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21/11/23

Es la época de la grieta, como la han apodado gráficamente los argentinos... Las divisiones ideológicas crean el trasfondo adecuado para que los partidos políticos pongan el foco en la identidad, en el nosotros frente a ellos. Hoy la sociedad española está mucho más preparada para el conflicto de identidades, entre las izquierdas y las derechas, por ejemplo, que hace una década... La política partidista se está erigiendo en este contexto en una parte central de nuestras identidades, y esto magnifica muchas tendencias psicológicas y sociales. Por ejemplo, numerosos estudios han mostrado que la polarización disminuye el deseo de llegar a compromisos... Nos enfrentamos a una nueva etapa de la historia en la que la clave es la división política y social

 "Una buena parte de la sociedad española está harta de la política. Uno podría decir que esta afirmación representaba el estado de ánimo del país también hace diez, veinte y ochenta años, y, efectivamente, hay motivos para que ese hartazgo perdure en el tiempo. Pero otros no, y surgen nuevos elementos que hacen que la sensación de crisis política actual sea distinta.

De eso va este libro, de qué hay de especial en esta vuelta a la política como problema. La tesis central del libro es que la sociedad española se encuentra cada vez más dividida, no sólo en el plano ideológico, sino también en otros que no ocupan tanto espacio en los telediarios, como el de las creencias, los valores, las emociones o los deseos acerca de lo que queremos que sea la política. La ciudadanía española está dividida en bloques ideológicos cada vez más compactos, y esto crea el caldo de cultivo para la confrontación, primero entre las élites políticas y, después, si nada lo remedia, entre la ciudadanía. Son demasiados los ejemplos de países que aún consideramos democráticos y que se hallan al borde del conflicto civil para que ignoremos las peores consecuencias del creciente enfrentamiento político en España.[…]

He querido empezar mi relato sobre la creciente división política en España por la parte que menos se ve de la polarización: el alineamiento de las divisiones ideológicas y políticas de los españoles con otras divisiones sociales, como la religión o las preferencias por determinadas políticas públicas. Otros comienzan por la parte más visible del conflicto político contemporáneo: el aumento de los malos modos en la política, los insultos, la deslegitimización o deshumanización del adversario político, la falta de acuerdo o la crispación. De todo me ocuparé más adelante, pero antes quiero dejar claro por qué empiezo por las diferencias ideológicas y sociales. Los malos modos en política son especialmente dañinos en situaciones donde la población está dividida en identidades políticas enfrentadas.

El problema no es la competición partidista, incluso cuando esta adopta un tono bronco y desagradable, sino que, si la sociedad está dividida en bloques homogéneos en términos ideológicos y sociales, la bronca se magnifica y alcanza cuestiones personales, lo que llamaré en el tercer capítulo la identidad personal. Las divisiones ideológicas crean el trasfondo adecuado para que los partidos políticos pongan el foco en la identidad, en el nosotros frente a ellos. Hoy la sociedad española está mucho más preparada para el conflicto de identidades, entre las izquierdas y las derechas, por ejemplo, que hace una década.

La política partidista se está erigiendo en este contexto en una parte central de nuestras identidades, y esto magnifica muchas tendencias psicológicas y sociales. Por ejemplo, numerosos estudios han mostrado que la polarización disminuye el deseo de llegar a compromisos, reduce de igual modo el efecto de la información objetiva sobre la formación de nuestras opiniones, aumenta todo tipo de desigualdades sociales e incluso puede contribuir a empeorar la situación económica. En última instancia, el problema es que, en un país profundamente dividido, la política ya no va de alcanzar los mejores resultados colectivos, sino que va de ganar. El objetivo es que los nuestros ganen, aunque eso tenga un coste para toda la sociedad. Las victorias no son sobre nuevas conquistas individuales o sociales, sino fundamentalmente sobre quién gana la partida.

Una vez que la política va de identidades es muy difícil revertir esta tendencia, porque los humanos estamos diseñados para el conflicto. En realidad, desde un punto de vista psicológico, los humanos somos víctimas de dos pulsiones que podrían parecer contradictorias: la pulsión de la inclusividad y la de la exclusividad. La formación de identidades políticas excluyentes nos permite satisfacer al mismo tiempo estas dos pulsiones. Nos sentimos parte de un grupo político homogéneo y, al mismo tiempo, excluimos a esos adversarios políticos que ahora se convierten en nuestros enemigos. En última instancia, se alcanza una situación en la que preferimos un mal generalizado si nuestros enemigos están aún peor. Todo va de quién gana y quién pierde.

La evidencia que tenemos acerca de un incremento de la confrontación política en el campo de los afectos y las emociones en España es limitada, pero cuando existe apunta en la misma dirección de las diferencias ideológicas mostradas más arriba. Una de las pocas comparaciones que podemos hacer es sobre los sentimientos que despiertan los líderes de los distintos partidos entre los ciudadanos. Desde el año 2011, ha aumentado la diferencia entre los sentimientos positivos que tenemos hacia los líderes de los partidos con los que nos identificamos y los sentimientos que nos despiertan los líderes de otros partidos con los que no nos identificamos.

En concreto, esta diferencia aumentó un 30 por ciento entre 2011 y 2015, y, aunque en 2019 había bajado algo este indicador de polarización, seguía siendo más de un 20 por ciento mayor que en 2011. De hecho, la mayor diferencia de los últimos veinticinco años entre los sentimientos que nos despiertan líderes propios y ajenos se da en las elecciones de 2015 y abril de 2019. En una década donde las diferencias ideológicas y sociales han aumentado tanto, también lo ha hecho la confrontación en el plano de los sentimientos. No sólo se están configurando dos bloques político-ideológicos con los que los ciudadanos se encuentran cada vez más identificados de forma exclusiva, sino que está incrementándose la animadversión sentimental entre los dos bloques.

No somos una isla

La creciente división ideológica y emocional en la política española no es una excepción en el contexto internacional. Valgan cinco ejemplos recientes. El jueves 23 de junio de 2016, un 52 por ciento de los participantes en el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea vota a favor de abandonar la Unión y un 48 por ciento vota a favor de la permanencia. Desde ese momento, la política británica quedaba profundamente dividida, los cambios de gobierno no han dejado de sucederse, la economía británica se llena de nubarrones en 2023 y las encuestas pronostican que el Partido Conservador, defensor del Brexit, se hundirá electoralmente como nunca antes.

El miércoles 6 de enero de 2021, seguidores del todavía presidente saliente, Donald Trump, asaltan y ocupan durante varias horas la sede del Congreso de Estados Unidos. Este asalto le puso cara a algo de lo que cada vez se habla más abiertamente en el país norteamericano: la posibilidad de un conflicto civil que enfrente a los dos bandos ideológicamente opuestos.

El jueves 1 de septiembre de 2022, un atacante intenta disparar en plena calle contra la vicepresidenta de Argentina, Cristina Kirchner. Todos los comentaristas culpan a la extrema polarización que se ha instalado durante décadas en el país y que se conoce popularmente como la grieta.

El domingo 4 de septiembre de 2022, un 62 por ciento de los participantes rechazan el texto de la nueva constitución propuesta por la convención nacional en Chile. La principal conclusión de este rechazo, también entre los partidarios del presidente progresista Gabriel Boric, es que la nueva propuesta de constitución era demasiado de izquierdas para la mayoría del electorado chileno.

Finalmente, el domingo 30 de octubre de 2022, el candidato Jair Bolsonaro alcanza, contra pronóstico, más del 49 por ciento del voto en las elecciones presidenciales en Brasil. A pesar de la victoria de Lula da Silva y el cambio democrático de gobierno, el país más poblado de Sudamérica queda dividido en dos ideologías políticas enfrentadas que amenazan con cuestionar los resultados electorales y la propia legitimidad del sistema democrático.

Estos cinco hechos responden a países y situaciones históricas muy distintas, y, sin embargo, todos han sido señalados como ejemplos de lo que hoy llamamos polarización política. Desde luego, España no es una isla y lo que voy a contar en este libro tiene su reflejo en muchos otros países y territorios del mundo. Nos enfrentamos a una nueva etapa de la historia en la que la clave es la división política y social. Es la época de la grieta, como la han apodado gráficamente los argentinos."              

(Luis Miller, ethic, 15/11/23; Extracto del libro ‘Polarizados, la política que nos divide’ (Deusto, 2023) de Luis Miller)

23/8/23

El aumento actual del suicidio es propio de una sociedad de solitarios, de hombres y mujeres en una precariedad de vínculos estables y nutrientes... A pesar de estar sumidas en continua mudanza, matrimonio y pareja contrarrestan el caos normativo de la modernidad líquida. Fuera de ellas es el desierto emocional y sexual, la soledad, la depresión y el abismo del suicidio

 "La modernidad tardía está creando dos fenómenos interrelacionados que apuntan en direcciones opuestas: el aumento de la soledad y del suicidio y el imperativo cultural de la felicidad. El primero ha llevado en Reino Unido a la creación de una secretaría de Estado. En España hay 10 suicidios diarios y el Gobierno prepara un plan para remediar cuestión tan alarmante. La escasa información solo señala que se produce entre mayores, personas sin techo y mujeres maltratadas. Pero España arroja cifras altísimas de consumo de ansiolíticos y antidepresivos en toda la población. Luego la depresión y el suicidio constituyen un horizonte posible en todo el espectro social. Vienen a la mente la crisis económica y la devastación que conlleva. Pero más allá de ella hay que analizar nuestra cultura.

 La sociología clásica —Émile Durkheim— teoriza tres tipos de suicidios. El llamado altruista era propio de sociedades tradicionales donde las normas de la comunidad tenían un peso excesivo: así, la mujer hindú se suicidaba cuando enviudaba. Los otros dos tipos, el egoísta y el anómico, interesan más aquí porque son el producto de una individuación desintegrada, y de momentos de perturbación del orden colectivo y de crisis económica, respectivamente. En ambos, los individuos pierden los lazos sociales y se hallan insertos en una cultura individualista que avanza desde los albores de la sociedad industrial.

 El aumento actual del suicidio es propio de una sociedad de solitarios, de hombres y mujeres en una precariedad de vínculos estables y nutrientes. La sociedad individualizada crea instituciones zombis, que no están ni vivas ni muertas porque permanecen, pero que han perdido sus contornos y la certeza que antaño proveían. Entre ellas destacan el matrimonio y la familia. A pesar de estar sumidas en continua mudanza, matrimonio y pareja contrarrestan el caos normativo de la modernidad líquida. Fuera de ellas es el desierto emocional y sexual, la soledad, la depresión y el abismo del suicidio. Dentro, el colchón económico en tiempos de crisis, el salvavidas afectivo, la energía emocional que nos dan los otros y que nos mantiene como seres vinculados. La literatura contemporánea muestra tal paisaje. Las novelas del último Philip Roth narran las vidas sin esperanza de ancianos rodeados de soledad, enfermedad y muerte.

 En Ampliación del campo de batalla, Houellebecq profundiza en una depresión y divide al mundo entre quienes tienen una vida sexual y quienes no. En Sumisión describe cómo un profesor universitario, expulsado de su trabajo y por ende desinstitucionalizado, se encuentra repentinamente solo. También el cine refleja la soledad contemporánea: The Visitor, La cour, Annalisa y sobre todo la excelente Her, donde un holograma encantador es la única compañía de un joven, completamente solo, que se enamora de la cálida voz de su ordenador, a falta de lazos estables. En ese futuro cercano de una sociedad tecnologizada no existen ni amigos ni familia ni pareja. La compañía del ordenador está programada para durar brevemente: el tiempo de sufrir una profunda decepción, dolor y de pensar en acabar esa vida tan miserable.

 La modernidad tardía engendra soledad en una vida más larga y con un ocio —y desempleo— que se extienden en el tiempo. Pero además ha creado un mandato cultural bifronte: el imperativo de la felicidad, de ser “positivos” a toda costa. Por una parte, ofrece un camino a seguir que da sentido a una vida secularizada. Por otra, se impone como una nueva ideología que agudiza la desdicha. El imperativo de la felicidad forma parte del credo estadounidense basado en un voluntarismo radical por el cual con esfuerzo y determinación todo se puede conseguir: éxito y bienestar. También ser feliz. El voluntarismo se une a un individualismo que proclama el valor de la independencia por encima de la interdependencia y que condena la dependencia, del Estado y del prójimo. El credo americano anida en la literatura de autoayuda desde su fundación. Desde los pasados noventa, la psicología positiva en su vertiente científica y popular es el estandarte de dicha ideología. Se difunde por la autoayuda y ha penetrado el sentido común actual con gran éxito.

 Su presupuesto es que el carácter es moldeable y ofrece el cambio del yo para conseguir la felicidad. Es un proyecto privado, propio de una cultura individualista que ha dejado atrás los colectivos, el llamado programa de emancipación. La oferta del cambio interno no es poco en una sociedad secular y desencantada. La literatura de consejos quiere construir un yo fuerte y autosuficiente e instaura un código frío con la autosuficiencia y el distanciamiento como valores centrales. La felicidad es cuestión de técnicas.

 Según el cognitivismo sociológico, el pensamiento domina la emoción: cambie su “estilo negativo” de pensar por uno “positivo” y será feliz. La voluntad ha de vencer a la necesidad, en forma de herencia genética y de circunstancias sociales: no busque reconocimiento, sea usted la fuente de su propia valía, no se compare con los demás; afirme el “aquí y el ahora” y deje de lamentarse por su pasado, no tema al futuro, aunque sea incierto; sustituya a los amigos o amores que pierda; céntrese en su interior, único ancla de seguridad. Un mercado creciente de bienestar subjetivo le espera. Y si la dicha es cuestión de método, alcanzarla depende de uno. Solo el individuo es responsable tanto de hacerse como de deshacerse a sí mismo. Vuelve el budismo light de los sesenta, ahora llamado mindfulness, que ayuda a ser feliz. A aprender a suspender el deseo, la tristeza, el yo mismo. En la respiración está la clave de su vida. Líderes morales como David Lynch o Martin Scorsese practican la meditación, que se está extendiendo en los colegios como parte de una educación para ser feliz.

 La cultura actual de la felicidad condena las emociones y actitudes “negativas” —tristeza, duda, queja— mientras que la soledad se estigmatiza. Si uno carece de lazos sociales será por su culpa, por su estilo negativo. Por carecer de flexibilidad, valor ya incontestable, y no poder adaptarse al mercado, al trabajo, a los otros. La soledad se ha convertido en la nueva cara del fracaso y ha de ocultarse, porque la depresión que puede conllevar es contagiosa y “tóxica”, según el credo positivo. La psicología popular recomienda la interacción social como un recurso, los otros renovados: redes sociales, páginas de encuentros, grupos de intereses comunes.

 Pero hay que recordar que en España carecemos de tradición asociativa, sea cívica, política o de autoayuda. Tenemos solo las redes sociales, hechas de contactos inestables y efímeros, guiados por una lógica mercantil donde todos somos intercambiables en una ilusión de infinitas opciones. La adaptación a las nuevas formas de integración social es signo de ductilidad, de “estar abiertos” a ese interior plástico y optimista. El imperativo de la felicidad hace responsables de la desdicha. El ascenso de la ideología positiva deja más solos a los que fracasan en el cambio del yo. Y con la suspensión de las causas sociales de la soledad —y del suicidio— avanza el progreso de la conciencia psicológica, el declive de las instituciones y la colonización de la moral por parte de la cultura psicoterapéutica."

(Helena Béjar es catedrática de Sociología y autora de Felicidad: la salvación moderna. Obituario... El País, 17/01/2019) 

22/6/23

El 42% de los americanos y el 29% de los franceses se declaran negacionistas climáticos, e incluso un 18% y un 12% (¡seis millones de franceses!) creen que la Tierra es plana. No sé si hay cifras para España, pero conviene no tomar a risa estos datos... Con porcentajes como estos se pueden ganar unas elecciones y gobernar un país. Con porcentajes como estos se dibuja el declive de una civilización... El conspiracionismo me interesa más aquí como síntoma neurótico. En 1960, para describir la indiferencia de los franceses ante los crímenes coloniales en Argelia, Jean Paul Sartre diagnosticó tajante: “Francia no es un país, es una neurosis”. El mundo entero es hoy, diría, una neurosis narcisista de clase media (los más pobres, como decía Chesterton, no se pueden permitir ni el optimismo ni el desánimo)... Esta pulsión de muerte suele ser la respuesta pendular a la pérdida de control sobre el propio entorno, a la impotencia y a la sensación de derrota; los conspiracionistas, en efecto, prefieren un mundo gobernado por una Mano Negra que un mundo ingobernable. Incluso los negacionistas climáticos no buscan protegerse del miedo mediante un engaño confortable: encuentran satisfacción, más bien, en la idea de que se les está engañando. ¿Y por qué le puede apetecer a alguien que la Tierra sea plana? Porque eso colma, precisamente, el deseo neurótico de que el poder nos mienta... Esta neurosis históricamente hispana y hoy universal se acompaña de tres deseos subjetivos: el deseo de ser apaleado, el deseo de que nos gobierne el Mal y el deseo de distinción. Queremos ser víctimas de alguien; queremos el apocalipsis now; queremos formar parte de la contra-élite que conoce la fecha y la hora de la perdición

 "Según una encuesta realizada en enero de este año por el IFOP, el 55% de los estadounidenses y el 35% de los franceses creen en al menos una teoría de la conspiración, tendencia al alza entre los más jóvenes y los más conservadores. Por ejemplo: el 42% de los estadounidenses y el 33% de los franceses están convencidos de que el Gobierno de EE UU conocía de antemano, y no impidió, el atentado terrorista contra los Torres Gemelas; el 41% y el 23%, respectivamente, aseguran que el Apolo nunca llegó a la luna en 1969; el 41% y el 31% creen que Biden desencadenó la invasión de Ucrania para ocultar los negocios de su hijo y el 27% y el 20% que las matanzas de Bucha fueron una “puesta en escena” de los ucranios; un 40% de los estadounidenses y un 26% de los franceses cuestionan el triunfo electoral de Biden y estiman que el asalto al Capitolio fue amañado para desacreditar a los partidarios de Trump; el 42% y el 29% se declaran negacionistas climáticos e incluso un 18% y un 12% (¡seis millones de franceses!) creen que la Tierra es plana. No sé si hay cifras para España, pero conviene no tomar a risa estos datos. Con porcentajes como estos se pueden ganar unas elecciones y gobernar un país. Con porcentajes como estos se dibuja el declive de una civilización.

No voy a explorar las razones sociológicas de esta tendencia universal. El conspiracionismo me interesa más aquí como síntoma neurótico. En 1960, para describir la indiferencia de los franceses ante los crímenes coloniales en Argelia, Jean Paul Sartre diagnosticó tajante: “Francia no es un país, es una neurosis”. El mundo entero es hoy, diría, una neurosis narcisista de clase media (los más pobres, como decía Chesterton, no se pueden permitir ni el optimismo ni el desánimo). Las épocas de peligro se reconocen por esto: la gente que antes era indiferente ante el Mal pasa a desearlo con todas sus fuerzas: “que se imponga de una vez, aunque me cueste la vida”. Esta pulsión de muerte suele ser la respuesta pendular a la pérdida de control sobre el propio entorno, a la impotencia y a la sensación de derrota; los conspiracionistas, en efecto, prefieren un mundo gobernado por una Mano Negra que un mundo ingobernable. Incluso los negacionistas climáticos no buscan protegerse del miedo mediante un engaño confortable: encuentran satisfacción, más bien, en la idea de que se les está engañando. ¿Y por qué le puede apetecer a alguien que la Tierra sea plana? Porque eso colma, precisamente, el deseo neurótico de que el poder nos mienta.

Podemos decir que se trata de la típica neurosis narcisista del perdedor: si no puedo ganar, entonces quiero perderlo todo. Se trata de una neurosis, por cierto, muy española; o lo ha sido y quizás vuelve a serlo. Pensemos, por ejemplo, en el fútbol como receptor transversal de nostalgia imperial y fragilidad nacional en un país mal construido que solo ha sabido pensarse a sí mismo como conquistador o como paria; como Imperio sin puestas de sol o como periferia cutre de Europa. Esta neurosis decimonónica, prolongada durante el franquismo y superada en las últimas décadas, encontró su último refugio en los campos de fútbol. Opera así: si la selección gana el primer partido del Mundial, entonces España es el mejor equipo del mundo; si pierde el segundo, entonces es el peor y queremos que sea derrotada una y otra vez, para darnos la razón, de la manera más humillante. “Si no ganas, quiero que pierdas por goleada”. Hasta el gol de Iniesta en 2010, todos los españoles —y no solo los independentistas catalanes y vascos— deseaban profundamente la derrota de la selección. Cuando no son los judíos y los masones (o la embajada estadounidense), es el Destino el que conspira contra los españoles.

Esta neurosis históricamente hispana y hoy universal se acompaña de tres deseos subjetivos: el deseo de ser apaleado, el deseo de que nos gobierne el Mal y el deseo de distinción. Queremos ser víctimas de alguien; queremos el apocalipsis now; queremos formar parte de la contra-élite que conoce la fecha y la hora de la perdición.

Esta neurosis, ¿es de derechas o de izquierdas? De ambas. Pero con una diferencia. La derecha, que suele ganar, no sabe ganar: cuando gana —heredera de una tradición nefasta— nunca perdona al vencido. La izquierda, por su parte, se quiere perdedora y, por lo tanto, no sabe perder: cuando pierde, tiende a destruirse a sí misma. Hay una izquierda superoptimista, en efecto, que apuesta por el “cuanto peor mejor”; una izquierda teológica que quiere que el Mal sea uno y no múltiple y que desea reducir toda contingencia a una Voluntad omnipotente que al menos nos reconocería como enemigos y cuya victoria anhelamos como evidencia irrefutable de nuestra superioridad cognitiva y moral.

Más allá de los cálculos y las estrategias, creo que esta neurosis narcisista, muy reaccionaria, opera hoy activamente en el inconsciente de Podemos. Derrotados, quieren ser apaleados en la plaza pública, como víctimas agresivas de una traición general: su proyecto es ser odiados y se las arreglan para que todo el mundo los odie. Derrotados, quieren que gobierne el Mal, para resistir heroicamente al determinismo y la brutalidad metafísicas. Derrotados, quieren al menos tener razón, para así distinguirse del resto de los españoles, que se dejan engañar con mansedumbre o ceden por felonía. Da mucho miedo que Podemos traslade esta neurosis narcisista de derrota necrófila al interior de Sumar. Ya lo ha hecho. Lo ha hecho durante unas negociaciones lastradas de bulos, filtraciones y presiones subsidiarias; y ha seguido haciéndolo después, atacando sin escrúpulos a sus compañeros de Unidad, como si su único proyecto político fuera el de extender el morbo a la totalidad de la izquierda y con independencia del precio a pagar: aunque con ello —digo— se facilite una victoria ultraderechista que confirmaría (máxima felicidad neurótica) las tesis conspiracionistas en torno a los medios de comunicación, la “izquierda cuqui” y las cloacas del Estado. En las negociaciones, Podemos se ha movido entre el interés pragmático de una máquina partidista amenazada de muerte y necesitada de escaños y el placer neurótico del apocalipsis colectivo. Ojalá el interés más bajo hubiese contenido en este caso el deseo más alto de destrucción. Ojalá todavía lo contenga. Porque Podemos puede hacer aún mucho daño a un proyecto al que se unió voluntariamente con el propósito de sobrevivir. No tengo muchas esperanzas. Entre la supervivencia y la destrucción, el neurótico —ay— elige siempre la destrucción.

¿Hay alguna curación para esta neurosis general, tan española y tan universal? Cambiar el deseo. Ahora bien, el problema es que el deseo no lo puede cambiar la voluntad: solo se puede cambiar en el mundo y desde el mundo. Hace falta una pequeña victoria que sustituya el narcisismo entrópico por la autoestima compartida. Por desgracia, la neurosis misma —pues es deseo de derrota— hace difícil cualquier victoria; y hace difícil (como han demostrado los años de la nueva política) gestionarlas bien —las victorias. Sumar es imprescindible, pero si quiere sumar tiene que ser ante todo un proyecto de salud mental.

El 23-J nos jugamos mucho, porque las derechas globales son hoy muy “españolas” y la española aún más. No estamos ante un cambio de ciclo sino ante un cambio de mundo. Las teorías conspiratorias, lo hemos dicho, son fundamentalmente reaccionarias: los judíos, los masones y los comunistas (y los inmigrantes y los maricones) nos están robando España. Una victoria de la derecha será una victoria imperial: somos los mejores y ganamos por goleada; y no tendremos piedad con los vencidos. No olvidemos a la hora de votar que las neurosis narcisistas, las de derechas y las de izquierdas, hoy campantes en la política global, son causa y efecto de la renuncia a la política y del fracaso de la democracia."

(Santiago Alba Rico es escritor y filósofo. El País, 16/06/23)

3/2/23

El concepto de “muertes por desesperación” ayuda a explicar la frecuencia acelerada de tiroteos masivos en Estados Unidos... 50 años de tiroteos masivos arrojan una conclusión: hay un problema social que debemos resolver... Estos son detalles condensados de los perfiles de los presuntos autores o autores condenados de más de 150 tiroteos masivos

 "Fue acusado de amenazar de muerte a su compañero de apartamento. Al menos siete muertos y un herido en Half Moon Bay, California, el 23 de enero de 2023

Creía que su familia había intentado envenenarlo. Al menos 11 muertos y nueve heridos en Monterey Park, California, el 21 de enero de 2023

Pensaba que sus compañeros de trabajo conspiraban en su contra. Seis muertos y seis heridos en Chesapeake, Virginia, el 22 de noviembre de 2022

Estos son detalles condensados de los perfiles de los presuntos autores o autores condenados de más de 150 tiroteos masivos en Estados Unidos.

Elle había estado coleccionando armas y blindaje en el sótano. Cinco muertos y 19 heridos en Colorado Springs el 19 de noviembre de 2022

Sus padres dijeron que no hubo ninguna señal. Cinco muertos y dos heridos en Raleigh, Carolina del Norte, el 13 de octubre de 2022

Uno de sus únicos amigos murió de una sobredosis de heroína. Siete muertos y 46 heridos en Highland Park, Illinois, el 4 de julio de 2022

Sufría fuertes dolores de espalda. Quatro muertos en Tulsa, Oklahoma, el 1 de junio de 2022

Estaba obsesionado con los tiroteos en escuelas. 21 muertos y 17 heridos en Uvalde, Texas, el 24 de mayo de 2022

Abandonó la universidad y les mintió a sus padres sobre ello. 10 muertos y tres heridos en Búfalo, Nueva York, el 14 de mayo de 2022

Publicó libros detallando fantasías de asesinatos masivos. Cinco muertos y dos heridos en Denver el 27 de diciembre de 2021

Los perfiles se basan en informes periodísticos, documentos públicos y nuestras conversaciones con amigos, colegas, trabajadores sociales y profesores de los autores de los tiroteos en masa.

Torturaba animales. Quatro muertos y siete heridos en Oxford, Míchigan, el 30 de noviembre de 2021

Tenía fuertes cambios de humor y problemas con el alcohol. Nueve muertos y un herido en San José, California, el 26 de mayo de 2021

 Planeaba amenazar a un policía para provocar que lo mataran. Ocho muertos y siete heridos en Indianápolis el 15 de abril de 2021

Se sabía de su paranoia y mal genio. 10 muertos y un herido en Boulder, Colorado, el 22 de marzo de 2021

Creía que se estaba apartando de su fe. Ocho muertos y un herido en Atlanta el 16 de marzo de 2021

Publicó una serie de videos perturbadores en Facebook. Cinco muertos y tres heridos en Chicago y Evanston, Illinois, el 9 de enero de 2021

Se había estado aislando de sus amigos de internet. Quatro muertos y tres heridos en Springfield, Misuri, el 15 de marzo de 2020

Estos acontecimientos se han vuelto más frecuentes y letales con el paso del tiempo. Una tercera parte de todos los tiroteos masivos de nuestro estudio se produjeron en la última década.

Le dijo a su vecino que lo seguían espías. Cinco muertos en Milwaukee el 26 de febrero de 2020

Creía que los judíos eran impostores satánicos. Quatro muertos y tres heridos en Jersey City, Nueva Jersey, el 10 de diciembre de 2019

Dejó de trabajar y fue desalojada de su condominio. Quatro muertos y tres heridos en Jersey City, Nueva Jersey, el 10 de diciembre de 2019

Amenazó a su vecino con una pistola. Siete muertos y 23 heridos en Midland-Odessa, Texas, el 31 de agosto de 2019

Tenía pensamientos suicidas. Nueve muertos y 27 heridos en Dayton, Ohio, el 4 de agosto de 2019

Dejó de comunicarse con su madre y su exesposa. 12 muertos y quatro heridos en Virginia Beach el 31 de mayo de 2019

Lo habían encontrado culpable de violencia doméstica. Cinco muertos y siete heridos en Aurora, Illinois, el 15 de febrero de 2019

Había expresado pensamientos violentos. Cinco muertos en Sebring, Florida, el 23 de enero de 2019

No es ninguna coincidencia. Los asesinatos en masa no son solo actos de violencia al azar, sino más bien un síntoma de un problema social más profundo: el continuo aumento de las “muertes por desesperación”.

Discutía a gritos con su madre y hacía agujeros en las paredes a patadas. 12 muertos y 21 heridos en Thousand Oaks, California, el 7 de noviembre de 2018

Estaba enfrascado en una retórica antisemita en internet. 11 muertos y seis heridos en Pittsburgh el 27 de octubre de 2018

Creía que su exesposa lo había engañado. Cinco muertos en Bakersfield, California, el 12 de septiembre de 2018

Se declaró culpable de acosar a una excompañera de clase. Cinco muertos y tres heridos en Annapolis, Maryland, el 28 de junio de 2018

Padecía esquizofrenia paranoide. Quatro muertos y quatro heridos en Antioch, Tennessee, el 22 de abril de 2018

Les dijo a sus amigos que personas lo perseguían. Quatro muertos en Detroit el 26 de febrero de 2018

Su madre había muerto y estaba acumulando armas. 17 muertos y 17 heridos en Parkland, Florida, el 14 de febrero de 2018

Sintió celos cuando su exnovia empezó a salir con otra persona. Quatro muertos y un herido en Melcroft, Saltlick Township, Pensilvania, el 28 de enero de 2018

Este término se ha utilizado para explicar las tasas de mortalidad en aumento entre hombres blancos y predominantemente de mediana edad causadas por suicidio, sobredosis de drogas y abuso de alcohol.

Lo habían arrestado por apuñalar a un vecino. Cinco muertos y 18 heridos en Rancho Tehama Reserve, California, el 14 de noviembre de 2017

Se deprimió y tenía mal humor. 25 muertos y 20 heridos en Sutherland Springs, Texas, el 5 de noviembre de 2017

Perdió una cantidad significativa de dinero apostando. 60 muertos y 867 heridos en Las Vegas el 1 de octubre de 2017

Estaba en quiebra y se culpaba a sí mismo por haber sido despedido de su trabajo. Cinco muertos en Orlando, Florida, el 5 de junio de 2017

Estaba muy enojado por tener que pagar pensión alimenticia de sus hijos. Quatro muertos en Rothschild, Wisconsin, el 22 de marzo de 2017

Le dijo al FBI que alguien le controlaba la mente. Cinco muertos y 43 heridos en Fort Lauderdale, Florida, el 6 de enero de 2017

Siempre había sido iracundo, era volátil y violento. Cinco muertos en Burlington, Washington, el 23 de septiembre de 2016

Pensaba que los agentes de policía blancos estaban perpetrando un genocidio. Cinco muertos y 11 heridos en Dallas el 7 de julio de 2016

Pensamos que el concepto de “muertes por desesperación” también ayuda a explicar la frecuencia acelerada de tiroteos masivos en este país.

 Salió de casa con una bolsa de armas. 49 muertos y 53 heridos en Orlando, Florida, el 12 de junio de 2016

Había estado deprimido. Seis muertos y dos heridos en Kalamazoo, Míchigan, el 20 de febrero de 2016

Los vecinos dijeron que a menudo estaba de mal humor y bebía hasta quedar inconsciente. Seis muertos en Tennessee Colony, Texas, el 14 de noviembre de 2015

Era retraído, callado y no tenía amigos. Nueve muertos y ocho heridos en Roseburg, Oregón, el 1 de octubre de 2015

Estaba deprimido, con tendencias suicidas y estaba molesto porque lo habían multado por conducir ebrio. Cinco muertos y dos heridos en Chattanooga, Tennessee, el 16 de julio de 2015

Se emborrachó y alardeó sobre planes para iniciar una guerra racial. Nueve muertos y un herido en Charleston, Carolina del Sur, el 17 de junio de 2015

Le mandó a su novia mensajes de texto suicidas. Quatro muertos y tres heridos en Marysville, Washington, el 24 de octubre de 2014

Casi todos los homicidas de los que hicimos un perfil eran hombres.

Creía que las mujeres conspiraban para hacerle la vida miserable. Seis muertos y 14 heridos en Isla Vista, California, el 23 de mayo de 2014

La estaban investigando por malversación de fondos. Quatro muertos y dos heridos en Alturas, California, el 20 de febrero de 2014

Escuchaba voces imaginarias y pensaba que lo seguían. 12 muertos y ocho heridos en Washington el 16 de septiembre de 2013

Envió correos electrónicos abusivos a excompañeros de trabajo. Seis muertos en Hialeah, Florida, el 26 de julio de 2013

Les dijo a amigos que quería herir a otras personas. Cinco muertos y tres heridos en Santa Mónica, California, el 7 de junio de 2013

Tenía problemas de ira y le disparó a su exnovia con una pistola de aire comprimido. Quatro muertos en Federal Way, Washington, el 21 de abril de 2013

Perdió el contacto con su familia y se negó a hablar con un antiguo jefe. Quatro muertos y dos heridos en Herkimer, Nueva York, el 13 de marzo de 2013

Se obsesionó con los asesinos en masa y dejó de comer. 27 muertos y un herido en Sandy Hook, Connecticut, el 14 de diciembre de 2012

Muchos estaban socialmente aislados de sus familias o de sus comunidades y tenían una sensación de alienación.

Estaba deprimido y pensaba que había personas que lo seguían. Seis muertos y dos heridos en Mineápolis el 27 de septiembre de 2012

Dijo que pensaba en matar gente. 12 muertos y 70 heridos en Aurora, Colorado, el 20 de julio de 2012

Le dijo a la gente que era miembro de un escuadrón de la muerte de la CIA. Cinco muertos y un herido en Seattle el 30 de mayo de 2012

Abandonó los estudios y estaba enojado por tener que pagar la colegiatura. Siete muertos y tres heridos en Oakland, California, el 2 de abril de 2012

Se estaba divorciando y amenazó con matar a su esposa. Ocho muertos y un herido en Seal Beach, California, el 12 de octubre de 2011

Le dijo a un sacerdote que temía que los demonios lo estuvieran buscando. Quatro muertos y siete heridos en Carson City, Nevada, el 6 de septiembre de 2011

Les quitó las pilas a todos los relojes de su casa. Siete muertos y un herido en Akron, Ohio, el 7 de agosto de 2011

Muchos de estos hombres sentían que su identidad estaba amenazada.

Era errático y asustaba a sus maestros y compañeros de escuela. Seis muertos y 13 heridos en Tucson, Arizona, el 8 de enero de 2011

Era cada vez más hostil con sus vecinos. Cinco muertos en Jackson, Kentucky, el 11 de septiembre de 2010

Fue obligado a renunciar a su trabajo. Ocho muertos y dos heridos en Manchester, Connecticut, el 3 de agosto de 2010

Estaba afligido porque su esposa lo había abandonado. Quatro muertos y tres heridos en Hialeah, Florida, el 6 de junio de 2010

Creía que podía volar y que salvaría el mundo. Quatro muertos en Parkland, Washington, el 29 de noviembre de 2009

Luchaba por conciliar su religión y sus deberes militares. 13 muertos y 32 heridos en Fort Hood, Texas, el 5 de noviembre de 2009

Pensó que era el objetivo de una conspiración policial. 13 muertos y quatro heridos en Binghamton, Nueva York, el 3 de abril de 2009

 En varias ocasiones, recurrieron a ideologías extremas para lidiar con sus fracasos y encontrar un sentido de propósito.

Amenazó a su esposa con un arma después de que lo dejó. Ocho muertos y tres heridos en Carthage, Carolina del Norte, el 29 de marzo de 2009

Tenía graves problemas de salud mental y estaba bajo supervisión. Seis muertos y quatro heridos en Alger, Washington, el 2 de septiembre de 2008

Golpeó a un compañero de trabajo y amenazó con matar a su supervisor. Cinco muertos y un herido en Henderson, Kentucky, el 25 de junio de 2008

Dejó de tomar su medicamento para la esquizofrenia paranoide. Quatro muertos en Santa María, California, el 18 de marzo de 2008

Perdió su trabajo y dejó de tomar sus antidepresivos. Cinco muertos y 21 heridos en Dekalb, Illinois, el 14 de febrero de 2008

Su lucha en contra del gobierno local lo consumió. Seis muertos y un herido en Kirkwood, Misuri, el 7 de febrero de 2008

Envió correo de odio y recientemente había perdido su trabajo. Quatro muertos y cinco heridos en Arvada, Colorado, el 9 de diciembre de 2007

La mayoría decide no pedir ayuda cuando enfrentan dificultades, como una ruptura amorosa o un despido laboral.

Desde pequeño había entrado y salido de hospitales psiquiátricos. Ocho muertos y cinco heridos en Omaha, Nebraska, el 5 de diciembre de 2007

Amenazó con suicidarse y acosó a varias compañeras de la escuela. 32 muertos y 26 heridos en Blacksburg, Virginia, el 16 de abril de 2007

Tuvo episodios de depresión tras la muerte de uno de sus hijos. Cinco muertos y cinco heridos en Paradise, Pensilvania, el 2 de octubre de 2006

Abusó de sus parejas sentimentales durante décadas. Cinco muertos y un herido en Baton Rouge, Luisiana, el 21 de mayo de 2006

No tenía muchos amigos ni un trabajo estable. Seis muertos y dos heridos en Seattle el 25 de marzo de 2006

Desarrolló psicosis y hablaba con personas imaginarias. Siete muertos en Goleta, California, el 30 de enero de 2006

Amenazó a sus vecinos con obscenidades y armas. Quatro muertos en Honey Grove, Texas, el 28 de agosto de 2005

Eligieron los tiroteos masivos como forma de hacerse de poder y atención, obligando a los demás a presenciar su dolor mientras intentaban acabar con sus vidas de una manera que solo ellos controlaban.

Se autolesionaba y publicaba historias violentas en internet. Nueve muertos y siete heridos en Red Lake, Minnesota, el 21 de marzo de 2005

Había estado notablemente deprimido y enfadado en la iglesia. Siete muertos y quatro heridos en Brookfield, Wisconsin, el 12 de marzo de 2005

Tenía esquizofrenia y hablaba sobre matar gente. Quatro muertos y dos heridos en Columbus, Ohio, el 8 de diciembre de 2004

Estaba exhausto, deprimido y con dos empleos. Seis muertos y dos heridos en Birchwood, Wisconsin, el 21 de noviembre de 2004

Se quedó sin trabajo y perdió su casa. Quatro muertos en Oldtown, Idaho, el 24 de octubre de 2003

Llamó a su anterior lugar de trabajo y dejó mensajes en estado de ebriedad. Seis muertos en Chicago el 27 de agosto de 2003

Tenía problemas de ira y amenazó con ejercer violencia contra las personas negras. Seis muertos y ocho heridos en Meridian, Misisipi, el 8 de julio de 2003

 Se trata de espectáculos públicos de violencia concebidos como actos finales.

Era inestable, estaba desempleado y en busca de trabajo. Quatro muertos y un herido en Huntsville, Alabama, el 25 de febrero de 2003

Hacía rabietas en el trabajo y confrontaba a sus colegas. Quatro muertos y cinco heridos en South Bend, Indiana, el 22 de marzo de 2002

Atacó el coche de su exnovia con un hacha. Cinco muertos y dos heridos en Sacramento el 8 de septiembre de 2001

A menudo pensaba que era el arcángel Miguel. Quatro muertos y tres heridos en Rifle, Colorado, el 3 de julio de 2001

Creía que su esposa tenía una aventura. Quatro muertos en Houston el 9 de enero de 2001

Se enteró de que el fisco empezaría a embargarle el sueldo. Siete muertos en Wakefield, Massachusetts, el 26 de diciembre de 2000

Creía que el FBI lo vigilaba. Cinco muertos y un herido en Pittsburgh el 28 de abril de 2000

Ya sea autoinfligido, a manos de agentes de policía o tras una vida en prisión, un tiroteo masivo es una forma de suicidio.

Estaba paranoico y pensaba que sus compañeros saboteaban su trabajo. Siete muertos en Honolulu el 2 de noviembre de 1999

Empezó a tomar los medicamentos controlados de su padre. Siete muertos y siete heridos en Fort Worth el 15 de septiembre de 1999

Mató al gato de su hija porque estaba enojado. 12 muertos y 13 heridos en Atlanta el 29 de julio de 1999

Fue despedido por faltar al trabajo. Quatro muertos y un herido en Las Vegas el 3 de junio de 1999

Entregó trabajos escolares con imágenes violentas. 13 muertos y 23 heridos en Littleton, Colorado, el 20 de abril de 1999

Creó un sitio web en el que amenazaba a un compañero de clase. 13 muertos y 23 heridos en Littleton, Colorado, el 20 de abril de 1999

Su esposa lo abandonó e intentó suicidarse en tres ocasiones. Quatro muertos y quatro heridos en Gonzales, Luisiana, el 10 de marzo de 1999

Esto es algo que diferencia a los tiroteos masivos de otros delitos y es la razón por la que las medidas preventivas tradicionales, como el aumento de la seguridad armada o las condenas penales severas, harán poco por detenerlos.

Trató de comprar un arma robada en la escuela. Quatro muertos y 25 heridos en Springfield, Oregón, el 20 de mayo de 1998

A menudo, se metía en problemas en la escuela por problemas de conducta. Cinco muertos y 10 heridos en Jonesboro, Arkansas, el 24 de marzo de 1998

Estaba molesto porque no lo consideraron para un ascenso. Quatro muertos en Rocky Hill, Connecticut, el 6 de marzo de 1998

Consideraba que había sido despedido injustamente. Quatro muertos y tres heridos en Orange, California, el 18 de diciembre de 1997

Estaba molesto porque lo obligaron a salir de su negocio. Quatro muertos en Bartow, Florida, el 3 de diciembre de 1997

Creía que lo habían despedido por racismo. Quatro muertos y tres heridos en Aiken, Carolina del Sur, el 15 de septiembre de 1997

Culpaba a funcionarios municipales de que su esposa muriera de cáncer. Quatro muertos y quatro heridos en Colebrook, Nuevo Hampshire, el 19 de agosto de 1997

Los autores de tiroteos masivos no son las víctimas. Pero para prevenir futuras tragedias debemos tratar las patologías subyacentes que alimentan su desesperación.

Se quedó sin trabajo y se descompuso su calentador de agua. Cinco muertos y un herido en Fort Lauderdale, Florida, el 9 de febrero de 1996

Tenía esquizofrenia y dejó de tomar sus medicamentos. Cinco muertos y tres heridos en Bronx, Nueva York, el 19 de diciembre de 1995

Estaba molesto por una evaluación de desempeño en el trabajo. Quatro muertos en Los Ángeles el 19 de julio de 1995

Fue dado de baja de la Fuerza Aérea. Quatro muertos y 23 heridos en Fairchild Air Force Base, Washington, el 20 de junio de 1994

Dejó de comer y dormir y empezó a robar. Quatro muertos y un herido en Aurora, Colorado, el 14 de diciembre de 1993

Estaba obsesionado con el racismo y creía que era la causa de todos sus fracasos. Seis muertos y 19 heridos en Garden City Park, Nueva York, el 7 de diciembre de 1993

Batalló durante años para conseguir un trabajo y se aisló. Quatro muertos y cinco heridos en Oxnard, California, el 2 de diciembre de 1993

Los tiroteos masivos no deben seguir considerándose episodios “inexplicables” de una violencia “impensable”.

Entró en depresión al enterarse de que tenía que operarse de la rodilla. Quatro muertos y dos heridos en El Cajón, California, el 14 de octubre de 1993

En una fiesta, le dijo a niños que dispararan y mataran a personas negras. Quatro muertos y siete heridos en Fayetteville, Carolina del Norte, el 6 de agosto de 1993

Estaba en quiebra y le iban a embargar su propiedad. Ocho muertos y seis heridos en San Francisco el 1 de julio de 1993

Lo desalojaron y su esposa e hija lo dejaron. Seis muertos y un herido en Paso Robles, California, el 8 de noviembre de 1992

Le descontaron su sueldo por la pensión alimenticia. Quatro muertos en Watkins Glen, Nueva York, el 15 de octubre de 1992

Comenzó a escuchar voces y a hablar sobre cometer actos violentos. Quatro muertos y 10 heridos en Olivehurst, California, el 1 de mayo de 1992

Estaba alterado por una ruptura reciente. Quatro muertos en Phoenix el 15 de marzo de 1992

Nuestras comunidades y gobiernos necesitan encontrar formas de reducir el aislamiento social de manera más extensa y mejorar el acceso al cuidado de la salud mental y el tratamiento para el consumo de sustancias.

Lo despidieron de su trabajo en la oficina postal. Quatro muertos y seis heridos en Royal Oak, Míchigan, el 14 de noviembre de 1991

Lo dieron de baja de un programa psiquiátrico por golpear a un enfermero. Quatro muertos en Harrodsburg, Kentucky, el 9 de noviembre de 1991

Se sintió engañado porque otro estudiante ganó un premio escolar. Cinco muertos y un herido en Iowa City el 1 de noviembre de 1991

Envió una carta en la que decía que las mujeres de su comunidad eran víboras. 23 muertos y 22 heridos en Killeen, Texas, el 16 de octubre de 1991

Su esposa obtuvo una orden de restricción y le embargaron el auto. 11 muertos y seis heridos en Jacksonville, Florida, el 18 de junio de 1990

Se quedó sin trabajo y se hizo solitario e irascible. Nueve muertos y 12 heridos en Louisville, Kentucky, el 14 de septiembre de 1989

Tenía un problema de adicción a las drogas y el alcohol y había sido detenido con frecuencia. Cinco muertos y 30 heridos en Stockton, California, el 17 de enero de 1989

Aumentar la inversión en prevención del suicidio, intervención en crisis y sistemas de denuncia de amenazas violentas ayudará a evitar que personas desesperadas se conviertan en atacantes de tiroteos masivos.

Tenía síndrome de estrés postraumático por haber combatido en Vietnam. Quatro muertos y dos heridos en Chicago el 22 de septiembre de 1988

Estaba angustiado después de que su mujer lo abandonó cuando estaba embarazada. Quatro muertos y cinco heridos en Winston-Salem, Carolina del Norte, el 17 de julio de 1988

Acosó durante años a una compañera de trabajo y fue despedido. Siete muertos y quatro heridos en Sunnyvale, California, el 16 de febrero de 1988

Amenazó a los niños del barrio con su arma. Seis muertos y 14 heridos en Palm Bay, Florida, el 23 de abril de 1987

Sentía que estaba siendo maltratado en el trabajo. 14 muertos y seis heridos en Edmond, Oklahoma, el 20 de agosto de 1986

Había estado bajo presión en el trabajo y estaba preocupado por los despidos. Quatro muertos y dos heridos en South Connellsville, Pensilvania, el 16 de marzo de 1985

Le prohibieron la entrada en un bar. Cinco muertos y un herido en Hot Springs National Park, Arkansas, el 24 de julio de 1984

Estas medidas deben tomarse no en lugar de, sino además de, la aprobación de leyes de seguridad de las armas respaldadas de manera generalizada, las cuales incluyen la comprobación de antecedentes, periodos de espera más largos, requisitos de almacenamiento de armas más seguros y leyes de focos rojos.

Fue despedido y había buscado ayuda en una clínica de salud mental. 21 muertos y 19 heridos en San Ysidro, California, el 18 de julio de 1984

Estaba molesto porque su esposa lo había dejado. Seis muertos en College Station, Texas, el 11 de octubre de 1983

Despotricó en su salón y fue suspendido de la docencia. Ocho muertos y tres heridos en Miami el 20 de agosto de 1982

Tenía un conflicto salarial con sus empleadores. Seis muertos y quatro heridos en Grand Prairie, Texas, el 9 de agosto de 1982

Se recluyó y evitó toda interacción social. Quatro muertos y un herido en Coraopolis, Pensilvania, el 21 de julio de 1980

Comenzó a acumular comida y a prepararse para el fin del mundo. Cinco muertos y 11 heridos en Daingerfield, Texas, el 22 de junio de 1980

Pensó que sus familiares y sus compañeros de trabajo intentaban envenenarlo. Quatro muertos en Warwick, Rhode Island, el 17 de junio de 1978

En cambio, hemos permitido que los tiroteos masivos se normalicen en la cultura estadounidense y pedimos a nuestros hijos que participen en simulacros de tirador activo y pasen por detectores de metal al llegar a la escuela.

Fue dado de baja de los Marines y estaba en periodo de prueba. Seis muertos en Hackettstown, Nueva Jersey, el 26 de agosto de 1977

Su esposa lo dejó y había intentado suicidarse. Seis muertos y dos heridos en Klamath Falls, Oregón, el 23 de julio de 1977

Alucinaba y tenía ataques de ira. Siete muertos y dos heridos en Fullerton, California, el 12 de julio de 1976

Renunció a su trabajo abruptamente y planeó su suicidio. Cinco muertos y un herido en Smith River, California, el 2 de marzo de 1975

Denunció al cristianismo y comenzó a vagar de un lugar a otro. Siete muertos y ocho heridos en Nueva Orleans el 7 de enero de 1973

Dijo que prefería morir que regresar a prisión. Quatro muertos y cinco heridos en Raleigh, Carolina del Norte, el 29 de mayo de 1972

Creía que “el hombre” iba tras él. Quatro muertos y 17 heridos en Harrisburg, Pensilvania, el 5 de abril de 1969

Decimos “nunca más” y, a pesar de ello, pasaron menos de 48 horas entre los tiroteos de Monterey Park y Half Moon Bay, California. El “nunca más” sigue ocurriendo porque los perpetradores de tiroteos en masa no son monstruos que aparecen de la nada.

Solo comía comida enlatada porque temía intoxicarse. Seis muertos y seis heridos en Lock Haven, Pensilvania, el 23 de octubre de 1967

Se obsesionó con homicidas famosos. Cinco muertos y dos heridos en Mesa, Arizona, el 12 de noviembre de 1966

Padecía cambios de humor y periodos de hostilidad abrumadora. 15 muertos y 31 heridos en Austin el 1 de agosto de 1966

Los autores de tiroteos en masa viven entre nosotros. Son parte de nuestra comunidad. En su mayoría, son hombres y jóvenes que conocemos. Y podemos detenerlos antes de que jalen el gatillo."

( Jillian Peterson es profesora de criminología en la Universidad de Hamline. James Densley es profesor de justicia penal en la Universidad Estatal Metro. Juntos dirigen el Violence Project. The New York Times)

5/1/23

En la ceremonia de los Óscar, un actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está dejando de existir... Incluso los actores tienen problemas para distinguir la realidad de la ficción

 "EL FIN DEL HUMANISMO.

 En la ceremonia de los Óscar, un actor propinó una bofetada a otro, por la emisión de un chiste, por otra parte, muy malo. ¿Qué significa eso? Significa que la ironía está dejando de existir. No se entiende. Incluso los actores tienen problemas para distinguir la realidad de la ficción. 

De manera que, en ausencia de esa distinción, todo es no-ficción. Todo (...) tiende a ser, por tanto, cierto, por lo que desaparece lo no cierto, el arte… la ironía. El siglo XXI puede ser, si nadie se ríe, una suerte de siglo IV, en el que desapareció el 90% de la cultura anterior.  Por lo mismo, empieza a ser una buena época para las culturas reaccionarias. (...)"           (Guillem martínez, CTXT, 31/12/22)

9/11/21

Richard D. Wolff: Por qué el problemático imperio estadounidense podría desmoronarse rápidamente. Las guerras perdidas por Estados Unidos en Irak y Afganistán mostraron una extralimitación imperial... El hecho de que las derrotas se prolongaran durante tantos años demuestra que la política interna y la financiación del complejo militar-industrial nacional fueron, más que la geopolítica, los principales motores de estas guerras. Los imperios pueden morir por extralimitarse y sacrificar objetivos ampliamente sociales por los estrechos intereses de minorías políticas y económicas... La negativa a aceptar los mandatos de vacunación y mascarilla contra el COVID-19 que salvan vidas en nombre de la "libertad" mezcla un espantoso guiso de confusión ideológica, división social y amarga hostilidad creciente dentro de la población... Además de los tres choques de este nuevo siglo (2000, 2008 y 2020), cada uno peor que el anterior, otro choque, que podría ser aún peor, podría desafiar la supervivencia del sistema capitalista... Los imperios declinan cuando sus largos hábitos de servir a las élites minoritarias les impiden ver los momentos en los que la supervivencia del sistema requiere anular las necesidades de esas élites

 "Las guerras perdidas por Estados Unidos en Irak y Afganistán mostraron una extralimitación imperial que ni siquiera 20 años de guerra podrían lograr. El hecho de que las derrotas se prolongaran durante tantos años demuestra que la política interna y la financiación del complejo militar-industrial nacional fueron, más que la geopolítica, los principales motores de estas guerras. Los imperios pueden morir por extralimitarse y sacrificar objetivos ampliamente sociales por los estrechos intereses de minorías políticas y económicas.

Estados Unidos tiene el 4,25% de la población mundial y, sin embargo, es responsable de cerca del 20% de las muertes mundiales por COVID-19. Una rica superpotencia mundial con una industria médica altamente desarrollada demostró no estar preparada ni ser capaz de hacer frente a una pandemia viral. Ahora lucha con un enorme segmento de su población que parece tan alejado de las principales instituciones económicas y políticas que se arriesga a la autodestrucción y exige el "derecho" a infectar a otros. La negativa a aceptar los mandatos de vacunación y mascarilla contra el COVID-19 que salvan vidas en nombre de la "libertad" mezcla un espantoso guiso de confusión ideológica, división social y amarga hostilidad creciente dentro de la población. Los acontecimientos del 6 de enero en Washington, D.C., mostraron apenas la punta de ese iceberg.

 Los niveles de endeudamiento -del gobierno, de las empresas y de los hogares- están todos en un nivel histórico o cerca de él, y van en aumento. La Reserva Federal, con sus años de flexibilización cuantitativa, alimenta y apoya el aumento de la deuda. Funcionarios de alto nivel están discutiendo ahora la posible emisión de una moneda de platino de un billón de dólares para que la Reserva Federal dé esa suma en nuevo crédito al Tesoro de Estados Unidos para permitir más gasto del gobierno de Estados Unidos. El propósito va mucho más allá de las disputas políticas sobre el límite de la deuda nacional.

 El objetivo es nada menos que liberar al gobierno para inyectar aún más cantidades masivas de dinero nuevo en el sistema capitalista para sostenerlo en tiempos de dificultades sin precedentes. La Reserva Federal aprendió que el capitalismo actual necesita tales cantidades de estímulo monetario gracias a los tres choques recientes (2000, 2008 y 2020) que ha sufrido el sistema capitalista. Un imperio desesperado se acerca a una versión de la Teoría Monetaria Moderna de la que los líderes del imperio se burlaban y rechazaban no hace mucho tiempo.

La desigualdad extrema, que ya es un rasgo distintivo de Estados Unidos, se agravó durante la pandemia. Esta desigualdad alimenta el aumento de la pobreza y las crecientes divisiones sociales entre los que tienen, los que no tienen y los que piensan que tienen, cada vez más ansiosos. Los intentos de los empresarios por recuperar los beneficios perdidos por la pandemia y por el colapso capitalista durante 2020 y 2021 han llevado a muchos a imponer recortes adicionales a los empleados. Esto ha dado lugar a huelgas oficiales y no oficiales que continúan en medio de un movimiento obrero que vuelve a despertar. A nivel individual, la tasa de trabajadores que han abandonado sus puestos de trabajo ha alcanzado máximos históricos.

 Los intentos de los empresarios por recuperar los beneficios perdidos en los dos últimos años también se manifiestan en la inflación que está sufriendo el imperio. Los empresarios fijan los precios de lo que venden. Saben que la Reserva Federal ha aumentado el poder adquisitivo potencial al inundar los mercados con dinero nuevo. La demanda, reprimida por la pandemia y las crisis económicas, ayudará, al menos durante un tiempo, a sostener la inflación. Pero incluso si es temporal, la inflación empeorará aún más las desigualdades de ingresos y de riqueza y, por lo tanto, preparará a Estados Unidos para el próximo choque. Además de los tres choques de este nuevo siglo (2000, 2008 y 2020), cada uno peor que el anterior, otro choque, que podría ser aún peor, podría desafiar la supervivencia del sistema capitalista.

Incendios, inundaciones, huracanes, sequías: los signos de la catástrofe climática -por no hablar de sus costes, que aumentan rápidamente- se suman a la sensación de fatalidad inminente provocada por todos los demás signos del declive del imperio. También en este caso, la pequeña minoría de dirigentes de la industria de los combustibles fósiles ha conseguido bloquear o retrasar la acción social necesaria para hacer frente al problema. Los imperios declinan cuando sus largos hábitos de servir a las élites minoritarias les impiden ver los momentos en los que la supervivencia del sistema requiere anular las necesidades de esas élites, al menos por un tiempo.

 Por primera vez en más de un siglo, Estados Unidos tiene un competidor global real, serio y ascendente. Los sistemas británico, alemán, ruso y japonés nunca alcanzaron ese estatus. La República Popular China lo ha hecho ahora. No se ha demostrado que sea posible una política estadounidense establecida con respecto a China debido a las divisiones internas de Estados Unidos y al espectacular crecimiento de China. Los líderes políticos y los contratistas de "defensa" encuentran atractivo el ataque a China. Denunciar a China sirve como chivo expiatorio popular para muchos políticos de ambos partidos y como apoyo a un gasto en defensa cada vez mayor por parte de los militares. Sin embargo, importantes segmentos de las grandes empresas han invertido cientos de miles de millones en China y en las cadenas de suministro globales vinculadas a China. 

No quieren arriesgarlos. Además, durante décadas, China ha ofrecido una de las fuerzas laborales más baratas, mejor educadas y formadas, y más disciplinadas del mundo, junto con el mercado de más rápido crecimiento del mundo, tanto para bienes de capital como de consumo. Las empresas estadounidenses competitivas creen que el éxito global requiere que sus empresas estén bien establecidas en esa nación con la mayor población del mundo, entre los trabajadores menos costosos del mundo, y con el mercado de más rápido crecimiento del mundo. Todo lo que se enseña y se aprende en las escuelas de negocios apoya esa opinión. Así, la Cámara de Comercio de Estados Unidos se opuso a las guerras comerciales/arancelarias del ex presidente Donald Trump y ahora se opone al exagerado programa del presidente Joe Biden para atacar a China.

 No hay manera de que Estados Unidos cambie las políticas económicas y políticas básicas de China, ya que son precisamente las que han llevado a China a su posición, ahora envidiada a nivel mundial, de ser un competidor de una superpotencia como Estados Unidos. El problema para el imperio estadounidense crece, y Estados Unidos sigue atascado en divisiones que impiden cualquier cambio significativo, salvo quizás un conflicto armado y una impensable guerra nuclear.

Cuando los imperios declinan, pueden entrar en espirales descendentes que se refuerzan a sí mismas. Esta espiral descendente se produce cuando los ricos y poderosos responden utilizando sus posiciones sociales para descargar los costes del declive sobre la masa de la población. Esto sólo agrava las desigualdades y divisiones que provocaron el declive en primer lugar.

Los Papeles de Pandora, publicados recientemente, ofrecen una visión útil del elaborado mundo de la gran riqueza oculta a los gobiernos que recaudan impuestos y al conocimiento público. Esta ocultación se debe en parte al esfuerzo por aislar la riqueza de los ricos de ese declive. Eso explica en parte por qué la exposición de los Papeles de Panamá en 2016 no hizo nada para detener la ocultación. Si el público conociera los recursos ocultos -su tamaño, sus orígenes y sus propósitos-, la demanda pública de acceso a los activos ocultos sería abrumadora. Los recursos ocultos serían vistos como los mejores objetivos posibles para utilizarlos en la desaceleración o reversión del declive.

El declive provoca más ocultación, y eso a su vez empeora el declive. La espiral descendente está comprometida. Además, los intentos de distraer a un público cada vez más ansioso -demonizar a los inmigrantes, convertir a China en el chivo expiatorio y participar en guerras culturales- muestran rendimientos decrecientes. El declive del imperio continúa, pero se niega o se ignora como si no importara. Los viejos rituales de la política, la economía y la cultura convencionales continúan. Sólo que sus tonos se han convertido en los de las profundas divisiones sociales, las amargas recriminaciones y las abiertas hostilidades internas que proliferan por todo el paisaje. Estas desconciertan y molestan a los muchos estadounidenses que todavía tienen que negar que la crisis ha acosado al capitalismo
estadounidense y que su imperio está en declive."                

(Richard D. Wolff, Brave new Europe, 04/11/21)

24/9/21

Una sociedad socialmente sana probablemente nunca habría elegido a Trump. Incluso antes de Covid-19, los estadounidenses estaban cada vez más aislados... los estadounidenses desconectados socialmente de la sociedad está aumentando. Y estos votantes apoyan desproporcionadamente a Trump... porque les da sentido a sus vidas, y si le das un sentido a la vida de la gente, te lo darán todo

 "No pensaba leer ninguno de los nuevos libros sobre Donald Trump. Su dominio vampírico sobre la atención de la nación durante cinco años fue lo suficientemente pesadillesco; una de las pequeñas alegrías de la era post-Trump es que se ha vuelto posible ignorarlo durante días.

Pero después de leer un artículo adaptado de 'Francamente, sí ganamos estas elecciones: La historia interna de cómo perdió Trump' de Michael C. Bender, periodista del Wall Street Journal, cambié de opinión y lo cogí. Lo que me llamó la atención no fue su reportaje sobre el desorden de la Casa Blanca y los impulsos aterradores de Trump -algunos detalles son nuevos, pero esa historia es familiar. Más bien, me fascinó el relato de Bender sobre la gente que seguía a Trump de mitin en mitin como si fueran cabezas muertas autoritarias.

La descripción que hace Bender de estos superfans de Trump, que se autodenominan "Joes de primera fila", es comprensiva pero no sentimental. Sobre todo, capta su soledad previa a Trump.

Soledad y totalitarismo

'Muchos estaban recién jubilados y tenían tiempo libre y poco que los atara a casa', escribe Bender. 'Un puñado nunca tuvo hijos. Otros estaban alejados de sus familias'. Al unirse al movimiento de Trump, encontraron una comunidad y un sentido de propósito. La vida de Saundra se hizo más grande con Trump", dice de una mujer de Michigan que hacía trabajos esporádicos en la carretera para financiar su obsesión.

Hay muchas causas para las disfunciones superpuestas que hacen que la vida estadounidense contemporánea se sienta tan distópica, pero la soledad es una de las principales. Incluso antes de Covid-19, los estadounidenses estaban cada vez más aislados. Y como Damon Linker señaló recientemente en The Week, citando a Hannah Arendt, las personas solitarias se sienten atraídas por las ideologías totalitarias.

 'La principal característica del hombre masa no es la brutalidad y el atraso, sino su aislamiento y la falta de relaciones sociales normales', concluyó Arendt en 'Los orígenes del totalitarismo', al describir a quienes se entregaron a los movimientos de masas que lo abarcaban todo.
El atractivo de QAnon

Una sociedad socialmente sana probablemente nunca habría elegido a Trump en primer lugar. Como escribió Daniel Cox, investigador principal de encuestas y opinión pública en el conservador American Enterprise Institute, en FiveThirtyEight poco después de las elecciones de 2020, la "proporción de estadounidenses que están más desconectados socialmente de la sociedad está aumentando. Y estos votantes apoyan desproporcionadamente a Trump".

Los datos de las encuestas del Centro de Encuestas sobre la Vida Americana del AEI descubrieron que el 17% de los estadounidenses afirmaban no tener ni una sola persona en su "red social principal". Estos 'votantes socialmente desconectados eran mucho más propensos a ver a Trump positivamente y apoyar su reelección que aquellos con redes personales más robustas', escribió Cox.

No solo el trumpismo se alimenta del aislamiento. Pensemos en QAnon, que ha pasado de ser un bulo en un tablón de mensajes de Internet a una cuasi-religión. En su libro 'La tormenta está sobre nosotros: Cómo QAnon se convirtió en un movimiento, un culto y una teoría de la conspiración de todo", el periodista Mike Rothschild muestra cuán central es el sentido de comunidad digital para el atractivo de QAnon. Es una de las razones por las que los baby boomers se han unido a Q en un grado tan sorprendente: muchos son nidos vacíos, están solos o jubilados", escribe.

También es probable que sea una de las razones por las que QAnon comenzó a expandirse junto con los cierres de Covid-19, encontrando nueva vida entre los influencers de Instagram, los practicantes de yoga y las madres de los suburbios. De repente, la vida social de la gente de todo Estados Unidos quedó anulada, y muchas madres se vieron atrapadas en un aislamiento doméstico que no podía imaginar Betty Friedan. Atrapadas en casa, tenían más tiempo para meterse en los agujeros de los conejos de Internet. QAnon, que llegó a fusionarse con el covid-truterismo, les dio una explicación a su miseria y unos villanos a los que culpar.

A nadie le importa nada

Una cruel paradoja de Covid-19 es que el distanciamiento social necesario para controlarlo alimentó patologías que ahora lo están prolongando. Las personas aisladas y atomizadas se volcaron en movimientos que las volvieron contra las vacunas. También en este caso Arendt fue clarividente. Describió a las personas desvinculadas de cualquier lugar definido en el mundo como profundamente egoístas e indiferentes a su propio bienestar: "El egocentrismo, por tanto, iba acompañado de un debilitamiento decisivo del instinto de conservación".

 Uno de los personajes más vívidos del libro de Bender es Randal Thom, un veterano de los marines de 60 años cuya esposa e hijos le abandonaron por su problema con las drogas, y que pasó un tiempo en prisión. Los mítines se convirtieron en el principio organizador de su vida, y los seguidores de Trump le adoraban por ello", escribe Bender.

 'Como el propio Trump, todos los errores del pasado de Randal no les importaban' (...) (murió en un accidente de coche cuando volvía a casa de un desfile de barcos de Trump en octubre).

Hacia el final del libro de Bender, Saundra reaparece. Acababa de estar en el Capitolio para la insurrección del 6 de enero y parecía dispuesta a más. 'Díganos dónde tenemos que estar, y lo dejamos todo y vamos", dice. 'A nadie le importa si tiene que trabajar. A nadie le importa nada'.

Si le das un sentido a la vida de la gente, te lo darán todo."   
       ( New York Times)

24/9/20

Las personas sin cualificación académica subsisten en empleos peor pagados y que carecen de toda valoración social, lo que alienta el resentimiento de las clases bajas, dado que perciben que su trabajo es contemplado con desprecio por las clases meritocráticas, que miran por encima del hombro a quienes desempeñan tareas poco cualificadas, que demuestran que esas personas tienen poca valía. Ese desdén activa el odio y el resentimiento y ahí nace Trump

 "No deja de tener su ironía que se haya puesto de moda combatir la meritocracia en un momento en que la percepción social subraya su ausencia. Un reciente libro de Michael J. Sandel, ‘La tiranía del mérito’ (Ed. Debate), ha contribuido a lanzar la polémica, pero es probable que, una vez más, solapemos la realidad con los conceptos. Sería más lógico, en este instante de crisis generalizada, resaltar la inexistencia de la meritocracia más que su inconveniencia: por más que se señale con mucha frecuencia que las personas con más talento y más brillantes alcanzan los puestos de mayor relevancia en nuestro sistema, la realidad cotidiana nos hace pensar con demasiada frecuencia que no es así.

 La sensación de ineficacia, de mala gestión, de que se toman decisiones poco sensatas, está instalada en buena parte de la población.

Vivimos en una sociedad que vuelve muy complicado que el mérito florezca y que el esfuerzo sea recompensado. Un aspecto que no suele tenerse en cuenta es la dificultad que existe para conseguir que las personas alcancen y demuestren sus capacidades. En general, las condiciones de realización de las tareas están lejos de ser las idóneas, lo cual empobrece el talento. 

Por utilizar un ejemplo bastante obvio, un médico que debe atender a un número elevado de pacientes en poco tiempo no puede prestar la atención debida ni dispone de la información precisa para hacer un buen diagnóstico, salvo que posea condiciones excepcionales, algo que aparece raramente. 

Ocurre en casi todos los trabajos, requieran o no credenciales académicas: cuando debes realizar tu tarea a toda prisa, no sale bien. En ese contexto, la valía se va apagando, cunde el desánimo y, en lugar aumentar el conocimiento, crece la saturación. Personas que podrían realizar sus tareas de un modo mucho mejor se convierten en empleados agobiados que actúan casi mecánicamente. En ese escenario, el mérito consiste en hacer más en menos tiempo, aunque sea ineficientemente.

El origen social adecuado provee las credenciales académicas y la red de relaciones que permiten el éxito profesional

El segundo asunto, en el que se pone el acento con más frecuencia, es la inclinación de nuestro sistema a favorecer a los privilegiados. Los mejores puestos, aquellos que tienen un poder de mayor poder decisión sobre el conjunto social están destinados a clases determinadas, y es muy difícil llegar a ellos si no se cuenta con el origen adecuado, que es el que provee las credenciales académicas y la red de relaciones que permiten el éxito. 

Los caminos que llevan a las carreras profesionales logradas en el ámbito financiero, en las universidades de élite o en las grandes empresas suelen estar marcados por la clase social, es decir, por el punto de partida. Es mucho más fácil para ellos, que están muy bien posicionados en la salida y que reciben ayudas en el camino, llegar más arriba que los demás.

El problema secundario de todo esto, tanto de la sobrecarga como de la restricción del ascensor social, es que, como bien decía William Deresiewicz, producimos mucho más borregos excelentes, por utilizar su término, que personas con grandes méritos.

Sin embargo, la modesta polémica sobre la meritocracia se centra en otros aspectos, más banales y, en última instancia, desalentadores, pero que describen bien algunas de las tensiones sociales que recorren nuestro tiempo, y las diferentes respuestas que se les da para manejarlas. Veamos los argumentos.

1. El desprecio

Michael J. Sandel es filósofo, profesor en Harvard, premio Princesa de Asturias 2018 de ciencias sociales y uno de los pensadores con más prestigio en su ámbito. La tesis que ha expuesto es la siguiente: vivimos en una sociedad meritocrática en la que los títulos superiores dan acceso a los trabajos con más prestigio y mejor remunerados y, al mismo tiempo, las personas sin cualificación académica subsisten en empleos peor pagados y que carecen de toda valoración social. Esa separación alienta el resentimiento de las clases bajas, dado que perciben que su trabajo no es reconocido y que, por el contrario, es contemplado con desprecio por las clases meritocráticas. 

Como estas entienden que el lugar que ocupan se debe a que se lo han ganado, a su talento y a su esfuerzo, miran por encima del hombro a quienes desempeñan tareas poco cualificadas, ocupaciones que demuestran que esas personas tienen poca valía. Ese desdén activa el odio y el resentimiento y ahí nace Trump, señala Sandel. Al no otorgar la importancia moral y cívica a esos trabajos y a quienes lo realizan, se genera un clima de hostilidad que han aprovechado los populismos de derechas. La pandemia nos ha dado una lección en ese sentido, ya que se ha dependido de trabajadores esenciales que se encuentran entre los miembros de la sociedad peor pagados.

Reduce al ámbito del reconocimiento los obstáculos que encuentra la gente para ver recompensado su esfuerzo con un nivel de vida decente

La solución que aporta Sandel pretende aumentar ese reconocimiento. Las élites meritocráticas deberían ser menos arrogantes y más humildes y, a partir de ese freno de mano, deberían “reconstruir los espacios comunes de la ciudadanía democrática compartida”, de modo que exista una “infraestructura cívica del modo de vida democrático, donde personas de clases y condiciones de vida diferentes se encuentren. Debemos renovar y revigorizar la sociedad civil. Hay que pinchar las burbujas para crear una experiencia democrática compartida”.

Con Sandel, una vez más, el mundo pijo anglosajón, regresa a sus obsesiones y trata de reconducir aquello que se le escapa a su marco mental. 

En consecuencia, Sandel pasa por encima del concepto meritocracia y lo da por sentado, como si estuviera firmemente instalada en la realidad; la percepción social, por el contrario, es que la meritocracia no existe y que triunfan los más listos o los más taimados, pero no los mejores. 

 En segundo lugar, obvia las dificultades que nuestro sistema impone para que las personas puedan, no ya triunfar, sino desarrollar sus capacidades.

 Y en tercero, reduce al ámbito del reconocimiento los obstáculos que encuentran las poblaciones para ver recompensado su esfuerzo con un nivel de vida decente. Y eso es justo lo que está ocurriendo, porque ni los trabajadores esenciales reciben el salario que necesitan para vivir, ni los empleados académicamente cualificados encuentran a menudo una recompensa satisfactoria en el plano de los recursos. Muchas personas de todas las edades, y no solo los jóvenes, poseen titulación universitaria y experiencia y obtienen a cambio salarios ínfimos, puestos por debajo de sus capacidades o mucho tiempo libre en forma de paro.

Su actitud contiene el mensaje de “vas a seguir cobrando lo mismo, pero te tomamos en cuenta”

La fórmula blanda de Sandel se reduce a “dar cariño” a los perdedores, y lleva al ámbito del reconocimiento y la autoestima un daño que se produce en otro espacio. Su actitud contiene el mensaje de “vas a seguir cobrando lo mismo, pero te tomamos en cuenta”. La gente suele aguantar las desigualdades sin demasiado problema, siempre y cuando su nivel de vida sea satisfactorio. Le puede causar malestar el hecho de que otras personas ganen muchísimo más, pero tiende a pasarlo por alto si ingresa lo suficiente como para vivir de una manera decente. 

Cuando llegar a fin de mes se convierte en una tarea de equilibrista, los salarios de los demás se vuelven mucho más importantes, en especial si no parecen justificados, y es difícil justificar diferencias abismales. Ese es el punto de partida y si después se le añade el desprecio, la cosa se pone más tensa. Una esfera cívica democrática no es posible con desigualdades elevadas, como las actuales, porque la dinamita por completo: tener un nivel de vida decente es la condición de posibilidad del debate democrático. Y eso es justo lo que falta, porque cada vez más personas se ven acuciadas por la necesidad inmediata o por el miedo al futuro.

2. La meritocracia como aberración

En España ha existido una contestación a esta postura desde la izquierda, la de César Rendueles, descrita en ‘Contra la igualdad de oportunidades’ (Ed. Seix Barral), sobre la que no me extenderé. Para Rendueles, la meritocracia es la simple excusa que utilizan los poderosos para conservar su espacio de dominio.

"Los privilegios legítimos, en el sentido de relacionados con los méritos reales, son aún peores que los espurios o arbitrarios"

Pero es también algo más: “Para el igualitarismo profundo, la meritocracia es una forma de desigualdad particularmente aberrante. En cierto sentido, los privilegios legítimos, en el sentido de relacionados con los méritos reales, son aún peores que los espurios o arbitrarios, pues pervierten la virtud que se atribuyen”. La igualdad es el punto de llegada, no el de partida, por lo que no tiene sentido poner a la gente a competir estableciendo recompensas jerárquicas o de recursos a partir de méritos o capacidades.

3. La meritocracia progre

En el otro lado del espectro ideológico, el malestar que Trump aprovechó, como Johnson y tantos otros en las sociedades occidentales, quiere ser recogido por Vox. Acaba de lanzar un sindicato con el que vincular a su opción político a aquello que le falta, clase obrera. Todos los populismos de derechas exitosos han tenido un respaldo importante entre las partes de la población que se sienten perdedoras, y es lógico que Abascal quiera entrar en un vivero de votos. Para ese objetivo necesita ofrecer una solución al problema del trabajo, y las bazas que juega son similares a las de Sandel en algún sentido.

Vox utiliza el sentimiento antimeritocrático, sólo que limitándolo a los políticos, los cargos públicos y los sindicalistas

En lo económico no aportan grandes novedades. Salvo la subida del SMI, una medida conocida, pero no utilizada por Vox hasta ahora, sus ideas juegan en el terrenos esperable: reducir impuestos, combatir la discriminación lingüística y priorizar el acceso a los puestos de trabajo a los trabajadores ya residentes no es una oferta demasiado atractiva. Sin embargo, el sentimiento de que la meritocracia no funciona lo utiliza constantemente, como ha hecho la derecha durante mucho tiempo, solo que limitándolo a los políticos, los cargos públicos y los sindicalistas: gente que cobra sueldazos por no hacer nada y cuyo único mérito es ser familiar, amigo o amante de alguien. 

La política está llena de vividores que no han trabajado nunca, pero que ganan más que cualquiera de nosotros simplemente por estar bien relacionados. Reducen así la crítica al sistema a la crítica a los políticos, lo que limita su alcance, máxime cuando ese tipo de argumentos están algo gastados por su continua repetición.

En realidad, este debate sobre la meritocracia es una prueba más de que el descontento social —ligado a la falta de trabajo, a los salarios insuficientes y a la ausencia de un nivel de vida aceptable— está aumentando. Cada una de estas tres opciones políticas, el liberalismo progresista, el izquierdismo activista y el populismo de derechas, trata de darle respuesta añadiendo una capa de pintura a su arquitectura ideológica. 

Ninguno de ellos modifica su forma de abordar los problemas, simplemente lo visten de otra forma, esperando que esas reformulaciones consigan, respectivamente, que el progresismo someta a la derecha autoritaria, que los movimientos a lo 15-M vuelvan a tener presencia política o que la nueva derecha se convierta en la dominante. Pero es seguir pensando en términos del pasado (o de su pasado) y obviando el presente."                   (Esteban Hernández, El Confidencial, 16/09/20)