador clave justamente porque piensa desde esta larga noche de la colonia africana. Habla desde una herida profunda y me parece que su trabajo ha sido clave para repensar muchas cosas. Creo que el trabajo de Mbembe nos ha permitido a muchas investigadoras, analistas, intelectuales, entender justamente el cambio de época que él plantea. Cuando Mbembe arranca este trabajo de la necropolítica, él dice “yo no me estoy peleando con Foucault y su concepto de la biopolítica”, lo que él quiso hacer es llevar ese concepto al momento que estamos experimentando y repensarlo en una clave larga de tiempo histórico. 

En su Crítica de la razón negra del mundo, este pensador camerunés nos permite ver y pensar en cómo esta formación de la modernidad occidental condenó —y lo voy a decir suavemente— a la exclusión y a la negación de pueblos enteros. Recuperar toda esa historia no es fácil. Pero al mismo tiempo, es tan poderoso su dispositivo de pensamiento que no solamente nos permite recoger en una clave de historicidad lo que nos ha traído hasta esta orilla, sino que nos permite tener herramientas para analizar el presente. Creo que esto es muy importante en el trabajo de Mbembe. Yo pienso de él como eso que Walter Benjamin llamaba el “tiempo ahora”: esa noción para referirse a cómo no podíamos hablar de un historicismo lineal, de una idea de progreso, sino que tenemos que entender el presente desde todas las astillas del pasado.

Una de las cuestiones de relieve es que se trata de la juventud. Es la juventud la que es desaparecida, trabaja en las maquilas o naufraga en el Mediterráneo. En ese sentido, ¿qué va más allá de lo económico en esa lectura de lo que llamas los juvenicidios?

Una de las líneas principales de investigación desde que empecé mi carrera han sido las y los jóvenes. Mi primer libro, publicado en 1991, se llama En la calle otra vez: las bandas. Identidad urbana y usos de la comunicación. Es un estudio a fondo de los grupos de esquina —para evitar el nombre de “pandillas” que se ha convertido en una categoría estigmatizadora— y desde entonces hasta la fecha he venido manteniendo una mirada a cómo los y las jóvenes van experimentando su relación con el mundo. Y me interesan no todos los jóvenes sino especialmente la juventud en situación de precariedad. Como lo planteo en el libro, me interesa volver visible cómo este proyecto capitalista, brutal, feroz, depredador, ha ido precarizando a los jóvenes pero no solamente en términos económicos. Yo hablo de una precarización subjetiva, que tiene que ver con cómo este proyecto les ha arrebatado la posibilidad de pronunciarse con certeza sobre sí mismos.

El libro tiene esa vocación antropológica, te pones en contacto con los protagonistas de esas biografías tan fragmentadas. Muy especialmente, resaltas el caso de las mujeres.

He hecho entrevistas a jóvenes de Argentina, en España, en Estados Unidos, y narran esta dificultad de la juventud precarizada de trazar un horizonte de futuro, cuando no saben si van a poder comer en la noche. Eso les hace presas fáciles, caldo de cultivo para alimentar la necromáquina. El caso de las mujeres me tiene muy desvelada porque parece que a medida que avanza el tiempo histórico, en vez de mejorar, en vez de que se produzca una atmósfera societal en la que las mujeres y los cuerpos femeninos puedan transitar libremente por lo público, se ve que está pasando lo contrario. El feminicidio avanza, la desaparición de las mujeres para la trata, avanza. Yo tiendo a ser optimista, no soy una pesimista irredenta. Mis amigos dicen que soy una optimista de clóset porque creo que todavía es posible intervenir, creo que todavía hay condiciones para desandar. Pero es urgente. Por eso digo que la necromáquina es la vida en un estado de urgencia: ya no hay manera de mirar para otro lado.

Has hablado del papel del periodismo de investigación pero también hay una protesta en Necromáquina hacia los medios que no cuestionan la lógica de los medios y que confunden constantemente el lenguaje, reforzando esa visión dualista buenos/malos sobre algo mucho más complejo. ¿Cuál es el periodismo predominante hoy?

Yo tengo una profunda simpatía por el periodismo, de hecho, lo ejercí al principio de mi carrera. Creo que habría que hacer una distinción entre medios dominantes, hegemónicos, y lo que podríamos llamar un periodismo de investigación emergente, aunque casos como el de Rodolfo Walsh en Argentina no tienen nada de emergente. Poniendo el énfasis en México, el papel de esto que llamo las “retóricas de la seguridad” tiene que ver en cómo se va construyendo una falsa noción de seguridad. Estos medios dominantes van contribuyendo a la normalización del lenguaje.

¿En qué sentido?

Por ejemplo, en el hecho de que esta guerra nos ha dejado un montón de neologismos: el encobijado, que es ese cuerpo que se entrega envuelto en una cobija [manta], el encajuelado, que es el que se entrega en la cajuela [maletero] de un auto, el pozoleado, que es una expresión brutal porque el pozol es una comida típica mexicana, donde se va pelando el maíz y alude al cuerpo que es disuelto en ácido. No abundo en esto porque es fuerte para la gente escuchar esto, pero los medios van normalizando esta especie de “narcoñol”. También ha contribuido la industria del espectáculo.

Series como Narcos, ¿no?

Sí, habría que hacer un trabajo fino de articulación entre lo que ha sido el relato de la autoridad, la narrativa política, la narrativa mediática y la industria del espectáculo que es afín a esta forma de entender la violencia. Estoy pensando en la apología que hacen los narcocorridos, en las series de narcotráfico —ya ves que Netflix ahorita trae varias—. No digo que no se haga, no tengo una visión puritanista sobre el tema, pero sí me preocupa que eso no está ingresando, por ejemplo, a las aulas. Los maestros están aterrados, entonces avientan para afuera toda esta dimensión y no sabemos qué hacer con esto. 

Creo que es importante un trabajo educativo, un trabajo analítico más fino y, sobre todo, una sociedad civil más demandante. Me parece que sí, que los medios tienen mucha responsabilidad pero no van solos. Lo que sostengo es que los medios no inventan, no fabrican una realidad, sino que le hablan al imaginario profundo de las sociedades. Esos imaginarios de “se matan entre ellos” y las mujeres que salen de noche “son malas y merecen desaparecer” está muy metido, muy corporeizado en la sociedad. Los medios lo saben y trabajan con eso.

Hablas de la Contramáquina, que son una serie de propuestas desde la militancia, la performance, la fotografía o las artes escénicas para tratar de modificar el lenguaje de la violencia. ¿En qué consiste ese concepto?

 La contramáquina es una noción que creo que es muy importante porque con ella se refleja el esfuerzo que están haciendo grupos de la sociedad civil, fundamentalmente con recursos muy pobres, para colocar en otro registro este problema de la violencia. Pienso en el trabajo de gente de la performance y del arte, como Teresa Margolles, como Luperca, que es este joven que en Ciudad Juárez coleccionó miles de ejemplares de un periódico amarillista y se dedicó a borrar con un lapicero el cuerpo herido, y de la viruta de la goma que se desprende iba armando bolsitas, para tratar de restituir cierta dignidad a ese cuerpo masacrado. También pienso que una contramáquina que nos sostiene en pie en este país es el caso de las madres buscadoras, el de los colectivos de familiares que hacen un trabajo verdaderamente brutal para encontrar a sus desaparecidos. 

En el caso de las madres buscadoras de Sonora, salen a los campos, y una práctica que me deja sin habla es que meten palitos en la tierra y los huelen después y dicen “aquí hay un cuerpo”. Imagínate a una madre recogiendo los restos de su hijo de esa manera... Creo que el trabajo que ellos han hecho, la exigencia continua que han hecho a la autoridad, el mostrar al rey desnudo, ha sido muy importante. Les falta más difusión, más presencia. 

Yo espero que en algún momento, Netflix promueva una serie sobre las buscadoras, en lugar de una como Narcos. En este optimismo de clóset creo que es posible desandar un poco y hay en la sociedad un repertorio importante de tácticas robustas que pueden, si no combatir a la necromáquina, sí atenuar sus efectos y volver visible para la sociedad la urgencia de una acción colectiva."              

(Entrevista a Rossana Reguillo, Pablo Elorduy, El Salto, 18/11/21)

27/9/21

La chulería de los ricos, protagonizada por Ayuso: ¡A ver si te enteras! Los señores tienen un capital... y tú eres una muerta de hambre... como los de la Cañada Real, ¡que se jodan!...y Nacho es un señor con un capital... y yo soy su amiga, porque algo me va a dar... y a tí nunca

 "Ayuso, a Mónica García: "Nacho Cano con 25 años ya triplicaba el patrimonio que usted nunca va a conseguir" 

 La amistad Isabel Díaz Ayuso con Nacho Cano es algo que la presidenta de la Comunidad de Madrid está dispuesta a defender donde haga falta. Y este jueves lo ha hecho desde la tribuna de la Asamblea de Madrid. La portavoz de Más Madrid, Mónica García, ha criticado lo que considera un "trato de favor" del Ayuntamiento de Madrid a un amigo del PP –y en concreto de Ayuso– en la cesión a dedo de un terreno público por cuatro años para poner en marcha un musical.

"Es uno de los mejores músicos de este país y cuando tenía 25 años ya triplicaba el patrimonio que usted nunca va a conseguir. Esa persona va a traer aquí empleo, sueldos y turismo", ha respondido Ayuso a García, después de haber pasado este verano parte de sus vacaciones en la casa del compositor de Mecano en Ibiza. 

 La dirigente madrileña ha respaldado así el proyecto cultural que Nacho Cano pondrá en marcha en Madrid capital, en el distrito de Hortaleza. Una cesión de uso por cuatro años para la puesta en marcha de un musical sobre la vida de Hernán Cortés. Según desveló elDiario.es, esta cesión se ha hecho en condiciones ventajosas como figura en el expediente del proyecto."                   (eldiario.es, 23/09/21)

3/6/21

Maribel Verdú revela que sufrió acoso sexual: “Gente influyente llamaba al camerino y yo les decía ‘¿Puede salir usted de aquí?”

 "Con más de 100 títulos en su haber, 11 nominaciones a los Premios Goya y dos cabezones ganados, Maribel Verdú es una de las actrices más conocidas y reconocidas del cine español. A los 50 años, la intérprete tiene una activa carrera en el cine, la televisión y el teatro, tanto en España como en América Latina, y el domingo por la noche se acercó un poco más al público con su participación en Planeta Calleja (Cuatro).

En su aparición en el programa de Jesús Calleja, la artista viajó junto al aventurero a Santo Tomé y Príncipe, un pequeño país insular en el golfo de Guinea. Verdú habló sobre su vida, sus miedos (como la práctica del buceo, que superó con la ayuda del presentador del programa), de su marido —”el amor de mi vida”, dijo de él—, Pedro Larrañaga, o de su decisión de no tener hijos. Pero uno de los momentos más llamativos de la charla fue cuando habló sobre el miedo a envejecer, la cosificación femenina e incluso el acoso, personal y laboral.

 “Tú eres un mito para muchas personas... ¿No sufriste acoso?”, le preguntó Jesús Calleja a la actriz. “Sí, y no conozco a ninguna mujer a la que no le haya pasado, que no haya tenido que soportar barbaridades. Que, de repente, has llevado a juicio, como fue mi caso hace muchos años”, reconoció la intérprete sobre un hecho que le ocurrió “hace mucho tiempo cuando estaba empezando”, explicó, sin querer entrar en pormenores.

 Hace años, Verdú tuvo un pleito por esta cuestión, pero entonces no se les prestaba la misma atención por parte de la prensa y la opinión pública. Además, aunque decidió no dar más detalles, sí hizo referencia a algún momento en el que se había sentido acosada. “Que se te coloque un señor con el paquete detrás y saber que lo está haciendo adrede da mucho asco”, confesó, explicando que a veces ha reaccionado en público y otras, por no armar un escándalo, ha preferido evitarlo.

“En el trabajo me ha pasado”, aseguró. “Ha habido gente que llamaba al camerino, gente muy influyente, y [tuve que] decirle: ‘¿Puede salir usted de aquí?, ¿puede repetirme esto delante de mis compañeros?”, relató Verdú. “¿Con una proposición deshonesta?”, le preguntó Calleja, a lo que ella respondió que sí, que eso era lo que había ocurrido. 

 Entonces, contó, salió rápidamente de ese camerino y llamó a un par de compañeros, “muy conocidos, actores, chicos”, a los que les dijo: ‘Por favor, me acaba de pasar esto, yo temblando ¿me podéis acompañar?”. Volvían al camerino, detalló la actriz, y le decía a esa persona: ‘¿Ahora puede repetir esto mismo?”. ”Es una presencia masculina que esté contigo ahí y ya se cortan. Y es que me pone enferma”, afirmó.

“Para mí fue liberador”, dice sobre la aparición del movimiento Me Too. De hecho, asegura que se ha llegado a cambiar de acera en una calle si veía a un grupo de hombres y estaba caminando con sus hermanas para evitar “escuchar gilipolleces y barbaridades”. También explica que el hecho de poder sacar el móvil y decir: “Te estoy grabando, cuidado”. “Eso a mí me da una tranquilidad muy grande...”, explicó. 

Verdú aseguró que hay cosas que no soporta: “Aparte de la injusticia, es el abuso de poder, extrapolándolo a cualquier sitio, en cualquier espacio, y eso se ejerce mucho, desgraciadamente, todavía”. De hecho, contó que ha vivido situaciones muy delicadas, pero prefirió confiárselo solo a sus íntimos y “a la gente que lo tiene que saber”, explicando que “de repente, se aprovecha de ti alguien en quien confías plenamente, y dices: ‘Si eres un delincuente. Eres un impresentable”.

 Además, Verdú quiso hablar sobre la presión de envejecer en la pantalla y sobre el miedo a perder trabajos, que para ella es real porque le ha pasado a amigas suyas según han ido cumpliendo años.“Siempre pienso que puede que cada año sea el último, porque eres mujer, vas cumpliendo años... 

Desgraciadamente para las mujeres es un lastre gordo, ves que todas terminan tocándose, haciéndose…”, dijo en referencia a la cirugía estética. Explicó que a muchas mujeres les ha pasado, mientras que a muchos hombres no: “Pasa como en la vida, que creemos que hemos conseguido mucho y hemos conseguido muy poco. Por eso tenemos que estar en la lucha constante por la igualdad”.

Sobre las escenas de sexo en pantalla, Calleja le preguntó a Verdú por qué las mujeres “pueden enseñar las tetas y los hombres no pueden enseñar el culo”. “Esto es una cosa lamentable, patética”, le respondió la actriz. “He reflexionado acerca de eso. Si llego a decir que no a escenas de estas me hubiera perdido películas como La buena estrella, Amantes, Belle époque… películas que han significado tanto para mí. Pero hoy en día diría ¿tengo que hacer esto?, ajá, muy bien, los dos iguales. Los dos iguales o ninguno”.              (El País, 31/05/21)

5/6/20

Una novelista en el huracán del MeToo. Mary Gaitskill da voz a los hombres acusados de abusos y a las mujeres que sintieron ambivalencia ante la ola de denuncias

"En el arranque de Esto es placer (Literatura Random House) Margot confiesa que ha dejado de hacerle gracia la vieja anécdota, con la que ella y su marido habían reído en tantas ocasiones, sobre su amigo Quin, un seductor y brillante editor británico afincado en Nueva York. 

Sofisticado, intenso y provocador, siempre al límite, Quin y su buena amiga Margot alternan sus voces en la narración de su estruendosa caída en desgracia por las denuncias de abusos que una serie de mujeres han presentado contra él. La escritora Mary Gaitskill (Kentucky, 65 años) se colocó en el ojo del huracán del MeToo y en apenas un centenar de páginas —en lo que le gusta definir más como cuento que como nouvelle—, no es que pusiera el dedo en la llaga, sino que se metió en la herida con un afilado bisturí. Sin que la temblara el pulso ha construido un memorable relato cargado de matices, grises y controversia.

 Empezó con Esto es placer a principios de 2018; había pasado un tiempo en Chicago con su madre muy enferma y se había perdido el arranque del tsunami de denuncias. “Cuando llegué a Nueva York vi que la mierda realmente había llegado al ventilador. Un amigo perdió su trabajo, y después a su mujer, al ser acusado por el MeToo. Yo no tenía ninguna duda de que se había propasado, lo había visto, pero no pensaba que había sido algo tan extremo. Tenía sentimientos encontrados”, explicaba en videoconferencia el jueves. En su libro decidió dar voz, desde la ficción, a quienes menos se escuchaba en aquel momento: los hombres acusados, y las mujeres que sentían cierta ambivalencia respecto del MeToo.

 Cuando saltaron las primeras denuncias, no faltaron voces que llamaban a todos, hombres y mujeres, a hacer balance y evaluar su responsabilidad en los abusos perpetrados. ¿La respuesta de Gaitskill fue este libro? “Algunos lectores piensan que el personaje de Margot es demasiado permisiva, yo no lo creo, es muy crítica y le echa muchas charlas a Quin. Un facilitador es alguien que no solo trata de ignorar el abuso, sino que de hecho ayuda a que ocurra como sucedió con la amiga de Jeffrey Epstein que le buscaba niñas. Él por cierto, hizo algo criminal, mientras que el protagonista de mi libro lo que hace puede ser a menudo detestable, manipulador y grosero, pero no delito”. 

La escritora, contenta con la recepción del libro, se refiere durante la videollamada a la diferencia entre un delito judicial y un crimen social, y a la idoneidad o no de determinada conducta. “No quería que hubiera villanos en el libro porque no me interesan. Mira, uno de los personajes acusa a Quin, y claramente le usa pero tengo simpatía por ella, cae bajo el embrujo de él y fueron amigos, él no se equivoca, pero luego se siente estúpida y rechazada”, señala. “Se deja llevar a un terreno sin darle importancia y entiendo su incomodidad más adelante. No es una villana pero él tampoco, porque ella entró al juego”.

 A Gaitskill le sorprende lo tajante de algunas opiniones. “La gente en blogs y chats, habla como si nunca jamás hubieran hecho nada desconsiderado. Cuando saltó el MeToo le dije a alguien que si esto iba de tratar de castigar a los que se han comportado como capullos ¡pues eso sería un montón de gente! Todos en un momento o en otro se han comportado de una forma grosera. Yo esperaba hasta que me acusaran a mí de acoso”, apunta, antes de añadir que nunca ha tenido nada con ningún alumno, pero alguna vez les ha abrazado, y “a veces he hecho comentarios, no de flirteo, pero sí con connotaciones sexuales”.

 Recuerda la escritora que una vez bromeó sobre las bonitas piernas de una alumna: al final de la clase le preguntó si tenía algo más que decir y, al responder ella que no, Gaitskill le dijo que, al fin y al cabo, sus piernas hablaban por ella. “Todos se rieron. No había mala intención pero ¿puede salir y decir que la acosé en clase?”, se pregunta. “Si se lo hubiera dicho de una determinada manera o criticara siempre su trabajo, podría haber sido algo francamente desagradable y ofensivo. No se ofendió porque ese no era el caso y lo dije de una forma ligera y juguetona”. 

Pero todo es susceptible de ser sacado de contexto, el contexto puede cambiar, la interpretación y percepción también, lo que hoy te hace gracia mañana ya no, y de todo esto escribe en Esto es placer. “Distinta gente tiene posturas diferentes sobre lo que es aceptable y lo que no, y es parte de lo que creo que hace que la vida sea interesante”, reflexiona y sonríe.

Desde que se estrenó en las librerías con Mal comportamiento en los ochenta, en novelas como Verónica —que será próximamente reeditada— y relatos como el que inspiró la película Secretary, Gaitskill no ha temido nunca llevar la contraria y meter su pluma en asuntos escabrosos para demostrar que ahí se puede hacer buena literatura. El sexo, el poder, la sumisión, la belleza, los excesos o la envidia han sido asuntos que ha tratado, esquivando clichés y respuestas sencillas. Sorprende verla al otro lado de la pantalla con gafas y una modosa camisa de algodón con bordados, en una habitación con muros blancos que ofrece pocas pistas sobre ella.

Gaitskill cuenta que intuía el MeToo. “Pasé unos años separada de mi marido, viviendo sola en Nueva York, y vi lo mal que se trataba a las mujeres. Era peor que cuando yo era joven. Había habido feminismo y las cosas supuestamente eran más igualitarias, y pensaba ¿pero qué es esto, mujeres inteligentes haciendo lo imposible por complacer a hombres que se portan horrible, en plan pasivo agresivo?”, señala. Para su sorpresa, luego, cuando llegaron las denuncias aquello le pareció también “fuera de foco”, le surgieron dudas, objeciones. “No me gusta ver el sexo demonizado. 

Si un hombre expresa su deseo y le dices que no y no hace caso, o te da un beso a la fuerza, eso es cruzar la línea y es un ataque sexual, me da igual que no haya violación propiamente, porque lo que ha hecho es perder el respeto. Pero me parece equivocado el énfasis en la pulsión sexual. La devaluación de la mujer toma muchas formas más sutiles, hay cosas más amorfas a través de las que se las empequeñece y desprecia, que no tienen que ver con el sexo”.

No ser víctima

La escritora no tiene duda de que Trump forma parte de la ecuación del MeToo — “la gente se siente frustrada y asustada y por eso hay menos margen para los matices; en el libro Quin dice si no puedes ir por el rey ve por el bufón”—. También siente que tiene una actitud distinta sobre el acoso respecto a mujeres más jóvenes. “¿Debería sentirme terriblemente ofendida porque un tipo trató de agarrarme o tocarme de determinada manera? No lo sé, y quizá mi postura prueba una falta de autoestima. Pero si no dices: ‘¡Para!’, ¿cómo esperas que sepa que no te gusta? Entiendo que puedes quedarte congelada, en shock, a mí me ha pasado de joven, pero no puedes dejarlo ahí”.

Sobre el revisionismo y las relecturas que surgieron a partir del MeToo, la novelista tampoco duda en señalar que prefiere que los hombres expresen su misoginia en literatura a que lo hagan en la vida real o a que sus colegas se autocensuren al escribir. “Mientras lo hagan de una manera artística y no sea un simple vómito me interesa. Me gustaría que las mujeres también lo hicieran, que no sintieran que tienen que agradar, que algunas veces hablaran de si sienten asco por el tipo que tienen al lado”.

En los 90 la escritora publicó un ensayo autobiográfico en Harper’s hablando de abusos titulado Sobre cómo no ser víctima. Ahora, quiso entrar en el tema desde la ficción, ¿por qué? “No he escrito un artículo sobre el MeToo porque es algo tan grande y hay tanta gente metida y todas las situaciones son distintas. Las acusaciones contra algunos hombres han sido totalmente correctas y ellos han sido castigados como debían y, otras veces, las mujeres han ido demasiado lejos y han usado el MeToo para ganar poder. Pero todo está bajo el mismo paraguas.

 En un relato puedes fijarte en un caso muy concreto y mirarlo con todo detalle”. No le importó a Gaitskill que el material de su ficción estuviera hirviendo: ella no cree en esa regla de que hay que esperar 60 años para escribir sobre un acontecimiento histórico, ni siquiera tiene claro que, transcurrido ese tiempo, alguien vaya a escribir sobre la ola del MeToo. ¿Su amigo, que en la vida real perdió empleo y esposa, leyó el relato? “Sí, no le gustó todo, pero me apoyó”.                  (Andrea Aguilar, El País, 31/05/20)

27/5/19

Un desfile para adoptar menores en un centro comercial... el consumismo lleva a la mercantilización... y la mercantilización a la deshumanización... de los ricos



"Un polémico desfile de menores en busca de adopción sobre la pasarela de un centro comercial, realizado el martes en Cuiabá, capital del estado de Mato Grosso (occidente), y que causó repudió en la sociedad brasileña, será investigado, según indicaron este jueves las autoridades del sistema judicial.
El Departamento de Asuntos Internos de la Justicia de Mato Grosso deberá enviar informaciones detalladas del polémico evento, que tuvo el apoyo de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB) en ese estado, al Consejo Nacional de Justicia (CNJ), institución pública que vela por el trabajo del sistema judiciario en el país.
El corregidor nacional de Justicia, magistrado Humberto Martins, instauró este jueves de oficio la petición para que el evento, denominado "Adopción en la pasarela", en el Pantanal Shopping, sea investigado y los responsables procesados en caso de comprobarse la violación de los derechos de los menores.

De acuerdo con la CNJ, el evento en el que menores, en su mayoría adolescentes que nunca fueron adoptados, desfilaron ante el público para ganar "visibilidad", fue autorizado por la jueza de Derecho de la Infancia Gleide Bispo Santos y contó con el apoyo de la Comisión de Infancia y Juventud de la OAB en Mato Grosso.
La Asociación de Jueces para la Democracia (AJD) divulgó un comunicado en el calificó el evento como un "retroceso al tiempo de la Conquista" y que "remitía" a las "ferias de esclavos".

"Hay varias otras formas y campañas para la adopción que no exponen los niños y adolescentes y que nos los vuelven a poner otra vez como víctimas", apuntó la AJD.
Los organizadores, la OAB de Mato Grosso, y la Asociación Matogrossense de Investigación y Apoyo a la Adopción (Ampara) divulgaron una nota conjunta en la que afirman que el evento "nunca" tuvo como "objetivo" presentar a los menores para que se "concretara su adopción" y que ninguno de ellos fue "obligado" a desfilar.

"Los niños y adolescentes que desfilaron lo hicieron en compañía de sus padrinos o con sus padres adoptivos", añadió el texto de la OAB regional, entidad que regula el ejercicio de la profesión de abogado en el país.
No obstante, para la AJD, el evento se apartó de lo estipulado en el Código del Menor, a pesar de la buena intención de "dar visibilidad a los niños y jóvenes entre cuatro y 17 años aptos para la adopción" y del aval de los propios menores, pero terminó "exponiéndolos" como "mercancía".

El Gobierno, a través de la Secretaría Nacional de los Derechos del Niño y del Adolescente, manifestó en una nota su "repudio" al evento y recordó que el Estatuto del Niño y del Adolescente "atribuye a la sociedad y al Estado el deber de proteger integralmente" a los menores en su "identidad y emociones".
El Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, que también repudió el desfile, reafirmó su "compromiso con la garantía de los derechos" de los menores, "entre ellos el de adopción por medio de acciones que aseguren, prioritariamente, su bienestar" en este tipo de "situación".             (Público, 24/05/19)

16/11/18

Es esencial entender las patologías de los multimillonarios. Los súper ricos son casi siempre amorales. Lo que les beneficia o les satisface es bueno. Lo que no sirve a sus fines, debe ser destruido. A menudo son infantilizados de por vida, se quejan de lo que quieren y casi siempre lo consiguen. Y esto los hace muy, muy peligrosos. No importa cuántos miles de millones posean, nunca tienen suficiente. Nada para los súper ricos tiene un valor intrínseco. Los seres humanos, las instituciones sociales y el mundo natural son productos que se pueden explotar para obtener ganancias personales. Las oscuras patologías de los súper-ricos, idolatradas por la cultura y los medios de comunicación de masas, se han convertido en las nuestras. Hemos ingerido su veneno...

"A los diez años me becaron para ir a un internado escolar diseñado para los multimillonarios de Massachusetts. Viví entre los estadounidenses más ricos durante ocho años. Escuché sus prejuicios y sufrí sus complejos de superioridad. Insistían en que eran privilegiados y ricos por consecuencia de su inteligencia y talento. 

Experimentaban un desprecio burlón por los que se situaban en una escala inferior a ellos en estatus material y social, incluyendo en tal desprecio también a los estudiantes de clase media y alta. La mayoría de los multimillonarios carecían de empatía y compasión. Se autoblindaban para molestar, intimidar e insultar a cualquier inconformista que desafiara o no encajara en su mundo de egolatría.

Era imposible entablar una amistad con la mayoría de los hijos de estos multimillonarios. La amistad según ellos venía definida por un “¿qué hay para mí?” Y desde el  momento de su nacimiento estaban rodeados por personas que satisfacían sus deseos y necesidades. 

Eran reacios a comunicarse con cualquier persona que estuviese en apuros -pero si ellos tenían algún pequeño capricho o problema, les dominaba hasta tal punto que cualquier sufrimiento terrible en los demás parecía inexistente, y esto pasaba también incluso con sus propios familiares-.  

Solo sabían cómo recibir. Ignoraban el concepto de dar. Se habían deformado y vagaban en un estado de infelicidad profunda, presos de un narcisismo insaciable.

Es esencial entender las patologías de los multimillonarios. Porque han amasado el poder político mundial. Estas patologías describen a los Donald Trump, sus hijos, los Brett Kavanaughs y los multimillonarios que dirigen la administración. Los súper ricos son incapaces de ver el mundo desde una perspectiva que no sea la suya. 

Las personas que los rodean, incluidas las mujeres de las que estos hombres se aprovechan, son objetos diseñados para satisfacer deseos momentáneos o ser manipulados. Los súper ricos son casi siempre amorales. 

Correcto. Equivocado. Verdad. Mentira. Justicia. Injusticia. Estos conceptos se sitúan en otra esfera para ellos. Simplemente, lo que les beneficia o les satisface es bueno. Lo que no sirve a sus fines, debe ser destruido.

La patología de los multimillonarios es lo que permite a Trump y su imberbe yerno, Jared Kushner, conspirar con el dictador suadí Mohammed bin Salman, otro producto del nepotismo y del poder ilimitado, para encubrir el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, con quien trabajé en Oriente Medio. 

Los súper ricos disfrutan la vida blindados por la riqueza que heredan de generación en generación, acomodados en un poder inexorable al que contribuyen hordas de conseguidores, incluidos otros miembros del club de los súper ricos, además de abogados y publicistas. 

Casi nunca hay consecuencias derivadas de sus errores, abusos, maltratos y crímenes. Esta es la razón por la que el príncipe heredero saudita y Kushner se han aliado. Son los homúnculos que rutinariamente engendran los súper ricos.

El gobierno de los multimillonarios es, por esta razón, aterrador. No conoce límites. Nunca han acatado las normas de la sociedad y nunca lo harán. Nosotros pagamos impuestos, ellos no. Nosotros nos esforzamos con el sudor de nuestra frente para estudiar en una universidad prestigiosa o conseguir un empleo, ellos no. Nosotros pagamos por nuestros errores, ellos no. Nosotros somos condenados por los crímenes que cometemos, ellos no.

Los súper ricos viven en una burbuja artificial, en una tierra llamada “Billionare-land”, en lugares con “Frankenmansions” y aviones privados, totalmente alejados de la realidad. La riqueza, tal y como yo la veo, no solo se perpetúa a sí misma sino que se emplea para monopolizar las nuevas oportunidades de creación de riqueza. La movilidad social de los pobres y la clase trabajadora es en gran medida un mito. 

Los súper ricos practican una especie de acción afirmativa, catapultando a mediocridades masculinas y blancas como Trump, Kushner y George W. Bush a escuelas de élite que preparan a la plutocracia para obtener posiciones de poder. A los súper ricos nunca se les fuerza a crecer. A menudo son infantilizados de por vida, se quejan de lo que quieren y casi siempre lo consiguen. Y esto los hace muy, muy peligrosos.

Los teóricos políticos, desde Aristóteles y Karl Marx hasta Sheldon Wolin, han advertido de los peligros del gobierno de los multimillonarios. Una vez que los súper ricos toman el control, escribe Aristóteles, las únicas opciones son la tiranía y la revolución. No saben cómo cimentar o construir. 

Sólo saben cómo alimentar su avaricia sin fondo. Es curioso lo de los súper ricos: no importa cuántos miles de millones posean, nunca tienen suficiente. Son los fantasmas hambrientos del budismo. Buscan, a través de la acumulación de poder, dinero y objetos, una felicidad inalcanzable.

 Esta vida de deseos infinitos a menudo termina mal, con los súper ricos separados de sus cónyuges e hijos, desprovistos de verdaderos amigos. Y cuando terminan yéndose, como escribió Charles Dickens en “Cuento de navidad”, la mayoría de las personas se alegran de haberse desembarazado de ellos.

Wright Mills, uno de los mejores analistas de las patologías de los súper ricos, escribió en “La élite del poder”: 

“Explotaron los recursos nacionales, promovieron guerras económicas entre ellos, se fusionaron, amasaron capital privado fuera del dominio público y utilizaron todos y cada uno de los métodos para conseguir sus fines. Llegaron a acuerdos con empresas ferroviarias para compensar deudas tributarias; compraron periódicos y editores; aniquilaron empresas competidoras e independientes y emplearon abogados de habilidad y reputación como hombres de estado para defender sus derechos y asegurar sus privilegios. Hay algo demoníaco en estos señores de la creación; No es simplemente retórica llamarlos barones ladrones.”

El capitalismo corporativo, el que ha destruido nuestra democracia, ha otorgado poder sin control a los súper ricos. Y una vez se entienden las patologías de estas elites oligárquicas, es fácil trazar el futuro.  

El aparato estatal a cuyo frente se encuentran los súper ricos ahora sirve exclusivamente a sus intereses. Es sordo a los gritos de los desposeídos. Empodera a aquellas instituciones que nos mantienen oprimidos -los sistemas de seguridad y vigilancia de control doméstico, la policía militarizada, Seguridad Nacional y militares- y destruyen o degradan aquellas instituciones o programas que mitigan la desigualdad social, económica y política, entre ellas la educación pública y la salud, el estado del bienestar, la seguridad social, un sistema fiscal equitativo, cupones de alimentos, transporte público e infraestructura, o los tribunales. 

Los súper ricos extraen cada vez mayores sumas de dinero de aquellos que empobrecen constantemente. Y cuando los ciudadanos protestan o se resisten, son eliminados.

Los multimillonarios se preocupan desmesuradamente por su imagen. Están obsesionados con mirarse a sí mismos. Son el centro de su propio universo. Hacen todo lo posible por crear personas ficticias repletas de virtudes y atributos inexistentes. Es por esto por lo que los súper ricos llevan a cabo escenificaciones filantrópicas. La filantropía les permite participar en la fragmentación moral. 

Ignoran la miseria moral de sus vidas, a menudo definida por el tipo de degeneración y libertinaje que los súper ricos insisten en señalar como la maldición de los pobres, para presentarse a sí mismos como los promotores de pequeños actos de caridad a fin de caracterizarse como personas bondadosas y benéficas. Los que pinchan y desinflan el globo esta imagen, como Khashoggi hizo con Salman, son especialmente odiados.

 Y es por esto que Trump, como todos los súper ricos, ve en la prensa crítica el enemigo. Es por esto que Trump y el entusiasmo de Kushner por conspirar para ayudar a encubrir el asesinato de Khashoggi es ominoso. Las incitaciones de Trump a sus partidarios -quienes ven en él la omnipotencia que les falta y anhelan lograr- para llevar a cabo actos de violencia contra sus críticos, se encuentran tan solo unos pocos pasos por detrás de los matones del príncipe heredero que desmembraron a Khashoggi con una sierra para huesos. 

Y si crees que Trump solo está bromeando cuando sugiere que la prensa debería ser tratada violentamente, entonces no entiendes nada sobre los súper ricos. Harán lo que pueda, incluso asesinar. Él, como la mayoría de los súper ricos, carece de conciencia.

Los más ilustrados multimillonarios, los de East Hamptons y Upper East Side, en el reino donde Ivanka y Jared jugueteaban en el pasado, juzgan al presidente torpe y vulgar. Pero esta distinción es de estilo, no de sustancia. Donald Trump puede ser una vergüenza para los adinerados graduados de Harvard y Princeton en Goldman Sachs, pero sirve a los súper ricos tan asiduamente como lo hacen Barack Obama y el Partido Demócrata.

 Esta es la razón por la que los Obamas, como los Clinton, se han incorporado al panteón de los súper ricos. Es por lo que Chelsea Clinton y Ivanka Trump eran amigas íntimas en la infancia. Vienen de la misma casta.

No hay ninguna fuerza dentro de las instituciones gobernamentales para detener el saqueo de los súper ricos de la nación y el ecosistema. Los multimillonarios no tienen nada que temer de los medios de comunicación controlados por las corporaciones, los funcionarios electos que financian o el sistema judicial que han tomado. Las universidades son apéndices institucionales patéticos. 

Silencian o destierran a los críticos intelectuales que molestan a los principales donantes al desafiar la ideología imperante del neoliberalismo, la misma que fue formulada por los adinerados para restaurar el poder de clase. Los súper ricos han destruido movimientos populares, incluidos los sindicatos de trabajadores, o mecanismos democráticos de reforma que en el pasado permitían a los trabajadores enfrentarse al poder. El mundo es ahora su patio de recreo.

En “La condición posmoderna”, el filósofo Jean-François Lyotard dibujó un cuadro del futuro orden neoliberal como uno en el que “el contrato temporal” suplanta a las “instituciones permanentes en los dominios profesional, emocional, sexual, cultural, familiar e internacional, así como en los asuntos políticos.” Esta relación temporal con las personas, las cosas, las instituciones y el mundo natural garantiza la autoaniquilación colectiva. 

Nada para los súper ricos tiene un valor intrínseco. Los seres humanos, las instituciones sociales y el mundo natural son productos que se pueden explotar para obtener ganancias personales hasta el agotamiento o el colapso. El bien común, como el consentimiento de los gobernados, es un concepto muerto. Esta relación temporal encarna la patología fundamental de los súper ricos.

Los multimillonarios, como escribió Karl Polanyi, celebran el peor tipo de libertad: la libertad “para explotar a los demás, o la libertad para obtener ganancias desmedidas sin un servicio comparable a la comunidad, la libertad de evitar que los inventos tecnológicos se utilicen para el beneficio público, o la libertad de lucrarse de calamidades públicas diseñadas secretamente a tal fin”. 

Al mismo tiempo, como señaló Polanyi, los súper ricos hacen la guerra a la “libertad de conciencia, la libertad de expresión, la libertad de reunión, la libertad de asociación, la libertad de elección del propio trabajo.”

Las oscuras patologías de los súper-ricos, idolatradas por la cultura y los medios de comunicación de masas, se han convertido en las nuestras. Hemos ingerido su veneno. Los multimillonarios nos han enseñado a celebrar las malas libertades y denigrar las buenas. Observa cualquier mitin de Trump. 

Mira cualquier reality show de televisión. Examina el estado de nuestro planeta. Repudiaremos estas patologías y nos organizaremos para destronar a los multimillonarios del poder o ellos nos transformarán en lo que de hecho ya han conseguido que seamos: su herramienta."                    (Artículo de Chris Hedges publicado originalmente en inglés en Truthdig , en El captor,  22/10/18)